Erlijio ordenak

COMPAÑÍA DE JESÚS

El fracaso jesuítico en Bayona. Ducéré lo sintetiza admirablemente. «Desde 1586, el obispo de Bayona, Maury, había tenido la intención de poner al frente del seminario y del colegio municipal proyectados a «una media docena» de jesuitas. Las Aurae Litterae y los archivos de Bayona nos informan que en 1606 el P. Bayle, en 1609 y en 1613 el P. Boret, trataron de conseguir el colegio; una tentativa llevada a cabo por la reina de España no tuvo más éxito en 1615. En 1616 fracasaron también a causa del mariscal de Gramont. Y durante 40 años cesaron en sus gestiones. Sin embargo Bayona, patria de Saint-Cyran, era por esto mismo partidaria del Jansenismo; excelente razón para enfurecer a los hijos de San Ignacio. En el mes de enero de 1664, el P. Duhane pidió la dirección del colegio municipal, que se encontraba en un estado lamentable. La ciudad estaba dividida. El rey envió, en vano, una carta sellada en favor de los jesuitas; la oposición fue muy fuerte. Y después de cierta efervescencia popular, la deliberación municipal fue hostil a estos religiosos. En ella se recuerda al abate de Saint-Cyran cuya «santidad de vida unida a la eminencia de la ciencia, es saboreada por todas las personas virtuosas y hace de él uno de los más grandes adornos de Bayona». Los jesuitas a pesar del apoyo de algunos miembros del Concejo, fueron una vez más descartados. Pensaron entonces establecerse en las alturas de St-Etienne, cerca de la villa Caradoc, gracias al mariscal de Gramont y al obispo de Dax, Jacques Desclaux. Construyeron una casa y una capilla en Begoigne desde donde podían ver «la ciudad por la que tanto amor sienten». Entonces se les hizo mil vejaciones: particulares, Corporación municipal, religiosos, clero y todos los fieles jansenistas organizaron complots para hacerlos partir y el obispo de Dax les retiró la autorización de residencia. De pronto comienza a tocar la alarma, suenan los tambores y el pueblo se lanza a Begoigne, siendo protagonista de una escena inaudita y de un tremendo escándalo. El P. Gasteluzar, de Ciboure, llevaba el Santísimo Sacramento que le es arrancado, las hostias se esparcen por el suelo, y en seguida un sacerdote secular le arrebata el capón que lleva a la catedral en medio de una muchedumbre triunfante. Esto sucedía el 14 de mayo de 1657. La Compañía de Jesús era para siempre expulsada violentamente. En 1679 la reina de España María Luisa, hija del duque de Orleáns y de Henriette de Inglaterra, en 1683 Monseñor de Priellé, en 1699 Monseñor de Lalae, en 1747 Monseñor de Arche y el alcalde León Brethous hicieron vanos esfuerzos por llamar a los Jesuitas: el viejo germen jansenista continuaba fermentando y triunfó sobre todas las tentativas».