Erakundeak

BRUSELAS, Conferencias de

Las primeras tuvieron lugar en agosto-septiembre de 1516 y las segundas en octubre-diciembre del mismo año. Trataba la reina navarra doña Catalina de rescatar el Reino de Navarra invadido por los castellanos. Fueron nombrados embajadores de la Reina Biaix y Asques, pero el segundo fue a última hora reemplazado por Montfaucon. Salieron de Noyon el 14 de agosto en dirección a Bruselas, donde se hallaba el príncipe. El día 25 fueron recibidos por el mismo Carlos. El embajador Pedro de Biaix pronunció un extenso discurso que causó profunda impresión entre los oyentes: el Consejo de Flandes, el Conde Palatino y el obispo de Badajoz, que no pudo contener las lágrimas. Expuso la conducta desleal de Fernando al invadir el pacífico reino de Navarra y retenerlo sin ser suyo. Pedía la restitución de Navarra y la libertad del Mariscal, don Pedro de Navarra Carlos, impasible, escuchó con atención el discurso, pidió después noticias de la Reina y se retiró diciendo que el Canciller de Flandes le transmitiría las reales intenciones al diplomático navarro. El 19 de septiembre respondió Carlos que todavía no estaba informado de si le pertenecía o no dicho reino, ya que él no lo conquistó, sino que lo encontró en la herencia y sucesión que la había legado el difunto Fernando el Católico. Por lo cual pensaba informarse de su derecho, ya que no quería poseer cosa que no le perteneciera. Esta respuesta deshizo las esperanzas que Biaix abrigaba en una gestión directa. El embajador navarro volvió a la carga poniendo en un aprieto al Canciller y apelando al título de "Rey Católico" que le obligaba a tener la conciencia más recta que todas las personas del mundo. El Consejo de Carlos V se retiró a deliberar, pero se atuvo a la primera respuesta. A Pedro de Biaix, desvanecidas todas las esperanzas, no le quedaba otro recurso, antes de retirarse, que dejar constancia de su protesta por la injusta ocupación de que era víctima Navarra, amonestándoles severamente de que tenían en sus manos los bienes, el cuerpo y el alma del Rey Católico. Para facilitar la solución al vidrioso asunto se propuso el casamiento del joven rey de Navarra con Leonor de Austria. Unas nuevas conferencias se celebraron en Bruselas tendentes a lograr la adhesión del Emperador al Tratado de Noyón y apartarle de la liga que acababa de concertarse en Londres entre León X y Enrique VIII. Biaix y Montfaucon todavía intentaron, con el apoyo de los embajadores franceses, una nueva gestión para la restitución del Reino invadido y con ánimo de facilitarla propusieron nuevamente el matrimonio del príncipe Enrique con Leonor. En una segunda audiencia, Biaix pidió de nuevo la restitución del Reino esforzándose por demostrar que este acto alejaría las ocasiones de ruptura entre España y Francia. Carlos V, frío y calculador, les deseó la realización del citado matrimonio que sería base para una buena amistad, confederación y alianza entre la Casa de Castilla y la de Navarra Esta respuesta hizo renacer, vanamente, la esperanza de doña Catalina, cuando le fue comunicada por sus embajadores que llegaron a Pau el 24 de diciembre. Ref. Boissonnade, P.: La conquista de Navarra, t. IV, Ed. "Ekin" (pp. 184-204), Buenos Aires, 1961.

Francisco Javier de AZÁCETA