En el País Vasco continental, durante mucho tiempo y hasta mediado el siglo XX, cada barrio, cada bar de barrio e incluso algunas granjas, poseían su bolera donde se reunía el vecindario para pasar la tarde de los domingos. El trofeo era la botella de vino que se bebía en la ronda entre jugadores y espectadores. Pero el automóvil fue acabando poco a poco con estas reuniones, aunque la asociación "Union Basque" volvió a lanzar el juego de bolos (de 9 y no de 3 o 6 como en el Béarn) organizando un campeonato.
El éxito fue fulminante: decenas de parejas disputaron eliminatorias y finales en las tres provincias continentales, pero sobre todo en torno a Hasparren ( Lapurdi).
El Juego. Sobre una superficie plana se sitúan 9 bolos formando un cuadrado, la distancia que hay entre dos bolos corresponde a la longitud de un bolo. El central lleva una señal especial. A 15 metros de este punto en diagonal está situado el punto de tiro desde donde el jugador tiene que lanzar una bola de madera de 3 a 4 kilos de peso. Si tira solamente el del medio hace 9 puntos, si además de éste tira otros, no vale más que 3 puntos. Los otros bolos no valen más que un punto. Si logra puntos en la primera tirada tiene derecho a otra desde el punto donde se haya parado la bola (ella sola o parada por el jugador). En esta segunda vuelta todos los bolos valen un punto cada uno. El equipo que marca exactamente el número de puntos convenidos, gana. En caso de que se pase pierde la mitad y se continúa hasta que un equipo alcance los 61 puntos exigidos por el reglamento.
Bolos a cachetes
Entre los muchos juegos o entretenimientos que existen en Vasconia, el juego de los bolos a cachete constituye de por sí, una modalidad poco común dentro de la bolística vasca. Este juego de bolos, que goza de una gran popularidad dentro de una zona muy localizada de Bizkaia, se halla circunscrita por los pueblos de Las Encartaciones como son Cabieces, Ciérvana, San Fuentes, Nocedal, San Salvador del Valle, Urioste, Retuerto, El Regato, Gorostiza, Kariga, Mengolea, El Juncal, Repelega y pocos más. A mediados del siglo XX eran ya muy pocos los carrejos que funcionaban, ya que diversas circunstancias han ido borrando su tradicional existencia en la zona, salvo la excepción de Cabieces, San Fuentes, Urioste y Gorostiza, donde algunos incluso fueron remozados.
La cancha de los jugadores de bolos es el carrejo; un terreno apropiado que disponga de ciertas dimensiones de amplitud para el normal desarrollo del juego y un poco más, para poder ver bien a las claras las jugadas. La estampa que ofrece el juego de bolos no puede ser más típica. Junto al caserío, bajo la sombra de su parra, los jugadores cruzan sus apuestas o discuten las condiciones de la contienda, puntualizando los detalles ante la presencia de unos paisanos que harán de jueces y cantadores de los bolos, mientras se van saboreando unas jarras de txakoli o algún vinillo.
Descripción del Juego
En un extremo del carrejo se halla incrustado el taco, pieza de tronco de roble de forma rectangular o trapezoidal de 65 cm. aproximadamente (como media) de ancho por 80 cm. de largo y al que se le ha dado cierta elevación por el lado donde se colocan los bolos, para su mejor lanzamiento. Junto al taco, en la parte posterior, se halla el pequeño pozo de agua que servirá para limpiar el barro que suelen traer los bolos, después de rodar por el carrejo. Antes de las jugadas, para hinchar algo a los bolos y darlos mayor consistencia, también se utiliza el pozo. A unos 11 metros del taco se encuentra la primera raya del carrejo para el tanteo, en forma de semicircunferencia ya continuación otra, a unos 7 metros de la anterior y paralela a ésta, tomando como centro del trazado la situación del taco.
Aproximadamente a unos 6 metros del taco y en sentido inverso a las rayas se halla el tire, que suele ser una piedra, lugar donde se sitúa el jugador para el lanzamiento de la bola. Las piezas de los bolos comprenden: Una bola maciza, completamente lisa, de guayacán, de unos 18 cm. de diámetro y unos 3,80 Kgs. De peso. Seis bolos ligeramente achatados de encina, de unos 13 cm. de diámetro y 1,15 Kgs. de peso aproximadamente. Para comenzar el juego, normalmente un preparador o armador es el que coloca de 4 á 6 bolos en el taco, en la disposición Que más le convenga al jugador -en hilera o en cuña- y la jugada consiste en lanzar la bola desde e1 tire de tal suerte que, incidiendo en los bolos con la mayor fuerza y habilidad posibles, consiga que los bolos salgan disparados rebasando las rayas del carrejo.
Las reglas del juego son las siguientes: Para que una jugada sea válida, la bola ha de pasar forzosamente la primera raya del carrejo. El tanteo se lleva contando los bolos y sumando los tantos de las rayas que ha pasado cada uno. La bola ya se sabe que no cuenta. Así bolo que pasa la primera raya vale 1. Bolo que pasa la segunda raya vale 2. Los cantadores vocearán "txorra" (quiebra) cuando la bola no llega a la primera raya. Cuenta en este caso la tirada, pero nada más. Los jueces ayudados por los cantadores van tomando nota de los resultados.
Concursos y campeonatos
El tradicional juego de los bolos a cachete, en esta parte de la geografía vizcaina, desde antaño, como antes se dice, goza de merecida popularidad, siendo muy frecuente con el buen tiempo, ver concurridísimos los carrejos, de jugadores y numeroso público aficionado. Se suelen hacer juegos individuales y por parejas, y a veces van a 250 bolos. En las fiestas de los pueblos, no puede faltar el concurso de bolos como atractivo más importante y por temporadas se organizan campeonatos. En los concursos, aparte del concurso en sí, a todo jugador se le da la oportunidad de llevarse la "bola de honor", consistente en un lanzamiento único, con el que ha de conseguir el número más alto de bolos. En los campeonatos, ya que se harían muy largos, cada jugador lanza tres bolas, con una de prueba.
En el año 1965 se celebraron sendos campeonatos de veteranos en la zona, organizados por la Sociedad Urioste O.A.R, que fueron los que se hallaron revestidos de la mayor relevancia de los últimos años, así como el célebre desafío Besga-Zamarripa que también creó gran expectación bolística.
En los desafíos, es digno de anotar, que los jugadores suelen buscar los carrejos de mayor dureza, dependiendo lógicamente de lo accidentado del terreno, siendo el de Urioste, según opiniones, el que sido normalmente escenario de grandes desafíos, dada precisamente esa condición adversa.
Un poco de historia
Así pues, justo es el constatar algunos nombres de famosos. Para ello nadie mejor que Timoteo Zamarripa, veterano jugador de bolos y el acreditado armador Manuel San Juan, ambos uriostatarras, con un repaso retrospectivo de los años pasados, comentan de nombres que a su juicio han sido destacados, con el riesgo involuntario de que la memoria no recuerde a todos. El veterano Timoteo Zamarripa recuerda de los antiguos y cita hasta el año 1950 a los siguientes: en primer lugar una figura máxima como Cecilio Quintana, y los nombres de Anton, Leguina, Fidel Loizaga, Garmendia, Larrea, Arana, Abiaga, Basarrate, Del Horno, Amurrio, Marcelino de Baracaldo, Matias de Gorostiza, Miguel y Jose Echaniz, Capetilk, Jose Alisal, Castaños, Juan Martínez, hermanos Pinedo, Basagoiti y Mendicote, Sierra, hermanos Zabala, Larrabeiti, Pardo, Arostegui, Ricardo Ruiz, Fernando Castillo, etc.
Manuel San Juan comenta que de los años 1945 al 50 los hermanos Barron, Vilda, Besga, Aberasturi y Charola, eran los que mantenían la afición y que otros nombres como Loizaga, Angulo, los mellizos hermanos Momeñe, Zamarripa, los hermanos Elortegui, Larrauri, Iturriaran, Montalban, etc., juntamente con Escobal, Miñambres y otros buenos mantenedores de la actualidad podrían completar muy bien todo un plantel de jugadores de bolos de los años siguientes a la época referida.
Para finalizar, resulta innecesario repetir que bolatokis sobresalientes en los bolos a cachete, lo han sido distintas ramas de familias enteras, hombres fuertes, baserritarras o de fábrica, que entusiastas de este juego, recio por su naturaleza y por añadidura curiosamente practicado en un reducido número de pueblos de Bizkaia, saben de disfrutar de estos sencillos pero entrañables juegos.
Alberto G. ECHARTE
El éxito fue fulminante: decenas de parejas disputaron eliminatorias y finales en las tres provincias continentales, pero sobre todo en torno a Hasparren ( Lapurdi).
El Juego. Sobre una superficie plana se sitúan 9 bolos formando un cuadrado, la distancia que hay entre dos bolos corresponde a la longitud de un bolo. El central lleva una señal especial. A 15 metros de este punto en diagonal está situado el punto de tiro desde donde el jugador tiene que lanzar una bola de madera de 3 a 4 kilos de peso. Si tira solamente el del medio hace 9 puntos, si además de éste tira otros, no vale más que 3 puntos. Los otros bolos no valen más que un punto. Si logra puntos en la primera tirada tiene derecho a otra desde el punto donde se haya parado la bola (ella sola o parada por el jugador). En esta segunda vuelta todos los bolos valen un punto cada uno. El equipo que marca exactamente el número de puntos convenidos, gana. En caso de que se pase pierde la mitad y se continúa hasta que un equipo alcance los 61 puntos exigidos por el reglamento.
Bolos a cachetes
Entre los muchos juegos o entretenimientos que existen en Vasconia, el juego de los bolos a cachete constituye de por sí, una modalidad poco común dentro de la bolística vasca. Este juego de bolos, que goza de una gran popularidad dentro de una zona muy localizada de Bizkaia, se halla circunscrita por los pueblos de Las Encartaciones como son Cabieces, Ciérvana, San Fuentes, Nocedal, San Salvador del Valle, Urioste, Retuerto, El Regato, Gorostiza, Kariga, Mengolea, El Juncal, Repelega y pocos más. A mediados del siglo XX eran ya muy pocos los carrejos que funcionaban, ya que diversas circunstancias han ido borrando su tradicional existencia en la zona, salvo la excepción de Cabieces, San Fuentes, Urioste y Gorostiza, donde algunos incluso fueron remozados.
La cancha de los jugadores de bolos es el carrejo; un terreno apropiado que disponga de ciertas dimensiones de amplitud para el normal desarrollo del juego y un poco más, para poder ver bien a las claras las jugadas. La estampa que ofrece el juego de bolos no puede ser más típica. Junto al caserío, bajo la sombra de su parra, los jugadores cruzan sus apuestas o discuten las condiciones de la contienda, puntualizando los detalles ante la presencia de unos paisanos que harán de jueces y cantadores de los bolos, mientras se van saboreando unas jarras de txakoli o algún vinillo.
Descripción del Juego
En un extremo del carrejo se halla incrustado el taco, pieza de tronco de roble de forma rectangular o trapezoidal de 65 cm. aproximadamente (como media) de ancho por 80 cm. de largo y al que se le ha dado cierta elevación por el lado donde se colocan los bolos, para su mejor lanzamiento. Junto al taco, en la parte posterior, se halla el pequeño pozo de agua que servirá para limpiar el barro que suelen traer los bolos, después de rodar por el carrejo. Antes de las jugadas, para hinchar algo a los bolos y darlos mayor consistencia, también se utiliza el pozo. A unos 11 metros del taco se encuentra la primera raya del carrejo para el tanteo, en forma de semicircunferencia ya continuación otra, a unos 7 metros de la anterior y paralela a ésta, tomando como centro del trazado la situación del taco.
Aproximadamente a unos 6 metros del taco y en sentido inverso a las rayas se halla el tire, que suele ser una piedra, lugar donde se sitúa el jugador para el lanzamiento de la bola. Las piezas de los bolos comprenden: Una bola maciza, completamente lisa, de guayacán, de unos 18 cm. de diámetro y unos 3,80 Kgs. De peso. Seis bolos ligeramente achatados de encina, de unos 13 cm. de diámetro y 1,15 Kgs. de peso aproximadamente. Para comenzar el juego, normalmente un preparador o armador es el que coloca de 4 á 6 bolos en el taco, en la disposición Que más le convenga al jugador -en hilera o en cuña- y la jugada consiste en lanzar la bola desde e1 tire de tal suerte que, incidiendo en los bolos con la mayor fuerza y habilidad posibles, consiga que los bolos salgan disparados rebasando las rayas del carrejo.
Las reglas del juego son las siguientes: Para que una jugada sea válida, la bola ha de pasar forzosamente la primera raya del carrejo. El tanteo se lleva contando los bolos y sumando los tantos de las rayas que ha pasado cada uno. La bola ya se sabe que no cuenta. Así bolo que pasa la primera raya vale 1. Bolo que pasa la segunda raya vale 2. Los cantadores vocearán "txorra" (quiebra) cuando la bola no llega a la primera raya. Cuenta en este caso la tirada, pero nada más. Los jueces ayudados por los cantadores van tomando nota de los resultados.
Concursos y campeonatos
El tradicional juego de los bolos a cachete, en esta parte de la geografía vizcaina, desde antaño, como antes se dice, goza de merecida popularidad, siendo muy frecuente con el buen tiempo, ver concurridísimos los carrejos, de jugadores y numeroso público aficionado. Se suelen hacer juegos individuales y por parejas, y a veces van a 250 bolos. En las fiestas de los pueblos, no puede faltar el concurso de bolos como atractivo más importante y por temporadas se organizan campeonatos. En los concursos, aparte del concurso en sí, a todo jugador se le da la oportunidad de llevarse la "bola de honor", consistente en un lanzamiento único, con el que ha de conseguir el número más alto de bolos. En los campeonatos, ya que se harían muy largos, cada jugador lanza tres bolas, con una de prueba.
En el año 1965 se celebraron sendos campeonatos de veteranos en la zona, organizados por la Sociedad Urioste O.A.R, que fueron los que se hallaron revestidos de la mayor relevancia de los últimos años, así como el célebre desafío Besga-Zamarripa que también creó gran expectación bolística.
En los desafíos, es digno de anotar, que los jugadores suelen buscar los carrejos de mayor dureza, dependiendo lógicamente de lo accidentado del terreno, siendo el de Urioste, según opiniones, el que sido normalmente escenario de grandes desafíos, dada precisamente esa condición adversa.
Un poco de historia
Así pues, justo es el constatar algunos nombres de famosos. Para ello nadie mejor que Timoteo Zamarripa, veterano jugador de bolos y el acreditado armador Manuel San Juan, ambos uriostatarras, con un repaso retrospectivo de los años pasados, comentan de nombres que a su juicio han sido destacados, con el riesgo involuntario de que la memoria no recuerde a todos. El veterano Timoteo Zamarripa recuerda de los antiguos y cita hasta el año 1950 a los siguientes: en primer lugar una figura máxima como Cecilio Quintana, y los nombres de Anton, Leguina, Fidel Loizaga, Garmendia, Larrea, Arana, Abiaga, Basarrate, Del Horno, Amurrio, Marcelino de Baracaldo, Matias de Gorostiza, Miguel y Jose Echaniz, Capetilk, Jose Alisal, Castaños, Juan Martínez, hermanos Pinedo, Basagoiti y Mendicote, Sierra, hermanos Zabala, Larrabeiti, Pardo, Arostegui, Ricardo Ruiz, Fernando Castillo, etc.
Manuel San Juan comenta que de los años 1945 al 50 los hermanos Barron, Vilda, Besga, Aberasturi y Charola, eran los que mantenían la afición y que otros nombres como Loizaga, Angulo, los mellizos hermanos Momeñe, Zamarripa, los hermanos Elortegui, Larrauri, Iturriaran, Montalban, etc., juntamente con Escobal, Miñambres y otros buenos mantenedores de la actualidad podrían completar muy bien todo un plantel de jugadores de bolos de los años siguientes a la época referida.
Para finalizar, resulta innecesario repetir que bolatokis sobresalientes en los bolos a cachete, lo han sido distintas ramas de familias enteras, hombres fuertes, baserritarras o de fábrica, que entusiastas de este juego, recio por su naturaleza y por añadidura curiosamente practicado en un reducido número de pueblos de Bizkaia, saben de disfrutar de estos sencillos pero entrañables juegos.
Alberto G. ECHARTE
