Guipúzcoa produce del 80 al 85 por 100 de las bicicletas que lanza al mercado la industria. Seis fábricas logran este brillante resultado; van acompañadas de veintinueve instalaciones dedicadas a la producción de accesorios. Cataluña y Alava participan brillantemente en este sector de la actividad productora. Todas las fábricas guipuzcoanas de bicicletas están situadas originariamente en Eibar, uno de los centros fabriles más importantes del norte. La industria vasca de la bicicleta tuvo su origen hace medio siglo con la fábrica Loinaz, inmediatamente seguida por Gárate, Anitua y Compañía; pero la especialización no fue decisiva hasta la crisis aguda de 1925, año en que sufrió fuertes quiebras la producción eibarresa más clásica: la de armas de fuego. Para conocer el origen de las empresas dedicadas hoy a la fabricación de bicicletas hay que retroceder a 1849, año en que se fundó la casa que luego ha alcanzado tan notoria importancia, si bien hubo nacido para producir escopetas, revólveres y pistolas. Durante la primera guerra mundial la industria de Eibar estuvo sirviendo armas a los aliados, especialmente a Francia; pero al término de aquel conflicto se fueron cerrando muchos mercados a la especialidad armera. Orientó ésta su comercio hacia los Estados Unidos, adonde fueron a parar, entre 1920 y 1922, millares y millares de revólveres y pistolas guipuzcoanas; fue tal el alud, que el Gobierno americano fijó unos derechos aduaneros prácticamente prohibitivos y, a causa de esto, una parte de la industria eibarresa resolvió transformarse. Entre las diversas soluciones adoptadas, una cooperativa obrera planeó, como ya hemos indicado, la fabricación de máquinas de coser; determinada fábrica se decidió por las bicicletas, lo cual representó un riesgo indudable, pues se trataba de algo que no aparecía incluido en las actividades tradicionales de la comarca, y para ello fue preciso crear y especializar una mano de obra, comprar maquinaria nueva e iniciar en el aspecto comercial una lucha constante con la competencia extranjera, no sólo en el exterior, sino en el propio mercado interior. Se fue conquistando el mercado español poco a poco y a costa de pérdidas, hasta que en 1930 se produjo un retoque en las tarifas aduaneras. Después del año 1936 el público mostró decididamente su preferencia por las máquinas eibarresas. En 1930 surgió en esta especialidad la firma Orbea y Compañía, S. C., que dispone en sus talleres de las correspondientes secciones de fundición de cuadros, llantas, guardabarros, radios, manillares, piñones, etc., igual que de las secciones de soldadura, niquelado y pintado. Esta factoría produce también, aparte de las bicicletas, tornos mecánicos y una gran cantidad de piezas de hierro fundido. En 1932 aparece la firma Beistegui Hermanos, S. A., con una producción anual superior a las 60.000 máquinas (hoy en Vitoria). Las otras firmas situadas en Gipuzkoa son: Gárate, Anitua y Compañía, Echave, Arizmendi y Compañía; Iriondo y Compañía, todas enclavadas en Eibar. En la actualidad la producción de bicicletas excede de las necesidades del mercado interior; por eso se pensó después de la segunda guerra mundial, en la posibilidad de su exportación, que es ya una realidad interesante. En lo tocante a la construcción de piezas, además de las industrias mencionadas, merece ser citada la Empresa V. Echevarria y Compañía, que fabrica anualmente 200.000 cadenas de bicicletas y 25.000 cambios de velocidad. Alrededor de 20 millones de bicicletas anuales se producía en 1957. América del Norte figuraba en el primer lugar, pero atienden exclusivamente a su mercado interior. En segundo término venía Inglaterra, que exportaba más de dos millones de máquinas, con una producción aproximada de cuatro millones. Su capacidad productora era de unos seis millones, repartidos entre pocas, pero grandes fábricas. Alemania ha vuelto a ser otra de las primeras naciones exportadoras, y el Japón aparece como terrible competidor por la baratura de su mano de obra. Es clásica la anécdota de que los japoneses llegaron a colocar bicicletas nuevas en la propia Francia al precio de las usadas que había en los Montes de Piedad. Francia e Italia consumen su propia e importante producción. La producción española alcanzó en 1943 la cifra de 114.000 unidades; diez años después llegó a una producción anual de 300.000. La fabricación de bicicletas y accesorios, sin incluir las industrias conexas, sobrepasó los 350 millones de pesetas en 1955. Las empresas antes citadas, a las que hay que unir una infinidad de pequeños talleres que se dedican a la fabricación de piezas y accesorios, están dotados de todos los adelantos industriales y técnicos. Sus naves de producción poseen los mejores elementos y las más completas máquinas- herramientas, que en su 90 % son de fabricación nacional, lo cual permite afirmar que la de la bicicleta es una industria definitivamente arraigada en nuestro país. El número de establecimientos dedicados a la fabricación de bicicletas y motocicletas en 1965 era de 4 en Álava, dando empleo a 880 trabajadores; las 39 empresas guipuzcoanas ocupaban a 3.174 trabajadores, y las 13 vizcaínas daban una cifra de empleo de 444. Ni Navarra ni el País Vasco Continental cuenta con industria de este ramo. Ref. Riqueza Nacional de España; Un siglo en la vida del Banco de Bilbao.
