Biografiak

AVRILLION, Mademoiselle

Primera camarera de la Emperatriz Josefina de Francia. En sus «Mémoires de Mademoiselle Avrillon, premiére femme de l'imperatrice sur la vie privée de Joséphine, se famille et sa cour», la Avrillion ofrece algunos detalles curiosos sobre la vida de los soberanos en el castillo de Marrac, Baiona. El castillo de Marrac -dice- era muy pequeño y muy incómodo y había que alojar fuera al servicio. Pero si la estancia en Marrac era desagradable por la estrechez del alojamiento, estaba compensada por las excursiones que efectuaban incesantemente a los alrededores de Baiona. Al emperador le gustaba mucho realizar paseos al mar y la emperatriz le acompañaba siempre. Sin duda se temía alguna tentativa de los españoles sobre Marrac, y para contenerla, se habían hecho venir tropas que acamparon enfrente, bajo los cruceros del palacio, donde quedaron estacionadas hasta la marcha de Sus Majestades. Pronto llegaron los reyes de España, y la camarera de Joséphine nos hace una descripción muy picaresca de los Reyes. La Señorita Avrillion realizó numerosas excursiones alrededor de Baiona y fue incluso a Biarritz donde el aspecto del océano, que veía por primera vez, le produjo una viva impresión. La leyenda de la Chambre d'Amour se la contaron en la misma gruta a donde fue desde Baiona en una artola. También cita la excelente comida que se hacía en Baiona y la variedad de sus productos naturales. «El mar en estos lugares está completamente lleno de peces; las langostas, las gambas, son allí soberbias y baratas; el atún y las sardinas frescas abundan y son de calidad exquisita. El clima de Baiona no es bueno: la proximidad de las montañas se opone sin duda al desarrollo del calor que se esperaría encontrar en esta latitud; no pasábamos un día sin ver caer la lluvia, lo que tiene lugar, por otro lado, casi todo el año, y se ha llamado a este país el orinal de Francia; no obstante, había una superabundancia de moscas, que considerábamos como una verdadera epidemia. Era sobre todo en el castillo de Marrac donde estábamos abatidos por estos insectos, hasta tal punto que todo lo que dijera estaría por debajo de la realidad; sin exageración, no se podía bostezar sin tragarse varias. Por mucha precaución que se tuviera en la cocina, era imposible servir nada sin que las tuviera y a veces muchas. «La corte -dice la Señorita Avrillion no tenía en Marrac otra distracción que el juego, que se prolongaba mucho durante la noche, cuando el Emperador se había retirado a sus habitaciones. Entonces se quedaban en el salón, y muchas veces el día sorprendió a los jugadores con las cartas en la mano. A menudo la emperatriz abandonaba la partida e iba a acostarse. Josefina no era jugadora en absoluto, pero no obstante le gustaban bastante los que se llamaban entonces juegos de sociedad, y no había partida en la que se interesara que no fuera para ella completamente insípida.» Desgraciadamente no se puede dar fe completamente a las Memorias de la Señorita Avrillion. Sin duda la primera camarera de Josefina habrá proporcionado datos, pero la obra, salida de la oficina del célebre librero Ladvocat (1833), estuvo compuesta por varios literatos que, aunque contemporáneos de los hechos, no conocían lo suficiente la intimidad imperial para no haber cometido errores, fáciles de comprobar. Ref. Edouard Duceré: Dictionnaire historique de Bayonne, 2 vols, Bayonne, 1911-1915.