Lexikoa

ALUMBRADO

Ya desde los tiempos prehistóricos del Paleolítico superior utilizó el hombre el alumbrado artificial para pintar las superficies de las rocas. En una caverna próxima a Abadiano se encontró una de estas geodas o piedras con una cavidad para la grasa que sirviera de combustible y diera luz. La hoguera y la antorcha sirvieron para la iluminación de la cueva y para espantar a los animales. Pero el medio de alumbrado de origen prehistórico que ha subsistido hasta hoy y todavía se emplea en las bordas pirenaicas es la tea, en vasco zuzi, zuzu que se lleva en la mano o se coloca en el tedero, una especie de candelabro o pie derecho con un aro en la punta donde colocar las teas encendidas. Se le llama argi-mutil. La tea es leña resinosa del interior del tronco del pino. Otras veces se colocaba la tea en un agujero de la pared especial para ese uso. También se empleaban velas de resina, errexin y antorchas, éstas hechas de paja y modernamente de las hojas de maíz apretadas en un mazo sobre todo para iluminación del camino durante la marcha de noche. Estas antorchas se llaman lastargi, irazeki e illezuzki. Hubo antorchas usadas por los viandantes hechas de una funda metálica llena de resina.

Después de la tea sigue en antigüedad el candil llamado krisaillu, kuxulu y también kurtzelu según los lugares. Son actualmente de hierro y sirven para quemar aceite por medio de una o más mechas. Más modernos y muy usados han sido siempre los faroles tanto para la casa como para llevar de la mano cuando se camina de noche. En tiempos modernos el quinqué de petróleo, las velas de sebo y cera, las lamparillas de aceite y cerillas, los faroles de gas y de carburo han prevalecido hasta la implantación de la luz eléctrica.

Se tiene como el primer ensayo de luz eléctrica en el país el encendido público de la pila "Leider" en Lekeitio (Bizkaia) antes de 1876. La bujía la había traído D. José María de Murga Mugartegui, el "Moro Vizcaíno". Se encendió en una ventana de la casa Murga en medio de la expectación general de los lekeitiarras. La luz eléctrica se difundió rápidamente por el País Vasco gracias al celo de los municipios que supieron desde el primer momento construir sus centrales eléctricas aprovechando los saltos de agua de sus torrentes y ríos.

En las ciudades se instaló el alumbrado público eléctrico a fines del siglo. XIX. Así, por ejemplo, en Vitoria se inauguró el día 1 de febrero de 1898 contratando el municipio este servicio a la Sociedad Electro-Hidráulica Alavesa por la cantidad de 23.000 pesetas a cambio de suministrarle fluido para 55 arcos voltaicos y 450 lámparas. En San Sebastián hasta el año 1861 el alumbrado público se reducía a menos de 100 faroles de aceite del sistema Bordier Marcet, con reverbero y quinqué, unos adosados a la pared y otros que pendían de cuerdas que atravesaban las calles. Los faroles eran de uno, tres o cuatro mecheros; se encendían al toque de la oración y se apagaban a las diez y media en invierno y a las once en verano. Las noches de luna no se encendían faroles públicos En 1861 se iniciaron las gestiones para la construcción de una fábrica de gas que dio muy buen resultado. En 1892 se dio comienzo a la construcción de otra mayor y el día 7 de septiembre del año siguiente ya surtía de gas a la ciudad. El primer ensayo de alumbrado eléctrico se hizo en 1882. En Bilbao fue el ingeniero bilbaíno D. Evaristo de Churruca quien montó el día 13 de octubre de 1883 la primera central eléctrica, accionada por vapores de motor, para alumbrar y balizar el puerto exterior del Abra. El 18 de febrero de 1890 se inauguró en Bilbao la iluminación pública de arcos voltaicos. Ese mismo año se fundaba también la Compañía Electra y en 1893 y 1894 la Sociedad de Aguas de Arteta para la producción de electricidad y llevada de agua potable a Pamplona, bajo la dirección del ingeniero D. Ramón Aguinaga. El año 1893 se funda en Barakaldo la Eléctrica del Nervión y en 1896, en Asúa, la Sociedad Ibaizabal para suministrar electricidad a Algorta, Las Arenas y El Desierto. Al mismo tiempo se iniciaban aprovechamientos de saltos de aguas en Bedia, Santa Ana y Bolueta para el servicio eléctrico de las zonas vecinas. En el País Vasco del norte Bayona, San Juan de Luz y Saint-Palais fueron dotando de iluminación eléctrica sus calles desde finales también del siglo XIX. Saint-Palais lo hizo siguiendo el ejemplo de San Juan de Pie de Puerto, hacia el año 1890. Merece mención singular el caso del joven doctor Jean Etchepareborda que en 1853 realizó en Buenos Aires el primer ensayo de luz eléctrica por medio de arco voltaico. Era Etchepareborda un bajo navarro emigrado nacido en 1823. En la noche del 3 al 4 de septiembre de 1853 ofreció a sus amigos y colegas de la cátedra universitaria de Buenos Aires un espectáculo inusitado: la luz eléctrica. Su segunda demostración fue alumbrar el cuartel del Regimiento de Granaderos a Caballo, espectáculo que contemplaron muchos, desde fuera, subidos sobre escaleras y carretas. La tercera exhibición provocó el entusiasmo de la ciudad. Se realizó con motivo de los festejos del 25 de mayo de 1854 con la instalación de dos aparatos sobre la Recova Nueva, actual plaza de Mayo. Treinta años más tarde se adoptaba la luz eléctrica en Buenos Aires, poco antes de morir Jean Etchepareborda que tuvo la dicha de poder pasearse bajo las lámparas eléctricas de las calles de Buenos Aires antes iluminadas con velas, aceite, petróleo y últimamente, gas. En 1953 se conmemoró el centenario del experimento de Etchepareborda ofreciendo un vino de honor la Asociación de Comerciantes y Empresarios de Electricidad de la ciudad.

Bernardo ANAUT