Palabra vasca común a todos los dialectos que significa rico, adinerado.
El hombre rico, el poseedor de riqueza ganadera se inicia probablemente en el eneolítico. Ya en el periodo anterior, en el neolítico, se había iniciado el pastoreo y la trashumancia de rebaños y pastores, pero es en el citado eneolítico cuando los pastores cobran importancia ocupando extensas áreas de pastos. A estos hombres se debe la cultura dolménica, los primeros monumentos funerarios de importancia. El dueño de rebaño lanar y cabrío trashuma recorriendo un amplísimo escenario circumpirenaico. Para realizar estos grandes recorridos se requería poderío. Debían atravesar diversos países desplazándose los pastores y rebaños, estableciendo viviendas temporarias y tumbas y manteniendo relaciones con otros hombres y culturas. El contraste con el resto de la población, sedentaria, dedicada a la caza y pesca y al cultivo de pequeñas parcelas en las vegas y orillas de ríos debió de ser notable. El aberats se inicia. Es un personaje que lleva consigo un cortejo de pastores quizá jerárquico de mayoral y zagales. La población sedentaria es vegetativa y la pastoril móvil y ambulante pero dentro de un itinerario que tiene un punto de salida, otro de llegada y vuelta a volver. El sedentario está más ligado a los pormenores de la rotación del año que el pastor. El aberats, el primer «rico» de su tiempo, es ya un jefe en regla habituado al mando. Sus pastores son, probablemente, como en tiempos modernos, familiares y parientes.
El rico-home medieval es ya una persona distanciada del aberats antiguo. Las Juntas de los valles son eminentemente ganaderas. Sus junteros son propietarios de rebaños. Sus ordenanzas no son preponderantemente otra cosa que regulaciones de los aprovechamientos de pastos y de la circulación de ganados. Los ricos de los pueblos montañeses vascos han venido siendo siempre ganaderos de importancia y de rechazo, las personas de mando y de autoridad. Pero en la edad media sale a colación el ricohombre o «ricohome» en un momento en que solamente príncipes, barones y señores ejercían autoridad delegada por el rey en las instituciones del reino. Pero ya el mismo Fuero General del reino vasco nos habla de los «doce ricoshombres o doce sabios de la tierra». A Campión le parece encontrar en esta cita un eco de viejísima organización, quizá anterior a la propia monarquía. Sea lo que fuere el hecho real es de que los ricoshombres van apareciendo como consejeros del rey o reina sin cuyo consejo no podía tener corte o tribunal, ni hacer paz, guerra ni tregua con otro rey o reina, «ni otro ganado fecho o embargamiento de regno» («F. de N», I.). A partir del s. XII la ricohombría es ya una cualidad que se otorga por el rey a los caballeros dándoles en honor o gobierno uno o más pueblos, asignándoles rentas equivalentes al número de caballos u hombres de esta arma con que debían servir al rey en la guerra. Ya no se trata de aberats «ricos en ganado lanar» sino en «caballos» y sus correspondientes hombres de guerra. Es de señalar que en el euskera actual abere solamente significa cuadrúpedo y no otro animal. El rico en caballos era perfectamente también «aberats» en sentido literal y en el figurado de «rico». En 1162 D. Sancho el Sabio señalaba al ricohombre que tuviese en honor el pueblo de Miranda 3.000 sueldos a razón de 10 caberías. En 1237 D. Teobaldo I hizo ricohombre a D. Arnalt Guillen de Agramont con 10 caberías. En 1329 todavía parece que el número de ricohombres se limitaba a doce. Es ya el s. XIV cuando las ricohombrías llegan a degenerar en títulos de honor, pues, incluso se daban por los reyes a niños que acababan de nacer, como lo hizo Carlos II en 1377 con Carlos, hijo de Juan Remirez de Arellano y nieto de Juan, Señor de los Cameros, en el mismo día de su nacimiento, y también con el hijo de Juan de Bearn en 1385, en el día de su bautismo. En esta época se observa una alteración considerable en la asignación de caberías. En 1365 haciendo dicho rey ricohombre a Juan Remirez de Arellano, le asignaba 6 caberías de cada 20 libras de carlines prietos, que «facen cient e veinte libras», y en el mismo año hizo también ricohombre a D. Juan Martínez de Zuardia con igual asignación. El dictado de ricohombre estuvo en uso hasta el reinado de D. Juan de Albret y D.ª Catalina en cuyo juramento se expresa ese título dado a varios caballeros, pero desapareció del todo desde la conquista de 1512 por Castilla; y aunque en las Cortes de Nav. del año 1796 el Marqués de San Adrián solicitó restablecerlo en su casa y el rey pidió informe a las Cortes, éstas lo resistieron fundándose, entre otras cosas, en la falta de uso y en que la dignidad de ricohombre había sido personal y no hereditaria en las familias.
