Concept

Sábado Santo o de Gloria

El Sábado Santo o de Gloria (Larunbat gurena edo Zapatu santua) se considera el tiempo de tránsito necesario para conmemorar la muerte y resurrección de Cristo. Jornada marcada por el silencioso duelo, las reflexiones personales, esperanzadoras vigilias y sus largos velatorios nocturnos, los desmayos de las singulares guardias, los atemporales ajusticiamientos o puntuales elaboraciones de los "Judas", las cuestaciones de virginales doncellas o "Pascuas" y en la liturgia Pascual se renueva el fuego del simbólico cirio litúrgico así como, durante el día, se repartía la ansiada agua bendita.

Como es conocido, el Domingo de Ramos abre el tiempo de Pasión y cierra el tiempo de Cuaresma, mientras el Sábado de Gloria posibilita que la muerte redentora se transforme en tiempo de alegría y la posterior resurrección, inicia el tiempo de Pascua o la conciencia cristiana del concepto divino de vida eterna. La liturgia señala los tres momentos claves: Jesús nacido del seno humano (Pascua de Navidad), muerto en la cruz como hombre (misterio Pascual), vuelta a la vida como Díos (Pascua de Resurrección) y su ulterior ascensión a los cielos (Pascua de Pentecostés).

El Viernes Santo, de 12 h. del mediodía a 3 h. de la tarde, se conmemoraba en las distintas parroquias el clásico "sermón de las 7 palabras". A partir de este momento, el luto por la muerte de Cristo era riguroso y se reflejaba en el silencio de las campanas y el apagón generalizado de velas o cirios.

La noche del Viernes Santo al Sábado Santo (hasta la hora de la Resurrección), se destinaba a la llamada "Adoración nocturna", vigilia o velatorio del Santísimo en la iglesia, donde en turnos de media hora, se sucedía buena parte del vecindario o los miembros pertenecientes a determinadas asociaciones religiosas (Hijas de María, Sagrado Corazón, Acción Católica, San Vicente de Paúl, etc.).

Los evangelios señalan que a la muerte en la cruz de Jesucristo se sucedieron una serie fenómenos naturales:

"Desde la hora sexta se extendieron las tinieblas sobre la tierra hasta la hora nona (...).

La cortina del templo se rasgó de arriba abajo en dos partes, la tierra tembló y se hendieron las rocas; se abrieron los monumentos y muchos cuerpos de santos que dormían, resucitaron y saliendo de los sepulcros ..."

San Mateo 27, 45 y 51-52

Además, el día siguiente era sábado y como señalaba la ley judía, no era lícito realizar actividad alguna, por lo que los seguidores de Jesús debieron respetar el precepto evitando preparar y adornar su cadáver. Previamente, un hombre bueno y justo llamado José de Arimatea que a su vez, era miembro del consejo, solicitó llevarse el cuerpo de Cristo y ayudado, lo bajaron de la Cruz, lo envolvieron en una sábana y lo llevaron a un sepulcro nuevo cavado en la roca y situado en un huerto cercano. Por todo ello, la quietud, la falta de manifestaciones públicas y la reflexión van a inundar los actos conmemorativos de la jornada.

Al anochecer y en el contexto de clásica celebración de la Vigilia Pascual, se da comienzo al tiempo de la Pascua de Resurrección con el encendido del cirio pascual y de igual modo, el color de la casulla del oficiante variará del negro (luto riguroso) al blanco (símbolo de pureza y alegría). Todo ello, apunta a la esperada resurrección que dará fin a la nuclear Semana de Pasión y abrirá la semana de Pascua.

La Pasión de Cristo se representa de forma autónoma y encuadrada dentro de una dramatización general; no sucede lo mismo, sin embargo, con el anacrónico lavatorio de los pies o las quemas del Judas. En ambos casos, su objetivo catequizador es una muestra sencilla de los hechos narrados en los Evangelios, donde año tras año, la comunidad puede revivirlos e incluso, participar simbólicamente en ellos.

En la festividad de Sábado de Gloria, ha sido habitual el llevar tinajas o botellas hasta los conventos u otros centros religiosos para traerlas llenas de agua bendita y utilizarlas, en el ámbito doméstico, en aras de diversos aspectos de carácter religioso o profano. Agua destinada a las benditeras hogareñas, usada para persignarse al levantarse y al acostarse de la cama, en caso de tener un agonizante o fallecido, echarla sobre las cosechas en previsión de tempestades y buscando la calidad del fruto, asperjar los establos y los propio rebaños (sobre todo, al partir hacía los pastos altos) o utilizada, en todo el elenco de bendiciones privadas o públicas, conjuros o exorcismos.

Ya por la noche, en las diversas parroquias, se procede a renovar y cambiar el periodo litúrgico, simbolizado por el cirio Pascual que aún se coloca en las iglesias; mediante velas, los fieles trasladaban dicho fuego bendito y nuevo a sus propios hogares. Previamente, era tarea obligada el limpiar el hogar doméstico de todo rescoldo o ceniza que, curiosamente, sacaban por la ventana al contrario que el fuego nuevo que entraba por la puerta. En Elorrio, este día, se portaba ceniza (propia del miércoles de ceniza y la habitual) y agua bendita para depositarlas en las heredades. Según parece, en Antzuola y Beizama los muchachitos iban con un asador (en su punta insertaban yesca o haya seca encendida) recorriendo las casas para depositar el fuego nuevo y recoger dinero para una merienda. Solían recitar la siguiente fórmula:

Abe María sugarri
Etxe honetan ze barri?

Al mismo tiempo, la cera de las velas, también bendecidas, se fundía en algunos lugares, creando pequeñas cruces con ojos, a imitación de las llagas de Cristo, y se derramaba sobre puertas y ventanas de casas y caseríos. También se acostumbraba a regalar las 14 velas que ardieron en el oficio de tinieblas, derramando unas gotas de cera, en forma de cruz, en las prendas de vestir de los moradores, estancias humanas o del ganado doméstico e incluso, sobre los mismos animales. Todo ello, con la pretensión de protegerse contra el temido rayo o el relámpago.

Próximo el momento de la esperada resurrección, los grupos de centinelas custodian el féretro de Cristo yaciente y en un momento del oficio religioso se desvanecen de forma estrepitosa. Al despertar de su letargo se dan cuenta de la desaparición del cuerpo. Así sucede el Sábado de Gloria, con los alabarderos de la localidad de Villafranca. En la función de "Las siete palabras" ,celebrada en Viernes Santo, los alabarderos de Olite y San Martín de Unx protagonizan un acto similar; o el Domingo de Resurrección, cuando la tropa romana de Hondarribia cae fulminada durante un acto popular que se puede ver también, el Sábado de Gloria.

Siguiendo el mismo desajuste temporal o por respeto a la secuencia del tiempo de la Pasión, una serie de monigotes (realizados en paja y vestidos con ropas viejas) se elaboraban durante esta jornada, en distintos lugares (Estella, Tafalla, Moreda, Samaniego, Salinas de Añana, etc.), juzgados y apaleados o zarandeados o finalmente, presa de las llamas. Hablamos de los denominados "Judas" (a veces, acompañados de su pareja) sobre el que a modo de "chivo expiatorio", la comunidad deposita sus pecados. Así, a las 10 h. del Sábado de Gloria, en la balconada de la plaza de los Fueros de Tudela, se personifica en el conocido como "volatín" (muñeco de madera que va sujeto a un eje giratorio) y evoluciona con sus grotescas contorsiones para ser pasto del fuego pirotécnico.

Por otro lado, a caballo entre la ronda profana y el sentir religioso del momento, aparece la desconocida tradición nestosana y carranzana de "Las Pascuas de Resurrección". En ella, agrupaciones de jóvenes adolescentes salían a pedir el Sábado de Gloria y en los últimos años, sólo se ceñían al Domingo de Resurrección, vistiendo de blanco y portando un "remolorio" o adornado ramo de laurel. En sus cantos las referencias religiosas son evidentes y se alternan con coplas propias de cuestación. Al finalizar, con lo obtenido en la colecta acostumbraban a realizar una merienda en la semana de Pascua.

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