Lexique

CINEMATOGRAFÍA

Arte de representar el movimiento por medio de la fotografía, zinematografia, kinematografia: zinegintza, zinekintza.

Diccionario Auñamendi
ARTE. Procedimiento mecánico que, mediante el paso de una película, previamente impresionada, ante un objetivo adecuado, debidamente iluminado, se proyecta en una pantalla un rectángulo, en cuyo interior las personas y los diversos objetos adquieren la sensación de movimiento gracias a la duración de la impresión retiniana del ojo humano. En la creación y evolución de los aparatos ópticos que hacen posible esta proyección poco o nada han tenido que ver los vascos, salvo Daguerre. No así en la realización de películas o en los fenómenos industriales, técnicos, estéticos o sociológicos que rodean a la creación fílmica y su exhibición y difusión. También, en ocasiones, nuestro país ha servido de tema o de escenario a las películas realizadas dentro y fuera de nuestras fronteras. Toda esta actividad la dividiremos, para su mejor comprensión, en los siguientes capítulos:

  • 1 ) Producción.
  • 2) Realización.
  • 3) Creación literaria y musical.
  • 4) Estética.
  • 5) Distribución y exhibición.
  • 6) Impacto sociológico.
  • 7) Tema y Paisaje vascos en el Cine.
Producción cinematográfica. El Cine, en cuya realización intervienen gran número de personas en diversos y muy variados cometidos, con fuertes inversiones económicas, exije, como base, una organización industrial bien cimentada, en la que, muchas veces, por desgracia, prevalecen las leyes económicas sobre las temáticas, expresivas o estéticas. En algunos países, sobre todo en algunos momentos de su historia moderna, la producción cinematográfica ha llegado a ser una de sus primeras y más pingües fuentes de ingresos. Puede asegurarse, en cambio, que a la industria vasca, tan abierta a otras fuentes de economía, no le ha interesado en exceso el aspecto pecuniario del cine en su producción, cuando tanto le ha interesado, en contrapartida, su distribución y explotación como espectáculo popular. Es cierto que, desde los primeros tiempos, hubo tímidos intentos de hacer películas en nuestro país. En todas las capitales se rodó, con mayor o menor fortuna, alguna película. Pero los intereses que movieron dichas empresas o no eran, mayormente, económicos o naufragaron ante la impericia de audaces novatadas. Posteriormente, la industria cinematográfica se ha concentrado en las grandes capitales como París, Barcelona o Madrid. Con todo, aun ahora -1974- existen empresas productoras radicadas en nuestro país o nacidas en ella. Baste citar los nombres de "Frontera Films", "Uranzu Films", "Izaro Films", "Navarra Films, o las recientes "Producciones Cinematográficas Amboto", iniciadas con la extraordinaria película de Pedro Olea La Casa sin fronteras. Mucho más importante es la aportación de los vascos en los cuadros directivos de las empresas productoras del cine español o francés. En este último, precisamente, puede destacarse la aportación de la familia Harispuru. Edouard, nacido en París, y sus hijos François, Bernard y Michel, nacidos en París, han llenado una vasta etapa del cine francés desde hasta bien entrados los años 60. En esta larga tarea han colaborado con directores como Max Ophuls ("Le Plaisir", 1952), Sacha Guitry ("Le destin fabuleux de Desiré Clary", 1941), Mare Allegret ("Un domingo maravilloso", 1958) y R. Dhery ("La bella americana", 1961), junto a éxitos populares como "El sueño de Andalucía" y "La bella de Cádiz" -en coproducción con España, donde colaboraron con otros vascos, como el actor Luis Mariano, de mano del escritor Jesús M. de Arozamena y con música de Francis López-. Hay un nombre que se ha hecho famoso al otro lado del Atlántico. El navarro Miguel Machinandiarena, famoso financiero en Buenos Aires, que desde su importante puesto bancario pasó a la industria cinematográfica de aquel país y, con conexiones hasta en Hollywood, ha llegado a uno de los puestos clave de la "Asociación de Productores de Películas" de la república sudamericana, a través de los "Estudios San Miguel" -¿de Aralar tal vez?- que él fundó. Pasando por alto dos oriundos, como el madrileño Miguel de Echarri y el valenciano José A. Ezcurra, evocaremos el recuerdo del irunés Francisco Ariza, que, en 1942, fundó la importante productora barcelonesa "Emisora Films" que, entre los años 40 y 50, realizó una amplia serie de films que, sin ser excepcionales, tuvieron un marchamo constante de cierta dignidad. También debemos un recuerdo a hombres como Miguel Mezquíriz, Angel Martínez Olcoz y Gerardo Mendiburu. Pero el productor vasco más famoso de todos los tiempos es, sin duda alguna, el hernaniarra Elías Querejeta. Su actividad cinematográfica -es, tal vez, el productor más importante del cine español en la actualidad- ha merecido el refrendo internacional del premio especial a la mejor labor productora en uno de los festivales cinematográficos de Venecia. Los directores más inteligentes y comprometidos de la nueva generación del cine español han realizado, gracias a él, sus mejores películas. Casi todas las películas de Carlos Saura son buen exponente de ello. Mantiene, en la actualidad, una importante política de co-producción con el cine de la Alemania Federal. Últimamente -fines de 1972- se anunció la fundación, por el realizador donostiarra Javier Aguirre, de una productora cinematográfica vasca, que proyecta realizar principalmente películas de terror.
Realización de películas. Al no haber en el País estudios cinematográficos, hablaremos de las películas realizadas en él sólo en otro apartado. Ahora hablamos de la intervención de los vascos en los diversos cometidos relacionados con la filmación, propiamente dicha, de toda película. En concreto hablaremos de los Realizadores, Actores y Actrices, Operadores y Técnicos de ambientación.

Realizadores. Aunque, como veremos, el tema vasco aparece en el cine desde sus primeros tiempos, el primer vasco que dirige películas no aparece hasta 1913. Se trata del bayonés Henry Roussell, también escritor y actor. Al año siguiente aparece Marie Louise Iribe y con ella el más famoso bayonés de la historia del cine, Ferdinand Guillaume, que con el nombre de "Tontolini" realizó e interpretó una serie de cortos cómicos. Ultimamente, ya anciano, se ha reducido a ser sólo actor, sobre todo en Italia. En 1918, el actor vitoriano Isaac Díez, realiza una película, titulada "Josetxu", donde todo, desde el paisaje hasta los actores y la música era vitoriano. En 1920 y de manos de la actriz y realizadora francesa Musidora hace su aparición el realizador y actor Jaime de Lasuen. Y casi al mismo tiempo Paul Iribe. En 1924 Telesforo Gil del Espinar realiza en Bilbao y varias otras zonas del País su película "Edurne. Una modista bilbaína". En 1925 aparece otro realizador bilbaíno, Federico Dean. El año 1926 marca la presencia de dos nombres importantes: el bilbaíno Sabino A. Micón, más importante por su labor crítica y periodística que por sus películas, y el donostiarra Nemesio N. Sobrevilla, pionero de una experimentación seria de los medios expresivos del cine. La década de los 30 ofrece muy poco de interés aparte de los bilbaínos Luis Bayón Herrera, famoso realizador del cine sudamericano y Mariano Lapeyra, también productor en su firma "Lapeyra Films". Al terminar la segunda guerra mundial hace su aparición en el cortometraje francés Yannick Bellon, natural de Biarritz y el realizador, productor, cantante y actor, Clement Duhour, natural de Anglet. Simultáneamente, en las provincias del sur aparecen el vitoriano Luis Torreblanca, el navarro Antonio Abad Ojuel, el bilbaíno Juan Xiol, realizando una película el actor donostiarra Raú1 Cancio. Desde los años 50, gracias, principalmente, a la labor de los cine-clubs y a la atención que los intelectuales empiezan a prestar al cine, hay una floración de jóvenes realizadores. Unos siguen una línea tradicional como el navarro Rafael García Serrano y el donostiarra Juan Ignacio de Blas. Pero la mayoría, en un comienzo, inicia una línea crítica e inconformista. Los primeros films de Antón Eceiza, Elías Querejeta, Javier Aguirre y José María Zabalza, todo ellos guipuzcoanos, son el mejor exponente, aunque a medida que se han ido situando en la industria cinematográfica han ido cediendo en sus afanes inconformistas. Los años 60 marcan el ingreso de una nueva promoción entre los que citaremos a los guipuzcoanos Angel María Baltanas, José Luis Egea, Víctor Erice, Eloy G. de la Iglesia, Antonio Mercero y el humorista Chummy Chummez; a los vizcaínos Miguel Angel Olea, Jesús Yangüe y el más prometedor de todos los realizadores actuales, Pedro M. Olea. Sería injusto olvidar unos nombres, más famosos en otras especialidades artísticas, pero que han hecho una incursión en el séptimo arte. El mundialmente famoso escultor Jorge de Oteiza realizó en 1963 un cortometraje titulado "Operación H". Pero, desde un punto de vista estrictamente vasco, es de destacar la labor cinematográfica del escultor y pintor Vizcaíno Néstor Basterrechea, que con el irunés Fernando Larruquert ha realizado la, por ahora, mejor película de tema vasco, desde que el cine es cine: "Ama lur". También debe consignarse el nombre del bilbaíno Enrique M. Martínez, colaborador de varias revistas especializadas y realizador de la Televisión francesa, que ha servido, también, varios cortos a T.V.E. de información francesa.

Actores y actrices. Es también en 1913, junto con el realizador-actor Henry Roussell, cuando debuta uno de los primeros actores vascos de cine, Pierre Etchepare. Al año siguiente recibe su espaldarazo el ya citado Ferdinand Guillaume y los actores vitorianos Ricardo Puga y Gustavo de Maeztu. En 1918 aparecen la donostiarra Blanquita Suárez, con Silvia Mariategui, y los vitorianos Isaac Díez, Teófilo Mingueza y Asunción Muñoz. En los años 20, junto a Jaime de Lasuen, inicia la serie el popular torero eibarrés Pedro Basauri "Pedrucho", para dejar paso a las tres figuras más famosas del mundo por sus actuaciones en Hollywood e Italia: son la bilbaína Carmen Larrabeiti, la donostiarra Conchita Montenegro y el motricoarra Juan de Landa. A su sombra, podemos recordar también a Pedro Larrañaga, Juan Aristi de Eulate, Ricardo Baroja y María Lopetegui. Dentro ya del período sonoro del cine descubrimos en el cine francés a Paul Cambó, Pierre Clarel, André Dassary, Pierre Richard Wilm y Marie Dea. En los estudios españoles actúan Raú1 Cancio, Concha Catalá y Mariana Larrabeiti. En los años siguientes se les juntan Camino Garrigó, Tomás Blanco y Blanca de Silos. Y en los estudios franceses suenan los nombres del irunés Luis Mariano, Martine Carol y Louis de Funes, con mucha mayor fuerza que los de Rudy Irigoyen, Clement Duhour y Loleh Bellon. De los años 50 hasta hoy se han impuesto los rostros de Analia Gadé, Alfredo Landa, Pedro Osinaga, Jesús Aristu, Sergio Mendizábal, Mary Begoña, Fernando Cebrián, Josefina Serratosa, Joaquín Roa, Juan Olaguíbel, Paula Martel y Luis Oar, en estudios españoles. En Francia han descubierto a Evelyne Dandry, Michel Etcheverry, René Louis Lafforgue y Daniel Harispe.

Operadores. Han sido muy pocos los operadores o directores de fotografía que nuestro País ha dado al cine. Citando tan sólo a Shylock, Julio Amostegui y Jean Elissalde, el único realmente de relieve ha sido el donostiarra Carlos Pahissa. Comenzó a trabajar en 1926, y en medio de su extensa labor le cupo el honor de colaborar en la fotografía del film norteamericano "Salomón y la reina de Saba" -1958- realizada en España por el famoso King Vidor con Gina Lollobrigida y Yul Brynner, que sustituía a Tyrone Power, muerto precisamente durante el rodaje de esta película.

Técnicos de ambientación. Entre todos los que intervienen en cometidos de decoración y ambientación sólo destacamos la labor llevada a cabo en la creación y realización de vestuarios por Asunción Bastida, el mundialmente famoso Balenciaga, Ramón Barandiarán, y las casas Mendíbil y Ochagabía.
Creación literaria y musical. Antes de la realización y como base de la misma hay una labor literaria que, en una utilización independiente del medio fílmico no debiera, tal vez, existir, pero que se da casi desde los primeros tiempos. Dejando para otro apartado los escritores extranjeros que han escrito sobre tema vasco, conozcamos la aportación vasca en esta línea.

Escritores vascos llevados al cine. Sus obras, previamente existentes, han sido adaptadas al nuevo lenguaje de las imágenes. El primero de todos ellos es Pío Baroja, además hasta con tema vasco, al filmarse por primera vez en 1928 su novela "Zalacain el aventurero". Posteriormente, esta misma novela ha tenido otras versiones y el tema vasco, visto con ojos de Baroja, ha vuelto a tener plasmación en "Las inquietudes de Shanti Andía". De otros temas, "La Busca", de Angelíno Fons, ha sido la mejor. Otro gran escritor vasco, Miguel de Unamuno, merece cada vez mayor atención de los cineastas. Aparece su primera novela "Abel Sánchez" en 1946, ha sido adaptado también en Sudamérica y Frederic Rossif le dedicó un sentido homenaje en "Mourir á Madrid". En 1970 se ha filmado, con cierta libertad, "La Araucana" de Alonso de Ercilla. En 1952 "Amaya" de Navarro Villoslada. También hemos visto en imágenes novelas de J. Antonio Zunzunegui, de Ignacio Aldecoa, de José Luis Azcárraga, etcétera. Podemos incluir también aquí los nombres de dos famosos literatos en lengua española, oriundos del País: el madrileño , José Echegaray (recuérdense, sobre todo, las versiones de su "El gran galeoto") y el canario Benito Pérez Galdós, que anda en imágenes desde 1925 y, entre su amplia filmografía, cuenta recientemente éxitos tan notables como "Fortunata y Jacinta", de Angelino Fons, y la inefable "Tristana", una de las mejores películas de Luis Buñuel. La aportación en lengua francesa no ha sido ni tan amplía ni tan lucida. Los nombres de Pierre Lhande y Jacques Celhay bastan para ilustrarla.

Vascos que han escrito para el cine. Aparte de las esporádicas intervenciones literarias de realizadores como H. Roussell o F. Guillaume en sus propias películas francesas o las de Federico Dean, ; Isaac Díez o Telesforo Gil del Espinar en películas españolas, a quienes habría que sumar algunos de los realizadores ya citados anteriormente, la aportación, exclusivamente literaria al cine empieza en los años 40 con los trabajos de Esteban Calle Iturrino, Carlos María Idígoras amén de los esporádicos guiones del gran teórico donostiarra Manuel Villegas López a ambos lados del Atlántico. Posteriormente, y junto a los novelistas vitorianos Azcárraga y Aldecoa, que escribieron también directamente para el cine, están los nombres de Luis Suárez de Lezo, Luis Fernando de Igoa, guionista de "La muerte de un ciclista", de J. A. Bardem, el humorista y director de "La Codorniz", Alvaro de Laiglesia y casi todos los directores actuales, citados anteriormente. Pero es justo destacar entre todos, al menos por la extensión de su labor ya que no por su calidad, al donostiarra Jesús María de Arozamena, que intervino en una larguisima serie de títulos, en los que el éxito popular ha ocultado muchas veces la ausencia de calidad. El tema vasco ha tenido cabida en sus argumentos y en las letras de las canciones que salpican, casi siempre, sus películas. "El cantor de México" y "La reina de Chantecler" bastan para corroborarlo.

Músicos vascos llevados al cine. Terminado el rodaje del film es necesario ponerle un comentario musical para acompañar las imágenes, cuya expresividad, a veces, matiza y completa. En ocasiones, el cine ha echado mano de música previamente compuesta por artistas de nuestra tierra. Han pasado al cine, casi íntegras y en su forma original, "Amaya" y "El Caserío", de Jesús Guridi, "Las Golondrinas", de José María Usandizaga y algunas obras de Pablo Sorozábal. También nos han llegado a través de las imágenes conocidas trozos de la obra musical de Iradier, Sarasate, y del internacionalmente más famoso músico vasco Maurice Ravel, cuya música ha sido empleada en films de ballet realizados hasta en Inglaterra y Rusia, aparte de la inclusión esporádica de su música en films alemanes y españoles.

Vascos componiendo música cinematográfica. Muchos músicos nuestros han escrito música pensada y realizada expresamente para el cine. Es muy conocida la labor amplia de Guridi y Sorozábal, entre los ya citados. A los que, por su calidad y la amplitud de su obra, unimos los nombres de Isidro B. Maiztegui, argentino de origen guipuzcoano, colaborador de J. A. Bardem en sus mejores films, los navarros Jesús García Leoz y Ruiz de Azagra, el pianista zumayano Azarola, el director de orquesta bilbaíno Jesús Arambarri, el organista vitoriano Enriqué Aramburu, el autor de tantas operetas famosas Francis López, de Donibane, y Francisco Escudero. Y entre los más recientes, los vitorianos Baratas, Areta y Santisteban y los vizcaínos Carmelo Bernaola y Luis de Pablo. Estos dos firmes valores de nuestra música son, a la vez, los mejores valores actuales de la música cinematográfica del cine español.
Estética cinematográfica. El cine nació como vulgar entretenimiento de física recreativa. El éxito populachero que le siguió lo caracterizó como pariente pobre del teatro, por lo que la intelectualidad de todo el mundo lo menospreció, desentendiéndose de su evolución posterior. Entre estos intelectuales no podían ser diferentes los vascos y menos los eclesiásticos que, por males reales o supuestos, no se contentaron con despreciarlo olímpicamente, sino que lo hicieron objeto de sus iras. Por eso, fue realmente difícil descubrir en aquella «máquina infernal» uno de los vehículos culturales más importantes de todos los tiempos. Uno de los primeros en descubrirlo y en dedicarle toda su atención fue el francés Louis Delluc. Quedarán para siempre en la historia del cine sus trabajos crítico-teóricos y las películas en que trató de plasmar sus teorías. Muchos veranos solía residir en un hotel de Hendaya y allí conoció nuestra tierra, que amó hasta hacer sorprendentes declaraciones sobre la influencia de su paisaje y legarnos una película, «Le chemin d'Ernoa», realizada en los paisajes y bajo el cielo que a él tanto impresionaron. Por eso lo incluimos en esta lista, aunque no había nacido en el País Vasco. De los nacidos entre nosotros el más importante teórico es, sin duda alguna, el ya citado Manuel Villegas López, que es también el mejor teórico en lengua española. Sus textos, libros de crítica e investigación, ensayos, guiones y, en general, toda su obra son una valiosa aportación a la comprensión y evolución del lenguaje fílmico y de su influencia socio-cultural. De importante podemos calificar el libro «Fundamentos de Filmología», del P. Mauricio de Begoña, capuchino, profesor del I.I.E.C. de Madrid. Otro religioso, el jesuita P. Félix de Landáburu, fue profesor de Deontología Cinematográfica en el mismo Instituto. Así se iniciaba el cambio de postura de la Iglesia, que canonizaría el Vaticano II. Desde comienzos de los años 50 proliferan los Cine-Clubs y con ellos las revistas especializadas. Pero este fenómeno capital en la evolución de nuestra cultura cinematográfica es objeto de un artículo aparte. v. CINE-CLUBS. En este clima, y para enseñanza de la juventud, surgió un espléndido libro de texto, «Cine», escrito por el marianista P. Ignacio Chapa, para los alumnos de sus colegios. Esta labor, iniciada en su colegio de Vitoria, ha sido completada con otros trabajos teórico-críticos en su prolongada estancia en Colombia. También, al igual que la Iglesia, los intelectuales vascos han cambiado de mentalidad respecto al cine. Como ejemplo significativo citaremos tan solo la obra escrita de ,Jorge de Oteiza.
Distribución y exhibición. La industria cinematográfica se sostiene con el importe obtenido mediante la venta de las películas producidas. Pero la película no llega directamente del productor al espectador. Este lo puede ver mediante el pago en taquilla a los dueños de las salas de exhibición, quienes, a su vez, mediante un pago concertado, adquieren las películas que exhiben en centros de distribución que, a su vez, han adquirido en los centros de producción. Las tres provincias del norte, enclavadas cinematográficamente en Francia, carecen de centro propio de distribución, alquilando sus películas en los que están, fuera de sus límites, en territorio francés. Las cuatro del sur, incluidas en la cinematografía española, pertenecen a una región cinematográfica, cuya capital es Bilbao. Aunque las casas centrales están en Barcelona y Madrid, tienen en Bilbao sus sucursales las grandes productoras norteamericanas Metro, Fox, Warner Bros, United Artists, Columbia, Universal, etc. Y, en torno a ellas, trabaja el resto de las distribuidoras, que proporcionan al exhibidor las películas de otras procedencias, aunque por exigencias legislativas hasta las distribuidoras americanas incluyen en sus listas películas españolas y de otras procedencias. Estos datos se refieren al cine comercial de 35 y 70 mm. A pesar de que con el aumento de precios en taquilla el volumen económico no parece haber disminuido, se nota que en los últimos años la asistencia ha disminuido notablemente, agudizando la situación crítica que ya, y por otros motivos, estaba notándose en el cine. En estas distribuidoras, desde hace muy poco tiempo, funciona un servicio de películas de régimen diferente para Salas Especiales y de Arte y Ensayo, aunque en este orden algunas distribuidoras de este material actúan directamente desde la capital. Esta nueva modalidad ha sido precisamente un éxito en nuestras pantallas y su utilización ha sido sólo posible en las capitales de provincia y en algunos Cine-Clubs. Tampoco puede olvidarse el cine de formato de 16 mm., cuya distribución se hace también desde centros especializados de Bilbao directamente desde la capital. Este formato, que en un tiempo se creyó iba a privar, a pesar de sus aparentes ventajas, va cayendo completamente en desuso. Desde un ángulo estrictamente vasco no es posible olvidar una casi insignificante distribuidora de San Sebastián, que, en conexión con unos programas de cine infantil de Barcelona, distribuye material de 8 mm. doblados en euskera. Los locales destinados a exhibición de espectáculos cinematográficos son tantos en todo el País que no es posible, en este lugar, dar ni siquiera una somera relación. Desde los primeros tiempos comenzaron estas exhibiciones en diversos puntos y, posteriormente, puede decirse que, no sólo en las capitales y pueblos importantes, sino hasta en los pueblos pequeños y a veces hasta en aldeas insignificantes, hay o ha habido salones de cine. En las capitales de provincia existen hasta grandes cadenas de salones agrupados bajo una sola firma. En la lucha con la TV, al igual que en el resto del mundo, se ha recurrido a nuevos procedimientos, ampliando pantallas, adaptando proyectores al paso de 70 mm., implantando sonido estereofónico y modernizando funcional y estéticamente todos los servicios. Y esto ha sucedido no sólo en las ciudades importantes, sino hasta en poblaciones de relativamente escaso aforo. Buen exponente de ello es el cine «Leídor» de Tolosa. Datos más concretos pueden verse en los artículos correspondientes a las diversas poblaciones. Aunque en el aspecto industrial ha trastocado un tanto las cosas, la Televisión -a través de sus cuatro cadenas, tres de la ORTF y dos de la TVE- ha difundido el cine hasta el interior de nuestras casas, llegando hasta los últimos rincones de nuestra geografía, con lo que extiende, notablemente, el influjo social de este medio cultural. En esta aventura económica que estamos describiendo tampoco podemos olvidar esos mercados cinematográficos internacionales que son el Festival Internacional del Cine de San Sebastián y el Certamen Internacional de Cine Documental y Cortometraje de Bilbao.
Impacto sociológico. Es cierto que, unos años atrás, el influjo del cine-espectáculo en la evolución de nuestras costumbres era mucho más importante. Hoy la televisión y otros factores sociológicos -clubs juveniles, motorización, crisis interna del cine, etc.- han reducido la asistencia al espectáculo. Con todo, la presencia de la televisión en nuestras casas hace que la influencia efectiva del cine no sólo no haya disminuido sino que haya aumentado notablemente. En general, toda nuestra sociedad, al compás con el resto del mundo, se va sumergiendo, poco a poco, en una cultura donde el medio de expresión es predominantemente lo audiovisual. Desde los primeros momentos, tanto el Poder Civil como la Iglesia, han tratado de evitar a la sociedad los males que este medio pudiera causarle, al mismo tiempo que han intentado utilizar su influjo en apoyo de sus finalidades concretas. He aquí, en síntesis, los motivos de la censura. En el orden civil, sobre todo en la actualidad, existe una enorme diferencia de la censura cinematográfica del estado francés, que afecta a las provincias del norte, de la del estado español, que afecta a las del sur. Mientras la primera sólo veta muy pocas cosas relacionadas con la política y menos aún relacionadas con la moral sexual, la segunda llega a rizar el rizo en ambas materias, a las que hay que sumar la presencia en el organismo censor de un representante de la Iglesia, con derecho a veto en materia religioso-moral. Esto origina un no despreciable contingente de espectadores del sur que van a ver en los cines de Hendaya, Donibane, Biarritz o Bayona las películas que no pueden ver en sus cines habituales y para quienes se preparan, a veces, hasta programas especiales que satisfacen sus demandas concretas de tipo estético o anti-represivo. En la censura cinematográfica de la Iglesia se hace presente, una vez más, el impacto del jansenismo en la religiosidad vasca, especialmente en las provincias del sur, donde, generalmente, no se han contentado con aplicar las clasificaciones morales propuestas para toda la nación desde Madrid -ya de manga estrecha sino que se han empeñado en hacer unas aplicaciones peculiares, casi siempre restrictivas. Aparte de la injusticia de algunas de estas medidas, la indiferencia de la misma Iglesia ante problemas mucho más importantes y la evolución religiosa del País, han hecho que la censura de la Iglesia haya caído en el mayor desprestigio. Uno de los primeros en querer llevar las aguas a su verdadero cauce, no sólo entre nosotros sino en toda la nación, fue el P. Félix de Landáburu. Es famoso en este aspecto un artículo que publicó en "Incunable". De esta misma mentalidad participaban algunos artículos editados por la revista "Surge", del Seminario de Vitoria. Estos trabajos, incomprendidos en un principio, tuvieron el refrendo del supremo magisterio de la Iglesia en el Vaticano II. Y para conseguir un espectáculo realmente sano, en vez de perder el tiempo en ataques inútiles, dio con la solución de un movimiento pujante de Salas Parroquiales el sacerdote P. Juan José Garmendia. Estas salas, que se comprometían a unas condiciones mínimas de moralidad, constituyeron la organización F.I.D.E.S. (vVer FIDES). El posible influjo pernicioso del cine, más que de la maldad objetiva del film, viene de la falta de preparación y formación del espectador. Por eso, la Iglesia, desde los años 50, ha dedicado una especial atención a los Cine-Clubs, que ya anteriormente existían, y así, al coincidir con el interés que por ellos han ido adquiriendo otros sectores intelectuales y comprometidos de nuestra sociedad, han logrado dar a estas sociedades un auge y una importancia notables. (Ver CINE-CLUBS).
Tema y paisaje vascos en el cine. El paisaje vasco. Aparece, por primera vez, en los mismos comienzos del espectáculo cinematográfico. En las listas de Louis Lumière, filmados por él o sus inmediatos colaboradores, aparecen estos cortos documentales: Encierro de toros (1898), Biarritz (1900/1) dividido en 4 partes: "Une Rue", "Le Port-Vieux", "La Plage et la Mer" y "La Plage et l'Etablissement", y Le Rocher de la Vierge (Biarritz). Desde entonces el paisaje vasco ha sido captado en infinidad de documentales, con más o menos acierto, hasta llegar a ese serio intento de análisis de nuestro pueblo en Ama Lur, de Basterrechea y Larruquert. Veamos, pues, con cierto detalle la inclusión de nuestro paisaje en el cine. Desde la simple alusión en los letreros luminosos de la primera secuencia de La alegre divorciada, de Mark Sandrich, hasta el documental largo de René Le Henaff, Euskadi, es muy variado el interés que el cine ha prestado a nuestra tierra. En 1911, el cineasta catalán Fructuoso Gelabert, visitando Bilbao y San Sebastián, impresiona en ambas ciudades varios documentales cortos. Pocos meses más tarde, un equipo de cineastas madrileños va a Pamplona para filmar sus célebres "Sanfermines". Al mismo tiempo, captan otras bellezas navarras en los documentales Irati y Del Roncal a Uztárroz.

En 1918, el vitoriano Isaac Díez captaba los lugares más populares de su ciudad natal en Josetxu. Posteriormente, Vitoria y su provincia se han reflejado en 1937 en el film norteamericano La espía de Castilla, en 1956, en Cuerda de presos, de Pedro Lazaga; en 1964, en el bello documental en color de Javier Sagastizábal Vitoria Stop; en 1965 en el largometraje infantil, pensado y producido por vitorianos, Mañana de domingo, de Antonio Giménez Rico, y, por último, en un documental de 1969, Vitoria, de la serie "España en colores".

Pamplona y su provincia han merecido mayor atención, debido en parte a sus mundialmente conocidas fiestas de julio. A ello obedecen filmes como Corrida dans la rue de Pampelune o Caroselo spagnolo, de los italianos Rocco y Serpi, Fiestas en Pamplona y el interesante documental del francés Destangue San Fermín. En 1937 Fernando Delgado dedicó un documental a las Brigadas navarras; la ciudad de Pamplona ha sido protagonista de dos documentales en 1942 y 1948. En 1947 se realizó el titulado Alma navarra y en 1949 De Canfrán al Bidasoa. En 1957 aparecían hombres y paisajes navarros en Orgullo y Pasión, de Stanley Kramer, que al año siguiente volvían a aparecer en10 fusiles esperan, de Sáez de Heredia. En 1964, Pío Caro Baroja contempla en dos documentales los ancestrales bailes de la región: El Carnaval de Lanz y Demonios danzantes. Un norteamericano, Russell Rouse, eligió en 1966 a Pamplona y sus "sanfermines" para escenario de la trama policíaca de su película Carnaval de ladrones. En 1969 se realizó un documental de la Universidad de Navarra y otro sobre Hemingway's Spain, al mismo tiempo que se enmarcaban en Urbasa los escenarios naturales de algunas secuencias del Patton, de F. Schaffner, donde también se rodaron, al año siguiente, otras del Cronwell, de Ken Hughes. Ese mismo año de 1970, Jorge Grañena recorría y fotografiaba los más bellos paisajes de Navarra para su largometraje Cita en Navarra.

Bellos paisajes de Bizkaia y Gipuzkoa aparecían en 1919 en El Golfo, de José de Togores. San Sebastián y su provincia han aparecido desde entonces en muchas películas. Ya en 1927 dedicó a la capital su documental Donostya Gabriel R. España. En esta línea recordemos también otro de 1947 y el que realizó en color con fines turísticos Francisco de Aranaz. En la Bella Easo se situaron algunas secuencias de Deseo, de Frank Borzage, al igual que las de las dos versiones alemanas -anteriores- en las que se basó esta producción de Ernst Lubistch y llevaban por título ambas Schönen Tage von Aranjuez. El francés Edmond T. Greville situó una de las escenas clave de su film Le diable souffle en el río Bidasoa, muy cerca de su desembocadura. En 1949 se filmó el documental A la sombra de Aránzazu. La nueva generación de cineastas guipuzcoanos ha dedicado también cierta atención a la tierra que les vio nacer. Javier Aguirre, desde sus primeros documentales, hasta la presencia del antiguo Donosti en Pierna creciente, falda menguante, pasando por las secuencias vascas de España insólita; Eceiza y Querejeta con Pescadores de Guetaria, mucho más endeble que A través de San Sebastián, uno de los mejores documentales socio-críticos de nuestra sociedad; José María Zabalza con También hay cielo sobre el mar, con la presencia de Pasajes y su mar y Yo no soy un asesino, rodada en Hondarribia; Juan Ignacio de Blas en cortos como su El pequeño bombero, etcétera. En 1961, el español Ardavín realiza en San Sebastián, en co-producción con Alemania, Festival, en el marco del Festival Internacional del Cine. En 1962 es RafaelGil quien capta las bellezas de la capital y sus alrededores en La reina del Chantecler. En 1965 toca el turno nada menos que a Orson Welles, quien filma en Guipúzcoa algunas escenas de su film Campanadas a medianoche. Y nuevamente la Perla del Cantábrico es escenario de Los ojos perdidos, realizado por el escritor y realizador navarro Rafael García Serrano. También había aparecido San Sebastián en Luna de verano, de Lazaga (1958) y en Pacto de Silencio, de Antonio Román. El primer film de argumento vizcaíno data de 1923 con el título Un drama en Bilbao o Edurne, producida por la productora bilbaína "Hispania Films" y dirigida, escrita e interpretada por Telesforo Gil del Espinar. Con ocasión de la guerra civil Fernando Delgado realizó en 1937 Bilbao para España, y Sáez de Heredia, en 1940, Hierro en Vizcaya. Ya en los años 40, pueden recordarse los documentales Desde Bermeo a El Abra (1944), Un aeropuerto en Bilbao (1945) y Gallarta (1947). En 1948 se situaba en Bilbao la acción del largometraje Neutralidad, de Ardavín. El año siguiente hay dos documentales con el mismo título, Guernica, debidos a cineastas tan cualificados como Robert Flaherty y Alain Resnais. En 1955, se filma la actividad de la Caja de Ahorros Municipal de Bilbao. Y entre dos documentales de Javier Aguirre, Vizcaya cuatro, y Jorge Grau, Ocharcoaga, filma Ladislao Vajda en 1960, María, matricula de Bilbao. En 1965 el bilbaíno Pedro Olea filma para una serie televisiva La ría de Bilbao. En 1969, junto a El gran Bilbao y Vizcaya hoy. Una extensa y eficaz obra social, aparece un documental de Miguel Angel Olea, Gallarta minera. Por último, en 1972, Pedro Olea ha sabido plasmar nuevamente la ría de su villa natal y las costas de su provincia con espléndida belleza en La casa sin fronteras.

También las provincias del norte han aparecido en el cine. A veces haciendo referencia a todo su conjunto, como los documentales Côtes de la Loire aux Pyrénées (1951), Labourd et Basse-Navarre (1956) o Paris-Pyrénées Côte Basque (1959) o los films de ficción como Le chant de l'exilé, de André Hugon (1943), El cantor de México, de Richard Poittier (1952) y Pluma al viento de Louis Cuny y Ramón Torrado (1953). Otras centrándose en localizaciones concretas, entre las que destacan siempre Donibane Loitzun o St. Jean de Luz y Biarritz. Donibane es el título de tres documentales cortos de 1950, 1956 y 1959, en uno de los cuales canta su "Agur Donibane" el cantante irunés Luis Mariano. Es mayor la atención prestada a Biarritz tanto en documentales ( A Biarritz le "Surfing" - Biarritz y sus alrededores - Course de Planeurs Paris- Biarritz) como en largometrajes de ficción (Abenteurin von Biarritz - Hon den Enda, de Gustav Molander, rodada allí, al igual que L'Homme de I'Hispano, de Jean Epstein, La casta Susana de Luis César Amadori y Le Voyage à Biarritz de Gilles Grangier).

A esta lista de documentales sería preciso añadir gran cantidad de material filmado en nuestro país por NO-DO y los servicios de Noticiarios franceses, aparté de otras filmaciones para Noticiarios del mundo entero, cuyo total y contenido exacto no es fácil conocer y es totalmente imposible incluir aquí.

El tema vasco. En general, también ha aparecido esporádicamente en el cine. Una de las primeras películas que lo recogió fue Drame au Pays Basque, de Louis Feuillade, en 1913. En 1919 realizó en nuestra tierra, con temática nuestra, la película Vicenta la realizadora y actriz francesa Musidora. En 1921 rueda Delluc su citada película. En 1923 vuelve de nuevo Louis Feuillade con El hijo del pirata. 1924 es el año de Alma vasca. Y ya escasean las películas de tema vasco hasta 1940 en el que R. Quintana y A. Gascón realizan Jai Alai. Después de El Gorri-Gorri, en 1946, se estrena El emigrado, de Ramón Torrado. También debemos incluir otra cinta de este período, Raza (1942) de Sáez de Heredia, donde como exponente de las virtudes fundamentales del español se elige una familia vasca. En 1949 realizan en Francia el documental Au Pays des Basques. En 1952, mientras en Francia ruedan el corto Chistera. Le Pilote basque, en tierras navarras y alavesas se hace imágenes Amaya, de Navarro Villoslada. En 1954 se rueda el corto Images du Pays Basque y en 1955 Cancha vasca, de Aselo Plaza y A. Hurtado. Pays Basque es un corto del año siguiente. El año 1958 el cine yanqui recoge la odisea de los pastores vascos en el Oeste en El desfiladero de la muerte, de Russell Rouse. Un tema similar aborda Raúl Sangla en L'homme de Nevada, de 1960, repetido por Jean Faurez, al año siguiente, en Retour aux Pyrénées. Mourir à Madrid, de Fréderic Rosiff (1962), analiza la postura de los vascos en la guerra civil, dentro de la gran contienda que envolvió a toda la nación española. Después del ensayo no logrado de Basterrechea y Larruquert en Pelotari (1963) llegamos en 1965 a La vida nueva de Pedrito Andía, de Rafael Gil, para terminar la relación con la versión del Caserío hecha por Juan de Orduña en 1971. Como tónica general hay que advertir que los films largos de ficción ofrecen una visión muy superficial de nuestro pueblo aparte de ser, normalmente, de muy poco interés estético. De esta relación hemos excluido las biografías de vascos notables y los temas vascos llevados al cine de la literatura.

Los vascos ilustres. Los que han pasado al cine podemos encabezarlos por los santos: El capitán de Loyola (1948), donde aparecía también Francisco de Javier, al que en los años 30 los alemanes habían dedicado una biografía filmada; también ha sido llevada al cine la biografía de San Michel Garikoitz y en Sangre en el Japón, del japonés Tomu Ikeda, entre los numerosos mártires japoneses aparecía el vasco S. Martín de la Ascensión. También algunas figuras históricas han pasado al cine, como varias figuras reales de Navarra en Las Cruzadas, de Cecil Blount de Mille (1935), en Intolerancia, de Griffith (1916), en Henry, King of Navarre, de Mauzice Elvey (1924), en La Regina di Navarra, de Carmine Gallone (1941), en Le vert Gallant, de René Leprince, y en El valle de las espadas, de Javier Setó (1962). Otros personajes históricos son La monja alférez (1943) o Espoz y Mina en El abanderado, de Ardavín (1943), y los vascos que acompañaron a Colón en su viaje al nuevo mundo, que aparecen en las diversas versiones a él dedicadas. Una última aportación en el campo de los personajes históricos es Aguirre. Der Zorn Gottes, película biográfica sobre Lope de Aguirre realizada en Alemania por Werner Herzog; presentada en la quincena de los realizadores de Cannes (1973), su fotografía fue premiada por el Ministerio Federal del Interior. Las glorias literarias constan en La muerte de Pío Baroja, El País Vasco de Pío Baroja (1964) y Unamuno. Los músicos famosos en Gayarre (1958), con el que aparece también Hilarión Eslava. El cantor navarro había salido anteriormente en El canto del ruiseñor (1932). Aparecen también en Sarasate (1941), en A la rencontre de Maurice Ravel (1961), a los que podemos añadir Au Pays Basque avec Luis Mariano (1953) y Luis Mariano chante (1947). También algunos deportistas tienen su lugar en films como Urtain, el rey de la selva o así (1969), Juguetes rotos (1966), Campeones (1942), Saeta rubia y Homenaje a Quincoces (1942) y las dos películas en que figura el torero Pedrutxo de Eibar, Pedrucho, (1923) y El momento de la verdad (1965) del italiano F. Rossi. No-Do Imágenes dedicó también un número de su serie de reportajes a Zuloaga, en 1945. No podemos detenernos a describir minuciosamente la serie de películas dedicadas a personajes célebres de alguna manera relacionados con el País Vasco como Goya, Albéniz, Bolívar el Conquistador, los Borgia o Eugenia de Montijo.

Temas vascos sacados de la literatura. Entre ellos domina a todos Carmen, con sus muchísimas versiones de la cigarrera sevillana a quien su autor Merimée hacía nacer en Etxalar. También ha tenido muchas versiones la historia de la molinera de El sombrero de tres picos, nacida, según su creador Pedro A. de Alarcón, en la ciudad de Estella. Siguen en importancia las adaptaciones de la novela Ramuntcho, de Pierre Loti. A continuación viene Pío Baroja con las versiones de su Zalacain y la adaptación de Las inquietudes de Shanti Andía. Y casi en el mismo plano se encuentra el P. Luis Coloma, S. J., con la doble versión de Boy y la adaptación de Pequeñeces. El resto, en orden cronológico, incluye Pour Don Carlos (1920), de Pierxe Benoit; la inclusión del vizcaíno en la versión de El Quijote, hecha en 1948 por Rafael Gil; Manos atadas, de Pierre Lhande (1955); The Sun also rises (1957) con la visión que tenía de Navarra el escritor norteamericano Ernest Hemingway; El otro árbol de Guernica, de Luis de Castresana, y Zorro, Marchese di Navarra (1970), popular figura literaria, tantas veces llevada al cine y al que en muchas versiones se le pone apellido vasco.

Luis de LARRAÑAGA