Danse

Aurresku

El término aurresku se utiliza hoy día como sinónimo de soka-dantza, así como, en sentido más estricto, para denominar a una o varias de sus partes, que son interpretadas por un solista (que tradicionalmente se ha llamado aurresku) y especialmente en los últimos tiempos se han separado de la misma cobrando vida propia. La soka-dantza, en efecto, ha sido la danza social que más se ha bailado en el País Vasco a lo largo de la historia. Por ello, ha tenido múltiples variantes y ha recibido múltiples nombres. Es común que sobre todo los hombres (aunque también las mujeres, y entonces los papeles de género son opuestos a los que describimos) formen una fila o soka, es decir cuerda, unidos de las manos directamente o por medio de pañuelos. En esta cuerda el primer dantzari tiene una gran importancia, y a menudo recibe el nombre de aurresku, es decir, "mano delantera", o similar. En este sentido, el último dantzari, sin duda el segundo en importancia, recibe el de atzesku o mano trasera.

El papel de este aurresku es el del protagonista: él es el que realiza el primer baile, y al terminar éste unido de las manos con el dantzari que tiene detrás hace un puente, por el que pasan por debajo el resto de los dantzaris. Una vez realizado esto, se detiene la cuerda. Aurresku y atzesku se dirigen hacia el centro y realizan un baile uno enfrente del otro (que por ello a veces recibe el nombre de aurrez-aurre, frente a frente). Después de esto, se realiza otro puente, en este caso por los dos últimos dantzaris, recuperando de este modo el aurresku -no podía ser de otra manera- -el primer puesto. Mientras tanto, otros dos componentes de la cuerda (que suelen recibir nombres parecidos a los de dantza-zerbitzaileak o servidores de la danza) van a buscar a las mujeres que se van a incorporar al baile. Delante de la primera de ellas se detiene la cuerda para que el aurresku le ofrezca su baile. El mismo proceso se repite para el atzesku. Quizás después de otro desafío, la cuerda completa (una vez que han entrado las mujeres) realiza otros dos puentes, del mismo modo que han hecho antes. En algunas variantes, también ahora puede hacerse otro baile entre los dos dantzaris principales. Y sólo una vez realizado todo esto, empieza la parte más social del baile: hoy en día casi siempre fandango y arin-arin, terminando con una biribilketa. Siguiendo este enlace puede verse todo esto que tan largo resulta explicar mediante unos videos muy apropiados. Corresponden a la variante de Elgoibar: sokadantza.

Puede decirse, sin embargo, como hemos mencionado ya, que el término aurresku se utiliza fundamentalmente para el baile del solista, con dos variantes principales. Por un lado el aurresku vizcaíno, improvisado en buena medida, con sus cuatro partes: Desafío o Aurkez-aurke; Pasamanos, Esku aldatzeko soinua o Abarketak; Zortziko y Contrapás, Erreberentzia, o Agurra. Una interpretación de esta estructura, en el contexto de un concurso, puede verse en este enlace. Por otro lado, en las versiones guipuzcoanas pueden incluirse otras partes de la soka-dantza y de otras danzas descritas por Iztueta, especialmente doinu zaharrak. Con todo, y sin ningún género de duda, para la mayoría el aurresku no es sino el antes mencionado agurra, erreberentzia o contrapás. Este es el baile que, interpretado de acuerdo a un estándar, más se utiliza como homenaje. En este enlace, por ejemplo, puede verse ofrecido, como es usual, a unos recién casados.



Si la soka-dantza, especialmente en los momentos solemnes, era una ceremonia de cohesión social, el papel del aurresku era demostrar, ejerciéndola, la jerarquía interna de la misma. Es evidente, por ejemplo, que son el primer y último dantzari los que llevan todo el peso del baile, y el último siempre en un plano subordinado al primero. En las palabras de Iztueta, por ejemplo (1824:78): sobre todo los delanteros, lo que quieren es mostrarse en la plaza pública, para que los espectadores puedan conocer quién, de dónde, de quién y de qué manera son. O (ibid:114) .Este azkendari puede bailar tantos zortzikos, así como soñu zarrak como quiera, siempre y cuando el aurrendari los haya bailado en esa danza, pero no en caso contrario, porque es feo aparecer como más sabio que el aurrendari.

Ocupar ese puesto suponía evidentemente un honor, y surgían graves disputas por recibirlo, tal y como Carlos Rilova Jericó (1998), por ejemplo, ha demostrado con abundante documentación especialmente de los siglos XVI y XVII. Por ello, a partir del siglo XVIII no es para nada raro encontrar soka-dantzak de autoridades, y está claro que ocupar la cabeza de la misma era en ocasiones un privilegio de los notables. Iñaki Irigoien (1991, 1987:21) ha demostrado sobre todo para Vizcaya cómo el nombramiento de alcalde se celebraba con una soka-dantza, ocupando el puesto de honor el nuevo alcalde. Garmendia Larrañaga (1973:246), René Cuzacq (1942), y el padre Donostia (1932:19) han dado otras referencias de Guipúzcoa, Laburdi y Navarra, que muestran la relación entre la soka-dantza y la autoridad. Y ésta explica, por ejemplo, por qué la variante de Lacunza lleva el nombre de Alkate-dantza, "danza del alcalde".

Si reparamos en el repertorio de los txistularis es de creer, por ejemplo, que tanto los nuevos bailes por parejas (valses, habaneras...) como las contradanzas, basadas en el continuo movimiento de los bailarines, se impusieron a la soka-dantza. A finales del siglo XIX y principios del XX puede decirse que la soka-dantza había desaparecido de las ciudades vascas, y que cada vez se bailaba menos en las localidades más pequeñas. En este contexto, sin embargo, surge a finales del siglo XIX el movimiento que conocemos como Renacimiento cultural vasco. Su objetivo era impulsar las costumbres vascas, y especialmente las que se consideraba que estaban en riesgo de desaparecer. Para ello se utilizaron determinadas revistas -como Euskal Erria o Euskalerriaren Alde- y sobre todo los concursos que se realizaron en los Juegos Florales. Por supuesto, en estos últimos fueron inexcusables tanto los de aurreskus -ya que este nombre, no sabemos bien si gracias precisamente a estos concursos o no, se había convertido ya en este momento en el más usual- como en muchas ocasiones los aurreskus de honor de autoridades. Visto todo lo anterior, en efecto, se entiende fácilmente que el término aurresku, por sinécdoque, adoptara y sustituyera al de la soka-dantza entera.

En estos Juegos Florales, claro está, no tenían lugar todas las manifestaciones culturales vascas: algunas de ellas se eligieron y de alguna manera se estereotiparon. En el caso de la soka-dantza, por ejemplo, los concursos fueron sólo para hombres, a pesar de que las soka-dantzak de mujeres eran también en aquel momento muy abundantes (Larrinaga 2004). En el caso de los aurreskus de honor, el significado no era muy distinto del que Iztueta le había concedido: la unidad nacional interclasista, aunque sólo fuera bailada por personalidades relevantes de clase alta. Y por otro lado, el papel del recién creado PNV fue muy importante en la recuperación, difusión o creación directa de nuevos bailes. Sin duda, en este proceso la danza preferida fue la ezpata dantza (es decir, la Dantzari-dantza de la Merindad de Durango) hasta el punto de que puede afirmarse que en los actos de los peneuvistas el aurresku perdió su primacía.



Tras el largo paréntesis de la guerra civil y el principio de la posguerra, el abandono de la danza tradicional vasca fue cada vez más rápido. En su lugar, y a menudo unido a la actitud posibilista del nacionalismo vasco, la mayor parte de las danzas vascas se folklorizaron de la mano de grupos de danzas. En este contexto, en el que la espectacularidad era uno de los objetivos fundamentales, la soka-dantza perdió su importancia en la mayor parte de los lugares (por ejemplo Araolaza 2006), si no desapareció, siendo sustituida en su función de homenaje por el aurresku. Como ocurre a nivel mundial, bailar el aurresku se convirtió en un saber especializado, algo que pocas personas saben hacer. Los pasos, que al menos en muchas variantes se improvisaban en buena medida, se fijaron de un modo cada vez más complicado, y hoy en día es imprescindible para bailarlo como es debido encontrarse en buena forma física y haber pasado largas horas de ensayo. Esta espectacularidad, claro está, se muestra en multitud de concursos en el que aparece un muchos casos el virtuosismo extremo de los dantzaris, del que forma parte importante, a este nivel, la improvisación.

En este contexto puede entenderse el desplazamiento semántico del término aurresku, que se aplica a la danza y no, como en su origen, al dantzari que era mano delantera. A su intérprete, por tanto, hay que buscarle otro nombre, y debe de crearse para ello el neologismo aurreskulari. Y en el mismo sentido se entiende un cambio fundamental respecto a la Tradición: el homenaje y el honor del aurresku no se ejecuta bailando, sino recibiendo la danza. Es impensable, en efecto, que una persona de edad, por ejemplo, demuestre ese virtuosismo. Y en la sociedad contemporánea la agilidad y brevedad de esta versión reducida del aurresku (un minuto largo normalmente) resulta mucho más apropiada que la complejidad de la soka-dantza completa. La importancia del aurresku, en este sentido, se ha resaltado en los actos de la nueva izquierda abertzale (Aretxaga 1988, Arzoz 1998). En este momento, esta función de homenaje se ha democratizado de tal modo que no hace falta ser lehendakari o alcalde; ni siquiera novia el día de su boda para recibirlo, sino que, pocos homenajes, inauguraciones, primeras piedras o solemnidades de cualquier tipo no cuentan con el dantzari de turno bailando el aurresku.

Su música se identifica hoy en este momento con un único contrapás, si bien casi con total seguridad podemos afirmar que en su época se utilizaron otros muchos. He aquí su melodía, la más conocida del repertorio de txistu, y la única del mismo que escuchamos, por ejemplo, en los teléfonos móviles:

Agurra

El contrapás es fundamentalmente un género del repertorio de los txistularis. Escrito en compás de 4/4 o a veces de 2/4, cumple las reglas del llamado estilo galante de mediados del siglo XVIII: frases muy regulares con antecedente y consecuente, profusión de adornos, terminaciones femeninas, abundantes escalas y cromatismos... Estas características y su velocidad no demasiado rápida -de aparecer el tempo en la partitura, éste suele ser allegretto- le relacionan de forma inevitable tanto con el minueto como con el zortziko en 2/4 de la misma época.

La interpretación del aurresku es hoy en día una de las poquísimas ocasiones en las que el txistu adquiere un papel de cierta relevancia social. Eso, por supuesto, si el ejemplo de la toma de posesión como lehendakari de Patxi López no se extiende: como puede verse en este enlace, en el aurresku realizado en su honor el oboe sustituyó al txistu, seguramente para alejarse del modelo (de paso, también es llamativa la camisa fuera del dantzari) de los anteriores lehendakaris, todos ellos del PNV.

En el aurresku contemporáneo, finalmente, otro tema insoslayable es el del género. Como hemos mencionado al principio, en algunas soka-dantzak tradicionales (como eche-andre-dantza y escu-dantza nescachena, las citadas por Iztueta) las mujeres realizaban el verdadero baile, homenaje al hombre incluído. En tiempos del Renacimiento Cultural Vasco, sin embargo, tanto en los concursos como por supuesto en los aurreskus de honor eran los hombres los que desarrollaban el papel principal, siendo el de la mujer forzosamente muy pasivo. No puede ser más clara, en este sentido, la descripción de José Castro y Serrano, publicada en la revista Euskal-Erria en 1880, en la que llama al aurresku zorzico:

En el zorzico no baila la mujer, que es bailada. El mancebo ó los mancebos la colocan á la vista del público, en el centro de accion de sus flexiones coreográficas. Allí de pié la hermosa, en actitud de estátua viva á quien conturban las miradas indiscretas del público, bajos los ojos por la modestia ruborosa, y el animo embargado por el honor de que es objeto, se deja bailar como la diosa primitiva, adornada tambien de cintas y flores, aplaudida por la multitud, victoreada é incensada por el alegre requiebro de los bailadores, bella y graciosa en si misma; sin accion que profane la gloria, sin ademan que destruya la apoteósis.

Este punto de vista, evidentemente, no es compatible ni con la manera de pensar de la sociedad actual ni con el papel que también en este ámbito merece la mujer. En los últimos años, claro está, no es nada raro ver bailar el aurresku a mujeres, tanto junto con hombres (tal y como hemos visto en el video de la boda), como solas. Esta última modalidad ha sido especialmente importante en los ceremoniales de los partidos abertzales, especialmente cuando el que recibía el homenaje era hombre (Aretxaga 1988). Con todo, es curioso que en estos casos las chicas realicen normalmente los mismos pasos que ejecutan los chicos, y no los de los aurreskus y soka-dantzak que se han recuperado, renovado o directamente creado en los últimos tiempos (como los que se realizan en Lequeitio, Yurreta o Durango: Larrinaga 2004).

Evolución de la danza que más se ha bailado en el pasado en el País Vasco, considerada como prueba de la democracia original vasca, demostración de jerarquía y poder, forma de recibir homenaje, signo de identidad, icono folclórico (Sánchez Ekiza 1999), quizá incluso banalizado en este momento -en el que las ofertas para bodas y los concursos llenan los resultados de las búsquedas por "aurresku" en cualquier navegador de internet- el aurresku constituye sin duda una de las expresiones más conocidas de la cultura tradicional vasca tanto en el País Vasco como fuera del mismo.

  • ARAOLAZA ARRIETA, Oier (2006): "Soka-dantzaren loraldiaz", (última consulta: 6-12-2009).
  • ARETXAGA, Begoña (1988): Los funerales en el nacionalismo radical vasco: Ensayo antropológico. San Sebastián: Baroja.
  • ARZOZ, Iñaki (1998): "El mítin étnico". In Sukil, 2. Iruña: Ortzadar Euskal Folklore Taldea, pp. 319-334.
  • CASTRO Y SERRANO, José (1880): "El zorzico". In Euskal-Erria. t. I, p. 5.
  • CUZACQ, René (1942): La Pamperruque: danse bayonnaise. Bayonne: Chez Ilantur.
  • DONOSTIA, Padre José Antonio de (1932): "Txistu y danzas", in Obras completas del padre Donostia. Bilbao: La Gran Enciclopedia Vasca, 1983, t. II, pp. 103-136.
  • GARMENDIA LARRAÑAGA, Juan (1973): Iñauteria: El carnaval vasco. San Sebastián: Sociedad General de Ediciones y Publicaciones, D.L. 1973.
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  • IZTUETA, Juan Ignacio de (1824): Gipuzkoa'ko Dantza Gogoangarriak. Bilbao: La Gran Enciclopedia Vasca, 1968.
  • LARRINAGA ZUGADI, Josu (2004): "Mujeres y soka dantza", in Euskonews and media. 17-24-09-2004: (última consulta: 6-12-2009).
  • RILOVA JERICÓ, Carlos (1998): El honor de los vascos: El duelo en el País Vasco, fueros, nobleza universal, honor y muerte. s.l.: D.L. 1998.
  • SÁNCHEZ EKIZA, Karlos (1999): "Ideologías, identidades y tradición en la danza tradicional vasca: el caso del aurresku". In Ayats, Jaume y Sánchez Ekiza, Karlos (eds.): Actas del V y VI Congresos de la SIbE". Barcelona: SIbe, 2002. También en Sukil, 3. Pamplona: Ortzadar Euskal Folklore Taldea, 2000, pp. 341-352.