Kontzeptua

Sector minero (1990ko bertsioa)

YACIMIENTOS MINEROS. A lo largo de la Historia, la actividad minera ha tenido bastante importancia en el País Vasco. Son numerosos los vestigios que demuestran que ya los romanos explotaron las minas de Arditurri (galena argentífera), las minas de oro de Gorramendi, cuyas escombreras todavía contienen uno o dos gramos de oro por tonelada, las de Lanz (cobre), Somorrostro (hierro), etc. La mayor parte de estas explotaciones han mantenido su actividad hasta épocas recientes. La intensa industrialización del País Vasco generó una importante demanda de minerales poniéndose en explotación numerosos yacimientos, que irán siendo paulatinamente abandonados. El máximo esplendor de la minería se produce en el último tercio del siglo XIX y primero del XX (Revolución industrial). La Guerra Civil y la penuria económica de la postguerra incidieron negativamente en la minería, disminuyendo drásticamente la extracción de mineral. A partir de la década de los 50 del siglo XX, la paulatina reindustrialización del país impulsó la producción, iniciándose la explotación de numerosos filones. No podemos generalizar a la hora de definir las explotaciones mineras existentes en nuestro país, puesto que no todas tienen la misma importancia económica, siendo preciso diferenciar entre minerales metálicos y no metálicos. Incluso dentro de cada uno de estos grupos, las distintas especies minerales presentan características diferentes, así como distribuciones desiguales.

José Miguel EDESO FITO
Grupo del hierro. El fuerte desarrollo de la industria vasca (sin olvidar la tradición ferrera), supuso la puesta en explotación de numerosos yacimientos y la intensificación de los ya existentes. En general, las minas de hierro se localizan en los materiales paleozoicos de Cinco Villas, Alduides, Ursuia, Baigura, Oroz-Betelu y Mendibeltza, o sobre las calizas urgonianas aptenses de Vizcaya y Navarra. En los macizos paleozoicos vascos existen numerosas minas, todas ellas abandonadas. Por lo general, son pequeños filones, de escasa extensión y reducida anchura. Minas de cierta importancia son las de Miazuri (vertiente septentrional de Peñas de Aia), Arditurri (filones de San Joaquín, Gaztelu, Cuarenta y Treinta), Beistegi, Burueta y Unza (Cinco Villas), Berástegui (mina Casualidad), Asteasu, Vera de Bidasoa (Amistad, Cristina y Baldrún), Erro y Baztán (Quinto Real), Valcarlos, Artikutza, etc.

El mineral que suministraban estos yacimientos era de baja calidad y difícil extracción. Por lo general eran filones de siderita y limonita con cuarzo, pirita, blenda y calcopirita, con bolsadas de galena, blenda, fluorita y barita. Su escasa rentabilidad y el progresivo agotamiento de los filones, han supuesto el abandono de todos ellos.

Mención especial merecen los criaderos que arman las calizas urgonianas aptenses de la región de Bilbao. Estos minerales (hematites, siderita y limonita) se disponen en masas irregulares o lentejones (los filones son escasos), fosilizando el karst, o bien asociándose a fracturas de dirección general NO-SE. En algunos casos, su origen está relacionado con procesos de metasomatismo (reemplazamiento de un mineral por otro de composición diferente). Podemos estimar que en esta zona se han extraído más de 200 millones de toneladas de mineral de hierro.

La mayor parte del mineral extraído se exportaba a Gran Bretaña: así, en el decenio 1881-1890, la producción fue de 38.000.000 de Tm. , exportándose 36. Esta intensa explotación supuso el agotamiento de lo mejores criaderos y la puesta en explotación de otros, despreciados anteriormente. Los minerales explotados son carbonatos (siderita), óxidos (hematites roja, ocre rojo, hematites parda y ocre amarillo) e hidróxidos (limonita y goetita), procedentes de la descomposición de los carbonatos. Su contenido en hierro oscila entre el 35- 40 % en las sideritas y 50-60 % en los óxidos. Aun admitiendo que todos los criaderos de la Zona tienen un mismo origen genético y obedecen a los mismos factores estructurales (Adaro, S. A., 1975), podemos diferenciar cuatro zonas distintas:

a) Gallarta-Bodovalle. El mineral de hierro se asocia a fracturas de dirección N60°E, predominando los carbonatos y en menor grado la hematites parda. En 1975, la producción oscilaba en torno al millón de toneladas.
b) La Arboleda. Ha sido una zona intensamente explotada debido a la buena calidad de su mineral, de ahí que en la actualidad, finales del siglo XX, el mineral está prácticamente agotado. La parte famosa del criadero (IGME, 1975) fue la comprendida entre dos fallas N40-50°, algo convergentes hacia el SE. La situada más al N., falla «Principal», pasa al S. de la Reineta y del pico Bitarratxo. El otro límite es la falla de «la Mame», que pasa por la Arboleda de Arnabal.
c) SE. de Bilbao. Es una zona bastante rica y productiva, destacando las minas «La Abandonada», «Julia», «Malaespera», «Josefa» y «San Luis», cuya producción supera las 300.000 toneladas anuales. La estructura fundamental que afecta al criadero es un pequeño anticlinal de dirección NO-SE, acompañado de numerosos repliegues y fracturas longitudinales.
d) Galdames. Esta zona se localiza en el flanco meridional del anticlinal de Bilbao. Se identifica con un enorme manchón de calizas urgonianas intensamente fracturadas. El mineral, de origen filoniano, rellena estas fracturas. A finales del siglo XX, la producción es pequeña y la mayor parte de las minas han sido abandonadas.
e) Alen-Mercadillo. Las mineralizaciones alcanzan su máximo desarrollo en Las Encartaciones.
f) Sopuerta. Destacan las minas de Safo, Paca, Catalina, Ramón y Caduca. Las fallas relacionadas con estas mineralizaciones tienen también dirección NO-SE. El mineral extraído es siderita.

En general, la mayor parte de las explotaciones se realizan a cielo abierto. Las reservas existentes se sitúan en torno a los 54 millones de toneladas, aunque esta cifra puede incrementarse considerablemente. Algunas fuentes estiman que las reservas superan los 200 millones de toneladas. La intensa y prolongada explotación de las minas vizcaínas, explica el paulatino agotamiento de los mejores criaderos y el descenso de la producción. Concretamente, la producción pasa de 1.634.284 Tm., en 1960 a 1 .037.078 Tm. en 1975. Otros pequeños yacimientos existían (hoy día todos ellos están abandonados) en Zarátamo, Galdácano, Vedia, Rigoitia y valle de Arratia. Algo similar ocurre en el resto del País Vasco, donde únicamente han existido pequeñas minas rápidamente abandonadas en Cerain (filones de San Blas y Aristimiño), Mutiloa (Barrinola y Troya), Murgía (hematites y limonita), Oustelegi (138.000 Tm. de hematites y carbonatos), Itxassou (50.000 Tm. de pirita), Bostmendiette, etc.

José Miguel EDESO FITO
Grupo de zinc y plomo. Las minas de zinc y plomo son relativamente abundantes en Guipúzcoa y Navarra (están escasamente representadas en el resto del territorio), aunque en la actualidad, finales del siglo XX, están agotadas. Estos criaderos se arman en terrenos paleozoicos, predominando los sulfuros (blenda, galena y galena argentífera). Destacan los filones de Arditurri (blenda y galena con siderita, fluorita y bolsadas de pirita, calcopirita y barita), Leiza, Ezkurra, Goizueta (Ollin), Vera de Bidasoa (mina Modesta), Sumbilla, Orzanzurieta, Oustelegi (galena, blenda y estibina), Itxassou (mineralización sulfurosa asociada a fallas NNE de edad devónica), etc. Fuera del dominio paleozoico podemos destacar las explotaciones de Motrico, Régil, Katabera (es el yacimiento que mayor cantidad de zinc ha suministrado), Villarreal de Alava (blenda y galena con ganga de cuarzo, espato calizo y barita en filones) y Lezama (blenda con ganga de cuarzo, siderita y baritina en filones). Los únicos yacimientos en explotación son los de Legorreta, Cerain y Karranza, todos ellos prácticamente agotados.

José Miguel EDESO FITO
Cobre. La minería de cobre está escasamente representada, no existiendo ninguna mina en funcionamiento. En general, aparece bajo la forma de sulfuros, formando bolsadas más o menos importantes en el interior de otros filones. Concretamente, en los Macizos Paleozoicos Vascos se asocia a filones de cuarzo con pirita y siderita y bolsadas de galena, blenda y fluorita. Destacan, los pequeños yacimientos de Valcarlos, Menditxuri, Autza, Arrieta, Mezquiriz, Letxukoegia etc. Fuera del mundo paleozoico podemos destacar, Buruntzuzin en las calizas Jurásicas de Aralar (calcopirita), Iturrigorri (Bilbao) y Villarreal (Alava), todas ellas abandonadas. Se han observado importantes impregnaciones en la areniscas calcáreas y molasas del Terciario lacustre del Ebro. Estas impregnaciones configuran una amplia franja de 60 km. que atraviesa Los Arcos, Tafalla y Artajona (este afloramiento no ha sido explotado). Al margen de estos minerales, se han explotado pequeños filones de cinabrio (Oroz-Betelu), baritina y estroncio.

José Miguel EDESO FITO
Minerales no metálicos. Son bastante importantes, sobre todo en Navarra. Destacan: a) Sal común. Existen pequeñas explotaciones en Salinas de Léniz (abandonada), Salinas de Añana, Salinillas de Buradón y Urcuit. En todos los casos, se explotan las aguas saladas de diversos arroyos que drenan estructuras diapíricas. En Navarra, la sal común se extrae de diversas minas localizadas en los materiales terciarios de la depresión (yacimiento del Perdón). La producción ascendía a 74.479 Tm. de sal individual y 25.300 Tm. de sal común. Recientemente, han sido abandonados. b) Sales potásicas. Se asocian a un amplio manchón terciario que se extiende hasta Cataluña. Básicamente, se explota la anhidrita, silvita y carnalita. c) Magnesitas. Especial importancia tienen los afloramientos de Eugui. Aquí, la magnesita se dispone interestratificada en las dolomías y calizas devónicas. En 1975, la producción se elevó a 86.644 Tm. Otros yacimientos se localizan en la zona de Belate-Saioa (dolomías del Mutxelkalk). d) Caolín. Este mineral se ha explotado en numerosos lugares (asociado por lo general al Triásico), aunque en la actualidad (datos de 1975), solamente pervive una mina a cielo abierto en Belate. El mineral se destina a la fabricación de papel. Otros yacimientos dignos de mención se localizan en Ciga-Irurita, Aduna-Asteasu etc. e) Asfalto. Se explota en Maeztu (18.000 Tm.) y Peñacerrada (1.500 Tm.). El mineral impregna las calizas Campanienses que bordean las estructuras diapíricas del mismo nombre. f) Yesos. Han sido muy numerosas las explotaciones de yeso en nuestro país, pudiendo destacar las yeseras de Paul (8.382 Tm.), Aduna-Asteasu, etc.

José Miguel EDESO FITO
Minerales energéticos. Tienen muy poca importancia. Unicamente destacamos los lignitos de Aya, Hernani, Aizarna (todos ellos de muy baja calidad), Vitoriano (1.650 Tm.), Peñacerrada (abandonada) Villanañe (abandonada) y valle de Anue y las antracitas próximas al collado de Ibardin. Se han realizado prospecciones en busca de gas al sur de Vitoria y en la plataforma de Bermeo, obteniéndose resultados positivos. En cualquier caso, podemos afirmar que la minería vasca apenas tiene importancia. La mayoría de las minas han sido abandonadas debido a su escasa rentabilidad. Unicamente, la región de Bilbao mantiene una cierta importancia, albergando todavía importantes reservas de siderita y hematites. El hecho de que el metal objeto de mayor laboreo haya sido el hierro determina que sea la voz HIERRO allí donde el lector encontrará la historia de su extracción. Véase también METALURGIA, SAL, ORO, etc.

José Miguel EDESO FITO
DERECHO. Tanto en la historia de la minería española como en la del País Vasco, el ordenamiento legal ha tenido una enorme importancia. No es un tópico decir que el pasado XIX de esplendor que Vizcaya, en concreto, vivió desde los días del final de la II Guerra Carlista hasta la crisis económica de los años setenta de este siglo, estuvo sustentado en un principio sobre la enorme acumulación de capital generado a través de la venta de mineral de hierro a los principales países europeos, y ello a través de una legislación enormemente ventajosa para con los beneficiados por las concesiones mineras por parte del Estado. Aunque riqueza minera ha existido en todo el País Vasco, es indudable que ha sido alrededor de la minería vizcaína donde, a lo largo de los dos últimos siglos de historia, se ha ido generando un entramado legal que, fructificando en la liberal legislación tras la Revolución de 1868, posibilita el acceso a la real propiedad de las minas de los protagonistas de la industrialización vizcaína. Efectivamente, por ejemplo, Guipúzcoa, además de minerales de plomo y zinc en la Sierra de Aitzgorri, de cobre en las estribaciones de Aralar, ha poseído abundantes cotos de mineral de hierro, pero de calidad deficiente. Así, el mineral extraído en forma normalmente de carbonato, en Cerain, Mutiloa, Irún y Berástegui no reunía las condiciones necesarias para alimentar aquellas ferrerías que, asentadas plenamente ya en el siglo XVIII, en las riberas de los ríos, demandaban un tipo de mineral de tal calidad que sólo pueden satisfacer los criaderos de Somorrostro. (Cfr. Montserrat Gárate. Proceso de desarrollo económico de Guipúzcoa. San Sebastián. 1976). También Alava contó con ciertas reservas metalíferas como las minas de cobre, plomo y zinc de Villarreal, las de hierro de Aramayona, Villanañe, etc. , pero de muy poca importancia. Dos grandes líneas de actuación se pueden contemplar en el ordenamiento legal de la minería en relación al País Vasco. Por una parte, la legislación interna de cada entidad histórica vasca; por otra, la que se refiere a la legislación española, de una importante incidencia en la época contemporánea sobre el desarrollo económico de Vizcaya, fundamentalmente.

Ignacio VILLOTA ELEJALDE
Legislación específica de los Territorios Históricos vascos.

Se refiere a dos capítulos fundamentales; por una parte, a la propiedad de las minas y, por otra, a la expresa prohibición de vender mineral a «Reinos extraños». En el Libro Y, Título V, Capítulo V del Fuero General navarro podemos ver con claridad que la propiedad de las minas es totalmente distinta de la española, que veremos. «Todo infanzón puede traer fierro en su heredat et aduzir donde quiere que puede aver, et non debe ser embargado en ningun logar. Et si en su heredat podiere sacar fierro, no deve aver calonia, nin lo debe embargar el Rey por fuero, et puede fazer minera en su heredat». En Vizcaya, en su Fuero Nuevo de 1526, de las Leyes IV, VIII y XI del Título I se deduce que los vizcaínos tenían derecho sobre los minerales que se encontraran en sus tierras. De hecho, sabemos por José Angel García de Cortázar que en el siglo XV era la familia Salazar la que explotaba el mineral en toda la zona de Somorrostro, que era de su propiedad. Alrededor de su casa solariega de San Martín de Muñatones poseían grandes heredades ricas en hierro. Ahora bien, si clara está la propiedad original de las minas por parte de navarros y vizcaínos, más aún lo está en los Fueros de Guipúzcoa y Vizcaya la expresa prohibición de vender mineral de hierro al extranjero. Tal prohibición, contenida en el Título XXXVII del Capítulo IV del Fuero de Guipúzcoa, y en el Título I, Ley XVII del vizcaíno, trajo grandes quebrantos a lo largo de la historia. Esa prohibición no existía en Vizcaya, por ejemplo, en el siglo XV, cuando Lope Salazar, en 1439, teniendo en cuenta que las ferrerías vascas no absorbían, ni mucho menos, la producción minera del Señorío, obtuvo de Juan II permiso para sacar vena con destino a las ferrerías de Gascuña y Laburdi. Más tarde, durante el reinado de los Reyes Católicos, se confirmó a Pedro Salazar esta merced de saca. Unos años después, los Reyes concederán este permiso a cualquier vizcaíno que desee exportar vena a Francia, satisfechos los derechos acostumbrados. Se derogó este permiso en 1499 y se confirmó la prohibición por sobrecarta de 1503. El Fuero Nuevo lo recogería en 1526. (Cfr. José Angel García de Cortázar. Vizcaya en el Siglo XV. Bilbao, 1966). Vizcaya tuvo varios litigios con Navarra y Guipúzcoa por su tenaz empeño en cumplir el precepto foral de no conceder la saca de vena a otros países. Así, los monjes de San Salvador de Urdax (Navarra) consiguieron al finalizar el siglo XVI autorización para abastecer sus ferrerías con mineral de Vizcaya, transportándolo por Francia. Tal pretensión fue obedecida, pero no cumplida, y se siguieron de ello los litigios consiguientes. En Vizcaya se sospechaba que parte de este mineral extraído para los monjes se quedaba en las ferrerías de Francia. También, en el siglo XVII, tras comprobar que el mineral llevado a nutrir las ferrerías guipuzcoanas era objeto de contrabando en beneficio de los franceses, se prohibió en absoluto la venta a los ferreros guipuzcoanos. Esto era en 1686. Interviene el presidente del Consejo de Castilla, conde de Oropesa, ordenando la venta de mineral a los guipuzcoanos. La argumentación de Oropesa era que el mineral alimentaba las Reales Fábricas de Armas, y además, que la prohibición iba en contra de la libertad de comercio que debía mantenerse entre los vasallos de S. M. Reunidas las Juntas Generales de Vizcaya en Guernica, en abril de 1688, deciden no aceptar ningún tipo de mandato que contraviniera los preceptos forales. Al mismo tiempo, y conocida la noticia de que en Guipúzcoa se proponían sacar por la fuerza el mineral de las minas de Vizcaya, se ordena que en todos los municipios se inventariaran las armas con las que sus vecinos pudieran acudir a los puntos donde se les destinara. Por último, se nombra Maestre de Campo a Don Lope de Andoánegui en orden a defenderse en la frontera guipuzcoana de todo tipo de acción violenta que viniera de la provincia hermana. (Cfr. Mario Basterra. Vizcaya minera. Su historia, legislación foral y derecho vigente. Bilbao, 1894.

Ignacio VILLOTA ELEJALDE
Incidencia de la legislación general. El Derecho español en relación a la minería partió del principio regalista. Así, por ejemplo, declaraba las minas propiedad del Soberano el decreto de 4 de julio de 1825, fiel reflejo de las Ordenanzas de Felipe II. Cuando el sistema constitucional se asienta de alguna manera en España, tras la I Guerra Carlista, sustituido el antiguo monarca de derecho divino, en cuya persona se resumía la nación entera, y siendo ahora su única representación la entidad colectiva del Estado, era natural que al derecho regalista le sucediera el dominio público. Así lo entendieron las leyes de 11 de abril de 1849, la de 11 de julio de 1859, y el Decreto-Ley de 29 de diciembre de 1868, que fue la ley fundamental durante la época boyante de la minería del hierro de Vizcaya.

Ahora bien, conviene hacer una precisión, muy importante en el discurrir de la legislación foral en Vizcaya, y que atañe a la legislación fernandina de 1825. Tal legislación está constituida por el Real Decreto de 4 de julio y por la Instrucción provisional de 18 de diciembre para su cumplimiento. El artículo 1.° del Real Decreto establece de modo terminante el principio regalista de la minería en España: «Pertenece a mi Corona y Señorío Real el dominio de las minas de todos mis Reinos, nadie tendrá derecho a beneficiarlas sino aquellos que ya le hayan adquirido por especial concesión que les hubieren hecho mis augustos predecesores, y esté confirmada por Mí, y los que en lo sucesivo le obtengan en virtud del presente Decreto». El artículo 4.° explícita el sentido de toda la legislación y lo que va a ser el cambio total de la minería vizcaína para el futuro; por él se facultaba a todo español o extranjero para que libremente pudiera hacer catas y calas en todo tipo de terrenos, públicos y privados, comunes o concejiles, libres o vinculados... El artículo 5.° disponía que para la concesión de una mina se acudiera ante el respectivo inspector del Distrito, formalizando el correspondiente registro o denuncia. Esta legislación venía a ser una contradicción total en relación al contenido de los Fueros del Señorío en cuanto a la minería. Ello explica el elevado número de pleitos que vecinos de Vizcaya sostuvieron con las autoridades del Señorío, cuando aquellos vecinos intentaron concesiones de explotaciones mineras, ajustándose a la nueva legislación.

En las Juntas Generales de Vizcaya de 1824, había sido nombrada una Comisión para estudiar el modo de sacar de su postración la industria ferrona del Señorío. Esta Comisión presentó su informe en las Juntas de 1827; en las mismas Juntas, se aprobó también el Nuevo Reglamento Minero para el Señorío. Tanto los comisionados para estudiar los remedios para las ferrerías como los que trataban de la reglamentación partían del convencimiento de que «los minerales y fábricas de hierro, y los arbolados, constituyen una de las principales riquezas de Vizcaya, y de que es indispensable suplir con la industria la esterilidad de este suelo ingrato a las continuas fatigas de sus cultivadores». (Cfr. Juntas Generales de Vizcaya. Bilbao, 1827, p. 28). Pero, sorprendentemente, cuando ambas Comisiones están realizando sus estudios, «el Rey Nuestro Señor se sirvió expedir sus dos Reales Ordenes de 4 de julio y 18 de diciembre sobre la minería en general. Sus disposiciones no son contraíbles a Vizcaya en cuanto establecen nuevas autoridades, imponen contribuciones sobre la concesión y pertenencia de las minas y oficinas de beneficio, y sobre los productos de los minerales y reservan algunas minas para la Real Hacienda. Tampoco es aplicable a este Señorío el principio de que perteneciendo a la Corona y Señorío real el dominio de las minas de todos los Reinos de la Monarquía Española nadie tendrá derecho a beneficiarlos sino aquellos que ya lo hayan adquirido por especial concesión que les hubieran hecho los augustos predecesores del Rey, Nuestro Señor y esté confirmada por S. M. y los que en lo sucesivo le obtengan en virtud de la expresada Real Orden de 4 de julio; porque los vizcaínos han gozado siempre la franqueza y libertad de descubrir, explotar y beneficiar toda clase de minas sitas en este Señorío bajo las reglas y ordenanzas que tuviere a bien explotar la Junta General de Vizcaya en cuanto a la visita, modo de abrir las minas y de beneficiarlas, personas que puedan hacerlo, extensión de cada mina y número de minas que cada vecino pueda beneficiar y derecho que ha de adquirir» (Ibidem). Por supuesto que las Juntas Generales no tenían inconveniente en acatar todas las demás disposiciones que no fueran contra el Fuero, y, en consecuencia, se redacta un Reglamento para acomodar la nueva legislación en cuanto no tuviera nada en contra de los fueros, usos y costumbres vizcaínos. Nos encontramos aquí con un caso donde explícitamente no obtiene el «pase foral» una disposición legal que, proviniendo del Rey, se consideraba que iba en contra de algún precepto foral. De acuerdo con la foralidad, las disposiciones de Fernando VI no se empezarían a aplicar en Vizcaya hasta los días posteriores a la I Guerra Carlista. Y esto, no precisamente porque hubieran abolido los Fueros de Vizcaya, hecho que, como sabemos, no ocurrirá hasta 1876, sino porque, terminada la I Guerra Carlista, aquella idea contenida en la ley de octubre de 1839, de mantener los Fueros de las vascongadas y Navarra sin perjuicio de la unidad constitucional, se va a poner inmediatamente en práctica. Y se va a poner en práctica cuando los liberales vizcaínos, vencedores de facto en la Guerra, decidan que la legislación foral sobre las minas puede «perjudicar la unidad constitucional».

Así sabemos que en 1878, Don José Arana, vecino de Portugalete, hacía una petición al gobernador civil de Vizcaya para que se le concediera el título de propiedad de la mina «Julia», en representación de los menores Benigno, Dolores, Leonardo, Natalia, Félix y María Chávarri. «Esta mina -dice- se demarcó y dio posesión sin protesta ni reclamación alguna en 9 de junio de 1846 con arreglo al Real Decreto entonces vigente de 4 de julio de 1825, siendo una de las primeras en esta provincia con la que se principió a aplicar el citado Real Decreto, en vigor sólo hasta aquella fecha en las demás provincias del Reino» (Cfr. Expediente del Registro de la mina de hierro sita en los Montes Altos de Triano, término de Las Bombas, a la que dieron el nombre de «Julia», practicado por Doña Cecilia de la Hera. Gobierno Superior Político de Vizcaya. Archivo de la Junta de Minas de Vizcaya, en Ignacio Villota Elejalde. Vizcaya en la política minera española. Las Asociaciones patronales. 1886- 1914. Bilbao. 1984 p. 39).

El cúmulo de trabas administrativas y burocráticas que se contenían en la legislación de 1825 se intentó subsanar en la legislación de 1849. Esta se componía de la Ley de 11 de abril y el Reglamento para su aplicación de 31 de julio. Según esta Ley, ya no es el Rey el titular de la propiedad minera, sino el Estado, lógica aclaración, teniendo en cuenta que España, poco a poco, camina por bases constitucionales y, de hecho, constituye la legislación de 1849 la primera intervención de las Cámaras legislativas en el régimen minero. Dicha ley crea el Cuerpo de Ingenieros de Minas y la Escuela de Minas. La Ley de 6 de julio de 1859 intentó solucionar las consecuencias de ciertas lagunas de la anterior legislación, origen de numerosos pleitos.

El año 1868 va a constituirse en la fecha fundamental en el momento de hablar de la legislación que estuvo en vigor en los momentos más importantes de la minería del hierro en España y, en concreto, de la vizcaína. Toda la legislación minera de 1868 gira alrededor de una idea fundamental: allanar todos los obstáculos para la concesión y para la consecuente explotación de las minas. Se entiende por legislación de 1868 el Decreto-Ley de Bases de 29 de diciembre, que puede reputarse como legislación fundamental sobre la materia, y la Ley de 1859, reformada por la de 4 de marzo de 1868, que deben considerarse como derecho supletorio del Decreto de 29 de diciembre, en cuanto no se oponga a él. El Decreto-Ley de diciembre de 1868 nace en pleno hervor liberal, producido por la revolución de setiembre de ese año, que ha destronado a Isabel II. Una concepción liberal de la economía, en un sentido allanador de todas las dificultades que las actividades comerciales y financieras pudieran tener para su «fácil y natural» expansión, será el principio inspirador del Decreto-Ley. Era sentimiento común en el mundo empresarial español que «la propiedad en la minería, como en todos los ramos de la industria humana, es tanto más fecunda cuanto menos cuesta adquirirla y más firme es su posesión: pero ambas condiciones faltaban en España para el propietario de minas, y por faltar, esta fuente de riqueza se estancaba y se esterilizaba, brotando abusos, obstáculos y complicaciones sin cuento». (García Moreno y Laiglesia. Manual de legislación y jurisprudencia minera. Madrid, 1901 , pág. 28). Una de las dificultades existentes en el momento de conceder una mina para su explotación era la exigencia de calicatas, investigaciones y conjunto de trámites y expedientes. Ahora, el artículo 15 del Decreto-Ley de Bases eliminará tales dificultades para que el gobernador de la provincia conceda a toda persona la masa de mineral que solicite. Además, había que solucionar el problema de la seguridad de la explotación; para ello se establece que las concesiones sean perpetuas y que sean consideradas como propiedades firmísimas de las que bajo ningún concepto puedan ser expropiados sus dueños mientras paguen los cánones correspondientes. De acuerdo con esta legislación de 1868, independientemente del tipo de propiedad minera que hasta la época liberal se hubiera dado en Vizcaya, toda la riqueza del subsuelo fue pasando a manos privadas, de las maneras más normales unas, más inverosímiles y pintorescas otras.

Ignacio VILLOTA ELEJALDE
El Círculo Minero de Bilbao y su intervención en la legislación minera española.

Desde aquella plataforma legal de 1868, tan beneficiosa para los patronos mineros vizcaínos, éstos van a situarse en la primacía, sin discusión, de la minería española a través de una institución de enorme importancia, como fue el Círculo Minero de Bilbao. Esta organización, fundada en 1886, va a ser clave en el positivo desarrollo económico de la minería vizcaína. Se constituyó en líder de las organizaciones patronales españolas por su potencia económica y el quehacer de sus hombres.

A partir de 1886, el Círculo se tuvo que dedicar a problemas de tipo laboral, como los dimanados de la huelga general de 1890, pero, fundamentalmente, se dedicó a eludir todas las dificultades que pudieran poner en crisis sus aspiraciones económicas.

La minería del hierro fue para Vizcaya una importantísima arma en orden a su potencia financiera e industrial, no sólo porque la legislación de 1868 era enormemente beneficiosa, sino también porque tuvo al frente de su dirección patronal una organización y unos hombres muy capaces. En efecto, la minería estuvo gravada por dos impuestos económicos específicos: el canon por superficie concedida y el impuesto sobre el «producto bruto a boca-mina». El canon superficial que los mineros pagaban por las hectáreas de terreno concedidas para las labores mineras, no trajo litigios. Sin embargo, la interpretación de lo que había de entenderse por «producto bruto a boca-mina» y la fijación de los precios a cada uno de los tipos de minerales trajeron de cabeza a los encargados de la Administración de la Hacienda y a los hombres que, desde el Círculo Minero, lucharon para conseguir las mejores condiciones fiscales para el mineral.

Contó el Círculo Minero, para vencer en casi todas las batallas legales y fiscales en que se enfrentó con la Hacienda de Madrid, con su agente principal en la capital, Don Francisco de la Iglesia, diputado por Jávea y presidente en varias ocasiones de la Comisión de Presupuestos del Congreso; con varios diputados y senadores vizcaínos con intereses mineros, y con una organización en Bilbao que, de modo eficaz y durante muchos años, dirigió el secretario del Círculo, Don Federico de Zabala y Allende. En distintas ocasiones, como, desde 1901 a 1904, para lograr la unificación tributaria; en 1906 y 1907, para modificar los impuestos; en 1909, 1910 y 1911, fechas en que distintos ministros hicieron propuestas legislativas para concertar los precios del mineral, el Círculo consiguió echar por tierra proyectos que podrían poner en peligro las importantes ganancias sobre la venta de su mineral.

Gran importancia tuvo también el papel del Círculo en el aborto de todo tipo de iniciativa ministerial en orden a una codificación definitiva de la legislación minera desde 1907 a 1914. Un primer proyecto de Ley de Minas se realiza en 1907. Pretendía el proyecto ministerial terminar con los grandes abusos que la legislación de 1868 permitía a los propietarios mineros. En 1907 estamos ante dos concepciones, que están siendo cada vez más encontradas y son de difícil casación: por una parte, la estrictamente liberal decimonónica, representada por la legislación de 1868, que concede omnímoda libertad al minero a través de unas leyes que contemplan la minería como una fuente tan sumamente importante de la riqueza nacional que somete, de un modo indiscriminado, casi todo a su servicio; ante tal concepción, según la historia vaya introduciéndose en el siglo XX, van apareciendo preocupaciones en los rectores del Estado por otras parcelas de la sociedad, una de las cuales, la más perjudicada posiblemente, es la de aquellos antiguos propietarios de tierras que, casi sin enterarse, se vieron desposeídos de sus antiguos terrenos agrícolas. Encarpetado este proyecto por la eficaz acción del Círculo Minero, reaparece en 1910. Según este nuevo proyecto, entre otras cosas que erosionaban de modo frontal ciertos derechos nacidos de la legislación de 1868, hay una que destaca: hasta entonces no se había planteado la posibilidad de que una vez caducada una concesión minera, el terreno revirtiera al antiguo propietario o a sus causahabientes. Ahora sí; una vez que una mina se declare caducada, por quedar clara la ausencia de mineral, el antiguo dueño de aquellas tierras volvería a tomar posesión de ellas. El Código también ahora fue torpedeado desde el Círculo Minero de Bilbao. Es muy probable que si este Código hubiera visto la luz otro hubiera sido el desarrollo urbano de ciertas zonas marginales de Bilbao. En 1912, 1914, 1919, vuelven a reaparecer Proyectos de Codificación minera que no llegaron a ver la luz, unas veces por la precariedad de los gobiernos y siempre por la eficaz acción de los patronos bilbaínos. Ya en épocas recientes han visto la luz varias Leyes sobre minas. Así, la Ley de Minas de 19 de julio de 1944; el Reglamento general para el régimen de la minería, de 9 de agosto de 1946; la Ley de Minas de 21 de julio de 1973; la Ley de 4 de enero de 1977 para fomento de la minería etc.

Ignacio VILLOTA ELEJALDE
Régimen autonómico. En el Estatuto General de Estado Vasco de la Sociedad de Estudios Vascos, el Estado Vasco tiene competencia para legislar, administrar y juzgar en materia de minas y cámaras mineras (Tít. IV, art. 15). Se incluyen los montes y minas que el Estado posee en el territorio del País Vasco que serán reintegrados al Municipio, Comunidad o Provincia correspondiente. El Estatuto de Autonomía de 1936, conforme al art. 15 de la Constitución de 1931, atribuye a la entidad denominada País Vasco la función ejecutiva de la legislación del Estado en materia de régimen minero (Tít. II, art. 8). El Estatuto de Autonomía de 1979, atribuye a la Comunidad Autónoma del País Vasco el desarrollo legislativo y la ejecución dentro de su territorio, de las bases, en los términos que las mismas señalen, en materia de régimen minero. (Tít. I, Art. 11). En el Amejoramiento de Navarra de 1982 no hay competencia a este respecto.

Ainhoa AROZAMENA AYALA