Kontzeptua

Pop-Rock en Euskal Herria

Como se ha visto, el peso de lo anglosajón fue importante en la canción popular de los años 60 y su ascendencia sería mayor entre los llamados conjuntos. En la capital alavesa destacó el grupo Amets, aparecido en ambientes católicos y que evolucionó al pop de la época, realizado en euskera; luego volvieron temporalmente a las andadas y grabaron un CD que recuerda su experiencia de pioneros. El combo vocal Lantzale, de tendencia izquierdista, en la entonces muy politizada juventud antifranquista, surgió en el seno de un grupo de danzas vascas y tuvo una corta y activa existencia. Las vespertinas jam-sessions del Hotel Canciller Ayala, durante las fiestas locales, tuvieron importancia influyente en la evolución de la escena musical gasteiztarra, que ha contado siempre con un excelente núcleo de músicos de jazz, a la par que nacía y se consolidaba con decidido apoyo institucional su veraniego Festival de Jazz, en la senda trazada por el Jazzaldia donostiarra.

Cuenta el especialista Roge Blasco que hubo algunos grandes apellidos del pionerismo popero bilbaíno como Txabi Villanueva (que hizo sonar la primera guitarra eléctrica del Botxo), Pascual Pérez Yarza (miembro de Spectros, primer grupo vizcaíno que grabó canciones; un EP en 1964), el bajista Iñaki Egaña (que grabó con Los Tañidores el segundo single bizkaitarra, con la enganchona canción Cerrado por balance) o Carlos Zubiaga, que estuvo en Los Mitos y Mocedades. Estas dos formaciones fueron las de mayor éxito. Los primeros llegaron a grabar hasta una veintena de singles en Hispavox, entre los años 68 y 70, tuvieron clubs de fans hasta en Hispanoamérica y en 1975 aparecería el LP Grandes éxitos. Mocedades fue una expresión vocal posterior, de los años 70-80.

El popular locutor José María Íñigo fue animador principal del panorama local desde su espacio Mr. Ritmo. Además del Cuarteto Soroa, modernizadores del folklore tradicional, hubo en un plano más directamente pop nombres tan propios de la época como el pionero rockero Elvis Millán, Sócrates y sus Filósofos, Gatos Locos, Fabulosos, Olímpicos, Atlas, Junkers, Famélicos, Bulbos, Bríos y un largo etcétera. Se dan circunstacias tan curiosas como la del luego polémico banquero Mario Conde, que pertenecía a Los Moscas. O Josu Ortuondo, quien fuera alcalde de la villa, militando de muy joven como batería de los poperos Grekos.

Uno de los conjuntos vascos más destacados fue el donostiarra Los Àgaros, que editaron tres EPs en Fontana y un LP en el año 1964, con ideas creativas: pop, instrumentales, gospel, latinismos, etc. De San Sebastián eran también Los Rayos, Los Selene, Spiderman y otros. Conjuntos del interior de la provincia guipuzcoana fueron, por ejemplo, Los Jaguars (Arrasate), Sonidos del Silencio o 96 Lágrimas (Eibar), Expresión Sonora (luego Koxka) en Elgoibar, Escorpiones (Trintxerpe), Sombras Azules (Zarautz), etc. A esas formaciones anglófílas les seguirían populares experimentos euskaldunes, denominados grupos de verbena, que siguen aún en activo y con una amplísima discografía a sus espaldas: Los Mansos (luego Akelarre), en Soraluze-Placencia de las Armas, o los Egan de Xabier Saldias en Azpeitia.

Al norte del Bidasoa la actividad musical más urbana parece haber sido más lenta en el tiempo que entre las más industrializadas y cosmopolitas urbes de Euskadi Sur. El dúo formado por Peio Ospital y Pantxoa Carrèrre fue uno de los más populares. Grabaron su primer disco en 1969 en Toulouse, pero siempre en un plano estilístico más folk que puramente pop, con canciones compuestas sobre todo por el también intérprete Manex Pagola. Otro dúo de Iparralde sería el formado por dos Eñaut: Etxamendi y Larralde, también aún en clave de folk lírico tradicional. Pero gente como Etxahun trató de imprimir, a tono con el empuje social del pop francés que arrastraba mayoritariamente a la juventud, un mayor carácter rítmico a un legado tan bucólico como el de la canción euskaldun ipartarra, particularmente la más influyente: la de Zuberoa. El grupo Errobi o Niko Etxart y sus Ximinorak-Minxoriak, ya en la década de los 70, serían experiencias claves en la modernización de la canción popular ipartarra.

Pamplona vivió con curiosa actividad esa primera época del pop-rock. Existió un dinámico fluir de "festivales", como las programaciones matutinas dominicales en el Teatro Gayarre. Los locales de Radio Popular, propiedad de los frailes dominicos, o un cercano salón de actos de colegio de monjas, fueron lugares para conciertos en tardes de sábado. Los Juniors hacían pop con alguna derivación ranchera, dada la habilidad de su cantante de Falces para llegar hasta los tonos altos de la canción México, y grabaron algún disco EP. A los elegantes Condes se les adivinaban querencias por los Sirex barceloneses. Los más jóvenes Breks fueron durante un tiempo la gran esperanza local. Los Duendes se atrevían con la nada fácil She's A Woman de los Beatles en su idioma original. Los Ánakos, con chica al frente y un alocado teclista importado de Cataluña, hacían lo propio con el Satisfaction de los Rolling Stones.

Ayudó mucho a empujar la escena local iruñarra el inquieto y pionero periodista de Caparroso Joaquín Luqui, que creó en el conservador periódico carlista El Pensamiento Navarro la sección semanal Ritmorama, protagonizó junto a otros colegas avanzados espacios radiofónicos (Discofilia o Requeterritmo, en la también carlista Radio Requeté) y fue primer impulsor de la influyente publicación estatal Disco Expres s, al modo de los semanarios musicales británicos, hasta que fue fichado desde Madrid por El Gran Musical de la SER (Sociedad Española de Radiofusión), cadena radiofónica en la que continuó.

La década de los 70 fue una especie de transición entre la música más minimalista y tradicional de los 60 y el estallido rockero de los 80. Un periodo de tanteos estilísticos a caballo entre dos épocas tan señaladas para la creación musical de Euskal Herria. Hay una fecha emblemática de aquellos tiempos: el 27 de marzo de 1976, celebración de la iniciativa 24 ordu euskeraz, en el velódromo donostiarra de Anoeta, con más de 10.000 asistentes. La organizaba Herri Irratia y participaron los hermanos Artze, Bedaxagar, Lete, Knörr, Laboa, Lertxundi, Lupe, Mendibil, Oskarbi o Peio eta Pantxoa y la trikitixa de Sakabi eta Egañazpi, más otras actividades.

Destaca en Álava la existencia de Gorka Knörr, bastante popular en su día con canciones como Araba, Azken agurraren negarra (Morts pour la patrie) o Zergatik ?, con varios discos grabados (Araba kantari, Nik nahi dudana, Guttunak), alguno más reciente (Gogoaren taupadak, 2000), y luego conocido como hombre político. Patxi Villamor tuvo cierta popularidad con el disco Nora goaz, del año 1977, y regresó en 1980 con Esperantz a, pero sin excesivo eco popular. El grupo jazzero-rockero Fausto fue también uno de los proyectos pioneros vitorianos de música realmente moderna. De la capital alavesa es el muy veterano batería Ángel Celada que, además de sus serias aventuras jazzísticas, ha tenido mil y una experiencias rockeras. Él fue batería de la primigenia Orquesta Mondragón, nacida en San Sebastián en 1976, y ha creado escuela hasta en casa: su propio hijo Víctor.

Pero la escena popera vitoriana, y por ende la alavesa, parece haber sido con ventaja la más lenta de Euskal Herria del sur, aunque en los años ochenta su empuje fuera ciertamente explosivo: Hertzainak, La Polla Records, Cicatriz, Potato y un largo etcétera.

La pionera revista algortarra Muskaria se preguntaba precisamente en el año 1980, Eta Gasteiz zer? y concluía su articulista Zeledonius Monk diciendo:

"¿Por qué tan poco movimiento real en Gasteiz? Es importante la ausencia de una radio que se haga eco de lo poco, de lo muy poco, que salga por aquí. además, el asunto de las realizaciones de conciertos con gentes de otras partes: son muy pocas por la increíble escasez de locales asequibles. Las individualidades que han salido por aquí lo han hecho a contracorriente. Gorka Knörr, Patxi Villamor, Lantzale, Fausto."

El nacimiento en Bilbao en 1971 de Oskorri marca un punto de inflexión en la música popular euskaldun contemporánea porque se convirtió con el tiempo en la experiencia grupal más longeva y prolífica. Ha residido en Bilbao, alrededor de Natxo de Felipe y Antxon Latxa, aunque desde su inicio muchos de sus integrantres hayan procedido de otras localidades. Ha labrado una trayectoria de evolución y enriquecimiento musical: años antes de que los sonidos de fusión invadieran el mercado occidental, Oskorri practicaba ya una mixtura de raíces tradicionales euskaldunes y nuevas vías de influencia pop o jazz. Descubrió al gran público a autores literarios euskaldunes tan lejanos entre sí como Gabriel Aresti y Mosen Beñat Etxepare. Ha sabido además capear altibajos en el gusto musical de los aficionados. Iniciativas como la de los espectáculos con textos infantiles Katuen testamentua y Marijane kanta zan!, su saga The Pub Ibiltaria, o la publicación de los cancioneros Ehun eta hamaikatxo kantu (Elkar, 1990) y Euripean kantari (2001) mantienen a Oskorri como una de las grandes propuestas de la música popular vasca. Con la notable colaboración de Kepa Junkera, renovador de la trikitixa. Aunque sin demasiada competencia cercana porque apenas si existen en el viejo Señorío bizkaitarra otros intentos de fusión grupal, aparte de experimentos menos vistosos como el del grupo "celta" Lauburu, que incluía en sus filas a algún músico anglosajón.

Gontzal Mendibil y Xeberri fueron otra de las propuestas de "modernización" de la canción en euskera. Mendibil continuó insistiendo en un terreno pop y su obra última rompe en cierto modo con el pasado porque se trata de representaciones o colaboraciones colectivas como el espectáculo musical en clave de teatro Iparragirre hegalaria, protagonizado por los habitantes de su pueblo natal, Zeanuri. Maite Idirin o Lupe fueron algunas de las escasas voces femeninas euskaldunes en Bizkaia. Otro cantautor, que aun perdura en escena y grabando de vez en cuando, es Joseba Gotzon. Escorado en sus últimas apariciones propias hacia el lado romántico del pop. Mendibil, Gotzon y el ipartarra Niko Etxart han paseado por el mundo un espectáculo conjunto a favor de la selección vasca de fútbol. Y fueron otros apellidos cantores vizcaínos Bittor Egurrola, Joseba Etxeberria, etc. Pero el gran grupo pop bilbaíno de los setenta-ochenta sería Mocedades, que tomaron el relevo del éxito de manos de Los Mitos.

Grupos vizcaínos entre rockeros, rock-jazzeros y de variantes similares fueron Crisis, Acera, Cocktail, Aster, Danger, Amanita, City Rockers, Corrupción, Crimen y Castigo, Cumen, Enbor, Kartoffen, Laster, Mauricio Vicio y su Conjunto, Leikes, Maldoror, Feet, Fase, Evohe y muchos otros. El protopunk vizcaíno lo protagonizaron Las Vulpes, MCD, Nacional 634 o Eskorbuto.

Destacaron, a caballo entre las dos décadas, intérpretes como Antton Valverde, Imanol Larzabal, Iñaki Auzmendi, Urko, Fernando Unsain, Ibai Rekondo, Jon Bergaretxe (no confundir con otro cantante euskaldun, más reciente, de idéntico nombre y de Oiartzun), Antton Haranburu, Miren Aranburu, Aitor Badiola, etc. Aunque la raíz estilística de todos ellos fuera tradicional, la evolución de quienes continuaron en la brecha creativa se abrió, lógicamente, a esquemas de fusión o influencia con el pop, el jazz y otros sonidos contemporáneos. Valverde ha acumulado una obra muy personal en la que destaca su versión musical del poeta vizcaíno Lauaxeta y las colaboraciones con su viejo compañero Xabier Lete. Ambos han tenido una presencia pública irregular y Lete ha añadido a su notable colección de canción popular una importante incursión en el bertsolarismo. Imanol grabó primero como Michel Etxegaray, debido a las dificultades generales de la música euskaldun con la censura franquista, aumentadas en su caso por haber tenido que exiliarse. Después ha acumulado una extensa obra con la novedad última de interpretar en castellano. Colaboró largamente con el folk-rock de los bretones Gwendal, y más recientemente con Paco Ibáñez en una grabación que el vasco-parisino hizo en euskera. Joxean Larrañaga Urko, de San Sebastián, popularizó algunas canciones- himno de contenido vasquista (Guk euskaraz ) o románticas (Maite maite maitia ) y ha coleccionado una obra irregular con capítulos como el de la grabación de aires populares de su ciudad, incursiones en el reggae o una revisión del poeta madrileño José Bergamín, que pasó sus últimos años en la capital guipuzcoana, y en la que contó fugazmente con el cantautor sureño José Menese.

El hondarribitarra Txomin Artola cumplía los esquemas más típicos del folk-pop de influencia anglosajón (a pesar de no usar la armónica), por su forma de modular vocalmente y la manera de acompañarse a la guitarra. Además de por el cariz hippy de sus temáticas (incluida su versión euskaldunizada del poeta naturalista Walt Whitman), por el minimalismo urbano de canciones como Goizeko euri artean, composición que sería "poperizada" por Haizea, el interesante experimento musical del propio Artola, Amaia Zubiria y otros músicos, que Txomin abandonó antes de la segunda y última grabación, Ontz gaua, tras la que el pionero experimento se disolvió. Txomin ha acumulado una importante obra propia, más los discos realizados a dúo con Amaia Zubiria y la unión artística más última con su propio hijo Urbil. En Eibar nacería Izukaitz en el año 1974, con Fran Lasuen y Bixente Martinez (músicos ambos también de Oskorri) en la parte instrumental y Odile Krutzeta a la voz. Su agradable folk-pop corrió parecida suerte al de Haizea: se disolvieron con dos discos grabados. Tanto Lasuen como Martínez han intervenido después en diferentes proyectos: Txatanuga Futz Band o Eguen Banda, el primero, e Hiru Truku o Igelaren Banda el segundo.

Iñaki Eizmendi, de Andoain, tuvo una corta pero original labor musical en clave de pop personal en la que destacó su emotiva capacidad vocal y un estilo musical urbano renovador en discos como Gureak ez diren, kale ixileen, bi milagarren samiña y o el doble LP Zaldi erratu hatsa (1981). Se dedicó después a labores televisivas de producción. Otras voces de los años 70-80 fueron el ya mentado grupo bilbaíno Mocedades -quizás la expresión musical vizcaína más exitosa en el mercado español-, del que se descolgaron primero el dúo Sergio y Estibaliz y después Amaia Uranga, quien ya en la madurez grabó un disco íntegramente en euskera para la casa donostiarra Elkar. Una experiencia personal fue la de Patxi Andion, intérprete de voz clásica radicado en Madrid que revisó en su día al bardo Iparagirre.

En la muga costera entre Gipuzkoa y Bizkaia (Mutriku-Ondarroa) se formó el grupo verbenero Indar Trabes del que surgiría Itoiz, primero en un estilo sinfónico y luego afianzado como máximo exponente del pop-rock euskaldun de los 70-80 y considerado eslabón clave en la evolución de la música joven euskaldun.

Juan Carlos Pérez fue su apellido central. Grabaron su primer disco homónimo en 1978 y la canción Lau teilatu sería desde entonces una de las melodías pop más conocidas de Euskadi. J.C. Perez ha continuado luego como compositor de músicas televisivas y hasta clásicas, sin abandonar su faceta rockera autónoma. Hubo más grupos sinfónico rockeros como los donostiarras Sakre (con el disco Bizitako gauzak, de 1977) o los también donostiarras Atman, entre otros.

Entre los años setenta y los ochenta existieron en la capital guipuzcoana propuestas de claro cariz anglosajón como los muy rockeros Brakaman, que grabaron un LP, y sobre todo la Orquesta Mondragón, del teatrero Javier Gurruchaga y el guitarrista Jaime Stinus, luego emigrado a Barcelona para dedicarse a labores de producción musical. Ruper Ordorika había nacido en Oñati, pero vivía entre Vitoria y Bilbao. En la capital vizcaína conocería a otras mentes inquietas que formarían la llamada Pott Banda (Jimu Iturralde, Jon Juaristi, Bernardo Atxaga, Joseba Sarrionaindia). Ruper se decidió a cantar en público hacia 1976, grabó su primer disco (Hautsi da anphora ) ya en 1980 y ha personificado en su posterior trayectoria la nueva imagen del cantautor de los 80: rockerizado y acompañado por un grupo instrumental.

Además de los ya comentados Etxamendi eta Larralde, sobresalen Manex Pagola, Jean-Mixel Bedaxagar y sobre todo Peio eta Pantxoa, que consiguieron un espectacular éxito de ventas con su disco doble de 1975 e himnos patrióticos tipo Itziarren semea. Más nombres activos de la canción ipartarra han sido el grupo Guk (Beñat Sarasola, Joannes Borda, Eneko Labèguerie, Pampi Lakarien), el lírico pastor Erramun Martikorena y otros. Entre los 70 y 80 funcionó el grupo Urria, con un par de grabaciones. De él saldría Beñat Axiary, cantante experimental embarcado en numerosos proyectos estilísticos independientes y cabeza pensante de las jornadas alternativas Errobiko festibala que se vienen celebrando cada verano en la localidad de Itxassou, Lapurdi.

En 1974 apareció en Iparralde la influyente propuesta rockera Errobi (salida del grupo Orquesta del Fuego), con Michel Ducau y Anje Duhalde y con apoyos temporales como el del bajista y luego prolífico productor en Euskadi sur, Jean Phocas. Toda una inflexión estilística (Michel, Anje y el resto de los músicos procedían de la música tradicional, de la de verbenas, del jazz y hasta del conservatorio) al norte del Bidasoa, con hitos como el disco en directo Bizi bizian, grabado en Tolosa y Azkoitia en 1978 y pionero de una fórmula discográfica que se ha repetido desde entonces en docenas de experiencias similares entre los grupos rockeros de Euskal Herria. Tras la disolución de Errobi, Duhalde estuvo en el grupo de verbenas Akelarre y luego ha continuado una larga trayectoria en solitario. Ducau formó Zaldibobo y ha grabado con su mujer Caroline Philips.

Otro destacado rockero ipartarra es Niko Etxart, de Zuberoa, que comenzó actuando y grabando en París para editar su primer disco en Euskadi en 1979. El fue el iniciador de grupos como Ximinorak o Minxoriak y, aún en activo como cantante, es el responsable del estudio de grabación Kilikas. Otros nombres musicales de ultrapuertos han sido Pantxika y Gexan, Roger Idiart, Jojo eta Ramontxo, la muy bella voz de Maddi Oihenart, Pier Paul Berzaitz y otros.

La pamplonesa María Ostiz fue una excelsa voz del pop hispano más meloso y el también navarro e invidente Serafín Zubiri ha recogido el testigo del género popero romántico en los últimos años. También navarro, pero en clave artística e ideológica bien distinta de los anteriores, Joxe Anjel Irigarai fue en su día apellido influyente en el colectivo euskaldun Ez dok Amairu y dejó grabadas canciones populares como Erribera. Existieron grupos euskaldunes como Ortzadar y se oyó a cantautores muy radicalizados ideológicamente, tipo Fermín Valencia (Pamplona), Muruzabal (San Martín de Unx) o Iosu Goya (Bera-Vera de Bidasoa); todos en desnuda clave folk.

Grupos como Los Rebeldes introducirían en los años 70 el amor por las melenas y la postcultura hippy. El Disco-Club 29 de la calle Navarrería y otros locales de la zona fueron los primeros en programar ruidos foráneos, muy pronto abrazados por la juventud iruñarra en forma sobre todo de rock duro. De las cenizas de los grupos pioneros saldrían experiencias como Tubos de Plata, Sparto, Ligarza, Mugre, Kafarnaún, Kaifás, Ligarza, Nerón, School, Tocamás y otras variantes como los protopunk Tensión, de Burlada. Magdalena, grupo de rock sinfónico, grabó el primer LP rockero navarro, titulado Lanean sartzen, en el sello donostiarra IZ.

Una significativa fecha rockera donostiarra fue el festival pro grupo Asco en noviembre de 1980, con la presencia de las bandas Puskarra, Globo, Elásticos, TNT, Negativo, Mogollón, Johnny y Los Relámpagos, o los propios Asco. En el mismo año se celebró en la discoteca Mandiope de Itziar (Gipuzkoa) un concurso pop-rock (Primer Certamen de Música y Canción Vasca), en el que participaron gente como Xemen Lazkao, Bingen Zubiria, Begoña Ta Soledad, o los rockeros Zen y Zarama; del que saldría el disco Euskal Musika 80 (IZ). También fue un aglutinante rockero el festival Rock Gaua, organizado en Lekeitio (Bizkaia) durante cuatro años consecutivos. En su cuarta edición (julio de 1980) participaron Itoiz, Zen, Zimel, Negativo, Puskarra y los jamaicanos Cygnus. En 1981 se celebró en Bilbao el festival Lemoiz gelditu, del que salió un disco doble con portada de un mural realizado por el pintor Zumeta.

En 1981 se grabó el primer disco rockero alavés, Harrika hildako mitxeleta (IZ), del grupo Mirotz, formación del valle de Zuia. Una indecisa mezcla de folk ortodoxo por parte de su cantante femenina e ideas seudo rockeras por el lado instrumental. Otra banda vitoriana con disco grabado fue Nahiko. En Vitoria existió el grupo Freak, quienes a pesar de su nombre claramente hippy son considerados como la primera experiencia punk alavesa. También en Vitoria vivió por un corto periodo de tiempo una de las no muchas experiencias rockeras vascas totalmente femenina: Pléyade. La generación local más jevimetalera tuvo expresiones como B.O.2, UTM o Rock D.A.M. Las tres bandas se estrenaron discográficamente en la obra colectiva Descarga Norte. Más grupos duros han sido por ejemplo Osiris, Ekaitz, Lola y sus Mataperros, Ley Seca, A la Fuga, Primavera en Chernobil, etc. The Allnighters han significado el lado rhymth&blues vitoriano.

Además de los grupos alaveses más emblemáticos de orientación punk, que serán nombrados más adelante, sobresalió en la capital alavesa toda una florida escena tropicaloide, amante de los sonidos caribeños como el reggae o el ska : sobre todo Potato, pero también la Banda Municipal de Ska, Korroskada, Kannabis, Kua-troele, o Danba, desde Llodio. Otros músicos no estrictamente rockeros pueden estar representados por el todoterreno Bingen Mendizabal, colaborador de Hertzainak en su día, autor de bandas sonoras como la de la película La madre muerta, y aliado luego con el vocalista vizcaíno Mikel Urdangarin en el experimento Bar Puerto.

En la capital vizcaína y alrededores existió también una alta agitación pop-rockera, con una cierta influencia de la llamada movida madrileña. Con nombres mayores como Rufus, Yo soy Julio César, Los Santos, Cómo Huele (los cuatro con discos grabados), Médanos del Singapur, Primitivos, Nueva Religión, Amas de Casa, Crimen y Castigo, Los Impecables, Isidoro y su Colección de Puertas Plegables y otros muchos.

El puente entre décadas lo realizó en pleno éxito el grupo Mocedades con canciones históricas como Amor de hombre. En él estaba el pionero Carlos Zubiaga o las hermanas Amaya y Estibaliz Uranga, la primera con una larga trayectoria propia, y la segunda en el dúo Sergio y Estibaliz105530.

En una época algo posterior surgió Doctor Deseo, grupo muy personal, aún en activo (han grabado Suspira y conspira en el 2002), con actividad regular, una buena colección de discos a sus espaldas y en el que se han integrado en esta última época un par de ex Hertzainak. Funcionaban con éxito locales como El Garaje, Yoko Lennon's o Cotton's Field, de Sondika, regentado por el animoso promotor Bolo, que fue lugar de encuentro del rockerío local.

Nacieron fanzines varios (Neo Ama de Kass, Sorbemocos, Sintonía Cerebral) y en Algorta surgió Muskaria, publicación musical muy independiente, seria y comprometida con la escena vasca, que creó Roge Blasco, después reportero en Euskal Irrati Telebista (EITB). Roge era componente de los inclasificables Lavabos Iturriaga, grupo en el que también estaba Óscar Amezaga, hijo del conocido intelectual vasquista Elías, y cabeza visible de la iniciativa familiar Discos Suicidas de larga duración. En Discos Suicidas se editó en el año 1983 Sintonía independiente, un disco recopilatorio que daba buena cuenta de aquellos momentos pop-rockeros de Bilbao y alrededores, desde In Extremis a Billy el Niño y Los Fantasmas del Pasado hasta Medanos del Singapur o Zarama.

Gipuzkoa Star, iniciativa de conciertos de la Diputación guipuzcoana, fue el título de otro disco doble, en 1982, que dejó constancia de la existencia en esa provincia de los grupos Ángeles del Infierno, No, Sats, TNT, Asco, Voz en Off, Aristogatos, Jotakie, Males de Parkinson, Mogollón, Los Patos, Casino, Stereo y Laket. Los primeros, hard-heavy desde Lasarte, fueron el grupo que dio la campanada, grabando varios discos y saltando el charco para vivir profesionalmente como rockeros en América. De Aristogatos saldría Mikel Erentxun, fundador más tarde de Duncan Dhu, quizás el grupo pop vasco más exitoso. Mikel y su compañero Diego Vasallo (que tuvo en su día el proyecto Cabaret Pop) prosiguen luego estabilizados caminos musicales autónomos. Jotakie, por su parte, fue un original experimento desde el Urola, uno de los primeros grupos euskaldunes, tras Itoiz, con buen reconocimiento de público y crítica; acumularon varios discos y a finales del 2001 se ha editado una amplia recopilación de sus canciones. La iniciativa de la Diputación guipuzcoana resultó un buen espejo futuro de por dónde se movería la escena poprockera de ese territorio histórico. Otros nombres que pulularon por los antros rockeros donostiarras fueron Tótem, Ave Rock, Aerosol, Optalidón, Vanguardia Civil, Iguales y Tu, Los Soviéticos, No, Mandaeuli, Arde Beirut, Atman, Aníbal, Ya-Yarin y muchos otros.

Antes, el empresario donostiarra Santi Ugarte fue pionero en inventarse el que parece fue el primer sello discográfico independiente del Estado (Santi Records) y una etiqueta estilística (Donosti sound ) con grupos como UHF, Puskarra (que editaron en 1983 el LP Mundo moderno ), Negativo, Asco, Mogollón y otros. Fue una época de alta ebulliución popera alrededor de locales como EL Huerto y de allí saldrían algunos valores juveniles que emigraron a Madrid donde destacaron en los tiempos de la llamada movida. Sobre todo el ya desaparecido Ignacio Gasca Poch y Alejo Alberdi (La Banda Sin Futuro, Ejecutivos Agresivos, Derribos Arias) y también Ángel Altolaguirre (Negativo, Dinarama, Ángel y Las Guais) o el bajista Rafa Balmaseda (Parálisis Permanente). Ugarte organizó muchos de los grandes conciertos internacionales de San Sebastián y fue el artífice de la sala El Autódromo, que funcionó activamente durante algunos años en Lasarte. Otra promotora donostiarra posterior fue Txalupa, primero dedicada al folk, después metida en grandes conciertos internacionales, y finalmente y hasta nuestros días, más residual y especializada en conciertos internacionales de rock duro.

También se inauguró un concurso donostiarra por Semana Grande que fue aportando más nombres a la historia del pop-rock local: La Vieja Escuela, Oklahoma, Speed (con varios discos), JZK (del Goierri y con un disco subvencionado por la Diputación), etc. Nombres donostiarras con discos grabados fueron Exocet, GATA (de donde saldrían 21 Japonesas y el solista Josetxo Bengoetxea), Teniente Bluxberry, La Cofradía, Frisco Jenny, Vidas ejemplares, La Dama Se Esconde (primero Agrimensor K), De Picnic y otros.

Nombres rockero-sinfónicos guipuzcoanos fueron Globo, Mariposas Rapaces o Rivendel. Y entre los grupos heavies existieron Thor, Caid Deceit, Leize, Kalean, Rabia (todos con discos) y bastantes más, antes de que el género se readecuara a los cambios estilísticos internacionales dando paso a grupos de thrash, speed y otras variantes metálicas como Anestesia, Brigada Slam, Estigia, etc., también con discos editados. El fanzine pasaitarra Breaker fue un militante agitador del tema.

Tambien arribó a nuestras tierras la prisa rítmica del hardcore, con parada y fonda particulares en Tolosaldea (Ruido de Rabia, Último Gobierno, Tortura Sistemática, Eizen, Autodefensa, Bukaera, BAP!, etc.). Un influyente proyecto intermedio fue M-ak, que debutó discográficamente en 1984. En él estaba el ex Hertzainak Xabier Gama Montoia (además de rockero, escritor, con varios discos y libros propios) y el técnico de sonido y guitarrista Kaki Arkarazo, que había estado en Laket y al que luego se le encontrará con Kortatu, Negu Gorriak o Nación Reixa y como responsable de numerosas producciones discográficas. En el Urola guipuzcoano hubo un núcleo rockero, ni duro ni popero, en un término medio más power pop, alrededor del grupo Jotakie, con varios discos grabados y derivaciones como Dirección Obligatoria. Más otros nombres como Akraton. Del Goierri salieron Burbuil-JZK o el más prolífico Ancha Es Castilla (ambos con disco), Sats, Vida Atlántica o Vudu. Y en Leintz-Gatzaga, Hor Konpon, también con disco. O en Oñati con Saz Le Bolo. De Legazpi eran Ziper, cuyo cantante Gari pasaría luego a los vitorianos Hertzainak y ha grabado varios discos propios. En Errenteria-Pasaia sonaron Ana y Los Lobos, Black Metal, Infarto, TNT, etc. Y de la villa galletera eran Txangot, que grabaron en el año 1986 el disco Negu nuklearra y Para Lelos, que también dejaron discos grabados.

Por el lado más experimental existieron espacios creativos como TOL (de Elgoibar, con disco subvencionado), ADN, Fernando Matamoros, La Afición, Dúo Estático y otros. Agrimensor K (San Sebastián, del que saldría el exitoso grupo pop La Dama Se esconde), Cancer Moon (Eibar-Bilbao) o El Desván del Macho (Arrasate), todos con discos, podrían representar un pop-rock algo menos convencional en cuanto a esquemas estilísticos.

De la desaparición de los pioneros Tocamás (grupo siempre reivindicado por el influyente Enrique El Drogas, de Barricada, como su influencia más cercana) nació Fuletamol (porro y vino en argot de la Navarrería), del que luego saldrían Los Motos y más tarde Fiebre. Amantes del llamado power pop, con Motos sacaron un single y Fiebre llegó al disco grande. Siempre con el veterano Toño Muro al frente, y con los hermanos Mariano y Patxi Goñi, metidos en negocios disqueros familiares con la pionera casa Soñua, luego escindida en Nola! y Oihuka; ésta a su vez absorbida por la histórica donostiarra Elkar, de la que los Goñi desertarían para formar GOR Diskak. Barricada fue y sigue siendo el gran grupo navarro de rock por excelencia. Antes habían existido pioneras agrupaciones punkis como Tensión, de Burlada, que encabezaba Josetxo Ezponda, personaje del rock local que luego crearía los rompedores Bitxos, con varios discos. De aquellos ambientes callejeros "radicales" nacería un buen número de grupos. Sobre todo los gamberros Tijuana In Blue, con varios discos grabados.

También tuvieron discos Zarrapo o Kontuz Hi! en grabaciones compartidas, Malos Tratos, el triple de los heavies Eros-Tubos-Camelot, los también heavies Sparto, Mephisto, Mugre, Iñor-Ad Hominem, Zenzerrock, Línea 2...; el rock "urbano" de los altsasuarras Los Del Rayo, los ganadores de un concurso del Gobierno foral Taxi Karlo, etc. Más nombres de grupos navarros fueron los punks de la Txantrea Porkería T, Mala Fama, Escarabajos, Sátira, Desafío, Síndrome del Norte o Gandalf, entre muchos otros.

Belladona fue el primer grupo navarro enteramente femenino, después trasformado en Matraka. De él saldría Aurora Beltrán que creó los respetados Tahúres Zurdos, con larga historia discográfica. Además de ellas, y de las ya mentadas Vulpes (Bilbao) o Pléyade (Vitoria), hubo chicas rockeras en Malicia, Ortopedia Ocular o en las donostiarras Hijas de la Cloaca. En un plano bastante menos punkarra han existido solistas como la bilbaína Fania, con discos grabados.

La ya imparable fiebre musiquera juvenil occidental llegó a Euskadi con bastante retraso, como muchos otros sucesos culturales, a consecuencia de la losa franquista. Pero cuando lo hizo fue en forma de maremoto. Al pop-rock más o menos melódico que dominó los 70 le sucedió una convulsión ruidista, rebelde y sin pelos en la lengua: el espíritu y las formas del punk rock, más sus compañeros de viaje, pero no camaradas, del rock duro o heavy metal.

La periferia industrial se hizo un importante hueco junto el protagonismo de las capitales. Errenteria (Alarma, Odio, Basura, TNT); Leintz-Gatzaga (Doble Cero-RIP, Cirrosis, Bihotzerreak, Eskoriatza...); Irun (Vómito Social, Antirégimen.), Andoain (BAP!, Karkaxa) o la Margen Izquierda bilbaina (Zarama, Eskorbuto, Vulpess, Distorsión, Gazte Hilak, Nacional 634.) encabezaron el estallido punk, con otros duros nombres de primera época como los ya mentados navarros Tensión, MCD (Bilbao), Optalidón (San Sebastián), Cicatriz en la Matriz (Vitoria) y enormidades semejantes. Un primer aglutinador teórico de aquellos agitados tiempos fue el fanzine donostiarra Destruye!!, elaborado por Javi Sayés, meritorio trabajador de la escena alternativa que un buen día decidió él también subir a escena con la formación Ezin Izan.

Había en esta nueva oleada musical una directa contestación a las normas sociales, al sistema. Faltaba que llegaran grupos con más claridad ideógica para que se produjera la novedosa, y por ende polémica, entente entre el rock contestatario y las siglas políticas más radicales. Esos grupos se iban a llamar Hertzainak (Vitoria), Barricada (Pamplona), Kortatu (Irun) y una larga lista más en la que se juntaba todo tipo de ideas y músicas, pero siempre directas y al grano: AHV, Baldin Bada, Madarikatuak, Parabellum, los riberos Piperrak-Piskerra, ¿Zer Bizio?, Potrotaino (todos con discos grabados) y un largo etc.

El diario Egin (que organizó el festival Egin Rock, en Mendizorrotza, Vitoria, un 21 enero de 1984), campañas como Martxa eta Borroka, de Herri Batasuna, y los intereses comerciales de algunos sellos discográficos y representantes de grupos apoyaron el "movimiento", definido oficialmente como Rock Radical Vasco y que tuvo su propio apoyo autónomo en el surgimiento de radios libres, colectivos, publicaciones (fanzines ) y otras formas de agitación. El llamado "disco de los 4" (debut de Jotakie, Cicatriz, Kortatu y Kontuz HI!, editado en Oihuka) ha quedado como uno de los emblemas de aquella revuelta sonora. Además del casete pamplonés Katakrak hubo recopilatorios como el titulado Condenados a luchar, editado por los vizcainos Discos Suicidas.

Como se ha indicado más atrás, se ha solido analizar que Freak fue el primer grupo vitoriano genuinamente punk y de existencia fugaz. Con la escuela de Magisterio como centro neurálgico empezó a despuntar Josu Zabala, acordeonista y compositor. Él y el gaitero Tito Aldama serían cabezas visibles del rock gasteiztarra con el grupo Hertzainak, junto a Xabier Montoia Gamma. Una especie de The Clash a la vasca: rock, reggae y punk ; militancia euskaldun y postura radical. A la par surgiría en Salvatierra La Polla Records, provocadores rockeros, con crestas a lo británico, que escupían himnos punkeros de lúcida crítica. De los M-16 se alimentó Cicatriz en la Matriz (luego Cicatriz a secas), punk a bocajarro. La onda jamaicana reggae de Hertzainak y sus colaboradores Banda Municipal de Ska tuvo su asentamiento oficial en Potato y luego en Kannabis, Korroskada y Kua-troele, o Danba desde Llodio. Potato se tomaron la cruzada caribeña con largo empeño de años y discos, incluidas escisiones, un libro con su historia y derivaciones recientes como la del cantante Potxo Torena.

Si Errobi o Niko Etxart habían sido pioneros del rock euskaldun desde el lado norte del Bidasoa, la agitación radical rockera del sur pilló un tanto desprevenida a la escena joven de Iparralde que reaccionó aportando esquemas casi fotocopiados: gaztetxes, intentos de radios libres, colectivos (Patxa, Piztu) y grupos como Huarteko Punkak, KGB, Zein Ere, Izan, Beyrouth-Ouest y otros.

Tras la notable ebullición de la década anterior, los noventa fueron una época de asentamiento o continuación de algunas experiencias sólidas y de crisis de los muchos intentos de rock radical, ya menos original. La limpia que la fuerza de la historia hizo en su día en el campo de los cantautores se realizaba ahora entre la escena llamada radical. Los estilos se bifurcan en variantes y matices, a tono con los tiempos internacionales de cambios, mezclas y mestizajes. Surgen y mueren iniciativas discográficas autónomas y decae en parte la labor independiente de fanzines o radios libres. Se estabilizan sectores creativos como el heavy metal guipuzcoano melódico, la escena thrash y death metal o la particular revolución de la trikitixa clásica hacia el triki-pop y triki-mex .

La autodisolución en olor de multitudes de los emblemáticos Hertzainak, una vuelta un poco en falso de Cicatriz (grupo, junto a Eskorbuto, récord en muertes prematuras de rockeros vascos, que vienen siendo desgraciadamente abundantes a causa de los abusos vitales juveniles) o la aparición de sonidos más actuales como los de Bizkar Hezurra (con gente ex Cicatriz y Korroskada) o los durísimos Soziedad Alkoholika marcaron la nueva década. La Polla Records perdió el Records en un conflicto legal interno, pero sigue dando guerra, luego como La Polla. El gaztetxe ocupado ("la casa de la colina") y salas como El Elefante Blanco, que sustituyó en parte a The End (ambas ya desaparecidas), han mantenido la llama de la música en directo.

Un signo de los nuevos tiempos es el lento desplazamiento de esfuerzos musicales jóvenes a Llodio e incluso Amurrio y Salvatierra (Kaos Etiliko). En Llodio llegaron a existir en paralelo un gaztetxe y un squatt más "radical", por el que pasaron infinidad de grupos rockeros internacionales "alternativos", y ha funcionado la emisora "libre" Pirula Irratia. Danba fue la gran banda del lugar, con un par de discos grabados. Nombres más recientes de Llodio-Amurrio han sido CLGSE, Une Latzak, Flying Pigs, The Drellas, Ironic Cancer Phobia, etc.

Beti Gerla han sido unos revoltosos de la txalaparta clásica rebuscando sonidos con madera en hierro o piedra. Trikitixa Kontrairo parecen, en el campo específico del acordeón diatónico, la continuación festiva de la seminal Banda Municipal de Ska. Tomás San Miguel es un creador inquieto que ha mezclado aires ambientales new age con experimentos a la txalaparta.

Una curiosa iniciativa vitoriana es su Asamblea de Parados que ha solido convocar las Fiestas Alternativas Mikelín, en Abetxuko, con importantes reuniones musicales, e incluso ha editado algunos discos; el más reciente el del ex Potato Potxo Torena. Para conmemorar su úndécimo aniversario editaron en el sello Oihuka la recopilación 11 Años de Lucha Contra El Paro, con conocidas canciones de bandas rokeras vascas.

Una buena noticia del 93 fue la colaboración entre el veterano rock navarro de los Barricada y la sabiduría a la cámara del gasteiztarra Juanma Bajo Ulloa quienes grabaron un vídeo musical en el gaztetxe vitoriano. Otros grupos alaveses que han tenido una cierta repercusión pública han sido A la Fuga, Primavera en Chernobil, UTM, Rock Dam, Ke de Ke, B.O.2, Ley Seca, Segundo Banana, Sexto Sentido, etc.

El disco Araba viento en Pop intentó plasmar en el año 1988 la realidad popera local, impulsado por el colectivo Correrías Musicales Alavesas y gestado en el estudio gasteiztarra Cuvyco. Este establecimiento fue idea de una cooperativa de músicos locales alrededor del grupo Liquidación Por Reformas. Participaron en aquella grabación las formaciones Segundo Banana, Mitxel y Los Renos, Exceso de Cupo y Ketedén. Los Banana grabarían dos discos propios en 1989 y 1992.

Pero el gran grupo alavés, tras Hertzainak y La Polla Records, ha sido Soziedad Alkoholika, en una dura onda thrash metal, directos y explícitos en los textos y con sello discográfico propio, Mil a Gritos, que ha acogido a otras formaciones.

El rock bilbaíno, y el bizkaitarra en general, parece reflejar la dureza industrial del entorno, es casi siempre rockista y duro. Desde los primeros tiempos del radicalismo (Zarama, Vulpess, Eskorbuto, MCD, Parabellum, Distorsión, ¿Zer Bizio?, AHV, Radical HC.) hasta fechas más recientes con Etsaiak, Parasma, Beer Mosh, Juicio Final, pLT y tantos otros. Pero el análisis se matiza si se cuenta sobre todo con la margen derecha del Nervión, especialmente con la zona de Getxo, donde destacó en su día la efervescencia de grupos pop-rockeros mucho más anglófilos y refinados; por ejemplo El Inquilino Comunista o Lord Sickness. El llamado Getxo Sound tuvo el apoyo oficial de las autoridades culturales locales y aunó a docenas de bandas casi todas muy jóvenes. Sin olvidar que en épocas radicales bilbainas salió también de Getxo-Algorta una propuesta tan atípica y nada rockista como Lavabos Iturriaga.

Una novedosa línea rockera vizcaína ha sido la de grupos de estilos guitarreros, pero no expresamente duros, ni punks ni heavies, sino de intenciones más renovadoras y complejas: Cancer Moon (dúo mitad vizcaino mitad guipuzcoano), Piztiak, Hazurbaltzak, Ama Say, Sasoi Ilunak, Martxoak 31, Broken Bihotz, Zea Mays, los exitosos Exkixu y otros.

En el campo más pop han funcionado propuestas como los costeros Punta Galea -con chica al frente- y Gris Perla (en onda más rockera) ha sido un buen ejemplo de grupo constante, y con varios discos grabados, pero sin conseguir dar el salto comercial. Ha habido también experimentos orientados casi a lo siniestro, como La Hermana Mary, con discos grabados, o La Casa Usher. En una onda de rock clásico el grupo Platero y Tu ha conseguido hacerse un alto puesto en el mercado estatal (puede que sea el grupo musical vizcaino más exitoso desde Mocedades o Dinamita pa los Pollos, los tres en ondas estilísticas harto diferentes entre sí) y la experiencia deja además sitio para la aventura en solitario de su cantante: Fito y Fitipaldis.

Otros nombres del rock llamado urbano o callejero son Rabia, The Flying Rebollos, Irula, Trauma, Cuestión de Costumbres, Sedientos, etc. En el lado más duro o hard se sitúan The Trasten Traste, Juicio Final, Éxodo, Beer Mosh y otros nombres. Y en una tendencia más guitarrera y americanoide, La Secta, Los Clavos, Los Rotos, Pop Crash Colapso, Los Extraños y otros etcéteras; una escena sonora que ha perdurado siempre viva y activa, aunque sin romper las fronteras del éxito masivo. Destaca la labor alternativa de la distribuidora DDT, de tendencia libertaria, dedicada a grupos radicales amateurs o con pocos medios.

Fue significativa la iniciativa aparecida en el año 1990: el LP Txerokee, un homenaje a Mikel Laboa por parte de una plural gama de intérpretes, que suponía el reconocimiento del rock más joven hacia la labor del gran padre de la canción moderna euskaldun. Antes, el jazzero y colaborador de Mikel, Iñaki Salvador, había pasado por su particular filtro algunas piezas del creador de Txoria txori en el original disco instrumental Zilbor hestea. De las cenizas de Kortatu (Fermín e Iñigo Muguruza) surgió Negu Gorriak, experiencia mayor del rock vasco como concepto y como influencia. Los Negu protagonizaron una larga lista de discos, vídeos y sobre todo conciertos y giras internacionales, destacando algunas convocatorias masivas (Oiartzun, Baiona, San Sebastián) en apoyo de su pleito con el general de la guardia civil Rodriguez Galindo, que les demandó por difamación en la canción Ustelkeria. Tras disolver de nuevo un proyecto, Fermín Muguruza ha asentado su Dub Manifest, que ha girado incluso por Japón y China. Iñigo (que militó en su día en los costeros Delirium Tremens) creó primero Joxe Ripiau (con otro hermano musiquero, Jabier) y después Sagarroi. Jabier Muguruza había por su parte conformado a Les Mecaniciens y luego ha seguido trayectoria musical en solitario.

En San Sebastián pululó además un sinfín de nombres y estilos: Baila Nelly, Insignificantes, Ojos de Carmen, Para Lelos, Frisco Jenny, Utikan, Squadron Club, Purr, etc. (todos con discos grabados) y Certificado de Defunción, Grossen Jarren, Stick y otros. De las viejas escuelas ocupadas de Buenavista, en la frontera con Pasai Antxo, ha salido también una reguera de sonidos rockeros fuertes: La Perrera, Nuevo Catecismo Católico, Censura, Discípulos de Dionisos, Señor No. Se mantuvo en la capital guipuzcoana toda una escena veterana: Javier Sun (ex Scooters), Sanchís y Jocano, Amor a Traición-Deriva (ex UHF), Enrique Mingo/Lágrimas del Sur, etc. Y particular repercusión tuvo el llamado Donosti Sound (reedición bis, si nos atenemos a la ya mentada etiqueta que creara Santiago Ugarte una década larga antes): los influyentes Familiy, 23 Ojos de Pez, Aventuras de Kirlian, Le Mans, Young Brian Superstar, Daily Planet, La Buena Vida, etc. Y aperturas estilísticas paralelas como las de Javi Pez en Parafünk, el colectivo Sirope y el sello discográfico Novophonic.

En el Alto Urola se han movido grupos como Iparraperoak, el blues de Josi y Los Javis o De Deukans y se editó el recopilatorio local Motx, con Katu Kale, Hartu Arte, Antisepsia, Rama de Ke, Bardulians, Expansión y Valle del Dom. En Azkoitia-Azpeitia se editó un disco colectivo con Zilbor Hesteak, Fundiziyue, Tau Ceti y Mesias Berriak; y han exisitido Eztuk, LS Sengor, Signaculum Virginitatis o los extremistas Akauzazte (con disco propio). Desde Zestoa saltó el triki-rock de Lin Ton Taun, luego evolucionado, con varios discos, uno de ellos grabado con una importante casa discográfica internacional de Madrid. Eibar fue punto clave del primer heavy metal euskaldun, con los longevos, exitosos e influyentes Su ta Gar o sus colegas EH Sukarra.

En Arrasate han existido DDDP, Iskanbila, Zakarrak, Ume Gaiztuak o Child Abuse. Por la costa, los zumaiatarras AGE o los zarauztarras NAM, Iluna Beltz y especialmente los duros Anestesia o Bi Kate, con varios discos grabados. La escena hondarribitarra tuvo un feliz momento, reflejado en el disco colectivo Underribi, en el que aparecían Beti Mugan, The Illusions, Orgasmic Toothpicks y Dut. De allí provenía la mayor parte de componentes de Sorotan Bele, grupo folk-pop que alcanzó una alta popularidad. De él procede Mikel Errazkin, creador autónomo y responsable del sello discográfico Hirusta; también su vocalista Gorka Sarriegi, ahora como solista poprockero; o Urbil Artola, quien actúa y graba a dúo con su padre, el veterano Txomin.

En Lezo se publicó el recopilatorio Lezorrotik at!, con Harlax, Cromlech, UZB, Nitro, Ibon Salaberria, Iñaki Labaka, Lorea, Flase Prophet y Ozel. De Pasai Antxo proviene Urtz, grupo de rock clásico con varios discos grabados. En Errenteria funciona el colectivo rockero EMTE, que publicó un disco con los grupos Txunpa, Ezin UK, Ostikada, Kashbad (con varios discos propios), IIam, Ilusio Faltsuak, Inercia, Los Kebras, los ya veteranos Para Lelos, Bihotzerre, Mortal y Rosa, Holly Blues, Psicosis, Desecrate, No Toxic Pipe y Ke+Da.

En la siempre inquieta Tolosa el colectivo euskaltzale Galtzaundi publicó muestras de grupos locales en casete, CD y vídeo, con nombres como Triki Up, Waika, Régimen Brutal, Muxutruk, Humus, etc. De la villa papelera han salido también Kixmi, Depósito, Anima Vili, Uncle Mussels o los más sólidos y plasmados en discos varios Deabruak Teilatuetan y Bide Ertzean. De Usurbil han surgido Ikara, Larrua Truk o Sugoi. En el Goierri pululan desde los broncos Potrotaino a los modernetes Anímese Martínez, entre otros muchos.

De la conexión ipartarra de Itoiz han derivado experimentos sonoros como Akoka (Xabi Pery) o el reggae de King Mafrundi (Jimmy Arrabit). Mientras una voz clásica como la entrañable de Maddi Oihenart sigue siendo solicitada por otros colegas (el último Juan Mari Beltran), el zuberotarra Peio Serbielle o el bajonavarro Beñat Axiary, cada uno en campos particulares, son un buen reflejo de inquietudes musicales; ambos con variadas grabaciones propias o en colaboración con otros creadores.

Pantxoa Xabaltx se mueve en un campo folk. En el terreno estrictamente rockero han sobresalido nombres como los heavies Killers, Les Trolls, Caid Decit -a caballo entre mugas- o Burlesk. La larga lista se amplía con Mokoka, Txakun, Mister Saguak, Sustraia, Mikelats, Haurtzarrak, Keñu, Kapten Egurrak, Txingoma Bi, Voodoo Muzak, Beltzez, Buruko Mina, Ex-Aequo (más veteranos), Karrikattarak, Jan Edan, Total Xingar, Zapozain, Kaparosto y sobre todo los animosos fronterizos Skunk, con sello propio (donde han editado recopilaciones o al grupo Yassa y su disco Papier cravate ) y frecuentes salidas al extranjero.

En febrero del 2001 nació en Hasparren el colectivo de hardcore rock Iparkor, agrupando a Ikus, Haurtzarrak, Kolpe-K, Hats, Mokuzatzu, Ikara, Dementzia, Ak, Berri Beltzak, Kontuz, Dixpachte, Eelam, Tupolev, Argia, Patxeroak e Inguma. El veterano y pionero Niko Etxart coordinó en comandita con sus colegas del sur Joseba Gotzon y Gontzal Mendibil el disco colectivo Nortasuna, con conocidos deportistas cantando a favor de la Selección Vasca de Fútbol. El festival anual de Saint-Martin-d'Arrosa (Baja Navarra) es una buena muestra de la dinámica salud de la escena rockera ipartarra.

El doble disco Tierra de rock/Rok lurraldea (1997) da buena cuenta de los sonidos navarros pasados y más presentes, con hasta 36 canciones de grupos distintos. De los pamploneses Malos Tratos (grupo con discos grabados) surgió la solista. El rock euskaldun conoció novedades como Balerdi Balerdi, reciclados de viejas aventuras como Tocamás. También el bardo baztandarra Pottoka, con varíos discos. O Bittor Aiape, rockero pamplonés que comenzó a grabar discos siendo aun un adolescente. Y los heavies montañeros Patagonia, ya desaparecidos. Grupos euskaldunes más recientes son Berri Txarrak o Nahi Ta Nahiez. Por el lado duro funcionan con éxito Flitter (Estella), Koma (Burlada) o Marea (Berriozar). El CD colectivo Ecografía (Uff!! Discos) reflejó parte del panorama rockero más inquieto (Half Foot Outside, Greenhouse Effect, Ritual de lo Habitual, Tedium, Desoreka, Polaris, Rare Vocation, Los Rosslis, Los Ácidos, Grey Souls, The Glitter Souls, El Columpio Asesino, Doctor Kronismo, The Brillantinas e Instant Dance. De alguno de esos grupos procede Souvenir, experimento afrancesado tipo años 60.

Otros nombres rockeros de la reciente geografía foral han sido Jugos Lixiviados, Múltiple 12, Mal Temple, Sátira, etc. De Altsasu-Alsasua salieron en su día Los Del Rayo, con varios discos. En Bera-Vera de Bidasoa se mueven Zup, Noise Hole, Gutariko Bat, Borrokan, etc., o el cantautor Petti. En la Ribera destacó Piskerra. De la saga amejicanada, Kojón Prieto y Los Huajolotes (con gente ex Tijuana In Blue y que funcionó caoticamente al grito de "¡aquí llega el napar-mex!"), surgió Tonino Carotone, curioso cruce italianizante navarro-burgalés. Skalariak llevan años enarbolando la rítmica bandera del ska navarro.

Además de los varios discos recopilatorios ya señalados, otra larga lista de grabaciones colectivas da buena cuenta de la cascada de sonidos rockeros que surcan Euskal Herria. Entre las primeras destacan ¡Condenados a luchar!-BoroROCKari loturik! (Danba, BAP!!, Ultimatum, MCD, Porkería T, ¿Zer Bizio?), editado por Discos Suicidas en 1985, el doble Bat, bi, hiru. hamar!, del diario Egin, publicado por Oihuka en 1987 o Más que punk./Punk baino gehiago (Suicidas, 88). Otras recopilaciones de los tiempos del disco en vinilo son: Diez años de lucha contra el paro, + que Pop, Descarga Norte, En directo a todo gas, Deserción! y otros similares. Cómo ya se ha señalado, en 1985 apareció en Soñua el llamado "disco de los 4", con Kortatu, Cicatriz, Kontuz Hi! y Jotakie, que con el tiempo tuvo particular repercusión en el rock vasco. También marcó época en el punk vasco el disco Zona Especial Norte, compartido en Suicidas por Eskorbuto y RIP.

Muchas compilaciones tienen sustento oficial como Hemendik, subtitulada Primera Muestra Pop/Rock de Radio Euskadi y Euskal Telebista, la serie Gaztemaniak!, de la Diputación guipuzcoana, para grupos nuevos. También la serie de los concursos de maquetas de la emisora autonómica Euskadi Gaztea, 2000 kantuz (E.I.TB.), Euskadiko soinuak (Eusko Jaurlaritza) o Bilborock (Ayuntamiento de Bilbao).

Otras obras colectivas son las que editan los propios sellos discográficos: la serie Aurtengo GORakada, o GOR ezazu zure burua (GOR), Esan Ozenki, Gora Herriak, Independentzia 5 urtez, Basque Electronic Diaspora (Esan Ozenki), Oihuka 88, 89, 90, 91, OihukaTU (Oihuka), Zaunka Diskak (Zaunka); Voices of Euskadi, Música del País Vasco, Kantu nostalgikoak; Basque Music, The Sampler; Amodiozko baladak (Elkarlanean); ¿Dónde estabas tu? Rock vasco (DRO), Mil a Gritos (ídem), Discos Suicidas 18 años (ídem); Euskal Ska eta Reggae, International Reggae Martxaska (Skunk). O discos sueltos como Ipar Rock (Euripean Sua, Bat Bitten, Burlesk, Sugoi), a favor del gaztetxe de Vitoria-Gasteiz, en contra del Tren de Alta Velocidad (TAV) y tantos otros.

Entre el marasmo ruidista y radical también hubo tiempo en los años ochenta-noventa para el revival rockabilly elvispresleyano, el rock and roll de tupé y derivaciones posteriores como el garaje rock, lo sicodélico y otros etcéteras. Desde Bizkaia dieron mucho que hablar los Dinamita pa Los Pollos, con varios discos grabados, o General Lee. En Pamplona destacaron Los Refugiados, también con discos grabados. Gipuzkoa vivió una época de efervescencia rockanrolera, con la conexión Zarautz-Donostia-Hernani-Irun como centro geográfico y nombres en activo tipo Humedecidos, OK Korral, The Covers, Lusty Men, Labanak, etc. (todos con discos grabados). Los Waltons donostiarras derivaron al pop latino reconvertidos en La Piel, con fichaje discográfico desde Madrid y un fugaz momento de gloria. En una onda más garajera han surgido desde Bizkaia (y particularmente desde la margen derecha del Nervión) toda una lista de grupos, algunos ya mentados: La Secta, Los Clavos, Los Extraños, Los Raros, Atom Rhumba, los más punkeros Safety Pins y otros. Por el lado rockabilly y aledaños sonoros han sonado en Bizkaia, Billy el Niño y Los Fantasmas del Pasado, General Lee o McGomez. En tiempos ya más recientes se han asentado, también en Bizkaia, experiencias como Zodicas y su disco Pinball Rock .

El mundo del acordeón melódico y de la trikitixa ha conocido serias sacudidas. El hernaniarra Joxan Goikoetxea ha sido un puntal clave en la evolución de la primera, en solitario o en investigaciones sonoras junto al músico y etnólogo musical Juan Mari Beltran (que estuvo en el grupo Txanbela). La triki, arraigada sobre todo en Gipuzkoa, sufrió fuertes polémicas desde que en 1986 Joseba Tapia ganó el importante concurso que se celebraba anualmente en San Sebastián, siendo segundo el bilbaíno Kepa Junkera. Fueron dos de los más impostantes renovadores que introdujeron fórmulas rítmicas cercanas al pop-rock y otras variantes. Junkera (que ha sido colaborador habitual de Oskorri) se adentró en vías de investigación que han fructificado en espléndidos discos como Bilbao 00:00 horas o Maren, con una larga lista de colaboradores internacionales. Tapia y su panderojole Leturia han sido cabeza de la evolución de la trikitixa hacia el rock o el tex-mex fronterizo americano, como dúo, pero sobre todo como Tapia ta Leturia Band. Esos sonidos de triki-pop y triki-mex llegaron en los noventa a su cénit con grupos como Maixa eta Ixiar (ahora mismo Maixa en solitario), Gozategi o Alaitz eta Maider, todos guipuzcoanos, y una larga lista de experimentos similares, mayormente orientados hacia las romerías y verbenas.

Joseba Tapia, por su parte, ha estado también involucrado en proyectos como Zaldibobo (con el ex Errobi Mixel Ducau), Hiru Truku, de carácter folk, y particulares experiencias solistas. En Álava han existido Trikitixa Kontrairo y sobre todo Joselu Anaiak, de Araia, orientados hacia la verbena y pioneros en grabar rancheras en euskera (Araiatik Jaliskora, 1989, IZ), estilo luego seguido por sus colegas Egan y cuya derivación tex-mex hizo furor entre docenas de formaciones de música de baile o triki-mex.

La txalaparta, que conoció años de extremada crisis y que fue revitalizada por generosos esfuerzos como el de los hermanos Joxean y Jexus Artze, de Usurbil, la unión del segundo con el donostiarra Andoni Aleman, la escuela de Hernani bajo la responsabilidad de Juan Mari Beltran y otras aportaciones, ha levantado un dinámico vuelo de escuelas e intérpretes con nuevas experiencias destacadas, que mezclan el viejo ttakun ttakun con nuevos sonidos: los alaveses Beti Gerla, los guipuzcoanos Oreka TX (con un original disco producido por Kepa Junkera, al que normalmente acompañan) y toda una efervescente escena juvenil.

En los años 80 hubo una particular revitalización de los grupos de folk renovados, algunos más puros y otros definitivamente abiertos a los nuevos sonidos contemporáneos. Gipuzkoa acumuló mayor números de propuestas, con experiencias como Txanbela, Ganbara, Azala, Kazkabarra, Xaximiku y otros, todos con varios discos grabados. En Bizkaia ha existido Lauburu, de orientación celtoide. Del entorno de Benito Lertxundi surgió la hernaniarra Olatz Zugasti, con discos propios y que aportaba la novedad de su arpa. A caballo entre Bizkaia y Álava nació 7 Eskale, formado por el ex Hertzaianak Josu Zabala y los bertsolaris de Durango Igor Elortza y Unai Iturriaga, con discos grabados.

En Iparralde, y mientras la excelente voz de Maddi Oihenart se implica por fin en algunas colaboraciones discográficas, el relevo generacional del nuevo milenio lo están protagonizando voces como las de Argitxu Esain, Gaëlle Larroudé, Amaia Riouspeyrous o Aines Achiary.

En Navarra la experiencia ha solido ser más purista, desde los pioneros Etorkizuna (de donde saldría el primer batería de los rudos Barricada), Izugarri, Koiuntura Folk Taldea y otros. La contrapartida estilística la puede representar el baztandarra Pottoka, juglar rockero agrario con algunos discos en su haber. De los costeros guipuzcoanos y muy exitosos Sorotan Bele han salido Mikel Errazkin HF (en clave muy relajada) o el más rockero Gorka Sarriegi. Rhune (ex Guinness) son vecinos geográficos -de Irun- que debutan en el 2002 con un disco muy ideologizado y que recuerda bastante a los influyentes vallisoletanos Celtas Cortos.

Y de Irun es también Jabier Muguruza (hermano de los conocidos rockeros Fermín e Iñigo), compositor, instrumentista y vocalista (además de escritor y en su día campeón de pelota a pala) que ha agrupado experiencias como Les Mecaniciens, tiene algunos serios discos propios y ha trabajado con Iñigo en el colorista trío Joxe Ripiau. Su experiencia como cantautor coincide con la revitalización del género en los años 90, con algo así como una tercera generación de cantautores con nombres como el errenteriarra Mikel Markez, la aparición fugaz de Krispin, los oiartzuarras Jon Txurio y Jon Bergaretxe, el casedano-pamplonés Bittor Aiape con varios discos y buena aceptación pública en su día, el legazpiarra-canario Rogelio Botanz (ex Taller Canario de la Canción, con Pedro Guerra), el vizcaino Mikel Urdangarin, uno de los más solicitados y actualmente en comandita con el vitoriano Bingen Mendizabal en la obra Bar Puerto y otros. Más jóvenes y poperos son propuestas como la del donostiarra Alex Ubago, que ha debutado discográficamente en el 2002.

Por el lado femenino ha destacado la existencia de cantautoras euskaldunes como Anari (Urola) o Labrit (Usurbil), o la erdeldun Ana Pozas (Altza, San Sebastián), todas guipuzcoanas y con discos grabados. Otras chicas cantoras, pero en formato grupal, que han dado el salto al conocimiento público son, por ejemplo, la errenteriarra Sorkun Rubio, primero con el grupo Kashbad (con varios discos) y ahora en Fermín Muguruza Dub Manifest. También el trío femenino Jauko Barik, a caballo entre Donostia-San Sebastián y Pasaia, de tendencia ruidista y con con disco grabado. O la vocalista Aihora Rentería, que encabeza el grupo vizcaino Zea Mays, con varios discos.

Los tentadores ritmos jamaicanos del reggae, y de sonidos hermanos como el ska o el dub, han tenido siempre una aceptable acogida entre el público vasco. Hubo en su día leves aproximaciones al género (Puskarra, Itoiz) hasta que Kortatu popularizó la pachanga eskatalítica combativa, con continuadores como sus convecinos irundarras Baldin Bada o los gasteiztarras Korroskada y actualmente defendida sobre todo por los pamploneses Skalariak o los guipuzcoanos Ttak.

De Vitoria fueron los ya mentados Potato, gran grupo vasco de reggae. De la misma capital son también los más recientes Betagarri. Posteriores propuestas vascas de reggae ha sido también Ke Rule y Ke No Falte, Doktor Deslaï, Akatz o, desde Iparralde, King Mafrundi, Skunk o Yassa, algunos ya mentados más atrás. Joxe Ripiau, el trío de Irun ya citado y actualmente disuelto, se situó en una rica y mestiza frontera de ritmos rockeros y latinos. Su mentor Iñigo Muguruza se ha pasado después a sonidos bastantes más cortantes con el grupo Sagarroi. En 1986 el LP colectivo Skalherria Punk había agrupado a Virus de Rebelión, Vómito, Txorromorro y Korroskada.

Se ha considerado siempre, y con razón, que hay una exagerada desproporción entre el interés público por los cuatro grandes festivales jazzeros de verano (Getxo, Vitoria, Baiona y San Sebastián; se suelen celebrar en ese orden en el mes de julio) y la actividad jazzística del resto del año. Ha habido en todo caso una permanente escena jazz local desde los pioneros y francotiradores sopladores Pedro Iturralde (de Falces, Navarra), el bilbaíno Vladimiro Bas, el rompedor baionatarra Michel Portal o el pamplonés Javier Garayalde.

También fueron en parte pioneros los vizcaínos Alen y Zubipeko Swing (entre el blues y el jazz ), el dúo donostiarra de guitarras Eiderjazz (de donde saldría el baqueteado contrabajista Gonzalo Tejada), Kursaal, Tríptico, Tálamo, Pork Pie Hat, Zango, Opertura, Klabelin Komik (que en una época arroparon a Imanol y luego derivaron hacia lo verbenero), Odeia, la Big Band Donostia, la Big Band Iruña y la Jarauta 69 en Pamplona, y otros nombres de los primeros tiempos del género en Euskadi.

En Vitoria ha persistido siempre un particular círculo jazzero, desde los primeros Fausto, Ángel Celada, Alberto de la Casa y otros. El batería Celada ha acompañado a grandes grupos del pop estatal (Último de la Fila, etc.), ha plasmado sus habilidades jazzeras en grupos propios como La Noche y ha dejado impronta en su propio hijo Víctor Celada, también batería.

En Gipuzkoa destaca la labor del pianista Iñaki Salvador o de sus colegas Gonzalo Tejada -ya citado-, y la también pianista Sorkunde Idigoras, el guitarra Patri Goialde y su grupo Armonia.Co, entre otros, todos ellos más o menos ligados al colectivo-escuela Jazzle. En Gipuzkoa reside tambien el contrabajista de origen centroeuroeo Renato Baleruz o la callejera Dixiecleta Jazz Band y han existido agrupaciones como el trío Argot, que dejó un disco grabado.

La Bilbaína de Jazz es un club de aficionados del botxo, de donde proceden también músicos como el saxofonista Víctor De Diego. De Pamplona son el inquieto saxofonista Josetxo Goia-Aribe (con varios discos propios) o su colega Iñaki Askunze, también con grabación propia. Algún apellido exterior (como el del polaco Andrzej Olejniczak, músico de la Orquesta de Euskadi) ha tenido merecido protagoismo en la escena jazzera local, muy relacionada además con el jazz barcelonés.

Las voces propiamente jazzeras han sido escasas, con algunos apellidos femeninos más destacados como la vizcaina Itxaso González (Vocal Feel) o la ipartarra Miren Aranburu (que trabaja junto al soplador, también de Iparralde, Jean-Luc Hargous). Y los donostiarras Golden Apple Quartet son un buen ejemplo de jazz y swing vocal, casi siempre en clave de humor.

El campo más puramente blues parece aún más minoritario que el del jazz, con escasos nombres destacables como los ya mentados Zubipeko Swing o Mercado Negro en Bizkaia, los donostiarras Blues Stop transcrecidos luego a Lau Behi y en en un plano puramente rock, Josi y Los Javis (desde Zumarraga y con dos discos grabados), Whammer Jammer (desde Biarritz), los elgoibartarras Arima Beltza, con disco en el sello Gaztelupeko Hotsak, y algunos más. Podría incluirse en el campo del blues-jazz al guitarrista de Iparralde Jean-Marie Ecay, que formó parte en su día del grupo Itoiz y que ha grabado en el 2002 el disco de jazz-rock World Energy Blues .

Como de extraordinaria se puede definir la escena verbenera vasca, con un amplio plantel de grupos en activos y experiencias tan longevas y fructíferas como los históricos Akelarre, Egan, Joselu Anaiak, otros grupos ya desaparecidos como los ipartarras Minxoriak, la saga navarra (Orquesta Amanecer y sus diferentes vocalistas femeninas, Los Clan o el mejicanoide Dúo Gala, los estelleses y euskaldunes Al-Aska, que grabaron un disco, etc.), trikitilaris como Imuntzo ta Beloki, etc. Otros nombres destacados han sido el fallecido y llorado Kaxiano, de Lizartza (Gipuzkoa), con varios discos. También Drindots, Trabuko, Trakets, Urgabe y un largo etcétera que permanece plenamente activa en estos primeros años del nuevo milenio.

Emparentadas con la escena pop-rockera han ido apareciendo y desapareciendo experiencias de orientación directamente latina como Bárbaros del Ritmo, Sonora Candela, Sonora Caribe, Mal de Ojo, La Ferretería del Son, Barraca Selva, Txatanuga Futz Band, Erreka y similares. A este último grupo perteneció el cubano residente en Gipuzkoa Rafa Villafraña, que ha editado en el 2002 el disco Euskadi tropical. Otras afinidades latinas son, por ejemplo, el tango de los navarros Los Morochos o las inclinaciones estilísticas de los donostiarras Mal de Ojo, con varios discos grabados y cuyo vocalista Adrian acaba de lanzar en disco su proyecto euskaldun Haragi Gordiña.

El flamenco de Euskal Herria tuvo en el guitarrista gitano y pamplonés Sabicas, que vivió y murió en Estados Unidos (EE.UU.), y al que el ayuntamiento de Pamplona rindió testimonio póstumo, un nombre de reconocimiento internacional. En los últimos tiempos han brotado jóvenes valores como los donostiarras Soniquete, coincidiendo con la creación de una peña flamenca en el barrio donostiarra de Amara y con algunas jornadas flamencas organizadas por el propio Ayuntamiento de la capital guipuzcoana.

El escueto campo vasco de los compositores instrumentales y con particular relación con las bandas sonoras para cine o televisión o con músicas radiofónicas ha dado algunos originales valores. Es el caso del ex Itoiz y también cantante rockero autónomo Juan Carlos Perez, con algunas recopilaciones en CD de trabajos para televisión o similares. También Pascal Gaigne, compositor y guitarrista franco-vasco que colaboró con los baionatarras Urria de Beñat Axiary, con Amaia Zubiria y con otros colegas varios, y que ha compuesto música de cine (El sol del mebrillo, de Víctor Erice), para teatro o piezas autónomas. Desde Vitoria-Gasteiz ha destacado el compositor cinematográfico Bingen Mendizabal (colaborador también en su día de Hertzainak y ahora del cantautor Mikel Urdangarin) y el donostiarra Alberto Iglesias es un asentado valor en el mundo de las bandas sonoras cinematográficas españolas.

Aunque las viejas formas de entender la creación y distribución o comercialización de las músicas populares o jóvenes sigan en activo y lo que acapare el mayor interés público, y en consecuencia comercial, sean propuestas standards y nada renovadoras, tipo los donostiarras La Oreja de Van Gogh, los acelerados cambios que estamos conociendo en la vida en general y en este sector cultural concreto (facilidades para componer y grabar en casa, abaratamiento total de las ediciones, inmediata distribución por Internet, capacidad de manipulación del mercado por parte de las grandes cadenas televisivas, etc.) están dando un vuelco a las lógicas tradicionales de funcionamiento. Todo parece estar por descubrir, desde las derivas estilísticas que tome la propia música vasca hasta los cambios radicales que podrían darse en el plano organizativo. De lo que no caben dudas, porque hay suficientes muestras de ello, es de que la escena poprockera o musical en general de Euskal Herria ha abrazado -aun de forma minoritaria, pero de manera decidida- muchos de los nuevos esquemas sónicos que rebasan a veces los etiquetados clásicos y simplemente van más allá de los corsés típicos del pop-rock.

Los sonidos rockeros no convencionales están presentes, aunque sea de forma underground, y salen a la luz, como en el caso del disco colectivo Mer, editado en Bera-Vera de Bidasoa (Navarra), con nombres como Borrokan, Gutural, Gutariko Bat, Zup, los más conocidos Señor No, Dut y Akauzate, más otros. En los primeros meses del 2002 han aparecido discos de rock no convencional como los zarauztarras Café-Teatro o los vizcainos Audience.

La escena donostiarra de baile alrededor del sello Novophonic es ya veterana en el nuevo campo y ha creado o ayudado a avanzar a otros nuevos nombres de la capital guipuzcoana. En el recopilatorio Donostia Elektronikoa 2001 se pueden descubrir nuevos atrevimientos sonoros como los de Cepuntobandish, los pioneros de la tecnología y ya muy veteranos Línea Táctica, DJs tipo Pedro Destino y otros valores recientes. La más obvia y casi bakaladera aportación de grupos como Hemendik At!, Uga o Wazen ha popularizado el abertzalismo de discoteca. El reciente -gailu kuxa beltza (Pil-Pil Sessions, Metak), de Mikel Abrego y Luis André, es una novedosa aportación, mayormente instrumental y de estilo bastante indefinible. Sobresale con significativa presencia la escena tecno de Iparralde con originales nombres aparecidos en los dos recopilatorios Basque Electronic Diaspora (Xano+Em.C, Fin de Siècle, Vodoo Muzak, etc). Destacaba en esos recopilatorios el joven creador bxt (Bixente Iriart), sorpresivamante muerto en París a comienzos del 2002. Iriart había colaborado con Anje Duhalde o con Txakun y King Mafrundi, antes de desplazarse a París, desde donde había llegado su particular sensibilidad techno, puesta en común en esos discos recopilatorios junto a Isabel Suárez o Iñaki Yarritu, ambos también en la diáspora vasca, en su caso en Londres. Una novedad representantiva del inquieto tecno ipartarra es también el disco I:Shead. Desde Bilbao han surgido experiencias techno como Cibernautas o Berlín y saltado a la escena estatal Madelman o Chico & Chica.

Sin olvidar otro tipo de originalidades sonoras, ya mentadas, con base en la tradición, pero abiertas a cualquier nueva sonoridad, como las de Juan Mari Beltran-Joxan Goikoetxea, el grupo Alboka, del propio Goikoetxea y con una reciente colaboración con la gran voz centroeuropea Marta Sebestyen, el inquieto trikitilari Kepa Junkera, el alavés Tomás San Miguel, los jóvenes txalapartaris Oreka TX, el jazz experimental del navarro Josetxo Goia-Aribe y otros. ¿Quién puede poner límites al horizonte?

  • Errobi: Bizi bizian (Xoxoa, 1978)
  • Oskorri: Plazarik plaza (CBS, 1980)
  • Ruper Ordorika: Hautsi da anphora (Xoxoa, 1980)
  • Itoiz: Musikaz blai (Elkar, 1983)
  • Barricada: Barrio conflictivo (Soñua, 1984)
  • Hertzainak: ídem (Soñua, 1984)
  • La Polla Récors: Salve (Soñua, 1984)
  • Kortatu: Kolpez kolpe (Soñua, 1988)
  • Negu Gorriak: Negu Gorriak (Oihuka, 1990)
  • Su Ta Gar: Jaiotze basatia (IZ, 1991)
  • Dhu: Piedras (GASA, 1994)
  • Duncan Soziedad Alkoholika: Ratas (Mil a Gritos, 1995)
  • Kepa Junkera: Bilbao 00:00 horas (Resistencia, 1998)
  • La Oreja de Van Gogh: Dile al sol (Sony, 1998)
  • Askoren artean: Basque Electronic Diaspora 1&2 (Esan Ozenki, 1999 y 2001)
  • ARISTI, Pako. Euskal kantagintza berria, 1961-1985. Erein, 1985
  • Euskal Herria emblemática. Canción popular vasca. Etor-Ostoa, 2001
  • LARRABURU, Colette; ETCHEVERRY-AINCHART, Peio. Euskal Rock&roll/Histoire du rock basque. Artola, 2001
  • LÓPEZ AGUIRRE, Elena: Del txistu a la Telecaster, crónica del rock vasco. Aianai, 1996
  • "Al trepidante ritmo de Euskadi". Punto y Hora de Euskal Herria, Agosto, 1986
  • "Euskal rockaren passoa". Punto y Hora de Euskal HerriaAbril, 1988