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OLIMPIADA

Vascos en los Juegos Olímpicos. El País Vasco, como tal, nunca ha tomado parte en unos Juegos Olímpicos de la Era Moderna, de los que se han celebrado ya 19 ediciones, desde su reinstauración en Atenas en 1896. Sin embargo, como es lógico pensar, un número relativamente importante de deportistas éuskaros, que podemos cifrar en torno a los dos centenares, han participado en tan importantes competiciones a lo largo de este siglo casi completo desde el surgimiento del olimpismo moderno. En la inmensa mayoría de los casos, lo han hecho bajo bandera española y, excepcionalmente, bajo pabellón francés, dándose también algún caso aislado de deportistas vasco-americanos. Un repaso rápido al palmarés de los diferentes Juegos, nos podría inducir a cierto error si nos fiáramos por las apariencias de los apellidos de dos campeones olímpicos de dos épocas bien diferenciadas, como Juan Carlos Zabala, un argentino que ganó la maratón de los Juegos de la X Olimpiada, celebrados en Los Angeles, en 1932, al igual que los de la XVIII, 52 años después. Y más recientemente, el cubano Alberto Juantorena, uno de los héroes de Montreal (1976), ganador de los 400 y 800 metros, desmentía con el oscuro tono de su piel toda otra resonancia. Considerarlos parte del deporte vasco, supondría un exceso de chovinismo un tanto extravagante. La auténtica realidad del fragmentario olimpismo vasco-si vale tal expresión-es algo más modesta. Ningún deportista euskaldún ha conquistado jamás esa soñada cúspide, salvo en las competiciones de pelota, que fue deporte de exhibición en París (1924) y México (1968), y que está previsto vuelva a serlo en Barcelona-92. Quince han obtenido medallas de plata, de ellos 13 como componentes del legendario equipo que representó a España en Amberes (1920) y que se proclamó subcampeón, sobre el que nos extenderemos inmediatamente. Los otros dos corresponden a la segunda de las Olimpiadas celebrada en Los Angeles (1984): el guipuzcoano Luis Mari Lasurtegui, en remo, y el vizcaíno Juan Manuel López Iturriaga, en baloncesto. Tres han sido, por último, los medallistas de bronce, como miembros del equipo hispano de hockey sobre hierba en Roma (1960): Luis Mari Usoz, Rafael Eguskiza y Perico Murua. Asimismo, una embarcación de dos remeros con timonel, los tres del club labortano Aviron Bayonnais, obtuvo el tercer puesto en la prueba de 1.600 metros dentro de los Juegos Panolímpicos Helénicos, celebrados en Atenas en 1906. Destacan también, en este inicial resumen, los cuartos lugares conseguidos, en primer término, por el tenista Manuel Alonso (Amberes, 1920) y por los ya mencionados Lasurtegui y López Iturriaga, en Moscú, una olimpiada antes de conquistar sus respectivos subcampeonatos. Quintos se clasificaron también en Moscú los balonmanistas José María Pagoaga, Jesús María Albisu, Juan José Uría e Ignacio Novoa. En atletismo, «deporte-rey» de los Juegos, la mejor clasificación corresponde al donostiarra Luis Felipe Areta, sexto en la prueba de salto de longitud en Tokio (1964), lo que significa el primer diploma olímpico de todo nuestro atletismo. Merece destacarse también la novena posición de Ignacio Sola en México (1968), en la prueba de salto con pértiga, tanto por la clasificación en sí como por la anécdota protagonizada por el garrochista bilbaíno. Porque él fue el primer saltador de la final que superó los 5,20 metros, lo que le sirvió para ostentar, aunque fuera durante tan sólo media hora, el récord olímpico de su especialidad. Las deportistas vascas apenas han tenido ocasión de tomar parte en las competiciones olímpicas. Y pese a ello, es precisamente una atleta, Maite Zúñiga, con su séptima plaza en la final de los 800 metros de Seúl (1988, los últimos Juegos celebrados), quien ha obtenido el mejor lugar del atletismo euskaro, diploma olímpico incluido, desde los tiempos de Areta. Ya hemos dicho al comienzo que Euskal Herria, como tal, no ha tenido ni tiene entidad propia en el movimiento olímpico internacional. Sin embargo, aunque lo hicieran bajo pabellones de Francia o España, hasta cinco formaciones, a lo largo de la historia, han sido plenamente éuskaras, todas ellas embarcaciones de remo. Así lo fueron el ya mencionado equipo del Aviron Bayonnais, compuesto por un total de seis remeros, en los Juegos Panolímpicos Helénicos (Atenas, 1906), que se anotó el sobresaliente lugar del que hemos dado cuenta más arriba; el outrigger a ocho de la Societé Nautique de Bayona, en Estocolmo (1912), que supone el genuino debut olímpico de nuestros deportistas; el equipo de fútbol de España en Amsterdam (1928); el también ocho del Ur-Kirolak donostiarra, en Roma (1960) y por último, el doble scull compuesto por José Luis Korta y José Ramón Oyarzábal, que ganó la pequeña final de Moscú (1980), lo que equivale al séptimo puesto. La representación vasca más numerosa fue la de París (1924) con 35 deportistas, si bien hay que considerar que 21 de ellos intervenían en rubgy y pelota, ambos deportes de exhibición, que engrosan, por tanto, la cifra de una manera un tanto artificial. En Amsterdam, sin que concurriera esa circunstancia, el número llegó a ser de 26. La menor presencia corresponde a Los Angeles (1932), con un solo deportista, Clement Duhour, lanzador de peso del equipo de Francia, pues España no tomó parte en los primeros Juegos celebrados en California. Los atletas Diego Ordóñez y Luis Felipe Areta, así como el futbolista Pedro Vallana y el balonmanista Juan José Uria, comparten el récord de participación, con su presencia en tres olimpiadas. En atletismo, el grupo más nutrido corresponde a París (1924), con un total de ocho participantes. No hubo representación vasca alguna en las cuatro primeras citas olímpicas (Atenas, 1896; París, 1900; San Luis, 1904; Londres, 1908), aunque sí en los repetidamente citados Juegos Panolímpicos Helénicos (Atenas, 1906). Y más tarde, por diferentes circunstancias, tampoco la hubo en Berlín (1932), Helsinki (1952) y Melbourne (1956). Y culminamos este preámbulo globalizador con una fugaz referencia a los Juegos Olímpicos de Invierno. La única presencia vasca se produjo en los últimos celebrados hasta la fecha, los de 1988 en Calgary (Canadá). La guerniquesa Ainhoa Ibarra no tuvo otra opción que la de hacer suyo, en sentido más estricto, el viejo adagio olímpico de que «lo importante es participar». A partir de ahora, vamos a extendernos olimpiada por olimpiada y a entrar más en detalle en la actuación euskaldún.
La prehistoria: Atenas (1906) y Estocolmo (1912). Lo que llamaríamos prehistoria olímpica vasca, es decir, los primeros balbuceos, tienen al remo y a Lapurdi como protagonistas. En 1906, los Juegos Panolímpicos Helénicos ven participar a seis remeros del Aviron Bayonnais, capitaneados por uno de los legendarios fundadores de este club, uno de los más importantes de todo el País Vasco Continental: Fernand Forgues. De su espléndida conquista -un lugar de bronce- ya nos hemos hecho eco. Pero aún y todo, hay que hacer aquí un inciso para explicar que los Helénicos fueron unos juegos con todas las condiciones olímpicas, incluso con más participantes que las tres ediciones celebradas previamente. En algunos historiales, incluso se hallan homologados con las propias olimpiadas, aunque no influyan en su tradicional numeración reiniciada en 1896. El leit motiv aparente de su celebración fue precisamente el décimo aniversario de esa efemérides. Pero, según todos los indicios, debió suponer también el canto de cisne de una reivindicación que no hace mucho volvió a estar en candelero: convertir a la capital griega en sede permanente de los Juegos. Ello iba en contra de la filosofía del Baron de Coubertin, padre del olimpismo moderno, quien buscaba su universalidad, haciendo que se expandieran por toda la geografía mundial. Seis años más tarde, en Estocolmo y ya con todas las condiciones reconocidas como olímpicas, otro club bayonés de remo hace el debut vasco, bajo bandera francesa, con tripulación totalmente labortana. Se trata del outrigger a ocho de la Societé Nautique, a la que como campeón de Francia le corresponde el honor de su representación. En la misma figuran, entre otros, los hermanos Elichegaray. Su actuación no debió de ser muy brillante y se cuenta la anécdota de que nuestros remeros tan sólo vieron al delegado francés en la Gare de Nord de París, ya que antes de llegar a la capital sueca les dejó abandonados.
Amberes (1920). La historia, propiamente dicha, comienza en Amberes en 1920, en la reanudación de los Juegos tras la I Guerra Mundial. Y lo cierto, es que no se puede empezar mejor. Los Juegos belgas son los que han visto una actuación vasca más lucida. Fútbol, atletismo y tenis son los tres puntos de cita. De los futbolistas se conocen todos los detalles, pues la referencia es obligada cuando se habla de la historia de la selección de España, cuyo debut internacional se produjo precisamente entonces. El equipo logró el subcampeonato olímpico, al que no sería descabellado añadir el adjetivo de mundial, ya que hasta 1930 no hubo competición de tal carácter y la olimpiada era el campeonato internacional más importante. Trece vascos formaban una mayoría total en el seleccionado hispano.O lo que es lo mismo, tan sólo cinco no lo eran. El portero Ricardo Zamora, Samitier, Otero, Gil y Sancho. Hubo partidos en que hasta nueve de los once titulares pertenecían a Athletic de Bilbao, Real Sociedad, Real Unión y Arenas de Guecho. Hasta las anécdotas más notables tienen protagonista euskaldún. Así, el defensa lateral realista Mariano Arrate fue el primer capitán de la selección española. El irunés Patricio Arabolaza marcó el primer gol que supuso el triunfo ante Dinamarca. Félix Sesúmaga, autor de cuatro tantos, se convirtió en el máximo goleador del equipo. Y José Mari Belauste metió un gol a Suecia, que a la larga iba a suponer esa medalla de plata. Por cierto, sobre este gol circula una versión tan archiconocida como inverosímil. Dícese que el medio centro del Athletic le pidió el balón a su compañero Sabino Bilbao, al sacar éste una falta, gritándole: «A mí el pelotón, Sabino, que los arrollo». El caso es que, poco antes de su llorado fallecimiento, José María Ferrer, uno de los hombres que más ha trabajado por historiar el deporte éuskaro y en especial el fútbol, nos aseguró haber mantenido una conversación con un testigo directo de aquel hecho, quien simplificaba bastante la redicha frasecita: «En realidad, Belauste dijo algo tan sencillo y tan vasco, a la vez como: Aurrerá, Sabino, aurrerá!». Pero el manido «a mí el pelotón» supuso algo así como la fe de bautismo de otro tópico, la celebérrima furia española, concepto que trata de aglutinar en un todo homogéneo estilos tan dispares como los que se veían entonces en los diferentes rincones del Estado español. Con semejante mayoría de jugadores vascos, no es gratuito chovinismo, sino lógica deducción, que aquel conjunto debía desarrollar un estilo de juego coincidente con el que se practicaba en el País Vasco. Y prueba de ello es que todavía hoy el trofeo que anualmente se concede al que encarne las cualidades de esa furia lleve el nombre de Patricio Arabaolaza, del Real Unión. De los once goles marcados por España, nueve fueron logrados por jugadores euskaldunes: Sesúmaga (4), Patricio, Arrate, Belauste, Acedo y Pichichi. Los resultados de este equipo fueron: 1-0 a Dinamarca; 1-3 frente a Bélgica, en la única derrota, 2-0 a Italia; 2-1 a Suecia y 3-1 a Holanda. En el encuentro frente a los italianos, Ricardo Zamora fue expulsado y su lugar lo tuvo que cubrir el extremo izquierdo de la Real, Silverio, al que aconsejaba desde detrás de la portería el propio Zamora. Por si fueran pocos los detalles que avalan con total seguridad el carácter mayoritariamente vasco de aquel gran equipo subcampeón, hasta los gritos de guerra previos a los partidos se referían a los larguísimos apellidos de dos futbolistas, uno del Athletic y otro del Arenas: ¡Pa-ga-za-ur-tun-dúa, Be-laus-te-gui-goitia, Irulá, Irulá! Los trece medallistas de plata, citados en el orden alfabético de sus apellidos, fueron: Domingo Acedo, Mariano Arrate (capitán), Juan Artola, José María Belausteguigoitia «Belauste», Ramón Eguiazabal, Francisco Pagazaurtundúa «Pagaza», Patricio Arabaolaza, Rafael Moreno «Pichichi», Sabino Bilbao, Félix Sesúmaga, Silverio Izaguirre, Pedro Vallana y Joaquín Vázquez. Pero no sólo en el equipo español hubo representación vasca, sino también en el de Francia, aunque su actuación fuera mucho menos relevante. René Petit, nacido en Dax (1899), de padres franceses, pero irunés de adopción desde su más tierna infancia, quien había comenzado a jugar ya a los 14 años en el Racing de Irún, fue convocado por la selección gala para los Juegos de Amberes. Desde el punto de vista deportivo, la anécdota no merecería más comentario si no fuera porque aquella participación tan efímera en todos sus aspectos, cerró las puertas de la selección hispana a quien llegó a ser considerado el mejor jugador de su época en este lado de la frontera, llegando a ser campeón de España con el Real Madrid y con el Real Unión. Dejamos ya atrás el capítulo futbolístico y nos encargamos de los cinco atletas presentes en Amberes: Félix Mendizábal, Juan Maguerza, Miguel García, Diego Ordóñez e Ignacio Izaguirre. La mejor actuación fue la de Mendizábal, que logró clasificarse para las semifinales de 100 metros lisos, tras quedar segundo en las dos primeras eliminatorias. Por el contrario, quedó apeado en la primera ronda de 200. Juan Muguerza, nombre cuya actualidad se renueva cada mes de enero, merced al cross que lleva su nombre en su pueblo natal de Elgóibar, fue sexto en las series de 5.000 metros y no pudo pasar a la final. El benjamín del equipo, Diego Ordóñez, presente también más tarde en París y Amsterdam, tenía tan sólo 16 años y participó en los 100 metros lisos. Fue tercero en las series, lo que supuso su temprana eliminación. Otro tanto le ocurrió en los 200. Asimismo, intervino en el relevo 4 x 100, junto a Félix Mendizábal. De nuevo, la tercera plaza en la inicial serie, frustró cualquier posibilidad de ir más allá. Miguel García se clasificó tercero en las series de 800 metros lisos y pasó a los cuartos de final, que fueron su tope. Algo parecido (e ocurrió en los 400 metros, en los que entró segundo en la fase preliminar, lo que le cerró la puerta de los cuartos de final. Por último, en lo referente a atletismo, Ignacio Izaguirre lanzó el peso a 11,23 metros, marca de escasa entidad, que no le permitió avanzar más. Cierra la participación en Amberes, el tenista donostiarra Manuel Alonso, que tuvo una brillantísima actuación. Se plantó nada menos que en las semifinales, en las que cayó ante Turbille, lo que le privó de la medalla de bronce que había merecido.
París 1924. Como decíamos al comienzo, es la segunda Olimpiada parisina de 1924 (la primera había sido en 1900), la que nos ofrece la mayor participación vasca de todos los tiempos, si bien 21 de los 35 deportistas correspondían a la pelota vasca y al rugby, disciplinas de exhibición. De ellos 23 actuaban bajo pabellón hispano y el resto bajo el galo, correspondiendo 18 a la pelota, ocho al atletismo, seis al fútbol y tres al rugby. La pelota, nuestro deporte más propio, daba así un gran salto hacia adelante, que, sin embargo, por lo reducido del ámbito en que se practica con cierta entidad, no le permitió ir más allá. México, 44 años después, sería nuevamente escenario de una competición pelotística más nutrida, pero otra vez sin las «bendiciones» olímpicas, que incluso en un futuro a medio plazo parecen inalcanzables, salvo en una exhibición como la prevista en Barcelona (1992). La pelota consiguió llegar a la Olimpiada francesa no sin antes haber pasado un cierto número de dificultades, que se soslayaron satisfactoriamente, culminando las gestiones con la construcción de un nuevo frontón de París, escenario de tres encuentros disputados. La cancha no tenía pared izquierda, tal y como se estila en los frontones del otro lado de la «muga». Ello no sería óbice para que los pelotaris de Euskadi Sur, representantes de España, se impusieran en las tres confrontaciones disputadas. La inauguración del frontón tuvo lugar el 22 de julio de 1922, y a ella, cargada de solemnidad, acudió la baronesa de Coubertin, esposa del primer impulsor de moderno movimiento olímpico, entre otras muchas personalidades de gran relieve. El primer encuentro fue una exhibición de «blé» entre dos equipos de estandarte galo. De un lado, Harizpe, Magescas e Hirigoyen, con el «gerriko» rojo. Y de otro, Stasloveny, Saint-Martin y A. de Soubly, con el azul. Vencieron estos últimos por 60-41. Entre los jueces figuraba Fernand Forgues, del Aviron Bayonnais, del que ya hemos hablado al referimos a los Juegos Espúreos de Atenas (1906). Las competiciones entre los equipos denominados de Francia y España, todos ellos compuestos por vascos, arrojaron los siguientes resultados: Mano: Iceta, Ledesma y Gastesi (E.), 45; Doyhénart, Tellaguina y Anchagno (F.), 26. (Este partido se jugó seguido al de inauguración). Pala: Adamaga Cantalla (E.), 40; Joseph y Battitta Etcheverry (F.), 46. (Celebrado el 23-VII-24). Cesta punta: Sagama, Gárate y Santamaría (E.), 60; Harizpe, Camino y Magescas (F.), 52. (El 24-VII-24). Sólo el tercer partido resultó algo competido, aunque siempre con dominio en el marcador de los pelotaris de Euskadi Sur. Los otros dos, sobre todo el de pala, fueron de neta superioridad de los de este lado del Bidasoa. Los comentarios laudatorios se sucedieron y aún se abrigaban esperanzas de una nueva presencia en Amsterdam en 1928. Pero lamentablemente hubo que esperar mucho más. El otro deporte de exhibición fue el rugby, de honda raigambre en Iparralde. André Béhoteguy, Adolphe Jaureguy y Jean Etcheberry formaron parte del equipo de Francia, que contra pronóstico cayó ante el de los Estados Unidos por 17-3, aunque con su victoria frente a Rumania (61-3) se hizo con la segunda plaza. Y pasamos a los deportes propiamente olímpicos, empezando a hablar, como es lógico, del atletismo, que en esta ocasión marca la más alta cota de participación de toda la historia a que nos estamos refiriendo, con un total de ocho atletas. Dos de ellos, Félix Mendizábal y Diego Ordóñez, ya habían estado en Amberes. Y junto a ellos José Andía, autor de una inacabada gesta que enseguida relataremos; José Mari Larrabeiti, Gabino Lizarza, Amador Palma, Miguel Peña y Fabián Velasco. El renteriano Mendizábal, que ya había tenido una lucida actuación como velocista en Amberes, donde había sido semifinalista, esta vez también se «portó», ganando una serie en la primera eliminatoria de los 100 metros lisos. En cuartos de final sería sexto y quedaría eliminado, teniendo entre sus rivales al luego campeón Abrahams. Diego Ordóñez volvió a ser tercero en la primera ronda de series, y se quedó otra vez a las puertas de poder subir al menos un peldaño más. Pero sin duda la página más emotiva de esta competición reina de las Olimpiadas la escribió para el deporte vasco el donostiarra José Andía, que en la durísima prueba de 10.000 metros cross-country, en medio de un asfixiante calor, que obligó a retirarse a la mayoría de los atletas, logró entrar en el Estadio de Colombes en quinta posición. Sin embargo, a tan sólo 300 metros de la meta Andía caía extenuado y no pudo culminar su hazaña, pese a la corta distancia a que se encontraba. Otros protagonistas de la que se dio en llamar el «infierno de Colombes», fueron Fabián Velasco (13.°) y Miguel Peña (14.°), éste ya en penúltima posición. Pero llegar ya era un mérito. El vencedor había sido el «finlandés volador» Paavo Nurmi, sin duda el atleta más destacado de las primeras épocas del olimpismo contemporáneo. En los relevos 4 x 300 metros, Fabián Velasco y Miguel Peña tomaron parte en la primera eliminatoria, sin poder pasar del cuarto lugar de su serie. José Mari Larrabeiti, por su parte, participó en los 100 metros lisos, siendo tercero en la sexta serie, lo que le cerró de inmediato las puertas. Y en el relevo 4 x 100, teniendo por compañeros a Félix Mendizábal, Diego Ordóñez y el catalán Junqueras, tampoco lograron superar la ronda inicial. Amador Palma no pudo terminar la prueba «infernal» de 10.000 metros cross, mientras Gabino Lizarza protagonizaba una curiosa anécdota, al negarse a actuar en calzón corto, llegando a amenazar con retirarse. Quizás este incidente influyera negativamente en su estado de ánimo, pues el «discóbolo» guipuzcoano sólo lanzó 34,20 metros, marca sumamente baja, muy inferior a sus registros habituales. Y por último, cerrando la reseña de la segunda Olimpiada disputada en tierras galas, hay que referirse al fútbol. Actuación en este caso muy fugaz: un solo partido ante Italia, con derrota por 0-1. Y también en este caso el protagonista, aunque desgraciado, es vasco. Perico Vallana, el gran defensa del Arenas, único superviviente del conjunto subcampeón de cuatro años atrás, era el autor, en propia meta, del fulminante gol transalpino. Junto a él estaban, además, Gamborena, Lamaza, José María Peña, Carmelo y Chirri I, por lo que la mitad más uno del equipo titular volvía a ser de origen euskaldún.
Amsterdam 1928. En Amsterdam se bate el récord de participantes vascos, de entre los juegos en que no ha habido exhibiciones pelotazales. Son 26 los deportistas, todos ellos con bandera española: 19 futbolistas, cinco atletas y dos jugadores de hockey sobre hierba. El equipo de fútbol es una auténtica selección vasca. Todos los hombres alineados, 15 en total, y cuatro de los suplentes, componen de hecho la selección de Euskadi. La actuación, sin embargo, volvió a ser bastante fugaz. Fue nuevamente Italia quien cerró el paso al elenco vasco, si bien los transalpinos se llevarían luego la medalla de bronce. El debut fue prometedor, con una goleada por 7-1 ante México, en la que Yermo hizo cuatro dianas. Luego, empate con Italia (1-1), con gol de Zaldúa. Y estrepitosa derrota por 1-7 en el desempate frente a los italianos. La base de aquella selección, totalmente «amateurs» cuando ya en España comenzaba el profesionalismo, tuvo que ser el legendario equipo de la Real Sociedad que disputó los tres finales de Copa de España contra el Barcelona en Santander. En la tercera y última, disputada, precisamente, al regreso de la Olimpiada, los donostiarras acusaron el desgaste físico y ello lo aprovecharon los profesionales catalanes para imponerse por 3-1. En atletismo se produce la tercera actuación de Diego Ordóñez, que a sus 24 años llega por tercera vez a los Juegos. Junto a él, Arturo Peña, Fernando Labourdette, Fernando Muñagorri y Jesús Oyarbide. Ordóñez será cuarto en la cuarta serie de los 100 metros lisos y quinto en la primera serie de 200, siendo eliminado en ambas pruebas. Arturo Peña fue séptimo en su serie de 5.000 metros; Labourdette, que saltó longitud, pese a ser especialista en los 400 metros, hizo un registro de 6,52 metros, sin poder pasar a la final; Fernando Muñagorri quedó tercero en la tercera serie de 100 metros lisos. Y estos dos últimos, Labourdette y Muñagorri tomaron parte del relevo 4 x 100, último en su serie. Cierra esta Olimpiada holandesa la referencia a J. Echevarri y Goicoechea, componentes del equipo de hockey hierba, que se clasificó séptimo. .
Los Angeles 1932. Un solo atleta y bajo bandera francesa nos representó en Los Angeles. Fue Clement Duhour, lanzador de peso del Biarritz Olympique, que tuvo acreditada una marca de calidad para aquella época (15,59), pero que al parecer no logró pasar a la final. Duhour alcanzaría luego fama en el campo de la producción cinematográfica, y sobre todo a raíz de su matrimonio con la actriz Bibianne Romance. Y fue Los Angeles quien vio ganar la maratón a un argentino de origen vasco: Juan Carlos Zabala. Y ausente el deporte vasco en la superpolémica cita berlinesa de 1936, en plena ebullición nazi, y suprimidas las de 1940 y 1944, a causa de la guerra mundial, se abre un largo paréntesis hasta Londres, 16 años más tarde.
Londres 1948. Tan sólo media docena de hombres componen el grupo vasco, todo él de este lado de la muga, a la Olimpiada de Londres, llena de reminiscencias de postguerra. Son tres atletas, Juan Bautista Adarraga, Pedro Apellániz y Félix Erausquin; dos boxeadores, Agustín Argote y Alejandro Arteche, y un hockeista, Juan del Campo. Adarraga, de la saga de grandes deportistas hernaniarras, fue séptimo en la tercera manga de la primera eliminación de 800 metros lisos, con una marca oficiosa de 1-55-7. Tenemos nuestras dudas sobre si llegó a correr también los 1.500, pero en todo caso tampoco pudo seguir adelante. Pedro Apellániz lanzó la jabalina 54,93 metros, lo que no le sirvió de nada, en tanto que suerte parecida corrió Félix Erausquin en disco, con 43,67 metros. No obstante, hay que referirse a este último, gran atleta de Ceánuri, que adaptó la técnica del lanzamiento de la barra vasca, esto es, dando vueltas, a la jabalina, sistema con el que pulverizó todos los récords. Sin embargo, la Federación Internacional no homologó esta técnica que Miguel de la Quadra-Salcedo, el famoso reportero de televisión, dio a conocer allá por 1956 en París, cuando no faltaba mucho para la Olimpiada de Melbourne. De los boxeadores, justo sabemos que acudieron sin tener más datos sobre su actuación, que de todas maneras no debió ser muy brillante. Como tampoco lo fue la del equipo hispano de hockey-hierba, en el que figuraba Juan del Campo. Y después de la segunda Olimpiada londinense se abre otro nuevo paréntesis para nuestros deportistas, que no acudieron a Helsinki (1952) ni a Melbourne (1956), en este último caso, y por lo que respecta a los del Estado español, debido al boicoteo parcial motivado por la intervención soviética en Hungría.
Roma 1960. En Roma se retoma a una regularidad en las actuaciones y los Juegos inician su período de mayor esplendor. Nuestros deportistas acuden en número de 17, todos ellos con colores hispanos -esto es ya una constante hasta la fecha-. Dos hechos son destacables: la medalla de bronce conquistada por Luis Mari Usoz, Rafael Eguskiza y Perico Murua, con la selección de hockey sobre hierba, y la presencia de un «outrigger» de ocho remeros, todos ellos del Ur-Kirolak de San Sebastián, que ganaron su condición de olímpicos por ser a la sazón campeones de España. Los hockeistas alcanzaban la tercera plaza tras de India y Pakistán, superando las previsiones de los más optimistas. De salida, les tocó enfrentarse con Gran Bretaña, una de las favoritas, con quien empataron a cero en partido del grupo D de clasificación. Con triunfos sobre Suiza (5-1) y Bélgica (3-1), el equipo hispano se proclamaba vencedor del grupo, pasando a los cuartos de final. En éstos ganaba a Nueva Zelanda, tras prórroga, por 1-0. La única derrota se producía ante Pakistán, luego campeona, rompiendo el pronóstico ante la India, a quien derrotó en la final. La mínima derrota (10), dejaba a nuestros representantes fuera del partido cumbre, pero la medalla de bronce podía conseguirse, a pesar de que la Gran Bretaña, precisamente el primer rival de la competición, cerraba también la actuación de España. Y pese a que el marcador se les pone en contra, la selección, con abrumadora mayoría catalana, pero con Egúskiza y Murua entre los titulares, logra imponerse por 2-l, alcanzando así el tercer peldaño del podio. Por el contrario, el «ocho» del Ur-Kirolak, compuesto por Iñaki Alkorta, José Luis Almandoz, Faustino Amiano (timonel), José Mari Arístegui, Santiago Beitia, José Ibarburu, Manuel Ibarburu, Jesús Leiceaga y Trinido Vaqueriza, no puede pasar ni la primera eliminatoria ni las repescas. En atletismo, se produce el debut de Luis Felipe Areta, el mejor atleta vasco en competición olímpica, con tres participaciones y un sexto lugar. Sin embargo, en Roma, con saltos inferiores a 7,40 en longitud y 14,90 en triple, quedó eliminado, lo mismo que el martillista José Luis Falcón, que no obstante batió su propio récord de España (57,24 metros). Y Pepe Fernández, en los 3.000 obstáculos corre idéntica suerte, tras ser octavo en la segunda serie. José Mari Errandonea, en ciclismo, se convierte en el primer «pistard» vasco de todo el historial, sin que lograra pasar ni la primera eliminatoria ni la repesca subsiguiente. Momeñe, era 16.° en la prueba individual de fondo en carretera, en la que Astigarraga entraba el 57, formando parte ambos, además, del equipo de España, que fue octavo en la contra-reloj. Juan Manuel Alonso-Allende y Gabriel Laiseca eran 12.° en vela, clase «star», y Angel Cuetos, el primer y único representante vasco en lucha grecorromana. Emiliano Rodríguez, leonés de nacimiento, forjado baloncestista en el Aguilas bilbaíno, pero madridista de pro, ocupaba lugar en la primera representación del baloncesto hispano.
Tokio 1964. Once fueron en total los vascos en la Olimpiada de Tokio (1964). Los atletas (3), Luis Felipe Areta, Fernando Aguilar e Ignacio Sola; los ciclistas (3), R. Goyeneche, José Manuel Lasa y Luis Pedro Santamaría; los jugadores de hockey-hierba, Julio Solaun y Luis Mari Usoz; el boxeador, Agustín Senín; el balandrista, Juan Olábarri, y el nadador, José Miguel Espinosa. Lo más notable corrió a cargo de Luis Felipe Areta, sexto en longitud, con 7,34 metros en la final tras saltar 7,46 en las eliminatorias. En triple salto que era su especialidad, no logró ser finalista. Fernando Aguilar, que marchaba bien clasificado, se retiró inexplicablemente en la prueba de 5.000 metros, mediada la carrera. Fue 12.° en la segunda serie de 10.000 metros, quedando asimismo apeado. Ignacio Sola, por su parte, llegó a la final, tras superar en la primera fase los 4,60 metros. Luego hubo de conformarse con 4,40, por haberse movido el listón, aunque sin terminar de caer, en los 4,60. Su puesto fue el 15.°. En hockey-hierba esta vez España quedó a las puertas del bronce, que perdió frente a Australia (3-2), tras perder en semifinales ante Pakistán (3-0). Sin mayor relevancia el resto de las actuaciones, salvo el duro combate de boxeo de Senin con el italiano Zurlo, quien ganó a los puntos.
México 1968. La nueva presencia de la pelota en estos Juegos hace que la nómina de nuestros representantes ascienda a 20, de los que 18 son pelotaris. A esta modalidad, de nuevo en exhibición, nos referiremos al final del capítulo. Lo más notable en el terreno del atletismo corrió a cargo de Ignacio Sola, que tras clasificarse entre los 14 finalistas con 4,90, superó sucesivamente en la final los 4,80 metros y sin dificultades los 5, 5,10 y 5,20. Y como era el primer saltador de la fase definitiva, este 5,20 le valió poseer la plusmarca olímpica, aunque sólo durante media hora, tal y como nos referíamos al comienzo de este trabajo. Areta, por su parte, no tomó parte más que en triple salto, prueba en la que fue 12.°, con l5,75 metros, aunque en las eliminatorias había superado los 16,19. Javier Ciáurriz, José Mari Igartua y el meta suplente Andrés Mendieta formaban parte del equipo de fútbol, que perdió (0-4) ante México en cuartos de final, tras de haber quedado imbatido en su grupo. Miguel Mari Lasa fue 42.° en fondo en carretera y 11.° por equipos con España, mientras Luis Zubero era 28.° en la primera de estas pruebas. En hockey-hierba (España 6.°) un solo vasco, Rafael Camiña. Y el remero lekeitiarra Angel Urtutia tomaba parte en la prueba de dos con timonel. Alonso-Allende, padre e hijo, eran 18.° en vela, clase «star». En pelota se dieron cita esta vez hasta siete países (México, España, Francia, USA, Argentina, Uruguay y Filipinas) en cuatro modalidades (pelota a mano, paleta cuero, cesta punta y frontenis). El palmarés de nuestros pelotaris fue: Cesta punta: Beascoechea, Gonzalo (España), medalla de oro, con 14 años. Etcheberry, Fourneau, Borra y Camy (Francia), medalla de plata. Mano parejas: Esquisábel y Basabe (España), medalla de oro. Etchegoin, Lissar, Arbillaga y Minondo (Francia), medalla de plata. Paleta cuero: P. Bareitz y J. Berrotarán (Francia), medalla de oro. Ancizu, Caballero y Casado (España), medalla de plata. Frontenis: Miguel Irigaray y Juan José Lersundi (España), medalla de bronce. El oro fue para México, la plata para Argentina, mientras Francia, cuyo equipo desconocemos, fue quinta. Las selecciones de España, Francia, México y Estados Unidos actuaron en las cuatro modalidades. Argentina y Uruguay sólo en frontón corto, y Filipinas únicamente en las de largo.
Munich 1972. En Munich (1972), la participación se redujo a ocho miembros, cuatro en hockey-hierba: Josetxo Alústiza, Alberto Carrera, Rafael Camiña y Agustín Churruca. Un ciclista, Javier Elorriaga. Un balonmanista, Santos Labaca, y un representante en tiro olímpico, Miguel Marina.De ellos, sin duda, el más destacado fue Alberto Carrera, portero de la selección española, que luego sería convocado para una selección mundial. El equipo en sí obtuvo una discreta séptima plaza. Miguel Marina se clasificó undécimo en «skeet» y Javier Elorriaga, décimosexto en la prueba de fondo en ruta. Sarría, quien tenía marca mínima acreditada en los 200 metros lisos, no corrió incomprensiblemente esa prueba. Sí que lo hizo en el relevo 4 x 100, con Sánchez Paraíso y Carballo, entre otros. En una carrera que iba para medalla, una precipitación del último de los citados hizo que se saliera de la zona de relevo, perdiendo así una gran ocasión. Años más tarde, Juan José Prado, en Los Angeles, y Valentín Rocandio, en Seúl, vivirán análogas experiencias negativas en pruebas de relevos, tal y como veremos más adelante. Por último, Santos Labaca formó parte del debut olímpico del balonmano español, bien desafortunado por cierto: penúltimo, dejando detrás tan sólo a Túnez.
Montreal 1976. Si pobre fue la actuación en Munich, no resultó mucho mejor la de Montreal, a pesar de que el número de participantes se elevó a 10, además del árbitro de fútbol Emilio Guruceta y los jueces de remo, Iñaki Eguíbar, y de ciclismo, Juan José Garayalde. Ramón Cid, el único atleta, tuvo mala fortuna, pues tras superar en el primer intento los 16 metros y cuando se vislumbraba que podría superar los 16,30 exigidos, hizo dos saltos nulos y dijo un triste y precipitado adiós. La vela ofreció la mejor clasificación en la persona de José Benavides, séptimo en la clase «flying dutchman», si bien era el cántabro Abascal el que tenía más peso específico en el conjunto de la tripulación. En tiro olímpico, Esteban Azkue decepcionó con su novena plaza en foso, ya que se esperaba más de él. Y en la prueba de fondo en ruta de ciclismo, las clasificaciones no pasaron de una gris discreción: 32. Rafael Ladrón de Guevara y 33. Juan José Moral. Se retiró Paulino Martínez. Por lo que respecta a los deportes de equipo: Alberto Carrera y Agustín Churruca mejoraron en un lugar su actuación de Munich, ya que España fue sexta. Y como final, en fútbol, con dos derrotas en otros tantos partidos (1-2, ante Brasil y 0-1 ante la Alemania Democrática, luego campeona), Santiago Idígoras mareó ese único tanto a los brasileños y Luis Arconada, con tan sólo 21 años, fue, al menos, consolidando las bases de la que luego sería su largo experiencia internacional.
Moscú 1980. Los Juegos de Moscú (1980) estuvieron marcados por el boicoteo promovido por las autoridades políticas de los Estados Unidos, como protesta a causa de la invasión de Afganistán por parte de la Unión Soviética, boicoteo que fue apoyado por 57 países. Afortunadamente, España optó por la participación, lo que permitió completar a algunos deportistas vascos una lucida y prometedora actuación. Lo mejor fue la cuarta plaza del remero sanjuandarra Luis Mari Lasurtegui dentro del cuatro con hispano, completado por Isidro Martín, Salvador Vergés, Manuel Bermúdez y el timonel catalán Sabriá. Destacada fue, asimismo, la actuación del doble scull compuesto por los vascos José Luis Korta, de Orio, y José Ramón Oyarzábal, de Oyarzun, quienes ganaron la pequeña final, o lo que es lo mismo, se alzaron a la séptima plaza. Lejos quedaba la primera y muy modesta experiencia de los hombres de Ur-Kirolak en Roma (1960), pero lo mejor aún estaba por llegar. También fue cuarto el bilbaíno Juan Manuel López Iturriaga con la selección hispana de baloncesto, que perdió el bronce frente a la URSS en el encuentro decisivo. En balonmano, España obtuvo un excelente quinto lugar, en cuya consecución participaron cuatro guipuzcoanos: José María Pagoaga, Jesús María Albisu, Juan José Uría e Ignacio Novoa. Los guipuzcoanos Roberto Cabrejas y Ramón Cid componían la representación en el deporte-rey, el atletismo. El primero, logró pasar a la final de salto de altura, después de batir su propia marca personal de 2,21 , mínima que se exigía para seguir adelante. Pero en la víspera de la final, una gripe mermó las facultades del saltador andoaindarra, que no pudo superar más que 2,10 metros, lo que le relegó al lugar número 16, último de los finalistas. Cid, por su parte, con un triple salto 16,20 metros, se quedó a 35 centímetros de la mínima exigida para alcanzar la final y su paso por la olimpiada moscovita fue tan decepcionante como el de cuatro años antes en Montreal. En vela, José Benavides, esta vez como segundo del montañés Gorostegui, repitió su séptimo lugar de los juegos canadienses, si bien entonces lo había hecho en la clase «flying dutchman» y esta vez en star. El nadador bilbaíno Ramón Lavín, que actuó en cuatro pruebas (100 y 200 metros libres y los relevos 4 x 100 y 4 x 200) completó, en todos los casos, clasificaciones inferiores a los registros que tenía previamente acreditados. Por último, el equipo de fútbol de España, con Agustín Gajate, de la Real Sociedad, y Santiago Urkiaga y Miguel De Andrés, del Athletic de Bilbao, comenzó con buen pie, al empatar con la República Democrática Alemana, campeona en ejercicio y subcampeona en los propios Juegos de Moscú. Pero lo tiró todo por la borda con otros dos empates, éstos incomprensibles, ante equipos considerados entonces tan poco relevantes como Argelia y Siria. En este deporte y dentro del modesto equipo de Venezuela, destacó la actuación del joven ariete Iker Joseba Zubizarreta, que hacía ostentosa gala de su origen euskérico. Otro futbolista vasco-venezolano, de apellido Añor, se dejó sentir bastante menos.
Los Angeles 1984. Esta vez el boicoteo, como era de esperar, vino del bloque del Este, en correspondencia a lo sucedido cuatro años antes. Los soviéticos y los países de su órbita política organizaron, además, unas competiciones alternativas, bajo el título genérico de Juegos de la Amistad, en la que se dieron un buen número de marcas mejores que las que sirvieron en Los Angeles para subir al podio. O sea, que en este caso el boicoteo fue activo y ejemplificador. Y esa toma de postura de las grandes potencias deportivas socialistas benefició la consumación de lo que, en cualquier caso, debe considerarse como la mejor actuación olímpica vasca desde las hazañas futbolísticas de Amberes, 64 años antes. Dos medallas de plata fueron lo más reseñable de una espléndida cosecha general de resultados. Esas medallas retornaron colgadas en el pecho del remero Luis Mari Lasurtegui y del baloncestista Juan Manuel López Iturriaga, quienes, como acabamos de ver, ya habían estado a punto de subir al podio en Moscú. López Iturriaga formaba parte del equipo de España de baloncesto, deporte en el que, sin duda, la ausencia de la Unión Soviética descartaba a un posible rival. Pero no hay que olvidar que para acceder a la final, los hombres de Díaz-Miguel hubieron de eliminar, entre otras, a la selección de Yugoslavia, siempre cualificada aspirante al título. Canadá, Uruguay, Francia, China y Australia, fueron otros jalones del camino hispano hacia la final. En ella caerían por un amplio, a la vez que esperado, 96-65 ante los anfitriones de Estados Unidos, que ya les habían vencido en el grupo de la fase previa por un similar 101-68. En dicha selección estaba también otro jugador de apellido vasco y origen vizcaíno, pero catalán a todos los efectos, desde el punto de vista deportivo: Nacho Solozábal. Si en el conjunto del Estado español, ésta fue la medalla más celebrada, pues no en balde el baloncesto es el principal deporte de equipo que se disputa en los Juegos, donde el fútbol no adquiere el relieve de un Mundial; en Euskadi, sin duda ninguna, el éxito de Luis Mari Lasurtegui fue acogido con muchísimo mayor júbilo. El remo, un deporte tan arraigado en el País Vasco, donde, sin embargo, costó mucho aceptar la modernidad del olímpico banco móvil, obtenía así el premio a una gran labor que se había venido desarrollando desde casi una década antes, pero que sólo había cristalizado en la consecución de campeonatos mundiales ligeros. Ya en Moscú, como hemos repetido, Lasurtegui se quedó en el umbral del podio, en el cuatro con. Dos años más tarde, en dos sin, el propio Lasurtegui, con su compañero de club José Ramón Oyarzábal -recordemos, séptimo de esta modalidad en 1980, junto a Korta-, volvió a alcanzar el cuarto lugar en el Mundial celebrado en la ciudad suiza de Lucerna ( 1982), aunque un año más tarde, en Duisburgo (Alemania Federal), cayeron hasta el sexto. Todo parecía indicar que serían los dos bogadores del Club Kostape, de Pasajes de San Juan, quienes afrontarían la prueba olímpica. Pero pocos meses antes de los Juegos, los técnicos detectaron que aquel bote no funcionaba. Patxi Sarasúa, responsable a la sazón, decidió con no demasiados días de antelación, sacrificar a José Ramón Oyarzábal y poner en su lugar a Fernando Climent, un remero sevillano, de condiciones físicas de ligero, pero de una extraordinaria calidad técnica. Anecdóticamente, señalemos que Climent también había llegado a bogar en la trainera de Orio. La medida fue tan precipitada que la primera competición para el recién creado tándem fue, precisamente, la primera eliminatoria de los Juegos Olímpicos. Y, sin embargo, llegaron a la final sin demasiados problemas. En ella, sus principales rivales «a priori» eran Noruega, que apenas un mes antes había batido en Lucerna incluso a dos de las grandes potencias ausentes: la URSS y la RDA, y Rumanía, que había superado a la pareja vasco-andaluza en las semifinales. Tampoco debían olvidar a Alemania Federal, que también les había ganado en la primera serie eliminatoria. En esas circunstancias, incluso el bronce parecía un resultado para haberlo aceptado de antemano. Sobre la preceptiva distancia de 2.000 metros, los rumanos salieron a romper la regata. Los noruegos trataron de soportar su fuerte ritmo. Lasurtegui y Climent eran terceros al cumplirse el primer cuarto. Pero los escandinavos fueron cediendo en su empuje, al ver que no podían soportar el ritmo de Rumanía -el único país del bloque soviético de Europa que no se sumó al boicoteo-. Mediada la regata, el sanjuandarra y el sevillano ya eran segundos. Y a falta de quinientos metros todo estaba ya visto para sentencia. La clasificación final fue: 1.° Rumanía (Yosub y Toma), 6'-45" 39/100. Medalla de oro. 2.° España (Lasurtegui y Climent), 6-48-47. Medalla de plata. 3.° Noruega (Grepperud y Loken), 6-51-81. Medalla de bronce. Los diplomas olímpicos fueron, por este orden, para Alemania Federal, Italia y Estados Unidos. José Ramón Oyarzábal, bogando en solitario en la modalidad de skiff, se clasificó en el undécimo lugar, después de alcanzar la pequeña finad, o final de consolación. Del resto de las actuaciones de deportistas vascos en estos Juegos, hay que destacar las sextas posiciones alcanzadas por el halterófilo navarro Dionisio Muñoz, en la categoría de 26 kilos, y el piragüista guipuzcoano Pedro Alegre, en la prueba de 1 .000 de la modalidad de K-1. Ambos obtuvieron el consabido diploma olímpico, que a partir de estos Juegos se hizo extensivo también a los puestos séptimo y octavo. Y de ello se benefició el nadador navarro Ricardo Aldabe, séptimo en la prueba de 200 metros espalda. Su compañero guipuzcoano Harri Garmendia llegó a tomar parte incluso en tres competiciones, en las que mantuvo discreta regularidad. Fue 15.° en 200 metros mariposa, 19.° en 200 m. estilos y 20.° en 100 mariposa. En balonmano, España se clasificó octava, de nuevo con Juanjo Uría y Nacho Novoa en sus filas. Otro halterófilo alavés Fernando Mariaca fue duodécimo en la categoría de 65,5 kilos, en tanto que Joaquín Valle quedó eliminado en la segunda ronda. Dentro de la pobre actuación ciclista, hay que señalar la participación y el abandono del navarro Miguel Indurain en la prueba de fondo en carretera, más que nada por el relieve que ha llegado a tener posteriormente en el mundo del ciclismo profesional. Y, por último, en atletismo, la representación no pudo ser más desdichada. Un solo atleta, el donostiarra Juan José Prado, fue seleccionado para la prueba de relevos 4 x 400 metros. Como se estimaba que la primera ronda era fácil de superar, se reservó a Prado para las semifinales, previstas para la tarde del mismo día. Con tan mala fortuna que el cuarteto hizo una marca mucho peor de lo que cabía esperar. España quedó eliminada y así, Juan José Prado se convirtió en un involuntario espectador de lujo.
Seúl 1988. Superados ya los aún recientes tiempos de confrontaciones entre los bloques políticos, los Juegos Olímpicos de Seúl (1988) recuperaron el carácter universal que nunca debían haber perdido. Aunque en esta ocasión, fue el escándalo del doping, desencadenado a raíz del caso Ben Johnson, el que oscureció la causa del deporte mundial. Por primera vez en la historia, hubo representación vasca femenina y por partida doble: las atletas Maite Zúñiga y Blanca Lacambra. Y fue precisamente Maite Zúñiga la que salvó la pobrísima actuación en conjunto de los deportistas vascos. Ella, nacida en Eibar, pero formada atléticamente en Vitoria, alcanzó nada menos que la final de 800 metros lisos, en la que se clasificó séptima, lo que le supuso un diploma olímpico. Era la mejor clasificación atlética vasca, desde el sexto lugar cosechado por 'Pipe' Areta 24 años antes, también en el Extremo Oriente y más concretamente en Tokio (1964). Otra alavesa, Blanca Lacambra, corrió peor suerte en su debut olímpico, al caer eliminada en los cuartos de final de los 400 metros lisos. Y si en Los Angeles, Juanjo Prado se había quedado sin estrenarse en la prueba de 4 x 400 metros, como hemos visto poco más arriba, algo similar le ocurrió a Valentín Rocandio en la de 4 x 100 de la Olimpiada coreana. Rocandio sí que estuvo en la pista. Pero el defectuoso relevo entre sus predecesores Florencio Gascón y Enrique Talavera, produjo su descalificación, por lo que el relevista donostiarra no llegó a correr. La chusca historia, en una versión con pequeñas variaciones, se había vuelto a repetir. El remo, que tan destacado papel había completado en Moscú y especialmente en Los Angeles supuso un enorme fracaso, no por temido menos triste. En Seúl afloraron públicamente los larvados enfrentamientos que se habían ido macerando desde varios meses atrás. Nunca se sabrá si el mal ambiente vino dado por la previsión de malos resultados, o si fue precisamente la falta de armonía lo que produjo una defectuosa preparación. El caso es que cuando las eliminaciones se consumaron, los unos se echaron las culpas a los otros, pero nadie se mostró sorprendido. Lasurtegui y Climent, que defendían el subcampeonato brillantemente conquistado en Los Angeles, fueron incapaces de superar la primera ronda, ni tan siquiera en las repescas. Similar suerte corrieron José Ramón Oyarzábal, José Luis Aguirre y Bartolomé Alarcón, componentes, junto a Enrique Briones, en cuatro sin. En baloncesto, ocurrió algo parecido. De la plata californiana se pasó a una más que decepcionante octava plaza. Esta vez la representación vasca fue más indirecta que otra cosa. Ya se apuntó más arriba el origen éuskaro, pero la catalanidad deportiva de Nacho Solozábal. En esta ocasión, habría que añadir que Josetxu Biriukov Aguirregaviria debe su nacionalidad española a la condición vasca de su madre, exiliada a Rusia cuando niña, en tiempos de la Guerra Civil Española. Juan José Uría y Miguel Angel Zúñiga formaron parte de la selección de balonmano, que fue a por medalla y se encontró postergada a una novena plaza que supuso el descenso de categoría. Reseñamos, no obstante, que con su tercera presencia olímpica consecutiva, Uría igualó el récord de los atletas Diego Ordóñez y Luis Felipe Areta, compartido con el futbolista Pedro Vallana. Xabier Isasa y José Antonio Martiarena participaron, en el sentido más estricto, en la prueba de persecución por equipos. Por si el pobre balance general fuera poco, para colmo el halterófilo alavés Fernando Mariaca, que había obtenido un prometedor duodécimo lugar cuatro años antes, se vio implicado en un caso de doping, al parecer por una negligencia de su médico. Fue descalificado. Cuando realizamos esta puesta al día de la historia del olimpismo éuskaro, nos hallamos cerca de los próximos Juegos Olímpicos, los de la XX Olimpiada de la Era Moderna, que se celebrarán en Barcelona en 1992.-G. R. A.
Barcelona 1992. La presencia del deporte de la pelota, invitada como deporte de exhibición, hizo que la representación vasca rayase a gran altura en los Juegos Olímpicos de Barcelona, con un saldo de 30 medallas, además de varios diplomas olímpicos. De entre ellas, 14 fueron de oro, otras ocho de plata y cuatro de bronce.

Que España organizara los Juegos permitió la presencia de deportistas estatales en todas las disciplinas, lo que benefició también a la representación vasca, formada, por ochenta deportistas (16 mujeres) que participaron en un total de 18 deportes. Lógicamente, el deporte que contó con más deportistas vascos fue la pelota, con 25. Es decir, de los 526 componentes del equipo español, ochenta eran de Euskadi. Además habría que añadir los vascos integrantes del equipo francés con varios miembros de Iparralde (País Vasco de Francia), así como algunos representantes de equipos sudamericanos. En la delegación chilena, se encontraba el tirador de skeet Alfonso de Iruarrizaga (plata en Seúl) y entre los pelotaris del equipo venezolano había nombres vascos como Iker Odriozola Meabe, Unai Arrue Arburua y Kemen Bilbao Garmendia. Todos coincidieron en la Villa Olímpica, aunque no pudieron coincidir en el mismo equipo, aunque muchos quisieran que algún día Euskal Herria esté representada como tal en unos Juegos y asimismo que el deporte de la pelota forme parte definitivamente cada cuatro años en estas competiciones.

En atletismo estuvieron Martín Fiz, Diego García, Cristina Castro, Amaia Andrés y Maite Zuñiga que repitió una magnífica actuación en la final de los 1500 metros al acabar la carrera en sexta posición, e igualmente el éxito de los Juegos de Seúl'88 de ser la única mujer del equipo estatal que accedía a una final.

Repitieron también presencia olímpica en sus especialidades Matute (doma clásica, en hípica), Axpe (tiro olímpico) y el alavés Fernando Maríaca (halterofilia). En vela compitió el vizcaino Asier Fernández de Bobadilla (quedó sexto en la clase Lechner); en baloncesto, el jugador de origen ruso y de madre vasca Josetxu Biriukov Aguirregaviria; en boxeo, Oscar Vega y Sergio Rey; en taekwondo, Juan Solís (medalla de plata en peso medio); en fútbol, Mikel Lasa y David Billabona (medallas de oro con el equipo de España); en voleibol, Rita María Oraá y en lucha, Laureano Atanes, Francisco Sánchez y Pedro Villuela.

Mención especial merecen las chicas del hockey hierba femenino: Silvia Manrique, Teresa Motos, Maider Tellería y Nagore Gaballanes, jugadoras de la Real Sociedad, base de la selección y sorprendentes medalla de oro. Ellas fueron las cuatro vascas entre las 16 que subieron al podium que colaboraron en la consecución del oro del conjunto español de hockey sobre hierba.

Los deportes del balonmano, ciclismo, remo y piragüismo fueron disciplinas con varios representantes. En balonmano, Mateo Garralda, Aitor Etxaburu, Iñaki Urdangarin, Jasone Díaz de Guereñu, Karmele Makazaga y Amaia Ugartemendia. En ciclismo estuvieron Ainhoa Artolazabal, Álvaro González de Galdeano y David. García; en remo, Melquíades Verduras, Josu Andueza, Juan María Altuna, Garikoitz Azkue, Xabier Cano e Ibon Urbieta y en piragüismo, María Eizmendi, Xabier Etxaniz y Cristina Martínez.

Finalmente, hay que citar dos deportes, el béisbol y la pelota. España no destaca en béisbol pero como país organizador pudo tomar parte en esta especialidad y la mitad de la selección estaba conformada por vascos. En concreto, estuvieron cinco vizcaínos y seis navarros.

La pelota vasca retorna a los JJ.OO. 24 años más tarde.

La pelota, un deporte tan relacionado con la cultura y vida de los vascos, reportó un ramillete de medallas. Hubo que esperar 24 años para que, tras su presencia en México en 1968, fuera de nuevo deporte de exhibición. Regresó como deporte de exhibición con la presencia de deportistas aficionados, y lógicamente eran vascos casi el cien por cien de los representantes estatales con cuatro vizcainos, trece navarros, dos alaveses y cinco guipuzcoanos. Sin contar con los de Iparralde, como por ejemplo Philippe Irigoyen (plata en mano individual) o Carlito Arenas (pelotari de trinquete bronce en la especialidad de paleta con pelota de cuero), y los de otras delegaciones como los pelotaris de Venezuela. Los pelotaris vascos mostraron su categoría indiscutible y su superioridad en las especialidades habituales en nuestros frontones. Pero en Barcelona estuvieron los mejores pelotaris aficionados, puesto que los profesionales, las grandes figuras, fueron los grandes ausentes. Hubiera sido sensacional ver una exhibición con los mejores profesionales de cesta punta, o que todo el mundo hubiese podido gozar del juego de los Retegui II, Galarza III, Unanue, Iturzaeta, Arrizabalaga I, Torre, Múgika I, Elizalde II, etc., sin embargo no pudo ser.

A continuación mencionaremos las medallas conseguidas por la delegación de Euskadi: oros de Josu Mugartegui "Atain", Juan Antonio Konpañon"Konpa", Celaya y Oiangura, en cesta punta; los de Lujanbio, Balerdi y Fernández, en mano parejas; los de Rubén Beloki y Bazeta, en individual, junto a los conseguidos por Insausti, Juan Pablo y Txiki, en la modalidad de paleta de cuero. Asimismo, Mendiluce, Altadil, Ubanell y Egaña, en paleta cuero, y Goñi, Larrañaga y Txoperena, en mano parejas de trinquete, brillaron con la consecución de la plata. En paleta de goma, Irizar, Eginoa, Sagarzazu y Pagoaga cosecharon el bronce.

Antton ANASAGASTI ARANA
Licenciado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte
Atlanta 1996. No tener derecho a participar sin clasificación previa en todos los deportes de equipo deja a España en la mitad de participantes en Atlanta respecto a Barcelona, de más de 80 participantes a unos 35. También influyó la ausencia de la pelota aunque fuera como exhibición. En cuanto a medallas, los de Atlanta fueron unos buenos Juegos para el deporte vasco ya que fueron varias las medallas recogidas.

Las chicas de oro del hockey en Barcelona'92 no tuvieron suerte y no cosecharon buenos resultados en Atlanta. Sin embargo, sí que subieron a recoger el preciado metal las alavesas Estíbaliz Martínez, Lorena Guréndez y Tania Lamarca, componentes del equipo estatal de gimnasia rítmica por conjuntos que se hizo con el oro.

Con el oro olímpico en sus manos, el equipo estatal de gimnasia rítmica logró ratificar una calidad que ya había demostrado en los Campeonatos del Mundo. Estas jóvenes vitorianas que entrenaban durante ocho horas diarias seis días a la semana, se impusieron a las favoritas del torneo, las búlgaras y las rusas, con un escaso margen de 70 milésimas.

En ciclismo, Induráin y Olano hacen historia con las medallas de oro y de plata respectivamente, en la prueba de contrarreloj individual. Consiguieron un doblete semejante al que hacía un año sucedía en el Mundial de Colombia, en el cual Olano logró el oro e Induráin la plata en la prueba de fondo, aunque en esta ocasión las medallas tenían mayor relevancia al ser una prueba olímpica en la que estaban los mejores en la especialidad. Induráin, a pesar de su traspié y amarga conclusión de su último Tour, se resarció en cierta medida con un oro autoritario. Para Olano era su primera participación olímpica con 26 años. Induráin, en su segunda participación olímpica, recorrió los 52,2 kilómetros en una hora, cuatro minutos y cinco segundos, doce menos que Abraham Olano.

En balonmano, la selección española logró el tercer puesto olímpico (medalla de bronce). Entre sus integrantes se encontraban los vascos Aitor Etxaburu, Josu Olalla, Iñaki Urdangarín y Mateo Garralda, que vieron así recompensados los cientos de horas que han dedicado a este deporte. En piragüismo, la guipuzcoana Izaskun Aramburu y el vizcaino Gregorio Vicente fueron los únicos vascos que lograron clasificarse para la final. Izaskun, en su primera cita olímpica, obtuvo dos diplomas al clasificarse en sexta posición en K-2 500 y en K-4. Por su parte, el piragüista vizcaíno obtuvo diploma al clasificarse en quinta posición en el K-4.

En esta olimpiada algunos premios esperados se quedaron por el camino como fue el cuarto puesto en maratón de Martín Fiz, el mejor maratoniano de la década; Melquíades Verduras (remo, doble scull) que a tenor de sus últimas actuaciones mundialistas parecía con opciones a medalla desencantó al ser eliminado en la repesca; Maite Zúñiga, primera mujer estatal que llegó a una final olímpica, no pudo disputar su tercera final en Atlanta.

El atleta Fiz, campeón europeo y del mundo en la difícil especialidad del maratón, quedó decepcionado con su cuarto puesto porque no pudo colocarse lo que sería su tercera corona, la de campeón olímpico. A pesar de ser un buen puesto, se quedó a un paso de lograr un hito dentro del Atletismo mundial, conseguir en una temporada los tres máximos galardones del Maratón.

La selección de fútbol de Javier Clemente, con seis jugadores vascos en sus filas, quedó eliminada en los cuartos de final tras caer ante Argentina por 4-0. También inesperada fue la gran actuación de la joven vitoriana de 16 años Almudena Cid, que se quedó al borde del diploma olímpico (noveno puesto en gimnasia individual, por tan solo quince milésimas).

Los participantes de Atlanta por especialidades fueron los siguientes:
En atletismo, Martín Fiz, Diego García ( maratón), Maite Zúñiga ( 1.500 m), Cristina Petite (5000 m) e Iñigo Monreal (400 m. vallas).
En balonmano, Mateo Garralda, Josu Olalla, Aitor Etxaburu e Iñaki Urdangarin.
En ciclismo, Miguel Induráin y Abraham Olano ( contrarreloj). Joane Somarriba e Izaskun Bengoa ( fondo).
En fútbol, Sergio Corino, Jorge Aizkorreta, Gaizka Mendieta, Aitor Karanka, Iñigo Idiakez y Agustín Aranzabal.
En gimnasia rítmica, Almudena Cid ( individual); Lorena Guréndez, Estibaliz Martínez y Tania Lamarca.
En judo, José Tomás Toro.
En hípica, Juan Matute.
En hockey sobre hierba, Silvia Manrique, N. Gabellanes, Teresa Motos, B. Larzabal, M. Tellería y E. Urquizu.
En mountain bike, Jokin Mujika y Roberto Lezaun.
En natación, Jorge Pérez.
En piragüismo -aguas bravas- María Eizmendi, Xabier Etxaniz, Cristina Martínez y Esteban Arakama. Y en piragüismo -aguas tranquilas- Izaskun Aramburu y Gregorio Vicente.
En tiro olímpico -doble trap-, María Quintanal.
En remo, Melquiades Verduras.

Antton ANASAGASTI ARANA
Licenciado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte
Sydney 2000. Los últimos Juegos Olímpicos del siglo XX significaron para Vasconia seguir a un buen nivel en varias disciplinas olímpicas. Hay una amplia y variada representación vasca, siendo numerosa en los deportes del balonmano (Urdangarin, Olalla y Garralda), en hockey (Maider Tellería y Elena Urquizu), atletismo (Fiz, Odriozola y Miranda), gimnasia rítmica (Almudena Cid; L. Guréndez y B. Nogales), fútbol (Aranzubia: y Lacruz) o ciclismo (Somarriba y Olano).

Lógicamente, la presencia vasca fue menor en otras disciplinas, entre las que destacamos la participación en gimnasia deportiva de Alex Barrenetxea, que entró en la final; en triatlón del alavés Eneko Llanos; en judo de un vizcaino de padre japonés pero afincado en Bizkaia, Kiyoshi Uematsu; en halterofilia el guipuzcoano Jon Tecedor; en natación repitió presencia olímpica Jorge Pérez, y también Arakama y Eizmendi lo hicieron en piragüismo, donde también estuvo Jon Ergüin.

Las medallas brillaron por su ausencia, salvo en el caso de Joane Somarriba (plata), los tres balonmanistas (bronce) y los dos futbolistas (plata). Se contaba con Olano y Fiz, pero fueron cuarto y sexto, respectivamente.

Antton ANASAGASTI ARANA
Licenciado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte
Las sedes de los próximos JJOO. De nuevo tendrán como sede a Atenas los próximos Juegos que se celebrarán en el año 2004, allí se celebraron los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna en 1896. Y los Juegos Olímpicos del año 2008 tendrán lugar en Pekín, en la gran urbe china de 12 millones de habitantes. Se trata de una decisión histórica porque es la primera vez que el gran país asiático organizará unas Olimpiadas y la segunda que lo hace un país comunista, ya que Moscú las celebró en 1980, cuando era capital de la Unión Soviética.

Antton ANASAGASTI ARANA
Licenciado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte
Los vascos en los Juegos olímpicos de Invierno. A pesar de la falta de nieve e instalaciones adecuadas para la práctica del esquí en nuestro entorno, se sabe por ejemplo que la mayoría de los esquiadores guipuzcoanos practicaban y se iniciaban en el esquí en la sierra del Aralar. La primera guipuzcoana olímpica en deportes de invierno fue Silvia Del Rincón (su prueba preferida era el slalom especial), que tras correr dos copas del mundo consiguió el billete para los Juegos olímpicos de invierno de Albertville; también estaba la gran esquiadora vizcaína Ainhoa Ibarra Astelarra.

En los Juegos de Salt Lake City, hubo dos representantes vascos masculinos: Iker Fernández (snowboard) y Haritz Zunzunegi (modalidad de esquí de fondo). Iker no pudo obtener un buen puesto en la modalidad de half pipe.

Antton ANASAGASTI ARANA
Licenciado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte