Lexikoa

KOPLA ZAARRAK

Razón de la denominación. Con este nombre de kopla zaarrak, trata el pueblo de contraponer este género poético al de los bertso berriak. Pero esta contraposición, en realidad, no afecta más que a la fecha de la producción de las kopla y bertso. No al modo de la producción, ni tampoco a la técnica característica de ambos géneros. Las kopla zaar se usan principalmente en las rondas nocturnas de postulación (Navidad, Año Nuevo, Santa Agueda, Carnaval, San Juan) y en el baile de la pandereta, y casos similares. Y aun cuando en su mayor parte hoy se cantan de memoria, sin embargo cuando se cantaron por primera vez, debieron ser improvisadas como lo son hoy algunas veces. Esto en lo que afecta al modo de la producción. Si nos atenemos a la técnica de la kopla, ella en su mejor parte es la misma que la de una estrofa de bertso berriak. Pero si nos queremos ceñir al ritmo del discurso poético, hallaremos una movilidad del pensamiento, mejorada en las kopla zaar con respecto a los bertso berri. El desarrollo del argumento es también más fragmentario en ellas; la hilación de copla a copla más cortada, más incoherente; incoherencia que se observa no sólo entre copla y copla, sino aún y constantemente, dentro de una misma copla, entre su primera y segunda mitad.
Técnica de la copla. Cada copla tiene de ordinario cuatro versos; de los cuales los dos primeros encierran característicamente una idea poética, una ficción pintoresca, un golpe de imaginación, un rasgo bello tomado de la naturaleza o del arte; mientras los dos últimos contienen una idea más prosaica, más vulgar, aunque también más intencionada. Esta técnica favorece de un modo especial al postulado aquel que señalamos antes, de reservar para el fin de la copla la parte más fuerte de la misma, contribuyendo esto en gran manera al efecto de sorpresa, que tan bien cuadra al fin de la estrofa en el género popular. De este modo la primera parte viene a ser un rasgo que al parecer nada tiene que ver con la segunda, donde como hemos dicho se halla el asunto del cantar. Ella parece estar concebida más bien en plan de marco y encuadramiento del asunto del cantar, asunto que propiamente se encierra en la segunda parte. Y concebida de este modo, dicha primera parte no parece tener más función que realzar por cierto contraste el asunto de la segunda, sin necesidad por lo mismo de tener con ella otra relación alguna. De ahí que casi siempre ambas partes parezcan completamente incoherentes entre sí.
Incoherencia aparente y cohesión real. De esta incoherencia entre las dos partes de la copla, decimos que es más aparente que real. Veámoslo. Incoherencia es sinónimo de falta de relación. A los que nos hallamos educados en los principios de la poética horaciana, nos parece que no existe relación alguna entre la primera y la segunda parte de la kopla zaar. Esta relación, sin embargo, debe de existir, desde luego que el pueblo la percibe. Si no la percibiese, él repudiaría dichas coplas, de igual modo que suele repudiar las de los malos bertsolaris como los históricos Juxto y Longinos, que ensartaban sus versos sin tener en cuenta el postulado de la debida cohesión de los mismos. Nosotros podemos no percibir dicha relación, porque a priori la buscamos de un orden transcendental, racional, relación filosófica, científica (relación como dijimos ya, de efecto a causa, de parte a todo, de antecedente a consecuente, de principio a conclusión, y como quien dice, de esencia a esencia); y ciertamente esta relación falta muy frecuentemente entre las partes de una copla. El pueblo percibe, con todo, alguna cohesión entre dichas partes. Y es que a él lo mismo le da que dicha relación sea de un orden transcendental, racional, como que sea de un orden puramente sensible.
Relaciones de orden sensible. Entendemos por relaciones de orden sensible, las relaciones no transcendentales (de causa a efecto, de todo a parte, etc.); relaciones no de idea a idea, sino más bien de imagen a imagen, de impresión sensible a impresión sensible, «asociación» que dirían los psicólogos, mas no de ideas propiamente, sino «asociación de imágenes sensibles». Otras, simplemente, es que la relación está basada, no en algo inherente a las cosas que se cantan o al que las canta, sino en las circunstancias externas en que se canta. Un buen ejemplo de este último caso, lo tenemos en aquella kopla zaar de Nochebuena: «Astoak on dik oloa, idiak arto-lastoa... Pesta oietan edan dezagun, Petiri, ekar ardoa». («Bien le está al burro la avena, y al buey la paja de maíz... Bebamos en estas fiestas; Pedro, trae vino»). Trátase de un cantar de Nochebuena, como decimos. De ahí la presencia del buey y del asno en el cantar. El buey y el asno del Nacimiento. Nacimiento, es decir pesebre. Pesebre de pajas. Paja, avena, maíz... «Bien le está al burro la avena, y al buey la paja de maíz...». Pero el cantar es de los de ronda, de los de postulación. Hay que pedir algo... ¿Y qué cosa más natural que pedir un trago de vino en una taberna?... A la puerta de la de Pedro se hallan precisamente los rondadores en este momento... A ver, koplari, ¡cómo enjaretas un cantar de circunstancias! «Astoak on dik oloa... Petiri, ekar ardoa». «El buey y el burro están hartos de avena y paja... Nosotros estamos de sed... Pedro, trae vino». A este mismo propósito puede verse también otra copla. De ronda así mismo. De ronda de mozos. «Bortañuan eder giltza... (bis) Amorantiak ba'dabiltza. Nik ba'dizut baten itza... (bis) Zeñek beriak xerkatu bitza». («¡Qué bien está la llave en el postigo! ¡Qué bien la llave en la portezuela! Ahí andan (rondándose) los amantes. Yo tengo palabra de uno; que yo tengo promesa de uno... Busque cada cual su pareja»). Nada menos que toda una escena de importunos cortejadores, con todos sus incidentes, sugiere esta copla en el ánimo del baserritar que la escucha. De ahí la unidad y cohesión de sus desconcertantes partes. La cantora en cuya boca se pone este cantar, tiene diez amantes, según reza la copla que precede a ésta que analizamos. En este momento está ella en coloquio con aquél de los diez cuya palabra de casamiento tiene... De pronto siente con viva inquietud que los otros nueve la rondan, importunos, por el postigo... Pero no hay cuidado. La puerta se halla entornada y está echada la llave... La koplari, dominado el primer sobresalto, en pintoresco transtrueque lógico, canta: «Qué bien está la llave en el postigo. Que allá están los nueve rondaderos que me rondan. Pero cabe mí está aquél cuya promesa de casamiento tengo. De los demás, que cada cual busque su pareja». «Qué viento éste, más tibio! dice otro cantar de este mismo género- ¡Qué viento éste, más tibio! Vuela por el aire la hojarasca... Nobles gentes de esta casa, deos Dios buena noche». «Au aizearen epela! Airean dabil orbela... Etxe ontako jende leyalak, gabon Jainkoak diela!» También esta copla está hecha para rondas. Rondas nocturnas de Año Viejo, Carnaval, Santa Agueda, San Juan... La impresión por tanto de la noche pesa previamente sobre el ánimo del que canta y de los que escuchan. El fondo por tanto sobre el que se reciben las pinceladas de la primera parte, aun cuando en ella no se hable más que del viento sur, está formado por la imagen de la noche... Una noche que los rondadores se la desean muy feliz a la familia de la casa que en este momento rondan. Una de esas noches placenteras en que ráfagas de bienestar, en alas de un viento tibio, orean todo nuestro ser... De ahí la gran espontaneidad y naturalidad con que -al parecer de improviso brota al fin ese gabon Jainkoak diela («deos Dios buena noche») del último verso. El ambiente de la copla, desde el principio hasta el fin, constantemente es el mismo; el de una noche verdaderamente «buena». Un caso de copla cuya unidad y coherencia, más bien que en lo que se canta, ha de buscarse en el estado de ánimo del que canta, es aquella de aire tan maternal que dice: «Larrosatzuak bost orri daukaz klabeliñeak amabi... Gure aurtxua gura dabenak eskatu beio amari». («La rosita tiene cinco pétalos; la clavellina, doce... El que quiera nuestro niño, que se lo pida a su madre»). Tales son las relaciones, que, por llamarlas de algún modo, las hemos llamado de orden sensible, no racional, y cuya verdadera incoherencia en definitiva, si bien se observa, se reduce ordinariamente a una simple falta de elementos gramaticales de enlace entre las dos mitades de la copla, enlace cuya falta, por una parte, en nada ofende al oído un tanto acostumbrado, y por otra puede incluso llegar a constituir un magnífico resorte de concisión y energía, cualidades que por cierto forman una de las características más destacadas de nuestro coplario. Los casos de relación más puramente sensible, y para el gusto racional por lo mismo más endeble, son sin duda aquéllos en que la única trabazón existente entre la primera y la segunda parte de la copla, es la puramente acústica, relación que llamaríamos puramente de consonancia del verso («la fuerza del consonante»). Tal es, p. ej., la relación entre los versos: la oración del peregrino y cuando Jesucristo vino..., o la de aquella kopla zaar: «Eder zeruan izarra errekaldean lizarra... Etxe ontako Nagusi Jaunak urre gorriz du bizarra». («Qué hermosa que está en el cielo la estrella, y el fresno en el valle... El Señor Amo de esta casa tiene las barbas de oro»).
¿Mentalidad mágica en las coplas?. Es propio de la mentalidad mágica, atribuir el mismo valor, las mismas propiedades ontológicas, a las imágenes de las cosas que a las cosas mismas: a la imagen del bisonte, p. ej., y aun a la palabra «bisonte» que al bisonte mismo. Por eso, cuando dos imágenes se asemejan entre sí, sin más, para la mentalidad mágica las cosas por ellas representadas se asemejan también de igual modo. O cuando los nombres son, tienen que serlo necesariamente. Es decir, generalizando, en ese caso ambas cosas guardarán alguna relación la una con la otra. Así discurre la mentalidad mágica. Por lo mismo, cuando en una copla aparecen asociados dos elementos que entitativamente sabemos que están disociados pero que en dicha copla aparecen asociados nada más que porque sus nombres son parecidos entre sí, decimos que la copla está concebida y dispuesta con arreglo a una mentalidad mágica. Tal ocurre por ejemplo, en el caso de la copla que acabamos de citar en el párrafo anterior, donde las diversas partes están enlazadas entre sí puramente por la fuerza del consonante. En dicha copla, hay ciertamente alguna relación de semejanza objetiva que puede servir de enlace al primer verso con el final (Eder zeruan izarra... Etxe ontako nagusi jaunak urre gorriz du bizarra): a saber, la semejanza en el brillo, de una estrella y una barba dorada; mas no así en lo que atañe al primer verso para con el segundo para con el final: «El fresno de la orilla del río» en nada se parece a las estrellas del alto cielo, ni a las doradas barbas de un caballero, más que en el nombre fresno lizarra, estrella izarra, barba bizarra.
Primitivismo de las kopla zaar. Como se ve, todos los ejemplos que vamos citando, son de las coplas que se hallan compuestas conforme a la técnica característica que hemos señalado para el género. Muchos más podríamos citar porque nuestro coplario está lleno de ellos. Pero, por no recargar este ensayo, no citaremos más que otros dos o tres ejemplares, conocidísimos todos en los medios euskaldunes, y que por eso mismo pueden muy oportunamente servir de prueba de lo que arriba hemos dicho: que su técnica de incoherencia racional y falta de elementos de enlace, no ofende lo más mínimo a los oídos acostumbrados a su canto. Recuérdese aquel delicioso: «Itxasoa laño dago Baiona'ko barraraño... Nik maite zaitut maiteago txoriak beren umeak baño». («La mar está de niebla hasta la barra de Bayona... Yo te quiero, te quiero más que los pájaros quieren a sus hijuelos»). Puede recordarse también el no menos expresivo de ambiente bizkaino: «Goiko mendijan edurra dago errekaldian ixotza. Neu zugandik libre nago ta pozik daukat bijotza». («En el alto monte hay nieve, en el valle escarcha... Yo estoy libre de ti y está contento mi corazón»). Esta técnica que hemos calificado de característica de la kopla zaar, no es sin embargo la exclusiva. Aunque sí, a lo que creemos, la más antigua, la primitiva. Y aquí estriba precisamente lo mejor de sus encantos: en su primitivismo. Tenemos muestras de coplas del siglo XV, que tienen exactamente esta estructura primitiva. Así por ejemplo aquel ejemplar: «Sagar gorri gezatea... Gerrian bere ezpatea, Domenjon de Andia da Gipuzkoa'ko Erregea». («Roja manzana dulce... Su espada al cinto, Domenjón de Andia es el Rey de Guipúzcoa»). La misma técnica presenta también la copla inicial del famoso Canto de Bereterretxe: «Altzak eztik biotzik, ez gaztaberak ezurrik... Ez nian uste erraiten zienik aitunen semek gezurrik». («Ni el aliso tiene médula, ni el requesón hueso... No creí yo que los hijosdalgo mintiesen»). No es tampoco distinta la técnica que revelan los fragmentos de la endecha de Milia de Lastur que conocemos del mismo siglo XV: «Zer da andra erdiaen zauria? Sagar errea ta ardao gorria... Alabaia kontrario da Milia: azpian lur otza, gañean arria». («¿Qué es la llaga de la mujer parida? Manzana asada y rojo vino... Mas no es así (para con) Milia: tierra fría debajo, encima una piedra»). Una prueba más concluyente quizás del carácter primitivo de las coplas de este corte, será acaso el hecho de que las coplas de trikiti, las coplas de pandereta, que son de introducción relativamente reciente en el país, muy raras veces ostentan esta estructura. Se les llama en Oyarzun Sasi-soñu («música espúrea»). Bizkai-dantza en los contornos de Uitzi. Según Orixe, porque en esta parte del país es género exportado de Bizkaia, donde se debió de introducir por la región del Oeste. Nos consta que al valle de Arratia se importó de Araba, por Gorbea.
Las tríkiti-kopla o coplas de sasi-soñu o bizkai-dantza: coplas de pandereta. Vamos a aducir unos cuantos ejemplos en confirmación de lo que decimos y para de paso fijar alguna de las cualidades de esta clase de coplas. Desde luego el fondo de todas ellas es eminentemente satírico o por lo menos fuertemente irónico. Y este hecho y el origen, extraño al país, de este género poético, explica la falta de contextura clásica de kopla zaar, que en ellas se nota. El afán ironizante ha hecho que las coplas de esta clase estén integradas casi siempre de solo elemento intencionado desde el principio hasta el fin, con exclusión total de elemento pintoresco. De cien coplas de trikiti o pandereta, recogidas en Dima, sólo 12 están dispuestas con elemento pintoresco en la primera parte sin enlace racional con la segunda. Otro tanto ocurre con el coplario de Zeanuri [Esta proporción en el coplario de Noche Vieja de Oyarzun, es de 50 %]. Algunas pocas coplas hay que por el contrario están totalmente integradas de elemento pintoresco en su primera y segunda parte. Otras veces, en cambio, hay elemento pintoresco en la primera parte, pero perfectamente enlazado e hilado con el elemento intencionado de la segunda, sin incoherencia aparente de ninguna clase. Véase un par de ejemplos de este género: «Altuen da San Kristobal bajuen Madalena. Aien bien bitartean Donutxu'ko taberna. Itxasoan ura lodi; ezta ondorik agiri. Neure laztana ikustearren páseuko nintzake andi». («En el alto está San Cristóbal, en lo bajo Madalena... En medio de los dos, la taberna de Donutxu». «Profunda es el agua del mar; no se le ve el fondo. Por ver a mi amada, bien pasaría yo por él»). Dos ejemplos más de coplas en que el elemento pintoresco se extiende por toda ella: «Laztanen portalean dagoz arbola bi: bata naranjea ta bestea madari. Altzak orrie zabal Begoña- ganean. Asko be zabalago Baso-baltz-aldean». («En el portal de mi amada hay dos árboles: el uno naranjo y el otro peral». «El aliso tiene hoja ancha en el alto de Begoña. Mucho más ancha por la región de Baso-baltz [Bosque Negro]»). Como ejemplares de elemento pintoresco en plan de incoherencia con el contenido intencionado, citaremos también dos ejemplos: «Bedarrik ederrena soloan garie... Andrarik onena da Birjiña Marie». («La hierba más hermosa en la heredad, el trigo... La mujer más buena es la Virgen María»). «Erreka-bazterreko lirio-lorea... Enaz ederra baña bai eder-zalea». («Flor de lirio de junto al riachuelo... No soy hermosa, pero sí amante de lo hermoso»). «Ortuen perejille, saleruen gatza... Ekarri, Mari Pepa, jan daigun lebatza». («Perejil en el huerto; en el salero, sal... Trae, Mari Pepa, la merluza para que la comamos»). «Tiriki- tauki-tauki, malluaren otsa... Biar ezkontzen dala gure neska motza». («Tiriki-tauki-tauki, golpe de martillo... Que mañana se casa nuestra «buena moza»). Hemos dicho que el corte corriente de las coplas de pandereta es el de las integradas de elemento intencionado desde el principio hasta el fin. Véanse algunos ejemplares, de tono irónico todos ellos, como es lo corriente en el género: «Arin-arin eiten dau soloan erbiek... Utsik egiten ditu punturik erdiek». («Corre que te corre la liebre en la heredad... le salen fallidos la mitad de los pasos»). «Baratzako pikuak iru xorten ditu... Neska mutil-zaliak ankak arin ditu. Ankak ariñak eta burua ariñago; dantzan obeto daki arta-jorran baño. Arta-jorrara nua luberri-berrira; artua jorratu-ta belarra sasira». («La higuera de la huerta tiene tres ramitos... La chica aficionada a los chicos tiene las piernas ligeras». «Las piernas ligeras y la cabeza más; sabe mejor bailar que escardar el maíz». «Voy al escardeo a la nueva heredad; escardo la hierba, y el maíz al zarzal»). «Maritxu Petrolina Olabarri'koa: katuek jan deutsela surteko taloa. Maritxu, ez eidazu katurik mankatu; saguek kuyetako katua biogu». («Maritxu Petrolina de Olabarria, (dice) que el gato les ha comido la torta del fuego». «Maritxu, no me maltrates el gato; que lo necesitamos para coger ratones»). «Ai mutil anka-luze, zozo- armario: gantzontzillo-borlea bematik dario». («Ai! muchacho zanquilargo, armario de sosera: que se le cae por la pierna la borla del calzoncillo»). «Anton errementari bentanan lo doa: urrea dalakoan plomoa daroa». («Anton el herrero, suele dormir en la ventana. Creyendo ser oro, lleva plomo»). «Abustin kirre-marro dendari karue; sonbreru baltza eta zinta moradue». («Agustin kirre-marro tendero caro; sombrero negro y cinta morada»). «Dingilin-dangoloa, i ez az zoroa: sardin-burua baño oha dok olloa». («Dinguilin-dángolo, tú no eres tonto: mejor es gallina que cabeza de sardina»).

Manuel LECUONA ECHABEGUREN