Sindikatuak

Ezker Sindikalaren Konbergentzia

ESK

El final del franquismo y el convulso periodo de la transición viene marcado por la reconfiguración del movimiento obrero a partir de una dinámica primero espontánea de auto-organización obrera, que paulatinamente va consolidándose y articulándose dando forma a las Comisiones Obreras. Como ya hemos analizado en otros textos, este movimiento sindical debe ir definiendo paulatinamente su horizonte ideológico y organizativo, sobre todo con las expectativas que se abren tras el proceso de reforma política. Obviamente, en un sindicato que nace de arriba abajo, las tensiones entre diversas corrientes y culturas militantes son constantes, de forma que es comprensible que a medida que las CCOO vayan estructurándose, surjan conflictos que en ocasiones se van a concretar en corrientes internas e incluso en sindicatos diferenciados. Este es el caso de lo que hoy es ESK, que se conforma a finales de los años 70 a partir de un grupo de activistas de las CCOO, fundamentalmente de Navarra, quienes son expulsados de la central sindical. Concretamente, este colectivo rechaza la lógica pactista en la que se embarcan las CCOO, orientada a la consolidación de un proceso de transición que parte de la reforma del régimen anterior. Al contrario, este grupo de sindicalistas apuesta de forma clara por la ruptura, rechazando cualquier lógica de "paz social" entre el mundo obrero y los representantes empresariales y del Estado. En paralelo, este colectivo rechaza los procesos de burocratización y profesionalización sindical, convirtiendo la lógica militante en una de sus señas de identidad fundamentales, que se mantiene en vigor hasta la fecha.

Como decimos, este colectivo primigenio paulatinamente se va nutriendo de nuevos activistas de otras provincias vascas, así como de la militancia de sindicatos que antes se habían separado de las CCOO, como el Sindicato Unitario (SU) o la Confederación Sindical Unitaria de Trabajadores (CSUT) (ver Iriarte, 1995: 265-274). Así, estos colectivos se coordinan a comienzos de los 80, apostando por poner en marcha candidaturas unitarias, cuya coordinación asume el nombre de ESK-CUIS desde 1985. Posteriormente, en 1998, la Corriente de Izquierda Sindical de CCOO se integra en este colectivo, en palabras del propio sindicato, "dadas las posiciones que CC.OO. venía defendiendo, tanto en el terreno de la acción sindical (apuesta por la concertación permanente frente a la combatividad y la resistencia) como en caso de la acción política (apoyo a los frentes antiterroristas y negativa a cualquier salida al contencioso vasco que superara los marcos del Estatuto de Autonomía y la Constitución), así como, también, en el de la vida interna de la organización (falta de libertad y persecución de las posiciones críticas)". A partir de ese momento, en la Asamblea General de octubre de 1998 nace el actual ESK (Ezker Sindikalaren Konbergentzia).

En esta Asamblea fundacional, tras constatar que el desarrollo del sindicalismo durante la transición provocó la separación de un mismo tronco común de activistas en dos corrientes diferenciadas, una que optó por seguir trabajando en CCOO y otra por recorrer un camino propio, se subraya que con la unión entre Izquierda Sindical y ESK-CUIS "de ahora en adelante, de nuevo, quienes iniciamos nuestro camino desde ese mismo punto de partida (...) de volvemos a estar unidos" (ESK, 1998: 49).

En su segunda Asamblea General, celebrada en Bilbao el 24 de octubre de 2003, ESK plasma de forma nítida lo que define como las ideas fuertes del sindicato, y, esto es importante, las "actitudes sindicales". Efectivamente, consideramos necesario subrayar este segundo punto, en la medida en que desde la perspectiva de ESK, debe haber una perfecta interrelación entre las orientaciones estratégicas e ideológicas que delimita el sindicato, de una parte, y la práctica sindical de sus activistas, de otra. En este sentido, ESK se define por impulsar un sindicalismo militante, cuyo objetivo "no es fijar unos mínimos elevados de militancia sindical", sino "fijar una actitud y construir sobre ella todo el edificio sindical". Así, se apuesta por un modelo sindical en el que el militante, con su actitud, debe ser reflejo fiel de las apuestas del sindicato. En paralelo, esta lógica impele a una visión que sitúa a las personas en primer plano, y relega a la estructura organizativa a un segundo nivel: "estamos demasiado acostumbrados a ver cómo proliferan estructuras organizativas excesivas, que buscando la eficacia a cualquier precio, inhiben la militancia. La regla debe ser la contraria. Segregar las instancias y aparatos organizativos que amplíen la capacidad de trabajo de la gente militante" (ESK, 2003:26). En definitiva, ESK se define como un sindicato que trata de un difundir una serie de valores, que no se justifican, insistimos, más que con las prácticas cotidianas. Nuevamente, en este caso, la práctica ajustada a valores prima sobre la eficacia para lograr mayor afiliación, representación sindical, etc...

ESK considera que es prioritario trabajar en pos de "las personas más perjudicadas de esta sociedad", cuestión que explica el destacado papel jugado por sus sindicalistas en reivindicaciones tales como el Salario Social. Igualmente, para ESK es fundamental incorporar una mirada de género en clave feminista desde una lógica integral y no sectorial: "hay que superar la vieja orientación de añadir la clásica tabla reivindicativa de derechos laborales de las mujeres, para ir a una nueva visión consistente en comprender que, en todas las realidades de nuestra vida, está presente la construcción basada en el género. Que hay que descubrirla, sacarla a la luz, denunciarla y planear alternativas para combatirla" (ibid, 28). Finalmente, entre sus ideas fuertes y actitudes sindicales, esta Asamblea de ESK subraya su apuesta por la radicalidad frente a las lógicas pactistas que a su juicio han generado una falsa paz social (patrocinada por los sindicatos mayoritarios con su estrategia de pactos) que esconde crecientes recortes a los derechos de los trabajadores y trabajadoras.

Uno de los elementos que nunca han dejado de crear cierta tensión interna es el que tiene que ver con la "cuestión nacional". Como la propia ESK reconoce (2003, 51-55) "conscientes de la pluralidad existente en el seno del sindicato, tanto en lo que concierne al análisis de los distintos aspectos que contiene el conflicto vasco, sobre las medidas necesarias para su resolución, o el alcance de las mismas... nos vemos impelidos a actuar con prudencia, buscando una dimensión equilibrada de nuestras opiniones" a fin, señalan de poder trabajar con otras organizaciones "en aquellas actividades que se encaminen a la resolución democrática de las legítimas aspiraciones del pueblo vasco", en clara referencia a su voluntad de colaborar con la mayoría sindical soberanista. En base a este punto de partida, ESK enmarca el conflicto vasco en "un fenómeno de opresión nacional" al pueblo vasco que en esas fechas (2003) no encontraba una salida. En paralelo, se reconoce el carácter político del conflicto, pero se insiste en que este mero reconocimiento no resuelve sus consecuencias, entre las que destacan no solo el reconocimiento de todas las identidades nacionales, sino también el respeto a los derechos humanos. Una defensa de los derechos "de todas las personas, sin excepción", sea el derecho a la vida o "el derecho a no ser torturado". Es lógico, en consecuencia, que además de apoyar las demandas de los presos políticos vascos, se rechacen los atentados de ETA, destacando su falta de legitimidad social. Finalmente, ESK apoya el derecho de autodeterminación del pueblo vasco, que corresponde "a cada una de las realidades institucionales que hoy conforman nuestro pueblo", separándose de esta forma de las lógicas panvasquistas de la Izquierda Abertzale e insinuando la autonomía de cada territorio para avanzar o no al unísono en este proceso soberanista.

Desde esta perspectiva, es comprensible que ESK haya participado de forma activa en las dinámicas de la mayoría sindical vasca, cuya dinámica valoran como muy positiva. En cualquiera de los casos, desde ESK se considera que el recorrido de esta estrategia unitaria podría haber llegado más lejos en varios ámbitos. En primer lugar, se destaca la necesidad de reactivación y regeneración del sindicalismo desde la base, entendida como la necesidad de recuperar la tensión reivindicativa y la erradicación de prácticas en algunos centros de trabajo orientadas al pacto y la obtención de prebendas En segundo lugar, consideran que esta mayoría sindical vasca debía haberse dotado de un cuerpo programático más amplio que el de las simples plataformas para la movilización que se habían desarrollado hasta ese momento (2003). Finalmente, consideran que se podría haber mejorado la relación con los movimientos sociales, en un trato de mayor igualdad, y en el acercamiento del sindicalismo al sector más joven de la población.

En su III Asamblea, ESK se ratifica en la estrategia de colaboración con la mayoría sindical vasca. No obstante, en esta ocasión se critica la división sindical existente de forma que se apuesta porque siempre que sea posible "trataremos de animar campos de actuación unitaria con los sindicatos existentes" (ESK, 2008: 26). Este cambio de matiz tiene mucho que ver con la situación de tensión interna existente en el sindicato, que finalmente se concreta en la negativa de una parte mayoritaria de la delegación de Navarra a participar en esta Asamblea, aceptando su asamblea provincial la participación de quienes así lo deseen. Se abre, de esta forma, una brecha que paulatinamente se va haciendo insalvable.

Así, esta Asamblea certifica la división de opiniones existentes en el seno del sindicato en relación con el papel a jugar por ESK en el escenario político. En este sentido, es significativo que la dirección de ESK decidiera dejar fuera de las Ponencias de la III Asamblea las cuestiones relacionadas con la realidad política. Se señala, efectivamente, que las distintas miradas existentes han conducido durante este periodo a "una permanente discusión y consumo de energías, tanto en lo relativo al campo de las alianzas como al de las demandas que sobre esta cuestión llegaban al sindicato" (ESK, 2008:61). Tal y como resume la Resolución sobre la Actitud Pública de ESK, dos son, a grandes rasgos, las sensibilidades existentes, como veremos, claramente relacionadas con la cuestión navarra: una de ellas asume que la división institucional entre la CFN y la CAPV "es producto de una imposición basada en la negación de la existencia del pueblo vasco como sujeto de decisión política"; la otra, sin negar el origen impuesto de la divisoria, considera que "se ha definido una realidad democrática, aún imperfecta, en la que se han conformado sentimientos de identidad y pertenencia plurales". Desde la primera de las aproximaciones, la situación de injusticia provocada por la división territorial y la negativa al reconocimiento de los derechos del pueblo vasco explica el surgimiento de ETA, aunque en ningún caso lo justifica; desde la segunda, la existencia de ETA es el principal problema de los vascos.

Tratando de sintetizar ambos acercamientos, la citada resolución parte de la premisa de que la situación de Euskal Herria no está normalizada; que la violencia de ETA está claramente deslegitimada; y que el Estado está recortando con la excusa de la persecución del terrorismo derechos sociales y políticos básicos. Desde esta triple premisa, ESK define un mínimo común denominador que se asienta en la demanda de desaparición de ETA, en la exigencia al Estado para que cese con sus prácticas represivas y de recorte de libertades, en el establecimiento de mecanismos que permitan una reforma del marco institucional actual; y en la demanda para que se arbitren medidas para el reconocimiento y la ayuda a todas las víctimas de la violencia (ESK, 2008).

En cualquiera de los casos, estos intentos de mantener la unidad son infructuosos, de forma que, finalmente, una parte de la militancia de ESK en Navarra abandonará este colectivo para conformar el sindicato Solidari.

Finalmente, en lo que a su estructura organizativa afecta, se debe tener en cuenta, como ya hemos señalado, la vocación militante del sindicato, frente a las lógicas de articulación burocrática y profesionalizada. Se opta, en consecuencia, por una estructura sindical "lo más liviana posible", basada en la posibilidad de que los órganos del sindicato estuvieran abiertos a quien deseara participar. En cualquiera de los casos, la I Asamblea de ESK se cierra con una apuesta por una mínima institucionalización y centralización, que sin romper con el anterior modelo asambleario y militante, aumente la eficacia del colectivo y garantice la representatividad interna. Concretamente el órgano máximo es la Asamblea General, que se reúne cada 5 años o a convocatoria de la Comisión Nacional o por ser demandada por un 10% de la afiliación. La Comisión Nacional Ampliada es conformada por 74 personas, de los que 20 provienen de la Comisión Nacional y otras 54 son elegidas en los 4 herrialdes. La Comisión Nacional está conformada por 20 personas elegidas en la Asamblea General. La Asamblea Provincial de afiliados y afiliadas tiene entre sus funciones tiene la de elegir a la Comisión Provincial, siendo sus directrices concretadas por ésta. Además, ESK se dota de otros órganos, que concuerdan con su lógica de trabajo de base, como son las Asambleas de delegados y delegadas, las Comisiones de trabajo (Comisión Mujer, Salud Laboral, Exclusión Social, de Juventud y otras comisiones Sectoriales), además de las Secciones sindicales compuestas por las afiliadas y afiliados de cada centro de trabajo (Telefónica, Tubisa, Sabeco, Metro Bilbao, Correos y Eusko Tren). En 2008 contaba con 6000 afiliados y 400 delegados sindicales.

  • ESK. [Fecha de consulta: 1 de febrero de 2012].
  • ESK. Bilgune. Encuentros en la Cuarta fase. 1988 urriak 16-17. Portugalete, 1998.
  • ESK. II Asamblea General. Bilbao,24-25 de octubre, 2003.
  • ESK. Nuestras vidas valen más que sus beneficios. III Asamblea General. 2008, Azaroak 7-8. Gasteiz, 2008.
  • IRIARTE, José. Movimiento obrero en Navarra (1967-1977). Organización y conflictividad. Madrid: Egartorre, 1996.