Dantza

Danza de la Cadena de Yécora

En el marco incomparable de la villa de Yécora, se conserva una interesante y vistosa danza procesional que en dos ocasiones, el primaveral mayo y el mortecino verano de setiembre, mueve a toda su población en el tradicional y añojo cambio de morada de la Virgen de Bercijana. La fiesta y su danza es una joya sencilla y peculiar de las conocidas como danzas itinerantes de acompañamiento, tan propias de la comarca, que por unas horas va a romper el monótono sosiego de sus gentes.

La localidad de Yécora se situa al oriente de la comarca de la Rioja Alavesa y fue titulada como villa en 1669, durante el reinado de Carlos II. A un kilómetro del casco urbano se erige la ermita de Santa María de Bercijana que en su barroco retablo, posee una imagen de estilo románico-gótico (de las denominadas Andra-Mari y datada en el siglo XIV) de la Virgen de Bercijana. Según un relato local, en el siglo XII, esta Virgen se le apareció a un pastor llamado Berciján.

En este singular contexto, la "Danza de La Virgen de la Bercijana o danza de La Cadena" de Yécora, tiene su protagonismo en el traslado procesional que se hace de la imagen de dicha Virgen. En ella, participan ocho danzantes, en dos filas paralelas, que son dirigidos, en sus evoluciones, por un "cachimorro o bastonero". Todos los años, el 12 de mayo, se la desplaza desde su ermita de origen a la iglesia parroquial de San Juan Bautista (edificada el siglo XVI) donde permanecerá hasta el final de la cosecha y la devolverán de nuevo, procesionalmente el 18 de setiembre, a su lugar habitual en la ermita de Santa María de Bercijana.

Como se ha comentado, los danzantes en dos filas paralelas ejecutan esta danza ritual y procesional, de modo itinerante y con un fin religioso, para sacar la imagen de la Virgen de la ermita el primer día y de la iglesia, en la segunda jornada. Cumpliendo con la tradición acordada con el Cabildo y la costumbre generalizada de acercar imágenes significativas a la iglesia parroquial, con intención de protegerlas durante el periodo primaveral y veraniego (tiempo caracterizado por tormentas y lluvias torrenciales) o solicitar su protección e intersección ante dichos acontecimientos atmosféricos, cara a proteger los campos y sus frutos o cosechas.

Danza que se repite numerosas veces en el recorrido procesional y en especial al depositar en sus distintas moradas la figura de La Virgen. Al parecer, antiguamente, también se utilizaba para ir recogiendo, una a una, a las autoridades locales.

Los danzantes evolucionan, al son de la gaita, tras hacer un saludo o reverencia a la imagen de la Bercijana, giran sobre sí, serpentean o se encadenan por filas, emparejándose avanzan al son de las castañuelas y acaban repitiendo el ceremonial saludo.

Esta danza parece que en su forma coreográfica, debido a procesos evolutivos o al gusto personal del maestro de danza, ha experimentado una serie de variaciones que le han dado la actual forma. La denominada "Danza de la Cadena de la Virgen de la Bercijana", como se ha indicado, consta de diferentes partes o ritmos:

La primera evolución es un saludo al unísono de los danzantes en honor de su patrona que inicia y finaliza la danza. Le sigue una serie de movimientos sobre el sitio y cambiando con el compañero, usando un paso clásico de "correcalles" o "pasacalles". Con dicho paso se realiza la evolución principal y ésta le da el sobrenombre de "danza de la Cadena", donde los danzantes por filas se toman de los brazos para impulsarse y moverse de forma serpenteante o formando una cadena. A continuación, enfrentados por parejas y con las manos elevadas, chasqueando los dedos o haciendo sonar sus castañuelas, elevan los pies a la vez que se van moviendo en sentido de la marcha procesional y terminan con la repetición de las dos primeras partes, los pasos en el sitio o cambios con el compañero y el obligado saludo a la Virgen.

Son diversas y muy variadas, este tipo de coreografías particulares realizadas de forma consuetudinaria en los recorridos procesionales (cortejos cívicos, religiosos o mixtos) para acompañar a las autoridades cívico-religiosas y a la imagen religiosa del momento. Otras veces, la función de estas danzas consiste en trasladar o acompañar a las imágenes religiosas o a las personas notables, desde su residencia habitual hasta el punto de inicio de la procesión o acto conmemorativo de la festividad.

Por lo general, la estructura coreográfica de estas danzas se fundamenta en la formación de dos hileras de danzantes que evolucionan en el sentido de la procesión e incluso, yendo y viniendo. Suelen estar dirigidas por un personaje o dos de especial significado (en el contexto geográfico que nos ocupa, suelen ser el ya citado "Cachimorro" y el maestro de danza o "Bastonero"). Danzas singulares y de gran influjo medieval que en ocasiones, aparecen asociadas o integradas en otro conjunto o ciclo de danzas que no poseen este cariz de desplazamiento, como pueden ser danzas de palos, arcos o cintas.

En definitiva, son danzas de acompañamiento (a veces, los danzantes se proveen de castañuelas) que a los sones de un pasacalles, sirven para desplazar y arropar a personas relevantes de la vida local, figuras religiosas o símbolos de gran significado comunitario.

Los ocho danzantes son mozos y visten de blanco, con faja roja y a veces con sayuelas de tela de damasco, cruzándoles el pecho una cinta roja o azul y con pañuelo de seda anudado a la cabeza ("chorongo" o "toronco"), que era adornado con flores en forma caprichosa y al parecer, solía ser regalado por las muchachas a su galán. Así mismo, portan castañuelas en las manos con las que se acompañan al evolucionar por parejas en la parte de avance del conjunto procesional. Durante algunos años, la indumentaria del conjunto de los participantes se ceñía simplemente a camisa y pantalones blancos, pañuelo rojo al cuello, faja encarnada y alpargatas con cintas.

Les acompaña el "cachimorro o bastonero" que va vestido igual que los danzantes y que no baila, pero que tiene como cometido el despejar el sitio que ocuparan los danzantes. Para ello, lleva como atributo de lo que representa un "zurriago" o "bota" en la mano. Según se desprende de los pagos municipales, en otras épocas, dicha persona solía ser la encargada de preparar y dirigir a los danzantes con motivo de su puesta en la escena pública.

Todos ellos, seguían los sones de la gaita y el tambor (aunque, actualmente, se ha generalizado el uso de dúos de gaiteros) a lo largo de todo el recorrido procesional e interpretando la danza, a la salida de la imagen, en momentos puntuales de la procesión y al reubicar la Virgen en su nueva morada. La danza se realiza mirando a la patrona que es portada en andas, precedidos por las autoridades o la devoción popular con sus mejores galas.

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