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Donostia / San Sebastián. Historia

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Historia de Donostia / San Sebastián desde la Edad Media al final del Franquismo.

Los orígenes históricos de San Sebastián nos encaminan hacia el actual barrio donostiarra de El Antiguo, concretamente al término de Miramar, donde se situaba la iglesia rural de patronato laico, el monasterio, que refieren los textos del siglo XII y que representa el polo de referencia inicial de la repoblación y transformación de carácter agrícola, cristiano y territorial de los entornos de la bahía. Estos orígenes, sin embargo, se hallan envueltos en una complicada trama de prolongados silencios, parcos documentos y falsificaciones textuales. En el año 1096 se encuentra referida, por vez primera en un documento auténtico, la existencia de San Sebastián: en la bula pontificia de Urbano II que demarca la diócesis de Pamplona se señala el límite más occidental de ésta en "... Sanctum Sebastianum in ripa maris ...". Apenas cinco años después, en 1101, Pedro I de Aragón y Pamplona confirma la donación de la iglesia de San Sebastián y su villa realizada a favor del monasterio de San Salvador de Leire por el rey "Sancius Pampilonensium", ampliándola por su parte con la "pardina" de Oroztegi. No se conserva texto de tal donación original de "Sancho de Pamplona" y por lo tanto no puede afirmarse con certeza a cuál de los reyes de Pamplona de nombre Sancho se refería Pedro I en su confirmación. Sin embargo, parece indudable que tal texto, hoy desaparecido, hubo de servir de base para la falsificación, elaborada hacia 1197 en el mismo monasterio legerense, que situaba dicha donación en el año 1014, siendo su benefactor Sancho III el Mayor.

Las críticas internas y externas aplicadas a este texto apócrifo permiten sugerir que el monarca pamplonés bienhechor de Leire en este caso, fue Sancho Garcés IV, el de Peñalén (1054-1076), lo cual no obsta para presumir que en tiempos de su abuelo Sancho III el Mayor se levantara, o existiera ya, un pequeño núcleo de población regido por el monasterio cuya advocación denominará a todo el conjunto: San Sebastián. La necesaria verosimilitud, que como toda falsificación pretendería el falsario del "1014", refuerza la hipótesis de su existencia desde principios del siglo XI. La realidad de este San Sebastián del siglo XI no se corresponde, obviamente, con la transmitida por el espurio de "1014". Los análisis pormenorizados de los topónimos recogidos en este texto, efectuados por Ricardo de Izaguirre, permiten distinguir en él dos realidades que intencionadamente se confunden en el documento: una del siglo XI, probablemente coetánea a la primitiva donación al monasterio de Leire, y otra contemporánea al falsificador, de finales del XII. Situando entre ambas la ofrecida por Pedro I al confirmar dicha donación en 1101, se distinguen tres imágenes sucesivas.

El terminado del monasterio se extiende alrededor de él a modo de coto redondo y se dedica a una explotación económica diversificada, con presencia cualitativa de la agricultura y arboricultura, con presumible peso del manzano, y de una actividad pesquera que, como en toda la comisa cantábrica, era una extensión de la agricultura, o aún más, de la recolección, ya que tal actividad se limitaba a recolectar pescado como se hacía con otros productos en el bosque. El carácter del núcleo sería, en consecuencia, el de una zona de colonización monasterial, fuertemente volcada hacia la tierra. El párrafo de la falsificación de "1014" que refiere los bienes donados como

"terris et pomeriis et piscariis maritimis, et montibus et collibus, vallibus et planis, censibus et pascuis, decimis, primiciis et oblationibus et cum omnibus omnimo pertinentibus eidem monasterio terminis in circuitu, in mare et extra mare".

Resulta significativa de esta primera realidad percibible. De la serie de "cubiculares" -majadas, seles- citados previamente a este párrafo, los tres últimos de Bagozu-Larraburu, Loizta y Zopite, identificados en los entornos de Igeldo, parecen demarcar ese inicial coto monasterial que abarcaría, en consecuencia, un kilómetro aproximado de radio de extensión. Junto a los bienes del terminado monasterial, la donación inicial a Leire se ampliaba con derechos en la "pardina" de Izurun. El texto que sirve de base a esta reconstrucción se refiere primero a "illam villam quam antiqui dicebant Izurun" y más adelante a "illa pardina de Izurun". La aparente contradicción llevó a Serapio Múgica a hacer sinónimos ambos vocablos, villa y pardina, y a Koldo Mitxelena a pensar que se trataría de un núcleo anteriormente habitado que estaba ya convertido en despoblado. Parece más correcto invertir este planteamiento: tal aparente contradicción sería indicio de la evolución transcurrida entre la data presunta del documento y la de su real elaboración, correspondiendo al siglo XI el carácter de pardina, es decir, zona de pastizal adehesado.

La diferencia de estas Zonas denominadas pardinas y los cubiculares o seles estriba en el hecho de que en aquéllas es lícito levantar cabañas o "bordas" -precisamente la variante "bardina" que recoge la documentación aragonesa de principios del XI obedece al influjo del sinónimo vasco "borda"- que facilitarán la transición hacia formas de ocupación y explotación más estables e intensas, haciendo deslizar su carácter al de "villa" rural, en el sentido de aldea más que de caserío individual. Trasladando a esta pardina de Izurun los componentes que Pedro I cita en la donada por él a Leire con posterioridad, apreciaríamos "tierras cultivadas e incultas, pastos, árboles frutales y no frutales", es decir, se nos presentaría como una zona adehesada de utilidad principal pastoril y forestal pero donde también tiene cabida la actividad agrícola. La etimología y ubicación de Izurun ha sido cuestión muy debatida. El conjunto de síntomas barajados inclina a situar la pardina bordeando al coto monasterial, extendiéndose tras ella un vasto cinturón de tierra inculta y boscosa de aprovechamiento recolector.

Los derechos del monasterio legerense en este conjunto de bienes -iglesia, terminado y pardina- no parecen ser idénticos. En el complejo monasterial se le reconocieron derechos de plena propiedad mientras que en la pardina tan sólo derechos de disposición. Así se desprende de la diferencia cuidadosamente señalada en la donación de Pedro I entre la concesión de "pertinencüs" en un caso y "appendiciis" en el caso de la pardina. Esta primera organización del espacio donostiarra que alcanzamos a vislumbrar se acomoda al modelo general de la Europa rural medieval, formado por tres zonas, aproximadamente concéntricas, en las que la ocupación, intensidad de trabajo y concepto de propiedad individual se van atenuando a medida que se alejan del centro habitado. En consecuencia, el monasterio de San Sebastián se muestra como un polo de transformación de los modos de vida indígenas, fundamentados en el pastoreo y en las relaciones de parentesco. El interés por propulsar esta transformación, o lo que es lo mismo, por crear y vigorizar el núcleo donostiarra, se inserta en la tendencia de la monarquía pamplonesa de este período hacia la progresiva integración de "tierras" diversas en el ámbito de autoridad del rey y concretamente en este caso de la tierra de "Ipuzcoa", hacia la que, desde uno de sus extremos, se proyectarán los nuevos principios de ordenación espacial, social y política de signo territorial. Por otra parte, las estrechas relaciones políticas y familiares que desde el siglo X mantienen los reyes de Pamplona y los duques de Gascuña reforzarían el interés por asentar un núcleo estable de población en la ribera del Golfo compartido por ambos. Segunda mitad del siglo XI. La atracción ejercida por el nuevo núcleo parece ser significativa vistos los resultados al finalizar el siglo: la diferencia entre coto monasterial y pardina de Izurun se diluye y en 1101 Pedro I confirma a Leire sus derechos de propiedad en "illam ecclesiam Sancti Sebastiani (...) cum sus villa".

Esta parece ser "aquella villa que los antiguos decían Izurun", según reza el apócrifo de 1014. El derecho de aprovechamiento de los recursos de la pardina se ha mutado en derecho de propiedad eminente, al menos en una parte de ella. La idoneidad del modelo repoblador se manifiesta tanto en este hecho como en la ampliación de la donación realizada ahora por este monarca con la pardina de Oroztegi "cum suis terminis et appendiciis omnibus (...) et cum illa aqua que dicitur Urhumea, que est pertinencia de Oroztegi". La localización de esta pardina tampoco es conocida con seguridad, habiéndose propuesto su identificación con el monte Goroztegi, en el extremo meridional de las tierras de Hernani. Sin embargo, parece más coherente situarla en el extremo opuesto, en las inmediaciones de la villa rural de San Sebastián, quizás en torno al Oriamendi y junto al Urumea. El esquema de la organización del espacio sería idéntico al de la etapa anterior, pero considerablemente más extenso, denotando un crecimiento de la población y de los recursos del área que resulta ser un precoz ejemplo en el panorama gipuzkoano de la tendencia a la fijación y descenso del poblamiento desde las zonas de montaña e interior hacia los valles fluviales y el litoral, con la consiguiente transformación de sus modos de vida.

Las referencias documentales de este siglo reiteran la posición limítrofe de San Sebastián. Además de señalar su ubicación junto al Cantábrico ("in litore maris" en la bula de Alejandro III de 1 174, o "situm super ripam maris oceani" en la falsificación pamplonesa de 1027), se la continúa situando en los confines del valle de Hernani ("in finibus Ernani" en la misma bula de Alejandro III) y también en el límite de Gipuzkoa ("de ipsa Deba usque ad Sanctum Sebastianum, de Ernani, id est tota Ipuscoa" delimita la falsificación de los Votos de Fernán González elaborada en el monasterio de San Millán de la Cogolla entre 1140 y 1143). Las diócesis de Pamplona y Baiona utilizan también en sus demarcaciones el límite de San Sebastián (bula de Urbano II de 1096 sobre la diócesis de Pamplona y sobre Baiona las de Pascual II y Celestino III de 1105 y 1194 respectivamente) debiendo, al menos, sospecharse que las dificultades para asentar con claridad los límites diocesanos en este siglo XII, e incluso los gipuzkoanos (hasta "San Sebastián de Hernani" la lleva el falsario emilianense y hasta el Bidasoa el de "1027") son indicador del crecimiento del núcleo que va englobando tierras antes pertenecientes a diferentes marcos territoriales, político-administrativos o religiosos. Mediado el siglo, en 1141, el rey García, el Restaurador del Reino de Pamplona, nos amplía la perspectiva de la zona al donar a la iglesia pamplonesa los bienes que él poseía en "Iheldo Bizchaya", en "Hurumea", "Alça et Soroeta", "Ariaz" y en "Arelarre".

Su sucesor en el trono pamplonés, Sancho VI el Sabio, corroborará hacia 1178 esta donación especificando los bienes de realengo contenidos en estas cinco Zonas, aunque sin concretar el carácter de los bienes más que en el caso de Altza y Sarrueta, donde señala pesquerías, y de Ariaz, donde indica cubilares. La identificación de la serie de topónimos detallados en la corroboración comprende un área que, muy significativamente, bordea totalmente las pretensiones de Leire contenidas en el " 1014" y, aún más, dibuja un territorio que se extiende entre el Bidasoa, el Oria, Arano y bocana de Pasaia, emergiendo así el término que se otorgará a la nueva puebla de San Sebastián. Todos ellos son indicios más que suficientes para hablar de un crecimiento considerable del ámbito donostiarra a lo largo de este siglo XII. Aunque menos sólidos, también existen indicios para pensar que este crecimiento estuvo en gran parte sostenido por la emigración gascona. La fecha del asentamiento de grupos gascones en las inmediaciones del monasterio de San Sebastián no ha sido aún confirmada.

Serapio Múgica la puso en relación con el traspaso de la Guyena a señorío inglés, en 1152, mientras que Gamón aludía a las relaciones mantenidas por Sancho el Sabio con la Gascuña, de las que derivaría la concesión del fuero como atractivo para el establecimiento de gascones. J. A. Camino la retrasaba hasta 1204, como efecto del viaje de Alfonso VIII y su esposa Leonor a Aquitania, volviendo con un séquito integrado en gran parte por gascones. Pero las huellas de esta emigración, dispersas en la toponimia del triángulo Hondarribia-Pasaia-San Sebastián, hacen pensar en una razón menos aleatoria, sobresaliendo la propuesta por J. L. Banús, quien ve en la colmatación del bocal del Adour, ocurrida a principios del siglo XII, el motivo por el que familias gasconas buscaran asentamientos similares y cercanos a los de su Zona de procedencia con el fin de continuar con aquellas actividades de tradición marítima que el cegamiento del Adour les impedía, provocando una emigración progresiva, sin una fecha precisa. A pesar de la ausencia de información documental directa al caso, parece lícito sostener que esta emigración gascona inyectó nueva vida, cuantitativa y cualitativa, a la villa agraria de San Sebastián, inclinándola hacia el mar.

Fundación de la villa de San Sebastián (¿1180?). Sancho VI el Sabio de Navarra otorgó privilegio de fundación de villa "a todos los hombres, tanto mayores como menores, presentes y futuros, que tienen poblado y en adelante han de poblar San Sebastián". El texto en que se nos ha transmitido este fuero de fundación no lleva fecha, debiendo corresponder a alguno de los años comprendidos entre 1150 y 1194, en los que reina Sancho VI el Sabio. Se vino anotando el de 1150; J. L. Banús en su edición del fuero propuso alguno de los comprendidos entre 1153-57 ó 1169-94, pero en la actualidad se piensa en el de 1180 como en el más probable. J. M. Lacarra propuso esta fecha y la razonó en el problemático contexto político del reino de Navarra, ante la presión castellana, y la consiguiente necesidad de afianzar la repoblación y defensa fronteriza. En el preámbulo del fuero que hemos extractado queda anotada la existencia previa a la concesión del fuero de un poblado que, en lógica, ha de situarse en ese mismo lugar en que se ubicará y desarrollará el centro urbano: al abrigo del monte Urgull, entre la bahía y la desembocadura del Urumea; el lugar más propicio del entorno donostiarra a los intereses defensivos y económicos que mueven al monarca navarro.

El acuerdo establecido en diciembre de 1178, dos años antes de la data del fuero, entre el obispo de Pamplona y el abad de Leire sobre sus respectivos derechos en diversas iglesias, entre las que se nombran a Santa María y San Vicente, confirma la preexistencia de la puebla. Al ajustarse al plan de ordenación urbana que toda villa conllevaba, las dos iglesias constituirán los extremos de la calle llamada entonces Santa María, hoy calle Mayor, la principal de las doce que contará la villa: San Vicente, Embeltrán, Poyuelo, Narrica, Campanario, Carnicería, Moleta, Zurriola y Pescadería que cita la documentación. Será muy difícil despejar la duda de si la existencia de estas dos iglesias en un mismo poblado responde a la diversa procedencia de sus pobladores: autóctonos y gascones. De hecho, la lengua gascona será habitual en la nueva villa, a pesar de que en la actualidad no contemos con más testimonio escrito que el testamento del preboste Martín Gomis, redactado en 1362 en lengua gascona.

Los pormenorizados análisis realizados por J. L. Banús, J. M. Lacarra, A. J. Martín Duque y J. L. Orella han puesto de manifiesto la doble composición de esta carta: los artículos correspondientes al establecimiento del nuevo estatuto de franqueza y libertad derivan, con ligerísimas variantes, del fuero concedido a Estella en el año 1090, al que a su vez se traslada con pequeñas modificaciones, el otorgado a Jaca en el 1063; el resto del articulado es original en el fuero de San Sebastián y constituye un código de derecho marítimo que demuestra su experiencia portuaria a finales del siglo XII. Por ello será el fuero más idóneo para fomentar la repoblación de la franja litoral gipuzkoana: en 1203 será el otorgado a la nueva villa de Hondarribia; en 1209 lo gozan Getaria y Mutriku; en 1237 se le concederá a Zarautz y en 1379 a Orio, llegando a extenderse hasta la villa cántabra de San Vicente de la Barquera, poblada a fuero en 1210.

Los cuarenta artículos que completan el fuero de San Sebastián, a pesar de estar agrupados en IV partes, no guardan una estructura ni organización expositiva. En relación a sus contenidos, las concesiones del fuero podrían articularse en:

a) Concesión de bienes de realengo: entre Hondarribia y hasta el Oria y desde Arrenga hasta San Martín de Arano (I.11.1) topónimos fácilmente identificables, aunque sobre "Arrenga" apuntaba Gamón que había de tratarse de Renga, monte situado en jurisdicción de la villa de Lesaka, distanciándose de la general localización sobre el puntal de Pasaia. Dentro de estos amplios términos adjudicados a la nueva villa, Sancho VI concede a sus pobladores todos sus bienes de realengo. La concesión se amplía con el derecho de aprovechamiento en pastos, selvas y aguas "tal como los tienen los hombres que viven en el contorno" (I.11.2).

b) Concesión del estatuto jurídico de franqueza y libertad a los pobladores: declarado de manera general en la anulación de banalidades de usos, malos usos o foros, "que sean libres y exentos de todo mal fuero y de toda mala costumbre" (I.1.2) y concretado también en la exención del servicio personal en las obligaciones militares "que no vayan en hueste ni en cabalgata" (I.1.1). Como medio para garantizar el estatuto de franqueza, son también declaradas francas, libres y exentas sus naves (I.3.1), sus hornos, baños y molinos (I.6) sus casas anulando la obligación del hospedaje (I.7.1), y las heredades que compraren u ocuparen año y día (II.1.1 y II.1.2).

c) Privilegios fiscales: quedarán exentos del impuesto de lezda todas las mercancías que trajeren a la villa los pobladores de San Sebastián (I.2.1), así como el pan, vino y carne que cualquiera trajere a ella (I.5). Las naves propias de San Sebastián se declaran también exentas de portazgo y lezda. La tasación de la lezda sobre otras mercancías que entren en naves extranjeras pagarán un tercio menos que en Pamplona (I.3.2), siendo también ventajosas las tasas sobre resina de pez, cera, cobre, estaño, plomo y cueros (I.4).

d) Derecho civil privado: se regulan los casos de herencia ab intestato (III.6), arrendamientos de casa, bodega, pajar, hórreo u otros bajos (III.7), así como las particiones de herencia y donaciones (III.9). En este grupo sobresale el privilegio de moratoria de dos años en el pago de sus deudas (I.8).

e) Derecho civil público y administrativo: reconociéndoseles facultad para elegir anualmente el preboste y alcalde de la villa (IV.8).

f) Derecho procesal: declarándose prioridad del derecho sobre otras garantías (II.3.1); el fuero será garantía de derecho personal de los donostiarras donde quiera que se encuentren (II.8.2), siendo siempre juzgados en San Sebastián (II.8.1) independientemente de la procedencia del demandante (I.9.1). A modo de colofón final, se reitera, en el último artículo del fuero, esta garantía personal de los donostiarras. En cuanto a su procedimiento se contienen apartados sobre los fiadores (II.6), testificaciones (II.3) y probanzas, fundamentadas sobre testigos (II.2.1) o juramento (II.2.2), aunque se admiten en casos determinados pruebas antiguas como la del duelo (III.4.4 y III.5.4) y la del hierro candente (IV.4.3 a IV.4.7).

g) Derecho penal: especificándose los casos de fornicación (II.4.1), violencia manifiesta (II.S), irrupción en la casa (II.6) fraude en medidas (II.9) y ataques a la propiedad privada y su pacífico disfrute (III.1 del huerto, III.2 del molino, III.3 de la viña, III.4 de árboles y III.5 de la casa). Sobresale en este grupo de artículos aquél que declara el derecho de los pobladores al homicidio en el caso de que algún hombre de fuera golpeare o levantare "armas algunas a iladas por malevolencia u homicidio" (II.1.1) y aquellos artículos que establecen las penas por violación de mujer: el violador deberá tomarla por esposa (II.4.2) o darle un marido digno, según dictamen del alcalde y de doce buenos vecinos (II.4.3); para los casos en que el violador no quisiere o no pudiere cumplir con estas compensaciones, el fuero asienta una pena sin similares en el resto del articulado, la ley del talión: "que ponga su cuerpo en manos de los parientes de la mujer a merced de ellos" (II.4.4 y II.4.6).

h) Derecho marítimo: deteniéndose en los casos de naufragios en el término de San Sebastián (I.10) y regulando una de las instituciones peculiares del derecho mercantil marítimo, el hostalaje, o alojamiento de las mercaderías, que se efectuaba en casa de los pobladores (IV.5, IV.6 y IV.7). No se hace mención al mercado, dejando ver implícitamente que el intercambio se desarrollaba en los bajos de las casas de los comerciantes donostiarras, en esas primarias tiendas de las villas medievales, "... si se vende en la casa de su huésped ..." (IV.6.I, IV.7). Otro indicativo de la experiencia mercantil hacia 1180. Además, se tasan los derechos de hostalaje de diversos productos que, ha de pensarse, eran los más frecuentes en el puerto donostiarra, tales como: metales -cobre, estaño, plomo, pez-; cueros y pieles-de carnero, garduña, vacuno, cabra, cordero, conejo, gatos salvajes y domésticos, zorra, ardilla, liebre y ciervo-; paños -fustán, lana y lino-; bestias y productos de consumo o utilidad doméstica-pimienta, cera, incienso y sillas-.

El conjunto del articulado constituye un completo instrumento legal que garantiza la autonomía de la puebla, sin dependencias personales, jurídicas o económicas de signo señorial. Pero vistos los concisos enunciados en la declaración de la franqueza y libertad -aún más si los comparamos con los contenidos en los fueros de Logroño y Vitoria, otorgados a otras villas gipuzkoanas- ha de pensarse que los hombres y mujeres que poblaban San Sebastián gozaban ya en la práctica de carácter franco. El fuero vendrá a sancionarlo y, sobre todo, ampliará la capacidad económica de la villa concesiones de bienes, exenciones fiscales, regulación de la actividad comercial...-, instrumento no menos valioso para la defensa y fortalecimiento de su autonomía.

El carácter defensivo de San Sebastián, bajo dominio castellano. El asentamiento del dominio castellano en Araba y Gipuzkoa, tras el cerco impuesto a Vitoria por Alfonso VIII en 1199, hubo de suponer el primer gran sobresalto en la vida de la nueva villa. Los relatos más cercanos a los acontecimientos de 1200 corresponden a Rodrigo Ximénez de Rada y a la Crónica Latina de los Reyes de Castilla, para quienes Alfonso VIII adquirió "terram que dicitur Ipuscaia, Sanctum Sebastianum in super", ganándose entre los castillos gipuzkoanos el de San Sebastián, quizás situado ya en el monte Urgull, dominando la villa y regido en 1199 por "Johane de Bidauri", como tenente aún del rey navarro. Aunque no conocemos los episodios concretos del trasvase de soberanía a favor del rey de Castilla, el hecho supuso a medio plazo el fortalecimiento del carácter defensivo de San Sebastián. A pesar de que en 1256 Alfonso X de Castilla cede a Teobaldo II de Navarra las villas de San Sebastián y Hondarribia, con todas sus rentas de mar y tierra, nada indica que la cesión se hiciera efectiva y la vida donostiarra en la época bajo-medieval discurrió bajo dominio del castellano.

El carácter defensivo de la villa tendría su primera manifestación en la muralla que, como elemento esencial de toda villa medieval, protege al núcleo. En el fuero no se cita su existencia, pero en 1311 Fernando IV concede 3.000 mrs. anuales a cobrar del diezmo recaudado en el puerto de la villa para reparar la muralla batida por el mar. Ya en tiempos de los Reyes Católicos, en 1477, San Sebastián podrá imponer sisa sobre determinadas mercancías para "faser al rededor della baluartes y cercas con sus almenas". Esta concesión se inserta en los avatares castellano-navarros que, con la presencia siempre vigilante de Francia, hacen de San Sebastián un punto estratégico de primer orden. De hecho, esa necesidad de fortificar más sólidamente la villa, en 1477, obedece a la entrada del ejército francés en Gipuzkoa, quemando Rentería y avanzando hacia San Sebastián, quien la repele en 1476. Es uno de los muchos episodios que vivió San Sebastián hasta la conquista castellana del reino de Navarra.

EBO

En 1202 Alfonso VIII confirma a la villa de San Sebastián el fuero otorgado por Sancho VI de Navarra y como él lo harán los sucesivos monarcas en el trono castellano. A pesar de ello, la villa necesitó confirmaciones puntuales de apartados de su fuero, principalmente los relativos a la exención de portazgo y de servicios militares. Aun con esta exención, fuerzas navales de San Sebastián toman parte en puntuales hechos bélicos como la reconquista de Sevilla, el cerco de Algeciras o el encuentro en La Rochela de 1372. Estos servicios militares fueron compensados por la corona con otros importantes privilegios, como lo hace Enrique II en 1370 al conceder a la villa el monto de las penas de cámara a cobrar del peaje del puerto de Pasaia. Si estos datos suponen la validación del fuero de San Sebastián, otros de esta época constituyen importantes modificaciones en algunos apartados de aquél. El más sobresaliente, la reducción que entre los siglos XIII y XIV se efectúa en aquel vasto término otorgado en la carta puebla. Alfonso VIII concederá fuero a Hondarribia en 1203, comprendiendo en sus términos las tierras de Irún y Lezo, hasta Pasaia; en 1320 se fundará Villanueva de Oiartzun, posteriormente Rentería, que no conseguirá establecer su jurisdicción sobre el Valle de Oiartzun y en sentencia de 1389 se ordena, contra Rentería, que los de Oiartzun sean vecinos de San Sebastián, aunque en 1453 el Valle conseguirá su autonomía jurisdiccional; en 1379 Hernani disfruta del reconocimiento de villa, desconociéndose la fecha de otorgamiento de su fuero; 1371 es el de la fundación de Belmonte de Usurbil y, por fin, en 1379 Orio adquirirá su carta puebla. Todas ellas se regirán por el fuero de San Sebastián. En ese mismo año de la fundación de San Nicolás de Orio, se confirma que los pobladores de Igeldo, Zubieta, Ibaeta y Andoain sean vecinos de San Sebastián, quien nombra los alcaldes en esas aldeas.

Sin embargo, la aldea de Andoain, junto con las de Aduna y Alkiza, será objeto de disputa entre San Sebastián y Tolosa, firmándose en 1479 una concordia por 101 años; antes de su conclusión, Andoain se agregó a Tolosa, segregándose con posterioridad Urnieta, Alkiza y Pasaia. Esta reducción del término de la villa discurre paralela al fortalecimiento de la entidad urbana, fundamentalmente en su desarrollo portuario, organizativo y material. El puerto de San Sebastián constituye la salida al mar de Navarra, como se refleja en la constante preocupación de sus monarcas por asegurarse en él la libertad de tránsito. Es, además, puerto de categoría internacional, requiriendo la presencia de la villa en las Hermandades, acuerdos y concordias supramunicipales que velan por los intereses mercantiles marítimos: Hermandad de las Marismas, de 1296, Concordia con Baiona y Biarritz, en 1328, o Hermandad de ayuda y socorro mutuo con Getaria y Mutriku, en 1339. El puerto y villa de San Sebastián debían equiparse al mismo ritmo. El primero de los muelles comienza a construirse en tiempos de Juan II y en 1463 se consigue de la Corona una exención temporal para la erección de un segundo muelle; a finales del siglo XV cuenta con lonja municipal, de la que en 1493 se actualizan sus derechos. Por su parte, los mareantes se encuentran hermanados en la Cofradía de Sta. Catalina de maestres, mercaderes, pilotos y mareantes, que en 1489 consigue de los Reyes Católicos la confirmación de sus ordenanzas. En ese mismo año se compilan las Ordenanzas Municipales que regularán el buen régimen de la villa (elección de cargos, limpieza y orden público, sagramenteros...).

También en 1489 la villa sufrió uno de los incendios más nefastos de su historia medieval. Entre los numerosos incendios que asolan San Sebastián -1278, 1338, 1361, 1397, 1433, 1483, 1489, 1496, 1512- el del 8 de enero de ese año parece ser uno de los más devastadores, reduciéndose a cenizas el pueblo; el rey Fernando el Católico permitirá levantar casas provisionales en el arenal hasta la restauración de la villa, concediéndole la exención de la alcabala y de cualquier repartimiento real, por espacio de 25 años, para estimular a los vecinos a construir sus nuevas casas en piedra u otros materiales menos vulnerables al fuego que el material constructivo tradicional, la madera. Este hecho es sólo una muestra de la enorme vitalidad de los donostiarras para superar los importantes contratiempos de los últimos años medievales, preparándose para afrontar los nuevos tiempos modernos.

EBO

Durante los primeros años del siglo XVI, la política centralizadora de los Reyes Católicos y la formación de un embrionario estado nacional tuvieron repercusiones directas sobre San Sebastián. Un estado renacentista, que era lo que se estaba gestando con la unión de las Coronas de Castilla y Aragón, exigía un territorio perfectamente delimitado, y por ello, a partir del reinado de los Reyes Católicos, la escurridiza "raya con Francia" de los siglos anteriores, se convirtió en una frontera, en el sentido moderno, lo que indicaba la existencia casi permanente de tensiones bélicas o diplomáticas provocadas por las aspiraciones hegemónicas de los dos estados, España y Francia, que se repartían la administración política de Euskal-Herria. Situada en el límite occidental de esa frontera de tensión (Hondarribia era únicamente una pequeña ciudadela difícil de defender) la plaza de San Sebastián, conocida en el argot militar de la época como "la llave de la Francia" vió, a lo largo de la Edad Moderna, acrecentarse su valor estratégico, aunque sin dejar de ser el importante centro de actividades mercantiles en que se había constituido desde la Baja Edad Media.

Desde el siglo XIII, los reyes, conscientes de la importancia que tenía el comercio en el proceso de configuración de las monarquías fuertes y cada vez más centralizadas, no dudaron en conceder a las ciudades donde tenían lugar los intercambios mercantiles de cierta importancia, una serie de privilegios para incentivar esas actividades que producían un flujo económico necesario para equilibrar las arcas reales y poder sufragar los gastos cada vez mayores de sus incipientes estados. En 1514 los Reyes Católicos confirmaron un antiguo privilegio, que databa de 1376, según el cual, la mitad de todas las mercaderías introducidas en Gipuzkoa, debía ser descargada y vendida en San Sebastián. La villa de Rentería demandó a la de San Sebastián pidiendo la abolición de este privilegio, por haber desaparecido las causas que provocaron su concesión, es decir, la endémica escasez de alimentos que sufría San Sebastián, situación agravada por el hecho de tratarse de una plaza militar con guarnición.

Sin embargo, la protesta no prosperó. El privilegio de la media descarga perjudicaba particularmente a la villa de Rentería y a las ferrerías de la cuenca del Oiartzun, ya que únicamente una parte de los bastimentos que importaban para su actividad podían descargarse en el canal de Pasajes o en los pequeños puertos fluviales de sus márgenes; el resto era llevado a San Sebastián, encareciendo los costos. Pero los privilegios comerciales a veces chocaban con los fueros, o con privilegios concedidos a otros centros comerciales. Desde el descubrimiento de América, San Sebastián había intentado obtener algún beneficio de la carrera de las Indias, y, después de muchas peticiones a la Corona, Felipe II, el 15 de enero de 1529, emitió una real cédula por la que se facultaba a las naves de San Sebastián, Bilbao y otros puertos del Cantábrico, a cargar mercancías con destino a América.

Este tímido intento de acabar con el monopolio del puerto de Sevilla tuvo efectos beneficiosos para el comercio y la industria de la comarca donostiarra. Los productos que se exportaron a América estaban relacionados primordialmente con el hierro y el acero: clavazón, anclas, armas blancas y de fuego, municiones y pertrechos militares (cotas, manoplas, espalderas, etc.) fueron los principales artículos que salieron del puerto de San Sebastián camino de las Indias. Pero este privilegio sufrió numerosas alteraciones a lo largo del siglo XVI, debido a la presión de los puertos andaluces, que se resistían a perder el monopolio del comercio con América y, también a causa de las peculiaridades aduaneras de las "provincias exentas" que eran utilizadas como arma arrojadiza por los enemigos de habilitar los puertos vascos para el comercio con las Indias.

La conquista de Navarra por los ejércitos de Fernando el Católico tuvo un impacto muy importante sobre San Sebastián que, como plaza militar, sufrió directamente las consecuencias del enfrentamiento bélico. En junio de 1512 llegaron a los puertos de San Sebastián y Pasajes los 10.000 arqueros que, al mando del duque de Dorsset, enviaba el rey Enrique VIII de Inglaterra para ayudar a Fernando el Católico, que entonces era su suegro, en la campaña contra Navarra. Ese enorme contingente humano se instaló entre San Sebastián e Irún, y la población de la comarca, numéricamente inferior, tuvo que soportar sus frecuentes desbordamientos. Finalmente en octubre, sin haber llegado a combatir, los arqueros ingleses retomaron a su país. Un mes después, mientras el depuesto rey navarro, ayudado por los franceses, sitiaba Pamplona en un desesperado intento por recuperar su reino, un ejército francés capitaneado por el delfín, Francisco de Angulema, el general Lautrec y el duque Carlos de Borbón, compuesto por unos 14.000 soldados, penetró en Gipuzkoa y, después de incendiar Irún, Oiartzun, Rentería y Hernani, puso sitio a San Sebastián, que se defendió heroicamente ante un violento fuego artillero que duró más de seis horas.

Por la noche consiguió entrar en la villa un pequeño destacamento, al mando de Juan de Aragón, sobrino del rey Católico, y de Juan de Lanuza. Con este refuerzo los sitiados pudieron resistir hasta la llegada de tropas guipuzcoanas y vizcaínas que, tres días después, acudieron en su ayuda obligando al ejército francés a replegarse y abandonar el sitio precipitadamente, dejando armas y bagajes y un importante número de prisioneros. Después de esta victoria muchos donostiarras, encuadrados en los tercios forales, se dirigieron a los pasos del Baztán para cortar la retirada a los franceses, tomando parte en la batalla de Noain, que fue uno de los últimos episodios de la anexión de Navarra. Por esta acción,en 1514, Carlos V concedió a la villa de San Sebastián el título de Muy Noble y Muy Leal, que desde entonces figura en su escudo. Este reconocimiento del emperador y las constantes muestras de preferencia con que la Corona había significado a San Sebastián posiblemente tuvieron algo que ver con su toma de posición durante la Guerra de las Comunidades En 1521, las villas y ciudades castellanas levantadas contra Carlos V enviaron mensajes para pedirle que se sumara a la insurrección pero, a pesar de sus insistentes requerimientos, los vecinos de San Sebastián no sólo se negaron a unirse a los sublevados sino que, para mostrar su repulsa, reunidos en la iglesia de Santa María junto con las autoridades, prestaron solemne juramento de mantenerse fieles al emperador.

Pero a pesar de estas manifestaciones de adhesión, posiblemente más aparentes que reales, hubo siempre cierto recelo hacia la fidelidad de los donostiarras por parte de las autoridades militares que guarnecían la plaza. El hecho de que muchos vecinos de San Sebastián fueran de origen gascón, o procedieran de otros países más alejados, provocó siempre un clima de desconfianza en las autoridades que representaban al gobierno central. Un dato significativo, que expresa perfectamente esta situación, aparece en la carta que escribió, en 1522, el cardenal Adriano de Utrecht, que a la sazón era gobernador del reino por ausencia de Carlos V y se encontraba en Vitoria, a las autoridades donostiarras, pidiéndoles que entregasen las llaves de la villa al capitán general de la plaza de San Sebastián, Beltrán de la Cueva -que ha pasado a la posteridad dando nombre a una de las calles más típicas de la capital de Gipuzkoa, Embeltrán- por mayor seguridad. Veinte años después, siendo capitán general Sancho Martínez de Leiva, Carlos V volvió a dar la misma orden, aunque añadiendo que no lo hacía por desconfianza hacia los donostiarras. Felipe II hizo otro tanto en 1566 y 1588, por medio de reales cédulas dirigidas a la villa, y esta cos tumbre continuó durante los reinados posteriores.

Situada en el confín de la ruta que comunicaba la Península con Europa, San Sebastián, durante toda la Edad Moderna, recibió un flujo constante de personalidades y fue el escenario de reuniones políticas y diplomáticas de gran trascendencia. En 1525, el rey de Francia, Francisco I, de regreso a sus estados después de haber permanecido durante dos años prisionero en Madrid, estuvo durante cinco días en San Sebastián. Los autores no se ponen de acuerdo acerca de si, durante su permanencia en la villa donostiarra, se alojó en el castillo de la Mota o en la casa de los Idiáquez, aunque un acuerdo del ayuntamiento, por el que se prohibía a los vecinos subir a las fortificaciones de Urgull mientras el rey se encontrase en San Sebastián, parece avalar su estancia en el castillo. Durante los días que el "galant huomo" Francisco I permaneció en la villa, oyó misa todas las mañanas y se mantuvo muy comedido. En 1539, el emperador Carlos V, de paso hacia Flandes, se detuvo unas horas en San Sebastián.

En ese tiempo, visitó los baluartes de las murallas y las obras del puerto, dirigiéndose luego a inspeccionar el canal de Pasajes y las fortificaciones de Hondarribia, donde pasó la noche. En 1565, la reina Isabel, consorte de Felipe II, que viajaba a Baiona para visitar a su madre Catalina de Médicis y a su hermano, el rey Carlos IX de Francia, hizo etapa en San Sebastián. Llegó el 13 de junio, acompañada de los obispos de Pamplona, Calahorra y Orihuela, y un séquito muy numeroso compuesto por grandes de España y pares de Francia. Al bajar la comitiva la cuesta de San Bartolomé, fue recibida por salvas de artillería procedentes de los cañones del castillo y de los barcos de guerra que se encontraban anclados en la bahía. Por la tarde se organizó una naumaquia en aguas de La Concha que entusiasmó a propios y extraños. Cuando Isabel de Valois, después de entrevistarse con su familia, volvió a pasar por San Sebastián, lo hizo acompañada por el delfín de Francia y con él, el 4 de julio, realizó una excursión por la bahía, en un barco adornado por los vecinos del puerto, desembarcando en la isla de Santa Clara para almorzar.

Los enfrentamientos entre San Sebastián y la provincia fueron constantes a lo largo de todo el siglo XVI. Estos litigios venían de muy antiguo y estaban motivados, entre otras muchas causas que resultarían muy largas de analizar, por las constantes muestras de trato de favor que, los diferentes soberanos, habían otorgado al municipio donostiarra. En 1514, Fernando el Católico dotó a San Sebastián con la merced de 64.000 maravedíes anuales sobre las rentas de las alcabalas de la provincia. En principio, esta ayuda debía de utilizarse para perfeccionar el sistema defensivo de la villa, pero se usó también para otros fines. La merced de Fernando el Católico fue confirmada en 1566 por Felipe II y sentó muy mal al resto de los guipuzcoanos que se consideraron, no sin razón, excluidos del favor real. Pero lentamente, a pesar de la oposición de los donostiarras, la voz de la provincia, consiguió hacerse oir en el Consejo de Castilla. En 1505 y 1508, el privilegio de la media descarga del puerto de San Sebastián fue cuestionado por unos comerciantes ingleses asentados en Rentería, a los que se unieron, en su protesta, vecinos de Hondarribia, por considerar que perjudicaba injustamente a sus intereses.

El pleito llegó hasta la Chancillería de Valladolid, que se limitó a confirmar los derechos de los donostiarras, provocando un gran descontento en la parte afectada. En 1550 San Sebastián tuvo otro litigio con la provincia, que se oponía a pagar los derechos de pontazgo que el capitulado donostiarra exigía por el paso del puente de Santa Catalina a todos los que no fuesen vecinos de la villa. El pleito fue llevado primero ante el corregidor, pasando luego en apelación a la Chancillería de Valladolid que, por primera vez, falló a favor de la provincia, prohibiendo a San Sebastián el cobro de los derechos de paso por el mencionado puente. En el mismo sentido, una real provisión de 1570 facultó a los habitantes de la provincia para embarcar en el puerto donostiarra su producción de sidra, lo que contravenía las ordenanzas de la villa. Pero a pesar de éstas y de la oposición de los vecinos de San Sebastián, la aplicación de la real provisión se llevó a efecto.

La creciente importancia estratégica de San Sebastián, que a mediados del siglo XVI ya era la pieza clave del sistema defensivo de la frontera nor-occidental de la monarquía española, obligó a las autoridades a mantener y acrecentar sus fortificaciones. Por ello no escatimaron a la hora de contratar a los más prestigiosos poliarcetes e ingenieros militares de la época, para que diseñaran sus cada vez más imponentes bastiones convirtiendo a San Sebastián, con el paso de los años, en una fortaleza casi inexpugnable. Durante el gobierno de los Reyes Católicos comenzó a restaurarse el ruinoso castillo que, desde hacía siglos, dominaba la atalaya de Urgull. Por esa época se levantó también la muralla nueva, conocida como la de los Reyes Católicos, que se hizo con previsión de futuro, dejando alrededor un amplio margen de terreno para permitir el posterior ensanche de la villa. En 1542 se comenzó a fortificar el sector oriental -que será siempre el más vulnerable- construyendo un lienzo de muralla a lo largo de la desembocadura del Urumea, que enlazaba con los acantilados de Urgull. También se acometió, en ese momento, la ejecución del cubo Imperial, llamado así en honor de Carlos V, que tres años antes, durante su estancia en San Sebastián, había ordenado que no se reparara en gastos a la hora de fortificar la villa.

El cubo Imperial se encontraba situado junto a la puerta de tierra, en el sector sur de las murallas. En 1567 se realizaron obras de ampliación en el rebellín, o espacio destinado a los ingenios de artillería, que se asentaba en el llamado postigo de San Nicolás, junto a la Zurriola. También se ensanchó el baluarte del lienzo oriental, llamado del Gobernador, que dominaba la desembocadura del Urumea, y en el lado opuesto, en el sector de las murallas situado sobre la dársena del puerto, se amplió la resistencia del baluarte de San Felipe, que miraba hacia la bahía. A finales de siglo, Felipe II encargó a su ingeniero mayor, el italiano Tiburcio Espanochí, que estudiara nuevas fortificaciones para la plaza de San Sebastián. Estas construcciones formaban parte de un proyecto defensivo de gran envergadura, que contemplaba la construcción de modernas fortalezas a todo lo largo de la cadena pirenaica, desde el Bidasoa hasta los confines orientales de Cataluña. Pero esto ocurrió en 1596 y las obras encargadas por Felipe II no llegaron a realizarse hasta bien entrado el siglo XVII, y muchas de ellas nunca pasaron del proyecto a la materialización.

La villa de San Sebastián tuvo una decisiva participación en aquella aventura fallida que se llamó "la Armada Invencible". Un donostiarra, Miguel de Oquendo, nacido en un humilde caserío de las dunas de Ulía, fue uno de los generales que comandaron la flota, y el número de vecinos de San Sebastián que tomaron parte en la fracasada empresa fue muy importante. Miguel de Oquendo, que ya tenía un gran prestigio como marino y había sido nombrado general por su decisiva actuación, junto con otros hombres de mar guipuzcoanos, en la campaña contra los rebeldes de la isla Terceira, recibió la orden de organizar una gran flota para atacar Inglaterra. A pesar de las protestas de las autoridades guipuzcoanas, preocupadas por la cantidad de hombres que servían en la real armada y de que el secretario real, Juan de Idiáquez, había prometido poner remedio a esta sangría humana, por real orden se dispuso una leva de marineros y se requisaron todos los barcos capaces de navegar a mar abierta.

La villa de San Sebastián contribuyó con nada menos que once navíos de grueso calado, que al mando de Miguel de Oquendo, pasaron a formar parte de una flota compuesta por barcos guipuzcoanos, vizcaínos y de las cinco villas marineras de Cantabria. El desastre de la Invencible golpeó de lleno a la provincia de Gipuzkoa y, en particular, a San Sebastián que, según las investigaciones del profesor J. I. Tellechea Idígoras, perdió nada menos que 127 marineros. Pasajes, que entonces era un barrio de San Sebastián -exceptuando San Juan, que pertenecía a Hondarribia tuvo 103 muertos. Esta cifra escalofriante de víctimas resulta todavía más conmovedora si tenemos en cuenta que en aquel momento, los habitantes de San Sebastián no pasarían de 4.000. Pero la Armada Invencible, aunque la más importante, no fue la única empresa, funesta por sus resultados, en la que tomaron parte los habitantes de San Sebastián a lo largo del siglo XVI. Ya en 1528, durante la expedición imperial contra La Goleta (Túnez) Gipuzkoa contribuyó con 800 hombres -de los que unos 150 eran donostiarras- 14 zabras y un galeón armado en el puerto de San Sebastián.

De nuevo, en 1541, para la campaña naval emprendida por Felipe II contra la regencia berberisca de Argel, se hizo en Gipuzkoa una leva de 1.300 hombres de mar de los cuates casi 200 eran de San Sebastián. También en la fracasada expedición organizada por la Corona para explorar el estrecho de Magallanes tomó parte un crecido número de donostiarras. De las dos naves armadas en el puerto de San Sebastián para esta empresa, una de ellas, la que iba al mando del capitán Martín de Arriola, se hundió en las costas de Brasil con 120 hombres a bordo, pereciendo muchos vecinos de San Sebastián en este dramático suceso. Todas estas actividades bélicas, que se encuadraban en el marco de la política de hegemonía en los mares de Europa y América que preconizaba la Corona española, tuvieron efectos desastrosos para San Sebastián y, en general, fueron nefastos para toda Gipuzkoa, ya que las levas forzosas de hombres de mar para el real servicio de la armada, restaban brazos a las actividades pesqueras, especialmente a las que se llevaban a cabo en los caladeros de bacalao de Terranova, que proporcionaban importantes ingresos a San Sebastián.

La pesca del bacalao, lo mismo que la caza de la ballena, eran actividades generadoras de riqueza ya que, alrededor del manipulado y comercialización de estas especies se creaban unas empresas que contribuían al desarrollo económico del conjunto de Gipuzkoa. Las autoridades de la provincia elevaron numerosas protestas ante el consejo real pidiendo la reducción de las levas de marineros, pero sólo recibieron buenas palabras y el problema no se solucionó. El fin de siglo fue realmente aciago para San Sebastián: a la escasez de brazos útiles provocada por la avaricia de hombres de mar de la monarquía española, se sumaron otras graves dificultades. Para escapar a esta situación de penuria económica, muchos donostiarras emigraron a América. Otros, quizá menos aventureros, se establecieron en Sevilla y Cádiz, incrementando la numerosa colonia de euskaldunes de aquellas ciudades andaluzas. Como las desgracias nunca llegan solas, en 1597, una mortífera epidemia de peste asoló toda Gipuzkoa, cebándose particularmente en la comarca de Pasajes. San Sebastián, por miedo al contagio, se mantuvo incomunicada de las poblaciones vecinas y aunque gracias a esta medida logró capear la epidemia con un número de víctimas relativamente escaso, este aislamiento provocó una paralización de las actividades mercantiles que se saldó con cuantiosas pérdidas económicas.

El obispo de Pamplona, Antonio Zapata, y los concejos de varias localidades alavesas y navarras, en un rasgo de solidaridad sin precedentes, acudieron con sus donativos en ayuda de San Sebastián contribuyendo a mantener los hospitales y lazaretos de la Zona apestada. En 1599 se levantó finalmente la cuarentena y, para intentar paliar la difícil situación económica de los donostiarras, el rey emitió un real despacho por el que se les permitía habilitar barcos para practicar el corso contra los ingleses, holandeses y rebeldes flamencos, con la condición de reservar una quinta parte de los bienes apresados para la Corona.

Como todas las ciudades de la época, San Sebastián, a lo largo de la Edad Moderna sufrió numerosos incendios, fortuitos o provocados, que contribuyeron a modificar su fisonomía y alteraron en varias ocasiones la distribución de sus barrios. La catástrofe de mayor envergadura tuvo lugar el 14 de diciembre de 1575 cuando, al caer un rayo sobre el polvorín situado en las proximidades de la cima del castillo de la Mota, volaron 25 barriles de pólvora, que se precipitaron sobre la ciudad provocando una serie de explosiones e incendios que causaron grandes destrucciones en los edificios y un importante mortandad entre sus habitantes. San Sebastián no se recuperó de este suceso hasta bien entrado el siglo XVII.

Durante los primeros años de la nueva centuria se produjeron varios incendios de menor magnitud, que afectaron a las pequeñas construcciones de madera y mampostería situadas junto al flanco sur del monte Urgull, o en las inmediaciones de las murallas que daban al puerto. Muchos de los edificios que ardieron eran utilizados como almacenes, pero en ocasiones, el fuego también afectó a viviendas, que por la mala calidad de los materiales empleados en su construcción solían ser muy inflamables. Pero el incendio de mayores proporciones del siglo XVII tuvo lugar la noche del 6 de enero de 1630, cuando un fuego iniciado en la casa de Arriola, se propagó a las viviendas colindantes, llegando las llamas hasta el pozo de la Zurriola. Ardieron 120 casas y hubo al menos diez muertos y numerosos heridos. En 1688 se produjo otra catástrofe de características muy parecidas a la de 1575.

El día 7 de diciembre, a las 4 de la tarde, durante una tormenta con importante aparato eléctrico, cinco rayos impactaron en distintos puntos de la ciudad y uno de ellos fue a caer en el polvorín del castillo de la Mota, volando 800 quintales de pólvora que arrasaron las fortificaciones de Urgull, matando a todos los soldados que integraban la guarnición. Una lluvia de piedras y maderamen se abatió sobre la ciudad y el muelle, que sufrió graves desperfectos, y se prendieron varios focos de fuego que pudieron ser dominados gracias al intenso aguacero que durante la noche siguiente cayó sobre San Sebastián. Hubo bastantes muertos y heridos pero también fue muy importante la destrucción de edificios, que afectó a gran número de casas y almacenes, y la ruina ocasionada en las obras del puerto. Ante la magnitud del desastre la Provincia acordó contribuir con un donativo de 1.000 ducados a la reparación de los daños sufridos en las instalaciones portuarias. También, y para el mismo fin, en 1693, el rey envió a San Sebastián 2.000 ducados.

Privilegios comerciales contra libre comercio. Durante el siglo XVII se hizo cada vez más patente el enfrentamiento entre dos conceptos económicos opuestos. El proteccionismo, -representado por la concesión real de privilegios comerciales, que había sido la tónica de la política económica de los monarcas, y que, precisamente en el siglo XVII alcanzaría su máximo apogeo con la creación de las grandes Compañías Privilegiadas que, en adelante, monopolizarían los negocios ultramarinos-, se enfrentaba a la noción de libertad de comercio. El libre comercio era algo muy antiguo, al menos en las llamadas Provincias Exentas, cuyas autoridades siempre se habían empeñado en defenderlo por encima de los privilegios reales. Pero también era un concepto nuevo, por el que, reelaborado según las necesidades de los nuevos tiempos, apostaban los modernos economistas.

Desde el descubrimiento, por marineros vascos que perseguían ballenas, de los caladeros de bacalao de Terranova, San Sebastián se había convertido en centro de comercialización de ese pescado, que constituía la principal fuente de proteínas de las clases populares y era alimento habitual en vigilia. Este negocio tenía gran importancia económica y los monarcas expidieron varias reales cédulas favoreciendo a los armadores de los barcos que faenaban en Terranova. Una real cédula de 1639, confirmada en 1642 por Felipe IV, ordenaba que, bajo ningún pretexto, se requisaran para el real servicio las naves destinadas a la pesca del bacalao. Esta normativa real creó una situación de agravio comparativo con los barcos dedicados a otro tipo de capturas y fue objeto de numerosas quejas.

También la caza de la ballena y, sobre todo, la comercialización de su grasa, fue protegida por cédulas reales y dió motivo a protestas. Era difícil conciliar el libre comercio, que era un derecho de los habitantes de Gipuzkoa, contemplado en el Fuero de la Provincia, con los privilegios que los reyes otorgaban a determinadas actividades, consideradas beneficiosas para el desarrollo económico del Estado.

La rebelión de Flandes en 1626 tuvo consecuencias directas sobre San Sebastián. Aparte de los ataques que las naves donostiarras tenían que soportar por parte de los independentistas flamencos y sus aliados holandeses cuando faenaban en los caladeros del Atlántico, un clima de paranoia se había apoderado de la Corona, aislándola cada vez más del continente europeo. Rodeada de enemigos reales o imaginarios, la monarquía española optó por la política del atrincheramiento y San Sebastián, principal bastión del sistema defensivo en la frontera septentrional, vió incrementarse todavía más sus fortificaciones. Las obras más importantes se llevaron a cabo en el castillo de la Mota que, posiblemente, a causa de su notable escarpadura, no poseía baluartes ni cubos.

Se construyeron estos elementos por orden del rey, pero las obras proyectadas no se llevaron a cabo en su totalidad porque los habitantes de San Sebastián, en contra de la opinión de los ingenieros militares, preferían ser defendidos desde dentro de la villa, y no desde lo alto de la fortaleza de la Mota, y para ello, eligieron invertir el dinero destinado a construcciones militares en la mejora de los baluartes y murallas que la rodeaban. Del enfrentamiento entre estos dos puntos de vista, los que salieron más perjudicados fueron los vecinos de San Sebastián que tenían huertas en las laderas de Urgull, fulminantemente obligados a desalojarlas por las autoridades militares, que se ampararon en la necesidad de despejar el terreno por su importancia estratégica. Pero la villa consiguió su objetivo, y en 1639 empezaron a construirse nuevas plataformas para la artillería en el sector sur de la muralla.

También se concluyeron las obras del hornabeque y de las fortificaciones de Santa Catalina, iniciadas por Felipe II durante el siglo anterior, y en la isla de Santa Clara se realizó una terraza de piedra y cal para poder disponer en ella de artillería. En 1656 el pequeño cubo que miraba hacia la Concha, que, a causa de su deterioro, había sido derribado cincuenta años atrás, fue reconstruido con mayores dimensiones, por ello se le llamó el cubo del Ingente, que hoy, definitivamente desaparecido, da nombre a la donostiarra calle Igentea, pues es, más o menos en ese lugar, donde se encontraba situado. Si las obras de las primeras fortificaciones fueron costeadas casi exclusivamente por la ciudad, a partir del siglo XVII la real hacienda y la provincia contribuyeron a sufragarlas. En 1646 el rey adjudicó 10.000 ducados, obtenidos de los 90.000 del donativo ofrecido por Gipuzkoa para sufragar la guerra de Italia, para pagar las nuevas fortificaciones. Ese mismo año, la provincia, consciente de la importancia estratégica de San Sebastián, acordó concederle diez mil ducados con la misma finalidad.

También, para terminar la remodelación del cubo del Ingente el rey destinó 2.000 ducados en 1657. Pero la prueba concluyente de la preocupación que ocasionaban estas fortificaciones, es la llegada a San Sebastián, en 1689, del más prestigioso ingeniero militar de la época, el italiano Hércules Torrelli, enviado por el gobierno de Madrid para remediar las destrucciones ocasionadas el año anterior por la explosión del polvorín de la Mota. Torrelli, que ya había estado en San Sebastián en 1685, y se había marchado desalentado por no haber conseguido llevar a cabo su proyecto de fortificaciones en Urgull, volvió poniendo la condición de que las obras se realizarían según lo dispuesto en su proyecto original.

Pero pronto surgieron las dificultades, debidas la mayor parte de las veces, a la ya vieja oposición de los habitantes de San Sebastián a que se destinaran demasiados medios para las fortificaciones de la Mota. En 1693 se terminó de construir la batería llamada del Mirador, pero no había dinero ni para enlosar de nuevo la plaza de armas. Por ello, cuando en 1695 la ciudad hizo un donativo de 6.000 doblones para obras de fortificación y la provincia destinó 20.000 ducados para el mismo fin, pero con la condición de que fueran utilizados para reforzar el sistema defensivo de la ciudad, dejando de lado las fortificaciones de Urgull, Hércules Torrelli, desmoralizado, abandonó San Sebastián.

Tradicionalmente, las lanas de Navarra y Aragón que se exportaban a Europa, salían por el puerto de San Sebastián. En 1654 el rey impuso un nuevo gravamen sobre estos géneros, que sufrió ulteriores recargos en 1656 y 1660. Esta medida fue la causa de que navarros y aragoneses empezaran a llevar sus lanas, por tierra, hasta el puerto franco de Baiona, donde no existían aranceles. Paralelamente, la apertura del camino real de Orduña, que agilizaba las comunicaciones entre la meseta y la provincia de Bizkaia, hizo que las lanas castellanas salieran hacia Europa desde el puerto de Bilbao. De este modo, a lo largo de medio siglo, San Sebastián y los restantes puertos de la provincia de Gipuzkoa, perdieron totalmente este comercio que había sido desde épocas remotas uno de los principales motores de su economía. Las Juntas Generales acordaron acudir al rey para manifestarle el malestar de los guipuzcoanos y, finalmente, en 1688, obtuvieron una real orden por la que se dejaban sin efecto las anteriores medidas impositivas, aunque ya era demasiado tarde para recuperar el protagonismo como puerto lanero.

En 1682 se creó el Consulado y Casa de Contratación de San Sebastián, en la misma forma de los que ya existían en Burgos, Sevilla y más recientemente, desde 1511, en Bilbao. Las gestiones de la ciudad ante la Corona culminaron con la emisión de una real cédula, expedida por Carlos II en Madrid, el 13 de marzo, concediendo permiso para que se erigiese un Consulado y Casa de Contratación en la forma acostumbrada. A tal efecto se dictaron unas ordenanzas, compuestas por 84 capítulos, para legislar los diferentes aspectos de su funcionamiento. Este capitulado recibió el refrendo del Consejo de Castilla el 19 de septiembre del mismo año. En un principio, la dotación del Consulado estaba compuesta por un prior y dos cónsules, elegidos anualmente, además de un número indeterminado de subalternos, que variaba según las necesidades de la institución. La erección del Consulado provocó un roce de jurisdicciones con el resto de las autoridades, tanto municipales como de la provincia.

Pero a pesar de ello, entendiendo que la revitalización del comercio promovida por el Consulado era beneficiosa no sólo para San Sebastián, sino para la globalidad de Gipuzkoa, las Juntas Generales autorizaron su instalación, aunque con la restricción de que no se hiciese uso del capítulo 24 -que le facultaba para hacer repartimientos ordinarios y extraordinarios para su propia subsistencia por ser considerado contrario al título 18 de los fueros. Este capítulo 24 fue la causa de numerosos conflictos con la Provincia, porque según lo dispuesto en él, se capacitaba al Consulado para gravar con unos derechos de arancel las mercaderías que se introducían o se exportaban a través del puerto de San Sebastián, hecho bastante insólito, sobre todo en el caso de las importaciones, si se tiene en cuenta que estaba situado en una Provincia Exenta. Además, el gravamen impuesto sobre algunos productos de la industria guipuzcoana, especialmente en el caso de los aceros, aunque era moderado, hacía subir el precio final, que resultaba menos competitivo en los mercados exteriores.

Ante la presión de las quejas recibidas, la Diputación encargó un informe sobre este delicado asunto a Antonio de Zorrobiaga, que tuvo como resultado la exigencia al Consulado, por parte de la máxima autoridad provincial, de que anulase de forma definitiva y sin posibilidad de apelación, la cláusula que perjudicaba a los intereses de la industria guipuzcoana. Después de un período de tensas negociaciones, en las que tuvo que mediar el Consejo de Castilla, el Consulado dejó de cobrar aranceles de salida a los productos provinciales y se dió por zanjado el contencioso. El Consulado consiguió revitalizar el comercio, pero no pudo recuperar el negocio del transporte de las lanas, que definitivamente fue acaparado por otros puertos que ofrecían condiciones más ventajosas a los productores castellanos y navarro-aragoneses.

Tal y como había ocurrido en el siglo XVI, a lo largo del XVII, las diferencias entre San Sebastián y las villas vecinas fueron muy frecuentes. También se dieron, aunque en menor medida, litigios con Bilbao, pero en este caso se trató siempre de problemas relacionados con el tráfico corsario, que en aquellos años de enfrentamientos bélicos continuos constituía una práctica habitual de los marinos donostiarras, compatible con sus actividades pesqueras. Dentro de esta clase de conflictos el problema más grave tuvo lugar en 1602, cuando unos corsarios de San Sebastián, apresaron en la desembocadura del Nervión, a una legua de Portugalete, a dos navíos alemanes procedentes de Hamburgo y los trajeron al puerto donostiarra. Resultó que los barcos en cuestión habían sido fletados por cuenta del Señorío, con lo cual, la casa armadora protestó ante el ayuntamiento de Bilbao, que a su vez elevó una queja a las autoridades de San Sebastián y al capitán general de la plaza, que tuvieron que obligar a los corsarios a que dejaran libres a sus presas, aunque parte de las mercaderías que transportaban los barcos alemanes ya habían sido distribuidas, conforme a la ley del corso, entre los marineros, y no fue posible recuperarlos.

Los problemas con las localidades vecinas fueron constantes y estuvieron provocados, generalmente, por los privilegios que San Sebastián había conseguido captar de la Corona a lo largo de los siglos anteriores, y que perjudicaban al resto de las poblaciones guipuzcoanas, especialmente a las que estaban situadas en las comarcas cercanas. Hernani y Urnieta protestaron varias veces ante las Juntas Generales a causa de los derechos que estas localidades consideraban tener sobre la comunidad del Urumea y que San Sebastián pretendía acaparar en exclusiva, alegando antiguos privilegios. Hernani consiguió que la Junta General de Mutriku de 1696, reconociera su derecho a hacer nasas en el Urumea, a la altura del barrio de Loiola, que era algo a lo que San Sebastián se venía oponiendo durante más de un siglo y que fue la causa de numerosos destrozos y enfrentamientos entre los pescadores de ambas poblaciones. Otro motivo de discordia fue la pretensión de San Sebastián de impedir que los que llegaban a la ciudad con caballerías descargadas, sacasen de ella mercaderías. La Provincia que, como ya hemos dicho, siempre había protegido el libre comercio interior, recurrió contra esta medida ante el Consejo Real, que el 3 de septiembre de 1631 libró una provisión ante el corregidor exigiendo el esclarecimiento de esta aparente arbitrariedad, que finalmente fue resuelta a favor de la Provincia.

También en el siglo XVII el tránsito de personalidades que pasaron por San Sebastián fue constante. Como consecuencia de la política de alianzas matrimoniales promovida por Felipe III, en 1615, el propio monarca vino a San Sebastián para acompañar a su hija, Ana de Austria, que marchaba a Francia para casarse con el delfín, el futuro Luis XIII. La villa dió una multitudinaria bienvenida al rey; el alcalde donostiarra, Martín de Miravalles, le entregó las llaves. Felipe III y su hija se hospedaron en casa del comendador mayor de León, Alonso de Idiáquez. Esta mansión, situada al principio de la calle Mayor era la mejor acondicionada de San Sebastián, y, como en el siglo anterior, continuó sirviendo de alojamiento a todas las personalidades que atravesaban Gipuzkoa. La comitiva real permaneció durante tres días en San Sebastián, para marchar luego a Hondarribia.

Los esponsales se celebraron en la isla de los Faisanes, allí se intercambiaron las princesas casaderas y dos días después Isabel de Borbón, que hacía el viaje en sentido inverso para dirigirse a Madrid como prometida del futuro Felipe IV, se detuvo también en San Sebastián y pasó la noche en casa de los Idiáquez. La guerra entre las monarquías francesa y española iniciada en 1635, que tuvo efectos catastróficos para la economía guipuzcoana, concluyó después de veinticinco interminables años, con la llamada Paz de los Pirineos, sellada, nuevamente, con un matrimonio, esta vez el de la infanta española Maria Teresa de Austria y su primo Luis XIV. Con este motivo, en 1660, San Sebastián recibió al monarca español, a su hija y a su numeroso séquito. Una vez más, el alcalde donostiarra, título que en aquel momento ostentaba Francisco de Orendain, entregó al rey las llaves de la villa.

También, como en ocasiones anteriores, la familia real se hospedó en la casa de los Idiáquez. La villa preparó toda clase de festejos para entretener a sus huéspedes reales. Durante los preparativos de la Paz de los Pirineos, San Sebastián se convirtió en sede de la corte española. También, muchas personalidades francesas, como Madame Bove, camarera mayor de Francia o los sobrinos de los cardenales Richelieu y Mazarino y otros pares del reino, se instalaron en diferentes casas de la villa. El día 27 de marzo, festividad del Corpus, el rey en persona, acompañado de todo su séquito y corte, asistió a los actos religiosos en la iglesia de Santa María y salió luego en procesión bajo palio por las calles donostiarras. Después, en la plaza nueva, un grupo de jóvenes bailó la espata-dantza delante del monarca. Los vecinos de San Sebastián procuraron rentabilizar la estancia real y le pidieron a Felipe IV, por medio de su ministro plenipotenciario, que concediese a San Sebastián el título de ciudad.

Ajustados los capítulos de la Paz de los Pirineos y entregada la infanta María Teresa en la Isla de los Faisanes, volvió D. Luis de Haro a San Sebastián para dar la noticia a vecinos y autoridades de que el rey le había concedido la gracia del título de ciudad (1635), por tratarse de una villa que tan directamente había contribuido a la organización del tratado de paz ajustado con Francia. Ya investida con el título de ciudad, San Sebastián recibió, en octubre de 1675 a Don Juan José de Austria, el hijo bastardo de Felipe IV, que volvía de Flandes camino de la corte, para hacerse cargo de su nuevo destino como virrey de Nápoles. Juan José de Austria pasó dos noches en San Sebastián, y en ese tiempo recibió a una representación de las Juntas Generales de Bizkaia que le plantearon una serie de quejas de parte del Señorío.

Petición del derecho de libre comercio. En los primeros años del siglo XVIII arreciaron las peticiones de libre comercio. La llegada de la dinastía borbónica al trono español provocó una serie de cambios en todos los aspectos de la organización estatal. Esto supuso un serio intento de reestructurar la política económica del país y adaptarla a los nuevos tiempos, pero esta pretensión chocó desde el principio con unas normativas comerciales muy restrictivas, aunque tan arraigadas que hacían muy difícil cualquier intento de modificación. Durante el primer tercio del siglo XVIII, al menos en tres ocasiones -1721, 1726, 1730- las autoridades de la ciudad y el Consulado elevaron a la Corona peticiones para que se habilitara el puerto de San Sebastián para el comercio con América, pero a pesar de los intentos de liberalización económica promovidos por la nueva dinastía, resultaba muy difícil desmantelar el monopolio de los puertos de Sevilla y Cádiz. Lo que sí se consiguió, como veremos más adelante, fue una paulatina liberalización del comercio interior, que en este caso resultó perjudicial para San Sebastián, ya que la ciudad y su puerto fueron despojados, a lo largo del siglo, de sus antiguos privilegios.

En 1714, el comercio de Bayona demandó a San Sebastián ante el Supremo Consejo de Guerra, para pedir la anulación del antiguo privilegio que obligaba a llevar a vender a esta ciudad la mitad de los cargamentos que se desembarcaban en el puerto de Pasajes. San Sebastián acudió a las Juntas Generales de la Provincia que fallaron a favor de la confirmación del privilegio. Esta medida fue motivo de permanente discordia con los comerciantes de otras localidades. Pero a pesar de las reiteradas protestas que llovían por todas partes, y muy especialmente, las que venían de los comerciantes bayoneses, que se sentían especialmente perjudicados, el rey, en 1716 emitió una cédula que ratificaba el fallo de las Juntas Generales a favor de San Sebastián, aunque se pedía que, por esa vez y sin que sirviese de precedente, se restituyeran a los comerciantes de Bayona las cargas que les habían sido embargadas durante el pleito.

Pero el uso del privilegio de la media descarga, que tantos litigios había provocado, iba en contra de las medidas liberalizadoras que se estaban imponiendo en toda Europa y, en 1749, una real orden limitó por primera vez su extensión exigiendo que "no abusase de él", pues entorpecía el comercio. En los años siguientes, las leyes protectoras de la libertad comercial fueron dejando sin efecto el usufructo del antiguo privilegio donostiarra. Pero las diferencias entre la ciudad de San Sebastián y la provincia, exacerbadas por el favor que los reyes habían dispensado a la que con el tiempo sería capital de Gipuzkoa, se hicieron cada vez más patentes y en el siglo XVIII se produjeron los primeros enfrentamientos entre estas dos entidades, prefigurando lo que de modo más drástico iba a ocurrir durante las Guerras Carlistas.

Es muy significativo que, cuando se produjo la revuelta popular, conocida como "Matxinada", de 1766, tanto la tropa que sofocó el levantamiento como los comandantes que la dirigieron, habían partido de San Sebastián. Y el dinero para ayudar a la extinción de la Matxinada, salió de las arcas del Consulado de San Sebastián y de la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas, que contribuyeron con cinco mil y cuatro mil pesos respectivamente a la acción represiva contra los "matxines" de los pueblos de Gipuzkoa.

En el contexto del enfrentamiento bélico hispanofrancés, provocado por los epígonos de la Guerra de Sucesión, en 1719, el mariscal de Francia, duque de Berwick, después de tomar Hondarribia, puso sitio a la plaza de San Sebastián. La ciudad se encontraba en aquel momento desguamecida y, durante los meses precedentes, ante la inminencia del ataque, había pedido ayuda de "boca y guerra" al gobierno, sin obtener satisfacción. La Provincia, conocedora de la situación, introdujo en la plaza compañías forales de Azpeitia, Azkoitia, Zestoa, Lazkano, Legazpia y Urretxu, que quedaron al mando del sargento mayor Francisco Ignacio de Alcibar-Jauregui. Paralelamente, las autoridades municipales dividieron a su gente en doce compañías, compuestas cada una por cien hombres. Ocho de estas compañías estaban formadas por vecinos intramurales y las cuatro restantes por vecinos de los barrios extra-muros. Los franceses se avistaron el 24 de junio, y para el día 3 del mes siguiente ya habían bloqueado totalmente la ciudad.

El duque de Berwick estableció su cuartel general en Aiete y desde allí dirigió las operaciones del asedio. El gobernador militar de San Sebastián, brigadier Alejandro de la Mota, sospechando que la isla de Santa Clara podría ser atacada, envió a Alcibar Jauregui con las tres compañías de Azpeitia para guarnecerla. Pero después de un primer ataque de la artillería dispuesta en las naves de la flota anglo-francesa, compuesta por unos efectivos de más de 150 cañones, y del intento de asalto de once embarcaciones enemigas, que fueron rechazadas por los azpeitiarras, el gobernador de la plaza, ante la inferioridad de los defensores, ordenó desalojar Santa Clara. El 25 de julio se lanzó un ataque masivo sobre San Sebastián. La artillería enemiga empezó a batir con especial insistencia el lienzo más débil de la muralla, situado al lado del puente de Santa Catalina. Tres días después se abrió una brecha en las fortificaciones del sector oriental y el comandante de la plaza ordenó que los efectivos militares se replegasen sobre el castillo.

La disparidad de las fuerzas hacía inviable cualquier intento de seguir defendiendo la ciudad, de modo que, el 1.° de agosto, San Sebastián pidió la capitulación. Una comisión, compuesta por el alcalde, Amite Sarobe y los vecinos Pablo Joaquín de Aguirre y Martín Olozaga, se presentó en el cuartel general del duque de Berwick para proponer los diferentes capítulos de la rendición. Sin embargo, los tercios guipuzcoanos y los restantes efectivos militares que se habían replegado sobre las fortificaciones de la Mota, no se rindieron hasta el día 27. Durante el asedio San Sebastián sufrió una gran destrucción, evaluada en más de tres millones de reales de plata. También fueron muy numerosas las pérdidas humanas. Durante dos años la plaza estuvo en manos de los franceses. Finalmente, en 1721 se hizo la paz y el 25 de junio tomaron posesión de ella las tropas reales.

La Guerra de Sucesión paralizó una serie de proyectos de fundación de compañías privilegiadas que ya desde el último tercio del siglo XVII estaban en proceso de gestación. Pero en 1728, la feliz conjunción de la llegada al gobierno de un ministro ilustrado, José Patiño, con las nuevas peticiones, por parte del Consulado de San Sebastián y la provincia de Gipuzkoa de crear una compañía comercial, cristalizó en la fundación de una sociedad mercantil por acciones que recibió el nombre de Real Compañía Guipuzcoana de Caracas. La sede de esta empresa estuvo, desde el principio, en San Sebastián. Sin embargo, el monopolio de los puertos andaluces siguió resistiéndose a ser eliminado y consiguieron que los navíos de la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas, a su regreso de América, arribaran al puerto de Cádiz, pagando allí los derechos de desembarque, aunque la parte de las mercaderías que la Compañía estimase oportuno, podían ser trasladadas al puerto de San Sebastián.

A pesar de estos inconvenientes la Compañía de Caracas tuvo una enorme importancia para el desarrollo económico de Gipuzkoa, y su impacto se notó particularmente en la comarca de San Sebastián. Los productos más importantes que llegaban de América en los barcos de la Compañía eran el cacao y el pinole, mezcla de vainilla y otras especies aromáticas que, junto con el azúcar -que era otro producto que, en menor medida, importaba la Compañía- se utilizaban para fabricar el chocolate. La llegada de estas mercaderías americanas provocó la creación de una industria chocolatera bastante importante en casi toda Euskal-Herria, pero con especial incidencia en San Sebastián y Baiona.

En 1751 una real orden obligó a trasladar a Madrid la dirección de la Compañía. Esto, unido a las dificultades cada vez mayores con que se enfrentaba en el desarrollo de su actividad por culpa de las medidas cada vez más restrictivas dictadas por el gobierno, y a la situación creciente de inseguridad que ofrecían las costas de Venezuela -que es donde se cargaban la mayor parte de las mercancías- provocaron una decadencia en la otrora pujante Compañía Guipuzcoana de Caracas, y le llevaron a su extinción, en 1785. Sus acciones, por real orden, pasaron a la recién creada Compañía de Filipinas.

Fragmentos de la detallada descripción de la población y de los usos y costumbres de sus gentes realizada por el presbítero Joaquín de Ordóñez muerto en Donostia en 1769. El manuscrito fue hallado por el Marqués de Seoane en el fondo Vargas Ponce, en el archivo de la Real Academia de la Historia, y publicado, corregido y anotado, por Alfredo de Laffitte en 1963:

"Las casas todas de esta Ciudad son muy buenas, muchas de sillería cornisas y molduras de piedra, muchos balcones y algunos de rara hechura, las más casas tienen vidrios propios y todos de cristales, porque aquí no hay vidrios ordinarios. La Plaza Mayor, la nueva, aunque es tan grande como la de Madrid, Valladolid y Pamplona, es mayor que todas y solo la excede con muchas ventajas la de Salamanca; es uniforme en todo, llámase Plaza Nueva, porque hace pocos años que se fabricó la planta y nació esto, de que queriendo la Ciudad correr toros en la que ahora se llama Plaza Vieja porque es del Rey, lo embarazó el Comandante General que entonces había, y con este sentimiento la Ciudad por tener libertad en adelante determinó comprar sitios, demoler casas y levantar a su gusto y costa de la Ciudad tomando censos que aún está pagando réditos y cada año se van minorando; luego que se concluyó que fue el año de mil setecientos veintitrés se estrenó con una corrida de toros en aquel agosto; ésta es pues cuadrada algo más larga que ancha, toda es de sillería hasta las tejas, tiene tres altos y guardillas sobre los tejados, cada casa dos ventanas y sólo tres balcones que dan vuelta a toda la plaza y sientan todos los balcones: como todas las ventanas están con uniformidad es una delicia verlas, las ventanas están numeradas y llegan los números hasta ciento cincuenta y nueve, y qué hermosura es ver en dichas ventanas cuando las iluminan nuevecientas diez y seis hachas en una Plaza que es muy grande con el aditamento de la Casa Consistorial que coge todo un lienzo de elegante arquitectura y molduras, talla y balconaje diverso de la Plaza. Cuenta esta casa en la fachada sobre cinco arcos muy capaces, el primer piso ocupa la Ciudad, el segundo el Consulado en los que ponen muchas hachas, arañas y monteretas que no hay más que ver en tiempo de fiestas, remata esta casa con un corredor de piedra con un pedami de sobre las pilastras y en el remate están dos grandes estatuas de alabastro la Justicia y la Prudencia y debajo de éstas está dentro de una tarjeta de piedra muy vistosa que sostiene dos leones de cuerpo entero, dentro de esta tarjeta, está un abro de medio relieve tan perfectamente hecho que puede servir de modelo a los de esta facultad; es más alta esta casa, hay dos torres uniformes muy bien hechas y perfectas en el todo, en una está una campana con la que se convoca a los vecinos matriculados cuando no basta la Ciudad para algunos asuntos. Todas las casas, así de la Plaza Nueva como de toda la Ciudad aunque tengan seis altos, en todas hay lugar común desde su fundación como también canalones en los tejados en que se conoce acordaron antes que en Madrid tener limpieza; aquí se llega que todas las calles tienen en delanteras y costados tres baldosas cuadradas y la del medio, en las calles ni una gota de agua y por consiguiente todos los vecinos hacen barrer su puerta la víspera de fiestas y como la Ciudad costeó toda la plaza, es dueña asimismo de todas las casas que rentan muchos pesos y bien cobrados porque en toda ella se venden comestibles y con este producto paga sus encargos, salarios de sirvientes y se va desempeñando de los censos que tomó para esta fábrica. Para una corrida de toros se alquilan las portadas, las cuatro bocacalles, y por cada casa (esto es dos ventanas) está en costumbre pagar dieciséis pesos, los inquilinos que las viven no tienen parte en las ventanas de su casa y la Ciudad hace el repartimiento y quedan quejosos porque no alcanzan para todos, con lo que costea la Ciudad las fiestas y gana dinero y se lleva que el Consulado da para corrida doscientos pesos, la Ciudad la primera tarde envía al Cónsul un gran refresco y éste retoma otro igual en la segunda.

Hay solo una puerta de hierro que mira a Castilla. ésta se cierra según el Comandante General y Alcaldes disponen de acuerdo, pero suele ser en el invierno a las siete de la noche, en verano lo más tarde a las diez, y es de notar el privilegio que tiene esta ciudad, cada Alcalde concurre seis meses a cerrar las puertas, lleva consigo sus ministros y un portero, éste cierra el cerrojo correspondiente a la Ciudad, el Capitán de llaves que se halla presente cierra el cerrojo que corresponde al Rey, y el Alcalde echa mano si cerró bien el Capitán de llaves; esto lo han sufrido hasta aquí todos los Comandantes Generales muy a su pesar, pero es irremediable esta costumbre aunque los émulos mal contentos y de dañada intención han pretendido con mucho esfuerzo quitar a la Ciudad esta regalía, y no han podido porque está corriente este privilegio que es del Señor Rey D. Felipe II en Madrid a dieciséis de julio de mil quinientos ochenta y uno.

En dicha Puerta de Tierra no hay guardas ni quien registre lo que entra y sale porque es del todo libre esta Ciudad y toda la provincia y Francia en todos sus comercios, nadie paga al Rey cosa alguna y sólo sus moradores tienen que pagar las casas que viven y ocupan con sus géneros, y con esta libertad venden descubiertamente el tabaco de hoja y polvo, aguardiente y licores, naipes, y de eso hay cuatro fabricantes que venden la baraja de cuarenta y ocho naipes a cinco cuartos; sal, y suele valer la fanega poco más que a peseta, venden, cacao, canela, azúcar, clavo, y toda especiería, todo género de telas de seda, lana, de algodón y China y todo género de lencería; en los géneros comestibles de pesos medida, la Ciudad cuida y da reiposturas de Regidor semanero, no hay papel sellado, no hay casa prohibida ni estancada más que del tabaco, rapé, ningún vecino sin causa justa puede estar fuera de su casa en las noches después de las ocho en el invierno, ni después de las nueve en el verano, y es reprensible el que pase de dichas horas, cosa considerable, y las puertas de las casas deben estar cerradas a dichas horas; es verdad que toda es gente quieta y apacible; no hay camorras, heridas, ni muertes, no se admiten pobres que pidan limosna, y algunas veces se les da licencia muy limitada, porque fuera de dicha Puerta de Tierra a tiro de fusil se halla el Hospital de la Misericordia para recogerse por tres días los forasteros en dicho Hospital, patronato de la Ciudad, que se mantiene con muchas limosnas de los fieles y otros arbitrios voluntarios para que se conserve; tiene un Capellán con decente sueldo para que cuide de los Caudales, del sustento con economía y buen orden que trabajan y que sirven como en religión: hay cirujano, médico y varios sirvientes; botica de valde porque entre tres boticarios que hay, el uno abastece medio año de todo lo necesario, y los dos restantes proveen al otro medio año a tres meses cada uno; se mantienen allí además de los enfermos hombres y mujeres inválidos y muchachos pobres, como desamparados se hace trabajar a los que pueden los de mucha edad se asilan hasta morir, los muchachos se les da escuela y se les procura acomodar en la marinería siendo para el Hospital el producto que ganaren en el primer viaje, y puede haber entre todos ciento treinta personas, aunque hay Capellán se les trae los Sacramentos de la Ciudad de la parroquia de Santa María.

A poca distancia saliendo para la puerta de Tierra hacia el Oriente en una llanora tienen una ermita con mucha plata, cuatro buenas lámparas, frontal de lo mismo con grandes candelabros, ciriales, caldero para las palabras de la Consagración, tarjetas especiales y todo cuanto es menester de plata. A pocos pasos de la mar se halla el convento de San Francisco del que también es patrona la Ciudad, tendrá cuarenta religiosos, es buen convento y capaz, buena iglesia y bien limpia y adornada, buen claustro, aquí se enseña la Escuela Bascongada y hay sermones en este idioma, a pocos pasos antes de llegar a este convento se pasa preciosamente un gran puente de madera fuerte y curioso, con asientos en el medio de una y otra parte, tiene de largo ciento cincuenta pasos, y doce de ancho, el mar debajo un río que sale de él, y se alarga muchas leguas, crece y mengua cada seis horas como el mar, y si Dios no hubiera puesto límites a el mar, se hubiera tragado a el convento y el puente a media vara más que creciera.

Saliendo por dicha Puerta de Tierra hacia Castilla o del mediodía como a dos tiros de fusil, se halla el Hospital de la Misericordia del que se dijo en el número diez y ocho, éste se deja a la derecha y a la izquierda un barrio que se llama San Martín y el camino va por medio como si fuera una calle y bien angosta; este barrio tiene como sesenta casas, algunas muy buenas con sus balcones, es de gente labradora, también hay aquí una buena fábrica de curtido, y fabricantes de cuerdas de cáñamo, no hay aquí iglesia alguna y parece que por un San Martín que hay en la capilla del Hospital, tiene este nombre el mencionado barrio.

Luego se deja atrás el Hospital y el expresado barrio, se comienza a subir una cuesta bien empedrada, porque es camino real para Pamplona y Vitoria, luego se suben dos tramos de escalera hacia la izquierda y con un buen atrio se halla el Monasterio de San Bartolomé· A poca distancia hacia el poniente a la orilla del mar sobre unas peñas, se halla una parroquia con el título de San Sebastián, y como después tuvo principio esta ciudad con título de San Sebastián le eligieron por patrono, y se llama aquél el Antiguo, y por pestes que se experimentaron o por otros motivos. esta ciudad y cabildo hicieron votos de ir en procesión al Antiguo todos los años el día del santo, veinte de enero,...

Sobre estos conventos y el de San Francisco, comienzan montes, riscos y breñas que corren muchas leguas, pero todos estos montes están habitables porque están sembrados de casas que aquí llaman caseríos donde se mantienen labradores con sus familias, éstos cuidan de aquellas haciendas y se aprovechan de leña y de yerbas, están ajustados con los amos de diferentes maneras pero lo regular es que parten con los dueños de todos los frutos y ellos ponen sus manos ganados y su trabajo, suelen coger algún trigo, poca cebada y lo principal es maíz, todos los caseros tienen alguna porción de tierra a propósito para hortalizar y también se aprovechan de ello los caseros surtiendo las casas de sus amos y así crían todo género de verduras hasta coliflores, espárragos mejores que los de Aranjuez, todo género de flores, ricas rosas y grandes claveles encamados y de esto cogen mucho y lo venden suelto o en ramilletes; de toda esta verdura y legumbres cargan las mujeres de los caseríos unas cestas muy grandes que pesarán ocho o más arrobas y sobre la cabeza las traen a la ciudad descalzas de pies y piernas subiendo y bajando peñascos de dos leguas y más, de esta forma llegan a la ciudad no se si diga hasta ochocientas cestas, se llena la plaza a las siete de la mañana y lo mismo sucede aunque esté lloviendo todo el día, es de advertir que en los tres lienzos de la Plaza Nueva está repartido el año para sentar todas estas gentes, en un lienzo dos meses que son junio y julio porque en estos se venden muchas cosas delicadas como alcachofas, guisantes, habas frescas y ponen tres filas de banquillos, en los otros dos lienzos a cinco meses las gentes que tienen las tiendas de la Plaza en sus meses respectivos; ponen en la Plaza dos filas de bancos al amanecer para que en ellos se sienten las caseras y delante sus cestas y de cada persona cobran un ochavo, que valen muchos reales en las temporadas sentadas, pues ponen en sus cestas zapatos y medias y van a donde ellas saben a tomar chocolate, y hay gentes que tienen chocolate prevenido para luego que llegan sean despachadas y las suele costar cada jícara diez maravedises y lo más tres cuartos, vuelven a la Plaza a despachar sus géneros y con el dinero que han hecho compran para sus casas, aceite, jabón, pescados, especies, ropa, y cuanto necesitan para la semana; a tiempo que llegan todas las criadas a comprar sus verduras y ellas están previniéndose de lo necesario están las calles del comercio y Plaza tan llenas de gentes, que parece el bullicio de la Puerta del Sol: desaparecen lentamente y a las doce las más marcharon.

Habrá mil caseríos en el contorno de tres leguas y de cada uno, una o dos mujeres con cestas vienen cargadas, algunas chicas traen haces de leña y de paja para jergones, leche, queso, requesones, hay aquí en su tiempo excelentes melones grandes de carne colorada, pepinos, disformes calabazas y no hay hortaliza que no haya aquí; también se cogen grandes melocotones, peras, muchas especies de manzana y generalmente de todas frutas estas son las haciendas de toda la provincia, no hay persona que no tenga caserío, algunas tienen muchos y hay quien tiene más de cien y de esto se componen los mayorazgos. Los caseros sin tener un palmo de tierra suyo, tienen conveniencias y son criados perpetuos de sus amos y hay familias que de tiempo inmemorial se conservan en ello y los estiman los amos y les ayudan en cuanto se les ofrece; como la tierra es tan quebrada se alcanzan estos desde un caserío a otros veinte a lo menos, y suelen estar a poca distancia. Los sujetos de conveniencias suelen pasar algunos meses en sus caseríos en primavera y otoño, y aunque alguno se reducen sólo a tener oficinas para guardar sus frutos y recoger sus ganados, alguna salita y una cocina, hay otros como palacios, con galerías, balconajes, gabinetes, buenas salas y, dormitorios bien alhajados y surtidos de todo lo necesario sin que sea preciso traer colchones la demás ropa ni otros menesteres alguno de cocina y no pocos tienen oratorio y con este motivo vienen a oir misa de otros caseríos; para divertirse para eso suelen tener chaquetes, juegos de damas, de bolos y de pelota y algunos lo tienen de pala. los sujetos de conveniencia deben estar prevenidos de comestibles porque sus parientes y amigos van con frecuencia a visitarles y acompañarles algunos días y no saben que gentes tendrían a la mesa y tienen de prevención unas muchachas lince que vienen a la ciudad a buscar pan del día, carne fresca, huevos, azúcar rosado, pescado y otras cosas, que son tales estas chicas, que aunque haya una legua en menos de dos horas están de vuelta a los caseríos con los recados, descalzas de pie y pierna trepando y bajando cerros, y aunque llueva no se acobardan.

No hay cosecha de vino en toda la provincia y sólo si algunas uvas moscateles que duran una buena temporada y de Navarra suelen traer a vender uvas negras, esta falta se suple con la sidra que se hace en los más caseríos exprimiendo en lagares las manzanas que encierran en unas cubetas (que aquí llaman barricas) lo más se trae a la ciudad y se toma la razón a la entrada para arreglar los diezmos; el año pasado de 1.760 entraron más de 250 cargas y se reputa cada una ocho cántaros y la mucha parte que queda en los caseríos allí se vende por la cantidad que ha entrado pone la ciudad el precio a que se ha de vender y valió la azumbre cuatro cuartos, y el año que se coge poco no pasa de cinco cuartos, esta bebida la gastan toda la gente trabajadora y los criados y criadas de forma que nadie se resisa en casa en que todas las comidas no les den sidra, también la bebe la gente de mucho copete porque suelen estar criados con ella y se bebe en muchas casas todo el año.

Hay también vinos de Navarra, los arrieros que traen todos los días lo apelan en la alhóndiga de peso real, tiene la ciudad nombrados sujetos que lo prueban y según la calidad dan el precio de cada arroba, y de este vino se abastecen los vecinos, esto es, que por azumbres y cuartillos hay muchas tabernas dando la ciudad el precio y las medidas, quien quiere vender vino en su casa puede libremente sin pagar cosa alguna más que el vino a el arriero y si algo cuestan las medidas, pero no excediendo de los precios y medidas de la ciudad. Dichos vinos son para parto porque también se venden otros de Burdeos. de Canarias, de Peralta, rancio de Andalucía de Frontignan, de Málaga y de otras partes, esto se vende por botellas y no muy caro.

Aquí no se coge otro pan que maíz, pues el trigo como se ha dicho es poco, la cebada menos, pues se vende en las boticas, el mar abastece comunmente de trigo y aunque valga muy barato en Castilla por lo lejos y malos caminos no lo acostumbran a traer, con todo eso vale la libra de pan francés muy rico a cuatro cuartos lo mismo vale el pan común, este se fabrica en algunos lugarcillos, y en algunos caseríos con que se aumentan los carguíos de cestas para llevar a la plaza todos los días; las panaderías que hay en la ciudad que son muchas, todas son de francés. Los ganados en lugar de cebada y paja comen salvado y haba y de esto hay terribles cosechas.

Hay en esta ciudad de todos oficios es a saber: un escultor, un pintor al óleo, cuatro doradores y estofadores, cuatro arquitectos que hacen retablos. cuatro maestros de obras, doce carpinteros, doce plateros, uno de ellos es contraste y otro es de oro, un impresor, dos libreros, cuatro médicos, diez cimjanos, tres boticarios, cuatro herradores o albeitar, dos guarnicioneros tres cordoneros, dos relojeros, tres caldereros y un latonero, diez herreros, tres cerrajeros y cuatro cuchilleros, ocho confiteros y cereros, cinco hojalateros o linterneros seis tiendas de peluqueros que trabajan mejor que en Madrid, dos francesas, un maestro de niños, doce tejedores, trece toneleros, más de sesenta sastres otros tantos maestros de obra prima, que unos y otros visten y calzan a las mil maravillas así a hombres como a mujeres; muchas maestras de niñas que enseñan a leer, escribir y coser: dos pastelerías, hay también zapateros remendones, chocolateros no tienen número, cuarenta tabernas de vino de Navarra, dos carnicerías de vaca y camero, pero no hay botellerías ni alegorías porque suele faltar la nieve por hacer regularmente frío que en el mes de julio que esto se escribe hace mucho frío pero para tiempo de fiesta se hace traer aunque caro.

Con motivo de los navíos que llegan al muelle hay quien los repara de todo y aunque los hacen nuevos y de mucho primor, hay quien hace las velas, remos, poleas, y cuatro maestros cordeleros o cobestreros de mucho caudal con muchos oficiales que surten de maromas y cuerdas de todos tamaños, así a los de la compañía como a todos los extranjeros que lo necesiten, y a una legua de aquí en la jurisdicción de Hemani se fabrican áncoras con el mayor primor aunque pesen ochenta quintales, que ni de cera estarán más perfectas y curiosas; hay dos tamboriteros asalariados, también hay un barquillero y pregonero, con buena renta.

Hay muchas tiendas de comestibles, así por todo el lugar como en la Plaza Nueva, para por mayor muchas Lonjas donde por quintales se vende el tabaco de hoja y polvo, azúcar, canela, cacao y también de seda, paños, bayetas y todo género de lencerías de algodón y chinas y de todos estos géneros, por menor hay solo una tienda que coge toda la ciudad, pues apenas hay casa donde no se venda algo.

En el soportal de la casa de la ciudad y en algunas casas, hay tiendas portátiles de franceses que venden ricas cosas, como medias de sedas de todos géneros, vuelos para mujeres y hombres, cortes de chupas bordadas, abanicos, aderezos completos de piedras de Francia, cajas para tabacos de mil modos, pañuelos bordados, muselinas, holandas, batistas y sombreros finos con muchas más curiosidades como en la calle Mayor de Madrid, y suelen hacer bastante equidad. Yo he comprado aquí a treinta cuartos muy buena cotonia y lienzos de Francia que llaman retortas al mismo precio.

Por lo tocante a trajes, el Corregidor (que siempre es un togado como en Bilbao) alcaldes y aguaciles, andan de golilla de día y noche, los regidores los días en que salen de la ciudad en forma con sus maceros; los caballeros gastan buenos vestidos, ricas chupas bordadas o con muchos galones de oro y plata con todos los cabos a este tenor y pelucas de la última moda, los demás ciudadanos y comerciantes les imitan en lo más y se equivocan; vése que aquí todos son nobles por naturaleza excepto los forasteros que necesitan acreditarlo, el vestido militar es aquí tan común que no hay quien salga a la calle de otra forma y con buenas pelucas y espadines de plata, y lo que es más, los labradores que viven en el campo en la soledad de sus caseríos y entre riscos, para ir a misa y venir a la ciudad en días festivos, usan del mismo traje militar, buenos espadines y de plata, algunos con peluquín y los más con pelo propio, todos los chicos y niñas andan muy decentes especialmente los días festivos con vistosas chupas los unos y con sus baticas o chambras las otras y batas largas según las clases.

Las madamas y petimetres, que las hay de mucho garbo, no se distinguen de las de la Corte, y aun exceden a aquellas porque con la cercanía de Francia donde han estado muchas en la enseñanza o de paso se prenden y visten prolijamente porque tienen gusto muy delicado en vestir y calzar; qué peinado y adornos en la cabeza, qué ricos vuelos de tres órdenes y de mucho valor, qué batas largas y de telas tan extrañas y qué chinelas; así van a la iglesia y a los paseos y cuando salen a una corrida de toros cómo están en los balcones en briales, allí es de ver tisúes galones de oro y, de plata encajes de lo mismo en los briales, qué escusalíes, pañuelos paletinas y qué diamantes en sus joyas, aderezos y pulseras se llevan las atenciones porque son muchas bien adornadas y de buen parecer; toda esta damería se cubre en la calle con mantillas negras muy ricas tan cortas que la cintura se las ve por detrás y los vuelos cuelgan fuera de las mantillas, gastan buenas mantillas de tafetán las más son negras y aunque tienen ricos maníos y de puntas éstos sirven unicamente en los duelos del Jueves Santo y de Corpus.

Las militaras que en sus tierras usan mantillas blancas, suelen hacerse aquí a las negras, sólo las mujeres de los soldados se conservan con las blancas como vinieron, las mujeres que no profesan la petimetría, no gastan vuelos y en estos se distinguen las señoras de las que no lo son, y en que traen doncella por ir a tiros largos; las son de buen hocico, aseadas y airosas pero gastan ricos vestidos galones y bordados no se quedan atrás, ni en traer estupendos aderezos de diamantes y perlas las petimetras que usan los vuelos.

Todas usan zapatos blancos o de alguna tela de color muchas veces chinelas pero media de seda negra o blanca, y en lo general, todas usan zapato negro con su tacón alto a la iglesia; las sirvientes que van por aviso y salen a comprar todas andan a cuerpo descalzas de pie y pierna aunque llueva o nieve, pero a la iglesia van bien vestidas y calzadas con tacones muy altos, las sirvientes francesas (que son infinitas) todas van a comprar y a la fuente con sus baticas cortas o chambras y no todas descalzas; hay muchas madamas francesas de gran porte y de mucha conveniencia, porque sus maridos están establecidos en la ciudad y son comerciantes de cosas gruesas y cada día vienen más, porque como en esta provincia están libres que nada se pagan a el Rey (como ya se ha dicho) y en Francia tienen que pagar, cada día se ven gentes nuevas, venden aquí más que los vecinos, porque ellos saben traer con más conveniencia los géneros, pero en la ciudad no se les da manejo alguno ni lo pueden tener, viven en las mejores casas y comen los mejores bocados porque no reparan en los precios y encarecen por eso casas y comestibles, y son tantos y tantas las sirvientes, que estamos hoy tantos a tantas y muy presto serán ellos de número mayor; las madamas francesas suelen salir a los paseos con ricas batas a cuerpos rezagadas las batas y debajo un brial muy delgado y de buen gusto cubiertas con una gasa blanca o negra, enseñando la media, a este modo algunas de las petimetras suelen usar de dichos trajes algunas veces con tanta propiedad que a no ser conocidas se las tendría por francesas.

Todas las gentes y de todas clases tienen sus tertulias y para retirarse a sus casas en las noches a las horas competentes está la sirviente descalza de pie y piernas con su farol para llevar a sus amos a casa, llevan unos faroles tan preciosos de cristal que a porfía andan sobre quien a de tener más hermoso farol, muchos cuestan cuatro pesos, el que menos dos, llevan cuatro luces cada uno, y es una hermosura ver las calles a una misma hora llenas de tan preciosos faroles y de tantas luces, y que todas son mozuelas las que los llevan, no hay casa que no tenga muy curioso farol, aunque sea gente muy común, y como la ciudad es tan corta y tiene buenas calles, con más de quinientos faroles es una delicia, y no son mejores según en Madrid los que llevan alrededor de sus sillas de manos.

Para toda esta grandeza que se ha dicho de caballeros y petrimetres, claro es que hacen falta los coches, alguna comandanta general le ha tenido pero éste y el otro que yo he visto de D. José Fagoada vinieron desarmados sobre una recua de machos y así volvieron porque desde Pamplona aquí y desde Vitoria son tales los riscos que ni calesas pueden llegar aquí, vienen en litera como sucedió al Corregidor D. Juan Javier Cubero, y lo mismo sucedió a los SS. Obispados Generales y Provinciales de las Religiones, los que pueden montan a caballo desde Vitoria donde dejan los carruajes, pero todas las madamas usan andar dos en un caballo apareadas bien sentadas en unas como silletas (que aquí llaman artolas) mirando ambas para adelante sin asiento de mucha conveniencia y de mucha gracia y más en buen tiempo que van en batas largas con sus quitasoles sombreros de galón con plumas, otras con sombreros de palma o con unos gorros de terciopelo negros, que los extranjeros han traído para cuando llueve o hace mucho sol. Las artolas se arman con cuatro pilares que reciben una techumbre cerrada o cubierta de encerado, detrás y a los lados bajan los encerados y por delante una cortina con cristal de modo que con tanto aseo con lucimiento y conveniencia sin cuidado porque con un mozo van delante llevando el ronzal y suelen entre las dos acomodar un chico con quien van divertidas y en conversación. Si en Castilla vieran este género de caminar dejarían coches y caleras por hacer sus caminatas de esta forma.

Los que desde aquí tienen algún viaje corto que hacer, salen a la Puerta de Tierra, de militar o con hábitos largos, y antes de dicha Puerta en una plaza se encuentran muchos mozos con sus látigos rogando a cuantos llegan para que elijan su caballo, y habiendo elegido, lleva el mozo el caballo al montadero que es fuera de la Puerta de Tierra, pone la espuela que trae el mozo de prevención y echa a andar por peseta y media al día y gasto pagado, estos caballos tienen buenas sillas, frenos, y de todo lo necesario y habrá continuamente más de sesenta caballos así dispuestos pero si fuese viaje largo, apalabran antes a el mozo, va a casa del sujeto, toma alforja, maleta y lo que es necesario y monta a la puerta de su casa.

Para traer leña, piedra para las obras y otras muchas cosas hay unos carretones bajos de ruedas bien herradas y no entran en la ciudad éstos, porque fuera apean esta carga y la ponen en una rastra éstas son al modo del armazón de un carro quitadas las ruedas, que sientan de plano en el suelo y con dos bueyes cuatro o más según las dimensiones, así llevan las cosas a las casas de sus dueños; también desde el muelle barricas y fardos de mucho peso y que veinte hombres no serían capaces de moverlos y con un par de bueyes se suele hacer; de esta forma se hacen también las mudanzas de las casas por un real de vellón cada viaje y sin maltratarse llevando una rastra de una vez lo que un mozo no haría en doce viajes, y por eso dichas rastras hacen por su mucha circulación zanjas en las calles y la ciudad cuida de componerlas, como sus dueños las rastras que se desgastan.

De las diversiones que hay en esta ciudad la principal y más arraigada es la pelota así de pala como de a mano y es en tanto grado esta afición que si hubiese un lugar nuevo en que hubiese un buen sitio se aplicaría antes para hacer de él juego de pelota que para hacer iglesia y así en toda la provincia hay famosos juegos de pelota, ya baldosados, ya de tierra de buena calidad, ya con graderías de sillería para los mirones y guardan de los ganados y de los que le pueden perjudicar como si fuera un lugar sagrado, y hay pueblos de dos juegos a cual mejores; suelen hacerse partidas fuertes y de mucho empeño cuando desafían los de la provincia a los navarros, o a los de un lugar a otro, en tales casos se elije el juego y pelota, se hace escritura que nunca suba de treinta pesos porque esta prohibido jugar más pero de callada juegan millares de pesos, y las traviesas son muchas y muy crecidas, se da señal y se elije el día para después de quince días o más, el lugar cuyo juego se eligió bien puede hacer provisiones de comestibles y los vecinos se disponen a dar posada a los concurrentes por cuatro ochavos, se hacen muchos tablados, y concurren de más de doce leguas, no se hallan entonces caballos si no es con mucho precio y hay gentes que para llevar dineros que atraviesan, venden los calzones y algunos vuelven llorando y otros vienen cargados de pesetas; cada año ya suele haber tres o cuatro partidos semejantes.

Otra diversión son los trucos y como hay tantos ociosos hay de garita nueve mesas de billar y dos a la española de vara y golillo; un caballero tiene en su casa billar, otro tiene otra que hace a billar y a la española, y en todas son trece, siendo tan reducida la ciudad y ninguna mesa está demás.

Hay también la diversión de los naipes en que hay mucha destreza, y las mujeres casi todas juegan a la malilla con primor entre cuatro y se juntan muchas mujeres en una visita formal y reunen mesas de a seis y de a ocho y suelen jugar a dos cuartos cada juego y con favorito doble, y si dan capote se cobra doble.

Otra diversión hay y en que se ejercitan las gentes curiosas y fisgonas, como no hay más que una puerta para salir y entrar en la ciudad; en el puente que está sobre el foso hay buenos asientos y también en una especie de plazuela; en las tardes los que se retiran del paseo ocupan todos aquellos asientos para ver entrar la gente que ha salido por curiosidad y los que vienen de viaje con el temor de que les cierren las puertas entran atravesando por la fila de curiosos, pero otros que saben esto aguardan a que sea de noche para librarse de fisgones y fisgonas. También hay la diversión de la caza pero porque hay poca, esta habilidad está sin ejercicio.

Hay una isla, a poca distancia del castillo, que se llama Santa Clara donde está en lo más alto una ermita bajo la advocación de dicha Santa, con su Irnitaño, es toda esta isla del monasterio de San Bartolomé en ella se dice misa cantada de orden y a expensas de dicho monasterio, aquel día hay otras muchas misas, y entre año su estipendio suele ser por lo menos un peso fuerte, desayuno y barco pagado, todo el día de Santa Clara hay tamboril y bailes, y todo lo registran con sus catalejos las señoras de San Bartolomé, las del Antiguo y las de Santa Teresa; es más reducida esta isla y más baja que el Castillo y entre isla y Castillo aunque solo hay como un tiro de fusil pasan navíos por grandes que sean para entrar en el muelle porque es un canal muy profundo.

Antes de llegar al puente que sale a San Francisco hay un barrio que se llama de Santa Catalina tiene al presente unas diez casas, hubo iglesia y vicario pero no tuvo pila, solo administraba el viático y unción en tres caseríos y en un asedio de los franceses se demolieron iglesia y casas, no tuvo dicho vicario ni más libros que el de finador, los que se trasladaron a la parroquia de San Vicente, y desde entonces los que mueren se entierran en el monasterio de San Bartolomé como los del barrio de San Martín y· otros muchos caseríos sobre aquellos montes lo que produce para dicho monasterio muchas ofrendas aunque con la pensión de pagar alguna parte aunque corta a las parroquias de la ciudad, y también en aquel sitio hubo un célebre Hospital.

A media legua de la ciudad más adelante de San Francisco mirando al Oriente está un sitio que llaman la Herrera, allí se encuentra una porción de mar, y se toman barcos para llegar a Pasajes cuando hay marea alta y muchas varas de distancia y son mujeres las que reman por pocos cuartos.

Hay también en esta ciudad diferentes tribunales de justicia. Primeramente esta provincia como todo el clero de ella envía dos comisarios de cada cabildo todos los años después del Corpus a Azpeitia los años nones, y los años pares a Tolosa a conferenciar los negocios de todo el clero de esta provincia asimismo también dos Diputados de cada pueblo se juntan todos los años en unos diez y ocho pueblos que entre sí alternan y este año de mil setecientos sesenta y uno, correspondió en Azpeitia; en año con clave preside el Corregidor de la provincia, esto es el día dos de julio, día de la visitación de Nuestra Señora y concluyen precisamente el día siete de dicho mes.

Síguese el tribunal de los Alcaldes ordinarios, éstos con sus asesores determinan definitivamente sus causas, tienen apelación al Corregimiento y con un apuntamiento gobiernan todo lo político, pues el Comandante general sólo manda en la tropa y presidios que hay en el distrito de la provincia.

Asimismo hay en esta ciudad el tribunal de la ilustre casa del Consulado que se compone de un Prior y dos Cónsules que se nombran anualmente el último del año, con sus Tenientes, cuatro Consultores, Asesor, Síndico, Escribano, Tesorero y Ministro, con facultad de nombrar capitán del puerto y muelle, de que es patrona la ciudad en el que mantiene el Consulado su casa torre y prisiones correspondientes, para que por pronta providencia ataje el capitán de puerto los tumultos y cuestiones que subsisten entre los patrones y marineros de las embarcaciones que existían en el puerto después de cerradas las puertas del muelle asegurándole en dicha casa torre; y tiene dicho Consulado obligación de reparar el muelle para la mayor comodidad y seguridad de las embarcaciones y por esa razón cobra alguna contribución de todas las que arriban al puerto.

Se halla esta ciudad siempre dispuesta y pronta a defenderse de cualquiera invasión aunque falte la guarnición (que algunas veces ha sucedido) y por eso tiene como en cabeza de mayorazgo en su sala consistorial en mucha custodia y limpieza seiscientos fusiles con todos sus pertrechos para el manejo con armero asalariado que los cuide además de que todos los pueblos de la provincia tienen obligación de tener porción de ellos para semejantes ocasiones y el aprontar las Juntas al primer aviso;

Hallándose esta ciudad cercada de mar se hace preciso decir el modo de surtirse de agua dulce; ésta bien encañada atravesando fosos viene a parar dentro de la ciudad aunque pegada a la muralla a una fuente de extremada figura que con seis caños muy copiosos surte a toda la plaza y como en esta ciudad no usan de tinajas para tener agua de prevención es forzoso que las sirvientes con frecuencia vayan a la fuente, y es en tanto extremo en las casas que gastan mucha y sólo tienen un par de cántaros o herradas, que a lo menos saldrá la sirviente una docena de veces para la fuente y muchas veces de noche con luz y por esta razón la fuente siempre se halla con más de cuarenta muchachas tomando agua, y en todos tiempos y horas descalzas de pie y piernas; aunque esta agua es muy buena hay otra mejor más adelante de San Francisco que en una hora no se puede traer de camino, es fuente silvestre (la llaman el Chofre), parecerá a cualquiera que estas mozuelas sintieran hacer viajes largos para para agua, pues es todo lo contrario, gustan más de ir al Chofre, porque allí encuentran otras sus amigas, forman tertulia para tratar sus cosas en que se les pasan las horas sin sentir, y si llevan algunos pañuelos para lavar tienen disculpa para con sus amos para gastar toda una mañana o toda una tarde y lo hacen por conveniencia porque estando menos en casa se excusan de hilar o de otras labores, a esto se llega que la que tiene galanteo encuentra en el camino o en la fuente a su querido, con que dicho se está que si la hora de comer o la noche no las hace volver estarían horas y más horas y para esta caminata tampoco llevan medias ni zapatos.

También se hace preciso decir el modo de lavar la ropa de suerte que como los caseríos están en tierras quebradas hay en los más fuentes y lavaderos, allí tienen leña para las coladas, y todas las mujeres de los caseríos se emplean en lavar ropa toda la semana, y así los lunes cuando vienen cargadas de sus verduras y otras cosas, recogen las ropas de las casas y teniéndola lavada y doblada la traen a sus dueños, descalzas como se ha dicho, siempre sobre la cabeza, de forma que son capaces de cargar con diez arrobas y especialmente los sábados entran cargadas formidablemente, siempre muy agudas, las manos desocupadas y colgando, y los maridos cuidan de las labores de sus caseríos y aguardan en las tardes que lleguen las mujeres con la provisión.

En cuanto a vecindario bastará con decir, que siendo tan corta la ciudad y sin número la gente que en sí encierra, aún las casas de cinco o seis altos están llenas de vecindades, y es muy raro el vecino aunque sea de mucho copete, que no tenga otros vecinos, y para hallar un cuarto en que vivir, ni con un catalejo se adivina quien se quiere mudar ocupándose la habitación en cuanto sale el anterior vecino.

Razón será decir algo del idioma vascongado que se practica en todo Navarra, Vizcaya, Alava y Guipúzcoa, es este lenguaje para el forastero impertinente vocablos intrincados y muy disonante a los castellanos, se juntan una docena de mujeres en una visita, por lo alto que hablan, por la aspereza de los términos y porque suelen hablar todas a un tiempo parece el forastero que se halla en un campanario cuando todas las campanas se tocan, mirándolas hablar y sin entender nada. El padre Larramendi de la Compañía de Jesús como natural de Guipúzcoa y hombre tan docto y, de esclarecidas circunstancias ha querido poner en solfa y arreglo este idioma y ha escrito ciertos libros para que se puedan aprender y contar según su naturaleza, más esto sólo es bueno para los que vienen pequeños a estos países; pero es preciso que se conserve este vascongado y durará hasta el día del juicio, pues aunque hay muchos hombres y mujeres que en los pueblos grandes hablan en castellano con perfección como llegan los de los caseríos a comerciar no saben ellos más que el vascongado, y si se ha de mantener el comercio, preciso es que se les responda en su lengua nativa, y así todos los que venden responden al que habla en la lengua que él se explica y por conveniencia de todos es preciso conservar el vascongado y por eso hay escuela y sermones en vascuence para ta gente rústica que son los más.

Es extraordinario el temple de este país, llueve la mayor parte del año, unas veces hay rogativas porque serene, otras porque llueva, a causa de ser ligera la tierra de este país; si llueve mucho se ahogan los sembrados, si deja de llover se secan, y con estos clamores y hábitos apelan a María Santísima del Coro que los oye luego y los socorre a su medida; apenas son menester vestidos de verano, sólo en agosto y septiembre hace buen tiempo pero siempre con aire fresco con la vecindad del mar.

Se debe prevenir que a este puerto llegan infinitas embarcaciones de todas las partes como no haya guerra declarada con alguna potencia, y para que estas gentes extranjeras y de países remotos puedan explicarse tiene este Consulado intérpretes con sueldos con lo que corre el comercio sin demora, asimismo luego que llega algún navío extranjero pasa luego la justicia con médico y cirujano y algún intérprete a la visita de Sanidad y hasta que se haga esta diligencia, nadie echa pie a tierra".

En 1764 el Consulado y Casa de Contratación de San Sebastián recurrió al rey para hacerle ver que sus ordenanzas habían quedado desfasadas y que era necesario ampliarlas si se querían conseguir los objetivos fijados en sus constituciones. San Sebastián y el Consulado nombraron una comisión que redactó un anteproyecto que fue enviado al Consejo real para su estudio. Las nuevas ordenanzas, que mejoraban sustancialmente las anteriores, fueron finalmente aprobadas mediante una real provisión del Consejo de Castilla librada en Madrid el 1.° de agosto de 1766. Estas leyes se mantuvieron en vigor hasta la publicación del nuevo código de comercio de 1829. Durante el siglo XVIII, el Consulado intentó, en varias ocasiones, recuperar el comercio de las lanas para el puerto de San Sebastián.

En 1746 envió un memorial a Fernando VI exponiéndole las causas de la decadencia de este comercio y la necesidad de llevar a cabo una serie de modificaciones legislativas para acabar con el monopolio que, sobre este ramo del comercio, había conseguido el puerto de Baiona. Las exenciones arancelarias eran la causa de que toda la lana de Navarra y Aragón, y parte de la Castilla, se exportase a Europa a través del puerto de Baiona. Esta situación, que como ya se ha visto, no era nueva, se intentó enderezar a favor de San Sebastián. Incluso en 1752, el virrey de Navarra, conde de Gages, procuró por medio de una serie de normativas, que se restableciese la exportación de las lanas navarras a través del puerto donostiarra. Pero los resultados de estos esfuerzos fueron mediocres y la mayor parte de la lana peninsular continuó saliendo a través de Bayona o, en todo caso, de Bilbao y Santander.

El 19 de enero de 1778 se presentó una solicitud ante la Sala de Gobierno del Consejo de Castilla para fundar una Sociedad de Amigos del País de San Sebastián. En el expediente de fundación, que se conserva en la Sección Estado del Archivo Histórico Nacional de Madrid, aparece como director de la entidad Manuel Ignacio de Aguirre y como secretario Juan José de Zuaznavar. Estas sociedades económicas gozaban de la protección del gobierno, que veía en ellas un eficaz instrumento de difusión del progreso, dentro de ese amplio marco innovador que se conoce como "reformismo borbónico". Los promotores de las sociedades económicas solían pertenecer a la nobleza y la presencia de socios ligados a la industria o el comercio, de extracción burguesa, era mínima. En opinión de Gonzalo Anés este es el motivo de que en ninguno de los grandes núcleos burgueses, como Bilbao, Cádiz o Barcelona existieran sociedades económicas a lo largo del siglo XVIII. El caso de la Sociedad de Amigos del País de San Sebastián fue realmente atípico; entre sus socios fundadores aparecen gentes ligadas al comercio y la industria, profesionales liberales, clérigos y militares, pero ningún personaje realmente vinculado a la nobleza.

En el expediente de fundación se hace hincapié en que se trata de una sociedad independiente de la Bascongada, lo que indica, ya desde el principio, una cierta toma de posición. Por lo demás, en su declaración de intenciones, la Sociedad de Amigos del País de San Sebastián se diferencia muy poco de las otras de su género: "fomentar la industria y la agricultura y promover la instrucción popular". Pero la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, que se había opuesto desde el principio a la fundación de la donostiarra, no escatimó esfuerzos hasta conseguir su disolución. La documentación sobre este triste ejemplo de rivalidad y deseos de protagonismo entre San Sebastián y la provincia, que había sido depositada al extinguirse la Sociedad en 1781 en el archivo municipal por su secretario, Juan José de Zuaznavar, desapareció en el incendio de la ciudad de 1813.

El traslado de la dirección de la Compañía de Caracas a Madrid, y las medidas cada vez más restrictivas del gobierno fueron la causa de que el comercio con América se viera de nuevo entorpecido. En 1789, en medio de una gran polémica que generó profusión de papeles anónimos, en pro y contra, la ciudad y el Consulado solicitaron de nuevo la habilitación del puerto de San Sebastián para el tráfico directo con América, con la facultad de traer principalmente cacao y azúcar, que eran los productos más interesantes para su comercialización, puesto que la recién extinta Compañía de Caracas, después de más de medio siglo de actividad, había consolidado una red mercantil en torno a ellos. Pero, a pesar de la real orden de 1779 que liberalizaba el comercio con América, la habilitación del puerto de San Sebastián no llegó.

Las reiteradas peticiones del Consulado no surtieron efecto. Los fueros y exenciones de que gozaba la provincia de Gipuzkoa fueron un parapeto insalvable y, tal como ocurrió con el puerto de Bilbao, el puerto donostiarra no consiguió el permiso real para comerciar con América. El año 1803 se renovaron las peticiones. En las Juntas Generales, el representante de Hernani, Juan José de Zuaznavar, el mismo que en 1781 había luchado, sin éxito, por salvar la Real Sociedad Económica de Amigos del País de San Sebastián, hizo una brillante exposición sobre la necesidad de habilitar el puerto donostiarra para el tráfico directo con América. Pero de nuevo la petición fue denegada por el gobierno, basándose en que no era posible tal habilitación mientras no se modificaran las aduanas.

En agosto de 1791 el polígrafo asturiano Melchor Gaspar de Jovellanos visitó San Sebastián. Las impresiones de esa visita quedaron reflejadas en su "Diario", publicado por primera vez en 1830. Jovellanos, consejero de Ordenes y Alcalde de Casa y Corte, había sido alejado de Madrid por el favorito Godoy, con la excusa de elaborar un informe sobre la minería asturiana. En el contexto de este viaje, que más bien era un exilio, se sitúa su visita a San Sebastián. Las descripciones que hace de la ciudad son muy interesantes ya que evidencian unos barrios y unos monumentos que salvo excepciones han desaparecido a causa del incendio de 1813. Llama la atención la poca impresión que le produce el extraordinario entorno paisajístico de la ciudad. Unicamente se refiere a la bahía de La Concha para decir que tiene muy poco valor como puerto, pues carece de fondo suficiente.

"Las embarcaciones grandes corren en ella mucho riesgo". Los monumentos le interesan más. Hace una breve descripción de la iglesia de Santa María, que juzga "pésima" en cuanto a arquitectura y escultura exterior, aunque le gustan los retablos y la imaginería interior. Aprecia más el convento de San Telmo, del que dice que "es como una ciudad". También le parece "bellísima" la plaza Nueva -donde hoy se encuentra la plaza de la Constitución- con sus cuatro entradas y la casa consistorial. Las impresiones sobre San Sebastián las resume en pocas palabras "En general, buen caserío: indicio de mucha antigua riqueza; las iglesias son como catedrales". Durante los tres días que dura su estancia en San Sebastián -del 23 al 26 de agosto Jovellanos se relaciona con Joaquín de Juni y Miguel de Lardizabal, que le sirven de guía en sus paseos por la ciudad, es invitado a comer por Ortuño de Aguirre marqués de Montehermoso y visita protocolariamente a Esteban Cabarrús, Asistente de la Compañía de Filipinas y hermano de Francisco, el fundador del banco de San Carlos, y a los marqueses de Rocaverde. El día 26, hacia el mediodía, sale camino de Tolosa para dirigirse de allí a Bergara. Teniendo en cuenta la cadencia de la época, la visita de Jovellanos a San Sebastián fue muy fructífera y, a pesar del poco tiempo que permaneció en la ciudad, sus reflexiones sobre lo que pudo observar en ella son particularmente interesantes.

PML
  • Antecedentes

La Revolución Francesa se vivió en San Sebastián con especial intensidad. La cercanía de la frontera y el hecho de que muchos de sus habitantes fueran de origen francés, provocó un clima de espectación ante los acontecimientos que se desarrollaban en el vecino país. A partir del derrocamiento de Luis XVI muchos donostiarras, entre los que se contaba un importante número de simpatizantes de las ideas revolucionarias, empezaron a reunirse en tertulias para discutir los sucesos de Francia. Las autoridades civiles, militares y religiosas y, de modo especial, la Inquisición, se mostraban muy preocupadas, y así lo hicieron saber ante las más altas instancias del Estado, por el apego de muchos donostiarras a las máximas revolucionarias. Según estos informes, eran numerosos los jóvenes de San Sebastián, especialmente los de familias acomodadas, que abandonaban la peluca empolvada y se cortaban el pelo a lo "Felipe Igualdad". También llevaban chalecos bordados con motivos alusivos a la Revolución y pañuelos al cuello anudados "a la guillotina". Estas prendas, que fueron prohibidas por el corregidor de Guipúzcoa, eran la demostración de que hasta por medio de la indumentaria, cierta burguesía de San Sebastián hacía patente su adhesión a Francia.

La tertulia pro-revolucionaria más importante tenía lugar en la llamada "Casa del Café" situada debajo de la muralla meridional y propiedad de un suizo, Carlo Antonio Gravina. En esta cafetería, que en verano se convertía en heladería, se reunían los donostiarras adictos a la Revolución, junto con algunos forasteros, generalmente marinos, militares o comerciantes, a discutir sobre el nuevo orden político que estaba surgiendo en Francia. Esta tertulia estaba muy mal considerada por todos los partidarios del Antiguo Régimen. Uno de los primeros efectos visibles que tuvo sobre San Sebastián laRevolución Francesa fue la llegada masiva de clérigos y religiosas expulsados de su país por negarse a prestar el juramento cívico a la Constitución. Este contingente humano estuvo poco tiempo en la ciudad, pues el obispo de Calahorra, Aguiriano, pensaba que "a pesar de todo, eran franceses" y ordenó que fuesen trasladados lejos de la frontera. Pero en ese corto espacio de tiempo fueron constantemente insultados por donostiarras partidarios de la Revolución y dos de ellos, que se alojaban en el barrio de San Martín, resultaron seriamente heridos por las pedradas de unos arrieros navarros que paraban en las fondas del mencionado barrio. Estos hechos pueden dar idea del clima que se vivía en San Sebastián y explicar el posicionamiento de esta ciudad durante la Guerra de la Convención.

  • Declaración de la guerra y desarrollo de los acontecimientos

En un acto de insensatez, producto de la lamentable política exterior española a la sazón dirigida por el favorito de la reina, Godoy, el rey Carlos IV declaró la Guerra a la República Francesa para vengar la muerte de su "querido primo" Luis XVI, que acababa de ser guillotinado. Después de un primer momento de euforia, en el que un ejército español, al mando del general Ventura Caro, atravesó el Bidasoa y se adentró en territorio francés, el ejército de la Convención, a pesar de estar envuelto en otra guerra con Austria, reaccionó contraatacando las posiciones españolas, que se vieron obligadas a retroceder. Pero los convencionales no se limitaron a recuperar el territorio francés invadido sino que se introdujeron en Gipuzkoa. El día 2 de agosto de 1794, la división del general Moncey, compuesta por 6.000 hombres, llegó hasta los muros de San Sebastián. El general francés envió un mensajero con dos pliegos, uno para el gobernador de la plaza, Alonso Molina, y otro para el alcalde de la ciudad, José Vicente de Michelena, pidiendo la capitulación.

Al día siguiente otro emisario, el capitán Latour D'Auvergne, entró en San Sebastián para parlamentar con las autoridades civiles y militares. Las baterías principales estaban sin cañones, pues éstos, por orden del general Ventura Caro, habían sido llevados a Irún. Tampoco había municiones y no se disponía de víveres suficientes para soportar un asedio. Además, los efectivos militares estaban incompletos. De los tres batallones que guarnecían la plaza, uno, compuesto por tropas forales, se había dispersado, yéndose cada uno a su casa sospechando la magnitud de lo que se avecinaba. Otro batallón estaba formado por quintos recién llegados y sin instrucción. Solamente quedaba un batallón apto para entrar en combate. Ante la desigualdad de las fuerzas, tanto la junta de vecinos como la militar juzgaron que lo mejor era rendirse. Convenida la capitulación entre el gobernador y el general francés, la plaza fue ocupada el 4 de agosto.

El alcalde Michelena consiguió, entre las condiciones de la rendición, que la ciudad fuese considerada territorio neutral. El 5 de agosto ya se hacía vida normal en San Sebastián. Las tiendas estaban abiertas y todas las actividades de la ciudad se desarrollaban con orden. El ejército francés permaneció ocupando la plaza hasta que se hizo la paz entre la monarquía española y la República Francesa, por el tratado de Basilea del 22 de julio de 1795. Entonces abandonaron San Sebastián sin violencia. Se sabe muy poco de lo que ocurrió durante los meses en que la ciudad permaneció bajo control francés. Hay un gran vacío documental sobre esta época, producido en parte por el incendio del archivo donostiarra en 1813. Parece que las autoridades francesas se comportaron correctamente con la ciudad que, por otra parte, tampoco les dió motivos de queja y, aunque, según algunos autores, la guillotina fue instalada en la Plaza Nueva -situada donde está en la actualidad la Plaza de la Constitución- sólo funcionó dos veces y en ningún caso fue utilizada contra ciudadanos donostiarras. Un clérigo francés, refractario, que por estar enfermo no había salido de San Sebastián y un desertor del ejército convencional fueron las únicas víctimas de ese artefacto emblemático de la Revolución.

  • Consecuencias

Después de la Paz de Basilea la situación de San Sebastián en el seno de la monarquía española se hizo muy incómoda. El comportamiento de los donostiarras, así como el de otros muchos guipuzcoanos que tampoco opusieron resistencia al ejército francés, fue considerado como sospechoso de infidencia. El preámbulo de "provincia traidora", que desdichadamente volvería a ser utilizado en el siglo XX, encabezó algunos documentos oficiales. Como represalia, en junio de 1795 los alcaldes donostiarras perdieron los derechos de custodia sobre las puertas de la ciudad. Un funcionario civil, llamado capitán de llaves, se hizo cargo de ese antiguo privilegio municipal. En los primeros días de 1796, un consejo de guerra reunido en Pamplona analizó el comportamiento de los militares de la plaza de San Sebastián, que fueron considerados culpables de alta traición.

En el mismo orden de cosas, el 19 de febrero, el alcalde donostiarra, José Vicente de Michelena y los jurados municipales José Antonio Lozano y José Joaquín de Larburu fueron arrestados y conducidos a la ciudadela de Pamplona. El consejo de guerra, que fue largo y ruidoso, finalizó con la absolución de los encausados, pero la sospecha de infidencia siguió gravitando sobre San Sebastián y su provincia. Esta situación fue utilizada por Godoy para arreciar en su política de desmantelamiento de los fueros y privilegios de las provincias vascongadas. El canónigo Llorente, prototipo de historiador al servicio de una causa política, o más bien, de la causa política que mejor convenía en cada momento, fue encargado, con ayuda de la documentación recogida en los archivos vascos por Vargas Ponce, de demostrar que los fueros y privilegios de las provincias vascongadas no se debían a un pacto entre éstas y la Corona, sino a una concesión real que podía, por lo tanto, ser revisada unilateralmente.

La primera fase de desmantelamiento de los privilegios que, desde la Edad Media, había gozado San Sebastián, fue la segregación del puerto de Pasajes que, al menos desde el siglo XII, había estado bajo jurisdicción donostiarra. Siempre, como se ha visto, habían existido litigios entre San Sebastián y las villas de Rentería, Oiartzun y, por supuesto, Pasajes, a causa de los derechos sobre el mencionado puerto, pero casi siempre habían sido resueltos de forma favorable para San Sebastián.

Sin embargo, en 1805, un real decreto promovido por los resultados del informe de Vargas Ponce, ordenó que el puerto pasara a jurisdicción real, quedando bajo el gobierno de la real marina. Paralelamente, se formaba un nuevo municipio de Pasajes, fusionando el de San Juan -que hasta 1771 había pertenecido a Hondarribia- y el de San Pedro, que estaba bajo jurisdicción donostiarra. La competencia civil sobre las aguas del puerto se repartía entre el nuevo municipio, Rentería y Lezo, las localidades ribereñas que siempre habían disputado a San Sebastián los derechos sobre el puerto. Así se ponía fin a una concesión de Sancho el Sabio que contaba con más de seis siglos de antigüedad.

Como consecuencia de la derrota napoleónica y de la batalla de Vitoria (21 de junio de 1813), Donostia (9.104 h.) va a conocer el más penoso episodio de su historia, su quema y destrucción casi total. Ya en 1808 había sido ocupada Gipuzkoa por los franceses y, en febrero de 1810, formaba parte del Gobierno de Vizcaya instituido por Bonaparte. En la retirada, Donostia y su castillo de la Mota iban a constituir el punto clave de la resistencia francesa frente al asedio de las tropas aliadas "liberadoras" de británicos, portugueses, alemanes, croatas, suecos, polacos, holandeses, etc., comandadas por el duque de Wellington y con base en Hernani. El británico Graham dispuso el asedio (3 de julio) a la ciudad, que fue tomada, al cuarto asalto, a partir del flanco de la muralla del Urumea hoy denominado y desde entonces "la Brecha", el 31 de agosto de 1813, sin que pesara sobre los asaltantes y sus mandos superiores el menor escrúpulo sobre la suerte de la población civil donostiarra. La lluvia de proyectiles procedió de las baterías de Ulia, el Chofre, San Bartolomé e isla de Santa Clara.

La soldadesca desmandada saqueó durante una semana la ciudad, mató a más de mil habitantes, sometió a tortura a los sospechosos de guardar dinero o alhajas, violó mujeres y pegó fuego a los edificios, ayuntamiento (con su archivo) y consulado incluidos. Calles de Donostia antes del incendio de 1813. Frente al Muelle, Nueva o del exterior del muro, Campanario, Mayor, Narrica, San Juan, Zurriola o Santa Ana, Trinidad (la principal, hoy 31 de agosto), San Vicente, Iñigo, Embeltrán, Puyuelo, Atocha o de la Higuera (hoy, parte de la plaza Sarriegui), Igentea, Pozo, Plaza Vieja (hoy Bulevard), Plaza Nueva (hoy Constitución), callejuelas del Angel, Perujuancho Escotilla o San Jerónimo, Juan de Bilbao, Ureta (hoy Pescadería), Esterlines y Lorencio (luego San Lorenzo). Sólo se salvaron de la catástrofe los habitantes "de calidad" que se habían refugiado ya en otras localidades o en sus residencias de campo, las dos parroquias (San Vicente y Santa María), San Telmo y las 36 casas que bordeaban el castillo (hoy calle 31 de agosto) de las más de 600 casas y palacetes que componían el vecindario. El resto de la población, los barrios extramurales de San Martín, Santa Catalina, San Francisco y el Antiguo, fueron también destruidos durante el asedio.

El 8 de septiembre capituló el castillo; Wellington, sordo a la tragedia civil, permitió que lo que quedaba de los 3.000 franceses comandados por el general Rey saliera a tambor batiente. Lord Lidenoch, al mando de la tropa asaltante, fue condecorado... El penoso arranque de la Edad contemporánea debe de situarse, en el caso de nuestra ciudad, en la reunión celebrada ese mismo día en el caserío "Aizpurua" de Zubieta, cuando reunidas las autoridades donostiarras y los supervivientes, "pálidos, macilentos, transpasados por el dolor", decidieron reconstruir la misma (actual parte vieja) con su propio esfuerzo, conservando la antigua toponimia urbana y rodeándola de murallas. El regimiento municipal estaba compuesto antes del incendio por los alcaldes Miguel Antonio de Bengoechea y Manuel de Gogorza, los regidores José Santiago de Claessens, José M.ª de Leizaur, José M. a de Olózaga, Pedro Fermín de Elizondo, José M.ª de Ezeiza, José Antonio de Párraga, el síndico Joaquín Bernardo de Armendáriz y el secretario José Joaquín de Arizmendi.

Cuando se inicia el siglo XIX, San Sebastián aparece como una pequeña ciudad en graves dificultades económicas. Su brillante pasado mercantil durante gran parte del siglo XVIII había comenzado su declive ya desde las últimas décadas de dicha centuria, poniendo en una delicada situación al pujante grupo social que se había formado al socaire de los intercambios mercantiles mantenidos por San Sebastián entre Europa y América. Esta burguesía de los negocios vió cómo las bases de su riqueza se hundían con la progresiva pérdida de las colonias, las guerras con Inglaterra y Francia, la política borbónica dispuesta a terminar con las exenciones fiscales vascongadas, por la falta de un mercado interior peninsular y, en general, por el resquebrajamiento de las estructuras tradicionales de Antiguo Régimen sobre las que San Sebastián había apoyado su desarrollo. Esta pérdida de los principales soportes de la economía donostiarra generó en su burguesía mercantil un descontento que la convertiría en pieza clave de los acontecimientos que habían de producirse.

Fragmentos de las declaraciones testificales juradas procedentes de la Información instruida en noviembre de 1813 sobre la conducta observada por las tropas aliadas en el asalto de Donostia (días 31 de agosto y siguientes):

DON PEDRO JOSE DE BELDARRAIN. Regidor del Ayuntamiento constitucional de esta ciudad testigo presentado y jurado siendo examinado al tenor del interrogatorio declaró como sigue: Al primero dixo que a cosa de las dos de la tarde del treinta y uno de Agosto vió entrar a los aliados por su calle quienes al momento dexando de perseguir a los Franceses y hallandose aun estos en el Pueblo empezaron a disparar a todos los Balcones Ventanas y Puertas y habiendo subido a las casas después de beber y comer quanto encontraban en términos que al deponente le bebieron mas de quatrocientas botellas de Vino y licores empezaron a saquear y a pedir dinero a las personas maltratándolas e hiriendolas a culatazos y bayonetazos como sucedio al deponente que habiendo salido a la calle huyendo del mal trato que le daban despues de haber repartido mas de ochenta escudos de oro le agarraron unos Soldados Ingleses y Portugueses le arrancaron el Pañuelo del cuello, chaleco, tirantes y le soltaron los calzones registrandole cuanto cubren estos y ultimamente le derribaron al suelo a culatazos dexandole casi sin sentido de modo que estubo tendido en el suelo un quarto de hora pisado por varios soldados que pasaban por la calle y le dejaban por muerto: que volvió a su casa donde había muchas mugeres refugiadas y despues que saquearon quanto había se echaron sobre ellas, violaron a las mas entre ellas a una anciana de setenta y seis años que la gozaron mas de doce: que el deponente dio ocho duros a ocho Soldados para librar de esta violencia a una muchacha de once años hija de un Vecino suio y aunque logró en aquel momento el librarla habiendo vuelto otra vez algunos de los primeros la violaron por fin. QUE era rara la muger que se libertaba de este insulto a no ser las que se escondieron en los comunes y subian a los texados: que una muchacha con su Madre ambas vecinas del testigo después de haber estado algunas horas en el comun de la casa de la Viuda de Echeverria se presentaron en casa del Deponente llenas de inmundicia hasta el pescuezo y aun en este estado dos Oficiales Ingleses violaron a la muchacha: que la muger e hija del testigo se libertaron subiendo al texado desde donde huyendo del fuego pasaron de texado en texado al quartel de enfrente de la carcel vieja que estaba desocupado y cerrado de modo que quando la mañana siguiente salió el testigo ignoraba el paradero de ellas: que la noche del treinta y uno fué la mas horrorosa que puede explicarse en la que no se oian mas que ayes lastimosos de mugeres que eran violadas y tiros que se disparaban en las mismas Casas como lo hicieron en la del testigo quien salió de la ciudad quando hallo a su muger e hija entre quatro y cinco de la tarde del día primero de septiembre admirado del mal trato que le dieron a los vecinos y de los abrazos y señales de amistad con que recivieron a los Franceses cogidos con las armas en las manos tratandoles de camaradas y dandoles de beber de sus cornetas siendo asi que todo el vecindario a los Ingleses y Portugueses hechos Prisioneros el veinte y cinco de Julio los socorrió con chalecos, camisas, camas, vino, chocolate, Vizcochos con cuya recoleccion corrió el testigo a una con los Individuos del Ayuntamiento y aun se les socorria con limosnas quando les encontraban en la calle empleados en los trabajos en que les ocuparon los Franceses. Al segundo dixo que no es facil averiguar el número de los muertos ya porque muchas personas heridas se abrasaron en las casas ya por la dispersion total de las familias de esta ciudad de las que muchos Individuos van muriendo a resulta de los sustos y mal trato.

DON MANUEL ANGEL DE IRARRAMENDI, vecino de esta ciudad testigo presentado y jurado siendo examinado al tenor del interrogatorio declaro como sigue: Al primero dixo que de la ventana de su casa número 292 vió que a las dos de la tarde del día treinta y uno de Agosto estaban defendiendo los franceses la entrada a la calle de Embeltran y que el General Rey desde la Puerta de la Casa de D. Miguel Joaquin de Lardizabal les exhortaba y animaba a la defensa: que de alli a rato derribaron los aliados la Barriqueria y penetraron en dicha calle siguiendo a los franceses hasta la otra esquina y entrada de la de San Gerónimo: que alli hicieron de seis a siete prisioneros franceses heridos que no podian correr: que el General Rey y la tropa Francesa se dirigieron al castillo por dicha calle de San Gerónimo en donde si los hubieran perseguido los aliados seguramente antes de llegar a la mitad de la calle hubieran hecho Prisionero al General Frances por la pesadez y torpeza con que caminaba pero lejos de hacerlo asi se contentaron con entrar en la primera calle por la parte de la Plaza vieja que es la referida de Embeltran y comenzaron a derribar las Puertas y tiendas de las casas: que el declarante se hallava en la suya perteneciente al Conde de Peñaflorida donde entraron quince soldados ocho Ingleses y siete Portugueses a los quales el declarante lleno de gozo salió a recibirles como a libertadores del yugo Frances pero quando esperaba iguales demostraciones de parte de ellos se halló sorprendido con dos fusiles puestos en arma y apuntandole le digeron "nosotros venimos aquí por dinero y no a otra cosa, venga pronto sino te matamos" y habiendole dicho que no tenia le hicieron en la primera habitacion y rompiendo los Baules y demas piezas donde tenia sus efectos se los robaron todos: que otros once volvieron a luego que salieron aquellos llevaron al testigo a las habitaciones altas de la misma Casa sacudiendole culatazos rompieron en la quarta habitacion dos Baules grandes pertenecientes a D. Xavier Maria Argaiz de donde extrageron muchas piezas de plata labrada y ropas de gran valor: un sargento de cazadores Portugueses dixo a un soldado Ingles que aquella era casa rica y que en ella debia haber mucho dinero y mirando al testigo dixo este indigno lo tiene escondido si no te dice donde lo tiene matalo: que en conseqüencia le agarró el Ingles y sacandole a la escalera le dixo que declarase donde tenia escondido el dinero y respondidole que no había dinero en casa le disparo un tiro a quemarropa de modo que la bala le pasó por entre las Piernas: que pudo libertarse de ellos huyendo a la primera habitación donde a la media hora volvieron a entrar otros cinco de ellos tres Ingleses y dos Portugueses que estubieron la primera vez: estos igualmente comenzaron a hacer las mismas insinuaciones y amenazas: cogieron a la criada Francisca Zubelzu y le arran caron diez y siete duros que tenia: al declarante obligaron a entrar en un quarto donde había tres baules el uno Verde perteneciente a Dª Xaviera de Munibe rompieron y quando vieron había alhajas de oro un soldado le dijo disparandole "bueno bueno tu has escondido muchas cosas sin decir donde estan y tambien tienes el dinero guardado, venga pronto y hasta tanto no sales de este Sitio" que en conseqüencia se colocó haciendo Guardia en la Puerta: que los otros quatro arrimando los Fusiles a la Pared se echaron sobre las alhajas viendo lo qual el declarante dio un rempujon al soldado de la Puerta y pudo escaparse: que le siguieron dos y al tiempo que cogio la calle le dispararon un tiro y la bala le pasó junto a la oreja derecha: que pudo entrar huyendo en la casa núm. 297 que habitaba José Larrañaga de oficio chocolatero hombre bien acomodado y los dos que siguieron al testigo tropezaron con Larrañaga y despues que le sacaron seis onzas en oro y el relox le mataron porque no daba mas.

DON JOSE MANUEL DE BARACEARTE vecino y del comercio de esta Plaza testigo presentado y jurado siendo examinado al tenor del interrogatorio declaró como sigue: Al primero dixo que el treinta y uno de Agosto a las once de la mañana rompio el fuego para el asalto y a las dos de la tarde se hallavan ya los aliados en la calle del testigo que es la del Puyuelo manteniendose el testigo en su casa con todas las Puertas cerradas: que entraron gritando Urra Urra y luego pidieron a los habitantes vino y agua y todos los vecinos salieron a darles quanto pidieron y despues de haber refrescado se reunieron todos en la Plaza al son de una trompeta y al instante se esparcieron todos a tocar las Puertas y tirar tiros a las ventanas: que tambien tiraron a las del testigo y le gritaron baxase con la llave a abrir la Puerta: que baxó al instante con una mujer y a luego que le sintieron y antes de abrir la Puerta le dispararon varios balazos desde el ahugero de la llave y los resquicios de modo que la mujer que le acompañara fué herida en un pie y atemorizados ambos no se resolvieron a abrir la Puerta pero a poco rato se atrevio el deponente a abrir la del Almacen y a penas le vieron los aliados quando agarrandole entre varios le despojaron de quanto llevava le soltaron los calzones le quitaron los Zapatos arrancandole hasta unas reliquias que trahia colgadas al pecho debaxo de la Camisa dexandole quasi en cueros lo mismo que a su muger: que en seguida le hicieron subir a sus habitaciones y le rompieron escritorios, armarios, arcas y quantos muebles había llevándose quanto en ellos encontraron y habiendo consumido la tarde en este saqueo quedaron muchos de ellos en su Casa a la noche y le mandaron poner cena y en efecto les dio dos perniles dos grandes panes un queso de Holanda todo el vino que tenia en casa y por postre quatro botellas de ron de a seis chiquitos cada una: que quando despacharon esta cena le pidieron mas y como no tenia que darles le quisieron matar poniendole el fusil al pecho con el gatillo levantado varias veces hiriendole gravemente la cabeza de modo que aun conserva las manchas de la Sangre que vertió de ella en el Pañuelo que tenia puesto al cuello. Que luego se echaron sobre toda su familia y sobre otras dos que se refugiaron a casa del deponente y hallandose todas apiñadas en un punto disparó un soldado sobre todos sin que hubiese herido a ninguno por milagro. Que fue tal el terror que causó esto a un vecino suio que se hallaba en casa del testigo con toda su familia que abandonandola huyo azia el comun y levantando la caxa se metio en el. Que a luego intimaron que habían de gozar a todas las mugeres amenazandolas de muerte si no consentian y por evitarla tubieron que sufrir todas esta afrenta públicamente en la sala delante de todos: que luego pretendieron dormir con ellas y lograron tambien por fuerza. Por último llegó hasta tanto el desenfreno y la barbarie que un Portugues obligó al testigo a presenciar con una Vela encendida en la mano el acto Vergonzoso e ignominioso de gozar a todas las mugeres de su casa y de las familias refugiadas en ella como lo hizo en un buen rato y al cabo se retiró y paso a las habitaciones de arriva donde viendo los mismos desordenes y hallando continuos riesgos de perder la vida volvió otra vez a la suia. Que llegó la atrocidad y feroz conducta de estos hombres al increible punto de tomar entre dos a un hijo suio de edad de tres años y quererlo partir en dos piezas, y lo hubieran executado a no haber intercedido otro soldado mas racional que compadecido representó a sus bárbaros camaradas quan blanco y hermoso era el Niño y los desarmó y le dexaron vivo el qual ha quedado tan atemorizado desde entonces que aun en el día viendo a un soldado Inglés o Portugues huye despavorido y se esconde en cualquier rincon. Que toda aquella noche fue la mas horrorosa que puede pintarse asi en casa del testigo como en todas las vecindades en donde no se oian mas que ayes, gritos, lamentos y tiros. Que a la madrugada le dixeron sus feroces huespedes que Grabados de Donostia-San Sebastián. En el superior, vista desde el castillo de la Mota. Obsérvese en primer plano, a izda., la campana para toque de alarma; en el central, vista desde Gros (margen dcha. del río Urumea) en 1838. El puente aparece protegido con dos puertas; en el inferior, vista desde el convento de San Francisco en mayo de 1836. El río se cruza por un puente provisional sobre barcazas. tenían orden de atacar al castillo a las seis de la mañana y oyo trataban entre ellos de matar a todos los de la familia diciendo que se hallaban con orden del General Castaños para pasar a todos a cuchillo y que antes de subir al castillo habían de poner en execucion esta orden. Que temeroso de la muerte huyo a casa de un vecino a donde llegó tambien su muger y alli halló otras varias familias refugiadas al abrigo de un oficial y entre ellas muchos heridos y maltratados y se mantuvieron en aquella casa hasta que se supo por el señor Alcalde Bengoechea que había libertad de Salir fuera de la Plaza como lo executaron todos desarropados en medio de un montón de familias que presentaban el espectáculo mas triste y horroroso. Que al mismo tiempo que se dió este trato tan cruel a los habitantes y vecinos vio dar quartel a los Franceses que fueron cogidos en su calle y tratarlos con la mayor humanidad pues los vió pasearse con los brazos cruzados con los aliados, debiendo esperar mejor trato los vecinos por ser Españoles y por haber tratado a los Prisioneros Ingleses y Portugueses que fueron cogidos en el primer asalto del veinte y cinco de Julio como a hermanos suios, pues asi el Ayuntamiento como todos los particulares les dieron todo genero de auxilios. Al segundo dixo que los muertos que recuerda son el Beneficiado Goycoechea, dos chocolateros cuyos nombres no recuerda. D.ª Xaviera Artola, Jeanora, Vicente Oyanarte, Juan Navarro, D. Martin Altuna, Pedro Cipitria, D. José Miguel de Magra que fué tirado de un Balcon la suegra de Echaniz. una muchacha que fué pasada con dos balas por los pechos y otros muchos que fueron muertos y heridos que no recuerda. Al tercero dixo que no había fuego alguno en la Ciudad quando entraron los aliados ni algunas horas despues que se retiraron los Franceses al castillo ni se notó hasta el anochecer del treinta y uno en que desde la ventana de su casa vió que los aliados pusieron fuego por la tienda a la Casa de la Viuda de Echeverria o Soto con algunos mixtos segun la prontitud con que se esparció el fuego: que temió que desde ella pasarian a dar fuego a la del deponente pero desde la de Soto pasaron a incendiar la de la esquina de enfrente que es propia de D. José Maria de Leizaur cuya Inquilina Bautista de Lecuona ha muerto del susto. Al quarto dixo que se remite a lo que ha contextado al capitulo precedente añadiendo que concluida la quema de la calle mayor incendiaron las casas del Puyuelo y últimamente las de enfrente del muelle ocupandose en esta operación Artilleros Ingleses acompañados de Portugueses y empleando mixtos.

A la una de la madrugada llegaron tres Portugueses diciendo que no trahian otro objeto que el gozar a las muchachas las quales habiendo oído esto se metieron en un rincon de la alcoba muy disimulado y habiendoles dicho que no había en aquella casa mas que las dos viejas y el declarante les quisieron matar sacando a ese fin las Bayonetas a cuyo tiempo llego otro que les disuadio diciendo que aquella tarde habían robado quanto había en aquella Casa y con tanto se fueron: que a las Ves sintió el testigo unos espantosos gritos y chillidos de mugeres en la esquina de la calle de San Geronimo y habiendose asomado a l Ventana quando amanecio vió a una moza amarrada a una Barrica de dicha Esquina que estaba en cueros y toda ella ensangrentada con una Bayoneta que tenia atravesada y metida por la misma oficina de la generacion y que varios Ingleses estaban a su alrededor espectaculo que le llenó de horror y espanto: que a las siete volvio a salir a la ventana y no existia ya entonces el cadaver de dicha muchacha que habiendo visto en aquella hora a los dos Señores Alcaldes y Regidor Armendariz con quienes se incorporó y habiendole dicho el Alcalde Bengoechea que ellos iban a tomar disposiciones para cortar el fuego y que el testigo fuese a consolar a su mujer que se hallaba donde estaba alojado el General Ingles llorando porque le creía muerto paso allí inmediatamente y vió que estaban almorzando los criados del General y habiendole preguntado un sargento Ingles que estaba allí y hablaba bien el castellano qual era el motivo de su afliccion le contestó que ellos lo eran por el saqueo y demas atrocidades que estaban cometiendo, a lo que respondió el Sargento que no tenia culpa la tropa sino quien la autorizaba, a lo qual repuso el testigo que si seguian ese sistema y conducta en España seria la sepultura de ellos y con tanto cesó la conversacion. Que a las diez de la mañana salió el testigo de la ciudad con su familia y otras muchas personas entre las que vió varias heridas que no puede citar por no saber sus nombres y apellidos y solo recuerda de Juana Arzuaga moza soltera de diez y siete años que fué herida en el brazo derecho por una bala de fusil que le disparó un Inglés porque se escapó de casa quando vio le querian matar a su Padre.

Algunos infelices que dieron poco por que no tenían mas fueron maltratados a culatazos pinchadas con las puntas de las bayonetas sin hacerles graves heridas reciviendo este trato de aquellos soldados que se presentaban con aire mas sereno y pacifico pues que otros mas coléricos e inhumanos saludaron con balazos a los que les abrieron las Puertas haciendo lo mismo con los que hallaron en las habitaciones siendo uno de los muertos de este modo Bemardo Campos que cuidaba en la Plaza nueva de una casa correspondiente a D. Manuel de Arambarri que estaba a cargo del deponente habiendo a la muger de dicho Campos atravesado el brazo de un bayonetazo: que al mismo testigo un soldado Portugues le disparó un tiro a quema ropa porque tardo un corto momento en subir desde media escalera a su habitacion a donde le gritaban ocho o diez que le tenían cercado subiese a dar dinero: que algunos Oficiales le sacaron de pronto de este peligro pero luego le dexaron y apenas notaron los soldados la salida de los oficiales volvieron a romper la Puerta en cuyo apuro Salió al Balcon a implorar el auxilío de un oficial y estando hablando con uno que pasaba por la calle le dispararon otro tiro desde el Balcon de enfrente que era la misma casa donde fue muerto el citado Campos cuya muger huyó herida y desde entonces quedaron dueños de la casa algunos soldados Ingleses y Portugueses que a la vista del cadaver de Campos muerto por ellos mismos estaban sentados en la Sala despachando algunas Botellas de aguardiente y disparando tiros desde el Balcon a donde se les antojaba. Que lo mismo que experimentó el testigo sucedia en todas las Vecindades con mas o menos barbarie. Que al anochecer de este día treinta y uno de Agosto tubo que abandonar la casa y, refugiarse a una con su madre hermanas y otras varias familias a otra donde llevaron para su custodia a un oficial joven Hannoveriano sugeto de excelentes sentimientos el qual a pesar de su firmeza estubo a pique de ser muerto por unos Pottugueses en la casa del testigo. Que desde que cayeron las sombras de la noche por momentos fue en aumento el desenfreno de los soldados quienes con la continuacion de hacer mal y beber mucho se transformaron en brutos feroces. En conseqüencia la noche fue horrorosa: no se oian mas que gritos y exclamaciones dolorosas de Varias personas acongojadas que sufrian las mayores crueldades. Que notó en su vecindad por )a parte del Patio que despues de haber sido robada maltratada y violada el ama de la Panaderia llamada Francisca de Bengoechea continuaban a las dos y media de la mañana azotando a la criada muger casada de quarenta y cinco años para que descubriese el dinero escondido o secreto que no había: que en todas las demás casas de la Plaza y sus alrededores se oian lastimosos ayes, lloros y chillidos de mugeres que imploraban el auxilio de los vecinos inmediatos a quienes llamaban con sus nombres para que las libertasen de las manos de los Soldados que las hacian sufrir un martirio continuo hasta el extremo de violarlas golpeandolas enseguida y herido y dado muerte a algunas despues de Zaciar su brutal lascivia como lo hicieron con una muchacha en casa del comerciante Ezeiza y en el Zaguan de la casa de cardon con tres jovenes que fueron arrojadas a la Bodega despues de violadas y en ella han sido consumidas por las llamas. Que la mañana siguiente primero de Septiembre la mayor parte del Vecindario despavorida y fuera de si con las muertes, heridas, saqueo y ultrages que habían sufrido la noche anterior, pidió licencia para salir por medio de los Alcaldes y conseguida salió el deponente con su familia a eso del medio día y con el casi todos los vecinos, todos aturdidos, alelados, muchos descalzos, otros medio desnudos, muchisimos y aun mugeres herida y golpeados, algunas madres a quienes faltaba su hijo e hijos a quienes faltaban sus Padres.

El declarante que vio que los aliados estaban saqueando la casa de Armendariz se encaminó para la suia con un pañuelo blanco en la mano con el objeto de ver si podía libertarla: que en el tránsito observó que estavan no pudiendo abrir las Puertas de los comerciantes Barandiaran y Queheille tirando tiros y mas tiros y que las demás estaban saqueando: que un poco antes de llegar a la suya entraron en ella los aliados rompiendo las Puertas del Almacen y habiendose presentado en el le agarraron inmediatamente entre todos con sables y Bayonetas en las manos diciendole que les diese dinero y que de lo contrario le quitarian la Vida alli mismo; entonces les contexto que no tenia peto que tomasen todo quanto encontrasen en casa: que poco satisfechos con esta respuesta volvieron a reiterarle con la misma amenaza de muerte que les enseñase donde lo tenia enterrado y respondido que en ninguna parte principiaron a maltratarle y le quitaron el relox y dinero que tenia consigo el sombrero, Levita, chaleco, tirantes, Pañuelo del cuello y por ultimo le arrancaron hasta la camisa a pesar de hallarse muy inmediatos dos oficiales Ingleses que estuvieron mirando todo con la mayor indiferencia: que viendo el declarante que iban a despojarle a un del Pantalon hizo un esfuerzo y libertandose de entre las crueles Garras de aquellos Verdugos salió a la calle en la disposiciónindicada: que Segun le contaron despues, dos Soldados Ingleses quisieron dispararle por la espalda mas hallandose una Vecina en el Balcon de su casa acompañada de tres oficiales de la misma Nacion a quienes dixo que era su hermano, entonces fué quando mandaron retirar los fusiles: que declarante todo despavorido y sin saber lo que se hacía entró en el primer Zaguan que vio abierto y habiendo subido a la segunda habitacion le dieron unas mujeres una Camisa gruesa y una chupa vieja: que al instante pasó a refugiarse a la casa referida donde vió a los Oficiales Ingleses quienes habiendo salido afuera se quedó tambien tan expuesto como los demás: que en efecto entraron en ella los Soldados Ingleses y Portugueses en seguimiento de Dn. Alexandro Montel a quien habiendole agarrado en la sala le pedían dinero, diciendole que sino iban a matarle: que el declarante oía desde la Cocina los tristes clamores de los hijos de dicho Montel que gritaban "Ay que van a matar a mi padre" quando en esto sintiendo que se dirigian a donde el estava a fin de salvar su vida que poco antes la vió tan expuesta tubo por único remedio el saltar de la primera habitación al patio y meterse dentro del común donde se mantubo por espacio de tres horas oyendo los lastimosos ayes y tristes suspiros de las infelices mugeres que quedaron en la primera habitacion a quienes dispararon en la sala por cinco veces.

A la noche se aumentó extraordinariamente el desorden y se emborracharon los soldados en términos que opina el declarante que si los Franceses se hubiesen baxado del castillo los hubieran pasado a cuchillo como lo notó en quatro soldados Ingleses asistentes de un capitan que se alojó en su casa los quales se embriagaron completamente y quisieron forzar a varias muchachas que se refugiaron a casa del testigo por igual causa, y lo hubieran conseguido a no haber subido a los gritos tres oficiales Portugueses que hicieron retirar a dichos soldados: que en aquella noche no se oian más que ayes y lamentos de mugeres que eran violadas y que la mañana siguiente primero de Septiembre viendo que seguia el desorden y desenfreno resolvió salir de la ciudad como lo hizo a las dos de la tarde tan despavorido que ni cuidó de su muger e hijo que salieron sin duda despues.

Ademas de que el testigo habiendo vuelto a entrar en la ciudad el día tres de Septiembre por si podía sacar alguna cosa de su casa vió a unos Ingleses dar fuego a la casa consistorial aplicandole desde la Alhondiga sobre la qual se hallaba el Archivo: que quando se incendió este edificio les vió salir a la Plaza y hacer demostraciones de alegria por lo que veían. Este exemplar y el haber notado el día anterior desde afuera y tambien el siguiente quatro que prendian fuego casas a quienes no se comunicó por las inmediatas ya incendiadas y que aparecia en partes distintas le convencen que toda la parte de la ciudad que se preservó del incendio de Julio fue quemada por los aliados quienes conservaron solamente las casas que ocuparon al pie del Castillo: que en prueba de ello la casa Aduana que habiendose quemado toda la cera de enfrente del muelle se hallaba sana, se la vió arder el cinco o seis de Septiembre. Al quarto dixo que se remite a la contextacion que ha dado al capitulo precedente añadiendo que el mismo vió a los Ingleses que incendiaron la casa de la ciudad y ha oído tambien a otros que se valían de un palo o caña hueca embreada o barnizada con algun mixto la qual teniendola en la mano los Soldados despedia desde el hueco de la punta un fuego vivisimo que se esparcia a los quatro costados del edificio en cuyo centro se colocaban los incendiarios y era tan activo y pegajoso el tal fuego que al instante prendia en todas partes: tambien añade lo que notó la mañana del primero de Septiembre que la manzana de casas que comprenden parte de la calle de Escotilla del Puyuelo de la Carcel y Mayor vino a quemarse por los dos extremos a un mismo tiempo lo que denota que no vino el fuego por comunicación de la que se incendió primero en la calle Mayor sino que a un tiempo mismo se dió fuego por los dos lados.

La descomposición del edificio absolutista, de la que la crisis donostiarra no es sino un ejemplo, anunciaba su sustitución por un nuevo orden de valores, el constitucional. El nuevo modelo de sociedad y las aspiraciones económicas propugnadas por éste, gozaron de inmediata aceptación entre los burgueses donostiarras que veían en su implantación la única vía para superar las dificultades en las que se hallaban inmersos. Sin embargo, tales pretensiones chocaban frontalmente con los intereses y actitudes de una Provincia eminentemente agrícola, consumidora y decidida defensora de su código secular. Al igual que las restantes burguesías españolas o extranjeras, la easonense ambicionaba el reconocimiento de los derechos políticos de los ciudadanos -entendidos dentro de los límites de la época-. Esto en la práctica se traducía en la elevación de todos los donostiarras a un mismo status jurídico.

Suponía, además, su participación en la vida pública frente a la discriminación que hasta entonces habían significado valores tales como la hidalguía o la limpieza de sangre. En Guipúzcoa la trascendencia de tal pretensión era extrema dada la exigencia de ambos requisitos para la ocupación de cualquier cargo público. La sociedad donostiarra tradicionalmente se había venido caracterizado por su gran movilidad económica, su permeabilidad social y el frecuente origen foráneo de muchos de sus miembros. Por ello, esta gente adinerada y con prestigio social pero carente de dicho reconocimiento de nobleza no podía permitir que la hidalguía, admitida en la Provincia como principio incuestionable, impidiera su participación en la política municipal. Por tanto, la implantación del sistema constitucional allanaría el camino hacia la vida pública a la clase económicamente más fuerte de la ciudad, la burguesía mercantil. Pero si las aspiraciones socio-políticas ocuparon un lugar muy destacado en el ideario donostiarra, fueron los intereses económicos los que parece que más directamente influyeron en ciertas inclinaciones o solicitudes presentadas por el Ayuntamiento easonense.

Fue sólo a partir del momento en que la burguesía mercantil de la ciudad se percató de la imposibilidad de superar su crisis dentro de la estructura tradicional guipuzcoana, cuando decidió buscar nuevos cauces. Hasta ese momento, y a pesar de que ideológicamente ya existía una diferencia sustancial con la Provincia, toleró su régimen foral en tanto en cuanto pudo sacar beneficio de él. Pero como para comienzos del siglo XIX el deterioro económico donostiarra era un hecho incuestionable, al igual que la imposibilidad de superarlo dentro del sistema tradicional, sus autoridades (Ayuntamiento y Consulado), que actuaban como verdaderos portavoces de la clase mercantil, comprendieron que para lograr su recuperación resultaba imprescindible la transformación de las estructuras del régimen y con ellas, las del sistema consuetudinario guipuzcoano. Así, sus principales reivindicaciones se centraron en la "españolización" del territorio guipuzcoano mediante la habilitación de su puerto para comerciar directamente con Ultramar, sin necesidad de hacerlo a través de puertos habilitados o extranjeros; y el traslado de las aduanas a las costas y frontera.

La puesta en práctica de cualquiera de estas disposiciones significaba un atentado contra los privilegios provinciales y exigía, cuanto menos, la modificación parcial del código foral. Esto provocó el enfrentamiento entre la ciudad y los estamentos provinciales acostumbrados a las exenciones fiscales y que, por tanto, veían en las exigencias donostiarras un atentado contra el Fuero. San Sebastián era consciente de la trascendencia de sus peticiones y del peligro de desmembración provincial que entrañaban. No obstante, en ningún momento se planteó volverse atrás, pues su único objetivo era lograr el saneamiento de su economía a cualquier precio. Y el precio, en este caso, no era otro que la modificación del Fuero. Este complejo entramado de aspiraciones, en auténtica comunión con el ideario liberal, hizo que en todo momento San Sebastián luchase por mantener su organización municipal dentro de las leyes generales del Estado.

La implantación de los ordenamientos liberales en la administración municipal, y la influencia decisiva que sobre ella tuvo la gran inestabilidad política de la época, rompieron los modelos tradicionales de la municipalidad donostiarra, al dar al traste con el equilibrio que había caracterizado a la estructura y configuración del Regimiento entre los siglos XVI y XIX.

  • Sociedades Patrióticas en Donostia

En San Sebastián se fundó, en mayo de 1820, una Sociedad Patriótica liberal, llamada en un principio "Tertulia Constitucional de la Balandra o Reunión patriótica de varios amigos" -denominación que cayó en desuso- y posteriormente se la conoció como la "Sociedad Patriótica". Estuvo constituida exclusivamente por elemento burgués, a diferencia de las de otras localidades donde participaban personajes revolucionarios y extremistas, así como intelectualidad y aristocracia liberal. Del discurso inaugural de su primer presidente, José María de Labayen, destacamos frases como: "el absolutismo tiene hechadas (sic) profundas raíces, es preciso arrancarlas sin dejar una", "las maquinaciones ocultas de los corifeos de la esclavitud han conducido al pueblo a tal ignorancia...", "Es preciso pues ilustrarse: es el deber que se impone desde esta primera sesión esta reunión de amigos". Para esta tarea común de educar al pueblo, la Tertulia de la Balandra argumenta el medio de la moderación como más indicado para la labor. La Sociedad deseaba desde sus comienzos expresarse por medio de una publicación periódica: en junio de 1820 se envía el proyecto al Jefe político de Guipúzcoa, que aparece en julio y que se titulará El Liberal Guipuzcoano. Se publicaba los lunes y viernes, siendo de este periódico del que tomaba las noticias del extranjero la mayoría de la prensa española, por su eficacia informativa en este aspecto. Entre sus redactores se contaban, amén de Labayen, Cándido de Almeida, Pablo de Mendívil, José Elías de Legarda, Lorenzo Sánchez y Paulino Rodríguez Mutiozábal. Durante su funcionamiento, hasta finales de 1822, la Sociedad Patriótica participó muy activamente en los asuntos generales y políticos de la Provincia que, al contrario que la capital, tradicionalmente liberal, contaba con nutrido elemento conservador, teniendo la Tertulia varios roces con el clero guipuzcoano que admitía pasivamente, incumpliendo, decretos y órdenes de las Cortes. [Ref. Gil Novales: "Las Sociedades Patrióticas...", I].

  • Los Cien Mil Hijos de San Luis

El 7 de abril de 1823 atraviesan las tropas francesas al mando del Duque de Angulema el río Bidasoa por Behobia e Irún. Son cinco cuerpos de ejército y uno de reserva que avanzan, sin apenas resistencia, hacia el interior de la península. La Junta provisional del Gobierno de España e Indias establece su sede en Oiartzun. Donostia, de la que habían huido muchos liberales, algunos de los cuales siguieron resistiéndose en La Coruña, fue bloqueada hasta su capitulación el 27 de agosto. El nuevo ayuntamiento, absolutista, al frente de Francisco Antonio de Echagüe, penetró en la ciudad escoltado por las tropas del general Conde de Ricart, el 10 de octubre. Entretanto, debido al pánico, de los 6.000 habitantes de San Sebastián sólo habían permanecido 200. Un grupo de soldados de la guarnición asesinó y despeñó desde Urgull, en la noche del 3 al 4 de mayo, a un presbítero y a 7 frailes del convento de San Telmo.

Por otra parte, la lucha en el seno de los propios liberales una vez alcanzado el poder marcó la intervención gubernamental en la política consistorial, por cuanto que el control del Ayuntamiento implicaba también el de las elecciones al Congreso de los Diputados. Esta intromisión del Estado, a través de los mecanismos electorales y del nombramiento de los principales empleos de República, puso en grave peligro la independencia de la institución concejil respecto del poder central. Así, desde los primeros años del reinado de Isabel II las autoridades de Madrid facultaron a la ciudad para regirse de acuerdo con los ordenamientos municipales constitucionales, pese a lo cual, a nivel provincial, continuó dependiendo de las instituciones forales tradicionales. La institucionalización de dicha situación, totalmente anómala, creó un caso verdaderamente atípico, en primer lugar, por cuanto legalizaba la coexistencia en una misma provincia de dos administraciones antagónicas y, en segundo término, porque convertía a San Sebastián en una entidad constitucional directamente dependiente de unas autoridades forales.

  • Asedio carlista durante la Primera Guerra

Por último las tropas carlistas tuvieron bloqueada esta plaza desde el mes de noviembre de 1835 en adelante; habiéndose apoderado en primer lugar del punto fortificado de Arambarri y convento de San Bartolomé en 27 del mismo. Desde entonces la ciudad de San Sebastián se vió estrechada completamente; de modo que sólo podía disponer del terreno contenido dentro de sus muros. En tal estado Don José Ignacio de Uranga. general carlista que la asediaba. La bombardeó en la noche del 7 al 8 de diciembre, sin más resultado que el de la destrucción de algunos edificios; por lo que, y por haberse inutilizado los morteros, se suspendió el fuego. El cónsul francés que residía en la misma ciudad pidió además se suspendiesen las hostilidades en tanto que los súbditos de su nación la abandonasen; lo que contribuyó a que cesase del todo el ataque de la artillería, limitándose en adelante a la fusilería. Así se continuó hasta el 5 de mayo de 1836, en que los sitiadores fueron expulsados de las líneas con el auxilio de La ruptura entre San Sebastián y la Provincia no se produjo de golpe sino que siguió un largo y tortuoso proceso.

En un primer momento la ciudad intentó compatibilizar la conservación de algunos derechos forales con la consecución de sus aspiraciones, a fin de evitar mayores enfrentamientos. Pese a tales propósitos, desde el comienzo quedó patente la imposibilidad de alcanzar un acuerdo consensuado, pues lo que en realidad los donostiarras estaban cuestionando en aquellos debates era la suplantación del régimen foral por el nuevo orden burgués. La brecha entre ambas entidades se fue agrandando a medida que la burguesía easonense se fue reafirmando como clase y fue adquiriendo conciencia de su propia personalidad. Esto provocó en ella una radicalización aún mayor, generando un rechazo creciente y obstinado por parte de las instituciones provinciales, lo que a su vez acrecentó la intransigencia de la ciudad. Por este motivo, San Sebastián, contando además con el respaldo de la derrota carlista, acabó solicitando abiertamente la abolición del Fuero y planteando, incluso, su desanexión de la Provincia y su incorporación a Navarra (1840-1841).

Desde el punto de vista económico, el comportamiento de la burguesía donostiarra fue configurándose al socaire de los tiempos y de las oportunidades más rentables del momento, es decir, del incendio de 1813, de la normativa desvinculadora y de la desecación de las marismas que rodeaban la ciudad.

  • Consecuencias del incendio

Sin duda, de todas ellas fue el incendio la de mayor repercusión por cuanto dió paso a una situación completamente nueva. Ya que, si bien es cierto que supuso una catástrofe para los más desheredados, para aquéllos cuyo único patrimonio era un lugar donde vivir y lo perdieron, también lo es el hecho de que ofreció una oportunidad inversora excepcional para aquéllos que consiguieron poner a salvo sus caudales antes de la destrucción. Y esto afectó a más gente de lo que normalmente se piensa. Por ello, muchos de los que pudieron o supieron escapar a tiempo -y entre ellos se encontraban algunos de los mayores negociantes de la plaza-, encaminaron parte muy considerable de sus capitales hacia la inversión inmobiliaria tanto urbana como rural. Así, mientras las autoridades discutían acerca del mejor plan para su reconstrucción, San Sebastián sufrió un auténtico caos urbanístico. Los solares arrasados por las llamas se llenaron de barracas y de todo tipo de edificaciones provisionales que, en numerosas ocasiones, eran arrendadas a precios y en condiciones cada vez más abusivos.

  • Ensayos industriales

La modificación aduanera sancionada por el Decreto de 29 de octubre de 1841 sentó las bases para el moderno desarrollo industrial guipuzcoano. Al amparo del proteccionismo favorecido por las nuevas barreras arancelarias y por la apertura del mercado interior peninsular, algunos donostiarras se lanzaron al terreno de las inversiones industriales. La diversificación constituye una de las principales características de estos primeros ensayos industriales. Esto por lo que se refiere tanto a los ramos afectados (extracción de mineral, transformaciones metálicas, papeleras, textiles y, ya en menor medida, fabricación de lozas y porcelanas); como al hecho de que los accionistas acostumbraban a repartir su capital en múltiples sociedades sin demostrar preferencia par un sector determinado; Y, finalmente, porque si bien los clanes mercantiles jugaron un papel fundamental como impulsores de estas empresas, en ocasiones, fueron comerciantes mucho más modestos los que soportaron el mayor peso de la inversión. Otro aspecto fundamental en relación con la intervención easonense en el sector industrial es la limitación en cuanto al número de gente que se interesó por él. Sin embargo, el aspecto más destacado de este tipo de intervención está en el hecho de que los inversores consideraban sus negocios industriales una actividad secundaria en su economía. Por tal motivo, aunque los donostiarras fueron los iniciadores del proceso industrial en Guipúzcoa, entendido en sus formas modernas, el sector manufacturero nunca fue para ellos el más importante de sus negocios, puesto que el comercio continuó siendo su verdadero protagonista.

  • Actividad comercial predominante

Aunque las exposiciones y declaraciones presentadas por el Ayuntamiento y el Consulado (posteriormente Junta de Comercio) ante las autoridades provinciales y estatales describían la situación económica de la ciudad con tintes verdaderamente dramáticos, lo cierto es que no reflejaban con total exactitud la realidad donostiarra. Así, frente a la quiebra comercial denunciada en aquellos escritos, el análisis de las actividades económicas del momento ha demostrado que a lo largo de toda la primera mitad del siglo XIX, la burguesía easonense continuó desarrollando sus negocios mercantiles de manera ininterrumpida, llegando a ser ciertamente prósperos los relacionados con el tráfico de coloniales. En este sentido incluso ampliaron sus relaciones a través de su participación en navíos que desde puertos franceses, Burdeos fundamentalmente, salían con destino a "islas francesas" o a América. El mantenimiento de estas relaciones, con Cuba principalmente, en las que participaron tanto grandes como medianos comerciantes, hubo de paliar forzosamente la pérdida de las colonias continentales y, en general, las dificultades económicas de la ciudad. No obstante, en los intercambios mercantiles peninsulares San Sebastián hubo de afrontar numerosos obstáculos originados como consecuencia de la mayor competitividad de los productos extranjeros y de los altos aranceles a que estaban sometidos los guipuzcoanos antes de la modificación aduanera. Este predominio del carácter eminentemente comercial de San Sebastián, que incluso consigue mantenerse a pesar de las dificultades y de la distorsión de sus negocios tradicionales, condicionó en gran medida la política municipal y el exacerbado liberalismo de sus habitantes. A esto contribuyó, así mismo, el hecho de que durante toda esta etapa el gran núcleo burgués de la ciudad estuvo muy relacionado y representado en la élite concejil. Esta clase mantenía, por otra parte, una gran cohesión interna gracias a una activa política matrimonial que reforzaba los lazos económicos entre los distintos clanes familiares.

En definitiva, se puede afirmar que a lo largo de toda la primera mitad del siglo XIX la sociedad y Ayuntamiento donostiarras estuvieron dirigidos por el principal sector económico de la ciudad, lo que le aseguró la posibilidad de solicitar y mantener una política plenamente proclive a sus actividades económicas y a sus ambiciones socio-políticas. De este modo, la burguesía mercantil dirigió los destinos de la entidad municipal con el fin, entre otros, de conseguir la implantación de un nuevo modelo de sociedad que le permitiera desarrollarse en lo económico y mantener el poder en lo político. Por ello, cuando finalmente San Sebastián consiguió revocar aquellos principios de la sociedad tradicional guipuzcoana opuestos a sus intereses, y obtuvo garantía suficiente de su permanencia en el régimen general del Estado, sus aspiraciones en el orden político no fueron más allá. A partir de este momento, que cronológicamente podría fijarse en 1844, abandonó el radicalismo que había caracterizado su actuación en décadas anteriores y siguió, cuando menos durante unos lustros, por unos derroteros que desde el punto de vista social y económico tendieron al conservadurismo, dejando de ser innovadores.

Elecciones generales del 31-VII-1836
También obtuvieron 1 voto: Juan Mendizábal; Eugenio Larumbide; Joaquín Aldamar y Hurtado. [Ref. Arch. Munic. Sn. Sn., Secc. A, neg. 7, libr. 4, Exp. 2].
CandidatosVotos
Joaquín M.ª de Ferrer (elegido)146
Miguel Antonio Zumalacárregui (elegido)141
José Manuel Emparán90
Juan Esteban Izaga87
Valentín Olano2

Elecciones generales del 30-IX, y 2, 3-X-1836
[Ref. Arch. Munic. Sn. Sn., Secc. A, negoc. 7, libr. 4, exped. 2].
CandidatosVotos
Joaquín M.ª de Ferrer (elegido)219
Miguel Antonio Zumalacárregui (elegido)217
José Agustín de Larramendi7
Manuel Alvarez Mendizábal1
Votos nulos4

Elecciones senatoriales del 30-IX y 2, 3-X-1836
Obtuvieron 1 voto: Joaquín Sagasti y Joaquín M.ª Ferrer. [Ref. Arch. Munic. Sn. Sn., Secc. A, negoc, 7, lib. 4, exped. 2].
CandidatosVotos
José Agustín Larramendi (elegido)192
Valentín Olano9
Eugenio M.ª Olano7
José Manuel Collado3
Luis Umendia2
En blanco2
Votos nulos4

Elecciones generales del 22/26-IX-1837
Obtuvieron 1 voto: Beldarrain, Sagasti, Mugartegui, Pascual Churruca, Burgué, Alberdi, José Manuel Collado, Garmendia, Ayarza, Minondo, Fernández, Irigoyen, Sabater, Romero, Iturbe y Garagorri.
[Ref. Arch. Munic. Sn. Sn., Secc. A, negoc. 7, lib. 4, exped. 2].
CandidatosVotos
Joaquín M.ª Ferrer205
Miguel Antonio Zumalacárregui (elegido)205
José Agustín Larramendi (elegido)197
José Churruca15
Joaquín Calbetón3
N.º electoresN.º votantes
469216

Elecciones senatoriales del 22/26-IX-1837
Obtuvieron 1 voto: Pablo Collado, Sagasti, Churruca, Conde de las Navas, Calatraba, Brunet, Garmendia, Zavala, Venegas, Velasco, Gómez, Martínez de la Rosa, Uriarte y Barcaiztegui.
[Ref. Arch. Munic. Sn. Sn., Secc. A, negoc. 7, lib. 4, exped. 2].
CandidatosVotos
Joaquín M.ª Ferrer (elegido)208
Miguel Antonio Zumalacárregui205
José Agustín Larramendi201
Conde de Monterrón3
Collado, José Manuel2
Conde de Villafuerte2
N.º electoresN.º votantes
469216

Elecciones generales del 25/28-VII-1839
Obtuvieron 1 voto: Manuel M.ª Acevedo, José Domingo Orbegozo, Joaquín Lin, José M.ª Izquierdo, Joaquín M.ª Irizar, Conde de Montero, José Rezusta, Fermín Lasala, Antonio Sasiain, Lorenzo Alzate, Conde de Villafuertes, José Manuel Miramón, José Antonio Fernández Garayalde, Agustín Iturriaga, J. A. Fernández, Ascensio Altuna.
[Ref. Arch. Muni. Sn. Sn., Secc. A, negoc. 7, lib. 4, exped. 2].
CandidatosVotos
Miguel Antonio Zumalacárregui266
Claudio Antón Luzuriaga231
Joaquín Calbetón217
Joaquín Barcaiztegui189
Ramón Goizueta184
Conde de Monterrón168
José Agustín Larramendi21
Martín Vidaurre4
Luis Umendia3
Manuel Emparán2
Votos nulos y en blanco8
Total votos1.308

N.º electoresN.º votantes
Sn. Sn.555Sn. Sn.435
Pasajes302Pasajes254
Irún273Irún218
Total1.130Total907

Elecciones generales del 31-I-1840
[Ref. Bol. Extraord. del Estado del 1-II-1840, en el Arch. Munic. de Sn. Sn., Secc. A, negoc. 7, lib. 4, exped. 2]
CandidatosVotos
Ladislao de Zavala (elegido)5.911
Pedro Egaña (elegido)5.793
Valentín Olano (elegido)5.778
Miguel Antonio Zumalacárregui333
Ramón de Goizueta267
Joaquín M.ª Ferrer243
Conde de Monterrón43
Joaquín Fco. Aldamar35
General Gaspar Jáuregui22
Angle Iznardi21

Elecciones generales del 31-I-1840
[Ref. Bol. Extraord. del Estado del 1-II-1840, en el Arch. Munic. de Sn. Sn., Secc. A, negoc. 7, lib. 4, exped. 2]
CandidatosVotos
Gaspar de Jauregui (elegido)5.962
Joaquin Fco. de Aldamar (elegido)5.922
Conde de Monterron (elegido)5.835
Luis Umendia262
Joaquín M.ª Ferrer240
Miguel Antonio Zumalacárregui238
Valentín Olano31
Claudio Antón Luzuriaga30
Marqués de Valmediano29
Duque de la Victoria25
Pedro de Egaña24
Ladislao Zavala23
N.º electoresN.º votantes
83626270

Elecciones generales del 3/8-IV-1841
Obtuvieron 1 voto: Luis Umendia, Joaquín Yun, Evaristo Echagüe, José Saturnino Sosoaga, Ramón Fernández, Antonio Sasiain, Anselmo Garcés, Lorenzo Alzate.
[Ref. Arch. Munic. de Sn. Sn., Secc. A, negoc. 7, lib. 4, exped. 2]
CandidatosVotos
Miguel Antonio Zumalacárregui805
José Odriozola645
Joaquín M.ª Ferrer642
Ramón Goizueta248
Joaquín Calbetón39
Claudio Luzuriaga6
Bartolomé Lopetedi3
José Antonio Lacaybar2
Miguel Antonio Elizalde2
En blanco27
Total votos2427
N.º electoresN.º votantes
?809

Elecciones generales del 27-II-1843
Obtuvieron 1 voto: José Manuel Brunet, Evaristo San Miguel, José Odriozola, Lorenzo Alzate, El Barón de Oña, José Fco. Arza, e Ignacio José Azpe.
[Ref. Arch. Munic. de Sn. Sn., Secc. A, negoc. 7, lib. 4, exped. 2].
CandidatosVotos
Ramón Goizueta682
Joaquín Calbetón680
Asensio Altuna673
Joaquín M.ª Ferrer4
Miguel Antonio Zumalacárregui3
José Churruca3
Enmanuel Emparán2
Ramón Lizarzaburu2
Papeletas en blanco2
N.º electoresN.º votantes
1256686

Elecciones generales del 6/8-XII-1846
[Ref. Arch. Munic. de Sn. Sn., Secc. A, negoc. 7, lib. 4, exped. 2]
CandidatosVotos
Fermín de Lasala84
N.º electoresN.º votantes
15084

Elecciones generales del 31-VIII, 1-IX-1850
[Ref. Arch. Munic. de Sn. Sn., Secc. A, negoc. 7, lib. 4, exped. 3].
CandidatosVotos
Fermín de Lasala69 (unanimidad)

El traslado de las aduanas a la costa en 1841 señaló el inicio de las hondas transformaciones que tuvieron lugar en la ciudad. Si en la década de los 40 San Sebastián contaba aproximadamente con 10.000 habitantes estas cifras iniciaron un sostenido y continuo aumento. El censo de 1860 arroja las cifras de 14. 111 donostiarras que se convirtieron en 37.812 en 1900, 49.008 en 1910 y 78.432 en 1930. Este intenso crecimiento poblacional sólo en un 25% es imputable al crecimiento natural. Este, por su parte efectúa la evolución propia de la modernización: la natalidad fue descendiendo, pasando de un 40,3% en 1867 al 21,3% en 1930, mientras que el descenso de la mortalidad se situó entre el 27% de 1867 y el 15,4% de 1930. Aunque tanto natalidad como mortalidad permanecían aún altas en 1930 el camino que se ha recorrido es largo. El aumento que experimentó la población de San Sebastián es la segunda mitad del siglo XIX y primera del XX se debió fundamentalmente a una importante inmigración alertada por las nuevas posibilidades de trabajo que ofrecía la ciudad en expansión.

El tendido del ferrocarril del Norte, el derribo de las murallas, el proceso de urbanización y construcción del Ensanche estuvieron en el origen de la llegada de trabajadores procedentes de áreas rurales limítrofes al País Vasco. El desarrollo de San Sebastián como ciudad turística (Isabel II y familia vinieron en agosto de 1845 a tomar baños) atrajo a personas dedicadas al sector servicios, empleados en hoteles, restaurantes y tiendas, sirvientas y en general empleados de poca cualificación, mientras que, en mucha menor medida, la capitalidad provincial recién adquirida, junto al desarrollo del comercio y de la industria, atrajeron a funcionarios, profesionales liberales, gerentes, pequeños empresarios y comerciantes. El inicio de la recuperación económica en primer lugar se dio en el seno de la actividad económica tradicional de la ciudad que era el comercio, pero pronto los comerciantes que, al amparo de la favorable coyuntura veían aumentar sus capitales, realizaron con ellos inversiones de nuevo cuño y el capital comercial pasó a promocionar la naciente industria guipuzcoana.

Según se ha indicado antes, la generalidad de los habitantes de esta ciudad en lo intramural está dedicada al comercio; y otra parte se emplea en la pesca y navegación. Su industria consiste en seis fábricas de cal hidráulica, una de fósforos, una de cerveza, una de papel pintado, algunas alpargaterías, cordelerías de jarcias, velamen, molinos de chocolate, construcción de remos y talleres de ebanistería, ferretería, hojalatería, etc. El resto de los moradores se emplea en la labranza de los campos; cuyas cosechas de trigo son escasas, las de maíz buenas, en particular en las vegas de Loyola, el Antiguo y demás. Abunda en manzanales, con cuyo fruto se hace mucha y buena sidra; y se cultiva también todo género de hortaliza, que se vende diariamente por las caseras en la plaza. [Gorosábel: Diccionario..., 1862].

La instalación de esta industria se produjo muy escasamente en la misma capital pero fueron principalmente donostiarras los que promovieron las nuevas empresas guipuzcoanas de manera que en la ciudad se asentó una burguesía consciente de su nuevo poder que pronto demandó los cambios necesarios para que la ciudad se adaptara a sus necesidades. La entrada de beneficios económicos hizo posible la transformación al mismo ritmo de la que se estaba operando entre sus habitantes. San Sebastián, centro financiero de la provincia adquirió definitivamente la categoría de centro administrativo al concedérsele la capitalidad en 1854. La necesidad de reorganizar las comunicaciones y desarrollarlas llegó en un momento de expansión de las redes de transporte en España, especialmente del ferrocarril. En 1864 se inauguró la vía Madrid-Irún a su paso por San Sebastián. Esta fue la primera comunicación ferroviaria de España con Europa. En 1847 se había reformado ya la comunicación por carretera: hasta entonces San Sebastián quedaba fuera del trazado del camino real que atravesaba Guipúzcoa y que de Tolosa a Irún seguía la ruta Andoain, Urnieta, Hernani, Astigarraga y Oiartzun, mientras que San Sebastián enlazaba con Irún por unos caminos insignificantes. El nuevo trazado desde Tolosa y Andoain seguía hacia Lasarte, San Sebastián y Rentería.

Durante largos siglos San Sebastián tuvo el doble carácter de ciudad comercial, unido a su configuración de plaza fuerte militar, función ésta de hondas repercusiones y condicionamientos. Las transformaciones que se iban produciendo en el terreno bélico obligaban a una reestructuración del concepto defensivo. Por ello, en 1856, San Sebastián figuraba en la lista de plazas fuertes que el ejército proyectaba descuartelar y desocupar. A la vez, la población donostiarra hacía del derribo de las murallas objetivo indispensable y vital para su expansión. Para cuando éste se produjo en 1863, la ciudad había iniciado ya la serie de transformaciones económicas y sociales que hasta aquí se han mencionado y que hacían cada vez más urgente la expansión pues de lo contrario quedarían yuguladas. El arquitecto municipal Antonio de Cortázar, planificador del Ensanche que lleva su nombre, escribía en 1863 a este respecto: "una cuestión de vida o muerte el pronto... derribo de los muros sin los cuales se le condenaría a perecer moralmente asfixiada, destruyendo el brillante porvenir que le está reservado".

En efecto: para estas fechas San Sebastián había dado un nuevo impulso a su comercio, orientándolo por motivos funcionales al puerto de Pasajes y gracias a la capitalidad era el centro organizador de la vida provincial. Además, otro factor de gran importancia había comenzado a consolidarse: el veraneo, que también iba a impulsar el dinamismo económico de la ciudad. Por todo ello, las autoridades y los ciudadanos estaban convencidos de que su expansión pasaba necesariamente por el derribo de las murallas. Sucesivas peticiones de derribo en 1857, 1858, 1860, habían sido rechazadas. No se trataba de un hecho aislado: el derribo suponía dejar de ser plaza militar y aunque ello estaba previsto por el Gobierno la decisión final se hacía esperar. Vencidas algunas dificultades y superadas las últimas formalidades como la Real Orden del 22-IV-1863 por la que la ciudad dejaba de ser plaza de guerra, el 4 de mayo de 1863 comenzaron en medio de alegres fiestas los trabajos de derribo de las murallas. Se trataba únicamente de abrir unos boquetes provisionales en varios puntos para permitir el paso, hasta que llegara el permiso definitivo. El maestro Santesteban compuso un himno para la ocasión, cuya primera estrofa decía:

"Brilla el iris al fin en tu cielo
Blanca Easo, cautiva paloma,
Ya tu negra prisión se desploma.
Libre ya vas el vuelo a tender".

Pero no estaban resueltas todas las dificultades. La Corporación tuvo noticia de que el Ministerio de Hacienda tenía la intención de incautar los terrenos de las murallas y fortificaciones con cuya venta contaba la ciudad para sufragar los gastos del derribo. Después de nuevas gestiones en la Corte el Ministerio de Hacienda aceptó llegar a un acuerdo. El Alcalde Eustasio Amilibia estando en un palco del Teatro Principal recibió un telegrama del Duque de Mandas por el que le comunicaba que el Gobierno, por fin, accedía al derribo. Amilibia interrumpió la representación y participó al público asistente el contenido del telegrama. Los donostiarras dejaron constancia de la alegría con que recibían la noticia, poniéndose en pie, aplaudiendo y vitoreando. Por fin, el decreto de derribo de las murallas se firmó el 28 de abril de 1864.

Elecciones generales del 10/11-V-1851
[Ref. Arch. Munic. de Sn. Sn., Secc. A, negoc. 7, lib. 4, exped. 3]
CandidatosVotos
Fermín de Lasala88 (unanimidad)

Elecciones generales del 17-VII-1853
[Ref. Arch. Munic. de Sn. Sn., Secc. A, negoc. 7, lib. 4, exped. 3]
CandidatosVotos
Joaquín Calbetón (elegido)16
Luis de Mariategui10

Elecciones generales del 4/6-X-1864
[Ref. Arch. Munic. de Sn. Sn., Secc. A, negoc. 7, lib. 4, exped. 3]
CandidatosVotos
José Manuel Collado705
Luis Mariategui518
Justo M.ª Zabala345
Ascensio Ignacio Altuna338
Marqués de Rocaverde312
Duque de la Victoria37
Telesforo Monzón16
Nº electoresNº votantes
1579806

Elecciones generales del 25/26-III-1857
[Ref. Arch. Munic. de Sn. Sn., Secc. A, negoc. 7, lib. 4, exped. 3]
CandidatosVotos
Fermín Lasala (hijo)84
Nº electoresNº votantes
12684

Elecciones generales del 31-X, 1-XI-1858
[Ref. Arch. Munic. de Sn. Sn., Secc. A, negoc. 7, lib. 4, exped. 3]
CandidatosVotos
Fermín Lasala (hijo)107
Nº electoresNº votantes
15095

Elecciones generales del 11/12-X-1863
[Ref. Arch. Munic. de Sn. Sn., Secc. A, negoc. 7, lib. 4, exped. 3]
CandidatosVotos
Fermín Lasala (hijo) (elegido)94
Luis Mariategui1
Nº electoresNº votantes
15095

Elecciones generales del 22/23-XI-1864
[Ref. Arch. Munic. de Sn. Sn., Secc. A, negoc. 7, lib. 4, exped. 3]
CandidatosVotos
Fermín de Lasala95 (unanimidad)

Elecciones generales del 2/4-XII-1865
[Ref. Arch. Munic. de Sn. Sn., Secc. A, negoc. 7, lib. 4, exped. 3]
CandidatosVotos
Fermín Lasala y Collado778
José Antonio Murua y Miranda769
José Manuel Aguirre Miramón755
Ignacio Ibarzabal Iriondo746
Fco. Manuel de Egaña y Manterola208
Pedro Irizar y Ubillos206
Ladislao Zavala y Salazar200
Ignacio de Alcibar y Zavala177

Elecciones generales del 11/13-III-1867
Obtuvieron 1 voto: Miguel Dorronsoro, Fermín Lasala, Ramón Fernández.
[Ref. Arch. Munic. de Sn. Sn., Secc. A, negoc. 7, lib. 4, exped. 3]
CandidatosVotos
Esteban Zurbano448
Roque Heriz447
Juan José Unceta446
Tirso Olazabal y Arbelaiz446
Papeletas en blanco12
Nº electoresNº votantes
1137351

Elecciones generales del 14-III-1871
[Ref. Arch. Munic. de Sn. Sn., Secc. A, negoc. 7, lib. 4, exped. 3]
CandidatosVotos
Fermín Lasala y Collado (elegido)3.996
José León Urquiola y Zabalia2.840
Pedro Amunarriz e Irazabal641
Ramón Brunet4
Juan Bautista y Balaunzaran4
Nº electoresNº votantes
?7519

Elecciones generales del 8-IV-1872
[Ref. Arch. Munic. de Sn. Sn., Secc. A, negoc. 7, lib. 4, exped. 3]
CandidatosVotos
Fermín Lasala y Collado (elegido)4.317
Miguel Dorrasoro y Zeberio3.456
Fco. Arzac y Alquiza4
Nº electoresNº votantes
?7819

Elecciones generales del 30-VIII-1872
"No se presentaron comisionados por los Colegios de Fuenterrabía y Aduna, a pesar de haberse constituido las mesas y verificado la votación en ellas. Tampoco se presentaron por no haber constituido las mesas por los Colegios siguientes: Irún; Escuelas; Alza; Larrueta, La Calzada, La Plaza; Lezo: Calle Mayor, San Juan; Pasajes de Sn. Pedro; Rentería: Concejo, Arrabal; Urnieta; Ergoyen; Sección de Lasarte".
[Ref. Arch. Munic. de Sn. Sn., Secc. A, negoc. 7, lib. 4, exped. 3]
CandidatosVotos
Fermín Lasala y Collado (elegido)2.335
Antonio Urruti e Iturbide115
Joaquín Elósegui13
Nº electoresNº votantes
?2478
Elecciones generales del 16-V-1873
"No se presentaron Comisionados por los Colegios de los pueblos de Oiartzun, Hondarribia, Usurbil, Astigarraga, Pasaia Sn. Pedro, Lezo, Orio, ni por el 3.er Colegio de Irun denominado las "escuelas", ni por los de Altza y Aduna, agregados a esta ciudad, ni por el 3.° de Errenteria, ignorándose las causas, pues tampoco remitieron a la Alcaldía oficio ni acta alguna, con excepción de Aduna, que la ha remitido haciendo constar que no pudo constituirse la mesa en el 1.er día por falta de concurrencia de electores".
[Ref. Arch. Munic. Sn. Sn., Secc. A, negoc. 7, lib. 4, exped. 3].
CandidatosVotos
Galo Aristizábal y Saralegui (elegido)2.404
Manuel Matheu y Fort43
Jose M.ª Orense11
Nº electoresNº votantes
?2486

Dos años antes el Ayuntamiento había ya convocado un concurso de proyectos para la ampliación de la ciudad al que se presentaron doce concursantes. Por unanimidad obtuvo el primer premio el diseñado por el arquitecto donostiarra Antonio de Cortázar. Su plano se llamaba "Porvenir". El premio estaba dotado con 12.000 reales. El segundo premio se otorgó al arquitecto Martín Saracíbar que recibió 6.000 reales por su plano denominado "Valladolid". La memoria que acompañaba al proyecto de Cortázar distribuía a la población en función de su pertenencia a determinado grupo social: la clase más rica y acomodada del vecindario se situaba en el centro de la población, al abrigo de los vientos que se consideraban más incómodos; el segundo grupo, llamado el de la población flotante y de bañistas se situaba frente a la playa y, por fin, las clases trabajadoras se asentaban en la parte baja del barrio de San Martín y en la Zona meridional de la nueva población.

El proyecto de Cortázar respondía a las preocupaciones de la burguesía donostiarra: junto a la belleza de la ciudad, que facilitaría el desarrollo del turismo, estaban presentes otras preocupaciones de nuevo cuño como la higiene y la salubridad, la ventilación de las viviendas, pensando, por medio de todo ello, en reducir la mortalidad. Los aciertos del proyecto de Cortázar eran numerosos: la unión entre la ciudad nueva y la vieja tomando como eje y punto de partida la calle Mayor, el tamaño de las manzanas proporcional al del Ensanche mismo, los bordes de la bahía planteados como ciudad-jardín, son algunas de las más destacables. El primitivo plano de Cortázar sufrió ciertas modificaciones entre las que se encontraban algunas propuestas del proyecto de Saracíbar como el Boulevard, cuya construcción provocó una encendidísima polémica que dividió a los donostiarras en dos bandos, a favor o en contra de dicha Alameda. Una vez que llegó el permiso del derribo de las murallas y éste se llevó a efecto, comenzó la rápida expansión según el proyecto Cortázar sucesivamente reformado. Este, además de la aportación de Saracíbar, recibió las de otros dos arquitectos: José Eleuterio de Escoriaza a quien se debe la Plaza de Guipúzcoa y José de Goicoa autor del proyecto de Amara Viejo. Fueron años de grandes negocios y también de controversias y disputas: se especulaba con el suelo, los propietarios de solares veían revalorizarse sus terrenos, se compra, se vende, se lucha por enclaves y alturas de los edificios, por anchos de calles, en fin por todo lo que podía generar aumento o descenso de rápidas ganancias.

En 1870 la Corporación municipal consiguió los permisos necesarios para ampliar la población por el noroeste y el sur, rebasando los límites del plano de Cortázar. Así, nueve años después de la aprobación de la primera parte del Ensanche se aprobaron otros dos: los Ensanches Meridional y Oriental que, junto al barrio de San Martín, fueron esta vez escenario de las mismas disputas y prácticas especulativas que ya surgieron nada más derribarse las murallas. Las disputas giraban en torno a la propiedad pública o privada de los terrenos y a los derechos de edificabilidad que defendían los propietarios. El Ensanche Meridional o de Amara que coincide con el sector sur del proyecto Cortázar sufrió bastantes modificaciones: se trasladó la cárcel de las actuales escuelas de la calle Urbieta a Ondarreta; el Ayuntamiento decidió la ubicación del Buen Pastor contra la opinión del propio Cortázar en su actual emplazamiento y desapareció el proyectado muelle en la playa de Amara. Los años de la Segunda Guerra Carlista detuvieron los afanes constructores. La ciudad, al contrario que la mayoría de la provincia, no cayó en manos del Pretendiente pero estuvo sometida al bombardeo de sus cañones desde el 28 de septiembre de 1875 hasta el 16 de febrero de 1876 en que finalizaba el bloqueo, al abandonar los carlistas sus posiciones de Mendizorrotz y Arratsain, ambas en las inmediaciones.

En el siglo XIX se fomenta una relación nueva y distinta con la naturaleza. Los baños de mar empiezan a ser recomendados por sus virtudes terapéuticas y San Sebastián fue uno de los puntos elegidos para la toma de dichos baños. Cuando se inició el Ensanche de Cortázar la ciudad contaba ya con una colonia de veraneantes y los rectores de la vida municipal apostaron a fondo por esta faceta potenciándola al máximo. El que San Sebastián llegara a convertirse en un centro de veraneo de primera magnitud no respondió al azar sino que fue una elección realizada por sus clases dirigentes que supieron ver las excepcionales condiciones naturales que la ciudad ofrecía y a la que contribuyó el favor de la Familia Real. En la década de los 40 aparecieron las primeras casetas en la playa que el Ayuntamiento autorizaba a colocar a las familias que lo solicitaban; un poco más tarde se pusieron casetas como servicio público.

Una ciudad mercantil iba convirtiéndose en otra, de servicios cualificados; San Sebastián era la playa de moda más frecuentada del Norte lo que aleja de ella la actividad industrial; la escasa que se realiza en sus términos está bastante lejos del espacio urbano. La organización general de la ciudad se sometió a los imperativos del veraneo de alto nivel: palacetes y otras residencias particulares, hoteles, edificios públicos como el Gran Casino en 1887, el Hotel María Cristina, el Teatro Victoria Eugenia y La Perla como balneario y sala de fiestas en 1912, el Gran Casino Kursaal en 1922, fueron configurando una ciudad que respondía a los criterios estéticos e higiénicos del momento. Aunque ya Isabel II había veraneado en varias ocasiones en San Sebastián, de donde precisamente salió en 1868 camino del exilio hacia París, el año 1887 señaló el inicio del veraneo de la Familia Real en San Sebastián lo que resultó ser el espaldarazo definitivo para su consagración entre las ciudades turísticas más importantes de Europa. Hasta la construcción del Palacio de Miramar, en 1893, se instalaron en el Palacio de Ayete.

El recibimiento que se hizo a la Reina María Cristina y a sus hijos fue inenarrable. Los donostiarras, conscientes de la promoción que la elección real suponía para la ciudad, organizaron incontables fiestas de toda clase para celebrar el acontecimiento: colgaduras y tapices en las fachadas, edificios iluminados por tres días, Te Deum en Santa María con asistencia de todas las autoridades, recepción en la Casa Consistorial, comparsa de Jardineros en la Plaza de la Constitución, fuegos artificiales, zezensuzko, gira campestre con iluminación de los montes de los contornos, partidos de pelota en Jai-Alai, regatas y cucañas en la bahía.

El crecimiento de la ciudad y su prosperidad impulsaron la realización de numerosas obras de todos órdenes que me joroban la calidad de vida de los donostiarras y adaptaban la ciudad a las nuevas necesidades. El Gran Casino debía entregar una cantidad anual a una Junta formada por el Alcalde, el Presidente de la Diputación y otros miembros, llamada de los intereses de la ciudad o Sociedad de Fomento, que distribuía el dinero en tres partidas: una estaba destinada a la Campaña Antituberculosa, la segunda al Asilo de Caridad y la tercera para obras de embellecimiento de la ciudad. Con este dinero se hicieron entre otras obras las del Paseo Nuevo, el voladizo de la playa y el ensanchamiento de La Concha. El aspecto estético fue una preocupación central de sus regidores, en perfecta sintonía con la dedicación turística de la ciudad. Por ello las actividades que pudieran entrar en colisión con ésta se emplazan lejos del centro que se preserva de cualquier afeamiento. En los últimos años del siglo XIX se fundaron industrias de cierta importancia como El León, Suchard, Lizarriturry y Rezola y Cementos Rezola, pero siempre en espacios alejados.

La cárcel se instaló en Ondarreta en 1891 ya que aquella playa era campo de maniobras y hasta 1923 no se acondicionó como lugar turístico; ya después de la Guerra Civil se transfirió, en los años 50 del siglo XX, a su actual emplazamiento de Martutene. Después del incendio de 1813 se estableció el cementerio en el barrio de San Martín; a raíz del cólera de 1855 aquél resultó insuficiente y se construyó uno nuevo en el alto de San Bartolomé. En 1865 se nombró una comisión que estudiara un nuevo emplazamiento para el cementerio. Por fin en 1878 se inauguró el de Polloe, según el proyecto del arquitecto José Goicoa. Los restos de San Martín y San Bartolomé fueron trasladados al nuevo emplazamiento en solemne procesión. Como respuesta al carácter elitista que se intenta imprimir a la ciudad se pueden definir los sucesos que originó la suspensión por el Ayuntamiento el 14 de enero de 1901 de la Sokamuturra.

Ello provocó una algarada popular, la intervención de la fuerza pública con los consiguientes heridos y jóvenes detenidos llevados a Ondarreta, entre los que se encontraban el pintor Ascensio Martiarena y Javier Peña y Goñi. En cambio se promocionaba el espectáculo taurino: Después de la plaza de madera del barrio de San Martín inaugurada en 1852 y derribada en 1867 se construyó otra en Atocha que también fue derribada siendo sustituida por la del Chofre en 1903. Después de las vicisitudes causadas por el incendio de 1813 y más tarde por la Guerra Carlista, tanto los asilados como los enfermos pobres que se regían por una Junta y Tesorería únicas, es decir Misericordia y Hospital que estaban unidos, se instalaron en 1841 en el antiguo convento de San Francisco entre Gros y Atocha. En 1887 se inauguró el hospital de San Antonio Abad en los terrenos de Manteo a donde pasaron los enfermos quedando en el emplazamiento anterior sólo la Misericordia. El mismo año el Ayuntamiento compró el convento de Uba para los niños y niñas huérfanos y expósitos, menores de siete años, que hasta entonces estaban en la Misericordia.

En 1910 se inauguró un nuevo edificio para ésta, el Asilo Benéfico de la Reina Victoria, en el alto de Zorroaga, trasladándose en ese año los asilados que estaban en Gros. Para los ancianos y ancianas, Don José Matía Calvo creó una Fundación que lleva su nombre y que edificó un Asilo, inaugurado en 1889. La "Gota de Leche", obra conjunta de las dos cajas de ahorros, se creó en 1902 para los expósitos de la casa-cuna aunque sus servicios se ampliaron a todos los niños que lo necesitaran, proporcionándoles leche maternizada y también consultorio médico. Fue la primera que se creó en España y estuvo presente en 1905 en el Primer Congreso Internacional de Gotas de Leche en París. Este servicio, hoy ya innecesario, salvaba la vida de muchas criaturas a las que su madre no podía dar de mamar y cuyas familias no podían o no querían (como en el caso de la nieta del Dr. Madinabeitia) contratar los servicios de una nodriza. Desde 1863 funcionaba en San Sebastián un colegio particular de Segunda Enseñanza que pasó a ser Instituto Municipal al recibir subvenciones del Ayuntamiento.

Mientras tanto, el Real Seminario de Bergara, que en 1840 había pasado a ser Instituto Provincial de Segunda Enseñanza, se trasladó a San Sebastián con motivo de la Segunda Guerra Carlista y el Ayuntamiento le cedió el local de la Escuela de Comercio en la Plaza de las Escuelas. En octubre del mismo año se había inaugurado un nuevo edificio en la calle Andía para el Instituto Municipal y a éste se trasladó pronto también el Provincial procedente de Bergara. En 1900 se inauguró el nuevo edificio entre las calles Urdaneta y Larramendi según los planos de Ramón de Cortázar y Luis de Elizalde. En el mismo edificio de la calle Andía se habían instalado en 1879, la Escuela de Artes y Oficios y un poco antes, hacia 1874, la Biblioteca Pública Municipal y un Museo. Como la Escuela de Artes y Oficios crecía de una manera importante, el Ayuntamiento construyó un nuevo edificio junto al Instituto de Segunda Enseñanza en la calle Urdaneta a donde se trasladaron tanto la Escuela como la Biblioteca y el Museo Municipal que más tarde se ubicaría en el convento de San Telmo, cuando éste perdió, en 1926, su carácter militar. Cerca de 1500 alumnos y alumnas había matriculados en la Escuela de Artes y Oficios entre los años 1910 y 1915 pero la proporción de alumnos era mucho mayor que la de alumnas, éstas representaban en tomo al 22% del alumnado.

La transformación de San Sebastián y de sus funciones en el siglo XIX es el aspecto más relevante de su historia contemporánea y aunque la nueva función turística será la dominante hasta los tiempos de la Segunda República y de la Guerra Civil no será ésta una función exclusiva tal como ocurre a la mayoría de los centros turísticos que, fuera de la temporada veraniega, viven o malviven aletargados esperando la resurrección cada verano. San Sebastián, a pesar de la gran dependencia de su sector turístico tenía una vida propia e independiente que la hacía vivir, a un ritmo más apagado, eso sí, durante el invierno.

Elecciones generales del 26-I-1876
"No se presentaron Comisionados por los Colegios de Fuenterrabía, Rentería y Lezo, ignorando las causas, pues tampoco remitieron a la Alcaldía oficio alguno". [Ref. Arch. Munic. de Sn. Sn., Secc. A, negoc. 7, lib. 4, exped. 3].
CandidatosVotos
Fermín de Lasala y Collado (elegido)1.617
Javier Barcaiztegui5
F. Mañé y Flaquer4
Martín Garmendia y Lasquibar1
Nº electoresNº votantes
?1.627

Elecciones generales del 7-I-1877
"No se presentaron Comisionados por Pasajes de Sn. Pedro, ignorando las causas, ni tampoco por los de Irún, Fuenterrabía, Rentería, Oyarzun, Lezo y Alza, por no haber constituido mesas".
[Ref. Arch. Munic. de Sn. Sn., Secc. A, negoc. 7, lib. 4, exped. 3].
CandidatosVotos
Galo Aristizábal y Saralegui980 (unanimidad)

Elecciones generales del 21- IV-1879
[Ref. Boletín Oficial de Guipuzcoa, del 24-IV-1879].
CandidatosPartidosVotos
MachimbarrenaLiberal296
Olano181
En blanco1

Elecciones generales del 27-IV-1879
[Ref. Arch. Munic. de Sn. Sn., Secc. A, negoc. 7, lib. 4, exped. 3]
CandidatosVotos
Fermín Machimbarrena y Echave (elegido)413
José Olano y Altuna330
Ildefonso Fernández y Sánchez35
En blanco1

Elecciones generales del 4-IV-1886
[Ref. "El Eco de San Sebastián", del 6-IV-1886].
Sección 1.ª San Sebastián
CandidatosPartidosVotos
MachimbarrenaAdicto242
EcheverríaCoal. Lib.-Repub.198
Sección 2.ª: Irún y Fuenterrabía
CandidatosPartidosVotos
EcheverríaCoal. Lib.-Repub.139
MachimbarrenaAdicto126
Sección 3.ª: Rentería, Alza y Lezo, Oyartzun y Pasajes
CandidatosPartidosVotos
MachimbarrenaAdicto33
EcheverríaCoal. Lib.-Repub.26

En lo referente a las tendencias políticas dominantes entre sus habitantes, en el siglo XIX y hasta la 2.a República se puede definir a San Sebastián como ciudad progresista y liberal, con tintes de un moderado anticlericalismo que no se debe confundir de ninguna manera con el sentimiento antirreligioso. Masonería donostiarra. Hubo en la capital guipuzcoana distintas agrupaciones francmasonas, entre las que destacan la Logia."Cosmopolita Fraternal", fundada en 1870; la Logia denominada "Providencia", establecida en 1890, así como el capítulo "Heroísmo", organizado en marzo de 1893. Este carácter se manifestará en las elecciones tanto municipales como provinciales y generales en las que la ciudad dará su voto mayoritario a opciones liberales y republicanas con pocas excepciones y antes que a las carlistas, integristas o conservadoras que sí eran mayoritarias, sobre todo las dos primeras, en la provincia, excepción hecha de escasas localidades como Irún o Eibar. En las elecciones a Cortes, el diputado por el distrito electoral de San Sebastián (que comprendía los pueblos de la comarca hasta Irún y Hondarribia) generalmente era un liberal o más adelante incluso republicano; en la década de los sesenta y primera mitad de los setenta fue Don Fermín Lasala y Collado, Duque de Mandas, liberal, quien ostentó la representación donostiarra con más asiduidad.

Elecciones generales del 1-II-1891
[Ref. La Voz de Guipuzcoa del 2-II-1891].
CandidatosPartidosVotos
CalbetónCoalición-Liberal1.943
San FelicesConservador1.382
ZavalaRepublicano397

Elecciones generales del 5-III-1893
[Ref. Boletín Oficial de Guipúzcoa del 9-III-1893. Filiaciones en diversas publicaciones de la época].
CandidatosPartidosVotos
CalbetónCoalición Liberal2.286
SatrústeguiIndependiente2.108
Nicolás SalmerónRepublicano2
F. Pi y MargallRepublicano1
Ricardo Becerro de Bengoa1
Martín Heredia de Luis1

Elecciones generales del 12-IV-1896
[Ref. Boletín Oficial de Guipúzcoa del 17-IV-1896. Filiaciones en La Unión Vascongada del 13-IV-1896].
CandidatosPartidosVotos
SatrústeguiConservador3.501
PavíaIntegrista860
Marqués de Cabriñana1

Elecciones generales del 27-III-1898
[Ref. Boletín Oficial de Guipúzcoa del 30-III-1898. Filiación en El Fuerista del 27-III-1898].
CandidatosPartidosVotos
BrunetCoalición Liberal2.328
P. IglesiasPSOE24
Severo Aguirre Miramón1
Barón de Satrústegui1
Francisco Pavía Bermingham1
Ruiz Zorrilla1
José Joaquín Echecalte1
En blanco3

Elecciones generales del 16-IV-1899
[Ref. "Boletín Oficial de Guipúzcoa" del 19-IV-1899. Filiación en "La Unión Vascongada" del 17-IV-1899].
CandidatosPartidosVotos
ZavalaRepublicano2.123
P. Iglesias77
Miguel Batanero Rajas13
Eugenio Ovejero2
Pedro Grijalba Martínez1
Fermín Calbetón Blanchot1
Miguel Oñate Iribe1
Barón de Satrústegui1
Francisco Pi y Margall1
Eduardo Barragán1
Manuel Lizariturry1
Pantaleón Bueso1

En la década de los 90 fueron diputados Fermín Calbetón de la Coalición Liberal, lo mismo que Brunet en 1898 y el republicano Zavala en 1999; personalidades pertenecientes a la oligarquía donostiarra que regía los destinos políticos y económicos de la ciudad desde la creación de la tertulia de la casa Collado en los años del Trienio de donde salió el prestigioso periódico El Liberal Guipuzcoano. La política local permitirá a algunos de estos oligarcas dar el salto a la política estatal: el Duque de Mandas que fue ministro de la Monarquía, lo mismo que Joaquín M.ª Ferrer, que había sido ministro de Espartero, y Fermín Calbetón, ministro de Hacienda en el Gobierno Canalejas, son sólo algunos ejemplos. Otros, más directamente volcados en la vida económica, como los Brunet, promotores de industrias (Papelera "La Esperanza", Tejidos del Oria, Fundiciones Molinao), financieros (Banca Brunet), promotores inmobiliarios y constructores (Sdad. Brunet y Cía.), mantienen su presencia política en los límites municipales o provinciales. Mientras tanto, y hasta final del siglo, los carlistas, gracias a los votos de la provincia, eran mayoría en la Diputación.

La fuerza que tenían en los núcleos rurales contrastaba con su escasa presencia en la capital: ni un solo concejal carlista ni integrista en las municipales de 1905; el Ayuntamiento donostiarra, salvo excepciones, permanecía en manos liberales o republicanas. De los dos partidos re publicanos el que tenía una presencia más real era el Partido Republicano Autonomista, que en 1903 se integró en la Unión Republicana. Los unionistas, gracias a la alianza con los liberales llegaron en los primeros años del siglo XX, hasta 1907, a controlar la Diputación: se trata de la Conjunción liberal-republicana que dominó plenamente en San Sebastián, aunque sólo en 1910 consiguieron enviar a su representante, Tomás Bermingham, al Congreso de los Diputados. El otro partido republicano, el Federal, llevaba una vida lánguida, sin apenas militantes, aunque sus componentes eran personalidades notables entre las que destaca el presidente, Francisco Gascue. Sólo se presentaban en San Sebastián y en su distrito, sacando pocos representantes: un concejal en las municipales de 1905, Tomás Carasa.

La Liga Foral Autonomista. La pérdida de los Fueros desarrolló el sentimiento fuerista en el país. Este sentir generalizado hacía que todos los partidos incluyeran en sus programas la recuperación de los Fueros, a la vez que crecía el movimiento vasquista cultural. En San Sebastián José de Manterola publicó la revista Euskal Erria (1880-1916) en la que colaboraban intelectuales de las cuatro provincias vascas. El sentimiento fuerista de la población donostiarra quedó patente en los sucesos del 27 de agosto de 1893. Al negarse a tocar la Banda Municipal el Gernikako Arbola, el público, indignado, fue en manifestación al Gobierno Civil y al Hotel de Londres, situado en la Avenida de la Libertad, gritando "¡Vivan los Fueros!, ¡Muera Sagasta!", Jefe del Gobierno que se hospedaba en dicho hotel. Allí cantaron el Gerkinako Arbola y la Marsellesa apedreando a la Guardia Civil que dispersó a la multitud con el resultado de tres muertos, más de veinte heridos y numerosas detenciones. Los días siguientes hubo manifestaciones y la calma no renació hasta que se desplazaron a San Sebastián importantes fuerzas militares. Este ambiente fuerista se plasmó en la creación de la Liga Foral Autonomista, coalición de varios partidos (integristas, carlistas hasta 1905, monárquicos liberales a título personal, republicanos federales y algunos republicanos unionistas).

La causa inmediata de la constitución de la Liga fue la aprobación de la Ley de Alcoholes que entraba en colisión con el Concierto Económico de 1894, vigente hasta 1906. La prensa, diversas sociedades populares y algunos concejales del ayuntamiento donostiarra promovieron una campaña de agitación fuerista que culminaría con una manifestación que debía ir el 30 de octubre de 1904 a la estación del Norte a recibir a los comisionados que venían de negociar el tema en Madrid, invitándose al comercio de la ciudad a cerrar las tiendas el día señalado. Con el Ayuntamiento al frente, miles de personas acudieron a recibir a los delegados. Poco después dimitieron como protesta por la Ley de Alcoholes el Gobernador Civil Ramón María de Lilí, y el Alcalde de San Sebastián José de Elósegui, además de otros alcaldes guipuzcoanos. La Liga Foral Autonomista perduró hasta la negociación en Madrid del Concierto Económico de 1906, triunfando en todas las contiendas electorales en las que compitieron sus miembros. A partir de la presentación a las Cortes del Proyecto de Ley de Asociaciones Religiosas se establecieron unas nuevas alianzas políticas que dieron al traste con la existencia de la Liga Foral. La coalición de integristas y liberales quedó rota incorporándose aquéllos al bloque católico formado por carlistas, nacionalistas y conservadores, mientras que en el otro bando se aglutinaron liberales, republicanos y socialistas.

PML

DVL

El Proyecto de Ley de Asociaciones Religiosas que Canalejas pretendía sacar adelante conmovió a las fuerzas tradicionales y católicas que convocaron al pueblo guipuzcoano a una manifestación seguida de un mitin en la plaza de toros donostiarra para el 30 de diciembre de 1906. También se pretendía protestar contra la Real Orden sobre matrimonio civil recientemente promulgada. Para la organización de los actos se constituyó en San Sebastián una Junta presidida por el conservador Jorge de Satrústegui. En el mitin, Víctor Pradera llegó a justificar la insurrección puesto que, en su opinión, ésta era el más sagrado de los deberes ante las leyes injustas como la que se quería imponer. La reacción liberal progresista no se hizo esperar: "La Voz de Guipúzcoa" del 6 de enero de 1907 invitaba a la población a manifestarse y a acudir a diferentes mítines el día 13 del mismo mes. Publicaba un manifiesto firmado por representantes de todas las fuerzas de izquierda: Tomás Bermingham, Guillermo Brunet, Marino Tabuyo, Leopoldo Ducloux, Raimundo Torrijos y otros. La figura central de los actos fue Melquíades Alvarez, político a caballo entre el republicanismo y monarquismo. Este describió a San Sebastián como "la Jerusalén de las libertades españolas". En las elecciones generales del 21 de abril de 1907 triunfó en San Sebastián el candidato conservador José Gaytán de Ayala, apoyado por todas las fuerzas de derechas. También en el conjunto del Estado triunfaron los conservadores, siendo Maura el encargado de formar gobierno.

Elecciones generales del 19-V-1901
[Ref. Boletín Oficial de Guipúzcoa del 24-V-1901. Filiaciones en La Unión Vascongada del 13-V-1901].
CandidatosPartidosVotos
PicaveaLiberal2.018
MuñozPSOE827
En blanco3

Elecciones generales del 26-IV-1903
[Ref. Boletín Oficial de Guipúzcoa del 29-IV-1903. Filiaciones en La Constancia del 26-IV-1903].
CandidatosPartidosVotos
PicaveaIndependiente1.943
ZabalaRepublicano1.731
MuñozPSOE385

Elecciones generales del 21-IV-1907
[Ref. La Voz de Guipúzcoa del 22-IV-1907].
CandidatosPartidosVotos
Gaytán de AyalaCatólico2.124
AcevedoPSOE622

Elecciones a Diputados en Cortes del 8 de mayo de 1910
[Ref. Boletín Oficial de Guipúzcoa, mayo 1910].
CandidatosVotos
Tomás Bermingham Brunet3.793
Manuel Lizasoain Minondo1.981

Elecciones a Diputados en Cortes del 8 de marzo de 1914
[Ref. Boletín Oficial de Guipúzcoa, marzo 1914].
CandidatosVotos
Leonardo Moya Alzaga, Marqués de Roca Verde2.949
Pío Bizcarrondo Erquicia1.878

Elecciones generales del 9-IV-1916
[Ref. Boletín Oficial de Guipúzcoa del 12-IV-1916. Filiaciones en La Voz de Guipúzcoa del 10-IV-1916].
Distrito de la Casa Consistorial
CandidatosPartidosVotos
SánchezRepublicano205
Marqués de Roca VerdeLiberal197
Distrito del Muelle
CandidatosPartidosVotos
Marqués de Roca VerdeLiberal181
SánchezRepublicano124
En blanco 2
Distrito del Ensanche Oriental
CandidatosPartidosVotos
Marqués de Roca VerdeLiberal209
SánchezRepublicano184
Votos sueltos1
En blanco11
Distrito de la Plaza de Gipuzkoa
CandidatosPartidosVotos
Marqués de Roca VerdeLiberal433
SánchezRepublicano168
Votos sueltos5
En blanco18
Distrito del Mercado del Ensanche
CandidatosPartidosVotos
Marqués de Roca VerdeLiberal448
SánchezRepublicano300
Votos sueltos1
En blanco16
Distrito de La Concha
CandidatosPartidosVotos
SánchezRepublicano370
Marqués de Roca VerdeLiberal358
En blanco16
Distrito de Atocha
CandidatosPartidosVotos
Marqués de Roca VerdeLiberal404
SánchezRepublicano229
Votos sueltos2
En blanco39
Distrito del Antiguo
CandidatosPartidosVotos
Marqués de Roca VerdeLiberal749
SánchezRepublicano82
En blanco4
Resumen de votos en la Capital
CandidatosPartidosVotos
Marqués de Roca VerdeLiberal2.979
SánchezRepublicano1.672
Votos sueltos13
En blanco135

Elecciones municipales del 11-XI-1917
[Ref. La Voz de Guipúzcoa, 12, p. 1 y 4].
2 republicanos, 2 liberales, 3 nacionalistas, 2 jaimistas, 1 integrista, 1 socialista, 2 de la Junta de Amara, 2 de la Junta del Antiguo, 2 monárquicos independientes. Total 17.

Elecciones generales del 24-II-1918
[Ref. Boletín Oficial de Guipúzcoa del 27-II-1918. Filiaciones en La Voz de Guipúzcoa del 25-II-1918]. (1) Según El P.V. del 26-II-1918.
Distrito de La Casa Consistorial
CandidatosPartidosVotos
AzquetaLiberal285
ElóseguiMaurista261
TorrijosPSOE34
Votos sueltos2
En blanco12
Distrito del Muelle
CandidatosPartidosVotos
AzquetaLiberal318
ElóseguiMaurista194
TorrijosPSOE4
En blanco7
Distrito del Ensanche Oriental
CandidatosPartidosVotos
AzquetaLiberal253
ElóseguiMaurista211
TorrijosPSOE29
Votos sueltos1
En blanco13
Distrito de La Plaza de Guipúzcoa
CandidatosPartidosVotos
ElóseguiMaurista360
AzquetaLiberal319
TorrijosPSOE33
Votos sueltos5
En blanco18
Distrito del Mercado del Ensanche
CandidatosPartidosVotos
AzquetaLiberal447
ElóseguiMaurista402
TorrijosPSOE94
En blanco25
Mercado de La Concha
CandidatosPartidosVotos
AzquetaLiberal514
ElóseguiMaurista318
TorrijosPSOE87
Votos sueltos1
En blanco10
Distrito de Atocha
CandidatosPartidosVotos
AzquetaLiberal450
ElóseguiMaurista362
TorrijosPSOE19
En blanco3
Distrito del Antiguo
CandidatosPartidosVotos
ElóseguiMaurista812
AzquetaLiberal269
TorrijosPSOE14
Resumen de votos en la Capital
CandidatosPartidosVotos
ElóseguiMaurista2.915
AzquetaLiberal2.852
TorrijosPSOE314

Elecciones del 1-VI-1919
[Ref. El P.V. del 2-VI-1919. Filiaciones en El P.V. del 26-V-1919].
Distrito de la Casa Consistorial
CandidatosPartidosVotos
AnguloMaurista336
AzquetaLiberal199
Araquistain44
Distrito del Muelle
CandidatosPartidosVotos
AnguloMaurista237
AzquetaLiberal203
Araquistain10
Distrito del Ensanche Oriental
CandidatosPartidosVotos
AnguloMaurista278
AzquetaLiberal210
Araquistain52
Distrito de La Plaza de Guipúzcoa
CandidatosPartidosVotos
AnguloMaurista364
AzquetaLiberal236
Araquistain36
Distrito del Mercado del Ensanche
CandidatosPartidosVotos
AnguloMaurista481
AzquetaLiberal383
Araquistain105
Distrito de La Concha
CandidatosPartidosVotos
AnguloMaurista836
AzquetaLiberal449
Araquistain125
Distrito de Atocha
CandidatosPartidosVotos
AnguloMaurista543
AzquetaLiberal456
Araquistain34
Distrito del Antiguo
CandidatosPartidosVotos
AnguloMaurista724
AzquetaLiberal481
Araquistain29
Resumen de votos en la Capital
CandidatosPartidosVotos
AnguloMaurista3.499
AzquetaLiberal2.667
Araquistain435

Elecciones generales del 19-XII-1920
[Ref. "B. O. G." del 22-XII-1920. Filiaciones en "La Voz de Guipúzcoa" del 21-XII-1920]. (1) Según "La Voz de Guipúzcoa" del 21 XII-1920, Picavea: 83; Azqueta: 77. (2) Según "La Voz de Guipúzcoa" cit., Lizariturry: 344; Picavea: 212. (3) Según "La Voz de Guipúzcoa" cit., Picavea: 417; Sáenz: 46.
Distrito de la Casa Consistorial
CandidatosPartidosVotos
LizariturryMinisterial406
PicaveaIndependiente192
AzquetaLiberal47
SáenzPSOE21
En blanco7
Distrito del Muelle
CandidatosPartidosVotos
LizariturryMinisterial364
PicaveaIndependiente132
AzquetaLiberal28
SáenzPSOE7
En blanco8
Distrito del Ensanche Oriental
CandidatosPartidosVotos
LizariturryMinisterial308
PicaveaIndependiente192
AzquetaLiberal66
SáenzPSOE27
Votos suelta15
En blanco5
Distrito de la Plaza de Guipúzcoa
CandidatosPartidosVotos
LizariturryMinisterial310
PicaveaIndependiente168
AzquetaLiberal121
SáenzPSOE20
Votos sueltos1
En blanco13
Distrito del Mercado del Ensanche
CandidatosPartidosVotos
LizariturryMinisterial616
PicaveaIndependiente301
AzquetaLiberal134
SáenzPSOE54
Votos sueltos3
En blanco28
Distrito de La Concha
CandidatosPartidosVotos
LizariturryMinisterial615
PicaveaIndependiente251
AzquetaLiberal116
SáenzPSOE52
En blanco22
Distrito de Atocha
CandidatosPartidosVotos
LizariturryMinisterial621
PicaveaIndependiente517
AzquetaLiberal74
SáenzPSOE19
En blanco2
Distrito del Antiguo
CandidatosPartidosVotos
LizariturryMinisterial866
PicaveaIndependiente214
AzquetaLiberal173
SáenzPSOE12
En blanco4
Resultados globales en la Capital
CandidatosPartidosVotos
LizariturryMinisterial4.528
PicaveaIndependiente2.091
AzquetaLiberal777
SáenzPSOE214
Votos sueltos19
En blanco88

Elecciones generales del 19-XII-1920
[Ref. "La Voz de Guipúzcoa" del 21-XII-1920]. Este mismo periódico encabeza los resultados electorales con el titular: "En Guipúzcoa la lucha ha sido de dinero, no de ideales", aludiendo a la descarada compra de votos por parte de los representantes del candidato ministerial Lizariturry.
Censo ElectoralVotantesAbstenciones
17.30012.613/73 % aprox.4.687

Elecciones generales del 29-IV-1923
[Ref. "El P. V." del 1-V-1923].
CandidatosPartidosVotos
Marqués de TenorioConservador2.995
IglesiasPSOE667
ZuaznávarLiberal381

El primer paso del nacionalismo vasco en San Sebastián se dio a través del diario El Fuerista. Este periódico era el portavoz del integrismo y anterior a La Constancia. Su director, Aniceto de Rezola e Ignacio de Lardizábal, en 1897 protagonizaron una escisión en su partido y fueron acercándose cada vez más a posiciones nacionalistas hasta que el Domingo de Pascua de 1898 El Fuerista salió con el lema nacionalista JEL en la cabecera. Sin embargo los inicios del nacionalismo en San Sebastián fueron lentos y descorazonadores tal y como deja constancia de ello su principal propagandista, Engracio de Aranzadi, Kiskitza, en su obra Ereintza. Siembra de nacionalismo Vasco. Aranzadi, donostiarra él mismo, lo mismo que sus correligionarios, tenía una visión muy negativa de la ciudad a la que describía como anegada en la frivolidad y el vicio además de prostituida a sus visitantes. De hecho, en 1904 se abrió el primer Centro Vasco en el Boulevard de San Sebastián. El mismo año apareció en la ciudad el periódico El Pueblo Vasco, de Rafael Picavea que, aunque independiente, no ocultaba sus simpatías nacionalistas y que ofreció el periódico como vehículo de expresión al reducido grupo jelista. En las elecciones municipales de 1905, primeras a las que se presentaron en San Sebastián, obtuvieron un concejal entre ocho. Doce años más tarde, en las municipales de 1917 se evidenciaba su avance, pues sacaron tres concejales entre once. A partir de 1907 y hasta la aparición del diario "Euzkadi" en 1913 se publicó en San Sebastián el semanario Gipuzkoarra.

La primera agrupación socialista en San Sebastián se había creado en 1891 pero su escasa actividad y el bajo número de afiliados la hicieron desaparecer. En 1897 Pablo Iglesias dio un mitin propagandístico en la ciudad en el marco de una campaña que le llevó por distintas localidades vascas. La consecuencia más directa en San Sebastián fue la creación, de nuevo, de una agrupación socialista que en sus primeros momentos estaba formada por unos pocos obreros tipógrafos. Entre los datos fragmentarios que se poseen destaca la publicación de un periódico, La Voz del Trabajo, órgano de la Agrupación socialista, desde 1901. Entre 1910 y 1914 hubo una serie de huelgas en Guipúzcoa, algunas de las cuales estuvieron protagonizadas por trabajadores no fabriles (peluqueros, camareros, pintores, etc.) de la capital. La subida de los precios en los años de la I Guerra Mundial enrareció el clima social en la ciudad.

La primera experiencia dramática de los conflictos de clase que tuvo la población de San Sebastián fue con motivo de la huelga estatal de 24 horas convocada por UGT y CNT para el 18 de diciembre de 1916 contra la carestía de la vida. Desguarnecida la ciudad de fuerzas de orden público que habían acudido a Tolosa, se produjeron graves incidentes al intentar los huelguistas detener tranvías y cerrar el comercio. Hubo treinta detenidos y once heridos, según La Voz de Guipúzcoa. La huelga general convocada a partir del 13 de agosto de 1917, también a causa del malestar por las subidas de los precios, a pesar de que en la provincia fue seguida con notable intensidad, en San Sebastián prácticamente no se notó. El veraneo se impuso, la temporada estaba en su apogeo: corridas de toros, carreras de caballos, conciertos, paseos, fuegos artificiales... Con motivo de la huelga general provincial que convocó la Federación Local de Sociedades Obreras de San Sebastián a partir del 26 de mayo de 1920 y de la intervención de la Guardia Civil a caballo se produjeron dos muertos. Pareció que la situación se agravaría pero en cuanto el Gobernador Civil Miralles accedió a retirar la fuerza, los representantes obreros dieron la huelga por terminada. Los datos de afiliación a los sindicatos iban en aumento.

La UGT contaba con 699 afiliados en julio de 1918, con 1.322 en mayo de 1920 y con 4.053 en julio de 1921. Los votos de los candidatos socialistas también crecían aunque manteniéndose en niveles muy modestos. En las generales de 1898 el candidato del distrito sacó 30; en las del año siguiente 81. Los votos en las generales de 1907 fueron 676, en las de 1919 obtuvieron 592 y 837 en 1923. Además en 1913 San Sebastián eligió dos concejales socialistas y en mayo de 1914 una delegación del grupo femenino socialista de la ciudad acude a la Asamblea Socialista de Mujeres en Madrid. La presencia en el Ayuntamiento es muy escasa: dos concejales en 1909, José Aldaco y Cástor Torres, un concejal en 1917, uno en 1920 y uno en 1922.

Tras la proclamación de la República en Eibar, Barcelona y Madrid grupos numerosos de personas constituyeron una manifestación que entonando "La Marsellesa" y el "Himno de Riego" recorrió la ciudad concentrándose frente al ayuntamiento mientras otro grupo se constituía frente a la cárcel de Ondarreta. El Gobernador Civil, García Novoa, fue destituido por teléfono a las 9 de la noche sustituyéndole el presidente de la Audiencia. A esa hora se recibió la orden de liberación de los presos republicanos -Pepe Bago y Manuel Andrés principalmente- que fueron sacados en hombros por el gentío siendo recibidos en el Círculo de la Unión Republicana y en los locales de "La Tarde". Mientras, los nuevos concejales, que habían esperado en el ayuntamiento hasta las 10.30, dejaron la proclamación para el día siguiente. La Junta Municipal del PNV y la de ANV dieron a conocer una nota oficial saludando a la República. Pero ésta no fue proclamada hasta el domingo 18. El 15 ondearon en el ayuntamiento la bandera republicana, la vasca y la socialista. "Las tres banderas están enlazadas para consolidar el régimen republicano que todos estamos dispuestos a defender" dijo Sasiain, futuro alcalde.

Los movimientos huelguísticos que tuvieron más repercusión en la ciudad fueron el de mayo de 1931 en que los trabajadores de la Zona de Pasajes al venir en manifestación hacia San Sebastián fueron detenidos en Ategorrieta por la Guardia Civil que hizo ocho muertos entre los manifestantes, lo que provocó una huelga general y la huelga de octubre de 1934 convocada al entrar ministros de la CEDA a formar parte del gobierno. En San Sebastián funcionó una dirección unitaria PSOE, UGT, CNT, PC y SOV). Hubo graves incidentes, luchándose en las calles por grupos de 10 militantes armados, con asaltos a tiendas y al matadero y suspensión del tráfico. Para controlar la situación se trajeron fuerzas militares de Pamplona y Vitoria. En este período el nacionalismo vasco estará en su apogeo en el país lo que también se refleja en San Sebastián. Ya en las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 que trajeron el nuevo régimen, el PNV obtuvo seis concejalías en la capital de Guipúzcoa.

Concejales del nuevo Ayuntamiento donostiarra
CandidatosPartidosVotos
Don Fernando Sasiain BrauRepublicano-socialista2.453
Jesús Batanero LabajoRepublicano-socialista2.444
Cástor Torre RomeroRepublicano-socialista2.440
Remigio Peña CendoyaRepublicano-socialista2.428
Ceferino Martiarena RecondoRepublicano-socialista2.405
Pío Chaos MacazagaRepublicano-socialista2.403
Regino Noya PeromingoRepublicano-socialista2.356
Luis Iglesias AnsañoRepublicano-socialista2.352
Luis Gómez AriasRepublicano-socialista2.319
Carlos Sotos GuridiRepublicano-socialista1.202
Sergio Echeverría ZubeldiaRepublicano-socialista1.176
Esteban Pasamar CelimendizRepublicano-socialista1.145
José Azpiazu LecueRepublicano-socialista1.123
Manuel Trecu UgarteRepublicano-socialista1.008
Antonio Zaldúa ZubeldiaRepublicano-socialista999
Guillermo Torrijos GoyarzuRepublicano-socialista985
José María Paternina AlonsoRepublicano-socialista767
Fermín Ortega HernándezRepublicano-socialista753
Miguel Parra IturriaRepublicano-socialista746
Pedro Fillol AizpúruaRepublicano-socialista746
Celestino de la Cruz JareñoRepublicano-socialista476
Luis Anoeta ZubíaRepublicano-socialista468
Rufino Sanmartín LarrazRepublicano-socialista456
J. A. Vidaurre SagarzazuRepublicano-socialista449
Pedro Andonaegui UribarrenRepublicano-socialista349
Rafael Arcelus BeguirstainNacionalista772
Silverio Zaldúa MendíaNacionalista659
Mariano Lasarte MartiarenaNacionalista646
José Imaz ArrietaNacionalista217
Feliciano Laboa San ManuelNacionalista210
José Olaizola GabarainNacionalista175
Vicente OlasagastiMonárquico-regionalista821
Pablo OstolazaMonárquico-regionalista769
José Luis LondaizMonárquico-regionalista765
Isidro Mendiola QuerejetaMonárquico-regionalista539
José Luis Abrisqueta DelgadoMonárquico-regionalista518
Fernando Zubiri ApalateguiMonárquico-regionalista516
Ignacio Mendizábal LujambioMonárquico-regionalista490
Pedro Soraluce GoñiMonárquico-regionalista230

Su órgano de expresión fue el diario El Día editado en San Sebastián. El 10 de abril de 1932 se inauguró la sección donostiarra de Emakume Abertzale Batza con más de 100 socias. Entre los actos inaugurales se celebró un mitin en el frontón Urumea al que asistieron unas 10.000 personas tomando parte José Antonio de Aguirre, Mercedes Careaga y Elbire Zipitria. Para 1936 ya eran 1.500 las "emakumes" de San Sebastián. Sólo el sindicato nacionalista SOV, que a finales de la República era el sindicato de mayor afiliación en la provincia, no contaba prácticamente con bases en San Sebastián donde en 1929 eran 62 los "solidarios" únicamente. A pesar de estos espectaculares avances nacionalistas no lograron la Alcaldía de San Sebastián que ostentó el republicano Fernando de Sasiain de 1931 a 1934 y otra vez en 1936 hasta la entrada de los requetés; la ciudad se mantuvo hasta entonces en sus coordenadas de liberal progresista republicana y algo anticlerical. Carácter que distingue a toda una época que arranca de comienzos del siglo XIX y termina precisamente con la República.

Elecciones generales del 28 de junio de 1931
[Ref. "El Pensamiento Vasco" del 30-VI-1931]
CandidatosPartidosVotos
UsabiagaRepublicano10.433
De FranciscoSocialista10.321
GárateANV10.004
AmilibiaRepublicano9.861
UrquijoTradicionalista4.445
PicaveaCat. Independiente4.431
PildainCat. Independiente4.430
LeizaolaPNV4.420
Derechas:17.726
Izquierdas:40.619
Distrito de la Casa Consistorial
CandidatosPartidosVotos
De FranciscoSocialista681
UsabiagaRepublicano672
AmilibiaRepublicano667
GárateAcción Nacionalista664
PicaveaIndependiente218
PildainCat. Independiente214
LeizaolaNacionalista213
UrquijoTradicionalista209
Distrito del Muelle
CandidatosPartidosVotos
De FranciscoSocialista476
UsabiagaDerecha Republicana471
GárateAcción Nacionalista461
AmilibiaUnión Republicana459
LeizaolaNacionalista266
PicaveaIndependiente264
UrquijoTradicionalista264
PildainIntegrista262
Distrito del Ensanche Oriental
CandidatosPartidosVotos
UsabiagaDerecha Republicana671
De FranciscoSocialista656
GárateAcción Nacionalista653
AmiliabiaUnión Republicana647
PicaveaIndependiente312
LeizaolaNacionalista308
UrquijoTradicionalista306
PildainIntegrista304
Distrito de la Plaza de Guipúzcoa
CandidatosPartidosVotos
UsabiagaDerecha Republicana611
De FranciscoSocialista592
AmilibiaUnión Republicana566
GárateAcción Nacionalista561
UrquijoTradicionalista489
PildainIntegrista454
PicaveaIndependiente451
LeizaolaNacionalista449
Distrito de Atocha
CandidatosPartidosVotos
UsabiagaDerecha Republicana3.666
De FranciscoSocialista3.643
AmilibiaUnión Republicana3.558
GárateAcción Nacionalista3.552
LeizaolaNacionalista943
PildainIntegrista938
UrquijoTradicionalista934
PicaveaIndependiente926
Distrito de La Concha
CandidatosPartidosVotos
UsabiagaDerecha Republicana1.790
De FranciscoSocialista1.764
AmilibiaUnión Republicana1.699
PildainIntegrista629
UrquijoTradicionalista625
PicaveaIndependiente622
LeizaolaNacionalista622
Distrito del Antiguo
CandidatosPartidosVotos
UsabiagaDerecha Republicana1.232
De FranciscoSocialista1.207
GárateAcción Nacionalista1.188
AmilibiaUnión Republicana1.126
PildainIntegrista853
LeizaolaNacionalista852
PicaveaIndependiente851
UrquijoTradicionalista851
Distrito del Mercado del Ensanche
CandidatosPartidosVotos
UsabiagaDerecha Republicana1.320
De FranciscoSocialista1.302
GárateAcción Nacionalista1.226
AmilibiaUnión Republicana1.201
PicaveaIndependiente787
PildainIntegrista776
LeizaolaNacionalista767
UrquijoTradicionalista767

En la primavera de 1931, a los días de instaurarse la República San Sebastián no se adhirió al Estatuto. En el plebiscito del 5 de noviembre de 1933 para refrendar el Estatuto Vasco se obtuvo en esta localidad el siguiente resultado:

. [Ref. La Voz de Guipuzcoa, noviembre 1933].
Nª electoresFavorContraEn blanco
46,29843,709878162

Elecciones a Diputados en Cortes del 19 de noviembre de 1933
[Ref. La Voz de Guipúzcoa, noviembre 1933].

CandidatosVotos
Leizaola11.236
De Francisco8.580
Maeztu8.358
Echevarría8.111
Irazusta8.048
Monzón8.029
Irujo7.972
Alvarez7.793
Angulo7.405
Usabiaga7.334
Bizcarrondo7.202
Urraca6.533
Picavea6.160
Paguaga5.728
De la Torre5.650
Gomendio5.212
Imaz1.287
Astigarribai1.272
Larrañaga1.260
Urondo1.253
Zapirain1.234

Elecciones a Diputados en Cortes del 16 de febrero de 1936
[Ref. El Pueblo Vasco, febrero 1936].

CandidatosVotos
Amilibia17.092
Lojendio11.929
Múgica11.705
Oreja11.695
Paguaga11.677
Irujo8.278
Irazusta6.464
Monzón6.447
Lasarte6.429
Picavea6.034
Apraiz-
Ansó-
Larrañaga-

Elecciones a Diputados en Cortes del 1 de marzo de 1936
[Ref. El Pueblo Vasco, marzo 1936].

CandidatosVotos
Ansó17.756
Amilibia16.953
Larrañaga16.549
Apraiz16.438
Picavea11.386
Irazusta11.330
Irujo11.321
Lasarte11.185

Las primeras noticias de la sublevación militar en Marruecos llegaron a la ciudad el 17 de julio de 1936 por la noche. El 18 se registraron unos disturbios callejeros de poca importancia que se intensificaron el 19 con asaltos a caseras que venían al mercado y a tiendas. San Sebastián era una localidad en pleno veraneo, lo mismo que Hondarribia y Zarautz. El gobernador militar de la plaza, el coronel León Carrasco Amilibia, monárquico, se mostraba indeciso, sin saber qué estaba ocurriendo; finalmente, permaneciendo en el cuartel de Loiola optó por la insurrección. El día 18, el derechista "El Diario Vasco" anuncia con letras destacadas "Mañana hará buen tiempo" lo que se interpreta como una consigna para la rebelión. El periódico fue cerrado y sus talleres sirvieron para la edición de "Frente Popular". Llegaban noticias de que la situación estaba dominada en Bilbao pero no así en Vitoria donde se luchaba en las calles. En San Sebastián se decidió formar una columna de voluntarios que acudiera allí. De 500 a 600 milicianos socialistas, anarquistas y comunistas partieron dejando a la ciudad prácticamente desguarnecida. Entonces los militares de Loiola salieron de los cuarteles para tomar San Sebastián. Miembros de la CNT defendían la entrada por Amara en las calles Larramendi y Urbieta.

Los sublevados se hicieron fuertes en algunos edificios como el Hotel María Cristina, La Equitativa, el Gobierno Militar y el Gran Casino. Cuando la situación se iba haciendo desesperada, llegaron refuerzos de Eibar y se fueron rindiendo los encerrados, los últimos los del Hotel María Cristina, que fueron llevados presos a la Diputación. A continuación los milicianos se dirigieron a los cuarteles de Loiola sitiándolos. Parte de la tropa estaba a favor de los asediantes e hicieron saber a sus superiores que no estaban dispuestos a abrir fuego de cañón sobre San Sebastián. Algunos de ellos huían cuando salían a por agua. Sin agua, sin comida, sin medicinas, con muertos y heridos por las bombas que el día 25 lanzó un avión sobre los cuarteles, la situación se hizo insostenible y el 27 de julio se rindieron.

Bajo la presidencia de Miguel de Amilibia, diputado del PSOE por Guipúzcoa, se organizó en la Diputación la Junta de Defensa; Telesforo de Monzón por el PNV Larrañaga del PC Inestal de la CNT Aguado de IR, Torrijos y Echevarría del PSOE e Imaz de ANV la componían. Monzón dimitió pronto, cuando los de la CNT fusilaron a 12 presos en el Paseo Nuevo. La toma de San Sebastián se convirtió en objetivo prioritario de los mandos de las tropas de falangistas y requetés que entraron en Guipúzcoa por diversos puntos, procedentes de Navarra. La ciudad fue cañoneada desde el mar por los acorazados "Cervera" y "España". Los milicianos asaltaron la cárcel de Ondarreta y después de apoderarse del coronel Carrasco que estaba preso en la Di putación, un pequeño grupo de comunistas o cenetistas lo fusiló. El resto de militares preso con Carrasco, fue trasladado a la cárcel de Ondarreta donde también fue fusilado después de ser juzgado.

Tras la caída de Irún la Junta de Defensa de San Sebastián se reúne para plantear y organizar la evacuación de la ciudad. Es el 6 de septiembre. Los anarquistas eran partidarios de resistir pero las demás fuerzas consideraban la defensa imposible. La orden de evacuación se dio la noche del 12 al 13. Se temían quemas de edificios por parte de la CNT. Pero fue una evacuación ordenada, con disturbios mínimos, rápidamente controlados y reprimidos. A las nueve y media de la mañana del día 13 las boinas rojas aparecían en el alto de Capuchinos, entre Rentería y Pasajes. A las 12 del mediodía se arrió la ikurriña del balcón de la Diputación. Los últimos gudaris del acuartelamiento de San Bartolomé se dirigían al puerto para embarcar mientras que las 40 bayonetas de los de Artajona atravesaban el puente de Santa Catalina. Los requetés estaban bajo el mando del capitán Ureta ya que Beorlegui había sido herido. Muchos donostiarras habían marchado en dirección a Bilbao; los que no lo hicieron o bien eran del bando derechista o fueron víctimas de la represión. Se calcula que fueron encarcelados alrededor de 1.600 hombres y mujeres. Estas, además, eran humilladas con cortes de pelo y tomas de aceite de ricino. Se prohibió el uso del euskara bajo multa de 100 pesetas y se quemaba todo libro vasco que se encontraba en domicilios y librerías. Las calles de la ciudad veían desfilar a falangistas, requetés, margaritas, flechas y pelayos que acudían uniformados y en formación a misa los domingos.

Tanto la desaparición del juego, uno de los principales atractivos y negocios del veraneo donostiarra, como la Guerra Civil primero y la Segunda Guerra Mundial con el consiguiente cierre de las fronteras, supusieron una paralización de la vida veraniega de la ciudad. Sin embargo aquélla no desapareció; después del letargo de esos años cruciales renació sobre unas bases nuevas. La época dorada había concluido definitivamente pero hasta la década de los 60 y gracias a que el victorioso Jefe del Estado decidió mantener la tradición, San Sebastián continuó siendo sede del veraneo oficial. El San Sebastián adicto al nuevo régimen se esforzaba por sacar a los donostiarras a la calle para recibir al Jefe del Estado en el día de su llegada; en "pacífico turno" la corporación municipal y la provincial organizaban en su honor una cena oficial cada año. Siguiendo la tradición, Franco acudía a la Salve a Santa María la víspera de la Virgen de Agosto. El San Sebastián no adicto también se preparaba para la venida de Franco.

Elementos nacionalistas se presentaban en comisaría antes de ser anualmente detenidos mientras durara la estancia del ilustre veraneante en la ciudad; otros debían solamente abandonarla. Con estas medidas y otras muy fuertes de seguridad los veranos transcurrían tranquilos. El acontecimiento que sacudió el ritmo de estos pasivos veranos fue el protagonizado por Joseba Elósegui en el Frontón Anoeta el 18 de septiembre de 1970. Asistía Franco a la final del Campeonato Internacional de Pelota cuando Elósegui, antiguo gudari y militante del PNV se lanzó envuelto en llamas a la cancha. Este gesto le valió, después de haber estado a punto de morir, una larga condena de cárcel. Prosigue el crecimiento de la ciudad. La población aumenta en la década 1930-40 en 25.547 personas, situándose muy cerca de las 100.000.

El problema de la vivienda iba agudizándose y era preciso construir. En las décadas 40 y 50 se urbaniza y amplía el barrio del Antiguo, se sigue edificando en Gros y también avanzan Egia y Atocha que se configuran como barrios de población obrera. Pero la ampliación más importante de estos años es el Ensanche de Amara, obra que exigió primeramente la desecación de las marismas. Era objetivamente el único espacio llano de que disponía San Sebastián para crecer con amplitud. Dio lugar a intensas especulaciones, ocupándose hasta los años cincuenta la parte comprendida entre la Plaza del Centenario y la de Pío XII, acometiéndose a continuación la edificación hasta el estadio de Anoeta. Los años de desarrollo industrial atraen a la comarca de San Sebastián y al País Vasco en general a numerosos inmigrantes para los que se construyen nuevos barrios en el extrarradio de la ciudad. La fiebre especuladora y la falta de planificación y de aplicación de las leyes dan origen a barrios enteros sin alumbrar ni urbanizar en los que se iban amontonando los recién llegados: buen ejemplo de ello fueron los de Santa Bárbara y Roteta y La Paz. Los vertidos industriales matan los ríos guipuzcoanos: el Urumea contamina a San Sebastián.

Elecciones del 15-VI-1977
Tras haberse expresado en el Referéndum de 1976 con 46.685 sí, 1.770 no, 2.466 votos en blanco y un 49,23 % de votantes, en 1977 define así sus opciones.
PSOE23.340(27,2 %)PCE2.780(3,2 %)
PNV21.185(24,7 %)PSP2.031(2,3 %)
EE10.265(11,9 %)ANV689(0,8 %)
GU10.265(11,6 %)FUT477(0,5 %)
DCV5.405(6,3 %)AETG430(0,5 %)
DIV4.942(5,7 %)FDI268(0,3 %)
ESB3.726(4,3 %)Nulos y abst.:37.592(28,6 %)

Referéndum constitucional del 6 de diciembre de 1978
131.805 electores
Votos57.757
Abstención74.035(56,17 %)
37.498(28,45 %)
No16.545(12,55 %)
Blanco2.998
Abstención y No68,72 %

Elecciones generales del 1-III-1979
Censo electoral: 133.467
Ref. Ibermática. Norte S. A.
PNV19.764 (23,70 %)EMK1.120 (1,34 %)
UCD16.618 (19,93 %)EKA747 (0,89 %)
PSOE14.037 (16,83 %)ORT526 (0,63 %)
HB13.257 (15,90 %)LKI171 (0,20 %)
EE12.213 (14,65 %)IR138 (0,16 %)
PCE1.900 (2,27 %)FE(A)54 (0,06 %)
UFV1.570 (1,88 %)ULE8 (0,00 %)
UN1.242 (1,48 %)Abstenciones:48.423 (36,28 %)

Elecciones municipales del 3 de abril de 1979

Para cubrir las 27 concejalías de este ayuntamiento se presentaron doce candidaturas: PTE ORT LKI, PNV, EKA, HB, EMK-OIC, PCE, PSOE, EE, UFV y Coordinadora Independiente, agrupando esta última a la UCD y la DCV. Los votos y concejales elegidos, sobre un censo electoral de 122.493, fueron: PNV con 22.804 votos: Jesús M. Alkain Marticorena, Ramón Labayen Sansinenea, Markel Izaguirre Lizaso, M.ª Pilar Larreina Lasa, Jesús Miguel Garmendia, M.ª Carmen Pérez Martínez de Morentín, José M. Aristegui Isasa, José Luis Iturburu e Iñaki Rezola San Sebastián; HB con 16.114 votos: Félix Soto, Jesús María Irazusta, Yon Alkorta, Santiago González, Juan José Mantxola y Tomás Alba; c. i. con 12.572: Carlos Zubeldia Fernández, Juan I. Irazusta Rezola, Federico Maestre Alcader, Ana Zulueta Casarrota y José P. López Sola; PSOE con 12.222: Ramón Jáuregui Atondo, Carlos García Cañibano, José Ramón Agote y Fernando Múgica Herzog (dimitido y sustituido por Ana Narzabal); es con 9.010: Pedro Ruiz Balerdi, Chema García Amiano e Iciar Mitxelena. Alcalde: Jesús M. Alkain Marticorena del PNV. proclamado por ser el cabeza de lista mayoritaria, ya que en la votación obtuvo sólo los 9 votos de su grupo frente a los 9 de HB (6 propios y 3 de EE), 4 del PSOE y 5 de la c. i.

Referéndum estatutario del 25-X-1979
censo electoral: 133.989
Ref. El Diario Vasco, 27-X-1979.
Votos77.088(57,53 %)
Abstención56.901(42,47 %)
69.898(90,67%)
s/c(52.16%)
No4.177(5,41 %)
Blanco2.231(2,89 %)
Nulo782(1,01 %)

Primeras elecciones para el Parlamento Vasco: 9-III-1980
Censo electoral: 136.089
Ref. El Diario Vasco, 11-III-1980.
PNV25.270(33,63 %)PCE1.437(1,91 %)
HB11.522(15,33 %)EMK896(1,19 %)
EE11.366(15,12 %)ESEI843(1,12 %)
PSE10.177(13,54 %)LKI220(0,29 %)
UCD8.486(11,29 %)PTE209(0,27 %)
AP3.728(4,96 %)EKA172(0,22 %)
UC64(0,08 %)Abst:60.957(44,79 %)

Elecciones Generales del 28 de octubre de 1982
128.551 electores, 121.551 válidos, 1.617 nulos, 418 blancos
PNV28.968PST211
PSOE23.974FN163
HB16.324PCEml69
AP/UCD12.523LC45
EE10.307UCE43
CDS1.899CUC42
PCE751

Elecciones municipales del 8 de mayo de 1983

Concejales: PNV: Ramón Labayen, Markel Izaguirre, M.ª Pilar Larraina, Martín Elizaso, José Enrique Arana, Javier Zuriarrain, M.ª Carmen Pérez, José Martín Larrañaga, Ana Mondragón y Esteban Goicoechea: PSOE Carlos García Cañibano, Odón Elorza, Angel Farinos, Manuel Huertas, Ricardo Enrique Navajas, Francisco Ramón Beloqui y Fernando Abad. HB Félix Soto, Jesús M.° Congil, Santiago González, Joseba Imanol Ibarburu y Andoni Arca. AP: Gregorio Ordóñez, M.ª José Usandizaga e Inmaculada Morón. EE: Pedro Ruiz Balerdi y Eduardo Cuesta. Resultó elegido alcalde el primero.

Elecciones al Parlamento de Vitoria del 26-II-1984
PNV33.037EE8.820
PSOE19.626Auzolan1.221
HB14.854PC446
CP10.086

Elecciones generales del 22 de junio de 1986
PNV21.212HB17.488
PSOE19.552CP11.700
EE11.101UC515
CDS3.946IU485

Elecciones municipales del 10 de junio de 1987

Resultaron elegidos los siguientes concejales: Ea.: Xabier Albistur Marín, Xabier Agirre Elorza, Andoni Areizaga Alkain, Enrique Arana Arregi, Iñaki Barriola Etxeberria, Joaquín Villa Martínez, Imanol Illarramendi Erviti. as: Félix Soto Azkarate, Joseba Ibarburu Uranga, Joseba Albarez Forkada, Begoña Garmendia Vázquez, Iñaki Mendizabal Egia, José María Pérez Bustero. PSOE: Odón Elorza González, Francisco Beloqui San Sebastián, Angel Farinos Saiz, Luis Felipe Hernández Rodríguez, Susana Corcuera Leunda. EE: Javier Olaberri Zazpe, Iñaki Gurrutxaga Armendariz, Rosa Bello Soto, Jon Lasa Laboa. AP: Gregorio Ordóñez Fenollar, Carmen Busca Ostolaza, Eugenio David Damboriena y Osa. PNV: Ramón Labayen Sansinenea, Antonio Marquet Artola.

Elecciones generales del 29 de octubre de 1989
PSOE1.739EE11.250
HB15.924CDS2.117
EA15.581IU1.821
PNV11.747Otros1.762
PP11.294

Elecciones al Parlamento de Vitoria del 28-X-1990
HB15.747EE8.521
PSOE15.113CDS281
EA15.102UA17
PNV14.064Otros2.315
PP11.160

Elecciones municipales del 26 de mayo de 1991

Resultaron elegidos los siguientes concejales: EA Javier Albistur, Andoni Areizaga, José Enrique Arana, Ignacio M. Barriola, Joaquín Villa y José Manuel Illarramendi. HB José Agustín Arrieta, Begoña Garmendia, José Federico Alvarez, José Luis Giménez e Iñaki Valle. PSE Odón Elorza, Francisco Beloqui, Luis Felipe Hernández, Susana Corcuera y Alberto Rodríguez. EE: Francisco Javier Olaberri e Iñaki Gurrutxaga. PNV Antonio Market, Martín Elizasu, María Carmen Garmendi y Román Zulaica. PP: Gregorio Ordóñez, Elena Azpiroz, Eugenio Damboriena, Roberto Fernández y Mari Carmen Nagel. Fue elegido alcalde Odón Elorza.

Elecciones generales del 6 de junio de 1993
PSE/EE21.680PNV13.126
PP19.013CDS649
EA17.204otros11.269
HB14.753

Elecciones al Parlamento de Vitoria del 23-X-1994
PP17.407PSE/EE13.966
PNV14.668IU6.662
HB14.657UA238
EA14.038CNPS88

Elecciones municipales del 28 de mayo de 1995

Resultaron elegidos los siguientes concejales: PP: Jaime María Mayor, María José Usandizaga, Elena Azpíroz, María San Gil, Andrés Manuel Bernabé, María del Carmen de Nagel y Enrique José Villar. PSE Odón Elorza, Ramón Etxezarreta, Susana Corcuera, Francisco Beloqui, Luis Felipe Hernández, Alberto Rodríguez y María Arritokieta Marañón. EA. Enrique Erentxun, Enrique Arana, Iñaki Barriola, Beatriz Otaegui y Josu Ruiz. as: Joseba Jakobe Permach, José Federico Alvarez, María Eugenia Muñagorri y José Antonio Urquiola. PNV: Antton Market, Koro Garmendia y Martín Elizasu. IU: Antton Karrera. Fue elegido alcalde Odón Elorza González.

Elecciones generales del 3 de marzo de 1996
PP24.498HB13.870
PSE/EE23.282IU/EB8.541
PNV15.896Otros879
EA15.179
DVL

La Guerra Civil de 1936 supuso una importante ruptura para la sociedad donostiarra, que había conocido un largo período de paz desde finales de la Segunda Guerra Carlista. En esos años, y ya desde mediados del siglo XIX, la capital guipuzcoana se había ido conformando como una ciudad de servicios y turística una vez que se había librado del corsé de sus murallas. El advenimiento de la República en 1931 no supuso una ruptura en el veraneo donostiarra si bien, como es lógico suponer, parte del verano aristocrático se trasladó a las localidades de la costa vasco francesa desde las que tomaron parte en diversas actividades conspirativas contra el nuevo régimen. La Guerra Civil, y la rápida campaña de Gipuzkoa -con la conquista de la capital el día 13 de septiembre de 1936- supuso una ruptura ya definitiva con el Donostia-San Sebastián de las primeras décadas del siglo XX. Pese a que el conflicto no afectó demasiado a la ciudad y ésta escapó a los combates callejeros, y de las posibles destrucciones, al acordar los defensores de la República la evacuación de la ciudad el día 12 de septiembre (Barruso, 2001) el panorama que encontraron las tropas navarras era poco menos que desolador. Ante la psicosis creada por la destrucción de Irun, y al extenderse rumores de que en el barrio de Gros se habían desatado algunos incendios, se produjo una importante evacuación de la ciudad. Según el diario falangista .Unidad. el 48% de los habitantes de Donostia-San Sebastián habrían abandonado la ciudad ante la llegada de las tropas sublevadas. Tras la toma de Donostia-San Sebastián, se produjo el proceso habitual en las localidades ocupadas: detención de personas que podían ser consideradas desafectas e incautación de bienes de las organizaciones y personas opuestas al Alzamiento. Pero Donostia-San Sebastián también se convirtió en una de las principales localidades de la retaguardia de la zona sublevada en la que las diferencias entre falangistas y carlistas, por las instituciones del Nuevo Estado en la provincia, tal como veremos más adelante, pronto se pusieron de manifiesto.

El mismo día que era ocupada Donostia-San Sebastián, la Junta de Defensa Nacional hacía público el Decreto 108, mediante el cual, se decretaba la incautación de todos los bienes de los partidos y personas que se habían opuesto al Alzamiento, entre los que se citaba expresamente a las organizaciones nacionalistas vascas. Pero, indudablemente, la primera percepción de la ruptura de la convivencia en la capital donostiarra fue la detención de los considerados desafectos que fueron concentrados en la prisión de Ondarreta y en la improvisada en Zapatari -posiblemente donde se ubicaba el cuartel de la Guardia de Asalto, conocido como "El Infierno"- y en el Kursaal. Pronto comienzan los consejos de guerra y la ejecución de prisioneros. Entre las víctimas más destacadas de la represión franquista se pueden mencionar a los sacerdotes nacionalistas fusilados en octubre de 1936 en el cementerio de Hernani. A éstos se suman los ejecutados en Oiartzun y en la cantera de Bera-Vera de Bidasoa, sin que por el momento podamos dar una cifra aproximada de los ejecutados en la capital donostiarra. Sin embargo, si que podemos decir que el número de fusilados en la capital guipuzcoana es menor al de otras capitales de provincia. Según los datos del Registro Civil, entre septiembre de 1936 y julio de 1941, se registra la ejecución de 159 personas en Donostia-San Sebastián.

Ejecutados en Donostia-San Sebastián (1936-1941)
193619371938193919401941
Enero004043
Febrero021032
Marzo005032
Abril011303
Mayo014411
Junio0110611
Julio021441
Agosto031630
Septiembre31040
Octubre1611100
Noviembre41190
Diciembre20230
Total251346461613

Entre los ejecutados en la capital donostiarra, podemos mencionar al concejal socialista Luis Iglesias Ansaño que había sido detenido en Alicante al final de la Guerra Civil. Iglesias, comisario de Brigada, fue encarcelado en Orihuela desde donde fue trasladado a Donostia-San Sebastián en marzo de 1940. Juzgado en un consejo de guerra el 27 de abril de 1940, fue fusilado el 27 de agosto del mismo año. Según los datos de los que se dispone, a partir de febrero de 1943 parece que ya no hay ningún preso condenado a muerte en Gipuzkoa, lo cual no quiere decir que presos guipuzcoanos no sean ejecutados en otros lugares, pero podemos suponer que las ejecuciones finalizaron en torno a finales de 1942 y principios de 1943. Pero eso no quiere decir que la represión se detenga, ya que entre octubre de 1936 y julio de 1945 podemos localizar al menos a 280 guipuzcoanos que tuvieron que comparecer ante consejos de guerra, de los que al menos 25 fueron condenados a muerte.

Pero, pese a ser la justicia militar la que puede acarrear consecuencias más dramáticas, no es la única jurisdicción puesta en marcha por el Franquismo que tuvo una repercusión destacada en Donostia-San Sebastián. Cronológicamente, tras la justicia militar, afectó de manera destacada la aplicación del Decreto 108. Para llevar a cabo lo dispuesto en el mismo, se crearon las Comisiones Provinciales de Incautación de Bienes (C.P.I.B.), comenzando a funcionar la que se ocupaba de Gipuzkoa en el mes de julio de 1937, pese a que la constitución de la misma es de enero de ese mismo año. Pese a que no disponemos de demasiada información sobre la actuación de la Comisión Provincial esta estima, en agosto de 1939, es decir a finales de su andadura, que administra más de cien fincas urbanas en Donostia-San Sebastián que suponen unos seiscientos pisos, lo que ha supuesto para las arcas del Estado franquista el ingreso de más de 44 millones de pesetas; es decir, más de 268.000 euros.

Pero la represión económica no termina con la actuación de la Comisión Provincial. Poco antes de finalizar la guerra, en febrero de 1939, se hace pública la Ley de Responsabilidades Políticas (L.R.P.), de una dureza extrema y que consideraba .delictivas. actuaciones como las de haber formado parte de uno los partidos políticos que se opusieron a la sublevación o huir ante la proximidad de las tropas sublevadas. Tan solo quedaban exentos de responsabilidad los simples militantes de las organizaciones sindicales. De esta manera, un total de 306 donostiarras fueron procesados por el Tribunal Regional de Responsabilidades Políticas, de los cuales 143 son condenados por el mismo, que les impone sanciones que ascienden a más de 65 millones de pesetas (394.122,70 euros) lo que supone una sanción media de 275 euros a cada uno de los procesados. Entre las personas condenadas en aplicación de la Ley de Responsabilidades Políticas, podemos mencionar al alcalde republicano de Donostia-San Sebastián -Fernando Sasiain Baun- que es uno de los trece donostiarras condenados a la pérdida total de sus bienes. Entre los que son condenados a esta pena en Donostia-San Sebastián podemos mencionar a Julián Amilibia, hermano del diputado del Frente Popular por Gipuzkoa, o los mandos de la Guardia Civil de Gipuzkoa García Ezcurra y Saturnino Bengoa -que llegaría a ser el jefe de la Ertzaña creada por el Gobierno Vasco- o José Miguel Gomedio, gestor provincial por Ezquerra Vasca Federal, el partido político liderado por el alcalde de Donostia-San Sebastián- y fiscal del Tribunal Popular de Euzkadi entre otros.

Un caso destacado, y que ilustra la extrema crueldad de la ley, es el del concejal Luis Iglesias, que como hemos visto había sido fusilado en agosto de 1940. A pesar de esta circunstancia, el Tribunal le impuso una sanción de 100 pesetas de 1941 (equivalentes a unos 132 euros) en julio de 1941, que debía ser satisfecha por sus familiares. Pero esta circunstancia no es exclusiva de Iglesias ya que se repite al menos en otros quince caso más de procesados en Gipuzkoa. Incluso personas que nada tuvieron que ver con la sublevación, y que incluso fueron asesinadas durante el período en el que Donostia-San Sebastián permaneció bajo el control de los republicanos -como es el caso del Comandante Militar de Gipuzkoa, León Carrasco Amilibia-, son procesadas por la Ley de Responsabilidades Políticas. Sin embargo, en el caso de Carrasco, se dictó sentencia absolutoria en julio de 1941. Pese a que la Ley de Responsabilidades Políticas extendió su actividad hasta 1945, en 1942 y ante el riesgo de colapso de la administración de Justicia, se decretó una profunda reforma que suavizó en gran manera la aplicación de la citada ley. De esta manera, pese a que en julio de 1945 se sobreseyó el último expediente de responsabilidades políticas de un donostiarra, desde marzo de 1943 no se había dictado ninguna sentencia condenatoria, recayendo la última en Fortunata Decimavilla, a la que se impuso una sanción de 250 pesetas por haberse exiliado en Francia.

La última ley que puso en vigor el Franquismo para represaliar a quienes no eran afectos al régimen, fue la Ley de Represión de la Masonería y el Comunismo, promulgada en 1940. Esta ley, a pesar de su título, se dirigió principalmente contra los masones y su incidencia es reducida en el País Vasco, debido a la escasa presencia de éstos. En el caso de Donostia-San Sebastián tan solo localizamos a dieciséis masones residentes que fueron condenados en aplicación de la citada ley. El cuadro represivo se completa con la depuración que se llevó a cabo en todos los ámbitos laborales. Por el momento es mucho lo que queda por estudiar en este tema pero ya conocemos los datos de dos sectores importantes: la Enseñanza y la Administración Local. El caso de la Enseñanza es en el que más se ha avanzado en los últimos años y ya podemos afirmar que el 31% de los maestros destinados en la capital guipuzcoana fueron sancionados, de los cuales 27 fueron expulsados del Magisterio. Por el contrario, tan solo tres profesores del Instituto de Secundaria fueron sancionados, eso sí, en dos casos se produce la expulsión del Cuerpo (Barruso, 2002). En lo que se refiere a la Administración Local de los 1.369 empleados municipales de Donostia-San Sebastián, 401 desaparecieron como consecuencia de la guerra. De los restantes, 283 fueron cesados en los primeros momentos, a los que siguieron, tal como señala Félix Luengo, otro centenar en los meses siguientes (Luengo, 2000, p.414).

Tras la ocupación de Donostia-San Sebastián, la ciudad se convirtió en uno de los principales lugares de la zona ocupada. Una importante colonia de madrileños, y sobre todo de catalanes, hizo que Donostia-San Sebastián se recuperara pronto del conflicto. Pero, pese a ser una ciudad de retaguardia, no se libró de la lucha política que se estableció entre los distintos grupos políticos que apoyaron la sublevación. Los monárquicos de Renovación Española, ausentes en el resto de la provincia, son los primeros en reaccionar y el 14 de septiembre -es decir, al día siguiente de la ocupación de la ciudad- vuelven a publicar El Diario Vasco. Su director, Ramón Sierra Bustamante, será nombrado Gobernador Civil y en él recaerá la responsabilidad de nombrar al nuevo consistorio donostiarra. Este es designado el día 7 de octubre de 1936, situándose al frente del mismo, el abogado monárquico José Múgica y Múgica quien presidió un ayuntamiento de mayoría carlista (9 concejales) con representación falangista (5 concejales), de los monárquicos (2 concejales) y otros dos concejales sin filiación política conocida.

Pero Múgica duró poco al frente del consistorio donostiarra. Las diferencias entre los grupos políticos forzaron su destitución y su destierro a Estella en febrero de 1937. Al frente del Ayuntamiento se situó otro monárquico -José María Angulo- que contó con una corporación en la que los tradicionalistas aumentaron su representación de nueve a once concejales, en detrimento de los falangistas que vieron reducida su presencia a tres concejales. Por su parte los monárquicos aumentaron, igualmente, su representación a cinco escaños municipales. Pero tampoco la alcaldía de Angulo fue duradera. Como consecuencia de la unificación de Falange Española y de las JONS y de la Comunión Tradicionalista en el nuevo partido único FET y de las JONS el alcalde es cesado en octubre de 1937 y en su lugar nombrado el tradicionalista Antonio Paguaga quien consiguió el .equilibrio. entre las diversas familias políticas y consolidar un consistorio que prolongó su actividad hasta 1942. Ese año, como consecuencia de la crisis política que se derivó del atentado de Begoña, y del creciente enfrentamiento entre los carlistas guipuzcoanos y el Régimen, se procedió al cese del alcalde, que fue sustituido por Rafael Lataillade, monárquico, Delegado del Ministerio de Industria y firmante -en 1943- de una carta dirigida a Franco en la que se le pedía una alternativa monárquica al Régimen. A pesar de ello permaneció en el cargo hasta 1948. Durante su mandato se tomó la decisión de trasladar el Ayuntamiento de su antiguo emplazamiento -la actual Biblioteca Municipal- a su actual emplazamiento, el antiguo Casino, cerrado desde que en 1923 Primo de Rivera prohibiera el juego en España.

Alcaldes de Donostia-San Sebastián durante el Franquismo (1936-1975)
AlcaldeMandato
José MúgicaSeptiembre de 1936-marzo de 1937
José María AnguloMarzo de 1937-septiembre de 1937
Antonio PaguagaSeptiembre de 1937-agosto de 1942
Rafael LatailladeMayo de 1942-Diciembre de 1947
Félix AzpilicuetaEnero de 1948-febrero de 1949
Javier SaldañaFebrero de 1949-abril de 1952
Juan PagolaAbril de 1942- febrero de 1958
Antonio Vega de SeoaneFebrero de 1958- Junio de 1961
Nicolás LasarteJunio de 1961- junio de 1964
José Manuel ElóseguiJunio de 1964- septiembre de 1968
Miguel MuñoaSeptiembre de 1968-Junio de 1969
Felipe de UgarteJunio de 1969-marzo de 1974
Francisco LasaMarzo de 1974-marzo de 1977
Fernando de OtazuMarzo de 1977-septiembre de 1978

Cuando tuvieron lugar las primeras "elecciones" orgánicas, en noviembre de 1948, la alcaldía estaba ocupada por Félix Azpilicueta, quien había sustituido a Javier Saldaña, cesado en diciembre de 1947. Los comicios organizados por el Franquismo dividían el poder municipal en tres tercios (familiar, sindical y entidades) de los cuales tan solo en el primero, y con muchas restricciones, se podía ejercer el voto directo. Para la elección del tercio familiar tan solo tenían derecho al voto los cabezas de familia siempre y cuando no estuvieran afectados por alguno de las numerosas causas de exclusión que existían y que en el fondo, lo que buscaban, era excluir a los supuestos "desafectos" y propiciar un resultado casi plebiscitario para las candidaturas del Movimiento. En el caso de Donostia-San Sebastián, con más de 100.000 habitantes, las personas con derecho a voto se reducían a algo más de 31.000. En el resto de los tercios la votación era más restrictiva aún. En el tercio sindical tan solo votaban los compromisarios de los sindicatos (40 en el caso de Donostia-San Sebastián) mientras que los representantes del Tercio de Entidades eran elegidos por los concejales de los dos tercios anteriores de entre las personas designadas por las Entidades que en Donostia-San Sebastián tenían derecho de representación. El resultado, es un consistorio formado por cuatro concejales de filiación falangista, cuatro tradicionalistas y diez considerados "sin filiación" entre los que se encontraba la primera mujer concejal del Ayuntamiento de Donostia-San Sebastián: Eloísa Velasco. El cargo de Alcalde recayó en Javier Saldaña -marino de guerra y falangista- que permanecerá en el cargo hasta 1952. Ese año es nombrado máximo mandatario municipal Antonio Pagola, a quien sucederá en 1958 Antonio Vega de Seoane, alcalde hasta 1961. Ese año le sucede Nicolás Lasarte y en 1964 José Manuel Elósegui. El sucesor -José Miguel Muñoa- tan solo permanecerá en el cargo desde octubre de 1968 a junio de 1969, fecha en la que le sucede en el cargo uno de los acaldes más controvertidos del Franquismo, Felipe de Ugarte, que ostenta el poder municipal hasta diciembre de 1974. Los últimos alcaldes del régimen fueron, Francisco Lasa (marzo de 1974 a marzo de 1977) y Fernando de Otazu, que en septiembre de 1978 dio paso a la Gestora Municipal presidida por el socialista Ramón Jáuregui, que ejerció el poder municipal hasta las Elecciones Municipales de 1979, en las que resultó elegido alcalde el nacionalista Jesús María Alkain.

Los efectos de la guerra pronto se superaron en Donostia-San Sebastián y el éxodo de población se vio compensado en pocas fechas y no solo por la presencia de foráneos que acudían a la ciudad como retaguardia de la "zona nacional". Gran parte de los donostiarras que abandonaron su residencia con motivo de la entrada de las tropas sublevadas regresaron a sus casas, eso sí, no sin algunos problemas y en algunos casos viendo sus viviendas ocupadas por refugiados procedentes de la zona republicana (Barruso, 1999 b). Pero al margen del conflicto, Donostia-San Sebastián se convirtió en el principal centro cultural de los sublevados. En la capital guipuzcoana se editaron revistas como La Ametralladora, dirigida por Miguel Mihura, o el semanario falangista Vértice y en el que colaboraron Eugenio D'Ors, Pedro Laín Entralgo o Dionisio Ridruejo entre otros. Además de los mencionados, numerosos intelectuales y escritores residieron en la ciudad durante la guerra. Este es el caso de Josep Pla, Manuel Aznar o Víctor de la Serna.

El final del conflicto, y el traslado de numerosas instancias del Nuevo Estado a Madrid, hicieron que la capital donostiarra decayera un poco con respecto a su "auge" durante la contienda. Pronto el racionamiento y el estraperlo hicieron su aparición, a pesar de que el País Vasco no fue una de las zonas donde la crisis se hizo notar con mayor crudeza. Sin embargo el estallido de la Segunda Guerra Mundial -convirtiéndose Donostia-San Sebastián en lugar de refugio de gentes que huían de los nazis- y el que Franco eligiese la ciudad como sede de su veraneo -tras comprar el Ayuntamiento de Donostia-San Sebastián el Palacio de Ayete, perteneciente a la Duquesa de Bailén- mitigaron en parte la pérdida del peso político de la ciudad durante la Guerra Civil. El final de la II Guerra Mundial puso en una difícil situación al Régimen. Pese a que la oposición comenzaba a manifestarse tímidamente en el interior, sus actividades no pasaban de lo meramente simbólico, como es el caso de la ikurriña que, en 1946, fue colocada por Joseba Elósegui en la torre de la catedral del Buen Pastor, o que en 1947 nacionalistas lograran interferir Radio San Sebastián y difundir un mensaje del lehendakari Aguirre con motivo del Aberri Eguna.

La consolidación del régimen en la década los cincuenta tras el pacto con los Estados Unidos, supuso la admisión del Franquismo en la comunidad internacional, lo que permitió que el régimen se mantuviera y pudiera experimentar un proceso de desarrollo social y económico importante, una vez abandonadas las veleidades autárquicas. En lo que a Donostia-San Sebastián se refiere las transformaciones comienzan en 1949. Ese año se crea el obispado de San Sebastián, recayendo la sede episcopal en el prelado catalán Jaime Font Andreu. El desarrollo del asociacionismo se impulsó desde la sede donostiarra, principalmente mediante la Hermandad de Obreros de Acción Católica (HOAC) y la Juventud Obrera Católica (JOC), organizaciones, que con el tiempo, se convirtieron en la base de un sentimiento de oposición al régimen y de transmisión de los sentimientos vasquistas, que se percibió en el respaldo a las huelgas de 1951 y 1956 a diferencia de la de 1947, que apenas tuvo repercusión en la ciudad. Quizá el elemento más destacado del peso social de la Iglesia en los años del Franquismo fue el acuerdo, adoptado en 1947, de construir la colosal estatua del Sagrado Corazón en lo alto del Monte Urgull, cuestión que al parecer contó incluso con la oposición de algunos concejales -que abogaban por un lugar más discreto- pero que finalmente se llevó a cabo.

Pero quizá la transformación más destacada que sufrió la ciudad, entre 1950 y 1970, fue la urbanística. En la década de los cincuenta, la industria de la capital había experimentado un notable incremento (Azucarera del Ebro, Koipe, Savin...) lo que se tradujo en un importante incremento de población pasando de los poco más de 100.000 habitantes de 1940 a los 135.000 de 1960. Este crecimiento demográfico, como es lógico suponer, supuso un desarrollo urbanístico que tuvo lugar fundamentalmente entre los años 1940 y 1960. Para el gran desarrollo urbanístico de Donostia-San Sebastián, se recuperó el viejo proyecto de urbanizar la zona comprendida entre el puente de María Cristina y el Puente de Hierro. Diversas vicisitudes y la Guerra Civil fueron posponiendo el proyecto hasta que en 1947 comenzaron a construirse los dos primeros edificios de la avenida de Sancho el Sabio. Entre 1950 y 1960 se fueron construyendo el resto de edificios hasta la Plaza de Pío XII, donde en 1955 se construyó el nuevo Gobierno Civil y el edificio del Instituto Nacional de Previsión. En 1961, tras dimitir Vega de Seoane, como ya hemos mencionado anteriormente, accedió a la alcaldía Nicolás Lasarte. El nuevo alcalde, antiguo requeté y excombatiente, era persona muy vinculada a la Caja de Ahorros Municipal, de la que fue presidente. Estrechamente unido a la ciudad, miembro de varias sociedades populares y presidente del Orfeón Donostiarra, durante su mandato se celebró el centenario del derribo de las murallas de la ciudad y se inauguraron las iluminaciones del Monte Urgull (1963) -inaugurada durante la Semana Grande en la que se celebró el primer Concurso Internacional de Fuegos Artificiales- y de la Concha (1964). Durante su mandato la asociación catalana "Amigos de San Sebastián", integrada casi íntegramente por catalanes que se refugiaron en la ciudad durante la Guerra Civil, sufragaron la construcción de la fuente luminosa de la plaza de Pío XII. Pero en su mandato también debemos mencionar hechos como las inundaciones de 1963 o el incendio que destruyó el edificio de Correos, situado en la Plaza del Buen Pastor. El período de mandato de su sucesor -José Manuel Elósegui (1964-1968)- son considerados por Luengo como los "años de mayor expansión urbana de la ciudad, vividos con un ritmo frenético de construcciones y negocios inmobiliarios". A este industrial papelero, presidente de la Cámara de Comercio y del Sindicato del Papel y Artes Gráficas, le correspondió la inauguración de la exposición instalada en la plaza de Pío XII conmemorativa de los "25 de años de paz" que el régimen organizó a para conmemorar el aniversario del final de la Guerra Civil.

Del mismo modo la década de los 60, supuso una mayor apertura en cuestiones culturales y de información. La llamada "Ley Fraga" de 1966 permitió una mayor libertad en la prensa y en el asociacionismo, pero la apertura política era inexistente. El sentimiento nacionalista se desarrolló notablemente en esos años y permitió la proliferación de ikastolas, que fueron regularizándose a lo largo de los años sesenta. Sin embargo, el desinterés por el Régimen se iba haciendo cada vez más patente. Las elecciones orgánicas de 1963, en las que los tres concejales del tercio familiar sólo recibieron poco más de 3.000 votos, pusieron de manifiesto el distanciamiento de los donostiarras con los órganos de "representación" que les ofrecía el Régimen. Pese a que la oposición todavía era escasa y poco organizada, el final de la década de los 60, supuso la aparición del que, a la larga, se iba a convertir en uno de los principales problemas: la violencia de ETA (Euskadi ta Askatasuna-Euskadi y la Libertad). A partir de 1968, fecha en la que ETA asesinó al comisario de la Brigada Político Social -Melitón Manzanas- el ambiente se fue enrareciendo. Ese mismo año, con motivo de la celebración del Aberri Eguna, las Fuerzas de Orden Público llevaron a cabo un despliegue hasta entonces desconocido en la ciudad. En agosto de 1968 se declaró el primer "estado de excepción". En 1970 la ciudad vivió los ecos del "Proceso de Burgos" con una huelga general que paralizó Donostia-San Sebastián y ETA secuestró al cónsul alemán en la capital donostiarra.

Paralelamente, en junio de 1969, ocupó la alcaldía uno de los alcaldes más controvertidos del Franquismo en Donostia-San Sebastián: Felipe de Ugarte y Lambert de Sainte-Croix. Ugarte, delegado del Ministerio de Información y Turismo, voluntario durante la Guerra y Alférez provisional, tomó algunas de las decisiones más importantes para la ciudad. Entre las que se pueden considerar como acertadas, se puede mencionar la venta de la Telefónica Municipal de San Sebastián, a la Compañía Telefónica Nacional de España lo que supuso que el teléfono experimentara un importante desarrollo en la ciudad, ante la creciente demanda de líneas y los múltiples problemas que suponía su atención. Durante su mandato, el Ayuntamiento adquirió el Palacio de Miramar para la ciudad, cuyo parque se puso a disposición de los donostiarras y sus instalaciones, una vez restauradas, se han convertido en sede de eventos culturales en la ciudad. Si embargo su mandato contiene decisiones, que como poco, pueden ser consideradas como controvertidas. Nos referimos al derribo, en 1973, de dos edificios emblemáticos de Donostia-San Sebastián. El Kursaal y la plaza de Toros de "El Chofre". Tuvieron que pasar casi tres décadas para que la ciudad recuperase un edificio en el solar del antiguo Kursaal y para que en los terrenos de Illunbe se haya construido un moderno coso taurino. Ese mismo año se derribó -en medio de una gran polémica- el palacio llamado Torres de Arbide, formado por tres edificios, dos de ellos gemelos, que se situaban en la confluencia de la calle Echaide con el Paseo de los Fueros. La adquisición por la Caja de Ahorros Municipal del edificio, propició que fueran desmontados piedra a piedra y trasladados a Miramón, donde se pueden contemplar en la actualidad.

En 1970, paralelamente a la construcción del barrio de Amara hasta Anoeta, se desarrollaron otros barrios en los que las carencias de equipamientos y urbanización eran evidentes. Se trataba sobre todo del "corredor oriental" en el que florecieron los barrios de Roteta, Buenavista y La Paz, promovidos por el Instituto Nacional de la Vivienda en 1967 y Bidebieta. El desarrollo de la ciudad generó la necesidad de nuevos equipamientos, y entre 1959 y 1960 se inauguraron la Residencia Sanitaria y el Hospital de Gipuzkoa en Zorroaga, desapareciendo el antiguo Hospital de Manteo. En la zona final de Amara, en Anoeta, se creó una ciudad deportiva con campos de atletismo, velódromo (1970) y la construcción del Palacio del Hielo (1973). Los transportes también sufrieron una importante evolución. En 1953 desapareció el Ferrocarril del Plazaola y en 1958 lo hizo el tranvía de Hernani. En 1954 la estación del Topo se trasladó de la calle Peñaflorida a su actual emplazamiento en la Plaza de Easo. En 1968, desaparecido el tranvía urbano, comenzó la sustitución de los trolebuses por autobuses y a principios de los setenta, ante el desarrollo del tráfico rodado, se inauguraron los primeros aparcamientos subterráneos de la ciudad. En 1971 se inauguró la variante de Donostia-San Sebastián que permitió, que gran parte del tráfico que circulaba por la N-I no atravesara la ciudad. Para la década de los 70, Donostia-San Sebastián había experimentado una enorme transformación urbanística que conformó la ciudad durante varias décadas, hasta que en tiempos más recientes se afrontó una nueva remodelación de la ciudad que ha configurado el Donostia-San Sebastián del siglo XXI.

Ugarte fue cesado en 1974, tras la celebración de unas nuevas elecciones orgánicas, siendo sustituido por Francisco Lasa, armador de buques de pesca, presidente del sindicato vertical de Pesca de 1959 a 1971 y concejal del Ayuntamiento desde 1970. La complejidad y el desarrollo de la ciudad es patente por el incremento del presupuesto municipal, que hacia 1975, ascendía ya a 660 millones de pesetas. Durante su mandato se concluyeron las obras de la "variante" (carretera de circunvalación), inaugurada en 1975, y el embalse del Añarbe, con lo que el suministro de agua experimentó una sensible mejoría en la ciudad. La construcción de la presa supuso terminar con el problema del abastecimiento de agua que se arrastraba desde el siglo XIX. Pese a que el aprovechamiento de aguas inicialmente era desde el río Añarbe, la epidemia de tifus de 1902 que causó cuarenta muertos, y de la que se responsabilizó a la contaminación de las aguas, forzó a la compra de la finca denominada Artikutza en 1919. El aumento del consumo hizo que se constituyera, en 1968, la "Mancomunidad de Aguas del Añarbe" para hacer frente al problema que quedó solventado con la inauguración de la citada presa. Ese mismo año, 1975, se inauguró el espacio monumental "Peines del Viento" obra del arquitecto Peña Ganchegui y del escultor donostiarra, fallecido en 2002, Eduardo Chillida.

En el plano cultural la ciudad también experimentó un sensible desarrollo. En 1956 se crearon los Estudios Universitarios y Técnicos de Gipuzkoa (EUTG) que venían, en parte, a paliar la carencia de estudios universitarios en la ciudad. En 1961 la Universidad de Navarra inauguraba la Escuela de Ingenieros en el actual edificio del "Centro Cultural Koldo Mitxelena" y en 1968 se creaba la Facultad de Derecho, dependiente de la Universidad de Valladolid. La puesta en marcha, en 1953, del Festival Internacional de Cine supuso un importante impulso al turismo en la ciudad y la organización de actos para atraer o prolongar la estancia de veraneantes en la ciudad. Pero la vida cultural de Donostia-San Sebastián también contaba con otros atractivos como era la labor del "Círculo Cultural Guipuzcoano", reabierto en 1945 y presidido por el médico Leandro Martín Santos. En la década de los sesenta la cultura en euskera adquirió un gran desarrollo. La creación del grupo "Ez dok Amairu" por cantautores vascos como Mikel Laboa, Xabier Lete, Benito Lertxundi... la mayor parte donostiarras, tuvieron una gran difusión. Iniciativas culturales como las promovidas por la librería "Ramos", lugar de encuentro literario, y de otra serie de librerías como "Manterola", "Graphos" o "Lagun" cooperaron a desarrollar la vida cultural de la ciudad. En el arte el grupo "Gaur" -en el que se contaron artistas como Jorge Oteiza, Eduardo Chillida, Remigio Mendiburu, Amable Arias, Rafael Ruiz Balerdi o José Luis Zumeta- contribuyó de manera decisiva al desarrollo cultural de la ciudad. En el aspecto musical destacaron los conciertos organizados por la "Asociación de Cultura Musical", que darían paso a la "Quincena Musical" y al Festival de Jazz, que comenzó a celebrarse en 1965 en la remodelada Plaza de la Trinidad.

El 20 de noviembre de 1975 fallecía Francisco Franco, pero su muerte no supuso la desaparición inmediata del régimen que él había implantado. El alcalde Francisco Lasa permaneció en su puesto tras la muerte del Dictador pero el ambiente político era cada vez más complicado. El terrorismo de ETA hacía su irrupción en la ciudad el 4 de marzo de 1976 asesinando a José María Araluce -presidente de la Diputación- su chofer y tres policías de su escolta. Al día siguiente la extrema derecha hacía su aparición en Donostia-San Sebastián y los sucesos de Vitoria-Gasteiz y Montejurra marcaban el pulso político. En 1977 el cambio político se auguraba, y el día 19 de enero de ese año se legalizaba la ikurriña, que ondeó la noche de la fiesta patronal de la ciudad en la Plaza de la Constitución. En marzo de 1977 Lasa dejaba su cargo como alcalde y era sustituido por Fernando de Otazu, teniente de alcalde. Sin embargo su mandato fue breve y tras las elecciones de 1977 los concejales manifestaron su voluntad de dimitir. Finalmente, el 24 de septiembre de 1978, y presidida por el socialista Ramón Jáuregui, tomaba posesión la Gestora Municipal en la que se integraron representantes del PSOE (Partido Socialista Obrero Español) (6), EAJ-PNV (Eusko Alderdi Jeltzalea-Partido Nacionalista Vasco) (6), Gipuzkoa Unida (3), y un representante del PCE (Partido Comunista de Euskadi), Euskadiko Ezkerra, EIA (Euskal Iraultzale Alderdia-Partido Revolucionario Vasco), EMK (Movimiento Comunista de Euskadi-Euskal Mogimendu Komunista), ESB (Euskal Sozialista Biltzarrea-Partido Socialista Vasco), Democracia Cristiana Vasca y Demócratas Independientes. Con la toma de posesión de la Gestora, que gobernó el Ayuntamiento de forma interina hasta la celebración de las primeras elecciones municipales desde 1931, se cerraba el largo capítulo del Franquismo en Donostia-San Sebastián.

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