Industriak

Aranzabal

Sociedad Anónima.

La historia de Aranzabal S.A. comenzó a gestarse en el año 1850, en un lugar conocido como La Venta del Grillo, cercano al pueblo de Apodaca (Álava). Entonces el matrimonio Aranzabal, Bartolomé y Fermina, regentaba un pequeño taller de herrería, construcción de carros y pequeños aperos de labranza. De aquel matrimonio nacieron varios hijos, Victoria, Roque y Segundo de Aranzabal Aranzabal.

Segundo fue el único de los hermanos que decidió quedarse a cargo de la herrería, la casa, el ganado y la labranza. Aún después de varias horas de trabajo Segundo sacaba tiempo para la lectura y lo que era su gran afición, el dibujo. Alrededor del año 1885, varios clientes de la venta convencieron a su padre para que autorizase a su hijo Segundo a acudir a unas lecciones de dibujo que un profesor impartía en la Escuela de Artes y Oficios de Vitoria. Las condiciones de desplazamiento a las clases fueron duras, teniendo en cuenta que en muchas ocasiones tuvo que cubrir los veinte kilómetros, entre la ida y la vuelta de Vitoria, andando. En cualquier caso, estas clases le sirvieron para aprender a expresar sobre un papel las ideas que él tenía para modificar y perfeccionar los aperos de labranza que su padre construía en la herrería.

Compró su primera máquina en la Exposición de Barcelona, al poco de casarse, en el año 1890 y entonces, contra la voluntad de su padre, decidió trasladarse a Vitoria para adquirir a crédito un taller que le permitiese perfeccionar un arado de su invención, estilo romano pero con diversos dispositivos mecánicos. Con este arado romano mecánico obtuvo su primera patente de invención. Más adelante y por encargo del Ayuntamiento de Vitoria ideó una máquina para arrancar y transplantar árboles ya crecidos, que debido a su eficacia la fabricaría también para los ayuntamientos de Bilbao, San Sebastián y Pamplona.

En cualquier caso, su fijación profesional estaba en los arados. En la España de principios del siglo XX todavía no se utilizaba de manera importante el arado "Brabant" de doble vertedera giratorio, que estaba muy implantado en Bélgica y en Francia. Algunos de estos aparatos se importaban, pero aunque los ingenieros agrónomos eran conscientes de sus ventajas, al agricultor le resultaban excesivamente caros. Cuando Segundo de Aranzabal vio esos arados pensó en que bien podría fabricarlos él realizando las inversiones oportunas en maquinaria, hornos y personal especializado. El problema era que el elemento esencial del arado "Brabant", el armazón, que se denominaba "áncora", era de una sola pieza y por lo tanto muy difícil de forjarla en España por la falta de medios técnicos para ese tamaño. Ante esta dificultad, Segundo decidió en el año 1908 sustituir la pieza principal de forja por una pieza de fundición, que permitía adaptar el arado a los terrenos fuertes de España a diferencia de las tierras francesas y belgas que eran más fáciles de remover. El cambio de la forja por la fundición permitió abaratar el arado "Brabant" y que funcionase sobre las tierras duras.

La segunda máquina que ideó Segundo de Aranzabal fue una aventadora para separar el grano de la paja trillada y poder así sustituir los rudimentarios aparatos que se utilizaban en Castilla. Introdujo en su nueva máquina los cojinetes a bolas, que aunque ya se conocían en la industria española, en aquella época no se aplicaban en la fabricación de máquinas agrícolas. Su nueva aventadora era ligera y funcionaba con más suavidad. Su taller su fue convirtiendo en una fábrica gracias al éxito comercial de sus máquinas agrícolas; pero también las necesidades de capital iban siendo mayores a medida que se deseaba seguir financiando la expansión comercial y fabril. Paralelamente a la fábrica de Segundo de Aranzabal, había surgido en Araia (Álava) un fabricante de arados "Brabant", Ajuria y Urigoitia, bajo la dirección de Alfredo Ajuria. El problema de Alfredo Ajuria era que sus arados se comportaban técnicamente mucho peor que los de Aranzabal en las pruebas de tracción y laboreo, por lo que los agricultores, en general, preferían el arado Aranzabal. Visto el problema de ambas fábricas y que ambas podían complementarse en su parte fabril, en su parte comercial y en su parte financiera, el hermano de Alfredo, Serafín Ajuria ofreció a Segundo de Aranzabal la posibilidad de una unión industrial.

De esta manera, se constituyó en 1911 la Sociedad Regular Colectiva Aranzabal y Ajuria, cuya empresa tenía por objeto explotar la sección comercial, con lo que Ajuria Hermanos de Araia se comprometía a comprar a la fábrica de Aranzabal toda su producción a cambio de la exclusiva comercial en España de todos sus productos. Al poco tiempo, los dos negocios se transformaron en la Compañía Ajuria y Aranzabal, S.A.

En el año 1923, tras la muerte de Segundo de Aranzabal Aranzabal, a los 59 años de edad, sus hijos decidieron abandonar sus respectivos trabajos en Ajuria y Aranzabal, S.A. y formaron la Sociedad Regular Colectiva Hijos de Segundo Aranzabal. Esta nueva sociedad la componían sus hijos Guillermo, Julio, Vicente y Cosme puesto que los pequeños Teodoro, que era dentista y había estudiado en aquellos tiempos en Pensilvania (EE.UU), Rosario, Asunción, María y la viuda fueron correspondidos con otros bienes.

Hijos de Segundo de Aranzabal se instaló en los primeros locales que Segundo había mantenido en la Calle Castilla de Vitoria para dedicarse, principalmente, a la fabricación de arados, materiales y piezas de ferrocarril y construcciones metálicas. El 23 de septiembre de 1938 la sociedad pasó a denominarse Aranzabal, S.A., perdurando hasta el final las cuatro divisiones; la fundición de piezas de acero moldeado, la de mecanización de piezas de fundición para la industria de tractores agrícolas, camiones y obras públicas, la de fundición de hierro maleable destinada principalmente a la industria del automóvil y la de maquinaria agrícola centrada en arados de vertedera para tractor.

A partir del año 1953 Guillermo de Aranzabal Alberdi se integró en la empresa que habían constituido su padre y sus tíos, basándose en las ideas que su abuelo Segundo de Aranzabal había comenzado a poner en marcha en 1877. Para el año 1976, la empresa Aranzabal, S.A. tenía 350 millones de pesetas de capital social y la fundición y sus talleres de mecanizado contaban con 7000 m2 de superficie, donde destacaban las máquinas de control numérico que producían, a su vez, máquinas-herramienta bajo la marca comercial "Albertia".

Durante veinte años Aranzabal, S.A. fue el primer proveedor de la Compañía Barreiros Diesel, que había revolucionado el mercado español del automóvil, camiones y tractores agrícolas. Además de Barreiros, Aranzabal, S.A. alcanzó una presencia importante en los mercados de la exportación, llegando a representar el cincuenta por ciento de su facturación. Algunos de sus principales clientes fueron multinacionales como Massey-Harris, Caterpillar, G.K.N., Renault, Eaton, Rockwell o la empresa Masoneilan, especialista en instalaciones petrolíferas.

Aranzábal, S.A., contaba con tres instalaciones de fundición en Vitoria y una en Miranda de Ebro (Burgos). En la calle Castilla de Vitoria, la Compañía albergaba una fundición de maleable, con una capacidad de producción de cinco mil quinientas toneladas al año, mientras que en la fundición de acero de Miranda de Ebro (Burgos) la capacidad era de cuatro mil toneladas al año. Así mismo, se deben destacar las instalaciones que en la década de 1980 construyó Aranzabal, S.A. en el polígono industrial de Júndiz. Entre otras instalaciones, la nueva fábrica contaba con dos modernas fundiciones, una de aceros inoxidables y alta aleación y otra de acero moldeado al carbono.

Las complicaciones para Aranzabal, S.A. comenzaron con la conflictividad social que generó en Vitoria el conflicto político que se suscitó a raíz de la muerte de Franco a finales del año 1975 y que se saldó con la muerte de cinco obreros en la capital alavesa el día tres de marzo del año 1976. A partir de aquel momento las relaciones laborales dentro de la Compañía fueron ganando en tensión y perdiendo en eficacia. Por su parte, unos años más adelante, ya a principios de la década de 1980 la Coordinadora Unitaria de la Izquierda Sindical, ESK-CUIS, contribuyó al enrarecimiento del clima laboral hasta poner en verdaderos aprietos financieros a la empresa. No se puede obviar que la crisis de la automoción de principios de la década de 1980,(SEAT había perdido 60.000 millones de pesetas en cuatro años y PEGASO otros 40.000 millones) los altos tipos de interés (16-20%) y el cambio desfavorable de la peseta -dólar estadounidense afectó negativamente a la actividad de Aranzabal, S.A. En aquellos años, la empresa contaba con 850 empleados, además de los 130 de Fundiacero, que era la Compañía del grupo radicada en Miranda de Ebro (Burgos). Debido al deterioro de la situación empresarial, el 23 de diciembre del año 1982, Guillermo de Aranzabal decidió nombrar a Jesús Arana director general con el objetivo de intentar reconducir la negativa marcha de la sociedad. Al efecto tomó el gobierno de la empresa un nuevo equipo directivo, que contaba con la ventaja de no estar hipotecado en sus relaciones laborales para así poder llevar a cabo un plan de reconversión que posibilitase la viabilidad económica de la Compañía.

El plan de relanzamiento que puso en marcha Guillermo de Aranzabal, elaborado por la consultora Tecnialava y ejecutado por el nuevo director general, consiguió un avance comercial parcial, el replanteamiento financiero con el consiguiente apoyo de la banca y la renovación tecnológica. Así pues, el futuro de la Compañía, aunque difícil, parecía tener posibilidades de salir a flote. No obstante la aportación a este proceso por parte del colectivo de los trabajadores y de alguna central sindical constituyó la faceta más negativa, según los propios informes redactados por Jesús Arana. Estos mismos informes mencionaban que la empresa, personificada en la figura de los accionistas y la dirección era considerada por algunos trabajadores "como un adversario frente al cual había que defenderse e incluso procurar atacarle al máximo para minar su fortaleza y capacidad".

Asimismo, la falta de disciplina, el abandono frecuente e injustificado del puesto de trabajo en repetidas ocasiones durante la jornada de trabajo, hicieron que la viabilidad se complicase y el esfuerzo que Aranzabal, S.A. pedía al colectivo de trabajadores fuese negado en repetidas ocasiones desde el comité de empresa. Aquel órgano de representación de los trabajadores estaba compuesto por los sindicatos ESK-CUIS, CC.OO, ELA, UGT y USO. En este sentido, un estudio pormenorizado de las fuentes empresariales inducen a pensar que algunos de estos sindicatos no llegaron a transmitir al colectivo de trabajadores ni la propuestas de la dirección en su totalidad, ni los esfuerzos de los accionistas para salvar la empresa, tales como las dos ampliaciones de capital que se llevaron a cabo, una de 100 millones de pesetas en diciembre de 1983 y la otra de 150 millones más de pesetas en octubre de 1984.

En este entorno de inestabilidad, la aplicación del programa reorganizativo no tuvo éxito, por lo que Guillermo de Aranzabal Alberdi dimitió el 29 de noviembre de 1985. El director general también debió dejar la empresa en el año 1986 y la Compañía declaró la suspensión de pagos el 22 de septiembre de ese mismo año. Dos meses más tarde el propio Guillermo y su familia volvían a ceder la gestión a personas ajenas. En esta ocasión, los accionistas entregaron la propiedad a la empresa al grupo EMESCO por una peseta. La nueva gestora intentó la recuperación de la empresa hasta octubre de 1990, año en que cedió la sociedad a Equity Managers, S.A. y que, a su vez, también fracasó en su intento de relanzamiento de Aranzabal, S.A.