Kontzeptua

Metalurgia en Gipuzkoa y Bizkaia

La metalurgia es el conjunto de industrias dedicadas a la elaboración de los metales. Dentro de esta aceptación, la metalurgia del hierro para su transformación en acero se denomina siderurgia. En el presente concepto de metalurgia se abordan aquellas empresas que compraban el hierro ya elaborado a las siderurgias, para transformar esta materia prima en los más variados productos, desde buques hasta pequeños componentes para máquinas herramientas. En el País Vasco, la metalurgia entronca con la tradición ferrona y ha sido subsidiaria directa de las grandes empresas siderúrgicas asentadas en Bizkaia.

La metalurgia vizcaína surgió al amparo de una potente industria siderúrgica que le proporcionaba una materia prima de buena calidad a precios competitivos.

Una vez constituida la gran industria siderúrgica en los márgenes del Nervión, el efecto de arrastre para la creación de nuevas empresas fue fulminante hasta 1917. A pesar de que esta zona fue el germen y principal asentamiento industrial de la provincia, hay otros dos puntos en los que se desarrollaron sendos núcleos industriales de importancia, el Duranguesado y el valle del Cadagua.

Dada la complejidad de las actividades metalúrgicas vizcaínas, en cuanto la diversidad de sus producciones y su dispersión muchas veces en pequeños y medianos talleres, es difícil hacer un seguimiento pormenorizado de este sector. Son dos fuentes principales las que nos aportan información sobre la situación de la metalurgia vizcaína a principios del siglo XX, las estadísticas industriales de 1900 y 1907.

La metalurgia era el sector que dominaba el panorama industrial bilbaíno a principios del siglo XX, ejerciendo una hegemonía que no perdería a pesar del desarrollo de otros sectores. Este grupo productivo estaba vinculado directamente con la producción del mineral de hierro vizcaíno. La diversificación dentro del sector abarcó todos los procesos de producción metalúrgica, centrándose fundamentalmente en los talleres de fabricación de troquelerías, maquinaría y metalisterías, además de la práctica totalidad de los astilleros vizcaínos.

Los talleres de transformaciones metálicas estaban situados en las inmediaciones de las grandes siderurgias, concretamente en las zonas de Bolueta, Deusto, Erandio, Olaveaga y Zorroza, zonas próximas también a los medios de transporte que podían abastecer a estas factorías de las materias primas y mano de obra necesarias para su producción. Algunas de las empresas situadas en estas áreas eran: Alambres del Cadagua, Babckock & Wilcox, S.A. Aurrera, Sociedad Española de Construcciones Metálicas, Sociedad Santa Ana de Bolueta,Sociedad de Tubos Forjados y Talleres de Deusto.

En cuanto a la construcción de buques, fue en la zona comprendida entre Deusto y Zorroza donde estaban asentados dos grandes astilleros vizcaínos: Euskalduna y Astilleros del Cadagua. Los beneficios acumulados durante la Guerra Europea, permitieron el desarrollo de este sector y su proyección internacional. Con la crisis económica de 1923 estas empresas y sus subsidiarias tuvieron que reorientar su producción hacia las construcciones mecánicas, en particular, la construcción de material ferroviario.

En la zona comprendida por los municipios de Barakaldo, Sestao y Santurce-Santurtzi, se encontraba enclavada la gran siderurgia vizcaína. El predominio de este sector era total en esta área y en 1907 tan solo estaban reseñados, dentro del sector metalúrgico, los Astilleros del Nervión y La Naval en Sestao y Alambres del Cadagua en Barakaldo.

El valle del Ibaizabal era otro núcleo de actividades metalúrgicas. A principios del siglo XX se observaba en los municipios de Galdakao, Lemoa, Amorebieta y Durango, un claro predominio del sector metalúrgico. Era una época en la que el espacio industrial bilbaíno comenzaba a saturarse, y la especialización industrial del valle del Ibaizabal siguió las pautas marcadas por la industrialización bilbaína, es decir, el predominio del sector metalúrgico. Este sector, heredero de las antiguas ferrerías, contaba en un principio con fundiciones de hierro y cobre en Galdakao y Amorebieta. Posteriormente derivó también hacia la fabricación de ferretería, herramientas, tornillos y sartenes. Utilizaban en su mayor parte hierros laminados provenientes de la siderurgia bilbaína.

El Bajo Cadagua, se vio influenciado directamente por el desarrollo minero de Triano, y por el industrial de la zona de Barakaldo-Sestao. En el caso de la zona comprendida entre Balmaseda y Güeñes, surgieron, entroncando con las actividades tradicionales, algunos pequeños talleres para el tratamiento de materiales no férricos (cobre, estaño y plomo).

Tres ejemplos de la metalúrgica vizcaína: la Compañía Euskalduna de Construcción y Reparación de Buques, La Naval y Babcock and Wilcox.

La Compañía Euskalduna de Construcción y Reparación de Buques fue creada en 1900 como iniciativa de los principales navieros de Bilbao, en particular, Sota y Aznar. Por lo tanto, Euskalduna nació como un complemento a las empresas navieras con el único objeto de construir y reparar buques. Aún así, a partir de 1922, se comenzó a trabajar una amplia gama de productos como el material rodante ferroviario, aparatos de industria química, maquinaria, etc.. Sin embargo, la actividad productiva de esta empresa siempre estuvo presidida por la construcción naval.

La Naval debe su existencia al Programa Naval del Estado, elaborado en 1908. Diversas empresas españolas (entre las que destacanAltos Hornos de Vizcaya, Duró Felguera y Española de Construcciones) con un 60% del capital social, y las británicas Vickers Sons and Maxim Ltd., W.G. Armstrong Whitworth and Cª Ltd. Y John Brown and Cª Ltd., con el restante, consiguieron el concurso público abierto por el Gobierno y crearon La Naval.

La nueva empresa recibió de la Armada, en 1909, el astillero de El Ferrol, el astillero de Cartagena y los talleres de artillería de La Carraca. En 1914, adquirió la factoría Matagorda e inició la construcción de una nueva factoría en la ría de Bilbao, a la que añadieron mediante compra los Astilleros del Nervión. Sus instalaciones se completaron con la construcción de una nueva factoría en Reinosa. Con estos medios esta compañía llegó a convertirse en una de las empresas más importantes de España, no solo en la construcción naval sino también en el conjunto del sector metalúrgico.

Babcock and Wilcox surgió de la iniciativa de la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España que la creó en 1918 en Bilbao con un capital de social de 20 millones de pesetas. En sus instalaciones ubicadas en Galindo fabricaban desde locomotoras a vapor hasta un amplio catálogo de productos (calderas, grúas, estructuras tubulares...).

La economía de la posguerra española estuvo marcada por la autarquía y un absoluto intervencionismo estatal. En esta etapa de reconstrucción se concedió mucha importancia a la recuperación de la actividad industrial. Por ello, la industria vizcaína contó durante este período con el apoyo estatal. Sectores como el siderúrgico, el naval o las transformaciones metálicas se beneficiaron de importantes pedidos estatales de material ferroviario.

Para 1944 la Cámara de Comercio de Bilbao indicaba que la recuperación de las principales actividades económicas de Bizkaia era evidente, sobre todo, en la industria. La falta de artículos manufacturados del extranjero y la iniciativa de los inversores vizcaínos habían provocado el establecimiento de muchas y variadas industrias y la ampliación y mejoramiento de las ya existentes.

El sector naval estuvo particularmente protegido durante estos años ya que, entre otras medidas del gobierno, se imponían importantes recargos a la importación de buques y se fijó la exclusividad de la navegación de cabotaje para los buques de bandera y construcción española. El sector naval vizcaíno también se benefició de encargos del Gobierno, pero hasta 1958 no se produjo un crecimiento del tonelaje entregado a los armadores por los astilleros de la provincia.

Otro sector industrial que se potenció y adquirió entidad en Bizkaia durante la posguerra fue el de la máquina-herramienta. Este tipo de industria se vio favorecido, sobre todo, por las trabas del gobierno franquista a las importaciones. A esto hubo que añadir que los habituales suministradores europeos de estos productos, tampoco los exportaban porque estaban inmersos en la reconstrucción posterior a la II Guerra Mundial. Otro factor decisivo para el desarrollo de la máquina herramienta en Bizkaia era la existencia de mano de obra especializada, a causa de la tradición y la implantación de escuelas de formación profesional.

Con el Plan de Estabilización de 1959 se sentaron las bases de la consolidación de la metalurgia vizcaína. Al dotarse a las empresas de cierta libertad en la formación de los precios de cara al mercado interior y a la exportación, se dirigieron las producciones para ajustar los precios y mejorar las calidades. Como consecuencia de este Plan de Estabilización se abandonó la política de intervención estatal y la economía vasca se integró en el marco económico occidental. Se dio comienzo a un desarrollo económico que se extendió desde 1960 hasta 1977.

Las industrias, animadas por el Estado, se lanzan a importar bienes de equipo y tecnología para lograr un excedente con el que acudir a los mercados de otros países. También se era consciente de la natural limitación en la capacidad del consumo del mercado español, lo que hacía preciso orientar la producción hacia los mercados exteriores.

Al inicio de la década de los sesenta, después de la importancia del sector siderúrgico dentro de la economía vizcaína, van adquiriendo entidad y peso sectores como el de la construcción naval, material ferroviario y la industria metalúrgica. Junto a las explotaciones tradicionales de productos básicos de hierro y de acero, se potenció también la exportación de transformados metálicos.

Las continuas aceleraciones y desaceleraciones de la economía vizcaína surgidas de la aplicación arbitraria por parte del Gobierno de diferentes Planes de Desarrollo, sumieron a la industria durante 1966 y 1967 en una crisis. Con estos Planes de Desarrollo se favorecían otras áreas económicas en detrimento de las industrias vizcaínas. Este crisis coincidió con la aparición de ciertas corrientes de opinión contrarias a una protección arancelaría artificial para las industrias y que abogaban por la reestructuración de ciertos sectores anticuados e ineficaces, entre los que se incluía la construcción naval.

Las entidades económicas reconocían que la capacidad productiva del sector naval era superior a la que se desarrollaba en esos momentos, pero achacaban esta situación a las malas condiciones crediticias que padecía el sector. Mientras tanto, el sector vinculado con los transformados metálicos, formado en su mayor parte por pequeñas y medianas empresas, subsistía especializando sus producciones a las demandas de los mercados interior y exterior.

La crisis que azotó a los países industrializados en 1973 no tuvo sus primeras manifestaciones en la industria vizcaína hasta 1977. A pesar de este retraso sus consecuencias fueron devastadoras, en particular para la siderurgia y aquellos sectores que de ella dependían.

De este modo, tanto el Gobierno de España como el Gobierno Vasco desarrollaron sus propios planes de reestructuración. Desde Madrid se adoptaron diferentes medidas de reconversión para los siguientes sectores: siderurgia integral, acero común, electrodomésticos línea blanca y construcción naval.

Por su parte, el Gobierno Vasco desarrolló también sus propios planes de reestructuración de aquellos sectores que, teniendo una importante presencia en el País Vasco, no entraban en el programa estatal.

Ninguna entidad económica vizcaína negaba la necesidad de un plan de reconversión del sector naval. Al margen del importante número de personas que empleaba, unas 150.000, y de su notable peso dentro del comercio exterior estatal, el sector naval tenía un efecto multiplicador importante que había que potenciar con la reestructuración. Por lo tanto, se pensaba que un requisito indispensable había de ser el tratamiento conjunto de los elementos que integraban este sector: la industria auxiliar, la construcción naval propiamente dicha y la marina mercante. Como objetivos prioritarios se marcaron la adecuación cuantitativa y cualitativa de la producción de los astilleros a la nueva situación de la demanda mundial.

El plan de reconversión aplicado a los astilleros vizcaínos fue extremadamente duro. En la década 1976-1986, de cada diez empleos destruidos en el conjunto de los astilleros públicos, nueve se perdieron en las factorías que Astilleros Españoles S.A. (AESA), tenía en la ría de Bilbao, lo que representaba la desaparición de 5.000 puestos de trabajo. Además, se calculaba que a estos desempleados había que añadir un tercio de los empleos de los pequeños y medianos astilleros de la Ría, y que iba a afectar a otros 150.000 trabajadores de las industrias auxiliares de la construcción naval, ubicadas mayoritariamente en el País Vasco.

Por lo que respecta a los astilleros de Euskalduna, las entidades económicas vizcaínas indicaban que esta empresa no había dejado de dar beneficios hasta 1978 y que contaba con la mayor productividad del conjunto de astilleros del sector público. Achacaban la pérdida de competitividad de esta empresa a su integración el 1 de diciembre de 1969 en Astilleros Españoles S.A.. Además, consideraban descabellado plantear el cierre de un astillero cuya tecnología era puntera y que contaba con una estructura adaptada a la construcción de barcos para los que había una demanda.

En cuanto a la reconversión del sector de "línea blanca", ésta se basó en la reestructuración de las plantas. Las empresas de electrodomésticos se habían empeñado en fabricar de todo, al amparo de una sociedad en crecimiento que introducía en sus casas todos los adelantos posibles. A la saturación de los mercados se añadió la crisis económica internacional.

El inicio de la reestructuración de este sector data de septiembre de 1980, año en el que el Gobierno decretó su reconversión. Al año siguiente se publicó el "Libro blanco" con las nuevas líneas a seguir, y en 1983 el Gobierno aprobó una serie de ayudas extraordinarias destinadas a aquellas industrias que voluntariamente quisieran acometer su reforma.

La capacidad productiva del sector disminuyó un 14%, pero al mismo tiempo se produjo un importante saneamiento que permitió afrontar con mayor rigor una futura ordenación. La Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos Económicos fijó el nuevo marco de ordenación del sector entre abril de 1984 y noviembre de 1985. La nueva estructura quedó configurada en base a la formación de tres grandes grupos que representaban más del 90% de la actividad del sector. Uno de estos tres componentes era el Grupo Vasco de Electrodomésticos (Gruvesa) compuesto por Frabrelec, Ulgor, Fagor y Mayc.

Con esta distribución del sector de fabricación de electrodomésticos de línea blanca, el Ministerio de Industria dio por finalizada la fase de ordenación. Los objetivos principales de esta fase eran: especializar las fábricas mediante el cierre de cadenas productivas redundantes, acordar intercambios de productos y la complementariedad de las gamas, y ampliar el programa de inversión en reindustrialización.

Por lo que respecta a la reconversión del sector de los aceros especiales, a diferencia de lo que ocurrió en la siderurgia integral, sólo afectó al 62% de las empresas, puesto que la situación del resto era satisfactoria. Los objetivos de la última etapa del plan de reestructuración, iniciado en 1984, después de una fase de saneamiento, se centraron en obtener una mayor competitividad mediante mejoras en la calidad y en los costes.

La reestructuración empresarial de este sector quedó prácticamente finalizada ese mismo año. Siguiendo la dinámica de concentración y especialización prevista en el plan de reconversión, se constituyó Acenor, asociación de empresas que agrupó a Echevarría, Pedro Orbegozo, Aceros de Llodio y Forjas Alavesas. Posteriormente participó OLSA.

A partir de la integración el 1 de enero de 1986 en la CEE, a los problemas de competitividad derivados de una mayor costo final de los productos vascos frente a los europeos, se añadieron también la implantación del IVA, la desaparición de la desgravación fiscal a la exportación y la irrupción de importaciones masivas de origen comunitario. En 1993 entró en vigor el Acta Única Europea y, con ella, la libre circulación de personas, capitales y mercancías.

El crecimiento económico fue, desde 1986 hasta 1990 continuado. Aún así, el sector de bienes intermedios, mayoritario en la industria vasca, tuvo una evolución más desfavorable, dada la influencia que tuvo en este gran grupo productivo el sector siderúrgico, el más perjudicado por la competencia comunitaria y por la recesión de las exportaciones. La industria de bienes de consumo, por su parte, se mantuvo en una fase de estancamiento, debido a que gran parte de la demanda generada por la recuperación del consumo privado había sido desviada a productos de importación de origen comunitario.

En 1990, a pesar de que se produjo un descenso en el volumen de producción, la fabricación de bienes de equipo (maquinaria, material eléctrico y material de transporte) seguía con una tendencia al alza. Dentro de las exportaciones, la venta de maquinaria, tanto mecánica como eléctrica ha seguido un ritmo de crecimiento.

Frente a esta coherencia general del sector metalúrgico vizcaíno, cabe indicar que con los Planes de Reconversión se dio cierre en 1987 a una de sus empresas más emblemáticas, la Compañía Euskalduna de Construcción y Reparación de Buques.

En Gipuzkoa el sector metalúrgico ha supuesto la seña ineludible de su desarrollo económico. De la crisis del sector armero surgió, gracias a la iniciativa de los patronos, un nuevo modelo industrial que ha sabido adaptarse a las nuevas exigencias del mercado.

La tradición ferrona de Gipuzkoa tuvo su continuidad en el moderno sector metalúrgico. Durante el último tercio del siglo XIX los cambios técnicos y las nuevas demandas del mercado derivaron en una necesaria renovación de la industria metalúrgica tradicional. El precedente inmediato de esta revolución fueron los cambios que surgieron en los sectores textil y papelero. La competencia de la siderurgia vizcaína también influyó en el tardío despegue de la actual metalurgia guipuzcoana. A esto hubo que añadir la falta de materias primas apropiadas que requerían las nuevas técnicas siderúrgicas.

Mientras tanto, Gipuzkoa seguía aferrada a su tradición ferrona ajena a los adelantos que se estaban dando en los territorios limítrofes. El primer alto horno de Gipuzkoa comenzó su explotación en 1862 en la "Fábrica de Hierros de San Martín de Urbieta" de Beasain, pero utilizaba carbón vegetal. Aún así, la industria metalúrgica guipuzcoana contaba con un suministro directo y cercano de la materia prima. Al mismo tiempo se entraba en un proceso de remodelación del sector al ser esta materia prima de mejor calidad y de menor coste.

La misma naturaleza de la industria tradicional metalúrgica guipuzcoana y la ausencia de las condiciones que generaron el despegue industrial de la vecina Bizkaia dirigieron el sector metalúrgico guipuzcoano hacia los transformados metálicos. A falta de grandes inversores fueron los pequeños y medianos empresarios los que abanderaron este modelo de industrialización. Sin grandes desembolsos de capital y partiendo muchas veces de talleres artesanales, se entró en la modernización técnica y financiera del sector.

La principal orientación de la renovada metalurgia guipuzcoana estuvo dirigida en un principio ampliar la producción de útiles y herramientas. Dos fueron los factores que entroncan con esta renovación: la labor de asesoramiento llevada a cabo por laReal Sociedad Bascongada de Amigos del País, a lo que se añadió la tradición armera de Plasencia, Eibar, Elgoibar, Ermua y Bergara.

El precedente cercano de esta reactivación de los transformados metálicos se encuentra en una serie de factores que favorecieron su temprana expansión: el traslado de las aduanas a la costa (1841); la venta libre de armas en la península (1860); la apertura de nuevos mercados, americanos y europeos principalmente; la desaparición del sistema gremial; y, por último, los avances tecnológicos.

Inmediatamente después de ponerse en funcionamiento el horno alto de Beasain, surgieron a su sombra numerosas empresas metalúrgicas de pequeño y mediano tamaño. La producción de armas se incrementó, al igual que la de otros productos de ferretería y herramientas.

A estas pequeñas y medianas empresas comenzaron a unirse otras de mayor tamaño, como por ejemplo la S.A. Aurrera de Eibar. Fundada en 1883, surgió de la iniciativa de un grupo de industriales eibarreses. Dentro de esta dinámica, en 1877 se creó la fábrica San Pedro de Elgoibar. A estas empresas se fueron añadiendo las de Molinao en Pasaia, la Fundición Fossey en Lasarte y la Real Compañía Asturiana de Minas en Errenteria. Dentro de un mayor ámbito de integración empresarial se encontraban laUnión Cerrajera, la Compañía Auxiliar de Ferrocarriles (C.A.F.) y Patricio Echeverria.

La mayoría de estas empresas se caracterizaban por su escaso volumen y capacidad productiva. Se trataba de un tipo de empresa de pequeñas y medianas proporciones. Según indica la Estadística Industrial de 1915, no llegaba a la docena el número de fábricas que tenían más de cien empleados.

La iniciativa de todos estos empresarios pasaba por diversificar la producción. En 1859 comenzaron a asociarse algunos de los maestros pertenecientes a los antiguos gremios. En Eibar un grupo de estos renovadores se aunó para formar una sociedad con el objeto de fabricar componentes muy específicos para distintos tipos de armas. En Placencia de las Armas fundaron en 1862 la empresa "Euskalduna" especializada en la producción de armas.

Unos años antes, en 1859, los hermanos Orbea había dado paso a la producción de carabinas en su taller de Eibar. Además de introducir novedades técnicas en el proceso de fabricación, fueron los primeros en aplicar la energía eléctrica en 1890. Con el uso de la electricidad, la producción armera se disparó. A los hermanos Orbea, como mayores fabricantes, se les añadieron las firmas Larrañaga y Joaristi. Otros fabricantes, aunque con un menor volumen de producción, eran: Victor Sarasqueta, Arizmendi, Trocaola, Aguirre, Zamacola y Cía, Crucelegui, Anitua, Beristain, etc. La producción de armas se centraba en Eibar, Placencia y, sobre todo, en Elgoibar.

A pesar del aumento de la demanda durante la I Guerra Mundial, con la llegada de la paz en 1917 la industria armera guipuzcoana entró en una profunda crisis. La excesiva dependencia de los mercados exteriores y la competencia de los productores extranjeros dieron paso a una nueva etapa de la metalurgia.

La solución a la crisis del sector vino dada por la diversificación de las producciones. De este modo se inició la fabricación de nuevos productos o se retomó otros elaborados tradicionales con destino a una demanda cada vez más diversificada y ávida de innovaciones.

Entre estas nuevas producciones nos encontramos: bicicletas (G.A.C., Orbea); máquinas de coser (Alfa); máquina herramienta (Parabán y Cía, Orbea y Larrañaga, Juan Esperanza, Cruz, Ochoa y Cía, Estarta y Ecenarro), aparatos eléctricos (Anitua e Hijos, Solac); tornillería, (Aguinaga, Lete, Egaña y Madina); aparatos eléctricos (Hormaechea); utensilios domésticos (Elma); forja y estampación (Garaciaga); máquina-herramienta (Arriola y Cía, Forjas de Elgoibar, Alcorta, Unzueta y Cía, Mugarza, Ugarte y Cía, Crucelegui Hnos.); cerrajería (La Industrial Mondragonesa y Metalurgica Cerrajera); ferretería (Roneo y Altuna y Garay).

En los años 20, en el área de Donostia-San Sebastián se encontraban los Talleres Urcola y Herederos de Ramón Mugica, ambos dedicados al material ferroviario entre otras producciones y, también, la empresa Honorio Alberdi S.A. que fabricaba muelles de acero. En Pasaia y en Zumaia surgieron empresas metalúrgicas vinculadas con los grandes astilleros (Fundiciones Luzuriaga y Balenciaga respectivamente).

Otros centros importantes de la producción metalúrgica guipuzcoana se encontraban en Azcoitia (Acerías y Forjas de Azkoitia S.A.), en Tolosa (Fundiciones Tellería) y en Lazcano (Forjas Hijos de A. Albisu).

Aunque a mediados de los años veinte el mayor peso de los transformados metálicos recaía todavía en la fabricación de armas, los incipientes cambios en la producción auguraban una renovación total del sector.

A los desastres de la Guerra Civil se unieron el aislamiento internacional y el bloqueo de la posguerra. La restricción de la producción afectó básicamente a las pequeñas empresas, ya que las fábricas integrales contaban con el mercado español para colocar sus productos.

A mediados de los años 50, a pesar de la escasez de materias primas y reducción de los mercados, la metalurgia guipuzcoana vuelve a situarse a la cabeza de la industria de este territorio. Los efectos de la crisis de los 70 y la reestructuración de finales de los 80 no restaron iniciativa a este sector que apostó por las nuevas tecnologías y por la diversificación.

Tres modelos de empresa metalúrgica guipuzcoana: Patricio Echeverría, Compañía Auxiliar de Ferrocarriles y la Unión Cerrajera.

Las tres empresas más representativas del sector metalúrgico guipuzcoano han sido: Patricio Echeverria en Legazpia, la Compañía Auxiliar de Ferrocarriles (C.A.F.) en Beasain y la Unión Cerrajera en Arrasate-Mondragón.

Patricio Echeverria comenzó como trabajador en pequeños talleres hasta que en 1908 fundó con otros socios "Segura, Echeverria y Cía". Su producción se centraba en la elaboración de herramientas agrícolas y todo tipo de útiles para trabajos de minería, carpintería y cantería. En pocos años esta empresa se consolidó como un referente no solo regional, sino también estatal. Finalizada la I Guerra Mundial, Patricio Echeverria tomó las riendas del negocio y en 1938 se inscribió como sociedad anónima bajo el nombre "Patricio Echeverria S.A.".

En esta empresa se atendía el proceso completo de fabricación, desde la fundición hasta elaboración de todos los componentes de las herramientas. En 1931 se instaló un horno eléctrico para la fundición. Contaba con todas las nuevas infraestructuras necesarias e, incluso, su propia central eléctrica.

El nombre comercial con el que Patricio Echeverría sacaba al mercado sus herramientas agrícolas era el de "Bellota". Esta marca llegó a convertirse en un referente de buena calidad y prestigio tanto en los mercados españoles como exteriores.

Además de la fábrica de Legazpia, en 1940 se abrió otra factoría en Idiazabal y en 1978 en Olloqui (Navarra). La expansión internacional vino dada a finales de los 80 y principios de los 90 con la apertura de sus sedes en Venezuela, Colombia y México.

A principios de los 90 se abordó una reorganización empresarial con lo que la Corporación Patricio Echeverría S.A. se dividió en cuatro sociedades: Patricio Echeverria Aceros S.A., Patricio Echeverria Forja S.A., Bellota Herramientas S.A. e Inversiones S.A.. En 1993 se creó definitivamente El Grupo Siderúrgico Vasco, del que la corporación posee el 17% de su capital social.

La Compañía Auxiliar de Ferrocarriles (C.A.F.) surgió en el término de Beasain. Su origen está en la Fábrica de Hierros de San Martín de Urbieta, fundada en 1860. En 1862 y 1865 se levantaron en esta empresa los primeros altos hornos de Gipuzkoa. Finalizada la Segunda Guerra Carlista se volvió a poner en marcha esta factoría bajo el nombre de Goitia y Cía. Ante la dificultad de competir con la siderurgia vizcaína, la producción de esta fábrica se derivó a la elaboración de hojalata, siendo la primera en este tipo de elaborados a nivel estatal.

En 1892 la empresa Goitia y Cía. se constituyó una nueva sociedad, La Maquinista Guipuzcoana, para elaborar maquinaria y material móvil de ferrocarril, además de construcciones metálicas para edificios, puentes y obras de todo género. Para asegurarse la cota de mercado se creó en 1901 una nueva razón social que se inscribió en registro industrial de Bilbao bajo el nombre "Sociedad Española de Construcciones Metálicas".

La I Guerra Mundial supuso una época de bonanza para esta empresa pero por la falta de espacio no podía atender la totalidad de los pedidos. La Compañía Auxiliar de Ferrocarriles (C.A.F.), que se creó en 1917, arrendó ese mismo año la "Sociedad Española de Construcciones Metálicas" aunque hasta 1925 no adquirió esta empresa. El objetivo de la C.A.F. era la construcción, compra, venta y alquiler de vagones y la producción de aquellos materiales necesarios para la explotación de ferrocarriles y tranvías.

En los años veinte, en plena fiebre de la construcción de los ferrocarriles secundarios en España, la creciente demanda hizo aumentar considerablemente la producción. Se fabricaban todo tipo de material móvil, locomotoras eléctricas, coches automotores y tranvías. Pero como consecuencia de la quiebra del sector ferroviario español, entre 1931 y 1936 la demanda de vagones se redujo drásticamente. La solución a este problema vino dada por la diversificación de la producción. Se comenzó la fabricación de maquinaria agrícola y de componentes para automóviles.

En la década de los 50 se consiguieron solventar las dificultades de producción que surgieron en la posguerra. Con la liberalización de los mercados se entró en el expansionismo económico de los años 60 y 70. Se modernizaron por completo las instalaciones de Beasain. En 1971 se creó la firma "Construcciones y Auxiliar de Ferrocarriles (C.A.F.)".

La tercera gran empresa metalúrgica guipuzcoana es laUnión Cerrajera de Mondragón. Su origen está en el taller de Vergarajauregui, Resusta y Cía que se fundó en 1869 en Zaldibar. En 1890 esta empresa absorbió la fábrica de Echeverría y Cía en Arechavaleta y en 1901 instalaron un horno alto en Bergara. Ese mismo año se fundó en Arrasate-Mondragón La Cerrajera Guipuzcoana que entró en plena competencia con Vergarajauregui, Resusta y Cía en la producción de ferretería. El buen advenimiento entre ambas empresas propició en 1906 su fusión en una única sociedad, así nació la Unión Cerrajera.

La nueva empresa tenía instalaciones en Arrasate-Mondragón, Bergara y Aretxabaleta. A los altos hornos de Bergara se añadieron tres hornos Siemens Martin. Pero ante el menor costo de los lingotes producidos por la siderurgia vizcaína, se optó en 1928 por comprarlos directamente a Altos Hornos de Vizcaya. Desaparecieron los altos hornos y los hornos Siemens se sustituyeron en 1926 por nuevos hornos eléctricos.

Dentro de la metalurgia guipuzcoana también hay que reseñar la presencia de aquellos astilleros que recogieron el testigo de los tradicionales carpinteros de ribera. Los astilleros han jalonado durante siglos la costa guipuzcoana, pero la renovación de la flota pesquera y comercial con buques de construcción metálica trajo la reconversión de este tipo de industria. Dos fueron los puntos donde se asentó esta industria de construcciones metálicas: Pasaia y Zumaia.

En Pasaia ya se reseñaban a finales del siglo XVI la presencia de los astilleros reales. En 1845 hablaba de la existencia de este gran astillero que empleaba a 500 operarios. En 1937 se fundaron en Pasajes de San Juan los Astilleros Clemente Goldaracena. Pasada la posguerra se especializaron en balandros para los socios del club náutico de San Sebastián, en pesqueros y en motoras. En 1970 cerraron por falta de pedidos.

En 1943 se localizaba también en Pasaia los astilleros de Vitoria Luzuriaga. Instalados inicialmente en San Pedro, pasaron en 1955 a Pasajes de San Juan. En 1945 estaban censados en San Pedro los astilleros de Pablo Ascorreta y la Sociedad Erquicia, Arrazola y Uranga. En Pasajes de San Juan, en este mismo año, se reseñaban los astilleros de Eduardo Laboa y Clemente Goldaracena.

El otro punto de construcción naval era Zumaia. En 1913 había tres empresas que se dedicaban a esta actividad. Astilleros del Urola, propiedad de la firma Eraso y Cía., que se transformó en 1925 en "Arrizabalaga y Olasagasti". Su tamaño y producción era mayor que la de los otros dos astilleros, el de Domingo Aramberri y el de Julián Alberdi. En 1922 se fundó la empresa Balenciaga y Cía. Dedicada en un principio a la construcción de maquinaria y calderería, pronto se dedicó a la construcción metálica de barcos.

Dentro de este sector de la construcción naval hay que indicar que el paso de la construcción en madera a la utilización integral en metal de los buques ha sido un lento proceso. Aunque la propulsión a vapor exigía la construcción de calderas metálicas, los cascos de los buques seguían construyéndose en madera. Con la utilización del motor a explosión y el abaratamiento de los costos de la producción se fue introduciendo la construcción metálica de los buques.

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