Léxico

VASCO-IBERISMO

Teoría histórico-antropológica según la cual los primeros pobladores de la península ibérica habrían sido los vascos -o antepasados suyos- que, al advenimiento de los romanos, se habrían latinizado, salvo en los alrededores de los Pirineos, donde habrían conservado la lengua vasca.
HISTORIA.
Orígenes. Esta teoría, que cuajó en todo su esplendor entre los s. XVI y XVIII, está sustentada en una frase del cronista judeo-romano Flavio Josefo (s. I), según la cual Tubal, nieto de Noé, fundó el pueblo de los "tubelos, los que ahora se llaman iberos". A partir de esta frase y de sus sucesivas interpretaciones -la Biblia será siempre en Europa, hasta bien entrado el s. XVIII, el referente último- se irá tejiendo un entramado de suposiciones cada vez más complejo y doctrinal.
Las dos Iberias. El hecho de que los autores grecolatinos hablaran de dos Iberias, una en el Cáucaso (actual Georgia, ex URSS) y otra, la hespérica, en el Mediterráneo (actuales España y Portugal), abrió paso, asimismo, a la formulación de hipótesis diversas relacionando a una Iberia con otra. San Jerónimo y San Isidoro se inclinan ya por la Iberia hespérica como la poblada por Tubal.
Rada: los iberos en el Pirineo. La existencia de un río Ebro -Iber, en Ptolomeo (s. II), cercano al Pirineo, permite al historiador Ximénez de Rada (el Toledano), navarro del s. XIII y probablemente euskaldun, interpretar que los tales iberos eran los iberos occidentales ya que los hijos de Tubal:

"después de recorrer diversas provincias con despierta curiosidad se dirigieron a los confines del occidente, y una vez llegaron a España fueron los primeros habitantes de las alturas de los Pirineos y se convirtieron en pueblos numerosos que fueron llamados al principio Cetubeles, como coetus Tubal o multitud de Tubal".

Rada hace una exposición de los orígenes de Europa con sus lenguas y denomina al euskera lengua de "los vascones y navarros" (Navarra, comarca dentro del área vascona). Según Rada "los cetubeles así se dilataron hasta ser grandes pueblos y descendieron a las llanuras de España y junto al río que ahora se llama Ebro fundaron villas y aldeas y ciudades, y como se quedaron allí, los que antes se llamaban cetubales, corrompiendo este nombre por el del río Ebro, se llamaron celtiberos".
Hacia la identificación iberos = vascos. Según Tovar (1980: 19), la presencia del euskera, durante la Edad Media, en zonas de la Rioja y de lo que luego será provincia de Burgos, facilitaría la identificación de estos primitivos pobladores con los vascos, únicos hablantes de una lengua a todas luces prerromance en la península. Recoge también Tovar el temprano testimonio de Enrique de Villena (1384-1434):

"Algunos dicen que la lengua que primero los regnos de Castilla tenían era vyzcaina; pero yo nunca lo ví en lugar abtentico".

Dada la importancia del criterio de autoridad y de la concepción genealógica en la historiografía clásica, no ha de extrañar que la identificación de Rada engrose como bola de nieve. El exégeta del s. XV llamado "el Tostado" dice ya que Tubal "se estableció en la bajada del monte Pirineo, en el lugar que se llama Pamplona", y que sus descendientes bajaron a las llanuras de España. Por las mismas fechas, Lope García de Salazar (1967, II, 358), cronista vizcaino, sitúa el primitivo solar tubálico en zonas vasconas, entre el puerto de Axpe, puerta del condado de Jaca, y los montes de Oca que separaban a la Bureba, de habla vasca, de Castilla:

"Así ha contado la ystoria como/ de los siete fijos de Jafet de Noé/ se poblaron muchas tierras en Oc/ dente, entre los cuales Tubal, que/ era quinto fijo,a esus fijos e genera/ ciones venieron a Spaña e pobla/ ron en la Ribera de Ebro fasta los / puertos de Aspa e llamaron aquella/tierra toda Carpetania, e poblaron/ en ella quatro cibdades: la primera/ fue Oca, que es encima de los mon/ tes de Oca; la segunda es Calaho/ rra; la otra es Tarazona; la otra/ es Zaragoza. E despues tendieron/ se por toda España/".

La toponimia comienza también a ser esgrimida en apoyatura de la tesis (Ocampo, 1553), concretamente los nombres Tudela (Tubella) y Tafalla (Tuballa). Tubal, padre de los iberos, estaría en el origen del "vasquence, lengua que agora hablan los vizcainos", dice Pedro de Medina, cosmógrafo del s. XV, del que se hace eco el cronista Beuter, que identifica a los iberos con los navarros y también con los cántabros, iniciando, dentro del vasco-iberismo, la prolífica y longeva teoría vasco-cantabrista. v. VASCO-CANTABRISMO.
El esplendor vasco-iberista. En el s. XVI (Marineo Sículo, Morales, etc.), período en el que se inicia la reflexión sobre las peculiaridades del vascuence, el vasco-iberismo está generalizado y sobre él se desarrolla, como si fuese un corolario, la teoría cantabrista que, para poder hacerlo, deberá de desplazar el centro de gravedad -Tubal- a las orillas del Cantábrico. Incluso el P. Moret, al que puede conceptuarse de poco receptivo a la teoría cantabrista, admite que "así en tiempo de los Romanos, como antes y después de ellos, las provincias y gentes del vascuence han conservado la sangre y origen español más puramente y sin permixtión de naciones advenedizas. Lo cual ayudó para conservar la lengua primitiva", que es el euskera. Garibay (1533-1599), campeón del cantabrismo y también vascoparlante, abunda en el argumento toponímico y etimológico; la lengua vasca y su pueblo vinieron del Cáucaso, de la otra Iberia, lo cual explica nombres comunes como Araxes-Araiza, Ararat-Aralar, etc. Igual criterio sostiene el bachiller Poza (1547-1595), que extiende la teoría a factores supralingüísticos como el uso del tocado corniforme, común a ambos pueblos. Baltasar de Echave en sus Discursos de la antigüedad de la lengua cántabra Bascongada de 1607 abunda en esta tesis. Larramendi se sumaría a esta interpretación aduciendo, sin embargo, que los "antiguos españoles (los bascongados) pasaron a poblar la Iberia asiática".
Difusión internacional del vasco-iberismo. Larramendi establece la conexión jesuítica en el pensamiento vasco-iberista dándole así difusión internacional. Ello acaece sobre todo a partir de la expulsión de la Compañía en 1767 y el encuentro, en un ambiente propicio a la libertad intelectual (Italia), de eruditos jesuitas de varios países. La importancia del conquense Hervás y Panduro (1735-1809), por ejemplo, con su Catálogo de Lenguas conocidas (Idea dell-Universo, 1784), es muy de destacar ya que se hace eco de Larramandi y de sus pruebas de la relación entre las dos Iberias, es decir, entre los georgianos y los vascos. También le tienta la opinión larramendiana de que el latín posee voces tomadas del euskera y la identificación de los oscos (pueblo que habitó la Campania prerromana) con los euskos o vascos. Hervás debió de tomar contacto con Astarloa y Moguel a finales del s. XVIII y dedicó su Catálogo de 1804 a "las tres nobilísimas provincias de Vascongados españoles". También es posible que conociera a Humboldt cuyas obras, inéditas, llegó a manejar. Por otra parte sabemos que la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País se interesó también por la cuestión, como acreditan los datos epigráficos y paleográficos acumulados en el Fondo Prestamero, especialmente un "Plan de antigüedades reducido a dos artículos y 80 proposiciones cuyo principal objeto se dirige a probar que las monedas, inscripciones y medallas antiguas españolas de caracteres celtibéricos y béticos están escritas por lo común en lengua vascongada", obra de Luis Carlos Zúñiga. Con el respaldo de la autoridad de Hervás, Juan Antonio Moguel efectúa una lectura euskerista de la toponimia italiana y del latín, con lo que la península italiana aparece como el puente entre las dos Iberias, la caucásica y la hespérica. Astarloa (1752-1806) llegará a ver en la lengua de estos iberos la lengua natural primitiva, anterior a las otras lenguas. Evidentemente, las exageraciones y desquiciamientos vasco-iberistas hay que situarlos no sólo en su contexto cultural sino también en la delicada encrucijada política del momento: ofensiva central contra los Fueros vascos. Las "Luces" fueron puestas al servicio del Despotismo ilustrado unitarista, sobre todo a partir de la Guerra de la Convención. Uno de sus representantes (Traggia), escribirá en el "Diccionario Geográfico-Histórico de España" que el vascuence no es lengua original sino lengua introducida "a mediados del siglo VIII para figurar sus naturales total independencia del extranjero"; se ataca la lengua para poder alcanzar mejor a los Fueros. Los dislates vasco-iberistas y vasco-cantabristas hay que cotejarlos con los dislates de este talante ya que, como observa atinadamente A. Tovar (1980: 132), "la lucha de teorías sobre la lengua vasca encubría en realidad cuestiones políticas y administrativas".
La aparición de Humboldt. Pero, a finales del s. XVIII cuando el criticismo moderno y el interés político hacen rodar por los suelos el tubalismo y sus derivaciones, hace su aparición en la escena el sabio prusiano Guillermo de Humboldt, padre de los estudios vascos y de la lingüística moderna en Europa. Rechazando las exageraciones de Astarloa, Erro y otros pero sometido aún a las orientaciones de Larramendi, Humboldt analiza los nombres ibéricos peninsulares (radicales y derivados) comparándolos con los vascos y llega en su Prüfung de 1821 a la conclusión de que la toponimia peninsular debía de ser dividida en dos grandes familias: por un lado, los topónimos celtas en -briga y, por otro, los topónimos ibéricos en -ili, -iri, -uli, concluyendo que "la formación de los nombres de lugar ibéricos sigue en total el sistema fonético de la lengua vasca", principio que aún hoy es sustentado por los principales lingüistas (Tovar, 1980: 156). De esta forma, el vasco-iberismo a escala peninsular, caucionado en su aspecto linguístico por la ciencia alemana -que siguió en masa al sabio de Potsdam- y la mayoría de los lingüistas del mundo, ha llegado hasta nuestros días (Schuchardt, Menéndez Pidal, Hübner etc). Para Humboldt Aquitania "era tan sólo una continuación de los poblamientos ibéricos." El revolucionario descubrimiento, en el último cuarto del s. XIX (Luchaire, 1877) de un parentesco evidente entre la onomástica aquitana de la época romana y el euskera medieval y moderno, es decir de la incontestable unidad de esta lengua en las dos vertientes del Pirineo, no afectó al vasco-iberismo, que se limitó a ampliar su área al SO de Francia. No ocurrió igual con el supuesto origen euskérico de diversos topónimos italianos ni la existencia de relaciones vasco-caucásicas, tesis defendidas también, pero por más reducido número de estudiosos, entre los cuales el P. Fita y el italiano Trombetti. De todas formas, puede decirse que, a partir de Humboldt, dentro del vasco-iberismo científico quedan disociados los conceptos de etnia y de lengua. Pero, la carencia de Universidad, las guerras civiles y la agitación política propiciaron que, a lo largo de todo el s. XIX, el tubalismo y sus mitos sustitutorios (románticos) enturbiaron la investigación lingüística e histórica. Así, en la Condaira de Iztueta publicada en 1847 se recoge acabadamente el modelo mítico vasco-iberista popular, como puede advertirse en los fragmentos iniciales siguientes:

"Hace ya más de cuatro mil años que Tubal, nieto de Noé, quinto hijo de Jafet, llegó con sus familiares de Armenia a España; era a los ciento cuarenta y tres años desde que tuvo lugar el gran diluvio, a los dos mil ciento setenta y cuatro años antes de nacer Cristo, según dicen Flavio Josepho, San Gerónimo, don Rodrigo, arzobispo de Toledo y otros muchos, en sus obras memorables. Este dichoso y amado Patriarca Tubal desembarcó con su gente en la costa de Guipúzcoa y tan pronto como vió sus parajes, tierras, montes y rocas, se percató de que todos eran muy semejantes a los de Armenia. Por lo mismo, se puso en marcha con alegría y rapidez hacia los bosques de aquí y de Navarra, en busca de alimento, y sus opiniones y proyectos quedaron plenamente colmados (...). Pero, según como va el tiempo, así suelen olvidarse las cosas disminuyendo el miedo del Diluvio, y, por otra parte, de las vegas la tierra fértil y humedosa atrayéndoles con su pingüe grosor, comenzaron a bajar de las laderas de los montes hacia las anchas vegas, donde, habiendo preparado con esmero campos largos y lozanos, cubrieron bien pronto los linajes limpios de Tubal por completo la España entera".
Estado actual de la cuestión lingüística. Ya en nuestro siglo, Schuchardt reconoce el parentesco vasco-aquitano y considera al ibérico como una forma antigua del euskera, cosa que no acepta Bähr. En la actualidad la cuestión vascoiberista sigue detenida en las pocas certidumbres alcanzadas. En lo referente a la Iberia hespérica o peninsular, los estudios de Tovar, Gómez Moreno -que consiguió descifrar entre 1925 y años sucesivos la escritura ibérica- Fletcher Valls, Bosch-Gimpera, Corominas y Koldo Mitxelena, demuestran la existencia de cierto parentesco entre el ibérico y el euskera pero vedan cualquier afirmación tajante. Las conclusiones (1964) de este último son:

"El ibérico en sentido lingüístico, tal como hoy se puede precisar, es la lengua hispánica antigua no indoeuropea que conocemos por inscripciones, generalmente en un sistema indígena de escritura llamada también ibérica, en la costa Mediterránea a partir de Ensérune en Francia y en el valle medio del Ebro. La lengua, aunque notada en otra escritura no descifrada en todos los puntos, parece ser la misma en algunos epígrafes de Andalucia. La dificultad del problema, tal como se halla planteado, consiste en que disponemos de dos grupos de datos que no se acierta a reconciliar bien entre sí. De una parte, observamos en esos textos toda una serie de coincidencias con el vasco. Estas coincidencias o semejanzas afectan a los sistemas fonológicos, ya que el del ibérico, en la medida en que lo podemos adivinar a traves de la escritura, parece no haber sido muy distinto del vasco antiguo, tanto en el número y naturaleza de sus unidades como en las posibilidades de combinación de éstas. De aquí resulta el curioso aire vasco que tiene un texto ibérico leído en voz alta según nuestro saber y entender. El acuerdo no se reduce a las unidades distintivas, sino que llega también a las significativas. Ciertos morfemas ibéricos que la repetición nos permite aislar en los textos coinciden con morfemas vascos no solamente en su configuración general -en la llamada forma canónica-, sino también en el número, orden y naturaleza de los fonemas que los componen. Así, palabras vascas como argi (luz, claro), beltz (negro), lagun (compañero), osaba (tío), etc., parecen tener su correlato en inscripciones ibéricas. Además, como últimamente ha sugerido convincentemente Tovar, índices gramaticales como el ibérico -en parecen coincidir con los correspondientes vascos tanto en la forma como en el sentido: vasc, -en (de). Frente a esto se alza un solo hecho, de fuerza incontrastable. Las inscripciones ibéricas pueden ser leidas, gracias a D. Manuel Gómez Moreno, salvo en algún punto dudoso, pero siguen sin ser entendidas. Y esto, digan lo que digan los no especialistas, a duras penas podría ocurrir si el ibérico fuera una forma antigua del vasco o, por lo menos, una lengua emparentada de cerca con él. No es que los sonidos vascos no hayan cambiado en el curso de los dos últimos milenios ni que el vasco no haya perdido en ese período una buena parte de su léxico antiguo, pero los cambios fonéticos son recuperables en su mayoría -es decir, pueden ser reconocidos, lo que nos permite reconstruir formas más antiguas que las atestiguadas en la lengua histórica- y las pérdidas sufridas en el acervo léxico no son tan grandes como para que no podamos reconocer bastantes palabras vascas en un corto número de nombres propios aquitanos atestiguados en los primeros siglos de nuestra era. Se esperaría, pues, que, si la suerte nos depara algún texto seguido en vasco antiguo, seríamos capaces de comprender su sentido general, aunque se nos escaparan muchos detalles, y de reconocer la estructura gramatical de sus frases. Nada de esto ocurre, sin embargo, con los textos ibéricos. Sea como fuere, el hecho es que el ibérico constituye hoy por hoy el campo más prometedor, por sus mismas dificultades y hasta contradicciones, para quien desee penetrar en la prehistoria de la lengua vasca. No es posible predecir, con todo qué nos van a revelar esos textos el día que su estudio, apoyado en aparición de nuevos materiales , esté más adelantado".

En lo referente a la relación del euskera con las llamadas lenguas caucásicas, las conclusiones son también cautas. Tovar y otros afirman la existencia de ciertas concomitancias. Dice Tovar (1980):

"Sólo en un par de los caracteres que la tipología del orden de palabras de Greenberg toma en cuenta (orden nombre-adjetivo, demostrativo postpuesto) coincide el vasco con el celta insular y con el bereber. En todos los demás (verbo al final, postposiciones, genitivo antepuesto, como también oración de relativo delante del antecedente) el vasco coincide con lenguas cuyo centro parece estar en Europa oriental o más allá: así las caucásicas o las indoeuropeas más antiguas (sánscrito, hetita, en parte el latín)".

Pero este parentesco no puede ser probado positivamente según Mitxelena (1964):

"pero el argumento decisivo que nos lleva a considerar no probado el parentesco lingüístico vasco-caucásico es otro. La reconstrucción comparativa que intenta penetrar en la prehistoria de las lenguas, en su pasado no directamente atestiguado, no tiene razón de ser más que en función de la historia y se justifica en la medida en que sirve para aclarar genéticamente los estados de lengua documentados. Y es indiscutible que, desde este punto de vista, la hipótesis del parentesco lingüístico vasco-caucásico se ha mostrado hasta ahora singularmente infructífera. Los enigmas de la prehistoria del vasco y de las lenguas caucásicas, que no son pocos ni de pequeña entidad, no han recibido luz alguna de los ensayos comparativos hasta ahora realizados, y mientras esta situación continúe, es decir, en tanto que la hipótesis siga siendo ineficaz y estéril, no podrá pasar del estado de creencia o, a lo sumo, de opinión personal, muy respetable por otra parte. Es evidente, además, que tal hipótesis no podrá servir para gran cosa en tanto que el trabajo de reconstrucción dentro de cada grupo, del lado vasco y sobre todo del lado caucásico, no esté más avanzado de lo que está". Ver IBERO.
Persistencia del vasco-iberismo en Georgia. La creencia vasco-iberista en lo referente a la Iberia caucásica remitió en Vasconia tras la guerra civil. Sin embargo, en Georgia (ex URSS) ha gozado y goza aún de una gran difusión y popularidad. Prueba de ello es el viaje intentado en el s. X por Y. Mtatzmindeli para establecer contacto con el pueblo vasco considerado hermano, y el llevado a cabo por el Director del Instituto de Estudios Jaféticos de Leningrado, Nico Marr, a comienzos de este siglo, que desembocó en una nutrida producción sobre el tema vasco-caucásico. v. CAUCASICO. En 1977 comenzó a impartir clases de lengua vasca en la Universidad de Tbilisi la profesora Greta Chantladze. En 1978, Xabier Kintana, académico de Euskaltzaindia, visita, a su vez, Georgia pronunciando una serie de conferencias de resonante éxito. Dos años después se inauguraba en la Universidad de Tbilisi la sección de Filología Vasco Kartvélica y la Academia de Ciencias de Georgia formaba a una lingüista y a una etnógrafa en el tema. Tres georgianos tomaron parte, a su vez, en los Encuentros Internacionales de Vascólogos celebrados en Vizcaya ese año dando a conocer las actividades vasco-georgianas efectuadas en su país y el estado de los estudios comparados vasco-caucásicos. Entre las monografías sobre el tema publicadas recientemente, se puede mencionar el libro Los vascos y los georgianos, inmediatamente agotado, de Shota Dzidziguri. Hay también un artículo importante de V. Zytsar, Sobre la situación lingüística en Euskadi, en "Literaturnaya Gruziya, 1980, nº 2). Se han editado traducciones de varios trabajos de R. Lafon y del libro de Antonio Tovar La lengua vasca. Destacan asimismo la publicación de las impresiones de Kintana sobre Georgia, de gran popularidad, la resonancia del libro de Dzidziguri Viaje a Euskadi (agotado), varios artículos en los periódicos y revistas. Hoy no hay apenas en Georgia una persona medianamente culta que no haya leído los materiales señalados, que no esté al corriente de la problemática vasca y, finalmente que no haya visto el film de G. Asatiani Euskadi. En el IX Congreso de Estudios Vascos de 1983 el tesón de los georgianos dió una nueva prueba con la presentación de dos comunicaciones, una sobre el gran teórico N. Marr, y otra sobre las visitas efectuadas al País Vasco por la escritora Balabonova. El vasco-iberismo parece ser todavía una cuestión abierta.
  • Bladé, F.: Les Ibères, "Revue de l' Agenais", 19, 1892
  • Bouda, K.: Baskisch-kaukasische Etymologien, Heildelberg, 1949
  • --: L'euskaro-caucasique "Hom. Urquijo", III, 207-232
  • Caro Baroja, J.: Vasco e ibérico, "Zumárraga" n. 4, Bilbao, 1955, 45-46
  • Corominas, J.: Estudis de toponimia catalana, vol. I, 1965, Ed. Barcino, Barcelona
  • --: Elementos prelatinos en las lenguas romances hispánicas, Actas del l Coloquio sobre lenguas y culturas prerromanas en la Península Ibérica. Acta Salmanticensia, Salamanca, 1976
  • Deeters, G.: Armenisch und Südkaukasisch, Leipzig, 1947
  • --: Der Name der Kaukasischen Iberer, Mné-me-s Khárin. Gedankenschirft P. Kretschmer, Viena, 1956
  • Dirr, A.: Einführung in das Studium der Kaukasischen Sprachen, Leipzig, 1928
  • Dumézil, G.: Introduction à la grammaire comparée des langues caucasiennes du nord, Paris, 1933, Bibliothèque de l'Institut Français de Léningrad, XVI, cap. V
  • --: Langues caucasiennes , "Germanen und Indogermanen", 1936
  • --: Basque et caucasique du nord-ouest. Examen de rapprochement lexicaux récemment proposés, "Journal Asiatique", 1971, CCLIX, 139-161
  • Fletcher Valls: Problemas de la lengua ibérica, Valencia, 1960
  • Hübner, E.: Monumenta Linguae Ibericae, 1893, Berlin
  • Humboldt, W.: Prüfung der Untersuchungen über die Urbewohner Hispaniens vermittelts der Baskischen Sprache, 1821 (ed. esp. Madrid, 1959)
  • Lafon, R.: Les origines de la langue basque, Conférences de L' Institut de Lingüistique de l' Université de Paris 10 (1950-51)
  • --: Concordances morphologiques entre le basque et les langues caucasiques, Word 7 (1951)
  • y 8 (1952), "Etudes basques et caucasiques", Salamanca, 1952
  • --: Le géorgien et le basque sont-ils des langues parentes?, Bedi Karthlisa, núms. 26-27, noviembre 1957
  • Luchaire, A.: Les origines lingüistiques de l' Aquitaine, B.S.L.A.P., 1876-7, 349-423
  • Mitxelena, L.: Entre otros, Sobre el pasado de la lengua vasca, Colección Auñamendi, n. 36, Auñamendi, San Sebastián, 1964
  • Schmidt, K.H.: The two Ancient Iberias from the linguistic Point of View, Studia Paleaeohispanica, UPV-EHU, 1986
  • Schuchardt, H.: Baskisch-hamitische Wortverglechungen, RIEV, 7, 1913
  • Torroja Menéndez, J.M.: Sistemas del Mundo desde la Antigüedad hasta Alfonso X el Sabio, Inst. España, 1981, 258
  • Tovar, A.: Comentarios en torno a la lengua ibérica, Zephyrus 12, 1961
  • --: Vasco y lenguas caucásicas: indicios tipológicos, Euskera 24, 1979
  • --: Das Irische und die Typologie, Wechselbeziehung... für O. Szemerényi, Amsterdam, 1980
  • --: Mitología e ideología sobre la lengua vasca, Alianza Editorial, Madrid, 1980
  • Uhlenbeck, C.C.: Basque et ouralo-alta;auique, RIEV 6, 1912, 412-414
  • Unamuno, Miguel de: Crítica del problema sobre el origen y prehistoria de la raza vasca, tesis doctoral leida en Madrid el 20 de junio de 1884
  • VVAA: Actas del IV Coloquio sobre lenguas y culturas paleohispánicas, "Veleia" 2-3, Vitoria, 1885.

Idoia ESTORNÉS ZUBIZARRETA