Concepto

Nombre

Palabra con que se designa una persona o cosa para distinguirla de las demás, izen (c), uzen (B); uraren izena bethi bat da, ez ordea ura (Ax.), el nombre del agua es siempre el mismo, pero el agua no lo es (traduc. de un texto de Séneca); haren izen sainduari (Ax.), a su santo nombre; au asi zan Jaunaren izenari ots egiten (Ur.), este comenzó a invocar el nombre del Señor; edozeinek dau uzena (Refr.), cada cual tiene nombre; gaiztoak daude uzen geiago urde-barruak baino (Refr.), más nombres que el interior del puerco tiene el perverso; etzait gogora heldu mendi horren izena (Lh.), etzait gogoratzen mendi horren izena, no me viene a la memoria el nombre de esa montaña.

Título de una cosa por el cual es conocida, izen, titulu.

Fama, reputación o crédito, izen (c); ots, hots (c), ospe (B, AN, L, BN), ospa (BN), ospen (AN), omen (AN, L, BN), entzute (B), lelo (BN), fama (H.); buen nombre, buena fama, izen on (c); mal nombre, mala fama, izen txar (c..); eta urruti du hedaturen bere izena (J. Etch.), extenderá lejos su nombre; ediren bedi liburutto hunetan Echaus eta Echausen omena eta izena (Ax.), figure en este librito Echaus y la fama y nombre de Echaus; etxagun izen onaren zalea nazan aldeti (Per. Ab.), considerándome como un propietario celoso del buen nombre; urruneko neskak anderauren hots (Oih., Prov.), las criadas de país lejano (tienen) fama de señoras; ots txarreko etxe ta lekuetatik urrun bizitzea (Mend.), que vivan lejos de casas y de lugares de mala fama.

Denominación, cualificativo, izen (c), deitura ; n. dado por los hermanos más jóvenes al hijo mayor, añe (L); n. que da una niña a una hermana mayor, aña (R, voc. puer.); n. con que se designa a todo vasco no suletino, en contraposición al de üxkaldun, los suletinos, manex (S); n. con que los gitanos, designan a todos los que no son ellos, egaxu (git.); n. propio para designar bueyes y vacas, erko (B); n. de ganado vacuno, biando (G, J. G.); n. que se usa para llamar al carnero, matxin (B, G); holakoari etzaio eman behar gizonaren izena (Lh.), a un tal ser no se le debe dar el nombre de un hombre.

El nombre de Dios expresando su soberanía, su grandeza, Jainkoaren izena: nazioneoguziek goiets ezazu Jainkoa, goiets Jainkoaren izena (Lh.), todas las naciones, alabad al Señor, alabad el nombre del Señor.

Parte de la oración con que se designan las personas o cosas por su naturaleza, esencia o sustancia, llámase también "nombre sustantivo", izen.

Adjetivo. Parte de la oración que se junta al sustantivo para calificarlo o para determinarlo, izenlagun.

O común, o genérico. El que conviene a todas las personas o cosas de una misma clase, dei-izen, mota-izen, izen arrunt.

De pila. El que se da a la criatura cuando se bautiza, izen (c..), izen ttipi (T-L), bataio-izen; ene izena Joanes da, deitura aldiz Etxeberri (Lh.), mi nombre de pila es Juan, y mi apellido Echéberri; izena dut Betiri, deithura Harriaga (Lh.), mi nombre de pila es Pedro, mi apellido Harriaga.

Numeral. El que expresa número, zenbaki (lumero) -izen.

Propio. El que se da a persona o cosa determinada para distinguirla de las demás de su especie o clase. izen berexi (esk.), izen beheki (Lh.), izen berezi.

Sustantivo. Parte de la oración con que se designan las personas o cosas, izen .

De nombre. No en realidad, izenez (c); izenez zuhurra da, izanez ez (Lh.), de nombre es sabio, de hecho no lo es.

En el nombre. Por intercesión de, izenean (c); en el nombre de Dios, Jainkoaren izenean (c), Jainkoa gatik (H.), Jaungoikoarren, Jainkoarren (B); en el nombre de Jesucristo, Jesukristoren izenean; probeari emaiten diozunean Jainkoaren izenean (Ax.), cuando das al pobre en el nombre de Dios.

En nombre de. En representación de, izenean (c); aldez (B), aldetik, partetik (G), partez (L, BN, S), y con los sufijos -ketz, -kez (BN, S), -kexi, -exi (S): de mi parte, niketz (BN, S), nikexi (S); de parte de usted, zuketz (BN, S), zukexi (S); de parte de nosotros, guketz (BN, S), gukexi (S); de parte de él, harketz (Ax.); noren izenean heldu zare? (Lh.), ¿en nombre de quién viene ud.?; ene izenean (Ax.), en mi nombre; berorren aldez (Mog.), de parte de vos; emaizkiozu eskumuñak nere aldetik (G), errozu goraintzi ene partez (Lh.), dele (dígale) saludos de mi parte; nikexi jin dadiala (S), de mi parte (dígale) que venga; gukexi goraintzi amari (S), recuerdos a la madre de nuestra parte; Jaungoiko Aitaketz (Az.), de parte de Dios Padre; Jainkoakez egorria (S. P.), enviado de parte de Dios; goraintziak egiotzu nikez (S. P.), dele ud. memorias de mi parte; eta hartarakotzat joan behar gatzaitza aitaren partez mintzatzera eta erran behar diogu harketz molde hunetan (Ax.), y para ello debemos ir a hablarle de parte del padre, y le diremos de su parte de esta manera.

Poniendo por testigo, izenean (c); Jainkoaren izenean egin du (Lh.), lo ha hecho en el nombre de Dios.

Tener por nombre. Llamarse, izena izan (c): eritzi (G, L), eritxi (B), (hoy se usa sólo conjugado), deitu (L, BN, esta acepción parece extraña a nuestra lengua); por nombres, llamado, conocido por, izenez (c), izeneko (L. M.), otsez (BN, S); nola duzu izena?, nola deritzazu?, nola deitzen zare? (Lh.), ¿cómo se llama usted?; nola duk izena? (Az.), ¿cómo te llamas?; zelan dau izena zure aitak? (B), nola du izena zure aitak? (G), zelan deritxo zure aitari? (B), nola deritzaio zure aitari? (G), nola deitzen da zure aita? (Az.), ¿cómo se llama vuestro padre?; Simon dot (det, dut) izena (Az.), me llamo, tengo por nombre, Simón; hari eritziren zaio Emmanuel (Leiz., Prolo. a N. T.), deithuren dute haren izena Emmanuel (Leiz.), se le llamará Emmanuel; Kristo deritzana (Ur.), Kristo deitzen dena (Duv.), llamado Cristo; bolsa oni deritzaio kapulea (G, Diál. bas.), a esta bolsa se le llama capullo; alan derist Peru Landetako (Per. Ab.), así es que me llamo Pedro de Landeta; Ander izeneko (L. M.), de nombre, o llamado, Andrés; gizun bat bazen Ellande otsez (Lh.), había un hombre llamado Arnaldo; Ameriketara joan zan gizon batMartin otsez (Az.), fue a América un hombre llamado Martín.

Diccionario Auñamendi

El área actual de habla vasca que posteriormente se llamará Vasconia o Euskal Herria aparece en las descripciones grecolatinas como una tierra dividida en circunscripciones tribales dependientes de los vascones, várdulos, caristios, autrigones y tarbelios, nombres que, por otra parte, no parecen vascos (Michelena, 1964; Tovar, 1980) sino denominaciones otorgadas por los geógrafos y cronistas o por los pueblos circunvecinos. Pese a que, según es comúnmente admitido por los lingüistas e historiadores, el área antigua del euskara (o protoeuskera) debió de ser mucho mayor (límites pirenaicos de Aragón y Cataluña, Rioja, Burgos, Soria, Aquitania), vamos a referirnos en este artículo únicamente a aquellos nombres que ha recibido el colectivo vasco como un todo a lo largo de los tiempos históricos.

Como lengua no cultivada, puede decirse que el euskara se halló en situación de inferioridad a la hora de enfrentarse, al alborear la Era Romana, con el latín. De esta forma, al efectuarse, tanto la lectura como la escritura sólo en esta última lengua, el nombre indígena que los vascos se autootorgarían (euskaldunak) no se ha conocido hasta bien entrada la Edad Media. Únicamente conocemos, en consecuencia, el nombre que "los otros" dieron a este pueblo tribal asentado a ambos lados de los Pirineos entre los galos, por el norte y noeste y los celtíberos e íberos por el sur, nombre que los mismos vascos utilizarían a la hora de hacer uso de la escritura. La carencia de testimonios escritos hasta finales de la Edad Media, incluso la ausencia de nombres nacionales en los primeros testimonios, no autorizan a afirmar que tales nombres no existieran aunque impidan asimismo toda aseveración apodíctica respecto a nombres que se documentan con posterioridad. La situación diglósica de la tierra vasca retrasa así considerablemente la documentación de los nombres en lengua autóctona.

El nombre que reciben los vascos parece reflejar, hasta cierto punto, la imagen que éstos tienen de sí mismos así como también la que resulta de la "visión de los otros". A estos efectos podríamos distinguir tres ciclos diferentes y que dan lugar a nuevos nombres documentados:

CICLO AGNÁTICO (los linajes)
Antigüedad - Alta Edad MediaNombres Tribales grecolatinos
Vascones
Alta Edad MediaVasconia
Pamplona
CICLO TERRITORIAL (nación lingüística)
Baja Edad MediaSubnombres territoriales
b/vascongados
Euskaldunak
Epoca ForalPersistencia de los anteriores. Bizkaia, Navarra.
Cantabria, Bizkaia y Navarra
Euskal Herria
Vasconia como arcaismo culto.
CICLO NACIONALISTA (nación política)
PrenacionalismoPaís Vasco. País b/vascongado.
País Vasco-Navarro. Euskeria
Aranismo y epígonos-Euskadi, Euzkadi.
  • 1. Ciclo agnático.

La persistencia del sistema de linajes hasta finales de la Edad Media impidió que el conjunto de éstos fuera conocido con un nombre propio que abarcara a todo el etnogrupo. Este va a ingresar en la historia como un conjunto de gentilidades, primero, y bajo el nombre común de una de ellas, luego. En efecto, desde la caída del Imperio, los cronistas bárbaros romanizados (Isidoro, Fredegario, etc.) se referirán sólo a los vascones (Schulten, 1927) como los levantiscos habitantes de los Pirineos occidentales otorgando el latinizado nombre de Vasconia a todo el conjunto. Este va a ser el más antiguo de los nombres conocidos y el que, a pesar del transcurso de los siglos y de sus diversas peripecias llegará hasta nuestros días. Aparecerá en singular o en plural (Idacio, siglo V; Isidoro, siglo VII) debiendo referirse, en este último caso, a las dos vertientes pirenaicas. La creación en el siglo VII de un Ducado de Vasconia de contornos bien definidos por el norte (Novempopulania) e imprecisos por el sur dará consistencia a la denominación.

Pero, la aparición en el siglo IX del Reino de Pamplona hará que Vasconia pase a denominar con el tiempo sólo el área vasca del norte de los Pirineos. Como observa atinadamente Jimeno Jurio (1980),"frente a la Vasconia peninsular, denominada "Pamplona", (el Norte) conservó el primitivo nombre de Vasconia (Wasconia, Gascuña) hasta muy avanzada la Edad Media". La división de las dos Vasconias fraguó incluso en dos nombres, Wasconia Gascuña al norte de los Pirineos, e Spanoguasconia, al sur de los mismos (Anónimo de Rávena, siglo VII). La voz vascones va a desaparecer en la vertiente sur salvo en los cronistas musulmanes, que seguirán refiriéndose a los bascuni, o en los cronistas latinos que utilizarán la voz con un significado sólo idiomático (basconea lingua, Leire (1060)). Así, mientras el término sobrevive al norte de los Pirineros, a través del latín, dando luego alternancia a la voz b/vasco (Tierra de B/Vascos, por ejemplo), el paso a los romances se traducirá en el sur en un adjetivo idiomático nuevo, b/vascongado, equivalente al autóctono euskaldun cuyo antónimo se documenta en el siglo XIII (doc. de Eslava: García Erdalduna).

  • 2. Ciclo territorial.

El fin del Reino de Pamplona, que llegó a abarcar durante varios siglos a toda la Vasconia peninsular, supuso la reducción del mismo a un mosaico compuesto por el Reino -ahora de Navarra- y sus tres "seniorados": Álava, Vizcaya y Guipúzcoa. Tanto éstos como la "Tierra de Vascos" (Sexta Merindad navarra y las tierras vascas de la Corona Inglesa) constituirán una nación lingüística, Euskal Herria, cuyo nombre aparece en letras de molde de la mano del calvinista Leizarraga (1571) y cuya capitalidad es colocada por Joannes Etcheberry de Ziburu (1665) en Pamplona: Iruñea, eskualdunen iri buruzagia. La conciencia idiomática supera a la meramente agnática. Del choque entre el linaje y la territorialidad (la Hermandad territorial) surge, tras la inclusión de Navarra en la Corona de Castilla, una visión distinta: el "pueblo vasco" dentro del conjunto de los pueblos de la Monarquía castellana. De ahí la necesidad de reinterpretar el pasado por parte de vizcaínos, alaveses y guipuzcoanos, necesidad mucho menos perentoria en el caso del Reino de Navarra cuyo pasado soberano se halla en la memoria de todos.

El cantabrismo, doctrina según la cual los vascos actuales serían los descendientes de los nunca conquistados cántabros de la época romana, dotó a los tres antiguos seniorados navarros de los argumentos necesarios para justificar un status peculiar dentro del Estado. La tierra de los b/vascongados o euskaldunes fue denominada Cantabria (Lucas del Tuy, -1349), Nación Bascongada (Baltasar de Echave, 1607), el Bascuence (AGN, leg. 6, carp. 13), Vizcaya (autores del Siglo de Oro castellano), Navarra (al vascoparlante en la Corona de Aragón) y también, de forma bipolar, Navarra y Vizcaya, ya sea de manera explícita (Gracián, Criticón, I, 4), ya metafórica (el tordo vizcaíno y el cernícalo navarro de Lemus, siglo XVII), ya política (Gobierno de Navarra y Gobierno de Vizcaya en 1810). El más vigoroso, el más longevo de todos estos nombres fue Cantabria que en el siglo XVIII había atravesado la frontera (Bela, Sanadón) dotando de justificaciones ideológicas a la lucha antiseñorial y antiabsolutista de los vascos de Francia. Consignemos, pese a todo, que la diversidad de nombres no fue óbice para que se usaran indistintamente y para que persistieran los subnombres territoriales o se crearan nuevas denominaciones parciales como, en el siglo XVIII, Provincias B/Vascongadas o Provincias Exentas que aludieron conjuntamente a los tres territorios vascos occidentales contiguos al Reino de Navarra. Vasconia, como arcaismo culto, reapareció en dos obras producidas al norte de los Pirineos: en la Linguae Vasconum Primitiae de Dechepare (1545) y en la Notitia vtrivsque Vasconiae tvm Ibericae tvm Aquitanicae de Oihenart (1638). El movimiento romántico y las auras nacionalistas del siglo XIX le darían la oportunidad de reaparecer para designar a toda la tierra vasca, sustituyendo al puramente idiomático Euskal Herria cuya extensión territorial, cada vez más mermada, le hacía inapropiado para designar a todos aquellos vascos que entre los siglo XVIII y XIX iban perdiendo el uso de la lengua vernácula e incluso la memoria de su uso.

  • 3. Ciclo nacionalista.

Es comúnmente admitido que durante los últimos decenios del siglo XVIII el triple ataque -historiográfico, económico y político- a la foralidad va a desencadenar un mecanismo de defensa que sienta las bases del nacionalismo postnapoleónico. Durante este período el galicismo país aparece en la primera "Conferencia" escrita por Larramendi hacia 1759, como sustentáculo de la "nación vascongada". Poco después prohijan la expresión los caballeritos de la RSBAP. En el primero, el país comprende a los vascohablantes de Francia y de España. En los segundos se alude sólo a Álava, Guipúzcoa y Vizcaya aunque, de hecho, entre los miembros de la benemérita sociedad abundaron los navarros. A éstas se refiere también Landázuri en su Historia del ilustre "País Bascongado" escrita hacia 1780. Sin embargo, la Diputación navarra se incluye a sí misma cuando exhorta a Astarloa en 1803 a "que no tenga ocioso su talento y se sirva de él para justificar la buena causa de este País Bascongado contra tantas plumas que parece han hecho empeño en sublevarse llevando por objeto el derogar o disminuir su gloria" (Rodríguez Garraza, 1988: 305).

De una nación puramente idiomática, el centralismo borbónico acabará haciendo una prenación política. Una vez más, la visión de totalidad del etnogrupo viene del Norte. Bela y Sanadón (1785) hablan de un País Vasco (Basque) que ya no es sólo la Tierra de Vascos (Laburdi, Baja Navarra y Zuberoa, luego sólo Baja Navarra) sino que abarca a lo que Zamácola denomina en 1818, en su exilio francés, "las naciones bascas de una y otra parte del Pirineo septentrional". El adjetivo castellano vasco, rarísimo en épocas anteriores (Lope García de Salazar (Lib. X, fol. VII; Poza, 1587) para designar algo que no fuera al súbdito de la Navarra francesa, aparece por primera vez calificando a todos los habitantes de la antigua Vasconia. No tendrá, sin embargo, mucho éxito en unos años en que ésta aparece claramente dividida en Navarra, Provincias Vascongadas y Pays Basque. De esta forma, durante la primera guerra carlista y la inmediata postguerra vasco, basque, baskischen será el adjetivo empleado por los extranjeros frente al vascongado del habla castellana. Al hilo de estas novedades y de la convergencia espiritual que se opera entre los años 1840-1868 se inicia el ciclo del adjetivo vasco-navarro llamado a tener un gran éxito y a durar hasta nuestros días. Acompañará a la voz país desde los aledaños de la segunda guerra carlista siéndole disputada la preeminencia por el sintagma País Vasco que se abre paso, no sin dificultades, en el habla castellana (ej. Anteproyecto de Estatuto de 1931 de la Sociedad de Estudios Vascos) sin conseguir triunfar plenamente hasta bien entrado nuestro siglo (Saroihandy, 1924: 602). Completa el ciclo nacionalista la familia de palabras derivadas del radical eusk-, familia que parece tener su progenitor en Augustin Chaho autor de una Histoire primitive des Euskariens-Basques (1847). El adjetivo euskaro se populariza enormente a partir de la segunda guerra carlista acompañando también a la voz país. Tal es así que a la generación prearanista de los 80-90 se le ha denominado popularmente la de "los euskaros". De ella brota el nombre Euskeria, precedente inmediato del Eus/zkadi aranista. Este último vocablo y sus familiares eusko y euskotar, obedecen a la necesidad que experimentó Arana de hallar una voz equivalente a vasco/basque, una voz que se refiriera no tanto a la condición idiomática del sujeto sino a su calidad de nativo de Vasconia. Esta denominación nacionalista se abrió camino a través de la lucha política a lo largo de la II República, el exilio y el período franquista, tocando techo en el Estatuto de Gernika de 1979 que, aún reservando la posibilidad de que Navarra formara parte del ente autónomo, enunciaba que la Comunidad Autónoma del País Vasco quedaba integrada por Álava, Guipúzcoa y Vizcaya. Esto y la constitución, en 1984, del Gobierno de Navarra, ha hecho perder en los últimos tiempos el valor nacionalitario de la voz Eus/zkadi que, como también País Vasco, ha pasado a designar, de facto, a las Provincias Vascongadas. Esta es la razón de que ciertos sectores nacionalistas prefieran volver a utilizar las voces Vasconia o Euskal Herria sacándolas del pasajero olvido en que se hallaban. Esta nueva actitud nacionalista viene a engrosar la de aquéllos que, sin serlo, habían vuelto a popularizar ambos nombres durante el movimiento euskalerriaco del siglo XIX.

  • CARO BAROJA, Julio. Materiales para una historia de la lengua vasca en su relación con la latina. Salamanca, 1945.
  • ECHEGARAY, Bonifacio de. Vascos y Vascongados, Bulletin Hispanique, 45, 1943, 105-106.
  • ESTORNÉS LASA, Bernardo. Historia General de Euskalerria. Época romana. San Sebastián 1978 (615 pp.)
  • ESTORNÉS LASA, Bernardo. Historia General de Euskalerria. Epoca Vascona, San Sebastián 1981 (623 pp.)
  • ESTORNÉS ZUBIZARRETA, Idoia. "Vasco-Cantabrismo" Enciclopedia General Ilustrada del País Vasco, Auñamendi, San Sebastián.
  • IRIGARAY, A. "Gentilicios del vascuence medieval", Boletín de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País, 1962.
  • LACARRA, José María. Vasconia medieval, San Sebastián 1977.
  • LEGARDA, A. de. Lo "vizcaíno" en la literatura castellana, San Sebastián, 1953.
  • MAÑARICUA, Andrés de. Álava, Vizcaya y Guipúzcoa a la luz de la historia, Durango 1977.
  • MENÉNDEZ PIDAL, Ramón. Orígenes del español, Madrid, 1929.
  • MICHELENA, Koldo. "Los vascos y su nombre", RIEV, 1984, I, 11-29.
  • RODRÍGUEZ GARRAZA. "Fueros, liberalismo y carlismo en la sociedad vasca (1770-1841)", CMV, IV, 1988.
  • SAROINHANDY, J. "Oihenart contra Garibay y Morales", RIEV, 13, 1922.
  • SAROINHANDY, J. "El Vascuence en el Collège de France", RIEV, 15, 1924.
  • SCHULTEN, A. "Las referencias sobre los Vascones hasta el año 870 después de J. C.", RIEV, 1927, 225-240.
  • CARO BAROJA, Julio. Materiales para una historia de la lengua vasca en su relación con la latina. Salamanca, 1945.
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IEZ

La antroponimia vasca ha experimentado, dentro de lo que cabe sernos conocido, una importante serie de variaciones desde la antigüedad hasta nuestros días. En rasgos generales puede decirse que de la predominantemente nativa (euskerica o relacionada con el euskara) que aparece en las inscripciones aquitanas y en la vertiente sur de los Pirineos en la Epoca Romana, se pasa, conforme avanza la cristianización a una antroponimia mixta, en la baja Edad Media y a una alienígena en la Edad Moderna y Contemporánea, paliada sólo a comienzos de este siglo por obra del nacionalismo vasco.

  • Nombres antiguos y medievales.

El estudio de los nombres antiguos vascos fue realizado por Koldo Mitxelena y, posteriormente, por J. Gorrochategui en 1984 bajo la dirección del primero. El carácter mixto pero con abundancia de nombres nativos, propio de la Edad Media vasca, puede ser observado en el siguiente elenco que abarca citas documentales del siglo IX al XIII:

  1. Abaiza, Affostar (903); Ahardia; Ahostar (911); Alabaro (873); Alaquide (siglo X); Amate (937); Ame (1034); Amusco, Analso (911); Anderejo, Anderezu (siglo X); Anderkina (1066); Andregoto (siglo X); Andronaka, Annaso (903); Araspio (929); Argilo (964); Armentari (955); Arroncio (1034); Arrasabia (1072); Arsias (siglo XII); Arzeiz (1068); Assona (siglo IX); Assuri (919); Atilo (851); Aurevita (siglo X); Auria (siglo XII); Azeari (824)
  2. Basilio (919); Begi-ederra (1080); Begi-txipia (1284); Beila (873); Belaga (siglo X); Belasquita (siglo X); Belastar (937); Belasko (1050); Belatze (1167); Belaza, Bellu (1072); Beraza, Bernardi, Bibas (947); Bitaco, Blasquiz (1050); Blasco (1050); Blasio (971)
  3. Ceiani (siglo X); Centolle (siglo X)
  4. Dadilano (851); Didaco, (947); Diego (952); Domingo, Dulquiti (937)
  5. Eilon (siglo IX); Eita (932); Eiza (931); Endregoto, Emiliani, Enneco (824); Erazu, Eriz (1027); Eximinu (1062)
  6. Fortun (siglo XI); Fortunio (1052)
  7. Gaisto (1125); Galin (1080); Galuarra, Garsoa (1024); Garseane, García (1062); Gasindo (1014); Gendul (1004); Gideri (1053); Gonzalue (siglo XIII); Goto (1068); Gutier (947); Gutisculu (948)
  8. Hanne (947); Haoztar (956); Harze (1068); Herramel (siglo X); Hobeco; Hoco; Higuscco
  9. Iaunso (956); Ionti(947); Irioz (931); Izani (950)
  10. Jhannes, Jimeno (Ximeno) (851)
  11. Kara (950)
  12. Laín (873), Lanquelle (siglo X); Laquidini (952); Liciani (873); Lifuare (937); Lope (956); Lupa (siglo X); Lupi (siglo VIII)
  13. Manxo (980); Maria (1210); Marina (964); Martin (1193); Martino (1210); Maurellu (947); Meteri, Monnio (952); Momi (883); Munio (siglo X); Munnizu (1034); Munuzu (siglo X); Musca (952)
  14. Nariate (883); Nequeti (956); Nuno (1053); Nunuto; Nunuso (1011)
  15. Obeco (1011); Ochanda; Ochoa, Ochoco, Odoario (851); Ona (siglo IX); Onneca (siglo X); Opilano (829); Oria (siglo X); Orbita (siglo X); Oriol (947); Oroivo; Orti (1072); Otsoa (Otsoco), Oxarra (1116); Ozaba, Ozanna, Ozoa (950)
  16. Paterno (950); Pero (siglo XIII); Placenti (siglo X)
  17. Quisilo (siglo XIII)
  18. Remir (siglo XIII)
  19. Salduna (siglo XII); Samurco (1072); Sancio (1062); Samacino (950); Sceme (964); Semeno; Severo (956); Seibelze (1167); Siguinu(815); Sihiminu (915); Stepharu (937)
  20. Tarasia; Tellu (siglo X); Toda (siglo X); Tota (siglo X)
  21. Uelasco (1011); Ugeniu (950); Ulaquide (937); Unuso (1070); Urdina;Urrana (952); Urraca (1011); Usoa (952)
  22. Vectre (952); Velasco (siglo IX); Vermudu, Vicenci (955); Vigila (947); Vitaco (952)
  23. Xemen (824)
  24. Zecudin (1098)

En ocasiones algunos de estos nombres aparecen con un sobrenombre euskérico como Domingo Arzaia, Lope Gutia, Lope Ezexerra, María Ederra, Manxo Izurra, Orti Baxio, Orti Zauria. Algunos nombres son netamente euskéricos como Affostar (natural de Affos), Ame (madre), Anderezu (señorita), Andregoto (señora Goto), Apalla (humilde), Arzeiz (hijo del oso), Beila (cuervo), Beltza (el Negro), Beraza (el Suave), Eita (padre), Gaisto (malo), Hobe (el mejor), Harze (oso), Launso (señorito), Monnio (cerro), Nequeti (fatigado), Ochanda (la loba), Ona (la buena), Oria (la amarilla), Ozoa (el lobo, otsoa), Salduna (caballero), Samurco (tiernecito), Seibelze (buitre negro), Velasco (cuervito).

Ya desde los siglos X y XI los documentos nos dan a conocer los nombres completos de las personas siglos antes de que tomara forma nuestro sistema actual de nombre y apellidos paterno y/o materno. Parecer ser que, con anterioridad a esos siglos, se estilaban solamente el nombre personal y el patronímico correspondiente. También vemos algunos que constan de un nombre personal y un topónimo o lugar de procedencia en locativo. Los ejemplos que siguen son del año 1053 y de tierra vizcaína:

García EtayucoMaría ZubicoPeru Iturrietaco
1.........31.........31.........3

La estructura es bipolar: nombre de santo (polo espiritual) y nombre de lugar (polo material). En este otro caso falta el polo material, pero se establece un punto intermedio filial, en nuestro caso, patronímico:

Pero OchandyzToda AcarizGarcía Carloyz
1.........21.........21.........2

Se trata en estos casos de hijo de Ochandi, de Acari o de Carlos. La forma estructural final y total parece enseguida y simultáneamente a las formas anteriores:

Pero Arceyz de VidaurreGonçaluo Garceiz de Odiaga
1..........2..........31..........2..............3

En ocasiones no basta la denominación del nombre personal, patronímico y toponímico, sino que antecede a todo un tratamiento social cuyo significado jerárquico puede deducirse del tipo de tratamiento mismo. Se emplean laun o Jaun "Señor", y Andre, "Señora"; Aitona "Abuelo" y Amona, "Abuela", Aita "Padre" y Ama, "Madre"; launso, "Señorito" y Andereño, "Señorita". Estos tratamientos se dan en todo el Reino de Pamplona desde la provincia oriental aragonesa (Andre Goto Galíndez) a las tierras de Bureba en el extremo occidental vasco.

  • Sobrenombres.

Son abundantes y se confunden, a veces, con el nombre de las personas. Podemos citar como ejemplos Beltza, "El Negro"; Zuria, "El Blanco"; Azeari, "El Zorro"; Motze, "El Rapado"; Begichipia, "Ojo pequeño, Ojitos"; Begi-ederra, "Ojo Hermoso"; Arzaia, "El Pastor" (Domingo Arzaya); Fortunio Ochoa, "Fortunio El Lobo"; Mari Ederra, "Mari Hermosa"; Lope Guti, "Lope Poco"; Martino Chipia, "Martino El Pequeño"; Ochoco, "Lobezno"; Manxo Izurra, "Manxo El Rizado"; Ochandi, Ochanda, "Loba Grande"; Salduna, "Caballero"; Seibelze, "Buitre Negro"; Domenca Beguiurdina, "Dominga Ojo Azul"; García Ezquerra, "García El Zurdo"; Domingo Latça, "Domingo El Aspero"; Pedro Sendoa, "Pedro el Robusto"; Sancho Leuna, "Sancho El Suave"; Gaisto, "Mal"; Obego, "El Mejor"; Samurco, "Tiernecito"; Oria, "La Amarilla"; Nequeti, "Fatigado"; Motzo "Rapado"; domna Issusi "doña Feal"; Uicinaya, "Vividor, Activo". Muchos de estos sobrenombres pasan a ser nombres o a hacer, con el tiempo, las veces de verdaderos apellidos.

BEL

El mundo cristiano ha usado como nombres personales aquéllos de los santos y santas cualquiera que fuera su procedencia. El repertorio de santos, el santoral, es universal, tanto por la patria de origen de cada santo como de su lengua respectiva. Los nombres usados en la edad moderna y contemporánea proceden del hebreo como Jesús, José, Isabel, Joaquín; del griego como Atanasio, Eleuterio, Teodoro; del latín, como Antonio, Augusto, Pedro; del alemán, como Alberto, Bernardo, Federico; del inglés, como Alfredo; del noruego como Magnus, etc. Entre tantas naciones importantes figura también la pequeña Euskalerria con Javier, uno sólo, pero muy difundido por el mundo. La filosofía del santoral cristiano, como repertorio de nombres, es el de la universalidad. Eso sí; cada idioma nacional los adaptaba a su fonética como Pedro en español y Pierre en francés. Del mismo modo, los nombres extranjeros fueron euskerizados, como puede constatarse en el Sainduen bizitzea (1890 y 1900) de Joannategui, aunque su uso estuvo restringido estrictamente a niveles populares ya que tanto en las parroquias como luego en los registros civiles se impuso la obligatoriedad de inscribir los nombres en la única lengua reconocida por el Estado. La estrecha colaboración entre el poder civil y el eclesiástico dio como resultado una política centralista-castellanista conjunta por parte de ambos elementos, en especial tras la Restauración de Alfonso XII en 1874. La prerrogativa regia del nombramiento de Obispos españoles, facultad compensada por múltiples privilegios para el magisterio y las instituciones católicas, tuvo la virtud de colocar en las diócesis de personalidad diferenciada -Vasconia, Cataluña, etc.- a prelados celosos de seguir las directivas gubernamentales, sobrepasándolas en casos. De esta forma, la castellanización llegó a alcanzar el 100 %, resultando inimaginable la imposición de nombres que no estuvieran en el santoral castellano.

  • Primera fase.

Se inició primero por parte de las corrientes laicistas tras las que no tardaron en llegar las nacionalistas. En 1897 Sabino de Arana Goiri publicó un santoral vasco de nombres euskerizados sistemáticamente con el título Egutegi izkattarra. Se dan en masculino y femenino, con mayor o menor acierto y sin seguir criterios científicos, pero es verdad que un buen número de nombres personales fueron rápidamente adoptados y usados a pesar de su rareza u originalidad: Iñaki, Iñake (Ignacio, Ignacia); Joseba, Josebe (José, Josefa); Josu, Josune (Jesús, Jesusa); Jon, Jone (Juan, Juana). Se difundieron hasta nombres tan disonantes para el oído español como Koldobika (Luis) y Kepa (Pedro). Unos años después Koldo Eleizalde volvía a publicarlos (1910) con algunos retoques bajo el título de Deun-ixendegi euskotará. El intento de imponer estos nombres tanto en las parroquias como en los registros civiles tropezó con la negativa de la Iglesia y del Estado, si bien es cierto que algunos pocos párrocos, tocados ya por la fiebre nacionalista, trasgredieron las órdenes recibidas. En 1910 estos hechos llegaron a conocimiento del Obispo de Vitoria, Cadena y Eleta, cuyas relaciones con el incipiente nacionalismo vasco, eran ya tensas e inamistosas. El 8 de febrero la prensa publicaba un duro documento en el que el obispo ponía en claro la postura oficial de la Iglesia española. Dicen algunos de sus párrafos:

"Mientras simples individuos del partido bizkaitarra nos han tratado con desconsideración y faltándonos al debido respeto, hemos podido callar; pero cuando estos hechos no han sido de individuos aislados, sino que ese llamado Consejo Supremo del Partido es quien nos injuria y falta al respeto, sufrir sería cobardía y callar, necia fatuidad. Decimos esto, porque ese Consejo Supremo, tomando por pretexto la negativa de bautizar en vascuence y faltando a las reglas de la cortesía y de la delicadeza y a los fueros de la verdad, nos ha dirigido en el periódico Bizkaitarra del 22 de enero una exposición, cuyo original no hemos recibido, en la que con amenazas encubiertas y frases injuriosas para el Obispo, se pide que declaremos lo que no podríamos hacer sin claudicar de nuestra autoridad. La Iglesia tiene una lengua oficial que es la latina, y ésta y no otra es la que emplea en su liturgia documental. Además, para la redacción de sus documentos, la Iglesia española tiene para sus archivos como lengua oficial la castellana y en la diócesis de Vitoria, que es parte integrante de España, por costumbre inmemorial y por expreso mandato de sus sinodales vigentes, todos los documentos que figuren en sus archivos parroquiales han de estar redactados en castellano. Por esta razón, a toda innovación que se quiera introducir hemos contestado siempre como contestamos ahora con estas palabras: Nihil innovetur. Nada ni nadie nos hará cambiar esta conducta, interin no se reforme la legislación católica".

El prelado rechazaba las injurias calumniosas y hacía un especial llamamiento a los pocos sacerdotes adictos a los bizkaitarras a que se arrepintieran y no le obligaran a expedir penas canónicas. El nacionalismo no cedió; más aún inició una campaña católica tendente a desbordar al Obispo por la derecha, tal como lo relata Engracio de Aranzadi en la parte final de su Ereintza. No sólo eso sino que recurrió a Roma obteniendo que la Congregación de Ritos evacuara su consulta disponiendo que los párrocos exhortaran a los padres del bautizado a que se admitiera el Sacramento en latín y de no atenderlas, los párrocos bautizaran pronunciando el nombre del bautizado en vascuence y luego en latín. Al extender la partida de bautismo, el nombre se pondría en castellano y luego en vascuence. La resolución abrió una nueva guerra de nombres ya que el clero, que en palabras de Arantzadi, era en su inmensa mayoría españolista, siguió en gran parte admitiendo sólo el latín y el castellano. Así la que enzarzó a Azkue con Luis Eleizalde en 1922 y a los miembros de Euskalerriaren Alde, por una parte, y a los nacionalistas, por otra (Echegaray, 1987). También originó una escisión laicista en el nacionalismo de elementos como Francisco de Ulacia, Segundo Ispizua o Pedro de Sarasqueta poco dispuestos a seguir tolerando ser tratados como católicos de segunda clase (Elorza, 1978: 348-353).

Por lo demás, en lo tocante a los registros civiles, poco varió la cuestión durante el período monárquico. Durante el reinado de Alfonso XIII y a impulsos de las transformaciones acaecidas en Europa a raíz de su modernización, una RO del 9 de mayo de 1919 abrió la posibilidad de recurrir para la imposición de nombres a los calendarios de cualquier religión pudiendo, además, adoptarse los nombres de personas que hubieran vivido en épocas remotas y/o gozaran de notoria celebridad. Al calor de esta apertura y, sobre todo, de la Orden del Ministerio de Justicia del 14 de mayo de 1932, los nombres vascos o vasquizados fueron siendo admitidos tanto en registros parroquiales como civiles desbordando el Izendegi sabiniano con apelaciones tales como Aberri, Pizkunde o Libertad. No hace falta observar que tal desbordamiento tuvo lugar tras la Dictadura de Primo de Rivera e instalación de la II República.

  • segunda fase.

La guerra y el triunfo del general Franco trajeron aparejadas la prohibición de hablar en público el euskara y de dar nombres euskéricos a las criaturas. Una Orden del 18-V-1938 lo consignaba así:

"Debe señalarse también como origen de anomalías registrales la morbosa exacerbación de algunas provincias del sentimiento regionalista, que llevó a determinados registros buen número de nombres, que no solamente están expresados en idioma distinto al oficial castellano, sino que entrañan una significación contraria a la unidad de la patria. Tal ocurre en las Vascongadas, por ejemplo, con los nombres de Iñaki, Kepa, Koldobika y otros que denuncian indiscutible significación separatista"...

"En su virtud, dispongo: Art. 1.° ...En todo caso, tratandose de españoles, los nombres deberán consignarse en castellano."

Todo lo conseguido se desmoronaba, con efecto, además, retroactivo, borrándose incluso los nombres vascos de los cementerios. Una nueva oleada de nombres castellanos inundó los registros durante 20 años. El 8 de junio de 1957 se promulgó una nueva Ley de Registro Civil admitiendo algunos nombres vascos pero desechando aquéllos que tuvieran traducción al castellano. Nombres históricos de rancio abolengo como Eneko fueron eliminados al existir traducciones como Iñigo o Ignacio. Sin embargo, esta ley abría un cauce para nombres de fantasía, literarios y advocaciones no utilizados hasta entonces. Las advocaciones dedicadas a la Virgen propiciaron la utilización de muchos nombres femeninos, cosa que apenas ocurrió con los masculinos. Los nombres de ermitas fueron admitidos siempre que fueran precedidos del castellano María y siempre que el peticionario exhibiera algún impreso en el que tal advocación apareciera. Sin embargo, de hecho, subsistieron los interdictos, las interpretaciones aleatorias de la ley, e incluso, los caprichos de jueces y autoridades que llegaron a autorizar nombres como Soraya denegando el registro de nombres autóctonos.

Durante los años 70 la presión popular sobre los registros civiles se vio reforzada con la aparición del Nomenclator onomástico vasco (1972, la Vasconia, Pamplona) elaborado por J. M. Satrústegui bajo el patrocinio oficioso de Euskaltzaindia que, por aquel entonces, comenzaba a gozar de cierta tolerancia en los medios oficiales. Bastantes nombres comenzaron a ser admitidos al aparecer en letras de molde y tras haber sido acreditados con un certificado de Euskaltzaindia. A partir de estas fechas la antroponimia vasca comienza a transformarse mediante la introducción de nombres medievales -Oier,Gartxot, Tibalt, Oneka, etc.- que traspasaban el filtro oficial a tenor de la buena o mala voluntad de los funcionarios de los juzgados vascos. El caso del nombre Eneko puede leerse en la voz correspondiente de esta Enciclopedia. Otros casos curiosos son relatados por Juan San Martín (1981). Incluso llegó a registrarse en 1974 el nombre Allende, dedicado al asesinado presidente chileno, mediante una certificación de Euskaltzaindia que demostraba su oriundez vasca...!

Durante el cambio de régimen acaecido entre 1976-1977 se autorizó la utilización del santoral cristiano y los nombres bíblicos traducidos. El cambio fundamental llegaría cuando la aprobación en las Cortes de la Ley 17/1977 sobre reforma del artículo 54 del Registro Civil, del día 4 de enero, autoriza la utilización de los nombres "regionales" excluidos por la legislación anterior. La medida responde al acuerdo adoptado con anterioridad por el consejo de Ministros presidido por el Rey en Barcelona el día 20 de febrero de 1976. El texto publicado en el B. O. del Estado, del 8 de enero de 1977, dice lo siguiente:

"El artículo cincuenta y cuatro de la Ley del Registro Civil estableció la necesidad de que los nombres propios de españoles se consignaran en castellano. Esta regla pugna con el hondo sentir popular de los naturales de distintas regiones españolas, que se ven privados de la posibilidad de que los nombres propios en su lengua vernácula sirvan, dentro y fuera de la familia, como signo oficial de identificación de la persona. La presente Ley tiene la finalidad de corregir esta situación, atendiendo, de un lado al hecho cierto de que la libertad en la imposición de nombres no debe tener, en principio, otros límites que los exigidos por el respeto a la dignidad de la propia persona y pro curando, de otro lado, amparar y fomentar el uso de las diversas lenguas españolas, ya que todas ellas forman parte del fondo autóctono popular de nuestra nación. En su virtud, y de conformidad con la Ley aprobada por las Cortes españolas, vengo a sancionar. Artículo primero.-El párrafo primero del artículo cincuenta y cuatro de la vigente Ley del Registro Civil de ocho de junio de mil novecientos cincuenta y siete, quedará redactado en la siguiente forma. En la inscripción se expresará el nombre que se dé al nacido. Tratándose de españoles los nombres deberán consignarse en alguna de las lenguas españolas. Artículo segundo. A petición del interesado o de su representante legal, el encargado del Registro sustituirá el nombre propio, impuesto con anterioridad a la vigencia de la presente Ley, por su equivalencia onomástica en cualquiera de las lenguas españolas. La sustitución será gratuita para los interesados."

Pese a las iniciales resistencias de algunos funcionarios, poco a poco la situación se fue normalizando hasta llegarse a la plena libertad de registro de nombres existente hoy en día.

  • ARANZADI, E. Ereintza. Zarauz, 1935, p. 268.
  • DIAZ-PLAJA, F. La Guerra de España en sus documentos (B.O. de 21 de mayo de 1938). Barcelona, 1970, pp. 420-421.
  • ECHEGARAY, C. de. Cartas a D. Serapio Múgica (1899-1925). Vitoria, 1987, pp. 391-395, 398-399.
  • ELORZA, A. Ideologías del Nacionalismo Vasco. 1978 San Sebastián, 1978, p. 348.
  • G. CORELLA, L. Historia de Vizcaya a través de la prensa. t. V (1907-1918) Historia General del Señorío de Vizcaya, t, XIII, Bilbao, 1979, pp. 207, 222.
  • GOROSTIAGA, J. Historia de la Anteiglesia de Guecho. Bilbao, 1953, pp. 46-48.
  • GORROCHATEGUI CHURRUCA, J. Estudio sobre la onomástica indígena de Aquitania. Bilbao, 1984, pp. 42-47.
  • JIMENO JURIO, J. M. Nombres vascongados y romanceados de pueblos navarros. Fontes Linguae Vasconum, 1986, n.° 47, pp. 171-182.
  • SAN MARTÍN, J. Bidez. San Sebastián, 1980, pp. 452-457.

IEZ

Los nombres son signos, generalmente los primeros signos o representaciones, imágenes sonoras de las cosas. Estas, según el saber popular vasco, se hallan estrechamente vinculadas a sus nombres: todas tienen nombre, dice el vulgo. Y viceversa, todo nombre responde a alguna cosa: izena duan guztia omen da se afirma corrientemente, lo que equivale a decir que no hay nombre que no corresponda a una realidad, de suerte que fuera de nuestro mundo conceptual y de sus objetos nada existe. Es un compromiso entre esta creencia y la fe cristiana aquella frase o dicho popular relativo a la fuerza mágica y a las virtudes brujeriles: Direnik, ez da sinistu bear; ez direla, ez da esan bear "No se debe creer que existen; no hay que decir que no existen". Es natural que en los medios donde está aceptada la concepción mágica del mundo se crea que actuando sobre los nombres se logra influir sobre las cosas mismas. Por eso es, creencia muy difundida en nuestro país que la maldición (Birao, Birau) lanzada sobre un nombre alcanza el objeto por él designado. En Sara llaman Birao y Otoitzgaxto a esta clase de anatema que, en virtud de la fuerza mágica o Adur, acarrea enfermedades o desgracias a la persona o animal nombrado en la maldición. Sólo aquél que le maldijo podrá curarlo. Por eso se dice que la persona afectada por una maldición sufre durante largo tiempo y tarda mucho en morir, porque Dios no puede recibirla antes que su maldiciente le retire el anatema. Un mozalbete que venía de Andoain reñía hace poco con un labrador de Ataun. Al enterarse que éste sufría de lumbago, le dijo: "lo sufres a consecuencia de la maldición que en estos días he lanzado repetidas veces contra ti". Esta forma de magia es, en el fondo, la misma que aparece consignada frecuentemente en documentos medievales y que era practicada corrientemente por los paganos antes del Cristianismo. Así, Macrobio, en Saturnalia, lib. III, dice que los romanos procuraron que el dios tutelar de Roma y el nombre latino de su ciudad permanecieran ignorados para que no fuesen objeto de evocación mágica de sus enemigos. El mismo da a conocer las fórmulas con que los romanos evocaban los dioses tutelares de las ciudades que trataban de conquistar. Numerosos hechos en los que es reconocida la virtud mágica de los nombres, aparecen registrados en el libro "Die magischen Heil-und Schutzmittel aus der unbelebten Natur" de S. Seligmann (Stuttgart, 1927).

JMB