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Nafarroa Beherea. Historia

Un elemento geográfico fuertemente acusado distingue el nacimiento político de la Baja Navarra del de sus hermanas norpirenáicas Lapurid y Zuberoa. Su relieve tortuoso predispone a un cantonalismo que será tenaz a pesar de una indiscutible comunidad étnica y lingüística. Puede decirse con ello que la Baja Navarra nace como unidad política tardíamente, cuando todos y cada uno de sus cantones o valles acaban por seguir a una misma autoridad, ya sea la del duque de Gascuña o Navarra en las oscuras centurias iniciales de la Edad Media, ya la de los reyes de Navarra, a partir de los últimos años del siglo XII. Es entre estas dos potencias, donde va a abrirse paso en la historia escrita, una de las siete provincias vascas actuales, la más tardía en nacer como un todo orgánico, y, sin embargo, el último puñado de tierra vasca -el reino de Navarra- en el que se ejerció soberanía.

Reyes navarros
Eneko Arista, 824-852.Teobaldo I, 1234-1253.
Garcia I, 852-860.Teobaldo II, 1253-1270.
Garcia II, 860-882.Enrique I, 1270-1274.
Fortune "El Monje", 882-905.Juana I, 1274-1305.
Sancho I Garces, 905-926.Luis I "Hutin", 1305-1315.
Garcia III, 926-970.Juan I, 1315-1315.
Sancho II Abarca, 970-994.Felipe "El Largo", 1315-1321.
Garcia "El Tembloso", 994-999.Carlos I "El Hermoso", 1321-1328.
Sancho III "El Mayors, 999-1033.Juana II, 1328-1349.
Garcia "El de Najera", 1033-1054.Carlos II "El Malo", 1349-1387.
Sancho IV "El de Peñalén", 1054-1076.Carlos III "El Noble", 1387-1425.
Sancho V Ramirez de Aragón, 1076-1094.Blanca I, 1425-1447.
Pedro Sanchez de Aragón, 1094-1104.[Juan II, 1442-1479].
Alfonso "El Batallador", 1104-1134.Carlos principe de Viana, 1447-1461.
Garcia "El Restaurador", 1134-1150.Blanca II, 1461-1464.
Sancho VI "El Sabio", 1150-1194.Leonor I, 1479.
Sancho VII "El Fuerte", 1195-1234.Francisco "Febo", 1479-1483.

Ver Nafarroa Beherea.

El actual suelo bajo navarro se halla poblado por el hombre por lo menos desde el paleolítico inferior, y concretando más, desde el musteriense. El investigador Saint-Pèrier dio a conocer un hacha de cuarcita hallada en el yacimiento de Isturits. Este es uno de los más importantes del país vasco bajo todos los conceptos. Aquí fue encontrada una mandíbula humana de la raza de Neanderthal junto con huesos del hombre de las cavernas y varios animales. En otro de los yacimientos, el de Harixtoi (Saint-Martin de Arberoa) se han encontrado también objetos del paleolítico medio. La industria de Isturits, a base de pedernal, ofrece semejanzas con la de Olha, en Cambo (Lapurdi). La primera fase del musteriense de Olha se le llama Vasconiense. De Isturits son también trozos de ocre amarillo que dan a entender que los hombres de este tiempo pintaban su cuerpo como otros pueblos prehistóricos. El testimonio de vida humana continua ininterrumpidamente hasta el presente. Del paleolítico superior es un hueso de ave en el que se halla representado un caballo echando relinchos expresados con trazos debajo del morro. Algunas palabras del vascuence bajonavarro parecen recordar la edad del hielo: leihor "muro", "refugio", "cobertizo", "alberge" y leio "ventana" ya que lei es "hielo" incluso en vizcaíno, leira "costra de hielo" y lera (N.G.L) "trineo", "narria", "deslizador". El mito de Mari se presenta en Bidarray como un torso humano. Las cuevas y yacimientos superopaleolíticos más importantes de la Baja Navarra son los dos citados de Isturits y Harixtoi.

Geográficamente podían incluirse además las de Berroberria (Urdax) y las de Lexotoa y Sorgin-Leze (Zugarramurdi). La de Isturits llamada también de San Martín de Arberoa y muy cercana a la caverna de Harixtoi, es el yacimiento prehistórico más importante de la región que describimos. Fue descubierto en 1895 por buscadores de fosfato y explorado por los especialístas Passemard y Conde de Saint-Périer. Sus estratos, a partir de la superficie, van desde una capa de tierra de aluvión con cerámica de la edad media hasta el más profundo con industria musteriense. En el más antiguo nivel auriñaciense se encontró un hueso de ave perforado al modo del txistu o flauta vasca actual. El arte mobiliar es abundante. Ya del solutrense proceden una figura de caballo grabado sobre una placa de piedra, además de figuras en relieve de bulto, como un felino hechizado, una cabeza de caballo, otra de oso y una grupa de bisonte que también pudiera ser de elefante y, en bajorrelieve, un reno agonizante y otro muerto además de bisontes y renos heridos con flechas. Muy interesantes, también, las cabezas de liebre, un ave, y un ciervo grabado sobre una plaquita de piedra. Hay, además, representaciones de la foca, el salmón, la serpiente, un roedor, cabezas de caballos en perspectiva, esculturas parietales, una cabeza de caballo en actitud de relinchar grabada en hueso, una buena colección de grabados en hueso y cuerno de cabezas de bóvidos, renos y cabra montés. Las figuras antropomorfas ofrecen gran interés. Varias esculturas y grabados de contornos recortados de caballo, reno, oso y bisonte son notabilísimas. Enigmática, una cabeza de caballo en ámbar.

Tales son algunos detalles del extraordinario yacimiento de Isturits. La cueva de Harixtoi, situada a pocos metros de la de San Martín de Arberoa, es un yacimiento prehistórico descubierto al mismo tiempo que la cueva en 1929 por M. Etchegaray vecino del molino de Harixtoi. Se han encontrado pedernales de facies magdalenienses, cerámicas y cuentas de collar de la edad del bronce. En las paredes pueden apreciarse numerosas huellas de zarpadas de oso y algunas de mano de hombre. La cultura aziliense aparece desde Asturias hasta el extremo oriental pirenaico pasando por Isturits y la vecina región de Zuberoa. Monumentos megalíticos, cromlechs, "mairu-baratza", y dólmenes "treguarri", "armor", existen varios: un grupo de cinco cromlechs situados sobre la cumbre de Zeinegi (Ahaxe, Baja Navarra) en el barrio Bascassan. También podemos citar los de Elorta y Okabe, lugar éste último en el que se ha encontrado cerámica de la edad del hierro. En el valle de los Aldudes existen varios monumentos megalíticos, sobre todo en Zaho. Estos monumentos se encuentran, por lo general, en cumbres elevadas y peladas, mientras los dólmenes se construyen sobre los lugares de paso y más a media ladera que sobre las cumbres. En el país de Cize, cerca de San Juan de Pie de Puerto, se han identificado, entre 1952 y 1954, cinco dólmenes: Arrondo, Arxuita, ambos sobre el Jarca; tres en el valle de Mendibe: Gasteinia, Armiaga y Xuberasainharri y los cromlechs de Elorta y Okabe, lugar este último en el que se ha encontrado cerámica del hierro. Entre Aincille y Esterençuby está el de Buluntza sobre la cadena montañosa Handiamendy. En 1966 se descubrió el de Lutxi en el este de Jarra. Durante la edad del bronce aparecen algunas ollas o vasos, hechos a mano en Harixtoi y en la vecina cueva laburdina de Uriogaina, en Sara.

En las postrimerías de la edad de los metales los vascos están agrupados en tribus. Las fronteras norteñas de la tribu de los que se llamaron vascones por antomasia nos son desconocidas, pero, todo induce a pensar que esta región boscosa y accidentada, más tarde merindad de Ultrapuertos, se hallara habitada por gentes de esta misma tribu de vascos. De entre ellos pertenecen al actual territorio bajonavarro los osquidates (Ossés) y los bigerriones (Baigorry).

Probablemente, a juzgar por la variedad dialectal, eran ramas de los Vascones. Las minas de cobre y de hierro de S.E. de Baigorry fueron explotadas desde la época romana. En los autores griegos las tierras comprendidas entre el Ródano y Galicia se denominaban, según Julio César, ("Comentarios", I), Iberia. La Hispania, según el mismo testimonio, era la tierra de más allá del Ebro. El territorio bajo- navarro era entonces aquitano, ya que los galos tenían por frontera el río Garona.

"Sane cum antiquitus Iberie nomine intellectum fuerit quidquid est extra Rhodanum et Isthumun, quia Gallicis coarctatur sinibus, nunc eam Pyrena terminant, vocantque peculiaris nominis ratione Iberiam, Hispaniae nomine eam tancum accipientes, quae est infra Iberuma."

Según los testimonios de las inscripciones latinas de Aquitania el euskera sería la lengua de ese extenso territorio.

  • Conquista romana

El año 58 a. de C. César emprendió la conquista de las Galias y de Aquitania. Cuando terminó la sumisión de los pueblos aquitanos no se cita a ninguno que englobara a las tierras bajonavarras. Ni los tarbelos, bigorreses, precianos, vocates, tarusates, elusates, garitos, Aux y Garona, sibuzates ni cocosates engloban las tierras bajonavarras.

Según todas las apariencias formaban, pues, parte de la tribu vascona. César dominaba al norte del Pirineo y Pompeyo al sur La vía Astorga-Burdeos, que atravesaba la Baja Navarra desde el Pirineo al Adur, pasa por tres lugares vascones de la Baja Navarra: Summo Pyreneo, Imo Pyreneo y Carasa que se han identificado con el puerto de Roncesvalles, Saint-Jean-le-Vieux y Garris. El episodio más notable de la dominación romana fue la separación de aquitanos y galos (franceses) conseguida del senado de Roma por el gran sacerdote y poeta Verus. La lápida conmemorativa se exhibe en la parte posterior de la iglesia de Hasparren. A la nueva provincia se le dio el nombre de Novempopulania. Se han encontrado monedas romanas de bronce en Lecumberry, en Saint-Jean-le-Vieux (1883), en Baigorry (1887, un denario de oro de Vitelius) y en las minas de dicho pueblo se hallaron también monedas del tiempo del triunvirato Octavio- Antonio-Lépido (43 a J.C.) y en la villa, uno de plata de Tiberio César.

  • Las invasiones

Las invasiones bárbaras cruzaron la Baja Navarra enfilando hacia el puerto de Roncesvalles por la vía romana. La Vía Astorga-Burdeos, procedente de Pamplona, se internaba en la Baja Navarra por Roncesvalles, pasaba por San Juan de Pie de Puerto o Imus Pyrenaeus, Ostabat, Garris y Saint-Palais o Carasa? para seguir hacia Sordes rumbo a Burdeos. A la salida de San Juan de Pie de Puerto la vía se bifurca; uno de los ramales pasa por Arnéguy y Valcarlos, el otro por Orisson, castillo Pignon y Altabizkar. El a ño 409, según Hidacio, lograron aquéllos cruzar el Pirineo.

Hacia el 435 los bagaudas se dirigen hacia Roncesvalles. En 443 ya han cruzado el Puerto, puesto que combaten cerca de Huarte-Araquil, más en el interior del país. El rey suevo Requiario pirateó ambas Vasconias, separadas desde el tiempo de César. Cruzó el Pirineo para visitar a su suegro Teodorico, en su corte de Tolosa aquitana.

La Baja Navarra y la Alta Navarra van a ser, en adelante, el escenario de todos los grandes acontecimientos militares.

Las llanuras de la Novempopulania -parte componente de Aquitania - conocen una oleada de gentes pertenecientes a tribus vasconas en el año 581. Gregorio de Tours consigna el acontecimiento sin especificar a qué tipo de pobladores pertenecen los habitantes de la Novempopulania de lo cual no se infiere, a nuestro parecer, que la región no pudiera conocer población permanente vasca. Lo que sí sabemos con certeza es que, por entonces, la vieja Novempopulania ha pasado ya a llamarse Vasconia y que desde el año 602 tiene un duque, dependiente de los reyes francos: Genial I, duque de Vasconia (más tarde Gascuña). A esta Vasconia, parte sur de Aquitania, pertenecerá la Baja Navarra hasta finales del siglo XII en que se incorpora, tras una serie de oscilaciones, al reino de Navarra.

Pocas noticias directas pues, a reportar. Aquitania es independiente en el 660 (duque Felix) Sabemos que en el 732 Abderramán atraviesa la Baja Navarra por Roncesvalles; en su derrota por las tropas francas y aquitanas -batalla de Poitiers- es decisiva la acción de Eudón el Grande, duque de Vasconia. Waifre, duque de Vasconia, es muerto en el año 768; la Aquitania es ocupada a continuación por Carlomagno y el nuevo duque, Ochoa, tiene que someterse al franco, que, diez años después sufre una tremenda derrota en Roncesvalles por los vascones. Según la Chanson de Roland sería en San Juan de Pie de Puerto donde se veló a los doce cadáveres de los caballeros de su séquito. Tras destituir a los duques nativos, Carlomagno decide ese mismo a ño la creación de un reino de Aquitania para titular del cual destina a su hijo Luis, recién nacido, que tomará en la historia el apelativo de "Piadoso" (Ludovico Pio).

Primera fluctuación hacia el Sur: el nuevo reino de Navarra (siglos IX-X). Tras varias revueltas, entre ellas la del a ño 813 contra Luis el Piadoso, se vuelve a la situación anterior a la tormenta franca.

En el 824 consta ya la existencia del nuevo reino de Navarra con Eneko Arista a su cabeza. En el 832 puede darse también por independizado al ducado de manos francas: el conde Aznar Sánchez se zafa de la autoridad de Pipino, hijo de Luis el Piadoso.

Ambas entidades se hallan entrelazadas por un origen étnico común, pero, lo que más las cohesiona, es el parentesco, más o menos cercano según el momento, entre sus dirigentes, como veremos a continuación. En el siglo X puede decirse que el ducado de Vasconia es hereditario y soberano; refiere Moret que a la muerte de Arnaldo, uno de los duques, se deliberó entre sus súbditos acerca del sucesor, recayendo las preferencias sobre el rey de Navarra, Sancho II (970-994) debido a que les estaba a cuento la unión con los navarros, por el parentesco antiguo y cercanía de tierras; o porque hallaron en el rey D. Sancho, derecho para la sucesión, como hijo de D.ª Urraca, que Oihenarto sospecha fue hija del conde de Gascuña D. Sancho Sánchez, o hija de su hermano, el conde D. Aznar (Anales, t. I, p. 310).

D. Sancho aceptó el ofrecimiento y franqueando los puertos de Cize con su ejército, puso en orden todo lo que pertenecía al bien público de aquel nuevo señorío. De los dos hijos que tenía, uno de ellos, García el Corvo, será investido con la Vasconia Ulterior; la Vasconia Citerior, que parece comprendía la merindad de Ultrapuertos, que propiamente llaman hoy día "vascos" y alguna parte del principado del Bearne y de los condados de Bigorra y Comange, fue directamente administrada por el monarca pamplonés, que, parece ser recibió su apodo Abarca en esta ocasión ya que

seyendo dallent del puerto vinieron los moros sobre Pamplona e cercaronla. E porque las nieves eran tan grandes en los puertos, que era el paso tan perigloso, fizo facer avarcas de cuero; e passo desta guissa, e dio salto en los moros...

(Crónica de los Estados Peninsulares).

A la cabeza del ducado de Vasconia Ulterior, convertido ya en hereditario se halla la familia Sancho, desgajada de la familia real de Navarra que desciende del hijo de Sancho Abarca. La Vasconia Citerior, -que es la que a nosotros nos interesa en estos momentos por englobar a la Baja Navarra-, fue entregada en dote a la infanta Dª Urraca, tía de D. Sancho III el Mayor de Navarra y madre del duque de Vasconia Ulterior, Sancho Guillermo. Las dos Vasconias, unidas por vía matrimonial, pasarán más tarde a engrosar el patrimonio de D. Sancho el Mayor. Bajo las leyes de la feudalidad, el territorio de la antigua Novempopulania se secciona en diversas unidades político-administrativas: vizcondado del Béarn, de Lomagne, de Olorón, de Louvigny, de Tartas, de Orthe, de Zuberoa, de Gabarret, de Tursan o Miremont, de Marsan, de Maremne, de Sault, de Lab, de Baigorry, de Arberoa, de Lavedán, de Montaner, de Aster, de Fezensaguet, de La Berthe, de Corneillan, de Dax; condados de Bigorra, de Fezensac, de Armagnac, de Gaure, de Asterac, de Pardiac y de Aure.

El señorío de Mixe y Ostabarret se desgajó del vizcondado de Dax en el primer tercio del siglo XI; se creó para dotar al hijo segundogénito del vizconde García Arnaldo, y le estaban subordinados los barones de Luxe Gramont, Bergouey, Sorhapuru y Escos del valle de Mixe y los de Ostabat y Lantabat en el de Ostabarret. El vizcondado de Arberoa fue vasallo del de Laburdi hasta la segunda mitad del siglo XI; con él completamos la nómina del primer andamiaje feudal en la Baja Navarra.

Hacia el año 1020 el duque de Vasconia, Sancho Guillermo, cede la soberanía, a su sobrino Sancho el Mayor, de las tierras de Lapurdi, Arberoa, Ossès, Baigorry y Cize, en agradecimiento a la ayuda prestada por el monarca navarro a su tío contra el conde de Toulouse. Sancho Guillermo residía con bastante frecuencia en la Corte navarra a la que le unía no sólo el interés político sino también los lazos de tradición y familia. Mixe y Ostabarret siguen dependiendo de Dax. Sancho Guillermo muere el 4 de octubre de 1032 (1030 para Oihenart) dejando solamente herederas mujeres. A la hora de traspasar sus bienes prefirió reintegrarlos a Navarra.

Toda Vasconia pasó al dominio directo de Sancho el Mayor por medio de herencia; parece ser que la voluntad del testador fue decisiva en este traspaso (Moret, t. II, p. 221) sobre todo si recordamos que D. Sancho el Mayor había ayudado a su tío contra el conde de Toulouse al que, por otra parte, también redujo.

La Vasconia pasó, pues, a engrosar los extensos dominios navarros: tierras vascas y tierras no vascas como Aragón, Pallarés y Castilla, además de feudos vinculados a Sancho personalmente como el de Barcelona, Toulouse y la misma Vasconia. A su muerte (1033), debió de traspasar ésta al duque de Aquitania (Moret: Anales... t. III, p. 61) pero

"algunos de los señores de la Gascuña continuaron algún género de reconocimiento a nuestros reyes o porque quedaron con él al tiempo de la enajenación, o porque como de príncipes más poderosos y confinantes, buscaban las clientelas y se hacían sus dependientes, admitiende honores suyos y reconociéndolos por ellos".

Entre estos "señores de la Gascuña" debieron de estar, con toda probabilidad los bajonavarros ya que en 1057 tanto el vizcondado de Baigorry -creado por Sancho el Mayor en 1033- como el de Arberoa, el valle de Ossès, el de Cize, Armendarits, Irissarry y Iholdy son feudatarios del reino de Navarra, por lo menos hasta 1120.

Mientras por un lado hay tierras bajonavarras -Arberoa, Cize, Ossés, Baigorry- que parecen seguir dependiendo de Pamplona hasta cerca de 1120 otras como son Mixe y Ostabarret, feudatarias de Dax, parecen caer en órbita, más o menos cerrada, de Aquitania. Es en estos años oscuros y en estas tierras fluctuantes de Mixe y Ostabarret cuando surgen, procedentes de la familia vizcondal de Dax, los linajes de Luxe y Agramont. Entre 1058 y 1059 da comienzo la usurpación del vizcondado de Dax por García-Arnaldo, señor de Mixe y Ostabarret, tío del vizconde. A su muerte, Mixe y Ostabarret siguen desgajadas de Dax, a disposición de los hijos de García-Arnaldo.

Asistimos en este momento a una de las mayores sorpresas que pueda depararnos la historia de Navarra: el nacimiento físico de los bandos agramonteses y beamonteses y a su calidad de hermanos ya que tanto los Agramont como los Luxe descienden del usurpador García-Arnaldo, los primeros de Bergoin-García -hijo de García Arnaldo- y los segundos de otro García-Arnaldo, su nieto, ambos segundones. Las dos familias más poderosas del país, las que lo dirigirán y las que lo destrozarán, han nacido hijas de la misma sangre.

Un par de siglos después el hecho se repite pero ya en tierras altonavarras; vemos que por las venas de beamonteses y agramonteses alto-navarros corre la misma sangre, procedente

"de un mismo origen, que fue el rey D. Felipe III el Noble, abuelo común de unos y otros. De los mariscales marqueses de Cortes por D. Leonel de Navarra, hijo natural del rey D. Carlos II, y de los condestables condes de Lerín por D. Carlos de Beaumont, hijo (natural también) de su hermano, el infante D. Luis, conde de Beaumont, en Francia: de suerte que D. Carlos y D. Leonel eran primos hermanos y en ellos comenzó la enemistad de las dos familias... por los celos de la mayor gracia y favor del Rey..."

(Moret: Anales.., t. VI, p. 365).

A la muerte de Fortún I Sancho (1062) vizconde de Lapurdi, vasallo del rey de Navarra Sancho IV el de Peñalén, su hijo, Fort-Fortun, recibe en herencia los valles de Arberoa, Cize y Ossés, y se titula vizconde de Arberoa, cosa que también harán su hijo, García Fortún, y sucesores. En 1082 Mixe es invadido por un fuerte ejército encabezado por Céntulo V Gastón "El Joven" del Béarn, ejército que los bajonavarros logran derrotar y rechazar, muriendo en la acción un primo de Céntulo, el barón Arnaldo Guillermo Milán, y varios otros caballeros bearneses. Al cabo de ocho años la operación se repite, esta vez con éxito. Mientras las tierras feudatarias de Navarra se reparten entre los hijos del vizconde de Lapurdi. (1086) -Arberoa recae en García-Fortún, Cize en Sancho Fortún y Ossés a medias entre los dos pero indiviso- Mixe y Ostabarret son ocupadas por los bearneses (1090) que entran encabezados por el vizconde Gastón IV y permanecerán en ellas hasta, por lo menos, 1134-1136. Así pues, a las puertas del siglo XII, nos hallamos con parte del país ocupada por bearneses y, el resto, objeto del forcejeo entre Navarra y Aquitania.

El año 1104 adviene D. Alfonso el Batallador al trono de Navarra. La Baja Navarra es por entonces, un conglomerado de valles -Arberoa, Baigorry, Cize, Mixe, Ostabarret, Ossès- y un puñado de torres defensivas como Garris, San Juan de Pie de Puerto y Labastide-Clairence. Los lazos que unen a la parte bajonavarra no sometida a los bearneses con los reyes de Navarra son meros vínculos de feudalidad reforzados, a lo sumo, por la nostalgia de un remoto pasado común. Es inútil querer ver en ellos una bisagra política moderna inquebrantable "desde abajo"; se trata de un contrato personal a la figura del rey -cabeza simbólica del común linaje, fraccionado por entonces en diversas fratrias incluida la aquitana-. De ahí la extraordinaria mobilidad de los vínculos que hacen bascular continuamente a la futura Ultrapuertos entre el sur y el norte.

A Alfonso el Batallador le obedecerán así caballeros procedentes de todos los rincones vascos. Los bajonavarros participan en la toma de Zaragoza (1118) al lado de bearneses, suletinos, etc, pero apenas figuran en la Corte de Pamplona. Hacia 1120, el duque de Aquitania, duque también de Vasconia o Gascuña desde 1033, parece haber forzado este equilibrio. El valle de Ossès, el de Cize y el de Arberoa vuelven a aparecer en la órbita del ducado de Vasconia, como se desprende de un documento de donación al monasterio de Sordes firmado por el duque de Aquitania, el vizconde de Laburdi, el de Arberoa y el de Zuberoa. Otro tanto ocurre con el vizcondado de Baigorry. Todo hace pensar en una intervención armada del aquitano a la que Alfonso el Batallador contesta en 1130 con el sitio y toma de Bayona.

Moret (Anales.., lib. XVII, cap. VIII) lo interpreta en este sentido cuando asevera que

la principal (causa) y que más ciertamente se descubre es: que la ambición destemplada del duque Guillermo X con la cercanía de Aquitania tocaba ya, no como quiera en las tierras de los amigos, sino en las mismas tierras propias del rey, en los confines de Navarra la baja o tierra de vascos, que de tiempo inmemorial han sido del señorío de los reyes de Pamplona.

El P. Risco tampoco duda en seguir la interpretación de Moret. Según Campión y Yanguas, que siguen ambos a Risco, a la muerte del rey D. Alfonso el Batallador habría seguido un período de inseguridad y desórdenes aprovechado por el duque Guillermo, padre de la famosa Alienor, y luego por ésta para apoderarse de la Baja Navarra. Agrega el P. Manuel Risco que

antes de apoderarse los ingleses de Bayona y de la región hacia Navarra y el río Vidaso, todo este territorio pertenecía a los reyes de Pamplona, no menos que la Baja Navarra, que siempre poseyeron

(España Sagrada, t. XXXII, Madrid, 1878, p. 161).

Unos van y otros vienen: en la batalla de Fraga -12 de julio de 1134- muere Céntulo VI del Bearn, lo que permite recuperar, al vizconde de Dax sus tierras y al señor de Mixe y Ostabarret las suyas de manos bearnesas. Entre 1134 y 1135, Talesa, viuda de Gaston, preside la corte de gentilhombres de Mixe, pero en 1136 es ya Pedro Arnaldo de Dax quien lo hace, al lado de su vasallo, Arnaldo-Dat de Mixe que había casado con su hermana Guiraude hacia 1095. A la muerte de Guillermo X de Aquitania (1137), Alienor, la nueva duquesa de la extensa tierra aquitana -que engloba además al ducado de Vasconia o Gascuña, los condados de Burdeos y Agen y el ducado de Toulouse - hereda la Baja Navarra que, según el monje de Vézelay, Hugo de Poitiers, que escribe de 1156 a 1167, llegaba hasta los Pirineos: toda Aquitania, la Gascuña, la Basconia y la Navarra, hasta los Pirineos y Cruz de Carlos (Ibañeta). En 1140, Mixe y Ostabarret son nuevamente invadidas por bearneses. Su señor, Arnaldo-Dat, muere en la guerra que tiene lugar entre el bearnés y el vizconde de Dax, su superior y cuñado. Raymond-Arnaldo, hijo del bajonavarro accede al vizcondado de Dax, a la muerte de su titular, con lo que el señorío de Mixe y Ostabarret y el vizcondado de Dax vuelven a recaer en una misma persona. Treinta y un años durará la ocupación esta vez; en 1151, los barones más influyentes de la corte de Mixe, Pedro de Luxe, Viviano de Agramont y Arnaldo de Garris, acompañan al vizconde de Bearn, Pierre de Gabarret, en la fundación de un priorato en Ordios.

El año trascendental del siglo XII lo constituye sin embargo 1152, trascendental para el país vasco continental y para Europa. Alienor, duquesa de Aquitania, obtiene el divorcio de Luis VII de Francia y casa con el conde de Anjou, Maine y Turena, que dos años después será coronado como Enrique II de Inglaterra y duque de Normandía. Se sientan en 1152 las bases a la administración inglesa, durante trescientos a ños, de gran parte del territorio hoy francés y del vasco, en este último caso Lapurdi, Baja Navarra y Zuberoa. Campión, Yanguas, Risco, etc, sitúan, dos años después (1154) una sublevación bajonavarra que triunfante, habría realizado la reincorporación a la monarquía pirenaica.

Esta sería, según Risco, la primera vez en que la Baja Navarra fuera usurpada a los reyes de Pamplona, que la habían poseído desde el establecimiento del reino hasta ahora. Pero Alienor debió incluir a la Baja Navarra en la Gascuña, que junto con el condado de Poitou y el ducado de Aquitania, da en herencia a su hijo, Ricardo Corazón de León, en 1169; en el séquito del nuevo duque figuran (1170) varios caballeros bajonavarros; el vizconde de Baigorry, los señores de Belzunce y el de Armendarits acompañan al inglés en su visita a Bayona. Un año después, Pedro, vizconde de Dax y señor de Mixe y Ostabarret, recuperó el señorío bajonavarro de manos bearnesas, pero, no pudo sustraerlo de las de Ricardo. En 1177 se rebeló contra su autoridad. Algo después de las navidades de este a ño, Ricardo pone sitio a Dax en la que se halla también Céntulo III, conde de Bigorra: la ciudad sólo se rinde a los diez días por la muerte de Pedro.

Navarra, hija de Pedro, es la encargada de rendir homenaje al duque aquitano. A su muerte, el señorío de Mixe y Ostabarret, así como el vizcondado de Dax, recaen en su marido, Arnaldo-Raymond, vizconde de Tartas. Parece ser que esta rebelión se generalizó a Laburdi y la Baja Navarra, según documento de 1177 redactado por Rogerio Hoveden:

"Ricardus Comes Pictaviae fuit in Aquitania apud civitatem Burdegalensem, qui statim post Natale domini obsedit Akensem civitatem, quam Petrus vicecomes Aquensis et comes Bigorniae contra eum munierant, et infra decem dies cepit. Deinde obsedit Bajoniam civitatem, quam Ernaldus Bertrandus Vicecomes Bajoniae contra eum munierat, et infra decem dies cepit, et inde promovens exercitum suum usque ad portus Syzarae, quae nunc Porta Hispaniae dicitur, obsedit Castellum Sancti Petri, et cepit, et demolitus est illud, et compulit per vim Basclos et Navarrenses jurare, quod pacem ab illa hora peregrinis et inter se servarent in perpetuum, et destruxit omnes malas consuetudines, quae inductae erant apud Sorges et apud Espurim".

Como se ve, Ricardo aprovechó la expedición para castigar a varios nobles bajonavarros -Viviano de Agramont, el señor de Saint-Michel, etc.- por la frecuencia con que expoliaban a los peregrinos en su paso por los puertos del Cize. El misterioso castillo de San Pedro -situado probablemente en Saint-Jean-le -Vieux- fue completamente arrasado.

Algo muy importante ocurre al año siguiente de esta sublevación: el señorío de Cize recae en García-Arnaldo, señor de Ahaxe, con el que el rey de Navarra, Sancho el Sabio, tramita el traspaso del valle heredado donde establecerá la Castellanía de San Juan de Pie de Puerto, avanzadilla de lo que con los años constituirá la merindad de Ultrapuertos. El guardián de esta ciudadela real en tierra bajonavarra se denominará castellano (alcaide). Del 1184 a 1186 estará a su cabeza Johannes le Briays. Una carta del II de las calendas de sept. de 1188 menciona a Martín Chipia como tenente de la castellanía para el rey D. Sancho el Sabio. El cargo es de duración breve; Martin Chipia, por ejemplo, pasa a ser alcaide de Azagra en 1201, de Miranda de Arga en 1202 y de Azagra nuevamente en 1206 y 1208. En 1191 consta un tal Pedro de Arróniz como teniente del cargo y en 1194 un tal Rodrigo de Baztán. San Juan de Pie de Puerto, sede de la castellanía, irá aglutinando bajo sí los distintos territorios bajonavarros; su castellano o alcaide se denominará por entonces "guardia de las tierras de Ultrapuertos", equivalente a baile general o merino.

Ricardo Corazón de León no parece haber reaccionado ante esta implantación de una cuña por el soberano vecino -recordemos que por estas fechas su vida es un continuo incidente: Tercera Cruzada (1189-1192), cae prisionero, se subleva su hermano Juan, etc. Por otra parte, su matrimonio con la princesa Berenguela, hermana de Sancho el Fuerte, suavizó las relaciones entre los dos reinos, hasta el punto de que hacia 1196 (1193, o incluso antes de 1189), para Jaurgain Ricardo cedió la soberanía de Baigorry, Arberoa y Ossès y reconoció la navarra sobre Cize. Desde este momento, estos cuatro valles bajonavarros consolidan su situación dentro del reino navarro.

La castellanía de San Juan extendió sus tentáculos políticos-administrativos a Baigorry, Ossés, Arberoa y territorio de Cize lentamente. Mixe y Ostabarret, dependientes del vizconde de Tartas y de Dax, Arnaldo Raimundo, entran también en órbita navarra en el mismo a ño: en marzo de 1196, Arnaldo Raimundo, presta homenaje al rey de Navarra, Sancho el Fuerte (Anales..., t. IV, p. 93). Pero aún ha de tardar en borrarse el viejo vínculo de estos dos valles con Dax; en lo eclesiástico perdurará hasta la Revolución Francesa a pesar del cambio político acaecido. En lo político, Pierre Arnaldo de Luxe se resistió a la soberanía navarra llegando incluso a fortificar Ostabat; no parece doblegarse Luxe hasta 1228.

Durante el reinado de dos monarcas navarros, Sancho el Fuerte y Teobaldo I, se consolida la administración, el vasallaje y la participación de los bajonavarros dentro del marco del reino pirenáico. Sancho el Fuerte perdió el Duranguesado, Alava y Guipúzcoa pero ganó la Baja Navarra y Zuberoa, cosa que muy pocos autores recuerdan, ante la magnitud de las pérdidas. El año 1200 (12 de octubre) D. Sancho otorga la primera reglamentación para el uso de los pastos del valle de Aldudes al que acudían pastores de Baigorry, Erro, Valcarlos, Baztán y Aezkoa. D. Sancho se reservó el derecho de un quinto sobre el espigueo de los cerdos lo que dio origen a que a la zona se la denominara en adelante Pays Quint o Quinto Real. El 17 de diciembre de 1203 pasa a la Baja Navarra para ser objeto de un ceremonial trascendental: juramento de fidelidad de Viviano de Agramont y 27 caballeros, en su mayor parte del país de Mixe: Guillermo Arnaldo y Bertrand de Béguios, Arnaldo de Ainciburu de Beyrie, el señor de la casa de Camou, Olivier de Berraute, etc. Firman como testigos varios nobles de Mixe, Zuberoa y Alta Navarra La integración de los bajonavarros se manifiestan aun más en la batalla de las Navas de Tolosa 1212 a la que acuden caballeros bajonavarros, laburdinos, suletinos y bearneses.

En 1228 el señor de Luxe, dueño desde el siglo XI del señorío de Mixe y Ostabarret, renuncia a sus derechos sobre Ostabarret a favor del rey de Navarra; la gente de Ostabat molerá sus granos en los molinos reales de San Juan de Pie de Puerto. El de Luxe presta al monarca navarro un solemne homenaje de vasallaje. D. Sancho procura ganarse a la nobleza bajonavarra; Teobaldo I, procedente de un país -Champaña- que se ha hecho célebre por sus ferias y dinamismo comercial, favorecerá al contrario al estado llano y, en especial, a la burguesía de las villas a las que otorgará diversas cartas o fueros. En la Baja Navarra destacamos la confirmación 1234 del fuero de Bayona que gozan los habitantes de San Juan de Pie de Puerto desde tiempo inmemorial y la carta otorgada a la villa de Saint-Etienne de Baigorry (18 de julio de 1234) confirmando los privilegios acordados por sus predecesores. Su hijo proseguirá en esta línea política de democratización. Las dos familias más importantes de Allien Puertos le rendirán homenaje: en septiembre de 1237 lo hace Arnaldo Guillermo, se ñor de Agramont, por su castillo y sucesores ; en 1247, lo harán en Olite, Raymond-Arnaldo, vizconde de Tartas, por Villanueva y su castillo, y su vasallo, Pierre-Arnaldo, señor de Luxe, por las tierras de Mixe y Ostabarret.

También juran los hijos del vizconde, Pedro de Dax y Remón Roberto. Se estipula en este homenaje, entre otras cosas, que -en caso de guerra entre Inglaterra y Navarra, el de Tartas servirían al inglés con su persona pero entregaría a un caballero vasallo suyo para que sirviera a Navarra con su persona, castillo y tierras. El rey -dice Moret- pasó a gozar de todos los derechos y francaje que acostumbraron tener los reyes sus antecesores en Mixe y Ostabarret. Como fiadores el vizconde ofreció a Ramón Guillermo, vizconde de Zuberoa, a Pedro Arnaldo, señor de Luxe, y a Gastón de Béarn. Los tres aceptaron.

A mediados del siglo XII cuando a la sociedad europea comienza a abrírsele una era de estabilidad y mayor seguridad en los caminos que en épocas precedentes, las autoridades religiosas alzan una serie de edificios destinados a acoger a los viajeros en su tránsito hacia la supuesta tumba del Apóstol Santiago. Los peregrinos podían optar por atravesar el macizo pirenáico por Somport, Roncesvalles o Irún. La ruta que desembocaba en el segundo portillo era la que atravesaba a la Baja Navarra centrando los mayores contingentes en Ostabat. Es el fraile poitevino, Aimery Picaud, autor de la Guía del peregrino o quinta parte del "Codex Calixtinus" (siglo XII) el primero que enumera las vías que van a desembocar en la encrucijada de Ostabat:

La ruta que pasa por Sainte-Foy (de Conques en Rouergue), la que atraviesa Saint-Léonard (de Noblat en Limousin) y la que pasa por Saint-Martin de Tours, se reúnen en Ostabat, y después de haber atravesado el puerto de Cize, alcanzan en Puente la Reina a la que atraviesa Somport; desde aquí un único camino conduce a Santiago.

Los hospitales fueron enclavándose sobre todo en los lugares cercanos a desfiladeros, que por entonces abundaban en fieras, sitios propicios a servir de escondrijos a ladrones y falsos ermitaños, así como a no pocos nobles que se dedicaban en aquellos siglos al honroso pasatiempo de desvalijar viandantes. Mucha tinta han hecho verter los acerbos improperios del peregrino Picaud (1140) y aun en pleno siglo XV, Alta von Harff se hace eco del peregrino del Poitu al afirmar no he encontrado gente semejante ni en país musulmán... Ricardo Corazón de León castigó a varios nobles bajonavarros por haber maltratado a peregrinos; se cuentan entre ellos a Viviano de Agramont y al señor de Saint-Michel.

Los focos de irradiación hospitalaria son las abadías de Lahonce y Roncesvalles; son los monjes premostratenses -instalados en Lahonce y Urdax en el siglo XII- y los monjes-caballeros de Malta (Hospitalarios de San Juan de Jerusalén) afincados fuertemente en Roncesvalles los que más se destacan en la erección de filiales -prioratos y encomiendas- bordeando el Chemin Romiu de Compostela, calcado sobre la vieja vía romana de Astorga-Burdeos, hasta las cercanías de Apat-Ospital (Saint-Jean-le -Vieux). Hasta esta encomienda, la ruta seguía la carretera actual, pero en Apat, el peregrino echaba a andar a orillas de un arroyuelo afluente del Harzubi, pasaba por el barrio de Zabalza, cercano a Arsorits, y llegaba a San Juan de Pie de Puerto bordeando la margen izquierda del Laurhibar. Después de este reposo, comenzaba el temido paso de los Pirineos, bien por Valcarlos, bien por el Puerto de Cize. Este último tramo era el más frecuentado; el Puerto de Cize situado entre Atheka y Bentarte, se alcanzaba a través de una caminata por la divisoria de aguas entre el río Valcarlos y el Beherobie. Desde allí se iniciaba el descenso hacia Ibañeta y luego Roncesvalles.

Durante toda la Edad Media dura el trasiego de viajeros; al llegar a las primeras décadas del siglo XVII la mayoría de los peregrinos compostelanos prefieren ya pasar por Bayona-Irún-San Sebastián-Vitoria. Quedan como viejos testigos el priorato de Luxe, los hospitales de Garris, el priorato de Saint-Palais, el complejo de Ostabat-Harambeltz, el priorato de Utziat, la encomienda de Apat-Ospital, el priorato de Magdeleine, la encomienda de Arsorits, los hospitales de Irasketa y Gorosgaray, el hospital de Santa Maria de Burunza, la encomienda de Saint-Michel-le-Vieux, el priorato de Santa Maria de Orisson, y el de Arrokaluz. Algo alejadas a la ruta principal la encomienda de Mokosail, la de Irissarry, el priorato de Béhaune, la encomienda de Bidarray y el hospital de Uharzan.

Navarra consta aún de sólo cuatro merindades: Pamplona, Sangüesa, Estella y Tudela o Ribera. Lo que será con el tiempo la Sexta Merindad, la Baja Navarra, se denomina aún Castellanía de San Juan, cuyo castellano o alcaide posee, eso sí, los atributos de merino. El 5 de octubre de 1258, Brax Garcia, señor de Luxe, presta homenaje a Teobaldo exceptuando el vasallaje que debe como inmediato superior jerárquico, al vizconde de Tartas. Ese mismo año se constituye en la Baja Navarra una Hermandad o Cofradía que agrupa a los habitantes de Cize, Baigorry, Ossés y villa de Armendarits.

Teobaldo II casó con la hija del rey de Francia, San Luis (Luis IX); este estrecho vínculo le obligó a luchar a su lado contra el rey de Inglaterra, que en 1259 (Tratado de París) había tenido que renunciar a la soberanía sobre la Gascuña. El 23 de febrero de 1265 una hueste de caballeros, ballesteros, escuderos e infantería pernocta en San Juan de Pie de Puerto, a cargo del senescal de Navarra, Clemente de Launay. Otras dos expediciones pasan por San Juan, una llegada el día 6 de abril -que estuvo 35 días-, y otra el sábado siguiente a la fiesta de San Juan (15 días). Los pabellones y tiendas del rey estuvieron enclavados durante este tiempo en San Juan. Al a ño siguiente viene Teobaldo en persona; el 20 de septiembre extiende cartas por las que dona a Arnaldo-Guillermo de Agramont y a su hijo 10 caballerías y 6 a sus descendientes. El noble Agramont le había prestado homenaje, dos días antes, por él y por sus sucesores. Como ya dijimos, D. Teobaldo también tendió como su padre, a fortalecer la vida municipal; sin llegar a una lucha abierta contra la nobleza, ésta vio sustraerse a su poder pueblos enteros. En la Baja Navarra estipuló las contribuciones y privilegios de Iholdy y Armendarits (Aix de la Provenza, 7-VI-1270) días antes de partir a la Cruzada con San Luis, su suegro. Este fuero confirmado por Luis I "Hutin" en 1307 establecía tres tipos de ayuda al rey: cuando éste marchara a Ultramar, cuando casara a su hija primera y en rescate de la persona del rey. Partió, pues, a la última de las Cruzadas acompañado de navarros de ambos lados. A los bajonavarros -Belzunce, Irumberry, Uhart, etc.- los encabezaron el señor de Agramont con toda su parentela y bando así como el de Luxe con los suyos.

El matrimonio de Juana provoca una controversia en el reino que desembocará en la guerra de los barrios de Pamplona (1276). El concejo de San Juan de Pie de Puerto prestó homenaje de fidelidad a D.ª Juana el 5 de mayo de 1276 poniendo de manifiesto su satisfacción por el matrimonio de ésta con el hijo del rey de Francia, Felipe el Hermoso. En este año y el siguiente, el prior de San Juan visita Pamplona para gestionar la paz del reino. En la intervención de Beaumarchais en Pamplona participa Luxe con sus mesnadas. En 1291 fueron enviados mensajeros a los señores de Luxe y Agramont para que acudiesen a la hueste de Salvatierra. Al cabo de tres años, Remón Arnalt de Tartas presta homenaje a la reina por las tierras de Mixe y Ostabarret en nombre de su sobrino, Arnalt Arremont, que es menor de edad. A finales de siglo (1298) asisten a las Cortes de Pamplona los diputados de San Juan de Pie de Puerto, valles de Cize, Arberoa, Ossés y Baigorry. La asistencia a las Cortes de Pamplona será esporádica con la excepción de los diputados de San Juan.

Estamos en el siglo XIV siglo inquieto, nervioso, siglo de transición al que R. Pernoud califica de "visagra de dos mundos". En la Baja Navarra el comienzo es tranquilo pero, hacia la década de los treinta estallan las feroces guerras de bandos que se convertirán en endémicas y han de prolongarse hasta finales del siglo XVI. Los prolegómenos pueden observarse en las ordenanzas que Amanieu, señor de Albret, dicta en 1316, con la aprobación de la Corte General de Mixe, sobre violencias y robos efectuados en este valle. En 1319 los tres estados de la Baja Navarra juran fidelidad a Felipe el Largo y en marzo de este año lo hace Amanieu por los castillos de Garris, Mixe y Ostabarret.

Los burgueses de Labastide-Clairence disputan a los labradores del valle de Arberoa los términos jurisdiccionales hasta que en 1321 se otorga sentencia conciliadora entre ambos contendientes. En 1326 y 1329, Guitam, vizconde de Tartas heredero de Amanieu de Albret, presta homenaje a Carlos I de Navarra por Garris y castillo de Mixe y Ostabarret. San Juan de Pie de Puerto es confirmado en sus fueros (1329) por la reina Juana II; su carta -el fuero de Bayona- se había quemado así como la mayor parte de la villa en el incendio acaecido no hacía mucho. En septiembre de 1329 Arnaldo Guillermo de Agramont renueva su homenaje por Bidache y recibe el peaje íntegro de Roncesvalles. Los de Baigorry consiguen en 1331 una rebaja en la pecha mediante carta dada en Olite por la reina Juana.

Como ya se dijo, tanto agramonteses como luxetanos o beamonteses tienen su origen en la Baja Navarra, en la familia vizcondal de Dax. Las parentelas de Luxe y Agramont se enzarzan en luchas interminables a pesar de las amenazas reales. En 1334, Johan de Rossa, castellano de San Juan de Pie de Puerto, acompañado de jinetes y peones, gestiona la prolongación de las treguas entre los parientes mayores. Estas eran inestables a pesar de que la reina amenazaba a ambos bandos -Laxague, Luxe y Belzunce por un lado, Saltu, Garro, Agramont por otro-, con penas corporales y pérdida de bienes. En 1335 se repite la gestión. Ambos cabezas de linaje constituyen el armazón político, junto con el castellano de San Juan, de Ultrapuertos; ambos acuden, junto al castellano y al concejo de San Juan, a las Cortes que se convocan a la muerte del lugarteniente del reino (1339); ambos tienen que estar presentes para que la Corte General de Mixe celebre sesión, etc.

Entre el 8 de junio y 25 de diciembre se rompe el fuego nuevamente. Desde la capitalidad del reino acuden tropas para tomar posesión de los castillos de Garris, Rupefort y Rocabruna. El baile de Ultrapuertos, Egidio Garcia de Yaniz, penetra en dichas tierras con 9 caballeros y 80 infantes para castigar a los banderizos que hallan fácil refugio en tierras aquitanas en lucha contra el rey de Francia.

Egidio Garcia escoltó al vizconde de Thoart que no se atrevía a hacer el camino hasta Sauveterre del Béarn e hizo otro tanto con el señor de Monfterrand que se dirigía temerosamente a Bayona, plaza inglesa entonces. Los disturbios siguen en 1340, a ño en que se envían emisarios a los barones y merinos del reino para que alisten armas, caballerías y mesnaderos para acudir a Ultrapuertos. Pero la monarquía medieval nunca pudo acabar con las banderías por carecer de ejército propio permanente y, claro está, artillería.

Al año siguiente se envía a Maese Jacobo Licras, procurador de Navarra, para poner paz entre Agramont y Luxe. El primero fue condenado al destierro y encartado, pero las tropas enviadas para llevar a efecto la condena fueron hechas retroceder por orden del merino de la Ribera. No es de sorprender este tipo de contraórdenes en los años que reseñemos: si echamos una mirada al resto del reino, veremos que todo él se halla sacudido por luchas partisanas, agravadas por brotes de guerra en las fronteras con Aragón entre los de Sangüesa y los de Regal. También con Castilla hay sus más y sus menos -reclamación de las provincias vascas, Guipúzcoa, Alava, Rioja, Vizcaya, que el castellano tenía en su poder lo que contribuye a un empobrecimiento general, especialmente en Baigorry de donde emigran muchos labradores. Mientras Europa asiste a los inicios de la guerra de los Cien Años, el panorama en la Baja Navarra, como vemos, ofrece un aspecto pobre y desolado por la guerra, especialmente por la de bandos que prosigue durante el reinado de Carlos II el Malo.

El Príncipe Negro pasa por Ultrapuertos. Durante este reinado, Ultrapuertos es considerado ya como una merindad. El castellano de San Juan recibe el apelativo de "guardia de las tierras de Ultrapuertos", "gobernador de Aquent Puertos" o "baile de Ultrapuertos". En 1355 D. Carlos establece en San Juan de Pie de Puerto una feria el día de la Trinidad. En 1365 los clérigos bajonavarros se rebelan negándose a pagar impuestos al rey. D. Carlos encomienda al gobernador, Arnaldo Sanz de Liqueta, la ejecución de sus órdenes: amenaza de confiscación de bienes y toma de rehenes entre las barraganas (mancebas) del clero, con lo que se soluciona la crisis. Pero ocurren cosas peores: los angloaquitanos toman San Juan de Pie de Puerto.

Por el tratado de Bayona (1366), el rey navarro consigue que se la restituyan pero tiene que comprometerse a permitir el paso de las tropas del príncipe de Gales a la península donde Pedro I y Enrique de Trastamara luchan por la corona castellana. Por los puertos del Cize, calificados por Froissart "de umoult périlleux et très félons à passer, car il y a cent lieux sur ces passages que frente hommes les garderaient à non passer contre tout le monde", pasaron el duque de Lancaster, el condestable de Aquitania y sus señores, Chaudros, el principe de Gales y el rey Pedro I, el rey de Mallorca y sus respectivas tropas. En 1383, como consecuencia del Cisma de Avignon (1378-1417) al declararse los soberanos ingleses partidarios del Papa de Roma, la sede episcopal se escindió y un prelado disidente, Pedro de Sumalaga, se estableció en San Juan de Pie de Puerto con cuatro canónigos, donde constituyó un obispado bajo la obediencia de Avignon que había de durar hasta 1418.

A Pedro le había de suceder García de Eugui, capellán de Carlos II, siendo el tercer y último obispo Guillermo Arnaldo de Laborde que asistió al Concilio de Constanza y volvió a Bayona a ocupar la sede episcopal vacante a la muerte de Pierre de Mauloc. En San Juan de Pie de Puerto, una casa posterior (1585) recuerda la desaparecida morada de los obispos a cuyo costado se halla la "Prisión de los Obispos". En 1384 D. Carlos intenta conciliar a los bandos agramontés y beamont és convocando (2 de abril) a los jefes de ambos, Gramont y Luxe, y haciéndoles jurar que mantendrían una paz duradera, en la iglesia de Notre-Dame-du-Bout- Pont. La única consecuencia perdurable de este intento es, sin embargo, la ermita de San Antonio de Musculdy (Zuberoa), fundada en aquella ocasión como ofrenda de paz del país a nombre et reverencia del segnor Sant Antoni y en sufragio del alma de los muertos de uno y otro bando. La ermita ha perdurado hasta nuestros días, pero la paz, por no estar basada en fundamento real, apenas dura unos años y la guerra de bandos persistirá como un trastorno endémico en el viejo reino. La última visita de D. Carlos a Aquent Puertos es en 1386: gira por Roncesvalles, San Juan de Pie de Puerto, Saint-Palais, Sauveterre y nuevamente Saint-Palais.

La intervención navarra en los asuntos de Castilla. Carlos III el Noble se esforzó durante su reinado por pacificar losánimos de los enzarzados en las guerras de bandos. En 1388 había dotado al castellano de San Juan de Pie de Puerto de 40 hombres y 20 sirvientes para que pudiera mantener la paz en Ultrapuertos. Pero se mostró tan complaciente con la nobleza mediante dotación de mesnadas y remisiones de hidalgos, que sólo logró el efecto contrario, su robustecimiento. A su muerte (1425) le heredó su hija, Doña Blanca I, que había casado con el futuro Juan II de Aragón. Navarra se vio envuelta, por ello, en la guerra de aragoneses y castellanos, divididos éstos, a su vez, en partidarios o adversarios de D. Alvaro de Luna. En 1435 se hace una leva de bajonavarros con destino a las fronteras amenazadas del reino.

Afortunadamente, al año se proclama en San Juan de Pie de Puerto la paz con Castilla. Después de sucesivas treguas, se concierta, en 1437, la boda de la infanta de Navarra, Blanca, con el heredero de la corona castellana. Se cursan cartas desde la corte de Pamplona para Agramont y Luxe, así como para los gentilhombres de Iot (Iholdy), Armendarits, Cize y Garro, referentes a la renovación de treguas y gente a enviar. Juan II sigue su política de intromisión en los asuntos de Castilla. En la primavera de 1438 las guerras de bandos sacuden Ultrapuertos. D.ª Blanca I y su marido expiden en Olite (9 de abril) un decreto por el que se declara traidores a los bandos que prosigan en la lucha a partir de la promulgación. El 23 de junio los habitantes de San Juan de Pie de Puerto son remisionados de cuarteres en su tercera parte como recompensa a los buenos servicios efectuados a este respecto. Juan II traspasa, con sus tropas, las fronteras de Castilla para acudir en ayuda de los coaligados contra D. Alvaro de Luna. Pero una misteriosa alarma se produce el día 20 de julio: tanto el castillo de San Juan de Pie de Puerto como las demás fortalezas de Ultrapuertos son puestas en estado de alerta ante la invasión de gentes armadas que se anuncia de la parte de Bordalles (Burdeos?), encabezada por diversos barones y capitanes. La reina, D.ª Blanca, designa comisarios para la sexta merindad a Guillem Martin de Villava, procurador real, y a Bernart, señor de Arbouet, encargándoles tomar posesión de la tierra de Labastide-Clairence, con el bailiaje y jurisdicción de dicha villa. Les ordena colocar las armas reales en la misma y nombrar comisarios para la administración y defensa de dicha tierra. Los comisarios generales reciben también órdenes de reparar las murallas y fosos, hacer palençados, obligar a los habitantes a efectuar "velas et rondas et otros goaytes necesarios", se prevee la retirada de los ganados a lugares seguros y la quema de los trigales en los que los invasores pudieran abastecerse. Los hombres de Baztán, Aezkoa, Salazar fueron también puestos en pie de guerra para acudir en defensa de la Sexta Merindad...

Blanca I muere en 1447 dejando como heredero a Carlos, Príncipe de Viana. En 1451 mientras Carlos se halla de gobernador del reino, Juan II de Aragón vuelve a enredar a Navarra en las guerras civiles de Castilla. El Príncipe de Viana logra detener la invasión castellana mediante una entrevista. Parece ser que en ésta, D. Alvaro de Luna avivó el resentimiento del príncipe contra su padre; que había casado con la castellana Juana Enríquez sin ni siquiera dar cuenta al reino. La guerra civil no tarda en estallar (1452) cuando D. Juan envía como gobernadora de Navarra a la castellana, madre del futuro conquistador del reino, Fernando el Católico.

Agramonteses y luxetanos vuelven a luchar en la Alta y Baja Navarra. La villa de San Juan de Pie de Puerto, agramontesa en su mayoría, se declara a favor del rey de Aragón, Juan II. El señor de Luxe, que era por entonces gobernador general de Ultrapuertos, aprovecha la oportunidad para tomarla y ponerla a saco, con los beamonteses partidarios del Príncipe, pero, a su vez, es despojado por D. Gastón de Foix de buena parte de sus bienes. El Príncipe muere en 1461 Ahora es su hermana D.ª Blanca, la que estorba a los planes de su padre, de su madrastra y de su hermana D.ª Leonor, casada con D. Gastón de Foix. Repudiada por el rey de Castilla, Enrique IV, la infortunada princesa es secuestrada por su padre. En abril de 1462 pasa por San Juan de Pie de Puerto, rumbo a Orthez en cuyo castillo sería envenenada, por orden de su hermana Leonor, al cabo de dos a ños de sufrimientos. Fue en esta ciudadela bajonavarra donde dictó su última voluntad; en un rasgo de desesperación muy comprensible, hizo cesión y donación intervivos del reino de Navarra a su primo el rey de Castilla, Enrique IV, privando de la herencia a la ambiciosa D.ª Leonor. Firmado el documento el último día de abril, ingresó en el castillo de Orthez. Fue enterrada en el panteón de Lescar.

D.ª Leonor, hermana de Blanca, había casado, como ya dijimos, con D. Gastón de Foix, vizconde del Béarn. Después de intrigas y asesinatos, la pareja llega al trono en el que sólo se mantienen meses, ya que uno y otro mueren al poco. Les sucede Francisco Febo, el primer monarca navarro que fija su residencia en Pau, que muere al cabo de cuatro años, y luego, D.ª Catalina I, cuyo matrimonio con Juan de Albret es votado por los Estados del Béarn contra el deseo de muchos navarros. Vemos, pues, cómo el peso político del reino se ha desplazado al Béarn en un plazo relativamente corto. Durante su reinado amainan algo las banderías por la acción de las hermandades constituidas en Navarra a las que se da nuevo impulso en 1498. La merindad de Ultrapuertos posee tres presidentes de hermandad, el de San Juan de Pie de Puerto, el de Mixe y el de Cize.

En septiembre de 1512, toda Navarra, incluida Ultrapuertos, está en manos del duque de Alba. Para intimidar a la Sexta Merindad los castellanos queman Mongelos [20-IX-1512]. Los reyes, D. Juan y D.ª Catalina se retiran al Béarn acompañados de los caudillos agramonteses en busca de ayuda francesa. Por su calidad de vizcondes de Béarn residirán, de aquí en adelante, en Pau. Ocupada San Juan de Pie de Puerto (10 de septiembre), la más importante de las plazas militares de la Baja Navarra, Alba amenaza el reducto bearnés de los reyes Juan y Catalina. Pero el 24 de septiembre estalla un motín entre las tropas españolas acantonadas en San Juan que, cortadas del grueso del ejército, mal avitualladas, mal vestidas y continuamente mojadas por las torrenciales lluvias de aquel año, caían además víctimas de la peste.

Luis XII envía al general la Palice y al delfín Francisco, duque de Valois, en ayuda de los navarros que logran reconquistar momentáneamente (octubre 1512) la Baja Navarra que permanecerá, sin embargo, durante nueve años ocupada por los castellanos. La sorpresiva invasión produjo una momentánea unidad entre agramonteses y luxetanos; éstos últimos, encabezados por Juan IV de Luxe, permanecieron fieles a sus legítimos soberanos, conducta que, como sabemos, no adoptaron sus filiales los beamonteses agrupados en torno al Conde de Lerín. La Baja Navarra se somete al poder castellano hacia 1513; esta tardanza obedece no sólo a motivos de cercanía al Béarn, refugio de Juan y Catalina, sino también al hecho decisivo de la mucho menor importancia del bando luxetano, y a su fidelidad. Sólo después de ocupada la sexta merindad, los nobles bajonavarros negocian con el ocupante.

Ante el marqués de Comares, virrey de Navarra, prestan juramento de acatamiento en el cuartel general de San Juan de Pie de Puerto, el 5 de junio de 1513, los siguientes señores: Beltrán de Armendarits, Juan de Belzunce, Francés de Armendarits, Jaime de Laxague, Jaime de Saint-Martín de Arberoa, Juan de Apat, Arnauld de Lascor, Beltrán de Béhasque, Per Arnauld de Aguerre, Juan de Aramburu, por sí y en nombre de Joanot de Irigoyen y del caballero de Elizeche. Como vemos, no figura entre los claudicantes el señor de Luxe, cabeza del bando beamontés. Los diputados de San Juan de Pie de Puerto asisten este año a las Cortes de Pamplona así como en 1515. En 1514 el virrey, marqués de Comares, acomete la reorganización de la hacienda navarra, en especial en lo referente a la percepción de impuestos.

Por carta del 15 de marzo de 1514 amonesta a Bernat de Aramburu, abogado de la Corte Mayor y comisario real, por el retraso en la recaudación de impuestos por los oficiales encargados en "la provincia de Bascos". En carta del día 20 se pasa a las amenazas, pero los diputados de las tierras, villas e hidalgos se negaron a pagar los tributos correspondientes a 1512 alegando que les había sido perdonado como indemnización de guerra. El baile de Mixe, el procurador de los Luxe, el de los Agramont, el señor de Uhart, el de Arberats, el de Aguerre, el de Behascun, otros gentil- hombres y de 600 a 700 hombres de la tierra alegan unánimemente la no procedencia de la orden, así como los de Iholdy, Armendarits y Labastide-Clairence Ignoramos sise salieron con la suya.

En 1516 el mariscal Pedro de Navarra penetra en la Alta Navarra a través del Roncal con 1.200 soldados entre bajonavarros y bearneses; muchos de éstos abandonan la empresa pero 120 roncaleses se suman al mariscal al que ayudan en el encuentro con el ejército castellano del coronel Villalba, siendo derrotados el 23 de marzo de 1516 en Isaba. San Juan de Pie de Puerto, ocupada por una guarnición castellana, es sitiada por las tropas de Juan de Albret, infructuosamente. Dos a ños más tarde el concejo de San Juan de Pie de Puerto entabla pleito con la monarquía extranjera a propósito de la capacidad de ejercicio de la jurisdicción criminal por parte de los jurados de la villa. En la información testifican una serie de ancianos, el merino de San Juan, Petri de Soraburu, varios hidalgos entre los que destaca el vizconde de Echauz, el alcalde de Cize, etc.

Se produce aprovechando las rivalidades de los reyes francés y castellano respectivamente y la sublevación de las Comunidades. Reinaba ya Enrique II de Navarra. A las tropas bearnesas y navarras se unen las de Francisco I de Francia al mando de André de Foix, señor de Esparros y hermano de Lautrec. San Juan de Pie de Puerto es recuperada el 15 de mayo de 1521 Sigue el resto de la Baja Navarra y luego la recuperación de todo el reino, incluida Pamplona.

Un ejército de alrededor de 12.000 hombres atraviesa los puertos pirenaicos y asedia la ciudadela de Pamplona. En el interior, un joven guipuzcoano, Ignacio de Loyola, lucha por los reyes de Castilla. La ciudad es reconquistada por los navarros; Ignacio, herido en ambas piernas es evacuado a su villa natal. Pero una incursión arriesgada de Esparros en tierras de Castilla echa por la borda las esperanzas navarras. Tras la derrota de Noain (30-VI-1521), Barbatain y Ezquiroz, los castellanos toman Maya, último reducto altonavarro. Las primeras Cortes en el exilio se reunen en Saint-Palais, el 28 de agosto de 1523, en la iglesia de San Pedro; Enrique II jura los fueros y recibe el juramento de fidelidad de los tres Estados. En revancha, Carlos V envía una expedición punitiva al mando de Filiberto de Chalon y Fernández de Velasco. Las columnas del Emperador entran en la Baja Navarra en 1523 y toman a saco las villas bajonavarras, suletinas y bearnesas de Navarrenx, Sauveterre, Sordes, Hastingues, Mauleón, Garris y Bidache. Los castillos de Guiche y Bidache fueron incendiados por las tropas castellanas.

Carlos V fue aconsejado en esta expedición por el noble bajonavarro de Luxe; al desalojar el Emperador sus tropas, D. Enrique decreta, por cartas patentes del 2 de mayo de 1524 la confiscación de todos sus bienes y el arrasamiento de su castillo. La batalla de Noain dio fin al período de reivindicaciones armadas del reino; de ahora en adelante, el derecho de los monarcas navarros se basará puramente en alegados morales y de jurisprudencia, además de una serie de negociaciones, que nunca cuajaron en nada real, y las intrigas y conspiraciones urdidas para casar a la heredera, D.ª Juana, con distintos príncipes europeos, entre ellos con Felipe II. Por otra parte, muchos nobles agramonteses altonavarros que, fieles a sus reyes, les habían acompañado al Béarn, habían vuelto a sus antiguas tenencias y, tras cumplir el trámite del juramento a Fernando, iban siendo reincorporados a sus cargos, bienes y posición. Algunos nobles bajonavarros siguieron gozando de sus bienes altonavarros, como en el caso de los Garro, pero, a la postre, tuvieron que venderlos. El castillo de Bidache se reconstruye en 1530.

Amigo de Francisco I que le dio la gobernación de la Guyena, Enrique participa en la toma de Fuenterrabia donde deja una guarnición de 3.000 vascos y bearneses. Luego acude a la batalla de Pavía (1525) donde ambos soberanos caen prisioneros. Enrique II permanece preso en el castillo de Pavía mientras su hermano, Carlos, lugarteniente general de la Baja Navarra y del Béarn, recoge donativos e impuestos extraordinarios entre los súbditos. A las Cortes. de 1525 asisten, entre otros, los procuradores de San Juan de Pie de Puerto, Tristán de Beaumont, el señor de Ainhice, el de San Martín de Yanitz, etc. El 13 de diciembre de 1527 Enrique se evade novelescamente y a comienzos de a ño vuelve a su pequeño reino después de haber casado con la célebre Margarita de Angulema, hermana de Francisco I. Durante este reinado, la verdadera capitalidad de la Baja Navarra pasa a Saint-Palais donde se establece todo el aparato administrativo del reino: los Estados, la Chancillería, etc. Uno de los efectos más duraderos de la participación del reino son las discordias entre los valles altonavarros y bajonavarros que comienzan en 1530 y a lo largo de los siglos.

Enrique fue un rey poco afortunado en el arte de guerrear, amante de la vida tranquila y de introducir mejoras en la vida material. Murió el 25 de mayo de 1553 y se le enterró en Lescar, donde reposaban sus padres y la infortunada Blanca II. Su reino comprendía, aparte de Navarra, el Béarn, que el monarca mandó separar de Navarra, en 1534, por medio de bornes esculpidos con las armas navarras y las vacas bearnesas, Zuberoa, Bigorra, los países de Foix y Albret, éste último abarcando las tierras entre el Adur y el Garona (cap. Nérac). Desde 1527 poseyó también el condado de Armagnac. A la prosperidad que Enrique aportó a su reino, hay que a ñadir además el brillo que otorgó a la corte una mujer como Margarita de Angulema, personalidad exquisita y culta, universalmente conocida como autora del Heptamerón.

El hecho de que los reyes españoles consideraran a la Baja Navarra como territorio perteneciente al reino que habían conquistado -haciendo, incluso, constar en los roles del reino los cuarteles que Ultrapuertos les debía- y que los monarcas franceses, por ser también los de Navarra, a partir de Enrique IV, consideraran a la Alta Navarra como territorio irredento, dio lugar a que los navarros de ambas vertientes gozaran de un status favorable en tierras castellanas y francesas. Hay bastantes intentos de anular este status, como éste de las Cortes de Tudela de 1583 (ley 47):

Por leyes de este reino está ordenado y mandado que los extranjeros no sean admitidos en este reino, en oficios ni beneficios; y sin embargo de esto, los Vascos -recuérdese que se llama "Tierra de Vascos" a Ultrapuertos- han pretendido no ser extranjeros, y que pueden tener oficios y beneficios en este reino. Y pues ellos son súbditos y vasallos de otro Príncipe: Suplicamos a V. M. ordene y mande interpretando dichas leyes, o como mejor lugar hubiera, que los Vascos se tengan por extranjeros y no se admitan en este reino en oficios, ni beneficios, vicarías y pensiones, y se les quiten los dichos oficios y beneficios, vicarías y pensiones, a los que las tuvieren: y se tomen a mano Real los frutos de ellos.

El decreto real recoje el contenido de esta ley

excepto en los vascos que al presente tienen beneficios, pensiones o vicarías en este reino con los cuales no se ha de entender hasta que hayan vacado los tales beneficios, pensiones y vicarías.

Felipe II hace constar en una carta al virrey, marqués de Almanza, que no entraba dentro de sus planes que los navarros separados perdiesen la esperanza de obtener en su antigua patria toda clase de gracias y empleos y que él estaba decidido a acordárselos, como de hecho lo hizo. Martín de Vizcay, en su obra Derecho de naturaleza que los naturales de la merindad de San Juan de Pie de Puerto tienen en los reinos de la corona de Castilla publicada en Zaragoza (1621), alega que los bajonavarros tienen derecho a gozar de las prerrogativas de la ciudadanía navarra en todos los reinos de la corona de Castilla. En este caso estuvo la familia Javier. De hecho, los bajonavarros siguen disfrutando de los beneficios inherentes al derecho de naturaleza hasta el Tratado de los Pirineos (1659). Dice un Memorial del 28-II-1636 del Archivo de Pamplona:

que en los Reynos de Castilla sean admitidos oficios y beneficios y en éste se les de naturaleza a los que están casados y avecindados y hoy se hallan aquí muchas familias y gran número de personas y si son tratadas como los demás vasallos del Rey Cristianismo y se procede a venderles sus haciendas habrán de dexar este Reyno y yr a otras provincias y V. Magestad tendrá mucho daño...

Aunque, según dice Moret,

verdad es que después en varias ocasiones se los han puesto en pleito,

no hay duda de que estos derechos eran aún vigentes en 1660; un

Memorial dado a las Cortes de Pamplona por don Domingo de Berrozpide, como diputado y a nombre de los tres Estados de la Baja Navarra reunidos en Labastida, solicitando la revocación de ciertos Estatutos que separaban a los habitantes de aquella de los privilegios que disfrutaban como miembros de una misma Comunidad con los de la Alta Navarra...

nos da a conocer el malestar que produce esta discriminación entre los bajonavarros.

Hija de Enrique y de Margarita, juró los fueros navarros en 1553 cuando contaba 25 años. Hacía 5 que había casado con el príncipe Antonio de Borbón, boda en la que se emitió moneda y se hizo una solemne protesta contra la usurpación del reino por Felipe II. Los novios, después de visitar el Béarn, pasaron a tierras bajonavarras con una escolta de 2.000 bearneses tocados de rojo; a su encuentro acudieron otros tantos navarros tocados del berret negro, con el señor de Agramont a la cabeza (1549). Antonio, como príncipe francés, tomó parte activa en la política de su país de nacimiento, envenenado por las querellas religiosas. Se le acusó de papista ante la reina, su mujer, y, efectivamente, murió cuando se aprestaba a sitiar Rouen, después de haber tomado Bourges, contra las tropas protestantes de Condé (17-XI-1562), aunque sus opciones religiosas habían sido muy variadas: católico hugonote, protestante y católico nuevamente. Juana, sin embargo, a los siete años de reinar sobre bearneses y navarros, abjuró con toda solemnidad del catolicismo (Navidades de 1560); su adhesión al calvinismo no varió desde entonces.

Las guerras de religión estallan en Francia en 1562 con la masacre de Wassy por los católicos de Guisa, a los que apoya España. En Navarra las querellas entre ambas facciones religiosas reflejan la agitación europea del momento. Juana decreta la confiscación de los bienes de los eclesiásticos que se resistan a la implantación de la reforma en su reino. Se resucitan entonces las banderías agramontesas y luxetanas: Luxe y Gramont vuelven a estar frente a frente, esta vez con el ropaje religioso. El conflicto comienza en septiembre de 1567 al ser expulsados de Saint-Palais los ministros hugonotes allí designados: La Rive y Tardis. Juana efectúa varios nombramientos nuevos, entre ellos el de Juan de la Lanne o Larrea -es el mismo apellido-, señor de la casa de Ispoure y exmaestre de campo del rey de Navarra, al que se confía el castillo de Garris, sede entonces de la Justicia real. Acometido por los católicos, que, por entonces, ya se hallaban constituidos en liga, fue hecho prisionero a los dos días y encerrado en el castillo de Tardets. Los Estados de Navarra protestan de la arbitrariedad real, el campesinado ve con recelo las innovaciones. La guerra civil no tarda en estallar con una dureza semejante a la francesa, de la que es reflejo. Temerosa de las consecuencias, Juana envía a su hijo Enrique -futuro rey de Navarra y Francia - acompañado de varios gentilhombres entre los que se encuentran el señor de Gramont, el vizconde de Borbón-Lavedan y otros, con un pequeño ejército dotado de artillería... Los católicos se retiran hacia los puertos del Cize, Enrique les sigue hasta San Juan de Pie de Puerto donde debe hacer alto ya que el invierno impide proseguir a la tropa. En una Junta reunida en Galzetaburu (1568), cerca de Ainhice-Mongelos, el procurador vasco Etchart se dirigió a los bajonavarros ante el rey adolescente, que, según Bordenave, autor contemporáneo a los hechos, también habría tomado la palabra con fines conciliadores. La misma Juana presidió los Estados en Saint-Palais y otorgó una amnistía a los sublevados que se entregaran antes de ocho días (28 de febrero de 1568), tras haber hecho ejecutar a tres de los insurgentes y exceptuar a varios nobles levantiscos del perdón regio.

Pero tres muertos pesarán demasiado a la hora de la conciliación. Los cabezas de la Liga firman un Manifeste des gentilshommes et du peuple de la Basse-Navarre qui ont pris les armes contre l'établissement de la religion réformée fait par la reine de Navarre, en Eyheralarre (Saint-Michel-le-Vieux), el 24 de marzo de 1568 y se aprestan nuevamente a la guerra. Juana recluta también soldados en el Béarn. Lamothe-Fénelon, embajador de Francia, logra de la reina y los insurrectos una breve tregua que sólo sirve para permitir que ambos se preparen con más comodidad. Esta paz, precaria de nacimiento, se rompe en 1569. Carlos de Luxe, cabeza del antiguo bando beamontés, se alza en armas contra la política religiosa de la reina, seguido de los señores de Monein, Orégue, Gensanne de Orsanco, Arangois, Domezain, Echauz, Armendarits, Uhart, etc. La situación sólo podía beneficiar a franceses y españoles, monarquías católicas deseosas de intervenir bajo el pretexto de ayuda al bando católico beamontés y anexionarse así los restos del reino de Navarra más las posesiones de los Albret. Efectivamente, Catalina de Médicis ordena que los parlamentos de Toulouse y Burdeos procedan a ocupar las tierras navarras, corriendo la ocupación del Béarn a cargo de las tropas del barón de Tarride y de los católicos bajonavarros encabezados por el señor de Luxe.

La situación se deteriora rápidamente, se torna caótica. Carlos de Luxe, de acuerdo con la regente francesa, toma y fortifica las plazas fuertes de Garris y Mauleón. Mientras, las tropas reales de Juana, encabezadas por Montgomery, penetran en Zuberoa y los valles navarros a sangre y fuego. Su llegada desaloja a Luxe. Saint-Palais es incendiado. Al retirarse, los católicos se apoderan de San Juan de Pie de Puerto y se ponen en contacto con los habitantes del otro lado de la frontera; persiguen a los hugonotes y llegan a Navarra, hasta que una serie de reveses los obligan a buscar refugio en los valles altos de Zuberoa. Una nueva intentona sobre Olorón fue detenida por el barón de Arros, lugarteniente de la reina. El ejército de Montgomery ocupa la Baja Navarra; Larrea, que había sido canjeado por el capitán Juan de Amorots, es nombrado capitán de San Juan de Pie de Puerto (1570) y se le recompensa con la encomienda de Saint-Michel; él se encargará durante cerca de dos a ños de proteger a la minoría hugonote y reducir al resto. Mientras, en España se reprime con dureza a los protestantes, y en Francia, éstos obtienen, por el Tratado de Saint-Germain (8- VIII-1570), la concesión de cuatro plazas de seguridad.

Como balance puede decirse que, dejando aparte las pérdidas humanas, la mayoría de las iglesias de la Baja Navarra y Zuberoa guardan recuerdos de los a ños 1569-1574 la iglesia de Santa Eulalia de Uganga -la más antigua de San Juan de Pie de Puerto- y la de Nuestra Señora del Puente, son destruidas. El castillo de Béhorléguy es incendiado al igual que la encomienda de Irissarry, la casa de Laskorrea de los Jaxu, Larceveau y sus alrededores, la iglesia de Uhart, etc. Luxe, vencido y fugitivo, solicitó el perdón de la reina y al serle denegado, pasó a residir en Ochagavía (Alta Navarra), hasta 1572 en que muere Juana. Es en esta fecha (1570) cuando Bidache, principado de los Gramont, es erigido en soberanía con derecho de asilo. El jefe hugonote, Antoine de Gramont, presidente de la corporación municipal de Bayona, alegó el 21 de octubre de 1570, contra las pretensiones de Bayona sobre el puente de Bidache, que "el dicho lugar de Vidaxen era tenido por él como soberanía, salvo lo que la reina o el rey de Navarra, debido a su grandeza, pudieran disponer"; en lo demás, los Gramont organizarán su pequeño principado con absoluta autonomía hasta la Revolución. Como vemos, cada uno va a lo suyo, salvo Juana, ardiente calvinista, y el pueblo bajonavarro, aferrado a la religión tradicional.

El obispo de Bayona tampoco pierde el tiempo: en 1571, logra una carta de Enrique III de Francia por la que se le capacita para apoderarse de los bienes de la reina navarra en Francia... Para ganar a los Estados de Navarra, meses antes de morir -2 de febrero- D.ª Juana envía una comisión con la orden de hacer leer, publicar y registrar en todo el reino las ordenanzas concernientes a la religión: se acuerda devolver los bienes eclesiásticos confiscados al comienzo del conflicto tanto a Bayona como a Roncesvalles. La muerte de esta soberana tiene lugar en el castillo real de Blois, el 4 de junio de 1572 -dos meses antes de que 20.000 hugonotes fueran asesinados la noche de San Bartolomé- en circunstancias sospechosas que han hecho pensar en un posible envenenamiento. Juana se hallaba gestionando el matrimonio de Enrique con Margarita de Valois al que se oponían tanto el Papa como el rey de España. Durante esta primera fase de las guerras de religión se interrumpe la vida parlamentaria del territorio; desde 1569 hasta 1574 no hay reunión de los Estados de Navarra.

Enrique, a pesar de su conocida tolerancia, no podía sustraerse ni a la herencia de su madre que le hacía aparecer como cabeza del bando protestante navarro, ni a su situación de heredero al trono de Francia sumida en lo peor de las guerras religiosas. Su política conciliadora -ratificación de la libertad otorgada por su madre en 1572 al cabildo de Bayona para disponer de sus bienes bajonavarros- choca con la terquedad de los clérigos bajonavarros que quieren un estado monoconfesional católico y protestan continuamente (1575, 1577, 1582,..). En Francia, el Edicto de Beaulieu (1576) otorga cierto respiro a los hugonotes sobrevivientes a la matanza de San Bartolomé. Enrique III de Francia no tiene herederos directos por lo que su homónimo navarro es el aspirante con más derechos al trono.

Para tramitar su acceso al mismo, Enrique deja como regente en la Baja Navarra y Béarn a su hermana, Catalina de Borbón, casada con Enrique de Lorena; el gobierno de ésta dura desde 1577, en que se ausenta Enrique hasta 1593. Desde entonces la Baja

Navarra y el Béarn fueron regentadas por virreyes o lugartenientes generales. En 1578 Catalina perdona los impuestos que debían varias villas, como Larceveau, por haber sido incendiadas durante la guerra. Pero no basta. Los Estados de Navarra hacen constar su deseo de que la religión católica sea restaurada en exclusiva (1583 y cinco veces más hasta 1593). Entre 1585 y 1589 tiene lugar la que se ha dado en llamar Guerra de los tres Enriques. Los protagonistas son el jefe de la Liga católica francesa, Enrique de Guisa, aliado de Felipe II desde 1585, Enrique III de Francia y Enrique III de Navarra (futuro IV de Francia). El Papa, presionado por Felipe II, firma una bula anulando los derechos del navarro al trono de Francia. Aprovechando la ausencia de Enrique y de la regente D.ª Catalina, Carlos de Luxe, el viejo caudillo católico, vuelve a traspasar los Pirineos y se apodera del castillo de Mauleón y del gobierno de Zuberoa, cargos que desempeñaba el caballero Juan de Belzunce, calvinista, partidario devoto de la reina Juana y de su hijo. Tras reunir un pequeño ejército (1587), Belzunce expulsó al de Luxe, cometiendo una serie de tropelías que le valieron la condenación del Parlamento de Burdeos, aunque fue más tarde perdonado por su amigo, el rey D. Enrique. La Baja Navarra vive un mal momento de su historia; en las aldeas el terror a los desastres de la guerra reaviva la imaginación y la creencia de la gente sencilla en brujas y demonios; se espía al individuo que no comulga con la sociedad y acaba por verse en él al autor de conjuros y maleficios.

La gente cree tener el "mal de ladrar", se esperan plagas, el demonio pacta con hombres, mujeres y niños, escasea el grano... El católico du Laur, que estaba en Gascuña con 600 caballeros, irrumpe en Saint-Palais y asesina al antiguo secretario de la reina, Enekot de Ezponda (o Sponde), saquea la Casa de la Moneda y la villa. Mientras tanto, en Francia, Enrique III hace asesinar a Enrique de Guisa (1588) para caer él mismo víctima de los católicos en 1589. Dos Enriques desaparecen de la escena por eliminación recíproca con lo que queda el navarro enfrentado a los católicos franceses y navarros y a las tropas españolas de Felipe II... pero dueño de la corona francesa.

Prosigue su reinado navarro (1589-1610). En 1589, pues, Enrique III de Navarra adviene al trono francés como Henri IV. Por las cartas patentes dadas en Nangy el 13 de abril de 1590, el navarro excluye de la unión de sus bienes patrimoniales a la Corona francesa: Navarra, el Donezan, las tierras del païs bas y los señoríos enclavados en cestuy nostre royaume. Las razones que Enrique aduce para no unir la corona francesa y la navarra son que, de hacerlo, su hermana Catalina perdería los derechos a heredar debido a la ley sálica vigente en Francia, y por otra parte, que los acreedores de la corona navarra se verían en desventaja con la unión. El procurador general del reino francés y el Parlamento de París se negaron a hacer distinción entre el dominio privado de Enrique y el dominio público de la Corona, teoría que venía elaborándose desde comienzos del siglo XIV, dificultosamente, para acabar por abrirse paso en los siglo XVI y XVII, creando así el conflicto entre los reyes y sus familias desde Luis XII. Pero Enrique mantiene a la Baja Navarra en su estatuto político-administrativo propio consistente en:

  1. Superintendente de finanzas de Navarra
  2. Tesorero general y secretarios de finanzas.
  3. Canciller del reino-Guarda Sellos.
  4. Consejo de Navarra.
  5. Secretarios de Estado Secretarios de la Casa y de la Corona de Navarra.
  6. Cámara de Comptos con sede en Vendôme.
  7. Procurador General de Navarra.

En 1593 Enrique abandona el calvinismo y se hace católico. Decrecen por fin las guerras de religión y comienza en la Baja Navarra la reconstrucción de los edificios y pueblos tragados por las llamas. Restablecida también la paz en Francia por el Edicto de Nantes (1598), Enrique procede a agregar a la corona francesa todas sus posesiones y dominios feudatarios: ducados, vizcondados, baronías y otros señoríos. Sólo se salvan de esta suerte el reino de Navarra y el vizcondado del Béarn, que por las cartas patentes otorgadas en Tholoze en 1605 son separados de la Corona Francesa. Renunciando tácitamente a reivindicar la Alta Navarra, hace reconocer la validez jurídica de la naturaleza alto-navarra en el reino de Francia, por ser los altonavarros súbditos del reino que los castellanos usurparan a sus mayores, o sea, súbditos suyos.

El resto de los bienes del primer Borbón francés es incorporado a Francia por el edicto de julio de 1607 que revoca las cartas patentes del 13 de abril de 1590. El sello de Navarra sigue siendo distinto, se sigue emitiendo moneda en Saint-Palais, prosigue en sus funciones el Consejo de Estado, etc, pero... Enrique va preparando poco a poco la unión por medio de medidas a primera vista imperceptibles: colocación de un mismo individuo a la cabeza de la Chancillería de Francia y de la de Navarra, lo mismo en el Secretariado de Estado de ambas monarquías, y creación de nuevos funcionarios para la Casa de Navarra. En 1608 encomienda la redacción del Fuero a una comisión de juristas, redacción que fue rechazada por los Estados y fue impuesta por Luis XIII más tarde. Como todos sabemos, Enrique murió asesinado el 14 de mayo de 1610 a manos de un tal Ravaillac.

En 1564 se celebra un sinodo calvinista en Pau en el que se acuerda, entre otras medidas conducentes a la implantación de la reforma en el país vasco, la traducción del Nuevo Testamento al euskera. La persona elegida para llevar a cabo este trabajo es el sacerdote Joannes de Leizarraga, junto con una comisión de cuatro ministros protestantes tambi én vascos. Iesus Christ gure Javnaren Testamentv Berria, Abc edo Christinoen instructianea y Calendrera aparecen en La Rochela en 1571. Lo curioso es constatar que Leizarraga aparte de preocupaciones proselitistas, las tuvo también lingüísticas y puede decirse que fue uno de los primeros literatos vascos preocupados por la unificación de la lengua, como bien lo demuestra en su prefacio Heuskalduney. Juan de Cheverry, llamado tambi én de la Rive o de "le petit basque", fue enviado a Saint-Palais en 1562 junto con Tartas, para predicar en euskera la religión reformada. Tuvo que huir en 1568 ante las tropas católicas del señor Luxe. Algo más tarde la reina establece en Ostabat un ministro calvinista de Tardets.

Leizarraga menciona en la dedicatoria de su traducción principal el Nuevo Testamento- a varios señores navarros que -a alentaron en la tarea, entre ellos, Antonio de Gramont, los señores de Belzunze y de Méharin, etc. Martín de Vizcay dice que sólo cuatro nobles se convirtieron al calvinismo. En Labastide-Clairence, donde Leizarraga era ministro del culto calvinista desde 1567, reinó la tolerancia llegando a celebrarse en su iglesia los oficios tanto según el ritual católico como según el reformado Pero el calvinismo no se abrió paso en el pueblo de la Baja Navarra, y cuando lo hizo fue esporádico y nada duradero, al contrario de lo que sucedió en Zuberoa en que lo abrazaron personas de valer y cristalizó en pequeños núcleos cultos. La ceremonia del Béarn fue decisiva a este respecto como lo fue la influencia francesa y española en los demás territorios euskaros. Tampoco debe dejar de tenerse en cuenta la antigua división en bandos del país vasco que hacía que bajo cualquier discrepancia latiera el "vale más que quién", germen de guerra civil. Pero aun así, y a pesar de las duras persecuciones posteriores, dos docenas de ejemplares del Leizarraga celosamente guardadas han llegado hasta nuestros días.

Las leyes consuetudinarias de la Baja Navarra son codificadas, como dijimos, mediante una orden expedida por Enrique III (IV de Francia) el 14 de marzo de 1608 una comisión compuesta por Auguste Gallard asesorado por 4 delegados de los Estados: el Obispo de Bayona por el Clero, el señor de Echauz por la Nobleza el se ñor de l'Hostal vicecanciller, por la Justicia, y el señor Bidart por el Estado Llano. Bajo el título de Fors et Costumat deu Royaume de Navarre Defa-Ports avec t'estil et aranzel dedit Royaume, son editados en Orthez, bastante más tarde (1645). La Principal novedad, que chocó inmediatamente a los navarros, fue la ausencia de legislación sobre derecho público, lo que confería al rey un gran margen de la libertad.

Los Estados, que habían hecho otra recopilación anterior rechazada por Enrique III bajo el pretexto de que había sido confeccionada sin su consentimiento, no aprobaron la redacción que hallaron artificiosa y poco fiel a las costumbres. Luis XIII la impuso (abril de 1611) desafiando todas las protestas. En el artículo I de esta redacción, que no fue registrada por la Chancillería hasta 1622 se suprime la parte tocante al juramento real de los fueros, fórmula que los mismos monarcas observaron y cuya supresión fue rechazada por los Estados. También se publica el Style o Aranzel, reglamentación de la Chancillería del reino que data de 1607 y fue reformada en 1632. Sin embargo, por las razones ya expuestas, y por la ambigüedad o carencia de datos de cuál debía ser la obligación del soberano respecto al súbdito y sus instituciones, esta codificación foral es insuficiente y se presta, como era de esperar, a una creciente penetración de los poderes públicos estatales a partir de 1620.

En un Memorial de la Sexta Merindad de Navarra o Navarra la Baja a las Cortes de Pamplona del 8 de enero de 1685, se pide información sobre el examen de poderes de los diputados de los pueblos, el juramento de los presidentes de los Estados, etc. Un año después, el 8 de noviembre de 1686 igual petición de los Estados pidiendo "noticias de sus archivos sobre derechos y libertades que disfrutaba" confirmando la inquietud bajonavarra por la carencia de legislación de derecho público. Dicen en su petición

"de estas leyes no podemos tener sino algunas ideas ligeras... de donde nace el vivir nosotros en una triste incertidumbre de nuestros derechos, sobre los cuales nos lleváis la ventaja de no ignorar nada y de conservaros en ellos, porque teniendo de vuestra parte los títulos comunes a todos los vasallos de ese Reino en los archivos de la ciudad capital, poseéis las verdades que ignoramos y deseando tener alguna luz de ellas hemos resuelto enviaros nuestro síndico para pediros las instrucciones y motivos necesarios para establecer derechos y libertades en las cuales los sujetos de esa corona tienen y poseen sus bienes y las obligaciones tanto reales que personales que se hallan hacia su soberano... "

La demanda de asesoramiento a la matriz natural, Pamplona, se proseguía aún en 1752.

Fenómeno periódico, fenómeno resurgente cada momento en que la sociedad europea se halla en crisis, la brujería hace su aparición en la Baja Navarra en época muy temprana, tal vez la más temprana de todo el país vasco. En el a ño 1329 Arnaud Sanz de Acha, lugarteniente de Labastide-Clairence, tiende una emboscada a una pobre leprosa, Juana, a la que se acusa de nigromante y entendida en bebedizos. Para ello se emplea a 17 hombres armados, más el lugarteniente. Ese mismo a ño las autoridades erigen en Labastida una hoguera en la que perecen cinco mujeres: Juana la leprosa, Peyrona de Posac, Dominica de Burban, Arnauda de Bose y Juana Fillola. El 7 de octubre de 1450 se procede a juzgar en la corte de Mixe, ante el castillo de Garris, a una mujer acusada de prácticas de hechiceria, por el bayle de Ostabarret.

Durante el interrogatorio que llevan a cabo 16 diputados de Ostabarret, la mujer se declara culpable y relata las acciones que ha llevado a cabo por lo que es condenada a muerte. Pero el rebrote generalizado parece haber sido el que cunde durante el largo período de guerras religiosas que sacuden el reino en la época de Enrique III (IV de Francia). Comienza también en Mixe cuyos procuradores envían un escrito al presidente de los Estados acusando a los magistrados de negligencia y de dejar invadir el país de brujas y adivinos que ejercen diversos conjuros y maleficios, en especial al "mal de hacer ladrar" El pueblo donde este "mal" se manifestó con mayor intensidad fue en Amendeuix donde se encarceló a varias hechiceras. En el resto de Mixe se arrestó a más hombres y mujeres acusados de efectuar sortilegios y estropear cosechas.

Arnaud de Foix, ordena al procurador general proceder contra las acusadas, el 27 de junio de 1587. En 1594 son todos los valles bajonavarros casi los que protestan; el 12 de septiembre los procuradores de Mixe, Arberoa, Ostabarret, Irissarry, Ossès, Baigorry y Labastide-Clairence elevan una queja a los Estados por la marea de "brujas y echadores de suerte" que ha invadido al país.Se vuelve a acusar a los magistrados de desinterés y se pide que, de aquí en adelante, cada villa y cada valle de Navarra pueda elegir a dos hombres buenos para perseguir a los hechiceros corriendo los gastos a cargo de los acusados o de los valles para lo cual se establecerá un impuesto especial. Tras diversos forcejeos, los Estados aceptan la proposición (Saint-Palais, 15 de septiembre de 1594). Durante el proceso de brujas de Lab. 1609 numerosas localidades de la Baja Navarra contribuyeron para la persecución de los hechiceros. En Labastide-Clairence, el 6 de enero de1647 una asamblea general vota un empréstito de 1.800 libras y se nombran dos síndicos para continuar las diligencias comenzadas contra cinco mujeres y un hombre encarcelados por prácticas de magia. La pacificación intentada en 1614 por los dos jesuitas vascoparlantes enviados por el provincial de los jesuitas de Aquitania recomendando clemencia resultó infructuosa.

A un cultivo reducido exclusivamente al fondo de los valles se superpone el modo de producción pastoril sobre todos los otros con un goce ilimitado de los abundantes terrenos comunales. Debido a ello, las relaciones entre las dos Navarras se ven agriadas con las continuas disputas fronterizas por los terrenos de pastos, desde la partición del reino. Disputan, por un lado, los valles altonavarros -Baztán, Erro, Aezkoa, Valcarlos, Ronkal y Salazar-, por otra, los bajonavarros -Baigorry, Mixe, Cize- e incluso suletinos. Como consecuencia de estos incidentes, en el año 1610, se produjo una incursión en territorio de Baigorry; varias bordas son quemadas. Tres años después se elabora un reglamento por parte de una comisión de la que formaba parte el obispo de Bayona, Bertrand de Echauz, y se firma un acuerdo en Arnéguy.

Sin embargo, a pesar de que este reglamento fue ratificado por el Tratado de los Pirineos, los incidentes seguirán teniendo lugar entre los valles de Baigorry y Erro. Durante los siglos XVII y XVIII tiene lugar la colonización de estas tierras de pastoreo por parte de pastores procedentes de Baigorry. Los bajonavarros se destacaban en esta centuria como arrieros y comerciantes. Por las cuentas presentadas por el Tesorero a la sección de Comptos de Pamplona en 1604, sabemos que el principal artículo de comercio era la lana y los asnos, con destino a Francia y a Guipúzcoa.

El tráfico corría a cargo también de bearneses que vendían tanto productos del lugar -cuerdas, artículos de cuero- como del resto del hexágono - lana, botones, guarniciones, barrenas, almuazas, lanigorda, lana de rebol, cuerda, chufletas de hierro, cerrajas, cucharas de hierro, etc. Como se ve, se trata de mercaderes de muy segundo orden, anclados plenamente en lo rural, arropados en las cercanas aduanas de Hernani, Ochagavía, Vera, Tudela, Estella, Pamplona, Uztárroz, Isaba y Garde, entre otras. La vida es dura; la impronta de las guerras religiosas en la economía será un trauma difícil de superar, agravado por las repercusiones de la guerra europea de los 30 años (1618-1648).

(1610-1660). En la pérdida de la soberanía de la Baja Navarra hay clavados dos hitos: 1620 y 1789. Inexistente ya el lazo sentimental que unía a Enrique y su primer reino, Luis XIII, hijo de éste y de su segunda esposa, María de Médicis, procederá a la unión de Navarra y a la reunión del Béarn a la corona francesa. Los preparativos de la unión de Navarra suscitaron una enconada oposición entre los súbditos del viejo reino. Destaca entre las protestas el opúsculo fechado en Saint-Palais, el 20 de enero de 1617, que se titula Responce d'un gentilhomme navarroisá la lettre d'un seigneur de marque sur l'unión du royaume de Navarre et souveraineté de Béarná la couronne de France en el que se pretende que más fácilmente puede decirse que "La France est navarraise, que non la Navarre francaise".

El Béarn, por otra parte, se halla por entonces en franca rebeldía contra el rey de Francia que representaba la restauración católica que, por el edicto de septiembre de 1617, obligaba a los calvinistas a devolver los bienes que habían confiscado a la iglesia. Esto sumado a un espíritu independentista, hizo que el Béarn se opusiera desde el primer momento a la centralización borbónica. Los Estados del Béarn se niegan a registrar el edicto, el comisario del rey es zarandeado... El joven Luis tuvo que volverse atrás, pero en 1620, el ejército real se dirige hacia el foco navarro-bearnés, toma por sorpresa Navarrenx y obliga al Consejo a registrar un edicto (octubre) por el que se une a Francia el reino de Navarra y las soberanías de Béarn, Andorra y Donnezan. Se invoca para la unión la situación estratégica de estas regiones, el deseo de Enrique IV, el peligro de la "devolución" de la Baja Navarra al no existir en Navarra la ley sálica... La fórmula de la unión especificaba

sans déroger aux fors, franchises, libertés, priviléges et droits appartenant aux sujets dudit royaume de Navarre et pais de Béarn, que nous voulons leur étre inviolablement gardés et entretenus

o sea "sin derogar los fueros, franquezas, libertades, privilegios y derechos pertenecientes a los súbditos de dicho reino de Navarra y país del Bearn, que Nos queremos que les sean inviolablemente guardados y mantenidos".

Los Estados de la Baja Navarra no dieron el pase a este edicto (noviembre), aunque la protesta, como bien puede comprenderse, no sirvió de nada. Estos fueros habían de mantenerse hasta 1789; el título de reyes de Navarra lo ostentaron los monarcas franceses hasta 1830, tras el paréntesis revolucionario republicano. La protesta de los Estados a la incorporación a Francia es continua y su formulación teórica puede sintetizarse en esta deliberación de 1673:

Les royaumes de France et de Navarre sont divers, différents et indépendants l'un de l'autre. Chacun d'eux est et doit être gouverné par ses lois fondamentales, sans que celles de l'un soient sujettes à celle de l'autre.

Se conserva la fórmula del juramento de los Fueros por parte real antes de la prestación de público homenaje al rey de parte de los navarros aunque a veces se posterga la ceremonia para evitar los gastos del viaje a París y se aprovecha algún viaje del rey, como en el caso de Luis XIV a Lapurdi. Puede decirse que, desde 1620, la suerte de los Estados de Navarra está echada; la vieja fórmula navarra que permitía a los monarcas ameyorar y no apeorar los Fueros está en pugna con el absolutismo europeo, lucha en la que los Estados defienden denodadamente sus libertades cada vez más restringidas.

La Chancillería de Navarra, situada en Saint-Palais, sede de la soberanía del reino, fue fusionada por el mismo adicto de 1620 al Consejo Soberano del Béarn. Los bajonavarros invocaron ante el rey el derecho secular de los navarros a ser juzgados por jueces del país, la diferencia con los bearneses, protestantes, la dificultad de encontrar en Pau intérpretes para los procesos, en lengua vasca, etc. Luis XIII transigió en parte y autorizó a los funcionarios de la Chancillería navarra a seguir ejerciendo justicia en Saint-Palais (30 de junio de 1622). Pero ni las embajadas bajonavarras -visita de los señores de Belzunce y del de Arouni, el envío de una remesa de jamones a la Corte-, pudieron atajar el siguiente paso centralizador: edicto definitivo de unión (junio de 1624) de ambas justicias, la bajonavarra y la bearnesa.

El organismo resultante de la fusión de la Chancillería navarra y el Consejo Soberano del Bearn recibió el nombre deferencial de Parlamento de Navarra, al que se unió la justicia de Zuberoa y tuvo su sede en Pau. La lengua usual en la Chancillería, el gascón, fue sustituida por el francés. Esta mutilación de la soberanía bajonavarra fue más importante, a los ojos de los Estados, que la incorporación a Francia, ya que representaba la pérdida palpable de los poderes públicos que había prometido respetar la monarquía francesa. Para alivio de los navarros de escasos recursos, Satnt-Palais pasó a ser después cabeza de senescalía dependiente del Parlamento de Navarra, (julio de 1639). De aquí en adelante, la historia de la Baja Navarra se tiñe de un provincianismo cuya sanción definitiva la darán los acontecimientos de la noche del 4 de agosto de 1789.

Con la unión a Francia (1620) estaba la Casa Real llamada a desaparecer, pero, aún subsistía en 1632, año en que seguía pagando sueldos e indemnizaciones a sus antiguos funcionarios.

El absolutismo francés triunfa definitivamente durante el gobierno de Richelieu (1624-1642) pero es, sin embargo, durante el reinado de Luis XIV cuando el descontento político navarro se va a poner de manifiesto con mayor intensidad hasta llegar a la franca subversión de los años 1685-1686. Luis XIV jura los Fueros de la Baja Navarra en 1660 (San Juan de Luz); a partir de este monarca, el juramento caerá en desuso, se silenciará la obligación regia y se subrayarán las obligaciones de fidelidad de los súbditos. Esto no quiere decir que toda forma de participación sea reprimida; a la resistencia y recelo de las autoridades navarras se conjuga a menudo una política de acomodo por parte real que logra que la incompatibilidad, durante la primera parte del reinado, entre viejas y nuevas fórmulas de vida no adquiera un carácter abiertamente conflictual. Pero en 1685 el acrecentamiento de los impuestos, especialmente de la gabela y del impuesto sobre el tabaco, tropieza con sublevaciones en todo el territorio del estado, incluido el navarro. Este mismo año, las mujeres de Saint-Jean-le-Vieux se manifiestan tumultuosamente. En el valle de Cize cunde la protesta por la pretensión real de anexionarse al Estado la salina de Aincille perteneciente al valle.

Los tumultos son considerables sobre todo en San Juan de Pie de Puerto; como consecuencia caen ejecutados dos de los cabecillas y se deporta a otros dos. Llegado a este extremo, París cedió pero entre los bajonavarros el autoritarismo y la fiscalización absolutista han endurecido la vieja fibra independentista que tanto les caracteriza desde la pérdida del reino. Se mira, incluso, al régimen de los Austrias españoles de la Alta Navarra con envidia. El 8 de enero de 1685 se redacta el

Memorial de la Sexta Merindad de Navarra o Navarra la Baja, a las Cortes de Pamplona pidiendo testimonio de lo que se observaba en ellas sobre el examen de poderes de los diputados de los pueblos, su juramento y forma de hablar los presidentes de los Brazos; pues, sin embargo, de que dicha merindad tenía las mismas leyes, usos y costumbres que Navarra la Alta en las últimas Cortes que había celebrado en San Pelai, el Consejo de Justicia había pretendido examinar los poderes y exigir el juramento a los diputados...

La carta que escriben en 1686 (8 de noviembre) las Cortes de la Baja Navarra a la Diputación de la Alta, haciendo relación de su antigua unión en una monarquía y pidien dola noticias de sus archivos sobre los derechos y libertades que disfrutaba se trasparenta una dolida preocupación, en palabras bajonavarras, una triste incertidumbre de nuestros derechos, después de la doble ejecución de San Juan de Pie de Puerto y de la represión con que se paga la mantención de las salínas en el patrimonio navarro. El Tratado de los Pirineos (1659) acercó a las poderosas vecinas, Francia y España, entre sí; Luis XIV fue el monarca que renunció para siempre a la reivindicación de la Alta Navarra tras haber ofrecido la Baja a cambio de ventajas en los Países Bajos. El advenimiento de Felipe de Anjou 1713 al trono de España deja fuera de juego los intereses de los valles bajonavarros en la cuestión de Aldudes. En 1691 la Cámara de Comptos reales es incorporada al Parlamento de Navarra con sede en Pau.

Un funcionario de la monarquía absoluta, el intendente Le Bret, nos ofrece un panorama de esta pequeña rinconada vasca, al despuntar el siglo de las luces. No puede ser más desolador el intendente Le Bret, en sus Memorias sobre Navarra y Béarn (1700) cuando resume la situación de las villas bajonavarras como sigue:

"No hay nada en Navarra que merezca la atención de los viajeros. La capital, que es San Juan de Pie de Puerto, es una villa totalmente arruinada y compuesta por sólo una calle que contiene de 80 a 90 casas... La villa de Saint-Palais tampoco tiene más que una calle y alrededor de un parecido número de casas; al lugar donde la senescalía se reúne y donde los alcaldes y los jurados tienen también su jurisdicción le llaman el castillo, sin que se sepa la razón y sin que la fisonomía del edificio, que se parece bastante a una casa particular, pueda adivinarla. La villa de Garris es todavía más pequeña que las otras dos; hay en ella un antiguo castillo que perteneció a los reyes de Navarra y cuya fundación se ignora. La villa de Labastide-Clairence es un poco más considerable que Garris y la de Larceveau en Ostabarret se reduce a unas pocas casas a pesar de que haya sido en otras épocas un lugar de estadía de los reyes de Navarra".

En esa calle de 80 0 90 casas que es San Juan de Pie de Puerto funciona la Escolanía que imparte enseñanza de humanidades. Una memoria de 1787 nos describirá por otra parte a la región como si no hubiera experimentado cambio alguno en 87 años:

"un país montañoso, sin comercio, sin casi ninguna manufactura, produciendo y consumiendo poco... Pequeña rinconada de los Pirineos, muy pobre y casi estéril".

A pesar de que el calificativo último se suela emplear para eludir en lo posible los impuestos, no se puede dudar de que la Baja Navarra es, a finales del siglo XVIII un territorio pobre, de escaso rendimiento, con claro predominio aún del modo de producción pastoril sobre el agrícola, cinco o seis centros de extracción de cobre y hierro -ferrería de Arnéguy en Cize, Bidarray en Ossès, Bidache cerca de Mixe y dos en Baigorry, una de ellas perteneciente a medias al vizconde y al valle (Ferrería de Echauz)- y nulos industria y comercio, exceptuando el traspirenaico en las zonas más cercanas a la Alta Navarra efectuado por arrieros semiambulantes. La ferrería más importante era la de Baigorry -cerca de un kilómetro de depósitos, galerías, lavaderos, fundiciones, etc, a orillas del río- que proporcionaba plata y hierro pero sobre todo cobre. Es en esta centuria cuando los bosques, los pastizales y, en general, los comunales entran en crisis.

"La aplicación de viejos reglamentos y la administración de los jurados lograron durante mucho tiempo proteger los bosques y pastizales y mantener la indispensable armonía. Pero a partir de cierta época, no se pudo resistir al empuje de los factores nuevos: desde la segunda mitad del siglo XVIII las necesidades de la marina, los interese privados excitados por los estímulos dados por Colbert a las industrias del hierro y de la lana, en fin el aumento de la población que exigía cada día más tierra para desbrozar y poner en cultivo, sumergieron a las tradicionales precauciones que aseguraban la defensa de los bosques y de los pastizales. En efecto, las costumbres pastoriles y montañesas, sin que pueda decirse que fueran la principal causa de la devastación de los bosques, impidieron a la naturaleza el reparar la obra de destrucción y despoblación forestal"

(Un vallée de Navarre su XVIIIme siècle, Etcheverry- Ainhnart: "E. Yakintza", 1947).

Las tierras comunales son aún abundantes, sobre todo en Baigorry y Ossés, pero conforme avanza el modo de producción agrícola el interés privado tiende a cerrar los campos... En cuanto a las comunicaciones, de los reinados de Luis XIV y XV datan las primeras rudimentarias carreteras o rutas reales que cruzan el pequeño país hasta San Juan de Pie de Puerto que en las últimas decadas del siglo XVII había sido fortificada por Vauban. Luis XV crea, al comienzo de su reinado, un servicio de Puentes y Caminos cuya mano de obra la suministra la vieja corvea real, prestación en trabajo obligatorio de todos los vecinos cerca de cuya población pase la nueva vía.

Naturalmente, por poco que se aleje ésta del núcleo de población, los vecinos dejarán de sentirse en la obligación de trabajar por el rey y de ahí la "cuestión de los caminos" que enzarzó en litigios a los modernos funcionarios de la monarquía y a las viejas comunidades regidas por el fuero. En la Baja Navarra es el valle de Baigorry el que con más aspereza se obstina en escabullir la obligación. La generalidad de Auch, a la que la Navarra del Norte pertenece, había proyectado, a finales del siglo XVIII la construcción de dos importantes carreteras: la de Lapurdi, que iba desde San Juan de Pie de Puerto a Bayona por Hasparren y la del Béarn, desde San Juan a Saint-Palais, Zuberoa y Béarn. Desde San Juan, un tramo común ganaría Arnéguy. Baigorry litigió con la Corona desde 1783 hasta el 1788, perdiendo al final. En vísperas de la Revolución, pues, el país está empobrecido, esquilmados los bosques, reducidos los comunales, endeudado por los pleitos con los representantes reales y por los crecientes impuestos. El descontento social es palpable; en las principales villas del país las mujeres se manifiestan por la carestía de la vida en repetidas ocasiones, destacándose la manifestación de 1748 en San Juan de Pie de Puerto sofocada por la fuerza pública. La venalidad de algunos cargos, el diezmo eclesiástico, la retribución de las gestiones, los salarios de los jurados de los valles proyectan una pesada sombra sobre los labradores que viene a superponerse a las multas del intendente y a las imposiciones de los Estados. Pero tres serán los acontecimientos fundamentales que, en estos vallecitos, prepararán el ambiente a la Revolución y harán esperar a los bajonavarros en una era mejor y más justa: El proceso de Baigorry (1783-1784), el Tratado de Elizondo (1785) y la Crisis de los Parlamentos de 1787-1788.

El enfrentamiento entre Bernard de Echauz, vizconde de Baigorry, y Jean de Harismendy, burgués de Baigorry, tuvo un tremendo eco en la Baja Navarra orgullosa de su tradición alodial. Harismendy ha cazado ostensiblemente en las cercanías del castillo Echauz; el vizconde le acusa de porte de armas, violación de la prohibición de caza plebeya y en última instancia de intento de agresión. Luego Echauz desentierra viejos derechos feudales, ya anacrónicos, como, además del censo, dos corveas. Declara a Harismendy felón, etc...

Teniendo en cuenta que el proceso tiene lugar dentro del marco de la clara reacción señorial que se desata en Francia entre 1760 y 1789, no es de extra ñar que la causa se politice rápidamente en manos de abogados que estaban al tanto de las vicisitudes políticas del momento. Echauz invoca como pruebas de su soberanía sobre el burgués: una serie de liéves, la investigación de 1700, las declaraciones de rentas del vizconde, dos contratos -uno de 1655 y otro de 1746-, una enumeración de feudos efectuada por la madre del vizconde y confirmada en 1770...

Desgraciadamente, el veredicto se desconoce pero no hay duda de que tuvo una profunda resonancia, no sólo en la Navarra norte sino en toda la Francia pirenaica de gran predominio alodial.

Pocas arbitrariedades estatales han causado entre los bajonavarros mayor descontento que la firma de este tratado suscitado por las disputas entre pastores de ambas Navarras. Recordemos, que aún no hacía una generación que 1.000 hombres de Baigorry, armados de fusiles, hachas, palos y makillas habían abatido las palomeras de Roncesvalles y Burguete hiriendo a varios compatriotas. Pero las discordias se solían saldar por gentes que conocían el terreno. Esta vez se parte el valle de Aldudes por medio de la Línea Ornano en dos partes, una para el valle de Erro y otra para el de Baigorry, sin tener en cuenta la opinión de los interesados. Fue ésta una concesión a la buena armonía entre los estados francés y español.

En el País Vasco significó la irrupción, en el mundo de los usos y costumbres, de un elemento nuevo, moderno: la frontera. Se borraba de un plumazo la institución de los pastos indivisos tradicionales (facerías) entre las dos Navarras. Se abolieron las facerías, se entregó Ondarrolle y su mina de hierro a España, se dividió Aldudes... La protesta en Baigorry fue unánime y ruidosa. Los diputados del valle fueron encarcelados. El rey tuvo que postergar la puesta en vigencia del tratado hasta 1787. Luego éste se perdió en el océano de la Revolución... El 14 de mayo de 1787, el secretario del valle explicaba en euskera el discurso del rey ante la Asamblea de Notables (23-IV-1787). Esta es la única alusión a la situación general de Francia que puede recogerse en las actas de la Corte General de Baigorry. Lo demás es Aldudes, Harismendy y el Parlamento.

Entre los años 1787 y 1788 se abre una grave crisis entre los Parlamentos locales del estado francés y el gobierno central. Un año antes de la Revolución, el Parlamento de Navarra, con sede en Pau, también se subleva ante la amenaza de pérdida de los antiguos derechos que aún subsistían después de la tala de 1620. Es curioso constatar, cómo, en boca de los bajonavarros ilustrados, las protestas tradicionales se engalanan de rodaje rusoniano:

Ce que des hommes peu instruits désignent sous le nom vulgaire de coutumes est le titre le plus authentique des droits de ce pays. C'est le renouvellement de son contrat social originaire avec les stipulations également obligatoires de la nation assemblée d'une part, du prince de l'autre...

Navarros y bearneses procedentes de todas las capas sociales apoyan al Parlamento en su violenta protesta por haber sido obligado a dar el pase a los edictos reales del 8 de mayo de 1788.

El Parlamento se cierra por orden real. Montañeses de todo el Béarn acuden entonces a Pau (19 de junio), reabren el Parlamento, lo ocupan, legislan, etc. Los navarros desobedecen ya abiertamente. Toda la Baja Navarra, presa de una fuerte agitación, se niega a pagar más impuestos desde 1788. A partir de 1789, todos los impuestos. Los parlamentarios dictaminan al final que ningún impuesto puede ser establecido ni aumentado en Navarra, sin el consentimiento y aceptación consiguiente de los Estados de este reino que son los únicos en tener un carácter legal para deliberar sobre los impuestos y para consentir la aceptación de los mismos. Envían también unas Trés-humbles et trés-respectueuses Remontrances adressées au Roi par le Parlement de Navarre. Luis V de Navarra (XVI de Francia) convoca los Estados Generales.

El derecho bajonavarro es el Fuero General de Navarra y las leyes promulgadas por las Cortes del Reino vigentes en 1512. Posteriormente la Baja Navarra sigue una propia legislación en la medida que se lo consiente la nueva situación. Este Fuero General, a su vez, era una recopilación de los usos y costumbres del pueblo navarro. Cuando Henry III (1608) hace por medio de comisarios una nueva recopilación se altera sensiblemente el fuero navarro tanto por las disposiciones que contiene como por las omisiones, entre ellas la importante y relativa al derecho público, fuente a su vez de la legislación escrita. El texto "impuesto" por Luis XIII (1611) con la oposición de los bajonavarros no refleja fielmente el derecho navarro.

Contiene 450 artículos y 35 rúbricas. Estas últimas son:

I.-Del juramento ae las súbditos al advenimiento del Rey.
II.-De los Derechos, Feudos, Deberes y servicios personales.
III.-De los Estados.
IV.-De las gentes del Consejo que forman la Cancillería.
V. De los Bayles y de los Jueces.
VI.-Del Procurador General y de sus substitutos.
VII-De los abogados, procuradores y síndicos.
VIII-De los Castellanos [alcaides], merinas, submerinos, guardianes y carceleros de prisiones.
IX.-De los notarios, secretarias y husieres.
X.-De los médicos y boticarios.
XI.-De las devoluciones.
XII-De los plazos.
XIII-De las procedimientos y juicios en causas civiles y criminales.
XIV.-De las pruebas.
XV.-De los dominios, posesiones y prescripciones.
XVI.-De las prohibiciones y acciones.
XVII-De las apelaciones.
XVIII.-De las ejecuciones de sentencias y mandamientos judiciales.
XIX.-De los diezmos y primicias.
XX.-De los contratos.
XXI.-De rescates.
XXII.-De los retractas de parientes.
XXIII.-De pesas y medidas.
XXIV.-De padres e hijos.
XXV.-De los casamientos.
XXVI.-De las cauciones y garantías.
XXVII.-De los testamentos y sucesiones.
XXVIII.-De las penas y multas.
XXIX.-De los pastos y forrages.
XXX.-De lar caminos públicos.
XXXI.-De la caza y de la pesca.
XXXII.-De los abonos.
XXXIII.-De los molinos y represas.
XXXIV.-De las cualidades de las personas.
XXXV.-De las libertades personales en este Reino.

La constitución foral y la legislación derivada de la posesión de poderes públicos propios cesaron por la agresión jurídica de 1789.

Las juntas de los Valles o Países se rigen por ordenanzas escritas o consuetudinarias reconocidas a veces por los reyes. Las juntas deliberan sobre toda clase de temas incluida la determinación e inspección de límites municipales e intervalles coincidentes o no con la frontera internacional. Desde los tratados de límites hispano-franceses de mediados de siglo pasado cesaron estos derechos de los Valles. Los principales asuntos conciernen a intereses en comunidad con valles vecinos. El acuerdo o convención jurídica a la que se llega se llama "facería". Su nombre, ya se origine de paix "paz", paisson "pastos", no importa al caso puesto que a menudo son tratados de paz o de pastos simultáneamente. Estas relaciones de vecindad afectan principalmente a los valles pastoriles de Baigorry y de Cize, del lado bajo-navarro, y de Baztán, Erro, Aezkoa y Salazar del lado alto-navarro. En realidad la facería es una sociedad o comunidad de pastos. Son verdaderas convenciones políticas.

Desde 1856 (tratado franco-español) las facerías pierden su carácter político. Dicho tratado las aniquila casi totalmente. Quedan, aunque anémicas, I.° las facerías locales entre municipios situados a un solo lado de la frontera. Estas pasan a ser derecho administrativo interno tanto para Francia como para España. 2.° Las facerías entre municipios o valles de ambos lados de la frontera que pasan a depender de un tutelaje del prefecto y del gobernador de uno y otro lado respectivamente. 3.° Las facerías perpetuas, Cize-Aezkoa, en el caso de Baja Navarra. El texto legal vigente al cual están sujetas es el Tratado de límites celebrado en Bayona el día 2 de diciembre de 1856 (arts. 13 y 14). Estos dos artículos han sido completados en 1899 por un acuerdo franco- español del 4 de mayo y 28 de agosto de 1899 fijando la interpretación de los tratados de límites en lo que concierne a los privilegios de los fronterizos. Este acuerdo tiene IV artículos que versan sobre los fronterizos que deban llevar sus rebaños al otro lado de la frontera que deberán proveerse de una guía de tránsito, que será gratuita, librada por el alcalde correspondiente y cumplir algún otro requisito insignificante. Es un acuerdo interpretativo precisando las condiciones de tránsito de los rebaños beneficiados del régimen de facería.

El tratado de paz antiguo, político, se refleja en el contrato de facería en cuyo preámbulo se hace constar la reunión de los representantes de los municipios afectados haciendo votos de mantener la amistad tradicional. Sigue la convención contractual dividida en varios artículos. En los primeros se hace constar la mutua concesión del congoce de pastos y el uso de yerbas y aguas. El art. 12 del Tratado de 1856 declara:

"La línea divisoria determinada en los artículos precedentes sigue en varios lugares sea el curso de las aguas, sea los caminos y pasando por algunas fuentes queda convenido que el agua de estas fuentes y estos caminos serán comunes y que el uso será libre para los rebaños y los habitantes de los dos lados de la frontera".

En los diversos artículos se delimita el territorio (art. V y VI), se establece que la facería rige de sol a sol según expresión tradicional, es decir, que los rebaños deben volver al territorio de origen a la caída de la noche y examinar las cuestiones de incautación (art. IX), la duración (art. X), ligando la validez del contrato a la aprobación de las autoridades tutelares (art. XI), fijar las sanciones en caso de incumplimiento (art. XII) y si no han sido especificadas por los municipios, el art. XIII decide que se aplicarán las reglas previstas en el Tratado de Bayona. El art. XIV queda en blanco para que las comunas contratantes establezcan las condiciones particulares que hubiere lugar lo cual deja un margen a aquella libertad originaria. Pero las actas se vienen haciendo bajo las antiguas fórmulas aunque se mencionen los artículos del Tratado de Bayona como requisito indispensable para su validez.

Los encargados de liquidar los puntos litigiosos de esta región mantuvieron la facería Cize-Aezkoa pero se abstuvieron de arreglar el asunto de la propiedad de la selva del Irati que apetecían tanto Francia como España. Hoy la delimitación fronteriza está definida con exactitud. Descheemaeker es el autor que más detenidamente y mejor ha estudiado estos problemas en un estudio sobre facerías ya citado. De ese estudio, con su autorización verbal, se toman los datos que siguen. Según un informe del 5 de agosto de 1868 el general Callier escribe esto que traducimos del francés:

"Es por medio de una carta original de 1507 resolviendo una dificultad sobrevenida respecto a los derechos de aprovechamiento en la selva del Irati entre el valle navarro de Salazar luego convertido en español y el valle de Cize, igualmente navarro pero convertido después en francés, que la Comisión ha podido decidir que la porción de selva disputada pertenece al País de Cizeo".

Es una convención, concluida en 1556 entre los dos valles, que reglamenta las condiciones en las que se ejerce la facería perpetua mantenida por el Tratado y que remite al antiguo texto y se limita a resumir. El 25 de octubre de 1536 fue firmada una facería entre Zub. y Aezkoa pero el 18 de mayo de 1556 fue completada por una nueva convención entre Aezkoa, Cize, Saint-Jean-Pied-de- Port y el País de Ostabarret y a la que siguió un amojonamiento de fronteras que duró dos días. El 27 de febrero de 1558 se llegó a un pequeño acuerdo de detalle y se decidió la revisión anual y conjunta de límites. La convención de 1556 renovada y firmada en Pesaldea, distrito de Iriburieta, es la convención que sirve de base a todas las que se han suscrito en 1608, 1713, 1751, 1758, hasta el día en que el Conde de Ornano establece un límite que provocará los reparos del Parlamento de Navarra en Pau formulados en 1786. Trata el Parlamento, al dirigirse al Comisario Francés, y se pregunta por qué extraña cegazón ha transformado un simple arreglo económico en un "contrato traslaticio de propiedad". Más allá de la línea de delimitación del congoce de pastos, de uno y otro lado, se pueden conducir los rebaños durante el día. El Tratado de 1751, en cambio, está concebido de modo que no se limita al disfrute de las facerías de las tres comunidades ni tampoco se refiere a los límites hispano-franceses. El anexo de la Convención del 28 de diciembre de 1858 en su artículo único dice:

"En virtud de la compascuidad establecido sobré toda la extensión de la frontera, que desde Iriburieta hasta la confluencia del Urgatsaray y del Egurguy separa el valle francés de Cize y de Saint-Jean-Pied de-Port, del valle español de Aezkoa, los rebaños de ganado mayor y menor, sin distinción de especie pertenecientes a cada uno de los dos valles, podrán entrar y pastar y abrevar libremente sobre el territorio del otro, permaneciendo solamente de día, de sol a sol, y entrando en su propio territorio para pasar la noche".

Se ve que se reglamenta el disfrute de pastos indivisos, como si no hubiera fronteras.

Los textos jurídicos que regulan las diferencias entre la Baja y Alta Navarra son la Capitulación del 25 de septiembre de 1614, las modificaciones de 1614 a 1785, los acuerdos de 1702 y 1717 y el Tratado de Elizondo del 27 de agosto de 1785 (acta que marca una etapa decisiva) y el Tratado de límites de 1856. Hay que señalar que la Capitulación de 1614 no es un tratado de límites sino simplemente una convención diplomática por la que Francia y España, suplantando a los valles, adquieren la soberanía, codificando y ordenando las reglas concernientes al disfrute de pastos y la policía en el País de Quinto considerado como un territorio de facería. Es de destacar que en esta reglamentación no se confiere la propiedad a ninguna de las dos partes. Resultado de este estado jurídico fue que Kintoa, País de Quinto, quedara como un "Estado-tampón" entre Francia y España. Ver Aldudes, País de.

  • Descheemaeker, Jacques: Le Pays-Quint, "Eusko- Jakintza", 1947, p. 63-95.
  • Comte de St. Saud: Frontière des Deux Navarres. Bordeaux, 1941.
  • Comte de St. Saud: La Commission Internationale de Délimitation 1784-1792.

El 1 de enero de 1789 parte la convocatoria real de París con destino a todas las senescalías del reino. La Baja Navarra, recordemos, es aún un reino, aunque esté unido al francés; posee sus propios Estados distintos de los franceses. Por ello se negó a elegir diputados y redactar los cuadernos de agravios (cahiers des griefs) en Saint-Palais, como le hubiera correspondido de no ser un reino. La nobleza y el clero se destacan en la protesta formulada al rey y éste accede a que sean los Estados los que preparen la representación, que, por otra parte, no acudirá oficialmente a los Estados Generales de Francia, sino al rey, Luis V, Rey de Francia y de Navarra. Mientras se ultiman estos preparativos en la reunión de los Estados de Navarra de 1789, que se inicia el 15 de junio en San Juan de Pie de Puerto, la agitación reina en varias localidades de Navarra, en especial en Saint-Palais donde el pueblo ha salido a la calle pidiendo el restablecimiento de la Chancillería de Navarra. Los representantes reales apelan a los Chasseurs Cantabres para sofocar la subversión que cunde hasta entre los diputados de los Estados. Uno de ellos pronuncia la siguiente alocución que bien merece transcribirse:

Os propongo retornar a lo que antes fuisteis, a lo que no hubierais debido dejar de ser nunca, un pueblo e independiente, ejerciendo por sus Estados Generales, por sus representantes, el poder legislativo, ofreciendo a sus reyes únicamente dones voluntarios, imponiéndose por sí mismo y no reconociendo a ninguna otra potencia el derecho de imponerse. Os propongo hacer reparar todos los agravios, todos los golpes que ha recibido vuestra Constitución y vuestros derechos desde la muerte del buen Henri. No necesitáis más de que vosotros mismos para volver a tomar en vuestras manos vuestro poder legislativo. Redactad el cuaderno más completo posible de vuestros agravios; estoy hablando a Navarros, a un pueblo que ha conservado todos sus títulos y que no ha perdido nada de su energía. No hay que temer que se os acuse de sedición, ya que lo único que haréis es reclamar el cumplimiento de los Fueros: los Fueros son los títulos comunes tanto de los reyes como de la nación.

La elección de diputados recayó sobre el obispo de Bayona, Pavée de Villevielle, por el clero; el marqués de Olhonce, Logras Haristoy cita a un tal Jean Bernard de Uhart, también marqués, por la nobleza; Franchisteguy, notario de San Juan de Pie de Puerto y Arnaud de Vivié, burgués de Garris, por el Estado Llano. Encabeza la delegación el síndico de los Estados, marqués de Polverel, abogado del Parlamento de París al que por sus escritos sobre las libertades y privilegios de la Baja Navarra -publicados uno en 1784, Mémoireá consulter et consultations sur le franc-alleu du royaume de Navarre , y otro después, bajo el titulo de Tableau de la constitution du royaume de Navarre et de ses rapports avec la France, imprimé par l'ordre des Etats généraux de Navarre- le había sido concedida la entrada a los Estados el 12 de marzo de 1789. Estos diputados representarán a Navarra ante el rey D. Luis V de Navarra y no ante el pueblo francés delegado en los Estados Generales, a fin de que su presencia no pueda de ninguna manera lesionar la constitución y los derechos particulares de Navarra. El 19 de junio una comisión designada por los Estados pasa a redactar parsimoniosamente el Cuaderno de Agravios de los Navarros, dos días después de que en París se constituyera la Asamblea Nacional. El cuaderno, acabado el 5 de julio, consta de tres partes:

a) Constitución y leyes fundamentales.
b) Desarrollo y consecuencia de las leyes fundamentales.
c) Agravios a reparar (41 artículos).

La última parte es el Cuaderno de Agravios propiamente tal, larguísima requisitoria de todas las conculcaciones que ha sufrido el reino desde 1620. Los diputados no sienten ningún apremio por presentarse en París; acostumbrados a una parsimonia medieval en el procedimiento, llegan a París cuando los Estados Generales, reunidos desde el 5 de mayo, se habían disuelto, y, tras la rebelión del Tercer Estado, se había constituido la trascendental Asamblea Nacional (17 junio). El 20 de junio, el Estado Llano francés jura, en un viejo frontón de pelota vasca de los alrededores de París, no separarse hasta dar una constitución a Francia. Al cabo de tres semanas cae en manos de los amotinados parisinos el símbolo del antiguo régimen, la Bastilla.

Se ha dicho, con razón, que en una noche Francia cambió de cara. Efectivamente, del 4 al 5 de agosto de 1789 se suprimió la servidumbre, se abolieron las jurisdicciones señoriales, la mano muerta, los derechos feudales de caza y corveas, el diezmo eclesiástico se hizo rescatable en dinero, se suprime el pago de pechas que se sustituyen por impuestos, pagaderos también por el clero y la nobleza, se abren las puertas al estado llano de todos los empleos, tanto civiles como militares, la justicia se declara gratuita así como los servicios religiosos (pago del casual) y se decreta el artículo 10:

una Constitución Nacional y la libertad pública siendo más ventajosos a las provincias que los privilegios que algunos gozan, y cuyo sacrificio es necesario para la unión íntima de todas las partes del Imperio, se declara que todos los privilegios particulares de las provincias, principados, países, cantones, villas y comunidades de habitantes sean pecuniarios, sean de todo otro tipo, son abolidos indefectiblemente y permanecerán confundidos en el derecho común de todos los franceses.

Los diputados del tercer estado laburdino y suletino firman el artículo 10. Los bajonavarros, sin embargo, no asisten, primero por las razones ya expuestas, segundo por no verse obligados a firmar o a presentar cara al resto de la Asamblea. La situación de los delegados es crítica, entre el colaboracionismo y la evasión. Al ir a debatirse la cuestión del título del rey, que se quiere sustituir por Rey de los Franceses, Garat echa una mano a los ausentes obteniendo la postergación del debate. Cuando éste llega, se lee el memorial de protesta que el síndico de los Estados, marqués de Polverel, ha redactado para la ocasión:

Gozando Navarra de una buena constitución, como goza, y ejerciendo sus Estados el poder legislativo, era muy legitimo temer, como temió el Sr. Necker, que las vanidades y las rivalidades de opinión y las diferencias de los intereses impidieran en Francia el establecimiento de una buena constitución. Los navarros proponíanse la unión a Francia, si la constitución de ésta era tan buena como la suya, y sus diputados tenían el encargo de presentar al efecto, un acto federativo. Navarra jamás ha sido propiedad de Francia; fue injustamente partida por España; y la casa de Albret, Enrique IV, Luis XIII protestaron contra la usurpación de Fernando el Católico... Navarra jamás fue conquistada, y Francia no ha podido imponer su derecho civil a Navarra. Luis XIII, se dirá, pronunció esa reunión, pero los Estados no la han consentido jamás. Un rey no puede anexionarse un reino contra la voluntad de los naturales de él... Navarra no ha consentido esa reunión y la Asamblea Nacional de Francia debe respetar ese consentimiento.

La Diputación navarra ofreció a la Asamblea, a modo de concesión, el que Navarra formara parte de una monarquía federal votándose en los Estados navarros la ley sálica para que no pudiera ser separada Navarra de Francia. Por otra parte, también se gestionó en la Corte, donde la Diputación entregó el extenso Cuaderno de agravios, redactado con anterioridad. Este Cahier des Griefs o de Doléances es un fiel exponente de lo alejados que vivían sus autores de la tormenta revolucionaria que se cernía sobre Europa. La unánime aspiración bajonavarra que refleja, es, la vuelta a la vieja y arraigada autonomía anterior a 1620. Solución a las rencillas de los Estados con el absorbente Parlamento de Navarra, restablecimiento de las Juntas, separación de la corona francesa, restablecimiento de la facultad de acuñar moneda, sustitución del escudo francés por las cadenas de Navarra, restablecimiento de la Chancillería de Navarra, etc, son las peticiones más machaconas. En resumen, se trata de la nulidad del edicto de 1620.

No hace falta señalar el inmenso anacronismo que supone esta nostalgia por un pasado "democrático-medieval" en boca del dieciochesco Polverel, en plena marea revolucionaria burguesa en ascenso.

Ante la fuerza irresistible de los acontecimientos, los navarros asisten como espectadores perplejos a un drama que no acaban de entender. El 12 de octubre de 1789, la Asamblea rechaza el memorial bajonavarro y suprime el título de Rey de Navarra .

Como protesta se publica el memorial de Polverel apresuradamente, ese mismo año, bajo el título ya mencionado. Polverel amenaza con la proclamación de la independencia si la unión de los dos reinos no se formula como un tratado entre dos potencias independientes. La Asamblea no se dignó contestar... El 30 de diciembre Navarra acepta oficialmente lo inevitable; se lee en la Asamblea un despacho en el que se declara que "Navarra se adhiere al decreto que la confunde con Francia". Uno a uno los distintos concejos, villas, valles y pueblos bajo- navarros van enviando su adhesión. El 15 de enero de 1790 Francia es recortada arbitrariamente en 83 departamentos; la Baja Navarra ni siquiera constituye uno, sino un fragmento indistinto -distrito-, junto con el resto del País Vasco y el Béarn: departamento de los Bajos Pirineos, hoy Pirineos Atlánticos. La capitalidad del distrito bajonavarro recayó en Saint-Palais.

Tres era, dijimos, los acontecimientos fundamentales que caldearon el ambiente bajonavarro y prepararon losánimos para recibir con alegría a 1789. El proceso de Baigorry había agitado el fantasma de la feudalidad, la rebelión del Parlamento de Navarra removió con crudeza la vieja herida política del país y el Tratado de Elizondo puso de manifiesto la insignificancia del diminuto reino y la indiferencia del poder real hacia el mismo. El centralismo jacobino no era fruto de un día; era sólo la resultante de 160 años de trabajo borbónico, hasta cierto punto un cambio de etiqueta. No hay duda que es este problema el que verdaderamente obsesiona al bajonavarro de la época que estudiamos. Estamos con Destrée cuando dice que

o"haciendo abstracción del diferendo que opuso al Valle de Baigorry con la casa vizcondal de Echauz, no hay luchas de clases en la Baja Navarra en 1789, ya que una fuerte corriente de cohesión emana de las tendencias particularistas reavivadas por el descontento contra el gobierno central surgido, principalmente, del tratado de límites. De esta forma, los navarros van a ver únicamente en la reunión de los Estados Generales una ocasión de recuperar su independencia de antaño".

Se fue a por lana y se volvió trasquilado; un organismo autonómico -los Estados de Navarra- envía a sus representantes a por la independencia política bajo un mismo rey pero la Revolución echó abajo, de un papirotazo, todo el ilusionado tinglado de nuestros escasos ilustrados. Reino desde 1512 hasta 1790, la personalidad político-administrativa de la Baja Navarra se desmorona. La atonía posterior hunde sus raíces hasta llegar a aquel día en que el notario Franchisteguy, D. Arnaud de Vivié, los señores marqueses, Polverel y Logras tomaron el camino de vuelta a... los Bajos Pirineos. Por otra parte, la aplicación de un mismo esquema revolucionario a la múltiple y variada geografía francesa, trajo, como era de esperar, una serie de contrasentidos e injusticias. La ley de supresión del mayorazgo (17 Ventóse año II), por ejemplo, adecuada para países de amplia propiedad terrateniente, resultó funesta en la Baja Navarra, país de pequeñas propiedades muy repartidas. Peor, aún, las tierras comunales también caen bajo la amenaza al desaparecer como entidades legales los valles o "países", poseedores de las mismas, pudiendo ser rescatadas sólo en parte, bien entrado el siglo XIX, por medio de la creación de Sindicatos. Podría señalarse, como consecuencia favorable de la revolución -aparte de las ya reseñadas, que atañen a toda Francia- el reagrupamiento de las tres provincias vascas, que, durante el Antiguo Régimen se habían mantenido aisladas.

(1790-1792): el conflicto con la Iglesia. El 12 de febrero de 1790, la nueva municipalidad de San Juan de Pie de Puerto presta el juramento constitucional.

Las federaciones envían a París 14.000 representantes, entre los que se cuentan delegados de las tres provincias vascas, a la fiesta conmemorativa de la noche del 4 de agosto y toma de la Bastilla. Los últimos vestigios de la soberanía navarra desaparecen en estos dos primeros años iniciales de estructuración revolucionaria con el traslado del estandarte navarro a Pau, cabeza del recién creado departamento (21-XI-1790), y mediante la supresión de las milicias populares bajonavarras (4-III-1791). En el verano de 1790 surje el conflicto del gobierno revolucionario francés con la Iglesia que tan profundas repercusiones, había de tener en el País Vasco de Francia. Se vota la Constitición civil del clero (12 de julio) inspirada en el viejo galicanismo francés.

El 27 de noviembre se somete esta Constitución a la Iglesia francesa. Pero el clero bajonavarro no está preparado para las innovaciones que ésta implica -separación de la Iglesia y el Estado subordinación, en lo temporal, al gobierno secular, elección de los obispos por sus feligreses, etc.- y se mantiene expectante. Los obispos de Bayona y Dax se niegan a firmar. Se establece un obispado de los Bajos Pirineos con sede en Olorón encabezado por Mg Sanadon. Mientras tanto, Roma se mantiene en silencio hasta que el acuerdo de vender los bienes de mano muerta confiscados a la Iglesia la hace salir de su mutismo mediante la condenación de la "Declaración de los Derechos del Hombre" (10-III-1791). Es ahora cuando el conflicto comenzará a agriarse. Sin embargo, el fantasma de la guerra inminente con España, desvía en parte la atención bajo navarra. El 2 de septiembre de 1791 se convoca a los ciudadanos de la recién creada Guardia Nacional de San Juan de Pie de Puerto para que reciban entrenamiento militar, en la plaza grande, los jueves y domingos.

El 14 de diciembre el fantasma se concretiza: comienza en la Asamblea el gran debate sobre la guerra con la única oposición a la misma de Robespierre. En abril de 1792 Francia declara la guerra al "rey de Bohemia y Hungría". La Baja Navarra conocerá aún un año de inquieta espera. Después de dos años de decretarse la Constitución civil del clero, éste recibe un último ultimatum de jurar la constitución o abandonar el país, y en caso de no hacerlo, colgar la sotana. El 17 de septiembre proceden las autoridades a dar cumplimiento a la orden de expulsión del 26 de agosto pasado. Las penas para los infractores de la ley son: deportación a la Guayana para los que se escondan y diez a ños de prisión para los que traspasen la frontera clandestinamente. El clero bajonavarro, fiel al Papa en su mayoría, opta por escapar a la España de Carlos IV; un puñado de curas ejercerán clandestinamente en la zona de Aldudes. Al descontento ocasionado por la pérdida de la autonomía, se suma ahora el problema religioso que llegará a ser la segunda causa fundamental de la resistencia pasiva del grueso de la población navarra a la obra revolucionaria. Es cierto que no se llegóá la rebelión armada a lo Vandée, ni a la guillotina como en otras zonas del país, ni a la represión masiva de las "comunas infames" de Lapurdi, ni a pasear al cura montado en un burro como en un publecito suletino; todo transcurrirá en estos a ños en tono menor, menos la guerra con España que enfrentará a los hermanos de la Alta y Baja Navarra.

Su distrito departamental (Septiembre 1792-Febrero 1793). La primera república francesa se proclama el 21 de septiembre de 1792. Desde septiembre de 1792 gobernará en París una Convención formada por miembros de los grupos girondino y montañés, hasta mayo de 1793 en que asaltan el poder jacobinos y sans-culottes. El 9 de diciembre de 1792 se elige a un cura, Bayen, como alcalde de San Juan de Pié de Puerto. La comuna envía una diputación para felicitar a los representantes de la Convención, en ese momento en Bayona. Todo parece "normalizado" en la Baja Navarra pero una docena de curas refractarios recorren el sur del país desde el decreto de expulsión hasta el golpe de Thermidor; el 9 de enero de 1793 la gendarmería y la Guardia Nacional reciben órdenes de proceder a la búsqueda de los contrarrevolucionarios.

Aquellos que no pueden conseguir los servicios de un cura refractario traspasan la frontera; solamente en Errazu constan 85 bautismos de niños baigorritarras ya que tras los montes las iglesias han sido cerradas. Mientras tanto, en París, Luis XVI es ejecutado, el 21 de enero (1793). En la Société des Sans-Culottes, amis de la Liberté et de l'Egalité de San Juan de Pie de Puerto, sus directores -Caillava, presidente, Pierre -José Alauzet y Alta Etcheverry, secretarios- dirigen, en febrero de 1793, una felicitación a la Convención por la ejecución del ciudadano Capeto.

7 marzo, 1793-3 junio 1794. El mismo día de la declaración de la guerra de la Convención a España -7 de marzo de I793- eran invadidas las fronteras bajonavarras, que se hallaban completamente desguarnecidas. Los generales Moncey y La Génétière se encargan de improvisar la defensa que, en un primer momento, es desastrosa. Ante los 22.000 hombres del general valenciano Ventura Caro se agrupan los 8.000 de Moncey más los voluntarios que vayan llegando. El 13 de abril, el Directorio del distrito bajonavarro decreta que sean desarmados los antiguos nobles que no sirvan al ejército de la república y los curas que no sean funcionarios públicos. La multiplicación de los frentes y la presión de los sans-culottes, abren paso a la formación de un gobierno revolucionario en París.

Los órganos del mismo serán ahora la Convención, el Comité de Salud Pública y el Comité de Seguridad General. En la Baja Navarra, el castillo de Gramont, el priorato de Utziat perecen, pasto de las llamas y de la ira popular Desde el mes de mayo, la zona fronteriza entre las dos Navarras se convierte en el punto cálido de la geografía revolucionaria. Se crea la primera compañía de los célebres Chasseurs Basques, a los que Robespierre calificaría de bijou de nos armées, y que contaría, a finales del decisivo año 1793, cerca de 1.800 bajonavarros, seleccionados entre los defensores voluntarios de los valles de Cize y Baigorry. El general La Génétière tuvo que hacer evacuar Aldudes. Los baigorritarras esperan la oportunidad de desquitarse de la pérdida de Quinto Real en las proximidades del alto de Arrola que domina las vías de Baigorry y de San Juan de Pie de Puerto.

En la resistencia de Arrola se destacó el joven Harispe, hijo del síndico de la Baja Navarra, futuro mariscal de Francia y conde del Imperio. Cerca de Ispéguy la lucha se hizo más dura. Los convencionales son rechazados en Valcarlos y en las cercanías del castillo de Cháteau-Pignon que defiende el acceso a la capital bajonavarra, que, como sabemos, se halla a sólo seis kilómetros de la frontera. La alarma es aún mayor cuando se conoce la noticia de que el general La Génétière ha sido hecho prisionero y que Moncey se retira precipitadamente a San Juan de Pie de Puerto. Los habitantes de Aldudes, en enemistad crónica con los de Baigorry, aprovechan las circunstancias dramáticas para firmar un tratado con los españoles por el que se colocan bajo la protección de la monarquía española prometiendo

de prendre les armes des à présent dans les actuels troubles pour défendre leur pays et pour le conserver sous la domination de Sa Magesté catholique, principalement contre les Baygorriens et telles autres troupes qui les secourent ou manoeuvrent avec ou sans leur concours contre les domaines de Sa Majesté catholique... par la voie de Don Ventura Caro, commandant général de l'armée de Guipuzcoa et de Navarre.

A la cabeza de la secesión se hallan Joseph Inda, vicario, y Arambide, alcalde. Tras la arremetida; el valenciano se limitó a fortificar las posiciones tomadas con tanta facilidad, lo que dio un respiro a los convencionales. Los representantes del pueblo, Monestier y Féraud, reorganizan la defensa con energía. Se asegura el suministro de alimentos a las tropas. Una incursión de castigo, permite, el 7 de agosto, a un destacamento procedente de San Juan de Pie de Puerto, atrapar a uno de los curas, Jean Duhide, cabecilla también de la secesión aldudarra, que fue fusilado en la plaza pública de San Juan. Los otros curas, Joseph Inda y Pierre Tihiste estaban ya en la Navarra meridional por entonces. Mientras, en París, prosigue la línea radicalizadora aboliéndose el culto católico desde noviembre de 1793. El 9 de enero de 1794 se celebran diversas fiestas en el Templo de la Razón de San Juan de Pie de Puerto; la Asamblea municipal decreta ir en masa a cantar himnos "patrióticos" alrededor delárbol de la libertad y la quema de las enseñas rojiblancas.

El día 15 se acuerda cambiar el nombre de la comuna por el de Nive-Franche; las reuniones tendrán lugar de allí en adelante en la casa de Jauregizaharra que se denominará casa común. La ola de romanticismo y saturación greco-latina contagia a la Baja Navarra: Saint-Etienne de Baigorry será Thermopyles, Saint-Jean-le -Vieux, Franche, Saint-Michel-le-Vieux, Nive-sur-Montagne, Saint-Martin de Arberoa, Nive-Montagne, Saint-Palais, Mont Bidouze, Saint-Martin-d'Arrosa, Grand Pont... Por otro lado, el Decreto Barrére del 27 de enero de 1794 previene que en los departamentos donde se hable un idioma extranjero... hay que establecer maestros encargados de enseñar la lengua francesa y la Declaración de los Derechos, y traducir las leyes al pueblo los días de Fiesta.

Se comisionan, más tarde, maestros especiales para enseñar a leer y escribir y las principales reglas de aritmética a los niños de las diversas comunas, por medio de libros elementales publicados por el gobierno en francés. Pero la guerra prosigue su curso. El 19 de marzo un decreto del prefecto departamental ordena la confiscación de los bienes de todos los individuos -nobles y sacerdotes en su mayoría- arrestados por los comités de vigilancia. Todas las comunas bajonavarras llevan a cabo la acción requerida por el agente de la Convención. Belzunces, Gramonts, Mendirys, Irumberrys, Lacarras, etc, fueron desposeídos de sus bienes. El castillo de Lacarra es transformado temporalmente en hospital militar. Desde Saint-Palais, se transportan desde el mes de abril, hasta Tarbes, más de 380 quintales de campanas despedazadas para fundir cañones y monedas. A fines del mes de abril (1794) puede decirse que el ejército se ha recuperado del colapso y se dispone a tomar la ofensiva. El clero conspira para que esto no se consiga; el 25 de mayo Pinet y Cavaignac dan orden de concentrar a todas las monjas de los distritos de Ustaritz y Saint-Palais en los fuertes de Bayona, a fin de evitar que ayuden a los emigrados y escondan a los contrarrevolucionarios.

El país, desalojado de invasores comienza a recuperarse. El 29 de mayo, la comuna de San Juan de Pie de Puerto dispone que 10.000 libras sean distribuidas entre los habitantes de Arnéguy que había sufrido grandes privaciones bajo las tropas españolas; recuérdese que éstas habían destruido las instalaciones extractivas de Banca, entre otras cosas. Pero los españoles ocupan aún las alturas desde Orbaiceta al Lindux, la del Chateau-Pignon, los collados de Ibañeta y de Urkulu. A su encuentro marchan las tropas reorganizadas de Moncey al que ayudan ahora los generales Marbot, Dumas y el famoso La Tour d'Auvergne con sus granaderos a los que los españoles denominaron la columna infernal. La vanguardia de esta columna la constituyen los Chasseurs Basques de Harispe que forman una media brigada de tres batallones de más de 1.000 hombres cada uno. En esta ofensiva, el combate de Berdaritz abre a los convencionales las puertas de la Alta Navarra y Gipuzkoa. El 3 de junio de 1794, 700 cazadores llegan al fuerte de las cercanías de Aldudes y lo toman. Caen a continuación Aidudes, Maya e Ispéguy. Entre Harispe y La Tour d'Auvergne se cierra la maniobra de toma del campamento de emigrados cuyo jefe, el marqués de Saint-Simon, cae en manos de los convencionales. Harispe fue nombrado coronel a los 26 años de edad. Otros bajonavarros no se sienten tan heróicos como testifican algunos versos de la época:

Gerlara etorri ginean
Gure bizien perillean,
Gure agintariak franzes:
Allons, chasseurs, avancez;
Guk euskara eranzutea,
Diabriak eraman bazintez!

Cuando fuimos a la guerra
peligrando nuestras vidas,
Decían nuestros jefes en francés:
Allons, chasseurs, avancez;
Y nosotros contestábamos en euskera,
¡Ojalá te lleven los demonios!

Entre junio y julio Pinet, Cavaignac y Monestier hacen públicas las últimas decisiones jacobinas. El 4 de junio los ex-nobles y los extranjeros del país con el que la república está en guerra, e incluso los curas que no han jurado la constitución o han hecho el simulacro de jurarla, serán alejados provisionalmente de las fronteras, a tres leguas de Nive-Franche (San Juan de Pie de Puerto) hasta el distrito de Ustaritz y a la misma distancia de la orilla derecha del Nive, desde San Juan de Pie de Puerto hasta el distrito de Mauleón. El 21 de junio se procede a la venta del mobiliario y bienes suntuarios de la iglesia de San Juan de Pie de Puerto. Los inmuebles de la iglesia, fábrica, cuerpo obitual y prebendal fueron declarados bienes nacionales. El 3 de julio el consejo general de San Juan de Pie de Puerto decide erigir un Altar de la Patria en la plaza Eyharaberry; el trabajo se efectuó mediante la cooperación de los ciudadanos, cubriéndose los gastos por medio de una suscripción popular.

El final de la guerra (27 julio, 1794-22 julio, 1795). Las divisiones internas y el fortalecimiento de la Convención debido a las victorias exteriores y a la anulación de la protesta sans-culotte permitió el golpe de estado del 9 de Thermidor a los elementos centristas y antiguos jacobinos trasfugas como Tallien. Al día siguiente, 28 de julio de 1794 (10 de Thermidor) es ejecutado Robespierre en París. El concejo de San Juan de Pie de Puerto, después de postergar a Monestier, Pinet y Cavaignac, dirige una felicitación a la Convención por el éxito en el aplastamiento de la Comuna y la eliminación del jefe jacobino. La guerra exterior, a comienzos de este verano de 1794, es netamente favorable a los ejércitos convencionales; el 11 de agosto se ordena la requisición de todas las rejas de las iglesias cercanas a la frontera franco-española para enviarlas al frente. Las monjas regresan, el día 6 de septiembre, a sus conventos en la Baja Navarra.

Retirados de estas tierras, los españoles se repliegan a Pamplona dispuestos a la defensa más cerrada. Tras la proclamación de separación de Iglesia y Estado (21-II-1795), el 16 de julio el directorio del distrito de Saint-Palais promulga la ley del II de prairial del año III por la que se autorizaba la apertura del culto católico. Los curas emigrados comienzan a traspasar los Pirineos. El ejército convencional, mientras tanto, no quiere exponerse y deja la campaña contra la plaza navarra para la primavera siguiente. La paz de Basilea firmada el 22 de julio de 1795 hace innecesaria la operación. La célebre brigada de Cazadores Vascos llevará a cabo las campañas de Suiza y de Italia para disolverse en 1801.

El 18 de Brumario (9-XI-1799) Bonáparte es elegido primer cónsul de Francia. Al cabo de cinco años, el 2 de diciembre de 1804, Napoleón se convierte en Emperador de los franceses. A la coronación asistió una diputación de 16 bajonavarros: la mitad de granaderos, la cuarta parte de suboficiales y la otra de oficiales. La intervención napoleónica en España (1808) produjo la inevitable crisis en ambos países vascos; en el peninsular, Gipuzkoa, Bizkaia, Navarra y Alava repelen el articulo 144 de la Constitución de Bayona -suspensión de los fueros- y se alzan contra el invasor (Véase. Afrancesados). Las siete provincias son entonces objeto de un ambicioso proyecto conciliador por parte del laburdino J. Garat, diputado por su tierra en los Estados Generales de 1789 pasado a los franceses: creación de una Nueva Fenicia que abarcase a las costas vascas de ambos lados de la frontera, una Nueva Tyro y una Nueva Sidón para el resto.

Navarra Alta y Baja serían reunificadas. Sobra decir que el plan de Garat no pasó de proyecto. Las guerrillas se organizan en el País Vasco peninsular al que las tropas de Napoleón sólo traen la supresión de las ventajas del antiguo régimen sin aportar los adelantos del nuevo. Entre abril y mayo de 1811 corre el rumor en Baigorry de que Espoz y Mina se prepara a dar un golpe de mano en busca de rehenes; en especial se busca a la mujer de Harispe residente, en Lacarte. El subprefecto de Mauleon, Detchepare, organiza, como defensa a las compañías de la Guardia Nacional de Saint-Eúenne de Baigorry cuyos efectivos alcanzan a los 1.060 hombres. Pero la incursión penetra por Lapurdi el día 6 de junio. El 21 es atacado un destacamento francés en Roncesvalles.

En diciembre Mina vuelve a atacar la frontera pero desiste durante el invierno de 1811-1812. La batalla de Vitoria (2I -VI-1813) supone nada menos que la liquidación del imperio napoleónico. Los franceses se retiran dirigiéndose unos hacia Hendaya y otros hacia Pamplona por lo que las operaciones se concentrán ahora, nuevamente, en tierra vasca, de uno y otro lado de los Pirineos.

El mariscal de Soult intenta socorrer al general Cassan que se halla sitiado en Pamplona (julio). Las tres columnas enviadas por Soult acaban desastrosamente: la del general Reille, enfilada por Roncesvalles, se pierde en la espesa niebla; la del general Clauzel corre la misma suerte en Altabizkar; la tercera, al mando del general Drouet d'Erlon, pierde un tiempo precioso en las alturas de Maya. El general Wellington cayó sobre las dos primeras y luego acabó de derrotar a los napoleónicos en Sorauren (28 de julio). A partir de esta batalla en la que se pierden 13.378 soldados franceses la desbandada es completa. Harispe y Foy preparan una defensa desesperada entre San Juan de Pie de Puerto y Hélette.

La invasión de Lapurdi, Zuberoa y Baja Navarra es inevitable desde los primeros días de octubre de 1813. El general Soult se retira lentamente con sus 50.000 hombres y en su persecución aparecen los 65.000 de Wellington engrosados por partidas españolas y los navarros de Mina. A las desgracias de casi un a ño de guerra se une el crudo invierno 1813-1814.

Los angloportugueses de Wellington y los hombres de Mina invaden en primer lugar Lapurdi, tras la derrota francesa de San Marcial. Una penetración de parte de las tropas del general Mina en Irissarry es rechazada por gente emboscada en las alturas del barrio de Erdoizea. Mina venga la acción al día siguiente haciendo ejecutar a los señores de Echerreca y de Erdoiz -Echeverria y ocupando militarmente el país. Los ocupantes mutílan las esculturas del pórtico de la casa Ospitalia, antigua encomienda bajonavarra, a culatazos. Llega 1814 y con él la derrota definitiva de Napoleón. Harispe resiste contra los aliados en Garris, Orthez y más tarde en Toulouse. La última defensa organizada, en tierras bajonavarra, fue la de Garris, el 15 de febrero de 1814. A partir de esta fecha el País Vasco continental es ocupado por completo, excepto San Juan de Pie de Puerto mientras las guerrillas hostigan a los ocupantes en Baigorry y Bidarray. Aldudes es incendiado por las tropas del general inglés. En 1815 (Cien Días). Bonaparte encarga a Harispe la defensa de los Pirineos. Las tropas españolas invadieron el país al día siguiente al desembarco de Napoleón pero permanecieron escasos días.

A pesar de su nombre, la Restauración no significó nada para el país. Apenas, que los soberanos franceses volvieran a llamarse reyes de Navarra. Más aún, en 1827, un gobierno al que no puede tacharse precisamente de revolucionario -el de Su Majestad el rey Carlos X- procede a anexionarse los bosques comunales bajonavarros, cuyo derecho de uso había sido suprimido ya por Napoleón. En el terreno político, el establecimiento del sufragio censitario, hizo que la Baja Navarra proporcionara un número escasísimo de votantes en las elecciones y uno mucho menor de candidatos. La pobreza general no les hizo posible acceder a las ventajas de la democracia parlamentaria, usufructo de la burguesía urbana inexistente casi en tierras bajonavarras profundamente rurales. En 1829, en todo el País Vasco, apenas pueden contarse 158 personas capacitadas para votar, 131 de las cuales pertenecientes a la subprefectura de Bayona. Con posibilidad de presentarse a candidatos sólo se encontraron 14 individuos en todo el país.

Los valles o antiguos "países", habían sido los administradores de la propiedad colectiva de los vecinos y sus Cortes habían dirimido todos los asuntos comunes a las localidades componentes de la comunidad, en especial todo lo referente a los comunales. La Revolución suprimió la autogestión de los valles pero éstos, poseedores aún de las tierras indivisas que subsistieron al despojo efectuado por la Restauración, y de intereses comunes innegables, dejaron sentir su malestar hasta que en el a ño 1836 fueron autorizados a formar comisiones sindicales, organismos intercomunales que vinieron a llenar el vacío dejado por las leyes de los valles. Se crearon así, en la Baja Navarra, los sindicatos de Cize, Mixe, Ostabarret y Baigorry para administrar los antiguos países suprimidos en 1790.

Las jornadas parisinas repercuten también en la Baja Navarra. Las elecciones del 23 al 24 de abril dan el triunfo a la pequeña burguesía rural, republicana ya pero fuertemente aferrada a la religión tradicional y a la propiedad privada. El comerciante Renaud, de San Juan de Pie de Puerto, uno de los vencedores en los comicios, se explica así: Mis opiniones radicales datan de hace mucho. Creo en el Dios que protege a Francia, creo en la Nación que en todo sitio respeta las cosas respetables, tanto la Propiedad como la Religión. Pero los campesinos que se habían visto despojados del usufructo de los bosques comunales en su mayor parte (1827) no parecen experimentar sentimientos tan honorables y se alzan en armas en diversos puntos de la geografía bajonavarra, sobre todo Armendarits, valle de Ostabarret y valle de Mixe. A punto ya de intervenir el ejército, el gobierno transige. El campesinado se resigna con la quinta parte de los bosques que el gobierno quiso devolverle.

Como ya hemos visto, desde 1512 las discordias entre pastores alto y bajonavarros son consustanciables a la nueva frontera. El reglamento de Arnéguy redactado por el obispo Echauz en 1610, el de Elizondo de 1785, van acomodando a los navarros de ambos lados. Pero al quedar las tierras altas indivisas las discordias no tardan en reanudarse. Tras los incidentes de 1852, el 2 de diciembre de 1856 se establecen dos zonas en Aldudes, Quinto septentrional y Quinto meridional, con reglamentación que ha durado, más o menos, hasta nuestros días (ver Aldudes). Así pues, las facerías, que habían sido suprimidas en 1785, son reconocidas en este nuevo tratado (ver Facería).

La instauración definitiva del sistema republicano en Francia y la consolidación del nuevo modo laico de vida que la revolución democrático-burguesa supuso, ocupó el último tercio del siglo XIX y parte del XX. En el País Vasco la actitud del clero fue reacia a las innovaciones, lo que ocasionó sucesivos roces entre éste, decididamente ultramontano, y los poderes públicos republicanos. Pero en el último cuarto de siglo XIX aparece ya una corriente católica republicana, que toma el relevo del antiguo clero refractario monárquico e inicia una apertura en la línea de Mgr. Lavigerie. El Eskualduna, periódico católico que luego tomará el nombre de Herria, es fundado en 1887 por Luis Etcheverry, diputado por Saint-Jean-le -Vieux, un año después de la fundación del periódico radical Le Réveil Basque.

El ambiente se presenta caldeado en las elecciones de 1893, cuyo resultado favorece a las izquierdas moderadas, aunque después de reñida batalla electoral que se refleja en el Eskualduna y el Réveil Basque, a los que viene a sumarse, en 1896, Le Patriote de Pau fundado por el P. Pon. La ley de separación de la Iglesia y el Estado se repone en 1905 siendo recibida nuevamente con hostilidad por la mayoría de la población bajo navarra. En Bidarray y otras localidades, la población católica se opone a las tropas que vienen a inventariar (1906) los bienes eclesiásticos. Pero, poco a poco, la Baja Navarra acaba por vaciarse en el molde francés, aun cuando desaparezca el problema religioso que canalizaba su protesta. Tal vez el último reducto a la asimilación haya sido el vallecito de Aldudes, por lo menos hasta 1914-1918.

En años aún recientes existían en él casas francas -casas Baillea, Perkainenea y Philipeinea- a las que no alcanzaba ni la autoridad francesa Ni la española; en el barrio de Esnazu también había otra de estas casas, la de Malsoinea . Todas ellas sirvieron de refugio a los navarros de ambas vertientes que rehuyeron el servicio militar obligatorio y embarcaron más tarde rumbo a América, a lo largo del siglo XIX. Las discordias fronterizas, al constituirse en cuestiones internacionales, provocaron la intervención cada vez más estrecha de las autoridades francesas y españolas. El servicio militar obligatorio se instituye en Aldudes en 1914; en la guerra nacionalista por antonomasia no cabian las medias tintas. Durante la segunda guerra mundial, la Baja Navarra fue ocupada por los alemanes que utilizaron la ciudadela de San Juan de Pie de Puerto como centro de reclusión de refugiados de la guerra civil española y de sospechosos del régimen nazi.

La antigua capital de la Baja Navarra albergó con posterioridad a disciplinarios militares hasta ser, hace poco, descalificada como plaza militar. Sin compartir su orgullo de patriota bien alimentado, estamos de acuerdo con F. Mauriac cuando dice: Francia no llegó a ser Francia si no es en la medida en que la Borgoña, la Guyena y las otras provincias se "despersonalizaron". Subsiste un alma bretona, un alma alsaciana, un alma vasca. Pero era imprescindible que la mayor parte de los antiguos países perdieran su alma para que Francia naciera (De Gaulle, Grasset, p. 344). Tal ha sido el destino de la orgullosa Baja Navarra, del último rincón vasco en trance de perder su alma.

No hay concepto histórico que despierte mayores recelos y apasionados alegatos, que el de feudalidad, en determinados sectores de la historiografía vasca generalmente caracterizados por su falta de criterio temporal, por su ahistoricismo. Así vemos que lo corriente, cuando uno de nuestros autores roza el "espinoso" tema de la descripción social del medioevo, es interpolar, buena y alegremente, una risueña viñeta atemporal de ancien régime, labortano si se trata de describir el Norte del país, vizcaíno si del Sur se refiere, como si los demás siglos y las demás provincias no contaran, o como si tuviesen un pasado incomodo que ocultar. Se echa así mano a Larramendi para relatar cómo era el país en un brumoso "antes", que lo mismo puede ser "antes" de la supresión de los fueros que "antes" de las predicaciones de San Amando... En todo caso, si se encuentra que un labrador euskaldún pagaba pecha a su señor al que tenía que pedir permiso para abandonar el terruño que tenía obligación de labrar así como la terra indominicata del señor, se solventa la situación con un "claro que, todo eso, fueron modas importadas desde fuera". Y así para todo lo que de molesto surja en nuestra tierra. Pero al estudiar la historia, detalle por detalle, nos convencemos, salvo rara excepción, de que las mismas causas producen los mismos efectos y más tratándose de un rinconcito de Europa, como es el caso que nos concierne. Que la Baja Navarra, así como Laburdi, Zuberoa, etc. conoció la feudalidad es un hecho incontrovertible. ¿Que en vísperas de la Revolución apenas quedaban feudos en Navarra? Indudable. ¿Que un espíritu libertario y rebelde aletea en el Estado Llano navarro que sigue con enorme interés el proceso de Baigorry de 1783? Nada más cierto. Pero entre el proceso mencionado y el reinado de Sancho el Fuerte hay una larga andadura que recorrer y una serie de factores que hay que analizar, entre ellos el de la orientación de la nobleza. Hecho esto, procederemos a describir cómo eran los tres estamentos que se repartían, en los Estados de Navarra, el cometido de gobernar el reino con anterioridad a la Revolución Francesa y cuál era la situación de la mayoría de la población, el Estado Llano, bajo-navarro antes de que en su correspondiente francés la burguesía tomara las riendas del poder en 1789.

Las grandes invasiones siguen la vía romana de Astorga-Burdeos resultando con ello la Baja Navarra alcanzada, de un extremo a otro, por los trastornos que esta masa errante de bárbaros hambrientos ocasiona. Todo ello obliga a sus habitantes a alzar un férreo sistema defensivo, situación que renovada periódicamente, durante siglos, por las siguientes invasiones árabes y normandas habitúa a la sociedad al carácter militar-defensivo que estas circunstancias le dieron en un comienzo. Cabezas de linaje y caudillos guerreros han emergido de este torbellino que afecta a toda Europa desde la caída del Imperio Romano; éstos son los sustentáculos de la sociedad feudal que nace en el oscuro siglo IX además de la Iglesia, que resiste el embate por medio de la conversión de los invasores.

El principal caudillo, que conozcamos, bajo cuya jurisdicción debió caer la Baja Navarra, es Genial I, duque de Vasconia (siglo VII). Dependientes de este buruzagi son los jefes de las primeras unidades político-administrativas que surgen en tierra bajonavarra. Hay un hecho diferencial que separa a la Baja Navarra de sus hermanas continentales. Mientras Lapurdi y Zuberoa constituyen núcleos centralizados -vizcondados dependientes del ducado de Vasconia, el primero hasta 1033 en que pasa a Navarra, el segundo hasta 1234 en que sigue el mismo sendero-, en la Baja Navarra falta una jefatura única, una familia vizcondal que sometiese bajo su soberanía al resto de los linajes aposentados en el país.

Por ello éste se encuentra distendido entre tres polos políticos: los Fortún, vizcondes de Lapurdi, los vizcondes de Dax y los reyes de Navarra Luxe y Gramont (Agramont), los linajes que constituirán la columna vertebral del pequeño rincón navarro, son vástagos de la familia vizcondal de Dax. Poseen el señorío de Mixe y Ostabarret desde el siglo XI, señorío que se dividirá a su vez en cuatro baronías, Luxe, Gramont, Bergouey y Sorhapurtu en Mixe y Ostabat y Lantabat en Ostabarret. Estas serán con el tiempo las seis baronías más importantes de la sexta merindad, a las que se agregará en 1391 la de Béhorléguy. Del vizconde de Lab., vasallo a su vez de Navarra, son feudatarios, el vizcondado de Arberoa y los señoríos de Cize y Ossés. El valle de Baigorry será erigido en vizcondado en 1033 en la persona de los Echauz, completando con ello el mosaico feudal de la Baja Navarra a mediados del siglo XI como sigue: (véase tabla en imágenes).

El poder de la iglesia en los siglos X y XI debiio de ser aún considerable debido, en parte, a la tardía cristanización del país, y también a la fundación laica de las iglesias por los señores más preeminentes. Sin embargo, en el siglo XI comienza ya a esbozarse el dominio abadengo que para el siglo XII se había acrecentado notablemente. El origen de estos abandengos se halla en las donaciones medievales. Los reyes y los señores comienzan a hacer donaciones a la Iglesia a cambio de un sufragio pro-anima, curas reputadas de milagrosas, cumplimiento de promesas, nacimiento de un hijo deseado, etc. Las otras donaciones eran de dos tipos: Donatio post obitum, o sea, donación de una tierra que pasaba a ser propiedad de la Iglesia a la muerte del donante, pudiendo éste, mientras tanto, gozar del usufructo a cambio de una renta a pagar, y, donatio a diae praesente por la cual la tierra pasaba inmediatamente a manos de la Iglesia que entregaba al donante ésta y más tierras de las que podía gozar hasta su muerte mediante un censo. El celibato eclesiástico y la inmunidad de los bienes eclesiásticos permitirán que éstos se acrecienten libres del peligro de confiscación o saqueo, penados con la excomunión.

Los primeros datos históricos sobre la Baja Navarra nos dan a conocer un país dividido en seis tierras, valles o países: Cize, Mixe, Ostabarret, Arberoa, Ossès y Baigorry. Estas primitivas agrupaciones en tierras, valles o países -nombres diferentes de uso indistinto pero entidades idénticas en la realidad- constituirán desde antiguo la principal división político-administrativa de la Baja Navarra. La tierra, país o valle -nombre este último que tal vez provenga de bailio o baille- es una agrupación humana establecida, por lo general, en la cuenca de uno o varios ríos formando una unidad de producción y de relación natural, consagrada por el uso y por las vicisitudes de la historia.

Estos núcleos sociales suelen caracterizarse por llevar una vida política, social y económica conjunta concretizada en las asambleas de vecinos -Corte General, más tarde, además de todo un conglomerado institucional constituido por arciprestazgos, cofradías, milicias propias, sindicatos ganaderos y agrícolas, tribunales inferiores de justicia, archivos, etc. que se desarrollarán a lo largo de los siglos- en las que sus elementos componentes, ya sean aldeas, ya parroquias mayores, no tienen personalidad jurídica fuera de la comunidad de valle. A veces la estructura geográfica no coincide con el área administrativa, formando parte del valle, tierra o país localidades algo alejadas o situadas en la vertiente montañosa opuesta. Pero, en general, la comunidad social suele ocupar una pequeña comarca natural, relativamente autosuficiente, cuya vida en común y organización solidaria es inmemorial, probablemente de origen gentilício, hipótesis reforzada por la abundancia de nombres comunes característicos en cada lugar.

Estas entidades político-administrativas, semejantes a las cendeas y valles altonavarros a las universidades, cuadrillas alavesas, ayuntamientos o uniones guipuzcoanos, vics o degairies suletinas, etc. -"entidades políticas, dice el conde Saint-Saud, que formaban y forman todavía en toda la extensión de los Pirineos una especie de pequeños Estados, de uniones de distritos municipales, tanto en España (valle de Aezkoa) como en Francia, con sus privilegios y fuero- propios"- cayeron, como consecuencia de las necesidades defensivas originadas por las invasiones, bajo la tutela señorial de señores feudales, ya autóctonos, ya funcionarios de los duques de Aquitania o reyes de Navarra, problema éste de la autoctoneidad de indudable interés pero que nos ocuparía demasiado en este pequeño trabajo. Poco sabemos de la estructura social de los primeros siglos medievales en la Baja Navarra; lo que sí puede aseverarse es que los vecinos de los valles, sujetos al juramento de fidelidad, a deberes militares y pechas, pudieron emanciparse tempranamente en su mayoría de estas obligaciones, como veremos más adelante.

Cuando la Baja Navarra pasa a formar parte de la comunidad con núcleo en Pamplona, la estructuración feudal del país se halla ya en estado avanzado. La autoridad del duque de Aquitania se ve contestada por la influencia que ejercen los reyes de Navarra situados en el cénit de su importancia política desde el reinado de Sancho III el Mayor (999-1033); entre estos dos polos de atracción, los señores bajonavarros -Luxe, Gramont, Lacarra, Echauz, Uhart- poseen una amplia libertad de movimientos, en especial en Mixe y Ostabarret donde la guerra con los invasores bearneses refuerza el carácter militar de la estructura social favoreciendo la formación de señoríos. El señor, partiendo de esta preeminencia militar, se verá revestido de una indudable autoridad política, reforzada por la autoridad judicial y su carácter de terrateniente, ya sea porque la comunidad de valle le haya delegado estos poderes ya porque él, aprovechando sus atribuciones, las haya usurpado. No hay poder popular, pues, que pueda hacer frente a este crecimiento oligárquico que creará sus instituciones propias -cortes señoriales, milicias, impuestos, corveas, etc.- y cristalizará con fuerza en el país.

A la sombra de este elemento dominante, la iglesia se va alzando como segundo poder que ocupa posiciones estratégicas en el borde del camino de Santiago sentando las bases de una vasta red de hospitales, prioratos y encomiendas. El sistema de donaciones ya mencionado comienza a dar sus frutos: el vizconde de Baigorry, detentor en el siglo XII de las rentas de la tierra de Ostaberesio, traspasa parte de las mismas al priorato de Harambeltz.

La vizcondesa de Baigorry cede en 1120 la iglesia de Santa María de Burunze, en Larceveau, con sus diezmos, oblaciones y dependencias, al monasterio de Sordes; Arsorits es donado en I 147 al obispado de Pamplona; en los años posteriores a 1140, el diezmo del valle de Ossés pasa del vizconde de Lab. al obispo de Bayona; en 1168, Fontaner de Mauleón, obispo de Bayona, visita la Baja Navarra y Zuberoa siendo recibido en San Juan de Pie de Puerto por una comisión de nobles bajonavarros, entre los cuales Sancho II Ramiro, señor de Cize, entrega el resto de los derechos de Ossés al obispo, que le nombra canónigo de la catedral; el mismo Fontaner logró obtener que los habitantes de Lapurdi y valle de Arberoa se obligaran al donatio post obitum a cambio de la salvación de su alma. Pero los elementos más importantes de esta penetración son las órdenes monásticas, la Orden de Malta, orden religioso-militar de los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, fundada durante la primera Cruzada, y los Premonstratenses surgidos en 1119; a estas dos órdenes debe el país la roturación de muchas nuevas tierras y el establecimiento de una red bastante regular de albergues que atraviesa toda la Baja Navarra; Ostabat es el lugar de confluencia de tres de las cuatro vías provinciales hacia Compostela, lugar de reunión de peregrinos alemanes, franceses, escandinavos, polacos, ingleses, holandeses, etc., menos italianos y orientales que pasan por Somport. En estas encomiendas y prioratos, el régimen social es similar al feudal laico bajonavarro. Este es el panorama bajonavarro cuando, a finales del siglo XII, se establece la Castellanía de San Juan de Pie de Puerto en el valle de Cize como una avanzadilla del poder real navarro.

Ya desde comienzos del siglo XII la nobleza bajonavarra se había habituado a volver sus ojos hacia el sur, hacia las empresas guerreras de los monarcas pamploneses contra los musulmanes. Pero son escasos los caballeros bajonavarros en la Corte navarra hasta entrado el siglo XIII; un tal Bernardo de Gomezar de Gabión, el señor de Luxe (1158), Viviano de Agramont y Español de Domezain (1208) en el séquito de Sancho el Fuerte... etc. A la monarquía navarra le es urgente asimilar a esta nobleza de la nueva merindad; para ello otorgará títulos, abrirá las puertas de los altos cargos del reino y entregará tierras a modo de "beneficios". Pero también necesita ganarse la buena voluntad del pueblo, sobre todo en los siglos XIV y XV asolados por las banderías nobles, y por ello otorgará fueros y cartas municipales llegando hasta a la fundación de una Hermandad (1258).

Del juego dialéctico de estas dos tendencias, así como de la política peculiar de la iglesia, surge la sociedad de la Sexta Merindad de Navarra en lo que tiene de más característica. Del siglo XIII al XV se configuran los tres Estamentos que concurrirán a las Cortes de Pamplona. Es ya la posesión de la tierra, la que da el baremo de la jerarquización de la sociedad medieval bajo-navarra; por tanto, las categorías sociales se establecen en función de la plena o relativa posesión de los derechos sobre la misma, por los individuos o las colectividades. La representación concreta del derecho sobre la tierra es la casa, sin la cual no hay derecho de vecindad y, si se es noble, sin ella (salla) no hay entrada a las Cortes.

Los diversos estratos sociales se hallan jerarquizados según el lazo que les una a la tierra, prevaleciendo esta atadura telúrica sobre la comunidad de sangre o linaje. Paradójicamente, sobre una misma tierra podrán ejercerse diversos derechos por parte de sectores sociales diferentes: dominio eminente por el señor, peaje por el rey, recogida de leña por los campesinos, derecho de paso por los pastores, etc. Haciendo abstracción de sus principales características y desechando, por tanto, sus rasgos accesorios e historicistas, podríamos describir los tres Estamentos y las clases fundamentales de la vida política de la última merindad de Navarra como sigue: (ver tabla en imagenes).

Tanto la alta como la baja hunde sus raíces en la casa solar.

  • Alta Nobleza

Es un reducido estamento social descendiente de los primeros señores de las tierras o desprendido de la generalidad de poseedores de casas nobles, dotado de especiales derechos, vinculado a cargos públicos y poseedor de tierras, castillo, etc. Los grandes barones navarros servían a los reyes -como apunta Campión- mediante asignaciones concedidas sobre rentas reales de un pueblo, con la obligación, por parte del agraciado, de prestar cierta ayuda militar. El honor parece haber consistido más bien en el gobierno de una villa con su castillo, generalmente amurallada, cuyas rentas percibía el barón, estando obligado a defenderla y mantenerla en la propiedad del rey. Las necesidades militares obligan, pues, a la monarquía a la concesión de un "beneficio" a cambio de una prestación generalmente militar; con el tiempo el "beneficio" se convierte en hereditario y la prestación en vasallaje, con lo que nos hallamos ante un fenómeno general que surge en todos los rincones de Europa: el feudo.

Las antiguas cabeceras de linaje o parientes mayores, desgajadas de la sociedad gentilicia, forman ya en el siglo XI un importante estamento político en el que la corona se apoya para armar y vertebrar el reino. Se concede título a las siete baronías de Navarra ya mencionadas -Luxe, Ostabat y Lantabat de los Luxe, Gramont y Berguey de los Gramont, Sorhapuru de los Uhart, que la obtienen mediante alianza matrimonial con los Luxe (siglo XIV), sus primitivos poseedores, y Béhorléguy de un capitán de Carlos III- y se las vincula estrechamente al rey de Navarra mediante el homenaje (en 1203 lo prestan 27 caballeros de Mixe) que les permite percibir un porcentaje, a veces grande, de las rentas que los habitantes de las tierras enfeudadas deberían pagar al rey. En estas baronías se consolida el sistema de corte señorial, con justicia -baja, mediana y alta- y milicias del señor, mientras en las demás tierras señoriales que no constituyen baronías, el pueblo paga pecha, pero sigue adscrito a sus propios tribunales y régimen de valle, lo que permitirá, lentamente, el paso al régimen alodial. Pero veamos cuál es el caso del barón de Béhorléguy, uno de los siete grandes barones bajonavarros: la baronía es otorgada (1391) por el rey Carlos III en la persona de Juan de Béarn o de Bearin, capitán de Lorda o Lourdes (?) al quoal el seynor rey ha creado barón ó tales honores, nobleza, usos é privilegios, que han é deben haber los otros barones del reyno.

Esta baronía consiste en las pechas y rentas de la parroquia de Béhórleguy, de Olaberri abajo, con la jurisdicción sobre sus habitantes en lo relacionado con homicidios, medios homicidios y calonias, la justicia baja y mediana del pueblo. La baronía es para Juan de Béarn y sus herederos en línea directa a perpetual heredat. El rey se reserva, en este caso, la alta justicia que debe ejercer el castellano de San Juan de Pie de Puerto o la Corte Mayor de Navarra, además de la pecha de los judíos y las ayudas et otras revenidas extraordinarias. A su vez, el barón prestó homenaje al rey y juró lealtad y fidelidad. Según los datos proporcionados por una encuesta judicial de 1583, los barones como Béhorléguy, Berguey, etc., estaban exentos de pagar al fisco, ejercían en las baronías la baja, media y, a veces, alta justicia, para lo cual poseían tribunales propios, independientes de los del valle o de los reales, y prisiones. Sus milicias eran independientes y reclutadas mediante el apellido u host, dirigidas por oficiales nombrados por el barón. Doce de estos barones, con título de ricombres constituyen la Corte Mayor del reino. Aparte de la pecha, a menudo cobran la fija o impuesto eclesiástico del que se han hecho acreedores como fundadores de iglesias o abadías laicas con derecho a presentar al párroco.

  • La Pequeña Nobleza

Pertenecían a esta capa social todos los gentilhombres o caballeros poseedores de una salla o salha -casa noble- que por este mero hecho serán ya miembros natos de los Estados (siglo XVI), donde gozarán de los mismos derechos que los barones. Pagaban impuesto al rey y participaban también en las Asambleas de valle y los biltzarres de aldea. Luego seguían los infanzones, los escuderos y los capitanes de las compañías a pie. La procedencia era doble: ramas colaterales de parientes mayores o dueños de casas francas ennoblecidas por el rey, aunque, los infanzones tenían muy a gala ser hombres libres, descendientes de familias libres u hommes de linage, distintos de los ennoblecidos por privilegio o infanzones de carta.

Bastantes pagaban la fija al señor del lugar o a la iglesia pero, en general, están libres -remisionados- de cuarteles y de comparecer ante los tribunales señoriales. Ahora bien, estos infanzones no tienen derecho de entrada a los Estados como nobleza, a menos que sean dueños de una salla, o sea casa remisionada de cuarteles; a todo miembro de familia que posea sin interrupción la misma casa noble se le reputa de gentilhombre de raza y de extracción. Estaban exentos de la obligación de alojar a soldados en caso de guerra y sus casas gozaban de inmunidad, además de alguna que otra preferencia sobre el resto. Eran, por lo general, pobres; muchos se dedican a la labranza -infanzones labradores-. Pero eran susceptibles de convertirse en señores de otros, pues dice el Fuero:

"Todo infanzón que tiene una heredad libre y que con esta heredad, quiera hacer villanos o pecheros coillazos (es decir, dar renta o porción de frutos), habrá sobre sus collazos y sobre sus villanos el mismo derecho que el rey y los grandes señores tienen sobre los suyos".

De extracción llana pero gozando de exención tributaria, era la casa remisionada, por haber ocupado alguno de sus miembros un alto cargo o haber rendido un servicio notable a la monarquía. Cuando un hidalgo poseía armas y caballos, el monarca solía generalmente expedir carta al recibidor de Ultrapuertos para que remisionara de cuarteles y ayudas reales a dicho hidalgo. El escudero, muy a menudo, estaba al servicio de otro noble: García Arnaldo de Saint-Esteben, por ej., era escudero de Arnaldo Lopo, señor de Luxe (siglo XII).

Está compuesto por los vecinos libres de los valles, los habitantes de las villas -Garris, Labastide-Clairence, Larceveau, San Juan de Pie de Puerto y Saint-Palais- y, en general, los dueños de las casas francas. El estatuto de franquía del que gozan les permite sustraerse del poder feudal y regirse por leyes propias transmitidas de generación en generación y recogidas en los reglamentos de los valles sancionados por los soberanos y los fueros de las villas otorgados por los mismos. Enviaban procuradores a las Cortes en la siguiente proporción: Mixe, tres; Irissarry-Iholdy- Armendarits, tres; Arberoa, dos; Baigorry, dos; Cize, dos; Ossés, dos; Ostabarret, dos; Garris, dos; Labastide- Clairence, dos; Larceveau, dos; San Juan de Pie de Puerto, dos y Saint-Palais, dos. Era el Estado Llano el único que pagaba cuarteles o contribuciones al fisco real. La mayoría de las veces sus tierras eran libres de pechas y prestaciones personales a señores, aunque estaban sujetos al pago de la fija eclesiástica al señor del lugar o a la Iglesia. El rey podía ennoblecer a una casa franca librándola de pagar tributos -remisión de cuarteles-, con lo que pasaba automáticamente a ser una salla, con derecho de entrada a los Estados. También podía el rey transmitir sus derechos sobre tierras francas a algún señor con lo que la alodialidad de las tierras se veía amenazada; tal es el caso del valle de Ossès que en 1378 fue entregado por Carlos II a su ujier, Amigot de Garro, con las pechas, derechos de molinos (banalidades), jurisdicción y quinta de los montes y pastos. La concesión podía ser revocada, como de hecho lo fue y el rey volvió a recibir las pechas, convertidas en 1418 en tributo perpetuo de 15 libras.

LOS VALLES

  • Tierra de Arberoa [Arbela]

Su capitalidad estaba en Saint-Martin donde también residia la Corte del valle. Enviaba dos procuradores a los Estados. En la actualidad este valle está repartido entre tres cantones: Hasparren, Labastide-Clairence e Iholdy. Consta de las siguientes comunas:

Ayherre(L-C)Aiherra
Hélette (I)Heleta
Isturits (L-C)Isturitse
Labastide-Clairence (L-C) (villa)Bastida
Méharin (H)Mehaire
Saint-Esteben (H)Donesthiri
Saint-Martin d'Arberoa (H)Donamartihiri

  • Valle de Baigorry

A las entidades naturales de este valle se les agregó, a efectos administrativos, las del valle de Ossés formando así el llamado cantón de Saint-Etienne-de-Baigorry. Su capitalidad estaba en Saint-Etienne y, bajo el punto de vista judicial, perteneció desde 1564 a la jurisdicción del Castellano de San Juan. Enviaba dos diputados a los Estados. El valle de Baigorry propiamente tal consta de las siguientes comunas:

AldudesAldude
AnhauxAnhauze
AscaratAzkarate
BancaBanka
IrouléguyIrulegi
LasseLasa
Saint-Etienne-de-B.Baigorri
UrepelUrepele

  • Tierra de Cize [Garazi]

Desde el punto de vista judicial es el corazón de la Castellania de San Juan de Pie de Puerto con cap. en esta villa. Enviaba dos procuradores a los Estados. Corresponde al actual cantón de San Juan de Pie de Puerto más la comuna de Suhescun que pertenece al cantón de Iholdy. Forman parte por tanto las siguientes comunas:

Ahaxe-Alciette-Bascassan
Aincille-Harriette
Ainhice-Mongelos
Arnéguy
Béhorléguy
Bussunarits-Sarrasquette
Bustince-Iriberry
Çaro
Esterençuby
Gamarthe
Ispoure
Jaxu
Lacarre
Lecumberry
Mendive
Saint-Jean-le-Vieux
Saint-Jean-de-Pied-de-Port (villa)
Saint-Michel-le-Vieux
Suhescun
Uhart-Cize
Ahatsa-Aizieta-Barkazane
Aintzilla-Harrieta
Ainhize-Monyolose
Arnegi
Behorlegi
Buzunaritse-Sarrasketa
Bustinze-Iriberri
Zaro
Esterenzubi
Gamarta
Izpura
Iatsu
Lakharra
Lekbunberri
Mendibe
Donazaharre
Donibane Garazi
Eiheralarre
Suhuskune

  • Tierra de Mixe [Amikuze]

Garris, villa real, era la sede de la justicia de este valle. Actualmente está comprendida en el cantón de Saint-Palais donde figuran además algunas comunas bearnesas, cuatro suletinas y una del valle de Ostabarret (Pagolle). Enviaba tres procuradores a los Estados. Consta de las siguientes comunas:

Aicirits
Amendeuix-Oneix
Amorots-Succos
Arbérats-Sillegue
Arbouet-Sussaute
Arraute-Charritte
Béguios
Béhasque-Lapiste
Beyrie
Camou-Mixe-Suhast
Gabat
Garris (villa)
Ilharre
Labets-Biscay
Larribar-Sorhapuru
Luxe-Sumberraute
Masperraute
Orègue
Orsanco
Saint-Palais (villa)
Uhart-Mixe
Aiziritse
Amenduze-Onaso
Amorotze-Sokotze
Arberatze-Silhekoa
Arboti-Sozueta
Arrueta-Sarrikota
Behauze
Behaskane-Laphitzketa
Bithirine o Mithirina
Gamue-Amikuze-Zuhazti
Gabadi
Garrutze
Ilharre
Labetze-Bizkai
Larribarre-Sorhapuru
Lukuze-Alzumarta
Martxuta
Oragarre
Ostankoa
Donaphaleu

La tierra de Mixe, a su vez, se dividía en bandas:

Banda de Barhoue
Banda de Ahetze
Randa de Outre-Bidouze

  • Valle de Ossès [Orzaize]

Sus entidades naturales se hallan englobadas actualmente en el cantón de Baigorry, junto con las de este valle. Enviaba dos diputados a los Estados. Son las comunas siguientes:

OssèsOrzaize
Saint-Martin d'ArrossaArrosa
BidarryBidarrai

  • Tierra de Ostabarret [Oztibarre]

Contaba con Corte de justicia. Enviaba dos diputados a los Estados. Sus entidades naturales están englobadas en el actual cantón de Iholdy, menos Pagolle que lo está en el de Saint-Palais:

ArhansusArhantsusi
BunusBunuze
HostaHozta
IbarrolleIbarla
JuxueJutsi
Larceveau-Arros-CibitsLarzabale-Arrotze-Zibitze
Ostabat-AsmeIzura-Azme
PagollePhagola
Saint-Just-IbarreDonaisti-Ibarra

  • Iholdy-Irissarry-Armendarits

Iholdy en Arberoa, Irissarry en Ossés y Armendarits en Arberoa eran comunidades autónomas que formaban una unidad equivalente a una tierta o país llamado por algunos tierra de Irissarry. Enviaba tres procuradores a los Estados. Antiguamente Iholdy y Armendarits estaban en la jurisdicción real de la Castellanía de San Juan; sus contribuciones, que fijó en 1270 D. Teobaldo II, consistían en una ayuda voluntaria para casos de cruzada, rescate del rey y matrimonio de la princesa real.

LAS VILLAS

  • Saint-Palais [Donaphaleu]

Se la identifica con el poblado de Carasa de la vía Astorga-Burdeos. Su época de mayor importancia comenzó en 1523, año en que se congregaron por primera vez en ella los Estados de Navarra después de la invasión de Fernando el Católico. Desde entonces éstos se reunen en la iglesia de San Pablo con preferencia a otras villas. También funciona en SaintPalais la Chancillería de Navarra hasta su traslado a Pau en 1620. Emitió moneda desde temprano; ya en 1351 Pierre de Garris gestiona el establecintiento de una casa de moneda en el lugar. justicia administrada por los jurados de la villa.

  • San Juan Pie de Puerto [Donibane-Garazi]

Villa fortificada desde el siglo VIII, castillo realengo desde los albores de la soberanía del reino de Navarra en Ultrapuertos, fue beneficiada con el fuero de Bayona en época indeterminada, fuero que fue confirmado por Teobaldo I en 1234 y reyes posteriores. Las ferias y la franquía otorgada en 1367 acrecientan la importancia de esta villa, capital de la Sexta Merindad navarra antes de 1512 y primera plaza fuerte de la región después del desmembramiento del reino, sin obligación, desde 1439, de pagar peajes en los arbitrios que posee el rey en el mismo. Las guerras de bandos, la ocupación española, las luchas religiosas, el establecimiento de la sede administrativa del reino en Saint-Palais, el incremento de la presión fiscal -en todo el país-, durante el reinado de Luis XIII y XIV, etc., minan considerablemente la vida de esta bonita ciudadela que, al decir del intendente real Le Bret, se halla en el año 1700 completamente arruinada. Sus jurados administraban justicia.

  • Larceveau [Larzabale]

Poseyó antiguas fortificaciones y estatuto de villa. Figura en la Colección Duchesne (año 1119) bajo el hombre de Larzabal. Las guerras de religión la arruinaron casi por entero.

  • Labastide-Clairence [Bastida]

Fundada por los reyes de Navarra, se otorgó a sus habitantes el fuero de Rabastens a comienzos del siglo XIV. Figura en el archivo de la Cámara de Comptos (1312) con el nombre de La Baztida nueva de Clarenza. Su fundación obedece a razones defensivas así como a la edificación por parte de Luis Hutin de un castillo real anterior a la fundación. Los privilegios de que gozaron los nuevos burgueses ocasionaron la guerra con los labradores del valle de Arberoa en 1321. El rey traspasó en 1368 sus rentas sobre Labastida a los Agramont que las permutaron por el derecho sobre los molinos de San Juan de Pie de Puerto. En 142o Labastide-Clairence volvió a gozar de su franquicia y fueros y en 1438 los reyes navarros colocaron sus armas sobre su puerta. justicia administrada por los jurados de la villa.

  • Garris [Garrutze]

También se le ha identificado con Carasa. Fue villa murada, importante durante la edad media, y su antigüedad tal vez se remonte a época romana. Tuvo uno o dos establecimientos hospitalarios para los peregrinos de Compostela y castillo dependiente de los reyes de Navarra. Los Señores de la casa de su nombre desempeñaron cargos importantes en el reino. Fue sede del bailfo de Mixe con corte de justicia, guarnición, calabozos, etc. Enviaba dos procuradores a las Cortes y celebraba importantes ferias a las que acudían vascos y bearneses. Su decadencia data de la destrucción del castillo, iglesia y casas durante las guerras religiosas.

LOS SEÑORÍOS

  • Lantabat (Landibarre)

Constituyó una baronla de los Luxe, y más tarde de los Montmorency, compuesta de cuatro entidades de población que se regían, hasta 1789, Por un consejo de cuatro jueces y la corte general de la baronía. Hoy es un municipio del cantón de Iholdy formado por:

AscombéguyAzkombegi
Saint-EtienneDona-Estebe
Saint-MartinDona-Martine
BéhauneBehaune

  • Gramont [Agaramuntak]

En la Baja Navarra estaba constituido por:

BidacheBidaxune
ArancouErrango
CameAkhamarre
BergueyBerguei
Viellanave-sur-BidouzeErreiti

  • Bidache

Detentado por los Agramont o Gramont, fue erigido en soberano al socaire de las guerras de religión por el jefe, primero hugonote, después católico, Antonio de Gramont, en 1570. Poseyó justicia propia o corte soberana, con juez de primera instancia y juez de apelación. El fuero de Bidache fue promulgado por Antonio en 1575. Bidache poseyó derecho de asilo durante todo el antiguo régimen.

Llamados también villanos o agreros, collazos y mezquinos, estaban sujetos a la pecha (tributo) señorial y a diversas prestaciones personales y corveas, pese a que no prestaban homenaje a sus señores laicos o abades, lo que los hubiera convertido en siervos. Estos labradores pecheros no gozaban de las ventajas del "status" de vecindad de los valles, tierras o países, no tenían derecho a ser representados en los Estados ni podían vender sus haberes libremente, ya que la pecha y prestaciones se transmitía al adquisidor ya fuera pechero, franco o hidalgo. En el orden judicial estaban sometidos a los tribunales señoriales -Corte señorial- que administraban la baja, media y hasta alta justicia.

Estaba representado en los Estados de Navarra por los obispos de Bayona y Dax, los priores de Utziat, Harambeltz, Saint-Palais y capellán de San Juan de Pie de Puerto, principales detentores del poder eclesiástico en la Baja Navarra y, junto con la nobleza, dueño ya en el siglo XIII de extensas posesiones de tierras. Ya hemos dicho cómo se perfiló el dominio abadengo en el siglo XI y cómo se acrecentó en el XII mediante las donaciones. En el siglo XIII interviene otro factor importante, la Cruzada de San Luis: muchos caballeros, entre ellos Luxe, tuvieron que empeñar sus iglesias y el cobro de los diezmos a abadías y conventos. Las tierras abadengas eran trabajadas por hombres libres, sólo sujetos a la fija, o por colonos, hombres no francos, sujetos a corveas y deudores de pechas, denominados donats. Los hospitales eclesiásticos pagaban cuarteles al rey, excepto en aquellos casos en que habían sido remisionados a modo de limosna. En los hospitales para peregrinos -donde es tradición que también se cuidó a leprosos- trabajaban también los donats, donati o condonati que cuidaban a los enfermos y cultivaban las tierras. Para el servicio de las mujeres había seroras, benoîtes o béates. La Iglesia cobra en las parroquias la renta denominada fija consistente en:

a) Diezmo, o parte del mismo, sobre varias casas antiguas y el de todas las novales;
b) Las misas y el casual (pago del servicio religioso);
c) Las primicias de las recolecciones y camadas: granos, cerdos, corderos o lo que se especifique;
d) Las rentas inherentes al curato.

Lo mismo que en Bizkaia, muchos señores poseen iglesias propias y cobran así el derecho eclesiástico o fija, arrendándolo o vendiendo parte de él a voluntad. En los lugares de fundación real como Labastide-Clairence, los reyes mantenían derecho de patronato y diezmo, aunque la Iglesia los disputó en más de una ocasión. Estas disputas hacen que las relaciones entre la Iglesia y los nobles no siempre sean buenas; ambos se disputaban tierras y derechos. Algunos señores despojan a la Iglesia, como el vizconde de Baigorry en el siglo XII otros se desprenden voluntariamente de las rentas a cambio de garantías espirituales. Pero es frecuente que tanto fija como patronato sean objeto de transacciones, compras, ventas, donaciones y disputas: el 19 de marzo de 1347, el castellano de San Juan de Pie de Puerto concedió los diezmos de Ayherre e Isturits a Sánchez de Lizarazu. Mediante las negociaciones de 1362, estos diezmos pasaron a manos del obispo y cabildo de Bayona.

El vizconde de Belzunce disputó durante largo tiempo esta renta alegando que cuando Ayherre e Isturits formaban una sola parroquia, él poseía los diezmos y que luego no se había estipulado nada sobre ellos. Finalmente Belzunce tuvo que contentarse con nombrar el párroco de Ayherre. Otras veces la misma fija es cobrada por uno o dos señores del lugar, el obispo y el cabildo de Bayona o Roncesvalles. La propiedad de las rentas eclesiásticas se compra y se vende corrientemente hasta la Revolución que las abolió. En Baigorry el patronato correspondió primitivamente a los habitantes; por una deliberación del concejo de 1263, este derecho fue cedido a la Corona, pasando en época indeterminada al abad de Roncesvalles y en el siglo XVIII al vizconde de Baigorry. A veces se emplean armas contundentes: el obispo de Bayona, Juan de Saya, excomulgó a los habitantes de Juxue y a tres nobles por haberse negado a pagarle el diezmo que percibía el señor de Luxe. Los Caballeros de Malta nombraban al párroco de varios lugares por medio de los comendadores de sus encomiendas.

Diferentes en cuanto a su origen y a su evolución, aunque de escasa importancia en la Baja Navarra, las villas poseen un "status" distinto del de la tierra llana o valle, rigiéndose por medio de concejos municipales ajenos a las juntas de los valles en los que las villas están enclavadas y desligadas tempranamente de jurisdicción feudal. Los jurados de las villas constituyen también tribunales de justicia. Cada villa enviaba un diputado a los Estados. Las cinco villas de la Baja Navarra eran:

  1. Garris en Mixe (Garrutze). Antigua.
  2. Labastide-Clairence en Arberoa (Bastida). Nueva, aforada en el siglo XIV.
  3. Larceveau en Ostabarret (Larzabale). Antigua.
  4. San Juan de Pie de Puerto en Cize (Donibane Garazi). Antigua. Aforada al Fuero de Bayona.
  5. Saint-Palais en Mixe (Donaphaleu). Antigua.

Es un hecho que alrededor del 60% de la población bajonavarra es noble a comienzos del siglo XVI, es decir, que pertenece al estamento noble o goza del régimen de alodialidad. Un factor extremadamente importante en este lento proceso de emancipación estriba en el desplazamiento de las noblezas bajonavarras hacia el corazón del reino, hacia su centro político-administrativo de Pamplona y pingües tierras del S., mucho más prometedoras que los parcos cantones bajonavarros, tristes en rendimiento y tercos en el mantenimiento de sus garantías tradicionales. Dice Moret que nuestros nobles bajonavarros tenían en Navarra la alta... grandes heredamientos y muchos parientes y amigos (Anales, t. VI, 364). El desplazamiento del foco de apetencia de la clase dominante va a ser decisivo; un hecho diferencial del solar bajonavarro va a ser el de constituir un vivero de hidalguía para todo el reino de Navarra. Moret también lo constata:

(En la Alta Navarra)... muchas de sus más ilustres familias traían origen de Navarra la baja. Donde hay muchísimas casas de caballeros, escuderos, infanzones e hijodalgos de sangre y no menos de ciento cincuenta. Palacios antiquísimos de cabo de armaría, capaces de dar origen -como de hecho ha sucedido- a muchos linajes muy ilustres no sólo de Navarra la Alta, sino de otras partes de España.

(Anales, t. VII, p. 454).

Y nosotros agregaríamos... de Francia. Pero no sólo son los aguiluchos de la pequeña nobleza los que se asoman a ver qué pasa allende los Pirineos. En el siglo XIII los Luxe ya han accedido a los primeros puestos del reino. Poseen las rentas de Mixe y Ostabarret, Lantabat y tierras de Luxe. En 1251 reconocen la soberanía de los reyes de Navarra en Mixe y Ostabarret como un medio para seguir ascendiendo. Arnaldo Lupo llega ser el brazo derecho de Carlos II. En el siglo XIV acceden al señorío de Tardets y en el siglo XV, un Luxe llega a ser gobernador general de Ultrapuertos. En el siglo XII el dominio de los Lacarra forma ya una extensa baronía. En el XIII asoman a Pamplona donde obtienen altos cargos: alférez mayor, mariscal, chambelán en el XV. La condición de los Agramont o Gramont es peculiar; tras prestar homenaje al rey en 1203 junto con 27 caballeros de Mixe, sus sucesores renuevan el homenaje (1237, 1266, 1329) bajo la forma de contrato feudal; a cambio del último, reciben el peaje íntegro de Roncesvalles y en 1350, Raymond de Gramond fue dotado del título de ricombría por Carlos II, título no hereditario que abría el acceso a la Corte Mayor, el máximo organismo de la monarquía.

En el siglo XV poseen grandes dominios en la Alta Navarra que perperderán por su fidelidad a los reyes navarros con la conquista castellana del reino. Los Echauz en el siglo XV son ya grandes terratenientes; tienen parte del país de Ossés, son señores de Labets, Çaro, Irouléguy y Anhaux. Poseen la justicia media y baja y nombran y destituyen jueces a antojo. En la Alta Navarra tienen pechas diversas. Los Uhart toman parte en la Cruzada de D. Teobaldo, en la guerra civil de Pamplona y en la campaña de Portugal. Se alían a los Luxe en el siglo XIV Son barones de Sorhapuru. Belzunce, Irumberry, Uhart, Luxe, Agramont participan en la Cruzada de San Luis. En el valle de Baztán se asientan hidalgos bajonavarros... La decadencia del poder real comienza en Navarra hacia mediados del siglo XIII. Hasta entonces la lucha contra los musulmanes fue un factor importante de fortaleza real; pero en 1212 los árabes dejan de ser un peligro inminente y la nobleza va a necesitar nuevos cauces para desahogar su humor belicoso. Las oportunidades no se ofrecerán ya con tanta frecuencia de hacer la guerra fuera del país y... se hacen dentro (bandos). La ausencia de ley sálica, en una sociedad patrilineal, pondrá de manifiesto la fragilidad del trono navarro.

Carlos II inicia la capitulación real al verse en la necesidad de contentar a los caballeros que le sirven en las continuas guerras que sostiene. Los Echauz son dotados de pechas diversas -Mendigorria, Valderro-, los Garro, con los derechos del país de Ossés, un Lacarra es nombrado alférez mayor del reino, un Laxague gozará de las rentas del valle de Ostabarret, el de Luxe obtienen la ricombría y las rentas de Labastide-Clairence, el castillo de Rocafort y el valle de Arberoa son entregados a un Albret (1379) y a Juan del Béarn, hecho más tarde barón de Béhorléguy. Carlos III el Noble continúa por el camino abierto por su padre y crea importantes feudos, sobre todo para los hijos ilegítimos de los reyes -que luego encabezarían las casas rivales que se enfrentan en las guerras civiles del siglo XV. Durante este reinado un Beyrie forma parte del séquito de Carlos y es nombrado baile de Mixe y alcaide del castillo de Garris, un Garro es nombrado vizconde de Zolina y recibe las rentas reales de Atizain, Lecurriain y Mendionde (1422), además de las de Ossés, Bonloc e Irissarry que poseía antes, un Lacarra es titulado conde de Ablitas, los Luxe acrecientan sus posesiones, es erigido en vizcondado el señorío de Béharin de los Belzúnce (1424), se otorga la baronía de Béhorléguy (1391). La monarquía abdica en sus atribuciones y, sobre todo, pierde gran parte de sus fuentes de financiación: las rentas de los pueblos. Esto la dejará a merced de los bandos, sin cuyo apoyo no será ya capaz de gobernar.

En este proceso de feudalización tardía, la más afectada, sin embargo, no es la Baja Navarra, sino la Alta que, además de su propia nobleza tiene que soportar el peso de la de Ultrapuertos. La compra por los valles de los privilegios y monopolios nobles y sobre todo, la redención de las prestaciones personales de los pecheros, se realizará con suma paciencia. Pero es sobre todo el apoyo de la monarquía el que da un empuje considerable a la emancipación. Mediante la renuncia de los Luxe a los derechos de Ostabarret, los habitantes de este valle se convierten en súbditos directos del rey; las gentes de Ostabat molerán ahora su grano en los molinos reales de San Juan de Pie de Puerto esquivando así la molesta banalidad señorial. Teobaldo I favorece en especial a la burguesía de las villas: confirma en 1234 el fuero de Bayona que gozan los de San Juan de Pie de Puerto y los privilégios de Saint-Etienne de Baigorry. Mixe pasa también a jurisdicción real.

El rey -dice Morel- pasó a gozar de todos los derechos y francajes que acostumbraron tener los reyes sus antecesores en Mixe y Ostabarret (1247). Teobaldo II confirma la constitución de la Hermandad de la Baja Navarra (1258) y otorga fueros a Iholdy y Armendarits (1270). En 1278 San Juan de Pie de Puerto obtiene la "paz y salvedad de la villa por ser hito compostelano. Luis Hutin reprende a los bailes de Suhast y Armendarits (1307) por las infracciones cometidas y da orden de atenerse a las antiguas costumbres. Juana II confirma en 1329 el fuero de San Juan de Pie de Puerto. Carlos II, como ya hemos visto, abre paso a la debilitación de la monarquía, y en Ultrapuertos ensancha el estrato noble al ennoblecer a muchas casas francas: en aquella merindad o provincia de Ultrapuertos fueron muchas las mesnadas y remisiones de hidalgos que dio por este tiempo (1389). Así llamaban las plazas de que gozaban los nobles en Navarra con buenos sueldos y con la obligación de tener armas y caballos continuamente y estar siempre prontos para salir a la campaña, siempre que hubiese guerra.

De los remisionados se componían los guardias del rey cuando él salía y por esto era sumamente riguroso el examen que se hacía de su nobleza (Anales). En el siglo XIV se otorga fueros a Labastide-Clairence colocándosela bajo protección real y se establecen ferias en San Juan de Pie de Puerto. El desarrollo de las pocas villas bajonavarras amplía la base democrática de la merindad, base hasta entonces sólo representada por las tierras, valles o países que hubiesen escapado a la tutela señorial. De esta democratización de la sociedad van a surgir, en el siglo XIII, las Cortes, en las que junto al Clero y la Nobleza aparece el Estado Llano bajonavarro (1298) compuesto por vecinos de los valles y habitantes de las ciudades o burgueses, que son los que generalmente representan al resto. El único elemento marginado de la sociedad medieval, sin acceso a las Cortes de Pamplona ni a las Cortes de los valles son los pecheros, villanos o mezquinos, de los grandes señores.

Estas mismas Cortes serán con el tiempo las que más cortapisas pongan al crecimiento del estamento noble al negarse a ennoblecer a cualquier persona que no sea poseedora de casa, por muy preeminente que sea y a reconocer cualquier título de nobleza que no sea el de señor solariego -barón, duque, marqués o vizconde -excepción hecha del título del vizconde de Echauz y similares por haber sido conferido por los primeros reyes de Navarra. Los siete grandes barones de Navarra tendrán acceso a las Cortes sólo como propietarios de salla, sin preferencia sobre los solariegos pobres (siglo XVI).

Los Lalame, La Lanne o Lanea constan como establecidos en la localidad de Ispoure ya desde el siglo XVIII Su castillo se halla cerca del camino que conducía de San Juan de Pie de Puerto a Saint-Jean-le-Vieux. Familia fiel a los legítimos reyes de Navarra. A partir de 1566, el cargo de capitán y castellano de San Juan de Pie de Puerto se vinculó a la familia hasta poco antes de la Revolución. Erigida en baronía (1724), se extingue en la persona de Jean Valentín de Lalanne, en 1744, la rama principal.

Los Belzunce o Belsunce poseyeran castillos en Ayherre, Macaye y Meharin además de ramas residentes en Bayona y Hasparren. Fueron feudatarios de Navarra, de Inglaterra y de Francia a distintos niveles. Juan de Belzuna, el jefe de familia, se mantuvo fiel a los reyes de Navarra cuando la conquista de 1512:. Con Juana de Albert se hizo calvinista y fue gran amigo de Enrique III. La familia se vinculó al cargo de gobernador de Zub., hasta que fue desposeída por Luis XIV. Como señores de Méharin, los Belzunce, tenían entrada en los Estados de Navarra. En el siglo XVII diversos miembros de la familia ocupan puestos de importancia, tanto en el clero como en el ejército y magistratura franceses

El linaje de Luxe fue uno de los más importantes de Navarra; sus miembros gozaban de la ricohombría y del derecho de entrada en los Estados. Durante las guerras civiles de Navarra fueron cabezas del bando, "luxetano", filial del beamontés en la sexta merindad y rivales natos de los Gramont. Fueron señores de Mize, Ostabarret, Lantabat y Luxe adquiriendo más tarde el señorio de Tardets. Levantiscos y guerreros fueron fieles a los reyes de Navarra en un principio, pero luego los traicionaron, siéndoles demolido su castillo. En el siglo XVI Carlos de Luxe fue cabera del bando católico y salió derrotado. Luego, el señorío pasó a la casa de Montmorency, que en 1671 lo vendió al conde de Troisvilles.

Los Grammont, Gramont o Agramon forman también parte de la historia de Navarra. Ellos dieron su nombre al bando de los agramonteses que encabezaban en Alta Navarra los señores de la casa de Navarra y Pualta, en lucha abierta contra la de Beaumont, cuya correspondiente en Ultrapuertos era la casa de Luxe. Eran señores del castillo de Agramont situado en Viellenave y de Bidache y, desde 1486, cobraban la alcabala de Labastide-Clairence. Durante las guerras de religión, Antonio de Gramont secundó a la reina Juana contra el caudillo católicos Carlos de Luxe. Para entonces los Gramont van ya, desde 1495, alcaldes hereditarios de Bayona, cargo que ejercen hasta la Revolución, además de gobernadores militares de la región bayonesa, virreyes de Navarra, soberanos de Bidache, barones de Gramont y de Berguey, y señores de Came, Sames, Blaignac, Mucidan y Blaye. Miembros de esta familia se encuentran más tarde en toda Francia.

Los Laxague tenían castillo en Ostabat y junto con los señores de la casa de este lugar tenían asiento en los Estados. Pées de Laxague casó con Juana de Beaumonc, hija natural de Luis, infante de Navarra, con lo que adquirió gran importancia llegando a ser chambelán de Carlos III el Noble. Militaron con los beamonteses. Gozaron de los derechos de Ostabarret y durante algún tiempo de las rentas de San Juan de Pie de Puerto; poseían tierras en Labets, Somberraute, Irissarry y Gentein. Se mantuvieron fieles a los reyes de Navarra cuando la conquista del reino y permanecieron en el favor de Juana de Albret al sobrevenir las guerras religiosas.

Los señores de Uhart tenían castillo en Uhart y derecho de entrada en los Estados. Oger de Uhart de Sorhapuru fue chambelán de Carlos III el Noble; la baronía de Sorhapuru la obtuvieron mediante alianza con la poderosa Camilia de Luxe, en el siglo XIV Sus miembros se destacaron principalmente por hechos de armas: asistencia a las Cruzadas, guerras de Carlos II el Malo, campañas de Italia, intentos de reconquista de Navarra. Otros fueron magistrados; uno, Jean Bernard, diputado por el estamento noble en los Estados Generales de 1789 y otro, Gustave Clement, intelectual y hombre de letras. Durante las guerras de religión hizo causa común con el de Luxe, por lo que fue castigado por la reina D.ª Juana.

La baronía de Béhorléguy se creó en 1391; sus miembros eran ricoshombres con derecho de entrada a los Estados, emparentados con la potente familia altonavarra Beaumont, descendiente de D. Luis, infante de los reyes de Navarra, condes de Lerín y cabeza del bando beamontés. Su castillo fue incendiado por las tropas hugonotes.

Los Echauz constituyeron un linaje con castillo en el valle de Baigorry del que fueron vizcondes desde el año 1033 Se distinguieron éstos como grandes batalladores, alcaides de castillos realengos -Valcarlos y Maya- merinos y delegados en Cortes. En el siglo XV dependían de esta familia parte del valle de Ossés, Harismendy o Arizmendi, Labets (Mixe), Çaro, Irouléguy y Anhaux. Fueron fieles a los Reyes de Navarra pero Antonio de Echauz luchó en el bando católico, contra Juana de Albret; sometido en 1570. fue después el hombre de confianza de Enrique III (Henry IV). Miembro de esta familia fue el obispo Bertrand de Echauz. Margarita de Echauz casó con el mariscal de Francia J. L Harispe. En 1848 los bienes de Echauz fueron vendidos a Mme. d'Abbadie d'Arrast.

Otros gentilhombres bajonavarros con derecho de asistir a los Estados fueron los Béhasque, señores de la casa de este lugar y de la de Burguzahar de Asme, que se alzaron contra la reina cuando las guerras de religión.

También del bando católico fueron los Beyrie, cuya casa solar fortificada se hallaba en Mixe. Fueron señores de las casas de Beyrie, Amendeuix, Domezain (Zub.), Monein, Caresse, etc., se emparentaron con los Domezain y Mont Real y se aliaron con los Luxe.

Los Apat poseían castillo en Bussunarits; se emparentaron en el transcurso de los siglos con los Ahaxe, Saint-Esteben, Echauz, etc.

Más importantes eran los Lacarra, cuyo castillo se halla entre Ciu y Ostabarret, una de cuyas ramas pasó a la A. Navarra debido al matrimonio de una heredera con Juan Henriquez (siglo XIII). Extinguida la rama principal en el siglo XIX, habitó el castillo, desde 1850 hasta 1855 el mariscal Harispe.

El linaje de Garris es originario de la localidad de este nombre; en 1244 Diego Sánchez de Garris era merino de Pamplona. Gozaban estos caballeros del derecho de entrar en los Estados, derecho que pasó al comandante del castillo de la villa al extinguirse la familia.

Los Santa María -establecidos en el siglo XV en Burgos-, los Aguerre y los Garra son originarios de Hélette.

Los Olce tenían un castillo y vastas posesiones en las cercanías de Iholdy; fueron erigidos en baronía en 1655 en la persona de Antonio de Olce.

La casa de Laskorrea en Jaxu es el solar originario de San Francisco Javier; figura entre las casas nobles en catálogos de 1601, 1603, 1650, 1672 y 1700 Sus miembros se emparentaron con los de las casas de Idocin (Atondo) y Javier (Azpilcueta).

En Orsanco, la casa noble de Gensanne se alió a la de Esquille y Lohiteguy. Procedieron de ella un tesorero del reino en t553 y un contralor de minas en 1684.

Otra antigua familia bajonavarra es la de Irumberry, tal vez procedentes de la Alta Navarra y con castillo en Saint-Jean-le-Vieux. Entre sus miembros uno asistió a las Cruzadas con Teobaldo II y otros fueron gobernadores del castillo de Valcarlos y de Sangüesa; después de la conquista se caracterizan por sus aficiones militares y administrativas. En el siglo XIX el título de conde recayó en una de las ramas de la familia, emigrada durante la Revolución. Un Irumberry fue, durante la Restauración, coronel de la primera legión de la Guardia Nacional de Blois, escritor y político.

Los Armendarits procedentes del solar de su nombre, tomaron parte activa en la vida política del reino en una y otra vertiente constando ya desde el siglo XII En 1515 entronca con el linaje de los Belzunce en la persona de María de Armendarits que casó con Juan de Belzunze. Había entonces ramas de esta familia en la Alta Navarra (Aux de Armendarits), en Saint-Pée, en Arberats y en San Juan de Pie de Puerto. En el siglo XVII queda erigido en baronía y desaparece, en su rama principal, a fines del siglo XVIII o comienzos del XIX.

Los señores de la casa de Arbouet también tenían entrada a los Estados; uno de ellos para acompañar a Carlos II "El Malo" a Albania dicta testamento el 16 de abril de 1376. Una dama de Arbouet y única heredera de la casa en el siglo XVIII casó con un miembro de la familia Uhart.

Los Garro, de origen laburdino, pertenecieron al bando agramontés y se distinguieron en la época del rey Carlos II "El Malo", que les premió con señoríos, cargos y rentas Poseyeron castillo en Mendionde-Greciette, bienes en las dos Navarras y rentas en Mendionde --erigido en baronía del siglo XVII-, Ossés, Bonloc e Irissarry. Se emparentaron con los Beaumont y Urtubia existiendo ramas de esta familia en el Baztán (Alta Navarra). Durante el Antiguo Régimen ocuparon cargos administrativos y emigraron con la Revolución.

Un miembro de la familia Ahaxe sirvió de intermediario en el siglo XII al paso de la Baja Navarra a la corona de Navarra. Efectivamente, señor de Cize en 1179, transmitió el valle heredado al monarca pamplonés que pudo establecer así la Castellanía de San Juan. Los Ahaxe se emparentaron con las principales familias bajonavarras. En el siglo XIV tomaron parte activa en la vida política del país, pero acabaron por fusionarse, matrimonialmente a los Luxe. Su castillo fue incendiado en 1569, durante las guerras de religión.

A partir de la incorporación a Francia (1620) tanto nobles como clérigos y estado llano tienen un motivo común de preocupación: el poder absoluto francés. No quiere esto decir que el nuevo factor diluya la lucha de clases en el seno del país -pecheros sin derechos contra señores, en especial- pero lo que sí se nota es una mayor cohesión del país ante la contradicción principal, el Estado Francés. En el año de la anexión -que es cuando escribe el cronista Martín de Vizcay- la alta nobleza bajonavarra está representada por las siguientes casas: Baronía de Luxe, marquesado de Salha, marquesado de Uhart, señorío soberano de Bidache (Gramont), vizcondado de Arberoa, vizcondado de Belzunce, vizcondado de Méharin, baronía de Ahaxe, baronía de Béhorléguy, baronía de Lacarra, vizcondado de Baigorry, baronía de Garro y baronía de Espelette, ésta en tierras laburdinas. Esta nobleza -cuyo poder bélico ha sido suprimido por el uso de la artillería y cuyo poder político desaparece al dejar de ser los señores el basamento de una monarquía débil, como era el caso de la navarra antes de la conquista-, tiene que optar entre la integración en los cuadros de una monarquía lejana, generalmente en su ejército, o pasar a ocupar los cargos de la administración local, desde mediados del siglo XVII a la sombra del Intendente, como efectivamente muchos de sus miembros lo hicieron.

Las aristocracias navarras, pues, se integran al aparato absolutista francés o decaen replegadas en un provincianismo que afecta a toda la antigua merindad, envueltas en títulos honoríficos que, salvo rara excepción, no tienen validez dentro del territorio navarro- por no ser reconocidos por los Estados. Tampoco sus rentas, que nunca fueron muy pingües, se ven acrecentadas en el seno de una economía cerrada y rural como era de la de este rincón navarro. Liquidados los bienes altonavarros se corta también esta fuente de financiación para una clase que no había nacido para trabajar ni disponía de un capital suficiente para invertir en empresas de amplio vuelo. Nuestra nobleza se va agostando. Luxe y Gramont siguen distintos caminos. Los primeros, florecientes en el siglo XV son despojados en el siguiente de sus bienes, como consecuencia de la traición cometida hacia sus legítimos soberanos. A la muerte de Juana de Albret recuperarán sus bienes pero no su castillo, que fue arrasado. Se inicia aquí una decadencia que agravará la falta de descendencia masculina en 1593, tras el exilio del titular por las guerras de religión. Un linaje se agota, pero otro rebrota con extraordinaria fuerza: los Gramont que habían sido despojados por Carlos V de todos sus bienes altonavarros, se convierten en poderosos señores, gobernadores de Bayona, soberanos de Bidache desde 1570 y virreyes hereditarios de la Baja Navarra desde 1620; Luis XIV erige el señorío de los Gramont en ducado (1648) y sus titulares se denominarán duques-pares. Pero el resto de nuestros jaunes vegeta, algunos en cargos que se hacen hereditarios -castellano de San Juan en los La Lanne desde 1566, baile de Ostabarret en los Uhart- otros coleccionan títulos: barón de Somberraute, Jean de Esquile en 1624; barón de Mendiondo, un Garro, 1654; baronía de Olce, Antonio de Olce en 1655.

La nobleza blasonada carece de importancia en los Estados, donde sólo cuenta como titular de casa noble. Varios hidalgos -entre ellos los Gramont y los Montmorency (sucesores de los Luxe)- pretendieron que en las convocatorias que se les dirigiera figurara su título -conde, duque, marqués, vizconde, etc.-. Los Estados se negaron con unanimidad en 1665 a hacerlo. Los Echauz son los más remisos a aceptar el signo de los nuevos tiempos; una sentencia arbitral de 1663 exigió al valle de Baigorry que seis de los trece jurados del valle fueran censuarios del vizconde; éste podía así controlar en gran parte los asuntos del valle. En 1640 Echauz pretende ser considerado como señor de todo el valle de Baigorry, pero tiene que echar marcha atrás ya que pierde el proceso que entabla con el valle. El Estado Llano lleva ya, en el siglo XVII, ante los Estados o ante el Parlamento de Navarra las quejas que tuviera contra las pretensiones de la Nobleza y Clero; en 1669, los vecinos de Saint-Martin de Lantabat ganan el proceso entablado por los mismos contra el prior de Béhaune y el señor de Saint-Simon.

El franc-alleu puede ser definido como una tierra, noble o plebeya, libre de origen, franca de toda dependencia señorial y servidumbre. El poseedor de un franc-alleu u alodio puede arrendarlo o someterlo a censo -según derecho admitido por múltiples fueros europeos, entre ellos el de Navarra- con los mismos derechos que el rey para sus tierras. Los seis países, tierras o valles de la Baja Navarra formaban lo que en Bizkaia se denominaría tierra llana. Tierra alodial en su mayoría, rota la primitiva organización democrática en algunos lugares, resquebrajada en otros, la Navarra de los siglo XVIII y XIX presenta una estructura social mixta en la que coexisten el franc-alleu, el pago de pechas a determinado señor y una gran propiedad comunal. Y es que el alodio -ez zorrik ezlorrik ez erantzun-bearrik eztuten on-ibarrak- avanza progresivamente desde el siglo XVI amparado en las leyes navarras que se suman al adagio occitano de ningún señor sin título. En el siglo XVI, y no digamos XVII y XVIII resulta ya muy difícil que un noble conserve los pergaminos que le otorguen derechos sobre una tierra; la mayoría han perecido, obra del olvido del tiempo, de las guerras de religión o del incendio "accidental" del castillo o casa-torre del dueño de los supuestos derechos. Además, el señor dejaba de detentar su poder sobre una tierra si ésta pertenecía a hombres libres durante cuarenta años. En 1629 se proclama en el Estado francés el derecho de directa real universal del rey sobre todas las heredades del reino. El franc-alleu, la no dependencia de la tierra a ningún señor, salvo en caso de presentación de título, impidió al Luis XIII cobrar la directa universal en Navarra.

Una ordenanza de 1692 puso a los franceses ante la necesidad de pagar, y en muchas regiones de la monarquía francesa el franc-alleu fue suprimido. Pero un edicto de 1694 conservó a los navarros en su derecho. Los autores y polemistas dieciochescos basan su argumentación en pro del francalleu en el hecho de que Navarra no fuera nunca conquistada: Los habitantes de Navarra no reconocen ningún jefe directo feudal ni administrador de justicia porque no se trata de un país de conquista Los naturales del país se gobernaron ellos mismos hasta que, para resistir a las irrupciones de los moros, se dieron un príncipe, al que asignaron un dominio, a cargo de mantenerlos en sus libertades y franquezas. De aquí viene que ellos no estén obligados a rendir ningún homenaje en particular (Estados, 1731). Como se ve, el concepto de contrato social es fuerte en el siglo XVIII navarro. En 1775, Luis XVI dicta un auto llamado a tener gran resonancia en el país; por este auto la monarquía revoca el contrato feudal en Baigorry y Ossés, o sea los beneficios y derechos otorgados por el rey de Navarra en sus tierras realengas a favor de señores particulares (Echauz). El valle se apresura a comprar los derechos reales.

En el proceso de Baigorry (1783) el principio universalmente alegado por el valle en boca de sus abogados fue: dés que le prince (le roi) reconnut le franc-alleu et rétracta (en 1775) les engagements des directités qu'on avait surpris, on n'a plus de droit d'appliquer daru ce royaume ce que les seigneurs médiats exercent dans leurs directes. En 1782 la Baja Navarra recurre en consulta a la Alta como era costumbre: en febrero de este año la Cámara de Comptos de Pamplona, a la que está encomendado el realengo, se unió a un acta despachada por el decano de los notarios de Pamplona al síndico de la Baja Navarra en la que se declaraba a las dos Navarras países de franc-alleu natural y de origen. El marqués de Polverel, síndico del país en 1789, recoge esta acta y nos proporciona la mayor parte de la información que poseemos sobre la alodialidad bajonavarra en su estudio Mémoire sur le franc-alleu du royaume de Navarre. Dice este fogoso defensor de las libertades navarras que si el labrador o pechero está sujeto al rey, paga su censo o pecha a éste y el diezmo a la iglesia.

"A fin de que los bienes sujetos a estos pagos no se confundan con los bienes francos o alodiales, para que no se usurpe, o para que no vengan a disminuir durante ningún lapso de tiempo, el tribunal ordena que, cuando lo juzgue conveniente, los deudores de un dominio, pasen su acto de reconocimiento ante un notario real, especificando los bienes-fondos que ellos tienen y la renta que pagan".

Con los pecheros sujetos a un señor temporal o eclesiástico ocurre otro tanto.

"Siguiendo este ejemplo, los nobles hacen extender actos de reconocimiento a sus labradores. En caso de cese, de parte del labrador, del pago de las pechas, los bienes que trabajan son decomisados de manera que el noble tiene derecho a despojarlos y entregar las tierras a otros labradores mediante el pago de la misma pecha".

Los propietarios de bienes alodiales, nobles o no, no pagan pechas ni dan cuenta de las que ellos perciben de sus labradores cuando los tienen. Polverel concluye

"que no hay ninguna distinción entre el franc-alleu noble y el plebeyo; que uno y otro se dan por supuestos si la censualidad no es probada por medio de títulos; que en ausencia de éstos no se debe ni al dominio del rey ni al de ningún señor, ningún homenaje por ninguna tierra ni renta sobre ella".

Concluyendo, no se trata de que a la máxima tan extendida en el N. de la monarquía francesa (Boulonnais, Bretaña, Blesois) nulle terre sans seigneur haya que oponer, como dice Haristoy, la divisa vasca ningún señor sin título, sino otra, todo navarro es libre hasta que se demuestre lo contrario. El Parlamento de Navarra, por ej., intentó, en 1710, sustraer a los vasallos del señorío de Gramont de la férula feudal de éste, pero, los Gramont demostraron con pruebas sus derechos por lo que siguieron gozando de ellos hasta 1789. Este franc-alleu no sólo es corriente en el País Vasco, sino en Borgoña y todo mediodía de Francia.

El 4 de agosto de 1789 hay todavía aldeas en la Baja Navarra cuyos habitantes pagan pechas, diezmos, primicias, acuden a tribunales señoriales y no participan en la vida pública del país (Estados); son los pecheros, censuarios o fivataers de las baronías de Gramont, Lantabat, Sorhapuru, y Luxe y los donats de los prioratos de Utziat y Harambeltz, además de los del vizconde de Baigorry (244 a comienzos del siglo XVIII). Aún en 1706, los propietarios de casas francas de Baigorry, rescatadas recientemente del poder de los Echauz, insistían en ser admitidos en la administración del valle. De hecho, los derechos feudales estaban olvidados en casi todas las tierras dé Navarra; sin embargo, de derecho a Harismendy, protagonista del proceso de Baigorry de 1783, se le exigían un censo feudal y dos corveas tras invocarse una serie de pruebas que se remontaban a hacía un siglo. De Bellocq, uno de los letrados de la parte de Echauz dirá: Harismendy es fivatier del suplicante por su casa situada en el vizcon- dado de Echauz; debe, así como los otros colonos, los derechos señoriales y está sujeto a la justicia y a las banalidades. Los poseedores de la casa Anchart -de la que es Harismendy- han tratado de sustraerse a estas obligaciones a pesar de los múltiples fallos de la Corte... Pero la nobleza goza aún de una serie de privilegios considerables:

a) Económicos: Censos, diezmos, exención de impuestos locales;
b) Reverenciales: Lugar principal en la Iglesia. Decapitación en caso de incurrir en la última pena. Porte de armas, que los Estados prohiben al tercer estado en los reglamentos dictados en 1648, 1658 y 1660, aunque de hecho las llevaba el que quería o podía;
c) Judiciales: Escapa a la jurisdicción ordinaria del valle. Ejerce en algunos lugares baja, mediana y hasta alta justicia y es juge-jugeante o juez nato de la judicatura del valle;
d) Políticos: Miembro nato de los Estados. Derecho a asistir a las Cortes Generales de los valles.

Por otra parte, el poder económico de la Iglesia sale bastante disminuido en el transcurso del Antiguo Régimen, ya que el patronato laico está muy generalizado. El clero bajonavarro es, en general, pobre y existe entre sus miembros una desigualdad económica acentuada, como se ve por estas rentas:

Curas de: Baigorry 2.000 libras
Lasse 1.300 "
Ascarat 1.000 "
Irouléguy 1.000 "
Béhorléguy 400 "
Saint-Jean le Vieux 400 "

Todos los demás curas tienen una renta inferior a 400 1. Aún hay en la Baja Navarra del XVIII, 87 casas de infanzones. Orgullosos de su condición, sus equilibrios por no caer en el estado llano son patéticos, como en el caso de la heredera de la casa infanzona de Hélette que, antes de la Revolución, solía llegar regularmente a la iglesia antes de la primera llamada, a fin de que ninguna mujer se le adelantará en la procesión.