Concepto

ETA - Euskadi ta Askatasuna (versión de 2002)

ETA. Organización independentista vasca ("Euskadi y la Libertad"), de carácter eminentemente terrorista, cuyo objetivo es la consecución de la Independencia de Euskadi (nombre con el que Sabino de Arana designó a la comunidad vasca). Nacida en 1959 en territorio español, su ámbito de actuación se ha circunscrito al mismo aunque Francia y, sobre todo, el País Vasco francés, hayan servido de base logística y refugio tanto en tiempos de Dictadura como de Democracia en España.

La ya dilatada existencia de E.T.A. puede subdividirse en dos etapas fundamentales:
1. E.T.A. durante la Dictadura del General Franco (1959-1975).
2. E.T.A. y el advenimiento de la Democracia española (1976- ).

ETA DURANTE LA DICTADURA DEL GENERAL FRANCO (1959-1975).

Este grupo rigurosamente clandestino nace en el medio estudiantil de Bilbao durante el curso escolar 1952-1953. Sus componentes son estudiantes universitarios sin vínculo alguno con el PNV, único grupo abertzale, junto con STV, operante en la clandestinidad tras la huelga general de 1951.

EKIN nace precisamente tras esta huelga y viene a cubrir el vacío que se produce tras el repliegue del PNV y la desaparición de ANV. En 1955 EKIN se fusiona con EGI aceptando este último el liderato, estructura y metodología del grupo universitario, unión que si en Vizcaya apenas alcanza unos meses, en Guipúzcoa perdurará hasta dos años. Al cabo de los mismos, comienzan a manifestarse las divergencias con el PNV llegándose a la ruptura total en 1959, ruptura en la que le cupo un papel predominante a Juan Ajuriaguerra, presidente del EBB.

El 31 de julio de 1959 el grupo cambia de nombre adoptando el de Euskadi ta Askatasuna (Euskadi y la libertad) v. EKIN.
La situación al acaecer la ruptura fue, según Euskal Elkargoa, la siguiente: en Bizkaia ETA controlaba 5 distritos y el PNV 3; en Gipuzkoa 6 distritos ETA y 2 el PNV; en Navarra y Alava casi totalmente ETA.

Las cinco ramas que poseía fueron ampliadas a 6 mediante la creación de una sexta rama militar: secretaría, redactora de Eutsi, Zutik, Zabaldu, etc. Grupos, preparadora de círculos de estudio y de células. Euskera, labores en pro de la lengua. Acción legal, propulsora de acciones permitidas. Propaganda, para imprimir y divulgar la misma. Así como en la década de los 60 los movimientos de liberación nacional se hallan fuertemente influenciados por la lucha del pueblo vietnamita, a finales de los 50 es la insurrección armada argelina la que marcará la mentalidad de los jóvenes que abandonan las siglas EGI para constituir ETA.

La generación precedente, la del PNV, había tomado también un modelo: el movimiento independentista irlandés del que habían adoptado su sección femenina, las Emakumes. La organización de José Luis Alvarez Emparanza "Txillardegi" seguirá por las líneas ya trazadas en EGI pero, esta vez, sin la inmovilizante tutela de "los mayores".

Dada la situación socio-cultural en la que sigue sumergido el pueblo vasco, la labor sigue siendo aún la de base: recuperar las señas de identidad perdidas o a punto de extinguirse. Sobra decir que el ambiente es bien poco favorable; en aquellos momentos, crear círculos de estudios de historia y cultura vasca, aprender el idioma identificacional, difundir la música vasca, llevar a cabo una "pintada" callejera, ejercer propaganda, era una dura tarea.

La dirección de esta primera ETA es colegiada: Eneko Irigaray, López Dorronsoro, Alvarez Emparanza, Benito del Valle, J. Manuel Aguirre, Patxi Iturrioz y Julen Madariaga.

La primera redada en la que caen miembros de la nueva organización tiene lugar a comienzos de 1960; la agitación promovida durante la ruptura ocasionó la afloración de varios nombres de militantes. A estas detenciones se sumarán, después, las de otros sorprendidos ya en pleno activismo: 1960 Juan José Echave y el militante denominado "Gautxo" son detenidos al efectuar una pintada.

Exiliado Txillardegi, al año siguiente ETA sube de tono: el 18 de julio, intenta hacer descarrilar a un tren de excombatientes que se dirigían a San Sebastián. El intento, fallido, provoca, sin embargo, una enorme redada tanto de militantes como de simpatizantes de la organización. Julen Madariaga, Benito del Valle, Iñaki Irigaray y Javier Elósegui se exilian; otros, atrapados, serán condenados hasta a 20 años de reclusión.

En mayo de 1962 se celebra la Primera Asamblea de ETA; allí se estructura en forma de frentes: político (Madariaga), cultural (José Luis Alvarez Emparanza "Txillardegi"), obrero (Benito del Valle) y militar (Imaz Garay).

ETA se define como "movimiento vasco revolucionario de liberación nacional" que reclama la "integración federalista europea, siempre que ésta se lleve a efecto a la altura de las nacionalidades".

En su declaración de principios se consideran el trabajo y el capital "como elementos integrantes de la empresa, en cuya cogestión y beneficios participarán proporcional y correspondientemente...".

Este mismo año aparece el célebre Vasconia de Krutwig, biblia de media generación de nacionalistas vascos y cuyo autor, a pesar de no haber coincidido aún con la organización, tuvo una repercusión fundamentalmente sobre ella.

ETA confecciona, entre el I y II Congresos un ambicioso plan a efectuar en ocho años: dos de propaganda, dos de preparación de militantes, dos de recolección de armas y fondos y dos de paso a la acción directa guerrillera.

El año 1963, año en que se celebra la II Asamblea de ETA ésta recluta un número relativamente grande de militantes que, tras el primer entrenamiento, pasan al activismo: colocación de ikurriñas, robo de dinamita, intimidación de confidentes, etc. Los cabeza de herrialde comienzan a portar pistola; sin embargo, sólo entre 1964 y 1965 empieza a irse armado aunque sólo sea para acciones consideradas muy peligrosas. Este mismo año 1963, sin embargo, una gran caída arroja a las cárceles a varios militantes importantes (Iturrioz, Escubi, Izco, J. A. Echevarrieta) y obliga a exiliarse a otros etarras de la primera hora tales como Juan José Echave, Javier Imaz Garay y Yokin Gárate.

La aportación, en 1964, de un grupo de militantes de EGI a las aguas etarras introduce en éstas un nuevo impulso hacia la acción armada y hacia el concepto de "guerra revolucionaria". El leit motiv de ETA, "la espiral acción-represión-acción" se incorpora en la IV Asamblea (1965), asimismo el abandono de la petición pacífica de financiación a elementos nacionalistas.
Alejados por las autoridades francesas de la frontera, los fundadores van siendo "olvidados" mientras en el interior surgen nuevos nombres y nuevas inquietudes (Paco Iturrioz, Zalbide, J. M. Escubi, Xabi Echevarrieta, Zumalde "El Cabra".

Entre los elementos nuevos destaca Echevarrieta, el "intelectual n.° 1" en frase de Echave, que trae una preparación superior que el resto de sus compañeros, sobre todo por su estrecho contacto con su hermano José Antonio, militante de EGI iniciado en el maoísmo. Es en este período cuando los activistas de ETA comienzan a conocer la teoría política de corte marxista, en especial, las interpretaciones del marxismo provenientes del grupo político que se denominó popularmente Felipe (Frente de Liberación Popular) y en Euskadi ESBA (Euskadiko Sozialisten Batasuna).

La ruptura entre los que aceptan una interpretación genérica de la lucha de clases en la que la lucha nacional de Euskadi queda relegada -y, en casos negada- y los que se niegan a ello, salta a la calle. Casi puede decirse que la escisión, sus vaivenes, fases y etapas no son sólo una cuestión interna de ETA a dirimir en la célebre V Asamblea (1966-1967) de la organización, sino algo que repercute y agita a todo el mundillo político de la clandestinidad.

La lucha contra el Felipe se convierte en necesidad no sólo entre los etarras que no aceptan una interpretación no nacional de la causa por la que están luchando; en ella intervienen también activamente los círculos de estudios de ELA-MSE que se hallaban por aquel entonces elaborando una teoría socialista original, concreta y aplicada al suelo vasco. Y, mientras el fundador "Txillardegi" y su grupo Branca, luego Aintzina, abandonan la organización, y la rama escindida, ETA Berri (1967) emprende nueva andadura, la lucha ideológica aludida sacude sacristías, centros culturales y deportivos, sótanos, y, en fin, todos aquellos lugares en los que los círculos de estudio se desarrollaban en la clandestinidad. [En 1969 ETA Berri pasa a llamarse Komunistak y un año después Movimiento Comunista de España.]

Ante la importancia de esta sacudida ideológica del cuerpo ETA, interesante la interpretación dada por uno de sus protagonistas. Dice Echave al ser interrogado por la revista Garaia (n.° 28, p. 9):

Iturrioz estuvo en Bélgica en los años 64-65 y se volvió completamente marxista. El y Dorronsoro. Pero pienso que lo digirieron difícilmente. Llegaron a mantener posturas que, sobre todo entonces, eran inaceptables. Ya ni siquiera hablaban de Euskadi: "aquí no hay vascos ni españoles, hay obreros explotados", etc. Se pasaron al otro extremo. Iturrioz que era muy aparatero se rodeó de Del Río y gente de la misma línea y llegó al enfrentamiento. La dirección en aquella época estaba en Euskadi Norte y ellos en Euskadi Sur. Evidentemente llegaron a tener bastante fuerza, lo que nos obligó a pasar cierta gente al otro lado -Bareño, Bilbao, el mismo Eskubi- para contrarrestar la influencia de estos señores. Y llegó la V Asamblea que se celebró en dos partes. Y con ella, la escisión puesto que este grupo se mantenía en la misma postura: "Euskadi es una entelequia que nunca ha existido; sólo hay hombres oprimidos". Lo que nos mataba era que no hablasen igual en la margen izquierda de la ría que ellos creían su paraíso que en Ondárroa, por ejemplo. Ante esta maniobra, los expulsamos. Esta fue la primera escisión de ETA que dio lugar a ETA zarra y ETA berri. En un principio no se veía cuál de las dos ETAS podía ganar. Desde el punto de vista del pueblo ETA nunca ha estado caracterizada por su ideología propiamente dicha, sino por su espíritu de lucha. Y sucedió que ETA berri incluso dejó de llamarse ETA para pasar al de Movimiento Comunista u otros. Pero para entonces ya se había dado el salto. Se ha llegado a decir algo que sólo es cierto en algunos aspectos, que el problema nacional y el social son las dos caras de una misma moneda, lo que fue aceptado en esta V Asamblea. Así se ve clara la evolución: ETA movimiento de liberación nacional; ETA, movimiento socialista vasco. Poco a poco se irá dando el giro hasta llegar a la ETA actual.

Examinando las publicaciones que surgen entonces, resulta evidente que el patriotismo es, para estos komunistak, un fenómeno de clase -burguesa- y que la lucha vasca contra la dictadura es asimilable sólo a la que desarrolla el proletariado del resto del Estado. Poco después, ya en 1968, se separa asimismo de ETA el grupo SAIOAK (Escubi) que ingresará, en su mayoría, en el PCE.
El vacío creado en la organización debido a esta primera escisión trata entonces de ser suplido por acciones: voladuras, atracos, robo de armas y explosivos, sabotajes, etc. En un control establecido en las cercanías de Tolosa, Xabier Echevarrieta dispara mortalmente sobre un guardia civil de tráfico (Pardines) siendo alcanzado y muerto a tiros a continuación, él mismo, el 7 de junio de 1968. Su compañero, Iñaki Sarasqueta, huye aunque es atrapado al día siguiente en la iglesia de Régil. Es la primera vez que ETA emplea las armas y es la primera vez que uno de sus miembros muere a manos de la policía. A partir de este momento inicia la espiral violenta su trayectoria imparable. A la muerte de Echevarrieta contesta la organización con la del célebre inspector Melitón Manzanas, esta vez a sangre fría (2 de agosto).

El estado de excepción subsiguiente envía a prisión indiscriminada a militantes de todos los grupos políticos que operan en la clandestinidad pero, sobre todo, a elementos más o menos caracterizados de ETA. Se inaugura también la política de los destierros de abogados y simples sospechosos y se retiran cientos de pasaportes. La redada sigue durante 1969, en especial en abril de este año, mes en el que caen tanto en Mogrovejo (Santander) como en Artecalle de Bilbao las principales cabezas de la organización (Mario Onaindia, Enrique Guesalaga, Josu Abrisqueta, Víctor Arana, Eduardo Uriarte, Jone Dorronsoro, Jon Echave, etc.). Engrosan las filas del exilio cerca de 200 personas, entre ellas Escubi. Todo trabajo propiamente político y aun el meramente intelectual queda paralizado en la clandestinidad por la inseguridad ciudadana y el éxodo de bibliotecas, material de trabajo, grupos de formación sean del signo que sean.

El 9 de abril de este mismo año muere también, según la prensa a manos de ETA, el taxista Fermín Monasterio, acarreando la persecución del supuesto autor la detención de varios miembros del clero.
Pero este activismo desenfrenado no sólo produce frutos de esterilidad de la labor política. En aquellos momentos ocurre además otra circunstancia que conviene señalar. Adoptando la acertada frase del P. Larzábal puede decirse que penetramos en la "fase clerical" de ETA. Esta abarca de 1967 a 1972. Se trata de una generación entera surgida del estallido de los seminarios. Cuando las puertas de estos establecimientos se abrieron, las dos organizaciones jóvenes, ETA y ELA -la primera principalmente- apenas pudieron hacer frente a la oleada de exclaustrados que ingresaron en ellas, imbuidos de lectura místico-teológica y traspasados de una sed de absoluto que torció el rumbo de ambos movimientos.

La inquietud intelectual y psíquica de estos sacerdotes y seminaristas secularizados -los seminarios vascos se vacían en media docena de años- unido a la necesidad de reciclar la cultura y preparación recibidas en el seminario, poco apta para la demanda tanto social como de puestos de trabajo, hace que muchos de ellos marchen a París y Bruselas a estudiar, por lo general, Ciencias Políticas y Sociología. Esta gente, indudablemente valiosa, pero afectada de un brutal shock psico-religioso, ingresará sin mediar transición en las organizaciones políticas marcándolas con un sello peculiar.

Y en ETA, esta huella es profundamente visible; su misticismo refuerza la posición trostkysta del grupo de militantes que en agosto de 1970 celebra la VI Asamblea y cuyo nombre genérico y popular será el de sextas en contraposición a quintas.

Los sextas, mayoritarios, adoptarán una fórmula entre mesiánica y universalista y acabarán por adscribirse a la Liga Comunista Revolucionaria operante en todo el estado (1972), menos un pequeño grupo minoritario (los minos).

En este período, 1970-1971, hay un apogeo de la Sexta ya que los quinteros o se hallan en la cárcel o se dispersan: Echave, tras doce años de militancia, abandona la organización; Arregui, Madariaga, Krutwig y López Adán "Beltza" marchan a Burdeos, Italia, Argelia, París, Bruselas, etc.; Zumalde Romero "El Cabra" se separa, junto con sus adeptos, constituyendo un grupo autónomo: los cabras. La ruptura de 1970 no deja de dar que hablar:

Echave: Es más. Cuando en 1969 llegó la ruptura más sonada con Eskubi y todos éstos, ellos mismos me propusieron seguir su línea, lo que me permitió desenmascararles. Pero si me lo propusieron fue porque creyeron que yo podría apoyarles. "La idea de nacionalismo está completamente desfasada, hay que hacer de ETA una organización de clase en exclusiva. Y esto hay que hacerlo poco a poco". Contesté que ya lo pensaría. Cuando volvieron a proponérmelo, les contesté que no. Estaba cercana la celebración de la VI Asamblea. En aquellos momentos estábamos elegidos por la V seis individuos con derecho a elegir otros tres. Estábamos pues, López Adán, Edur Arregi, Madariaga, Krutwig, Eskubi, que había pasado al otro lado, como ya he dicho antes, para contrarrestar la influencia del otro grupo, cayó por sus contactos y su misma evolución dentro de esta misma influencia. Pregunté si estaban todos avisados. Me dijeron que sí. Pero ante mi sorpresa y puesto al habla con Arregui me di cuenta de que no sabían nada de su celebración. Lo que querían en realidad era mi presencia con dos o tres militantes de mi tendencia, mientras ellos traían 35, legalizar así la Asamblea y después "democráticamente" imponer su tendencia. Ante todo esto, la declaré ilegal puesto que yo seguía con la legalidad de la V, pero ellos, a pesar de todo, la celebraron. Ellos nos expulsaron a nosotros y nosotros les expulsamos a ellos por maniobreros. En fin, hubo cosas muy sucias, por ejemplo, en relación con nuestros compañeros del Proceso de Burgos. Pero a pesar de todo ya se vio que el auténtico espíritu de ETA estaba con nosotros. ETA V Asamblea siguió su camino. Además el tiempo nos ha dado la razón. ¿Dónde está hoy la VI Asamblea?
[Echave en Loc. cit., p. 12].

Krutwig señala más nombres:

ETA VI es una maniobra clásica del Partido Comunista de España. Yo entonces estaba en Roma y vinieron unos amigos a contarme lo que había. Es una infiltración más o menos hecha por Escubi. Escubi que siempre tenia interés de pequeño fuhrer, se situó al principio junto a Etxebarrieta pero cuando mataron a Etxebarrieta, que debía haber salido del País Vasco fuera, pero que por culpa de él se quedó dentro, éste se cogió al lado un comunista infiltrado. En medio de las caídas anteriores al Proceso de Burgos y callándose un poquitin, Escubi desconectaba a la gente de ETA porque no iba a visitarles, y en cambio creaba secciones de ETA con miembros del PC. Como ETA ya tenía un nombre, el PC pensó que era muy importante atraerla para sí. Y quiso aprovecharse del Proceso de Burgos, para lograrlo. Entonces yo le escribí una carta a Echave poniéndole a caer de un burro y diciéndole que era necesario expulsar a esta gente. Se hizo un escrito en el que apareció mi nombre y al final se les expulsó. Para ver hasta qué punto estaban ya claras las cosas, baste decir que en la Revista Novo Mondo, salieron las conclusiones de la VI Asamblea, por las que ETA dejaba de ser un movimiento nacionalista para convertirse en un movimiento progresista marxista-leninista, antes de que esta Asamblea hubiera tenido lugar. También en aquella época, un amigo mío, canario, había mandado un informe al periódico del PCI "Unitá". El PCI no publicó nada. Quince días después empezó a publicarlo todo. Pero ¿qué había pasado en estos quince días? Que se había recibido una notificación del PCE diciendo que ETA era ya cosa suya. En principio había una rama vasquista, y otra que quería vender a ETA al PCE que luego, al final, fue troskista, pero que al principio era cosa del PC. Por cierto que Carrillo, en uno de sus libros, ya dice, que había propuesto el que ETA se integrase en el PC de Euskadi. Cuando la cosa fracasó ya entre ellos, vinieron las desavenencias, parte siguieron dentro del PC, parte que habían hecho carantoñas con ellos, se orientaron al troskismo. En el ala vasquista había tendencias, pero en lo que había unidad era en mantener los ideales de la V Asamblea, es decir, en lograr un movimiento nacionalista revolucionario vasco, no españolista. Había que luchar por la identidad nacional y una vez que se logre esto, se intentará establecer un régimen progresista. Los otros decían que no, que había que renunciar a la lucha de liberación nacional, para aliarse con la clase obrera española, y entonces ésta, magnánimamente, preciosamente, por todo lo que hemos ayudado para liberar España, quizá nos conceda lo que queremos. Nuestra lucha no puede ser más que como la entendiamos, porque si en el País Vasco, la gente apoya la causa vasca, es porque es vasca.
[ Krutwig] "Punto y Hora" 16-31 enero 1977.

"En ETA -explicaba el "Zutik" n.° 53, p. 2- se ha producido en los últimos tiempos una ruptura, un corte: el corte con la ideología nacionalista y con manifestaciones de dicha ideología en la práctica política". "Por eso decimos que no se trata de un paso más en una evolución ininterrumpida, sino literalmente de un corte: la ruptura de ETA con el nacionalismo".
En pleno dominio sexta y cuando la militancia de base se halla completamente desorientada por la escisión, cuatro meses después de esta borrascosa asamblea comienza, el 3 de diciembre de 1970, la vista pública del que iba a ser mundialmente famoso juicio de Burgos. En él el fiscal pide seis penas de muerte para J. Izco de la Iglesia, Mario Onaindía, Jokin Gorostidi, Eduardo Uriarte, Javier Larena y José María Dorronsoro. Cientos de años de prisión son solicitados, asimismo, para Yosu Abrisqueta, Víctor Arana, Arantxa Arruti, Enrique Guesalaga, G. López Irasuegui, Yone Dorronsoro, Iziar Aizpurua, Antton Carrera y los sacerdotes Yulen Calzada y Yon Echabe. Las jornadas, inauguradas por manifestaciones y huelgas en la víspera, se abren con el secuestro del cónsul de Alemania Beihl por un comando dirigido por el ex-quinta Juan José Echave. Al día siguiente se decreta el estado de excepción en Gipuzkoa que el 14 de enero se hace extensivo al resto del estado. El juicio acaba bruscamente el día 9 en medio de un tumulto indescriptible al enfrentarse los presos, secundados por el público, con el jurado y negarse a seguir siendo defendidos. El día 28 son dictadas las seis penas de muerte que colapsan el país en una huelga general total mientras las manifestaciones patrióticas franquistas jalonan las ciudades españolas y la opinión pública internacional protesta ruidosamente. Liberado Beihl dos días antes, sano y salvo, solicitado por los gobiernos y notabilidades de todo el mundo, Franco decreta el día 30 el indulto conmutando las penas de muerte.
Pese a lo que pudiera parecer en apariencia, los efectos del juicio de Burgos son nulos sobre la organización. Encarcelados todos los cuadros -menos Echave y algún otro-, paralizada la acción por la represión, vaciada la base por los seguidores de la sexta asamblea, la red interna de ETA queda devastada, en especial en su aspecto ideológico, hasta 1972 en que, merced al ingreso de nuevos elementos -incluso grupos tales como EGI -Batasuna y Gatazka- se recompone poco a poco.

Asume el mando de las "operaciones militares" Eustaquio Mendizábal, el legendario Txikia, ex benedictino, que imprime un ritmo suicida a la acción de tipo comando y consigue, mediante consecutivos atracos, dotar de armas a los grupos a sus órdenes.

ETA reemprende la acción armada. Trata de poner de nuevo en marcha los otros dos frentes, obrero y cultural, pero el dominio que los "milis" ejercen sobre ambos y las sucesivas caídas que las acciones armadas traen consigo, matan en el huevo toda posible "politización" de ETA.

Este año 1972, el Frente Cultural es integrado en el obrero. Los comandos de Txikia destruyen varios locales del sindicato único, atracan y realizan varias operaciones, de las cuales, las más importantes son el secuestro de Zavala, del consejo de administración de Precicontrol, el 17 de enero de 1972, y el de Felipe Huarte, magnate de la finanza navarra, el 16 de enero de 1973. ETA cree ver en estas acciones la posibilidad de crear condiciones nuevas más favorables para el trabajo revolucionario. El 19 de abril de este año es abatido a tiros en Algorta Eustaquio Mendizábal. Un comando que lleva su nombre hará saltar por los aires al presidente del Gobierno español, Luis Carrero Blanco, el 20 de diciembre de este mismo año. Era la contestación por la muerte de Txikia, obra intelectual y material de José M.ª Beñarán Ordeñana "Argala".
La desaparición de Txikia volvió a deshacer la cohesión interna de ETA sostenida por la autoridad de Mendizábal. El activismo puro es la característica de esta organización durante el año que se cierra con el magnicidio, el activismo concebido como complemento de la acción política en algunos casos, como sustituto de la misma, las más de las veces. El asesinato a sangre fría del cabo primero de la Guardia Civil Gregorio Posadas Zurrón en Azpeitia (3 de abril) inaugura un nuevo tipo de atentado personal destinado a eliminar a policías y a personas tenidas por confidentes de los mismos, modelo que será varias veces utilizado durante 1974. Pero esta vez, la tensión interna entre el F. O. y el F. Militar es la generadora de una nueva escisión que se traducirá en la existencia de dos ramas que se reclaman, a diferencia de las veces anteriores, ETA. Ya en junio la ruptura del F. Obrero de ETA con el resto de la organización (III Biltzar Ttipia) da origen al nacimiento de LAIA y a la creación, por parte del F. Militar, de la sindical LAB. Con posterioridad al atentado de la calle del Correo de Madrid (13 set.), la división se consuma en dos grupos, militares y político-militares, partidarios los primeros de la lucha armada individual y los segundos de combinar operaciones armadas con acciones de masas. El IV Biltzar Ttipia consagra en octubre esta ruptura y la crisis del concepto de "guerra revolucionaria".
Dividida ETA en dos ramas y reagrupada ETA M en noviembre de 1974, asume el liderato ideológico de los PM Eduardo Moreno Bergareche "Pertur". Dentro de esta rama, un comando denominado bereziak (especiales)será el encargado de llevar a efecto acciones armadas. Intuyendo la muerte del dictador, en España se constituyen las primeras plataformas democráticas de la oposición. Las acciones de ETA salen de Euskadi para confundirse a las del FRAP y GRAPO.

Los "milis" prosiguen su política de eliminar a policías y supuestos confidentes. A esta escalada responde el Gobierno Arias con el estado de excepción; se suceden las caídas en masa, muerte de militantes en tiroteos y de inocentes en controles, acciones de "incontrolados" tendentes a suprimir a cómplices y familiares de activistas o refugiados, e infiltración, exitosa, en la organización armada vasca.

Se crean los ATE (Anti Terrorismo ETA) que llevan a efecto acciones de represalia sobre los refugiados residentes en Lapurdi, Baja Navarra y Zuberoa. El 26 de agosto se firma el Decreto-Ley Anti-Terrorista que será aplicado no sólo a los infractores futuros de la ley sino a los presuntos delincuentes ya encarcelados con anterioridad. Y el peso de este Decreto cae sobre J. Antonio Garmendia y Angel Otaegui cuyo consejo de guerra, con petición de penas de muerte, despierta una oleada de agitación, paros y huelgas en todo el país (28 de agosto), y sobre Juan Paredes Manot "Txiki" (19 de set.).

La escalada acción-represión culmina el 27 de setiembre con los fusilamientos de Txiki, Otaegui y tres miembros del FRAP. La respuesta nacional e internacional es unánime contra los fusilamientos y es la mayor que registra la historia desde la guerra. Franco se queda solo.

Cuadro confeccionado por Txillardegi con los presos recluidos en las cárceles españolas a la muerte del general Franco, por zonas. La revista HITZ en su n.° 5 (1-1976) publicó la lista de los detenidos vascos, abertzales y no abertzales, en el momento del fallecimiento del general Franco. Figuraban en ella 749 personas de todo el abanico político; con la filiación, oriundez, etc., de las mismas. Si se agrupan los detenidos de la lista por zonas geográficas de origen (siguiendo, por ejemplo, la delimitación de Zonas naturales propuesta por J. L. Lizundia en el libro colectivo "Lur eta Gizon", Jakin, 1974, pp. 11-63), y se compara esa cifra global de militantes vascos (abertzales más no abertzales) con la población de la zona geográfica correspondiente, se obtiene la siguiente escala de militancia política represaliada por orden decreciente:

1° Goierri guipuzcoano. Beasain, Ordizia, Zaldibia, Ataun. 88,1 detenidos (por 100.000 habitantes de la región).
2° Busturia. Gernika, Busturia, Elantxobe, Bermeo, Ibarrangelua. 75 detenidos (por 100.000 habitantes).
3° Lea-Artibai. Markina, Lekeitio, Ondarroa, Munitibar. 65,5 detenidos (por 100.000 habitantes).
4° Zona de Tolosa. Tolosa, Amezketa, Abaltzizketa, Alegia, Andoain. 51 detenidos (por 100.000 habitantes).
5° Arratia. Zeanuri, Zeberio, Igorre, Ubao, Orozko. 44,4 detenidos (por 100.000 habitantes).
6° Barranka. Altsatsua, Olazti, Urdiain, Lakuntza, Etxarri. 41 detenidos (por 100.000 habitantes).
7° Cuenca del Deba. Eibar, Ermua, Elgoibar, Oñati, Bergara, Arrasate, Motriku. 38,5 detenidos (por 100.000 habitantes).
8° Zona de Donostia. Donostia, Hernani, Usurbil, Lasarte, Orio. 32,4 detenidos (por 100.000 habitantes).
9° Cuenca del Urola. Zumarraga, Legazpia, Azpeitia, Zarautz, Zumaia. 31,6 detenidos (por 100000 habitantes).
10° Valle de Aiala. Laudio, Amurrio, Lezama, Okendo. 29,6 detenidos (por 100.000 habitantes).
11° Cuenca de Butroi. Laukiniz, Gorliz, Sopelana, Morga, Urduliz, Bakio. 26,9 detenidos (por 100.000 habitantes).
12° Zona de Oiartzun. Irún, Oiartzun, Pasaia, Errenderia, Lezo. 15 detenidos (por 100.000 habitantes).
13° Cuenca de Bilbao. Bilbo, Barakaldo, Sestao, Portugalete, Getxo, Somorrostro. 14,3 detenidos (por 100.000 habitantes).
14° Gasteiz y la Llanada. 12,4 detenidos (por 100.000 habitantes).
15° Encartaciones. 9,7 detenidos (por 100.000 habitantes).
16° Iruña y su zona. 5 detenidos (por 100.000 habitantes).
17° Baztan. 4,6 detenidos (por 100.000 habitantes).
18° Ribera de Navarra. 0,1 detenidos (por 100.000 habitantes).
Al acaecer, la muerte de Franco (20 noviembre), las dos ramas de ETA se hallan otra vez en cuadro. Los PM contabilizan 500 miembros y simpatizantes encarcelados y 60 casas "quemadas".

Para reestructurarse amplían la dirección, en la que entra Apalategui, y plantean la urgencia de recoger la herencia política de la organización mediante la creación de un partido revolucionario abertzale que aglutine a militantes y allegados a la misma, algunos de los cuales (ex Frente Cultural de ETA) se hallan ya, desde 1974, agrupados en EAS (Euskal Alderdi Sozialista, luego EHAS y HASI) y otros (Frente Obrero de ETA) en LAIA, todos ellos en la KAS creada en 1975.

Se plantea la disyuntiva entre la creación de un partido marxista-leninista ortodoxo o un partido de masas, socialista no leninista. El indulto real del 26 de noviembre del mismo año, aunque raquítico, parece abrir las puertas a una liberalización del régimen. Pero la guerra de ETA contra las fuerzas de orden continúa y se inaugura una nueva modalidad de operación, el secuestro con extorsión monetaria, mediante el de José Luis Arrasate el 13 de enero de 1976.

Y mientras la Embajada española en París ofrece un total de 848 pasaportes, la muerte del industrial Berazadi (abril 1976) por el comando bereziak atrae sobre la organización una amplia condena.

ETA comienza a aislarse de una población que intenta la transición pacífica a la democracia parlamentaria, transición también entorpecida por unas fuerzas de orden desgobernadas (Vitoria 1976) y la actuación sincontrol alguno de las fuerzas de la extrema derecha (Montejurra) amén del aparato burocrático franquista aún intacto.

Sin embargo es indudable que algo empieza a cambiar en el verano de 1976. El 11 de junio tiene lugar la primera presentación pública de un partido aún no legalizado: ESB. En el mismo militan una buena porción de ex militantes de ETA entre los cuales su mismo fundador, Txillardegi. El 3 de julio la primera manifestación autorizada del postfranquismo recoge en San Sebastián a cerca de 100.000 personas que protestan contra los atentados de la extrema derecha. Cinco días después, otras tantas personas se manifiestan en Bilbao reclamando la amnistía denontzat (para todos). Por los cuatro costados del país se eleva este clamor y se conmemora el primer centenario de la abolición de los Fueros vascos que tuvo lugar el 21 de julio de hace cien años. El 30 de julio llega la primera amnistía que excluye "los casos en que hubiera muerte y peligro para la vida, los atentados y los delitos monetarios", es decir a la inmensa mayoría de los militantes de ETA. A la oleada de protestas por la exclusión de "los vascos" de la amnistía, se suma la indignación producida por la desaparición de Moreno Bergareche en Hendaya, acto que se atribuye entonces a la extrema derecha. La muerte de Zabala en las fiestas de Fuenterrabía sume a Euskadi en una huelga general (8 setiembre) que dura tres días.
Es en esta VII Asamblea de ETA PM -a la que acuden dos observadores de ETA M (Argala y otro) donde se sientan las bases para la constitución de un partido obrero de inspiración cercana al marxismo-leninismo (EIA). Su sustentáculo, la ponencia "Otsagabia" de Pertur, es aprobado con la oposición de los bereziak. A esta rama militar se la asigna, en el caso de una democracia formal, una función defensiva de los derechos populares. "El hecho de que no haya lucha armada en modo alguno significa que desaparezca la organización capaz de realizarla". "En el momento en que se produzca la menor agresión contra nuestro pueblo, ETA entrará en acción".

Inesperadamente, el 4 de octubre un comando de ETA M asesina en San Sebastián a cinco personas, entre las cuales el presidente de la Diputación de Gipuzkoa, Araluce Villar.

En el comunicado subsiguiente se afirma que la acción es una respuesta a la muerte de Zabala y que la organización ha decidido "pasar a la acción dura contra los enemigos del pueblo vasco".

Por estas fechas se calcula que se han beneficiado de la amnistía de julio 300 presos políticos y han regresado otros tantos exiliados, entre ellos la mayoría de los fundadores de ETA. La celebración del primer Congreso autorizado de ELA-STV (30-31 octubre) es un claro indicativo de que, pese a las convulsiones del proceso, éste sigue adelante hacia la liberalización.
Un representante del Gobierno -tras una serie de contactos previos- logra, al fin, sentarse en la misma mesa con representantes de ETA..." "Ocurría esto en el mes de noviembre de 1976, en Ginebra..." "La primera reunión de representantes del Gobierno se celebra con Garayalde y Muñoa, portavoces de ETA PM. Era una toma de contacto. Simplemente. También había sido invitada ETA M, pero no acudió a la cita." "El segundo contacto de ETA-Gobierno se vuelve a celebrar, días después, en un hotelillo... Y en esta ocasión, sí está presente -aunque de manera informal, o sea, no oficial- un observador de ETA M, el ala más dura de la organización. Es Juan Manuel Pagoaga Gallastegui Peixoto". Con estas palabras sitúa Portell (La amnistía arrancada, p. 172) el primer contacto entre el Gobierno y la organización paramilitar en noviembre de 1976. Hautsi (n.° 15), órgano de ETA PM, situó este contacto en diciembre. El Zutik n.° 68 (portavoz de ETA M) habla de contactos efectuados en octubre con tres oficiales del ejército español. Como bases mínimas, ETA PM exige la salida de todos los presos para antes de las elecciones, el control sobre la fuerza pública y la legalización de todos los partidos políticos. Ambas ramas proponen proseguir las conversaciones a través de la KAS. A partir de este momento y hasta las muertes de Itxaso (7 marzo de 1977) hay una tregua real aunque no explícita.

Comienza a circular la consigna Para Navidades los presos en casa. En vísperas del referendum del 15 de diciembre (reforma política) parecen proseguir las conversaciones. Mientras, reaparece públicamente el PNV en el frontón Anoeta de San Sebastián y la ikurriña es legalizada el 19 de enero de 1977 (tamborrada histórica).

En febrero de este año comienza la operación "conversación ETA M - Gobierno" por intermedio del periodista José M.ª Portell y el ex etarra exiliado y ahora militante de ESB, Juan José Echave.

En estos primeros tanteos se ve ya que el Gobierno no está dispuesto a decretar una amnistía total sino gradual y sin plazo definido.

Pero el ametrallamiento de dos "polimilis" en Itxaso vuelve a cargar un ambiente ya de por sí harto crispado. A la huelga general con que responde el país contesta el Gobierno con una segunda amnistía (11 marzo), nuevamente excluyente, esta vez de los incursores en "delitos de sangre". Los presos "históricos" de ETA siguen de esta forma sin gozar de la libertad. El ametrallamiento de dos guardias civiles en Mondragón (13 marzo) no es óbice para que, a mediados de marzo, el Gobierno siga manteniendo conversaciones con ETA M y PM. Es esta última rama la que propone una tregua, parece ser que de tres meses, siempre y cuando se cumplan las condiciones de amnistía y legalización política del 24 de mayo (inicio de la campaña electoral).

El citado n.° de Hautsi describe así el proyecto:

"La dirección de la organización prepara a su vez un escrito que contiene los plazos y limites para estas dos reivindicaciones y los ritmos que para su cumplimiento deben marcarse. En todo caso estos plazos acabarían el día 24 de mayo. Por otra parte, se elaboraba un documento para que fuera discutido entre toda la militancia y posteriormente hecho público, que contuviera nuestra propuesta de cese de hostilidades pretendiendo con ello dejar bien claro que las tensiones y muertes que en Euskadi se seguían produciendo no eran por nuestra falta de interés en la búsqueda de soluciones concretas, sino por la negativa sistemática del Gobierno en satisfacer de una forma realista y consecuente las reivindicaciones populares. El Gobierno no dio respuesta a nuestras propuestas".

A primeros de abril comienzan a ser liberados más presos importantes de ETA y el 2 de este mes EIA hace su presentación pública en el frontón de Gallarta; sin embargo el Aberri Eguna no es autorizado. El 30 de abril, convocada por Telesforo Monzón, tiene lugar la primera cumbre de organizaciones abertzales, para discutir si, sin la legalización de todos los partidos y en vista de la lentitud y carácter parcial de la amnistía, se va o no a concurrir a las primeras elecciones del postfranquismo anunciadas para el 15 de junio. La disensión entre las distintas fuerzas se reflejará, en los primeros días de mayo, en el mismo seno de ETA.

El grupo Bereziak de ETA PM rompe con esta rama integrándose en la rama militar.

Y mientras los primeros persisten en guardar la tregua hasta la fecha fijada, ETA M lanza un comunicado en el que anuncia que, si el Gobierno no reintegra a sus hogares a todos los presos y acuerda las libertades democráticas para un mes antes de las elecciones, relanzará la lucha armada y convocará a la abstención activa ante las urnas. Los bereziak acusan a "ETA PM de liquidacionismo de la lucha armada y de negociar la amnistía". "En realidad dichos acuerdos -contesta ETA PM- implican el comienzo de la transformación de ETA, de una organización de resistencia, dedicada exclusivamente a la desestabilización, en una organización que empieza a constituir un contra poder militar, y que concibe ese contra poder en estrecha relación con los grados de desarrollo político alcanzados por el pueblo de Euskadi, supeditándose a la dinámica que éste, con su participación activa, va marcando. El trasfondo político de la escisión Bereziak no es otro que el rechazar por completo esa transformación, el de negarse a renunciar a un protagonismo que tiene sentido en una situación de fascismo pero no en una situación como la actual; el de no tener en cuenta en absoluto la situación política como factor determinante de la acción armada. Y, en definitiva, algo más grave: pretender supeditar a todo el pueblo y al desarrollo de su lucha a las necesidades particulares de la organización armada".

El 8 de mayo comienza, mientras quedan en la cárcel los 27 presos más conflictivos de ETA, la II semana pro-amnistía, la semana más sangrienta en la que cinco personas iban a perder la vida a manos de la fuerza pública. En la cumbre de partidos abertzales, el PNV insiste en que participará en las elecciones mientras las fuerzas del KAS optan por retirar sus candidaturas. ANV, ESB y ESEI no se pronuncian en espera de consultar a sus bases. Cumplido el plazo de tregua de ETA M (un mes antes de las elecciones), el comando Zaharra (ex bereziak) mata a un policía armado en Amara (18 mayo) e intenta quitar la vida a otro en Pamplona. Dos días después secuestra a Javier de Ybarra y Bergé.
El mismo día que ETA M perpetraba el secuestro de Ybarra, el Gobierno firma (20 de mayo) el Decreto de Amnistía total y extrañamientos de los más antiguos presos de ETA, entre los cuales los del proceso de Burgos de 1970. Ante este nuevo dato, todos los partidos vascos, excepto EHAS (luego HASI) y LAIA, optan por las elecciones. EIA, aunque sin legalizar aún, participa, junto con el MC en las listas de Euskadiko Ezkerra y UNAI. La división de los herederos políticos de ETA, en EIA, por un lado, y EHAS-LAIA, por otro, se consuma así al no existir una decisión unitaria de participar o abstenerse. La presencia en las filas de EIA, de casi todos los extrañados refuerza la popularidad de EIA y es una de las claves del éxito electoral de EE. ETA M desde este momento camina sola en la vía de la lucha armada. Su intento de colapsar el proceso electoral mediante el secuestro de Ybarra, días antes de las elecciones, fracasa. La separación se ensancha aún más al acusar, el 20 de enero de 1978, la familia Moreno Bergareche al comando bereziak de ser el autor del asesinato de Pertur. EIA ya no pertenece a la KAS y ésta se radicaliza y cierra filas en torno a ETA M. La muerte del periodista Portell (28 de junio de 1978), reivindicada por ETA M, y la de Agurtzane Arregui, mujer de Juan José Echave (1 de julio), no reivindicada, simbolizan, al ser eliminadas las dos cabezas visibles de una negociación, la negativa de las fuerzas irracionales a abandonar el protagonismo forjado por cuarenta años de dictadura. 1978, con su cortejo casi diario de asesinatos, es la consecuencia. Y el comienzo de una nueva etapa de ETA.

Idoia ESTORNÉS ZUBIZARRETA
La muerte de Franco, ocurrida en 1975, abrió un titubeante proceso de transición política en España que empezó a consolidarse con hechos significativos a raíz de las primeras elecciones libres celebradas en 1977. Mientras la situación política se encaminaba hacia un marco democrático, en el seno de ETA se producen varios procesos que van a dar lugar a una organización mucho más fuerte y más activa que en etapas precedentes, configurando las características del grupo que ha subsistido hasta la actualidad.

Por un lado, se produce una serie de rupturas y conflictos en los que se van a ver involucradas las dos ramas de ETA existentes en 1977, la "militar" y la "político-militar". La discusión sobre la conveniencia de participar o no en las elecciones del 15 de junio de 1977 va a ocasionar el primer conflicto de envergadura en el seno de la izquierda abertzale. Es ahí dónde se perfilan dos posiciones que serán irreconciliables: por un lado se sitúa ETA m, contraria a participar en esas elecciones, y por otra ETA pm y Euskal Iraultzarako Alderdia (EIA), el partido nacido de los "polimilis", que opta por presentarse.

El motivo formal de la discusión del momento es la oportunidad de presentarse a esos comicios cuando todavía no han sido puestos en libertad todos los presos y se cuestiona el margen de libertad real existente para todas las expresiones políticas. Bajo este debate, sin embargo, subyace otra consideración de mayor calado pues con la participación se reconoce la virtualidad democrática del nuevo régimen. Los "polimilis" aceptan que, con las elecciones, cambia el grado de legitimidad del sistema al que se enfrentan, que estará avalando por el sufragio popular a partir de entonces. ETA militar se niega a efectuar este reconocimiento, al menos en lo que afecta al País Vasco. Esta actitud marcará su actuación futura.

Un segundo fenómeno propio de esa época es la disposición de centenares de jóvenes a enrolarse en cualquiera de las dos ramas de ETA o en los Comandos Autónomos Anticapitalistas, que van a surgir en 1978, y que proporcionarán la base humana necesaria para sostener un largo periodo de actividad. La participación de una buena parte de la juventud de la época en actos de violencia no es un fenómeno exclusivamente vasco porque se manifiesta también en la aparición de docenas de grupos efímeros en diferentes sitios de España y, con más peso, en otros países europeos. Sin embargo, la preexistencia en Euskadi de unas organizaciones armadas facilitará el encuadramiento de esos jóvenes y dará solidez y continuidad al fenómeno.

Para encuadrar a esta nueva militancia, ETA m desarrolla una estructura que había aprobado a principios de 1976 basada en la división de los activistas en dos aparatos de comandos, los "legales", aquéllos no fichados por la policía, y los "liberados" o clandestinos. Son organizados en células estancas, de forma que la captura de un comando "legal" no conduzca a la policía a la identificación de otros activistas que los del propio comando y, mucho menos, a los "liberados". Éstos, a su vez, son encuadrados en comandos que tienen asignada una demarcación territorial determinada en la que deben realizar campañas de atentados durante temporadas breves de tiempo, regresando a Francia al terminar cada una de ellas. La estructura ideada por ETA m, parecida a la aplicada en esos mismos años por el IRA, resulta muy útil para mitigar los efectos de la acción policial.

El impulso final de ETA m lo recibirá con la adhesión de los "comandos Bereziak" (especiales) procedentes de ETA pm, con cuya dirección mantenían graves diferencias desde 1976 y que habían conducido a que miembros de estos comandos secuestraran durante dos días al dirigente "polimili" Eduardo Moreno Bergaretxe, Pertur. El secuestro y asesinato del empresario Angel Berazadi enfrentó a los "bereziak", responsables directos del hecho, con la dirección de ETA pm. En mayo de 1977, los "bereziak" proclamaban su separación de ETA pm y en septiembre se formalizaba su integración en ETA militar.

La fusión de los "bereziak" con ETA m sería decisiva para consolidar a esta última rama con el aporte de decenas de militantes, mucho de ellos experimentados. ETA pm, siguiendo los pasos de EIA, el partido nacido de sus filas, se pronunció en 1979 a favor de la legalidad estatutaria, que le conduciría a una declaración de tregua en 1981. Un año más tarde, un sector de los "polimilis" se decidía por el abandono de la organización, mientras otros sectores continuaban durante un tiempo con las armas hasta que fueron eliminados policialmente o absorbidos por ETA m.

El resultado de esta suma de factores -disponibilidad de efectivos humanos, reestructuración organizativa, aporte de experiencia de los "bereziak" y rechazo al nuevo marco político- fue una intensificación de la violencia muy por encima de la que se había producido en etapas anteriores. Así, por ejemplo, entre 1960 y 1977, ETA había asesinado a 75 personas, cifra que iba a quedar superada en 1979 con 80 víctimas mortales sólo en ese año. Mientras en 1977 se habían registrado casi 80 atentados, al año siguiente la cifra ascendía a 261. La cifra de muertos en atentados desde 1978 a 2001, ambos incluidos, asciende a 772.

La inestabilidad derivada de la presencia del terrorismo se sumó en el País Vasco durante la transición a la existencia de las tensiones políticas normales en un escenario caracterizado por una intensa agitación social con abundantes movilizaciones ciudadanas en defensa de la amnistía, la ikurriña, el euskera, la autonomía, etc. Desde el poder se respondió a menudo con graves actuaciones represivas desmesuradas que dieron lugar a un rosario de muertes que exacerbaron todavía más los conflictos. Episodios como los del 3 de marzo de 1976, en los que la policía provocó la muerte de cinco obreros en Vitoria, los Sanfermines de 1978, el rosario de muertes causadas en controles o al disolver manifestaciones se grabaron en la retina de una buena parte de la población alimentando la desconfianza hacia el proceso político en marcha. En ese contexto de agitación se desarrolló el activismo etarra de finales de los setenta y principios de los ochenta, que desbordó todas las previsiones y se convirtió en un fenómeno desestabilizador.

ETA se encontraba con una gran capacidad de cometer atentados pero su planteamiento de abstenerse en las elecciones de junio de 1977 había sido ignorado por la ciudadanía, por lo que políticamente había perdido su principal apuesta. El naciente sistema democrático y partidos tradicionales como el Euskal Iraultzarako Alderdia ( EIA)y los socialistas habían obtenido un importante respaldo y legitimidad en las urnas. Esta situación de ambivalencia, le llevó a ETA, en febrero de 1978, a abandonar formalmente la estrategia insurreccionalista y a plantear una propuesta de negociación que partía del supuesto de que ETA no podía derrotar al Gobierno, ni éste a la organización terrorista. Sin embargo, ETA no se plantea una negociación real, entendida como una renuncia de ambas partes a sus posiciones iniciales para buscar un punto de encuentro, sino que la negociación es la fórmula por la que el Gobierno acepta íntegros sus planteamientos.

En la declaración de febrero de 1978 ETA formula la exigencia de que se acepte la Alternativa KAS ( Koordinadora Abertzale Sozialista), que incluía el derecho de autodeterminación y la integración de Navarra, como condición para una negociación con el Estado. No contemplaba discutir el contenido de la Alternativa sino la forma de su aplicación. "Los cinco puntos mínimos [de la Alternativa KAS] por su misma naturaleza no son negociables, sino a lo sumo concretizables entre el Gobierno español y ETA", aclara esta organización de forma rotunda en un "Zutabe" de junio de 1980.

El rechazo a las instituciones que se van configurando a partir de 1977 lleva a ETA a enfrentarse primero a la Constitución y un año más tarde al Estatuto mediante intensas campañas de atentados que se desarrollan en la fase previa a la elaboración y aprobación de estos dos textos legales. ETA no acepta ni uno ni otro documento y justifica su actividad armada de los años posteriores como un combate contra las consecuencias políticas del marco legal configurado por la Constitución y el Estatuto.

Para llegar a la negociación con el Estado, ETA pone en marcha desde finales de los setenta todo su potencial de violencia, consciente de la capacidad de desestabilización que tenía en el sistema democrático. ETA busca un enfrentamiento directo con el Estado atacando de forma sistemática a los miembros de las Fuerzas Armadas y de las Fuerzas de Seguridad. Análisis de ETA , realizados por José Miguel Beñaran, "Argala", meses antes de su asesinato en diciembre de 1978, no consideraban posible un golpe de Estado militar. Según este punto de vista, las contradicciones que provocaban los atentados contra las Fuerzas Armadas se resolverían mediante una cesión del Gobierno ante las demandas de ETA.

Además de esa línea de enfrentamiento con el Estado, entre 1977 y 1982 ETA desarrolla una campaña de atentados terroristas encaminada a conseguir la paralización de la central nuclear de Lemóniz, lo que conseguirá tras cometer cientos de atentados y asesinar a los dos máximos responsables técnicos del proyecto. El éxito en la paralización de la central contribuyó a reafirmar en los miembros de la organización la confianza en el poder de las armas. En paralelo, en los primeros años de andadura del régimen democrático, los atentados de ETA buscan una tercera línea de actuación que conduce a extender el miedo en la sociedad vasca, atacando supuestos confidentes, adversarios ideológicos, etc.

Uno de los efectos de la violencia de ETA en el campo de la izquierda abertzale es provocar la aparición de una comunidad política de incondicionales para quienes la organización armada constituye la referencia principal. Ese sector social, representado institucionalmente por Herri Batasuna (HB), desarrollará sus propios valores, medios de comunicación específicos y unas pautas de comportamiento guiadas por la necesidad de arropar ETA. En la consolidación de este núcleo político y social aparentemente cerrado a toda influencia que no sea la que procede de la propia ETA ha pesado también la existencia de un terrorismo antiterrorista. En los años de la transición se producen decenas de atentados que tienen como objetivo aterrorizar a los sectores sociales más próximos a ETA Entre 1978 y 1981 se producen nada menos que 33 asesinatos cometidos por grupos como la Triple A, el Batallón Vasco Español, los Grupos Armados Españoles y otros similares. A esta cifra habría que añadir otros 28 muertos ocasionados entre 1983 y 1987 por un nuevo grupo, los GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación).

Estos atentados provocan un cierre de filas y crean las condiciones para que el mensaje de que nada ha cambiado con respecto al franquismo tenga credibilidad en ese sector social que acata la actividad de ETA como mecanismo de defensa de una comunidad atacada. Hace, además, posible la realimentación del terrorismo de ETA desde las filas de un sector social insensible al sufrimiento que provoca la actividad etarra.

A mediados de los años ochenta el nivel de violencia de ETA empieza a descender como consecuencia de la modificación de algunas circunstancias que habían favorecido hasta entonces la actividad armada. Una de estas circunstancias es la paulatina implicación de Francia en la represión policial de ETA a partir de 1984 (el socialista Mitterrand había llegado al poder en 1981). En el trienio 1984-1986, una parte considerable del núcleo de activistas que viene dirigiendo ETA desde 1977 son detenidos en territorio francés y encarcelados o deportados a terceros países. La deportación desde Francia, que afectó a 63 presuntos miembros de ETA, no fue la única medida aplicada por París. En 1984 concedió las primeras extradiciones y en 1986 empezó a aplicar las entregas directas, de policía a policía, que afectarían a más de doscientos detenidos. A ello hay que añadir las condenas de larga duración aplicadas por los tribunales franceses a partir de 1985, el rechazo a conceder el estatuto de refugiado a los miembros de ETA, la prohibición de residencia en numerosos departamentos, los confinamientos y otras medidas administrativas y policiales que forzaron al grupo a hacerse mucho más clandestino y reducido, provocando una salida hacia países latinoamericanos de muchas personas que hasta entonces habían residido en el sur de Francia.

Al mismo tiempo, ante la sucesión de operaciones policiales que se desarrollan en España, ETA empieza a mostrar signos de desgaste tales como la incapacidad de renovar a sus comandos a la misma velocidad que emplea la policía en desarticularlos.

Estos dos factores mencionados -presión policial contra la cúpula y los activistas de ETA en Francia y contra sus comandos en España- conducen a una nueva etapa a partir de 1985 en la que el nivel de violencia es notablemente inferior a la anterior. Sin embargo, ETA responde tratando de compensar la reducción del número global de atentados con dos instrumentos: el traslado de la violencia de modo permanente a Madrid y Barcelona, cerca de donde considera que está el poder político, y la generalización de coches bomba con los que se llevan a cabo atentados mucho más espectaculares que en el pasado.

Antes de 1985 los principales atentados fuera de la Comunidad Autónoma Vasca y Navarra los había cometido un comando especial, el "Argala", formado por ciudadanos del País Vasco francés que estuvo operativo desde 1978 hasta 1990. Sin embargo, en el ecuador de los ochenta, ETA establece comandos permanentes en Madrid -donde ya había tenido algún grupo en los setenta- y en Barcelona. Con estos dos grupos va a realizar atentados de gran impacto, como los cometidos en la Plaza de la República Dominicana, de Madrid, donde murieron 12 guardias civiles, o en el centro comercial Hipercor, de Barcelona, en el que 21 civiles perdieron la vida.
El ecuador de los ochenta es también el momento en el que ETA se ve forzada por la actuación de los Gobiernos español y francés a afrontar la posibilidad de contactos y negociaciones. En 1984, el Ejecutivo francés, a través de su embajador en España, Pierre Guidoni, intentó provocar en Burdeos un encuentro de ETA con representantes españoles, encuentro que fue rechazado por la dirección etarra, pese a las recomendaciones en sentido contrario que formularon algunos abogados y políticos afines como Iñaki Esnaola o Christianne Fandó. Este rechazo fue la causa directa de que París diera vía libre a una estrecha colaboración policial y judicial con las autoridades españolas.

Dos años más tarde, los intentos de conversaciones se materializaron a través de contactos con el dirigente de ETA Txomin Iturbe Abásolo, deportado desde Francia a Gabón y luego desplazado a Argelia. Este primer contacto, en 1986, abre una sucesión de intentos y tanteos que se van a prolongar a lo largo de tres años y que tienen como escenario el país magrebí. Iturbe murió en febrero de 1987. Según el Gobierno argelino al sufrir un accidente de tráfico. Según otras fuentes, como el entonces miembro de ETA Juan Manuel Soares Gamboa, que se encontraba en Argelia, la muerte se produjo al caer del tejado de un edificio que estaban acondicionando como residencia para un grupo de activistas. El papel que desempeñaba el carismático dirigente etarra en Argel fue ocupado por otro veterano miembro de ETA , Eugenio Etxebeste "Antxon", quien fue trasladado al país norteafricano desde Ecuador, donde se encontraba deportado. Le acompañarán como representantes de ETA Ignacio Arakama Mendia "Makario", y Belén González Peñalva "Carmen", que se encontraban también en Argelia.

Los contactos exploratorios entre enviados del Ministerio español del Interior y los dirigentes de ETA se desarrollan en paralelo a una dura campaña de atentados terroristas, entre los que se incluyen los que antes se han mencionado en Madrid y Barcelona y otros como el dirigido contra la Comandancia de la Guardia Civil de Zaragoza, en diciembre de 1987, que se salda con once personas asesinadas, entre ellas cinco niñas. De esta etapa es también reseñable el secuestro de Emiliano Revilla, cometido en febrero de 1988, que se prolongó 249 días, durante los cuales los contactos de Argel quedaron interrumpidos.

Una vez concluido el secuestro, como resultado en parte de las presiones de las autoridades argelinas que actúan como intermediarias, ETA anuncia el 8 de enero de 1989 cese de sus actividades durante quince días, lo que abre el camino a nuevos contactos que serán oficializados y que se mantendrán durante los tres meses siguientes con la prórroga correspondiente de la tregua. El secretario de Estado para la Seguridad, Rafael Vera, y Juan Manuel Eguiagaray, ex dirigente del Partido Socialista de Euskadi y delegado del Gobierno en Murcia, fueron los responsables de mantener los encuentros con los representantes de ETA durante lo que se ha llamado Conversaciones de Argel.

Tras un primer encuentro el 14 de enero, en el que se acordó la prórroga de la tregua y el inicio formal de las conversaciones, la primera reunión "oficial" tuvo lugar el 25 de enero. A ella siguieron otros encuentros los días 14 y 20 de febrero y el 14, el 22 y el 23 de marzo. El examen del proceso político desde la transición hasta 1988 ocupó la mayor parte de esas sesiones. El tono de revisión histórica de las conversaciones cambió drásticamente a raíz de la manifestación para reivindicar la paz convocada por el lehendakari José Antonio Ardanza y los partidos del Pacto de Ajuria Enea el 18 de marzo en Bilbao. ETA interpretó esta multitudinaria manifestación como un intento de boicotear las conversaciones y en el siguiente encuentro, celebrado cuatro días después de la marcha, Etxebeste amenazó con abandonar la mesa.

El proceso entró entonces en una fase de exigencias mutuas -Vera reclamó una tregua indefinida, Antxon la presencia de otros dirigentes como José Antonio Urrutikoetxea, Isidro Garalde o Lorenzo Lasa Mitxelena, entonces encarcelados en Francia, y la formación de una mesa paralela con el PSOE (Partido Socialista Obrero Español)- que situaron las conversaciones al borde de la ruptura.

El 28 de marzo, ETA ofreció su versión de los últimos encuentros presentando acuerdos que, según el Gobierno español, no habían quedado cerrados en la mesa de Argel, entre ellos el traslado de los tres dirigentes y la creación de una "mesa complementaria" entre el PSOE y HB, que suscitó el rechazo de los partidos vascos que quedaban excluidos. La negativa del Gobierno a respaldar públicamente el contenido del comunicado de ETA llevó a la dirección de este grupo a formular un ultimátum de 24 horas para Madrid rectificara. A este ultimátum siguió un segundo, dando setenta y dos horas al gobierno. El día 4 de abril ETA anunció el final de la tregua, que se hizo realidad tres días más tarde con el primer atentado desde hacía tres meses.

La ruptura de la tregua fue respondida con la deportación de todos los miembros de ETA que se encontraban en Argelia, unos hacia Venezuela, otros a Cabo Verde y otros cinco, entre ellos los tres representantes en la mesa de conversaciones, a Santo Domingo. Durante los años 1990 y 1991, la República Dominicana fue escenario de nuevos tanteos entre enviados del Ministerio del Interior y la representación de ETA con vistas a restablecer las condiciones de un nuevo proceso de contactos. Sin embargo, los tanteos no llegaron a cuajar y a lo más que se llegó fue a una conversación telefónica entre Rafael Vera y Eugenio Etxebeste.
El final del proceso de Argel provoca una vuelta a la situación anterior, a la cadencia de atentados y de operaciones policiales contra una ETA que ha puesto la mirada en el año 1992, en el que están previstos importantes acontecimientos en España: las Olimpiadas, en Barcelona, y la Exposición Universal, en Sevilla. Documentos que ETA va elaborando en los años previos ponen de manifiesto la importancia que se concede a esa fecha: se considera que el Gobierno español estará sometido a fuertes presiones internacionales para que no se produzcan incidentes con motivo de los acontecimientos del 92. ETA piensa que si desarrolla una campaña intensa de atentados con antelación, como complemento de las supuestas presiones internacionales, Madrid se verá obligado a entrar en una negociación.

Con esas expectativas, ETA inicia a finales de 1991 una campaña de atentados que alcanzará su máximo nivel en el primer trimestre del año emblemático, en buena parte por la actuación del comando Ekaitz, un grupo que opera a lo largo de la costa mediterránea, desde Barcelona a Sevilla. Sin embargo, los planes de la dirección de ETA se vienen abajo el 29 de marzo de 1992, día en el que la policía francesa, con información proporcionada por la Guardia Civil, lleva a cabo la captura de la Ejecutiva etarra en pleno ( colectivo Artapalo): José Luis Alvarez Santacristina "Txelis", Francisco Mugika Garmendia "Pakito" y José Arregi Erostarbe "Fitipaldi" son sorprendidos en un caserío de la localidad vasco francesa de Bidart cuando celebraban una reunión. Por primera vez en la historia de ETA, la cúpula de esta organización caía en manos de la policía al mismo tiempo. Además, por si la situación no fuera suficientemente grave, apenas dos meses después fueron capturados los miembros del segundo escalón que debían sustituir a los arrestados en Bidart.

Estas operaciones policiales se vieron complementadas con otras actuaciones realizadas en España que llevaron al desmantelamiento del grueso de los efectivos de ETA . El comando Ekaitz, el Vizcaya, el Mugarri, el Askatu, un grupo de extorsión, entre otros, fueron desarticulados en el primer semestre del año. Este conjunto de actuaciones policiales a ambos lados de la frontera provocó una crisis de moral en el seno de ETA, donde por primera vez se creía posible que la organización pudiera desaparecer por efecto de la acción policial, algo que hasta entonces se consideraba impensable. La crisis y el desconcierto internos se agudizaron cuando se conocieron unos documentos escritos por Etxebeste, Belén González e Ignacio Arakama en los que se cuestionaba la estrategia que había llevado la dirección de ETA capturada en Bidart durante las conversaciones de Argel.

La sensación de orfandad política, lo que en algunos documentos internos se denomina síndrome de Bidart, se extendió también al entorno social de ETA, aunque la Coordinadora Abertzale Socialista (KAS) asumió pronto un protagonismo notable encaminado a tapar el vacío de poder que dejó la crisis de ETA y a mantener viva la confianza en las armas. Para esto último elaboró un documento con el que se pretendía responder a los análisis que realizaban los deportados en Santo Domingo.

La respuesta a la crisis de ETA se organizó en una doble dirección: por un lado intentando un rearme ideológico, mediante una serie de debates internos en la izquierda abertzale, y por otro movilizando a las juventudes de KAS para involucrarlas en actividades de violencia callejera, en la llamada kale borroka. La implicación de estos sectores juveniles en actos de violencia había sido muy intensa desde 1990 a principios de 1992 dentro de la campaña desatada contra la autovía Navarra-Gipuzkoa (Autovía de Leizaran), pero el acuerdo alcanzado con las instituciones sobre el trazado a principios del último año había dejado sin objetivo inmediato a esos grupos.

El vacío creado por la crisis de ETA fue cubierto, en buena medida, por la activación de los grupos que habían llevado el peso de los ataques contra al autovía. Este hecho tendrá importantes repercusiones en los años posteriores. En primer lugar, porque la kale borroka se mantendrá como instrumento de violencia de forma permanente, incluso una vez superada la crisis de ETA. Además, porque facilitará la renovación generacional de ETA a partir de la segunda mitad de los noventa con jóvenes que han tenido su primer contacto con la violencia a través de estos grupos del cóctel molotov. La edad media de entrada en ETA a lo largo de los años ochenta y principios de los noventa se va haciendo cada vez más alta, lo que evidencia dificultades crecientes de esta organización para atraer a sectores juveniles. Sin embargo, el proceso comienza a invertirse a partir de 1995 como consecuencia del ingreso en ETA de jóvenes que se han socializado en la práctica de la violencia con los grupos que llevan a cabo la kale borroka.

El rearme ideológico de la izquierda abertzale se desarrolla a través de una sucesión de debates internos que se producen de forma paralela y intercomunicada en KAS, en HB y en la propia ETA y que se van a plasmar en la difusión del documento denominado Alternativa Democrática que ETA hace público en 1995, en el mismo comunicado en el que se asume el intento de asesinato del entonces jefe de la oposición, José María Aznar. El documento deja en segundo plano la estrategia de negociación que se venía manteniendo desde 1978 y aboga por una actuación conjunta de los nacionalistas para avanzar hacia la independencia creando situaciones de hecho al margen de la voluntad de los Estados.

Para llegar al punto de destino trazado en la Alternativa Democrática, ETA y su entorno optan por lo que llaman estrategia de "socialización del sufrimiento" que consiste en extender a la ciudadanía ajena al mundo de ETA la incomodidad y el miedo para provocar o bien su inhibición política o bien su adhesión a la causa de la izquierda abertzale. Se intenta conseguir estos efectos generalizando la violencia callejera y el acoso a toda manifestación pacifista o crítica con el terrorismo, que en 1993, con motivo del secuestro del ingeniero Julio Iglesias Zamora, había sido particularmente intensa. Esta práctica de intimidación se aplicó de forma generalizada a partir de 1995, a raíz del secuestro de José María Aldaya, mediante el acoso de cualquier muestra de apoyo al empresario, acoso que en ocasiones llegó a la agresión y la violencia física.

En segundo lugar, se trató de empujar al PNV para que esta formación cambiara su postura política y se acercara a los postulados de ETA que, con este propósito, asesinó a los ertzainas Joseba Goikoetxea y Montxo Doral y trató de atentar contra el consejero de Interior, Juan María Atutxa. La Ertzaintza fue objeto de especial persecución por parte de los grupos responsables de la violencia callejera que acosaron a los agentes de la policía autonómica con ataques a sus viviendas, a sus coches, a los negocios de sus familiares, etc. Dentro de la misma estrategia se encuadra el acoso sistemático dirigido contra los batzokis entre 1993 y 1997. El propósito de esta campaña era lograr que el PNV se desmarcara del Pacto de Ajuria Enea y se acercara a la izquierda abertzale, única forma con la que ETA veía posible acabar con el marco político vigente.

Además, ETA intenta acabar con la resistencia de la clase política no nacionalista por el procedimiento de atacar a los cargos públicos o personajes relevantes de los dos principales partidos españoles, el PSOE y el Partido Popular (PP). En esta orientación subyace la idea de que los ataques reiterados contra los miembros de las Fuerzas Armadas o los cuerpos de seguridad constituyen una guerra de desgaste que el Estado puede soportar indefinidamente. Por ello se decide atacar a quienes toman las decisiones políticas. Esta idea, reflejada en un documento interno de ETA de 1993, se materializa a partir de 1995 con el asesinato del presidente del P.P. de Gipuzkoa, Gregorio Ordóñez, en el atentado con coche bomba contra José María Aznar, el fallido atentado contra el Rey en Mallorca, los asesinatos del socialista Fernando Múgica o del catedrático Francisco Tomás y Valiente, entre otros.

En la misma línea se encuadra la campaña de atentados contra concejales del Partido Popular que se inició en julio de 1997 con el secuestro y asesinato del edil de Ermua Miguel Ángel Blanco, unos días después de que la Guardia Civil hubiera liberado al funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara, que había estado secuestrado por ETA durante año y medio. El secuestro de Miguel Angel Blanco provocó en Vasconia una movilización multitudinaria sin precedentes contra ETA y HB, aunque no motivó el menor cambio en ETA que en los meses sucesivos siguió cometiendo atentados contra ediles del PP, dentro y fuera del País Vasco.

Sin embargo, la movilización provocada por los sucesos de Ermua sí que hizo mella en el nacionalismo institucional, que temió que aquel episodio pudiera provocar un cambio de mayoría social. Incluso, en las filas de ETA aparecieron focos de disidencia como el protagonizado por José Luis Alvarez Santacristina "Txelis", quien un mes después del asesinato de Blanco suscribía un documento en el que propugnaba el abandono de las armas. El mantenimiento de esta postura, que contaba con el aval de otros activistas destacados como José Luis Urrusolo "Kepa" y Rosario Pikabea o Miguel Angel Gil Cervera, motivó que un año más tarde ETA expulsara de sus filas a quien había sido su ideólogo y miembro de la Ejecutiva.

Tampoco HB fue ajena a la preocupación que suscitaron los episodios de junio del 97. De ello se derivó una serie de contactos con el PNV, a finales de 1997, que quedaron interrumpidos por el ingreso en prisión de la Mesa Nacional de HB por la condena impuesta por haber intentado ceder sus espacios de propaganda electoral en televisión para emitir un vídeo de ETA.

La condena, que sería anulada por el Tribunal Constitucional más tarde, fue el precedente de una nueva línea de persecución judicial protagonizada por el juez Baltasar Garzón a partir de 1998 que se caracterizó por una interpretación amplia de la idea de ETA englobando a las organizaciones de su entorno político. De esta manera, en 1998 se produjo la intervención y el cierre del diario Egin y el desmantelamiento de un grupo de empresas vinculadas por el juez a ETA y KAS, concebidos como una única organización. En el año 2000 se amplió la persecución a la organización Xaki, acusada por el juez de ser la estructura encargada de relaciones internacionales de ETA; después vino Ekin, considerada como la sucesora de KAS; los impulsores de la Fundación Zumalabe y Piztu, un proyecto de desobediencia civil; ya en el 2001 se aplicaron medidas similares contra Haika, la organización juvenil sucesora de Jarrai, que fue ilegalizada por el magistrado, y contra las Gestoras pro amnistía.
Tras los contactos de P.N.V. y H.B. en los meses posteriores a los sucesos de Ermua, en enero de 1998 fue E.T.A. la que tomó la iniciativa de ponerse en contacto con el P.N.V.. Ese primer paso tuvo continuidad con otras gestiones que llevaron, en el verano de ese mismo año, a la redacción de un documento suscrito por E.T.A., P.N.V. y Eusko Alkartasuna (E.A.) en el que los firmantes se comprometían a crear "una institución única y soberana" que abarcase a la Comunidad Autónoma Vasca, Navarra y el País Vasco francés. Los dos partidos se comprometían a romper todos sus acuerdos con el P.P. y el P.S.O.E., que eran tildados de "fuerzas cuyo objetivo es la destrucción de Euskal Herria", mientras E.T.A. proclamaría una tregua, anunciada como indefinida, aunque la previsión inicial real era de cuatro meses.

Aparte de sellar este acuerdo, los dos partidos presentaron unas puntualizaciones, no aceptadas por E.T.A., en las que dejaban abierta una puerta a posibles pactos con otras fuerzas, si la estabilidad de las instituciones lo requería, y se precisaba que la tregua suponía el respeto a los "derechos humanos individuales".

Este documento, cuya condición de pacto negaron luego P.N.V. y E.A. argumentando que E.T.A. no había aceptado sus puntualizaciones y por tanto no se había ratificado el compromiso, motivó la decisión de E.T.A. de anunciar una tregua el 16 septiembre de 1998. Unos días antes, en la localidad navarra de Estella, un grupo de partidos (P.N.V., E.A., H.B. e Izquierda Unida ( I.U.), entre otros), sindicatos Eusko Langilleen Alkartasuna (E.L.A.) y Langile Abertzaleen Batzordea (L.A.B.) y algunas organizaciones sociales suscribieron la Declaración de Lizarra que invocaba el modelo de negociación que se había desarrollado en Irlanda como procedimiento aplicable en el conflicto vasco.

E.T.A. interrumpió sus atentados, pero no cesaron las actuaciones de los grupos protagonistas de la violencia callejera que durante el año de la tregua intensificaron sus ataques contra los adversarios ideológicos, los militantes y cargos públicos del P.P., el Partido Socialista de Euskadi (P.S.E.), intelectuales críticos y miembros de otras organizaciones sociales constitucionalistas que nacieron al calor de los sucesos del verano del 97 como el Foro Ermua o la plataforma "Basta Ya".

La situación política generada a finales del 98 condujo a un cambio de alianzas en las instituciones vascas. Terminó la etapa de los pactos de P.N.V. y E.A. con los socialistas y se culminaron acuerdos con Euskal Herritarrok, nombre de la plataforma electoral que había sustituido a Herri Batasuna en las elecciones autonómicas de octubre de 1998. Estas nuevas alianzas, que se extendieron desde el Gobierno vasco a los ayuntamientos, dieron lugar a la creación de Udalbiltza, una asamblea de electos municipales que pretendía ser la "primera institución nacional vasca". En este contexto, el P.N.V. adoptó, en su Asamblea General de enero de 2000, un giro soberanista que venía tras un periodo de cuestionamiento de la validez del Estatuto. El sindicato E.L.A., que en 1995 había iniciado un proceso de acercamiento a la central abertzale L.A.B., había sido precursor de este tipo de orientación.

Los acuerdos entre nacionalistas y la intensificación del acoso de la violencia callejera contra los no nacionalistas motivó un acercamiento en la práctica entre P.P. y P.S.E. y un aumento de la tensión social en Euskadi, hasta el punto de que algunos analistas llegaron a advertir del riesgo de que se produjera una fractura de la sociedad en dos comunidades.

A pesar de los pasos dados por P.N.V. y E.A., E.T.A. no se mostró satisfecha con el ritmo político que marcaban estas dos formaciones políticas y a principios de julio de 1999 les comunicó su intención de romper la tregua porque no habían aceptado su exigencia de promover unas elecciones para la constitución de un Parlamento de Euskal Herria, que conllevaba la abstención de estas formaciones políticas en las elecciones generales previstas para el año 2000. P.N.V. y E.A. rechazaron este planteamiento que fue calificado de "fantasía de laboratorio", según el acta de la reunión elaborada por E.T.A..

Apenas un mes antes de que E.T.A. anunciara a sus interlocutores la decisión de romper la tregua se había hecho público que sus representantes habían mantenido un contacto con los enviados del presidente del Gobierno José María Aznar. E.T.A., que en un documento interno había señalado que "el Gobierno español no es ni actor ni destinatario, el Gobierno francés tampoco, pero sin duda alguna, la tregua les concierne directamente", mantuvo un canal de intercambio de comunicaciones a través del entonces obispo de Zamora, Juan María Uriarte. Este canal sirvió para concertar la cita que se celebró el 19 de mayo, en Suiza, con asistencia del secretario general de la Presidencia, Javier Zarzalejos, del secretario de Estado para la Seguridad, Ricardo Martí Fluxá, y del asesor de Aznar, Pedro Arriola. Enfrente tuvieron a los responsables del "aparato político" de E.T.A. Mikel Albizu Iriarte, Vicente Goikoetxea y Belén González. También estuvo presente el mediador, monseñor Uriarte.

La celebración del encuentro, que se mantuvo en secreto hasta que el Gobierno reconoció su existencia el 7 de junio, no registró más acuerdo que el de volver a reunirse a finales de julio. Sin embargo, la decisión de romper la tregua por sus desacuerdos con P.N.V. y E.A. impidió que hubiera un segundo encuentro y E.T.A. fue escenificando la ruptura de forma paulatina. El día 25 de julio el Gobierno recibió una comunicación de E.T.A. en la que se anunciaba la suspensión del encuentro previsto. Un mes más tarde, el 26 de agosto, E.T.A. difundía un comunicado en el que se aludía indirectamente a razones de seguridad y a que el intermediario, el obispo de Zamora, monseñor Uriarte, podía estar "quemado". En otro nuevo comunicado, del 28 de agosto, E.T.A. criticaba abiertamente a sectores del P.N.V..

Dado que ni P.N.V. ni E.A. variaron su postura sobre los planteamientos hechos por E.T.A. durante el verano, la ruptura de la tregua se hizo oficial el 28 de noviembre. La declaración que oficializaba la ruptura era plenamente coherente con el proceso que se ha descrito: se hacían duras críticas a P.N.V. y a E.A., sobre quienes se descargaba la responsabilidad de la situación. El Gobierno de José María Aznar apenas merecía un papel de segundo orden en el reparto de culpas.

La ruptura efectiva se consumó el 21 de enero de 2000 con el asesinato en Madrid de un teniente coronel del Ejército, al que pronto siguieron otras víctimas como el dirigente socialista Fernando Buesa, el columnista José Luis López de Lacalle o el concejal del P.P. en Durango Jesús María Pedrosa. El fin de la tregua supuso también el final del acuerdo parlamentario del Gobierno vasco con Euskal Herritarrok y el comienzo de una etapa de inestabilidad por la falta de apoyo suficiente del Ejecutivo en la cámara. En el verano de ese año, E.T.A. inició una dura ofensiva de atentados contra toda clase de cargos públicos del P.P. y contra dirigentes del P.S.O.E. con el objetivo de aislar a P.N.V.-E.A. y forzar a estos partidos a entenderse de nuevo con E.T.A.. La nómina de objetivos se amplió en enero de 2001 con la inclusión de los concejales socialistas entre las víctimas de E.T.A. como respuesta al Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo que el P.S.O.E. y el P.P. habían firmado poco después de que fuera asesinado en Barcelona el ex ministro de Sanidad Ernest Lluch.

La estrategia de E.T.A. hasta la celebración de las elecciones autonómicas del 13 de mayo de 2001 está orientada a impedir que P.N.V. y E.A. puedan buscar un entendimiento con los socialistas y para ello recurre al asesinato de los adversarios políticos de los nacionalistas a fin de acentuar las tensiones. Sin embargo, a medida que pasa el tiempo E.T.A. percibe que no avanza en su estrategia y empieza a incluir entre sus objetivos a personas del entorno nacionalista a fin de acercar la presión a las cúpulas de P.N.V. y de E.A. En este sentido es interpretable el asesinato el empresario José María Korta, próximo al P.N.V., y la vuelta, a partir de marzo de 2001, de los atentados contra agentes de la Ertzaintza de forma indiscriminada, por el mero hecho de formar parte de la policía vasca.

Las elecciones de mayo de 2001, con un trasvase de más de 80.000 votos de E.H. hacia P.N.V.-EA, trastocan la estrategia de E.T.A. al comprobar que, un año y medio después de rota la tregua, no ha logrado hacer que P.N.V.-EA dieran marcha atrás y al esfumarse la esperanza de poder condicionar al nuevo Gobierno Vasco con los escaños de Batasuna ( ex H.B.) al perder esta formación siete de los catorce parlamentarios que tenía en la cámara. E.T.A. reconoció el descalabro en el boletín interno "Zutabe" del mes de junio admitiendo que los resultados echaban por tierra "la estrategia llevada a cabo en los últimos tres años por la izquierda abertzale y facilitando la huida de votos a P.N.V.?E.A.". El 2001 se cerraba con esta crisis de una E.T.A. que no podía mantener su estrategia de arrastrar a P.N.V. y E.A. como había pretendido en los años anteriores, y que volvía a hacer guiños a la posibilidad de una negociación con los Estados español y francés.

Florencio DOMÍNGUEZ IRIBARREN

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