Léxico

ANTROPONIMIA

Los nombres antiguos. Lo que de ellos conocemos lo sabemos casi todo gracias a una circunstancia afortunada: la conservación de un número no despreciable de inscripciones de época romana en la Aquitania. Ellas nos dan, aparte del dato inapreciable de que en zonas bastante extensas del sur de Francia subsistían hablas íntimamente relacionadas con el vasco -uno de los pocos conocimientos absolutamente seguros que poseemos acerca de la familia lingüística a que pertenece nuestra lengua-, una cierta documentación sobre nuestra onomástica antigua, pues lo que en ellas no es latín son nombres de personas o divinidades. Limitándonos a lo más seguro, podemos obtener de ellas un cierto número de palabras, en algunos casos prácticamente iguales a voces vascas bien conocidas, y un cierto número de elementos de derivación. Y, a pesar del carácter fragmentario del material y de las dificultades de interpretación, podemos sacar algunas importantes conclusiones sobre el sistema de los nombres mismos.

Un grupo importante está constituido por: Cison (Cisonten, Cisonbonnis gen.), vasc. gizon "hombre"; Andere (Anderexo, Anderexso, Andereni dat., Anderitia), vasc. and(e)re, "señora, mujer"; Nescato, vasc. neskato "muchacha"; Sembus, si su terminación ha sido latinizada, Sembeconni dat., Sembedonnis gen., Sembetten, Sembetennis gen., Sembexonis gen., vasc. seme "hijo"; Senicco, Seniponnis gen., Senitennis gen., vasc. se(h)i, sei(n) "niño", de *seni (cf. el ap. Sein). No creo en cambio que se pueda mantener la identificación usual de Senarri dat. (que Seymour de Ricci se inclinaba a leer Sentarri) con el vasc. sen(h)ar "marido", pues se trata claramente de un nombre de mujer y lo que sabemos acerca del género en los nombres aquitanos habla en contra de la posibilidad de ese hecho.

Menos seguro y menos numeroso es el grupo de los numerales: Laurco, vasc. laur "cuatro" y Borsei gen., vasc. bor(t)z "cinco", de donde, según pienso, se ha originado bost en composición (bost-eun "500", etc.). Hay hechos latinos análogos de todos conocidos.

Hay también nombres de animales: Harsi gen., vasc. (h)artz "oso", Osson, Oxson "lobo" (nombre medieval Ochoa). Y otros varios como Bihoxus, Bihoscinnis gen., vasc. bi(h)otz "corazón", etc. y nombres de divinidades que parecen nombres de plantas como Arixo deo, Marti Arixoni dat. (h)aritz "roble" (y "árbol" en general), Artehe deo, vasc. art(h)e "encina". A estas últimas identificaciones les da seguridad el hecho de que se mencione también a Sexs Arbori deo y a Fago deo, que se refiere sin duda al haya.

Estos hechos, y otros más o menos seguros, han sido expuestos muchas veces y son generalmente conocidos. Tal vez no sea, sin embargo, tan conocido el comentario de orden psicológico que sugirieron a G. Bähr y que ahora traduzco: "Como resalta de los ejemplos que acabamos de presentar, los vascos antiguos empleaban frecuentemente designaciones de parentesco como nombres personales. Este uso está bastante extendido como fenómeno aislado, pero aquí es asombrosa la proporción de nombres de parentesco en los nombres que han llegado hasta nosotros. Pero también hay un paralelo: en los dialectos frisones. Allí se encuentran, como nombres de pila y apellidos, Wibke, Mann, Stihnke, Broder, en Helgoland Fraucke, Mamke y, en el s. XVII, Stinneke, Süster, Vetter, etc. (En la lengua oficial alemana actual, Weib es "mujer", Mann "hombre", Sohn "hijo", Bruder "hermano", Frau "señora", "esposa", Mama "mamá", Schwester "hermana", Vetter "primo").

Esta práctica se atribuye a una cierta falta de imaginación y prosaísmo (Nuchternheit) en el modo de pensar de los frisones. Lo mismo se puede pensar, pues, de los aquitanos, y de sus descendientes, los vascos, se puede decir con razón que se distinguen principalmente de los castellanos por su prosaísmo y carácter práctico (Sachlichkeit) y les son inferiores en fantasía" (Baskisch und Iberisch, 40-41). Acaso tenga razón en sus apreciaciones, pero quiero advertir que las conclusiones de los lingüistas, si por desgracia tienen que ser aventuradas demasiadas veces en su propio terreno, no ganan en certeza cuando las extienden a particularidades de carácter de los distintos pueblos. En los nombres propios aquitanos se descubren además algunos adjetivos: Belex (Belaxconnis, Harbelex, etc.), vasc. beltz "negro", Ilurberritxo dat., nombre de divinidad, vasc. berri "nuevo", Baicorisco deo (Baigorixo, etc.), tan parecido al toponimo Baigorri, cuyo elemento final parece igual al vasco gorri "rojo", Astoilunno, lluni deo, Herculi Ilunno Andose, todos en dat., y el antr. Ilunnosi gen., vasc. il(h)un "oscuro"; y, por otra parte, algunos sufijos que parecen tener equivalencia vasca (-co, -xo(n), -tar) y otros sin ella (-bon-, -ten-).

En cuanto al sistema fónico se ha señalado muchas veces la frecuencia de la letra h; yo añadiría como importantes las grafías geminadas ll y nn, que parecen explicar hechos vascos (de tratarse de una -l- antigua, era de esperar *irun en vez de il(h)un, p. ej.). Sobre todo el hecho de que se escriban así ante lo que parecen sufijos o desinencias encuentra un paralelo en grafías medievales como Apalla, Zaballa, etc.

De la parte española sabemos bastante menos. Algunos de los componentes de la Turma Salluitana, cuyos nombres figuran en el bronce de Ascoli, eran seguramente vascones, pero sus nombres tienen, como la mayoría, un aspecto "ibérico". Y hoy por hoy no parece que entre la lengua vasca y la que llamamos ibérica, aunque no sabemos de ella o ellas apenas nada más que el aspecto externo de algunas palabras, haya otras relaciones que las nacidas de su proximidad geográfica, aunque éstas en algún caso sean indiscutibles (ib. beles en nombres como Beles, Umarbeles, el toponimo lliberri, etc.).

La aparición de nombres de tipo no vasco ni ibérico, sino más bien indoeuropeo, en territorio históricamente vasco, como Ambatus, Boutia, Calaetus, Equesus, Segontius, Vironus, etc., no creo que tenga otro alcance que el de confirmar que el territorio vasco en general -sin distinciones regionales-, lejos de haberse visto libre de influencias indoeuropeas prerromanas, fue afectado grandemente por ellas. A mi entender, dejando a un lado testimonios arqueológicos que no puedo valorar exactamente pero que apuntan en el mismo sentido, queda abundante rastro de ello en la toponimia vasca y ese rastro habrá de ser explorado más sistemáticamente que hasta ahora.
Los nombres medievales. En la Edad Media aparecen en documentos e inscripciones nombres típicos cuya clasificación y distribución geográfica no está aún suficientemente hecha. Se pueden distinguir, por frecuencias, dos zonas: la navarra y la próxima a Castilla. De estos nombres unos tienen su equivalente en palabras vascas conocidas, otros no tienen explicación vasca que se me alcance. Dejando a un lado los nombres de clara estirpe latina (Fortún, Meteri, Sancho, etc.), volvemos a encontrar dos grupos que conocemos por las inscripciones aquitanas, los nombres de parentesco y los nombres de animales: Ama, And(e)re, Annaya, Eita (Aita) y probablemente Ozaba, a pesar de la pintoresca afirmación que alguien hizo de que en vascuence significa «eunuco, castrado», usados en muchos casos como «prenombres»; Ahardia, Azenari, Bela (y Belasco), Belaza, Belagga (es decir, Belacha), Ochoa (Ochanda, Ochoco, Osaco), Usoa y acaso García. Y otros nombres como Iaunso (cf. Jaunti), vasc. jaun «señor», y adjetivos como Apalla, Beraxa (vasc. bera(t)x, beratz «blando, tierno», «compasivo, caritativo», cf. lat. Benignus), Galuarra, Ozarrna, Urdina y acaso Xemen(o); y sufijos como -sso, -zo, -zu, -tar (-ar) y el -sko que aparece en Belasco y en Higgusco (vasc. itsu, itxu «ciego»). A su lado otros de distinta explicación o sin explicación: Amusco, Enneco (hay Enneges o Enneces en el bronce de Ascoli y el étnico Ennecensis), Gideri, Hoco, Lehdari, Narriate(s), Nequeti, Obeco, Oroivo, Ulaquide, etc. Aunque quizá no se pueda excluir el origen latino, o al menos la mediación latina, en alguno de ellos: así J. M. Piel explica Oroivo por el gr. Oróbios. - Luis Michelena Ver APELLIDO