Historians

Yanguas y Miranda, José

El apoderado del Alma del licenciado Elizondo.

Historiador y político navarro. Nacido en Tudela el 15 de marzo de 1782 y fallecido en Pamplona el 25 de setiembre de 1863.

Perteneciente a una familia de hidalgos y escribanos "de pobre hacienda", fue enviado a efectuar sus primeros estudios a Zaragoza -donde su padre trabajó eventualmente en el Canal Imperial de Aragón y consiguió la ayuda de Pignatelli- con un tío canónigo, Agustín Yanguas y Mateo. En 1806 aspiró al puesto de escribano del ayuntamiento tudelano, cargo al que, tras diversas vicisitudes, accede como titular. No demostró hostilidad alguna al ocupante francés y, tras un malentendido entre las tropas guerrilleras de Espoz y Mina y la Diputación, fue retenido, junto con otros, por éste, y por los franceses también, suponiéndole éstos complicidad con los alzados. Algo más tarde ocupa un cargo en la Junta de Defensa, manifestándose públicamente como liberal y constitucional. Hacia el 1813, año en que es confirmado oficialmente en su puesto de escribano real por el ayuntamiento constitucional, aparece su folleto Relación de los principales sucesos ocurridos en Tudela desde el principio de la guerra de Bonaparte hasta la expulsión de los franceses de España (Archivo Municipal de Tudela), relato en el que pueden seguirse sus vicisitudes en la francesada. En 1817 asistió, como síndico de Tudela, a las Cortes de Navarra lo cual le proporcionó experiencia de primera mano sobre el funcionamiento de esta institución. Con el advenimiento del Trienio Constitucional fue elegido secretario de la Junta de Armamentos y Defensa. Y en 1823, al llegar los Cien Mil Hijos de San Luis, fue encarcelado en Puente la Reina. Antes de este suceso había terminado su obra Diccionario histórico político de Tudela, realizada al ordenar el archivo municipal, cuya publicación impidió la censura hasta 1828, año en que aparece en Zaragoza. Consigue pasar a Francia, donde aprende el oficio de relojero en un afamado taller de Baiona. En 1826 se traslada a San Sebastián y abre en esta ciudad una tienda y negocio de relojería. Pronto toma contacto en la Bella Easo con los círculos intelectuales y liberales y publica el Diccionario de Fueros y Leyes de Navarra (1828). Refiriéndose a esta obra escribió luego, en una nota de la voz "Fuero General" del Diccionario de 1840:

"No se explican las circunstancias de este código porque sólo ellas necesitan un volumen y existe en efecto en el Diccionario de los fueros y leyes que publiqué en 1828, pero debo hacer aquí una manifestación reclamando, al mismo tiempo, la indulgencia de los lectores, no sólo acerca de los errores que puedan hallar en aquella obra, sino también de las contradicciones que resulten con el presente Diccionario, el de los fueros lo escribí para distraer mi espíritu durante la prisión de 15 meses que sufrí por el cambio político del año 1823, y entonces no había yo visto otro Archivo que el de Tudela, ni el Fuero de Sobrarbe, ni el manuscrito original del de Navarra, ni sospeché que éste se halla considerablemente mutilado en la impresión, y es una de las causas que contribuyen a la oscuridad de su inteligencia".

En 1829 es amnistiado y rehabilitado en su cargo de escribano real. La Diputación lo envía a Pau a efectuar ciertos trabajos sobre historia y paleografía. Al año siguiente consigue el ansiado cargo de archivero de Navarra en Pamplona, lo que le permite intensificar su labor historiográfica y archivística, en gran parte facilitada por el positivo desempeño del cargo de los archiveros que le precedieron, en especial el P. Liciniano Sáez y su Índice de 29 tomos, algunos de cuyos errores Yanguas copia, razón por la que, aun siendo utilísima, su obra documental debe de ser compulsada con los originales. En 1832 aparece en San Sebastián su Historia compendiada del Reino de Navarra y, al siguiente, la Contragerigonza, ensayo crítico-jurídico contra el libro de José María Zuaznavar Ensayo histórico crítico sobre la legislación en Navarra. Parte en misión (novienbre 1832-julio 1833) a Madrid, donde solicita a la Reina la rehabilitación de las Leyes forales. En 1836 es nombrado secretario de la Diputación de Navarra; gran parte de la literatura política que emana de la Institución, durante la guerra, se debe a su mano. En 1838 publica el folleto Análisis histórico crítico de los fueros de Navarra, en un momento en el que, en el campo liberal moderado, crece el sentimiento fuerista.

En su análisis trata de poner de manifiesto la inviabilidad del sistema de Cortes de Navarra tal como había funcionado (por brazos) hasta la última convocatoria, contraponiéndolo a las Juntas de Álava, Bizkaia y Gipuzkoa con "un sistema mucho más sencillo y acomodable a las vicisitudes de los tiempos". El resultado de sus análisis y privilegiada posición es el "arreglo" de los Fueros, en cuya remodelación y redacción participa Yanguas muy activamente (Ley de Fueros de 1841). Sus éxitos como político le espolean más intensamente al estudio. Desde 1840, en que aparece en Pamplona su célebre Diccionario de Antigüedades del Reino de Navarra, hasta su muerte, se sucede en imprenta gran número de obras. En 1843 ven la luz en Pamplona las Adicciones al Diccionario..., la Historia de la conquista de Navarra por el duque de Alba y la Crónica de los Reyes de Navarra del Príncipe de Viana. Posteriormente su Vida del Capitán don Juan de Lanas, publicada en Donostia en 1845, obra en la que critica el partidismo de su época con un personaje central que quiere ser Espoz. Su última obra histórica de importancia es el Diccionario de palabras anticuadas que contienen los documentos del Archivo de Navarra (Pamplona, 1854).

Dejó, asimismo, numerosos memoriales, recopilaciones legislativas y estudios de diversa índole, de gran valor para el estudio de la ideología liberal navarra y su encrucijada ante la revolución niveladora, por una parte, y un marcado sentimiento regional, por otra. Sus últimos años trascurrieron en el Archivo de Navarra en incansable afán investigador. Era miembro de numerosas sociedades eruditas, entre las que destacan la de Anticuarios de Copenhague, la Comisión de Monumentos y la Real Academia Española de la Historia, en la que ingresó en 1841.

En cuanto a su biografía, el principal esfuerzo se debe a su paisano J. Ramón Castro que ha publicado varias obras al respecto, entre las cuales la de la Ed. Gómez (1963). Interesa también el art. Yanguas y Miranda y su crítica a las Cortes de Navarra de A. Floristán Imízcoz, en "Cuad. de Sección", Derecho, nº 6 (Jornadas sobre Cortes, Juntas y Parlamentos del Pueblo Vasco) y Salinas Quijada, F.: Yanguas y Miranda: su obra jurídica, "Artículos y conferencias (1977-1992)", Pamplona, 1993.