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Tártalo

Tártalo es el nombre del cíclope pastor de la mitología vasca. En algunos lugares es llamado también Tártaro y Torto, y Alarabi en la comarca de Markina.


Azkue


Tártalo es un cíclope, es decir, que tiene un solo ojo en medio de la frente. Es un gigante de fuerzas hercúleas que vive en una cueva en la que guarda sus hermosos rebaños para pasar la noche. Además es aficionado a comer cristianos en cuanto tiene ocasión. Estas son las características comunes a todas las versiones. Hay otros rasgos que varían según las distintas narraciones: a veces es un ser solitario, a veces tiene esposa, aunque no parece que vive en comunidad con otros cíclopes. Sin embargo también nos encontramos con alguna versión que cuenta la historia del cíclope atribuyéndosela a un gentil. Por otra parte Barandiarán nos dice que, según algunos, es considerado el primer pastor.



La leyenda de Tártalo está muy extendida y ha sido recogida con profusión por los etnógrafos. Destacan entre éstos J.F. Cerquand, que trabajó en Iparralde en el siglo XIX y José Miguel Barandiarán que lo hizo en Hegoalde en el siglo XX. Reproducimos una de las versiones más antiguas, registrada por Cerquand en Santa Grazi (Soule):

"Un día un muchacho se internó en el bosque y se encontró con un Tártaro, que lo llevó a su casa. El Tártaro solía comer alguna persona cada día y la hora del muchacho se acercaba. Una noche, el Tártaro, cansado, se recostó junto al fuego. Entonces, qué hizo el muchacho?. Coge un asador y se lo clava en el único ojo de su frente. Luego se esconde entre los carneros del Tártaro. No podía abrir la puerta y no sabía qué hacer para escapar. Coge el mayor de los carneros y lo degüella. Luego se cubre con su piel y se ata el cencerro al cuello.

Al día siguiente el Tártaro se dispone a enviar a pastar a sus carneros y se coloca en el costado de la puerta para que no escape el muchacho. Éste permanece entre los últimos del rebaño silenciosamente. Pero el Tártaro palpaba cada animal al salir. Al tocar al muchacho en seguida reconoce el engaño y agarra la lana, pero aquél huye dejando al Tártaro con la piel en la mano. El Tártaro sale corriendo tras él pero no podía guiarse. Le lanza un hermoso anillo para que lo recoja. El muchacho lo hace y se lo pone en el meñique. Pero el anillo gritaba: "Aquí estoy, aquí estoy!" y entonces el Tártaro comenzó a acercarse cada vez más al muchacho y estaba a punto de darle alcance. Este quería abrir el anillo pero no podía. Qué hace entonces? Se corta el dedo y lo arroja con su anillo a un agua profunda que había allí. El anillo seguía gritando "Aquí estoy, aquí estoy!" . El Tártaro se abalanzó y allí mismo se ahogó" (Cerquand, 1875-87).

Existen variantes locales sobre el modo en que se guía el cíclope cegado y sobre la manera en que muere. El más extendido es el motivo del anillo hablador, aunque también en alguna versión lo vemos guiarse por el sonido de los pasos del fugitivo, y junto al ahogamiento en el río o pozo de aguas profundas, también encontramos la muerte por despeñamiento.

La leyenda del pastor cíclope que un héroe ciega clavando una estaca en su único ojo ha sido registrada en numerosos lugares, aunque nunca se haya realizado un estudio monográfico comparativo. El ejemplo más conocido es sin duda el Polifemo de la Odisea de Homero. Este cíclope que aparece en más obras clásicas griegas y romanas, es situado por Homero en la isla de Sicilia, junto con otros individuos de su misma especie. Según esta versión, Ulises es el héroe que ciega al cíclope y huye robando sus ovejas. La misma leyenda del pastor cíclope está abundantemente atestiguada a lo largo del Pirineo: recibe el nombre de Bécut entre los gascones de Bearne y Bigorre, es Lou Gigant del país de Soult y el Ulhart de Foix, siendo también conocido bajo este mismo nombre en los Alpes franceses. Por último, tenemos la referencia de hace más de siglo y cuarto de Antoine d'Abbadie, que refiere haber oído relatar la misma leyenda en Abisinia en 1843, aunque el índice Aarne-Thompson universalmente usado, no muestra versión africana alguna de la historia (AT1137).

El hecho de que la leyenda de Polifemo haya gozado de tanta popularidad en el mundo clásico de Grecia y Roma añade una dificultad suplementaria a la labor de descifrar su origen y significado, puesto que supone que haya podido circular y extenderse por más circuitos que los habituales. Pero podemos decir para empezar que, según la opinión unánime de los expertos, las versiones vascas de la leyenda no tienen su origen en el relato homérico. Igual de unánime es la opinión de que Homero no fue el creador de dicha leyenda, sino que se limitó a mezclar y a adornar diversas tradiciones orales que ya circulaban previamente, cada una por su lado.

En cuanto a su significado, la leyenda obviamente no se cuenta en el mismo contexto en el que fue creada, y ya ha perdido el significado y la intencionalidad que debió poseer en aquel momento. Una vez roto el vínculo con su contexto original, se vuelve pura ficción y se adentra en una evolución literaria en la que irá transformándose e incorporando nuevos motivos y anécdotas. Por tanto, es necesario un análisis para poder determinar cuáles pueden ser los elementos más auténticos y originales. Dichos elementos fundamentales son los siguientes: el pastor cíclope es un ser semejante a los gentiles. Aunque casi ninguna versión ofrece referencias megalíticas explícitas, los clásicos los sitúan en dos áreas de gran concentración dolménica, como Sicilia y Asia Menor, y su distribución en Europa también coincide con esa característica. Además, y aunque se trata de una asimilación posterior, el pueblo los ha confundido a veces con los gentiles, como por ejemplo en el relato situado en Muskia (Ataun), o al bautizar un dolmen con el nombre de Tartaloetxe (Casa de Tártalo) como sucede en Zegama. El pastor cíclope es un ser semejante a un gentil, pero al contrario que éstos, sólo disponemos de la versión negativa. En efecto, los gentiles aparecen en la mitología con dos caracterizaciones, una buena y la otra mala. La buena corresponde a la versión original, y la mala al proceso de demonización que sigue al cambio cultural y religioso. Sin embargo Tártalo carece de versión positiva.

Tártalo y todos sus homólogos están vinculados a la riqueza y a la abundancia: poseen hermosos rebaños, ovejas gordas con cuernos de oro, quesos densos y brillantes y odres repletos de vino. Los personajes que acaban en su cueva codician casi siempre alguno de esos bienes e intentan o consiguen robarlos. A la mayor fuerza del Tártalo opone el héroe su mayor astucia, que acaba por imponerse.

Todos estos elementos fundamentales parecen señalar la hipótesis del robo del héroe cultural, aunque falta la mención explícita del mismo. El esquema presenta una semejanza notable con el de las leyendas de Sanmartintxiki y sus episodios de "espionaje industrial" a los gentiles de Muskia. No sólo en el caso de los cíclopes vascos, sino en el de todos ellos. Ulises se lleva las gordas ovejas de Polifemo y los niños gascones los cuernos de oro de las ovejas muertas que se ha comido el Bécud, pero ni uno ni otro robo guardan semejanza con el robo tecnológico de Sanmartintxiki. La versión de Santa Grazi que hemos reproducido al inicio podría contener la clave del asunto: en ella aparece el motivo del anillo hablador, siempre presente en las versiones vascas, integrado en la narración de un modo muy forzado y torpe. En casi todas las versiones el cíclope cegado se guía por las voces del anillo hasta casi atrapar al fugitivo. En la versión de Santa Grazi, el héroe, además de cubrirse con la piel del carnero, se ata al cuello el cencerro de aquél cuando trata de esconderse del cíclope. Sin embargo y debido a la intromisión forzada del anillo hablador, el narrador se olvida del cencerro atado al cuello del joven, que sin duda también contribuye a guiar al cíclope. Si una versión anterior tratara del robo del cencerro y su difusión posterior entre los humanos, la leyenda del Tártalo encajaría plenamente en la categoría de robo llevado a cabo por un héroe cultural.

Desde la lejanía de nuestro presente no resulta fácil visualizar la revolución que debió suponer en su momento la aparición del cencerro. Los pastores conocen y distinguen el sonido de cada cencerro y sólo por dicho sonido saben a quién pertenece el ganado e incluso llegan a identificar al animal sin verlo. El cencerro debió aumentar drásticamente la productividad de la ganadería, haciendo posible dejar solos en la montaña a un gran número de animales, pudiendo luego localizarlos cuando fuera necesario. Y sin duda, y como sucede con cualquier adelanto tecnológico, circularían historias y leyendas en torno al sonido de los cencerros, historias y leyendas que lógicamente han caído en el olvido al cambiar el contexto cultural.

Las menciones a la excelencia como pastores de los cíclopes, a la calidad de sus ovejas y quesos, el título de "primer pastor" del que nos habla Barandiarán, los detalles de algunas versionas en cuanto a cómo era el cíclope capaz de reconocer una a una a sus ovejas, todo ello refuerza la hipótesis del robo de conocimiento perpetrado por el héroe cultural. Y la gran frecuencia del motivo del anillo parlante, junto con el "fósil" del cencerro olvidado, sugieren que dicho cencerro pudo ser el objeto original que el héroe sustrae, voluntaria o involuntariamente, de la cueva del cíclope.

Por último, el carácter exclusivamente malvado de los cíclopes vascos y su falta general de vinculación a lugares concretos del paisaje, -con alguna excepción ya señalada y explicada-, apuntan a que se trata de una demonización de la mitología de los gentiles, una demonización que se habría producido fuera del ámbito geográfico vasco. Los cíclopes llegaron presumiblemente a nuestro país, ya demonizados por culturas posteriores a la dolménica, y posiblemente junto con la tecnología de los cencerros.

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