Syndicates

Solidaridad de Trabajadores Vascos (1997 version)

Sindicato de trabajadores vascos.

El proceso de profunda transformación política y social que caracterizó a las sociedades de la Europa decimonónica, esta "doble revolución" (E. Hobsbawm), trajo consigo, por una parte, la articulación de unos movimientos nacionales cuya finalidad radicaba en la superación de la tutela absolutista, aristocrática y clerical y la instalación de la soberanía nacional en el marco de un Estado-nación que hiciera realidad la idea de la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley. Por otra parte, el avance del capitalismo y de la industrialización enterró definitivamente a la vieja sociedad estamental, sustituyéndola por una nueva sociedad de clases marcada por los conflictos de sus dos protagonistas principales, la burguesía y la clase obrera. La génesis del nacionalismo y de las nuevas clases sociales son, pues, fenómenos paralelos de un mismo proceso histórico y por lo tanto es lógico que tuvieran una influencia recíproca. Frente a la vinculación reduccionista del nacionalismo a los intereses de la burguesía que habían defendido Marx y Engels y otros líderes y teóricos marxistas (R. Luxemburg y K. Kautsky entre otros), en la realidad histórica el nacionalismo se ha revelado como una ideología mucho más compleja y ambigua, que no conoce fronteras sociales. Es capaz de penetrar teóricamente en todas las clases y grupos sociales, también en la clase obrera. Los ejemplos que lo comprueban son múltiples. Ahí está el desmembramiento nacional de las organizaciones obreras de la II Internacional en el viejo Imperio Austro-Húngaro o la solidaridad con sus respectivos gobiernos nacionales mostrada por estas mismas organizaciones al comienzo de la I Guerra Mundial. Pero no hay que ir tan lejos, ya que la existencia de un sindicato obrero nacionalista en Euskadi es otra muestra patente del atractivo interclasista del nacionalismo.

LME

La fundación de "Solidaridad de Obreros Vascos-Eusko Langileen Alkartasuna" en junio de 1911 hizo por fin realidad la vieja propuesta de Sabino Arana, quien ya en 1897 había publicado un llamamiento a los obreros vascos animándoles a organizarse entre ellos, para de esta manera combatir tanto a la "despótica opresión burguesa" como a la aún "más odiosa dominación maketa" por parte de los obreros inmigrados y las organizaciones socialistas. Después de la muerte de Sabino, el Partido Nacionalista Vasco retomó esta idea del fundador y estableció en su organigrama unas "Comisiones de Acción Social", siendo la de Vizcaya la que preparó la fundación del sindicato. ¿Quiénes fueron estos primeros sindicalistas nacionalistas?. Nuevas investigaciones han puesto de relieve un interesante paralelismo entre el perfil social de los primeros "Solidarios" y el de los primeros sindicalistas de las organizaciones obreras de otros países europeos como Inglaterra. Francia o Alemania En todos estos casos fueron los obreros cualificados, a menudo con una cierta tradición organizativa artesanal, los que constituían la base de lo, primeros sindicatos obreros. En el caso vasco de ELA se puede observar un predominio de profesiones ligadas al sector de la construcción y de la industria siderúrgica y metalúrgica del hinterland industrial de Bilbao, mientras que el sindicato nacionalista no arraigó entre los obreros del muelle -sometidos a una fuerte presión empresarial- y tuvo sus problemas en el sector minero, un sector con altas cotas de obreros inmigrados.El paralelismo entre los países europeos y la evolución de los afiliados de ELA sigue durante los años de la I Guerra Mundial y la postguerra, porque es entonces, y debido al ciclo expansivo de las industrias europeas y vasca, cuando se produce una mayor "proletarización" de los afiliados de las organizaciones obreras en el sentido de una mayor presencia de jóvenes obreros no-cualificados de las grandes plantas industriales entre sus filas. Los escasos datos sobre el número de afiliados de ELA nos demuestran su fuerza en las localidades cercanas a los grandes centros industriales y su relativamente constante crecimiento, de manera que al comienzo de la dictadura de Primo de Rivera en Vizcaya casi había alcanzado el número de afiliados de la UGT si bien no sólo por mérito propio sino también por la enorme crisis y pérdida de afiliados por la que había pasado la UGT entre 1921 y 1923. Salvo su ya mencionada debilidad en ramas industriales con un alto porcentaje de obreros de origen no-vasco, el perfil social del sindicalista "solidario" ya no se distinguía demasiado del "ugetista tipo". Los inmigrantes quedaron excluidos expresis verbis de la organización sindical nacionalista por el requisito reglamentario de tener entre los primeros cuatro apellidos por lo menos uno vasco, una práctica aranista seguida asimismo por el partido.

Como organización gestionada en el seno del PNV no ha de extrañar la afinidad ideológica entre partido y sindicato. Los ejes centrales del discurso de ELA se pueden resumir con las claves de antisocialismo, vasquismo. catolicismo y, armonía de clases. Dada la ausencia de verdaderos dirigentes e ideólogos carismáticos en las filas del sindicato durante los primeros años de su existencia, fueron los ideólogos del partido los principales encargados de elaborar el discurso del sindicato, entre ellos no sólo el omnipresente "Kizkitza" (Engracio de Aranzadi), sino también muchos clérigos. No obstante, en los años de la postguerra, que marcan una importante cesura en la historia del sindicato nacionalista, junto con la ortodoxia sabiniana se van articulando voces críticas, aún minoritarias, que reflejan a nivel ideológico un proceso que se hará patente también en otros ámbitos: un importante avance en el proceso de la formación de la conciencia de clase. Críticas a la discriminación de los obreros inmigrados y sobre todo a la prueba de los apellidos, atrevidas reivindicaciones respecto a "una revisión general de la propiedad", o ataques poco disimulados a la clase patronal vasca (y nacionalista), todo ello son muestras, aún contadas pero no por ello menos novedosas, de esta evolución, también ideológica, del sindicato nacionalista.

Durante sus primeros años de actividad sindical ELA estuvo volcada en todo tipo de labores "mutualistas", es decir, la organización de ayudas financieras a sus socios en casos de enfermedad o muerte, en tiempos de paro, etc. Estos servicios sociales, que supo "vender" hábilmente en sus folletos propagandísticos y su prensa, constituyeron uno de sus principales atractivos a la hora de captar socios, hecho comprensible, por otra parte, en el marco de un Estado cuya política de bienestar y protección social todavía estaba en sus comienzos. No obstante, la actividad de ELA no se agotaba en el mutualismo. A lo largo de los doce años anteriores a la Dictadura de Primo, el sindicato nacionalista tomó parte activamente en varios conflictos sociales, empezando por la campaña en favor de un salario mínimo en el sector minero entre abril y agosto de 1914 hasta la gran oleada huelguística en contra de las reducciones salariales en la siderurgia de Vizcaya entre enero y julio de 1922, por no mencionar la huelga general en contra del golpe militar de Primo en septiembre de 1923. Un análisis global de estas actividades reivindicativas nos permite destacar dos conclusiones.

En primer lugar se puede observar un claro aumento de la importancia de la combatividad del sindicato nacionalista, medida en su mayor disponibilidad para organizar o participar en huelgas, con un punto culminante en los años veinte. Sin embargo, ELA no funcionó como un bloque centralizado, sino más bien como una organización que otorgaba un amplio margen de autonomía a sus secciones, lo que a veces daba resultados aparentemente contradictorios. Así nos encontramos por ejemplo con el hecho de que mientras ELA en el conflictivo ramo de la construcción de Bilbao llevaba una política cada vez más radical y combativa, su sección en los "Astilleros Euskalduna" seguía manteniéndose fiel a una línea dócil ante el gran empresario nacionalista Ramón de la Sota y Llano, que, como moneda de cambio de un trato preferencial hacia el sindicato nacionalista y relativamente favorables condiciones laborales, había conseguido el beneplácito, y a veces incluso el apoyo activo de ELA en su lucha represiva frente a cualquier intento de comportamiento no-conformista y socialista entre los trabajadores de la plantilla. En segundo lugar destacaríamos la importante intromisión de conflictos políticos e ideológicos en la praxis sindical de ELA lo que queda patente en su relación con los otros sindicatos. Si antes hemos mencionado la relativa cercanía ideológica entre ELA y los sindicatos y católicos, lo mismo se puede afirmar con respecto a su relación generalmente buena en el marco de la labor reivindicativa.

En la mayoría de las huelgas con participación solidaria encontraremos codo a codo a sindicalistas nacionalistas y católicos. Con los socialistas, en cambio, prevalecieron unas relaciones extremadamente tensas. Son contadas las ocasiones en las que el frente sindical agrupara tanto a solidarios como a ugetistas. Por una parte, ELA rechazó cualquier tipo de "huelga política", de manera que el argumento de la supuesta manipulación socialista de los intereses obreros representados por la UGT le servía como excusa para distanciarse de las "huelgas políticas" planteadas por la UGT. Los obreros socialistas, por otra parte, tildaban a los solidarios de amarillos y esquiroles, por lo que generalmente ni se planteaban una colaboración con ellos. La gran Huelga Revolucionaria de agosto de 1917 agudizó aún más si cabe los conflictos entre obreros nacionalistas y socialistas. ELA había recurrido nuevamente a su habitual argumento para condenar esta huelga política y se quedó tan impresionada de la vehemente campaña antisocialista desencadenada por la prensa derechista y nacionalista tras los sangrientos incidentes de agosto, que no participó en ninguna huelga hasta 1919. Una vez reanudada su actividad reivindicativa por parte del sindicato nacionalista, fueron la UGT y el Sindicato Unico anarcosindicalista los que con su campaña del Closed Shop dirigida con el beneplácito de muchos de los grandes empresarios contra ELA y los sindicatos católicos dificultaron la unidad sindical. Así llegamos a la curiosa situación de que durante las huelgas contra los recortes salariales de 1922 la tradicionalmente tan "pacífica" ELA defendiera su posición contraria a cualquier rebaja salarial hasta el final, y eso también después de que el Sindicato Metalúrgico de Vizcaya hubiera pactado una rebaja del 8 % Por lo tanto, y a pesar del proceso de radicalización del sindicato nacionalista, la interferencia del conflicto político en el ámbito sindical no permitió una normalización de las relaciones extremadamente tesas entre ELA y UGT y es precisamente la ausencia de este conflicto político la que explica la menor crispación entre ELA y los anarcosindicalistas, con los que incluso organizó una huelga política (1921 contra el gobernador civil de Vizcaya).

Ya hemos mencionado el fuerte nexo inicial, incluso orgánico, entre sindicato y partido. La historia de ELA posterior a 1911 es la historia de un proceso de paulatina emancipación del sindicato nacionalista de la tutela del Partido Nacionalista Vasco. A pesar de esta búsqueda de autonomía y sus consecuencias conflictivas, los dirigentes de ELA no llegaron a plantearse nunca una ruptura con el partido. Cuando por una parte, la creciente agudización de los conflictos sociales puso nuevamente la Cuestión Social al orden del día de los políticos, y por otra, la dogmática defensa de una supuesta "neutralidad social" por parte de los líderes de la Comunión Nacionalista le impidió al partido reaccionar ante este malestar social de sus afiliados, las divergencias entre la ortodoxia nacionalista conservadora y el nacionalismo sindical quedaron patentes. La inhibición del partido ante los conflictos sociales reflejada en la ausencia de cualquier programa social para muchos críticos del sindicato no era más que un mal disfrazado apoyo a los intereses de la burguesía vasca. En los difíciles años de la postguerra, el "Obrero Vasco". órgano oficial del sindicato, dio rienda suelta a los críticos que se enfrentaron al diario nacionalista "Euzkadi", "que en la cuestión social es un periódico como los otros, de esencia burguesa", o incluso reflexionaron en voz alta sobre la conveniencia de crear un "partido obrero vasco".

El único intento de canalizar estas críticas sindicalistas, compartidas en parte por las Juventudes Vascas, fue la convocatoria de una asamblea nacional monográfica dedicada a definir la posición del partido ante la Cuestión Social. Pero cuando en mayo de 1920 los delegados se reunieron en San Sebastián, el estallido del conflicto interno sobre la cuestión nacional copó toda la atención de los reunidos, teniendo que ser aplazada la discusión de la Cuestión Social hasta un próximo congreso, que nunca llegó a celebrarse. El descontento de muchos obreros nacionalistas con la política de la Comunión fomentó un caldo de cultivo crítico en las bases jeltzales que contribuyó a minar la unidad del nacionalismo político con el resultado de la escisión del partido en 1921 . El refundado PNV atrajo la simpatía de varios de los líderes de ELA entre ellos Manu Robles Aranguiz, aunque la dirección del sindicato se había proclamado oficialmente "neutral" en el conflicto No obstante, y a pesar de que las fuentes nos describen al PNV como más "popular" que la "aburguesada" Comunión, La incorporación del archiconservador Luis Arana a la dirección del nuevo partido cortó en seco todas las especulaciones sobre una posible mayor sensibilidad-también programática-del nuevo partido ante la Cuestión Social y las demandas obreras.

LME

Puesto que la historia del sindicalismo nacionalista en la dictadura de Primo de Rivera constituye el período historiográficamente menos trabajado y prácticamente desconocido del sindicato ELA, nos tenemos que conformar aquí con unas breves notas al respecto. Dos fueron los ámbitos en los que se desenvolvió la actividad de los obreros solidarios entre 1923 y 1930. Cabe mencionar en primer lugar su participación en la Organización Corporativa Nacional y sus órganos especialmente los Comités Paritarios. y en segundo lugar su trabajo organizativo con el punto culminante de la celebración de su I Congreso Nacional en Eibar (1929). Coincidiendo con la acogida favorable del Real Decreto de noviembre de 1926, con el que se clasificaba el mundo del trabajo en diversos grupos corporativos, por parte de los sindicatos aún legales, ELA aplaudió con entusiasmo el espíritu de la nueva ley, cuyo objetivo era liquidar la lucha de clases y establecer por vía del diálogo tutelado por el Estado la armonía social. No obstante, criticó sus normas de aplicación y el favoritismo del gobierno hacia las organizaciones socialistas. Para contrarrestar esta supremacía ugetista, en 1928 ELA llevó a cabo en Vizcaya junto con los sindicatos católicos La constitución del "Bloque de Unión Sindical" que le permitió mejorar sustancialmente su presencia en los Comités Paritarios sobre todo en el sector de La metalurgia fuera de Bilbao y su cinturón industrial, el transporte marítimo y el sector del papel. No obstante, a pesar de estos éxitos parciales no desaparecieron las críticas, ya que en el Congreso de Eibar se solicitó "la anulación de todos los Comités Paritarios, establecidos hasta la fecha" por su constitución supuestamente fraudulenta. Este Congreso de Eibar marcó un paso decisivo en el trabajo organizativo de ELA ya que por una parte aprobó el primer programa oficial del sindicato con un amplio catálogo de reivindicaciones concretas, y por otra significó la constitución legal de la "Confederación General de las Agrupaciones de Obreros Vascos" como máximo órgano nacional del sindicato. Este fue un paso importante para la superación de su rudimentaria estructura organizativa y su adecuación a las necesidades del mundo laboral moderno. No obstante, hubo que esperar al II Congreso de Vitoria para establecer también en el seno de ELA sindicatos industriales supra-profesionales, cosa que la UGT ya había comenzado a partir de 1910.

LME

Como sindicato nacionalista y católico desde su fundación en Bilbao en 1911, Solidaridad de Obreros Vascos ha constituido un fenómeno social excepcional tanto entre los movimientos nacionalistas periféricos como dentro del sindicalismo cristiano en España. Su singularidad histórica queda patente en los años treinta cuando STV llega a ser un gran sindicato de masas, alcanzando su madurez tras su débil implantación en las dos primeras décadas de existencia. Así, en su I Congreso, celebrado en Eibar en octubre de 1929, sólo están representadas 45 agrupaciones de Vizcaya (6.200 afiliados) y Guipúzcoa (1.500), y hasta enero de 1930 no se crea la Confederación General de Obreros Vascos. Esta situación cambia radicalmente a partir del advenimiento de la II República española en abril de 1931 . En adelante STV va a experimentar un gran auge arraiga en Vizcaya y Guipúzcoa, penetra en Alava y Navarra, extiende su organización a los pescadores y campesinos, sectores sociales no integrados hasta entonces en dicho sindicato. En el seno de la comunidad nacionalista vasca, de amplia base popular e interclasista, STV es la entidad más importante y representativa de su ámbito sociolaboral -al no llegar a formarse la "Solidaridad de Patronos Vascos" proyectada por el PNV-, y está muy unida a los ámbitos político y cultural (hegemonizados por el PNV) del movimiento nacionalista en la Euskadi del decenio de 1930.

Los solidarios vascos recibieron "con entusiasmo" la llegada de la República, según el testimonio de quien fue su presidente durante medio siglo, Manuel Robles Aranguiz. Este resaltó con razón el "crecimiento espectacular de Solidaridad" en los primeros años del nuevo régimen, la época dorada del sindicalismo nacionalista vasco. Buena prueba de ello es la cifra de 40.000 asociados en el momento de su II Congreso (Vitoria, 1933), del cual se tratará más adelante. Varios factores contribuyen a explicar un incremento orgánico tan considerable en tan poco tiempo. En primer lugar, hay que tener en cuenta la fuerte incidencia de la depresión económica de los años treinta en el País Vasco y su secuela social del paro obrero, particularmente grave en Vizcaya, la provincia más afectada por la crisis, con unos 25.000 parados en 1933. Dada la falta de un seguro público, STV ofrecía asistencia a los parados. sin necesidad de pagar la cuota sindical, y éstos afluyeron a sus filas: así, un tercio de los 15.000 solidarios de Guipúzcoa en 1933 se encontraban en paro. Entre las medidas asistenciales puestas en práctica sobresalían los "comedores vascos" gratuitos y el "Gabon del solidario" en Navidad a cargo de Emakume Abertzale Batza, la potente organización femenina del PNV (EAB colaboró mucho con STV y canalizó hacia ésta a sus afiliadas asalariadas, sobre todo maestras y enfermeras, aunque el número de mujeres sindicadas en STV fue siempre muy, reducido). Ante la adversa coyuntura económica, una propuesta recurrente de STV (compuesta casi exclusivamente por trabajadores autóctonos) consistía en que los inmigrantes con menos de cinco años de residencia en Euskadi no pudiesen acceder a puestos de trabajo. Además, la crisis y el paro debilitaban a las centrales sindicales ante los empresarios quienes en general preferían contratar a los miembros de un sindicato moderado como STV antes que a los inscritos en los sindicatos de izquierdas (UGT, CGTU, CNT). También por motivos ideológicos los patronos nacionalistas (cuyo arquetipo era el gran naviero Ramón de la Sota) optaban por los solidarios vascos. Esto no es obstáculo para considerar en esta etapa a STV como un sindicato obrero de carácter reivindicativo (en vez de primordialmente asistencial o mutualista, como en la Restauración y como casi todos los sindicatos católicos coetáneos), que participaban en huelgas y al que ya no cabía tachar de "amarillo", a diferencia del período anterior. Otro factor clave del auge de Solidaridad fue el crecimiento también espectacular del PNV en el primer bienio republicano, que culminó con su gran triunfo electoral en las municipales y legislativas de 1933.

La evolución organizativa del partido y del sindicato nacionalistas a lo largo de los cinco años de República fue muy similar. En ambos casos tuvo mucho que ver la popularidad de la reivindicación del Estatuto vasco, que capitalizó políticamente el PNV y apoyó con interés STV desde el primer proyecto de 1931 hasta el referéndum autonómico de 1933. De hecho, el capítulo dedicado a "Trabajo y Propiedad" en el texto plebiscitado se inspiraba en la doctrina social de la Iglesia -asumida como propia por STV-, según el testimonio cualificado del diputado José Antonio Aguirre Es indudable que los vínculos entre el PNV y STV fueron más estrechos en los primeros años de la República que en la Restauración. He aquí algunos datos significativos. Los dos máximos dirigentes sindicales desde el Congreso de Vitoria, el presidente Robles Aranguiz y el vicepresidente Heliodoro de la Torre, fueron diputados nacionalistas en las Cortes republicanas. Además de éstos, las candidaturas del PNV en las elecciones legislativas se nutrieron con bastantes asesores de Solidaridad: tales eran Leizaola, Izaurieta, Irazusta, Jáuregui, Lasarte... Los diarios nacionalistas de Bilbao (Euzkadi), San Sebastián (El Día) y Pamplona (La Voz de Navarra) dedicaban una página a la labor social de STV, destacando los artículos de los sacerdotes Alberto Onaindía ("Egizale") y José Ariztimuño ("Aitzol") en su doble condición de ideólogos jelkides y propagandistas solidarios. La mayoría de los sindicados eran también afiliados al PNV (el 85 % según el dirigente de STV Primitivo Abad), perteneciendo una minoría a ANV el pequeño partido nacionalista de izquierda fundado en 1930. Otra vía de influencia del PNV sobre su sindicato afín se desarrolló a través de la Agrupación Vasca de Acción Social Cristiana (AVASC), institución de adoctrinamiento católico y patronal a los obreros vascos, promovida por el jesuita Joaquín Azpiazu y respaldada por la Iglesia y el PNV.

Los líderes jelkides Aguirre, Horn e Izaurieta encabezaron en 1931 su primera junta directiva, en la cual figuraban también políticos y patronos monárquicos y carlistas (Oreja, Vilallonga...). Este componente no exclusivamente nacionalista y su "amarillismo" fueron denunciados por el ala más radical del PNV (el aberriano Elías Gallastegui desde el semanario Jagi-Jagi) y por la izquierda nacionalista (el aeneuvista Olivares Larrondo desde el diario Tierra Vasca). Encaminados principalmente a instruir a los solidarios, AVASC organizó cursillos y conferencias y creó en 1933 la Universidad Social Obrera Vasca (USOV), cuya meta era "la formación social y cristiana sólida de obreros y empleados del País Vasco", de cara a preparar propagandistas católicos en el mundo sindical. Un último factor a señalar en relación con el progresivo ascendiente de STV entre las clases trabajadoras de Euskadi fue el desgaste sufrido por el sindicato socialista hasta entonces hegemónico, la UGT que llevó a cabo una política de moderación laboral al ser su líder Largo Caballero ministro de Trabajo en los Gobiernos de Azaña (1931-33). La rivalidad tradicional entre socialistas y nacionalistas y el rechazo de estos últimos a la política de los Gobiernos republicano-socialistas propiciaron una intensa hostilidad entre UGT y STV y un sorprendente acercamiento de ésta a los sindicatos revolucionarios, enfrentados duramente al Gobierno y a la UGT. En efecto, solidarios, comunistas y anarquistas fueron juntos a algunas huelgas, como, por ejemplo, la general de índole política convocada por STV a primeros de mayo de 1933 en Bilbao y su hinterland industrial. Todo ello contribuyó a trastocar la correlación de fuerzas existente en el sindicalismo vasco: puso fin a la hegemonía ugetista y dio paso a un dualismo sindical UGT-STV Si el sindicato socialista continuaba siendo mayoritario en Vizcaya (su feudo principal), pero seguido de cerca por la central nacionalista, ésta se había convertido en la primera fuerza sindical en Guipúzcoa y Alava, mientras que en la agraria Navarra predominaban los sindicatos católicos bien implantados en el campo.

Este fue el acto más importante de su historia hasta la Guerra Civil y la mejor prueba de su rápida consolidación en los dos primeros años de la República. Basta comparar las cifras dadas anteriormente del Congreso de 1929 con las oficiales del Congreso de 1933: asistieron 274 delegados en representación de 40.342 afiliados de 135 agrupaciones, la mayoría de Vizcaya (63) y Guipúzcoa (52) y unas pocas de Alava (l2) y Navarra (8). Desequilibrio territorial equiparable al existente en el seno del PNV. En el Congreso de Vitoria se cambió el nombre inicial de Solidaridad de Obreros Vascos por cl de Solidaridad de Trabajadores Vascos, que reflejaba mejor su base social por la pujanza de la Solidaridad de Empleados Vascos (nacida en 1920 y centrada en Bilbao) y la reciente incorporación de otros sectores laborales como los pescadores (tosrartekos) y los campesinos (nekazaris), cuyas organizaciones fueron fundadas en 1932-33 por el principal propagandista de STV el sacerdote nacionalista Policarpo de Larrañaga ("Xabier de Bursain", años después su historiador oficial en el exilio). Este hecho y su notable expansión obligaron a cambiar la estructura interna del sindicato para dotarle de una nueva, más moderna y compleja, en consonancia con su ambicioso objetivo: "Solidaridad de Trabajadores Vascos aspira a comprender en su seno a todos los obreros, empleados y profesionales de Euzkadi".

En la mayoría de los municipios vascos todas las agrupaciones profesionales de STV formarían la Federación local. En este Congreso se crearon las Federaciones de Industria. La suma de ellas a nivel provincial daba lugar a la Federación Regional de Trabajadores Vascos en Vizcaya, Guipúzcoa, Alava y Navarra. Y la unión de estas cuatro Federaciones Regionales constituía la Confederación Nacional de Trabajadores Vascos, cuyo consejo directivo lo componían el presidente y ocho vocales, dos por cada Regional. Además, había tres Federeciones autónomas con un régimen especial: las mencionadas de pescadores y campesinos y la de transporte marítimo. Otra decisión relevante tomada en Vitoria fue la adhesión de STV a la Internacional Sindical Cristiana con sede en Utrecht de acuerdo con su asunción de la doctrina social de la Iglesia. La ideología de STV se caracterizaba por sus constantes antisocialismo y nacionalismo vasco de impronta sabiniana (basado en la raza) y por el catolicismo social, expuesto por los tres sacerdotes propagandistas citados y sintetizado en la declaración de principios aprobada en el II Congreso. Su texto abogaba por "la justicia y moral cristiana" y descansaba en la armonía entre las clases sociales, acorde con el carácter interclasista del movimiento nacionalista vasco y en contra de la concepción marxista de la lucha de clases. Sus propuestas concretas eran: el salario familiar, la participación de los obreros en la gestión y los beneficios de las empresas, el respeto a la propiedad privada, el fomento de las cooperativas de consumo y de producción, el acceso de los campesinos a la propiedad de los caseríos que arrendaban. etc. En suma, se trataba de una concepción reformista de la sociedad, que uno de sus mentores, el canónigo Onaindía, denominó el "propietarismo vasco" y que se inspiraba en un corporativismo de raíz cristiana.

Algunas de esas medidas fueron asumidas por el PNV y presentadas como proposiciones de ley por sus diputados en las Cortes del segundo bienio republicano, pero no tuvieron ningún éxito. En cuanto a la prensa, Solidaridad dispuso de varios semanarios: en Bilbao, El Obrero Vasco ( 1919-33), continuado por Lan Deya (1933-37); en San Sebastián, Euzko Langille ( 1935-36), subtitulado "Obrerismo-Cristianismo-Vasquismo", que se trasladó a la capital vizcaína en la Guerra Civil ( 1936-37). En ésta STV tuvo, por primera y única vez en toda su historia, un diario, Lan Deya, de vida efímera: duró apenas cuatro meses, de febrero a junio de 1937, en Bilbao. Los nekazaris contaron con el apoyo oficioso del semanario donostiarra Argia (1921-36), escrito íntegramente en euskera. Declaración de principios de STV en su II Congreso (Vitoria, 1933). "Solidaridad de Trabajadores Vascos aspira a unir a todos los trabajadores vascos en Agrupaciones profesionales para la mejor defensa de sus derechos, intereses y aspiraciones como trabajadores y como vascos. Su lema es: Unión Obrera y Fraternidad Vasca Solidaridad de Trabajadores Vascos reconoce que el actual régimen social adolece de falta de justicia, ya que las riquezas están mal repartidas e injustamente aplicadas a las distintas clases sociales. Y entendiendo que nada resuelve sino que, por el contrario, enerva el mal social, así el individualismo egoísta como el socialismo estetista, aspira a implantar un sistema social con reconocimiento pleno de los derechos del trabajador, fundamentado en los recios principios de la justicia y moral cristiana, y acomodado a las instituciones del pueblo vasco y a su especial modo de ser. Reconoce Solidaridad de Trabajadores Vascos que la raza es poderoso aglutinante entre las gentes, toda vez que no es sino una mayor extensión de la familia, cuyos vínculos, más o menos próximos se manifiestan en la sangre, lengua y demás características propias de un pueblo que tiene similares condiciones. Por eso, dados los caracteres étnicos, lingüísticos y habitudinales que distinguen todavía hoy, a pesar de los siglos transcurridos, a la raza vasca, Solidaridad de Trabajadores Vascos se apoya en los fundamentos raciales para hacer de ellos un eslabón más que ligue en el terreno económico y profesional a su agrupación. Estas mismas características peculiares y propias del pueblo vascos trascendiendo a todos los aspectos de su vida económica y social, exigen ser tenidas en cuenta en la confección de la legislación social obrera que hoy ha de afectar al pueblo vasco. Por lo que, teniendo en cuenta que nadie conoce mejor las necesidades a cuya satisfacción tienden las leyes que regulan la vida agraria, industrial y marítima que los mismo, que de cerca las sienten y padecen. Solidaridad de Trabajadores Vascos, por cuantos medios estén a su alcance, tratará de conseguir que las Corporaciones Públicas del País sean las que libremente y asesoradas por los organismos profesionales existentes, regulen la vida social del mismo, gozando para ello de la facultad de dictar y ejecutar las leyes sociales, organizar su inspección cuanto concierne a la vida sindical vasca. Solidaridad de Trabajadores Vascos es una entidad eminentemente obrera y profesional.

No es por lo tanto, un partido político. Los miembros de Solidaridad podrán ser, individualmente afiliados en su política al partido que esté en consonancia con sus pensamientos, siempre que éste, en su ideología, táctica y actuación no se oponga a los principios fundamentales, táctica y fines, de Solidaridad de Trabájadores Vascos. El régimen de propiedad privada es postulado básico y esencial de Solidaridad de Trabajadores Vascos, la cual procurará difundirla mediante el acceso del obrero a la misma siendo una de sus aspiraciones principales la de que se acreciente lo más posible en el País Vasco el número de propietarios. Asimismo velará por el uso adecuado de las riquezas, a cuya equitativa distribución aspira. Solidaridad laborará por la más pronta implantación del salario vital. Entendiendo por éste el salario que ha de lijarse no en función del individuo aislado, sino en función precisamente de la familia y que se denomina salario familiar, además del seguro contra riesgo de accidente, enfermedad, vejez, viudez, orfandad y paro forzoso. Este salario vital lo exigirá como debido en justicia al obrero. Mas como éste no agota las exigencias de la justicia y de la equidad, se reconocerá al trabajo su papel preponderante de la producción haciéndolo partícipe de los beneficios mediante la expedición de acciones de capital y admitiendo como cogestor de la empresa. Como procedimiento inmediato, laborará por el establecimiento en Euzkadi, de Cajas de compensación que permitanla implantación de este salario vital".

La segunda mitad de la República supuso un cambio sustancial en la vida política y sindical de Euskadi. Coincidiendo de nuevo con la evolución orgánica del PNV que se estancó durante el bienio radicalcedista, las cifras de sindicación de STV, publicadas en la prensa de 1935-36, prueban su estabilización e incluso un ligero descenso con respecto a las oficiales de 1933. Tenía entonces un total de 37.000 asociados. distribuidos territorialmente así: 18.000 en Vizcaya (casi la mitad de ellos en Bilbao). 15.000 en Guipúzcoa (unos 2.000 en San Sebastián). 3.000 en Alava (con 1.700 en Vitoria) y 1.000 en Navarra (con 500 en Pamplona). Estos datos muestran el gran peso de las capitales, que concentraban la mitad de los solidarios (con la salvedad de Donostia), y la persistencia del claro predominio numérico de Vizcaya y Guipúzcoa. que sumaban cerca del 90 % del total. Sin embargo, la afiliación alavesa era significativa dada la escasez de su población en esa época, hasta el punto de que STV sobrepasó a los sindicatos católicos y llegó a ser la primera central sindical, constituyendo "uno de los fenómenos más sorprendentes de la vida social y política de Alava durante la Segunda República" (S. de Pablo). Al contrario de lo sucedido en Vizcaya y Guipúzcoa, STV sí creció en el segundo bienio en las provincias en que se había organizado tardíamente a partir de 1931-32: Alava, con la notable excepción de Vitoria (donde se quedó estancada), y Navarra. En ésta Solidaridad pasó de 8 agrupaciones y 300 miembros en mayo de 1933 a 20 y 1.200 al final de la República. Aun con ese aumento, el viejo Reino continuaba siendo el "talón de Aquiles" de STV. al igual que para el PNV. En las cifras dadas no estaban incluidos los socios de la organización autónoma de campesinos, que no surgió hasta 1933 en Guipúzcoa (Euzko-Nekazarien-Bazkuna) y hasta 1934 en Vizcaya (Euzko-Nekazarien-Alkartasuna). En este caso hubo un crecimiento muy importante, pues llegó a reunir a unas 9.000 familias en 1936, sobre todo en Guipúzcoa, donde celebraba los "Días del nekazari" desde 1934 y contaba con más de 6.000 campesinos, esto es, la mitad del número de caseríos existentes en la provincia. En Vizcaya la implantación fue más tardía y lenta y se circunscribió a su mitad oriental: las comarcas de Gernika, Markina y Durango, alcanzando los 2.600 asociados.

Esta intensa incorporación al sindicalismo vasquista de los caseros, un sector tradicionalmente desmovilizado y muy influenciado por el caciquismo, molestó a los propietarios monárquicos de los caseríos (cultivados en su mayoría por arrendatarios), que aprovecharon la nueva ley de arrendamientos rústicos de 1.935 para desahuciar a bastantes caseros. Este problema de los desahucios campesinos en Vizcaya y Guipúzcoa fue uno de los centrales en la campaña electoral de 1936 y motivó fuertes críticas del PNV y del Frente Popular al Bloque de derechas, en cuyas candidaturas figuraban destacados terratenientes monárquicos y tradicionalistas (v. gr., Gaytán de Ayala, alcalde y cacique de Markina). En cambio, dicho problema no se planteó en el campo alavés y navarro, donde siguieron dominando los Sindicatos Católicos Agrarios, que carecían del carácter reivindicativo de STV. Esta no se hallaba implantada entre los jornaleros sin tierra de la Ribera del Ebro, afiliados a la UGT y en menor medida a la CNT, quienes protagonizaron duras luchas sociales a lo largo de la República. Si a partir de 1934, al quedar bloqueado el Estatuto vasco en las Cortes de centro-derecha, el PNV inicia un viraje político que le lleva a romper con las derechas y aproximarse a las izquierdas republicano-socialistas, más claro aún es el giro sindical de STV, que se distancia de los otros sindicatos católicos y se acerca al movimiento obrero izquierdista en un proceso de convergencia antifascista que culminará en la Guerra Civil. Del mismo modo que los enfrentamientos entre nacionalistas y socialistas (frecuentes y violentos en el primer bienio) desaparecen desde 1934, la hostilidad entre solidarios y ugetistas se mitiga considerablemente. Esto se puso de manifiesto en octubre de 1934 cuando la revolución contra el nuevo Gobierno radical-cediste, promovida por los socialistas y secundada por los comunistas, no fue boicoteada por los solidarios vascos. Las órdenes de no intervenir en ella, así como de no trabajar para evitar choques violentos, dadas por la dirección de STV (hasta que ordenó la vuelta al trabajo al fracasar la huelga general revolucionaria al cabo de una semana), no fueron respetadas por sus seguidores en todos los sitios. Así, las fuentes coetáneas y el reciente testimonio de dos cuadros de STV de Vizcaya confirman que los solidarios colaboraron activamente en la huelga al lado de las izquierdas en municipios de la margen izquierda del Nervión: "las bases participaron en el movimiento, a pesar de las consignas de la dirección".

Es innegable que STV (como el PNV) sufrió por ello virulentos ataques de las derechas y la dura represión gubernativa que siguió a la revolución: en Vizcaya y Guipúzcoa sus centros fueron clausurados, varios dirigentes detenidos y bastantes solidarios presos. Su convivencia en las cárceles con trabajadores socialistas, comunistas y anarquistas, también represaliados, fue un factor que contribuyó a crear una solidaridad de clase entre todos ellos, por encima de las diferencias tradicionales que hasta entonces les habían separado y a menudo enfrentado. La radicalización de STV a finales de la República se manifestó, asimismo, en una cierta emancipación de la tutela que sobre ella ejercía el PNV como prueba la prohibición desde 1934 a los solidarios de asistir a los cursos de AVASC lo cual coadyuvó al fracaso final de esta institución conservadora eclesiástico-patronal apoyada por la dirección nacionalista. Igualmente, la inclusión en las listas electorales del PNV de bastantes candidatos muy vinculados a STV y la consigna hecha pública por la dirección de ésta de votar al PNV en los trascendentales comicios de 1936, reflejan el temor a que sus bases radicalizadas hiciesen caso de los llamamientos de las izquierdas para que apoyasen al Frente Popular, en cuyo programa electoral figuraba en primer lugar la amnistía a los presos por octubre del 34, solidarios incluidos. El notable retroceso sufrido por el PNV (perdió 30.000 votantes en febrero de 1936) hace muy verosímil la hipótesis de que una parte de los solidarios votaron al Frente Popular, coalición en la que se había integrado ANV. El comienzo de la guerra aceleró la confluencia de STV con las fuerzas de izquierda frente a los militares alzados, pero truncó la creciente autonomía del sindicato con respecto al PNV al contribuir a estrechar sus lazos en defensa de la democracia amenazada y de la autonomía vasca en ciernes.

Al producirse el pronunciamiento militar de julio de 1936, el sindicato nacionalista se posicionó del lado de la República, sin que se conozca la existencia de vacilaciones o defecciones importantes, a diferencia del PNV. Algunos solidarios (caso de Heliodoro de la Torre) ocuparon cargos en las Juntas de Defensa, organismos revolucionarios que gobernaron Vizcaya y Guipúzcoa en el verano de 1936. STV y el PNV protestaron por los desmanes cometidos en esos meses, sobre todo las matanzas de presos derechistas, en particular en la zona de San Sebastián-Irún, no controlada por los nacionalistas. Con la aprobación del Estatuto de autonomía por las Cortes republicanas, el 7 de octubre de 1936 se formó en Gernika el primer Gobierno vasco, de coalición PNV-Frente Popular, pero de hegemonía jelkide, que supuso un giro hacia la moderación y el mantenimiento del orden público. Formalmente sólo estaban representados en él los partidos políticos, y no las fuerzas sindicales: pero oficiosamente UGT y STV contaban con destacados dirigentes como consejeros: el socialista Aznar, de Industria, y el nacionalista De la Torre, de Hacienda, una de las carteras claves en poder del PNV. El decreto de éste para controlar la Banca vasca sin nacionalizarla fue criticado por la prensa de izquierdas. Otros solidarios desempeñaron puestos en la Administración autonómica. STV apoyó incondicionalmente la política llevada a cabo por el Gobierno de Aguirre durante la guerra. No en vano su programa socio-económico, nada revolucionario, coincidía plenamente con los postulados socialeristianos de STV. Algunos de éstos, como el salario familiar y la participación de los trabajadores en la gestión de las empresas, fueron puestos en práctica en la Euskadi autónoma. Un proyecto de reforma agraria elaborado por el consejero Nárdiz (ANV), tendente a facilitar el acceso de los nekazaris a la propiedad de las tierras que cultivaban, se inspiraba también en el programa de STV. En enero de 1937, su presidente Robles Aranguiz propuso la creación de un Frente Nacional por la independencia de Euskadi, compuesto por todas las fuerzas abertzales: PNV, ANV, STV y la radical Federación de Mendigoizales (montañeros), la más propicia a esa idea. Pero su propuesta no cuajó por ser incompatible con la alianza antifascista que unía a los dos partidos nacionalistas vascos con las izquierdas españolas contra el enemigo común: las derechas sublevadas. No obstante, éste es un buen ejemplo de los anhelos independentistas del sindicato, corroborados por su órgano oficial, el periódico Lan Deya. STV movilizó a sus bases para la guerra: organizó tres batallones y muchos solidarios combatieron en las filas de Euzko Gudarostea del PNV. Tras la caída de Bilbao, bastantes de ellos se rindieron en agosto de 1937 en Santoña, donde dirigentes de STV, junto con otros del PNV y del Frente Popular, fueron fusilados por los franquistas en el Penal del Dueso. La cárcel o el exilio fue la «suerte» que deparó la derrota militar en la Guerra Civil a la mayoría de los solidarios vascos y sus aliados. Solidaridad de Trabajadores Vascos había convocado su III Congreso para finales de julio de 1936. El estallido bélico lo impidió y su celebración tuvo que esperar cuarenta años, hasta el verano de 1976, fenecida ya la Dictadura de Franco, pues no llegó a organizar ninguno en su largo exilio.

JGS

Al iniciarse la guerra civil, en julio de 1936, la central sindical vasca ELA/STV -en vísperas de su III Congreso, que iba a celebrarse en Iruña- tomó partido por el bando republicano, siguiendo las consignas del PNV y del Gobierno vasco, constituido el 17 de octubre de 1936. A pesar del esfuerzo de los sindicalistas vascos por mantener su independencia respecto del partido, desde su fundación la suerte del sindicato aparecerá ligada al nacionalismo político, y más aún a partir de 1936 (en condiciones de clandestinidad y exilio), lo que dio lugar a constantes roces entre el partido y la organización obrera, que desde los años sesenta iría desmarcándose progresivamente de aquél. Ya en el mes de julio de 1936, se había constituido en Bilbao la Comisaría General de Defensa de la República, de la que formó parte la central sindical nacionalista, junto con el resto de partidos y sindicales del País Vasco. En este marco de elaboración, ELA/STV llevó a cabo actividades de todo orden: militares (con la constitución de su propia unidad: el Batallón San Andrés), de producción de material de guerra, asistenciales, de evacuación, propaganda, etc. Por otra parte, su ámbito de lucha no se limitó al territorio vasco, ya que contó con locales en Gijón y Barcelona. Tras la derrota, muchos sindicalistas vascos sufrieron condenas a muerte, prisión y exilio. En Francia, principal destino de los refugiados vascos, ELA/STV se ocupó, siempre junto al Gobierno vasco, de la creación y regulación de empleo, repatriación y evacuación a América, sin olvidar las relaciones políticas y la propaganda: publicaciones, entrevistas, conferencias y manifestaciones en favor de la causa vasca. Miembro de la Internacional Sindical Cristiana desde 1933, ELA/STV denunció ante el mundo sindical internacional la agresión de que estaba siendo objeto el pueblo vasco.

En la primavera de 1940. poco antes de la llegada de los alemanes a París, una parte del Comité Nacional de ELA/STV instalado en Baiona, (junto a las autoridades del Gobierno vasco, EBB etc.), logró embarcar rumbo a Inglaterra. Durante la ocupación de Francia, el Presidente de ELA/STV Manu Robles-Arangiz, que permaneció en su caserío de Briscous, tomó parte activa en la resistencia. Mientras, en 1943, Perico de Ormaetxea, que había tomado las riendas de la organización al frente del Comité de Londres, hizo un llamamiento a los solidarios exiliados en América para crear agrupaciones. Estas llegaron a constituirse, al menos, en México, Venezuela, Argentina y Chile, y desarrollaron, fundamentalmente, labores de propaganda y recaudación de fondos. Precisamente, el recién creado Comité de ELA/STV en México, encabezado por José María de Goikoetxea, se adhirió al Pacto de Galeuzka, y al Manifiesto firmado allí por los partidos políticos y sindicales vascas, en noviembre de 1943, siguiendo instrucciones del citado Comité de Londres. Con el retorno del ejecutivo vasco a Francia en 1945, este país volvió a convertirse en centro de operaciones de la central sindical nacionalista. El 31 de marzo de 1945, ELA/ STV, junto al resto de fuerzas políticas y sindicales vascas, firmó el Pacto de Baiona, que representaba la ratificación de la política de unidad autonomista y republicana llevada a cabo en América. En otoño del mismo año, las mismas organizaciones constituyeron, también en Baiona, el Consejo Consultivo Vasco y la Junta de Resistencia, con un Consejo delegado en el interior, donde se mantenía una cierta actividad clandestina desde el final de la guerra.

El 15 de julio de 1945, ELA/STV a través de su Presidente conferencial Manu Robles-Arangiz -que, sin hacer dejación de su legítima autoridad, había permanecido al margen de la actividad pública-, convocó su primera asamblea general en el exilio. En ella se nombró un Comité Consultivo Permanente, garantía de legitimidad hasta el regreso a Euzkadi. Entre 1945 y 1951, la central sindical ELA/STV se dedicó a la reorganización. tanto en el exterior como en el interior. El Comité Consultivo Permanente, que pronto quedaría reducido a cuatro miembros, además de Manu Robles, lo constituían: Pedro de Herrán, Vicepresidente, Gregorio Ruiz de Ercilla, Secretario, Matías de Eguren, Vocal, y Emilio de Zabala, Tesorero. Dicho Comité, que se estableció definitivamente en Biarritz, desarrolló una estimable actividad tanto en el terreno organizativo interno como en el de las relaciones internacionales. La localización de afiliados de la organización, la solución de sus problemas legales y laborales, la creación de delegaciones locales (Bajos Pirineos, París, Burdeos, Bruselas, Londres, Casablanca, etc. y las ya citadas en el continente americano) ocupó al Comité en unos años en que el clima de optimismo que siguió al triunfo de los aliados en la guerra mundial hacía prever un inminente regreso a Euzkadi. En este contexto, la central nacionalista se esforzó en cultivar, dentro de sus escasas posibilidades en cuanto a personal y recursos económicos, las relaciones internacionales. A lo largo de los cuarenta años de exilio la organización subsistió gracias a las ayudas de las Internacionales sindicales, especialmente la CISC, y a los envíos procedentes de América. La escasa contribución del Gobierno vasco a su mantenimiento, y las exiguas cuotas que sus afiliados en el exilio podían aportar, resultaban a todas luces insuficientes para cubrir las necesidades del Comité en el exilio y de los represaliados: despedidos, deportados, presos y militantes en el interior, a quienes iba destinada la mayor parte de las cantidades obtenidas. El norte de su actividad era Euzkadi, la revitalización de la organización clandestina. Desde 1945, la Resistencia vasca que venía actuando en el interior del País fue incrementando su actividad hasta mayo de 1947, en que tuvo lugar el mayor movimiento de protesta obrera desde la guerra: la huelga general de 1947. Al llamamiento de la Junta de Resistencia y del Gobierno Vasco, secundado por las centrales ELA/STV, UGT y CNT, respondieron los trabajadores de forma masiva, dando muestras de una decidida voluntad antifranquista. Esta huelga, y más aún la de 1951 -que generó una intensa represión por parte del régimen-, marcan el final de la era de prestigio del Gobierno Vasco.

El cambio de coyuntura internacional, con el cada vez más amplio reconocimiento al régimen de Franco, terminó con el optimismo de postguerra. El ingreso de España en la FAO (1950), en la Unión Interparlamentaria (1951 ), en la UNESO (1952), la firma de los acuerdos con Estados Unidos y del concordato con la Santa Sede ( 1953), y la admisión de España en la ONU ( 1955), fueron algunos de los hitos que jalonaron casi una década de desencanto para los grupos de oposición. ELA/STV consciente de las nuevas dificultades a las que se enfrentaba, se mantuvo firme en los frentes de lucha. Ante la pugna del régimen por lograr una posición en el concierto de las naciones occidentales, los sindicalistas vascos recurrieron a las instancias internacionales (ONU, OIT, OECE, etc.), a los gobiernos de la democracias occidentales, a las embajadas y, en fin, a todos aquellos que podían de algún modo interceder en favor de la causa social cristiana y vasca. A su lado estuvieron la Confederación Internacional de Sindicatos Cristianos (CISC) -a la que pertenecía desde 1933-, la Federación Sindical Mundial (FSM) desde 1945, y la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL) desde su fundación en 1949, a raíz de la escisión de la FSM, sin olvidar el apoyo que les brindaron los sindicatos cristianos franceses (CFTC), belgas (CSC), e incluso los estadounidenses (AFL-CIO), entre otros. Por otro lado, en el campo nacional, Solidaridad mantuvo una estrecha relación -no exenta de problemas-, con el resto de organizaciones nacionalistas, PNV, ANV, EAB, etc. Prueba de este hermanamiento, también con las organizaciones no nacionalistas de Euzkadi, fue la celebración en 1956, en París, del Congreso Mundial Vasco, al que ELA/STV presentó doce trabajos, y una resolución que firmaron las tres sindicales: ELA/STV, UGT y CNT.

La sindical nacionalista tampoco abandonó la lucha clandestina en el interior, y a pesar de la represión y de los problemas internos -muchas veces fruto de la incomunicación o de ambiciones personales-, tomaron parte en movilizaciones obreras provocadas, fundamentalmente, por las malas condiciones de trabajo y de vida de los trabajadores: así, en 1953, en Euskalduna de Bilbao, en 1956, con brotes en las cuatro provincias vascas, y en 1958, sobre todo, en Guipúzcoa. En junio de 1953, la central sindical vasca, que se encontraba en un proceso de reorganización interna, después de superar ciertas disidencias en el seno del Comité Nacional del interior, sufrió un duro golpe con la detención en Donostia de un grupo de solidarios, la mayoría de ellos veteranos (Lasa, Ubillos, Miner, Ormaetxea, etc.). entre los que se encontraba el Presidente Manu Robles, que -con motivo de su regreso a Euzkadi por motivos personales- intentaba revitalizar la organización. Desde Biarritz se puso en marcha una campaña de movilización de la opinión pública internacional en pro de su liberación. Si bien la mayor parte fueron puestos en libertad provisional bajo fianza a lo largo de 1953, el proceso, que duraría varios años, se agravó en 1954, cuando fueron detenidos otros tres solidarios, y se dictó auto de prisión incondicional contra el Comité Permanente en el exilio, según Requisitoria publicada en el B.O.G. el 15 de septiembre de dicho año. Igualmente, en marzo de 1954 se celebró en Gasteiz el juicio oral contra diecisiete patriotas y solidarios, acusados de ser los dirigentes de la huelga general de 1951 . A ambos procesos se consiguió que asistieran observadores extranjeros en un intento de obtener un veredicto favorable a los procesos y denunciar el régimen franquista.

A finales de los años cincuenta y comienzos de los sesenta, la combinación de varios factores (la aparición de nuevas generaciones de trabajadores que no tenían conciencia histórica, la modificación del sistema de relaciones laborales como paso necesario para la liberalización de la economía, y la aplicación de una nueva política económica, a la que se vio obligado el régimen por razones de supervivencia) supuso el inicio de una nueva etapa, en un contexto internacional igualmente cambiante. Por otra parte, el centro de gravedad política se había ido desplazando progresivamente, durante la década anterior, del exterior al interior. ELA/STV no fue ajena al cambio de coyuntura. Si bien el Comité Permanente de Biarritz siguió llevando las riendas de la organización, un grupo de jóvenes, que en Euskadi se habían iniciado en el sindicalismo vasco, entró a tomar parte activa en la vida de la central nacionalista. En 1959, uno de estos prometedores jóvenes del grupo de Pasajes, Pedro Anabitarte -Eladio-, fue enviado a Bierville como becario de la CISC para formarse en los principios del sindicalismo moderno de carácter cristiano. La preocupación por la formación de militantes, cuadros y masas había sido una constante desde la fundación de ELA/STV y seguiría siéndolo en el futuro. A su regreso a Euskadi, Eladio -a quien el Comité de Biarritz veía como continuador de su labor en la causa social cristiana y vasca-, se puso al frente de la organización en el interior. Llevó a cabo, entre otras, importantes tareas de captación de militantes, participación en movilizaciones obreras, coordinación entre las distintas zonas y, con el Comité de Biarritz, al que enviaba abundante información destinada a las organizaciones internacionales, etc. Sin embargo, las esperanzas de los viejos sindicalistas del Comité se vieron frustradas cuando Anabitarte, al parecer en contacto con Iñaki Aginaga -El Bonzo-, se enfrentó al Comité de Biarritz a raíz de diferencias de criterio sobre la Alianza Sindical. Dicha Alianza, que -como la Unión de Fuerzas Democráticas en el terreno político, empezó a gestarse en 1959, fue definitivamente constituida el 23 de mayo de 1961 , en Toulouse, por UGT, CNT y ELA/STV en un intento de coordinar las fuerzas de oposición contra el franquismo. Las relaciones que el sindicato vasco mantenía con el PNV y con el PSOE se veían con recelo desde el interior, y la no inclusión, en un intento de potenciar la Alianza Sindical en 1964, de una cláusula que garantizara la Autonomía inmediata para Euskadi al instaurarse el futuro régimen democrático, desencadenó una serie de problemas que posteriormente llevarían a la ruptura. En marzo de 1961 se había creado el Comité Coordinador CIOSL-CISC para España, del que formaban parte UGT, CNT y ELA/STV dejando las puertas abiertas a la participación del naciente sindicalismo cristiano catalán y madrileño, con los cuales mantuvo contactos ELA/STV también al margen de este Comité Coordinador. En 1962, representantes de la organización sindical vasca, del exterior y del interior, acudieron a Munich, lo que dio lugar a nuevas divergencias en el seno de la organización en torno a la reclamación de la segunda de que se reconociera el derecho a la «autonomía inmediata» de Euskadi en caso de caída del régimen.

mpleja dinámica de fragmentación que duraría una década. La falta de comunicación y de verdadera democracia interna a que obligaba la clandestinidad, junto a las apetencias personales, pueden ayudar a explicar aquella confusa situación. Por otra parte, algunos de los militantes de los diversos grupos que se autotitularon ELA/STV y que también participaron en el naciente movimiento de las C.C.O.O., fueron detenidos, encarcelados y sometidos a procesos por su participación en manifestaciones contra el régimen, cada vez más frecuentes e importantes desde 1962. Mientras el Comité Nacional de Biarritz, ajeno a los cambios que se habían producido en la Euzkadi peninsular, permanecía anclado en la línea del sindicalismo de preguerra, los disidentes del grupo liderado por Anabitarte, Aginaga y José Antonio Ayestarán "Baroja" se autotitularon ELA-Movimiento Socialista de Euskadi. Se trataba de aplicar un análisis de tipo marxista a la situación real de Euskal Herria, primando la acción formativa e impulsando iniciativas culturales, dentro del carácter de movimiento que pretendían dar a la organización.

ELA-Movimiento Socialista de Euskadi.

ELA se reorganiza sobre nuevas bases didácticas, estructurales y programáticas. La sigla ELA cobra una nueva cualidad. Surge el apelativo de eladio. Se redactan unos nuevos Principios ( 1963) por la organización del interior que son aceptados como proyecto de tales por la dirección de ELA-STV de Biarritz. Del análisis de los mismos se desprende la vocación política del nuevo grupo, más allá del estricto marco sindical; en una época de inagrietable dictadura, una organización meramente sindical, es decir, apolítica, hubiera movido a risa...También se advierte su interés en insertar el problema nacional en una perspectiva más integrada sociológicamente en las modernas tendencias del pensamiento político, como atestiguan los puntos nº 3 y nº 4 de estos nuevos Principios:

"3.-Por su condición misma, son las clases oprimidas las llamadas a transformar la sociedad. Para ello, deben vencer la oposición de las actuales clases dominantes, oposición y dominio que se manifiestan en todos los aspectos de la economía, la política, la cultura, en un aparato estatal de represión cada vez más desarrollado.

Contra lo que pretende la gigantesca propaganda que manejan, son por tanto dichas capas dominantes las que imponen unos conflictos sociales, una lucha de clases que son propiedad natural de tal sociedad, organizada para provecho de sus sectores privilegiados. Por parte de las clases dominadas esa lucha no es sino una actitud de legítima defensa, la única que tiende realmente a la reconciliación del hombre con el hombre, a la liquidación real de la lucha de clases por la democracia socialista.

4.-La tarea de transformar la sociedad se realiza en un vasto proceso histórico. Implica la cooperación de cuantas fuerzas progresivas pueden reunirse en cada etapa y situación determinada, la incorporación de cuantos elementos positivos concurren en las clases relativa e históricamente progresivas de la sociedad humana. La complejidad y diversidad de la realidad social exigen, para determinarlos, el estudio permanente de la situación concreta de la estructura de clase.

5.-La adhesión a esta tarea de largo alcance no supone, en modo alguno, desinterés por los objetivos incompletos, limitados, que pueden lograrse en término más breve y que son, al mismo tiempo, parte y medio necesario de aquélla. Las reivindicaciones salariales de la clase obrera, la elevación de las condiciones de vida materiales y culturales de los trabajadores, la lucha contra las formas fascistas de dictadura, son cuestiones que STV trata de resolver en la medida -por limitada que sea- en que ello es posible dentro de una estructura social dada".

"La cuestión nacional

1 .-Las tesis precedentes se aplican enteramente a la "cuestión nacional", parte integrante de los problemas expuestos. Sólo la reacción, las clases opresoras en general, tienen interés en presentarla como algo "distinto" de ellos, en disimular, en particular, su sentido e importancia dentro de la cuestión general de la lucha de clase de los trabajadores, en escindir y restringir a tales fines el concepto mismo de ésta.

2.-La estructura de clase de la "nación" y de la sociedad internacional es muy diversa, lo que permite distinguir entre diversos tipos de nacionalismo:

El nacionalismo imperialista es la forma internacional de la dominación de clase, feudal, burguesa, etc..., una empresa de opresión, explotación y pillaje contra las clases sometidas de la nación dominada. Es en general, por otra parte, un medio de fortalecer, compensar y ocultar las contradicciones internas de la propia nación opresora, la dominación ejercida sobre sus clases interiores. El nacionalismo imperialista es un obstáculo absoluto en el desarrollo del internacionalismo socialista, una actitud esencialmente inconciliable con las posiciones de clase de los trabajadores oprimidos.

3.-El nacionalismo defensivo de las clases superiores de la nación oprimida contiene elementos progresivos, liberadores, y debe ser apoyado en sus aspectos positivos. Estos deben ser considerados desde el punto de vista de las clases inferiores de dicha nación, habida cuenta de las circunstancias histórica, y del grado de desarrollo de dichas clases. Quien utiliza la lucha de clases internacional como un medio de ocultar y proseguir la opresión de clase en el interior de la nación, no es socialista. Pero quien combate al nacionalismo (feudal o burgués) de las clases dominantes de la nación oprimida con el nacionalismo doblemente feudal o burgués (de las clases nacional e internacionalmente dominantes) de la nación opresora, no es, él mismo, sino un nacionalista feudal o burgués doblemente peligroso.

4.-El "nacionalismo" de los trabajadores oprimidos, se basa en el derecho indiscutible que les asiste a la autodeterminación nacional, a utilizarla de acuerdo con las condiciones y objetivos peculiares del grupo nacional, de su desarrollo económico social y cultural como tal nación. La renuncia, total y sin equívocos, a la opresión nacional es supuesto imprescindible de la integración internacional de las clases laboriosas. Quien, en palabras, o en hechos, niega este principio, cualquiera que sea la etiqueta social o política que se atribuya, se aparta fatalmente de las posiciones de clase de los trabajadores para caer en el nacionalismo imperialista, convirtiéndose así en parte integrante de las fuerzas burguesas o feudales de la nación opresora. Quien combate el nacionalismo liberador de la nación oprimida apoya necesariamente el nacionalismo explotador y retrógado de la nación opresora.

5.-A diferencia del nacionalismo, que combate determinados intereses de clase en beneficio de otros, el internacionalismo socialista combate todas las formas nacionales e internacionales de la opresión de clase. Los trabajadores de la nación opresora demuestran ante todo su internacionalismo por su apoyo de palabra y de hecho al movimiento de liberación nacional de los pueblos oprimidos por su propia nación, por su lucha total contra el nacionalismo de las clases dominantes de su propio país. Los trabajadores de la nación oprimida lo demuestran tratando su movimiento de liberación nacional como una parte de la lucha de clases nacional e internacional"

Nótese en estos significativos párrafos que algo nuevo ha surgido: estos textos, escritos en 1963, evidencian claramente el surgimiento del primer planteamiento socialista de la cuestión nacional. Interesa hacer resaltar que, tanto en la I Asamblea de ETA (mayo de 1962) como en el Vasconia de Krutwig (1962), si bien se marca una clara ruptura con el jelismo del PNV, no se sale del área del nacionalismo radical, hasta la IV asamblea de ETA de 1965.

Los siguientes puntos de la hoja informativa Lan-Deya (n.º 25, 1964) definen la línea política de ELA en aquella etapa histórica:

"Régimen democrático. Un estado progresivo y viable, capaz de sustituir al fascismo, sólo puede fundarse en las siguientes bases:

a) Amplia coalición democrática, refrendada en el más breve plazo por consulta popular.
b) Respeto de los derecho, humanos. Libertad de asociación, incluso sindical y de partido.
c) Restablecimiento inmediato de las soluciones autonómicas, democráticamente irreversibles, de las nacionalidades peninsulares.d) Reforma agraria. Política económica antimonopolista."

"Estructura. La revolución democrático-burguesa constituye una estructura de fines y medios. La amputación de un solo punto esencial de su desarrollo destruye la única acumulación de fuerzas que puede oponer una alternativa seria al régimen fascista. Entre el sistema fascista de poder y su antagónico revolucionario democrático-burgués no caben un contenido, una estabilidad de clase, una etapa histórica intermediarios, cualesquiera que sean la "forma", el ritmo y la complejidad de fases que adopte el paso de uno a otro. Dada la estructura de clase en el estado español, toda solución "intermedia" (o "extremista") carece de viabilidad. Si cobra alguna realidad, ésta se reduce a las fases de transición".

Como se ve, ELA hablaba de ruptura democrática ya en 1964. Desde estas posiciones es fácil comprender que el contencioso de la autonomía inmediata que había provocado el chispazo de Munich, conduciría a una abierta ruptura con el PNV y la dirección exterior de ELA cuando la ocasión se presentara. Y esto ocurrió con el relanza-` miento, en 1964, de la Alianza Sindical . Este organismo relanzado por el PSOE a escala de estado, se componía en Euskadi de las tres centrales sindicales tradicionales UGT, CNT y STV. La película de la ruptura podría resumirse así:

1º El PSOE propone la creación de in organismo de coalición sindical.
2º ELA interior considera condición "sine qua non" para integrarse, la inclusión del compromiso sobre la autonomía inmediata.
3º El PSOE se niega, boicotea la coalición y trata de utilizar las siglas de Alianza Sindical con la cobertura de los habituales hombres de paja.
4º El PNV y la burocracia ELA-STV en el exilio desautorizan a ELA del Interior y "cubren" al PSOE.
5º Lan-Deya, órgano de ELA del Interior, denuncia el pacto burocrático PSOE - PNV como un ataque a la autonomía inmediata y a la independencia de clase de los trabajadores vascos :

"STV y la autonomía vasca.

La política de STV en lo que respecto a la cuestión nacional de Euzkadi se reduce, en la presente etapa histórica, a una exigencia fundamental: la autonomía inmediata de Euzkadi peninsular como condición esencial del régimen democrático capaz de sustituir al fascismo español. Con tal política nacional no pretendemos haber descubierto la luna. ¡Bien al contrario! Esta política no es otra que la mantenida durante tantos años por José Antonio Aguirre, Presidente del Gobierno Autónomo de Euzkadi, política secundada constantemente por el pueblo vasco, vigente hoy, y ajustada plenamente a la realidad presente.

Solamente los liquidadores de esa política, solamente quienes pretenden que el pueblo vasco abandone "por el momento" sus exigencias autonómicas, solamente quienes subordinan la revolución democrática peninsular a los prejuicios y los objetivos del nacionalismo imperialista pueden pues criticar como "excesiva" la política nacional que defendemos.

Nuestra posición es clara. Búsqueda de la más amplia y efectiva unidad de la posición frente al fascismo, búsqueda de un régimen democrático estable y progresivo. Todo ello sobre bases realistas, bases que no pueden ser otras, nos gusten o no, que las dictadas por las condiciones objetivas de la revolución democrático burguesa en el complejo peninsular. La autonomía inmediata de Euzkadi (y la de Catalunya, como los catalanes sostienen sin equívoco) forma parte esencial de esas bases, responde a la realidad insoslayable de las fuerzas en presencia. Los prejuicios e intereses nacionalistas de la pequeña burguesía vasca nada pueden contra esa realidad. La experiencia histórica como el estudio teórico demuestran que la política de abandono lleva aquí no a la unidad y al progreso democrático, sino a la descomposición y la impotencia frente al fascismo, a la ruina de la causa democrática en Euzkadi y EN ESPAÑA.

Si los promotores y cómplices de la política de liquidación creen realmente que nuestra política nacional, la política de José Antonio Aguirre, debe ser abandonada, ¿por qué no lo dicen abiertamente al pueblo en que quisieran apoyarse?"

La ruptura se ha consumado y se abre un período de abierta hostilidad entre el interior y el exilio. Pretendiendo dar una mayor extensión al papel asumido desde la nueva situación, ELA se convierte en ELA-STV-Movimiento Socialista de Euskadi.


El enfrentamiento con el PNV se traduce en el boicot activo a la manifestación de Aberri -Eguna de 1967 y 1968 convocada por el partido:

"Las contradicciones y factores negativos de la concentración que el PNV prepara para el día 14 en San Sebastián, son parte y consecuencia inevitable de su actual política oficial.

El llamamiento público de la burocracia del PNV se hace en nombre del Gobierno de Euzkadi. Pero hace largos años que el Gobierno de Euzkadi, es decir la exigencia de autonomía inmediata, ha sido abandonado por el PNV en todos sus acuerdos políticos oficiales.

Se convoca a "todo el pueblo", pero la burocracia del PNV mantiene, en realidad, una política de disidencia y división: posiciones fascistas (partido único, sindicalismo amarillo) contra la clase obrera, colaboración con la burguesía española contra los trabajadores vascos, abandono unilateral y arbitrario de la exigencia autonómica, oposición al frente nacional de coalición...

Se invocan los valores democráticos, pero los burócratas del PNV mienten deliberadamente a la propia base del partido, ocultando y falseando la línea política que se pretende seguir en su nombre y los mismos hechos concretos que la constituyen.Las fuerzas populares y los motivos que se ponen en juego son esencialmente inseparables de la estructura total del frente democrático, antagonistas del "camuflaje y manejos tácticos neocapitalistasn que penetran cada vez más la dirección burocrática del PNV y que sólo pueden frenar y retrasar el progreso democrático.

La manifestación implica el choque intransigente con los subalternos armados del fascismo, pero el PNV "fraterniza" a nivel burocrático con los verdaderos responsables políticos de aquellos. Al choque de masas en la calle corresponde la política de claudicación y abandono en la mesa de negociación.

El burocratismo y la crisis política acarrean errores técnicos que aumentan absoluta y relativamente (los del adversario disminuyen). Los "actos" del 14 de abril constituyen una cita irresponsable con fecha, lugar y programa fijos a las fuerzas de represión fascistas. Actitud fundada en la tozudez obtusa, la falta de imaginación, el sectarismo y el desconocimiento total de las técnicas modernas de oposición popular a las bandas armadas del Estado.

La "quema" de recursos en acciones de este carácter tiende a encubrir la ausencia y el abandono de las tareas esenciales del desarrollo y la lucha política e ideológica lo largo de todo el año y en todos los terrenos. En su contexto, constituye, además, un medio de aturdir a los sectores "activistas" de la juventud, impidiendo una reflexión política fatalmente incompatible con el paternalismo burocrático del PNV".

Como es de suponer, el grado de tensión política que tal postura suponía llevó a diferencias de opinión en el seno de ELA-MSE en cuanto al tratamiento de los problemas tácticos en la práctica política. Y es en el campo de las diferencias tácticas, y, en mucho menor grado, en el de las estratégico-ideológicas, donde se produce la ruptura entre dos sectores de la organización a finales de 1969. Tales diferencias se refieren a la mayor o menor flexibilidad en la presentación de las posiciones políticas, la conveniencia o no del ensanchamiento de la base, diferencias de óptica en el tratamiento y enjuiciamiento del fenómeno ETA, etc. Pero, tras las diferencias tácticas planea la duda sobre la viabilidad de la ruptura democrática como alternativa al fascismo.

Lo que el sector guipuzcoano de ELA-MSE se plantea al comienzo de 1970 es si es posible, tras diez años de enorme desarrollo económico (la década de los 60) que han cambiado la estructura de clase del Estado español, "reformar" el Estado de la clase dirigente, excluyendo a la clase dirigente, sin modificar a fondo el sistema de relaciones de producción que sobrepasaba los límites del Estado Nacional y de la propia clase dirigente, para enmarcarse en un sistema internacional de relaciones de cambio y de producción.

Toda una época pasada precisaba ser reinterpretada y un nuevo orden político debía ser analizado.

Ref. I. Estornés: Qué son los partidos abertzales, Itxaropena, 1977, 39-53.


Sin embargo las complejas estrategias seguidas por ELA-MSE suscitaron diferencias en el seno del propio movimiento. Así, en 1969 se produjeron expulsiones recíprocas que dieron lugar a dos grupos diferentes, los cuales siguieron actuando. cada uno por su cuenta, bajo las siglas ELA-MSE: los denominados eladios, por un lado, y un grupo de orientación predominantemente sindical encabezado por Alfonso Etxeberria, por otro. A éste habría que añadir otros núcleos locales en Eibar, Pasajes, Santutxu, etc. que también se autodenominaron ELA En 1973, el grupo de Etxeberria- Ayestarán, inició contactos con el Comité de ELA/STV en Biarritz, aunque las conversaciones no cuajaron hasta septiembre de 1975, cuando se reintegraron en la histórica ELA de Manu Robles. Mientras en el interior nos encontramos con una madeja de siglas difíciles de desentrañar, pero que el lector hallará en esta Enciclopedia, el Comité Nacional de ELA/STV en el exilio había ido reorganizando sus cuadros interiores tras cada ruptura dentro de la línea oficial. En 1969 estaba en disposición de publicar una nueva declaración de principios, que vino a ser un intento de ponerse a la altura de los nuevos tiempos, aunque sin abandonar la línea histórica. A partir de este año, Miguel Leunda, que se encontraba liberado por la organización, pasó a Laburdi donde tomó parte activa en las labores del Comité en Biarritz. Desde la Secretaría de la organización se dedicará fundamentalmente a reactivar las relaciones internacionales, fundamentalmente con la CIOSL, así como con toda clase de organismos y personalidades de relevancia en el mundo sindical internacional. Cuando en 1975 llegó el momento de la fusión, serán Etxeberria y Leunda los representantes de los dos grupos que a partir de entonces constituyeron la renovada ELA/ STV. Para ello y, como labor previa, se efectúa una "voladura controlada" de aquellos elementos que pretendían la conversión de la ELA clandestina en un partido político con su correspondiente sindical paralela, idea constantemente cultivada por el grupo en los últimos años. La creación de ESB (1975-1976) y ESEI (1976), tras la muerte del general Franco, corresponde así a un reagrupamiento tardío -y frustrado- de dichos elementos.

A partir de mediados de los años sesenta, el sindicato vasco entra en una compleja dinámica de fragmentación que duraría una década. La falta de comunicación y de verdadera democracia interna a que obligaba la clandestinidad, junto a las apetencias personales, pueden ayudar a explicar aquella confusa situación. Por otra parte, algunos de los militantes de los diversos grupos que se autotitularon ELA/STV y que también participaron en el naciente movimiento de las C.C.O.O., fueron detenidos, encarcelados y sometidos a procesos por su participación en manifestaciones contra el régimen, cada vez más frecuentes e importantes desde 1962. Mientras el Comité Nacional de Biarritz, ajeno a los cambios que se habían producido en la Euzkadi peninsular, permanecía anclado en la línea del sindicalismo de preguerra, los disidentes del grupo liderado por Anabitarte, Aginaga y José Antonio Ayestarán "Baroja" se autotitularon ELA-Movimiento Socialista de Euskadi. Se trataba de aplicar un análisis de tipo marxista a la situación real de Euskal Herria, primando la acción formativa e impulsando iniciativas culturales, dentro del carácter de movimiento que pretendían dar a la organización.

ELA-Movimiento Socialista de Euskadi

STV se reorganiza sobre nuevas bases didácticas, estructurales y programáticas. Se redactan unos nuevos Principios por la organización del interior que son aceptados como proyecto de tales por la dirección de ELA-STV de Biarritz. Del análisis de los mismos se desprende la vocación política del nuevo grupo -más allá del estricto marco sindical- y su interés en insertar el problema nacional en una perspectiva más integrada sociológicamente en las modernas tendencias del pensamiento político, como atestiguan los puntos n.° 3 y n.° 4 de estos nuevos Principios: "3.-Por su condición misma, son las clases oprimidas las llamadas a transformar la sociedad. Para ello, deben vencer la oposición de las actuales clases dominantes, oposición y dominio que se manifiestan en todos los aspectos de la economía, la política, la cultura, en un aparato estatal de represión cada vez más desarrollado. Contra lo que pretende la gigantesca propaganda que manejan, son por tanto dichas capas dominantes las que imponen unos conflictos sociales, una lucha de clases que son propiedad natural de tal sociedad, organizada para provecho de sus sectores privilegiados. Por parte de las clases dominantes esa lucha no es sino una actitud de legítima defensa, la única que tiende realmente a la reconciliación del hombre con el hombre, a la liquidación real de la lucha de clases por la democracia socialista. 4.-La tarea de transformar la sociedad se realiza en un vasto proceso histórico. Implica la cooperación de cuantas fuerzas progresivas pueden reunirse en cada etapa y situación determinada, la incorporación de cuantos elementos positivos concurren en las clases relativa e históricamente progresivas de la sociedad humana. La complejidad y diversidad de la realidad social exigen, para determinarlos, el estudio permanente de la situación concreta de la estructura de clase. 5.-La adhesión a esta tarea de largo alcance no supone, en modo alguno, desinterés por los objetivos incompletos, limitados, que pueden lograrse en término más breve y que son, al mismo tiempo, parte y medio necesario de aquélla. Las reivindicaciones salariales de la clase obrera, la elevación de las condiciones de vida materiales y culturales de los trabajadores, la lucha contra las formas fascistas de dictadura, son cuestiones que STV trata de resolver en la medida -por limitada que sea- en que ello es posible dentro de una estructura social dada".

"La cuestión nacional. 1 .-Las tesis precedentes se aplican enteramente a la "cuestión nacional", parte integrante de los problemas expuestos. Sólo la reacción, las clases opresoras en general, tienen interés en presentarla como algo "distinto" de ellos, en disimular, en particular, su sentido e importancia dentro de la cuestión general de la lucha de clase de los trabajadores, en escindir y restringir a tales fines el concepto mismo de ésta. 2.-La estructura de clase de la "nación" v de la sociedad internacional es muy diversa lo que permite distinguir entre diversos tipos de nacionalismo: El nacionalismo imperialista es la forma internacional de la dominación de clase, feudal, burguesa, etc.. una empresa de opresión, explotación y pillaje contra las clases sometidas de la nación dominada.

Es en general, por otra parte, un medio de fortalecer, compensar y ocultar las contradicciones internas de la propia nación opresora, la dominación ejercida sobre sus clases interiores. El nacionalismo imperialista es un obstáculo absoluto en el desarrollo del internacionalismo socialista, una actitud esencialmente inconciliable con las posiciones de clase de los trabajadores oprimidos. 3.-El nacionalismo defensivo de las clases superiores de la nación oprimida contiene elementos progresivos, liberadores, y debe ser apoyado en sus aspectos positivos. Estos deben ser considerados desde el punto de vista de las clases inferiores de dicha nación, habida cuenta de las circunstancias histórica, y del grado de desarrollo de dichas clases. Quien utiliza la lucha de clases internacional como un medio de ocultar y proseguir la opresión de clase en el interior de la nación, no es socialista. Pero quien combate al nacionalismo (feudal o burgués) de las clases dominantes de la nación oprimida con el nacionalismo doblemente feudal o burgués (de las clases nacional e internacionalmente dominantes) de la nación opresora, no es, él mismo, sino un nacionalista feudal o burgués doblemente peligroso. 4.-El "nacionalismo" de los trabajadores oprimidos, se basa en el derecho indiscutible que les asiste a la autodeterminación nacional, a utilizarla de acuerdo con las condiciones y objetivos peculiares del grupo nacional, de su desarrollo económico social y cultural como tal nación. La renuncia, total y sin equívocos, a la opresión nacional es supuesto imprescindible de la integración internacional de las clases laboriosas. Quien, en palabras, o en hechos, niega este principio, cualquiera que sea la etiqueta social o política que se atribuya, se aparta fatalmente de las posiciones de clase de los trabajadores para caer en el nacionalismo imperialista, convirtiéndose así en parte integrante de las fuerzas burguesas o feudales de la nación opresora. Quien combate el nacionalismo liberador de la nación oprimida apoya necesariamente el nacionalismo explotador y retrógado de la nación opresora. 5.-A diferencia del nacionalismo, que combate determinados intereses de clase en beneficio de otros, el internacionalismo socialista combate todas las formas nacionales e internacionales de la opresión de clase. Los trabajadores de la nación opresora demuestran ante todo su internacionalismo por su apoyo de palabra y de hecho al movimiento de liberación nacional de los pueblos oprimidos por su propia nación, por su lucha total contra el nacionalismo de las clases dominantes de su propio país. Los trabajadores de la nación oprimida lo demuestran tratando su moviento de liberación nacional como una parte de la lucha de clases nacional e internacional" Nótese en estos significativos párrafos que algo nuevo ha surgido: estos textos. escritos en 1963, evidencian claramente el surgimiento del primer planteamiento socialista de la cuestión nacional. Interesa hacer resaltar que. tanto en la I Asamblea de ETA (mayo de 1962) como en el Vasconia de Krutwig (1962), si bien se marca una clara ruptura con el jelismo del PNV no se sale del área del nacionalismo radical, hasta la IV asamblea de ETA de 1965. Los siguientes puntos de la hoja informativa Lan-Deya (n.º 25, 1964) definen la línea política de ELA en aquella etapa histórica: "Régimen democrático. Un estado progresivo y viable, capaz de sustituir al fascismo, sólo puede fundarse en las siguientes bases: a) Amplia coalición democrática, refrendada en el más breve plazo por consulta popular. b) Respeto de los derecho, humanos. Libertad de asociación, incluso sindical y de partido. c) Restablecimiento inmediato de las soluciones autonómicas, democráticamente irreversibles, de las nacionalidades peninsulares. d) Reforma agraria. Política económica antimonopolista.

Estructura. La revolución democrático-burguesa constituye una estructura de fines y medios. La amputación de un solo punto esencial de su desarrollo destruye la única acumulación de fuerzas que puede oponer una alternativa seria al régimen fascista. Entre el sistema fascista de poder y su antagónico revolucionario democrático-burgués no caben un contenido, una estabilidad de clase, una etapa histórica intermediarios, cualesquiera que sean la "forma", el ritmo y la complejidad de fases que adopte el paso de uno a otro. Dada la estructura de clase en el estado español, toda solución "intermedia" (o "extremista") carece de viabilidad. Si cobra alguna realidad, ésta se reduce a las fases de transición". Como se ve, ELA hablaba de ruptura democrática ya en 1964. Desde estas posiciones es fácil comprender que el contencioso de la autonomía inmediata que había provocado el chispazo de Munich, conduciría a una abierta ruptura con el PNV y la dirección exterior de ELA cuando la ocasión se presentara. Y esto ocurrió con el relanzamiento, en 1964, de la Alianza Sindical. Este organismo relanzado por el PSOE a escala de estado español, se componía en Euskadi de las tres centrales sindicales tradicionales UGT, CNT y STV. La película de la ruptura podría resumirse así: 1.º El PSOE propone la creación de un organismo de coalición sindical. 2.° ELA interior considera condición "sine qua non" para integrarse, la inclusión del compromiso sobre la autonomía inmediata. 3.° El PSOE se niega, boicotea la coalición y trata de utilizar las siglas de Alianza Sindical con la cobertura de los habituales hombres de paja. 4.º El PNV y la burocracia ELA-STVen el exilio desautorizan a ELA del interior y "cubren", al PSOE 5.º Lan-Deya. órgano de ELA del interior, denuncia el pacto burocrático PSOE-PNV como un ataque a la autonomía inmediata y a la independencia de clase de los trabajadores vascos: "STV y la autonomía vasca. La política de STV en lo que respecto a la cuestión nacional de Euzkadi se reduce, en la presente etapa histórica, a una exigencia fundamental: la autonomía inmediata de Euzkadi peninsular como condición esencial del régimen democrático capaz de sustituir al fascismo español. Con tal política nacional no pretendemos haber descubierto la luna. ¡Bien al contrario! Esta política no es otra que la mantenida durante tantos años por José Antonio Aguirre. Presidente del Gobierno Autónomo de Euzkadi, política secundada constantemente por el pueblo vasco, vigente hoy, y ajustada plenamente a la realidad presente. Solamente los liquidadores de esa política, solamente quienes pretenden que el pueblo vasco abandone "por el momento" sus exigencias autonómicas, solamente quienes subordinan la revolución democrática peninsular a los prejuicios y los objetivos del nacionalismo imperialista pueden pues criticar como "excesiva" la política nacional que defendemos. Nuestra posición es clara.

Búsqueda de la más amplia y efectiva unidad de la posición frente al fascismo, búsqueda de un régimen democrático estable y progresivo. Todo ello sobre bases realistas, bases que no pueden ser otras, nos gusten o no, que las dictadas por las condiciones objetivas de la revolución democrático burguesa en el complejo peninsular. La autonomía inmediata de Euzkadi (y la de Catalunya, como los catalanes sostienen sin equívoco) forma parte esencial de esas bases, responde a la realidad insoslayable de las fuerzas en presencia. Los prejuicios e intereses nacionalistas de la pequeña burguesía vasca nada pueden contra esa realidad. La experiencia histórica como el estudio teórico demuestran que la política de abandono lleva aquí no a la unidad y al progreso democrático, sino a la descomposición y la impotencia frente al fascismo. a la mina de la causa democrática en Euzkadi y EN ESPAÑA. Si los promotores y cómplices de la política de liquidación creen realmente que nuestra política nacional. la política de José Antonio Aguirre, debe ser abandonada. ¿por qué no lo dicen abiertamente al pueblo en que quisieran apoyarse?". La ruptura se ha consumado y se abre un período de abierta hostilidad entre el interior y el exilio. Pretendiendo dar una mayor extensión al papel asumido desde la nueva situación, ELA se convierte en ELA-STV-Movimiento Socialista de Euskadi. El enfrentamiento con el PNV se traduce en el boicot activo a la manifestación de Aberri-Eguna de 1967 y 1968 convocada por el partido: "Las contradicciones y factores negativos de la concentración que el PNV prepara para el día 14 en San Sebastián, son parte y consecuencia inevitable de su actual política oficial. El llamamiento público de la burocracia del PNV se hace en nombre del Gobierno de Euzkadi. Pero hace largos años que el Gobierno de Euzkadi, es decir la exigencia de autonomía inmediata, ha sido abandonado por el PNV en todos sus acuerdos políticos oficiales. Se convoca a "todo el pueblo", pero la burocracia del PNV mantiene, en realidad, una política de disidencia y división: posiciones fascistas (partido único, sindicalismo amarillo) contra la clase obrera, colaboración con la burguesía española contra los trabajadores vascos, abandono unilateral y arbitrario de la exigencia autonómica, oposición al frente nacional de coalición... Se invocan los valores democráticos, pero los burócratas del PNV mienten deliberadamente a la propia base del partido, ocultando y falseando la línea política que se pretende seguir en su nombre y los mismos hechos concretos que la constituyen. Las fuerzas populares y los motivos que se ponen en juego son esencialmente inseparables de la estructura total del frente democrático, antagonistas del "camuflaje y manejos tácticos neocapitalistas" que penetran cada vez más la dirección burocrática del PNV y que sólo pueden frenar y retrasar el progreso democrático. La manifestación implica el choque intransigente con los subalternos armados del fascismo, pero el PNV "fraterniza" a nivel burocrático con los verdaderos responsables políticos de aquellos. Al choque de masas en la calle corresponde la política de claudicación y abandono en la mesa de negociación.

El burocratismo y la crisis política acarrean errores técnicos que aumentan absoluta y relativamente (los del adversario disminuyen). Los "actos" del 14 de abril constituyen una cita irresponsable con fecha, lugar y programa fijos a las fuerzas de represión fascistas. Actitud fundada en la tozudez obtusa. la falta de imaginación, el sectarismo y el desconocimiento total de las técnicas modernas de oposición popular a las bandas armadas del Estado. La "quema" de recursos en acciones de este carácter tiende a encubrir la ausencia y el abandono de las tareas esenciales del desarrollo y la lucha política e ideológica a lo largo de todo el año y en todos los terrenos. En su contexto, constituye. además. un medio de aturdir a los sectores "activistas" de la juventud, impidiendo una reflexión política fatalmente incompatible con el paternalismo burocrático del PNV". Como es de suponer, el grado de tensión política que tal postura suponía llevó a diferencias de opinión en el seno de ELA-MSE en cuanto al tratamiento de los problemas tácticos en la práctica política. Y es en el campo de las diferencias tácticas, y, en mucho menor grado, en el de las estratégico-ideológicas, donde se produce la ruptura entre dos sectores de la organización a finales de 1969. Tales diferencias se refieren a la mayor o menor flexibilidad en la presentación de las posiciones políticas, la conveniencia o no del ensanchamiento de la base. diferencias de óptica en el tratamiento y enjuiciamiento del fenómeno ETA, etc. Pero, tras las diferencias tácticas planea la duda sobre la viabilidad de la ruptura democrática como alternativa al fascismo. Lo que el sector guipuzcoano de ELA-MSE se plantea al comienzo de 1970 es si es posible, tras diez años de enorme desarrollo económico (la década de los 60) que han cambiado la estructura de clase del Estado español, "refomar" el Estado de la clase dirigente. excluyendo a la clase dirigente, sin modificar a fondo el sistema de relaciones de producción que sobrepasa los límites del Estado Nacional y de la propia clase dirigente,para enmarcarse en un sistema internacional de relaciones de cambio y de producción. Toda una época precisaba ser reinterpretada y un nuevo orden político debía ser analizado.

Ref. I. Estornés: Qué son los partidos abertzales, Itxaropena, 1977. 39-53.

Sin embargo las complejas estrategias seguidas por ELA-MSE suscitaron diferencias en el seno del propio movimiento. Así, en 1969 se produjeron expulsiones recíprocas que dieron lugar a dos grupos diferentes, los cuales siguieron actuando. cada uno por su cuenta, bajo las siglas ELA-MSE: los denominados eladios, por un lado, y un grupo de orientación predominantemente sindical encabezado por Alfonso Etxeberria, por otro. A éste habría que añadir otros núcleos locales en Eibar, Pasajes, Santutxu, etc. que también se autodenominaron ELA En 1973, el grupo de Etxeberria- Ayestarán, inició contactos con el Comité de ELA/STV en Biarritz, aunque las conversaciones no cuajaron hasta septiembre de 1975, cuando se reintegraron en la histórica ELA de Manu Robles. Mientras en el interior nos encontramos con una madeja de siglas difíciles de desentrañar, pero que el lector hallará en esta Enciclopedia, el Comité Nacional de ELA/STV en el exilio había ido reorganizando sus cuadros interiores tras cada ruptura dentro de la línea oficial. En 1969 estaba en disposición de publicar una nueva declaración de principios, que vino a ser un intento de ponerse a la altura de los nuevos tiempos, aunque sin abandonar la línea histórica. A partir de este año, Miguel Leunda, que se encontraba liberado por la organización, pasó a Laburdi donde tomó parte activa en las labores del Comité en Biarritz. Desde la Secretaría de la organización se dedicará fundamentalmente a reactivar las relaciones internacionales, fundamentalmente con la CIOSL, así como con toda clase de organismos y personalidades de relevancia en el mundo sindical internacional. Cuando en 1975 llegó el momento de la fusión, serán Etxeberria y Leunda los representantes de los dos grupos que a partir de entonces constituyeron la renovada ELA/ STV. Para ello y, como labor previa, se efectúa una "voladura controlada" de aquellos elementos que pretendían la conversión de la ELA clandestina en un partido político con su correspondiente sindical paralela, idea constantemente cultivada por el grupo en los últimos años. La creación de ESB (1975-1976) y ESEI (1976), tras la muerte del general Franco, corresponde así a un reagrupamiento tardío -y frustrado- de dichos elementos.

En 1976, la organización celebró su III Congreso, en dos sesiones, la primera en Euba, en agosto, y la segunda en Eibar, en octubre. En él se definió a ELA como un sindicato vasco, de clase, independiente, amplio y democrático; se asumió la dimensión histórica de ELA y se aceptaron, también oficialmente, los planteamientos que habían defendido los grupos de ELA del interior, es decir, la opción socialista y de clase, lo que supuso una nueva etapa en una línea de tendencia que quedaba bien definida. En abril de 1977, con el retorno de la libertad sindical en el conjunto del Estado, ELA/STV se inscribió en el registro de asociaciones sindicales. Un grupo, más conservador y cercano al PNV se unió a los eladios que celebraron sucongreso en julio- agosto de 1976, en Leioa. En julio del añosiguiente quedó constitruida ELA (Askatuta), organización sindical con escasa fuerza, salvo en algunos pueblos guipuzcoanos y en la margen izquierda de la Ría. En 1979, la organización estaba definitivamente consolidada, sus planteamientos de principio han dado paso a un sindicalismo dinámico y ambicioso, adecuado al espacio laboral en que se mueve y a los límites geográficos que constituyen su arco de actuación. En la década de los ochenta, con Alfonso Etxeberria en la Secretaría, la central sindical nacionalista se convirtó en la primeta fuerza sindical de la Comunidad Autónoma Vasca y la tercera de Navarra. En 1990, con la fusión de ELA y ELA (A), y José Elorrieta al frente de la Secretaría General de la Confederación, se dio un nuevo impulso a la organización.

MGE

  • BARRUSO, Pedro: El movimiento obrero en Guipúzcoa durante la II República: organizaciones obreras y dinámica sindical (1931-1936). Tesis doctoral. Universidad de Deusto., San Sebastían, 1994.
  • CAMINO, I. "Las varias "ELA" del franquismo" , Euskadi, nº 238 (abril 1986), pp. /18-20.
  • ELORZA Antonio: Ideologías del nacionalismo vasco 1876-1937, Haranburu, San Sebastían, 1978.
  • ELORZA Antonio: Le syndicalisme nationaliste auPays Basque, "Le Mouvement Social" (París), julio-septiembre 1984, n.° 128, pp. 83-96.
  • Estornes ZUBIZARRETA, Idoia: ¿Qué son los partidos Abertzales?, Zarautz, 1977.
  • Fusi, Juan Pablo: "Movimiento obrero y nacionalismo vasco (1890-1936)", en el País Vasco. Pluralismo y, nacionalidad, Alianza, Madrid, 1984.
  • Fusi, Juan Pablo: "Las organizaciones obreras en el País Vasco durante la II República", en Manuel Tuñón de Lara (director): Gernika: 50 años después (1937-1987). Nacionalismo, República, Guerra Civil, Universidad del País Vasco, San Sebastián, 1987.
  • García Crespo. et al.: La economía vasca durante el (1936-1980), Bilbao, Ed. Gran Enciclopedia Vasca, 1981.
  • GARCIA VENERO, Maximiano: La Solidaridad de Obreros Vascos (1911-1937), "Revista de Trabajo", Madrid, 1964, n.° 3, pp. 9-27.
  • GARDE ETAYO, M.L.: ELA/STV: "Un sindicato vasco durante la transición (1975-1981 )", Actas II.º Congreso General de Historia de Navarra, Iruñea, 1990; .
  • GARDE ETAYO, M.L.: El primer exilio del sindicalismo vasco, Coloquios Españoles en Francia, Salamanca, 1991, pp. 202-215.
  • GARMENDIA, J.M.- ELORDI, A.: La resistencia vasca, San Sebastián. Haranburu, 1982.
  • GRANJA, José Luis de la: Nacionalismo y II República en el País Vasco, Centro de Investigaciones Sociológicas/S. XXI, Madrid, 1986.
  • GRANJA, José Luis de la: República y Guerra Civil en Euskadi, Instituto Vasco de Administración Pública, Bilbao, 1990.
  • IBARRA GUELL, P.: El movimiento obrero en Vizcaya: 1967-1977. Ideología, organización y conflictividad, Bilbao, EHU, 1987.
  • IBARZABAL, Eugenio: 50 años de nacionalismo vasco 1928-1978 (a través de sus protagonistas), San Sebastián, 1978.
  • JAUREGUI, F. -VEGA, P.: Crónica del antifranquismo (1939-1962), Barcelona, Argos, 1983.
  • JAUREGUI. Gurutz: "Bases sociales del nacionalismo vasco durante la II República", en Justo G. Beramendi y Ramón Máiz (comps.): Los nacionalismos en la España de la II República, S. XXI, Madrid, 1991.
  • LARRAÑAGA, Policarpo de: Contribución a In Historia obrera de Euskalerria, Auñamendi, San Sebastián, 1976-77, dos vols.
  • MARTIÑEZ-PEÑUELA, Araceli: Aportaciones al estudio del sindicalismo navarro ELA-SOV/STV (1911-1936). "Príncipe de Viana" (Pamplona), enero-abril 1990, n.° 189, pp, 263-268.
  • MEES, Ludger: Entre nación y clase. El nacionalismo vasco y su base social en perspectiva comparativa, Bilbao 1991.
  • MEES, Ludger: Nacionalismo vasco, movimiento obrero y, cuestión social (1903-1923), Bilbao 1922.
  • MEES, Ludger: Nacionalismo vasco, movimiento obrero y cuestión social basta 1923, en: Tuñón de Lara, Manuel (Dir.): Gernika: 50 años después (1937-1987). Nacionalismo, República, Guerra Civil, San Sebastián 1987, pp. 25-49.
  • OLABARRI, Ignacio: Relaciones laborales en Vizcaya (1890-1936), Zugaza, Durango, 1978.
  • OLABARRI, Ignacio: Solidaridad de Obreros Vascos, una central sindical nacionalista y cristiana (1911-1936), en VV. .AA.: La cuestión social en la Iglesia espariola contemporánea. Ediciones Escurialenses, El Escorial, 1981.
  • OTAEGUI,. Margarita: Censo de Comités Paritarios de Guipúzcoa y Vizcaya, en: Tuñón de Lara, Manuel (Dir.): La crisis de la Restauración. España, entre La primera guerra mundial y la II República, Madrid 1986, pp. 291-313.
  • OTAEGUI, Margarita: Organización obrera y nacionalismo. Solidaridad de Obreros Vascos (1911-1923), en: Estudios de Historia Social", 18-19, 1981, pp. 7-83.
  • PABLO, Santiago de: El nacionalismo vasco en Alava (1907-1936). Ekin, Bilbao, 1988.
  • ROMAÑA, ARTEAGA, J. M.: La segunda guerra mundial y los vascos, Bilbao, Ed. Mensajero, 1988.
  • SAGARDOY, J. A.- LEON. D.: El poder sindical en España, Barcelona, Planeta, 1982.
  • TUSELL GÓMEZ, J: La oposición democrática al franquismo, Barcelona, Planeta, 1982.
  • UGALDE, Mercedes: Historia de Euzkadi, Barcelona, Planeta, 1982.
  • UGALDE, Mercedes: Mujeres y nacionalismo vasco. Génesis y desarrollo de Emakume Abertzale Batza (1906-1936). Universidad del País Vasco, Bilbao, 1993.
  • VV. AA.: Octubre 1934 Urria. IPES, Bilbao, 1985.
  • VV. AA.: José Ariztimuño "Aitzol". Biografía y rasgos mayores de su obra. Erein, Donostia, 1988.
  • VV. AA.: Protagonistas de la Historia vasca (1923-1950)", "Cuadernos de Sección Historia-Geografía" (S. E. V., San Sebastián), 1984, n.° 7, pp. 115-142.

Véase