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Cajas de Ahorro en Vasconia

Al principio del siglo XXI, y sabedores de lo que son hoy en día las Cajas de Ahorro, es difícil entender lo que significaron en sus inicios sin recordar antes cuál era la situación de la población trabajadora en el XIX, siglo en el que aparecieron las primeras cajas vasco navarras. La situación podría compararse con lo que ahora ocurre en los países del llamado Tercer Mundo, en los que reina la pobreza de los más junto a la abundancia de los menos. Quizá por ello convenga señalar aquí que, en el momento de su nacimiento, fueron consideradas entidades de carácter benéfico por la labor social que tenían encomendada, situación muy diferente a la que disfrutan en la actualidad.

Remitiéndonos a su origen, fueron las malas condiciones de vida de amplías capas de la población las que estimularon el nacimiento de las instituciones de ahorro popular, junto con un afán benéfico y filantrópico de determinadas personalidades de la burguesía que, conscientes de esa situación, impulsaron su nacimiento proponiendo como solución a los problemas de las clases populares la virtud del ahorro, tan querida para dichas personas. Merced al ahorro se podría lograr una mínima propiedad monetaria que sirviera para corregir su situación y limitar su posible tentación de revolución social.

En Europa, las primeras Cajas surgieron a finales del siglo XVIII. En el Primer Congreso Internacional del Ahorro, celebrado en París en 1924, se otorgó la primogenitura a la Caja de Ahorros de Hamburgo ("Sparkase" 1778), pese a que en Alemania hubo precedentes similares (la Caja de Huérfanos de Salem, 1749; la Caja Ducal de Préstamos de Brunswick, 1765). Más tarde se abrirían la Caja de Ahorros de Odemburgo y de Detmold (1786), Kiel (1796)... siendo en el año 1838 cuando se promulgó la primera ley sobre Cajas de Ahorro en Prusia (Palacio Bañuelos, 1977: 41-42).

El proceso se dio en otros países. En Gran Bretaña, Priscila Wakefield fundó en Tottenham (1798) la "Female Benefit Club" con la intención de ayudar a las mujeres y a los niños, y que cambiaría su nombre en 1804 por el de "Tottenham Benefit Bank". El reverendo Henry Duncan fundó en Ruthwell (Escocia) la "Parish Bank Friendly Society" (1810), que serviría de modelo a otras muchas que se fueron abriendo gracias a su empuje y propaganda. La primera ley sobre Cajas de Ahorro es de 1817 para Irlanda e Inglaterra y de 1819 para Escocia.

En Francia se fundaron algunas Cajas de Ahorro en el siglo XVIII, pero su desarrollo y consolidación legal ocurrió en el primer tercio del siglo XIX. En 1818 abrió la "Caixe de'Epargne et de Prevoyance", por iniciativa de un grupo de banqueros (López Yepes, 1973: 159-160). Las autoridades francesas se dieron cuenta del interés de este proyecto y trataron de difundirlo por toda Francia, elaborando la correspondiente legislación. El 3 de junio de 1829 se acordó que los fondos de las Cajas pasaran al Erario Público, quedando el Estado encargado de abonar los intereses devengados. Otra importante ley sobre Cajas de Ahorros fue la de 5 de junio de 1835, donde se declaraba a las cajas instituciones de utilidad pública y en la que quedaba claramente indicada la intervención y las ayudas del Estado. En 1896, los Estatutos de la Caja Postal francesa influirían en la elaboración de los de la Caja de Ahorros Provincial de Guipúzcoa.

En España, tal vez porque el proceso de industrialización fue más tardío, las Cajas de Ahorros no se empezaron a crear hasta la década de los treinta del siglo XIX. La primera fue la Caja de Ahorros de Jerez (1834), que no tuvo éxito. En 1838 se fundó la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid, que sería el modelo para el resto de cajas españolas. Surgió de la unión de un Monte de Piedad, que malvivía desde 1703, y de una Caja creada por iniciativa de Joaquín Vizcaíno, Marqués de Pontejos, apoyada por el escritor Mesonero Romanos, su más importante propagandista, y por Francisco del Acebal y Arratia, destacado hombre de negocios que aportó su experiencia. La legislación que sirvió para la puesta en marcha de la esta caja fue la base en la que posteriormente se apoyaría toda la legislación española sobre las Cajas de Ahorro, que no afectó a las vasco navarras hasta los años veinte del pasado siglo, por lo que no es necesario detenerse en exponer aquí su desarrollo. Sin embargo, hay que indicar que la Caja de Madrid fue un modelo siempre tenido en cuenta. La productiva unión entre la Caja de Ahorros y el Monte de Piedad estuvo presente a la hora de fundar las Cajas de Ahorros y Montes de Piedad de Vitoria, Pamplona, San Sebastián y Bilbao. Y a la legislación vigente se aludió cuando se solicitó al Gobierno del Estado el respaldo legal pertinente para las vasco navarras.

Estas últimas nacieron con cierto retraso respecto a las de otras ciudades, como puede apreciarse en la siguiente tabla. Hubo algunas más, fruto de filantrópicas iniciativas, que se abrieron en otros lugares, pero la propia pujanza de las Cajas municipales y provinciales lastró su futuro y limitó el nacimiento de otras. Dentro de estas Cajas se impulsaron otras instituciones de ayuda mutua (por ejemplo, la C.A.P. de Guipúzcoa creó la Sociedad de Seguros Mutuos contra la Mortalidad del Ganado)

Año de fundación de las Cajas de Ahorros Vasco Navarras
Año Caja de Ahorro
1850/1856Caja de Ahorros Municipal y Monte de Piedad de Vitoria
1875Caja de Ahorros Municipal y Monte de Piedad de Pamplona
1879Caja de Ahorros Municipal y Monte de Piedad de San Sebastián
1896Caja de Ahorros Provincial de Guipúzcoa
1907Caja de Ahorros Municipal y Monte de Piedad de Bilbao
1918Caja Provincial de Ahorros y Préstamos de Álava
1921Caja de Ahorros Vizcaína
1921Caja de Ahorros de Navarra

Si bien la creación de estas Cajas fue más tardía, debido en parte a las guerras que asolaron el país durante el siglo XIX, las circunstancias que estimularon su puesta en marcha son similares a las que se dieron en otras partes. En un proceso paralelo, el País Vasco vio aumentar la industrialización y la modernización y, al mismo tiempo, comprobó cómo se incrementaban las necesidades de amplias capas de su población, que se concentraban precisamente allí donde la industrialización demandaba mano de obra. Esa concentración, paradigmática en la margen izquierda de la ría de Bilbao, hizo muy visible la pobreza de esas gentes y la necesidad de pensar en soluciones que la aliviaran, para así evitar las tensiones sociales que tal situación conllevaba. Para todos fueron perceptible las pésimas condiciones en las que se encontraban los más humildes y el peligro que esto representaba para la sociedad establecida, en unos momentos en los que los propios obreros comenzaban a organizarse y a cuestionar el orden económico y social (Manifiesto Comunista, 1848; Manifiesto de la Primera Internacional, 1864) (véase Movimiento Obrero).

Entonces se consideraba legalmente "pobre" a toda aquella persona que tenía necesidad de trabajar para vivir y no tenía ninguna posesión o bien al que acudir cuando cualquiera de las circunstancias adversas del vivir humano le alcanzaba: paro, enfermedad, accidente laboral, maternidad -que a veces era un acontecer realmente adverso- o vejez. Dado que todavía no se habían iniciado las medidas de reforma social que condujeron a lo que con el tiempo daría lugar al Estado del Bienestar, es evidente que pobres eran la mayoría de las gentes que habitaban el País Vasco Navarro.

En la zona costera, los "arrantzales" (pescadores) tenían un nivel de vida por debajo de la propia subsistencia: "Todos conocemos la organización económica de la clase pescadora en esta villa, lo mismo que la de los demás puertos del litoral... Donde no existe un sobrante mal puede haber ahorros" ("La clase pescadora" Diario de San Sebastián, 4-12-1883). La población rural, mayoritaria en esos momentos, aunque también tuviera una vida difícil y trabajosa, contaba con mayores posibilidades de salir adelante y de no pasar hambre, además de recibir algunas ayudas de las Diputaciones. El nivel de vida de la entonces llamada "clase obrera" era igualmente bajo, pero no homogéneo. Pese a que los salarios eran menguados, donde había una familia con varios miembros en edad de trabajar y con trabajo, podían vivir con cierta dignidad e incluso ahorrar, lo que no ocurría en aquellas casas habitadas por la desgracia. Los salarios variaban de una a otra provincia y de un pueblo a otro, dependiendo del tipo de labor y de la mayor o menor especialización requerida para su realización. La diferencia entre los jornales que cobraban los hombres y los que recibían las mujeres era de más de un cincuenta por ciento a favor de los primeros, por lo que la vida de las que no tenían apoyo familiar resultaba sumamente difícil. Las mujeres fueron especialmente fieles a las cajas y éstas, aunque tenían que asumir las limitaciones legales que establecía el Código Civil con respecto a ellas, fueron bastante flexibles e intentaron estimular el ahorro femenino, en la creencia de que esto era una virtud consustancial con una feminidad bien entendida.

Tampoco fue igual el proceso de urbanización, ni la evolución que llevó a la industrialización y modernización en las provincias vasco navarras, ni el aumento de la población iniciado a finales del XIX y consolidado a lo largo del siglo XX. Hubo una acusada diferencia entre la progresiva industrialización que se dio en Bizkaia y en diferente grado en Gipuzkoa, que atrajeron población y estimularon la urbanización, con el mantenimiento de unas estructuras mucho más tradicionales en Álava y Navarra. Lo que también influiría directamente en el desarrollo de sus cajas.

En sus inicios, estas cajas presentaban todas las características propias de estas instituciones: estuvieron promocionadas por la burguesía local o provincial, que creía en la virtud regeneradora del ahorro; tenían un claro objetivo benéfico; buscaban la armonización social gracias a los fondos del ahorro; los Montes de Piedad en las Cajas Municipales, o las iniciativas en torno a los seguros sociales en las Provinciales, trataron de solucionar los problemas de los más necesitados de manera coordinada. Lo mismo que en otros lugares (López Yepes, 1973: 163), las cajas vasco navarras procuraron mejorar las condiciones de vida de la población y tuvieron un claro fin social. En un principio no buscaron el beneficio propio, aunque a diferencia de otras, pronto vieron la posibilidad de aprovechar el producto del ahorro en pro de la ciudad o la provincia (infraestructuras, viviendas, instituciones benéficas); buscaron inversiones seguras, pero no tan conservadoras como en otros sitios (algunas invirtieron en acciones extranjeras); establecieron las reservas necesarias para asegurar su actuación en los momentos de crisis; y las instituciones que estaban detrás de su fundación (Ayuntamientos y Diputaciones) garantizaron los fondos. Es este último punto lo que más las caracteriza. Mientras que otras tuvieron un origen privado o semipúblico -Sociedades de Amigos del País, de Socorros Mutuos, Ligas de Contribuyentes, Sociedades Patrióticas, iniciativas filantrópicas, etc.- en el País Vasco Navarro su origen fue público. Detrás de todas ellas, estuvo un Ayuntamiento o una Diputación dando su respaldo económico, aunque no por ello haya que olvidarse de la destacada actuación de determinados prohombres de la burguesía provincial o local. Otra de las condiciones propias que debe señalarse es la autonomía económica que el régimen de Conciertos Económicos permitía y que fue muy importante, sobre todo en las provinciales. Esto les permitió gozar de una mayor autonomía y personalidad dentro del conjunto de las Cajas de Ahorros españolas, y también posibilitó su actuación como bancos municipales o provinciales, al destinar parte de sus capitales a financiar instituciones benéficas o asistenciales, o a la concesión de créditos para la realización de obras públicas y para aminorar la deuda municipal o provincial.

La primera en abrir sus puertas fue la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Vitoria (1850). Que fue también la primera creada por una corporación municipal, mientras que la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Pamplona (1875) y la de San Sebastián (1879) fueron las siguientes. En todos los casos comienzan a funcionar unidas a un Monte de Piedad, institución de origen religioso y benéfico que buscó acabar con el negocio de los usureros y prestamistas. El éxito de estas instituciones incide en señalar las condiciones de vida de la población en aquellos años. Los Montes de Piedad fueron el símbolo de una época, esa en la que el colchón, las sábanas, los cubiertos de plata, las alhajas, la máquina de coser, los trajes, los vestidos, incluso los paraguas, eran empeñados para poder comer o pagar el alquiler de la casa en los momentos de crisis económica. Sus clientes no sólo eran los pobres, que poco tenían que empeñar; también acudían allí los empleados, los funcionarios, las viudas... En fin, un amplio espectro de la escala social urbana. Años más tarde se abriría la Caja de Ahorro y Monte de Piedad de Bilbao (1907).

Las influencias que unas Cajas tuvieron en la puesta en marcha de otras es significativa. Cuando se fundó la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de San Sebastián se contrató al que era entonces director de la de Vitoria, para que aportara su experiencia. En Gipuzkoa, en múltiples ocasiones fueron consejeros de ambas Cajas las mismas personalidades que se dedicaban a la política, al comercio o a los negocios, alternando cargos en el Ayuntamiento y en la Diputación. Al abrirse la que fue primera Caja de Ahorros Provincial (C.A.P.) se tuvo muy en cuenta el éxito de la Caja de Ahorros Municipal (C.A.M.) de San Sebastián y tres de los miembros que formaron su primera Junta Directiva (José Machimbarrena, Atanasio Osácar y Manuel Lizariturry) habían ejercido en el pasado, y lo harían en el futuro, una importante labor en la C.A.M.. Aunque pueda parecer difícil desde parámetros actuales, nunca se creyó que esta doble participación pudiera ser incompatible, porque la competencia no se tenía en cuenta. En 1935 la revista Realidad decía: "Siempre nuestras instituciones vivieron en intimidad de espíritu, sin rivalidades, sin competir entre ellas, en constante inteligencia y estrecha colaboración para el mayor engrandecimiento de su obra ejemplar" (Martínez Martín, 1996: 186). Además, en diversos momentos se pensó fusionar ambas instituciones, algo que llegaría muchísimos años más tarde (1990) obligadas por circunstancias muy diferentes a las de aquellos años.

Igualmente, a la hora de abrir la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Bilbao (1907) se tuvo presente la experiencia de las Cajas existentes en las provincias hermanas, como entonces se decía. Pero, sobre todo, tuvo una gran influencia la C.A.P. de Guipúzcoa en la fundación y puesta en marcha del resto de Cajas provinciales en Álava (1918), Bizkaia y Navarra (1921). En este caso el detonante fue el Real Decreto de 11 de marzo de 1919 que estableció el Seguro Obligatorio de Vejez, que no entraría en vigor hasta 1921, aunque desde 1917 funcionaba un régimen de afiliación voluntaria. Los dirigentes de las tres provincias que entonces no tenían caja de ahorros de ámbito provincial, no quisieron dejar pasar la oportunidad económica que pensaban que iba a proporcionar el control del retiro obrero obligatorio y, obviamente, el modelo lo tenían ya funcionando con notable éxito en Gipuzkoa cuya caja había colaborado con el Instituto Nacional de Previsión (I.N.P.) desde antes incluso de su fundación en 1908 (Martínez Martín, 1996: 453-456). La Caja de Ahorros Vizcaína fichó a José Gainzaraín como subdirector que, poco más tarde, pasaría a ser director. Hombre formado en la C.A.P. de Guipúzcoa, implantó iniciativas ensayadas en ella (ayudas a la agricultura, obra del Caserío Vasco, seguros contra incendios forestales, contra la mortalidad del ganado, apoyo a la construcción de casas baratas, conversión de deuda publica, etc.).

Gipuzkoa se mantuvo en el primer puesto en la lista de ahorro por habitante hasta los años treinta del s. XX. Sus dos Cajas tuvieron mucho que ver en este hecho, ya que se impulsaron políticas de fomento del ahorro y buscaron ahorradores en todas las clases sociales (libretas del pequeño ahorro, libretas generales, ordinarias, ahorro obrero). Porque, si bien se decía que sus clientes propios eran los más humildes, lo cierto es que, como es lógico, los mejores eran aquéllos que podían ahorrar y éstos se encontraban entre la clase media y la pequeña burguesía. La Caja Vizcaína se situaría rápidamente en los puestos de cabeza de las cajas y su pujanza industrial y su numerosa clase obrera haría que ocupará en el I.N.P. y en otras instituciones gran parte del protagonismo que antes había tenido la guipuzcoana.

A las Cajas de Ahorro, o más concretamente, a los gestores de las primitivas cajas se les ha criticado su actitud con respecto a las clases populares. Se les ha reprochado tener un fin encubierto, evitar la revolución social; y otro proclamado, mejorar la condición social de los obreros. Ambos fines podían confluir y de hecho lo hicieron en diversas ocasiones. Además, aunque no fuese un acto de contrición perfecta, sí lo era de atrición, al reconocer el bajo nivel de vida de la mayoría de las gentes, y su éxito nos indica que fue bien aceptado por la población. Hay otro reproche que tiene mayor enjundia. El aprovechamiento que hicieron de los fondos de las clases populares y medias, ya que eran los Consejos de Administración los que decidían dónde y en qué había que invertirlos, quedando en ocasiones su espíritu altruista y filantrópico un tanto en entredicho. Foucault llegó a suponer la existencia de un complot de empresarios, comerciantes y gobernantes para fiscalizar el dinero de las clases proletarias a través: "de las cajas de ahorro y de las cooperativas de asistencia, etc., que permiten drenar las economías de los obreros y controlar la manera en que son utilizadas", al poner trabas para gastar sus ahorros en aquello que los obreros deseaban, bien fuera en los momentos de huelga laboral o en las fiestas populares (Foucault, 1995: 131).

La C.A.P. de Guipúzcoa tuvo convenios de relación con el I.N.P. desde la creación de este organismo y, desde mucho antes, mantuvo fluidas relaciones con los hombres que posteriormente lo dirigirían y que trabajaban en el Instituto de Reformas Sociales. El I.N.P. (Véase Seguridad Social) cedió parte de sus atribuciones a las cajas para así abaratar la difusión de los seguros sociales gracias a la red de cajas existentes en España. Las especiales circunstancias que se daban en Gipuzkoa, debido a la autonomía económica que el Concierto proporcionaba, dieron a la C.A.P. una mayor importancia. La entrada en vigor del seguro obligatorio (R.D. 21-1-1921) introdujo nuevas circunstancias que obligaron a firmar un nuevo convenio. Siempre hubo ciertas suspicacias por parte del Consejo de la C.A.P. respecto a un organismo del Estado pese a que, hasta la llegada del franquismo, fue muy respetuoso con la autonomía de todas las Cajas, con un trato muy especial hacia la Caja de Pensiones catalana y la C.A.P. guipuzcoana. Esas suspicacias se agudizaron con la implantación del seguro obligatorio de vejez, que obligaba por ley a introducir una representación obrera en el Consejo, y que iba a mover una importante cantidad de dinero que necesitaba de un seguro y/o reaseguro. La Diputación Provincial, garante de los fondos de la Caja, adujo la nueva responsabilidad que iba a asumir para pedir un convenio diferente. Opuesto el Consejo a admitir una representación obrera, con una clase patronal poco proclive a este seguro y con el trasfondo de una oposición Provincia-Estado, en unos momentos en los que destacados miembros de la Diputación (Julián Elorza, Cesar Balmaseda e Ignacio Pérez Arregui) estaban detrás de un proyecto de Estatuto Vasco (Estornés, 1990: 173-177) que pedía la administración en exclusiva de los Seguros Sociales y que, hasta que llegase ese momento, pensaban que debían de estar bajo el control de la Diputación.

El resto de las Cajas provinciales de Álava, Bizkaia y Navarra hicieron un frente común con la de Gipuzkoa. Pero mientras que esta última paralizó completamente la propaganda y la afiliación (16-12-1921) las otras, que se habían creado precisamente para intervenir en la implantación de este seguro, siguieron hablando y trabajando al tiempo. En las negociaciones con el I.N.P. participaron destacadas personalidades de las cuatro Diputaciones y Cajas. Finalmente, la de Bizkaia, cuya Diputación estaba enfrentada con la guipuzcoana, firmó el convenio en 1923, Navarra en 1924, Álava en 1925 y Gipuzkoa, tras muchas y laboriosas discusiones, lo firmó en 1926, en unos momentos en los que se había llegado a un ventajoso acuerdo sobre el Concierto Económico y en el que la quiebra y suspensión de pagos de el Crédito de la Unión Minera (10-2-1925) había dejado a la Diputación de Bizkaia en una delicada situación que el Concierto ayudaba a solucionar. Quiebra que indirectamente afectó positivamente a las cajas vizcaínas. Tanto la vizcaína como la guipuzcoana tuvieron derecho a un representante en el Consejo del Patronato del I.N.P.. En el primer caso por el peso de su numerosa clase obrera y, en el segundo, por su tradición histórica en la implantación de los seguros sociales.

Si en el contencioso anterior habían sido las Diputaciones las celosas por su autonomía y el I.N.P. el que transigió hasta el límite de la ley, la Guerra Civil y la llegada de Franco al poder introdujo un cambio radical en el Instituto. Se miraba mal todo aquello que sonara a autonomismo -que se presuponía "separatista"- ni la historia de las cajas, ni su actuación se tuvieron en cuenta. En 1939 se estableció el Subsidio de Vejez, que amplió las bases y los beneficiarios del Seguro Obligatorio. El I.N.P. suspendió toda colaboración con las cajas españolas y únicamente las vasco navarras pudieron ser Delegaciones. La caja alavesa renunció, las de Navarra y Bizkaia firmaron nuevo convenio en 1940 y la de Gipuzkoa en 1941. Tras la promulgación de la Ley de 14 de diciembre de 1942, que estableció el Seguro Obligatorio de Enfermedad, el I.N.P. denunció los convenios existentes, informándoles que iba a abrir sus propias Delegaciones provinciales, no dando más posibilidad que colaborar por medio de sus sucursales en el cobro de cuotas. Las cajas de Navarra y Bizkaia renunciaron, la de Gipuzkoa mantuvo su condición de Delegación hasta 1943, y en 1945 firmó un nuevo convenio relativo a los seguros voluntarios e infantiles (Martínez, 1996: 474-507).

De la competencia con los Bancos a la creación de la Federación de Cajas de Ahorro Vasco Navarras (www.fcavn.es) y la Confederación Española de Cajas de Ahorro Benéficas (www.ceca.es).

Las Cajas, que habían nacido para estimular y recoger el ahorro de los más humildes, vieron como sus mejores clientes estaban entre la clase media. Hombres y mujeres que podían ahorrar algo de dinero y que encontraron un lugar seguro donde ingresarlo con un interés atractivo. En los sustanciosos saldos que fueron acumulando las cajas, gracias a lo poco de muchos, está la razón de ser de la competencia que empezó a hacer la banca privada, que veía un importante filón de ahorradores que se les escapaba.

Hasta 1910, los bancos no mostraron un especial interés en ese tipo de clientela. En Gipuzkoa, bancos y cajas estuvieron aliados en muchas ocasiones y la oligarquía provincial alternaba en los Consejos de unos y otras, tratando de no hacerse la competencia. La llegada de algunos bancos extranjeros fue lo que cambió la situación al comenzar a establecer cuentas con un interés más alto que el concedido por los locales, lo que obligó a éstos a subir igualmente sus intereses. La implantación de estos bancos preocupó a banqueros, a empresarios y a gestores de las cajas, pues se ofrecían como intermediarios para invertir en el extranjero, lo que podía suponer una fuga del capital provincial y nacional. En ese momento actuaron juntos ante el enemigo exterior al que terminarían venciendo.

Pero la época de la competitividad había comenzado. La creación de la Caja Postal molestó a todas las cajas desde que empezó a gestarse, al abrir agencias en todas las capitales de provincia españolas (14-6-1919). El Banco de Bilbao fue el primero en establecer libretas de ahorro en 1910, lo que motivó las protestas de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Bilbao, aunque fue la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Zaragoza la que elevó la protesta al Ministro de la Gobernación y la que sugirió organizar una acción conjunta. En 1914 se celebró una Asamblea de Cajas de Ahorro en Madrid, donde comenzaron a analizarse los problemas que esa situación planteaba. La C.A.P. de Guipúzcoa acudió, pero con orden expresa del Consejo de dejar "a salvo la autonomía absoluta del Establecimiento, que libre de extrañas tutelas e injerencias, ha sabido y sabe cumplir como la primera de España, la finalidad eminentemente social y benéfica que motivó su creación" (Martínez, 1996: 312), pues preocupaba que el apoyo de una legislación general sobre las Cajas de Ahorro limitara su autonomía, lo que terminaría ocurriendo pocos años después.

La creación de nuevos bancos, la pujanza de los vizcaínos y los madrileños, la apertura de agencias en las capitales y los pueblos más importantes, acentuó la competencia a partir de 1920. Las cajas se encontraban en desventaja porque, si no subían los intereses, perderían su mejor clientela, pero si lo hacían tendrían problemas, puesto que debían invertir con garantía de liquidez y de seguridad, lo que impedía hacer inversiones más rentables pero por eso mismo más peligrosas y, además, los créditos que concedían con fines sociales eran por propia necesidad a bajo interés.

La Ley de Ordenación Bancaria (29-12-1921) y la creación del Consejo Superior Bancario agudizaron las tensiones. Este Consejo pidió al Gobierno que limitara los beneficios que tenían las cajas pues a su entender se salían de sus fines al controlar un dinero que no creían fuese precisamente de los pobres. Mientras que éstas protestaban ante la apertura de libretas de ahorro a más alto intereses y sin límite de saldo, no gustándoles que las definieran como "libretas de ahorro", cuando el término "ahorro" lo consideraban de su propiedad. La pujanza de los bancos vascos fue lo que impulsó la unión de las cajas vasco navarras, amenazadas por los primeros, pero deseosas de no perder ninguno de los beneficios que tenían gracias a sus especiales condiciones económicas y políticas. Julián Elorza, Presidente de la Diputación de Gipuzkoa, propuso esa unión antes incluso de que estuvieran en funcionamiento todas las cajas provinciales (29-7-1921).

Fueron varias las reuniones celebradas entre las cajas españolas, las vasco navarras entonces en funcionamiento siempre intentaron solidarizarse con las primeras, pero teniendo presente cual era su punto de partida y su interés por conservar su autonomía. En 1917 la Caja Municipal de Vitoria propuso algún tipo de unión y, en 1923, la Caja Provincial de Ahorros y Préstamos de Álava elaboró un proyecto de Federación que cristalizaría el 25 de agosto de 1924, la C.A.M. de San Sebastián se incorporó en noviembre de ese año y la de Pamplona en 1925, con el fin de: "estrechar su unión, favorecerse mutuamente y estudiar los medios mejores de progreso y defensa de estas útiles Instituciones sociales" (Memoria de la CAP, 1924). Su domicilio social se estableció en la Caja de Ahorros de Vitoria.

Un Decreto-Ley de 9 de abril de 1926 sobre entidades de ahorro y capitalización irritó a las cajas, muy especialmente a las vasco navarras, a las que obligaba a sufrir inspecciones exteriores a las Diputaciones y a invertir determinados porcentajes de sus fondos en valores del Estado. Representantes de las Diputaciones y de los Ayuntamientos acudieron a Madrid a entrevistarse con el ministro Aunós a quien pidieron quedar excluidos de esa normativa. Debido a las generalizadas protestas, se estableció una Junta Consultiva en 1928, que no gustó al Consejo Superior Bancario ni a la Asociación de Bancos y Banqueros del Norte de España. No se puede olvidar que lo mismo que eran los bancos vascos los más directos enemigos de las cajas vasco navarras, eran éstas sus principales competidoras, por la importancia de sus saldos (409,54 millones de pesetas a 31-12-1927, lo que suponía casi la cuarta parte de la totalidad del ahorro español, 2.318,13 millones de pesetas, incluido en él las 157 cajas restantes, la Postal de Ahorros y el que con esa denominación controlaban los bancos).

La Federación Vasco Navarra movilizó desde el momento de su creación al resto de las cajas, al pensar que solamente una organización similar al Consejo Superior Bancario podría hacer frente a la presión que los Bancos ejercían sobre el Gobierno, por lo que propuso organizar una Confederación Española de Cajas de Ahorro (C.E.C.A.). Aprovechando la reunión en Madrid a la que fueron convocadas todas las cajas para tratar el problema de la vivienda en marzo de 1927, se expuso ese proyecto que terminaría haciéndose realidad tras la R. O. de 24 de noviembre de 1928. Años más tarde, apoyaron la creación del Instituto de Crédito de las Cajas de Ahorro (1933) en el que, debido a la importancia de sus saldos, participaron con una respetable cantidad de dinero.

La puesta en marcha de la C.E.C.A., la competencia bancos-cajas y la legislación sobre el ahorro están íntimamente unidas y para las vasco navarras tuvo como consecuencia final el quedar bajo la legislación general, que no reconoció las facultades anteriores de las Diputaciones, quedando sometidas a la inspección y al control extra provincial. A cada cambio que se producía en la legislación llegaban las reclamaciones de los órganos provinciales pidiendo que las atribuciones que la ley concedía al Estado fueran cedidas a las Diputaciones, sin obtenerse el éxito deseado pese al apoyo y a la acción conjunta que hacían a través de la Federación Vasco Navarra de Cajas de Ahorros. Las tensiones entre los bancos y las cajas se mantuvieron durante la Dictadura de Primo de Rivera y la República con oscilaciones a favor de unos o de otras de acuerdo con las tendencias políticas de los Gobiernos de turno. Pero al iniciarse la Guerra Civil ya se habían delimitado una serie de normas que se mantendrían con el triunfo de Franco. La legislación indicaba claramente el programa de inversiones y de reservas al que deberían de atenerse; tuvieron que renunciar a las inversiones extranjeras (sobre todo la C.A.P. de Guipúzcoa); limitar y modificar la política de créditos a las instituciones fundadoras (Ayuntamientos y Diputaciones); participar en algunos fines sociales fuera de su ámbito geográfico, y dedicar los porcentajes señalados por la ley a determinadas labores sociales (construcción de viviendas 1943, 1956); quedar bajo el control del Ministerio de Hacienda en todo lo relacionado con sus "funciones económicas y bancarias" (Decreto 3-5-1935) y al de Trabajo en lo relacionado con su labor benéfica y social para, finalmente, pasar a depender en exclusividad del Ministerio de Hacienda; y sujetarse a tipos de interés unificados y aprobados por la autoridad competente.

A partir de este enfrentamiento todos los poderes públicos se dieron cuenta de la importancia económica que tenían estas instituciones de ahorro y, por esa misma razón, la sobresaliente tarea que podían realizar en su faceta social y lo interesante que eran estos fondos para cubrir las necesidades sociales que los poderes públicos no podían satisfacer (Martínez: 1996, pp. 306-327). El Decreto de 17-10-1947 y la O. M. De 26-10-1948 sirvieron para dejar marcadas las pautas por las que debía ir la Obra Social de las Cajas. Un 15% estaría dedicado a la Obra Social Nacional y del 85% restante, un 76,5% a la Obra Social Propia y un 8,5% a la Obra Social Libre.

Ya se ha visto como las cajas de ser unas instituciones benéficas pasan a tener una gran importancia financiera. Lógicamente en esa última faceta han padecido todos los avatares a los que están sujetos este tipo de establecimientos de acuerdo con los ciclos económicos. La I Guerra Mundial no afectó especialmente, se produjo un crecimiento de la industria vasca con un retroceso al fin del la guerra y una posterior y rápida recuperación. La suspensión de pagos del Crédito de la Unión Minera (1914) benefició a la C.A.M. de Bilbao, y la quiebra de esa institución en 1925 a dos cajas vizcaínas. La crisis internacional de 1929 no se notó hasta los años treinta con el aumento del paro y, por tanto, con un menor crecimiento del ahorro y con diversos problemas en las carteras de valores.

La Guerra Civil (1936-1939) produjo en estas instituciones las tensiones lógicas de una situación bélica, con diferencias sustanciales entre unas y otras según el desarrollo y la evolución de la misma. Álava y Navarra quedaron desde el principio dentro de la llamada zona nacional, mientras que Gipuzkoa y Bizkaia se mantuvieron fieles a la República. A la entrada de las tropas nacionales en San Sebastián (7-9-1936), las dos cajas quedaron convertidas en cuatro, ya que algunos empleados y directivos se trasladaron a Bilbao donde siguieron funcionando con los fondos y bienes allí trasportados, además de con numerosos lotes del Monte de Piedad que a la caída de Bilbao, y posteriormente de Santander, se llevaron a otros países, lo mismo que ocurrió con las cajas vizcaínas. Tras la recuperación de gran parte de lo sacado y de los justificantes de reintegros realizados en esos lugares, se procedió a la puesta al día de las cuentas reconociéndose como válidos dichos reintegros. Algunas cuentas de personas exiliadas quedaron bloqueadas por orden gubernativa y el personal fue depurado de acuerdo con la nueva situación política. La C.A.P. de Guipúzcoa padeció otro grave inconveniente al ser disuelto el cuerpo de miqueletes, lo que le privó del personal que atendía todas las sucursales de la provincia (Véase CAP de Guipúzcoa) y la supresión del Concierto Económico modificó las relaciones de las cajas guipuzcoanas y vizcaínas con sus Ayuntamientos y Diputaciones.

Una vez finalizada la Guerra Civil las cajas atravesaron la situación económica propia de la posguerra. En Bizkaia y Gipuzkoa, provincias que crecieron por encima de la media del Producto Nacional Bruto español, los saldos aumentaron. El crecimiento en Álava y Navarra fue por el contrario inferior a la media del P.N.B.. En los años cincuenta se aprecia en el País Vasco una importante actividad industrial y financiera. el Decreto de Estabilización de la peseta (1958) causó algunos traumas pero significó el inicio del desarrollismo de los años sesenta que el Plan de Estabilización y Liberalización (1959) apoyaba y que desarrollaron los tres Planes de Desarrollo de los años sesenta. Comenzaba una etapa de desarrollo industrial que tuvo como resultado el aumento de la población y, por tanto, de nuevos clientes para las cajas de ahorro con la consiguiente proliferación de los créditos hipotecarios y su apoyo a la construcción de viviendas.

Diversas leyes fueron equiparando con el paso de los años la actuación profesional de las cajas y los bancos. El Ministerio de Hacienda por medio de una Orden de 24-6-1964 flexibilizó las normas existentes para permitir la apertura de nuevas oficinas y otra disposición legislativa (7-2-1975) liberalizaría la apertura, pero sin permitir todavía a las cajas traspasar su ámbito geográfico originario. El 31 de enero de 1973, se autorizó a las cajas a reducir los márgenes de inversión obligatoria, y el 26 de julio de ese mismo año quedaron equiparadas a la banca industrial y comercial en todo lo referente al ahorro, elevando el interés de las operaciones. De igual manera, diferentes leyes fueron modificando la concesión de créditos y la composición de la cartera de valores de las cajas y sus porcentajes obligatorios. El año 1977, debido a los llamados "pactos de la Moncloa", hubo una liberalización del sistema financiero español. Un Real Decreto de 27-8-1977 autorizó a las cajas a realizar las mismas operaciones que la banca privada -descuento de letras, créditos a la exportación, operaciones de comercio exterior- y les liberó de la obligación de participar económicamente en la Obra Social Nacional. Un R.D. de 1986 consideró a la Cajas "Entidades de Crédito", igual que la bancos, aunque la diferencia estaba en su naturaleza jurídica. A partir de 1989 existirá la libertad para la apertura de oficinas en todo el territorio español.

La crisis del petróleo de 1973 se une con la que ocasiona la muerte de Franco en 1975 y con los primeros pasos de la transición democrática (Constitución Española, 1978; Estatuto de la Comunidad Autónoma del País Vasco, octubre, 1979; primer Gobierno Vasco, 1980; nuevo Concierto Económico, 1981; Gobierno Foral Navarro). La crisis económica produjo una escalada de la inflación, que se unió a la producida en la siderurgia vasca, que concluyó con un duro proceso de reconversión industrial, motivando un aumento del paro y de las jubilaciones anticipadas.

La llegada de la democracia devolvió el protagonismo económico a las Diputaciones, y creó una nueva autoridad (Gobierno Vasco, Gobierno Foral Navarro) lo que representó una especial importancia para estas cajas, que retomaron las anteriores relaciones institucionales con las autoridades provinciales y abrieron otras nuevas con los Gobiernos autonómicos. Los cambios legislativos permitirán a estas instituciones dedicarse al apoyo de la industria y el comercio de su zona de influencia, dedicando importantes recursos financieros a estos fines. Sobre todo, al disminuir los porcentajes de inversión obligatoria en fondos públicos españoles y en empresas del I.N.I. (1987).

Aunque la legislación reparte las competencias sobre cajas de ahorro entre el Estado y las Comunidades Autónomas, estas últimas pueden autorizar la creación de nuevas cajas, la fusión, disolución o liquidación de las existentes. Por lo que a las vascas se refiere, la Ley vasca de Cajas de Ahorro de 8 de noviembre de 1991, modificada por la Ley 3/2003 de 7 de Marzo, establece entre sus órganos de gobierno la Asamblea General integrada por cien personas: 43 elegidas por los impositores, 7 por las centrales sindicales de acuerdo con su representatividad; 30 por parte de los ayuntamientos, según su baremo de presencia; y 20 nombradas por las entidades fundadoras.

El cambio en las costumbres y en las necesidades sociales modifica la Obra Social de las cajas. Desde 1977 no tienen la obligación de participar en la Obra Social Nacional. La democracia llevó aparejado un comienzo de Estado del Bienestar, siendo el Estado o la Comunidad Autónoma, los encargados de ocuparse de tareas que antes habían realizado las cajas en áreas sanitarias y educativas. Estas traspasaron a la Comunidad Autónoma algunas de sus Obras Sociales, manteniendo o iniciando otras más acordes con los nuevos tiempos.

Lo mismo ocurrió con las operaciones. La tradicional libreta de ahorros que la mayoría de los habitantes del País Vasco y de Navarra había recibido al nacer con una imposición simbólica no cubría ya todas sus necesidades. Se crean los "Cheques de Viaje" (1966); para los que deseaban un nuevo tipo de inversión en la bolsa y en fondos, la Confederación de Cajas inicia el denominado "Ahorrofondo" (1968); el "Servicio de Intercambio", que permitía sacar dinero o ingresarlo en cualquier Caja de la Confederación, daría paso a la Tarjeta 6000 (1971), que fue posible gracias a la mecanización, a los ordenadores y a la progresiva renovación tecnológica. Al principio de los años noventa del siglo XX fue posible el establecimiento de los cajeros automáticos europeos, en coordinación con otras cajas continentales.

La entrada de España en la Comunidad Económica Europea (1986) y la inminente posibilidad de competir en un mercado único estimuló las fusiones de los bancos, que estimaban no tenían el tamaño adecuado para poder hacerlo. Tras un primer movimiento de fusiones (Hispano-Central; Bilbao-Vizcaya), hubo un segundo de mayor envergadura quedando dos grandes bancos: el BSCH (Santander, Banesto, Central e Hispano) y el BBVA (Bilbao, Vizcaya, Argentaria) junto a otros más pequeños como el Guipuzcoano o el Popular. Ejemplo que también secundaron las Cajas necesitadas de una reducción de gastos y de mejorar sus rendimientos. Puede decirse que el proceso que conduce a las fusiones de las cajas de ahorro comenzó de nuevo debido a la tradicional competencia existente entre las cajas y los bancos. Las primeras siguieron teniendo una fiel clientela apoyada en una magnífica red de sucursales, pero los bancos comenzaron una agresiva política de captación de clientes con nuevos productos de ahorro e inversión. Las cajas respondieron a ese reto con las fusiones y, siguiendo las pautas marcadas por los bancos, asumiendo nuevos servicios (fondos de inversión, asesorías para la constitución de empresas, entidades de financiación y leasing, sociedades de valores...).

Entidades fusionadas Nueva denominación Fecha de fusión
Caja de Ahorros Municipal de Bilbao
Caja de Ahorros Vizcaína
Bilbao Bizkaia Kutxa (BBK)16 de febrero de 1990
Caja de Ahorros Municipal de San Sebastián
Caja de Ahorros Provincial de Guipúzcoa
Kutxa Gipuzkoa San Sebastián (Kutxa)1 de diciembre de 1990
Caja de Ahorros Municipal de Vitoria
Caja de Ahorros Provincial de Álava
Caja de Ahorros de Vitoria y Álava
Caja Vital Kutxa
18 de junio de 1990

Estas fusiones no han evitado que se discuta la posibilidad de privatizar las cajas, ante la dificultad de ampliar su capital y establecer adecuados canales de financiación que les permita seguir compitiendo en igualdad de condiciones con los bancos. Otra posibilidad sería continuar con los procesos de fusiones entre ellas, aunque esto choca con el peso de su tradición local. El Fondo Monetario Internacional llegó a sugerir a las autoridades españolas la posibilidad de su privatización (Martínez Serrano, J. A. "Las Cajas de Ahorro un codiciado botín", El País, Negocios, 29-1-2000). No cabe duda de la existencias de presiones. Que se pusieran en el mercado unas instituciones apetecibles sería bien visto por los amantes de los buenos negocios. Aunque existan problemas de difícil solución, ya que la propietaria de las cajas es la sociedad a la que sirven y en teoría no sería posible su privatización sin introducir importantes cambios legales, para saber quién vende y dónde deberían ir a parar los beneficios obtenidos por esa posible venta. Pero, de darse ese caso, sería un desastroso final para la larga y provechosa historia de las cajas.

En la C.E.C.A. se ha discutido la posibilidad de introducir mecanismos que permitan aumentar el capital, como ocurre en algunos lugares de Europa (las cajas inglesas pertenecientes al "Trustee Saving Bank Group" son actualmente sociedades anónimas, pero por eso mismo ya no se las puede definir como cajas de ahorros) y en otros países europeos se permiten acciones sin derecho a voto (cajas rurales francesas), con voto restringido (cajas noruegas), etc.. El Gobierno del Estado, en su proyecto de Ley Financiera, propone actualizar las cuotas participativas, ya aprobadas hace años pero que no han sido viables. Para ello habría que modificar la distribución de beneficios de las cajas, que ahora es del 50% mínimo para fondo de reserva y el resto para obra social, pero algunos temen que eso pueda abrir el camino de la privatización (L. Aparicio: "Más dinero para las Cajas de Ahorro, El País (10-3-2002). Otro problema añadido será conjugar las diferentes opiniones que puedan tener las autoridades de las Comunidades Autónomas con las del Estado. En la Comunidad Autónoma del País Vasco, la citada ley de 1991, ya dejó establecida la posibilidad de que las cajas emitieran cuotas participativas, siempre que contaran con la autorización del Departamento de Hacienda y Finanzas.

En marzo de 2002, la C.E.C.A. definía a estas como: "entidades de crédito plenas, con libertad y equiparación operativa completa al resto de las que integran el sistema financiero español. Están constituidas bajo la forma jurídica de fundaciones de naturaleza privada, con finalidad social y actuación bajo criterios de puro mercado, aunque revirtiendo un importante porcentaje de los beneficios obtenidos a la sociedad a través de su obra social. A pesar de esta libertad operatoria, las Cajas de Ahorros están especializadas en la canalización del ahorro popular y en la financiación de las familias y de las pequeñas y medianas empresas. Asimismo, tienen una fuerte raíz local, con una densa red de oficinas de implantación preponderantemente regional" (www.ceca.es), definición que ayuda a entender mejor cual es la situación actual de todas ellas, incluidas las vasco navarras.

Las Cajas de Ahorro Vasco Navarras continúan su proceso de crecimiento. El año 2001, pese a la crisis económica existente, agravada tras los terribles acontecimientos del 11 de septiembre (destrucción de las Torres Gemelas de Nueva York y de parte del Pentágono en Washington en sendos ataques terroristas), han incrementado su beneficio neto con respecto al año anterior en un 7,84%, y los saldos de las cuatro entidades superaron los 26.596,35 millones de euros; su ratio de solvencia es del 14,7%; el fondo de previsión y de pensiones aumentó un 13% y los fondos de depósito y los de inversión un 9,5% y 6,1%; han dedicado a su Obra Social 113,4 millones de euros (18.879 millones de pesetas), invertidos en actividades asistenciales, sanitarias, educativas, investigación...; los préstamos hipotecarios siguen siendo uno de las operaciones más demandadas y aumentaron un 22,8%; dedicaron a la financiación de viviendas de protección oficial 96,7 millones de euros; y, las vascas, importantes cantidades para subvencionar el programa Konekta Zaitez (Conéctate) para la compra de ordenadores. A finales del año 2001 contaban con un total de 40 oficinas fuera de sus provincias de origen (Memoria, 2001).

Todas ellas mantienen proyectos comunes dentro de la Federación: empresariales, investigaciones relacionadas con el mundo socio económico, publicaciones, seminarios, cursillos, etc.. Del mismo modo continúan la colaboración con la C.E.C.A., donde se tratan parecidos asuntos a través de la Fundación F.I.E.S. (Fondo para la investigación económica y social de las Cajas de Ahorro).

Una vez lograda la fusión provincial, que en el caso de Navarra es también fusión comunitaria, quedó está paralizada la de las tres entidades vascas, pese a que ha sido estudiada y discutida en diversas ocasiones. Las fuertes influencias políticas que inciden sobre todas las Cajas de Ahorro crea problemas añadidos a los netamente económicos. De todas formas, dada la clientela especialmente fiel con la que cuentan en sus respectivos lugares de implantación, por la solvencia y resultados (la Kutxa y la BBK están a la cabeza de los ranking de las Cajas de Ahorros Confederadas) afirman no encontrarse en la necesidad de promover un proceso de fusión, aunque no se descarte y esté en la mente de algunas autoridades vascas.

Pese a los cambios habidos desde su creación, lo mejor de todas ellas sigue perviviendo: su clientela, su vinculación local y regional, su actividad social, su espíritu de cooperación y una acertada gestión. Todo esto es lo que les ha permitido ir adaptándose a esos numerosos cambios que se han ido produciendo a lo largo de su ya larga historia.

Presidentes de la Federación de Cajas de Ahorros Vasco-Navarras 1950-2003
Periodo Nombre Cargo
Julio 1950 a Febrero 1952Eliseo MigoyaDirector de la C.A.M.Bilbao
Febrero 1952 a Noviembre 1965José BeñaránDirector C.A.P. Gipuzkoa
Noviembre 1965 a Marzo 1967Vicente BotellaDirector C.A.M. Vitoria
Marzo 1967 a Febrero 1968José Mª ArestiDirector C.A.P. Alava
Febrero 1968 a Marzo 1969Nicolás LasarteDirector C.A.M. San Sebastian
Marzo 1969 a Marzo 1970Carlos SistiagaDirector C.A.P. Gipuzkoa
Marzo 1970 a Noviembre 1971Rafael BarbierSubdirector C.A. Vizcaina
Febrero 1972 a Diciembre 1972Miguel Javier UrmenetaDirector C.A.M. Pamplona
Enero 1973 a Diciembre 1973Juan Luis UrangaDirector C.A. Navarra
Febrero 1974 a Noviembre 1974Vicente BotellaDirector C.A.M. Vitoria
Febrero 1975 a Mayo 1976José Mª ArestiDirector C.A.P. Alava
Mayo 1976 a Noviembre 1976Miguel Javier UrmenetaDirector C.A.M. Pamplona.
Enero 1977 a Febrero 1978Juan Luis UrangaDirector C.A. Navarra
Marzo 1978 a Febrero 1979Nicolas LasarteDirector C.A.M. San Sebastian
Febrero 1979 a Diciembre 1979Carlos SistiagaDirector C.A.P. Gipuzkoa
Enero 1980 a Diciembre 1980José Luis RubioDirector C.A. M. Bilbao
Enero 1981 a Abril 1981Rafael BarbierDirector C.A. Vizcaina
Abril 1981 a Diciembre 1981Kepa AmezagaPresidente C.A.Vizcaina
Enero 1982 a Noviembre 1982Mercedes VillacianPresidenta C.A. M. Vitoria
Enero 1983 a Septiembre 1983Gentza GelasustegigoitiaPresidente C.A.P. Alava
Octubre 1983 a Diciembre 1983José Mª GuerenabarrenaPresidente C.A.P. Alava
Enero 1984 a Diciembre 1984Xabier OtañoPresidente C.A.M. San Sebastian
Enero 1985 a Diciembre 1985Xabier AlbisturPresidente C.A.P. Gipuzkoa
Enero 1986 a Diciembre 1986Javier AlegríaPresidente C.A.M. Bilbao
Febrero 1987 a Diciembre 1987Juan Mª UribarrenPresidente C.A. Vizcaina
Febrero 1988 a Febrero 1988Mercedes VillacianPresidenta C.A.M. Vitoria
Marzo 1988 a Agosto 1989José Mª GuerenabarrenaPresidente C.A.P. Alava
Septiembre 1989 a Febrero 1990Francisco AllendePresidente C.A.M. Vitoria
Febrero 1990 a Febrero 1991Juan José EcheberriaPresidente C.A.M. San Sebastian
Febrero 1991 a Diciembre 1992José Ignacio BerroetaPresidente BBK
Febrero 1992 a Diciembre 1992Fco. Javier Allende AriasPresidente Caja Vital Kutxa
Enero 1993 a Febrero 1996Fernando Spagnolo de la TorrePresidenteGipuzkoa Donostia Kutxa
Marzo 1996 a Junio 2000José Ignacio Berroeta EchevarriaPresidente BBK
Julio 2000Fernando Spagnolo de la TorrePresidente Gipuzkoa Donostia Kutxa
Enero 1996 hasta Mayo 2000 (18.05.00)D. José Ignacio Berroeta EchevarriaPresidente BBK
Mayo 2000 (18.05.00 hasta Julio 2003 (14.07.03)D. Fernando Spagnolo de la Torre Presidente kutxa
Julio 2003 (14.07.03 hasta Septiembre 2003 (01.09.03)D. José Ignacio Berroeta EchevarriaPresidente BBK
Septiembre 2003 (01.09.03) hasta Diciembre 2005 (12.12.05)D. Xabier de Irala Presidente BBK
Diciembre 2005 (12.012.05) hasta Diciembre 2007 (10.012.07)D. Carlos Etxepare ZugastiPresidente kutxa
Diciembre 2007 (10.12.07)D. Gregorio Rojo GarcíaPresidente Caja Vital Kutxa
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