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Historia del Arte. Gótico

A partir de finales del siglo XII, el crecimiento de las ciudades, el auge de las monarquías y la creación de la burguesía, conllevaron un cambio en la mentalidad de la sociedad que trajo la formación de un nuevo arte, el gótico. Este arte se fue acercando al ser humano y la naturaleza, y comenzó a dejar de ser monopolio exclusivo de la religión. De hecho fueron tanto los monarcas y los burgueses como la nobleza y la Iglesia quienes impulsaron conjuntamente el proceso de humanización del arte, que posteriormente culminó en el siguiente período histórico de la Edad Moderna, en el Renacimiento.

El gótico se desarrolló en Europa a finales del siglo XII. Este segundo movimiento cultural que relevó al románico, nació como consecuencia del nuevo tipo de sociedad que surgió en Europa. Y es que durante esta segunda etapa de la Edad Media, Euskal Herria, al igual que el resto de Europa, conoció un importante desarrollo económico gracias al renacer de la artesanía -con un sistema de organización gremial- y el comercio.

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Este progreso económico que repercutió positivamente en un significativo aumento de la población, propició también el renacer de las ciudades y la fundación de villas. De este modo, la ciudad y la burguesía, la nueva clase social que se desarrolló en esta etapa, constituyeron el nuevo pilar sobre el que la cultura gótica se erigió junto a los previamente alzados por la monarquía, la Iglesia y la nobleza, que ahora comenzaba a conocer la decadencia del sistema feudal instalado. De hecho, mientras comenzó la decadencia del sistema feudal, las monarquías aprovecharon la coyuntura para ampliar el poder, constituyendo reinos más extensos.

La Iglesia respondió a este nuevo reto promoviendo un nuevo movimiento cultural que sustituyese al románico y se adecuase a la nueva sociedad que se estaba creando. Esta nueva sociedad, dotada de un marcado carácter urbano requería, frente a las propuestas severas y austeras del románico, un lenguaje distinto, más cercano, directo, humano y natural. De ahí que la Iglesia, al igual que fundó en el ámbito de la fe y la predicación nuevas órdenes monásticas, con un carácter más abierto y dirigidas a las nuevas clases sociales y a la mentalidad que se estaba gestando -franciscanos, dominicos-, decidió impulsar un estilo más humanista, el gótico, que respondiese en la misma medida a las nuevas necesidades artísticas. Por ello, aunque el gótico prosiguió con el carácter homogéneo y didáctico del románico, la Iglesia entendió que el nuevo estilo debía tener una disposición diferente, más próxima y dialogante con la sociedad.

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Durante este período, Euskal Herria conoció importantes transformaciones, aunque de desigual manera. Así, mientras que el Reino de Navarra entró en un proceso de decadencia que desembocó en la conquista del territorio por parte de las tropas de Castilla (1512), y Álava conoció un período de regresión que trajo su progresivo estancamiento, Bizkaia y Gipuzkoa destacaron por sus espectaculares avances. Las dos provincias costeras prosperaron al aprovechar el dinamismo de sus economías basadas en la extracción del mineral de hierro, la pesca y el comercio en el norte de Europa con productos de Castilla. El desarrollo económico a partir del siglo XIV repercutió en el aumento de la población y, por consiguiente, creció también la prosperidad social y cultural. De este modo, la ventaja que habían conseguido Álava y Navarra en la primera fase de la Edad Media, fue neutralizada por las dos provincias costeras y, a partir de este momento, el desarrollo del norte fue más importante que el del sur.

Respecto al arte, el gótico tuvo un enorme éxito en Euskal Herria y, principalmente, en Bizkaia y en Gipuzkoa, aunque Navarra, Álava e Iparralde también crearon obras interesantes e importantes en este estilo.

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De hecho, el gótico se mantuvo en Euskal Herria hasta el siglo XVI sin ser sustituido por el renacimiento, a pesar de que este nuevo estilo surgió en Europa a finales del siglo XIV. Una vez más, fue la arquitectura la disciplina artística que más se desarrolló, aunque la escultura comenzó a independizarse y a progresar por sí misma. En cuanto a las influencias que recibió el estilo gótico de Euskal Herria, a las procedentes de Castilla, Aragón y Francia, ahora se suman las llegadas del centro de Europa, principalmente, de Flandes y de los reinos alemanes. Finalmente, en el estudio del gótico vasco, otro elemento que nos ayudará es el gran número de obras conservadas y el buen estado en el que nos han llegado.

La arquitectura gótica que se desarrolló en Euskal Herria se caracterizó además de por la sencillez y la austeridad, por su carácter híbrido, ya que mantuvo características románicas al inicio del período y combinó las renacentistas al final. Esta mezcla de elementos técnicos, constructivos y ornamentales del románico, el gótico y el renacimiento, estuvo motivada por la prolongación en el tiempo de las construcciones y por la reutilización de elementos y de materiales en diferentes fases del proceso constructivo. De hecho, los elementos básicos del léxico gótico -arcos apuntados, bóvedas de crucería, arbotantes- no siempre los encontramos en las construcciones de Euskal Herria. En cambio, hay otras características -la amplitud y la altitud espacial, o la ausencia de decoración escultórica en los elementos constructivos ornamentales- que se repiten en el transcurso del período.

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En cuanto a las tipologías, la tipología que más se desarrolló en Euskal Herria fue nuevamente la de carácter religioso y, de hecho, la mayoría de los edificios tanto por número como por su importancia se corresponden a esta tipología. Sin embargo, frente a la escasez de restos de arquitectura civil en el período románico, en el gótico abundaron construcciones civiles que, aunque en la mayoría de los casos han llegado hasta nosotros transformadas, sirven para poder imaginarnos la vida civil de la sociedad; además, aunque la mayoría de las construcciones corresponden a palacios y casas-torre pertenecientes a las familias más importantes de Euskal Herria, también conservamos restos de edificaciones comunes que nos permiten comenzar a intuir la posterior estructura del caserío vasco.

En la arquitectura civil, mientras que del período románico apenas conservamos restos, los testimonios del gótico son más numerosos. En Navarra conservamos algunos elementos del palacio más importante de este período. En Olite, Carlos III construyó a comienzos del siglo XV un palacio real para su corte a la manera de los grandes palacios reales de Europa, como símbolo del prestigio y de la prosperidad de su reinado. El edificio es el resultado de una combinación de numerosas pequeñas estancias en las que se combinan elementos constructivos góticos siguiendo un criterio estético cortesano y no militar.

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Todas las estancias del palacio se embellecieron con una riquísima decoración que seguía el gusto francés y que se perdió, ya que el palacio estuvo abandonado durante muchos siglos. En la actualidad, lo que se conserva es producto de una restauración en la que son pocos los elementos originales que se mantienen. Otro ejemplo de edificio construido en el período gótico y desvirtuado en la actualidad por la intervención a la que fue sometido es el Castillo de Javier, un conjunto en el que destaca la torre principal que se rodea de una muralla con cubos de defensa en los ángulos. Mejor conservado está el castillo de Marcilla.

El segundo tipo de arquitectura civil que encontramos en Navarra lo forman el conjunto de palacios, casonas y torres que aunque numerosas, sobre todo, a partir del siglo XV, no son muchos los ejemplos originales que se conservan debido a las graves guerras que sufrió Navarra en los siglos XV y XVI. Entre los ejemplos mejor conservados destacan, el palacio de Arazuri, el del Príncipe de Viana en Sangüesa y las torres almenadas de Ayanz en el valle de Lónguida, las de Zabaleta y Minadurinea en Lesaka, y la de Celigüeta, con sus cubos cilíndricos en los ángulos.

En Álava, algunos de los mejores ejemplos de arquitectura civil gótica se vuelven a encontrar en Vitoria , en la casa del Cordón y en el palacio de Arrieta. Sin embargo, los edificios más sobresalientes de este período están en los alrededores de la capital. Nos referimos a los palacios y casas-torres que se conservan en la provincia y entre los que destacan el palacio de los Guevara; de planta rectangular con cuatro torreones en ángulo y residencia de tres pisos sobre la planta baja, el palacio de los Guevara era una construcción equipada militarmente con saeteras y modillones preparados para el montaje del cadalso defensivo de madera. La segunda construcción importante es la casa-torre de los Mendoza, constituida por un recinto amurallado con torres en sus cuatro ángulos y una torre de cuatro plantas en el centro con saeteras. El resto de las torres que se conservan -Varona, Quejana, Martioda, Mursa, Conde de Orgaz y Condestable en Fontecha- mantienen el mismo carácter defensivo, con construcciones que sorprenden por su severidad y austeridad en su decoración.

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En Bizkaia y en Gipuzkoa los ejemplos de arquitectura civil no son abundantes, pero encontramos más edificios que en el período románico. Lamentablemente, durante los siglos XIV y XV las dos provincias del norte vivieron encarnizadas luchas entre diferentes familias nobiliarias y, por ello, son pocos los ejemplos que nos han llegado de aquel período y éstos, además, con importantes transformaciones y alteraciones en su fábrica. En Bizkaia, el castillo de Muñatones en Muskiz y, sobre todo, la casa-torre de Aranguren en Orozco, son los únicos ejemplos que se conservan del período gótico, destacando la casa-torre de Aranguren como ejemplo de las torres rurales de linajes de segunda categoría que posteriormente inspiraron las fábricas de los caseríos vascos.

En Gipuzkoa se conservan un mayor número de edificaciones de este período -la casa de los Guevara en Segura, de los Legazpi en Zumarraga, el palacio Enparan en Azpeitia y Lili en Zestoa- aunque la mayoría de los elementos góticos se funden con los renacentistas posteriormente añadidos. Los mejores ejemplos de arquitectura civil gótica los encontramos en Mutriku, en la torre Berriatua, y en Zarautz en Torre Luzea, donde destaca la sillería de piedra arenisca, las ventanas ajimezadas, la escalera exterior y los espolones avanzados en las fachadas para poder añadir el cadalso de madera.

Respecto a las principales formas arquitectónicas desarrolladas en la arquitectura religiosa, conviene destacar que, entre los diversos modelos de planta difundidos, el más utilizado fue el de la planta basilical de tres naves con crucero desarrollado, presbiterio y girola sobre la que se abrían capillas de sección poligonal. En cuanto a los soportes, los pilares eran sencillos y austeros, y los más utilizados fueron los de sección cilíndrica con fuste enjarjado en el perímetro del pilar, en relación al empuje que recibían de las bóvedas y los terceletes; al final del período, el pilar todavía se simplificó aún más, como consecuencia del enjarje en el pilar de las nervaduras, lo que provocó la utilización del pilar cilíndrico, mucho más sencillo. En la estructura de las cubiertas también concentramos la misma sencillez y austeridad de los pilares y, en general, predomina la bóveda de crucería concebida desde un punto de vista sobrio; la única licencia decorativa que se concedía era el aumento del número de tirantes para la descomposición de empujes mediante la incorporación de terceletes.

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Sólo al final del período se enriquecieron los terceletes con el elemento decorativo de los combados. Atendiendo a la división territorial, en el período gótico fue Navarra la provincia en la que se construyeron el mayor número de edificaciones, aunque como en el caso de Álava o el interior de Iparralde, el ritmo constructivo decreció respecto al período románico, ya que al estancamiento de sus economías, se le unió un catálogo de construcciones levantadas en el románico que ya satisfacían sus necesidades. En cambio, el aumento más espectacular en la construcción de edificios se registró en Bizkaia, Gipuzkoa y la costa de Iparralde, Lapurdi, donde gracias al progreso económico y el crecimiento demográfico, se levantaron nuevos edificios.

En Navarra, el primer edificio del que se tiene constancia en el período gótico es la iglesia de Santa María de Roncesvalles; erigida a principios del siglo XIII siguiendo el primer estilo gótico francés de la región parisina y no el gótico radial, que por entonces estaba influyendo en la construcción de las principales catedrales castellanas, la iglesia se construyó con tres naves de cinco tramos, la central elevada sobre las laterales y la cabecera pentagonal con grandes ventanales. Entre sus elementos, la mayoría canónicos de la arquitectura francesa, destacan las columnas cilíndricas, el triforio y la utilización, por primera vez en Euskal Herria, de arbotantes que descargaban sobre los contrafuertes exteriores el peso de las bóvedas de crucería.

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Pero en Navarra, el mejor ejemplo del gótico lo constituye la catedral de Pamplona. En su construcción hay que distinguir dos períodos, el primero en el que se construyó el claustro, y el segundo en el que se erigió la iglesia sobre las ruinas del templo románico derrumbado en 1390; en esta segunda fase también se construyó en el claustro la capilla Barbazana, en el que destaca el trazado de su bóveda estrellada. En cuanto a la estructura de la iglesia, que sigue la estructura del gótico canónico de este período, destacan las capillas abiertas entre los contrafuertes con la misma altura que las naves laterales, el crucero formado por una nave transversal acusado en planta y en alzado, la ausencia de triforio, lo que le da al edificio un aspecto sobrio y vertical, y la composición de la cabecera, donde las capillas componen un espacio unitario que tan sólo se individualiza en la disposición de los tramos de las bóvedas.

En el resto de Navarra, la mayoría de las iglesias construidas son más sencillas. Así, en San Pedro y Santa María de Olite, San Saturnino de Artajona y Santa María de Ujué, construidas entre finales del siglo XIII y primera mitad del siglo XIV, nos encontramos con modestas iglesias de una sola nave que cuentan con estructuras más propias de iglesias de ámbito rural que urbano; las iglesias de la Asunción en Villatuerta, San Andrés en Zizur Mayor o San Martín de Unx, también son un buen ejemplo del gótico rural navarro. Posterior y, por tanto, con tres naves y soluciones constructivas más avanzadas es la iglesia de Santa María de Viana.

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En Álava, aunque el número de edificios levantados durante este período descendió, los construidos son significativos, destacando los nuevos templos de Vitoria y de Laguardia. En Vitoria la iglesia de Santa María fue la construcción más importante de este período. Conocida en la actualidad como la Catedral Vieja, sus obras comenzaron a finales del siglo XIII y se prolongaron hasta finales del siglo XV. En este templo se optó por una planta de tipo basilical con tres naves de cinco tramos, amplio crucero y una cabecera donde la girola central, en la que se abren tres capillas poligonales, se combina con cuatro capillas rectangulares. Entre sus elementos, la mayoría canónicos, sobrios y sencillos, destaca recorriendo todo el perímetro del templo un triforio estrecho. En Vitoria también se construyeron otras iglesias en este estilo durante este período -San Vicente, San Miguel Arcángel y San Pedro Apóstol-, destacando ésta última, por su acceso porticado junto a la cabecera, ya que estaba adosada a la muralla, la cabecera con cuatro ábsides, los amplios ventanales de tracería y la existencia de un solo tramo de triforio en el extremo sur del crucero.

El segundo núcleo en importancia en Álava fue Laguardia, donde se construyeron las iglesias de San Juan Bautista y Santa María de los Reyes. La primera, construida entre los siglos XIII y XIV, continuó los esquemas clásicos de las fábricas góticas de este período, destacando sus tres naves y la bóveda de crucería. En cuanto a Santa María de los Reyes, aunque fue construida posteriormente entre los siglos XV y XVI, mantiene escasos elementos de su estructura arquitectónica gótica pero tiene una de las portadas escultóricas mejor conservadas del período.

En el resto de la provincia de Álava, entre las localidades que podemos señalar con iglesias construidas en estilo gótico, destacamos las parroquias de Lasarte, Kampezu, Bilar y Agurain, aunque son numerosas las ermitas y pequeñas iglesias que, como en Navarra, se realizaron siguiendo un estilo gótico rural en el que se combinan los elementos del gótico con los del románico y, a partir del siglo XVI, con elementos decorativos propios del renacimiento.

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En cuanto a Iparralde, el edificio más importante realizado en estilo gótico fue la catedral de Bayona. Iniciada a finales del siglo XIII, la fábrica principal es del siglo XIV y fue realizada siguiendo el estilo del gótico radiante de la zona francesa de Champagne y, concretamente, los trazos de los proyectos de las catedrales de Reims y de Burdeos. La catedral prolongó sus labores de construcción hasta el siglo XVI y se dieron por concluidas con la realización de las torres de la fachada en el siglo XIX. Destaca su aspecto grandioso -es la mas grande y alta de las catedrales de Euskal Herria-, la planta de cruz latina y no basilical, aunque actualmente queda ocultada por las capillas laterales añadidas con posterioridad, y el claustro, uno de los mejores construidos y conservados tanto por su estructura como por su decoración.

Respecto a Bizkaia y Gipuzkoa, a diferencia del período anterior, en este momento las construcciones fueron más numerosas y de mejor calidad. Sin embargo, los comienzos fueron tardíos, y es que hasta el siglo XIV no se construyeron los primeros edificios significativos. En Bilbao las iglesias de Santiago Apóstol y San Antón constituyen dos buenos ejemplos del gótico en Bizkaia al estar realizadas siguiendo una línea sencilla y austera, y al integrar elementos constructivos siguiendo las trazas del estilo gótico francés y castellano. Con tres naves de tres tramos, crucero alienado, presbiterio, capilla mayor poligonal y girola con siete capillas pentagonales en su mayoría, la iglesia de Santiago Apóstol se emparenta con otras construcciones del norte de la península Ibérica como Burgo de Osma, Palencia, Santander o Castro Urdiales; el sistema de cubrición empleado fue la bóveda de crucería, excepto el tramo central del crucero donde se enriqueció con terceletes y cinco claves, y en la cabecera con una bóveda estrellada de siete claves. En cuanto a la iglesia de San Antón, destaca entre sus tres naves la central, más ancha y el doble de alta que las laterales, y la ausencia de ábside, cerrándose su frontis interior con un muro recto; como en otras iglesias de Bizkaia, la iglesia de San Antón también tiene un triforio.

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Sin embargo, la construcción más original del gótico en Bizkaia se encuentra en Lekeitio. La iglesia de Santa María de esta localidad sigue las trazas generales de las fábricas castellanas del siglo XIII pero simplificándolas. Con tres naves de tres tramos, crucero y tres capillas en la cabecera, la iglesia de Lekeitio destaca por su doble batería de arbotantes con pináculos, la presencia en la cubierta de un nervio que la recorre longitudinalmente reforzándola, lo que provoca el desplazamiento del eje de su parte trasera hacia el norte, y la tracería de sus ventanales, realizadas bajo influencia inglesa.

En el resto de la provincia de Bizkaia, hay que destacar las iglesias de Santa María de Gernika y Santa María de Ondarroa, en esta última, sobre todo, la ausencia de crucero y ábsides, y la decoración arquitectónica, con tracerías en los vanos y las cornisas, y pináculos y gárgolas expresivamente decoradas. Entre los siglos XV y XVI se construyeron el resto de las principales iglesias góticas vizcaínas, destacando Santa María de Orduña, Nuestra Señora de Begoña, Santa María de Portugalete, San Severino de Balmaseda, Santa María de Galdakao y la Colegiata de Ziortza en Markina-Xemein.

Por último en Gipuzkoa, aunque con menos construcciones góticas que Bizkaia, también posee algunos ejemplos destacables del gótico en Euskal Herria. En todas, el gótico no sólo se desarrolla siguiendo las pautas de Castilla como ocurrió en Bizkaia, sino que responden también a la influencia del gótico francés -a través de la influencia que ejerció primero en Navarra-? y toman de esta provincia una manera de entender el gótico más austera y sencilla, en la que se conservan algunos elementos constructivos y estéticos del románico.

La iglesia más singular de la provincia es la de San Salvador de Getaria. Construida en el siglo XIV, consta de tres naves de tres tramos, con la central más elevada y los tramos separados por pilares cilíndricos con columnas adosadas. Cubierta por bóvedas de crucería, sencillas las laterales y estrellada la de la nave central, los empujes de las mismas son recogidos en el interior por los correspondientes enjarjes murales para transmitirlos a unos contrafuertes exteriores por medio de arbotantes.

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Sin embargo, el elemento más sorprendente de la iglesia es su planimetría irregular, ya que los muros no son paralelos y no hay correspondencia simétrica con el eje longitudinal del edificio; además, entre los pies y la cabecera existe un desnivel de un metro de declive hacia la puerta sur. Este trazado irregular es lo más original del edificio junto con el triforio que recorre lo muros perimetrales de la construcción. En este período también se comenzó a construir en Gipuzkoa la iglesia de Santa María de Deba, un templo de tres naves con cabecera recta en el que destaca, como en la iglesia de Santa María de los Reyes de Laguardia, su portada escultórica y policromada.

En cuanto a Nuestra Señora del Manzano en Hondarribia, San Miguel de Oñate y San Vicente de Donostia, destacan por su aspecto militar defensivo, por los pilares cilíndricos sobre los que descansan las bóvedas y porque, a pesar de tener tres naves, levan las laterales a una altura cercana a la central. La imagen de fortaleza es también la que ofrece la iglesia de San Pedro en Zumaia, aunque en este caso su fábrica es de una nave de cuatro tramos, ábside poligonal y cubierta con bóvedas de crucería con terceletes de nervios muy acusados. Este gótico singular, con aspecto de fortaleza, tuvo un gran desarrollo en Gipuzkoa a partir del siglo XV y durante el siglo XVI, y lo encontramos en las iglesias parroquiales de localidades como Eibar, Segura, Oiartzun, Elgeta, Alkiza, Ezkio, Asteasu, Zegama y Berastegi. En las iglesias de estas localidades se aplicó un gótico sobrio, sencillo y elemental, aunque no exento de monumentalidad, ya que el progreso económico y social permitía el gasto que suponía la construcción de este tipo de edificios. Esta formula constructiva que dota a los edificios de mayor uniformidad y regularidad en su construcción nos señala ya el tipo de iglesia hallenkirche que tanta trascendencia tuvo en Euskal Herria durante el período renacentista y que conocemos como "gótico-vasco".

Las artes plásticas también conocieron un mayor desarrollo durante este período. Los ejemplos que conservamos, además, son más numerosos y hay importantes cambios en la técnica que se utiliza y los temas que se representan.

La escultura de estilo gótico comienza a independizarse del marco arquitectónico y encontramos destacadas obras realizadas de un modo exento. En cuanto a la técnica y a la temática, la escultura gótica recupera el naturalismo y el realismo que abandonó el románico en la ejecución, y reivindica un mayor humanismo en los motivos representados con el objetivo de poder aproximarse de un modo más directo y cercano a la nueva sociedad urbana que se estaba desarrollando.

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Sin embargo, la escultura decorativa en las portadas de las iglesias todavía mantuvo su importancia y tenemos muy buenos ejemplos en Navarra, Álava y Gipuzkoa. En Navarra, destacan las portadas de las iglesias de Santa María de Olite y Santa María de Ujué, y las decoraciones escultóricas del claustro de la catedral de Pamplona. En Álava, la catedral de Santa María y la iglesia de San Pedro en Vitoria también conservan interesantes portadas, aunque el ejemplo más espectacular lo encontramos en el sur de la provincia, en Laguardia, ya que el conjunto escultórico de la portada de la iglesia de Santa María de los Reyes conserva gran parte de su policromía original al estar protegido por la propia arquitectura. En Gipuzkoa, el grupo escultórico que preside la entrada principal de la iglesia de Santa María la Real de Deba también tiene restos de policromía pero en menor grado y en peor estado de conservación ya que ha permanecido durante la mayoría del tiempo a la intemperie sin ningún elemento que la protegiese. En el interior de las iglesias aunque las manifestaciones pictóricas tuvieron más protagonismo que las escultóricas, a finales de este período comenzamos a encontrar retablos con grupos escultóricos como en el caso de la iglesia de Santa María de Lekeitio, de influencia flamenca.

En cuanto a la escultura exenta, como en el período románico, Navarra conserva los mejores ejemplos. En este caso también, la tendencia hacia el naturalismo y el realismo, la elección del tema de la virgen, así como el abandono de la representación de Cristo Crucificado, nos vuelven a demostrar el creciente deseo que existió por parte de las instituciones eclesiásticas de acercarse a la sociedad. Son muchas las representaciones marianas realizadas durante este período, entre las que destacamos, la Virgen con el niño de Roncesvalles, la Virgen Blanca de Huarte, la Virgen de Olazagutia, la Virgen de Olite y la Virgen de Los Arcos.

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Sin embargo, las obras más representativas de este período se realizaron a finales del mismo y siguiendo nuevas tipologías. Así, a partir del siglo XIV, encontramos los primeros sepulcros entre los que destacan la tumba de Carlos III y su mujer Leonor en la catedral de Pamplona, el sepulcro del canciller Villaespesa en la catedral de Tudela y el sepulcro del conde de Oñate en la iglesia de San Miguel de Oñate; en los tres ejemplos, hay que destacar los relieves de los sarcófagos, con personajes orando por los difuntos.

La orfebrería continuó con la misma importancia que en la época anterior y, en este caso también, los ejemplos más significativos se encuentran en Navarra, donde destacan piezas como el cáliz que Carlos III donó a la iglesia de Ujué -en la actualidad en el Museo de Navarra- y los relicarios realizados para custodiar reliquias, entre ellos, el ajedrez de Carlomagno, llamado así por su singular forma cuadrícula.

En cuanto a la pintura, durante el gótico volvemos a encontrar restos de manifestaciones pictóricas en Euskal Herria. En la Edad Media las iglesias, siempre que hubiera medios económicos suficientes, se decoraban con escenas religiosas y con motivos decorativos. Lamentablemente, en la mayoría de los casos no se conservan bien porque posteriormente fueron sustituidas por otro tipo de decoración o porque, simplemente, fueron eliminadas al imperar criterios estéticos diferentes que propugnaban la desaparición de las pinturas murales de las iglesias, sobre todo, en el siglo XIX.

Las creaciones pictóricas de esta época cumplen, como en el caso de la escultura, una función didáctica. La finalidad era aleccionar al fiel y, por ello, la mayoría de los temas narran episodios religiosos y recogen pasajes de la Biblia. Los ejemplos más antiguos que conservamos son del siglo XIV y aunque, en general, se siguen las pautas establecidas por la corrientes europeas -protogótico, lineal, italogótico, internacional e hispanoflamenco-, la interpretación que se hizo en Euskal Herria de estos estilos fue simple y esquemática.

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El Museo de Navarra en Pamplona alberga los restos más importantes en los que predomina la influencia del foco aragonés. Al primer período protogótico pertenecen las pinturas de las iglesias de San Martín de Artaiz, San Saturnino de Artajona y San Pedro de Olite. La catedral de Pamplona y las iglesias de Ecay, Olleta, Arleta, Eristáin y Gallipienzo conservan restos de los períodos posteriores -principalmente, del gótico lineal- mientras que la influencia flamenca es más tardía y se aprecia en la iglesia de San Miguel de Estella y en diferentes tablas y retablos, incluyendo el mayor, de la catedral de Tudela.

En Álava, entre los testimonios de pintura gótica documentados, destacaremos dos ejemplos. En la iglesia de la Asunción de Alaiza se conservan importantes restos difíciles de clasificar en el tiempo; tanto en el estilo como en la temática desarrollada, se combinan diferentes elementos y características que nos hablan del trabajo de un taller secundario que asimiló tardíamente las características de este período. Por su parte, los restos conservados en la iglesia de Gaceo, pertenecientes a la fase del gótico lineal, constituyen uno de los mejores programas iconográficos desarrollados.

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