Concept

Dinastía Arista o Iñigo

Tradicionalmente considerada la primera dinastía reinante en el territorio vascón pamplonés. Sus orígenes se pierden en la leyenda en parte por la escasez de fuentes coetáneas. La dinastía consta de tres señores, el primero Iñigo o Eneko Arista (¿?-851/852), su hijo García Iñiguez (851/852-¿882?) y su nieto Fortún Garcés (¿882?-905).

Tras la llegada de las fuerzas musulmanas a la Península Ibérica, la zona de Pamplona quedó bajo su influencia. Sin embargo, a lo largo del siglo VIII y principios del IX, se perfilan dos tendencias: los unos partidarios de aceptar la protección carolingia cuyo linaje más conocido son los Belasko; los otros de respetar los pactos acordados con el emir cordobés. Estos últimos encabezados por los Arista o Iñigos cuentan con el apoyo y alianza de los Banu Qasi, familia muladí asentada en la zona media y occidental del Ebro. Habría que precisar el grado de autonomía que disfrutaban estas familias respecto a los dos grandes poderes.

Situando los datos sueltos de textos árabes coetáneos y una tradición genealógica pamplonesa interesada más de un siglo después, la historiografía moderna trata de depurar un oscuro nacimiento de un reino al que se le atribuyen unos orígenes en parte legendarios. La escasa y deficiente documentación de la época sólo permite situar en el siglo IX una fase de laboriosa gestación del espacio político que en la siguiente centuria aparece al cabo definido como una monarquía equiparable a los demás reinos cristianos de la Europa occidental. Por ello, hay autores que consideran dudoso que los titulares de tales poderes fácticos, ejercidos además sobre un espacio tan reducido y con una sola sede episcopal, tuviesen conciencia clara de su condición real conforme al pensamiento político de la época. Se explica que una secular tradición historiográfica haya atribuido el título de "reyes" a los tres primeros señores de Pamplona de filiación bien conocida denominada dinastía de los Arista o Íñigo o familia de los Banu Enneco.

Enneco o Iñigo Arista, muerto hacia el 851, y sus descendientes se mantuvieron durante tres generaciones al frente de la aristocracia y las tierras de Pamplona. A su hijo García Ennecones o Iñiguez y luego a su nieto Fortún Garseanes o Garcés, correspondería percibir, distribuir y organizar las rentas, movilizar y dirigir el ejército y sus caballeros, garantizar la paz, la justicia y el orden.

Iñigo Arista fue el primer señor de la incipiente monarquía pamplonesa. A pesar de la escasez de documentos coetáneos se puede dividir su caudillaje en tres etapas. Durante la primera (hasta 824) lideró la facción contraria a la expansión carolingia. La segunda, entre 825 y el 840, se caracterizó por la ausencia de noticias bélicas y la última desde el 840 hasta su muerte hacia el 852 de estrecha alianza con Musa ibn Musa y caracterizada por las continuas escaramuzas bélicas.

En 799 un golpe de fuerza derribó a Mutarrif ibn Musa, de la familia de los Banu Qasi, e instaló en Pamplona un gobierno afecto a los carolingios pero por poco tiempo. En 803 la familia Arista ostenta de nuevo el poder en Pamplona y en estrecha alianza con los Banu Qasi. No obstante, de nuevo en 806 los pamploneses solicitan la protección carolingia.

La paz negociada entre Carlomagno y el emir en 812 dejaba a aquél manos libres para intervenir en la frontera. Los valles altos del Pirineo aragonés y la tierra de Pamplona estaban incluidos en la zona de influencia carolingia. Sin embargo, todas las tentativas hechas por el Imperio carolingio para instalar en Pamplona una administración propia, fracasaron estrepitosamente.

Finalmente en 816, Belasko y sus aliados son derrotados definitivamente quedando Pamplona en manos de los Arista. El fracaso por parte de las fuerzas carolingias de establecer un condado en Pamplona supuso el ascenso de un representante de la nobleza local, presumiblemente ya Enneco Aresta que debió renovar la sumisión política a Córdoba y el abono del tributo anual. El eclipse de la dominación franca en las tierras de Pamplona supuso el inicio de lo que se conoce como dinastía Arista. El citado Enneco, llamado Arista (cognomento Aresta) casó a una de sus hijas con Muza ben Muza, cabeza de los Banu Qasi, quien, por lo demás, era hermano suyo por parte de madre.

Aún hubo en 824 una última tentativa carolingia de instalarse en Pamplona pero a la vuelta de la expedición fueron derrotados por los vascones y su general el conde Eblo hecho prisionero y enviado a Córdoba. Al otro jefe, el conde Aznar, lo dejaron en libertad por afinidad de sangre.

El reiterado fracaso del Imperio Carolingio en el territorio pamplonés fue fruto de la tenaz oposición de la familia Arista, aliada con la muladí de los Banu Qasi. Estos, unidos por lazos de clientela con los Omeyas, facilitaron y aseguraron la permanencia de los Arista en sus dominios. Sin embargo la alianza con los Banu Qasi obligaba a Iñigo Arista a seguir la suerte de la fidelidad oscilante de aquéllos y por tanto a soportar fuertes embestidas de las tropas del emir cuando se rompía la fidelidad. Pero en ningún momento estuvo en disputa la legitimidad del dominio sobre sus tierras, del que nunca llegaron los emires a desposeerles.

Desde entonces hasta el 840 la ausencia de noticias permite suponer un periodo de relativa tranquilidad en el núcleo pamplonés y de buenas relaciones con el emir de Córdoba. Es probable que Iñigo Arista aprovechara la situación para afianzar su poder y sentar las bases para el desarrollo del futuro reino.

A partir de 840 los roces de los Banu Qasi con los representantes del emir de Córdoba desembocaron en un enfrentamiento al que arrastraron a los pamploneses. Por las fuentes documentales cordobesas sabemos que en el año 843 el emir de Córdoba concertó el amán con Yannaquo ibn Wannaquo al que los autores han identificado con Iñigo Arista, reconociéndole sus tierras y con la condición de que pagaría setecientos dinares anuales de capitación. Queda claro que por parte del emir se reconocía a Iñigo Arista el señorío sobre sus tierras. El amán otorgado a Iñigo Arista en este año no suponía sino reconocer una situación de hecho que venía arrastrándose de años atrás. Situación que sería quebrantada repetidas veces y otras tantas anudada de nuevo con el apoyo de Musa ibn Musa, cabeza visible del linaje Banu Qasi. En ningún caso la autoridad o fuerza del emir era suficiente para desposeerle de unos dominios en los que estaba firmemente asentado.

En el 845 se registró una nueva campaña, en la que Galindo, hijo de Iñigo se pasó al emir y otra en el 850 donde se solicitó la paz junto con los Banu Qasi y se sometió a Córdoba.

En las luchas de este decenio y hasta la fecha de su muerte (851-852) parece que Iñigo Arista delegó, debido a su delicado estado de salud, el mando del ejército en su hijo y sucesor García Iñiguez. Estas últimas derrotas y la sumisión a Córdoba no llegaron a remover a Íñigo Arista de la posición de caudillo, lo que demuestra el arraigo de su linaje y la consolidación del incipiente Reino de Pamplona.

Tuvo cuatro hijos: su sucesor García Iñiguez; Galindo, huido a Córdoba y vuelto tras la muerte de su padre; Assona, casada con Musa ibn Musa; y otra de nombre desconocido, casada con García el Malo, conde de Aragón.

Tras la muerte de Íñigo Arista asumió el mando del núcleo pamplonés su hijo García Iñiguez (851/852-ca.882) considerado en las genealogías tradicionales como el segundo rey de Pamplona. Imprimió a su gobierno una orientación nueva que alteró el panorama de sus relaciones exteriores. A mediados del siglo X el horizonte político cambia: la muerte de Ramiro I de Asturias (850), que casi coincidió con la de Iñigo Arista y Abd al-Rahman II (852), introduce personajes nuevos y nuevas alianzas.

García se distanció del caudillo Musa ibn Musa y hubo un acercamiento con el rey asturiano Ordoño I, cuya política secunda en ocasiones, con el imperio carolingio (embajada a Carlos el Calvo en la asamblea de Verberie, 850) y con el condado de Aragón. Incluso una supuesta hija de Ordoño I, Leodegundia, casó con un príncipe de Pamplona. Todo induce a pensar que la muerte de Iñigo Arista cierra una etapa para abrir nuevas perspectivas. No obstante, el apoyo de García a los Banu Qasi en su última década no permite simplificar en bloques de cristianos contra musulmanes las relaciones exteriores pamplonesas. Además, nuevos trabajos apuntan a que no hay indicios claros de que, a raíz de la muerte de su padre, tomara García nuevas posiciones políticas, buscando abiertamente una coalición estable con los monarcas ovetenses.

En el 859, los autores cordobeses informan de una noticia extraña. Los normandos remontando el Ebro hasta Pamplona apresan a García Iñiguez teniendo que pagar una cuantiosa cantidad de dinero (70.000 monedas de oro) para recuperar su libertad. Aprovechando su prisión, Musa atacó sus dominios, lo cual motivo un contraataque asturiano en apoyo al pamplonés. Según la tradición, en Clavijo Ordoño I derrotó a Musa y los pamploneses iniciaron pequeñas operaciones de reconquista, apoderándose de Falces, Murillo el Fruto y Caparroso. La debilidad de Musa provocó una operación de castigo dirigida por el propio emir Muhammad I que recuperó esas plazas y capturó a Fortún Garcés, primogénito de García (860) que fue llevado a Córdoba donde estaría prisionero durante veinte años.

La siguiente década (860-870), quizá debido al cautiverio de Fortún o por el interés del emir en otros núcleos cristianos, especialmente Álava, se caracterizó por una tranquilidad que permitió consolidar la alianza con Asturias que se incrementó con las nupcias del nuevo rey asturiano, Alfonso III, con la pamplonesa Jimena. A la vez, una hija de García, Onneca, casaba con el conde Aznar Galindo II de Aragón. Con ello, el señor de Pamplona ampliaba sus alianzas e influencias.

Hacia el 871 se produce un levantamiento generalizado en el Valle Alto del Ebro contra el emir encabezado por los Banu Qasi y con el apoyo de García Iñiguez. En pocos días, los descendientes de Musa ibn Musa ocupan Tudela, Zaragoza, Huesca y Monzón. El apoyo pamplonés a los Banu Qasi supuso varias expediciones de castigo del emir Muhammad I (873, 874, 878, 879), pero en general se limitaron a saquear los alrededores de Pamplona y devastar sus cosechas sin producirse un ataque a fondo contra el incipiente reino.

García Iñiguez tuvo cuatro hijos: el heredero Fortún Garcés, Sancho Garcés, Onneca Garcés, casada con el conde aragonés Aznar Galindez II y Belasquita, casada con un hijo de Musa llamado Mutarrif.

En los últimos años del siglo IX, y coincidiendo con el reinado de Fortún Garcés, el reino de Pamplona, que había conocido unos años de relativa tranquilidad, va a pasar por una etapa de graves dificultades. Hacia el 880 Fortún regresa tras veinte años de su cautiverio cordobés. Poco después (hacia 882) muere su padre y pasa a gobernar el reino de Pamplona. Tradicionalmente es considerado su tercer rey. Las fuentes musulmanas le asignan el sobrenombre de "el Tuerto (al-Anqar)", mientras que las cristianas le designan como "el Monje", ya que terminó sus días en el monasterio de Leyre.

A partir de su reinado, el núcleo pamplonés va a sufrir una fuerte presión por parte de un miembro de la familia Banu Qasi, Muhammad ibn Lubb y posteriormente su hijo Lubb ibn Muhammad, que puso en dificultades la estabilidad del reino, fortificando la frontera y luchando encarnizadamente con los pamploneses. Entre los numerosos ataques que sufrió Fortún destacan las tomas de Aibar (882), los saqueos por tierras alavesas (886), la conquista del castillo Silbaniano, lugar todavía sin identificar (891).

La muerte de Muhammad ibn Lubb (898) no devolvió la paz a las tierras pamplonesas, ya que su hijo Lubb mantuvo la misma política militar. En el 900 las tropas asturianas y pamplonesas sufrieron una fuerte derrota en las cercanías de Tarazona. Algún autor árabe da cifras de 6.000 cristianos muertos aunque otros la reducen a la mitad. La presión del caudillo Banu Qasi continuó en los años siguientes, de tal manera que la incipiente monarquía pamplonesa se hallaba reducida a la impotencia perdiendo parte de sus efectivos tanto humanos como territoriales. En esta guerra se iba a fraguar definitivamente la monarquía pamplonesa. Además la avanzada edad de Fortún Garcés, próximo a los ochenta años, no era el instrumento más adecuado para restablecer y encauzar la delicada situación política y militar. Es entonces cuando se produce en Pamplona un cambio de dinastía en el 905: a la familia Íñigo o Arista que venía dirigiendo los destinos del reino en este siglo IX, sucede la familia Jimena en la figura del nuevo rey Sancho Garcés I. Fortún se retiró o fue relegado al monasterio de Leyre donde moriría con 96 años.

Fortún Garcés casó con Oria y según las genealogías tuvo cinco hijos: Iñigo, casado con Sancha Garcés; Aznar; Belasko, Lope; y Onneca, casada primero con el príncipe Abd Allah y luego con Aznar Sánchez de Larraún.

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