Lexikoa

FRONTÓN

Sitio dispuesto para jugar a la pelota, frontoe (B), frontoi (G), pelotatok:, pelotaleku (B, G), pilotatoki, pilotaleku (B. U.), plaza (c), pilota plaza (L, BN, S); arte de construir frontones, frontoegintza (B. U.); pilotatoki ederrak dauzkate hiri handietan (B. U.), las grandes ciudades poseen hermosos frontones; joka gaiten oneski, plaza juje bethi, hola da ohoreski, juguemos honradamente, siendo siempre la plaza el juez, eso es lo honrado (Inscripción en el frontón de los Aldudes de 1853).

Frontón abierto. El que sólo consta de las paredes de juego, sin muros ni tapias que lo circunden, ni puertas de acceso, plaza ideki, plaza agiriko (Izt.), agiriko plaza, plaza laxo, plaza libro (B. U.).

Frontón cerrado. El que se halla dentro de algún edificio especial, o rodeado de tapias o paredes, con puertas de acceso, frontoe itxi (B. U.), plaza itxi.

Frontón cubierto. El que tiene techumbre; puede no ser cerrado, frontoe estali (B. U.), plaza estali.

Frontón largo. El que tiene gran longitud (más de 50 m.) y numerosos cuadros ( 13 ó 14 y antiguamente hasta 17), frontoe luze, frontoe aundi (B. U.), plaza luze.

Diccionario Auñamendi.
Se encuentran frontones por toda Euskalerria y aun por el mundo entero, en plena montaña, en pequeñas planicies, contra los muros de las casas aisladas, en medio de las aglomeraciones, en los pueblos, en las ciudades, hasta en las playas más modernas. Se puede clasificar el frontón de la manera siguiente: 1. Sorhopila.2. Frontón rústico.3. Frontón de pueblo.4. Frontón de rebote.5. Frontón abierto.6. Trinquete descubierto.7. Trinquete cubierto.
Sorhopila. Se le ve en los llanos o bien a veces en las planicies de las montañas. El suelo es horizontal, elegido en prados de hierba fina. De lejos, nada revela la presencia de un campo de juego, pero aproximándose se distinguen los eskasak o rayas que delimitan el campo; son pequeñas regueras como de unos diez centímetros de ancho, hechas con el azadón y cuidadosamente conservadas. Corren paralelas, a unos 15 a 17 m. de distancia, cortadas en la mitad por una raya perpendicular. Una losa lisa sirve de botillo. Y eso es todo como instalación. La longitud del campo depende de las posibilidades del mismo. Estos emplazamientos se eligen generalmente a distancia de las poblaciones, en lugares donde pueden reunirse fácilmente los pastores. Se encuentran en la región de Baztan, de Baigorri, en la selva de Haira, en Zuberoa, en Ahuski, etc. Los nombres más conocidos son: erdigaiko sorhoa, garzelako sorhoa, meharrostegiko sorhoa, eroimendi (al pie del pico de Ori). Decorado natural, simple, y también majestuoso y poético, donde la atención queda cautivada por el juego, sin que sea distraída del mismo. Escena primitiva, sin ningún artificio, donde el arte se desplega en su natural belleza, en plena luz. Los desafíos pastoriles que tienen lugar atraen gran número de espectadores. Solían llegar los montañeses de esas regiones sobre mulos y portando la comida. El apasionamiento solía ser tal que, según testimonia un pastor de Banka, no era raro que terminaran a puñetazos o golpes de makilla entre los espectadores.
Frontón rústico. En la montaña, al fondo, en planos sucesivos, las colinas que se escalonan. Se levanta un muro de piedras talladas de cuatro o cinco metros de altura por cinco o seis de largo. Paralela al suelo se traza una raya sobre el muro, a una altura que varia entre los 0,95 y los 1,20 m., la línea negra, debajo de la cual todo golpe de pelota es falta. Al pie del muro, varias hileras de losas que sirven para el saque, y luego, el terreno de juego, limitado por dos rayas paralelas a derecha y a izquierda y al final del mismo. No hace falta mucha profundidad porque se suele jugar a mano, lo que impide que la pelota salga a gran distancia. Pero a veces el resto del campo se halla libre para poder jugar también a bote largo, al laxoa y al rebote. Se encuentran estos frontones por todas partes hasta en los barrios más humildes. A menudo suelen tener a los lados dos paredes bajitas que sirven de asiento a los espectadores, cerca de algún magnífico castaño o de robles seculares cuyas ramas se extienden hasta los límites reglamentarios proporcionándoles apetecible sombra.
Frontón de pueblo. El modesto muro del frontón rústico se convierte ahora en otro más imponente. Suele tener en su parte media unos 10 ó 12 m. de altura. Paralelamente al suelo va la raya a 1 m. de altura poco más o menos, por debajo de la cual las jugadas son falta. Luego se elevan dos rayas paralelas entre las cuales debe dar la pelota bajo pena de cometer una media falta. Como anchura suele ocupar todo el espacio comprendido entre las dos rayas paralelas. El enlosado se halla también más cuidado y es más amplio. A partir de él el suelo continúa de tierra apisonada. Los trapecios laterales constituyen zonas donde se considera falso el bote. La raya a pasar al saque se traza a una distancia elegida por los jugadores y varía convencionalmente. A derecha y a izquierda, las gradas para sentarse los espectadores desde donde puedan seguir las peripecias del partido. En estos frontones se puede jugar a mano, a pala, a raqueta y a txistera, pero el terreno para ser utilizable debe tener hasta 60 m. o más de longitud. Las dimensiones del muro y del terreno son variables y el confort ofrecido a los espectadores depende de los recursos de los pueblos.
Frontón de rebote. Es lo mismo que el frontón de pueblo pero con un terreno que va de los 90 a los 110 m. y cerrado por un segundo muro paralelo al principal y más bajo que él y frecuentemente cuadrado. A 30 m. del muro principal y en la mitad entre las líneas paralelas de los lados, se halla un espacio de varios metros cuadrados, enlosados de piedra, sobre el cual se halla la piedra de bote. Constituye este espacio al mismo tiempo la línea de demarcación de los dos campos. El juego no consiste en lanzar la pelota contra el muro, sino que los dos equipos ocupando sobre el terreno, que se parte en dos, la parte que les es propia, se enfrentan y lanzan la pelota, tratando de pasar la raya de bote. Para el rebote se sirve de txistera y a la raya de bote, de guante de cuero. Sobre este frontón se puede jugar también a laxoa y a mano.
Frontón abierto. La particularidad de esta especie de frontón consiste en que, además del muro de frente, cuya altura es ahora rectilínea, hay un segundo muro a la izquierda, perpendicular y casi tan elevado. La pelota que va a pegar sobre este muro y rebota sobre el terreno límite de la plaza, es buena. Esto permite al jugador lanzar la pelota sobre la izquierda y obtener efectos que sorprenden al adversario, lo cual no es posible en los otros frontones. No existen tampoco los trapecios laterales. El suelo suele ser totalmente cementado. En algunas partes hay un tercer muro, más o menos distante del principal, y que cierra perpendicularmente al de la izquierda y al campo, quedando solamente libre para los espectadores el lado derecho.
Trinquete abierto. Es como una casa rectangular pero sin techo, elevándose los cuatro muros a cielo descubierto. Se juega a mano contra uno u otro muro, o bien se coloca en la mitad una red como la del tenis para el pasaka a mano o a guante de cuero. No hay techo de galería como en los trinquetas cerrados. Estos frontones son raros y se hallan casi desaparecidos. Hay algunos en Laburdi, los de Behobia y Askain.
Trinquete cubierto. Existen sobre todo en Laburdi, Baja Navarra y Zuberoa edificios cubiertos que se les llama trinquetes cuya instalación interior es muy especial y donde se practican diferentes juegos de pelota. En el sur del país se hallan frecuentemente frontones cubiertos de dimensiones mayores pero que no son sino frontones propiamente dichos en el sentido de que poseen un muro en frente y otro al lado izquierdo. Si el gran frontón importado a la Argentina no ha sobrevivido mucho, el trinquete "o pequeña cancha" se ha instalado y multiplicado de forma sorprendente. En todas partes los trinquetes ofrecen un mismo aspecto, las mismas grandes líneas. Se diferencia por numerosos detalles, y se aprecian ciertas particularidades cuya razón de ser no es fácil descubrir, o la utilidad, como el tambor, el agujero, el tejado, las redes, etc., cosas que quedan inexplicadas si no nos remontamos a su origen y hacemos un poco de historia.-Ref. Blazy, E. La pelote basque, Bayona, 1929.