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CANÓNIGOS REGULARES DE SAN AGUSTÍN

Los Canónigos regulares de San Agustín, son los sucesores de los clérigos de las iglesias locales, que en torno a sus obispos vivían en común, siendo San Agustín el verdadero promotor, tanto por su ejemplo como por sus escritos. Pero la Orden Canonical no hace su aparición en la historia de un modo jurídico y organizado hasta el siglo XI. El sínodo romano de 1059, presidido por el cardenal Hildebrando, futuro Papa Gregorio VII, desencadenó en la Iglesia de Occidente un movimiento de reforma en la Institución Canonical y entre el clero en general, inspirándose sobre todo en estos dos principios fundamentales: la vuelta a la tradición apostólica y la renuncia a toda propiedad privada. Y como consecuencia de su clericatura, reivindicaron muy pronto el ministerio sacerdotal adoptando la regla de San Agustín. En el s. XII alcanza la Orden su máximo esplendor; es su siglo de oro. Este movimiento de reforma del clero dentro del cuadro de la vida común, no penetró por igual en todo el territorio vasco, pues ni Álava, ni Guipúzcoa, ni Vizcaya, llegaron a formar un reino independiente como Navarra, ni jugaron un papel tan importante en el aspecto político y religioso dentro del País.
Catedral de Pamplona. En Navarra se sintió con intensidad la presencia de los canónigos regulares de San Agustín, contando con algunos monasterios célebres en su historia. La primera de las iglesias en abrazar la vida común bajo la regla de San Agustín, fue la catedral de Pamplona. El año 1086, su obispo, Pedro de Roda, introdujo la vida Canónica, instituyendo doce dignidades que ayudasen al prelado en el gobierno de la diócesis. El cabildo iruñense continúa su vida regular hasta el 1860, año en el que se secularizó.
Roncesvalles. El más célebre de los monasterios-hospitales de Europa, junto con los de Santa Cristina de Comport (Huesca), y el de San Bernardo de los Alpes (Suiza), es el de Roncesvalles. El obispo de Pamplona, Sancho de la Rosa, implantó la vida común agustiniana en 1137, escogiendo por prior a un canónigo de la catedral. Este monasterio fue erigido para acoger a los peregrinos y viandantes que por aquel lugar tan inhóspito pasaban, ya que era la ruta más frecuentada por los peregrinos del Camino de Santiago de Compostela. Los canónigos de Roncesvalles tenían distribuidos pequeños hospitales en el recorrido del Camino de Santiago en toda la zona vasca, extendiendo de esta forma su acción benéfica y social. Desde el concordato de 1851, este monasterio subsiste como colegiata regular de canónigos de San Agustín, siendo la única que sobrevive en nuestros días. Una de las figuras más ilustres del monasterio es Martín de Azpilcueta, llamado el doctor navarro, pariente de San Francisco Javier, contribuyendo mucho a su restauración.
Santa María de Belate. En el puerto de Belate (Ulzama), existió el Hospital de Santa María, dependiente de la catedral de Pamplona, destinado a dar hospitalidad a los viandantes y peregrinos, que, siguiendo el camino compostelano, tomaban la ruta de Bayona-Urdax-Belate-Pamplona. Surgió este monasterio entre el 1156 y 1165, estando al frente del mismo un canónigo del cabildo catedralicio. Después de una gloriosa existencia al servicio de los peregrinos, fue devastado por el ejército de la convención francesa, en 1783.
Tudela. En Tudela existía ya una colegiata regular en 1121, como consta por la donación hecha por Alfonso I al prior y clérigos de la Iglesia de Santa María, sujetos a la regla de San Agustín, siendo su misión la de dirigir el culto de dicha iglesia. Desaparece como colegiata regular en 1239, cuando los priores son sustituidos por los deanes.
Santa María de Uharte-Arakil. En Uharte-Arakil tenemos la Colegiata de Santa María, estrechamente ligada a San Miguel, habitada por canónigos de San Agustín, como consta por documentos reales de 1027, 1031 y 1047. Debieron desertar del monasterio con motivo de la peste de 1348, pues en 1359, cuando se firmó el concordato con el rey Carlos II, no aparecen el él los canónigos.
San Miguel de Aralar. En la cima del monte Aralar, se levanta el venerado Santuario de San Miguel de Excelsis. Existió desde antiguo una comunidad de clérigos agustinianos, para el servicio del Santuario y dependientes del cabildo catedral de Pamplona, y regido por uno de sus canónigos.
Santa Engracia. También en territorio vasco, hoy francés, existieron algunos centros de clérigos de vida común, como el de Santa Engracia y el de Ordiarp. En el siglo XI había en Santa Engracia una abadía con su hospital de peregrinos, siendo destruidos convento e iglesia en el siglo XVI por los soldados ingleses.
Ordiarp. Ordiarp contaba ya en 1189 con una iglesia parroquial, servida por un abad y clérigos que llevaban vida común. Hacia el 1270 se unen a Roncesvalles, para separarse del mismo en el siglo XVI.
Santa María de Cenarruza. Vizcaya cuenta con una sola Colegiata, la de Santa María de Cenarruza, pero de mucha influencia en la historia de la provincia, pues, como muy bien dice el historiador Mugartegui, «el Hospital de Cenanarruza fue famoso y el primero y el más importante centro de Caridad de toda Vizcaya». La primitiva Iglesia fue convertida en Colegiata en 1379, llegando a ser un centro de devoción mariana y lugar de peregrinación. El bando Oñacino la escogió como sede de sus reuniones y fiestas religiosas. La Colegiata se componía de abad, canónigos y oblatos, siendo Diego de Irusta el más ilustre de sus abades. Como consta por los emblemas y motivos ornamentales de la Colegiata, fue una Casa eleemosinaria u Hospital, destinado principalmente para los peregrinos compostelanos, que seguían la ruta del Cantábrico.
Laguardia. Probablemente en Laguardia, Álava, existió una Comunidad de vida Común en Santa María de los Reyes, como puede comprobarse por la torre y ruinas del claustro, que indican la existencia de algún monasterio adosado a la iglesia.
Pamplona. La Orden Hospitalaria de San Antonio, fundada en Viene (Francia), a fines del s. XII, e incorporada a los Canónigos regulares bajo la regla de San Agustín, en 1287, tuvo dos Casas en Navarra, la de Olite y la de Pamplona, situada esta última en la calle que todavía lleva su nombre.
Olite. A fines del s. XII se erigió la Preceptoría de Olite, una de las más importantes por ser sede central de la provincia de Aragón, que contaba con doce Casas. La Orden Hospitalaria de los Canónigos de San Antonio, después de siete siglos de historia, mezclada de luces y de sombras, se unió a la Orden de Malta en 1775, siendo suprimida en España algo más tarde, en 1785.
Oñati. Después del Concordato de 1851, no quedaba en el País Vasco más que una Colegiata regular, la de Roncesvalles, y en esta triste coyuntura, cuando todo presagiaba la extinción de la Orden Canonical, tres canónigos de la Congregación de Letrán, expulsados primero de Italia por la revolución y luego de Francia, en donde se habían refugiado, se instalan, en 1884, en la antigua Universidad de Oñate, dando así comienzo a la restauración de los canónigos regulares en el País Vasco. El año mismo de su llegada, abren en el edificio de la Universidad el seminario menor de filosofía, que lo regentaron durante ocho años, habiendo levantado mientras tanto la Casa e Iglesia. Hay que notar que, entre los fundadores, estaba Don Pío María Mortara, nacido de padres judíos, bautizado por su nodriza en peligro de muerte y más tarde adoptado por Pío IX, hecho que provocó una violenta reacción de los estados europeos contra el Papa. La fundación de Oñate se convirtió en Casa Madre de otras fundaciones hechas en Argentina y Uruguay primero y recientemente en Norteamérica. Pero este afán por atender las urgentes necesidades de las naciones latinoamericanas, frenó la expansión de la Orden en el País Vasco, aunque es verdad que en 1906 se abrió en Alsasua una casa, pero tuvo corta duración, pues se cerró a los cinco años.
Lesaka. La siguiente fundación tuvo lugar en el pintoresco pueblo navarro de Lesaca, en donde los canónigos se dedican al ministerio parroquial y a la segunda enseñanza primaria y secundaria.
Vitoria, Bilbao, Pamplona. Son recientes las fundaciones hechas para estudiantes teólogos en Vitoria (1967), y Bilbao (1968), y para estudiantes filósofos en Pamplona, haciendo del seminario diocesano, el centro de sus estudios sacerdotales y de su formación en el espíritu primitivo de los canónigos regulares: vida común en torno al obispo. Las diversas ramas de la Orden Canonical formaron en 1959 una Confederación, estando al frente de la misma su Abad Primado.
Las Canónigas Regulares. Pamplona, San Sebastián, Bayona, Hernani, Placencia y Arceniega. La Orden de los Canónigos Regulares tiene su correspondiente rama de Canónigas (canonesas), que en sus orígenes no eran más que unas mujeres devotas que cuidaban del servicio de las iglesias, y que con el tiempo fueron organizándose en comunidades regulares, incorporándose a la Orden Canonical. Las Canónigas contaron con importantes monasterios en el País Vasco, siendo de las más principales el de San Pedro de Ribas (Pamplona) y el del alto de San Bartolomé (San Sebastián), cuyas fundadoras procedían del citado monasterio de San Pedro de Ribas. Este monasterio de San Bartolomé es de los más antiguos, remontándose al s. XII, y de él salieron las fundaciones de las Casas de Toledo y Bayona. Más de una vez tuvieron que abandonar las canónigas su monasterio por las frecuentes guerras que tuvieron lugar en San Sebastián, teniendo que trasladarse por fin a Astigarraga, en 1849. De los muchos monasterios existentes en el País Vasco, no quedan más que cuatro: Astigarraga, ya citado, Hernani (s. XVI) y Placencia (s. XVI), en Guipúzcoa, y Arceniega (s. XVI), en Alava.
Características. Los Canónigos regulares han tenido en el País Vasco una característica especial, en la mayor parte de sus Casas; junto con el ministerio sacerdotal, han ejercido la hospitalidad, por lo que el prestigioso historiador C. Dereine llega a afirmar: «al lado de los monjes de Cluny, los canónigos regulares han jugado un papel importante en la organización del Camino de Santiago. La hospitalidad se daba no sólo en los capítulos regulares de Pamplona y San Leonardo de León, sino también en Canónicas especializadas como Roncesvalles y Somport». En cuanto a la rama femenina, una de sus características principales ha sido el esplendor del culto divino en sus coros e iglesias.

  • DEREINE, C. Dictionnaire d'histoire et de Geographie ecclesiastique., Fasc. 68 (chanoines).
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  • ARIGITA, Mariano. Historia de San Miguel de Excelsis, Pamplona, 1964.
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  • BILBAO, Jon: art. «Canónigas reglares, Canónigos reglares», Enciclopedia General Ilustrada del País Vasco, Bibliografía, t. II, p. 220.

J. MENDINUETA