Politikariak eta Kargu publikoak

Escóiquiz, Juan de

Político de suma influencia en los acontecimientos que vivió la monarquía española en la década de 1798-1808. Nació en 1762, hijo de un militar, gobernador de Orán. Murió en Ronda, el año 1820.

Entró en la corte como paje de Carlos III, pero luego abrazó la carrera eclesiástica, obteniendo una canonjía. Godoy le confió el cargo de preceptor del príncipe de Asturias -el futuro Fernando VII-, debido a que gozaba de una cierta reputación literaria por ciertas obras traducidas y otras originales, pero al mismo tiempo creyendo haber encontrado en él al instrumento dócil, por medio del cual insinuarse en el ánimo del príncipe, que ya en varias ocasiones se había mostrado celoso de la privanza del antiguo guardia de Corps. El canónigo Escóiquiz, contra lo que se había imaginado Godoy, supo captarse por completo la voluntad del príncipe Fernando, previniéndole tanto contra el rey, su padre, como contra su favorito. Al dejar éste el ministerio en 1798, Fernando solicitó de su padre, por instigación del preceptor, el permiso para poder asistir a los consejos reales. Carlos IV adivinó enseguida en ello la sombra del preceptor, por lo que estimó conveniente alejar al canónigo a Toledo, elevándolo a la dignidad de arcediano de Alcaraz. Eso no fue óbice para que Escóiquiz pudiera comunicarse con el príncipe, a quien siguió aconsejando con continuas cartas y visitas secretas.

Aprovechándose de la creciente impopularidad de Godoy, Escóiquiz pasó a Madrid en 1807 y se entrevistó con el embajador de Francia, marqués de Beauharnais, proponiéndole la boda del futuro rey de España con una princesa de la familia Bonaparte. Hay que decir que Escóiquiz admiraba incondicionalmente a Napoleón, y que supo preparar a su discípulo para lo que iba a ser el segundo paso decisivo de esta intriga de altos vuelos. A requerimientos del emperador, que exigía prendas seguras, Fernando se avino a escribir una carta a Napoleón, que era un documento de servil adhesión al gran corso, sin duda inspirado por Escóiquiz. Así las cosas, el preceptor se vio envuelto en los sucesos de El Escorial, siendo relegado por Carlos IV en el convento de Tardón. Cooperó en 1808 a preparar los sucesos de Aranjuez y, una vez proclamado rey su discípulo Fernando, no quiso aceptar los cargos de inquisidor general y de ministro de Gracia y Justicia, contentándose con una plaza de consejero de Estado y la gran cruz de Carlos III.

Fue Escóiquiz, asimismo, el que aconsejó a Fernando VII el viaje a Baiona, de tan amplias consecuencias para la España de aquellos años. Cuando tras el primer careo con el emperador cayó en la cuenta del error cometido, hizo todo lo posible para volver atrás, pero ya era tarde, y sólo pudo acompañarle al rey en su destierro de Valencey. Ciertos manejos antinapoleónicos en París, con el objeto de provocar una coalición europea contra Francia, le valieron que fuera desterrado a Bourges, donde vivió cuatro años alejado de la política. Autorizado en 1813 para volver a Valencey, tomó parte en las negociaciones preparatorias del regreso de Fernando VII a la península. La confianza de éste en su preceptor decreció algún tanto una vez fue reinstalado en el trono, y, aunque le confió una cartera en el Gobierno -la de Gracia y Justicia-, algún tiempo después hubo de deponerlo, condenándolo a prisión en una fortaleza de Murcia. Recobrada nuevamente la confianza del soberano, desempeñó por breve tiempo otra cartera, hasta que, destituido por segunda vez y desterrado a Ronda donde murió.

Escóiquiz fue miembro de la Real Sociedad Bascongada y ejercitó en diversas ocasiones su pluma que, por cierto, no rayaba a gran altura. Entre sus traducciones se cuentan Las noches, de Eduardo Young, que fue objeto de una calificación inquisitorial por el calificador del Supremo Consejo, Tomás Muñoz (Cfr. A. Ortiz García: Calificaciones y otros documentos inquisitoriales de 1774 a 1798 en la Biblioteca del Seminario Metropolitano de Zaragoza, en "Hispania Sacra" 13 [1960], p. 464); El amigo de los niños, del abate Sabatier; Monsieur Botte, de Pigault-Lebrun y el Paraíso Perdido, de John Milton (ediciones en Bourges, 1813, y en Madrid, 1844). Algunos de sus escritos originales contienen datos de inapreciable interés histórico. Aparte de un Tratado de las obligaciones del hombre y del poema heroico Méjico conquistado (Madrid, 1798), se le deben las siguientes obras: Impugnación de una memoria contra la Inquisición; Los famosos traidores; Concluye la carta de Bayona del Sr. Escóiquiz (Tarragona, 1808), de 4 pp.; Representación de don Juan Escóiquiz acerca de la causa del Escorial (1809); Bourges en el destierro; Idea sencilla de las razones que motivaron el viaje del Rey D. Fernando a Bayona en el mes de abril de 1808, dada al público de España y de Europa por el Excmo. Señor D. Juan Escóiquiz.., para su justificación y de la de las demás personas que componían entonces el Consejo privado de S. M... (Madrid, 1814), de 188 pp.; Idea sencilla... a lo que se añade en esta edición una nota en respuesta a cierto impreso del Marqués de Manca y una breve contestación a otro del Excmo. Sr. D. Pedro Ceballos (Madrid, 1814), de 188 pp. (esta obra fue objeto de traducciones múltiples al francés, alemán, inglés e italiano); Las cuarenta verdades sobre el planteamiento de la Constitución (Ronda, 1820) y unas inacabadas Memorias de Napoleón en Santa Elena.