Toponimoak

CANTABRIA

Orografía.
Sierra de Cantabria. El último reborde del sistema pirenaico que limita por el Norte la depresión del Ebro es una larga cordillera, que corre de Este a Oeste, con los nombres de Kodés, Cantabria, Toloño y Buradón. La parte central, con delimitaciones no siempre fijas, se llama Sierra de Cantabria. Sirve de límite Norte a la Rioja alavesa. El trozo comprendido entre los pueblos alaveses de Yécora y Cripán, en el Este, y el de Samaniego, en el Oeste, es lo que se conoce actualmente con el nombre de Cantabria. Desde Laguardia podemos admirar su imponente muralla de tonos apagados. Pero el atardecer descubre sus perfiles, la enciende de oro, le arranca raros destellos verdes como a una esplendorosa joya. Un puerto permite el paso por carretera al resto de Alava: el de La Herrera, a 1104 m. de altitud. El panorama que se descubre desde el «Balcón de la Rioja», situado en el puerto citado, es impresionante. A nuestros pies los pueblos alaveses con sus viñedos y cultivos diversos, las riberas del Ebro con sus manchas de verdura y sus huertas, la gran Rioja con Logroño en la lejanía. Alcanzamos a ver hasta los elevados bordes de la meseta ibérica que limita por el Sur la cubeta del Ebro. Al Sureste la depresión del Ebro ilimitada, hacia el extremo de la Ribera navarra y tierras aragonesas, perdiéndose en la brumosa lejanía. Las cotas más altas de Cantabria son las siguientes: Palomares, con 1.436 m.; Peña del León, 1.392 m.; San Tirso, 1.333 m.; Husos de Laguardia, 1.300 m.; Eskamelo, 1.287 m.; Peña Alta, 1.245 m.; San León, 1.222 m.; Atzabal, 1.166 m. y Semendia, 1.054 m.
Pertenece al supracretácico, presentando formas estructurales del mioceno y plioceno.
Vegetación. Como principal vegetación nos presenta sus bosques de hayas, robles, encinas y abedules. Bojes, helechos y una variada vegetación menor que varía bastante de su vertiente Norte a la del Sur.
Su clima comparte la dureza invernal nórdica de sus alturas y del interior de Alava con los calores estivales de su cara meridional. La influencia de la Vasconia húmeda llega a su vertiente Norte y la sequedad de la zona del Ebro a sus laderas meridionales.
Aprovechamiento. Los pueblos alaveses de ambas vertientes aprovechan sus pastos y bosques. Desde muy antiguo se explotan sus hayedos, cuya madera se envía a la industria del mueble de Vitoria. En sus pastizales se cría ganado lanar merino, vacuno, caballar y otros.
Su vertiente Sur sólo presenta algunos manantiales que se aprovechan para abastecimiento de aguas de los pueblos y acequias de regadío. Y algunos arroyos que no llegan a formar corrientes de agua importantes. En su vertiente Norte, en Lagrán, entre los 1.000 y los 1.100 m. de altitud nace el brazo derecho del río Ega y su primer afluente de esta sierra, el San Bartolomé. Más hacia el Oeste, en término de Pipaón, nace el Inglares. Los dos corren paralelos a la Sierra de Cantabria, el primero hacia el Este y el segundo hacia el Oeste.
En esta sierra se hallan enclavados diversos dólmenes tales como el de Chabola de la Hechicera, situado al pie de la sierra; Alto de la Huesera, en el término llamado «El Gancho» en Laguardia, El Encinal, a medio km. al E. de Elvillar, y Los Molinos, situado también en el término de Laguardia.
El montañero «Mont-Araz» nos describe una excursión a la Sierra de Cantabria. Saliendo de Bernedo en dirección O. ascendemos dejando por debajo de nosotros la ermita de la Virgen de Ocón. La subida en amplias revueltas, por un bosque de hayas, es uno de los más bellos caminos de Alava. Poco antes de llegar al alto del puerto las hayas van espaciándose hasta desaparecer, dando paso al boj, que casi cubre sus laderas. Inmediatamente se llega al alto de San Tirso, que comunica Bernedo con Cripán. Habiendo invertido desde Bernedo una hora exactamente. De aquí seguiremos por toda la cornisa hacia el O., atravesando a los 10 minutos otro camino de puerto que asciende de Villafría, que al descender se unirá al de Bernedo. De aquí contemplaremos cercana una hermosa mole de piedra, tras la cual se encuentra San Tirso y hacia la que caminaremos por todo el lomo deesta sierra dando vista a ambos valles. Finalmente y luego de bordear esta peña mencionada por la derecha (cara N.) llegaremos a la ermita de San Tirso cuando llevamos otra hora de marcha desde que alcanzamos el puerto. Según información de G. L. de Guereñu, esta ermita está escondida en la cara N. del peñasco y está constituida aprovechando una cueva natural y protegiendo su entrada una puerta de robustos barrotes de hierro. De aquí a la cumbre llegaremos en cinco minutos tras de ascender por marcado sendero. Es muy interesante continuar por la cornisa hasta el punto más alto de esta loma: Peña del León, bajo la que divisamos los conocidos «Husos de Laguardia». Nos costará alcanzar esta cumbre hora y media de fácil cresta. De allí, por idéntico camino, en igual espacio de tiempo, conseguiremos el puerto de Lagrán a Laguardia, llamado Puerto del Toro. Desde este verdadero vergel, entre tanta escarpadura, se inician dos caminos que descienden a Laguardia. En la cima de San León existen las ruinas de un castillo, que, según Becerro de Bengoa, fue construido en las últimas guerras carlistas, llamado San León, en recuerdo del jefe de los alaveses, León Fortún. Ref.: Th. Lefebvre: Les Modes de Vie dans les Pyrénées Atlantiques Orientales, París, 1933; Sollube, I. de: Geografía del País Vasco I, Col. Auñamendi, núms. 61-62, San Sebastián, 1968; Vera, Vicente: Alava, «G.P.V.N.»; Montaraz: San Tirso y Peña del León en la Sierra de Cantabria, «Pyrenaica», 1952, n.° 3; Guereñu, Gerardo Lz. de: Itinerarios de Cantabria, «Pyrenaica», 1960, n.° 2. Ignacio de Sollube.
Nombre. Quizá por la expulsión de los cántabros fuera de su tierra y el establecimiento de éstos en las vegas y llanuras, el nombre cántabro, hasta entonces tan conciso y bien delimitado, se extendería a toda la región autrigona, por lo menos entre los medios intelectuales romanos. Juvenal, en la Sátira XV, se refiere al sitio de Calahorra por Afranio: «Vascones (ut fama est) alimentis talibus usi, - Produxere animas...». El poeta termina preguntando ¿pero cómo ha de ser estoico el cántabro en tiempo del antiguo Metelo? «Melius nos - Zenoni praecepta monent; Nec enim omnia quaedam - Pro vita facienda putant. Sed Cantaber unde - Stoicus, antiqui praesertim aetate Metelli?». En un párrafo de César en el lib. III de su Comentario de bello Gallico hay dos afirmaciones que se han venido barajando quizá indebidamente: que los aquitanos pidieron auxilio a las ciudades de la Hispania Citerior que les eran finitimos (limítrofes) y otra que llegaron cincuenta mil cántabros que pelearon en las luchas por la independencia aquitana. Este pasaje deja ver que se consideraban aquitanos los pueblos costeros limítrofes con los cántabros como mucho más tarde, en los s. VII u VIII, aparecen como condados del Ducado de Vasconia (aquitana). La fundación por los godos del Ducado de Cantabria sobre las tierras de la Rioja, Bureba y Cantabria propiamente dicha, contribuyó a ir haciendo sinónimo de navarro, de vizcaíno, y de vasco en general dicho nombre. El Tudense, el Gerundense, Curión, Paulo Jovio y muchos otros historiadores llaman ya cántabros a los navarros. El nombre fue extendiéndose hasta ser sinónimo de vasco y de vascuence. En la época de la Revolución Francesa (1789) hubo un regimiento denominado «Royar-Cantabre». También se llama Mar Cantábrico a todo el mar del Golfo de Vizcaya, que en los textos franceses es Golfo de Aquitania. Estos confusionismos de los tiempos modernos con abundancia de medios informativos, dejan ver el peligro de confusionismos mayores en épocas de difíciles comunicaciones. El mismo Plínio habló de un monte copiosísimo en mineral de hierro en la «parte marítima de Cantabria». Alude al actual Somorrostro en Vizcaya pero limítrofe casi con los cántabros.

  • Bosch Gimpera, Pedro: El problema de los cántabros y de su origen, «Homenaje a M. Artigas», 1932, II (pp. 429-44,5).
  • Fernández Guerra, A.: La Cantabria, Madrid, 1878.
  • García Bellido, A.: Cantabria romana, Santander, 1952.
  • González Echegaray, J. M.: La Geografía de la Cantabria a través de los escritores romanos, « Anthologia Annua», 1955, III.
  • Sobre la geografía humana de la Cantabria, «Altamira», 1959; noticias históricas sobre el pueblo cántabro, «Altamira», 1960.
  • Los Cántabros, Madrid, 1966.
  • Tribus y ciudades de Cantabria, «Altamira», 1949.
  • Schulten, A.: Los cántabros y astures en su guerra con Roma, Madrid, 1943.
  • Tovar, Antonio: Cantabria Prerromana, Madrid, 1955.
  • Hoyos Sainz, L.: Un avance a la etnogenia cántabra, «Bol. de la Biblioteca de Menéndez Pelayo», 1947, XXIII.
  • Henao, G.: Averiguaciones de las antigüedades de Cantabria..., Salamanca, 1689-1691. Hay edic. de Eusebio López, de Tolosa.
  • Barrón, Lope: Cantabria y Logroño, Málaga, 1914.
  • Campión, A.: La cuestión de Cantabria, en «Orígenes del Pueblo Euskaldun, primer volumen, 2.ª y 3. parte, p. 71.
  • Caro Baroja, J.: Los pueblos del norte de la península ibérica, Madrid, 1943.

F. J. de Azáceta

Escuadra de Cantabria. Nombre que recibió la tradicionalmente llamada Escuadra de Bizcaya, a partir de 1607, año en el que se suscitó «viva emulación entre Bizcaya y Guipúzcoa...» por haberse titulado Escuadra de Guipúzcoa a la Armada que se hallaba surta en aguas del Señorío o en Pasajes. Dicha Armada constaba en ese año con 600 vizcaínos y 150 guipuzcoanos. Ref. Labayru: «H.G.S.V.», t. V, lib. I, pp. 42-43.