Literatoak

Corpas Mauleón, Juan Ramón

Médico y escritor nacido en Estella (Navarra) el 16 de diciembre de 1952.

Licenciado en Medicina por la Universidad de Navarra, ejerce como médico internista en Pamplona, mientras colabora como columnista literario en "Diario de Navarra", "El País" y otras publicaciones. Fue cofundador, director y colaborador de la revista literaria "Elgacena", y director y colaborador de la revista de poesía "Río Arga". Cofundador de la primera junta del Ateneo Navarro/Nafarroa Ateneoa, como Vocal de Literatura y Lingüística; miembro del Consejo Navarro de Cultura; y, desde 1999, Director General de Cultura/Institución Príncipe de Viana del Gobierno de Navarra.

Además de los trabajos periodísticos ha cultivado la poesía, guías y libros de viaje, el relato, el ensayo, textos teatrales, glosarios y guiones para vídeos, radio y televisión. Experto conocedor del Camino de Santiago, ha publicado sobre el tema numerosos trabajos de investigación y divulgación. Ha estado al frente de la dirección y coordinación de congresos y mesas redondas, conferencias, revisiones bibliográficas, labores de investigación, erudición y difusión para numerosas entidades, y ha impartido clases y cursos monográficos de Literatura en varias instituciones docentes.

Inicia esta producción con el libro Poemas (Pamplona, Caja de Ahorros de Navarra (C.A.N.), 1976), al que sigue Ardilla de mis sueños, poemario incluido en Tres poetas navarros (Zaragoza, Ed. Sansueña, 1980), junto a F.J. Irazoki y Angel de Miguel. Son estos primeros versos -a decir de Ángel Raimundo Fernández- de ritmo sosegado, casi salmódico; hallan sus fuentes en Becquer, Juan Ramón o Pedro Salinas, y hacen una apelación constante a los elementos naturales para ensalzar el amor (A.R. Fernández, 2002). En 1982 publica Monosílabos de amor y agua (Pamplona, Caja de Ahorros Municipal, 1982), premio Arga de poesía 1982, de versos esenciales y de aire popular; y en 1986 se edita Planetario y humano (Lizarra, edición del autor, 1986, Imp. Gráf. Lizarra; y Ferrol, Sociedad de Cultura Valle-Inclán, 1986), Accésit del V Premio Esquio de Poesía, dedicado a Irene, su mujer, y al que distingue " el tema del amor, los motivos de agua y el sueño, así como la tendencia a la poesía breve en algunos textos, la total ausencia de rima, las imágenes de origen rural y la delicadeza en el decir... "(Tomás Yerro, 1990). En esta obra se amplían claramente sus preocupaciones intelectuales y se alargan los poemas, que adquieren también un tono más meditativo.

Le sigue el poemario Diván del daño y de la llama (Premio Oliver Belmas 1988. Murcia, Editora Regional, 1990 y Barcelona, Ed. Thalasos, Col. Poesía. P.P.U., 1991), en la que se advierten de nuevo diferentes preocupaciones temáticas, desde la paternidad a la dicotomía amor/desamor o las meditaciones de índole existencial. Son los suyos mensajes de iniciación espiritual, casi místicos. Su núcleo matriz -dirá Yerro- se nutre "en logrado sincretismo de tres corrientes culturales místicas: la Alquimia (Cristianismo), la Cábala (Judaísmo) y el Sufismo (Islam), a las que añade no pocas referencias y alusiones esotéricas y masónicas. Corpas se sirve de estas fuentes, casi todas ellas inscritas en la tradición cultural hispánica medieval, por partida doble: de un lado, erige en protagonistas de varios poemas a personajes míticos orientales provenientes de tales herencias; de otro, utiliza textos sagrados de dichos credos religiosos en un sugestivo procedimiento de intertextualidad" (Tomás Yerro, 1991). A.R. Fernández añadirá que Corpas se sirve de la alquimia y el ocultismo para hablar de la soledad y el paso del tiempo, el olvido y el desaliento (A.R. Fernández, 2002). El léxico se ha enriquecido enormemente volviéndose a veces impenetrable, y se puebla de arabismos, paralelismos y anáforas. A juicio de Charo Fuentes y Tomás Yerro, destaca la preocupación amorosa, la desazón existencial por el paso del tiempo, la amistad, la naturaleza y el sueño o la curiosidad histórica por los temas medievales. Se advierte además mayor refinamiento y exquisitez, y la preferencia por pocos pero muy musicales versos, al estilo de los "jaikus" japoneses o de las composiciones cordobesas y judías medievales de cuyas lecturas se nutre el autor (Ben Guzmán, Ibn al-Jatib, Jehuda há-Leví...). Su voz es un murmullo bien trabajado, hondo, cálido y vibrante (Fuentes y Yerro, 1988).

Corpas ha sido incluido en varias antologías poéticas, ha participado en múltiples programas de difusión de la poesía, en jurados de premios locales, regionales y nacionales, en recitales individuales y colectivos, así como en numerosas experiencias docentes.

En 1985 obtiene el Premio de Relato Breve "Ciudad de Guadalajara" y gana, asimismo, el Premio "Ciudad de Irún" con El Vino del virrey (San Sebastián, Caja de Ahorros Provincial de Guipúzcoa, 1986; Madrid, Confederación Española de Cajas de Ahorros, 1987), relato en el que ofrece una lograda ambientación histórica del enfrentamiento entre los bandos navarros de agramonteses y beaumonteses, marco que le sirve de escenario para narrar la historia de Vespasiano de Gonzaga, duque de Travieto, quien volará el castillo de Lizarra. La tarea será vengada por el abad del Monasterio de Irache, Miguel de Uxanavilla, quien envenenará al duque con el vino del padre copero.

A medio camino entre el ensayo histórico y la narración literaria, aparecen luego varios glosarios: Arteta 100 años (Pamplona, Mancomunidad de Aguas de la Comarca de Pamplona, 1995); Postales de Pamplona (Pamplona, Caja de Ahorros Municipal de Pamplona, 1996), sobre una colección de postales de Javier Soria y Miguel Echagüe; o "Del Crismón, antecedentes, orígenes, coincidentes y otras alucinaciones", dentro del libro colectivo Crismones (Lizarra, ed. Instituto Príncipe de Viana y Museo Gustavo de Maeztu, 1997), en el que vuelven a reunirse Corpas, Irazoki y de Miguel, y al que incorpora comentarios en prosa sobre la "iniciación ", el Yang-Yin, la Isla Mandala, la Corona, la Esvástica, el Lauburu, el Crismón, el laberinto y otros símbolos.

Aunque nunca abandona del todo el relato (varios de ellos continúan apareciendo en revistas literarias, gastronómicas o enológicas), sólo en 2001 vuelve a publicar de nuevo una colección de doce cuentos ambientados en el pasado e incluidos en el libro Fábulas (Valencia, Pre-textos, 2001; Museo Gustavo de Maeztu, 2001), cuya intención no es tanto recrear sucesos históricos como poner de manifiesto lo nebuloso que es el pasado y lo poco fiables que pueden llegar a ser las versiones que de él se transmiten. A juicio de Martín Nogales, estos relatos participan de la historia, pero también del juego literario y de la literatura apócrifa, apoyándose en manuscritos y testimonios de otros autores que funcionan como fuentes meramente literarias, al estilo de Borges o Italo Calvino. (Martín Nogales, 2002).

Corpas acomete además una serie de ensayos que van de la investigación histórica a la literatura de viajes, género al que pertenecen títulos como: Cambios de la conducta sexual masculina en las sociedades desarrolladas (Retorno al mito talmúdico de Lilith), (Madrid, Ed. Lab. Serono, 1988); Camino de Santiago (Pamplona, Departamento de Industria, Comercio y Turismo, 1990); Pamplona (Pamplona, Ed. Dep. Turismo, Gobierno de Navarra.1990); Pirineos (Pamplona, Ed. Dep. Turismo, Gobierno de Navarra, 1990); "Corrientes y huellas artísticas y literarias en el Camino de Santiago" y "Leyendas jacobeas en Navarra", en el libro colectivo Camino de Santiago (Pamplona, Ed. C.A.M.P., 1991); Guía de Navarra (Madrid, El País-Aguilar, 1991, 1993 y 1996); Curiosidades del Camino de Santiago (Madrid, El País-Aguilar. 1992, 3 Ediciones), guía donde se cuentan fábulas, leyendas e historias curiosas relacionadas con la ruta jacobea, y que le hace merecedor del Premio "Camino de Santiago Leonés" 1992, concedido por la Diputación de León, Ayuntamiento de Astorga y Onda Cero Radio. Publica posteriormente Un sorprendente juego de espejos en el Camino de Santiago: Eunate, Olcoz, Bains, Lizarra, Le Puy-en Velay (Pamplona, Departamento de Educación y Cultura, 1993); Tres ensayos jacobeos (Pamplona, Ayuntamiento de Pamplona, 1993); La enfermedad y el arte de curar en el Camino de Santiago entre los siglos X y XVI (Santiago de Compostela, Dirección Xeral de Promoción do Camiño de Santiago, 1994), que le vale el Premio "Xacobeo-93"; Curiosidades de Navarra (Madrid, El País Aguilar, 1996); y Visita Navarra (Ed. Everest, León, 1999).

Corpas ha escrito también la obra teatral Duguna, estrenada en Pamplona en 1983 e interpretada por la compañía pamplonesa "El Lebrel Blanco", así como los textos del espectáculo teatral "Gurea-Lo nuestro", estrenado en Lizarra, el 30 de noviembre de 1996, por el taller de teatro Kilkarrak. Es autor, asimismo, de diversos textos y guiones para videos. En este campo colaboró con las producciones: Nuestra agua, (Pamplona, vídeo institucional para la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona, 1990); Diez crónicas del Camino ( Pamplona, Ayuntamiento de Pamplona, 1991); Pamplona y los Sanfermines (Pamplona, Fase III, 1992); Diez crónicas del Camino (Pamplona, Ayuntamiento de Pamplona, 1992); Navarra y los Sanfermines (Navarra, Fase-3, 1992); Nafarroako Parlamentua/ El Parlamento de Navarra (Navarra, Parlamento de Navarra, 1992); Artesanía en Navarra, (Pamplona, Gobierno de Navarra, 1993); y Catedral de Pamplona (Pamplona, Gobierno de Navarra, 1994).

  • Fuentes, Charo; Yerro, Tomás: Río Arga, revista poética navarra (estudio y antología), edición del autor, Pamplona 1988.
  • Martín Nogales, José Luís: "El año de Miguel Sánchez-Ostiz ", en Anuario de Diario de Navarra, Iruña/Pamplona, 2002.
  • Yerro, Tomás: Escritores navarros actuales. Antología I y II, Pamplona, Gobierno de Navarra, Departamento de Educación y Cultura, 1990-91.
  • Tomás Yerro, Prólogo a la obra Diván del daño y de la llama (Murcia, Editora Regional 1990; Barcelona, PPU, 199).

TAN TAN, VAN POR EL DESIERTO

Sin duda es persa. Lo denuncia el gorro frigio de color amaranto intenso, si bien dulcificado por el polvo y la arena, que se ladea sobre la melena encanecida. Y persona notable, a decir de su capa bordada con hilos de plata. Los miembros de la caravana que han compartido con él el largo viaje de Shiraz a Palmira dicen que es un gran sabio, conocedor de los secretos de los astros y miembro de las altas cofradías de los magos que penetran en los misterios de Mitra. Bajo el manto descubre un chaleco sacerdotal de seda que lleva dibujado en la espalda el hom o árbol de la vida, que representa el eterno retorno de la existencia, y en el pecho, la pira, el altar de fuego.
Le llaman Melchor.
Durante años se ha aplicado en la transmutación del espíritu y de la materia. Durante años ha perseguido los cambios en el alma de los hombres y en el latido de los metales. Ahora, próximo a la ancianidad, trae el oro más puro del Universo, destilado onza a onza en su pequeño atanor de Persépolis, para honrar al Supremo Alquimista que -él lo sabe- está a punto de nacer en Betlehem. En Palmira se ha unido con otro singular personaje de ojos brunos y piel color ceniza. Gaspar. Un adivino de los desiertos de Nafud, en la arenosa Arabia, cubierto con largo albornoz de muselina índigo bajo aljuba de cachemira. Cuando Melchor, con un destello de vanidad en la mirada, le ha mostrado el cofrecillo de marfil donde guarda su tesoro, él le ha correspondido, con un ademán de orgullo, abriendo una bujeta de coral del Mar Rojo: incienso. El mejor incienso jamás visto, recolectado en las sabinas del Jabal Shammar con sus propias manos. Su ofrenda para el Gran Adivino, que -él lo sabe- está a punto de nacer en Betlehem.
Y los dos, el árabe Gaspar y el persa Melchor, han repetido el mismo gesto de ufanía al reconocer, en Qumram a un tercer personaje que va a viajar con ellos a través de las montañas de Judea, camino de Betlehem.
Es alto y espigado, y en la solemne gravedad de sus movimientos se trasluce cierta actitud de desdén. Viste un calasiris -esa túnica de lino finísimo teñida en franjas azules marrones y ámbar con grecas, laberintos, flores y capullos de loto- que le cubre las piernas al modo de los altos sacerdotes de Nubia, y una cachera de lana blanca que sólo usa cuando está fuera del templo. Tiene la piel negra y los dientes anchos y blanquísimos.
Su nombre, Baltasar. Y su regalo, cuya exhibición ha precisado no menos fatua teatralidad que los de sus compañeros, guardado en delicada arqueta de ébano, es mirra. Resina de mirra roja y brillante, recogida lágrima a lágrima de los arbustos balsámicos de las estepas de Abisinia y atesorada durante años en las cajas selladas de la isla de Elefantina, hasta este preciso momento en que, por fin, el Sumo Sacerdote -él lo sabe- está a punto de nacer en Betlehem.

Fábulas (Pre-textos, 2001; Museo Gustavo de Maeztu, 2001).