Toponimoak

Baiona. Historia

  • Civitas romana

Parece fuera de dudas que el solar bayonés estuvo habitado antes de la llegada de los romanos. La confluencia del Nive y el Adur ofrecía un emplazamiento ideal para el establecimiento de un primitivo conglomerado humano y la colina situada a la orilla izquierda del Nive aparecía como el lugar más adecuado para sentar las bases de un campamento militar. Puerto abrigado y natural del tempestuoso golfo de Gascuña, su situación geográfica le deparó desde muy temprano un destino marítimo cuya importancia se acrecentaba por comunicar fluvialmente con los valles pirenaicos del Adur y el Nive. Los orígenes de Lapurdum son, como los de toda ciudad antigua difíciles de precisar. Sus primeras casas o cabañas de madera cubrieron la parte baja de la cuesta que lleva a la cima de la Gran Baiona; el poblado se extendió desde la Torre de Sault, llamada después puerta de Saint-Simon, hasta el pequeño fuerte construido por los romanos cuyo lugar ha ocupado el Castillo Viejo.

Fortín romano de mediana importancia en el siglo III -no figura en el itinerario de Antonino-, habría sido según Balasque, capital, en la época de la conquista de las Galias por Cesar (hacia el 58 A.C.), de la tribu vasca de la confederación de los tarbelos. Es sólo a fines de la dominación romana (siglo IV-V) cuando Baiona es constituida en sede del tribuno de la Novempopulania encargado de vigilar a los inquietos vascones y aquitanos. Se la dota además de cerca de un millar de hombres. Por entonces ya ha adquirido cierta importancia económica, aunque alejada de las grandes vías romanas, como depósito de las mercancías provenientes del interior de Novempopulania, tales como las materias resinosas y los minerales de los Pirineos, así como centro consumidor de productos de la costa e interior rural. El primer recinto amurallado conocido forma una especie de pentágono cuyos vértices son la Torre Norte del Cháteau-Vieux, la de la Vieille-Boucherie, la Puerta de España, la escalera llamada de la Pusterle (Poterna) y el cruce de los Cinco Cantones.

Las murallas pasaban por la calle de des Augustins ante la Rue des Basques, se abrían en la de Poissonnerie, seguían por la Rue de la Salie y por la Rue d'Orbe enlazaban con el fortín. Por el otro extremo de la ciudad, seguían ante la actual Rue Tour de Sault y, tras un recodo, cerraban la ciudad por Lachepaillet. Las puertas del recinto romano eran: la Porta Meridiana, más tarde St-Léon o de España, la Porta Orientalis, que abría el muro que separaba al recinto fortificado del puerto que por la naturaleza del terreno, blando y fangoso en parte, era incapaz de soportar unas murallas, y la Puerta llamada de Tarride o Lachepaillet que se abría en la Rue des Prebendés. En la Edad Media, las puertas llegaban ya a ocho estando defendido el recinto por 18 ó 20 torres.

  • Baiona, frontera de dos mundos: la romanización

El área de romanización vascón-aquitana limita con la zona vasca, ajena a la latinización, en Baiona. Baiona alta, romanizada, acabó por adoptar el latín, que dará origen al gascón bayonés, variedad distinta del gascón de las zonas romanizadas limítrofes. Pero fuera del recinto guardado por sus murallas, Baiona baja, a orillas del puerto del Nive (Errobi), los pescadores de la costa y el transpaís laburdino, siguen anclados en las viejas costumbres y lengua, observados desde el bastión romano-bayonés como desde una vigilante, y con los años hostil, avanzadilla de civilización romana. Es desde estos oscuros años iniciales -iniciales como ciudad, no como poblado humano- cuando puede rastrearse el origen de la honda barrera que separará en la historia, a laburdinos del campo y citadinos, trabajadores de la tierra y comerciantes, marinos del puerto, situado extra-muros, y mercaderes romanizados. Jules Balasque da en el corazón de la cuestión cuando dice:

"El cese de relaciones frecuentes y diarias entre Baiona y el resto del campo -circunstancia que se produjo en toda la línea de la vertiente norte de los Pirineos Occidentales- no tardó en acarrear el efecto de separar en dos fracciones bien distintas a los antiguos pueblos de la Novempopulania; el divorcio se efectuó de una manera tan radical que incluso acabaron por no comprenderse más".

Este es el lastre histórico que arrastrará Baiona haciéndola aparecer como un cuerpo extraño dentro del área laburdina. Siglos más tarde, al reorganizarse como ciudad tras las invasiones, la ruptura total es sancionada en el momento (1193) en que los caudillos vascos, los vizcondes laburdinos -autoridad natural del país-, abdican de sus derechos a favor de los reyes ingleses y abandonan Baiona, erigida además en comuna, definitivamente. El barrio portuario, Baiona baja, es admitido sólo a comienzos del siglo XII dentro del recinto custodiado por las murallas. La relativa abundancia de topónimos y de nombres de lugares importantes euskéricos en la zona portuaria incorporada, atestigua esta partición de la ciudad como efecto de la romanización.

Así, esta zona que bordea al Nive se llamará Quai des Basques o Port de Bertaco, la calle de atrás Rue des Basques, el puente que lo une al Bourg-Neuf o Pequeña Baiona se llamará Bertaco e incluso la posteriormente calle Pont-Mayou, por la que discurre la nueva muralla del siglo XII, recibirá el nombre de Chégaray (hoy Víctor Hugo). Veremos más adelante cómo la incorporación no significará integración, y las dos comunidades, separadas durante siglos, y ahondada la diferencia por motivos sociales, chocarán hasta dar lugar a las feroces luchas civiles de los siglo XIII-XV que se complicarán con la Guerra de los Cien Años en la que cada bando optará por uno de los contendientes, actuando a veces como poder moderador Navarra.

En el siglo V diversas invasiones asolaron el país; sin embargo la dominación efectiva de éste por los visigodos no es probable siendo muy posible que se contentaran con conquistar sólo las llanuras de la Novempopulania (vieja Vasconia), parte integrante de Aquitania. En el 581, son algunas tribus vasconas las que hacen incursiones al norte de los Pirineos. Afortunadamente, Baiona está alejada de las grandes vías de comunicación, lo que la preservó un tanto de las devastaciones. A comienzos del siglo VI Aquitania pasó a ser provincia franca; esta dominación, a pesar de que el estado de insumisión fue permanente, le fue favorable ya que su comercio y sus relaciones se acrecientan. Baiona está en poder de los francos; al morir Clotario, la villa pasa a depender de uno de sus hijos, Sigiberto. En el tratado de Andelot -28-XI-587- Gontrán, rey de Borgoña, entrega a su sobrino Childeberto II, rey de Austrasia, la ciudad de Baiona (Lapurdo), entre otras tierras y ciudades. El siglo VII marca, con la creación del Ducado de Vasconia (602), un jalón importante en la historia de las relaciones vasco-francas. El ducado, establecimiento regular al mando de un duque dependiente de los reyes francos, se convertiría paradójicamente en foco de rebeldía hasta conseguir, en el siglo siguiente, su independencia efectiva.

  • Los normandos

Después de la rebelión de los duques vascones contra la tutela de los reyes francos, rebelión que triunfa finalmente hacia el año 832, los navegantes vikingos remontan el Adur y se apoderan de Baiona en el año 844, fundando en ella un establecimiento básico para sus terribles expediciones armadas en Vasconia, gran parte de la cual asolaron. Baiona, la ciudad que Nicolás Bertrand describe como pagana (Baionam paganico more viventem...) figura entre las ciudades novempopulanas destruidas. Más de un siglo después de esta sorpresiva irrupción, fuera del ámbito normando, Vasconia va a elegir como soberano a un rey navarro, Sancho II Abarca (970-994). Baiona permanece bajo dominación normanda.

En esta época el comercio se sustenta sobre los minerales de los Pirineos y la pesca de la ballena -en la que los normandos eran duchos-, que llegó a adquirir con el tiempo una importancia capital. Se piensa que fueron estos habilísimos marinos los que transmitieron a los habitantes de esta parte de la costa vasca los adelantos y tradición náutica que luego habían de ser proverbiales en Laburdi.

  • Predicación de San León

Diversas leyendas sitúan la llegada del apóstol de Lapurdum en los primeros años del siglo IX. Llegó -según ellas- por el camino llamado "camin roumiou" y dirigiéndose a una eminencia cercana al Nive, se construyó una choza para vivir hasta su muerte. Después de varios viajes por la costa -bosques de Gipuzkoa y Navarra cantábrica-, volvió a Baiona donde fue decapitado, el año 892 aproximadamente, por los normandos. Sin embargo, el culto de este santo no se remonta más allá del siglo XI. El Libro de Oro de Baiona comienza a hablar de él a partir de los siglos XI y XIII: barrio, fuente, parroquia, puerta de su nombre.

Dubarat, autor que ha estudiado el tema con profundidad en Le Missel de Bayonne, cree que pudo ser San León un obispo vasco martirizado por cualquiera de los sucesivos pueblos invasores -visigodos, musulmanes o normandos- o por sus mismos compatriotas, los vascos. Jaurgain llega más lejos al considerar hipotética su misma existencia. Pero la existencia de una iglesia dedicada a San León, mencionada en el siglo XII, y numerosos nombres tradicionales no parecen avalar la tesis de este último investigador.

Baiona, capital del vizcondado navarro de Lapurdi (1023-1193). En el año 986, Guillermo Sancho, duque de Vasconia, atacó a los normandos a los que derrotó, y fundó en la diócesis de Aire un monasterio dedicado a San Salvador. Después de esto los normandos fueron batiéndose poco a poco en retirada. Fruto de las necesidades defensivas originadas por el largo período de invasiones, es la estructura social que emerje por esta época. A mediados del siglo XI, Lapurdum (Baiona) es el núcleo de un señorío hereditario regularmente gobernado por señores dependientes del duque de Vasconia o Gascuña, vasallos éstos, a su vez, por vía hereditaria, del rey de Navarra D. Sancho el Mayor (Regnante... in omni Gasconia... en documento de 1023 y 1032). Para agradecer la ayuda prestada por el navarro contra el conde de Toulouse, Sancho Guillermo, duque de Vasconia, habría cedido a su monarca la jurisdicción directa sobre las tierras de Lapurdi y Baja Navarra hacia 1020. En el año 1023, Lapurdi fue erigido oficialmente en vizcondado en la persona de Lupo Sancho, uno de los parientes de Sancho-Guillermo, duque de Vasconia, por el rey de Navarra Sancho el Mayor.

La jurisdicción del vizconde de Lapurdi se extiende sobre toda Lapurdi, incluida, desde mediados del siglo XII, la baronía de San Juan de Luz, y es posible que sobre parte del país del Bidasoa: territorios guipuzcoano-navarros incluidos posteriormente en la diócesis de Baiona. Su residencia inicial y posterior, hasta la supresión del vizcondado (1193), estuvo en Baiona donde los vizcondes construyeron el torreón de Floripes -derrivado por Vauban- y alrededor de él, parte de los edificios que constituyen hoy el Cháteau-Vieux. El primero de los vizcondes, Lupo Sancho, cedió al cabildo de la catedral esta iglesia con sus dependencias [1059-1069, Libro de Oro], la cuarta parte del diezmo de todo el vizcondado y la décima parte de los peajes percibidos a la salida y a la entrada de las dos puertas de la ciudad. Los habitantes por su parte obtuvieron el derecho de pastoreo a media jornada de las murallas. Sin embargo esta dependencia directa de Lapurdi respecto al reino de Navarra será, hasta fines del siglo XII, contestada por los duques aquitanos.

Al acaecer la muerte de Sancho el Mayor, el duque Eudón, sucesor de Sancho Guillermo como duque de Aquitania, deja de ser feudatario de Pamplona, menos en algunos territorios fluctuantes de la Vasconia ducal que prosiguieron prestando vasallaje al rey de Navarra (Moret: Anales..., t. III, p. 61). Baiona, sede de la capitalidad del vizcondado de Lapurdi, depende pues, hasta finales del siglo XII, de Aquitania y Navarra según el momento. En el terreno eclesiástico, el reinado de Sancho el Mayor, fue aún más importante por convertir a Baiona en la sede episcopal de su nombre, hacia el año 1030, con Lapurdi, valle de Arberoa, villas de Irissarry, Iholdy y Armendarits, el país de Cize, de Ossés y de Baigorry, sustraídos a la diócesis de Dax, a los que hay que agregar un territorio situado a ambas orillas del Bidasoa, hoy en su mayor parte navarro y, el resto, guipuzcoano (Jaurgain: La Vasconie t. I, p. 208) y cuya historia posterior puede verse a lo largo de este artículo.

Durante esta era vizcondal el mercado de Baiona fue declarado privilegiado y exclusivo para la venta de ballenas, atunes, lampreas y peces pescados en la Gave, Adur y el Nive hasta Sordes, Hourgave y Villefranche. Además estos privilegios eran extensivos a la pesca costera desde Cap Breton hasta Fuenterrabía. En 1070 la población franqueó sus murallas y se extendió por la campiña circundante. El grupo principal de este ensanche natural tomó el nombre de barrio de las "Tanneries" (Curtidurias). Entre las nuevas construcciones que tomaron como eje la actual calle Thiers figuran dos hospitales y una iglesia parroquial. Fortún II Sancho, hace donación, hacia el año 1095, de media ciudad a la catedral de Baiona: mediae civitatis terram, a porta meridiana usque ad portam quae ducit ad portum... (Libro de Oro), reservándose sólo el derecho de administrar justicia. Hacia 1098 nueva donación: el cabildo de Baiona recibe el diezmo del tráfico portuario y todos los ingresos percibidos en calidad de peaje: deciman portus Baionensis et totius pedagii... (Libro de Oro). Vemos pues que el poder eclesiástico crece extraordinariamente en detrimento del vizcondal, que fácilmente rematarán los ingleses.

Baiona debe al duque de Aquitania, Guillermo IX el Trobador la primera carta de franquicias. Este acontecimiento y el hecho de ser el puerto marítimo natural del reino de Navarra prepararán la expansión y prosperidad que conoce en el entrante siglo XII la sede vizcondal de Lapurdi. Ese mismo año es puesta la primera piedra del puente sobre el Adur (supra mare Baione) en presencia del obispo Martres (Raimundus) y el Vizconde Bertrand (Bertrando, Baionensi vicecomite). Al extremo del puente, en la orilla derecha del Adur, comenzará a alzarse un nuevo suburbio llamado originalmente Cap-dou-Pount y más tarde Saint-Esprit. El abuelo de la famosa Alienor, Guillermo IX, sentó los fundamentos de una nueva muralla que abarcaba en su interior toda la márgen izquierda del Nive acogiendo así el barrio situado al pie del recinto romano. Los restos de esta fortificación eran aun visibles a finales del siglo XVII;

"Esta se apoyaba en la antigua muralla hacia la mitad de la calle Orbe, corría a lo largo de la calle Pont-Mayou o Chégaray y se detenía en el Nive, para continuar, en la otra orilla, por la margen izquierda del Adur, que bordeaba hasta la extremidad del hospital militar actual: allí torcía y seguía la dirección de Mousseroles hasta el Chateau-Neuf, de donde, por una línea casi perpendicular, volvía al Nive, ante la Torre de Sault. Dos cadenas tendidas durante la noche sobre el Nive, desde los dos extremos de la villa, completaban el cierre de la ciudad"

(Balasque: Etudes... t. I, p. 96).

En este barrio se daba acogida a la población errante mediante la concesión del derecho de vecindad que la protegía de toda persecución y le daba el derecho a gozar de los recien conquistados privilegios fiscales y comerciales de los vecinos habituales de la ciudad alta. Entre el Adur y el Nive, la aglomeración o foris-burgus de la actual Pequeña Baiona fue admitida en el recinto de la villa recibiendo el nombre tradicional de Bourg-Neuf. Es en esta misma época en que la villa abandona su antiguo nombre de Lapurdum para pasar a llamarse en los documentos oficiales Baiona. La villa crece y se expansiona multiplicando sus comunicaciones con las otras localidades en respuesta a las nuevas necesidades del comercio marítimo del que Baiona detentaba ya el monopolio.

Así es cómo se acaban los dos puentes, uno sobre el Adur y otro sobre el Nive -Bertaco o Panecau- para poner en contacto a la ciudad con los mercados de las Landas, el Béarn, Lapurdi y Navarra y el Bourg-neuf. Hacia 1141 se comenzó la construcción de la catedral gótica. El auge de la villa, como se ve, tuvo su arranque en el comercio marítimo; las materias resinosas, los vinos, los productos extraídos de las ballenas abastecieron a este comercio y a las industrias locales del siglo XII mediante un cabotaje activo por las costas de la Península Ibérica, Bretaña y la Normandía. Al abolirse el "droit de coutume", antigua imposición que gravaba en un 5 % la mercadería de exportación, gran cantidad de gente vino a establecerse en la floreciente ciudad preparando así el espléndido desarrollo que habría de conocer algo más tarde durante la ocupación inglesa. Baiona conoce ya un embrionario derecho mercantil.

Asedio de Baiona por Alfonso el Batallador, rey de Navarra y Aragón: 1130-1131. Algo debió de suceder entre el nuevo duque de Vasconia y de Aquitania, Guillermo X el Teólogo, y el rey de Navarra, el inquieto D. Alfonso I. Parece ser que Alfonso el Batallador movilizó sus tropas sobre Baiona para defender los derechos de su fiel vasallo Gastón del Béarn a la vacante dejada por la muerte del vizconde de Lapurdi. García Sancho, muerto sin herederos directos. Cuestión de límites o cuestión de jurisdicciones feudales, el caso es que el navarro se dirige a sitiar Baiona en octubre de 1130 aprovechando las paces de Támara firmadas con Castilla en Julio de 1127. Es en esta ciudad donde D. Alfonso concede fuero a Corella (documento de Comptos datado el 26 de octubre 1130 in illo castello de Bayona...) Durante su estancia que se prolonga a noviembre del 1131 firma diversos documentos, entre los cuales destaca su disparatado testamento, de 1131. El sitio y rápida toma de Baiona parece haber sido una advertencia a la ambiciosa política de Guillermo, sobre todo si tenemos en cuenta lo que dice Risco, que

"antes de apoderarse los ingleses de Baiona y de la región hacia Navarra y el río Vidaso, todo este territorio pertenecía a los reyes de Pamplona, no menos que la Baja Navarra, que siempre poseyeron"

(España Sagrada, t. XXXII, Madrid, 1878, p. 161).

Guillermo X sin embargo, trasmitió a su hija, la famosa Alienor, su pretensión sobre las tierras vascas a su muerte (1137): toda Aguitania, la Gascuña, la Basclonia y la Navarra hasta Ibañeta (monje de Vézelay). En vísperas del advenimiento de los Plantagenet, Baiona era gobernada por la familia vizcondal que comenzó por Lupo Sancho, y se extinguió, a fines del siglo XII con Guillermo Raimundo de Sault, pasando en el siglo XII por ocho vizcondes: Lupo Sancho en 1023; Fortún Sancho en 1059; Sancho García en 1070; García Sancho en 1120; Bertrand en 1140; Pierre Bertrand en 1170; Arnaldo Bertrand en 1174 y Guillermo Raimundo de Sault en 1193.

En el año 1152, Alienor, duquesa de Aquitania, contraía matrimonio con Enrique de Plantagenet, futuro Enrique II de Inglaterra. El título de duque de Aquitania recayó así, naturalmente, en el hijo de Alienor, Ricardo Corazón de León, y en los soberanos ingleses descendientes suyos. Baiona, y con ella todo el país, cambió de gobernantes; este cambio afortunado abría a sus navíos los puertos y los mercados del reino de Inglaterra. Así se explica el extraordinario auge que a pesar del cambio de desembocadura del Adur (Capbreton), cobró la villa durante los tres siglos de gobierno anglosajón gracias a los privilegios y exenciones de que la hicieron objeto sus soberanos.

En efecto, Enrique II otorgó a los bayoneses el monopolio de los fletes en el Adur y redujo los derechos de importación percibidos en Inglaterra sobre los vinos de Gascuña, uno de los principales recursos de Baiona. Sus descendientes hicieron otro tanto. También se prohibió la venta de pescado fuera de los mercados bayoneses. La burguesía fue rápidamente ganada por la magnanimidad de estas mediadas; sin embargo los señores aquitanos y los vascos, irritados por el gobierno del intruso -hay que tener en cuenta que, después de los Reyes de Navarra, la autoridad legítima a sus ojos era Alienor, derecho que el inglés respetó poco- encabezados por sus vizcondes se alzaron en armas en 1167 aunque tuvieron que deponerlas pronto. Dado además a la abolición de la servidumbre e impuestos señoriales y a otorgar fueros y franquías tenía que enagenarse forzosamente a la nobleza.

Ricardo Corazón de León, duque de Aquitania: 1169-1199. Dedicado a la administración del ducado de Aquitania durante la primera sublevación, fracasada, contra su padre (1173-1174), Ricardo, que será rey de Inglaterra en 1189, confirma, reformándolo (introducción del Senescal, etc.) el Fuero otorgado por el duque Guillermo hacia 1125. Ricardo concedió este fuero para favorecer a la burguesía bayonesa en lucha abierta contra el rapaz obispo Fontaner, pero, para evitar ganarse la enemiga de la iglesia, otorgó a ésta los derechos sobre el matadero de la villa. La eximió también de los derechos de justicia sobre la mitad de la ciudad. El vizconde no figura como firmante, lo cual demuestra su total eclipsamiento. Ricardo realiza su segunda visita a Baiona en 1174 ó 1175 y otorga a los comerciantes bayoneses la franquicia de los peajes que pagaban en el Poitou, Aquitania y Gascuña, con carácter de perpetuidad.

Pero también contra él se alzan los señores gascones y vascos. La sublevación mayor, que relata Rogerio Hoveden en un escrito de 1177, abarcó a gran parte de Gascuña, en especial Dax, la Baja Navarra y Lapurdi con su capital, Baiona, en la que se hizo fuerte el vizconde Arnaldo Bertrand. Ricardo asedió y tomó una por una las ciudades sublevadas; Baiona duró diez días: Deinde obsedit Bajoniam civitatem, quam Ernaldus Bertrandus Vicecomes Bajoniae contra eum munierat, et infra decem dies cepit... Los vizcondes de Lapurdi abandonaron entonces la sede tradicional del Vizcondado, Baiona, y se retiraron a Ustaritz que desde entonces, hasta la Revolución de 1789, fue la capital de Lapurdi. También fruto del reinado de este monarca inglés, y duque aquitano, es la Carta de Malhechores de 1189, que no sólo reglamenta el comportamiento urbano sino que rompe definitivamente con el poder señorial del vizconde de Lapurdi al establecer que el baile del señor sea colocado fuera de la ciudad de Baiona y observe lo estipulado en la carta.

El novelesco matrimonio de Ricardo con la navarra Berenguela (1190), hermana del rey Sancho el Fuerte, sentará las bases de una más sólida armonía entre vascos e ingleses. La Baja Navarra, Zuberoa y Lapurdi fueron objeto muy probable de una amistosa transacción en la última década del siglo XII: la primera quedó definitivamente dentro del reino navarro (Sexta Merindad) y las otras dos provincias permanecieron dentro del marco aquitano, regidas por duques ingleses. En Lapurdi, la transacción fue sancionada por un hecho de importancia: la venta, en 1193, de todos los derechos sobre el vizcondado por el vizconde Guillermo Raimundo, sucesor del derrotado Arnaldo Bertrand. Navarra pasa así a un segundo lugar, importante eso sí, pero segundo, definitivamente. Los reyes ingleses son ahora señores de Lapurdi y, por la ausencia de poder feudal intermedio, señores directos de la provincia.

Fuero otorgado a Baiona por Ricardo Corazón de León, sin fecha, probablemente de 1174.

"Que todos, presentes y por venir, sepan que Yo, Ricardo, hijo de Enrique, rey de Inglaterra, conde de Poitiers, duque de Aquitania, he dado y concedo para siempre a mis queridos ciudadanos de Baiona los fueros y derechos que Guillermo, conde de Poitiers, estando presente Raymond de Martres, obispo de Baiona, les concedió cuando comenzó a edificar Baiona.

A saber:

Cualquiera que haya venido a Baiona o venga a continuación para establecerse en ella, sepa que le es otorgada franquicia, en tierra y mar, en las landas y en los bosques, en todo lo que pueda recorrer (ida y vuelta) en un día, con la condición de que después de una estancia continuada de un año y un día, satisfaga los derechos adeudados al dueño del suelo que ocupa, si aún no es propietario del mismo...

...Si alguno de los habitantes quisiera abandonar la ciudad e instalarse en otro lugar, tendrá plena facultad de vender sus casas, jardines, praderas, molinos y otros bienes que pudiera poseer. Mi senescal, cualquiera que sea, debe prestar ayuda y protección a todos, sobre mis tierras y más allá de ellas...

...Además, si alguno ocasionare daños a mi senescal o a mis hombres, cada uno está en la obligación de perseguirlo en una expedición para vengarlo del daño o la injuria recibidos, debiendo pagar 6 sueldos el que se negara a ir.

Pero, si en el caso de que el senescal haya ya recibido compensación por el daño o no hayan sido objeto de menoscabo ni él ni sus hombres, quiera de todas formas hacer una expedición, nadie estará obligado a seguirle...

...He otorgado además a todos los Bayoneses que puedan llevar su pesca a todos los lugares donde quieran, sin pagar impuestos a menos de que estén asociados con extranjeros.

He otorgado, en fin, que todo senescal que envíe yo a Baiona, antes de entrar en funciones, preste juramento a los bayoneses de respetar sus fueros. Los testigos son..."

[Traducción del extracto publicado en francés por M. Sacx en Bayonne et le Pays Basque.].

El texto original, en latín, puede consultarse integro en la obra de Balasque, Etudes, t. I, pp. 412-414.

Ricardo Corazón de León, rey de Inglaterra desde 1189, y Felipe Augusto de Francia decidieron formar dos convoyes para Palestina. Uno de ellos debía de salir de las costas de la Provenza y el segundo, a las órdenes de Ricardo, de los puertos de Burdeos y Baiona. La flota armada de Baiona fue puesta al mando del obispo Bernard de Lacarra que asistió con sus gentes a la toma de San Juan de Acre, después de haber saqueado Lisboa a su paso. A su regreso por tierras austríacas, Ricardo cae prisionero (1192). Muere en 1199.

La política expansionista de Alfonso VIII de Castilla, ha progresado, mientras, hacia el norte. Poco después de la muerte de Ricardo Corazón de León, el castellano se apoderó de Gipuzkoa quedando así sus posesiones lindantes con las de los ingleses. No le faltarán pretextos para seguir progresando. Ricardo había reconocido a su hermana Alienor, casada con el castellano, ciertos derechos sobre Gascuña y se prepara éste a reivindicarlos, con ayuda de Felipe II Augusto de Francia. El rey de Navarra, Sancho El Fuerte, al que acababa de arrebatársele Gipuzkoa, anuda una fuerte alianza con Juan Sin Tierra para salir al paso de la entente franco-castellana que amenaza con invadir los dominios de ambos monarcas. En 1201 (Pacto de Chinon) y 1202 (Pacto de Angulema) los dos reyes se prometen mutua ayuda y comunican los acuerdos a los bayoneses (Rymer: Faedera, conventiones...).

Este mismo año, en el mes de agosto, el rey Sancho el Fuerte de Navarra, otorga una Real Carta a la ciudad de Baiona por la cual toma bajo su protección a los burgueses de la misma con todas sus pertenencias, permtiéndoles libre tránsito desde la Huerta de Baiona por todas las tierras del reino navarro mediante el pago de los peajes acostumbrados. Es condición estipulada que si el rey quisiera levantar esta proyección tendría que avisar al concejo de Baiona con tres meses de antelación y otorgaría un salvoconducto de un año a los bayoneses que se hallaran en Navarra para que pudieran asegurar sus bienes y personas. En reciprocidad a estas ventajas, los de Baiona se obligaban a asegurar los caminos de mar y tierra a los vasallos del rey de Navarra y a no ayudar a enemigo alguno de la Corona de Navarra salva la fidelidad que los de Baiona debían al Rey de Inglaterra.

Efectivamente, en 1205 Alfonso, tras organizarse una apreciable clientela entre la nobleza y el clero de Gascuña -Bertrand de Lacarra, Fontaner, obispo de Dax, vizconde de Tartas, Gastón del Béarn- invade la región. La población de Baiona cerró las puertas al castellano y éste tuvo que retirarse después de haber incendiado la ciudad. El obispo Lacarra fue expulsado y pasó a San Sebastián durante algún tiempo.

Fuero Municipal o Coutumes de la ville fue dictada por Juan sin Tierra el 19 de abril del año 1215 sobre la base de la carta de La Rochela; se formaba así en Baiona una comuna, municipalidad independiente cuyos derechos y privilegios no fueron puestos en duda hasta la conquista francesa. Al final del siglo XII, la organización de Baiona, análoga a la de las otras ciudades de Gascuña, comprendía un colegio de doce jurados asistido por un concejo y en ciertos casos por todos los habitantes llamados a participar en las deliberaciones.

Juan sin Tierra reemplazó esta organización por una de cien miembros: un alcalde, doce jurados, doce concejales y setenta y cinco consejeros formaban la nueva comuna bajo la denominación de "el alcalde y los cien pares". La elección del alcalde tenía lugar todos los años en una asamblea general compuesta por todos los habitantes que hubieran ejercido las funciones de jurados, concejales o consejeros. Los tres candidatos elegidos eran presentados al senescal de Gascuña que designaba al definitivo. Este fuero (Archivo de Baiona, texto en gascón), cuyas cláusulas fueron redactadas en 1273, sirvió de modelo al otorgado por los monarcas navarros a San Juan de Pie de Puerto en 1329.

Baiona, enriquecida por sus exportaciones, administrada por sus propios magistrados, protegida por Navarra, ocupó, a pesar de las veleidades del Adur, el segundo lugar en Gascuña después de Burdeos. Pero en 1224 estuvo a punto de enajenarse el favor de los reyes ingleses. Esto ocurrió con ocasión del sitio de La Rochelle por el rey de Francia, Luis VIII, que invadió Gascuña. Los bayoneses mandaron para ayudar al inglés, 30 barcos, 400 marinos experimentados y una considerable suma de dinero, pero, al ver que la plaza iba a capitular, huyeron. Los burgueses de Dax acusaron a los de Baiona de traidores. En su defensa acudió, una vez más, Sancho el Fuerte de Navarra. Germán de Pamplona cita una carta de este monarca reproducida por Champolion en la que defiende calurosamente a los bayoneses hasta el punto de convencer al joven Enrique III.

"Conste a Vuestra Nobleza -dice- que los venerables ciudadanos de Baiona fueron fidelísimos a Vos y a vuestro padre y que no deben ser condenados ni señalados con tacha alguna de infidelidad..."

El 19 de julio de 1242, tiene lugar entre viejos enemigos, ingleses y franceses. En ayuda de los primeros acudieron presteza las milicias bayonesas y a cuya cabeza, el alcalde de Baiona, Guillermo, y el proud'homme Dardir. La flota hostiga La Rochelle perdida para los ingleses en 1224. Los ingleses, tras la derrota, pierden varias plazas importantes.

El veleidoso Enrique III de Inglaterra no respetó la amistad navarro-inglesa establecida desde el reinado de Ricardo Corazón de León y asedió el castillo de Gramont (1243) en la Baja Navarra, Los Gramont eran vasallos de Navarra. En 1244, Teobaldo I, ayudado por los vizcondes del Béarn, transpasa los Pirineos e intenta reconquistar Gascuña siendo acogido favorablemente por los señores vascos y gascones. Rechazado por los ingleses, renuncia prontamente a la reconquista armada al ser excomulgado por el obispo de Pamplona. Baiona, puerta natural del tráfico navarro, sigue manteniendo viejos vínculos con el reino. En 1248 el merino, los jurados y concejo de Baiona, recibieron en su guarda y encomienda al rey Don Teobaldo de Navarra, y a su compañía, con todas sus cosas, según se expresa en el documento que sigue:

"Conoscida cosa sea á todos aqueillos qui esta carta verán, é odrán, que Nos el mayor é los jurados, é el comunal conceillo de Baiona, recebimos en nuestra guarda, é en nuestra comienda, á D. Thibalt, por la gracia de Dios, noble rey de Navarra, de Campaynna, é de Bria, cuende Palacin é toda su compayna con todas lures cosas. Si por aventura el devant dito D. Thibalt, rey de Navarra, quisiere ó quisiese entrar alguna negada en Baiona por passada, ó passare por logar ailli aderredor, ó por mar á por tierra, eill ó su compayna, que se estienda á nuestro poder, queremos e prometemos en buena fé, sen mal engayno, que él é toda su compayna passen salvos é seguros, con todas lures cosas. Otro si recebimos en nuestra guarda, é en nuestra comienda, todos sus omes é sus gentes, con todas lures cosas é con todas sus mercadurías, que vayan et viengan todas por la villa de Baiona ó por ailli aderredor que pertenezca á nuestro poder, é que vendan é compren toda manera de mercaduría pagando costumbre, si por aventura la debieren.

E si por aventura aviniese que obiésemos á contramandar esta devant dita convenienza, por mandamiento de nuestro seynor el rey d'Anglaterra, que lo ficiesemos á saber á buena fe, sen mal engayno, al devant dito rey de Navarra é á sus gentes¡ é si por aventura alguno ó algunos ommes del rey de Navarra fuessen en Baiona ó en logar que se estienda a nuestro poder, que ayan quarenta dias de espacio, pues que lis fuere feito á saber, de issir salvos é seguros de nuestra comarca con todas lures cosas: é ti por aventura alguno ó algunos ommes del rey de Navarra, non sabiendo el vedamiento que Nos feito abriamos, vinaéssen de daillen mar ó daquent mar en Baiona, ó á logar que se estienda á nuestro poder, Nos que ge lo fagamos, saber, é pues que lo sopieren que aya quarenta días de espacio por si issir de nuestro poder, salvos é seguros los cuerpos é los aberes á qualque partida quisieren ir. E por que todas estas devanditas convenienzas, sean firmes é estebles, seyellamos esta carta con nuestro seiello pendient. Actum apud Urdacium in vigili a omnium Sanctorum: anno domini M.CC.XL.VIII".

En 1253 recibieron también a la reina D.ª Margarita en la forma siguiente:

"Unegude causa sia, a totz aqueds qui esta carta verán é audirán, que Nos lo mayre eus jurads, en comunau conseil de Bayone, reciben en nuestra guarda, en nuestra comana le noble dame ne Margarita, por la gracia de Dieu reyna de Navarra, de Campayna é de Bria condessa Palazirna, et á Th. son fil, é todas lors compaynas, ab totas lors cauzas, si por aventure volen entrar per pasada en nostre viele de Bayone, ó passar per aucun log. dentorn, per mar ó per terram, con nostre poder sesten á bona fee sen mal engan: autre si reciberá en nuestra comana, é en nuestra enparanssa, tots sos homis é las gens ab totas lors causas é ab lors mercaderies, anná é bien per la vile de Bayonne é per aqui enbiron, qui sie de notre poder, é qui benien é compren tota manera de mercaderie, pagan las costumes que devrin.

E si por aventure avem de desmanar aquest devandit enconbentement, é per mandament de nostre seygnor lo rey d'Anglaterri, é por nos medis, que ag fessem saber á bona fee, sens maul engayn, a le devandite reyna de Navarra é á son fil é á lors gents: é si per aventure eds medis, ó aucus autres lors homis, eren en Bayone ó aucun log. or nostro poder sestenos que hayan XL dies de término despuys que eus ag. aurim feit saber de ysir saubs é segurs de nostres apertinencer, ab totas lors cauzas: é si per aventure auguns deulors homis non sabe aquest desman, que Nos aurun feit bien per mar, ó per terre, en Bayone ó en log. ó nostre poder sestenot nos quels ag fessem labeds saber, é despuys que ag saberin que hayan XL dies despassi per medische guise, quom es desus part devizat. E per que aqueds devandits conbentes entrament sian tinguds, é guarads eschedes tot corrompiment, haben seierad qaeste present carte dou seied de nostra comunra. Actum Bayone XIII Ks sebtemb. anno Dmi. M.CC.L. tercio".

Baiona abastecía a la Corte navarra de artículos exóticos y suntuarios, por la frecuentada ruta Baiona-Belate-Pamplona. En 1335, el gobernador de Navarra en ausencia de Juana II, Enrique de Sully, pone a un funcionario de su confianza al mando de la tierra de Baztán y castillo de Maya a fin de evitar los asaltos y robos de los que eran objeto los mercaderes "mulateros y viandantes" por parte de los "hijosdalgos andariegos", en su camino a Baiona (Archivo de Comptos). El comercio, tonificado con estas medidas, adquirió una envergadura europea que aún las luchas con los normandos en el siglo XIV no lograron debilitar. La ciudad poseía gran cantidad de depósitos subterráneos y no contenta con acumular mercancías extranjeras, producía por medio de sus "faures" diversas obras de armería, una de las cuales, la más apreciada, fue la célebre "bayoneta".

Las dos facciones bayonesas: apoyo de Simón de Monfort a la popular. Al amparo de la Carta de Juan sin Tierra, se halla ya constituida en el siglo XIII una alta burguesía de mercaderes importadores-exportadores que emparenta con la nobleza y constituye la facción aristo-plutocrática que monopoliza el poder municipal. No olvidemos que a su cabeza, uno de los mercaderes más ricos de Baiona, Miqueu de Mans, entronca con los Sault, familia vizcondal de Lapurdi. Los cargos, a mediados de siglo, son ya vitalicio-hereditarios y el miembro saliente elegía a su sucesor. Incluso el derecho a elegir alcalde, prerrogativa real, era ya puramente formal. La otra facción, la popular, estaba constituida principalmente por marinos y artesanos, a cuya cabeza encontraremos a Johan Dardir, Pietre Arnaud de Viéle, Pascau de Viéle y hasta el famoso Pés de de Puyane.

Es esta la facción que apoyará fielmente a los reyes ingleses mientras que la otra fluctuará al mejor postor. Emparentada esta última con la nobleza Lapurdina y gascona, no duda en aliarse con ellas en las luchas nobiliarias contra la monarquía inglesa. Por ello los reyes ingleses acabaron por dotar de hecho al partido popular -y con ello a la flota bayonesa, su fiel aliada- de la facultad de elegir alcalde, contrafuero que, con altibajos, enemistó profundamente a la facción aristocrática respecto al rey. La nobleza rural, tanto gascona como vasca, -que fuera del ámbito urbano hace causa común- se subleva repetidas veces durante el reinado de Enrique III. Las banderías nobles asaltan a los mercaderes y peregrinos en los caminos y desposeen a los campesinos. En 1248, Enrique envía a su cuñado, Simón de Monfort, para restablecer el orden.

Los señores Lapurdinos son obligados a comparecer en Dax y se les castiga con severas multas, tanto más dolorosas cuanto más pobre se encuentra la nobleza rural debido al descalabro económico que significó la última cruzada. Pero la facción nobiliaria se recompone en 1251, y en 1252, aprovechando la ausencia de Monfort que se hallaba en Inglaterra, prepara una nueva sublevación. En 1254, dice Mathieu París, hacia la fiesta de la Purificación, Gastón del Béarn, habiendo reunido un numeroso cuerpo de enemigos del rey, tuvo el atrevimiento de querer introducirse sediciosamente en la ciudad de Baiona para apoderarse de ella. Con la ayuda de algunos descontentos, algunos enemigos penetraron en la ciudad, pero como los espíritus tenían opiniones divididas, la pequeña burguesía afecta al rey, sostenida por el pueblo bajo, arrestó a las gentes de Gastón que fueron castigadas

Esta intentona envenenó definitivamente la lucha social, como se verá más adelante. Las rebeliones de los nobles se sucedieron: uno de los últimos vizcondes de Zuberoa, Raymond-Guillermo V, murió en 1257, en lucha contra el senescal de Gascuña. Su hijo Auger de Miramont se sumó al vizconde del Béarn y alentado por Alfonso X de Castilla, participó en el cerco de Baiona que, adicta al rey inglés, no se rindió. Como se puede comprobar, Baiona era una cuerda sensible a todos los altibajos de las guerras franco-inglesas y presa apetecible para rey de Castilla.

Alentada por Simón de Monfort, el cabecilla popular Johan Dardir -de extracción sin embargo aristocrática- dirige una sublevación que derroca a la oligarquía municipal que huye o es hecha prisionera y conducida al Castillo Viejo. El golpe es apoyado, en secreto, por el futuro Eduardo I, al que los bayoneses habían apoyado con denuedo en las luchas civiles de Inglaterra. Diez años después, las luchas se reemprenden pero en 1273 juran los jefes de ambas facciones mantener la paz.

Por orden del rey (1261) se redacta, en lengua vulgar, el Fuero de Juan Sin Tierra, teniendo cuidado de suprimir "los artículos contrarios a la razón y a los intereses dei rey". Significó esta redacción un rudo golpe a la facción aristocrática monopolizadora de las libertades municipales. Baiona, aunque se negó a estampar el sello de la ciudad al manuscrito, conservó el derecho de interpretar soberanamente sus leyes hasta la dominación francesa, pero, esta potestad pasó a ser patrimonio también de la facción popular. Este es el Fuero de Baiona (copia, en gascón, en los Archivos Municipales.) que ha llegado hasta la Revolución, modificado en 1334 en lo referente a sucesión y matrimonios y profundamente mutilado en 1514, bajo la dominación francesa.

Baiona en poder franco-navarro: 1293. A fines del siglo XIII estalla una encarnizada lucha marítima entre comerciantes normandos y vascos por los mercados del norte. Una querella entre un marítimo normando y uno inglés, el año 1291 en las calles de Baiona, sirvió para desencadenar una serie de combates navales en los que los reyes de Francia, Navarra e Inglaterra tomaron parte activa declarándose cada uno partidario de uno de los contendientes. Francia y Navarra se alinearon con los normandos, sus aliados, y mientras los navíos vascos y normandos trataban de echarse a pique mutuamente, los ejércitos ingleses y franceses chocaban en tierras de Gascuña. Baiona fue ocupada por los franceses en 1293 y su guarnición fue reforzada por 200 navarros. Gran número de burgueses se refugiaron en Inglaterra. La nobleza Lapurdina se precipitó sobre el emporio bayonés, enemigo tradicional, destruyendo y sentando sus reales en las casas de los burgueses. Inglaterra tarda en reaccionar debido a la sublevación de Gales.

Por fin, en 1295, la flota de Eduardo I con los marinos bayoneses y Pascau de Viéle a la cabeza, remontaba el Adur secundada por una sublevación popular -constituida en su mayoría por los faures- y las tropas francesas, atrincheradas en el Cháteau-Vieux, tuvieron que ser evacuadas. El rey inglés concede a sus fieles súbditos bayoneses la exención de peajes en Inglaterra y Gascuña; a los faures, la prohibición de que sean introducidos artículos de hierro y, a la marina, el título de almirante a su jefe, Pascau de Vièle, nuevo alcalde. El nombramiento de alcalde fue otorgado de hecho a la ciudad que, en 1296, fue unida indisolublemente a la corona de Inglaterra. El año 1303 Francia e Inglaterra firmaban una paz provisional. También hubo un acuerdo entre el rey de Navarra, Luis Hutin, y el rey de Inglaterra: Zuberoa pasaba a depender de la corona inglesa.

En el siglo XIV, la facción aristocrática no sólo había emparentado con la nobleza rural -con los Lalanne de St-Etienne, los Saubaignac de Guiche, los señores de Villefranque, etc.- sino que había adquirido feudos con derechos señoriales en el campo. Los años 1312-1317 son años de hambre en toda Europa; en Baiona reina además un gran descontento entre los pescadores por las concesiones reales sobre parajes de los ríos a particulares, hasta el punto de hacer intrasitables los cursos de los mismos. En abril de 1312, un simple marino del puerto, Pés Sanz de Jatsu apodado "Front de Boeuf" por sus partidarios -marinos, artesanos y leñadores- se destaca como líder del ala izquierda de la facción popular y resulta elegido alcalde.

Una vez en el poder, Jatsu, ataca la propiedad de los grandes burgueses y suprime las pesquerías otorgadas por el rey, en especial la de Vièle -cuyas casas ordena quemar- que apenas dejaba transitar por el Adur. Esto da lugar a una dura lucha en la que los afectados no dudan en apelar al rey de Francia... a pesar de estar apoyados por el rey inglés. Jatsu se niega a reconocer la autoridad del senescal, expulsa al obispo, por rapaz, de su palacio e instituye una prisión municipal. En 1313 es reelegido, ilegalmente, alcalde. El pleito entre el alcalde y el representante del rey pasa al Consejo Real y naturalmente el marino pierde. En 1314 es reelegido pero la llegada del senescal con sus tropas, en abril de 1314, da fin a esta breve dictadura popular.

Unidas por relaciones inmemoriales, puertos ambas naturales del reino de Navarra, relacionadas comercialmente desde siempre, ambas ciudades solían celebrar pactos y acuerdos de buena amistad. En 1322 se establece como árbitro único en cualquier litigio a Laurent de Vièle. Se establece ese año que una comisión compuesta por miembros de ambas ciudades se reuna en San Juan de Luz, cada dos años, para comunicar las sentencias de los casos ocurridos en el bienio, mediante un código redactado al efecto.

Lo Libre dous Establimens lo hizo redactar Guilhem Arnaud de Viéle para recopilar los documentos siguientes:

  • Inventario de las armas del arsenal de la ciudad.
  • Privilegios de la ciudad y Carta de Comuna.
  • Establecimiento u Ordenanzas.
  • Paces y compras de la ciudad.
  • Juramentos.

Primera etapa de la Guerra de los Cien Años: Puyane y la guerra civil de Lapurdi [1343-1355]. La primera etapa de la Guerra de los Cien Años que enfrentará a ingleses y franceses desde 1337 hasta 1356, año en que cae prisionero Juan el Bueno, rey de Francia, transcurre, hasta la intervención del rey de Navarra, lejos de las tierras Lapurdinas. Pero ello no quiere decir que Baiona y todo Lapurdi escapen a las contradicciones sociales que se agudizan en Europa desde comienzos del siglo XIV. En vísperas del estallido de las hostilidades, es elegido alcalde de Baiona Puyane, un marino perteneciente a la facción popular. En 1341 la facción aristocrática se negó a aceptar su reelección.

Pes de Puyane, alcalde de Baiona, alcanzó una triste celebridad durante estos eventos. Recompensado por su brillante conducta en aguas de La Mancha (1337), al comienzo de la Guerra de los Cien Años, con las rentas de los puertos de Biarritz y de Bédoréde, abolió la ley que eximía de todo impuesto las mercaderías destinadas a aprovisionar a Lapurdi y sostuvo largas luchas con los señores Lapurdinos. Fuyane prestó su apoyo a un tal Arnaud de Durfort que se pretendía vizconde de Lapurdi, con lo que se ganó el odio general, tanto de la nobleza -que contaba aliados en Baiona- como del campesinado Lapurdino. Fue en el hoy desaparecido puente de Proudines, frente a Villefranche, donde Puyane colocó a varios guardas encargados de cobrar derechos y portazgos, ya que en este punto del Nive acababa, según el magistrado, la jurisdicción municipal bayonesa por ser el lugar más interior alcanzado por la pleamar.

Pero las gentes de los señores Lapurdinos, no sólo no hicieron caso de la exigencia, desconocida hasta entonces, sino que arrojaron a los funcionarios de la autoridad burguesa al río, a fin -se chanceaban- de que comprobaran personalmente hasta dónde subía la marea. La respuesta de Puyane no se hizo esperar.

"El fogoso magistrado -dice Baylac- avisado por una nota escrita en gascón, llega durante la noche ante el castillo de Miots en Villafranca, hace derribar las puestas y mata a todos los que encuentra excepto a cinco gentilhombres, dos Urtubias, dos Saint-Pée y un Lahet, a los que al amanecer conduce hasta el puente de Proudines sobre el Nive. Una vez allí, anuncia con frialdad a sus prisioneros que va a verificar amistosamente con ellos si la marea sube hasta el punto que pretende la villa y la comunidad de Baiona. Acto seguido, se los amarra bajo sus órdenes a los arcos del puente que comenzaba a ser bañado por la pleamar. Los cinco desgraciados gentilhombres desaparecieron gradualmente, sepultados poco a poco bajo las aguas".

La ciudad se venga de la nobleza rural en la persona de los cabeza de linaje más importantes, los señores de Saint-Pée y Urtubie, jefes de parentela. El famoso episodio del puente de Proudines, al que la leyenda ha debido agregar más de un detalle, marcó, por su crueldad, el comienzo de la sublevación que había de extenderse por toda Lapurdi, en la que bayoneses y Lapurdinos se entregaron a violentas luchas, situación empeorada por la peste negra. El año 1355 la solución fue sometida al arbitraje del señor de Albret; los Lapurdinos reconquistaron sus derechos en detrimento de los habitantes de la villa, que fueron además condenados a pagar dos sumas, una como indemnización y la otra para la fundación de prebendas para el descanso de las almas de los asesinados en el puente de Proudines. Los bayoneses reclamaron al Príncipe Negro, gobernador de Aquitania, que redujo un tanto las cifras de las severas penas.

El Adur cambia de curso: 1310-1360. Ya en el siglo XII lo había hecho, pero el golpe fue parado por la burguesía bayonesa mediante la consecución de una carta de monopolio (1255) sobre la navegación de este río, que desembocó en Capbretón. Entre 1310 y 1360 fue peor: esta desembocadura se cerró y el río se abrió otra a alrededor de 40 kms. de la capital de Lapurdi (Vieux-Boucau), de modo que a ésta sólo podían arribar barcos de 25-50 Tm., lo cual fue un rudo golpe para la economía de la ciudad. Muchos bayoneses emigraron a Fuenterrabía y San Sebastián, ciudad esta última que sustituyó a Baiona como puerto de Navarra.

La peste sobre Baiona. Entre 1347 y 1350 sucumbe una tercera parte de la población europea. Baiona fue abandonada por sus habitantes despavoridos. En acción de gracias por el cese de la plaga se creó la cofradía de los Carmelitas de Tarride.

Tratado de amistad entre Baiona y costa guipuzcoano-vizcaína: 1353. Firman la paz y amistad perpetua San Sebastián, Getaria, Mutriku, Laredo, Castro, Biarritz, Bermeo, Placencia, Bilbao, Plentzia, Lekeitio y Ondarroa (Labayru: Historia de Bizcaya, t. II, lib. II, p. 366).

La guerra de los Cien Años vio ampliarse sus escenarios pasando a la península. Carlos el Malo de Navarra, comprometido con el bando de Enrique de Trastamara, se reconcilió, por intermedio del príncipe de Gales, con el rey Pedro de Castilla. Estos tres monarcas parlamentaron en Baiona durante cinco días; en el tratado concluido en Baiona en septiembre de 1366, el soberano navarro se comprometió a dejar pasar las tropas inglesas y aquitanas, engrosadas de temibles "routiers", a cambio de ventajas territoriales -restitución de San Juan de Pie de Puerto-. Pero la suerte favoreció a D. Enrique. Pedro el Cruel huye de España por mar (Sevilla) y desembarca en tierra aliada -Baiona- en 1366; una de sus hijas, Beatriz, se ahogó entre 1366-67 en aguas del Adur. El bando triunfante de los Trastamara quiso recompensar a Du Guesclin con la toma de Baiona, lugar en el que el francés había estado prisionero en septiembre de 1367, tras la derrota de Navarrete. La tentativa, que tiene lugar en junio de 1374, fracasa.

Un fuerte ejército preparado por Enrique II de Trastamara intentó evitar la entrada del duque de Lancaster en Baiona y cerca la ciudad, en la primavera, atendiendo la solicitud del duque de Anjou, pero, desasistido por éste, que se hallaba asediando Montauban, tiene que levantar el sitio. Parte de sus tropas vuelve a Castilla a través de Navarra y aprovechó para saquear Pamplona durante unos días. La flota vizcaína, por órdenes del rey de Castilla, destruye, el 10 de agosto de 1375, a cerca de 37 barcos de la flota de Baiona-Burdeos. Sin embargo, algunos señores de Gascuña habían llamado ya al rey de Francia y los combates entre profranceses y filoingleses llegaron casi hasta nuestra vieja ciudad del Adur. Su comercio comenzó a verse afectado, situación que se vio agravada por las consecuencias de la terrible epidemia de peste negra. El rey de Castilla volvió a intentar la toma de la plaza el año 1377 con un ejército de más de 20.000 hombres. El ejército castellano bloqueó la ciudad durante todo el invierno.

Una flota de doscientos buques al mando de Rodrigo Rui Díaz de Rojas, Ferrant de Sevilla, Ambrosio Bocanegra y Pedro Velasco, entró en el Adur. La ciudad resistió heroicamente hasta finales del invierno y el rey de Castilla tuvo que desistir de su empeño. Ricardo II nombró a su tío, el duque de Lancaster, gobernador de la provincia. En 1378, fue acuñada en el Castillo Viejo, la primera moneda. Ver Monnaie, Hotel de la. En 1399, un golpe de estado derrivaba a Ricardo y colocaba en su lugar a Enrique V, hijo del duque de Lancaster. Esto ocasionó serios tumultos en la villa que sólo pudieron ser apaciguados mediante nuevos privilegios. En 1413, Enrique V ordenó a su lugarteniente y tío, Tomás Dorset, y a diversas autoridades, entre las que podían contarse el baile de Lapurdi, que destruyesen la fortaleza de piedra erigida cerca de Baiona por el señor de Espelette. Vemos, pues, que la vieja enemiga entre la ciudad y los señores rurales subsiste tenaz en el siglo XV, favorecida por el clima de guerra y descomposición de la sociedad organizada bajo administración inglesa. Como un último intento, se crean las armandads o hermandades voluntarias cuya finalidad era poner coto al desorden y a las violentas reivindicaciones del pueblo.

Esta institución fue fundada por el señor de Haitze, Auger de Haitze, y fue aprobada por el duque de Lancaster, gobernador de la Aquitania. El 23 de marzo de 1400 era ratificada por el rey Enrique IV. Auger de Haitze, baile de Lapurdi, sofocó duramente los movimientos de rebeldía en Baiona; ayudado por sus partidarios atrajo a los sediciosos de la ciudad y los hizo prisioneros. Su sucesor, Pierre de Haitze, se levantó sin embargo en contra de la autoridad real y el año 1435 entró en la ciudad destruyendo los molinos, matando a los partidarios del rey e incendiando todo a su paso. Es a comienzos del siglo XV cuando la leyenda relata la historia del caballero de Belzunce, hijo del gobernador de la villa (ver Lissague, leyenda de). En esta época y a pesar de los disturbios sociales y políticos Baiona sigue siendo una de las principales ciudades del litoral atlántico. Su nombre figura no sólo en los acontecimientos de la guerra franco-británica sino también en las costas de Islandia y Terranova, por importantes factorías bacaladeras y balleneras.

Conquista francesa de Baiona: 1451. Pero los ingleses se batían ya en retirada. En 1449, Gaston de Foix se apodera, para Francia, de todo Lapurdi y Zuberoa. Después de Formigny (1450), sólo les quedaba la Gascuña. El año 1451, un ejército francés al mando de los condes Dunois y Foix se apodera de Burdeos y se presenta a las puertas de Baiona, última ciudad inglesa de Gascuña. Los bayoneses, que habían acudido a la defensa del castillo de Guiche contra los franceses, presentan una dura resistencia. La ciudad es rodeada, el 6 de agosto, en los barrios de Tarride y de Saint Léon, por un foso y una empalizada. Sin embargo las tentativas de salida fracasan y los víveres comienzan a escasear.

El 16 de agosto el gobernador, Jean de Beaumont, no queriendo arriesgar la villa por más tiempo, entabla negociaciones con el enemigo. Las duras condiciones de rendición, fueron mejoradas por el rey Carlos VII; en septiembre de 1451 se redujo a la mitad la indemnización de 40.000 escudos que se pedía y la villa continuaría gozando de sus libertades municipales. Firmada la capitulación, los generales de Carlos VII y su ejército hacen la entrada triunfal en Baiona, el 21 de agosto. Frente al Castillo Viejo, símbolo de la comuna independiente, fue erigido el Castillo Nuevo del rey de Francia. Baiona, último bastión inglés en el continente, comienza desde entonces a decaer.

El 21 de agosto de 1451, al día siguiente de la milagrosa aparición de la Cruz Blanca coronada de una flor de lis, -fenómeno místico-patriótico-atmosférico que, según costumbre de la época, y por rara casualidad, precedía únicamente a los vencedores-, los condes de Foix y de Dunois entraron en Baiona. Iban acompañados por el señor de Lautrec, hermano del de Foix, maestresala del rey, el señor de la Bruciére, el señor de Noailles y otros varios gentilhombres. Mil arqueros mandados por l'Espinasse les precedían; después venían dos heraldos del rey francés revestidos de sus cotas, después D. Enrique de España, senescal de Foix, llevando la bandera real y montando un corcel cubierto de terciopelo carmesí. A continuación venía el conde de Foix, montado en un caballo de batalla ricamente enjaezado, y teniendo a su lado al senescal de Béarn. Numerosos oficiales seguían detrás, y por último ochocientos lanceros a pie.

El de Foix entró en Baiona por la puerta de Saint-Léon, mientras que el de Dunois entraba en la ciudad por la puerta de Mousserolles. Delante iban 1.200 arqueros, dos heraldos del rey, y otros sirvientes llevando diversas armas. Seguidamente venía el señor James de Saveux, con la bandera real. Luego seguían Dunois y Lohiac, mariscal de Francia, el señor de Orval y otros varios personajes; cerraban el cortejo seiscientos lanceros. Los dos generales se reunieron delante de la catedral donde fueron atendidos por el obispo, vestido de gala, los canónigos y el clero con los religiosos. En seguida echaron pie a tierra y después de besar las reliquias, entraron en la iglesia, donde hicieron acción de gracias. Al día siguiente, domingo, los generales y los oficiales se congregaron en la iglesia para oír la misa, acompañados por el Sire de Albret, que había entrado en la ciudad la víspera, y allí recibieron el juramento solemne de los habitantes. El lunes siguiente abandonaron Baiona con sus tropas. Acababan de conquistar para Francia la última ciudad de la antigua Aquitania inglesa.

Un breve resumen de las principales leyes dictadas durante la época inglesa nos da la clave de esta edad de oro que acaba de cerrarse.

  • 1174: Ricardo Corazón de León exime a la población de los derechos de justicia que el obispo Fontaner ejercía sobre la mitad de la villa y le otorga fuero;
  • 1189: Se promulga la Carta de los Malhechores;
  • 1213: Se promulga el Acta de la Sociedad de Navegantes;
  • 1215: Los bayoneses obtienen de Juan sin Tierra una Carta de Comuna y la facultad de proponer alcalde;
  • 1273: Se redacta el Fuero de Baiona;
  • 1295: Eduardo I, a petición de los habitantes, exime a la población de todo peaje en Inglaterra y la Gascuña. Concede el derecho de gobernar el castillo. El senescal de Gascuña recibe la orden de no inmiscuirse en los juicios del alcalde y corte de Baiona;
  • 1336: Guilhem Arnaud de Vièle hace recopilar el "Libro de los Establecimientos";
  • 1337: Eduardo III exime a los habitantes del peaje que percibía en el castillo de Belín en las Landas y del impuesto sobre las mercancías extranjeras importadas al reino;
  • 1344: El gobierno municipal adquiere el derecho de discusión sobre la construcción urbana, derecho que residía en los reyes de Inglaterra;
  • 1378: Se acuña la primera moneda en el Castillo Viejo, en la Casa de Moneda (Hôtel de la Monnaie), fundada por el rey Eduardo el 20 de febrero de 1351.

Veamos ahora lo que fue la ciudad durante la Edad Media, época de la soberanía inglesa, según la descripción de M. Ducéré:

En la antigua ciudad "Grand-Bayonne", los documentos hacen mención de tres monumentos en los que se concentra toda la vida municipal: el Castillo, la Catedral con su claustro y el Ayuntamiento. El antiguo castillo romano, recompuesto, era la residencia del gobernador y preboste real. Un torreón (le tor) era la prisión de la ciudad. La catedral de Baiona era un edificio religioso y civil a la vez: es en la catedral, tanto en el altar de Saint-Pierre como sobre las reliquias de Saint-Léon, donde los alcaldes y concejales cuando toman el cargo, los empleados de la ciudad, capitanes de patrulla y otros oficiales, los vecinos, prestan juramento, uso que se perpetúa hasta la Revolución.

Es en el claustro donde el pueblo se reúne, sobre todo en domingo y días de fiesta, para escuchar la publicación oficial debajo del olmo y dar su aprobación. El Ayuntamiento, o como se le llamaba entonces, la "maison de la vesiau", era el lugar de reunión del Alcalde y los Cien Pares; según el Fuero del Municipio, el Alcalde y los Doce debían tratar allí, dos veces a la semana, los negocios de la ciudad. Esta casa del municipio se encontraba probablemente frente al ábside de la catedral, en el lugar en el que la vemos volver a construirse a finales del siglo XV y donde permaneció hasta 1816. La plaza de Notre-Dame fue durante mucho tiempo, a partir de 1451, el centro de la ciudad antigua bayonesa; allí se celebraba el mercado público de granos y comestibles; de allí salían las grandes vías; por un lado la calle des Tendes (hoy Espagne) o de las Boutiques, a lo largo del muro del claustro de Notre-Dame y de la calle Mayou, cuya prolongación lindaba con La puerta de Saint-Léon, y por el otro, la calle Neuve, la calle del Castet, la calle de Pilori. Bajando hacia el puerto de Verger, el puerto Neuf, la calle y el puente Mayou, el puerto de Suzée.

En el puerto de Suzée, en la esquina derecha del Nive, estaba el mercado de los granos llegados por agua. Aguas arriba del puerto de Suseye, estaba el puente Pannecau, y enseguida, el puerto de Bertaco, donde se vendían también, pero a bordo de los navíos, los granos que llegaban por mar; este puerto, por otra parte, estaba destinado sobre todo a la venta de pescado. Algunas calles estaban ocupadas exclusivamente por la corporación del oficio que les daba el nombre. La calle de los Faures o herreros era una de las más antiguas. El establecimiento de 1334 sobre la fianza de la venta de inmuebles por la ciudad, tuvo buen cuidado en estipular que se respetaran las exenciones de los Faures: estas exenciones se remontaban al año 1204 y anuncíaban que los Faures debían ser preferidos para la venta e instalación de sus talleres en las casas de su calle; también es verdad que no podían instalarse en otras partes. El mismo privilegio pero también la misma obligación poseían los Peleteros; se habían establecido primero fuera del recinto, bajo el cerro de Saint-Léon, en la orilla izquierda del Nive, pero no tardaron en entrar en la ciudad; en 1342 una disposición les obligó a volver a las afueras, donde tenían por otra parte todos los privilegios: en caso de venta de casa o de lugar en aquel punto, la preferencia les era reservada y no sufrirían aumento de alquiler. Tenían además el disfrute del puerto de Saint-Lazare.

Las carnicerías estaban instaladas en la calle de la "Carnaceirie" y, en 1315, estaba prohibido a los carniceros el exponer las pieles durante el verano ni allí ni sobre la prolongación, que era el camino de la Pusterle. Las gentes del País llegaban a Baiona por el Nive. En la vecindad del puerto de Bertaco, de las numerosas casas que bordeaban estas calles, no hay una que esté aún en pie. Por medio de Cartas patentes del 14 de abril de 1289, Eduardo I había dado a los alcaldes y jurados, el derecho de conocer sumariamente y sin forma de proceso, todo lo relacionado con la construcción de casas, muros medianeros, alineamientos, etc., según el parecer de tres jurados expertos, dos carpinteros y un albañil. Al año siguiente, se ordenó una disposición como consecuencia de violentos incendios, por la que todos los techos de paja debían ser reemplazados por techos de tejas; toda casa de 4 varas (9 metros de alto), tendría los muros y frontones de piedra, adobe y yeso.

Pero a pesar de las diversas disposiciones que siguieron, estas casas de adobe desaparecieron, ya que las amplias y curiosas cuevas ojivales con nervios y claves de bóveda con florones, donde se reconoce la mano experta de los maestros de grandes obras de la catedral, se encuentran, aún en gran número, en el Gran Baiona, y nos hablan de la prosperidad de estos buenos burgueses que sin duda guardaban allí sus vinos y sus sidras.

Ref. Edouard Duceré: Dictionnaire historique de Bayonne, 2 vols, Bayonne, 1911-1915.

Lapurdi constituyó durante la época inglesa un estado tapón situado entre las apetencias castellanas y francesas. La caída del bastión inglés y la consolidación de estas dos fuertes monarquías, colocó a Baiona en una posición nada envidiable que las continuas guerras y rivalidades fueron agravando. La pérdida de los mercados ingleses y españoles trajo consigo los primeros signos de decadencia económica; las continuas guerras fronterizas, su constitución en ciudad militar; y el centralismo de los reyes franceses, la pérdida de sus libertades municipales fundamento de su prosperidad bajo el periodo inglés.

La incorporación a la corona francesa trajo aparejada la pérdida de los derechos municipales. Carlos VII sustrajo a los bayoneses el derecho a elegir su alcalde, mediante una reducción de los impuestos sobre contribución de guerra. El número de concejales y jurados fue reducido a diez y el de los consejeros a veinticuatro, dando paso así a una oligarquía declarada, partidaria del rey. El alcalde era nombrado por el rey así como el secretario del Ayuntamiento, convertido en teniente de alcalde; estaba asistido de un consejo de seis regidores y de seis concejales anuales. El cuerpo de los Cien Pares fue reemplazado por un colegio de veinticuatro miembros. El año 1462 y con ocasión de una visita a la ciudad, Luis XI concedió a Baiona la mitad de los derechos de los puertos de Baiona, San Juan de Luz y Cap-Bretón. Diez años más tarde, sin embargo, se negó a restituir los privilegios municipales que se le pidieron. Al ser reducido, poco después, el número de consejeros, de veinticuatro a diez -lo cual significaba el paso del poder a una reducida oligarquía- cundió la indignación popular; los cuerpos sindicales se reunieron y encargaron al síndico procurador que transmitiera su protesta al alcalde.

Los sucesos de Baiona de junio del año 1488 tuvieron lugar durante la celebración de la fiesta religiosa del Corpus. El alcalde, Etienne de Malençon, prohibió a los síndicos que los obreros asistieran a la procesión armados, como era la costumbre. La desobediencia trajo consigo el esperado choque con la fuerza pública; el motín se desarrolló en la plaza de la catedral y calles adyacentes y finalizó con la llegada (el 6 de agosto) del mariscal de Gié, enviado de París: el número de electores fue reducido a veinte para los cargos de concejales y jurados, y a diez, para el de consejeros. Véase Gie, Mariscal de.

Carlos VIII autorizó, por cartas patentes de 1490, la reapertura de la Casa de la Moneda de Baiona. Anteriormente se había acuñado moneda en el Castillo Viejo en tiempos del duque de Lancaster, lugarteniente general de la Guyena bajo Ricardo II (1378). El despertar de la época moderna significó, con el comercio de las Américas, el comienzo de una importante actividad para este establecimiento. Baiona siguió acuñando moneda, con diversas alternativas, hasta 1837. Una de sus calles viejas recuerda la función de este Hótel de la Monnaie, que se suprimió en 1840.

El Parlamento de Burdeos, mediante dos de sus magistrados, presidente y consejero, respectivamente, fue el encargado por la monarquía francesa de la carta de comuna otorgada por los ingleses. Estos dos funcionarios reformaron y redactaron en francés el Livre Coustumer, cuya utilización fue promulgada el 9 de junio de 1514.

Rectificación del curso del Adur por Luis de Foix: 1579. Los habitantes de Capbreton quisieron, naturalmente, evitar que las aguas volvieran a su cauce normal y construyeron una serie de diques y terrazas que los bayoneses destruyeron después de haber formado un ejército de 4.000 hombres. El rey, Luis XII, se vio precisado intervenir: los habitantes de Capbreton fueron obligados a pagar los derechos de carga y descarga y los bayoneses a indemnizarlos por los destrozos ocasionados. Durante años Baiona había sufrido la parálisis de su comercio y las inundaciones del río Adur. Los trabajos realizados para la corrección del curso -dique interceptando el curso hacia el Norte- fueron llevados a cabo por el arquitecto Luis de Foix, que fue largamente recompensado por el Ayuntamiento de Baiona y vio culminarlos sus afanes el día 28 de octubre de 1579 con la vuelta a la normalidad. El río desembocó en un lugar cercano Baiona, que tomó el nombre de Boucau-Neuf. Durante todo el siglo XVII se desarrolló una lucha tenaz entre ambas poblaciones -Capbreton y Baiona- por la desembocadura, hasta que en 1716 la primera se rindió.

La guerra de reconquista navarra dirigida por Enrique de Albret contra España, había dejado al descubierto la debilidad de las fortificaciones de la villa. El gobernador Lautrec, consciente del peligro que entrañaban las rivalidades de los dos grandes monarcas del momento, Carlos y Francisco, aprestó la villa mediante nuevas fortificaciones y la demolición de los barrios de Saint-Léon y de Tarride. Los días 17, 18 y 19 de septiembre de 1523 la ciudad fue asaltada con furia, sobre todo por el flanco de Cordeliers. El 20 la flota española se retiraba a Irún. El año 1526 Francisco I hacía noche en Baiona, después de haber recobrado su libertad perdida en la batalla de Pavía.

Tres años más tarde, François de la Tour pasaba por Baiona, rumbo a Madrid, para concertar el matrimonio del rey con Eleonor, hermana de Carlos V. Meses después tenía lugar en el Castillo Viejo de Baiona el pago del rescate de Francisco I por Anne de Montmorency y el 2 de julio de 1530 llegaba el cortejo real acompañando a la princesa Eleonor, prometida del francés. La recepción tuvo lugar ert la puerta de Saint-Léon. Como se ve, a Baiona le cupo representar el papel de intermediaria y lugar de cita en las vicisitudes históricas de ambos países; su situación geográfica la fue transformando, falta de otra cosa, en centro militar y diplomático de importancia.

El señor de Poncher y Jean de Cologne vinieron a inspeccionar minuciosamente las fortificaciones de Baiona. Al mismo tiempo los duques de Longuevitle y Lautrec hicieron trabajar activamente con ocasión del gran proyecto de mejora de la muralla. El lado sur de la plaza, limitado por la muralla romana, no podía ser abatido por la artillería enemiga, pues las murallas romanas no presentaban plataformas para los cañones. No se podía pensar en fortificar este muro adosándole un parapeto de tierra apoyado contra un parapeto exterior, pues estaba guarnecido por casas construidas en la edad Media en la calle de la Muralla, a lo largo de las calles de los Faures, Vieille-Boucherie y Passemillon; las torres romanas cuyos muros tenían un espesor de 1,20 metros, no eran capaces de resistir la carga de tierra que se hubiese necesitado para rellenarlas, no podían servir de plataforma de un cañón tampoco.

Fue, pues, preciso renunciar a utilizar esta parte de la vieja muralla y reemplazarla por una nueva. La amenaza constante del enemigo y la poca prosperidad de la ciudad impidieron pensar en agrandar la muralla por el lado de Saint-Léon. Se limitaron a trazar un nuevo muro, paralelo a la muralla romana y situado a 25 metros de ella, hacia el exterior. Los muros de las cortinas fueron edificados con toda la prisa posible; las piedras calcáreas empleadas en la albañilería eran de forma irregular y de calidad mediocre. El trazado del nuevo muro correspondía al pie de las puertas trazadas por la muralla romana. Los trabajos de construcción debieron comenzarse por la parte situada detrás del obispado, entre el Chateau-Vieux y la puerta Lachepaillet; la muralla, en este punto, tenía un espesor de 3 metros y una altura de 10.

Pero, o bien porque los fundamentos estuviesen mal asentados en un terreno pantanoso próximo al arroyo Lague, bien porque la tierra destinada a construir el terraplén entre las dos torres se hubiese puesto demasiado pronto, la muralla se vino abajo, el 16 de diciembre de 1513, en más de 80 metros de largo. Fue levantada enseguida, siendo doblado el espesor. Puestos sobre aviso con este hecho, los directores de la obra empezaron a calcular sobre el volumen de los muros; fijaron en 9 metros el espesor del muro de la cortina comprendida entre la puerta Lachepaillet y la torre Vieille-Bovcherie, y dieron la misma dimensión a la muralla que sale de la puerta Saint-Léon hacia el Nive. La cortina que bajaba de Vieilles-Boucheries hacia Saint-Léon, que estaba menos cargada de tierra, no tuvo más que 6 metros de espesor.

La parte baja del parapeto exterior del muro de escarpa fue instalado con un frente de 16 sobre una altura de 3 a 6 metros. Mientras se construía la cortina, se levantaban también los puntos que iban a servir de flancos. Sólo citaremos algunos nombres, en el presente; Boulevard Saint-Léon, Boulevard de Sault, Boulevard Notre-Dame, Boulevard del Chateau-Vieux, Boulevard Lachepaillet, Boulevard Mousserolles, Boulevard de Vieilles Boucheries, Boulevard Saint-Jacques, Boulevard del Norte, Boulevard de Saint-Esprit. Bajo Enrique IV se trabajó en la cortina de Menons; después vino el ingeniero Errard, que ofreció a la ciudad un nuevo proyecto, que no fue por así decirlo, llevado a cabo. Ref. Edouard Duceré: Dictionnaire historique de Bayonne, 2 vols, Bayonne, 1911-1915.

Catalina de Médicis, regente de Francia durante la minoría de Carlos IX, concertó una entrevista con Felipe II de España. Con la excusa de ver a su hija, Isabel de Valois, mujer del monarca castellano, Catalina de Médicis busca un aliado para aplastar a los hugonotes y éste se presenta en la persona del duque de Alba. El 22 de mayo, en medio de fastuosos festejos que duraron cerca de un mes se entablaron las negociaciones diplomáticas. La regente propuso el matrimonio de Margarita y Enrique, hijos de Catalina, con el infante español Carlos y la hermana del rey, Juana.

El duque de Alba, atacó la contemporización de Catalina con los calvinistas, siendo apoyado por el duque de Montpensier, Montluc y otros personajes católicos franceses, que quieren ver caer varias cabezas de calvinistas destacados. El duque de Alba, no consiguiendo nada concreto, recibió en Irún la promesa de la Médicis de llevaría cabo una fuerte represión hugonote y proclamar los decretos de Trento. De todas formas un hugonote, Robert de Galart, fue ejecutado en 1570.

La noche del 24 de agosto de 1572 comenzaba en París la tristemente célebre jornada de San Bartolomé, que había de costar a Francia la vida de 60.000 disidentes religiosos. La matanza, organizada por la reina Catalina de Médicis, cundió rápidamente por provincias. La población de Baiona, católica en su mayoría y tolerante por su condición de comerciante habituada al trato con los diferentes credos y costumbres, no acusó recibo de la intimidación real. Según el historiador Agrippa de Aubigné, Adiram de Aspremont, vizconde de Orthe y gobernador de la ciudad, respondió a Catalina con la siguiente nota:

Señora, he comunicado la orden de Su Majestad a sus fieles habitantes y gentes de guerra de la guarnición y he hallado buenos ciudadanos y bravos soldados pero ni un solo verdugo: es por ello por lo que tanto ellos como yo suplicamos muy humildemente a Vuestra Majestad que emplee nuestros brazos y nuestras vidas en cosas posibles, por muy aventuradas que ellas sean; derramaremos en ellas hasta la última gota de nuestra sangre.

La entereza del gobernador y el tino de los habitantes salvó la vida de los hugonotes de la ciudad. Así fue cómo la matanza, proyectada en Baiona con ocasión de la entrevista real del año 1565 entre Catalina y el duque de Alba, fue rechazada en el mismo lugar de origen.

Mientras en Zuberoa y la Baja Navarra ardían las guerras religiosas desde el reinado de Juana de Albret, Baiona gozó de una relativa calma sólo interrumpida por el complot de Cháteau-Martin, urdido a instigación de España. En efecto, Felipe II, aliado a la liga católica, trató de aprovechar las discordias religiosas en los reinos de Enrique IV de Francia y III de Navarra- para arrebatarle Baiona. Las cartas del comerciante Cháteau-Martin, cuyo verdadero nombre era Pierre d'Or, al gobernador de Fuenterrabía establecía la entrega de la ciudad a una flota española. La misiva fue sorprendida por el conde de La Hilliére (1595). Pierre d'Or y sus cómplices fueron descuartizados vivos y sus cabezas expuestas al público en la puerta de España. Véase Or, Pierre d'.

El primer establecimiento fuerte de judíos en Baiona tuvo lugar tras la expulsión de los mismos de España y tras las matanzas de Lisboa. A finales del siglo XV y comienzos del XVI el éxodo masivo alcanzó al País Vasco transpirenaico. Una ordenanza del mes de agosto de 1550 legalizó su afincamiento en las costas de Lapurdi. Dedicados a la venta e intercambio de los más diversos objetos -hasta se ha dicho que fueron los inventores de la letra de cambio- su posición pecuniaria se vio mejorada rápidamente. Esto les concitó la malquerencia de la población de Baiona, cuyos intereses económicos se veían amenazados por la nueva competencia. A pesar de la protección real de que gozaban, su situación se fue haciendo cada vez más insostenible.

El año 1602 los burgueses y comerciantes de Baiona enviaron una requisitoria al rey pidiendo su inmediata expulsión: Enrique IV tuvo que ceder. Los judíos fueron conminados a abandonar la ciudad y a sus habitantes se les prohibió que los recibieran en sus hogares. La orden fue reforzada por persecuciones de hecho, de modo que ningún judío se arriesgó en adelante a pasar la noche en el recinto de la villa. Con la Revolución de 1789, los judíos fueron admitidos en plenitud de derechos en la comunidad (1791); un censo de 1835 arrojó la cifra de 184 ciudadanos de origen semita en Baiona, situados sobre todo en el barrio de Saint-Esprit.

A comienzos del siglo XVII [1621], el número de consejeros municipales fue nuevamente reducido, esta vez de doce a seis miembros. La base democrática de la ciudad se estrechó aún más dando sólo acceso al gobierno a unos pocos mercaderes enriquecidos pertenecientes invariablemente a las mismas familias -Lahet, Dibarsoro, Sorhaindo, de Luc, de Prat, Sossiondo, Lalande, Laduch, etc.- La política de protección al vino local sólo sirvió para enriquecerlos ya que ellos eran los propietarios del mismo y la compraventa del vino pasó a manos de un pequeño monopolio.

Por otra parte, entraron en vigencia las disposiciones generales del reino, en materia de comestibles, pesos, medidas, venta y distribución del trigo de los almacenes de la ciudad. El alcalde ya no era elegido sino que era un noble nombrado por el rey, incluso entre los extranjeros (escoceses, italianos, españoles, etc.). Este ni siquiera residía en la ciudad, nombrando en su lugar a un lugarteniente. Con los Gramont, el cargo se hizo hereditario desde 1495 hasta 1632. En 1633 Baiona compró el cargo de alcalde y el lugarteniente fue suprimido. Sin embargo los Gramont conservaron un cargo tan importante o más que el de alcalde, el de gobernador militar de la región, hasta la época de la Revolución.

La isla de Rhé fue atacada por el duque de Buckingham el año 1627. Andoins y de Valin salieron del puerto de Baiona al mando de una pequeña flota para socorrer a los defensores de la isla cuyos víveres escaseaban. Penetrando en el fuerte de Santa María los marineros bayoneses lograron sus propósitos avituallando a la población y causando graves destrozos mediante la colocación de dos cañones.

Baiona fue constantemente amenazada en el transcurso de las guerras endémicas entre Francia y España. La ciudad estaba siempre alerta: en 1542 San Juan de Luz es invadida y Baiona amenazada. El año 1558 se produce una nueva alerta. El año 1636 Lapurdi es invadido y Fuenterrabía asediada. San Juan de Luz y Sokoa, caen. Los españoles son rechazados dos años más tarde. En 1651 nueva alarma, esta vez parece ser que los españoles contaban con la ayuda de un tal Pedro Muñoz de Mantilla que, sorprendido, fue ejecutado y su cabeza expuesta durante años ante el Castillo Viejo. El conspirador fue sorprendido por la joven María Garay, llamada desde entonces por los bayoneses "Menigne Saube-le-Bile".

Luis XIV renuncia definitivamente a la reivindicación de la Alta Navarra. La guerra hispano-francesa toca a su fin mediante la celebración de 24 conferencias en la Isla de los Faisanes que habían de ser sancionadas con la boda de Luis XIV y la hija de Felipe IV de España, María Teresa. Baiona veía por fin la hora de relajar su esfuerzo militar y reanudar su activo comercio. El esplendor de las fiestas de las bodas deslumbró a los bayoneses, cuyo obispo, Jean de Olce, bendijo la unión de la pareja real. Sin embargo la paz sólo duró quince años.

La alarma de 1674 durante la Guerra de Devolución, llamó la atención de las autoridades sobre la insuficiencia de las defensas de la ciudad. Las fortificaciones habían dejado ya de ser todo lo efectivas que pudiera desearse; el monarca encargó a Vauban la modernización y puesta al día de Baiona como ciudad militar. Para ello se construyeron los cuarteles del Réduit, de Sainte-Claire y del Castillo Nuevo, se amplió el Viejo y se edificó la Ciudadela que domina Baiona, Saint-Esprit y la corriente de ambos ríos. El plan de la nueva Ciudadela fue obra directa de Vauban:

"Hay que trazarla cuadrada, lo más regularmente posible y de 120 toesas de un bastión al otro; el camino cubierto tendrá un parapeto y banquetas revestidas formando dos medias lunas, ambos rodeados de fosos y explanadas. Deberá abrirse una puerta del lado del campo y otra del lado de la ciudad, con puentes levadizos, puentes fijos y barreras. En los muros de los bordes se pondrán bajadas y salidas pequeñas y en el camino cubierto, una batería, del lado de la ciudad, si hay un terreno adecuado para ello. En el interior se precisa una capilla, almacenes de pólvora, un pequeño arsenal para la artillería, alojamientos para el comandante, el mayor, el ayudante mayor y el capellán, y cuarteles para siete u ocho hombres; hay que preparar una placa de armas y calles cómodas cuidadosamente embaldosadas.

La tierra de los fosos se empleará para construir bastiones, que estarán provistos de una sola batería. Después de esto, igualar todos los lugares prominentes que pudieran perjudicar esta plaza, rellenar los barrancos y tirar las construcciones, matorrales y zarzas que se encuentren a distancia de 60 toesas de la empalizada de esta explanada, y hacer lo mismo con todos loe bosques, casas y murallas que estén a parecida distancia del recinto del barrio, excepto los que se encuentren en las avenidas y gran calzada de la entrada, que se podrán dejar hasta que la necesidad obligue a destruirlas".

Desde este momento Baiona pasó a ser un pequeño bastión moderno de guerra; los cuerpos sindicales perdieron el derecho de llevar armas en las procesiones y los cargos municipales se vieron supeditados a una actuación funcional, al servicio de las exigencias de la monarquía moderna. Las casas fueron dotadas de tres pisos, a fin de alojar a los habitantes desalojados por las fortificaciones de Vauban.

Después de sus aventuras por tierras de Capbreton y su costoso encauzamiento de 1579, las aguas del Adur volvieron a excavar un nuevo cauce, esta vez hacia Chambre d'Amour, con todas las penosas consecuencias para la ciudad (1684). Las obras realizadas por Ferry, director de las fortificaciones de La Rochelle, no tuvieron éxito y un ambicioso plan propuesto por el mismo ingeniero fue rechazado por Vauban. A principios del siglo XVIII los comerciantes, resentidos por la parálisis del río, formularon sus quejas a las autoridades y en 1727 comenzaron nuevas obras que se prolongaron durante años.

El espigón de Blanc-Pignon fue construido en 1745 pero poco después las mareas vivas arrastraban los materiales. El año 1758, faltaron fondos y se suspendieron las obras. El ingeniero Pinsun comprendió en 1767 que los trabajos habían sido vanos por haber sido hechos sobre la arena en vez de sobre tierra firme, y emprendió la construcción del espigón sur. Este fue acabado el año 1778. El resto de los trabajos se prosiguió hasta la época napoleónica, con diversas alternativas.

Las "fermes", institución introducida en el país el año 1650 por Luis XIV, había deparado un rudo golpe al comercio de la villa, al serles confiado el impuesto denominado derecho de costumbre ["droit de coutume"]. El año 1665, con ocasión de los disturbios ocasionados por la instalación de los "commis de Fermes" o comisarios estatales encargados de percibirlos, fue colocada en Baiona una guarnición de carácter temporal. El autoritarismo de Luis XIV tuvo ocasión de manifestarse otra vez durante la nueva guerra con España en 1674. Baiona presenció la entrada de una guarnición de carácter permanente y la sustitución de la guardia local por cuatro batallones franceses y suizos.

Se estableció además el alojamiento obligatorio de los soldados en la ciudad. Un sinnúmero de funcionarios intervenía en todas las transacciones y a pesar de no disponer del mismo poder que en otros lugares, lograban, mediante importantes apoyos exteriores, obtener decretos reales para extender sus monopolios. El malestar de los comerciantes, directamente afectados por la rapiña de los funcionarios públicos, se tradujo en agrias recriminacienes al poder real. En 1784 estalló una sublevación en la que predominaban las mujeres como en casi todas las frecuentes algaradas que tuvieron lugar en el siglo XVIII vasco. La Nouvelle Chronique redactada por J. B. Bailac basándose en los registros de la ciudad, nos relata el descenso brutal, a fines del siglo XVIII, de la prosperidad de la antigua ciudad:

Su población quedó reducida a 9.452 habitantes cuya contribución personal se elevaba al término medio de 26 francos. Desde hacía cuatro años, habían emigrado más de 1.000 personas. De 940 casos, 123 estaban en venta y 250 deshabitadas. De 27 millones, la masa del comercio había caído a 9 ó 10. Ya no había cabotaje, ni pedidos del norte; 400 curtidores, peleteros y zapateros de Laburdi, gran cantidad de herreros y ferrones habían emigrado a Navarra, Alava y Guipúzcoa. Cada día grupos de marineros vascos, la élite de la marina, aceptaban trabajar en otras tierras. Bilbao y Santander se enriquecían con los desperdicios de Baiona; incluso San Sebastián se había visto acrecentado con un barrio más.

  • La ciudad

La ciudad, de aproximadamente 16.000 habitantes, no conservaba ya el aspecto medieval de los primeros tiempos. Las nuevas casas y las nuevas fortificaciones desplazaron los edificios antiguos a medida que las necesidades militares y comerciales iban creciendo. La ejecución de los planes de Vauban trajo consigo el sacrificio definitivo de los viejos barrios de Saint-Léon y de Lachepaillet, así como el de una parte del Bourg-Neuf hacia el Arsenal y la Puerta de Mousserolles. Había por aquella época congregaciones de franciscanos, agustinos, carmelitas, capuchinos, clarisas y damas de la Visitación; un cabildo, una encomienda de la orden de Malta y un convento de Ursulinas en Saint-Esprit; un convento de Bernardinas en el camino de Boucau.

  • Autoridades

El municipio estaba constituido por un alcalde, dos jurados, cuatro concejales, cuatro asesores, un escribano y un síndico procurador. Como autoridades militares se pueden citar un gobernador militar, un representante del rey, un comisario provincial, los gobernadores de ambos castillos, tres mayores, ocho oficiales de artillería, un capitán de puertas y seis ingenieros del rey. Alrededor de estas autoridades bullía un enjambre de burócratas que ejercían funciones administrativas o de simple suplencia. De la Justicia del bailío de Laburdi o Baiona dependían, en 1774, siendo señores la villa de Baiona y su comunidad: Urrugne, Saint-Pierre-d'Irube, Hendaia y Mouguerre. Al crearse la institución de los intendentes (siglo XVII), Baiona pasa a ser, junto con Pau, Orthez, Oloron, Sauveterre, Mauléon y Saint-Palais, una subdelegación. Se prefigura así el futuro departamento de los Bajos Pirineos.

  • Visitas ilustres

La paz, menos precaria desde la segunda mitad del siglo XVIII hace que en el siglo XVIII la historia de Baiona ofrezca sólo interés por las recepciones de los príncipes y princesas que cruzan la ciudad. Así es cómo en la vida de la villa las visitas ilustres ocupan la atención antes prestada forzosamente a las alarmas de guerra. El año 1701, el futuro Felipe V de España pasa por la ciudad. Baiona festeja su visita con una corrida de toros. Felipe y sus hermanos juegan a la pelota en el frontón de Maubec, cercano a la iglesia de Saint-André.

El año 1706 Ana de Neoburgo, viuda de Carlos II, exiliada de España, fijaba su residencia en Baiona, junto con una pequeña corte. Esta princesa alemana gozó de gran popularidad en la ciudad, en la que había de residir hasta que en 1738 fue autorizada a volver a España. El año 1739 era María Luisa Isabel de Francia la visitante célebre, siendo agasajada con cuarenta y seis castillos surtidos. María Teresa, infanta de España, recibía la hospitalidad bayonesa seis años más tarde, en medio de grandes festejos. En 1782 Baiona celebra esta vez la llegada del conde de Artois, futuro Carlos X, a su paso hacia España, donde había de tomar parte en el cerco de Gibraltar. Estas visitas fueron las más descollantes entre una ininterrumpida serie de viajeros que hicieron un alto en el viaje para conocer la célebre villa vasca.

La instalación tiene lugar el 20 de febrero de 1726. Durante todo el siglo XVIII se dedicó a estudiar racionalmente los problemas del comercio bayonés, tanto con el Norte como con España. El establecimiento de Baiona como puerto franco en 1784 marcó el periodo de apogeo de la Cámara, y su declive, la Revolución de 1789, que constituyó a la municipalidad en encargada del comercio hasta el restablecimiento de las Cámaras en 1802.

Baiona, debilitada en su actividad mercantil por la intervención fiscal y las desastrosas veleidades del Adur subsistía gracias a su tesón, y por qué no decirlo, gracias a sus corsarios -ellos fueron. un factor decisivo en la defensa de la ciudad el año 1756 en que estalló la guerra contra los ingleses-. El comercio exterior, reducido después del tratado de Utrech al solo tráfico con las Antillas y Santo Domingo y a la trata de hombres de color, era un pálido reflejo de la prosperidad anterior. Ante esta situación, la Cámara de Comercio, creada en 1726, se empeñó durante años en lograr la declaración de franquía.

Sólo en el ultimo tercio del siglo XVIII sus peticiones llegaron a ser acogidas: el 4 de julio de 1784 -aprovechando un tratado entre Francia y las 13 colonias americanas- Baiona era declarada puerto franco. Aunque esta apertura del horizonte económico sólo había de durar seis años, el impacto fue fulminante. Las industrias locales, la construcción de casas en piedra labrada, el aumento de población y de salarios, las especulaciones comerciales de toda clase fueron el estallido vital lógico después de las largas décadas de fiscalización asfixiante. Sirva como prueba de este renacimiento comercial el dato aportado por Bailac: de un millón y medio, el comercio con el extranjero se elevó a más de diez millones sin contar el tránsito. La Revolución cercana había de cortar en seco este florecimiento.

Los Estados Generales de Francia fueron convocados por senescalías; éstas debían reunirse y elegir los diputa dos que habían de representar a la región. Baiona, que era considerada a efectos legales como una senescalía secundaria, fue convocada dentro del conjunto de la senescalía de Dax, formando una circunscripción junto con el resto de Lapurdi. El 2 de marzo se reunieron en Baiona los representantes de los pueblos a fin de redactar los cuadernos de quejas y elegir a los diputados para la Asamblea General, que fueron tres. El día 16 de marzo tuvo lugar la reunión en Dax.

Los dos representantes elegidos por la seriescalía -Basquiat de Mogriet y Lamarque- asistieron a la apertura de los Estados Generales de Versalles el 5 de mayo de 1789. El cuaderno donde Baiona expone sus quejas fue publicado bajo el título de Cahier général de remontrances, plaintes el demandes du Tiers-Etat des trois siéges de Dax, Saint-Sever el Baïonne, arrété le 31 mars 1789 et remis á M. Basquiat de Mogriet... et à M. Lamarque... députés de Tiers (sin 1., 1789). Lapurdi, que había sido excluida en un principio, eligió al marqués de Macaya, al párroco de Ciboure y a los dos célebres hermanos Garat.

El estallido de julio: precedentes y repercusión en Baiona. Los primeros momentos revolucionarios, comparados con los del exterior, fueron más bien tranquilos en Baiona. La franquicia comercial concedida en 1784 había calmado los ánimos y reanimado las esperanzas en una rápida reanudación de la prosperidad tradicional. El malestar estaba mucho más enraizado en el resto de Lapurdi, malestar que se debía principalmente a la política fiscalizadora de las "fermes" de la que Baiona estaba exenta. Sin embargo, en abril de 1789 el ambiente comienza a caldearse conforme las noticias vienen llegando de París. Poco antes de la reunión de los Estados Generales estallan las primeras revueltas desorganizadas; se debieron a la escasez de granos, general en todo el reino, y varios aimaceries son saqueados, principalmente por mujeres (1 de mayo).

La noticia de la toma de la Bastilla llega a Baiona con una semana de retraso; las autoridades, desconcertadas por el sesgo de los acontecimientos, no oponen gran resistencia a las manifestaciones populares. Luego permiten la formación de una "guardia nacional", constituida por burgueses de la villa (octubre), sucedánea de las milicias comunales. Después del pan, también la carne comenzó a faltar, sobre todo en el barrio St.-Esprit. Tanto es así que el 2 de octubre hasta la ciudadana Lefevre, impresionada por el cuadro que presenta la penuria en Burdeos, ofrece a la Sociedad de los Sans-Culottes de Baiona un saco de harina pero pide al mismo tiempo que el saco le sea devuelto. En nuestra ciudad, el pan blanco faltó durante mucho tiempo. Las autoridades ordenaron mezclas de harinas con el objeto de economizar los pobres recursos de los depósitos, y los miembros de la sociedad de los Sans-Culottes debieron vigilar las infracciones. El 30 de septiembre tiene lugar una manifiestación que obliga a los oficiales municipales a bajar el precio del pan, y más tarde, bajo presión popular, a que la rebaja sea anunciada oficialmente por toda la ciudad.

El primer fruto de la Asamblea Constituyente trajo consigo el golpe de muerte para el régimen foral vasco de Lapurdi, Baja Navarra y Zuberoa: el décimo de los diez artículos revolucionarios abolía drásticamente los fueros de las villas y de las provincias. Como compensación, a Baiona se le permitió que recobrara la denominación de sus propios ejecutivos municipales, derecho que había perdido desde 1451. Sin embargo, esto no palió la decepción de los bayoneses que veían que todos sus esfuerzos para obtener un régimen de libertad -principalmente comercial- habían sido vanos. La prosperidad lograda en seis años de régimen franco tocaba a su fin. Los decretos de la noche del 4 de agosto fueron recibidos, pues, con hostilidad. Los manifestantes chocan con los aduaneros a los que hacen huir a pedradas. Los incidentes menudean a pesar de las fiestas republicanas y de la actividad de los famosos clubs.

Todo eso no impide que la batalla, perdida de antemano, toque a su fin con el establecimiento de las aduanas fronterizas a la moderna y la constitución de una administración de aduanas, sucedáneo refinado de la "Ferme générale". Más tarde, la crisis se acrecienta con la emisión de "assignats" o papel moneda; la gente teme un posible fraude fiscal y el dinero desaparece en Baiona a la vez que el comercio con España, lo que repercute penosamente en la economía de la ciudad. Otro problema lo constituirán los acaparadores. El 26 de julio de 1790 el gobierno estableció un decreto de ocho artículos por el que todos los ciudadanos se encontraban bajo la obligación de declarar los objetos que tenían en cantidad. El consejo general de Baiona averiguó la cantidad de grano retenido por los acaparadores. Cada habitante fue obligado a declarar sus mercancías y sus provisiones particulares que fueron inscritas en un registro especial. A la creación del departamento de los Bajos Pirineos (1790), Baiona es nombrada cabeza de cantón, dependiente del distrito de Ustaritz.

Mgr. Etienne-Joseph de Pavée de Villevieile, obispo de Baiona, sustituido por el constitucional Sanadon, se retiró, después de la Constitución civil del clero (12 de julio de 1790) al monasterio de San Salvador de Urdax, desde donde administró clandestinamente su diócesis. Murió en el monasterio de la Oliva, un año más tarde.

Mazade, representante del pueblo en misión en Baiona, escribió el 12 de mayo de 1793 un largo informe sobre el estado de ánimo de la ciudad en el momento de tomar el poder la Convención. Extractamos del mismo lo más interesante:

En resumidas cuentas -dice- en Baiona se destaca un partido numeroso de aristócratas muy peligroso; un partido, poco numeroso, de patriotas efervescentes, casi todos extranjeros; una mayoría bien intencionada, juiciosa pero débil, y cuya particularidad es la obediencia a las leyes, sobre todo de las que no conciernen a la especulación. Estos tres partidos podemos señalarlos igualmente en la Sociedad Popular, y si la mayoría logra alcanzar un carácter, un patriotismo más vigoroso y más pronunciado, si el amor a los metales preciosos aminora en la misma proporción, el sano, el generoso amor del bien público afinará a esta raza tosca y hará de Baiona una ciudad interesante y preciosa para la República. No hay que abandonarla a sus esfuerzos. Hay que enviar misioneros, pero que sean hábiles...

El 21 de septiembre de 1792 fue proclamada la República Francesa. El 21 de enero de 1793 tuvo lugar la ejecución del rey. Se puede decir que desde estas dos fechas cambia el rumbo de la Revolución; la muerte de Luis XVI tiene el efecto mágico de reagrupar a todos los enemigos de la misma, especialmente a Austria, Holanda, Inglaterra y España. El peligro para Baiona viene desde este último país, que ha declarado la guerra a Francia. El I de mayo un cuerpo expedicionario español llega hasta el campo de Sare; otro, al mando del general Servan, ronda en las cercanías de Baiona, cuya única defensa es la guardia nacional, escasa de municiones y víveres.

En 1793, en el momento de la formación de los batallones de voluntarios, Baiona y Saint-Esprit tuvieron cada una un batallón que se pusieron bajo las órdenes de Mauco, hecho más tarde general. Salieron para el ejército de los Pirineos Occidentales el 3 frimario del año II. Martínez de Ballesteros se encargó de reunir y acoger a los desertores del campo enemigo, que totalizaron 200 hombres, concentrados en el Convento de las Damas de la Fe de Baiona. También creó la legión de Hommes de Montagne, que se distinguió por su arrojo. Relata Duceré que la catedral fue convertida en depósito de forraje para el ejército, lo mismo que el convento de Capuchinos, el de los Franciscanos y el de los Agustinos. El convento de los Dominicos fue transformado en hospital militar; el de los Carmelitas en templo decenal; el de las Damas de la Fe, como hemos dicho, fue convertido en cuartel. El convento de Santa Clara sirvió de almacén de ropa y el de la Visitación de prisión.

Baiona y Saint-Esprit se unieron para ofreces al Estado una fragata, que fue construida en los astilleros del puerto. El 14 de noviembre de 1793, los representantes del pueblo -seguimos con Duceré- pusieron en ejecución en Baiona y en Saint-Esprit, la nueva leva en masa ordenada por la Convención. Los hombres se presentaron pero se carecía de lo necesario para equiparlos convenientemente y Monroux, su jefe y compatriota, se lamentó vivamente. Estas quejas se repitieron en las tribunas y se pidieron donaciones patrióticas. Este llamamiento no fue desoído y los donativos afluyeron de todas partes. El mismo día las actrices del teatro de Baiona entraron en la sala. Una de ellas pidió la palabra y ofreció en nombre de todas sus compañeras una donación "para la defensa de la Patria".

El presidente Coutanceau les invitó a emplear todos los medios del teatro para propagar los principios sagrados del más puro patriotismo, y les dio el beso fraternal en nombre de la Sociedad. La importancia de los donativos era cada vez más grande. Durante largos meses afluyeron a la sede de la Sociedad. Cada uno daba, de acuerdo con sus recursos, manteles, servilletas, cacerolas, hilas, calzados, sábanas, calderos, chocolate, hebillas de zapato, joyas, sumas de oro y de plata. En una colecta efectuada en 1794 en favor de los soldados heridos y sus familias, se recaudó la suma de 20.000 libras. Hacia el mes de abril, los miembros de la Sociedad, tuvieron la idea de ofrecer a la República un dragón. La elección del caballero, que se llamaba Darricau, la adquisición del caballo, el equipo y el armamento, dieron lugar a largas discusiones. Un guarnicionero ofreció la brida. El caballo tuvo que ser comprado en el depósito de remonta del Estado. Halsouet y Durury, comerciantes en paños, ofrecieron la tela necesaria para el traje. El paño escarlata para las vueltas vino de Toulouse. Un sastre ofreció su trabajo gratuitamente. Cuando el dragón estuvo listo, se le retuvo aún algunos días para que hiciese acto de presencia en una fiesta patriótica.

Por fin se encaminó hacia la frontera, y la Sociedad de los Sans-Culottes tuvo la satisfacción de saber que, colocado en los puestos avanzados con su regimiento, "había hecho comer a su caballo pasto español". Durante este tiempo, los donativos en metálico para la construcción de la fragata llegaban sin cesar. La sociedad de Nive Franche (San Juan de Pie de Puerto) envió 13.000 libras, los cazadores de Tarbes 1.200 libras, M. Dangui, 1.200 libras. El 13 de junio se había recogido ya 283.000 libras. Pero el 12 de agosto de 1794, un ciudadano propuso mandar a la convención nacional los fondos recogidos:

"visto que son insuficientes para alcanzar el fin primitivo, y que por otra parte, los medios de construcción son escasos y difíciles".

La Sociedad, tocada en lo vivo, no consintió en aceptar este proyecto más que después de una resistencia que duró varias sesiones. Esto le resultaba tanto más penoso, cuanto que la Société Montagnarde des Amis de la Constitution de 1793 con sede en Saint-Esprit, animada con los mismos sentimientos que sus vecinos, había tenido la ambición de ofrecer también una fragata. Más afortunada, había podido reunir la suma de 724.000 libras. Todo el mundo hacía donativos y por toda clase de razones. Un donativo es entregado en favor del soldado que entrase el primero en Toulon... Tras la toma del campo de Sara por los españoles, el 30 de abril de 1793, los habitantes de Baiona comienzan a sentir temor ante las posibilidades de un asedio por parte de las tropas españolas y se aprestan a preparar la defensa.

Las familias más ricas de Baiona se retiran a sus dominios en los departamentos de las Landas, de los Bajos Pirineos, del Gers y de la Gironde. Podemos citar, por ejemplo, las familias del marqués de Amou, del conde de Caupenne, vizconde de Caupenne, caballero de Caupenne, caballero de Rol-Montpellier, conde de Salha, caballero de Ravignan, caballexo de Barrau, caballero de Souhy el mayor, caballero de Souhy el pequeño, barón de Olce, caballero de Vanduffel, caballero Dubosc, caballero Dupreuil, barón de Vallier, Bellen, rentista, de Picot, de Gaillardie, Pucheu, rentista; Meillan, rentista; Clérisse, rentista y ex-diputado, Ibagnès, rentista; caballero de Bretous, Castelnau, viuda Cazenave, rentista. La emigración de estas 30 familias, que no han sido las únicas en marcharse -dice Rynon- ha hecho desaparecer de Baiona "parte de la urbanidad y buenos modales de sus habitantes". Pero no se marcharon al extranjero y por eso no se vieron sujetos a las penas decretadas por el directorio del departamento, que decía en un decreto relativo a la emigración: "Que todo individuo sospechoso de emigración sea llevado a los tribunales". Estos son los que recogerán, el 9 de Thermidor, los frutos provechosos de la Revolución.

Sin embargo, el peligro mayor para la Convención no se hallaba en las inmediaciones de Baiona, sino en su interior: la villa había acogido a gran parte de los eclesiásticos y nobles huidos en el comienzo de la revolución. Estos elementos no se resignaban a verse desposeídos y conspiraban. El 10 de julio de 1793, hacia las 11 de la mañana, estalla el polvorín del Castillo Nuevo y arden los depósitos de aguardiente del ejército de los Pirineos Occidentales. La represión no se hace esperar y la ciudad es declarada en estado de sitio, comenzando con ello la etapa del Terror. Los representantes del pueblo, Neveu y Monestier, tomaron fuertes medidas para sofocar la contrarrevolución; las cárceles se llenan y la guillotina causa en Baiona la muerte de unas sesenta personas, la mayoría de ellas militares, emigrados, cómplices de desertores y de sacerdotes refractarios. Una multitud enfurecida destruye a golpes de pico casi todas las estatuas de la Catedral.

Pero en lo tocante a la destrucción de las imágenes religiosas podemos utilizar los recuerdos de un testigo ocular que ha dejado unas memorias manuscritas, aunque algunas veces hay que poner en tela de juicio lo que dice. Este testigo presenta a Monestier como un hombre entregado a los placeres de la mesa y sobre todo del vino, que cuando estaba ya harto iba al club en bata de casa; subía a la tribuna y vociferaba según la costumbre de la época. Los judíos habían sido confinados en Saint-Esprit hasta la Revolución; emancipados por el nuevo régimen se convierten en sus más fervientes partidarios y en los mejores espías de los representantes del pueblo.

Un día Monestier fue a la sinagoga de los judíos, y allí despotricó en los términos más violentos contra el catolicismo, sus ministros y sus altares. Después de preparar a su auditorio para la acción, lo lanzó contra las iglesias ordenando destrozar todo en Saint-Etienne y en la catedral. La devastación fue completa. Los doce apóstoles de piedra que adornaban el pórtico de la catedral, de un tamaño superior al natural, fueron destruidos, así como los santos de los claustros, los ángeles, querubines y serafines de ambos sitios que eran también de piedra y de una talla mediocre. El pueblo, lejos de participar en este vandalismo, se irritó ante el espectáculo de estos furores, sacudió por un instante el terror que le hacía doblegarse, y queriendo vengar su fe de los ultrajes de los judíos, corrió a la sinagoga a destruir todos los objetos del culto de Israel. Esta determinación impresionó tanto a MANLN, sindico de los israelitas, que recorrió las calles clamando como un desesperado: "Dios de Israel, habéis podido permitir la profanación de vuestros templos".

El sumario de la sesión del 20 de abril de 1794, inserto en el registro de los Sans-Culottes de Baiona redujo todos estos hechos que acabamos de contar a sus justas proporciones. Algunos Sans-Culottes de Jean-Jacques Rousseau, que escriben a la sociedad de Baiona, se quejan de que existen aún en la catedral señales exteriores de religión. Un Sans-Culotte bayonés dice:

"que los habitantes de Jean-Jacques Rousseau extienden su vigilancia por todas partes y que alaba su celo y su actividad, pero que él les reprocha que mientras tratan de abatir el fanatismo fuera de su comuna, soportan que en la suya exista una sinagoga y que los judíos celebren el sábado".

La sociedad delibera y les exhorta a vigilar este culto aún observado por los judíos. Sea como fuere, católicos o judíos, no se sabe quién arrancó los santos del pórtico de la catedral, destrozando de una manera tan deplorable un edificio tan noble. Ref. Edouard Duceré: Dictionnaire historique de Bayonne, 2 vols, Bayonne, 1911-1915.

La oleada del Terror alcanza su punto culminante con la declaración de "infamia" para las comunas de Sare, Ascain, Espelette, Itxassou, Souraire y Ainhoa (1794). Este mismo año la guerra exterior en la frontera sur se reaviva; el ejército republicano toma la ofensiva y obliga a replegarse al español. Los batallones de Baiona y de Saint-Esprit toman la iniciativa y se apoderan de Lanz y de Navaz, prosiguiendo a la cabeza hasta la paz de Basilea del 22 de julio de 1795.

Precedida la celebración por una fiesta pública, los bustos de los dos revolucionarios, Marat y Lepelletier Saint Fargéau, habían sido colocados en la sala de las sesiones de la Sociedad montañesa de Baiona el 10 de marzo de 1794, o ventoso año II de la República, una e indivisible. Un discurso precedió a la fiesta conmemorativa, discurso que reproducimos íntegramente, ya que es de un sabor demasiado alto para privar de él a los lectores:

Sombras queridas de Marat, Lapellenir, mártires generosos de la Libertad querida y amada por todos los corazones, llorados por todos los franceses, dignaos desde lo alto de la bóveda celeste escuchar a nuestros corazones y lanzar sobre vuestros queridos hijos una dulce mirada. Vuestros bustos han sido depositados en el seno de una Sociedad republicana y vuestras alabanzas cantadas por sus miembros "sans-culottes"¡ sed testigos de la fiesta que va a ser celebrada en vuestra augusta memoria. Unidos por los lazos de la fraternidad, por el amor a la Patria y a la Libertad, vamos a trasladar vuestros bustos al seno del Templo de la Razón, lugar de nuestras sesiones, persuadidos de que intimidarán y harán temblar a los intrigantes y malvados que suisieran levantar allí un frente audaz. Amigos del pueblo, celosos partidarias de la Revolución, vosotros fuisteis como los Romanos, los primeros fundadores de la Libertad.

Si Roma contaba entre sus queridos hijos a un Decio y a Brutus y a Mucius Scoevola y tantos otros que se entregaron por su patria, Francia los ha hecho renacer a todos en vosotros y en todos los franceses muertos por la Libertad que defendían. Llevaron como vosotros los lamentos de los buenos ciudadanos y no dejaron más que sus virtudes para ser imitadas. Si los Romanos, agradecidos, depositaban en el Capitolio las cenizas sagradas de sus hombres ilustres, los franceses también generosos, os han otorgado los honores del Panteón. Cada ciudadano se ocupa en el gusto de hacer que vuestras queridas imágenes sean el más preciado adorno de sus casas. -Oh Marat-, -Oh, Lepelletier- vuestra muerte sin duda ha podido regocijar a nuestros enemigos pero que tiemblen los bórbaros: es la señal de su próxima destrucción, todos los franceses lo han jurado sobre vuestra tumba sagrada, sabrán guardar su palabra.

El 20 ventoso, día de la fiesta de la inauguración de los bustos, a las dos de la tarde, un cañonazo anunció el comienzo de la ceremonia y una inmensa muchedumbre se reunió en el lugar ordinario de las sesiones de la Sociedad de sans-culottes de donde debía partir el cortejo. La población de Sr. Esprit, rebautizadas Jean Jacques Rousseau, se apresuró a acudir. Pronto se formó el cortejo, abierto por tropas en armas. Un primer grupo estaba compuesto por vestales adornadas con una corona de laurel y guirnaldas tricolores,llevando la bandera de la inocencia y de la virtud. Un segundo grupo estaba formado por jóvenes y niños, "la esperanza de la patria". Venía después un coro de ciudadanos cantando himnos a la patria. Después los Representantes del pueblo junto al ejército de los Pirineos Occidentales, Pinet el mayor y Cavaignac, rodeados de las autoridades y llevando la divisa: Obediencia a las leyes, Paz en las chozas, guerra a los tiranos.

Venían después los jóvenes, que unidos los unos a los otros por lazos tricolores, precedidos de una bandera con estas palabras: Han muerto por la Patria, escoltaban los bustos sagrados de Marat y de Lepelletier, llevados por seis valientes atletas. Finalmente el cortejo estaba formado por los miembros de la Sociedad, confundidos con los de Jean Jacques Rousseau, precedidos de un manojo de armas y de una oriflama con estas palabras: Libertad a o muerte, vigilancia, unidad e indivisibilidad de la República. Después el pueblo en masa, llevando esta inscripción: Hemos reconquistado nuestros derechos, sabremos morir para defenderlos. Destacamentos de varios cuerpos de caballería mantenían el orden y cerraba la marcha. El cortejo marchaba solemnemente, recorriendo lentamente todas las calles de la ciudad y se paraba varias veces para plantar los árboles de la Libertad y de la Fraternidad. Cuando se regresó al lugar de las sesiones de la Sociedad, entre gritos repetidos de ¡Viva la República para siempre! ¡Viva la Montagne!, se depositó en medio de los más vivos aplausos, los bustos de los héroes, cuya apoteosis se celebraba. Mil oradores se levantaron para hacer la apología de estos grandes hombres.

Entre estos valientes republicanos se cita al ciudadano Mesplis, presidente, los representantes del pueblo Pinet y Cavaignac, el ciudadanos Orreilli y muchos otros revolucionarios que después de haber enumerado las virtudes de estos dignos mártires de la Libertad, terminaron todos, junto con los buenos ciudadanos por jurar solemnemente de seguir sus gloriosas sendas, destruir, como ellos, a todos los intrigantes, subvenir a todas las necesidades de los defensores de la Patria, y derramar hasta la última gota de sangre por la salvación de la Libertad de la República, una e indivisible. El más grande entusiasmo reinaba en todas las partes de la sala, donde los corazones estaban llenos de delirio y de satisfacción. Finalmente se levantó la sesión con fraternales abrazos y los cantos de himnos jamás han sido tan queridos por los hijos d la Patria. Ref. Edouard Duceré: Dictionnaire historique de Bayonne, 2 vols, Bayonne, 1911-1915.

Después de la caída de Robespierre, Baiona comienza a recuperar la calma tras la época anárquica del Terror. Los representantes del pueblo desaparecieron, a pesar de la resistencia que ofrecieron a desprenderse de los cargos que habían monopolizado, pero el cambio sobrevino sin violencias. Poco a poco los emigrados vuelven y las iglesias se abren al culto. Se establece en Baiona un tribunal correccional y un estado mayor de la plaza compuesto de un comendante, un capitán y un lugarteniente. La opresión fiscal se alivia un tanto al autorizarse a la villa la percepción, desde 1799, de un derecho de consumo o fielato.

Subprefactura de los Bajos Pirineos. El golpe de estado del 18 de Brumario, acabó con el Directorio, dando paso a la era napoleónica. Baiona no dio muestras de demasiado entusiasmo por el cambio; esta conducta un tanto indiferente, fue la tónica general del siglo XIX bayonés. Baiona fue nombrada cabeza (chef-líeu) de una subprefectura y la sede de un tribunal de primera instancia. La administración directorial fue sustituida así por los prefectos, subprefectos y alcaldes. El alcalde, Lacroix de Ravignan, fue nombrado en el año 1800. Se asignaron también dos adjuntos y un comisario de policía. La tranquilidad relativa sólo duró quince años; los diversos acontecimientos de la ciudad se limitaron durante ellos al paso de tropas hacia España. El Concordato de 1802 restableció el obispado de Baiona que comprendió, hasta la Restauración, los departamentos de los Bajos Pirineos, Las Landas y los Altos Pirineos. En 1804 las autoridades de Baiona, solidarizándose con las de toda Francia, rogaban a Napoleón que ocupara el trono de modo hereditario: el 4 de mayo se establecía el Imperio.

Se refugia en Baiona la familia de Toussaint-Louverture: 1803. En 1802, la esposa del jefe de los negros y sus dos hijos, Isaac y Saint-Jean, llegaron a Baiona, el 1 de septiembre. La población bayonesa mostró muchas atenciones hacia esta desgraciada familia. Las damas se preocuparon de atender las necesidades más perentorias de Mme. Louverture. Hay que tener en cuenta que el ayuda de cámara del líder haitiano era un tal Duboisson nacido en Baiona.

En el año 1808 la atención de Napoleón se vuelca sobre España donde Carlos IV había sido obligado a abdicar a favor de Fernando VII. El prólogo de la intervención armada se desarrolló en Baiona con la reunión del "deuxieme corps d'observation" a las órdenes del general Dupónt. Los hombres del segundo cuerpo comenzaron a entrar en Gipuzkoa el 22 de noviembre de 1807. Conforme iban llegando más tropas con destino a la península, Baiona cobraba un aspecto cada vez más bélico por la actividad de sus arsenales y puerto. Una multitud de curiosos llegaban también a sus calles al propalarse la noticia de la inminente llegada de Napoleón. Para esta ocasión la villa se engalanó como si se tratase de un suceso festivo. El día 14 de abril de 1808 llegó Napoleón a la ciudad de Baiona comenzando una estadía que había de durar más de tres meses. Las autoridades le habían preparado para alojamiento el Hotel de la División; el Emperador no pareció aprobar demasiado la idea y días más tarde elegía como residencia el castillo de Marracq construido un siglo antes por María Ana de Neoburgo.

Allí había de tener lugar el despojo de los Borbones españoles. El 20 de abril llegaba Fernando VII a la ciudad y renunciaba a la corona de España. Seis días después hacían lo mismo Carlos IV, María Luisa y Godoy. El 7 de junio llegaba José Bonaparte y en la Junta extraordinaria de dignatarios españoles convocada por Napoleón el día 15 de junio recibía la corona española partiendo al mes siguiente a la península. Napoleón abandonó Baiona el 21 de Julio. Durante su estancia había visitado gran parte del país, interesándose especialmente por el puerto, la barra y los arsenales marítimos de antigua tradición marinera.

Donó a la ciudad una buena cantidad de terrenos y edificios públicos para la construcción de un hospital civil y otro militar además de un cuartel, un hotel de aduanas, una sala de espectáculos y la casa consistorial en la plaza de Gramont. Mientras tanto la sublevación del 2 de mayo se había extendido por toda España; José Bonaparte comenzó a replegarse sobre el Ebro. El 3 de noviembre Napoleón pasaba por Baiona rumbo a Madrid que ocupó el 4 de diciembre y volvía a Baiona el 8 de enero de 1809 para sofocar la sublevación austríaca. Aunque la verdadera sede de la 11ª división militar fue la ciudad de Burdeos, que comprendía los departamentos de la Gironda, de las Landas y de los Bajos Pirineos, las necesidades de la guerra de España prestaban una importancia tal a Baiona, que durante el periodo emperial el cuartel general fue trasladado a esta ciudad. Los generales que mandaban la división cambiaron frecuentemente, y de 1807 a 1814 encontramos sucesivamente los generales, Drouet, Hédouville, Quesnel, de Monthion, Lhuilier y Thouvenot.

El año 1813 se desencadena la ofensiva final anglo-española; sólo en Vitoria, San Sebastián y San Marcial hacen frente los franceses, abrumados por los acontecimientos. La batalla de Vitoria tiene lugar el 21 de junio y los primeros fugitivos franceses llegan a Baiona el día 24. A medida que las tropas de Wellington van avanzando, Baiona registra una actividad febril cuyo punto de arranque se halle tal vez en la alarma de 1811 al correrse el rumor de un posible golpe de mano del guerrillero navarro Mina. Una formidable triple barrera fue alzada a la vez que otros muchos dispositivos defensivos. El 7 de abril Hendaya es atacado y los anglo-españoles pasan el Bidasoa sin que encuentren seria resistencia entre los vascos del otro lado del río. Sin embargo la ciudad de Baiona se apresta a defenderse con la llegada del general Harispe el 25 de diciembre. En vísperas del asedio, multitud de familias abandonan el lugar.

El 17 de febrero de 1814 la villa cuenta en su interior con una guarnición de 15.000 h. La Guardia Nacional aportaba a su vez 300 h. seleccionados. Los ingleses y españoles desembarcan y rodean la ciudadela que se resiste con ímpetu. La costosa salida de los bayoneses acaecida el 14 de abril marcó la última etapa del asedio. El 6 de abril Napoleón había firmado su abdicación. Una comisión para levantar el bloqueo de Baiona fue aprobada el 6 de mayo por el general Thouvenot y el general Colville, comandante en jefe del ejército aliado. El 30 de mayo finalizaba el estado de guerra entre Francia y las demás naciones.

La última aparición de Napoleón antes de su declive definitivo en Waterloo también repercutido en Baiona. 60 voluntarios realistas salieron de Baiona y fueron desbaratados en Bazas. Un ejército español de 14.000 hombres apareció en las cercanías de Baiona el 27 de agosto de 1815. Lo mandaba el conde de Abascal el cual proclamó que su única misión era la de garantizar la permanencia de los Borbones. El conde de Chauvigny de Blot que se hallaba al mando de la plaza de Baiona proclamó su fidelidad a Luis XVIII pero tomó las precauciones necesarias ante la presencia de los españoles que pedían se les admitiera en el interior de la ciudad para sustituir a la guardia nacional. El primero de septiembre las tropas españolas desfilan hacia Ustaritz. Poco después llega la guardia nacional de Pau en ayuda de los bayoneses; el ejército español se quedó en los límites durante algún tiempo y el 7 de septiembre desapareció.

Finalizados los 100 Días (22 de julio), los cuatrocientos soldados acantonados en la Ciudadela quisieron disolverse pero la llegada del noble emigrado, Conde Damas-Cruz, con la legión Marie-Thérèse procedente de España, les obligó a prolongar, involuntariamente, los Cien Días, ya que el conde les conminó a rendirse. La ciudadela cerró sus puertas y amenazó con cañonear a los emigrados que desistieron inmediatamente de su arrebatado propósito inicial. La salida y disolución pacífica de los cuatrocientos soldados de Napoleón marcó el final del episodio en Baiona. Los nombres de los bayoneses, muertos casi todos durante las últimas acciones de guerra que precedieron la caída del Imperio, son recogidos por Ducesé en su Diccionario: Adrien Barrere, Jean Edouard Batbedat, Arnaud Bonie, Gabriel Cousijeau, Dominique-François Claverie, Pierre-Félix Daguerre-Mougabure, Bertrand Destibaux, Jean Baptiste Detcheverry, Alexandre Dubroca, Jean-Sylvain Hobman, Jean-Baptiste Lages, Pierre-Clément Lousteau, César Méndez, Félix Potis y Salvador Salenave.

La acción contrarrevolucionaria de la restauración se limitó en Baiona a muestras puramente externas. Los antiguos privilegios de la villa se perdieron con la Revolución y una estricta política centralizadora la limitó a ser una ciudad más, enmarcada en la férrea administración francesa. El 31 de marzo de 1816 era quemada la bandera tricolor, símbolo de la época revolucionaria, así como los bustos de Napoleón y de su familia. La ceremonia estuvo a cargo del prefecto de los Bajos Pirineos, d'Argout, y del subprefecto de Baiona, Poublan-Serres y se llevó a cabo ante la guardia nacional, la compañía de veteranos y el alcalde de Baiona. El 15 de abril comenzaba la purga de antiguos revolucionarios y simpatizantes de la República en el seno de la Guardia Nacional. Meses más tarde la Guardia Nacional era reorganizada siguiendo un criterio uniformado.

Mr. Ducéré reproduce en la obra Dictionnaire Historique de Bayonne una descripcción de la ciudad tomada del "Journal de Toulouse". Se debe a un escritor anónimo que la visitó hacia 1838. He aquí unos extractos interesantes:

De repente descendéis rápidamente como a un abismo; atravesáis una calle bastante larga y mal construida: es el barrio o incluso la pequeña ciudad de Saint-Esprit, que pertenece al distrito de las Landas; llegáis ante una gran plaza, al borde del Adur, con una fuente en el centro, a donde vienen a buscar agua de todas partes; atravesáis el río sobre un puente de madera, en medio de buques de todos los tamaños; ante vosotros están las murallas, los astilleros, las alamedas de árboles, un puente monumental flanqueado con fortificaciones; el puente levadizo se queja bajo las pesadas ruedas; soldados sentados por todas partes, centinelas que os miran, oficiales que pasan, fosos, bastiones, todo un aparato guerrero; enseguida encontráis un segundo puente, el del Nive, más elegante y más gracioso que el primero; estáis en el centro de Baiona. Entonces, por todas partes, veis abrirse calles, plazas, paseos; llegáis a una especie de patios plantados de árboles, enfrente de las torres góticas del Château-Vieux, y por último se os permite poner pie en tierra en este país hospitalario. Todo se despierta a la vez en derredor vuestro; sentís el alquitrán que humea en el puerto, oís el tambor que tocan en Los cuarteles, veis pasar a las tropas que van de ejercicios y a las mujeres de los pescadores que van al mercado a llevar el pescado del día.

Subamos primero a la ciudadela. La ciudadela, obra de Vauban, como todas las fortificaciones de Baiona, corona el barrio del Saint-Esprit. Hay que pasar de nuevo por los dos puentes y entrar en este gran barrio que forma él solo una ciudad y que esta casi todo poblado por judíos. En otro tiempo los judíos no podían residir en Baiona; iban allí a realizar sus negocios durante el día, y por la noche volvían a Saint-Esprit. Ahora ha desaparecido la proscripción pero ha quedado la costumbre. Pero henos aquí llegados a la ciudadela. Ved esas casamatas construidas tan sólidamente, esos bastiones combinados tan ingeniosamente, esas pilas de balas y bombas, esos cañones que tienen sus bocas abiertas a través de Las troneras y retroceden haciendo rodar sus ajustes móviles; ved esas fortificaciones, esos almacenes de pólvora, esa fuente, esas plazas, esas calles, esos paseos, esa guarnición, esa ciudad.

Pero sobre todo subid sobre el parapeto y mirad alrededor vuestro: He ahí los Pirineos, he ahí el océano, he ahí la ciudad y las llanuras de cultivos, he ahí las arenas y el desierto de las Landas. Es de ahí desde donde se divisa bien la forma de Baiona y sus ríos y sus murallas, y sus tres barrios bien distintos. Cuatro puertas y dos poternas dan acceso al recinto fortificado; la puerta de Francia, al Norte, que ocupa la esquina del Petit-Bayonne en el punto de unión de los dos ríos: la puerta de España, al Sur, que mira hacia la frontera; la puerta del mar al Oeste, que da sobre la famosa alameda "Allées-Marines"; la puerta Mousserolles o de los Pyrénées, a donde viene a dar la carretera de San-Juan-de-Pie-de Puerto; de las dos poternas, una se abre sobre el Nive, la otra sobre el Adur. Además del gran puente sobre el Adur, entre la ciudad y Saint-Esprit, dos puentes sobre el Nive, siempre cargados con viandantes, comunican la Gran y Pequeña-Baiona. Todo este conjunto está rodeado de fosos profundos, atravesados con hermosas matas y bellas líneas de árboles, de pequeñas calles que se cruzan en todos los sentidos y dominado por la masa casi informe de la catedral. Después de vuestra visita a la ciudadela, recorred la ciudad al azar; encontraréis movimiento e interés por todas partes. Como en todas las ciudades cerradas, los lugares se hallan apretados, y en un recinto poco extendido se agita una población flotante de quince a veinte mil habitantes. Toda esta muchedumbre se halla viva, alerta, ruidosa y variadamente compuesta.

En Saint-Esprit encontraréis muchos judíos, campesinos de las Landas, soldados y marinos. Bajo los arcos que bordean los muelles del Nive, veréis montañeses vascos que pasan corriendo, que van a comprar, con el producto del contrabando, la boina nacional azul y el cinturón de lana o de seda roja. En la plaza de Gramont, encontraréis a españoles que fuman, oficiales que leen los periódicos ante un café, ociosos que se pasean en otra plaza pequeña, cuyo nombre he olvidado; todo el día encontraréis grupos de personas atareadas que se hablan, que conversan en voz baja, es ahí donde se encuentra la Bolsa de Baiona, y por todas partes, en los muelles, en las plazas, en los puentes, veréis una multitud de muchachas que van y vienen, unas veces con un cántaro de agua sobre la cabeza, otras veces con una cesta al brazo, y que os miran con un aire alegre. Fuera de los muros del Cháteau-Vieux y sobre todo de los claustros de la catedral, una de las obras más bellas de este género que existen en Francia, ningún monumento llama la atención.

Nada allí habla más que del presente, y este presente es tan suave y seductor que se deja uno allí arrastrar con gusto. Apenas tiene uno tiempo de echar una hojeada sobre los inmensos trabajos ejecutados para hacer de Baiona una plaza fuerte de primera clase. ¿Queréis ir en barco a la desembocadura del Adur?, he ahí elegantes barquillas cubiertas con un pequeño toldo; ¿queréis pasar unas horas en Biarritz, lugar querido de toda la región?, he ahí autobuses que salen cada hora; ¿queréis quedaros en la ciudad?, he ahí chocolates de España, vino de España, puros de España; he ahí las Allées-Marines que nos llaman bajo sus sombras solitarias, o el bello paseo de Glacis, lleno de hermosas mujeres. El placer se halla organizado en esta ciudad como los negocios en todas las demás. Está rodeada de casas de recreo encantadoras, y es, en ella misma, un lugar de recreo donde la vida es más fácil que en otras partes".

Derrocó a los Borbones definitivamente. El 4 de agosto de 1830, Frédéric Bastiat, apasionado liberal, escribe a un amigo una carta que nos permite reconstruir, en parte, esta jornada en Baiona.

"Quisiera que vieses Baiona -dice-. Los jóvenes desempeñan todos los servicios en el orden más perfecto, reciben y envían el correo, montan guardia, hacen a la vez de autoridad comunal, administrativa y militar. Todos se mezclan: burgueses, magistrados, abogados, militares... La ciudadela tiene que caer necesariamente esta noche... Estoy dispuesto, si fracasa la acción, a salir inmediatamente a agitar la Chalosse; propondré a otros el que hagan lo mismo en las Landas, el Béarn, en el País Vasco...".

Al día siguiente caía la Ciudadela de Baiona. En París, dos bayoneses, C. P. Ader, estudiante de medicina, y un sastre, A. M. Labarthe, habían muerto en las barricadas. Los revolucionarios bayoneses les alzaron un monumento que aún puede verse en una plazoleta situada detrás de la catedral. Lleva las inscripciones siguientes en placas de mármol negro:

LES REVOLUTIONS JUSTES SONT LE CHATIMENT DES MAUVAIS ROIS; TEMOIGNAGE DE REGRET ET DE RECONNAISSANCE ELEVÉ PAR LES PATRIOTES BAYONNAIS LE 27 JUILLET 1831; ILS SUCCOMBERENT GLORIEUSEMENT A PARIS LE 29 JUILLET 1830 POUR LA DEFENSE DE NOS DROITS ET LE TRIOMPHE DE LA LIBERTE 27-28-29 JUILLET 1830; A LA MEMOIRE DE C. P. ADER, ETUDIANT EN MEDICINE AGÉ DE 24 ANS A. M. LABARTHE, OUVRIER TAILLEUR AGÉ DE 27 ANS MORTS POUR LA LIBERTÉ.

El recién fundado Courrier de Bayonne et de la péninsule, decano de la prensa bayonesa, optó por los revolucionarios bajo la gerencia del abuelo de Mgr Lavigerie. La burguesía francesa, con Luis Felipe, ocupa el trono de Francia. Desde este momento la Cámara de Comercio de la Villa y sus autoridades municipales tratan repetidas veces de recuperar la franquicia del puerto suprimida con la Revolución. Pero, "desde la monarquía de julio la oposición entre principios liberales y las instituciones deseadas y reclamadas por la burguesía es ostensible en materia aduanera", comenta R. Pernoud en su magnífica Histoire de la bourgeoisie en France.

Baiona no volverá a encontrar su paraíso perdido. Fruto del establecimiento y consagración de las aduanas es un activísimo contrabando, acrecentado y llevado al máximo cuando en las provincias del sur del país, la misma tendencia liberal hacía del Bidasoa una frontera (1841). El vasco se vengará así de la misma, mientras liberales de ambos estados se libran a una feroz guerra de tarifas. Pero, en general, salvo algunas fortunas bayonesas, la aduana ha significado para Euskal Herria del norte, virgen de industrialización, un río emigratorio de aproximadamente 90.000 seres humanos en el siglo XIX. Varios autores han observado que este anhelo librecambista marcó a los hijos más importantes de la Baiona orleanista: entre ellos a dos bayoneses que ocuparían un lugar importante durante la monarquía de julio: Jacques Laffitte, ministro de finanzas de Luis Felipe e ilustre opositor después, y Fréderic Bastiat, teórico del librecambismo francés.

Ya antes de la constitución del Bidasoa en frontera (1841), uno a uno, todos los sobresaltos políticos de las provincias vascas del sur han ido dibujando en Baiona la silueta, ya tradicional, del exiliado. El trasiego de víctimas de la intolerancia es permanente durante todo el siglo XIX; conspiradores de ambos bandos se preparan, alternativamente, a derrocar a los "tiranos" o a los "herejes" de turno. Al restablecimiento de Fernando VII, Mina, el héroe de la resistencia, se exilia en Baiona, junto con muchos otros liberales y los afrancesados huidos con la Paz de Basilea. Allí prepara el golpe, que en combinación con la guarnición de Pamplona, consolidará el triunfo de Riego. A la caída de éste, nuevo exilio, esta vez en Inglaterra (1823).

Pero la comezón de actuar lleva nuevamente a Mina a Baiona a la que llega en la segunda semana de septiembre de 1830 a fin de preparar otra sublevación. J. M. de Vadillo, J. M. Calatrava y J. Isturiz han constituido una Junta Directora Provisional del Alzamiento de España contra la Tiranía a la que Espoz y Mina se adhiere. Pero el proyecto de invasión de noviembre fracasa al ser rechazados los cerca de 300 hombres juntados en Baiona. Hasta la revolución de 1830, se publicará, entretanto, un periódico en castellano titulado La Gaceta de Baiona (1828-1830), financiado con toda probabilidad por el "fondo de reptiles" de Fernando VII. Se trata de un periódico de propaganda a favor de este monarca a cargo de un intelectual reformista moderado, Alberto Lista. Intérprete de la burguesía liberal, la Gaceta de Baiona abogó por la supresión de las aduanas interiores, tendiendo por tanto a la supresión de los fueros.

Al plantearse el problema sucesorial, este grupo se proclama cristino. En 1830, se establece este periódico en San Sebastián llamándose La Estafeta de San Sebastián, periódico político, literario e industrial. Durante la primera guerra carlista (1833-1839), Baiona se convierte en un puesto de observación y un nudo vital de las intrigas de Aviraneta y de Arnao (1837). El periódico El Faro de Baiona ayuda tan descaradamente a los carlistas vascos que el gobierno español formula varias quejas. Pieza clave del espionaje español en campo carlista es el cónsul de España en Baiona. Aun después de firmado el Convenio de Bergara, los principales jefes carlistas disidentes establecidos en Baiona -Gómez, Sopelana, Guibelalde, Elio, Zabala y Orellana- intentan, a la desesperada, una invasión de las provincias del siglo a fin de, por lo menos, salvar los fueros de su abolición inminente.

El gobierno francés hace abortar el proyecto internando a los jefes a los que sólo queda la ayuda de los legitimistas franceses. La segunda carlistada (1873-1876) se fragua también en nuestra ciudad, al frente de Elio y Varona. Desde fines de 1871 funciona en ella la Junta a Guerra de Alava. En 1873 se suscribe en Baiona la nueva emisión de bonos del tesoro (100.000.000 de pesetas) para sufragar la guerra. El Courrier Carliste aparece en la ciudad del Adur de 1872 a 1876 y de 1874 a 1875 salió a la luz en Baiona el periódico carlista La Voz de la Patria. Una novela de Pierre Benoit, Pour don Carlos, rememora el ambiente bayonés de la época de estas guerras civiles.

Chaho, el "padre de un cierto nacionalismo vasco de izquierda [Laffitte]", fue el alma de la oposición republicana en Baiona secundado por el comerciante Michel Renaud en San Juan de Pie de Puerto. Ya durante la monarquía de julio había publicado un opúsculo titulado L'espagnolette de Saint Louis, que atribuía la muerte del príncipe Condé a la familia Orleans y fue rápidamente recogido. Chaho vino a Baiona hacia 1840 con objeto de publicar una de sus obras pero acabó por quedarse a vivir en casa del editor, Lespés, hasta su muerte. Fue consejero municipal y jefe de la Guardia Nacional de Baiona.

"Cuando estalló la revolución de 1848 -dice el canónigo Inchauspe en una carta de 1895 encontrada entre la correspondencia de Azkue- él pasó a ser en Baiona el jefe del partido revolucionario y aterrorizó la ciudad recorriendo las calles a la cabeza de una muchedumbre tumultuosa de obreros, de mujeres y niños. Tuvo la osadía de dirigirse a la cabeza de esa canalla [sic] al palacio de Gobierno y pedir al mariscal Harispe que le entregara el mando de la ciudadela y de la plaza. El mariscal conservó su autoridad, pero no se atrevió a detener a los revolucionarios".

Chaho había comenzado en 1844 (6 octubre) la publicación de su diario Ariel que al decir de Inchauspe "hizo un gran mal por sus doctrinas revolucionarias y antirreligiosas en Baiona" y que en 1848 toma el nombre de Le Republicain de Vasconie después de haberse llamado Courrier des Pyrénées, Journal international (1845), Courrier de Cantabrie et de Navarre (1845), Courrier de Vasconie, etcétera. Un bayonés, Dubroca, muere en las barricadas de febrero en el 48 parisino. A estos hombres del 48 vasco hay que sumar Vauzy con el Sentinelle de Baiona y a Martin Sorbet, de tendencia societaria, con el Journal du Peuple. Estos hombres moldearán la opinión bayonesa inclinándola hacia la república.

Pero el resto del país, al que la primera república (Convención, 1792) había arrebatado los fueros, acoge con frialdad el despuntar de la segunda. Máxime, teniendo en cuenta la franca hostilidad del clero hacía la fórmula republicana que no acabará de aceptar hasta finales de siglo [León XIII]. Cara a las elecciones de abril, del campo republicano vasco se desprende ya una izquierda encabezada por Renaud y Chaho que formará parte del Comité Republicano (marzo) de Baiona, con Stein (presidente), Châteauneuf (vicepresidente), Accuduts, Dutilh, Bellevue, Fanlat, Vauzy, Villa y Vital Biraben pero que más tarde, al disentir del Comité, constituirá un Club du progrés démocratique de Bayonne.

A estas primeras elecciones [II diputados para la Constituyente: 23-24 de abril de 1848] se presentan una multitud de escritores, periodistas, poetas e intelectuales en general, como candidatos. El obispo orleanista de la ciudad, Lacroix, rechaza la candidatura que se le ofrece, pero otros dos monárquicos, Héctor Etcheverry [orleanista] y Sambot-Damborgez [legitimista] la aceptan. Los demás candidatos departamentales son republicanos: Laremboure [reciente], Boutoey [rep. de derechas], St-Gaudens y Michel Renaud [rep. democrático, contrario a la represión de junio más tarde]. En estas elecciones en las que no participa Saint-Esprit por ser entonces considerado comuna landesa, Baiona vota a la República: a Laremboure y Boutoey. El resto del país otorga su representación a Saint-Gaudens, Michel Renaud y H. Etcheverry. Chaho, no elegido, obtiene sin embargo 21.728 votos. El 10 de diciembre del mismo año la flamante república -vieja ya en acontecimientos: represión de Cavaignac de la insurrección obrera parisina de junio, represión denunciada por Renaud y Chaho- elige presidente.

En el país se dibujan tres grupos: el de los monárquicos camuflados que aprobarán las matanzas de junio y serán bonapartistas, el de los republicanos convencidos de derecha que votarán a Cavaignac y el de los republicanos románticos, Renaud y Chaho que apoyan la candidatura de Ledrou-Rollin a brazo partido, junto con el Journal du Peuple, contra Cavaignac y el bonapartista International de Bayonne. El republicanismo se bate en retirada en el país. Más aún si tenemos en cuenta que este general Cavaignac, masacrador de los obreros parisinos, es el hijo del comisario de la primera república, de funesta memoria en Euskalerria. Sólo Baiona le vota. Obsérvense estos resultados finales:

Bonaparte Cavaignac Ledrou-Rollin Lamartine
2.660 1.713 906 167

El éxito de Chaho es personal, no doctrinal, como confirman las elecciones legislativas del 13 de mayo del siguiente año en el que el país se suma al triunfo moderado francés, fruto de los votos campesinos que aporta el recién estrenado sufragio universal. Chaho estuvo fuera de juego debido a un grave accidente [fractura de cráneo] pero tuvo un gran éxito: 1.455 votos en toda la ciudad, procedentes, en especial, del barrio de la Pequeña Baiona, siempre, más a la izquierda. A un año escaso del golpe de estado bonapartista, el republicanismo bayonés retrocede, y el del resto del país se limita a pedir que los impuestos sean en proporción a los bienes (huntarzunen arauaz) y según la posibilidad de cada uno (bakhotxak ber'ahalaz) según le cantó en graciosos versos su clientela particular a M. Renaud en 1850 tras serle prohibido un banquete (ver "Encilopedia General Ilustrada del País Vasco". Literatura, t. I, p. 336-338). A un mes escaso del golpe, la derecha bayonesa que ve acercarse su reinado, funda Le Méssager de Bayonne et Landes para salir al paso a Chaho y al Eclaireur de Capo.

Jean-François Jules Labat, nacido en Baiona en 1819, ocupó la alcaldía de la misma desde el golpe de estado hasta la caída del Imperio. Al dar Bonaparte el golpe de estado, Chaho se refugia en Vitoria, Capo es arrestado antes de poder hacerlo tras haber leído la Constitución francesa a la gente apiñada ante la ventana de su periódico y el consejo municipal es desalojado por la gendarmería. Varios periódicos desaparecen, así el International de Bayonne dando lugar al nuevo Méssager de Bayonne y el Eclaireur que dará paso a la reaparición del Courrier. Suspendida toda vida democrática, exiliados los principales jefes liberales, Baiona acepta la dictadura por 2.076 votos contra los 1.292 de la oposición, en el plebiscito del 21 de diciembre de 1851. Durante los 20 años que dura su mandato, Jules Labat transforma el paisaje urbano de la ciudad: en 1857, Saint-Esprit es incorporado al municipio, en 1855 se inaugura el tren de Baiona a Burdeos que llena de esperanzas de prosperidad a la villa.

Durante el II Imperio se construye el puente metálico por el que pasa la vía del tren, se crean comunicaciones directas entre los barrios de uno y otro lado del río, se erige la iglesia de St.-André, se hermosean las Allées Boufflers, se da impulso a la salubridad, a la extensión del gas de alumbrado, a la limpieza de la barra del Adur, se numeran las viviendas... Laburdi conoce la primera fiesta vasca (Urruña, 1853). El príncipe Bonaparte efectúa la primera visita al país en 1856. Abbadie traerá consigo todo un renacer cultural. Pero Baiona, puerto comercial, languidece. Incluso la tradicional exportación de vinos bearneses y landeses deja de efectuarse. Esta decadencia que se arrastra durante todo el siglo XIX, será sólo aliviada por el plan Freycinet (1878) y la instalación de Forges de l'Adour (1882). Tendremos que esperar al siglo XX para que esta crisis pueda empezar a ser superada (veáse apartado Economia). Mientras tanto, Chaho vuelve del destierro, para morir en Baiona. Su entierro (1858), civil, causa escándalo.

Pero no nos creamos que este suletino genial sólo se dedicó a los ajetreos de la vida parlamentaria francesa reflejados en Baiona, su nervio político incidió en todos los problemas del país, en ambas vertientes, desde el drama carlista hasta la lexicografía vasca y la federación de los pueblos vascos. Su producción literaria refleja una mente a la que interesa todo... Hacia 1860, la vida adormilada de la ciudad va despertando al aflojarse las garras de la dictadura, conforme Napoleón III va liberalizando el régimen. La firma del tratado librecambista con Inglaterra trae otra oleada de esperanza a los bayoneses. El 20 de septiembre de 1868 Napoleón III visita la ciudad: inspecciona tres casas para obreros que se han edificado en la plaza, del Mercado de St-Esprit. Ese mismo año se construye el mercado bayonés, se crea el periódico ultra católico La Semaine de Bayomie y Le Libéral bayonnais, periódico de oposición (Bresson).

La reconstrucción de la oposición se advierte en la campaña electoral de 1869. Muy agitada, gana Labat pero contra él vota una ya importante minoría que obtiene sólo 136 votos menos (Abbadie) y que, dado el prestigio del alcalde Labat, significa una importante victoria. En Francia, la acción de Gambetta y Ferry se va haciendo notar. Meses antes del desastre de Sedán, en el plebiscito de 1870, Baiona da fuego verde a las reformas liberales de Ollivier.

Plebiscito del 8 de mayo de 1870
No
Gran Baiona 1.142 525
Pequeña Baiona 571 481
St- Espirit 761 429
Total 2.474 1.435

Baiona republicana contra el campo monárquico. Los inicios de la Tercera República. (1870-1885) La Tercera República es proclamada en París el 4 de septiembre de 1870, a los tres días del desastre de Sedán que trae consigo el derrumbe del Segundo Imperio y en Baiona el 18 del mismo mes. Los supervivientes de la generación del 48, se agrupan alrededor del Libéral Bayonnais -Le Progrés du Sud-Ouest de 1871 a 1873- que cuenta con Bresson y Drevet como principales redactores. Así, saltan a la palestra política bayonesa, junto con el veterano político bajo-navarra M. Renaud, el financiero Eugéne Duclerc, fundador del Crédito Mobiliario Español y ministro de finanzas bajo la Segunda República, Steneeackers, director del PTT, nieto de Sauvine, alcalde de Baiona de 1798-1800, y sobrino del contralmirante Dornaldéguy.

También un militar, el almirante Jauréguiberry, poco conocido en el país pero rápidamente célebre por su heroísmo en el ejército del Loira. Los republicanos bearneses, en vista de las elecciones del 8-11-1871 (9 diputados a la Asamblea Nacional), presentan a Marcel Barthe, Gaston Lamaignère, Pécaut, Costadoat, Emile Garet y Jules Lestapís. Los monárquicos vascos cuentan con un cargohabiente de Luis Felipe, el bajonavarro orleanista Adolphe Daguenet con clientela segura en la Baja Navarra, Zuberoa y también Baiona, y con Amédee de Laborde-Noguez con simpatías en Lapurdi. Los bearneses con Xavier Dufaur, Gontaut-Biron y Louis Lacaze. El Courrier, conservador de tendencia bonapartista, presentó una sabia mezcla -mélanges jésuitiques la llamó el Libéral- apoyada por el clero y los caciques locales: Barthe, Duclerc, Garet, Renaud, Jauréguiberry, Lacaze, Lamaignére, Pécaut y Lestapis. En estas primeras elecciones generales después de la dictadura, dos de cada tres bayoneses votaron a los republicanos aunque en el resto del país la relación es casi de igualdad. De los candidatos vascos fueron elegidos:

TotalBaiona
Renaurd51.4473.474 (rep.)
Duclerc44.7583.016 (rep.)
Jaureg.41.6703.143 (rep.)
Daguenet39.6561.044 (orlean.)

Sin embargo, poco después Jauréguiberry dimitió y resultó elegido [7-1-1872] el conservador Chesnelong por el que el clero hizo una activa campaña; Baiona esta vez también votó republicano y concedió sólo 879 votos al ganador, contra 2.243 que otorgó al marqués de Noailles (rep.). Al ser elegido Daguenet senador (30-I-I876) y ser nombrado Duclerc senador inamovible, el País Vasco se ve representado en el senado por un republicano y un orleanista. Pero este equilibrio apenas dura unos meses. Baiona elige un alcalde republicano partidario de la escuela laica y gratuita, el bayonés Théodore Plantié. Este será el candidato del partido en las reñidas elecciones de 1876, apoyado desde París por Duclerc, y en la ciudad por periódicos como el Avenir y jefes republicanos corno Lespés, hijo de Chaho, el farmacéutico Darracq, Mongla, el negociante Simonet, el comerciante Haulon, el rentista Portes, el negociante Russac, el Dr. Delvaille de la comunidad israelita, etc.

Retirado durante seis años en el castillo Gramont de Biarritz, Jules Labat salta a la palestra nuevamente como cabeza de fila bonapartista. Labat era partidario de la escuela confesional peso aceptaba el juego parlamentario a fin de modificar la Constitución. Esta vez el clero se divide, parte con Labat, por haber apoyado el poder temporal del papado, y parte con otro candidato monárquico, Arnauld d'Abbadie, legitimista, hermano de Charles y de Antoine, célebres vascófilos ["Enciclopedia General Ilustrada del País Vasco", Lit., t. I, pp. 334-350]. Los Abbadie, estaban revolucionando la literatura popular vasca desde 1853, fecha de la primera fiesta vasca (Urruña); su enorme influencia en pro de la cultura euskérica se proyectará, aún después de su muerte a fines de siglo.

En Baiona se reprochará a d'Abbadie su desarraigo, su estancia de 10 años (1837-1848) como ministro del Negus en Abisinia, pero le apoya el obispo Lacroix a través del Semaine enfrentándose al Courrier partidario de Labat que acusa al suletino Abbadie de galicanismo. El enfrentamiento electoral tiene lugar en un ambiente enrarecido, preñado de las odiosidades que dividirán a los vascos decimonónicos de ambas vertientes a pesar de hallarse vencidos a diferentes carros estatales.

"Rara vez unas elecciones tomaron entre nosotros aspecto tan violento. A favor o en contra de la República, clericalismo o anticlericalísmo, escuela confesional o escuela laica: tales eran, en el fondo, las grandes cuestiones que se debatían el domingo 20 de febrero de 1876 en que los republicanos iban a obtener una enorme mayoría en la Cámara de Diputados

[Cuzacq: Les élections législatives à Bayonne et au Pays Basque... (1871-1898)]".

En el país, salvo la excepción bayonesa, triunfó la monarquía, la tradición. Es que, aunque parezca mentira y, haciendo abstracción de la actuación del clero, que lucha por motivos bien concretos -contra la laicificación de la sociedad, en especial de la enseñanza, contra la separación de la Iglesia y el Estado, etc. en el pueblo, existe una conciencia viva de que durante el "antiguo régimen", él era dueño de sus destinos:

Heskualdun populuak
ziren ohoratuak
Franzian, Españan;
mintzaye bera zuten
zuzen berak zituzten
mendearen mendetan
bi erresumetan.

Zergarik, soldadorik,
gañeko petxarik
han etzen pagatzen,
ez bazen biltzarretan
borondatezkoetan
beharr'ezagutzen,
xedea markatzen.

El pueblo vasco
era honrado
tanto en Francia como en España;
tuvo la misma lengua,
tuvo el mismo derecho
por las siglos de los siglos
en ambos reinos.

Allí no se pagaban
ni impuestos ni milicias
ni otras pechas,
sino se aprobaban
voluntariamente
en las asambleas
concretando el objeto.


canta un grupo de "republicanos" vascos al diputado republicano Renaud de San Juan de Pie de Puerto... Y no hace falta leer entre líneas para ver que su reivindicación fundamental [léase la continuación de estos deliciosos versos en "Enciclopedia General Ilustrada del País Vasco", Lit. t. I, P· 336-338] se reduce a una única: la restauración foral. La diferencia, entre vascos del pueblo, republicanos y monárquicos, se deberá pues a otro factor: la cuestión religiosa. Pero en Baiona, todo se plantea de diferente forma. Ganada a la república desde los primeros momentos, las cosas hubieran podido ser de otra manera si Chaho no hubiera muerto prematuramente, a los 48 años de edad. Farmacéuticos, comerciantes, negociantes rentistas, funcionarios, abogados, maestros y aduaneros, más algunos representantes del ejército, a pesar de católicos en su mayoría, ya no pueden votar monárquico aunque persista un importante núcleo bonapartista. Esta burguesía votará a una república moderada, por lo menos hasta 1898, y aspirará a trepar -consejo municipal, alcaldía, consejo departamental, diputado en París, tal vez senador, tal vez ministro- lo más rápidamente posible dentro de los partidos franceses.

El campo vasco produce emigrantes; la ciudad, políticos. En estas elecciones del 20 de febrero de 1876, el distrito de Baiona votó a J. Labat (6.540) y a Plantié (5.697) alcanzando d'Abbadie sólo 2.289 votos. La ciudad, otorgó el cargo a Plantié (2.625) quedando Labat segundo (658). En la segunda vuelta, los votos de Abbadie se repartieron. En provincia [distrito de Baiona] el triunfo fue de Labat, y de Harispe [sobrino del mariscal, bonapartista] en el de Mauleón, resultando derrotado Renaud. También en la ciudad, la cuestión religiosa incide, máxime por ser Baiona sede episcopal, aunque en muchos casos es el cura rural mucho más intransigente que el obispo. Ante las elecciones de 1877, es un cura de la catedral el que polemiza sobre la cuestión de la enseñanza con el alcalde. A la tirantez habitual se suman los ataques de La Sémaine contra Renaud. A pesar de haber votado a favor del mantenimiento de las oraciones públicas, el-clero no perdonaba a Renaud el que hubiera alzado su voz contra el poder temporal del Papa, el descanso dominical, etc. [Cuzacq]. Baiona se suma al triunfo republicano francés pero los Bajos Pirineos votan monárquico.

En cuanto a la vida material, Baiona recibe en 1878 al ministro de Obras Públicas que promete a la ciudad el hacer factible la navegación fluvial hasta Mugron y empalmar la ciudad, por vía férrea, con San Juan de Pie de Puerto y con siglo E. de Baigorry. El Plan Freycinet mejorará un tanto la situación decadente de la vida comercial. Al año siguiente se edifica el Liceo de la villa en el parque de Marracq. En 1882 una compañía lorenesa, Homécourt, instala en el Boucau las Forjas que darán nueva vitalidad a la Baiona de fin de siglo, incluso en el terreno político al aparecer en ellas las primeras manifestaciones de organización socialista en el N. del país. En esta década de los 80 en la que la república se afianza en Francia, comienzan a producirse los primeros decretos laicos de Jules Ferry -contra las congregaciones religiosas, en pro de la escuela laica, neutra, obligatoria y gratuita (I882)- y se reconoce oficial mente a los sindicatos (1884), en Baiona se instala (1880) un Consejo Municipal republicano en torno al alcalde Plantié: Haulon, presidente del Tribunal de Comercio, Portes, miembro de la Cámara de Comercio, Léo Bergeret, Dolhats, Simonet, Da costa, Roby, Russac, negociantes, Cavé Esgarris y Lespés, abogados, Lavergne y Labourdette, arquitectos, Bernet y Darracq, farmacéuticos, Delvaille, Ernest Lafont, Chevillion, doctores, el protestante Léorat y el israelita Marqfoy, representantes, junto con Delvaille (israelita), de las minorías religiosas, Baignéres, rentista y Arrospide, panadero.

El triunfo de los republicanos en agosto de 1881 [4.876 a favor, 2.433 en contra] permite a la municipalidad prohibir las procesiones por las calles de la ciudad que un año antes había expulsado a los capuchinos. El 14 de julio es festejado con bailes e iluminaciones. En las elecciones senatoriales (1882) también ganan:

Barthe: 432
Lacaze: 430
Renaud: 408

Y asimismo a la muerte de Renaud (1885), Plantié es elegido senador por 579 votos contra 431 otorgados al bonapartista Bourbaki, famoso por una retirada heroica en la última guerra. El triunfo conservador en las elecciones de diputados de 1885 es por escaso margen [dos de cada tres bayoneses votan por la república] pero en la renovación del Consejo General son elegidos Lafon y Haulon en los dos cantones de Baiona que desalojan a los conservadores Labat y Guichenné. Pero a pesar de este empuje republicano en las ciudades, los campesinos, mayoría en Francia y mayoría en el País Vasco francés, endurecen su posición sobre todo cuando la política imperialista del gobierno en Africa y Asia deja al descubierto el alcance insospechado del servicio militar obligatorio. Está, además, la acción decisiva del clero. A la muerte del conde de Chambord (4-8-1883), pretendiente monárquico, el obispo de Baiona ofició una ceremonia solemne en la catedral, a la que acudieron todos los monárquicos de la ciudad.

Incendio de 1889: arden los archivos. Uno de los más lamentables incendios que haya conocido Baiona, fue el del 31 de diciembre de 1889, en el que desaparecieron gran número de preciosos documentos del archivo de la ciudad. Comenzó en los alrededores del Ayuntamiento que se vio inmediatamente amenazado, y con él su archivo. Equipos de socorro se organizaron con rapidez; tiran los legajos de documentos por las ventanas, desde el último piso, mientras un cordón de guardias cierran las plazas de Armas y de la Libertad. En total se perdieron 6 registros y 318 legajos del archivo antiguo, y muchos documentos del moderno.

Hay tres hechos fundamentales que determinan la caída del frente monárquico, primero en Bajos Pirineos y finalmente en el País Vasco continental, en los quince últimos años del siglo XIX. Estos tres factores son la nueva política de León XIII (1878-1903), la designación de un nuevo obispo, el republicano Jauffret, para la diócesis de Baiona, y la desaparición de una serie de personalidades políticas sustituidas por una nueva generación. Desde 1885, año en que muere el bajonavarro Renaud, a 1889 en que muere Plantié, pasando por los fallecimientos de Daguenet (1886), Destandau (1887) y Duclerc (1888), el vasco se desentiende de su nostalgia de ancien régime foral, al cumplirse el centenario de 1789. Pero una figura nueva, Louis Etcheverry, mantendrá durante algún tiempo viva la línea tradicional. El periódico Eskualduna lo funda en Baiona en 1887 con la colaboración de vasquistas como Jean Hiriart-Urruty, Arnaud d'Abbadie, Adema, Héguy, Iriart y Constantin, que en 1903 abandonarán Etcheverry. Periódico de gran tirada, clerical, de simpatía monárquica, pero de calado.

En el país cada vez habrá más personas que voten republicano, pero la mayoría de la población vasca campesina no vota a un partido sino a determinada persona, generalmente aconsejada por el clero o por los notables del lugar. Para el vasco la conquista parlamentaria -hay que tener en cuenta lo lejano del parlamento (París) en contraposición a lo cercano del desaparecido batzar- se traduce en régimen caciquil apoyado en la burguesía rural. Otros se abstienen... También en Baiona, sube al poder un nuevo jaun. Desde 1888 hasta 1908, ocupa el cargo de alcalde Léo Pouzac, gran burgués, republicano moderado, rodeado de un consejo municipal de señores reposados: Léo Bergeret, Biraben (industrial), Daguerre (capitán), Haulon y Lafon (consejeros generales), Morville, Dacosta, Domingo, Darracq. Durante estos veinte años Pouzac llevará adelante una política laica pero de acercamiento a la iglesia, de atención a las minorías bayonesas: protestantes y judíos.

Contra estos republicanos en el poder se irá constituyendo una nueva oposición: el radicalismo, que adquiere verdadera importancia con el caso Dreyfus (1898) y se apodera del poder municipal en 1908. El año 1890, Roma decide por fin. aceptar la república francesa y ordena a los católicos que se incorporen (ralliement) a ella en vez de torpedearla. Hacía unos meses, en las elecciones de septiembre de 1889, la victoria republicana había sido total. Lo cual no ocurre en el País Vasco, a pesar de ser un bayonés, Mgr Lavigerie, el portavoz de León XIII. La orden papal produce gran desconcierto entre el clero, desconcierto mayor cuando un obispo republicano, Mgr Jauffret, ocupa la sede de Baiona en marzo de ese mismo año. Jauffret tratará de inclinar al clero vasco hacia la república moderada. Remplaza al canónigo Inchauspe, que se había distinguido en apoyar al clero refractario, por Diharce. Luego efectuó una serie de traslados... que le granjearon una tenaz enemiga de su clero [Moreau: "H. de l'A. B.", p. 546].

Sin embargo León XIII lo respalda: los diez curas trasladados, que apelan al Vaticano, son consolados mediante títulos honoríficos. Lavigerie apoya desde Argelia la nueva política de integración pero gran parte del clero vasco, más los grupos monárquicos y bonapartistas, se desentienden. Incluso al Courrier (15-XII-1890) acusa al cadenal bayonés de ser "imperialista en 1863... legitimista en 1874..., el mes pasado, apologista de la república..." El Eskualduna de Etcheverry cede, aunque de mala gana, esta vez. La fronda rural está en manos de un cura de Cambo, Diharassarry. Falto del apoyo masivo del clero y vaciado de su antiguo componente foral, el ideal monárquico se derrumba lentamente en el país. En las elecciones de septiembre de 1889, Baiona había elegido a Haulon -senador en 1890- contra Laborde-Noguez, pero el resto del país aún votó por Labat y Louis Etcheverry.

1889Rad. Rep. Conserv.
Gran Baiona 127 votos 998 votos 696 votos
Pequeña Baiona 100 votos 629 votos 269 votos
Saint-Esperit 258 votos 631 votos 415 votos

En las siguientes (1891), aunque Jules Labat mantiene aún la mayor parte de Lapurdi, y Etcheverry la Baja Navarra, Zuberoa pasa al campo republicano. Ese año el presidente Carnot visita Baiona, las Forjas del Adur y diversos establecimientos. El obispo lo cumplimenta... Entre 1893 y 1896, las dos fracciones del clero se combaten. En las agitadas elecciones de 1893 se presenta el banderizo Diharassarry contra el republicano Harrigue alias Morroxko. Baiona vota a Lafont, que se presenta sin adversarios; Mauleón también vota re publicano, confirmando así la votación anterior. El 16 de abril de 1896 aparece Le Patriote del abate Pon, que apoyará al vapuleado obispo Jauffret. En el campo republicano, aparece el biarrota Jules Legrand, republicano de prometedora carrera, que sustituye a Lafont (1896) muerto tempranamente.

En estos decisivos años finales de derrota monárquica, el abanico republicano es lo suficientemente amplio como para admitir, en su ala moderada, a los transfugas de la monarquía. A ello se debe el triunfo de los republicanos moderados en las de elecciones de marzo de 1898 que obtienen el nombramiento de 7 de sus candidatos. En el ala izquierda del campo republicano bayonés, los socialistas trataron de organizarse creando un comité que se estableció en la calle Pontriques y, faltos de un lider local de altura, trajeron al abogado Sicaud para presentarlo de candidato. Durante la campaña, cerca de un centenar de obreros del Boucau provocó un albotoro silbando al moderado Legrand en el Teatro Municipal de Baiona. Es curioso observar el resultado de estos comicios en los barrios bayoneses:

Legrand
(rep. mod.)
Sicaud
(social)
Gran Baiona1.184 296
Pequeña Baiona595 233
Saint-Espirit455 799
Total2.234 1.328

Es evidente que la oposición radical, débil aún para presentar un candidato propio, votó a los socialistas. Pero la radicalización de la opinión acarreada por el caso Dreyfus (1898...) se dejará sentir en Baiona en los inicios del siglo XX, haciendo a esta "fracción" mayoritaria. Algunas figuras ya comienzan a destacar: Bidaubigue, un Lasserre que, naturalmente, no es el de Semaine, el abogado Garat, Morville, Gaillard, candidato en 1902, Etchegaray, etc.

El célebre J'accuse de Zola produjo una repercusión tardía en el país. Baiona, a imitación de lo ocurrido en París se dividió en dos bandos irreconciliables en el que radicales y socialistas hacen bloque a favor de Dreyfus. Entre los periódicos, L'Avenir toma partido por el capitán de origen judío injustamente convicto de traición, y el Courrier en contra. En la revisión del proceso efectuada en 1899-1900, Dreyfus es amnistiado lo cual abre las puertas a la República radical (1900-1914) en Francia. Sólo Barthou, de los diputados de los Bajos Pirineos, votó en favor de Dreyfus. Legrand, que había sido nombrado Ministro del Interior y de Cultos en el gabinete Dupuy, ve frenada en seco, desde entonces, su carrera, Louis Etcheverry dimite en la jefatura del Eskualduna a instancias del obispo aunque su sucesor Renau d'Elissagaray sigue en la línea refractaria. Los católicos bayoneses, republicanos moderados en su mayoría, denuncian la amenaza de la "tríplice": el pastor, el consistorio judío y el venerable, de la logia (Cuzacq). El frente moderado del país, pese a la indudable solidez de sus componentes -clero, alta y parte de media burguesía, campesinos y notables rurales- sufrirá una ruda sacudida en los años iniciales del siglo pero la política anticlerical de Combes contribuye a mantener su cohesión.

Las tres primeras leyes tendentes a limitar el poder de la Iglesia en Francia (1901, 1905 y 1906) causaron aún mucha más agitación que el caso Dreyfus. Las elecciones de abril de 1902 se produjeron bajo el signo de la ley de 1901 que prohibía ejercer la enseñanza a las congregaciones religiosas. Legrand, que quiere rehacer su carrera, se presenta como candidato moderado, opuesto al gobierno radical de Waldeck-Rousseau y partidario de dar un cerrojazo a la laicificación. Le apoyan fuerzas como el periódico ultra Semaine, el Courrier, el Démocrate de Bayonne y La Petite Gironde, los alcaldes de Biarritz, Anglet, Baiona, y hasta el, desde 1900, senador Haulon (centrista).

Un masón reconocido, Gaillard, es presentado por el pujante radicalismo bayonés. Este político bretón acusaba al gobierno en el que había participado Legrand, de ser duro con los pobres y agobiarlos con un servicio militar de tres años. Su postura contraria al proteccionismo atraía bastantes simpatías bayonesas, pero sobre todo la postura de su partido en el affaire Dreyfus le granjeaba el apoyo del potente núcleo israelita de Saint-Esprit (Delvaille, etcétera) y de los protestantes. Los socialistas presentarán esta vez al pintor Carles, secretario de la Federación Soc. de los Bajos Pirineos. Su mayor contingente es el Boucau y luego Biarritz y Baiona ya que el resto es un desierto industrial. Contó con La Voix du Peuple. Indecisos, según la coyuntura, los centristas de la Alliance Démocratique tienen voto libre. Fundado en 1892, Le Brülot Bayonnais, de tendencias anarquistas, hizo campaña por la laicificación dirigido por Pierre Riant. Al contrario de la mayoría de las ciudades, Baiona otorga su voto a los moderados:

LegrandGillardCarles
(mod.) (rad) (soc.)
Gran Baiona1.500 500 34
Pequeña Baiona740 289 32
Saint-Esprit839 656 25
Total3.079 1.445 91

En las elecciones municipales (1904), Pouzac es reelegido también con 2.600 votos contra 2.000. En diciembre de 1905 se promulga la ley de separación de la Iglesia y el Estado que Pío X condena excomulgando además a sus autores. El descontento comienza a exteriorizarse visiblemente en el país. Pero, sin duda, los mayores incidentes se producen al verificarse en 1906 los inventarios de bienes muebles de las iglesias. En Baiona [30 al 31 de enero] estuvo a punto de producirse un motín de católicos resultando diversos contusos y herido en el vientre el encargado del registro. Durante los dos primeros meses del año prosiguen en el resto del país los inventarios acogidos con hostilidad e incidentes cada vez mayores. En las urnas el descontento tuvo como consecuencia el nombramiento de un senador moderado -Gontaut-Biron-. Ante el peligro electoral, el ministro Clemenceau opta por suspender los inventarios.

En marzo, la llegada del nuevo obispo que sustituirá a Jauffret fallecido en junio de 1902, el landés bonapartista Gieure, constituye, dada la tensión del momento, un acontecimiento político. Partidario de una política clerical firme, pero sin llegar a la provocación, fue recibido en la estación por una multitud de católicos encabezados por el diputado Guichenné y demás jefes de oposición católica. Tanto Legrand como Pouzac no acudieron, pero, este último iluminó el ayuntamiento en señal de buena voluntad. Las elecciones de mayo dieron el triunfo al moderado Legrand, contra Brunet (radical), y Saubot y Dupy (socialistas):

LegrandBrunet Dupy
Gran Baiona1.295 608 6
Pequeña Baiona606 388 7
Saint-Esprit770 759 4
Total2.671 1.755 17

Muchos socialistas votaron radical por considerar inoportuna una candidatura propia. Un órgano para este movimiento, La Tribune Socialiste, fue creado este año. Tribuna saldrá regularmente hasta 1914. Mientras, el nuevo obispo procede a reorganizar su diócesis. El 7 de octubre de 1906 prohibe a sus sacerdotes que se afilien al movimiento Sillon y se muestra adversario del Patriote de Pon. Sillon, movimiento católico-republicano fundado en Francia por Marc Sangnier en 1894 a raíz del ralliement ordenado por León XIII y dotado de una mística tolstoísta de caridad, pudo haber constituido un primitivo núcleo de democracia-cristiana en el país. Los sillonistas vascos, jóvenes entusiastas en general, se agrupaban alrededor de Guichenné. Pero la muerte de León XIII y la llegada de Gieure detuvo en seco al movimiento.

Gieure quiso destituir al abate Pon, alma del periódico Patriote pero fue frenado desde el Vaticano que, más tarde, condenaba Sillon (agosto de 1910) y con ello toda posibilidad de constituir un movimiento demócrata-cristiano no sólo en el país sino en Francia entera. Mgr Gieure prefirió apoyar al periódico monárquico Mémorial y procedió a una férrea depuración de sillonistas en su diócesis. Consecuencia de esta toma de posición fue la introducción de la Action Française en el país, que, falto de otro medio de canalizar su descontento hacia la república radical y su apego a la tradición, acabó por suministrar importantes contingentes a esta organización neomonárquica francesa antiparlamentaria fundada por Daudet y Maurras en 1898 con ocasión del affaire Dreyfus.

En esta zona, Action fichó a nombres como d'Elbée, los Lacombes, Couderc de Fonlongue, Joseph Delest (Boucau), uno de los Laxague, uno de los Carrère, Samadet (Landas) y Nicolás de Arcangues, pariente del marqués. En el seminario de Baiona, el abate Eyherabide fomentó la creación de un grupo de Action que pronto se extendió a Belloc. Las medidas anticlericales del gobierno favorecieron también este viraje ya que el 18 de diciembre los alumnos y el personal del seminario de Baiona eran desalojados por la fuerza teniendo que trasladarse a Nay hasta 1914, y el 21 de diciembre, el obispo Gieure es obligado a abandonar el palacio arzobispal. La caza de sillonistas prosigue, sin embargo, hasta el advenimiento al pontificado de Benedicto XV aunque sus efectos marcaron profundamente al país.

En la segunda vuelta de las elecciones municipales del 10 de mayo de 1908, tras reñidos comicios, Léo Pouzac es destronado de la alcaldía de Baiona dando paso a una mayoría radical-socialista. Desde esta fecha, salvo el sexenio 1919-1925, la administración bayonesa estará en manos del radicalismo, mientras el resto del país vota firmemente a las derechas. Factores importantes en estas elecciones fueron la creación por Garat del periódico Action Républicaine [Semaine apoya a Pouzac], el acuerdo tácito de los radicales con los socialistas del Dr. Elosu y el publicista Cabanes para derribar a Pouzac, y la temeraria formación de un comité monárquico-conservador que exortó a los suyos a no tomar parte en una lucha entre republicanos... A Garat le fue también valiosa su amistad y alianza política con el Presidente del Consejo, L. Barthou. Este mismo año desaparece el Avenir de Legrand y vuelve a aparecer el Eskualduna, cerrado desde 1904 [futuro Herria].

Garat dio gran impulso a la urbanización del barrio de Saint-Esprit y al ensanchamiento del puente que le une a la Gran Barona, ordenó el derribo de los viejos edificios de la Plaza Montaut y acabó el Hôtel des Postes. También bajo su administración se electrificaron los tranvías bayoneses, se demolió el Réduit y se construyó la plaza actual. En el terreno político, sigue en las primeras décadas de siglo la batalla por la escuela laica ya que el clero creó escuelas llamadas libres y el obispo condenó (1908) los manuales escolares estatales. En pro y en contra de las escuelas laicas, monárquicos y moderados -Legrand, Pradet-Balade y Gontaut-Biron- por un lado, republicanos de izquierda y de centro más socialistas -Faisans (centro), Catalogne (rad.) y Forsans (rad.)- por otro, se disputan tres sillones de senador el 3 de enero de 1909. Se repiten las incidencias y forcejeos entre clericales y anclericales: hay curas que expulsan de la iglesia a católicos republicanos [ej. a Blaise Guéraçague de Saint-Palais], anticlericales que no permiten que se coloque la estatua erigida al cardenal Lavigerie -que tardará aún veinte años en colocarse en el lugar que hoy ocupa-.

El obispo de Baiona es condenado [5, junio, 1909] a pagar una multa de 500 francos por el juez de instrucción Lespés -descendiente de Chaho- por haber amenazado de excomunión a los compradores de bienes eclesiásticos. El clero pide la devolución de éstos: el edificio del obispado, convertido en colegio femenino [hoy Escuela Nacional de Música], el Seminario [luego Cité Lahubiague], las rentas eclesiásticas, que el gobierno radical destina a obras de beneficencia, etc., bienes cuya sola enumeración cubre 33 páginas del Journal Officiel. Al otro lado de la frontera, tampoco el resto del país es ajeno a estas controversias. La laicificación de la sociedad es emprendida en España bajo el gobierno Canalejas (liberal) y diversos movimientos se manifiestan en el país en contra de ella. En marzo de 1910 tiene lugar un mitin en el frontón Euskalduna de Bilbao teniendo como oradores a Senante, Esteban Bilbao, Honorio V. Gamazo, etc. También los nacionalistas vascos celebran uno en el que toman la palabra Urízar, Urrengoechea, Orueta y Barriola.Luego los hay en Tolosa, Bermeo, Irún, etc. Los incidentes menudean, pues, en uno y otro lado del país, por lo que se llamó "ley del candado".

Las elecciones legislativas del 24 de abril de 1910 se desarrollan en este clima belicoso. A Garat, candidato radical se le reprocha la destrucción de las Allées Marines para instalar en ellas la vía férrea. Incluso el socialista Augey le pone el remoquete de "Abogado de la Compagnie du Midi". El Courrier, que desde el 1 de febrero de 1909 tiene un nuevo director, Foltzer, que anteriormente había comprado (1887) la imprenta Pays Basque, el Républicain Bayonnais (1890) y el Franco-Basque (1910), sostiene una áspera polémica con Semaine que le acusa de apoyar a Garat, polémica que cesa cuando el obispo obliga a Semaine a callar. Muchos católicos prefieren el Echo del republicano moderado Le Barillier, alcalde de Anglet, candidato también, periódico que acepta la separación del "trono y el altar" o el Patriote de Pon. Este año (1910) aparece el primer número de Sud-Ouest, rep. de izquierda. Los otros candidatos a diputados son Nicolás d'Arcaugues (Action Frangaise) y el biarrota André Augey (soc.). El triunfo corresponde al alcalde Garat.

Elecciones del 24 de Abril de 1910 a la Cámara
GaratLe BarillierArcanguesAugey
Gran Baiona1.320 609 250 31
Pequeña Baiona791 258 116 18
Saint-Esprit1.416 348 112 37
Total3.527 1.215 478 86

  • Las primeras huelgas de Baiona: 1908, 1910 y 1911

Mientras la burguesía de Baiona, escindida entre rep. moderados y radicales, lucha por el poder municipal y departamental, los primeros grupos de proletariado artesano-industrial de la ciudad y del vecino Boucau comienzan a manifestarse políticamente, como clase autónoma, dentro del movimiento socialista. En noviembre de 1908 tiene lugar la primera huelga bayonesa, en la que participan trabajadores del gremio de la sastrería. En octubre de 1910, son los ferroviarios: 15 cables telegráficos son cortados en la vía Baiona-Hendaya, otro en la bifurcación de Mousserolles...

Pero la primera huelga importante de la ciudad tiene lugar en 1911: es la larga huelga de los dockers u obreros portuarios, que abandonan el trabajo, forman piquetes de huelga y se manifiestan por las calles de la villa. El abogado Laval, que había acudido a Baiona a asumir la defensa de los obreros, es apedreado por los bayoneses bienpensantes. Se practican numerosas detenciones entre los huelguistas pero Garat no logra sofocar la protesta hasta que le es enviado un escuadrón de dragones desde Tarbes que desaloja a los dockers y que asume la normalización de la carga y descarga en el puerto. Este año, también hacen huelga los empleados de panadería. Luego los de ferrocarriles, correos, etc.

Garat, reelegido, junto con Lacombe, los banqueros israelitas Frois, los abogados Weiller y Simonet, el Doctor Croste, con la oposición no sólo moderada y socialista, sino también de los radicales "puros" Ritou, Choribit y Pourquié, seguirá al frente de la ciudad durante toda la guerra, salvo cuando él mismo fue en misión [sept. 1915] a Salónica. En vísperas de la guerra, al margen del clima de apaciguamiento que comienza a extenderse en Francia, en el país vasco las rencillas continúan. El 2 de marzo de 1914 se pone la primera piedra del nuevo Seminario. El presbiterio de Saint-Etienne es disputado entre el cura y la municipalidad. Se crea un Club de Librepensadores al que pertenece un miembro del ayuntamiento, M. Grénade. El obispo condena un nuevo baile, el tango, y un nuevo movimiento, el scoutismo, por su origen protestante. Pero mientras en la mayoría de las ciudades las procesiones están prohibidas, Garat, obtiene muchos votos católicos permitiendo que discurran tranquilamente por las calles bayonesas. En las elecciones de 1914, Baiona, que sigue siendo una ciudad que ignora la gran industria, vota a Garat mientras que los que le reprochan la represión de la huelga de los dockers vota al entonces radical Castagnet. Los moderados no se presentan ya que, las clases medias de esta ciudad, aunque en su mayoría creyentes, votan para que "el cura permanezca en su lugar", o sea, vota radical:

Garat
(rad.)
Castagnet
(rad-soc.)
Gran Baiona1.377 185
Pequeña Baiona845 115
Saint-Esprit1.272 276
Total 3.494 575

En estas elecciones surje la figura de Ybarnégaray, abogado, alcalde de Uhart-Cize, que bajo la etiqueta que él mismo se coloca de "republicano independiente" y de "católico ante todo", aprovecha la retirada de Pradet-Balade para hacerse con el nombramiento de diputado por la Baja Navarra y Zuberoa, mientras otro católico, pero de muy distinto signo y comportamiento personal, Guichenné, sale elegido en Lapurdi. Un pelotari, de Urruña, Sorçabal, llamado Dongaitz, fue candidato socialista. Resta a decir de este periodo que, salvo la enorme sangría humana que representó la guerra del 14 para el país -7.000 vidas aproximadamente-Baiona apenas sufrió el cañoneo de las Forjas del Boucau por un submarino alemán y la explosión del polvorín de Blancpignon. Los americanos establecieron sus cuarteles en el campo de San León por lo que fue llamado entonces "Campo Wilson". Dos placas del monumento conmemorativo recuerdan la estancia de la legión polaca y de los voluntarios checos. El 49 regimiento se distinguió en el campo de batalla. Vizcaya suministró mineral a las Forjas del Adur.

Garat e Ybarnégaray frente a frente. Muchos vascos de más de 30 años creyeron que al volver de la guerra, se reemprendería la batalla anti o pro-clerical, como antes de 1914. Pero el norte de la política francesa se ha desplazado ya hacia otros derroteros. La guerra ha despertado en Francia un enorme sentimiento de lo nacional -unión sagrada, espíritu de ancien combattant-. Por otra parte la izquierda francesa de la posguerra ya no es sólo el radicalismo anticlerical sino una serie de movimientos cuyo lema es lo social. Debido a la inexistencia de un proletariado propiamente tal, a excepción del surgido en el Boucau, y al fracaso del catolicismo democrático por el aplastamiento del movimiento Sillon, el país conoce a la posguerra una hipertrofia política, cuyos frutos, no tardarán en recoger hombres como Ybarnégaray y movimientos tales como la Action Française, Croix-de-Feu, etc.

A pesar de la desaparición de Semaine (1918) y la existencia en el Boucau de un pequeño grupo PCF (1920), Baiona y el resto del país "aparecen en conjunto como bastiones de resistencia al empuje socializante. Lejos del socialismo cristiano o de la democracia cristiana particularmente débil aquí hasta 1939, este viejo país católico permanece moderado a ultranza; en la misma Baiona, la lucha entre izquierdas y derechas no favorece al radicalismo sino en la medida en que Joseph Garat se asegura una situación personal bastante fuerte [Cuzacq: Les élections..., 1919 - 1939). Pero, con Ybarnégaray al acecho, la estrella de Garat conocerá diversos sobresaltos. El bajonavarro, al que apoya gran parte del clero, se busca la alianza de Guichenmé y la del ex-radical Choribit con las que logra, en un golpe de sorpresa, hacerse con las elecciones de la Cámara de 1919. Incluso en Baiona, vence a Garat a pesar de contar éste con Hirigoyen de Ustaritz y el Doctor Casamayor de Planta:

Ybarnég. GaratSocialistas
Gran Baiona1.260 750 120
Pequeña Baiona540 400 80
Saint-Esprit700 500 250
Votos 2.500 1.650 450

Después de esto, Garat no se presenta a elecciones municipales con lo que Baiona escoge por alcalde a Castagnet (10 de dic.), el hombre que reestructurará las murallas de Vauban y colocará el monumento del 14-18. Durante la ausencia de Garat, Action Française acrecentará sus partidarios en el país. Su sede estará en San Juan de Luz y el mayor número de simpatizantes en Baiona se centrará en el convento de capuchinos. Pero en 1924, año del triunfo del cartel de izquierdas en Francia, a pesar de salir Ybarnégaray nuevamente elegido diputado, Garat obtiene un triunfo local que le animará a presentarse en 1925. Ybarnégaray ha ganado, sin embargo, más votos que la vez anterior. A pesar de su revés bayonés, el 26 de octubre de 1924 tiene lugar en Baiona un mitin de extrema derecha al que acuden varios miles de personas (15.000?). Hablan a la concurrencia Mgr Gieure y el abate Bergey, diputado de la Gironda. El mitin se repite en 1925. Hablan Mgr Gieure, Charost, el alcalde Istillart y el diputado Ybarnégaray, hombres que en noviembre constituyen la Union Catholique.

El 1 de enero de este año, el Courrier es comprado por Jean de l'Espée, contrario a la política de Hérriot. El 3 de mayo de 1925, Garat, con el voto de socialistas y comunistas, recupera la alcaldía a la que es llevado en hombros por sus partidarios. Otro golpe antifascista: Pio XI condena, el 20 de diciembre de 1926, a la Action Frangaise. Mgr Gieure promulga entonces la condena y efectúa diversas purgas en su diócesis. También suspende el periódico Argia. Pero, para desgracia del país, la condena viene tarde y esta ultra derecha católica, sin opción política, proseguirá su marcha favorecida por el crecimiento internacional de los totalitarismos. El Courrier sostuvo, por ejemplo, hasta el final a la Action. En las elecciones legislativas de abril de 1928, Ybarnégaray vuelve a ganar en la Baja Navarra y Zuberoa. En el segundo distrito bayonés sale elegido Lissar que se había negado a ir en la lista del primero, y en el primer distrito, Garat bate al ex-radical Castagnet, republicano moderado ahora, al que apoyaban Ybarnégaray y la Action Française.

Elecciones Legislativas del 22-4-1928: Baiona
GaratCastag. Social. Comun.
Gran Baiona1.183 1.407 101 75
Pequeña Baiona710 534 67 54
Saint-Esprit1.265 747 161 104
Total3.158 2.688 329 233

En estas elecciones se acusó a Garat de haber hecho votar a los ancianos del Asilo. Por la derecha, los seminaristas fueron cogidos in-fraganti cuando votaban por segunda vez... El obispo echó la culpa al ecónomo, Durquet, pero Garat, cuya política era de aproximación a la derecha católica bayonesa, consiguió echar tierra al asunto, con lo que en las elecciones municipales de 1929 pudo contar con la benevolencia episcopal y prescindir de los socialistas con los que rompe. Por 3.784 votos contra 2.152 de Béhotéguy (candidato de derecha) 1.529 de los socialistas, gana la lista de Garat que consta de las siguientes personas: Simonet (abogado), Morel (dentista), Lacouture (periodista), Duclerc, Rectoran (poeta), Anatol, Forsans (comerciante), Fraisse (cristalero), Weiller (abogado), Andebert (farmacéutico), Benjamín Gómez (arquitecto israelita). Pero la estrella de Garat comienza a palidecer hacia los años 30. la gran inflacción, el paro forzoso y su distanciamiento de los socialistas, le enajenan el voto de las izquierdas. Por otra parte, en las elecciones de 1932, frente a Garat se presenta otro radical, René Delzangles, al que apoyan centristas y derechas bayonesas. Garat pierde en el campo; en la ciudad gana pero dificultosamente:

GaratDelzanglesSocial. Comun.
Gran Baiona1.412 1.243 249 76
Pequeña Baiona760 414 208 44
Saint-Esprit1.325 535 514 139
Total3.497 2.192 971 259

Una enorme estafa cometida por un ruso judío nacido en 1886, Stavisky, encargado del Crédito Municipal de Baiona, acabó con la carrera política de Garat. Stavisky multiplicó los bonos fraudulentos con lo que, al descubrirse la verdad y suicidarse el estafador, diversos acreedores bayoneses y franceses quedaron en la calle. El asunto no hubiera revasado en otras circunstancias el ámbito local, pero tanto Cruces de Fuego como Action Française, Solidarité Française, ex-combatientes, y sobre todo Ybarnégaray, se apoderaron de él haciéndole tomar proporciones gigantescas. El juez de instrucción, Uhalt, saltó a primera plana de los periódicos. El 7 de enero de 1934, Garat ingresaba en la prisión de Saint-Esprit sin sospechar que no iba a salir de ella en dos años.

En París, una crisis ministerial daba paso [6-11-1934] al gabinete Daladier y a las sangrientas jornadas del 5 y 6 de febrero en las que una multitud convocada por las ligas patrióticas fue disuelta a tiros cuando amenazaba invadir el palacio Borbón [16 muertos y más de 2.000 heridos, en especial agentes del orden]. Ybarnégaray hizo dimitir a Daladier a pesar de contar con la mayoría de la Cámara dando paso al nuevo gabinete Doumergue. Como respuesta a la intentona de Ybarnégaray, toda la izquierda, desde radicales hasta comunistas, contesta con una huelga general y una manifestación enorme ea las principales ciudades (12 febrero), anticipo del Frente Popular. Lo ocurrido en Alemania en enero de 1933 sirve de escarmiento a las masas bajadas a la calle. Pero la municipalidad bayonesa tuvo que dimitir. Los enemigos de Garat se mofan de la ciudad llamándola Lapurdum, lugar de ladrones, reavivando una vieja etimología. A Garat, víctima expiatoria sacrificada para saciar a las derechas, le sucede en el liderato político un viejo radical, Simonet, que no puede evitar que, en las elecciones del 18 de febrero, centro y derecha batan por escasos votos a toda la izquierda junta, que marcha desunida a los comicios.

Después de varias vueltas, sale Lafourcade, centrista. La izquierda, que abandona el consejo municipal, constituye un Comité de Vigilancia Antifascista. El 5 de abril, 3.000 manifestantes furiosos tratan de impedir que Ybarnégaray tome la palabra en el Teatro Municipal contra los responsables de la estafa Stavisky. Los choques entre los Cruces de Fuego de Ybarnégaray y los bayoneses revistieron caracteres de gravedad. A comienzos de 1936, Garat era condenado por la Court d'assises del Sena a los dos años ya transcurridos en la cárcel. Pero a pesar de persistir la agitación, el viejo Garat apenas cuenta ya con adherentes, llegando a morir, completamente olvidado, en 1944.

Prefigurando lo que ha de ser el Frente Popular Francés constituido el 14 de julio de 1935 para cerrar filas ante el peligro fascista, las izquierdas bayonesas se presentan coaligadas a las elecciones de 1935 y 1936. Los radicales vuelven al poder en la alcaldía bayonesa gracias a los votos socialistas y comunistas de los que ya no podrán prescindir. Así es como, el 13 de mayo de 1935, la lista del abogado radical Simonet triunfa sobre la de Lafourcade. Pero, a pesar de contar con el apoyo del jefe sindica Désarménieu, en las elecciones para la Cámara del 26 de abril de 1936, Simonet es derrotado por el también radical, pero de matiz más derechista, Delzangles. Garat intentó presentarse pero tuvo que desistir por la falta de apoyo. Un israelita millonario, Fernand Corcos, antifascista militante obtuvo una elevada serie de votos. Por el P. C. se presenta Barroumes y por el P. siglo Cacarrier. Es interesante observar el abanico de votantes en esta fecha crucial:

Delzan. SimonetCorcosCaca rrierBarr.
G. Baiona1.870 872 283 79 206
P. Baiona606 583 115 35 101
S-Esprit869 985 300 126 403
Votos 3.345 2.440 698 240 710

En la segunda vuelta Delzangles bate a Simonet por 3.658 contra 3.975. En general, puede decirse, que cuando los primeros refugiados de la guerra que destrozaba al país al otro lado del Bidasoa, aparecen en Baiona, [siendo alojados en Beyries] donde establecen, desde 1937 una delegación del Gobierno Vasco, Bajos Pirineos es el departamento situado más a la derecha del hexágono. Ello a pesar del crecimiento socialista en todo el estado francés. En octubre de 1937, Ybarnégaray constituye en la Cámara de diputados un grupo pro-fascista opuesto al Intergrupo de defensa de las libertades republicanas.

En mayo de 1940 las tropas alemanas inician la invasión de Francia. Baiona, como la mayor parte del País Vasco francés, cae en zona ocupada, lo cual significa ocupación de los locales de los periódicos, cristales pintados de azul, omnipotencia de la Gestapo, recelo entre los mismos bayoneses, restricciones, cartillas, colas, etc. Un profesor de la universidad de Strasburgo, Mgr. Vansteenberghe, ocupa la sede del obispado desde 1939. Opuesto al nazismo y apoyado por una minoría del clero, Vansteenberghe impuso una intencionada oración "Contra paganos" en las misas de su diócesis y niega su autorización a que los ocupantes digan sus oficios en la catedral.

Esto le valió, en 1942, la suspensión del Boletín diocesano. La Resistencia contó en nuestra ciudad con bien pocos nombres, apenas algunos más que los del canónigo Borthayre -párroco de St.-Bernard, en contacto con los obreros del Boucau-, Pierre Laffitte, Paul Etchamendy y el futuro alcalde de la ciudad, el bajo-navarra J. P. Brana. La Gestapo tuvo como cuartel general la villa "Monte Carmelo" y el Museo Bonnat, cuya colección estuvo a punto de desaparecer, albergó al servicio de avituallamiento.

Desde el 11 de junio de 1941, cupo a Marcel Ribeton la ingrata tarea de administrar la ciudad durante el periodo de ocupación. El 23 de agosto del verano de 1944, el radical Labourdique anunciaba desde el balcón del ayuntamiento el fin del mismo. Hubo numerosas personas arrestadas en el Polo de Beyries, pero, apenas llegó a una docena el número de condenados a muerte a diferencia de lo ocurrido en otros lugares evacuados por los nazis [el socialista Bidegaray fue confinado en Bidache; secuestrado en un automóvil por un grupo de desconocidos, su cadáver fue hallado en la carretera al día siguiente]. Una primera reorganización de emergencia fue asumida por un Comité Municipal de la Liberación con Jean Labourdique. Todos los viejos partidos, salvo la antigua derecha, vuelven a aparecer. Nuevos órganos de prensa, antiguos periódicos remozados, los diarios y revistas se multiplican.

Aparece La Résistance Républicaine de la que se separan los radicales Hiriart y Lacouture más adelante, para crear el Républicain du Sud-Ouest con el Sud-Ouest. En las elecciones municipales del 18 de abril de 1945, un radical-socialista, el bajo-navarra J. P. Brana, es elegido alcalde de la ciudad. Este laureado ex-combatiente, antifascista detenido por la Gestapo, administrará la ciudad hasta 1947 en que le sustituye Delay. En cuanto a Ybarnégaray, que en junio de 1940 fue ministro de Pétain, pero, hostil a los alemanes, fue deportado por éstos al Tirol, el Tribunal de la Liberación lo absolvió pero su vida política -salvo una reaparición en 1951- se hundió definitivamente. Incluso fue herido gravemente por un grupo de refugiados de la guerra de España, al intentar dirigirse al público en Pau.

La sublevación de los patriotas argelinos se inicia el día de Todos los Santos de 1954. Durante más de tres años la progresión de la rebelión irá corroyendo los fundamentos de los pilares de la política francesa tradicional, hasta determinar la caída de la IV República (1958). En nuestro país, la guerra de Argelia apenas será sentida en carne propia salvo escasas excepciones. Tres campos bien delimitados llegarán a distinguirse: el de la gran mayoría o campo de los indiferentes, el de una minoría de nacionalistas franceses, generalmente militares, campo reforzado por la guarnición de paracaidistas de Baiona y los progresivos contingentes de repatriados, y, finalmente, el campo de los nacionalistas vascos, defensores del derecho a la autodeterminación de los pueblos y por tanto propugnadores de una Argelia argelina. La masa de los indiferentes, de la gente que no quiere ni complicaciones ni guerras, se acogerá al manto protector del general de Gaulle, pasando a constituir, con el tiempo, su clientela más fiel.

Así muchos de los que acudieron por inercia a votar por el católico de derechas, Etienne Ribeton [hijo del alcalde de Baiona durante la ocupación alemana], o por el MRP comandante Poirier, o incluso por Graciannette, el socialista, constituyen entonces la mayoría, que llamaríamos silenciosa, seguidora del general. La derecha tradicional bayonesa se disuelve a finales de la década de los 50; otro tanto puede decirse de los viejos radicales. Queda un MRP fácilmente transvasable... y el gaullismo. El proceso se acelera a partir de la sublevación de los pied-noir, el 13 de mayo de 1958. No faltan incidentes. En Baiona, una bomba de plástico estalla en la subprefectura causando grandes destrozos. Se rumorea la formación de un Comité Bayonés pro Argelia Francesa clandestino... Pero las elecciones senatoriales (8 junio 1958) demuestran que, fuera de los paras, de algún cliente de Tixier o algún coronel Thomazo, Argelia sigue estando lejos, ya que Errecart (M.R.P.), apoyado por Herria y por Basque-Eclair obtiene una mayoría de votos de diversas procedencias.

El 27 de mayo de 1958, 80 políticos vascos firman una moción que ha de ser entregada en la subprefectura, y en la que se pide que de Gaulle asuma la dirección de la zarandeada nave francesa. Entre los firmantes, hay un buen número de bayoneses: Autey, Bielle, Delatour, Clemente, Hubert, Garat, Garrot, Roger, Marcel, Prévost, Rangotte, Ribeton, Rouel, Jean, Joubert, Georges, Nadouze, Mugica, Schuerer, Suares, Simon, Veysset y Tardits. Comunistas y organizaciones sindicales, opuestos al general pero partidarios de la autodeterminación de Argelia quedan en estos momentos un tanto fuera de juego. El plebiscito del 28 de Septiembre de 1958 que legitimaría la instauración de la 5.ª Rep. (20.938 inscritos, 17.370 votantes), otorga un sí masivo al general:

No
Gran Baiona7.596 809
Pequeña Baiona2.866 364
Saint-Esprit4.784 1.068
Total 15.246 2.241

En 1959 entran a gobernar en la comuna bayonesa hombres principalmente centristas más algún radical, MRP, o gaullista de derechas. En las elecciones municipales del 8 al 15 de marzo es elegido alcalde el centrista Doctor Grenet, presidente del Aviron, con Forsans por primer adjunto y Gaudeul, Pras, Darrigrand, Biatarana, Dagonet como adjuntos. He aquí el resultado de los escrutinios:

Lista Grenet (Centro) 7.018 votos
Lista Thomazo (UNR todavía) 4.843 votos
Lista socialista2.242votos
Lista comunista1.849 votos

Los resultados de la segunda vuelta favorecen a Grenet en un 80%.

Lista Grenet10.940 votos
Lista comunista2.504 votos

El 16 de septiembre de 1959 de Gaulle propone la autodeterminación de Argelia con lo que los franceses residentes en ella se sienten abandonados. Thomazo y otros gaullistas bayoneses rompen con el general. En vísperas del referéndum de 1961, los periódicos de la ciudad y aledaños toman partido: el Courrier y el Sud-Ouest apoyan a de Gaulle en su decisión de abandonar Argelia, pero Cóte-Basque-Soir se pronuncia por la permanencia francesa en tierras africanas, así como Le Soir de Bayonne de Guy Petit y el Espoir desde cuyas columnas Tixier-Vignancour clamaba su indignación. Los paras impidieron que un coronel MRP hablara sobre la cuestión argelina en un cine bayonés [12-X-60]. El 3 de diciembre la policía efectúa registros en los domicilios de varios sospechosos: Bouttes [un repatriado], el coronel Cazenave, el coronel Sury d'Aspremont, el coronel Thomazo... El decisivo referéndum del 8 de enero de 1961 sobre la autodeterminación argelina dio el siguiente resultado:

2.725 votos(73 %)
No3.654 votos(21,30 %)

Tanto Baiona como el resto de Iparralde vota aún coyunturalmente al gaullismo pero sigue prefiriendo a sus candidatos centristas. En este referéndum, de Gaulle será votado por individuos procedentes de campos diversos y hasta encontrados: clero, inclinado hacia el general por su ayuda a la enseñanza llamada libre [ley Barange], nacionalistas vascos simpatizantes con el FLN, intelectuales de izquierda seguidores del manifiesto de Sartre, católicos en la línea de Témoinage Chrétien... Junto a la derecha patriótica, y a los repatriados, un buen contingente de radicales, temerosos de futuras socializaciones, constituirá una nueva derecha enemiga del general, fenómeno bayonés que altera la vieja antinomia ciudad izquierdista-campo conservador.

Mientras en todo el territorio francés, el sí obtiene un 75,25 % de votos y en los Bajos Pirineos un 83,18 %, Baiona proporciona un circunspecto 73 %. Lo cual no es óbice para que una convocatoria de Tixier-Vignancour (julio de 1961) pro Argelia francesa, apenas reuniera más de 150 personas contando a los coroneles Thomazo, Cazenave y Dutey-Harispe. El 20 de mayo se abre la conferencia de Evian que en marzo de 1962 otorga la independencia a Argelia. En 1965, la Asociación de Franceses Repatriados de Argelia contaba con 1.000 afiliados sólo en Baiona, aproximadamente un 2,6 % de su población total.

Es a fines de la década de los 50 -salva la excepción Ospital-Légasse de los años 4O- cuando puede hablarse ya de una firme corriente nacionalista vasca en el norte del País, corriente que, falta aún de una organización propia, se encuadra y vierte sus votos al MRP [Ospital, autonomista, obtuvo en 1945, 57 votos en Baiona]. Escogen como órgano de prensa al Basque-Eclair, sección vasca del Eclair-Pyrénnées que a la Liberación había ocupado el lugar del Patriote de Pon. En Basque-Eclair, iniciado en 1953, sostienen vivas polémicas Legarralde y Roca-Serra (Pariseko-Chouria), en los años 1957 y 1958. Tanto Garat en el Côte-Basque-Soir, como Tixier-Vignancour en L'Espoir y Jean de l'Espée en el Courrier apuntan sus dardos hacia este periódico de tendencia MRP dirigido por Lanusse-Cazale.

Pero cuando verdaderamente este movimiento toma cuerpo es a partir del año 1960, año en que aparece el periódico Enbata en el que escriben los que serán fundadores del movimiento de este nombre (Itxassou, 1963). La progresión electoral de esta organización joven -en país viejo, desertado por los jóvenes-, es lenta. En las elecciones legislativas de 1967, obtiene en todo el país 5.098 votos, aproximadamente el 5 % de los votos vascos. El resultado en la circunscripción de Baiona fue:

MarieGrenetHaran
UDRCentroEnbata
32.282 28.575 3.156

En Baiona (ciudad), de 18.992 votos registrados, 739 fueron para Haran, o sea un 3,89 %. En los cantones que componen el país, Enbata obtuvo: Biarritz 4,1 %, Bidache 2,7 %, Espelette 3,1 %, Hasparren 2,3 %, Iholdy 2,8, Labastide-C. 3,1 %, Mauleon 9,3, Baigorry 6,1 %, Saint-Jean de Luz 6,3 %, sigloJ. de Pie de Puerto 2,5, Saint-Palais 4,3 %, Tardets 10,5, Ustaritz 7,1 %. Es a partir de estas elecciones cuando el elector vasco votará masivamente a la mayoría gubernamental. En el referéndum de abril de 1969 en el que De Gaulle ofrecía a votación una peculiar regionalización y la reforma del senado o, en caso de perder (lo que ocurrió), el abandono del poder, el país votó a favor del general por 61.934 votos contra 36.874, con la única excepción de Baiona y Biarritz. He aquí los votos de Baiona:

No
8.756 10.254

Sería interesante averiguar cuáles fueron exactamente las razones de este no ya que en las elecciones presidenciales de junio, la ciudad votó gaullista:

Pompidou (UDR) 8.319 votos
Poher (centro) 5.785 votos
Duclos (comun.) 2.648 votos
Deferre (soc.) 964 votos
Rocard (PSU) 682 votos
Krivine (trosk.) 196 votos
Ducatel (indepen.) 168 votos

En los últimos años las calles silenciosas de la vieja y romántica Baiona -ciudad de exilio- han recobrado una animación sin precedentes desde el affaire Stavisky. Enbata ha salido a la calle. La huelga de hambre de 1970 dura, aproximadamente 12 días. Apoyan al movimiento, en sus inicios, un bretón, miembros del PSV y del PS. Comienza el 20 de marzo en el ayuntamiento de la ciudad, sigue en la sede de Enbata y se instala finalmente en la catedral. En el transcurso de los días, apoyan la huelga la CFDT, clero de la catedral y grupos de izquierda y católicos. El Consejo de Ministros del miércoles da fin a la situación cuando ya los tres últimos huelguistas son hospitalizados. Tanto la ORTF como "Le Monde" han presentado a Baiona en primera página de actualidad. Mientras tanto, cabe preguntarse, ¿cuál es el destino de esta pequeña burguesía marginal de un hexágono francés férreamente centralizado, eminentemente comercial aún, sumida en un letargo económico y político agravado por el escaso dinamismo del entorno rural -pequeña agricultura poco rentable salvo ensayos valiosos de racionalización (Lur-Berri), subsidiaria, en cuanto a decisión política, de la gran burguesía francesa a la que presta un apoyo tan temeroso -temor a la izquierda socialista, temor a lo desconocido- como poco entusiasta?