Kontzeptua

Mayo

Jornada de lucha decretada en julio de 1889 por el Congreso Internacional de Trabajadores de París (II Internacional) a fin de presionar en orden a la obtención de mejoras de las condiciones de vida y trabajo de la clase obrera, en especial la jornada de ocho horas (8 horas de trabajo, 8 de descanso y 8 de educación). Se celebró por primera vez en 1890 como día de reivindicación y lucha produciéndose enfrentamientos en diversas ciudades del mundo.

En nuestro país la celebración tuvo lugar el domingo 4 en Bilbao (La Arboleda) sin apenas incidentes pese a lo cual al siguiente año el gobernador prohibió toda manifestación. Vizcaya se vio así afectada por un paro total en la zona minera y detenciones parciales del trabajo en algunas factorías en las que los socialistas eran fuertes. Poco a poco la celebración fue adoptando carta de naturaleza y difundiéndose por el país pese a no ser aceptada oficialmente. El hecho de que no diera lugar a atentados de carácter anarquista como en otros lugares de Europa y en los EE.UU. contribuyó a ello.

En 1900 se celebró por primera vez en San Sebastián. En vísperas de la I Guerra Mundial ya había alcanzado a las cuatro capitales y a la zona de Bayona, amén de Eibar donde el núcleo socialista era importante. A tenor de las directrices internacionales, en las que primaba el criterio de los socialistas sobre el activismo anarquista, la jornada se convirtió en una fiesta pacífica con desfiles, caracterizaciones alegóricas, gira campestre, etc. La entente del socialismo con el republicanismo hizo además que, en el País Vasco, se sumaran los elementos disconformes con la monarquía, y ya en los años 20, y por su cuenta, el sindicalismo social-cristiano de ELA/SOV.

Tabla de reivindicaciones del 1 de mayo de 1914.

  1. 1.ª Legislación protectora del Trabajo, aprobada en el Congreso Socialista Internacional de París en 1889, y en particular la jornada de ocho horas.
  2. 2.ª Derogación de la ley de jurisdicciones.
  3. 3.ª Reducción de los gastos militares.
  4. 4.ª Extensión de los beneficios de la Ley de Accidentes de Trabajo a los obreros agrícolas y a camareros y cocineros.
  5. 5.ª Terminación de la guerra de Marruecos.
  6. 6.ª Interin que ésta dure, que vayan a ella los hijos de los ricos como van los de los pobres.
  7. 7.ª Reducción de la jornada que realizan los dependientes de comercio.
  8. 8.ª Supresión del trabajo nocturno en el ramo de panadería.
  9. 9.ª Leyes y disposiciones en favor de Cooperativas y Mutualidades obreras, autorizando a éstas para tener farmacias propias, siempre que cumplan las leyes de Sanidad, según proyecto aprobado por el Instituto de Reformas Sociales en 10 de febrero de 1909.
  10. 10.ª Amnistía para todos los condenados de delitos políticos y sociales.
  11. 11ª Exacto cumplimiento de todas las leyes sociales. 12.ª Supresión del Impuesto de Consumos.

Durante la dictadura de Primo de Rivera y a tenor de la consideración que ésta guardó al socialismo, la celebración siguió teniendo lugar aunque en lugares cerrados y circunscrita a este sector obrero. Al caer la misma volvió a recuperar la amplitud de los años 20, coincidiendo con las movilizaciones ocasionadas por el regreso de exiliados célebres como Unamuno. Concretamente, el triunfal regreso de éste en 1930 ocasionó que Berenguer acordara "nuevamente suspender los actos públicos, evitando así la ocasión de que esta agitación aumentara" (Berenguer, 1935, 119-122). Proclamada la República la fiesta se celebró en España con tranquilidad excepto en Barcelona y Bilbao donde elementos incontrolados suscitaron tiroteos en los que resultaron varios muertos y heridos. Al año siguiente las cosas ya habían cambiado; la fiesta fue declarada oficial pero el enfrentamiento acaecido entre las nuevas autoridades -laicas- y la Iglesia Católica dividió a los celebrantes, en especial en el País Vasco donde existía un fuerte sindicalismo confesional. Uno de sus mentores, el sacerdote Policarpo Larrañaga, relata:

"Solidaridad, organización de trabajadores, no sentía empachos, ni mucho menos, para celebrar dignamente la fiesta del Trabajo. Las Agrupaciones habían confeccionado sus programas religioso-sociales para celebrar debidamente la fiesta del Trabajo. Mas las autoridades suspendieron todos los actos. Los extremistas intentaron derivarla hacia huelgas generales, en las zonas fabril y minera de Vizcaya, mas la enérgica intervención de la fuerza armada impidió sus disolventes intentos, sin que pudieran ser evitados algunos incidentes. Paradójico. Los socialistas en el poder, no pudieron celebrar su fiesta del Trabajo con los elementos acostumbrados. Se vieron forzados a suspenderla en la calle y en público, y a recluirla en los domicilios sociales. Hasta ese punto llegaba la repulsa general que su dictatorial actuación provocaba en la opinión. (...). El 1.° de mayo lanzaba por todo el País Vasco un vibrante manifiesto, como queda indicado al hablar de Vizcaya. Aunque suspendidas las fiestas por la autoridad, las agrupaciones guipuzcoanas celebraron las religiosas y en sus domicilios sociales rindieron pleitesía al día del Trabajo".

Larrañaga, Contribución..., 146-147, 172.

Durante el resto del período republicano los socialistas y otros grupos laicos celebraron la Fiesta del Trabajo por su cuenta, con mítines en sus centros y fiestas en parques y campas apropiadas, manifestaciones y cierre de comercios en la Ribera de Navarra, mientras los grupos católicos, especialmente solidarios, lo hacían con misas, sufragios por los afiliados fallecidos y mítines. Los obreros que se consideraban autónomos guardaban también la festividad por su cuenta como ocurre en Irún en 1934, año en el que se celebran dos mítines, el de UGT y el de los autónomos.

En la imposibilidad de ignorar la efeméride y dentro de las nuevas normativas nacional-católicas, el 1 de mayo, obrerista y reivindicativo, fue transformado en Día de San José Obrero. Desde 1957 se celebraba en Madrid mediante una multitudinaria Demostración Sindical en el Estadio Bernabeu con participación de grupos del sindicato vertical franquista y Coros y Danzas de la Sección Femenina de Falange. En el resto del Estado se efectuaban simultáneamente diversos actos oficiales en recinto cerrado con misas y discursos a cargo de personalidades tales como el delegado provincial de Trabajo, Organización Sindical Oficial, INP y Jefatura Provincial del Movimiento. Los actos de Madrid eran presididos por autoridades civiles y eclesiásticas y el generalísimo Francisco Franco, acompañado, desde los años 70, del príncipe de España Juan Carlos.

Durante la dictadura franquista la celebración del 1.° de mayo adquiere un carácter subversivo. Al estar suprimidas todas las libertades y derechos elementales, la reivindicación de los mismos se convierte en un hecho delictivo. De hecho, durante años, la celebración del 1.° de mayo se reducirá a llamamientos y conmemoraciones de las fuerzas obreras vascas en el exilio, sin que tengan una influencia práctica en el interior. Aquí, las fuerzas obreras y antifranquistas tratan, a duras penas, de consolidar sus organizaciones frente a una dura represión policial. Después de la derrota del nazismo en Europa, el Gobierno Vasco reconstruido en el que están representadas todas las fuerzas políticas vascas activas se preparan para un cambio que parece como inminente. Sin embargo, el tiempo va pasando y, a pesar de las condenas de la ONU -condenas formales y sin resultados prácticos- Franco continúa en el poder. Las contradiciones entre los antiguos aliados en la lucha contra el nazismo van acentuándose, muy particularmente a lo largo del año 1947, hasta el punto de llegar a una ruptura de facto que señala la división del mundo en dos campos. El anticomunismo se convierte en el objetivo estratégico fundamental para las potencias occidentales y a él van encaminados todos los esfuerzos y decisiones que se toman en el terreno político. No es pues de extrañar que Gran Bretaña y los Estados Unidos -estos últimos herederos del papel jugado hasta entonces por la primera en el orden internacional- tras un período de dudas y titubeos dejen de pensar en derribar a Franco que en el fondo -lo que no deja en ningún momento de recordar la propaganda oficial- constituye un bastión anticomunista en la Europa occidental frente a la debilidad de Francia e Italia y la expansión soviética por las futuras democracias populares. Con la convocatoria de la huelga general en Vizcaya -lugar de mayor concentración obrera en aquellos tiempos- se trata de demostrar tres cosas:

  1. 1.°-Que frente a la división de las fuerzas políticas españolas y su inacción forzada, es necesario movilizar al pueblo vasco en un movimiento de resistencia contra la tiranía que muestre la posibilidad de las acciones de masas.
  2. 2.°-Que las potencias occidentales, que han de reunirse en noviembre para tratar de nuevo el tema de España, valoren un acto político masivo, ordenado y dirigido por un Gobierno legalmente constituido y que cuenta con la legitimación que le da el apoyo popular, mostrando la posibilidad de actuar eficazmente contra el régimen, más aún si acciones de este tipo van combinadas con la presión activa de las potencias occidentales.
  3. 3.°-Que un movimiento de este tipo, dirigido por un Gobierno democrático en el que están representadas todas las fuerzas políticas antifranquistas y cuenta con el apoyo popular, es una garantía de que la transición hacia la democracia se hará sin traumas ni problemas.

El comunismo deja de ser un peligro ya que sus posibilidades en una situación de este tipo son escasas. Es en este contexto en el que lo político prima más que lo social o lo meramente obrero en el que se lleva a cabo la convocatoria de la huelga del 1.° de mayo. El Consejo Delegado del Gobierno Vasco-Junta de Resistencia, de acuerdo con las tres centrales sindicales vascas -ELA UGT y CNT- lanza una convocatoria de huelga general en Vizcaya para el día 1 de mayo -día laborable en aquella época- con el apoyo de todos los partidos políticos. En las grandes fábricas el paro se deja sentir rápidamente. En Euskalduna, de los 3.000 trabajadores, 2.500 secundan la huelga. Lo mismo ocurre en la Constructora Naval, mientras que en Altos Hornos casi la mitad de la plantilla se une a la acción. La huelga se extiende rápidamente. El día 2 de mayo, Genaro Riestra, gobernador civil de Vizcaya, anuncia represalias: rescisión de contratos, solicitud individual de reintegración en las empresas, pérdida de derechos de antigüedad y obligación de los empresarios de exigir al personal un certificado de trabajo donde conste si han sido sancionados por motivo de la huelga. Lejos de amilanar a los obreros, la actitud de Riestra hace que la huelga -ahora ya en solidaridad con los represaliados- se extienda. Los sindicatos vascos hacen un llamamiento invitando a que "nadie cumpla la orden del gobernador ni se someta a sus dictados".

El día 3, Riestra contraataca comunicando que todos los obreros que se encuentren en libertad vigilada -muchos en aquellos tiempos- deben presentarse a las autoridades correspondientes, ordenando al mismo tiempo a los patronos a que le envíen una relación de los obreros en huelga. La tensión crece. Durante los días 3 y 4 el Ejército y la Policía ocupan Bilbao. Se refuerza la Guardia Civil y los 600 policías secretas de la plantilla de la capital vizcaína ve aumentado su número en 2.500 agentes más, según señala la prensa clandestina de la época.

El día 5 la huelga llega a su momento álgido. A los metalúrgicos se suman otros sectores: la construcción, los obreros portuarios y numerosas fábricas y talleres. Se habla de 5.000 detenidos. El conflicto comienza a extenderse a Guipúzcoa. Este mismo día, se colocan tres ikurriñas en la localidad guipuzcoana de Bergara. Horas más tarde es detenido el trabajador Agustín Unzurrunzaga que muere durante su traslado a la comisaría de San Sebastián. El recibimiento del cadáver en su pueblo natal constituye un acto multitudinario. Mientras, la actitud intransigente de Genaro Riestra produce discrepancias entre los empresarios vizcaínos que ven que la situación tiende a agravarse. Falangistas y policías patrullan las calles de Bilbao. El paro se extiende a pueblos del interior de la provincia de Vizcaya y también a la de Guipúzcoa.

El día 6 la huelga en Eibar es total y al día siguiente el 70 % de la población laboral de Elgoibar no acude al trabajo. Sin embargo, a partir del día 9, la conflictividad laboral comienza a descender. Pocos días antes, Riestra ha hecho marcha atrás modificando una orden anterior, permitiendo que los huelguistas puedan reanudar su trabajo sin perder la antigüedad. Por otro lado, la fuerte represión, la escasez de medios económicos y la larga duración del movimiento inciden en la capacidad de resistencia que cesa por orden de la Junta de Resistencia. La noche del día 10, las centrales sindicales vascas enviaban, a través de Radio Euskadi, una proclama a los huelguistas, felicitándoles por su acción y animándoles a continuar la lucha contra la dictadura. Pero a continuación se ordena la vuelta al trabajo. El día 12, en un mensaje del lehendakari Aguirre, se hace el balance de la huelga "la más grande victoria obtenida por las fuerzas populares contra el régimen de Franco". En ella, según informaciones de la época, han intervenido de 40 a 60.000 huelguistas. La represión deja seriamente dañadas a las fuerzas populares pero se ha demostrado que es posible resistir al franquismo. La huelga de 1947 quedará como una muestra de ello y como un hito en la historia del movimiento obrero y antifranquista vasco.

Tras este 1.° de mayo bajo el franquismo, habrá que esperar muchos años todavía para que se creen las condiciones propicias para reanudar la conmemoración obrera. La guerra fría y la ruptura de la unidad del Gobierno Vasco, así como la dura represión franquista y una deprimida situación económica, hacen que haya que esperar hasta los años sesenta para poder volver a plantearse la celebración pública -aunque ilegal- del 1.° de mayo como jornada de lucha obrera y antifranquista. Entonces la situación habrá cambiado ya notablemente o estará inmersa en pleno cambio. La primera mitad de esta década ve nacer nuevos fenómenos de considerable influencia en la historia de la resistencia obrera contra el franquismo. Estos fenómenos, junto con un indudable desarrollo económico, suponen una ruptura implícita con la situación anterior en lo que a la resistencia antifranquista se refiere y la incorporación de nuevas generaciones a la lucha que no han conocido la guerra directamente aunque sí sus efectos posteriores ya que han nacido y crecido bajo el franquismo. El nacimiento, desarrollo y consolidación en torno a la segunda mitad de los sesenta del movimiento de CC.OO. y de los grupos marxistas revolucionarios, así como el surgimiento de nuevas y activas generaciones nacionalistas en torno al movimiento ETA configuran de una manera fundamental junto a un cierto debilitamiento de las organizaciones democráticas tradicionales- aunque con ritmos e influencias diferenciadas, el desarrollo de toda la lucha antifranquista y en concreto el desarrollo de las celebraciones de los 1.° de mayo. Estas celebraciones, por otro lado, no pueden dejar de ser consideradas en su contexto y en el marco concreto de cada año en que se celebra ya que si a veces van precedidas por largas y prolongadas huelgas que crean un ambiente propicio -sin olvidar, claro está, los "Aberri-Eguna" próximos en el tiempo y que marcan el ritmo de la posterior conmemoración obrera-en otras ocasiones tienen lugar en períodos de fuerte represión policial o en pleno estado de excepción, lo que limita en gran manera sus posibilidades de manifestación de masas.

Si las fuerzas obreras tradicionales agrupadas en la Alianza Sindical de Euzkadi (CNT-UGT y ELA-STV) encabezan los llamamientos, su limitada presencia en el interior hace que el protagonismo de las acciones del Primero de mayo recaiga, a partir de su inicio en los sesenta, en las organizaciones y movimientos señalados, lo que se hará aún más patente a partir de la radicalización de la conmemoración en los años setenta. La primera celebración, después del 47, tiene lugar en Bilbao y San Sebastián el año 1964, cuando el régimen se halla inmerso en la conmemoración triunfalista de los "25 años de paz". Pocos días antes ha tenido lugar en Gernika la primera concentración masiva para celebrar el Aberri-Eguna que tiene lugar desde la época de la República. En Bilbao, a las doce del mediodía del viernes día 1, se reúnen, entre la Plaza de España y la Elíptica, grupos compactos formando una gran masa de gente a ambos lados de la Gran Vía. La Policía manda disolverse pero los manifestantes invaden la calzada y comienzan los gritos y las carreras. Hay escenas de violencia y enfrentamientos con la Policía. La gente invade el Parque del Arenal gritando mientras por uno de los extremos llegan más coches de Policía y un camión de bomberos que con mangueras arrojan agua mezclada con colorante rojo sobre los manifestantes. Se practicaron 17 detenciones. En San Sebastián se nota una gran presencia policial desde primeras horas de la mañana. A las doce en punto la gente que se encuentra dispersa por la ciudad se concentra en la Plaza Guipúzcoa donde se desfila, en silencio durante una hora, sin que intervenga la Policía. De allí, la manifestación se dirige a "Sindicatos". Algunos funcionarios franquistas se asoman nerviosos. En ese momento los manifestantes rompen la prensa del día en mil pedazos dejando los jardines entre "Sindicatos" y el Hotel María Cristina cubiertos de papel. A la una y treinta minutos, dentro de un orden completo, la manifestación se disuelve. La prensa clandestina habla de cerca de 40.000 manifestantes en Bilbao y de 3 a 4.000 en San Sebastián. Comienza así el ciclo de las celebraciones obreras que, junto con el Aberri-Eguna, constituirán las manifestaciones tradicionales antifranquistas que se repetirán todos los años hasta la caída de la dictadura.

Tras este indudable éxito, al año siguiente, en 1965, se repite la convocatoria que en Bilbao adquiere de nuevo carácter masivo -30.000 participantes- con una fuerte represión. En San Sebastián la ruptura de ELA del Interior con la Alianza Sindical acaecida un año antes acarrea una doble convocatoria. Mientras UGT, CNT y el PNV (ELA del exterior) convocan otra vez en la plaza de Guipúzcoa, los escindidos lo hacen en el Boulevard, donde finalmente, tras una negociación entre Ayestarán y Múgica, confluyen las dos convocatorias. La manifestación se inicia con una menguada cadena humana alrededor del kiosko que es disuelta por una carga de funcionarios del Sindicato oficial armados de porras y brazaletes con la bandera española. Se practican varias detenciones distinguiéndose en ella el célebre comisario Manzanas. Hacia la una del mediodía una nueva concentración es disuelta por una bandera de la policía armada con base en Logroño. Exito parcial (Zutik!, n.° 54).

Sin embargo, al año siguiente -1966- la manifestación de San Sebastián, también en el Boulevard, aumenta en número y se radicaliza. La Policía se pasea en "jeeps" por la ciudad media hora antes de la hora señalada. Al llegar la hora los manifestantes se concentran en torno al kiosko de la música pero son atacados por los "grises". Carreras, golpes y gritos se suceden hasta la una de la tarde. Se hacen 20 detenidos. En Bilbao, la manifestación presenta iguales características que otros años, impidiendo la Policía que los manifestantes se concentren en la Gran Vía, quedando agrupados en los accesos. Se practican 20 detenciones. En Pamplona y Vitoria, aunque menos importantes, hay también manifestaciones.

El año 1967 se caracteriza por un aumento considerable de la represión policial. En Vizcaya ha sido declarado el estado de excepción por tres meses con motivo de la huelga de los trabajadores de Laminación de Bandas de Echeverri. Previamente se realizan muchas detenciones. Se trae Policía Armada de Zaragoza, fuerzas de caballería y gran número de Policía Política. El día I la Gran Vía bilbaína está tomada completamente y se obliga a los peatones a circular por calles laterales. Resulta imposible cualquier concentración. En San Sebastián también la presencia policial es masiva. No se puede acercar al Boulevard. Se hacen manifestaciones de pequeños grupos diseminados. Unos 200 manifestantes se refugian en la iglesia de Santa María donde quedan rodeados por la Policía. El vicario de la diócesis, Sr. Panizo, autoriza la entrada de los policías en la iglesia que realiza 37 detenciones. Los incidentes y manifestaciones duran hasta las 10 de la noche. Hay también manifestaciones en Eibar (1.500 personas en la Plaza Unzaga); Villafranca (unos 600 obreros). En Pamplona, unos 400 manifestantes se reúnen ante la delegación provincial de Sindicatos, leyendo un escrito de repulsa a la Ley Sindical, siendo brutalmente atacados por la Policía que hace tres detenciones.

Resulta difícil hacer referencia al 1.° de mayo de 1968 sin relacionarlo con la convocatoria del Aberri-Eguna que este año se celebra en San Sebastián el 14 de abril. La ciudad aparece tomada militarmente. Policía montada, helicópteros, barcos de guerra (tres unidades), impiden el acceso a la ciudad. Dentro de ella se impide la circulación por determinadas zonas. Se practican numerosas detenciones. Es el mayor despliegue represivo visto desde la guerra. Las medidas tomadas para el 1.° de mayo son similares. Resulta ya imposible realizar manifestaciones de masas. Estas, muy combativas, toman la forma de "comandos" -pequeños grupos de manifestantes que se desplazan de un lugar a otro esquivando a las fuerzas policíacas- y van precedidas los días anteriores por numerosos paros y manifestaciones. Igualmente, las manifestaciones se realizan no sólo en las capitales sino también en los pueblos industriales de las provincias vascas. Esta será la tónica que se generalizará a partir de ahora debido al aumento de la represión y a la mejora de la técnica y actuación de la Policía en la represión de las manifestaciones. En 1968, en San Sebastián, hubo "saltos" en la Parte Vieja, Boulevard y jardines de Alderdi Eder, a las doce del mediodía. Se destrozan periódicos, se cruzan vallas metálicas y se interrumpe el tráfico. Las cargas son continuas. Se rompen los cristales de los periódicos La Voz de España y Unidad. Hacia las tres menos cuarto la manifestación se disuelve por sí misma. Se hacen 85 detenidos. Hay también manifestaciones en Rentería, Urretxu, Zumarraga, Bergara y Eibar. En Vizcaya se producen algunos paros los días anteriores y el 1 de mayo se lleva a cabo la manifestación por las calles de Bilbao, Plaza de Zabálburu, Siete Calles, San Francisco, etc., con choques muy fuertes en la Plaza de Santo Tomás, con un saldo de 24 detenidos y numerosos heridos. En Pamplona unas 1.000 personas se concentran en la Plaza del Castillo que son disueltas por las cargas policíacas haciéndose nueve detenidos.

El 1.° de mayo de 1969 se celebra en Euskadi en un ambiente todavía mayor de represión tras casi ocho meses de estado de excepción dirigido fundamentalmente contra ETA pero que toca a todas las fuerzas democráticas. Las fuerzas obreras adoptan la forma de "jornada de lucha", es decir, paros los días previos al día 1 y manifestaciones "comandos" en la fecha conmemorativa, con enfrentamientos duros en Bilbao, San Sebastián y Pamplona. Durante los años setenta, las manifestaciones del 1.° de mayo en Euskadi siguen la misma tónica y el escenario parece repetirse año tras año. Una fuerte represión policial que obliga a las fuerzas antifranquistas a responder con manifestaciones de tipo "comando" según ya se ha dicho así como a extender el movimiento a los días anteriores mediante paros y jornadas de lucha, buscando igualmente hacer que paros y manifestaciones se multipliquen por el interior de las provincias vascas. El aumento de la conflictividad social y política, así como los crecientes desmanes de las fuerzas represivas y la radicalización de la lucha nacionalista, hacen que el 1.° de mayo se convierta en un acto más de los muchos que se van a suceder a lo largo de los setenta, coincidiendo en determinados momentos con el resto del combate antifranquista que de manera creciente e imparable se va extendiendo a toda la sociedad vasca. A los obreros se suman los estudiantes y todas las capas de la sociedad vasca en un combate que tiene ya un carácter global. "Comandos", barricadas, cócteles Molotov, banderas rojas, detenidos, heridos, etc., es el escenario de las jornadas del 1.° de mayo que no dejan de repetirse en Euskadi todos los años, coincidiendo de nuevo, como en Guipúzcoa en mayo de 1975, con otro estado de excepción.

A la muerte del general Franco y en el marco de la vidriosa transición a la democracia, habrá que esperar casi dos años para que la celebración discurra por los cauces legales. El 1 de mayo de 1976, a los cinco meses de desaparecer el Caudillo y ascender Juan Carlos de Borbón al trono de España, fue celebrado con actos oficiales tales como la entrega de la medalla del mérito del trabajo y promoción familiar y natalidad amén de diversas demostraciones de la Obra Sindical de Educación y Descanso. En todas las grandes ciudades hubo conatos de manifestaciones ilegales reprimidas. Lo mismo ocurrió en el de 1977, a un mes escaso de celebrarse las primeras elecciones generales inorgánicas desde 1936. En esta ocasión y pese a haber sido legalizadas algunas centrales sindicales, no se permitió la celebración masiva y callejera del día internacional del trabajo y sí alguno que otro acto en lugares cerrados o alejados del centro urbano. Los enfrentamientos más duros tuvieron lugar en Bilbao.

El primer 1 de mayo legal fue el de 1978 que trascurrió con total normalidad en San Sebastián y Vitoria y con incidentes en Bilbao y Pamplona; en la primera ciudad se alteró el orden por efecto de la intervención de grupos provocadores desconocidos y en la segunda por irrupción de la policía armada en la Plaza del Castillo llena de personas. En total se calcula que llegaron a manifestarse alrededor de 250.000 personas en todo el país vasco. En el comunicado unitario de 1979 firmado por UGT, ELA, CC.OO, LSB-USO, SU, LAB y CSUT se reivindicaron cinco puntos:

  1. 1.-Una salida progresista y solidaria de la crisis económica, que no atente contra los legítimos derechos de los trabajadores, garantizando medidas efectivas respecto al paro, reducción de jornada laboral, edad de jubilación, las horas extras y el pluriempleo.
  2. 2.-Por un marco democrático de derechos sindicales y relaciones laborales que incluya, en un Estatuto de Derechos de los Trabajadores, una ley de Acción Sindical en la empresa y una ley de Negociación Colectiva.
  3. 3.-Por el Estatuto de Autonomía.
  4. 4.-Por la devolución del Patrimonio Sindical, para que sea puesto al servicio de los trabajadores y sus organizaciones sindicales.
  5. 5.-Por la homologación, sin trabas, de los convenios firmados".

Las manifestaciones ofrecían aspecto segmentado, separados los contingentes por las pancartas de los diferentes sindicatos que les encuadraban. Esta separación por sindicatos ha ido acentuándose posteriormente lo cual, unido al efecto desmovilizador de la falta de novedad y al "desencanto" de la transición, redundó en la escasez numérica de las masas lanzadas a la calle en nuestros días en los que el Día del Trabajo es casi un día feriado más.

Conmemoración bilbaína del levantamiento del sitio de la villa por las tropas carlistas el 2 de mayo de 1874. Ese día, las tropas gubernamentales penetraron en Bilbao y los carlistas tuvieron que retirarse a Zornoza.

La primera conmemoración de esta efemérides tuvo lugar en 1876, recién acabada la guerra. El programa de festejos elaborado por los vencedores (liberales bilbaínos "liberados" por las tropas españolas) comprendía: Seis de la mañana: diana, disparos de cohetes y chupinazos. A las diez y media, gigantes y enanos. A las 12, solemne Te Deum en la Basílica del Sr. Santiago. A la una y media, concierto en el quiosco del Arenal. A las 4 de la tarde, novillada. A las ocho y media, banda de música en la Plaza Nueva. Función de teatro con las zarzuelas Bazar de novias y Fuego en guerrillas. También se cantaría un zortzico escrito por un compositor local. Proliferaron las demostraciones "antitiránicas", versos y canciones. Durante los años sucesivos se repitió la festividad con función cívico-religiosa, visita al cementerio de Mallona con el cabildo catedralicio en pleno y procesión hasta la basílica de Santiago donde se cantaba un solemne "Te Deum". Una corrida de toros coronaba a la tarde tan patrióticos actos. Estos eran resentidos como ofensivos por los carlistas que, sobre todo a partir de la liberalización del régimen en 1890, comenzaron a protestar y a enaltecer a los sitiadores (ej. en El Basco de 1895). La fiesta fue siendo objeto de polémica entre vencedores y vencidos lo cual se tradujo en una polarización de los mismos y de sus sectores afines. El nacionalismo, por boca de Arana Goiri, repudió también la fiesta ("Glorias y fiestas bastardas", Bizkaitarra 27 de abril de 1894) aludiendo al alto porcentaje de carlistas del Bilbao de 1874 y al carácter de españolas de las tropas liberadoras.

Particularmente tensa resultó la celebración de 1902 con gran afluencia de personalidades del resto de las provincias vascas y telegramas de adhesión de toda España. En el transcurso de la manifestación fue asaltado el Centro Vasco (nacionalista) al grito de "Viva España". Los hechos, tal como los refieren los agredidos, fueron así:

"Entre una y una y media de la tarde, y en ocasión de marchar la procesión cívica por delante de balcones de aquel Centro, en el que a la razón sólo se encontraban unos pocos socios, seis u ocho, ocurrió, según atestiguan testigos presenciales y dignos del mayor crédito, que los señores don Alejandro María de Meñaca y un hijo suyo, don Ginés de Echevarría y don Pío Collado, bien conocidos en Bilbao y los cuales formaban en la comitiva casi al final de ella, prorrumpieron en gritos desaforados y en exclamaciones airadas pidiendo se arriara la bandera que por defunción del socio don Francisco Ortiz de Zárate -cuyo entierro tendrá lugar mañana a las doce se hallaba colocada conforme a la práctica en estos casos, izada en el lugar de costumbre. El conserje se vio obligado a explicar el motivo de lo que tanta extrañeza causaba a los mencionados señores y como no consiguiera hacerse oír de la multitud y a fin de que por nadie pudiera suponerse que había intención de ofender a los demás, fue a retirar la enseña del círculo. Mas los alborotadores, en unión de varios señores jefes y oficiales de Ejército, penetraron en el domicilio de la Sociedad, arrasando cuanto hallaron a su paso, rompiendo los cristales de las distintas dependencias. No contentos aún con haber allanado el local donde no tenían derecho a entrar, maltrataron a empleados de la casa, lesionando a tres de ellos. Además, se apoderaron de la bandera y haciéndola jirones la arrojaron a la calle. Después de esto marcháronse en seguida como si nada hubiera ocurrido."

Por estas fechas toman también parte en los actos los socialistas y los republicanos pronunciando sendos discursos los jefes de ambas agrupaciones. Se levantaban las tradicionales choznas y la Sociedad "El Sitio" organizaba una velada musical en sus salones en la víspera del día. Laicificación de la fiesta. La polémica desatada en España a propósito de la política laicista del Partido Liberal repercutió de forma inmediata en Euskal Herria y también en forma especial en Bilbao donde destacó la campaña pro catecismo en las escuelas iniciada en marzo de 1913. El 4 de abril, en sesión del ayuntamiento de Bilbao, se daba lectura a una moción, con carácter urgente, de los concejales Otaduy y Villabaso proponiendo la conmemoración del trigésimonono aniversario de la liberación de Bilbao el 2 de mayo, celebrándose los mismos actos y festejos que en el pasado año de 1912. El concejal Bilbao se pronunció en contra, afirmando que la fiesta del 2 de mayo era una fiesta de odios y rencores, que convertía el cementerio de Mallona "en tribuna donde se ofende a los vivos y se ofende a los muertos". Dijo que la fiesta del 2 de mayo debía de ser la de los mártires de la Patria, para conmemorar el heroísmo de aquellos que en Madrid defendieron con sus vidas la independencia de la nación en 1808. Se le replicó que la habitual conmemoración en la villa no era ofensiva para nadie. Al estar divididos los concejales, el alcalde propuso que la moción se votara por partes. Incluía entre otros puntos: que el ayuntamiento acudiera en Corporación a la procesión cívica, depositando una corona en el panteón de los Mártires de la Libertad; solemne Te Deum después en Santiago; engalanar las calles, invitar a la banda de Garellano y entregar donativos a los pobres. Con el voto en contra de los nacionalistas se acordó aceptar lo referente a la parte civil de la fiesta. El de la celebración religiosa fue rechazado por el voto en contra de socialistas, republicanos y nacionalistas, contra el de conservadores y liberales. De esta forma en 1913 sólo se llevaron a cabo los actos civiles celebrando por su cuenta los monárquicos un "Te Deum" en Santiago.

A partir de esta fecha la fiesta consistió en una procesión cívica hasta el cementerio de Mallona destacando ya como orador indiscutible y rotundo el socialista Indalecio Prieto. Una verbena en los salones de "El Sitio" popularizaba aún más la misma. Los monárquicos prosiguieron celebrando un "Te Deum", acto al que en 1916 acudieron algunas comisiones militares. En los años que preceden a la dictadura de Primo de Rivera la celebración había escapado del control dinástico. José Luis de Goyoaga escribía el 3 de mayo en el monárquico Pueblo Vasco, escandalizado por la presencia de "jóvenes bárbaros" lerrouxistas y "damas rojas":

"Eso, sinceramente hablando, no fue nunca la procesión del 2 de mayo. Si nuestros abuelos levantaran la cabeza, volverían avergonzados a sus tumbas". Destacaba Goyoaga "el peligro que envolvía la procesión con el carácter que se le había dado, al querer representar una protesta contra el nacionalismo vasco, sumándose a ella algunos monárquicos, sin caer en la cuenta de que al hacerlo colocaban el estandarte del españolismo en las manos de D. Indalecio Prieto, como los catalanes de Barcelona lo colocaron unos años antes en manos de D. Alejandro Lerroux" (...). "Se ocupaba de la procesión a Mallona como de una saludable advertencia para el que tenga ojos vea y el que tenga oídos oiga, ya que todos los monárquicos llevaban el camino de ser definitivamente desterrados de la política en Vizcaya, cuando el estandarte que flameaba y que se había levantado la víspera en Mallona, profanando las tumbas de los buenos bilbaínos que a costa de sus vidas defendieron la dinastía y el pueblo de Bilbao, era el estandarte de la revolución".

Ybarra: Política..., 493- 494.

La llegada de la dictadura puso a prueba el carácter interpartidista de la celebración. El Directorio prohibió primero la misma pero, días después, se desdijo. El ayuntamiento se hizo cargo de los preparativos y a la fiesta acudió en 1924 el mismísimo Primo de Rivera. Pero las disensiones en el seno de la Sociedad "El Sitio" -donde había partidarios y detractores de la dictadura-y entre los miembros de la Diputación-se oponían los tradicionalistas, los nacionalistas y la Liga- presagiaron su futura suerte. Finalmente participaron la Juventud Monárquica, el Círculo Maurista y el grupo simpatizante de Primo de la Sociedad "El Sitio", en una celebración que, al decir de Arana Pérez, fue calificada por Unamuno de abyecta. En 1925 tanto la procesión cívica como los festejos liberales fueron prohibidos, sin que volvieran a celebrarse a lo largo de toda la dictadura.

El 2 de mayo de 1930 no pudo celebrarse aún públicamente la fiesta cívica bilbaína. Es célebre el discurso que Prieto pronunció en los locales del "Sitio" dicho año, en un acto que tuvo carácter de cerrado. Al año siguiente se celebró la fiesta nuevamente con el acto cívico tradicional y la asistencia de varios ministros de la República, entre ellos Prieto y Marcelino Domingo. La guerra civil y la larga dictadura franquista enterraron definitivamente esta celebración.