Historialariak

Moret Mendi, José

Historiador y cronista del reino de Navarra, nacido en Pamplona y bautizado en la parroquia de San Cernín el 10 de julio de 1615. Falleció en Pamplona el 12 de noviembre de 1687.

Puede verse la fotocopia de su partida de nacimiento en J. R. Castro Álava: "Historiografía. Los cronistas Moret y Aleson", en Navarra. Temas de cultura popular, n.° 118, lo que al parecer invalida el 5 de julio de 1617, que avanza A. Pérez de Goyena como fecha de nacimiento en su Ensayo de Bibliografía Navarra, II, p. 335. Fueron sus padres el licenciado Gonzalo de Moret y Agustina de Mendi, que gozaban de desahogada posición, resultando asimismo nieto del entallador Pedro de Moret. Según avanza el articulista de la Biblioteca Eclesiástica, citado por Altadill, antes de ingresar en el Instituto de la Compañía, Moret "había recorrido la carrera de sus estudios del modo más brillante". Carecemos, sin embargo, de precisiones sobre la naturaleza y extensión de tales estudios, y sólo sabemos que ingresó jovencísimo en la Compañía de Jesús, hasta el punto de que, aun después de ingresado, hubo de vivir algún tiempo como pensionista dentro del Instituto, en espera de cumplir los catorce años, edad fijada por las constituciones de la Compañía para poder vestir la sotana.

Pudo al cabo vestirla el 9 de junio de 1629, entregándose luego a los estudios de la carrera sacerdotal. Concluidos éstos y ordenado de sacerdote, sirvió de misionero castrense en las campañas que sostuvo España contra Portugal en 1641. Explicó también filosofía en los colegios de Pamplona y Oviedo, y teología por seis años en este último, y en el de Segovia. En 1655, efectivo ya desde el año anterior su nombramiento como cronista del reino de Navarra, ostentaba el cargo de rector del Colegio de Palencia, en el que, empero, debió de residir por corto espacio de tiempo, ya que el 20 de septiembre del mismo año firmaba en Pamplona la escritura de condiciones para desempeñar el cargo de cronista, una de las cuales exigía su residencia fija dentro del Reino. En Pamplona, y mientras se entregaba a sus tareas de investigación, ostentaría también desde marzo de 1664 hasta mayo de 1671 el cargo de rector. Falleció en Pamplona, a consecuencia de una caída, el 12 de noviembre de 1687, a los setenta y dos años de edad, cincuenta y ocho de Compañía y cuarenta y tres de profeso de cuatro votos, según se consigna en la carta necrológica que a raíz de su muerte escribió el rector del Colegio de Pamplona, Francisco de la Fuente.

La labor historiográfica de Moret empieza ya antes de su nombramiento como cronista de Navarra, teniendo ultimada para entonces su obra sobre el cerco de Fuenterrabía y muy avanzadas "unas provisiones históricas, apologéticas, de las antigüedades" del reino de Navarra, según se expresa el mismo Moret en la carta que dirigió a la diputación agradeciendo su nombramiento. Siguiendo el orden cronológico de su edición, toca el primer lugar a la referida obra sobre el sitio de Fuenterrabía: R. P. Iosephi Moreti Pampelonensis e Societate Iesu De Obsidione Fontirabiae Libri tres; que, no obstante figurar sin fecha ni pie de imprenta, parece que fue impresa en Lyon en 1655, a expensas del editor bayonés Jean Couronneau. En esta obra que, contra lo que han dicho diversos bibliógrafos, no ha conocido otra edición en su versión original latina que la fotográfica de mil ejemplares numerados que lanzó el Ministerio de Información y Turismo en septiembre de 1968, describe Moret con fidelidad las varias situaciones de la batalla de Fuenterrabía de 1638, en el marco general de la Guerra de los Treinta años, haciendo minuciosa reseña de los efectos bélicos de sitiadores y sitiados, de las obras de fortificación de éstos, de sus reservas de víveres, etc., y todo ello en un latín manejado con soltura y elegancia (la obra de Moret sobre el sitio de Fuenterrabía apareció traducida al castellano en 1763, en Pamplona, por obra de Manuel Silvestre de Arlegui, maestro de gramática en la ciudad de Sangüesa, con este título: Empeños de valor y bizarros desempeños o sitio de Fuente-Rabía que escribió en latín el Rmo. P. Joseph Moret de la Compañía de Jesús... Con algunas adicciones y notas por D. Manuel Silvestre de Arlegui...).

Afincado ya en Pamplona desde fines de 1655 o principios de 1656, pudo Moret entregarse más plenamente a su labor investigadora en los archivos del viejo Reino, según exigía su condición de cronista. En este trabajo de búsqueda y acarreo de materiales, visitó con gran escrupulosidad y detalle -según recoge Altadill-

"los archivos de las Reales casas de S. Juan de la Peña y Santa Cruz de Jaca, de Estella, Tudela, Olite, Tafalla, Roncesvalles, Sangüesa, Valderroncal, Los Arcos, Navascués, San Salvador de Leire, Burgui, Ujué, San Martín, Gallipienzo, Puente la Reina, Mendigorría, Artajona, Andión, Cáseda, Lumbier, Aibar, Urroz, Monreal, Valtierra, Segura, Cascante, Tulebras, Veruela, Arguedas, Irache, Villava, Nájera, San Millán, San Pedro de Siresa y otros varios",

sin olvidar, por supuesto, los de la capital, que despojó sistemáticamente. Fruto de estos afanes, dio a luz en 1665 un tomo con el título de Investigaciones históricas de las antigüedades del Reyno de Navarra (Pamplona: Gaspar Martínez). En la obra que se divide en tres libros, trata Moret en primer lugar (Libro I) de la situación, población, lengua y sucesos varios de Navarra hasta la entrada de los árabes en España; en el segundo, sobre las antigüedades de Navarra desde la entrada de los árabes y africanos en España hasta la división de los reinos, hecha por Sancho el Mayor; y en el tercero, de las antigüedades del reino desde el reinado de Sancho el Mayor hasta el rey Sancho el Fuerte. En la intención del autor venían a ser las Investigaciones algo así como una obra preparatoria de la grande de los Anales, tomando -según él mismo se expresa-

"por expediente partir los oficios de investigador de antigüedades e historiador, y en el primero abrir zanjas para levantar en el otro el edificio y enviar delante este tratado, que por esta causa llamó Investigación de las antigüedades del Reyno de Navarra".

La siguiente producción de Moret en el orden del tiempo viene a ser un opúsculo que apareció anónimo, al parecer en Baiona, con el título de El Bodoque contra el propugnáculo histórico y jurídico del licenciado Conchillos. Por Fabio, Sylvio, Marcelo. En Colonia Agrippina. Por Seuerino Clariey. Año de 1667. En realidad, se trata de una sátira contra el canónigo tudelano Conchillos, ridiculizando sus opiniones acerca de la antigüedad de Tudela y de su fundación por Túbal, el hijo de Noé.

En opinión de Gallardo, la obra de Moret puede pasar como pieza clásica del género, igualándose por sus dotes de "gracia, erudición, seso e ingenio" a las mejores que poseemos de Juan de Valdés, Iriarte, etc.; pero, en opinión de José Ramón de Castro, Altadill y otros, Moret se excedió en el tono de su lenguaje, con lo que irritó al prebendado tudelano que lanzó al público sus Desagravios del Propugnáculo de Tudela contra el trifauce Cervero, autor del Bodoque (Amberes 1667), mordiendo despiadamente a Moret hasta en su vida privada. Hubo de mediar la diputación, a cuyas instancias el Consejo del Reino expidió el 16 de septiembre de 1669 un decreto mandando que se hiciesen informes del autor y cómplices de dicho libro y de los impresores y divulgadores para castigarlos. La siguiente obra que debemos a la pluma del P. Moret es también de intención polémica, y trata de responder a la réplica de que fue objeto en 1675 su obra de las Investigaciones históricas por parte del monje benedictino fray Domingo La Ripa. Este, en una obra titulada Defensa histórica por las antigüedad del Reyno de Sobrarbe, impresa en Zaragoza en dicho año de 1675, había intentado probar que la antigüedad del reino de Sobrarbe era mayor que la asignada por el analista navarro.

Para refutar dicha pretensión y aportar nuevos testimonios de los títulos y antigüedades de Navarra -fruto de las rebuscas llevadas a cabo por Moret en los archivos navarros o foráneos-, dio a luz éste, tres años después y en Pamplona, un tomo titulado Congregaciones apologéticas sobre la verdad de las investigaciones históricas de las antigüedades del reyno de Navarra. La obra se distribuye, aparte el prólogo, en quince congresiones o capítulos, en los que se replica con gran número de argumentos a las infundadas afirmaciones del P. La Ripa y de Briz Martínez, si bien de éste se ocupa Moret detenidamente tan sólo en las Congresiones 5.ª, 7.ª y 8.ª Según escribe Altadill, en esta obra (la discusión no es ya del corte de la sostenida con Conchillos; aquí la seriedad del asunto, la elevación del fin y la templanza de las palabras campean dignamente y con especialidad en el último párrafo [del Prólogo] que es ingenioso, caballeresco y digno de hombres que viven en las esferas de la ciencia y respiran la pura atmósfera de la verdad y de la sabiduría" (Biografía y obras del P. Joseph de Morete, cronista de Navarra, en Certamen científico, literario y artístico en la ciudad de Pamplona. 1886, Pamplona 1887, p. 66).

La obra cimera de Moret son los Annales del Reyno de Navarra, que son también los que han cimentado su fama en el campo de la historiografía. El tomo primero de la obra lo tenía sustancialmente concluso Moret desde mayo de 1674, en que entregó su manuscrito a la diputación, aunque, con motivo de la aparición subsiguiente de ciertos escritos, fue nuevamente requerido por el autor y retocado en algunos puntos, hasta que lo entregó definitivamente en mayo de 1677. Sin embargo, este primer tomo de los Annales hubo de yacer, sin que sepamos por qué, en los archivos del palacio provincial por espacio de seis años, siendo a la postre dado a las prensas pamplonicas en 1684. Sus 836 páginas en 4.° mayor dan cabida a catorce libros, en los que se hace la historia del país desde los tiempos primitivos hasta la muerte del rey Sancho el de Peñalén, cerrando el tomo tres apéndices relativos a la población y lengua primitivas de España, al año de la entrada de los árabes en la península, y al tiempo de la institución del fuero de Sobrarbe. Fue éste el único volumen que dejó perfecto y ultimado el cronista.

Otros dos que dejó manuscritos requerían ciertos retoques, y los dio más tarde a luz el P. Francisco de Alesón, su sucesor en el cargo de cronista del reino de Navarra. El segundo, dispuesto de otra forma por Alesón, vio la luz pública en 1695 con esta portada: Tomo segundo de los Annales del Reyno de Navarra, compuesto por el R. P. M. Joseph de Moret, obra posthuma, dispuesta en otra forma por el P. Francisco de Aleson..., Pamplona 1695. Comprende el tomo los libros 15 al 20 inclusive, en los que se relatan los sucesos desde el año 1706, en que se divide el reino entre Sancho Ramírez y Alfonso VI, hasta el de 1234, en que fallece Sancho el Fuerte, para ser enterrado en Roncesvalles. Para el tercero el P. Moret había destinado los libros 21 al 29, que desarrollaban la historia del reino navarro desde 1234 hasta 1349 (e. d., desde la coronación de Teobaldo I hasta la elevación al trono de Carlos II el Malo).

Los libros se hallaban sustancialmente ultimados a la muerte de Moret en 1687, pero faltaba retocar un tanto la redacción, clasificar y subdividir los reinados e introducir esos otros pequeños retoques que no se dan hasta el día en que las cuartillas pasan del estudio del escritor al taller del tipógrafo. Al efecto el P. Alesón solicitó en agosto de 1701 la autorización del reino para introducir en el manuscrito de Moret las correcciones que considerara necesarias, estimando que los últimos trabajos de Moret, al ser obra de los últimos días de su vida, "quedaron sin duda imperfectos y sin aquel vigor de sus anteriores escritos", y poniendo de resalto, más en particular, que la historia de los reinados de la dinastía francesa, a partir del de Teobaldo I, estaba falta "de muchas importantes noticias que no se hallan en los archivos y libros de acá, que con tanta diligencia revolvió el P. Moret". La respuesta del reino en septiembre del mismo año fue una terminante negativa, ordenando a su cronista "no innovara ni alterase en cosa alguna lo escrito por el P. Moret" y, cuando más, que "hiciese las variantes como las hizo en el [tomo] antecedente". Fue de esta forma como cumplió su cometido Alesón que no dejó de introducir "algunas noticias y advertencias muy dignas de saberse", pero sin el menor riesgo de que puedan equivocarse con la obra del P. Moret.

La obra vio la luz el año 1704 en las prensas pamplonicas, con esta portada: Tomo tercero de los Annales de Navarra, obra posthuma y última del Padre Joseph de Moret, con scholios y adiciones al fin del Padre Francisco de Alesón, ambos de la Compañía de Jesús y Chronistas del mismo Reyno... Si los tomos IV y V de los Annales fueron ya obra exclusiva de Francisco de Alesón, hemos de reseñar todavía como debido a la pluma de Moret de in-folio de 48 pp., ignorado a menudo por los bibliógrafos, que se titula Appendix al tom. I de los Annales del Reyno de Navarra, y que fue compuesto para ser colocado al fin de los Annales e impreso, al igual que el tomo I, en 1684, si bien algunos ejemplares andan sueltos y sin más señas que las indicadas.

En fin, Altadill se hace eco de la citada biografía de Moret acerca de un libro manuscrito en el que el esclarecido primer cronista del reino de Navarra fue depositando los datos que arrojaba la inspección sistemática de archivos, a la que se entregó por los años 1655 a 1668. El manuscrito, un grueso volumen de cerca de las 2.000 páginas, se halla dividido en cuatro partes, subdivididas a su vez en capítulos, y contiene abundantes copias de instrumentos antiguos, algunos escritos relacionados con la historia de Navarra y otros que tienen que ver con la vida del insigne investigador (una reseña bastante pormenorizada de lo que se incluye en cada una de las partes y capítulos correspondientes, puede hallarla el lector en la obra cit. de Altadill, pp. 76-84). Sabemos, por lo que dijimos al tratar de su obra latina sobre el cerco de Fuenterrabía, que el P. Moret fue un excelente prosista latino. Pero supo también expresarse en verso latino, habiéndonos dejado poemas de bastante aceptable factura, en una de las cuales parece evocar con nostalgia un tiempo en que, al parecer, se dedicaba a las Musas, hablando de "hacer reverdecer el mirto de las mustias guirnaldas, y revivir lo que hace tiempo había muerto".

Por si no bastase para cerciorarnos sobre la fama de que gozaba Moret como poeta latino, el cálido elogio que hizo de él el virrey de Navarra, Diego de Benavides, él mismo aficionado a las bellas letras, tenemos constancia de que, cuando en 1680 se empeñó Pamplona en que se compusiera un nuevo oficio o rezo de San Fermín, el ayuntamiento de la ciudad puso sus ojos en el ya proyecto cronista, sin duda el más relevante literato de aquel tiempo dentro del reino. Fue así que Moret compuso los himnos latinos de Vísperas, Maitines y Laudes en honor de San Fermín, que, sin embargo, y a despecho de las gestiones que realizaron ante Roma notables personalidades del reino y de fuera de él, no obtuvieron la aprobación necesaria y fueron en consecuencia archivados. Según escribe al respecto Pérez Goyena, "no es todo oro de ley en el rezo; mézclase el oropel a veces", dejándose a las tantas arrastrar el insigne cronista de lo que refieren las historias antiguas y aceptando como verdadero lo que a la luz de una crítica más acrisolada se revelaba como indubitablemente legendario (cfr. su trabajo El P. José Moret, poeta latino, en "Príncipe de Viana" 9 (1948) pp. 39-55). Al tratar de enjuiciar la aportación del P. Moret a la historiografía de Navarra, creemos poder hacer nuestras las palabras con las que en 1892 rubricó don Arturo Campión su magistral Ensayo apologético, histórico y crítico acerca del P. Moret y de los orígenes de la monarquía navarra:

"Su agudeza, su notorio buen sentido le sirvieron de constante freno. Su entusiasmo es sobrio; sus mismas inexactitudes, razonadas; incurrió en el menor número de defectos que una obra del género de la suya comporta [...]. Su trabajo suspende por la masa y por la solidez. Tiene partes indestructibles; otras que requieren retoque y ulterior desarrollo: las menos son las que merecen ser derruidas por la piqueta demoledora. Constituye un rico archivo de bien ordenadas noticias que siempre se consultarán con fruto, y que ninguno otro puede sustituir [...]. Lo que dejó por escribir completaría su gloria; pero lo que dejó escrito basta a fundársela imprecedera [...]. Gracias a él, Nabarra se conoce a sí misma, y lo que era confuso sentimiento de personalidad se perfeccionó en plena conciencia nacional. Muchos presentes óptimos ha recibido Nabarra de sus buenos hijos; pero quedan por bajo del de Moret. Este patricio insigne proveyó a su madre de una facultad nueva: la memoria. Las materias que descubrió o ilustró el Padre Moret, son innumerables: la geografía de Baskonia y Cantabria, según los clásicos; la antigüedad y extensión del baskuenze; la evangelización de las tieras baskónicas; las relaciones mutuas de Baskones y Godos; las expediciones de los Francos a Nabarra; el estado de independencia de este país respecto a los Reyes de Asturias; la limitada extensión de la conquista musulmana; el cuadro grandioso del reinado de Sancho Garcés y la puntualización de su individualidad; la expansión del imperio de Sancho el Mayor; la jornada de Sancho el Fuerte a territorio musulmán y sus consecuencias políticas, son, entre otras muchas, páginas que conservan la huella leonina del historiador pamplonés".

Respecto a la lengua sabemos por la declaración prestada en el proceso de 1645 sobre el euskara en Pamplona que Moret también lo hablaba, ya que dice que "de quince que confiesa, sólo uno será en Bascuence y los demás en Romance" (Cfr. Idoate, F.: Esfuerzo bélico de Navarra en el s. XVI, Pamplona, 1981, ap. n.° 134, p. 416). Sin duda, Moret no podía dejar de rendir, a despecho de su concienzuda labor de investigación, un tributo a las preocupaciones dominantes en la historiografía de la época. Así, según era normal entonces, ciñe demasiado su campo de investigación histórica al estudio de las visicitudes político-guerreras de la monarquía y de las clases dominantes en Navarra, dejando en la penumbra lo relativo a la vida del pueblo, tanto en su vertiente socioeconómica como en la cultural. Altadill escribiría a este respecto que,

"dando lugar preferente a los esplendores de la monarquía y de la teocracia relega al silencio la forma y manera de la vida popular [...] y resta brillantez a las efemérides de otros progresos humanos, cuales son los de las artes, las ciencias y las letras, dejando mutilada la vida de los siglos que pasaron"

(o. c., p. 113).

Pero éste y otros indudables fallos no han sido óbice para que Muñoz Romero, Antonio Ballesteros, Cánovas del Castillo y otros muchos entre los foráneos hayan sabido, al igual que Campión o Altadill, reconocer la magnitud de la obra cumplida por el benemérito cronista navarro en su tarea de seria y concienzuda investigación.