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Grupo Huarte

El Grupo Huarte ha sido uno de los conglomerados empresariales que ha marcado la historia industrial del capitalismo navarro en la segunda mitad del siglo pasado.

A lo largo de tres generaciones de emprendedores de éxito se sintetiza parte de las claves del proceso de desarrollo económico de su región de origen.

Su creador fue Félix Huarte Goñi (1896-1971) y su actividad desbordó pronto el ámbito local hasta situarse como uno de los ejemplos paradigmáticos del triunfador del capitalismo español de los dos primeros tercios del siglo XX. Hombre hecho a sí mismo, con una trayectoria como empresario innovador en el ramo de las constructoras y en el de las industrias emergentes de la España de las décadas centrales del siglo XX, perteneció al "núcleo duro" de las sesenta principales fortunas de la gran industria y las finanzas y, en los años finales de su vida, ocupó puestos de responsabilidad política, llegando a presidir la diputación de Navarra. Si en las décadas de 1930 y 1940 consolidó una empresa constructora de nivel nacional -combinando la innovación técnica y la competencia de sus obras con la capacidad para hacerse con los concursos de obras públicas de las instituciones del Estado (universidades, ministerios, hospitales, carreteras y hasta el Valle de los Caídos)-, lo singular es que esa "acumulación originaria de capital" fue dirigida hacia el desarrollo de una serie de industrias que iban a resultar fundamentales en el proceso de cambio de la economía fabril española del desarrollismo. La necesidad de bienes intermedios metálicos para la constructora acabó derivando en la puesta en marcha de importantes fábricas vinculadas a la máquina-herramienta y, sobre todo, a la automoción desde mediados de los años cincuenta.

La literatura entorno a su biografía y la documentación empresarial dibujan la trayectoria de Félix Huarte como la de un personaje atento y conocedor del mercado, y con los contactos políticos suficientes para tomar el pulso con acierto a los ciclos económicos y fundar un grupo de empresas complejas desde el punto de vista de la capitalización requerida, la tecnología, las prácticas gerenciales o la búsqueda de nuevos socios dentro y fuera del país.

La red básica de las fábricas del Grupo se creó en torno a una veintena de sociedades mercantiles e industriales. El origen de la actividad fabril fue el antiguo taller mecánico que, desde 1927, abastecía de algunos suministros a su constructora. Éste se convirtió en fábrica en 1945 y se registró como tal cuando se hallaba a pleno rendimiento, en 1953, con el nombre de Industrias Metálicas de Navarra S.A. (Imenasa). Esta firma tuvo un gran desarrollo, fabricando grúas y carpintería de aluminio con licencias de la alemana Liebherr, y diversificando pronto la producción hacia embragues, direcciones, frenos y otros elementos de automóviles. Muestra del temprano interés por la industria del transporte fue su ambición de fabricar motocicletas en serie -la conocida como Iruña-, que abandonó ante el empuje de Vespa, y la presencia de Félix en el Consejo de Administración de la empresa fabricante de vehículos industriales Imosa, en Vitoria.

Hacia 1959 Imenasa ya era proveedora de las principales fábricas españolas, suministrando embragues y direcciones a la Empresa Nacional de Autocamiones (ENASA) y frenos a Nueva Montaña Quijano. Tornillería Fina de Navarra S.A. (Torfinasa, fundada en febrero de 1955), Material Auxiliar de Petróleos (Mapsa, octubre de 1956) y Fabricantes Auxiliares del Automóvil S.A. (Fadesa, abril de 1962) se añadieron a la red familiar y estuvieron en condiciones de actuar como proveedores de primera línea en la puesta en marcha, en 1966, de AUTHI S.A., la futura SEAT y más tarde Volkswagen Navarra del polígono de Landaben.

Paralelamente y en su órbita se situaron empresas que atendían fabricaciones diversas, como papel y grasas industriales. Entre 1951 y 1970 impulsó unas inversiones a gran escala, cuya distribución encierra una estrategia de preferencias muy racional: mientras la Constructora y las sociedades financieras representaron el 60 por ciento del capital promovido, el Grupo Industrial absorbía el otro 40 por ciento. A su vez, éste se distribuía en un 32 por 100 dedicado a las industrias auxiliares del motor, un 25 por 100 a otras metal-mecánicas, un 37 por 100 a la industria papelera y un 6 por 100 a las químicas. En suma, el grueso de las apuestas del grupo industrial estaba ya en juego antes de 1960.

Para entonces, junto a un plan de cualificación de los trabajadores para formar oficiales y maestros en las ramas del metal y la mecánica, existían contactos con las multinacionales europeas y norteamericanas, primero en términos de compra de licencias y transferencia tecnológica, y después en calidad de socios financieros. Las manufacturas del metal y del equipamiento de transporte acabaron significando en la época que estudiamos el 56 por 100 del capital movilizado en la industria, aunque sólo el 22 por 100 del conjunto del "imperio Huarte", por el peso decisivo del negocio inmobiliario. Todo ello conducido por un grupo reducido y compacto de personas que configuraban un equipo altamente cualificado para desarrollar la estrategia de crecimiento elegida: el patriarca, sus cuatro hijos -Jesús (industrial sin formación académica), Juan (economista), Felipe (ingeniero industrial) y María Josefa ("sin profesión")- y sus parientes políticos y amigos en el accionariado y en la gerencia y asesoría del grupo -Javier Vidal Sario (ingeniero industrial y yerno de Félix), Valentín Erburu (perito industrial), Jesús Echarte (perito industrial), Jesús Aizpún (abogado y cuñado de Felipe) y la familia Malumbres Oteiza (cofundadora de la inmobiliaria)-.

Las empresas ligadas al sector de la construcción no sólo concentraron las mayores cantidades de capital, sino que también generaron los beneficios que permitieron financiar la vertiente industrial del grupo y consolidar un poderoso patrimonio familiar a partir de sumas relativamente modestas de capital fundacional. Esa fortuna, asimismo, permitió que los Huarte durante décadas se hayan dedicado al mecenazgo artístico: desde su apoyo incondicional al escultor Jorge Oteiza, al pintor Ruiz Balerdi, al músico Luis de Pablo y a tantos otros, a los Encuentros de Pamplona (1972), que reunieron a la vanguardia de las artes de escala internacional en una ciudad provinciana a finales de la dictadura.

Sin embargo, el Grupo comenzó a experimentar algunas dificultades cuando el ciclo económico expansivo se agotó. Como tantos grupos empresariales al final del franquismo, la incertidumbre política en el tránsito de la dictadura a la democracia, el reto de la integración europea en un escenario más abierto y competitivo y, sobre todo, el impacto de la crisis económica derivada de los choques petrolíferos de los años setenta afectó con gravedad al rumbo de los negocios. Que los factores puramente económicos se vieron afectados por otros de naturaleza política y condujeron a modificar la estrategia empresarial se intuye por el efecto que hubo de tener el secuestro de Felipe Huarte por la organización terrorista ETA en enero de 1973.

Los tiempos del capitalismo familiar habían periclitado y la superviviencia de esas firmas en un marco de internacionalización de la economía española inclinó la estrategia hacia un capitalismo gerencial que se desprendió de las empresas locales para que, en manos de multinacionales de cada sector, se adaptasen al nuevo contexto de la "segunda ruptura industrial". Desde mediados de la década de 1980 y hasta principios de los noventa se acometió ese proceso. Así, Imenasa fue adquirida gradualmente por el grupo alemán de grúas Liebherr, viejo socio tecnológico que aportaba su red comercial internacional; la multinacional norteamericana TRW Automotive compró Torfinasa y Girling (del grupo Lucas), mientras Mapsa era vendida a la británica Parkfield y transferida finalmente a Mondragón Corporación. En cuanto a las no ligadas a la automoción destacan los casos de Papelera Navarra S.A. e Industria Navarra del Aluminio S.A. La primera fue intervenida inicialmente por la empresa sueca Svenska Celulosa y después por el Banco Urquijo, si bien la gestión de los Huarte no decayó hasta la entrada, en 1989, del grupo irlandés Smurfit, que desde 2004 se hizo con el 100 por cien del capital y lidera mundialmente la producción de cartón ondulado. En cuanto a Inasa, en Irurzun, pasó diversos avatares: integrada en la estadounidense Reynolds, luego en la alemana VAW Aluminium AG, hasta acabar controlada por el consorcio noruego Hydro desde 2002.

Capítulo aparte merece la extinción del negocio de la constructora. Tras la suspensión de pagos de Huarte S.A. en 1996, el grupo Obrascon-Lain la adquirió en 1999, la desde entonces OHL se ha convertido en una de las grandes constructoras españolas que actúan internacionalmente construyendo obras públicas y grandes infraestructuras en Europa, América Latina y Asia.

Por su parte, la tercera generación de los Huarte ha continuado la estela de los negocios y el compromiso industrial y social. En la actualidad las actividades empresariales de la familia han recuperado solidez y, desde las lecciones del pasado, sigue haciendo apuestas de inversión de vanguardia. A través de la sociedad de capital riesgo Uriel Inversiones y bajo la presidencia de Juan Félix Huarte Jiménez, los vínculos con el sector del motor permanecen a la par de una presencia directa en la ingeniería en construcción, la energía y el medioambiente (Acciona Energía, Acciona biocombustibles) y opera en los grandes países de la UE, Estados Unidos, Vietnam, Brasil, México y Uganda, entre otros mercados.

  • DE LA TORRE, Joseba: " Trabajadores, empresarios y tecnócratas en el desarrollo industrial de navarra (c. 1950-1980)", Gerónimo de Uztariz, nº 24, 2006 -en prensa-.
  • PAREDES, Javier: Félix Huarte 1896-1971. Un luchador enamorado de Navarra. Barcelona, Ariel, 1998.
  • ZUBIAUR CARREÑO, Francisco Javier: " Los encuentros de Pamplona 1972. Contribución del Grupo Alea y la Familia Huarte a un acontecimiento singular " Anales de Historia del Arte, 14, , 2004, pp. 251-267.