Îles

URIBITARTE

Isleta de la villa de Bilbao, término limitado por el Campo de Volantín y el río caudal. Fue «la isla» por antonomasia la de San Cristóbal, al pie de La Peña. Pero la ría tuvo otra isla artificial, la de Uribitarte, menos conocida, la cual nació a mediados del s. XVII y comenzó a cegarse y desaparecer en 1879. El «aguadutxu» o avenida de la ría del 8 de septiembre de 1651 fue tan catastrófico que sólo pudo parangonarse con su precedente de 1593. Regidores de la Villa y cónsules de la Universidad de mercaderes trataron de encontrar una solución a esta amenaza constante. Se les ocurrió abrir un nuevo brazo, por la parte de Abando, al curso del Nervión, frente al Campo de Volantín, en la zona denominada Uribitarte, para que se desaguase por él la crecida. Al abrir este nuevo ramal a la ría es cuando se formó una isleta hacia 1660. Las obras de apertura del nuevo cauce de 250 brazas ó 546 varas de longitud por 46 de ancho y 4 de alto, costaron más de 100.000 ducados.
Nuevas obras. Se iniciaron el 2 de abril de 1870, es decir, el mismo día de la toma de posesión de sus nuevos límites jurisdiccionales por la villa de Bilbao, pero en realidad los trabajos habían empezado ya en octubre de 1869, según el proyecto y planos del ingeniero E. Traverse, aprobados por el Ministerio de Fomento. A fines de 1873 estaban acabadas. El contratista ejecutor de las mismas fue la sociedad Aguirre Sarasúa Hermanos de Abando. El procedimiento para cegar el ramal de la ría fue el de extraer del otro brazo, por medio de una draga, el material del fondo del cauce con que rellenar el curso que se iba a anular. De esta forma, se profundizaba más el cauce recto y se cerraba el curvo, transformándolo en tierra firme, sobre la que se asentarían los nuevos muelles de Uribitarte, encima de la vieja y desaparecida isla del mismo nombre.
Ferrocarril sobre la isla. El cegamiento de la isleta de Uribitarte no sólo iba a permitir ampliar la zona portuaria de la ría de Bilbao con la construcción de nuevos muelles y tinglados de almacenamiento, sino que vino a posibilitar la prolongación del ferrocarril de Bilbao con un nuevo ramal desde Ripa hasta Zorroza, que era el lugar de carga y descarga de los grandes buques de ultramar, los cuales recalaban en este fondeadero al no poder penetrar hasta el interior de Bilbao. Este hecho lo revela el informe o «Memoria» citados del ingeniero Traverse, el cual dice que en 1866 recibió el encargo de proyectar dicho ferrocarril (es decir, a los tres años de inaugurada la línea de Bilbao-Abando), pero que tropezó con ese obstáculo de la isla, cuya desaparición venía a facilitar la construcción de la nueva línea como así fue, una vez pasada la segunda guerra carlista. Es decir, que aquella inhóspita isla de Uribitarte, donde sólo crecían cañaverales y la poblaban multitud de ratas de agua y en donde el Ayuntamiento de Bilbao tuvo instalado un polvorín, vino a convertirse en una tierra pródiga de beneficios para la ría y el tráfico comercial.
Las Rampas de Uribitarte. Las Rampas de Uribitarte son, indudablemente, uno de los parajes con mayor personalidad, surgidos de la urbanización llevada a cabo por el Ayuntamiento de Bilbao sobre la extinguida anteiglesia de Abando. Fueron la solución urbanística para resolver el problema de comunicación entre la zona alta de la iglesia de San Vicente y Albia, prolongada por la parte de la alameda de Mazarredo, y la zona baja, de la ría, en la que, hasta 1870 en que se inició su relleno, existía un brazo de agua y la isla de Uribitarte. El paraje conocido por los abandotarras como La Glorieta correspondía a esa orilla o ribera de la anteiglesia de Abando que fue cegado y rellenado para unirlo a la isla de Uribitarte. Para bajar o subir desde esa «zona marítima», portuaria de Abando hasta la de arriba, existían una serie de estradas, principalmente la denominada «La Brigadiera», dentro de la propiedad del mismo nombre de don Tomás de Arana. Sobre esta estrada fundamentalmente es sobre la que se construían las rampas y escaleras de Uribitarte. En 1889 el Ayuntamiento de Bilbao expropió una parcela de terreno de dicha estrada a Arana para hacer la nueva urbanización.
Arbolancha. Nada que ver con la familia de mercaderes y navieros de tal nombre. El de esta calle deriva del «caserío Arbolancha», comprado por el Ayuntamiento de Bilbao, mediante expropiación en 1881 a la familia Ayarragaray, como ésta, a su vez, lo había adquirido a doña María y don Ramón de Rotaeche y Menchacatorre. Fueron 1.885 metros cuadrados por los que se pagaron 24.089,80 pesetas a los interesados: doña Ildefonsa Ayarragaray y Garbuno, viuda de Gorbeña, a don Manuel Ayarragaray Garbuno y doña Evarista Ayarragaray, su hermana, casada con el banquero Ricardo Gaminde y Torres-Vildósola.
La Perla. Otra expropiación que tuvo que hacer el Ayuntamiento de Bilbao para construir las rampas y escaleras de Uribitarte fue la de un terreno de 100.000 pies cuadrados, perteneciente a la familia Urigüen que, a su vez, lo había adquirido en 1878 a don Matías López y López (¿sería el chocolatero), residente en Madrid. Este terreno formaba parte de la finca llamada «La Perla» que daba a la zona de «La Glorieta» mencionada sobre la isla de Uribitarte. Los interesados eran: don José y don Barulio Urigüen y Bayo, don Vicente Urigüen y Ansótegui y don José Fernando Bayo y Lapeyra.
Rampas y escaleras. La unión de la isla de Uribitarte a la orilla izquierda de la ría originó una nueva zona portuaria: los Muelles de Uribitarte; una nueva calle: la de Uribitarte y unos nuevos y originales accesos, las rampas y escaleras, estas últimas (las de abajo), enmascaradas luego por el puente de unión entre Arbolancha y el rascacielos Albia. La construcción de estas escaleras y rampas fue realizada en 1891 y 1892 por el contratista de obras don Pedro Zubía y Leceta, vecino de Bilbao. Tuvo que hacer dos rampas (superior e inferior) y dos escaleras o escalinatas, una en la parte de más abajo, y otra en la parte de más arriba; o sea, una doble para subir desde la calle Uribitarte a Arbolancha y otra para subir desde la rampa inferior a la alameda de Mazarredo, originando sobre ésta una pequeña zona ajardinada. Las rampas y escaleras solucionaron el desnivel entre las dos zonas, alta y baja, de esta área de la antigua isla de Uribitarte y de La Glorieta u orilla abandotarra, primitiva, sobre la ría o brazo cegado de la misma. Las rampas comunicaron la activa zona portuaria y comercial de Uribitarte con la vía urbana, superior, de Mazarredo.

Manuel BASAS FERNÁNDEZ