Territoires

Lapurdi. Historia

Las iniciativas para el estudio de los restos prehistóricos de Lapurdi han sido normalmente desarrolladas por personas aisladas o por entidades privadas, lo que ha producido una lógica desconexión entre ellas, no asegurándose la continuidad de las empresas -al carecer de un programa a medio alcance- ni una suficiente conservación, en uso público, de los yacimientos y de las colecciones. Es así muy difícil establecer un panorama coherente del desarrollo de las diversas formas culturales de la prehistoria labortana pues son tantos y tan importantes los espacios dejados en blanco por una deseada información homogénea. Este juicio crítico debe ser extendido talmente a Zuberoa o a Baja Navarra, en notable contraste con el desarrollo y mayor coherencia de los estudios sobre Prehistoria en las otras provincias del País.

  • Investigaciones en el último cuarto del siglo XIX, los pioneros

En 1868 se había producido el descubrimiento e inmediata destrucción, por una urbanización, del yacimiento prehistórico de Bouheben en Bayona: intervino en la recogida de lo salvable A. Détroyat. Animado a ese tipo de investigaciones crearía Détroyat, con Folin, en 1873 una "Société d'exploration des grottes de Bayonne": en relación con ella y aunando iniciativas o noticias de otros estudiosos se irán acumulando en los años inmediatos algunas importantes referencias a la prehistoria de Laburdi. Es éste el caso de las colecciones reunidas por un párroco de Anglet, el Abbé Vidal, en aquel término (que vendió hacia 1891 al museo de Bayona) o de E. Daguin, profesor de ciencias naturales del liceo de Bayona, que juntó un buen repertorio de antigüedades prehistóricas de Laburdi (por ej. de Bidart, Xaxiño, Mouligna, Villefranque, Saint-Pierre- d'Irube) entre 1881 y 1925, sin llegar a publicar referencias de los lugares y circunstancias de los hallazgos. O de otros nombres citados reiteradamente, como Blanchet o el capitán de aduanas Darricarrére. Sus colecciones, hoy relativamente dispersas y en alguna parte perdidas de forma definitiva, acumulan importantes datos aislados desde el Paleolítico Antiguo y Medio, por el Paleolítico Superior y el Epipaleolítico al Neolítico y Edad del Bronce regional.

  • Primer cuarto del siglo XX

La intervención de E. Passemard. En 1924 publicó, como tesis de Estado, un importante texto ("Les stations paléolithiques du Pays Basque et leurs rélations avec les terrasses d'alluvions de la Nive", impreso en Bayona) E. Passemard. En él se recopilan, con minuciosidad y sentido crítico, las noticias de aquellos autores anteriores y las confronta con sus propias observaciones de control: todo en una reflexión coherente y muy sugestiva de la sucesión de las grandes etapas del Cuaternario labortano. En su aportación personal al conocimiento de esas antigüedades debe destacarse en E. Passemard las catas de comprobación y recogida que efectuó en la cueva de Lezia (en Sara) en 1912 y en el sitio litoral de Micoteau en 1920; y el descubrimiento en 1913 y excavación (durante siete meses seguidos de 1917) del importantísimo yacimiento musteriense del abrigo de Olha, en Cambo. Aportaciones parciales de E. Daguin (en 1923 en el sitio de Xaxiño, en la zona de Bayona) y de M. Duhart (en 1928 en el túmulo de Oleta en Askain) completan lo más sustancial de esta etapa de investigación.

  • De 1937 a 1953

Las investigaciones de J. M. de Barandiarán. La estancia de J.M. de Barandiarán en Laburdi, a resultas de su forzoso exilio derivado de la guerra civil, resultó altamente beneficiosa para la arqueología prehistórica de la provincia. Puesto que se descubrieron y prospectaron bastantes nuevos yacimientos, ampliándose sensiblemente la carta de distribución de las estaciones prehistóricas labortanas. En estos tres lustros será Barandiarán el protagonista principal de la mayoría de las actuaciones al respecto con la cooperación ocasional de algunos investigadores locales. R. Dupérier halló en 1937 las estaciones al aire libre de Toidit y de Bidart, publicando en 1947 las industrias y estratigrafía del sitio litoral de Xabiaga (junto a Biarritz). P. Dop será protagonista de diversas aportaciones al catálogo de megalitos de Laburdi: descubrió en 1936/37 dos nuevas estaciones (la de Pittarre en Biriatu y la de Akoka) y colaboró en 1940 con J.M. de Barandiarán en la excavación del dolmen de Lapitzeta W. en Akoka. Las investigaciones de J.M. de Barandiarán añadieron interesantes referencias al mapa del megalitismo laburdino, descubriendo nuevos dólmenes en las estaciones de Akoka (Atermin, en 1937) y de Larrun (Arribeltz I, Sualar, Erdikoharria y Altzaan W. en 1940, Putxerri y Behot-Zelai en 1942, Arribeltz II en 1949) e identificando nuevas estaciones (la de Artzamendi en 1938, la de Usategieta en 1940, la de Ibantelli en 1943, la de Ibardin en 1949: en un total de once monumentos). En 1938 descubrió y excavó el yacimiento litoral de Ilbarritz (o Mouligna 2, en Bidart): cuyos resultados publicó en 1947. En 1940 descubrió dibujos parietales en la cueva de Uriogaina (Sara) y poco después su yacimiento mesolítico o neolítico; recogió cerámicas prehistóricas en otras dos cuevas de Sara (Uriobehera y Lezettikia) e identificó el yacimiento al aire libre de Faardiko-Lepo, que prospectaría más a fondo en 1952. La aportación de Barandiarán se completaría con la aparición de la revista "Ikuska" que, por esos lustros, recogerá puntualmente los resultados de las investigaciones labortanas; y con la publicación concreta, de 1946, de un imprescindible catálogo general de antigüedades de Euskal Herria.

  • Últimos años del siglo XX

C. Chauchat y J. Blot asumen, en la década de los 60, unos ambiciosos y muy fructíferos programas de búsqueda y excavación de estaciones prehistóricas en el territorio. Desde 1964, con el descubrimiento del establecimiento asturiense de Etxe-Spi en la costa de Bidart, C. Chauchat trabaja intensamente en toda la franja litoral de Laburdi: revisa a fondo las más importantes colecciones antiguas (así las de Vidal y de Daguin) y excava en bastantes localidades. En la reseña más detallada de lo hecho por Chauchat destacan: prospecciones e identificación de ocho loci distintos en el conjunto de hallazgos al aire libre de las Landas Duboskoa, en Villefranque (o Bellevue) donde ya de tiempo antiguo (Détroyat, Blanchet...) se habían hecho recogidas de útiles; los sondeos (que definen cinco niveles de depósito, del Würm I al IV) en la zona del aeropuerto de Biarritz-La Negresse; la cata de control (en 1965) del lugar de Mouriscot Sud-Ouest ("Bois de Boulogne"); el comienzo de sondeos y excavaciones en 1966 (que culminarán en 1967), en colaboración con C. Thibault, en Le Basté (Saint Pierre d'Irube) con un estudio ejemplar (sedimentológico, climático y arqueológico) de esta estación al aire libre del Paleolítico Medio y del primer tercio del Superior; la excavación con C. Thibault, en 1967, de Xabiaga I; o el estudio, con sondeos y excavaciones, de 1968 en la playa de Mouligna ordenando las complicadas referencias anteriores a sus diversos estadios de ocupación (Mouligna I, Mouligna II o Ilbarritz, etc.).

De lo que se producía una excelente tesis de "Troisiéme" presentada ese mismo 1968 en la Universidad de Burdeos. Últimamente desarrolla Chauchat un detenido estudio del yacimiento depositado en la Grotte du Phare, en Biarritz, ocupada en la época de transición Bronce/Hierro. 1968 es el año en que J. Blot inicia en Iparralde un muy intenso plan de prospecciones de campo a la búsqueda de vestigios megalíticos, labor que se prolonga hasta ahora con diversa intensidad, Blot identifica nuevas estaciones, recoge material de superficie y excava sistemáticamente, a menudo con el refuerzo de dataciones C 14 (las primeras fechaciones absolutas obtenidas en estos monumentos en las provincias vascas), extendiendo su investigación a valles y comarcas más orientales (el valle de Aspe, por ejemplo) del departamento de Pirineos Atlánticos. En los primeros años de su aportación (que publicará de seguido, entre 1971 y 1974, en el "Boletín del Museo Vasco" de Bayona), señala Blot las siguientes novedades del megalitismo labortano: veintiún dólmenes en la estación de Larrun, dos en la de Ibantelli, dos en la de Ibardin, uno en la de Xoldokogaina, dos dólmenes, dos cistas, un menhir y abundantes círculos (cromlech) en la de Artzamendi, y un túmulo, una cista y un menhir en la de La Plana. G. Laplace, que había descubierto en 1948 un nuevo yacimiento paleolítico en Olha (Olha 2) lo excavará, con intermitencias, a partir de 1974. La asociación Lauburu, de reciente creación, pretende en nuestros días divulgar y promover diversos temas concretos de la cultura vasca, debiéndose destacar su labor de difusión del conocimiento de la prehistoria labortana.

  • Bibliografía básica

Aparte las correspondientes memorias de excavación o las informaciones particulares sobre yacimientos concretos son de especial interés las publicaciones de conjunto siguientes: de E. Passemard, Les stations paléolithiques du Pays Basque et leurs rélations avec les terrasses d'aluvions de la Nive (Bayona, 1924); de J. M. de Barandiarán, Catalogue des stations préhistoriques des Pyrénées Basques ("Ikuska", Sara, 1946), El Hombre Prehistórico en el País Vasco (Zabalkundea, San Sebastián, 1934 y Buenos Aires, 1953) y Lehen Euskal Gizona (Donostia, 1972); de I. Barandiarán, El Paleomesolítico del Pirineo Occidental (Zaragoza, 1967); de C. Chauchat, Les recherches préhistoriques dans la région de Bayonne ("Bulletin de la Soc. des Sciences, Lettres el Arts de Bayonne", 1967) y Les industries préhistoriques de la région de Bayonne du Périgordien anclen á l'Asturien (Burdeos, 2 vol., 1968); y de J. Blot, Nouveaux vestiges mégalithiques en Pays Basque("Bulletin du Musée Basque de Bayonne", 1971-1974).

Pueden citarse como tales, consultando su respectivo artículo en esta EGIPV, el abrigo de Olha I, en Cambo; el de Olha II, también en esta comuna; la cueva de Leizia, en Sara; la estación de Le Basté, en Saint-Pierre d'Irube; el yacimiento al aire libre de Xabiaga, en Biarritz; el depósito de Mouligna, en Bidart, y la cueva del Faro. Excavaciones en curso por C. Chauchat en esta pequeña cueva, junto al faro de Biarritz, estudian un yacimiento de ocupación significativo del final de la Edad del Bronce y de su prolongación en la Primera Edad del Hierro. Dataciones C 14 precisan su situación en la transición del II al I milenio a. de C.

Diversos monumentos alzados con piedra fueron erigidos y utilizados en las últimas etapas de la prehistoria. Obedecen a los tipos habituales en estas zonas del Sudoeste europeo: dólmenes de cámara y túmulo, cromlechs (como círculos de piedra, o baratzak en euskara), monolitos (menhires) y diversas acumulaciones no muy bien estructuradas a las que se califica de túmulos o de fondos de cabaña. No se han desarrollado apenas excavaciones en estas construcciones de Laburdi pero su tipología permite adscribirlos a las etapas en que resultan habituales en las otras zonas del Pirineo: desde el Neolítico hasta avanzada la Edad del Bronce los dólmenes y, probablemente, los monolitos; de la Primera Edad del Hierro, los círculos; y de referencia menos segura las demás construcciones.

En el catálogo exhaustivo publicado en 1974 por J. Blot se citan en Laburdi 68 dólmenes, 54 cromlechs, 3 monolitos, una docena aproximada de fondos de cabaña y en torno a cuarenta "fondos de cabaña". Completando esos datos con aportaciones posteriores del propio Blot se esboza un mapa básico del megalitismo provincial agrupándose los monumentos en estaciones o sectores bien determinados: Larrun, incluyendo un apretado repertorio de dólmenes (veintinueve) y dos menhires (los de Gastenbakarre y Athekaléoun) dispersos por las laderas y macizos adyacentes a ese pico, en términos de Sara, Ascain y Urruña; Ibantelli, en Sara, con cinco dólmenes; Akoka (en Sara); Usategieta (en Sara); Ibardin (en Urruña, Sara) con seis dólmenes; Xoldokogaina, en Biriatu, con unos nueve monumentos; La Plana, en Ascain; Artzamendi (limítrofe con Baja Navarra).

Dispersas por museos y colecciones se han distribuido las evidencias de la prehistoria labortana. De los repertorios más interesantes debemos destacar:

En el Musée Basque, de Bayona, lotes parciales de Olha I, Etzail (antigua colección Darricarrère), propiedad d'Abbadie en Hendaya y los cedidos por J.M. de Barandiarán de sus prospecciones en Uriogaina, Faardiko-Lepo y Mouligna.

En el Museum d'Histoire Naturelle, en el Liceo de Bayona, parte muy sustanciosa de las colecciones reunidas en la etapa de los pioneros de la prehistoria de Laburdi, como son las aportadas por el abbé Vidal (de Anglet), Détroyat y Blanchet (Micoteau, Bellevue, Mouligna, Bouben en parte), Darricarrére (Nabasia) y Passemard (una parte de Le Basté).

En el Musée de la Mer, de Biarritz, estuvo expuesta una porción notable de las colecciones de E. Daguin (Mouligna) y R. Dupérier: se perdieron, por una lamentable actuación, en su mayoría hace no mucho, salvo lo que pudo rescatar C. Chauchat.

En el Laboratorio de Geología de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Burdeos I se conservan los lotes más importantes de las colecciones que E. Daguin fue acopiando en Bidart y, sobre todo, en término de Saint- Pierre-d'Irube; aparte de alguna pieza de Mouligna.

El Musée des Antiquités Nationales de Saint-Germain-en-Laye custodia una mínima muestra de la serie que Détroyat recogió en 1868 en el abrigo bayonés de Bouben y un lote representativo (unas trescientas piezas) del material recuperado por E. Passemard en la excavación de Olha I.

Respectivas colecciones de sus propias excavaciones en Laburdi son conservadas por G. Laplace (el total de lo hallado en Olha 2, piezas de Lezia y Mouligna), C. Chauchat (en sus varias prospecciones y excavación) y J. Blot (materiales aislados de recogida superficial).

Los datos conocidos son insuficientes en número y carecen, por lo común, de suficiente entidad como para apoyar una recapitulación coherente y uniforme del desarrollo de las formas culturales de la prehistoria provincial. Sólo parece posible agrupar las referencias más seguras para acotar diacrónicamente algunos episodios de ese proceso:

Al Paleolítico Antiguo se atribuyen diversas noticias de hallazgos de materiales aislados tanto en el litoral atlántico (en términos de San Juan de Luz, de Bidart -Mouligna y otros-, de Bayona) como en el tramo final de la cuenca del Adur (en términos de Saint-Pierre d'Irube, Poïlo, Mouguerre, Bidache/Tambaou).

Del Paleolítico Medio (Musteriense) son los importantísimos conjuntos estratificados de los dos abrigos de Olha y las evidencias de Le Basté. Aparte de notas tipológicas sueltas que, a veces, no son fáciles de distinguir de las del Paleolítico Antiguo.

El Paleolítico Superior se evidencian conjuntos estratificados de Le Basté, Lezia y Xabiaga I (los tres defacies del complejo de lo Auriñaco-Perigordiense: allí hay Chatelperroniense, en estos dos sitios últimos, Gravetiense o Auriñaciense final), Bouben (acaso Gravetiense) y en referencias particulares por comprobar de Xabiaga III (Solutrense), Bidart, Ahetze, Bidache, Villefranque, etc.

Al Epipaleolítico o Mesolítico se han solido atribuir sedimentos de los sitios de Uriogaina, Faardiko lepo o del abrigo de Lezia.

Del Neolítico y desarrollo de las Edades de los Metales son, en lógica, la mayoría de las sepulturas dolménicas del área pirenaica de Laburdi y dos establecimientos de la costa: el sitio de Mouligna (de inicios del Neolítico) y la cueva del Faro (de la transición Bronce/Hierro).

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El actual territorio de Lapurdi se hallaría comprendido en la Aquitania que César describe (BG, I, 1,7)como lindante con el Garona, por el Norte; los Pirineos, al Sur, y con el mar Cantábrico por el O. Entre el mar y la imprecisa linde de las cumbres pirenaicas se enclavó una población de habla vasca y de indeterminada filiación tribal situada entre los vascones de la orilla izquierda del Bidasoa y los tarbelli agrupados en torno a Dax (Aquae Tarbellicae). Conquistada la Aquitania hacia el 56 AC, el solar aquitano fue objeto de la típica modelación político-administrativa ejercida por Roma en los territorios de su Imperio: una Aquitania primera se centró en el actual Bourges y una Aquitania segunda fue adscrita a Burdigala (Burdeos).

Boscosa y marginada por la importante vía de Astorga a Burdeos que atravesó la Baja Navarra rumbo a Dax (Carasa-Aquae Tarbellicae), Lapurdi fue escasamente romanizada pero mantuvo una personalidad evidente. Sólo existió una pequeña vía, y ésta secundaria, que enlazó Hasparren con Imus Pyrenaeus y Pamplona (Pompaelo). Los restos arqueológicos encontrados son insignificantes: algunas monedas en Sara y Ahetze y lo que se ha dado en llamar tesoros de Mouguerre y Lamarkaenea. En cuanto a la identificación toponímica, Jean Luc Tobie se apoya en un texto de Plinio el Viejo y adelanta la hipotética asimilación de Camponi con Cambo y Spariani con Hasparren, lugares citados entre otros 19 de la zona (Bulletin du Musée Basque, 1982, n.° 95,3).

Una lápida votiva descubierta en 1665 en el altar de la iglesia de San Juan Bautista de esta villa laburdina nos da a conocer el importante remodelamiento administrativo efectuado en tiempos de Augusto. Su lectura es la siguiente:

FLAMEN. ITEM DVMVIR QVAESTOR PAGIQ. MAGISTER VERVS AD AVGVS TVM. LEGATO MV NERE FVNCTVS PRO NOVEM OPTI NVIT POPVLIS SE IVNGERE GALLOS VRBE. REDVX. GE NIO. PAGI. HANC. DEDICAT. ARAM.

Lo cual, traducido, significa: "El sacerdote, dumviro, questor y magistrado del pagus, Verus, enviado en misión ante Augusto, ha obtenido que los Nueve Pueblos se separen de los Galos. Vuelto de Roma, dedica este ara al genio del pagus". Sobre la interpretación de este mensaje del pasado se han vertido ríos de tinta; ciñéndonos a los hechos escuetos vemos que existe un tal Verus que desempeña acumulativamente los cargos de sacerdote -de una divinidad local no identificada-, de administrador, receptor de impuestos y magistrado de un pagus(país) que tampoco se identifica y que bien puede referirse a Hasparren y su entorno o a una unidad laburdina más amplia. Verus ha conseguido ya en el s. I d.C. separar la Novem populania, de la que Laburdi forma parte, de las Galias.

La Novempopulania (Nouem-Populi), "nueve pueblos", quedó formada definitivamente por doce (395-423 d. J. C.) civitas:

1. Metropolis civitas Elusatium-Eauze
2. Civitas Ausciorum-Auch (Armagnac)
3. Civitas Aquensium-Dax (Landas)
4. Civitas Boiatium-Buch y Born.
5. Civitas Benharnensium-Lescar (Bearne)
6. Civitas Turbo ubicastrum Bigorra-Tarbes y Saint-Lizier (Bigorre)
7. Civitas Conuenarum-Saint-Bertrand-de-Commingues.
8. Civitas Consoranorum-Saint-Lezer (Couserans)
9. Civitas Aturensium-Aire-sur-l'Adour
10. Civitas Vasatica-Bazas (Basadois)
11. Civitas Lactoratium-Lectoure (Armagnac)
12. Civitas Iloronensium-Oloron (Bearne)

La primera cita de Lapurdum se halla en la Notitia dignitatum escrita hacia el 400, es decir en el periodo bajo del Imperio. El nombre no sólo debió de designar el emplazamiento del poblado bayonés sino también el área jurisdiccional del mismo y de sus fortificaciones efectuadas en el siglo III-IV d. C. Se hallaba en la confluencia de dos ríos y al borde norte de la zona boscosa (saltus vasconum) que cubría ambas vertientes del Pirineo, por lo que se comprende que se estableciera el tribuno de la cohorte novempopulana en el interior de su recinto. La romanización de Bayona trajo consigo la latinización de sus habitantes, lo que dará lugar en el medievo a la utilización del gascón por gran parte de ellos.

El debilitamiento del imperio romano y la utilización de hordas bárbaras por el mismo, trae aparejada la ruptura de pax romana disfrutada por los vascos. Suevos, vándalos y alanos llegan a los Pirineos el 407. Requiario devasta la Novempopulania en el 448. Francos y visigodos se disputan a comienzos del siglo V la posesión de la misma que pasa a constituir parte del patrimonio, teórico más que efectivo, de los caudillos francos sucesivos. De esta forma, en el 567 Bayona es atribuida a Segiberto I. Francos por el Norte y godos por el Sur acosan a unos vascos que, acometidos por unos y por otros, se repliegan a las montañas y a los bosques mientras las escasas ciudades se vacían y sus habitantes huyen.

Tal trasiego, que dura desde finales del siglo III, va a hacer desaparecer el carácter tribal de las poblaciones locales que van a adquirir desde el siglo V el nombre de la tribu más importante: los vascones. Así el poeta Fortunato (530?-609) canta las alabanzas de su rey Chilperico quem Geta, Wasco tremunt (al que el godo y el vasco temen) y la "Vita S. Germani" citará al vasco como un pueblo entre otros: Hispanus, Scottus, Vasco, Saxo, Burgundio... El cronista Biclarense (h. 540-h. 621) Leovigildus rex partem Vasconiae occupat... (El rey Leovigildo ocupó parte de Vasconia...) llama al país de estos vascones, Vasconia. La documentación latina recogida, por ejemplo por Rymer, seguirá designando Vasconia a la antigua Novempopulania hasta bien entrado el siglo XIV; mientras, las crónicas en romance francés acuñarán el nombre moderno de Gascuña.

Poco se sabe, pues, sobre estos dramáticos siglos en los que los vascones pasan a ser el blanco favorito de los dicterios de cronistas godos y francos. A la muerte de Leovigildo, Gregorio de Tours registra, en el año 587, una irrupción de montañeses en las llanuras aquitanas: vascones vera de montibus prorumpentes, in planas descendunt... La incursión fue guerrera pero el cronista no señala si se produjo un establecimiento permanente o si, tras ésta, volvieron estos vascones a sus montes.

A finales del siglo VI los francos consiguen sujetar a la vieja Novempopulania bajo su férula. En el año 602 crean con ella el ducado de Vasconia designando a un tal Genial como duque de la misma. Los límites de esta Vasconia son, por el Sur, inciertos; Laburdi, Baja Navarra y Zuberoa constituyen parte de la misma pero tal vez también lo hagan Gipuzkoa, Araba y Bizkaia amenazadas, a su vez, por los godos. Desde el 638 también Aquitania es un ducado. En el 670 Lupo I (Otxoa) es erigido en duque de Vasconia y Aquitania, reuniendo ambas potestades y rigiendo ambos ducados de forma casi independiente. Uno de sus titulares, Eudón, participa decisivamente en la batalla de Poitiers que, en el 732, cierra el paso de los musulmanes hacia Francia, una vez ocupada la península. A1 calor de la guerra de los vascones contra musulmanes, francos y visigodos va a nacer un nuevo núcleo político- militar centrado, esta vez, en Pamplona. La primera manifestación importante de este reagrupamiento es la victoria vasca de Roncesvalles, el 778, sobre las tropas de Carlomagno. En el 824 se conoce ya el nombre de un monarca, Enneko Aritza. Mientras tanto, el ducado de Vasconia, bajo sujeción franca, consigue nuevamente zafarse de ésta, agrupando a lo que Oihenart llamará Vasconia aquitana, en contraposición a la Vasconia ibérica.

El año 844 el ducado se ve sometido a dura prueba al ser invadido a través de costas y ríos por los temibles normandos. El mismo duque Sigino cae muerto, en combate sostenido entre Burdeos y Saintes. Establecidos en Bayona, como base de operaciones, entre el 863 y 864 devastan el interior de Vasconia y Aquitania. Durante su permanencia, que duró más de un siglo, parece ser trasmitieron a los vascos costeros parte de sus conocimientos náuticos y artes pesqueras. Se les atribuye, asimismo, la muerte, el 892, del apóstol cristiano San León que predicó a los laburdinos su doctrina. En su lucha contra los normandos, los duques de Aquitania solicitaron ayuda de los reyes francos y de Navarra. En este contexto se sitúa la hazaña de Sancho II "Abarca" que, en el año 985, acudió en ayuda de su pariente el duque vascón Guillermo que consigue derrotar a los vikingos. Tras este hecho de armas éstos fueron retirándose a sus lejanas tierras.

Debido a las necesidades defensivas creadas por estos siglos de guerras e inseguridad, el ducado de Vasconia se va a fragmentar en diversas unidades político-administrativas centradas en torno a señores hereditarios cuya actuación y poder obedece más o menos a las leyes generales de la feudalidad europea. Laburdi va a constituir un vizcondado dependiente del duque, como lo fueron asimismo Baigorry y Arberoa, y del rey de Navarra cuando Vasconia, por razones de parentesco y de herencia, pase a formar parte del dilatado patrimonio de Sancho III "El Mayor" (999-1035). Hacia 1021-1023 el monarca navarro va a formalizar la institución vizcondal designando vizconde a Lupo Sancho, mayordomo real, pariente del duque Sancho-Guillermo y de su propia real persona. Según Moret, Sancho el Mayor traspasó Vasconia -ahora Gascuña- al conde de Poitiers, duque asimismo de Aquitania, pero, dice,

"algunos de los señores de la Gascuña continuaron algún género de reconocimiento a nuestros reyes, o porque quedaron con él al tiempo de la enajenación, o porque como de príncipes más poderosos y confinantes, buscaban las clientelas y se hacían sus dependientes, admitiendo honores suyos y reconociéndolos por ellos".

Los vizcondes de Laburdi residieron en Bayona donde establecieron su corte. Su jurisdicción se extendió al actual territorio laburdino, parte de Navarra y, probablemente, la parte de Gipuzkoa situada entre el Bidasoa, San Sebastián y Oyarzun.

Poco se sabe de estos primitivos señores de la tierra Lapurdina, emparentados tanto con la familia real navarra como con el duque de Gascuña. Aparecen en la documentación como titulares de feudos tanto en la Alta como en la Baja Navarra y, desde el primer cuarto del siglo XII, son vizcondes también de Arberoa. Parecen haber ejercido el patronato laico de la catedral de Bayona ya que, en 1059, el obispo Raimundo el Joven declara que los hermanos Sancho le han restituido la iglesia de Santa María de Lapurdi junto con sus dependencias, y en años posteriores se les ve firmando sustanciosas donaciones a la misma.

Vizcondes de Lapurdi

  • 1023-1059 Lupo Sancho;
  • 1059-1062 Fortún Y Sancho;
  • 1062-1095 Fortún II Sancho;
  • 1100-1122 Regina Tota;
  • 1122-1124 García Sancho;
  • 1124-1169 Bertrand;
  • 1169-1170 Pierre Bertrand;
  • 1170-1192 Amaud Bemand de Sault;
  • 1192-1193 Guillermo Raymond de Sault.

Pérez de Urbel nos proporciona los siguientes datos: "La designación de Lope Sánchez como señor del territorio de Labourd nos orienta para fijar con mayor o menor seguridad la época de la campaña de Gascuña. Primo cercano del rey, Lope era, además, uno de sus hombres de confianza. Desde 1009 le vemos a su lado en los momentos solemnes, y desde 1011 a 1020 figura como mayordomo de la casa real. Un año más tarde confirma la primera de las tres escrituras, tan sospechosas, relativas a la restauración de la sede de Pamplona, y desde este momento perdemos su rastro en la documentación navarra hasta los últimos tiempos de Sancho el Mayor, pues en 1033 y 1034 volvemos a encontrar un Lope Sánchez, señor de Luar, o Loarre, que puede identificarse con el antiguo mayordomo. [Encuentro el nombre de Lope Sánchez en los siguientes diplomas navarros: 1009, Senior Lope Sangiz confirmat (Cartulario de San Millán, pág. 88). 1011, Senior L. S. majordomus (Ibídem, pág. 80). 1011, Senior L. S. majordomus (Ibídem, pág. 90). 1014, Senior Lope Sancii majordomus (Ibídem, págs. 98 y 100). 1021, Señor Lope Sánchez (Moret, Anales, libro IX, pág. 166). 1033, Lope Sangiz de Luar (Magallón, Colección, pág. 125). 1033, (Ibídem pág. 127). 1033, donación de Sancho el Mayor a Iñigo López: Lope Sánchez de Loarre (Moret, Ibídem, pág. 221)]. Tal vez volvió entonces al lado de su rey, obligado por las circunstancias políticas, encomendando el gobierno del vizcondado de Labourd a su hermano Fortunio, de quien sabemos que le sucedió, fundando allí una dinastía familiar. Hasta entonces él fue quien se ocupó en organizar y pacificar aquella región, que era como una avanzada del reino al otro lado del Pirineo, en preparar la restauración de la iglesia de Bayona y en limpiar las costas de los piratas del Norte, que seguían amenazando todavía durante los primeros lustros del siglo XI los puertos del Cantábrico.

Tal vez fue el temor a los vikingos lo que movió a Sancho el Mayor a reclamar el gobierno inmediato de aquella región marítima, cuya posesión era una garantía de tranquilidad para los condados de Guipúzcoa y de Vizcaya. Según esto, la expedición ultramontana debió realizarse entre 1021 y 1023. En 1024 había sido ya coronada con éxito completo, pues es en este año cuando el duque empieza a aparecer en la corte del rey de Navarra como uno de sus vasallos y cuando hallamos el primer documento en que se reconoce la soberanía de Sancho Garcés sobre Gascuña. La aventura había tenido el desenlace más feliz: una provincia anexionada, una región hermana convertida en feudataria, conseguida la unión de todos los pueblos de lengua vasca, impuesto un matrimonio que abría a Sancho nuevos caminos de influencia en el gran condado de Tolosa. Pedro Marca y otros escritores franceses conceden a duras penas que Sancho Garcés extendiese su dominio al otro lado del Pirineo (Histoire de Bearn, páginas 317 y siguientes); Fernando Lot llega a considerar el vasallaje de Sancho Guillermo como "una fábula ridícula" (Hugues Capet, pág. 207). No se detienen, sin embargo, a invalidar el testimonio de los documentos pinatenses, a los cuales aludía ya el rey Ramiro I, hijo de Sancho el Mayor, con estas palabras:

"Quod privilegium ipso venerabilis pater meus rex Sancius mano proprio confirmavit, el Ramiro regi ad reborandum tradidit in conspectu Sancii Guilleimi comitis de Guasconia necnon el Bereugaii Curvi comitis de Barchinona corroborari fecit"

(Briz Martínez, Historia de San Juan de la Peña, lib. I, cap. 57).

La confirmación de los documentos de Sancho el Mayor por los dos condes, si consideramos sobre todo que su nombre aparece después de los de los hijos del rey, es ya, según los usos de aquel tiempo, un indicio de vasallaje; pero además tenemos la confesión explícita de que Sancho "gobernaba y reinaba en toda la Gascuña, y que imperaba desde Astorga a Barcelona" (Ref. Pz. de Urbel: Sancho el Mayor de Navarra, Madrid, 1950 pp. 98-100).

A la muerte del vizconde García Sancho, la falta de sucesores enfrenta al duque Guillermo X y al rey de Navarra Alfonso el Batallador que, en octubre de 1130, pone sitio a Bayona, la toma y permanece en ella varios meses. Laburdi, vizcondado navarro, va a permanecer durante varios años en la órbita política navarra y este tira y afloja entre Burdeos y Pamplona suscitará la creación de partidarios de una y otra jurisdicción, como veremos más adelante. Ricardo Corazón de León, hijo de la duquesa Alienor de Aquitania, le sucede en el mando ducal en 1169. La llegada de estos monarcas ingleses fue recibida con hostilidad por la nobleza local que no podía ver con buenos ojos la política abiertamente antiseñorial de éstos. Protegiendo con primacía el comercio y el desarrollo y florecimiento de las villas -en especial Bayona- tanto Enrique como su hijo se enfrentaron a una nobleza autóctona, fuertemente vinculada al reino de Navarra y que ejerce jurisdicciones y derechos señoriales acordes con la estructuración social del mismo.

En 1167 el vizconde de Laburdi se había alzado en armas, junto con sus barones, contra Enrique II, duque consorte de Aquitania, que invade los dominios de su esposa. Su hijo, el autoritario Ricardo Corazón de León, señor natural del vizconde de Laburdi, inaugura su mandato confirmando hacia 1174 a Bayona los fueros otorgados por el duque Guillermo IX, aumentándolos con nuevos privilegios (1170, Balasque: Etudes, I, 412-416) y visitando la villa en 1170. En una segunda visita de 1174, Ricardo concede a los bayoneses franquicias en el Poitou, Aquitania y Gascuña (Rymer, Foedera, I, 12) y reafirma la figura del senescal como autoridad suprema de la tierra. Bayona va acaparando, como villa comercial, sucesivos monopolios en detrimento del resto de las villas y de la zona rural laburdina. En el año 1177, una nueva sublevación nobiliaria pone en jaque la autoridad del duque Ricardo. La misma abarca a toda la Gascuña centrándose en Dax donde se halla Pedro, vizconde de la región y señor de Mixe y Ostabarret, y Céntulo III conde de Bigorra. Pertenecientes a las ligas de confabulados, los señores locales vascos se alzan también en armas. Arnaud Bertrand de Sault, vizconde laburdino, va a ser sitiado y derrotado en Bayona. Lo relata el cronista Rogerio Hoveden:

"Ricardus Comes Pictaviae fuit in Aquitania apud civitatem Burdegalensem, qui statim post Natale domini obsedit Akensem civitatem, quam Petrus vicecomes Aquensis el come Bigorniae contra euro munierant, et infra decem dies cepit. Deinde obsedit Bajoniam civitatem, quam Ernaldus Bertrandus Vicecomes Bajoniae contra eum munierat, et infra decem dies cepit, el inda promovens exercitum suum usque ad portus Syzarae, quae nunc Porta Hispaniae dicitur, obsedit Castellum Sancti Petri, et cepit, et demolitus est illud, et compulit per vim Basclos et Navarrenses jurare, quod pacem ab illa hora peregrinis et inter se servarent in perpetuum, et destruxit omnes malas consuetudines, quae inductae erant apud Sorges el apud Espurim".

Como se ve, Ricardo aprovechó la expedición para castigar a varios nobles bajonavarros. Los vizcondes, en especial Guillermo Raymond, habían fortificado y mejorado Bayona. De 1189 a 1192, aprovechando la ausencia de Ricardo Corazón de León en la Tercera Cruzada en cuyo ejército lucharon muchos señores laburdinos-, practicó G. Raymond una importante política de colonización de las tierras incultas.

La liquidación del poder vizcondal de Laburdi acaece a finales del siglo XII sin que ningún historiador haya dado cuenta cabal del proceso. Hay dos factores que pueden vislumbrarse como causantes del mismo: por una parte, Bayona, a partir sobre todo del Fuero de hacia 1174, comienza a recibir un trato diferente, más acorde con su vocación comercial, por parte de la administración inglesa; por otra, no hay duda de que la derrota militar del vizconde repercutió en detrimento de su poder y autoridad. La Carta de los Malhechores de hacia 1189-1190 menciona ya al "baile del señor, que será establecido fuera de la villa de Bayona" (Balasque, Etudes, I, 419-425). El cese de las atribuciones vizcondales se suele colocar en 1193; un documento falso incluso habla de la venta por el vizconde de todos sus derechos y prerrogativas a los laburdinos. La fecha coincide con la liberación de Ricardo Corazón de León en 1194. A partir de estos años tiene lugar, pues, un importante cambio institucional en Laburdi que queda constituido por dos territorios perfectamente diferenciados: la villa de Bayona con su jurisdicción y el bailío de Laburdi centrado en Ustaritz, dependientes ambos del senescal de Gascuña, representante del duque de Aquitania.

Esta separación administrativa y jurisdiccional viene a superponerse a una separación mucho más sentida entre la población laburdina: la separación lingüística que hace de la Bayona, pronto romanizada, un islote idiomático en el que predomina el gascón en contraposición al resto de la tierra laburdina en la que la lengua originaria sigue siendo el euskara. Lengua e intereses económicos van a enfrentar a ambas poblaciones hasta en el interior de Bayona, llegando incluso a utilizarse el adjetivo vasco como sinónimo de laburdino y en contraposición a bayonés. En 1215 Juan sin Tierra, duque de Aquitania, concede a Bayona su Fuero municipal. Esta, a semejanza de Marsella y Montauban, se convirtió entonces en una especie de pequeña república. El rey de Inglaterra le concedió la institución de los Cien Pares, que comprendía un alcalde, 12 regidores nobles o burgueses, 12 jurados comerciantes y 75 consejeros del pueblo. Su elección se renovaba cada año. (Cf. Giry, Establecimientos de Rouen, II, p. 3; Balasque y Dulaurens, Estudios históricos sobre la ciudad de Bayona, I, p. 452; Libros de los Establecimientos, pp. 16-22; Dubarat-Daranatz, Investigaciones...; I, pp. 80, 126, 136; II, 110).

Según Ducéré, la consecuencia de la organización municipal que en este Fuero se establece, fue la creación de una oligarquía burguesa y el desarrollo de un antagonismo entre sus clases sociales. Los reyes de Inglaterra (duques de Aquitania) se apoyaron a menudo en el partido popular mientras que los burgueses mayores no desdeñaban hacer causa común con los barones de la tierra y asociarse con los reyes de Navarra, sobre todo Teobaldo I. Como telón de fondo no hay que perder de vista a los reyes de Francia y de Castilla alentando la rebeldía señorial contra la administración inglesa. La participación bayonesa en la guerra franco-inglesa fue franca y decidida, en especial en el auxilio de La Rochela en 1224 y en la batalla de Taillebourg de 1242.

En 1243, Teobaldo I emprende una expedición de ayuda a los señores vascos y gascones siempre descontentos con los ingleses, algunos de los cuales -ej., Urt- le rinden homenaje. También lo habían hecho los señores naturales de Zuberoa, Baja Navarra y Lapurdi, entre los cuales, Pedro Arnaud de Sault en 1238. Teobaldo llevó a cabo una política de recuperación de los vínculos antiguos en combinación con el rey de Francia en guerra con el inglés. La Baja Navarra ya no volvería a salir del reino. Existe una especie de protectorado navarro sobre Lapurdi, incluida Bayona, durante gran parte del siglo XIII; una villa como la de Ainhoa fue considerada territorio indiviso de ambas autoridades. No hay que perder de vista, durante toda la edad media, el interesante fenómeno consistente en una nobleza local Lapurdina íntimamente vinculada con la navarra y que desempeñó incluso cargos importantes en la Corte de Pamplona. Una familia noble tan importante como los Urtubia toma parte activa en la vida política navarra: uno de sus miembros fue entregado como rehén de Carlos II "El Malo" a Enrique de Trastamara, otro encabezó la expedición a Albania muriendo en Grecia, varios fueron alcaides de Gallipienzo, Leiza y Ujué, otros fueron dignatarios de palacio, María de Urtubia casó con Juan de Monreal (Mont-Real) en el siglo XV, y luego con Rodrigo de Gamboa, señor de Alzate.

En cambio, la otra familia más importante de Lapurdi, los Samper (St-Pée), constituyeron un sólido apoyo de los reyes ingleses que les recompensaron con diversos honores reverenciales y pecuniarios como el bailía de Lapurdi, prebostazgo de Dax, señorío de Arbona, etc. Bayona -dicen Vázquez de Parga, Lacarra y Uría (1949)-

"vino a ser el puerto natural de Navarra, desplazando a San Sebastián y a Fuenterrabía; sus barcos eran numerosos y sus marinos aguerridos acabaron por expulsar la ballena del golfo de Gascuña, persiguiéndola hasta los mares del Norte: adquirieron por su valor un justo renombre en Inglaterra y, no olvidando su raigambre española, pusieron sus barcos en ocasiones al servicio de la reconquista contra el moro".

La nobleza rural se sublevó, como hemos visto, repetidas veces contra la administración inglesa. Para ello un acuerdo tácito ponía en pie de guerra a los barones de toda Vasconia o Gascuña. En 1248 Simón de Monfort en persona vino al ducado a implantar un orden que no dejó de ser precario pese a las cuantiosas penas económicas impuestas a la nobleza laburdina. De 1251 a 1275 se desarrolla una nueva sublevación, mucho mayor que las anteriores. El partido nobiliario echa sus raíces hasta la misma Bayona como demuestra la documentación que, referida a 1254, recogen Bemont y el Libro de los Establecimientos bayonés. Alfonso de Castilla aprovecha también la coyuntura para invadir la zona sublevada. Es el apoyo de la pequeña burguesía bayonesa y el de la clase rural antinobiliaria el que va a permitir a la administración inglesa prevalecer a la larga, fenómeno semejante al producido en la vecina Guipúzcoa. Uno a uno van a ser doblegados y castigados los sublevados.

En 1267 Jean de Sordes y su mujer declaran, por ejemplo, que para obtener el perdón ducal, ceden al senescal de Aquitania un cuarto del molino de Uztaritz que les había sido confiscado. El Fuero de Bayona va a ser revisado en 1273 privándose a la oligarquía burguesa de sus principales poderes, y un pacto restablece la paz entre las dos facciones de la villa. La nobleza laburdina va a ver mermadas de forma sustanciosa sus prerrogativas. Casi veinte años más tarde aprovechará la lucha entre normandos y bayoneses para hacer a Bayona objeto de sus rapiñas apoyándose en la intervención navarro-franca contra los ingleses. La nueva derrota sólo servirá para reducir aún más su área de dominio sobre la tierra laburdina.

  • Duques ingleses
  1. Ricardo Corazón de León (?-1199);
  2. Juan Sin Tierra (1199-1216)
  3. Enrique III (1216-1272)
  4. Eduardo I (1272-1307)
  5. Eduardo II (1307-1327)
  6. Eduardo III (1327-1377)
  7. Ricardo II (1377-1399)
  8. Enrique IV (1399-1413)
  9. Enrique V (1413- 1422)
  10. Enrique VI (1422-1451)

En el año 1311, bajo Eduardo II, rey de Inglaterra y duque de Aquitania, se llevó a cabo una averiguación con objeto de determinar, con claridad y desde la administración, los derechos del rey sobre la tierra de Lapurdi (Ver Balasque, Estudios Hist., t. II, p. 691. Inven. de los privilegios, etc. del país de Lapurdi). Se oyeron las declaraciones de Fratin Fargia, de Martín de Hirigotia, de Pedro de Juncas, de San Martín, de Juan Beysolian, de Bernardo de Lagarde, de Pedro de Azanza, de Guillermo Arnoldo de Ogoet, de García de Ustia de Ustaritz, casi todos ellos antiguos bailes de Lapurdi y por ende representantes del dominio real. De las declaraciones de estos testigos, resulta que la tierra de Lapurdi dependía del rey de Inglaterra, como duque de Aquitania. De éste la recibían inmediatamente los nobles y los no nobles habitantes de la tierra (...Dixit... quod tota terra de Labourt teneretur a Domino nostro Angliae rege duce Aquitaniae antiquitus, inmediate per nobiles et habitantes interra praedicta). Como señor con capacidad de impartir justicia, el rey poseía la justicia sobre los habitantes de la tierra nobles y no nobles, y la ejercía a través del baile real con corte de justicia en Ustaritz. Podía ejercer además la alta o baja justicia sobre las sesenta casas de hidalgos (domicilia) de Lapurdi, los cuales, además del servicio militar de duración ilimitada, debían al rey: 1.° El derecho de albergada (sustituido por un impuesto anual de dos sueldos y seis denarios pagaderos por Santiago). 2.° Otra renta censual en especies.

Según algunos señores del país, decían estos testigos, el rey no tenía más que jurisdicción sobre las aguas, bosques y tierras sin cultivar; y el dominio útil pertenecía a los habitantes de la tierra que, solamente por esta razón, prestaban servicio militar de ost y cabalgada que tenían que pagar hasta el puerto de Caulas y a cargo del rey allí donde quisiera llevar la guerra en el ducado de Aquitania. La duración de este servicio era de cuarenta días. Según otros señores, siguieron declarando los mismos testigos, el rey tenía la propiedad directa de las aguas, los bosques, las tierras yermas y las tierras sin cultivar, y los habitantes no podían pretender más que a derechos de uso consistentes en el pasto de los ganados y la tala de la madera necesaria para construir sus casas...; y resultaba atentatorio contra los derechos del rey que los señores de Ezpeleta, de Sault, de Lahet, de Paganduria y otros se hubiesen permitido construir casas y encender el primer fuego sin la asistencia del baile. Sin embargo, también hay algunos testigos que dicen que el señor de Ezpeleta posee en propiedad las tierras de Ezpeleta; el de Paganduría, las de Macaya, y el señor de Sault, una tierra sin cultivar en Hasparren.

Por consiguiente el rey no posee sobre estas tierras más que el derecho de alto señorío. El rey poseía en propiedad, en Ustaritz, un castillo (castrum suum sive mottam), el cuarto de un molino llamado de Lamothe, situado en el burgo, de una renta anual de 10 libras morlanesas. Además percibía del país una renta de 40 libras morlanesas. En cuanto al baile, además de sus derechos de justicia, leyes y multas, percibía diversos impuestos, tales como el derecho de fogaje, de albergada. Fratin de Fargia, baile en ejercicio en el momento de la averiguación, declaró "que había subarrendado el bailiazgo por 300 libras bordelesas". Esta encuesta proporcionó a algunos la prueba en contra del carácter alodial de la tierra de Lapurdi. Hecha con propósitos fiscales, basada en las declaraciones de antiguos bailes, uno de los cuales estaba todavía en funciones, no prueba nada, según Haristoy, contra los títulos y fueros posteriores. Los señoríos con jurisdicción feudal más importantes de Lapurdi son creados después de esta averiguación. En 1331 Eduardo III concede al gentilhombre agenés Raimond Durand la alta y baja justicia de Guiche, Bardós, Urt y Briscous. Esta última comuna pudo rescatar pronto su jurisdicción; no así las otras tres que, pasando a ser del dominio de los Grammont, se mantuvieron en la feudalidad hasta la Revolución pidiendo los Cuadernos de Quejas Lapurdinos de 1789 su integración al Biltzar. La baronía de Ezpeleta data del siglo XV. También es posterior Arbonna, que compra sus derechos, y Macaye, basado en un documento falso.

Los prolegómenos del enfrentamiento entre el campo y la ciudad de Bayona ya se dejan presentir en la atmósfera de batalla que rodea los primeros años del siglo XIV. Bayona llevó a cabo una intentona de tasar los derechos de salida establecidos sobre las sidras que los Lapurdinos rehusaron pagar. Y enseguida se prohibió a los comerciantes de la villa hacer ningún envío de esta bebida bajo pena de perder las manos. El nerviosismo se deja sentir en todos los caminos. El baile de Lapurdi es acusado de haber hecho asesinar a cuatro de los hombres del burgués bayonés de Luc, a pesar de haberle concedido un salvoconducto. Los bayoneses, a quienes antiguas prerrogativas concedían el uso de las tierras Lapurdinas incultas en los alrededores de la villa, son rechazados violentamente, no sólo en el territorio comunal, sino incluso de las propiedades bayonesas situadas en los aledaños de la villa; los braceros y jornaleros ya no pueden salir más que con las armas en la mano. Los homicidios se multiplican. No se preveía el desenlace de la crisis que para un político conciliador podía haber sido pacífico.

Pero en ese momento los acontecimientos llevan a un tal Puyanne a la alcaldía de Bayona. Encendido antagonista de las prerrogativas Lapurdinas, habituado al mando militar, impaciente ante las resistencias, no era el más adecuado para buscar soluciones de compromiso. Los medios los encontró en la persona de Arnoldo de Durfort, gentilhombre gascón que acababa de surgir oportunamente como jefe de una tropa armada. La unión de los dos hombres va a precipitar el drama. Arnoldo de Durfort era el hijo de un gentilhombre de Agen que había perdido toda su hacienda al servicio de Inglaterra. Eduardo III, para resarcirle, le otorga, en 1338, para sí y para sus herederos, el señorío de Lapurdi con el título de vizconde. Políticamente era una imprudencia que no podía sino generar los más graves conflictos. El viejo señor se atrevió a continuar la aventura, pues se trataba de un verdadero contrafuero sobre el bailío de Lapurdi organizado desde hacía dos siglos, dentro de una autonomía casi total. Pero su hijo Arnoldo quiso probar suerte. Lapurdi se levantó y resistió con energía este intento de dominación feudal.

Los principales jefes de la resistencia fueron el baile de Ustaritz, Auger de Sault, que acababa de ser nombrado baile vitalicio por Eduardo III y se veía desbancado por las pretensiones de Durfort; Martín de Urtubia, quien con el pretexto de proteger la frontera contra los ataques extranjeros, levantaba en ese momento una casa fortaleza en Urruña, con murallas y fosos. Por otra parte Eduardo III, impresionado por la resistencia Lapurdina y pesaroso de la medida tomada, volvió a comprar sus derechos sobre Lapurdi. Unió este país a la corona (Carta patente del 22 de octubre de 1341) manteniendo a Durfort durante algún tiempo como baile y revocándolo en octubre de 1341. Durfort se vengó llevando a cabo una expedición de pillaje y muerte, apoyado por el alcalde de Bayona. El odio común hacia los vascos fue el elemento que asoció al pseudo vizconde y al alcalde, resueltos a hacerse pagar sus mutuos servicios a expensas del reticente Lapurdi reduciéndolo por el terror. Esperando asentar sobre la intimidación su beneficio económico el uno, y una dominación política el otro. El drama está a punto de estallar: Bayona y Lapurdi van a enfrentarse en un duelo sangriento, el más implacable de su historia. Enseguida, bajo la protección de Durfort, Puyanne abrió la lucha en el recinto de la villa contra los elementos que estaban a favor de los Lapurdinos rurales. Estos fueron hostigados, encarcelados y proscritos. Un régimen draconiano se instauró. Estaba prohibido bajo pena de una multa de 50 libras morlas, dar cobijo a un proscrito, y circular fuera de las puertas de la villa; se prohibió también hablar a un extranjero, se renovó el juramento de fidelidad, se depuró la policía y todo esto para reducir a los adversarios poniéndolos fuera de la ley.

El segundo acto puso a los Lapurdinos en el trance de tener que respetar las prerrogativas de la villa que permitían a los bayoneses tomar lo que quisiesen sobre las tierras incultas de Lapurdi: bosques, landas y pastos situados a jornada y media de marcha. Prácticamente era un radio de acción de 25 kilómetros lo que se ponía a disposición de la villa en virtud del fuero concedido por el duque Guillermo hacia 1130, en un momento en que la villa renacía de sus ruinas. Ninguna fuerza podía resucitar ya semejante fuero que, después de la constitución de las comunas y de las propiedades privadas, no encubría más que una empresa de apropiación, pero en el estado actual de los ánimos, era además echar leña al fuego de las pasiones desencadenadas por ambas partes. Durfort firmó el edicto el 25 de abril de 1342 (Balasque, Estudios, III, 569-571). En virtud del mismo fuero, que primitivamente se extendía tanto al mar como a tierra y con el mismo radio de acción, Puyanne y Durfort reunieron en el cementerio de San Martín de Biarritz un mes después, a los pescadores de la costa, haciéndoles jurar sobre los Evangelios y la Cruz que aportarían fielmente a Bayona todo el pescado capturado, salvo el necesario para la subsistencia de los habitantes.

Biarritz formaba parte del bailío de Lapurdi y su población era mayoritariamente de lengua vasca; una numerosa colonia de lengua gascona se había instalado también allí cuyos representantes se comprometieron, bajo amenazas, junto con los representantes vascos: Iratzabal, Hiriart, Jaulerry, Gossemendi, Hiriberri, Artibaratze. Al mismo tiempo, tuvieron que prometer el observar el reglamento ya en vigor sobre la captura de la ballena: toda ballena capturada en la costa sería puesta en conocimiento del alcalde de Bayona y guardada entera en el puerto de Biarritz por espacio de dos mareas completas, para ser vendida en presencia del alcalde o de su representante. La agitación llegó a su zenit cuando Puyanne llevó más lejos su acción, y no contento con reafirmar viejas prerrogativas bayonesas, intentó suprimir los derechos de los Lapurdinos, reclamándoles una tasa sobre los animales y víveres tanto a la entrada como a la salida de la villa. Una averiguación ordenada hacía más de un siglo, en 1239, por Eduardo I, había establecido ya que los Lapurdinos, en virtud de antiguos privilegios, no tenían que pagar por el pescado de sus capturas o por los animales de sus establos que venían a vender a Bayona y sólo la salida de víveres estaba sometida a peaje. En ese momento, a unos cuatro kilómetros de Bayona río arriba, había un puente sobre el Nive que estaba situado enfrente de la propiedad de Proudines. Este puente comunicaba el barrio de Maignon con el territorio de Villefranque y establecía la comunicación de las vías de la costa hacia Lapurdi oriental y hacia la vía fluvial del Nive, muy importante en esta época y bordeado de pequeños puertos hasta Larressore.

El puerto principal era precisamente el de Proudines. Por este puente pasaba libremente un gran tráfico Lapurdino que evitaba Bayona. Una casa fortaleza dominaba por el lado de Villefranque: Miotz, bastión avanzadilla de Lapurdi, situado en la última altura que cierra, en ese lugar, el valle y desde donde se divisa a la vez Bayona y el Nive hacia Ustaritz. Puyarme resolvió imponer una tasa sobre este puente. Se cubrió con una razón jurídica pretendiendo que los derechos de la villa se extendían tan lejos como llegara la marea. Entonces se estableció una guardia de vigilancia en el puente para exigir el pago de la tasa. Inmediatamente acudieron los Lapurdinos y sin pararse en barras tiraron a los cobradores al Nive. Esto fue como una declaración de guerra. Exasperados por esta serie de desafíos, los Lapurdinos no dan ya cuartel. Algunos comerciantes bayoneses que tratan de ganar España son masacrados; los alcaldes mantienen una pasividad contra la cual en vano lanza Eduardo III una fulminante carta de ultimátum dirigida a los Lapurdinos. El asunto sigue su curso fatal. En esto, el 24 de agosto de 1343, Villefranque celebra la fiesta de su santo patrono, San Bartolomé, y la inquietud reinante así como la necesidad de ponerse de acuerdo atrajeron a Villefranque a una gran multitud. En el castillo de Miotz, desde donde se domina el valle, se reúnen los dirigentes natos de Lapurdi. Son los jefes de las casas de Sault, Saint-Pée, Lahet y Urtubia.

Además de lo más florido de la nobleza del país, venida de los núcleos más importantes de Lapurdi: Hasparren, Ustaritz, Sara, Urrugne y Saint-Pée. Puyanne pensó que esta era la mejor ocasión para zanjar el asunto teniendo a los jefes y a la élite de Lapurdi a su merced y pudiendo dejar el país sin cabecillas. Y da el golpe por sorpresa. Acude sigilosamente, echa las puertas abajo y mata a todo el que encuentra salvo cinco gentilhombres cuya suerte se reserva: De Saut, padre e hijo, uno de Saint-Pée, uno de Urtubia y uno de Lahet. Alumbrados por el resplandor del incendio que devora Miotz, Puyanne desciende con sus prisioneros hasta el puente de Proudines que está muy cerca. Allí les anuncia fríamente que va a verificar si la marea sube tan lejos como lo ha pretendido la villa de Bayona. Acto seguido los ata mirando hacia Bayona de donde viene la marea y los jefes de las cuatro familias Lapurdinas más antiguas e influyentes desaparecen lentamente bajo las aguas. El alcance de este hecho fue enorme. Un escalofrío de horror sacudió Lapurdi cuyas fuerzas morales y políticas más poderosas estaban encarnadas por las víctimas. 1.° El señor de Saut, Guillermo Arnoldo de Hasparren, descendía de la familia real de Pamplona. En Béarn y en Lapurdi, los de Saut eran los primeros barones del país. En el siglo XII habían sido vizcondes de Lapurdi. Esta familia estaba entroncada por alianzas con las principales casas de la región: Haitze, Irumberri, Saint-Pée, Lahet, así como con la aristocracia bayonesa; Guillermo Arnoldo, la primera víctima, era por parte de madre sobrino del obispo de Bayona, monseñor de Mans, y nieto del jefe aristócrata de la villa. 2.° Los favores reales habían confirmado la supremacía de esta familia, llamando al hijo mayor al puesto de secretario del rey de Inglaterra, y nombrando al hermano segundo, Auger Arnoldo, que será la segunda víctima de Proudines, baile vitalicio de Ustaritz. 3.° Guillermo de Saint-Pée, es también miembro de la familia de Saut y por su matrimonio con Beatriz de Lahet se había aliado con la más poderosa familia de Sara. 4.° Sancho de Lahet se casó con Dulce de Saint-Pée. 5.° Urtubia acababa de ponerse enfrente de Durfort al fortificar su casa solariega de Urruñe. Así pues, la desgracia había dejado a Lapurdi sin jefes, pero todo él se alza en armas bajo el mando de Espain de Sault, hijo del baile desaparecido. La lucha implacable se extiende desde Mendionde hasta Urruñe.

Las gentes de los barones de Garro, de Macaye, de Espelette paran todo el tráfico bayonés hacia Navarra, mientras que la guerra de exterminio se acerca a la villa que, horrorizada ante las consecuencias, rechazó a Puyanne por abuso de poder. Este tuvo que abandonar Bayona encontrando la muerte de una puñalada en un lejano viñedo de la Gironda. Hostigados, expoliados, masacrados, los bayoneses tuvieron que encerrarse dentro de sus murallas. Una carta de Eduardo III al senescal de Guyena en 1344 [Rymer: Super dissensionibus in Vasconia sedantis (Baionae ex una parte et subditos nostros Basculos de Labourde) "Foedera", 11, 168] describe la situación con los más sombríos colores. "Nadie, dice, se atreve ya a salir de la villa abandonada a la desolación". Las heredades de los suburbios están sin cultivar, el comercio paralizado, Bayona no es ya, dentro de su cinturón de terror, más que una pobre villa asediada por la "vendetta" de todo un pueblo y está viviendo los días más siniestros de su historia. Y a pesar de los esfuerzos de gentes valientes por romper el dogal que les atenaza, los Lapurdinos acaban con todas las intentonas, no dejando más salida que el arbitraje de las más altas autoridades. De común acuerdo señalaron a Bernardo de Albret, vizconde de Tartas. Así pues se ordenó a las dos partes firmar, sobre el altar de San León de Bayona, una promesa de paz y de concordia.

Lapurdi obtuvo en el fondo la victoria y conservaba su fuero. Bayona debía pagar una suma de 1.500 escudos nuevos de oro como multa a los habitantes de Lapurdi. Los dos hijos de Puyanne fueron excluidos del beneficio de la paz. Bayona no aceptó la sentencia arbitral que encontró muy onerosa e interpuso recurso ante el rey de Inglaterra. Su causa ganó terreno gracias a servicios eminentes por su parte y a la actitud dilatoria del rey de Inglaterra. Además, en los debates que se abrieron a Burdeos en abril de 1357, el abogado de Bayona, Arnoldo de l'Ille, supo poner en evidencia el papel jugado por Durfort atenuando así las responsabilidades de Puyanne y de los 100 pares. Por otra parte ya habían pasado 14 años y el representante Lapurdino, el canónigo bayonés Bernardo de Saut, fue más moderado en sus exigencias. El príncipe Eduardo, vencedor de Poitiers, que juzgaba en nombre del Rey su padre, mantuvo los fueros Lapurdinos pero redujo considerablemente las multas (Balasque, Etudes, III, 583- 594). El documento de la sentencia, obra maestra jurídica en latín, exhortaba a las partes a olvidar el odio y los perjuicios sufridos y ordenaba,. en términos perentorios, la paz, una paz sólida y perpetua (Ref.: Saint-Pierre, El duelo de Bayona y de Lapurdi en e! siglo XIV, GH, 1950, 5 y 6).

A finales del siglo XIII las parroquias laburdinas habían constituido pequeñas milicias locales agrupadas en una liga denominada Armandat. Su objetivo, como el de sus similares vascas del sur del Pirineo, fue el de mantener el orden y poner coto al bandidaje tanto de malhechores como de banderizos. El duque-rey Enrique IV no dudó en sancionar legalmente sus ordenanzas el año 1400 y 1403, siendo baile de Laburdi Auger de Haitze. El texto es lo bastante claro para captar su espíritu. Hemos podido constatar, sobre todo, que el homicidio por imprudencia y la libertad bajo fianza, etc..., estaban previstas ya. Dos artículos retienen nuestra atención en particular: el relativo al adulterio cuyas consecuencias parecen extremadamente severas y el infanticidio que no constituía delito. La "Armandat" toma su nombre de la "Hermanda" o "Santa Hermandad", creada en España hacia mediados del siglo XIII. Esta institución tenía como objetivo perseguir a los culpables de robo a mano armada, violación, rapto o resistencia a la justicia real. Se componía de un conjunto de ligas fraternas la mayor parte de las cuales fueron suprimidas hacia el año 1500. En lo que respecto a los "alcaldes" cuyo nombre revela la raigambre navarra en esta región señalaremos que todavía en 1555 existía un alcalde o juez real del país de Arberoa.

Primeramente. A causa de los frecuentes robos que se cometen en la tierra de Laburdi y como hay gentes que no quieren reconocer la "Armandat" de vuestra susodicha tierra de Laburdi y hay que algunos prefieren inclinarse al mal camino, y transgredir los derechos de vuestra "Armandat" con perjuicio de vuestro pobre pueblo: los dichos habitantes han dado en acordar que nadie del susodicho país podrá ofrecer cobijo ni protección a extranjero alguno, es decir a quien quede fuera de la dicha "Armandat", bajo pena de cinco escudos la mitad de los cuales se pagarán al rey y la otra mitad a la dicha "Armandat" y si alguno tomare por la fuerza o violencia alguna cosa que perteneciese al prójimo, aquel que haya recibido el daño estará obligado a denunciarle o a hacer saber al alcalde la identidad del ladrón y si no quiere hacer dicha denuncia incurrirá en la pena de los citados cinco escudos pagaderos como se indica anteriormente; y en el caso de que el susodicho alcalde una vez puesta la denuncia, no cumpliese con su deber, que sea puesto a merced de la dicha "Armandat" y que ésta persiga sin tregua y capture al dicho ladrón o malhechor. Así mismo, que el baile estará obligado a sostener y observar los presentes artículos, él y sus sucesores, y que no ocasionará daño ni perjuicio a los vecinos, a los habitantes de la mencionada tierra que son de la citada "Armandat".

Así mismo, se ha acordado que cualquier hombre del lugar o extranjero que golpee a otro con intención de causarle mal, deberá pagar dos escudos, la mitad para el rey y la otra mitad para la dicha "Armandat". Así mismo, se ha convenido que si alguno fuese golpeado, herido o muerto por descuido o inadvertencia, aquel que lo hubiere hecho no estará obligado a satisfacer pena (loi) alguna ni desafío (chalange) al baile. Así mismo, las dichas gentes han acordado que si alguno fuese herido intencionadamente y si la herida fuese grave como para llegar a proceso, aquel que lo hubiere hecho pagará doce escudos, la mitad al rey y la otra mitad a la dicha "Armandat"; y si la herida no fuese grave (de loi), pagará cuatro escudos en la forma y manera indicadas, previa satisfacción de quien haya sufrido el perjuicio. Así mismo se ha convenido que si se roba dinero o cualquier otra cosa a alguien, aquel que lo descubriere estará obligado a denunciarlo previo pago de un escudo que será satisfecho por aquel que hubiere sido robado. También se ha acordado que si alguno comete robo nocturno con efracción de casa o puertas, aquel que lo haya cometido pagará el doble de lo que hay cogido: la mitad al rey y la otra mitad a la dicha "Armandat", previa satisfacción de lo robado, y si puede ser capturado, será castigado según la ley civil.

Así mismo se ha acordado que si alguno comete robo en el camino real durante el día, pagará el doble de lo que haya cogido de la manera antes citada. Así mismo que si alguno viola a mujer o doncella en el camino real o en otra parte, pagará veinte escudos, la mitad al rey y la otra mitad a la "Armandat" y en el caso de ser capturado será castigado según la ley civil, previa satisfacción de la que haya sufrido el atropello. También que si alguno comete adulterio y el delito fuese notorio -teniendo el hombre públicamente a la mujer del prójimo- aquellos que hayan cometido adulterio perderán sus bienes, muebles e inmuebles, el tercio para el rey, el otro tercio para la "Armandat" y el otro para aquel que haya sido perjudicado, y que serán arrojados del país. Así mismo, las dichas gentes han acordado que si un buey u otro animal mata o hiere a alguna persona, el baile no podrá procesar al propietario; pero que dicho animal será confiscado, el tercio para el rey, otro tercio para la "Armandat" y el otro para el perjudicado. Así mismo se ordena que si algún hombre o alguna mujer mata, estrangula o ahoga a su hijo no sea obligado a pagar ninguna pena (loi). Así mismo, se ha convenido que cuando cualquier habitante de Laburdi sea acusado de un crimen y el baile quiera encarcelarlo, podrá ofrecer una fianza al baile y a la parte interesada. En este caso el citado baile estará obligado a dejarle en libertad y si el baile quisiera seguir adelante, la "Armandat" deberá prestar auxilio a dicho acusado. Así mismo, los habitantes han acordado que todos los hombres de la dicha "Armandat" de los catorce años en adelante, estarán obligados a jurar los presentes artículos conforme al uso. Independientemente de estas ordenanzas, existen otras (Rymer, Foedera, t. III, parte IV, p. 180), también de 1400, por las que se ponía coto al estamento nobiliario. Perdido entre los siglos XVI y XVII su carácter policial, la Armandat persistió bajo la forma de las milicias forales.

(Siglos XIV-XV). Todavía no se ha publicado ni se ha localizado en ningún archivo un censo completo de Laburdi en la Edad Media comparable al censario (censier) suletino y a los roles bajonavarros del siglo XIV. En consecuencia resulta pues, hoy en día, que es imposible tener una idea medianamente precisa del hábitat medieval laburdino. La mayor parte de las casas conocidas por el Libro de Oro de Bayona o los censos puntuales de algunas parroquias, sobre todo tras la guerra civil de Laburdi de mediados del siglo XIII, han sido recogidas por E. Goyeneche en su "Onomástica del País Vasco del Norte" y citadas en Le Pays Basque. Además, podemos recurrir a una breve lista de nobles y "fivatiers" recensados en 1505, publicada por M. Elso y Ph. Veyrin en un estudio sobre los infanzones (o nobles) de Laburdi y de Navarra (Eusko-Jakintza, 1949- 50, p. 275-284). Sus autores anuncian que han descartado como "sin interés" por su tema los nombres de 75 casas de Sara: es probable que esto constituyese la totalidad del hábitat medieval de Sara, dado que la mayor parte de las fundaciones nuevas comenzaron en el curso del siglo XVI. El profesor Orpustan publicó en 1984 una recopilación seriada de casas medievales con sus respectivas condiciones sociales.

Entre los nombres que cita, algunos corresponden hoy día a nombres de barrios o de lugares, sobre todo en las zonas más urbanizadas. Sabemos pocas cosas con precisión sobre el estatuto de las casas laburdinas en la Edad Media, con excepción de las casas nobles, que pueden ser casi todas identificadas. La averiguación de 1311 llevada a cabo por orden del rey de Inglaterra, precisaba que todos los nobles y no nobles tenedores de tierra en Laburdi tenían más o menos los mismos deberes de hospitalidad y albergue y los mismos derechos sobre los bosques comunales y citaba, como número de nobles, 60 ó 70 "hombres ligues" del rey y su título latino de "domicellus" -"damoiseau de Laburdi"- ostentado por varios testigos. Del mismo radical que el nombre del "domec" (casa noble) suletino, el diminutivo emparentaba este nombre al de infanzón ostentado por la nobleza castellana, navarra, etc. De hecho, este término de infanzón ha perdurado en Laburdi hasta el siglo XVIII, al igual que en la Baja Navarra, pero muy devaluado en los últimos tiempos; el término debía de haber sido común a toda la nobleza navarro-laburdina (en Zuberoa no tenemos pruebas documentadas) en la época en que Sancho el Mayor creaba los vizcondados a comienzos del siglo XI.

Entre esta nobleza local, tres señores feudales con sus propias "parroquias" suponían un caso aparte: los de Espelette, Saut o Zaldu (Haspatren) y Paganduria (Macaye) y es probable que tuvieran un gran número de "fivatiers". Sin embargo, no podemos identificar con seguridad más que el pequeño número de "fivatiers" que dependían de casas menos importantes nombrados en 1505. Por consiguiente no precisaremos el estatuto de las casas más que en el caso de los nobles y de estos escasos "fivatiers". En cuanto a las "otras" casas, aparte de algunos "fivatiers", es probable que la mayor parte fuesen, como en Baja Navarra (excepto en el valle de Baigorry donde no existían y algún otro lugar como Ahaxe), casa de labradores completamente independientes de los nobles, llamadas en otras partes (en Baja Navarra pero también en Zuberoa) casas francas o "del rey".

No sabemos si había en Laburdi, como en Zuberoa, distinciones entre las casas no francas, correspondientes a los "botoys", "fivatiers", "hombres de" o como en el caso de algunos puntos de Baja Navarra (Mixe y Ahaxe), "questaux", excepto en el caso de los "colonos" de Bonloc. Si la proporción de nobleza en Laburdi es parecida a la de la mayor parte de los territorios vascos septentrionales (excluyendo los valles de nobleza fuerte como Cize y Baigorry), en general del 5 al 10 %, las 70 casas nobles hacen suponer (salvo Bayona, que no forma parte de la "tierra de Laburdi") un hábitat de 700 a 1400 casas, correspondiendo esta última cifra más o menos a la totalidad del hábitat medieval suletino (Orpustan, J-B: Les maisons médiévales du Pays Basque de France, "Bulletin du Musée Basque", 105, 1984, pp. 137-138).Siguiendo a Orpustan se conocen las condiciones sociales de las siguientes casas laburdinas medievales:

Comuna  Infanzones  Fivatiers  Colonos  Otros 
Anglet718
Arbonne1
Arcangues12
Bardos22
Biarritz138
Bidart23
Bonloc21
Briscous188
Cambo les Bains1193
Espelette
Halsou58
Hasparren837
Itxassou44
Macaye436
Mendionde7
Mouguerre2
(junto con Lahonce)4
Saint Jean de Luz49
Saint Pee sur Nivelle5415
Saint Pierre d"Irube3144
Sare7
Urcuit212
Urrugne38
Urt2
Ustaritz1039
Villefranque24

La balaena viscayensis que en invierno bajaba del mar del Norte a las aguas templadas del golfo de Gascuña fue objeto de temprana pesca por los vascos costeros, entre ellos los laburdinos. Un sello del concejo de Biarritz de 1356 exhibe dicho cetáceo y los documentos de las villas del litoral reglamentan su pesca y su venta desde el siglo XII. En el siglo XV, persiguiendo a las ballenas, laburdinos, guipuzcoanos y vizcaínos se adentran en el Atlántico noroccidental llegando a Terranova, al golfo de San Lorenzo y océano Artico, razón por la que se les considera descubridores precolombinos de América. También se dedicaron a la pesca del bacalao, salándolo y comerciando con el mismo.

Preocupados como siempre por sus derechos, los laburdinos quisieron también obtener garantías legales respecto al mantenimiento del realengo en el bailío. En documento del 1 de junio de 1406 (Roles gascones, Arch. Bayona) se testifica la pertenencia al patrimonio real del territorio laburdino comprometiéndose la corona a no alienar ésta ni otorgar beneficios bajo ningún concepto. Por otra parte, en su predilección por Bayona, los reyes ingleses llegaron en 1432 a autorizar a la villa a emitir moneda.

Después de tres siglos de administración inglesa, Laburdi va a ser conquistada por las armas de la corona francesa, en el contexto de la guerra de los Cien Años y dando fin a la misma. Durante ésta, Laburdi se había visto amenazada por los bandos beligerantes y sus aliados circunstanciales: corona de Castilla por el Sur, Navarra por el Este, y corona francesa en el confín de Gascuña. Navarra, firmemente asentada en la sexta merindad desde finales del siglo XII, había mantenido vivos, durante siglos y como hemos visto, sus viejos vínculos con la élite nobiliaria del bailía y de la villa de Bayona. No así Castilla que, al asomarse al Bidasoa en el año 1200, vino a alterar políticamente una frontera que, eclesiásticamente, ocupaba parte de Guipúzcoa. Las coronas inglesa y castellana tuvieron algunas rupturas de relaciones que los lugareños de ambas orillas del Bidasoa sortearon mediante el establecimiento de tratados de buena correspondencia y facerías. En 1353 Bayona y Biarritz firman paz y amistad perpetua, pase lo que pase, con San Sebastián, Guetaria, Motrico, Laredo, Castro, Bermeo, Placencia, Bilbao, Plencia, Lequeitio y Ondárroa, ampliando así el acuerdo de 1328 entre San Sebastián y Bayona-Biarritz.

Pero el verdadero peligro venía del Norte en el que las tropas de Carlos VII de Francia atacan, en 1438, Burdeos y Bayona, que no consiguen tomar. La alarma fue considerable: tanto el castillo de San Juan de Pie de Puerto como el resto de las fortalezas de ultrapuertos son también puestos en estado de alerta. En 1443, Gastón de Foix había sido designado por el rey francés lugarteniente general de Gascuña. En la campaña de 1449 cae Zuberoa. Tras la caída de Guiche que defendieron denodadamente los nativos encabezados por el baile de Laburdi Ogerot de Samper y una pequeña flota bayonesa que remontó el río, en 1450 cae Laburdi, salvo Bayona. El cronista contemporáneo, Leseur, nos deja este relato:

"(la tropa) entró en el país llamado Laburdi, atravesó todo el país hasta San Juan de Luz, sin que los lugareños le obstaculizaran, ni se atreviera hombre alguno a asomarse a los caminos ni en los lugares; todos habían huido, se habían escondido en los bosques y fuera de las vías en las que suponían iban a pasar nuestras gentes. Nuestras gentes pudieron apropiarse a discreción de sus bienes y ganado ya que ninguna acción armada podía impedírselo. Y nuestros soldados ganaron así más de 300 cabezas de ganado mayor como bueyes, vacas, caballos y yeguas, y más de 600 cabezas de ganado menor, y otros bienes en tal cantidad que fue una maravilla..."

El 18 de marzo de 1450 los laburdinos firmaron en el castillo bajonavarro de los Belzunce en Ayherre una convención reglamentando la entrada en la corona francesa mediante la conservación y el respeto por ésta de los fueros de Laburdi. El solar de los Samper fue incendiado refugiándose Ogerot en Pouillon donde murió. Bayona consiguió resistir todavía hasta 1451. El 30 de junio cae Burdeos y Dax se somete, presentándose las tropas francesas ante Bayona que se rendirá el 15 de agosto. Tras realizar sus propias capitulaciones con los vencidos, el 21 de agosto penetran los franceses en la villa, última en caer de toda la Gascuña. La corona francesa va a encontrarse así directamente confrontada con la castellana lo cual va a proporcionar perjuicios y sufrimientos a los nativos vascos de ambas orillas del Bidasoa. Las grandes ventajas de las que disfrutaba Bayona dentro de la corona inglesa desaparecen: incluso su fuero municipal va a ser recortado y perderá el derecho a designar a sus propios ejecutivos municipales hasta la Revolución de 1789. El cargo de baile volvió a vincularse a la familia Samper por enlace, en el siglo XVI, de la misma con los Chicon, barones de Arbona. En el sitio de Guiche también murió Juan de Urtubia.

Luis XI de Francia vino a visitar sus nuevos dominios en 1463 alojándose en el castillo de Urtubia de Urruña. Desde éste pudo ponerse en contacto directamente con la nobleza local para ejercer una política de atracción a la corona francesa. Varios fueron los nobles que entraron posteriormente a su servicio, entre los cuales Juan de Monreal, altonavarro casado con una Urtubia, y Juan señor de Ezpeleta (Espelette). Elevó a esta última casa al grado de baronía que abarcaba Espelette, Gorostoro (Souraide) y Amorotz, cometiendo con ello un flagrante contrafuero. La protesta del Biltzar consiguió que, por lo menos, pudieran seguir acudiendo sus diputados al mismo y el derecho de apelación al tribunal del bailía.

Sin hablar diversos estatutos o reglamentos, el país de Lapurdi tuvo sus fueros y costumbres escritas desde 1341 (Foedera, II (4), 115), reinado de Eduardo III, rey de Inglaterra. Los de 1514 fueron revisados en l513 bajo el episcopado de Bernard de Lahet, obispo de Bayona. A cuyo efecto, Mondot de Lamarthone, primer presidente del parlamento de Burdeos, se trasladó el 29 de octubre de 1513 a Bayona en donde convocó en asamblea general al obispo y al cabildo de Bayona, al alcalde, concejales, etc., de dicha ciudad. Las viejas leyes y costumbres de Bayona fueron definitivamente revisadas y redactadas en la misma asamblea. Lapurdi fue representado por Luis de Urtubia, Juan de Muneral señor de Sault, Etcheverry, Juan de Hirigoyen, Gaston de Garro, Pedro de Lahet, Juan de Sorhatel, Juan de Haitze, Martín de Uhalde, Juan de Ezpeleta, Menant de Arraing, etc.

La asamblea designó diez comisarios para revisar el viejo fuero de Lapurdi, ayudados por algunos abogados y otras personas entendidas. Su trabajo, terminado el 10 de mayo de 1514, fue registrado en el parlamento de Burdeos el 9 de junio del mismo año y reconocido por los estatutos Lapurdinos como ley del país. Según consignaba por escrito su texto en el título XX los habitantes de Lapurdi, por encontrarse a la extremidad del reino, y limítrofe dicho país con reinos y países extranjeros, podían llevar para su defensa personal y la del país armas en cualquier tiempo por privilegio expreso del rey y cartas patentes que se han "esdirées" a causa de las guerras (art. I). Los habitantes de dicho país de Lapurdi podían llevar y hacer pasar por la villa y ciudad de Bayona, y por el río y agua de la misma, toda clase de provisiones y víveres para ellos mismos, pagando al rey los derechos debidos, y esto sin ninguna contradicción, impedimento ni otro conocimiento (art. II).

Igualmente podían llevar y pasar sus sidras por dicha ciudad de Bayona, por agua o por tierra, hacia Burdeos u otra parte, mercantilmente para venderlas sin alojarlas en Bayona y significándolo y haciéndoselo saber al alcalde o a su teniente (art. III). Los vecinos de cada parroquia de Lapurdi podían reunirse y tratar de sus necesidades comunes y las de su parroquia, cada vez que fuera necesario, y podían hacer y ordenar entre ellos estatutos y ordenanzas particulares para conservar y guardar sus bosques de pastos y pastos, y eso según la ley vulgarmente llamada ley de San Benito, y también para tratar de sus negocios en provecho común de ellos y de dicha parroquia (art. IV). El fuero codificaba el derecho consuetudinario concerniente a muy diversas materias: administración de la justicia, bienes comunales, daños causados por animales, ventas y otras enajenaciones, retracto de los bienes troncales y retención de bienes y mercancías, arrendamientos, molineros, guardas del ganado, derecho matrimonial, tutela y administración de los menores y sus bienes, testamentos, sucesiones de los fallecidos sin testar, prescripciones, ejecuciones de sentencias, destierros, materias posesorias, compromisos, fianzas y garantías y derecho penal. Sus disposiciones estuvieron vigentes hasta la Revolución de 1789 y es de destacar que concernía tanto a la mayoría hidalga del país como a la fracción que no lo era.

Durante los siglos XVI y XVII las monarquías absolutas de Francia y España luchan denodadamente por la hegemonía europea, razón por la que Laburdi, como las restantes tierras vascas fronterizas, va a ver convertirse su solar en escenario de guerras internacionales ajenas a sus intereses específicos. Incluso la guerra de reconquista de Navarra va a ser objeto de clasificación en el tablero europeo sirviendo a Francisco I de excusa para atacar a su rival Carlos V. El centralismo y la conversión en bastión militar redujo a Bayona de importante centro comercial a un municipio semidecadente. Las guerras de religión y los complots urdidos por la diplomacia de Felipe II van a crear un clima patriotero y desconfiado cuya víctima principal es el pueblo vasco de ambos lados de la frontera. La costa vasca estará en continuo estado de alerta. En setiembre de 1523 Bayona es asediada por la flota española durante varios días. En 1542 le toca el turno a San Juan de Luz. En 1636 Laburdi es invadido y las tropas del ejército español con sus milicias vascas permanecen en suelo laburdino durante dos años.

Varios señores laburdinos, entre los cuales Bertrand de Ezpeleta, muy vinculado a la monarquía navarra, toman partido a favor de la corona española, siendo desposeídos por el parlamento de Burdeos de sus bienes. La Paz de los Pirineos de 1659 pone fin durante 15 años a la actividad bélica con la boda de Luis XIV de Francia y María Teresa, hija de Felipe IV de España, ceremonia que tuvo lugar en San Juan de Luz bendiciendo la unión el obispo de Bayona Juan de Olze. Para poder garantizar la seguridad recíproca los vascos de ambas riberas del Bidasoa concertaron tratados de buena correspondencia (1536, 1653, etc.) cada vez que estallaba una de estas innumerables guerras. Había una continuada correspondencia entre el consulado de Bilbao y los bailes y jurados de San Juan de Luz y Ciburu, como se dice en otra parte, igual que con el concejo de la villa. La provincia de Labort representó en 1662 a Bilbao la siguiente queja contra los derechos que se cargaban en su plaza:

"Los diputados de la provincia de Laburdi representan á VS. cómo los naturales de ella y en particular los bayles y jurados de las villas de San Juan de Luz y Ciburu se an quexado al Sindico General de la dha Provincia diziendo que despues algunos años á esta parte le hazen pagar en el distrito de VS. ciertos derechos y nuevas imposiciones en las partes que negociavan en virtud de el tratado de buena correspondencia concedido por ambas Magestades en el año de mil seiscientos y cinquenta y tres, y despues aviendose felizmente concluido la paz general le parecia cesaran los derechos nuebos pues ay un capitulo expresso que da á entender que los derechos de ambos Reynos seran reducidos al mesmo estado que antes de la publicación de las guerras, y no obstante eso y en perjuicio de lo que contiene el capítulo se pagan los dhos derechos que hazen la materia de nuestras quexas á VS. Y consisten en lo siguiente: Primero, antes de la publicación de la guerra el derecho de el pesso real era de seis mrs por cada quintal de pescado y al presente se ha subido á diez mrs. Segundo, antes de la misma publicación pagaban diez y seis reales por cada gabarra ó arruquero en donde descargaban el pescado en lugar que despues an echo subir á treinta y seis reales. Tercero, quexanse de que en muchos años le an echo pagar un real por cada quintal de pescado y quatro reales por cada barrica de grassa, y que al presente también se paga medio real por cada quintal y dos reales por cada barrica, y esto para la construcción de un muelle que se haze en la villa de Bilbao y para otras obras, aunque parece que cada lugar a de sobrellevar sus gastos y no comprender á los estrangeros en mas que en los derechos ordinarios. El señor Embaxador de Francia que asiste en la Corte del Rey Catholico a escrito al Sindico General de la dha Provincia si acaso que huviese alguna infracion en lo que toca al comercio que le diese avisso para acudir al remedio, diziendole mas que Su Magestad Catholica no entiende se alteren de ningun modo los puntos de las capitulaciones. Pero no a parecido bien á la dha Provincia de embiar estas quexas al dho señor Embaxador juzgando era obligacion suya de informar antes de hazerlo á VS. en razon de la antigua amistad y estima que haza de ella. Y se espera en su grandeza de V. S. pues absolutamente depende de ella la satisfacion y justicia que se la pide reduciendo todos los derechos a la forma antigua= Pedro de Azcarreta, diputado de la Provincia de Labort. Juanes Dihar, diputado de la Provincia de Labort"

(Arch. del Cons. de Bilbao. Acompaña á esta representación una carta de favor, redactada en francés, firmada de los bayle y jurados de San Juan de Luz y Ciburu, de Haraneder, Juan de Lasson, Dolabaratz, y St-Paul).

En 1666 (agosto) repitió Laburdi sus excitaciones de concierto. Aparece, notada la correspondencia epistolar durante la centuria XVII, que fue mantenida en favor de la recíproca contratación, guardándose entrambos pueblos la amistad que antiguamente y celando en todo tiempo por sostener el mutuo grangeo de comercio en la condición pasada. A señalar particularmente los muchos lances de corso y presas y vejaciones de comercio en que Bilbao acudió en apoyo de labortanos y bayoneses, para en evasión de justicia, y la fidelidad como aquéllos retuvieron aquí la estapla del bacalao y grasas de Terranova que sus navíos trajinaban, fondo principal del comercio de la Villa. Este asiento de la negociación del bacalao y grasas en Bilbao tenía en emulación creciente a la ciudad de San Sebastián, codiciosa de allegarse dicho trato (Guiard: H.ª del Consulado de Bilbao, t.I, 450-451 ). En 1674 la Guerra de Devolución enfrenta otra vez a las dos monarquías razón por la que Vauban fortifica Bayona minuciosamente. Las guerras francoespañolas subsistirán hasta el pacto de familia de 1761 que abriría un período de paz hasta la Revolución de 1789.

Como en el resto del país, la práctica de las artes mágicas fue especialmente reprimida en los siglos XVI y XVII. Zuberoa (Corte de Licharre, 1599), Laburdi y después Navarra conocen uno de los peores momentos de terror colectivo de su historia. El desarrollo del drama en el país es simultáneo, pero la chispa prende antes en el Norte. El personaje clave es Tristán de Urtubia, señor del castillo de su nombre, cercano a Urrugne, y de la casa de Alzate en Vera de Bidasoa, a caballo, como se ve, entre ambas provincias. Urtubia, nieto de la célebre María de Urtubia, que había casado con el señor de Alzate en vida del primer marido (v. Urtubia), tuvo frecuentes roces con las autoridades municipales de San Juan de Luz por el uso del puente sobre el Nivelle y el del puerto.

Estas rivalidades tomaron carácter de banderías al agruparse, por una parte, los ediles y, por otra, Urtubia con su parentela y algunas familias influyentes como la del armador Chibau. A mediados de 1605 los jurados de la villa y el síndico municipal apresan a varios vecinos simpatizantes o parientes de Urtubia y piden al parlamento de Burdeos que envíe una comisión para investigar sobre el caso. Esta desestima la acusación de brujería que pende sobre varios inculpados, en especial sobre María de Goyeche, pariente de Chibau. De las 17 detenidas, 5, entre las cuales está María, son puestas en libertad bajo fianza y las restantes transportadas a Burdeos. En venganza, los hombres de Urtubia apalean a Margarita Dehareder y a Catalina de la Masse, las dos videntes utilizadas para acusar a las supuestas brujas. La reacción se desencadena al proclamar éstas en la iglesia que sus verdugos les habían hecho beber una pócima mágica. Unos días después, el 24 de junio de 1607, una docena de hombres enmascarados irrumpen a caballo en la plaza de San Juan hiriendo a los vecinos a su paso.

Al día siguiente se desencadena una batalla campal, así como el día de Santiago. Los ediles se quejan a Burdeos. 18 meses después, Urtubia pasa a la ofensiva. Instigado por él, el señor de Amou pide al rey de Francia y Navarra, Enrique, que le envíe comisarios para "limpiar" de brujas Laburdi. Este les envía, en mayo de 1609, a Pierre de Lancre, consejero en el parlamento de Burdeos, y al presidente Espaignet, consejero del rey. Enrique les da plenos poderes para que actúen "como si las sentencias hubieran sido dictadas por nuestras cortes soberanas", ordenando a los alcaldes, prebostes, jueces y autoridades de Laburdi que se pongan incondicionalmente a las órdenes de ambos magistrados "bajo pena de rebelión". En la Relación... de l610 hecha por orden del obispo de Pamplona queda Urtubia como el principal causante de la terrible purga efectuada por P. de Lancre. Dice el obispo que el señor de Urtubia, "cuios palacios son dos leguas de las cinco villas en el Reyno de Francia", obligó a algunas viejas a las que apresó a confesar una lista de las brujas del lugar, lista que presentó luego al parlamento de Burdeos, que, como se sabe, destacó en Lancre. Laburdi tenía entonces 30.000 h. aproximadamente. Estos dos personajes -sobre todo el primero ya que Espaignet se retirará pronto recorrieron la provincia durante 4 meses condenando a morir en la hoguera alrededor de 60 personas.

En el célebre y reeditado en 1982 Tableau de I'inconstance des mauvais anges et des démons, Lancre describe con una flema imperturbable las más descabelladas acciones atribuidas a los supuestos brujos y el cúmulo de atrocidades cometidas por él en nombre de la ortodoxia. Según Lancre, en este rinconcito vasco había más brujos que en todo el reino de Francia; 2.000 de ellos -asegura- acuden todas las noches al akelarre. Sólo en Hendaya, una asamblea general de brujos había congregado a 12.000 de ellos. Cuenta que a él mismo le intentaron atacar tres brujas cuando se hallaba en el castillo del señor de Amou... Las gentes del país le inspiraron un inexplicable odio, más inexplicable aún cuando constatamos que el magistrado bordelés era nieto de Bernardo de Rostegui, de Juxue [aldea bajonavarra], cuyo hijo había cambiado de apellido por un curioso sentido de la elegancia. Oriundo del país, Lancre desprecia a sus compatriotas, a los que califica de salvajes, rudos, volubles, viciosos, paganos, etc. A las mujeres laburdinas por su libertad, falta de pudor, acicalamiento en el vestir, a todos en general, por osar llamarse "señoras y señores de tal casa cuando tales casas, en realidad, no son otra cosa que pocilgas". Entre las pruebas más "fidedignas" que se tuvieron en cuenta en los procesos del Lab., la más extendida fue la de las "marcas en la piel".

Lancre estableció una lista de más de 3.000 personas que tenían manchas en la piel, pero al parecer sólo algunas muchachas declarantes podían verlas, ya que el propio Lancre no vio ninguna. Para desenmascarar a los culpables, Lancre se servía en especial de una joven vidente, la Morguy, "maravillosamente hábil para descubrir a los brujos por la marca que el demonio estampaba en su cuerpo", como, por ejemplo, una pata de sapo marcada en el ojo izquierdo, zonas insensibles del cuerpo, etc. No hubo ninguna familia sin algún sospechoso. Sacerdotes incluso, afectados también por la credulidad de su época, fueron condenados y quemados, como ocurrió en Ciboure con los curas Migalena y Bocal y en Ascain con Arguibel. Una mujer de Halsou declaró que se celebraban akelarres en la parroquia, cuyo vicario, junto con otros curas, tomaban animada parte en el baile general. A raíz de este hecho, numerosos clérigos huyeron de Laburdi, algunos de los cuales fueron salvados del fuego por el obispo de Bayona, Echauz. Sus parroquianos habían iniciado el éxodo desde las primeras actuaciones de Lancre; caravana tras caravana atravesaban el Bidasoa o los montes todos aquellos que temían verse implicados, con sus niños y sus animales:

"A nuestra llegada, ellos huian en caravanas, por mar y tierra, llenando hora tras hora la Baja y Alta Navarra y la frontera española. Unos simulaban peregrinaciones a Montserrat y Santiago, otros, viajes a Terranova y diversas partes; cundió en tal grado la alarma en Navarra y España, que habiendo llegado a la frontera los inquisidores, nos escribieron tuviéramos a bien enviarles el nombre, edad y otras señas de los brujos fugitivos, a fin de que ellos pudieran remitírnoslos, cosa que ejecutarían -según frase suya- con la mejor voluntad. Les contestamos con otra mejor aún, que los retuviesen cuidadosamente, impidiéndoles regresar, pues nos preocupaba más deshacernos de ellos que recobrarlos. Se trataba de un mal mueble, del que no es preciso hacer inventario".

No sabían que un nuevo calvario comenzaba para ellos, desde el momento en que hubieron de presentarse a los funcionarios de la Inquisición española. El día 12 de enero de 1609, antes de la venida de Lancre, la Inquisición de Logroño recibía ya la denuncia de diversas concentraciones de brujos y brujas acaecidas en Zugarramurdi.

Los reinados de Luis XIII y el de Luis XIV van a caracterizarse por una progresiva imposición de la burocracia real y un recorte sustancial de las libertades tradicionalmente ejercidas por los vascos de Iparralde. En 1623 el duque de Epernon, gobernador general de la Guyena, impone una reglamentación al Biltzar suprimiendo el porte de armas y otras prerrogativas. Años más tarde, la monarquía pone en venta las tierras realengas y no queda más remedio a los laburdinos que adquirirlas por 17.500 libras en 1641. Ese año Bayona se rebela contra el estanco de la sal, como ocurriera años antes en Vizcaya. Los fermiers, comisarios aduaneros de la monarquía, comienzan a ser colocados en Laburdi en 1650 produciéndose tales enfrentamientos que ocasionan la llegada de tropas y el establecimiento de guarniciones con carácter permanente en especial en Bayona. Fueron especialmente importantes los desórdenes de 1658. En 1653, Luis XV, descontento con los Samper, decide nombrar baile a un Urtubia, con la tajante oposición del síndico Chourio. El señor d'Arcangues, procurador del rey en el bailío de Laburdi, quejándose del síndico Chourio, convoca el biltzar y le manda nombrar un sucesor. Chourio protesta con la mayor energía.

Mantiene que los oficiales del rey no pueden ni convocar el biltzar, ni someterle propuestas. Afirma que sólo el síndico posee este derecho. El procurador quiere hacer caso omiso. Entonces Chourio se subleva. Arma a unos partidarios que saquean la casa del señor d'Arcangues. Luego se desparraman por el país y cometen excesos por todas partes. Es la guerra de los sabelxurís y sabelgorris. La muerte inopinada de Chourio en 1659, en plena guerra civil y de bandos, pone fin a estos desórdenes. Sus partidarios se desperdigan, la tranquilidad es restablecida, y el Biltzar impone al país una contribución de 139.500 libras para indemnizar a los que habían padecido pérdidas durante los desórdenes. En 1660 las atribuciones del Biltzar fueron restringidas. Nueve años después un edicto de enrolamiento obligatorio de marinos suscitó diversas revueltas. Algunos años más tarde, los síndicos de Laburdi fueron amenazados con su supresión pura y simple, y ello en favor de los oficiales reales. Jean de Hiriart, que sucedió al señor d'Arcangues como procurador del rey en la bailía de Ustaritz, solicitó y obtuvo por medio de dinero un real despacho, fechado el 26 de abril de 1696, que con el fin de reemplazar la función elegible de síndico general, creaba un cargo nuevo y confería al susodicho Hiriart el título y las atribuciones de procurador-síndico del país de Laburdi.

El nuevo procurador recibió su cargo el 31 de octubre de 1696 y pretendió ejercer este cargo en contra de Jean d'Artaguiette, síndico designado por el Biltzar. De ahí la protesta vehemente del Biltzar y el inicio de un pleito ante los tribunales, por el síndico electivo, y por orden del propio Biltzar. Este tipo de procesos no era poco frecuente bajo el antiguo régimen. No se podía reclamar la nulidad del cargo creado por el rey, puesto que esta creación era una prerrogativa de su poder absoluto. Sin embargo se atacaba al nuevo titular, argumentando que había obtenido esta creación sorpresivamente, a espaldas de los interesados, bajo violación de las libertades seculares del país, y en perjuicio del bienestar público. Generalmente, este tipo de asuntos finalizaban con el pago de una indemnización. Es lo que ocurrió en el proceso contra Jean de Hiriart.

En el mes de junio de 1697, una orden del Consejo de Estado ofrecía el cargo de síndico al país de Laburdi, con la condición de pagar 4.500 libras al titular nombrado por el rey. Es decir, que a través del pago de esta suma, los laburdinos eran en el futuro dueños del cargo de síndico y libres para escoger su titular. Esta orden fue ejecutada sin demora. El 6 de octubre de 1697, la suma de 4.500 libras fue entregada a Hiriart ante el señor Dubourg, notario de Bayona, y en nombre de los habitantes y de las comunidades de Laburdi. A cambio, entregó al síndico d'Artaguiette los credenciales que había obtenido del rey y el acta de recibimiento del cargo creado a su favor. Los síndicos siguieron, pues, siendo lo que eran antes; representantes del país elegidos por el Biltzar.

Laburdi tenía en 1635 alrededor de 4.500 marinos. A la disminución del auge de la pesca ballenera en el s. XVII correspondió el florecimiento de las pesquerías bacaladeras. A comienzos del siglo un ballenero laburdino perdido descubrió las islas Spitzberg donde consiguió abundante pesca hasta tal punto que San Juan de Luz se organizó, desde 1613, para ejercer esta industria. Pero ingleses y holandeses comienzan por esas fechas a perturbar el monopolio vasco del aceite de ballena. Se atribuye a F. Sopite, de Ziburu, la invención de un método de fundir la grasa a bordo que tuvo gran difusión, lo cual aminoró el perjuicio de verse expulsados de las pesquerías que los laburdinos, como el resto de vascos costeros, habían establecido en Islandia, Groenlandia y Terranova.

Para mediados del siglo XVIII la pesca de la ballena y del bacalao se vio que había disminuido decisivamente, en especial debido a la Guerra de Sucesión y a la de Siete Años.Una industria subsidiaria que tardó en desaparecer fue la piratería y el corso en la que Laburdi alcanzó fama internacional dando ocasión a que se le haya dado una etimología popular a su nombre (lapur-di: lugar de ladrones). El tratado de Utrech en 1713 y el de París de 1763 pusieron fin al comercio exterior salvo con las Antillas y Santo Domingo. A la actividad comercial legal sustituyó durante estos dos siglos un floreciente corso que prosiguió, incluso, después de la Revolución. Citemos los nombres del bayonés Joannes de Suhigaraychipi "Coursic", los donibandarras Chibau, Etchepare o Haraneder o el célebre hendayés Pellot.

En la situación de extremo endeudamiento en que se hallaban tanto el Biltzar como las parroquias interiores y costeras, la epizootia de 1774 fue una verdadera ruina para Lapurdi. Este y el país de Dax fueron el foco de la enfermedad. La casi totalidad del ganado vacuno pereció; más de 3.000 cabezas en el país de Dax. Hubiera sido muy fácil impedir el desarrollo de la enfermedad en sus comienzos, cercándola en Lapurdi, que fue donde empezó. El mariscal Richelieu se encontraba en esos momentos en la región, sin embargo no tomó ninguna medida precautoria. Se gastaron grandes cantidades de dinero sin conseguir acabar con el mal. La epizootia surgió en Lapurdi hacia el mes de mayo de 1774. La cifra adelantada por Guibert de 3.000 animales muertos sólo en el país de Dax, es prácticamente inverificable por falta de estadísticas completas y fiables, pero se da por seguro que las pérdidas fueron enormes.

Marinos laburdinos en la Guerra de Independencia Americana. Fue en 1903 cuando una comisión nombrada por el ministro de asuntos exteriores francés recibió el encargo de redactar la lista nominal de los "combatientes franceses que participaron entre 1778 y 1783, en la Guerra de Independencia Americana", basándose en los documentos conservados en los archivos nacionales y en los archivos del ministerio de la guerra. Se pueden leer los nombres de los marinos de esta región, y los de los inscritos en los acuartelamientos de Bayona y San Juan de Luz. El navío "Le Languedoc" enarbolaba la insignia del vicealmirante conde d'Estaing, y desempeñaba su mando el capitán de navío M. de Boulanvilliers. El señor de Borda era uno de los siete tenientes, el señor de La Fitte era uno de los seis guardias de pabellón y de la marina. Entre los suboficiales del cuerpo de auxiliares leemos los nombres de Jacques Duvetre et Benoit Cazaux, ambos de Bayona; el de Pierre Mauléon, de Biarritz; Joannis Etchebelard de San Juan de Luz. Los suboficiales del cuerpo de auxiliares de pilotaje, Guillaume Moracin, Jean Halsuet, Jean Goyetche, Joannis Detcheverry, los cuatro de Bayona; los suboficiales de cañonería, Bertrand Laloubère, de Bayona, y Pierre Celery, de Biarritz. En el acuartelamiento de Bayona, de los 90 marineros embarcados, aparecen los siguientes nombres de marineros propiamente de Bayona: Jean d'Arphastan, Philippe Brun, Dominique Laporte, Dominique Cazenave, Jean Saint Martin, Jean Courtade, Pierre Pascal, Jean Cazebat, Etienne Baubert, Jean Minvielle, Philippe Dubois. Los demás procedían de Las Landas, de Tarnos, de Dax, Peyrehorade, Pontonx, Saubusse, Mont de Marsan, Saint Martin, Mugron. Del acuartelamiento de San Juan de Luz embarcaron l06 marinos, la mayor parte de San Juan de Luz y de Ciboure, y algunos de Biarritz, de Urrugne, de Bidart, de Guétary, de Ahetze, de Ascain, Ainhoa y Sare.

En el navío "Le Zélé", cuyo alférez se llamaba Montcalm, y en el que, durante toda la campaña estuvieron más de quinientos marineros, muy pocos venían de nuestra región. Uno de ellos llevaba un nombre que no hemos olvidado, Jean Dalbarade. Citemos entre sus compañeros de entrecubierta: Joannis Darchiague, de Guétary; Jean Harostéguy, de Biarritz; Joannis Carlos, Cristoal Cazales, Joannis Detcheverry, los tres de Sara; Dominique Doussinague, de Bidart, y Martin Duhart, Pierre Hiribarne, de Urt, y Pierre Moulian, de Guiche. Al mando de "Le Fantasque" estaba el capitán de navío M. de Suffren. Uno de los suboficiales, Jean Mourguy, es de Ciboure. El segundo piloto, Tristan Larronde, y el ayudante del piloto, Harriet, son de San Juan de Luz. En el acuartelamiento de este puerto se han alistado once marineros. De entre ellos, cinco nunca volvieron a su hogar. Martin Elissalde de Urrugne, Pierre Prabe y Joannis Detcheverry de Sara, Jean Ducassou de Saint Laurent, murieron a bordo en 1779, y Dominique Detchegaray, repatriado, murió en el hospital de Brest en 1780. A bordo del "Le Magnifique", la tripulación es casi en su totalidad bretona. Un timonel sin embargo, Jean Poeys, es de Bayona, así como el marinero Jean Cattin.

En el "Le Tonnant" casi todos los marineros fueron enrolados en los puertos del Mediterráneo. Encontramos a bordo, sin embargo, un grupo de girondinos, once vascos de Ciboure, uno de San Juan de Luz, uno de Biarritz, uno de Biriatou, uno de Hendaya, uno de Guéthary, uno de Urrugne, dos de Ascain, uno de ellos Joannis Darté muerto en alta mar el 10 de noviembre de 1779. A bordo del "Le Protecteur" sólo un teniente de navío, llamado Joannis, era de nuestra región. Igualmente Michel Gestard es el único vasco en la tripulación del "Le Fier". Era de San Juan de Luz. La tripulación era bretona. Once marineros de Bayona se enrolan en el "L'Artésien". "Le Guerrier", estaba al mando del capitán de navío M. de Bougainville. La tripulación es en su mayoría de la Provenza, pero se señala la presencia de cinco marineros nativos de Ciboure, uno de ellos, Gabriel Durrola, muere en la mar el 17 de abril de 1778, tres son de Bidart, entre los que uno, Joannis Mollevés, muere a bordo el 9 de diciembre de 1779; finalmente dos de Biarritz, Jean L'Isle y Dominique Clavery. A bordo del "L'Amphion", entre bretones, Michel Bercanbiau de Bayona. "Le Marseillais" lleva muy bien su nombre.

Sin embargo aparecen a bordo dieciséis marinos vascos, cinco de los cuales no volvieron a su pueblo: Pierre Dibar de Ascain, muerto en la mar el 18 de septiembre de 1779; Peillo Larregain de Ascain, muerto en combate el 9 de agosto de 1778; Dominique Lartigue igualmente de Ascain, fallecido en la mar el 4 de septiembre de 1779; Laurent Dihoursoubéhére de Urrugne, fallecido en la mar el 31 de octubre de 1779; Jean Ansoborlo de Urrugne, muerto en combate el 13 de agosto de 1778. Diecisiete hombres, de los acuartelamientos de Bayona y de San Juan de Luz, embarcaron a bordo de "Le César". Dominique Bidart murió en la mar el 28 de agosto de 1779. Michel Lafargue, de Bidart, fue herido levemente en la cara durante un combate el 6 de julio de 1779. Etienne Duverger, de Saint Martin de Seignanx, fue herido en un brazo. Y he aquí un navío del que nadie ignora su nombre: "Le Vengeur". En 1794 finalizó su existencia en el transcurso de una batalla que glorificó a la Primera República. Una docena de marineros de San Juan de Luz y de Bayona estaban a bordo. Uno de los bayoneses era Pierre Lubize, pariente sin duda alguna del capitán de navío Simon Lubize, cuyo nieto Pierre Michel Martin, llamado Lubize, fue en tiempos del Romanticismo, autor de teatro de gran renombre, precursor y colaborador del vodevilista Eugène Labiche.

El navío "L'Annibal" tuvo como jefe de escuadra al caballero de La Motte-Picquet y albergó a doce de nuestros compatriotas entre los ochocientos hombres que se enrolaron en el barco durante tres años, de 1779 a 1781. El navío "La Prudence" solo embarcó a un bayonés, Jean Savanty. Uno sólo también a bordo del "Le Concorde", André Pélusse, herido durante un combate el 22 de agosto de 1778. A bordo de "La Chimère", Etienne d'Arrains, de Urrugne, era segundo piloto; Martin Detcheverry, ayudante de piloto; Martin Argoy, de San Juan de Luz, murió a bordo el 15 de marzo de 1780, Jean Comagère, de Urrugne, el 3 de septiembre de 1779; Martin Darragoagne, de Ascain, muere igualmente el 26 de febrero de 1780, así como Joannis Darroquy, de Sara, el 17 de noviembre de 1779. Este navío embarcó en Charlewston, entre otros prisioneros de guerra liberados, a Jean Dubourg de Bayona. Un solo bayonés se encuentra a bordo del "L'Alcmène", y en el "L'Etourdie", dos marineros de San Juan de Luz, Claude Deliés y Chavatto Gouttechez, mientras que el timonel Jean Combez, de Bayona, navega a bordo de "L'Aimable". Ocho embarcados en San Juan de Luz sirven a bordo de "L'Andromaque", Joanny Darrups, Joanny Dargain, otros tres Joanny, Detchevers, Haband, Lecumberry, Martin Fagonde, Pierre Garat, Pierre Fagalde. A bordo de "La Blanche", un bayonés, Pierre Nebourg. El marqués de Vaudreuil estaba al mando del navío "Le Fendant". Du Petit-Thouars es alférez de navío y durante la campaña pasaron por él unos mil hombres. Se podría decir que era un navío maldito; murieron muchos hombres, en combate, a causa de las heridas y por enfermedad.

Murieron bastantes más que en otros navíos. Entre ellos, Bernand Redonnet de Bayona, Chabat Ascarat, Bettiry Arismendy, Joannis Camino, Pierre Bortarry, Baptiste Ibarrat, Martin Detchepare, Pierre Detchegoyen, Jacques Detcheverry, de San Juan de Luz. Pierre Borda se precisa que sufrió quemaduras "considerables" durante el combate del 6 de julio de 1779 y fue desembarcado en Granada, en las Antillas, el 8 de julio. Otros cuatro marineros de San Juan de Luz murieron de enfermedad y de fiebres: Dominique Detchepare, Christoal Haussiarts, Martin Michelena y Marthurin Guillette. Vayamos ahora a la escuadra del almirante conde de Grasse, marqués de Tilly. Enarboló su insignia a bordo del navío "Ville de París" que perdió durante los combates ocho oficiales. Entre los suboficiales encontramos a los bayoneses Jean Pryo, Bertrand Fouquet, Pierre Coronel y a los de San Juan de Luz, Jean Herpin y Jean Pierre Le Boucard. Otros doce marineros de Bayona y de San Juan de Luz estuvieron a bordo, Dominique Dufour, de Bayona, resultó lisiado durante un combate el 12 de abril de 1782. A bordo del "Diadème" dos marineros de Bayona y uno de San Juan de Luz, y en el "L'Engageante" un bayonés, Arnaud Sabatier. De los tres marineros de San Juan de Luz embarcados a bordo de "La Concorde", Jean Mauduit murió el 18 de enero de 1782. Pierre Luc, grumete de Bayona, volvió a casa con los otros dos. Dos hermanos, Martin y Beatrix Salha, de San Juan de Luz, estuvieron a bordo del "Le Magnanime" en compañía de otros dos bayoneses, Pierre Lané y Martin Despouder, cuando este navío enroló durante la campaña a más de trescientos cincuenta marineros (Ref. Jeanpierre, 1983).

Desde 1752, los habitantes de Bayona, los de los puertos vascos y los de Lapurdi fueron conscientes de la gravedad de las dificultades económicas que pesaban sobre su región. El descenso de la actividad en el sector de equipamiento y aprovisionamiento de buques en Bayona y San Juan de Luz era el índice revelador de esta crisis: hasta 1725 estos puertos habían equipado entre 40 y 50 navíos para América del Norte, y hacia 1750 esta cifra desciende a 20 ó 30. El número de equipamientos medios por razón social pasó de 28 en 1715 a 13 en 1753. Este balance negativo no era excepcional por otra parte; la mayor parte de los puertos franceses del Atlántico interesados en la pesca de altura tuvieron los mismos problemas. (Sobre el declive de la pesca europea en América del Norte ver: H. A. Innis, The cod fisheries: the history of an International Economy. Toronto, 1954). La inestabilidad general del comercio marítimo ya no está por demostrar (ver Historia de Burdeos, Burdeos en el siglo XVIII bajo la dir. de Fr. G. Pariset, c. IV, lib. II; o también L. Meignen, "El comercio exterior de Francia a finales del Antiguo Régimen: déficit aparente, prosperidad real pero débil", Revista de Historia del Derecho, 1978, n.°4). Aunque entre 1717 y 1720 había habido una reacción, ésta no prosperó. Al estar orientados a mercados exteriores, Bayona y los puertos vascos se habían resentido duramente con esta crisis. El rápido crecimiento de la pesca local en Terranova y en las colonias anglo-americanas contribuyó mucho a esta evolución y privó a Bayona de sus mercados tradicionales en los países ibéricos.

Los intentos de organizar un vasto circuito comercial entre la costa vasca, la Luisiana, las Antillas y Quebec fracasó por completo. A los factores externos de depresión hay que añadir factores locales; las técnicas comerciales y los modos de financiación no eran muy alentadores. La muy abundante circulación monetaria, la escasez de las letras de cambio, la escasez todavía mayor de los descuentos bancarios no favorecían las iniciativas innovadoras del negocio Lapurdino. A estas carencias técnicas se sumaban las de la economía regional: Béarn mantenía mediocres relaciones con los pueblos atlánticos y el hundimiento de su viticultura no contribuyó precisamente a desarrollarlas. Las provincias vascas por su parte no suministraban ningún producto de alta calidad capaz de incentivar los intercambios. La ausencia de coordinación entre los sectores de la vida económica era finalmente la señal de un precario equilibrio. Al sentimiento de un declive económico se sumó un descontento político en Lapurdi y Bayona abonado por los abusos del poder y los progresos de la "Ferme Générale" cuyas exigencias habían sustituido al hasta entonces único reglamento legal del comercio bayonés: El Fuero (Ver: J.H. Darre. El Fuero de Bayona, Bull S.S.L.A. Bayona, 1976, n.°132. Las rentas del fuero iban a parar esencialmente al duque de Grammont).

Las proezas de Bernard de Audijos habían dejado algún recuerdo en el medio rural e incluso en Bayona, el fuero y las libertades urbanas movilizaban todavía a la población. Las quejas de 1752 se referían a estas libertades burladas: en 1753 se repitieron de nuevo y se atribuyeron las dificultades económicas a las vejaciones de los "fermiers généraux". El debate volvió a recrudecerse en 1761 cuando Bayona propuso situar su comercio con el extranjero fuera del control de la burocracia. Sin embargo en esta fecha la opinión de la provincia distaba mucho de ser unánime. El "despertar de los ánimos" se produjo cuando en 1773 la contribución de los tabacos de Bayona fue adjudicada a la "Ferme". Y por primera vez surge la cuestión de la franquía del puerto de Bayona. En 1774 se publica un informe favorable a esta medida y una asamblea general de bayoneses la aprueba el 26 de enero. Un año más tarde, el 19 de julio de 1775, una nueva asamblea contradice radicalmente la anterior. Durante siete años, adversarios y partidarios de la franquía no cesaron de enfrentarse animados por las indecisiones del poder real. A finales de 1777 se propuso, mediante varias memorias, la extensión de la franquía a Lapurdi. A1 año siguiente los partidarios de la franquía ganaron en Bayona, San Juan de Luz y Lapurdi; el 28 de enero una asamblea general confirmó este éxito.

Las Cartas Patentes reales no se publicaron, sin embargo, hasta julio de 1784 tras múltiples presiones: Bayona y la parte occidental de Lapurdi fueron declarados francos sirviendo el ejemplo de Dunkerque de argumento a los bayoneses. (Las regiones fronterizas se preocuparon con frecuencia de la cuestión de las franquías. Para poder establecer comparaciones consultar: M. Bottin, Puerto franco y zona franca>: las franquías aduaneras de Niza. Investigaciones Regionales, 1971, n.° 1 ). En el momento en que se acordó, la franquía fue discutida por la "Ferme" y, al ser mal interpretada, desencadenó grandes disturbios populares en Lapurdi (Ref. C. Desplat, Crise et projets economiques à Bayonne et en Labourd à la fin du XVIII siècle, BSB, 1981, 263-277).

A lo largo de todo el siglo XVII y XVIII el intento de introducir nuevos impuestos sobre el tabaco y la sal provocó frecuentes revueltas protagonizadas por mujeres. El mes de junio de 1731, los encargados de la brigada de Louhossoa decomisan cuatro mulas cargadas con vino y aceite proveniente de España y que pertenecían a un tal Petry Etchebaster, de Mendionde. El síndico de Laburdi interviene en el asunto y el director del puerto de Bayona (director de aduanas) anula el decomiso en virtud del fallo del consejo del 10 de febrero de 1688 que eximía de todos los impuestos los vinos, trigo y otros productos provenientes de España para ser consumidos en el país. Un poco más tarde, en 1735, el síndico de Laburdi interviene también en un proceso ante la corte des Aydes de Burdeos, entre los recaudadores y dos carreteros españoles, Antonio Detchverry y Pedro Sancitena, en relación con un decomiso de tabacos efectuado en el territorio de Ainhoa, aun y cuando los derechos fueron abonados en la oficina competente. El síndico interviene una vez más por orden del Biltzar, en 1771 y 1773, en relación con decomisos de características similares en contra de habitantes de Bardos, d' Urt y de Hasparren.

De todas formas y a pesar de la vigilancia del Biltzar y la actuación del síndico, las gentes de Laburdi desconfiaban constantemente de las actividades de los recaudadores. Conocían las influencias que éstos tenían ante el gobierno. Tenían miedo de que, por medio de intrigas, despojaran al país de sus privilegios y le impusieran el riguroso monopolio de la sal. Estos temores estaban justificados por el desarrollo excesivo de los salazones y de las conservas para la marina. En 1757, el consejo de la ciudad de Bayona se dirigía al ministro diciendo que los armadores compraban tales cantidades de carne para salar que los habitantes corrían el peligro de no tener para ellos mismos. Pedía por ello medidas represivas (Arch. de Bayonne, BB 80, pp. 307). Seguramente los recaudadores generales conocían la situación y se aprovechaban de ella. En Laburdi no se desconocía lo que suponía el régimen de la gabela en otras partes y se estaba al tanto de las multas, penas de cárcel, etc. La gabela era a sus ojos un horror y muy a menudo esta siniestra palabra era suficiente para desencadenar desórdenes aislados y tempestades temporales. Esto ocurrió en la parroquia de Ainhoa el 5 de julio de 1724. Hubo desórdenes a causa de las recaudaciones y a raíz de un equívoco.

Los desórdenes desaparecieron rápido y no tuvieron repercusión en el resto del país. El 3 de octubre de 1784: la noticia de que la gabela va a ser establecida en Laburdi circula en Hasparren, noticia que no tenía fundamento. Sin embargo se afirmaba que el propio M. de Neville, intendente de Guyena, venía a asegurar la percepción del nuevo impuesto. Esta noticia terrorífica corre como un reguero de pólvora; se da la alarma no sólo en Hasparren sino también en los lugares vecinos. El toque de alarma de las campanas suena con violencia. Por todas partes llegan bandas de mujeres armadas con espetones, horcas, precedidas por tres o cuatro que hacen sonar furiosamente los tambores. Estos grupos se vuelven a formar los siguientes días. Informado de estos hechos, el intendente llega tres días más tarde, el seis de octubre. Acompañado por el marqués de Caupenne, teniente del rey en Bayona, traía consigo 150 granaderos y 5 brigadas de la mariscalía. Este despliegue de fuerzas exasperó a los manifestantes. Los señores de Neville y de Caupenne se adelantaron a caballo y se detuvieron delante del cementerio donde la banda sediciosa se encontraba apretujada. Quieren parlamentar, oír palabras de reconciliación y de paz. Pero en el tumulto es imposible hacerse oír.

El toque de alarma no paraba de sonar y cubría las voces. Había más de dos mil mujeres que gritaban todas a la vez, furiosas, listas para hacer cualquier cosa, amenazando violentamente al intendente, al marqués de Caupenne, a los recaudadores y a todos los agentes de la recaudación. El señor de Neville, el señor de Caupenne y sus oficiales entran en una casa cercana y se preguntan qué es lo que van a hacer. ¿Podrían lanzar a las tropas en contra de estas mujeres? ¿Esta medida violenta no acarrearía consecuencias nefastas? Todo esto se evitó gracias a la intervención del cura de la parroquia, Haramboure. Pero cuando se restableció la calma, los habitantes de Hasparren se dieron cuenta de los castigos a los que se habían expuesto. Sus temores se acentuaron cuando se enteraron que varios de entre ellos habían sido encarcelados al ir a Bayona a sus asuntos. Se enteraron igualmente que el intendente había solicitado medidas severas en contra de las parroquias que se levantaron. En efecto, la agitación se propagó a otros lugares, sobre todo a las localidades situadas entre la Nive y el Adur. En estos lugares las mujeres también se levantaron armadas en contra de los agentes del fisco. Igualmente se decía que muchos hombres se vestían de mujer al darse cuenta que a éstas se les trataba con más deferencia. Neville inundó el país de tropas; hizo venir a un regimiento de caballería, un regimiento del Languedoc y un regimiento suizo, el de Courten.

Este último fue desperdigado por las parroquias sublevadas: Mendiondo, Guerreciette y Louhossoa hospedaron dos compañías cada una, del 11 de noviembre al 13 de diciembre. Macaye alojó primero a tres, y luego sólo a dos, a partir del 23 de noviembre. El intendente pidió más tropas aún. Proponía a la corte un verdadero plan de ataque como si se tratara de combatir una invasión extranjera. El señor de Calonne, ministro de finanzas y controlador general, le contestó que las medidas le parecían excesivamente violentas y que le aconsejaba que desistiese. Un nuevo esfuerzo del cura Haramboure libró a Hasparren de los temidos castigos. Se presentó ante el intendente, calmó su irritación, imploró su clemencia para una población más confusa que culpable. Consiguió apagar su ira y obtuvo el perdón para su pueblo. Sin embargo, Neville no pudo olvidar el toque de alarma ensordecedor que le cortó la palabra y le impuso el silencio. Exigió que las campanas de la iglesia fuesen bajadas y el campanario demolido. Así fue y sólo pudo ser reconstruido en 1817 (Ref. Yturbide, P.: Une emeute des Femmes d'Hasparren en 1784, RIEV, 1908, pp. 193-202).

En contraposición a la bien perfilada estratificación social que encontramos en Navarra y en su Sexta Merindad, Lapurdi va a conocer una mucho mayor homogeneidad social, debido no sólo al papel debelador de la Armandat sino también a la acción antiseñorial de la monarquía inglesa.

El advenimiento de la nueva dominación, la de los reyes franceses, no alterará en su esencia, pese a sus concesiones a la feudalidad, un sistema en el que la mayoría de la población es franca y depende directamente del rey. Esta clase es la que envía sus diputados al Biltzar, no está obligada al pago de la "talla" individual sino al cupo asignado por parroquias, disfruta de la mayoría de las prerrogativas consuetudinarias que fijará por escrito el fuero de 1514 y, es, además, poseedora de una casa familiar llamada casa franca.

Algo por encima de esta mayoría se encuentra la clase de los infanzones que, con un pie en ella y otro en la franja noble, disfruta de algunas de las prerrogativas de la nobleza tales como la no obligación de pagar la "talla" individual y la de poder tener labradores censuarios a su cargo. Sus casas se distinguían de las de los meros francos ya sea por medio de detalles arquitectónicos, ya por medio de blasones o inscripciones.

En lo alto de la pirámide veremos, en fin, a los gentilhombres propiamente tales, libres de tributación individual o colectiva y posesores de bellos palacetes denominados jauregia. Estos fueron los señores naturales que, habiendo disfrutado del poder señorial, fueron poco a poco viendo limitadas sus prerrogativas y sus derechos hasta verse, incluso, excluidos del Biltzar aunque ello no quiera decir que no detentaran los derechos económicos y reverenciales propios de su rango.

Equiparable al poder señorial fue el eclesiástico cuyo máximo exponente fue la abadía de Lahonce y el monasterio de Roncesvalles (Bonloc).

Lista de las familias nobles de Laburdi que figuran
en los roles de la nobleza laburdina de 1771 a 1776
UrtubiaVizconde de MacayaLahet
GarroSaint-Martin-VillefranqueBelay-Anglet
ArcanguesSaint-Esteben-SaultRoll-Saudan
HaitseMacaye-JolimontHayet
SalhaAguerre (Hasparren)Lassalle (Urcuit)
HirigoyenLarralde Van OsteronOspital
GaillardieSaint-Martin (Larressore)Soubelette
NavaillesDujac-VergesAmou
ColomotsAguerre (Mouguerre)Arquie
LissagueSaint-Martin-LacarreSorhouet-Harriet
MiremontSorhouet-FaldraconEspelette
HarenederDupre de LagrauletSainte-Marie
LureSaint-Cricq-LalieBelay-Biarritz

En fin, la última de las categorías sociales es la de los fivatiers cuyo nombre deriva, siguiendo a Corominas, del occitano antiguo fevatier, derivado, a su vez de f(i)eu que procedía del fráncico féhu "ganado", "posesión", "propiedad". Para Veyrin, nuestros "fivatiers" eran colonos establecidos en parcelas de una posesión noble a las que habían roturado y por las cuales, en virtud de un contrato privado que no implicaba ninguna servidumbre, pagaban un censo. El poseedor de una casa "fivatière" gozaba plenamente de su lote que podía, incluso, vender o ceder; sin embargo, al no ser propietarios propiamente dichos, no tenían acceso a las funciones y deliberaciones públicas. Los derechos de los señores -entre los cuales la baja justicia- sobre los "fivatiers" fueron puestos en tela de juicio en el siglo XVII y sobre todo en el XVIII. Ya en 1635, los nobles Lapurdinos elevaban una queja al rey porque los colonos se negaban a prestar sus servicios sin la presentación previa de los títulos que acreditaran los derechos nobles. Estos títulos habían desaparecido en su mayoría durante las guerras entre España y Francia. Algunas veces los conflictos desembocaron en rebelión armada, como es el caso del castillo de Espelette destruido en 1637 por los colonos; otras, la gran mayoría, se solventaban de común acuerdo y se adoptaban soluciones de compromiso. Sin embargo, a mediados del siglo XVIII, la actitud de los señores se endureció preparando así el ambiente propicio a la Revolución. En Lapurdi este estado social se había diluido de tal forma que los Cuadernos de Quejas sólo mencionan a los fivatiers de la abadía de Lahonce.

A finales del siglo XVIII, pues, la situación económica y social de la monarquía francesa era muy comprometida. Esta necesitaba de mucho mayores recursos financieros para poder hacer frente a sus cuantiosos gastos que el que le proporcionaba la recaudación del tributo pagado por el Tercer Estado, único no exento de impuestos. Por otra parte, el Tercer Estado no podía soportar seguir siendo el único contribuyente y mucho menos seguir viéndose postergado social y políticamente como lo estaba. En 1789 la corona echa mano de un recurso desesperado: la convocatoria de unos estados generales que no se reunían desde mediados del siglo XVII. El 1 de enero parten las convocatorias a todas las senescalías del reino para celebrar una asamblea estamental de las antiguas provincias de Francia, en París, el 27 de abril de 1789. Se les pide que redacten sus Cuadernos de Quejas y Dolencias respectivos a fin de que el rey conozca el estado de ánimo de sus súbditos.

Dejando de lado Bayona, dotada de un estatuto aparte y de su franquía comercial, en Laburdi existe un malestar mucho más enraizado debido a la política fiscalizadora de las fermes y al efecto divisionario de la franquía. El 2 de marzo se reúnen los representantes de Bayona para redactar su Cuaderno. Sin embargo el biltzar lo hace el 8 para protestar de que se le convoque conjuntamente con esta villa ya que "Laburdi forma por sí sola un verdadero Estado, con su Constitución, sus asambleas, su tribunal, sus milicias, etc." y que "los intereses de Laburdi se hallan en oposición con los de sus vecinos de Bayona". El rey autorizará la demanda de poder disponer de representación propia. Entre los días 19 y 24 se reunieron en Ustaritz los 124 representantes de las parroquias y estamentos laburdinos para elegir a sus diputados: Luis Xabier de Saint-Esteben, párroco de Ziburu, por el clero; Nicolás de Haraneder, vizconde de Macaye y Nicolás de Arcangues, por la nobleza, y los hermanos Domingo y José Garat por el Estado Llano.

Según recoge Dravasa, en Laburdi se escribieron, entre el 25 de marzo y el 25 de abril de 1789, tres Cuadernos de Quejas. El del clero contiene 65 artículos, el de la nobleza 54 y 67 el del Tercer Estado. El tono general de estos cuadernos gira alrededor del deseo de mantener el statu quo en Laburdi, prueba de que, por lo visto, las instituciones existentes eran del agrado de los laburdinos y de que no aspiraban a cambiarlas. Veamos sin embargo, dejando a un lado esta impresión de conjunto, cuáles son más concretamente las dominantes de estos cuadernos. El cuaderno del clero pide que "se le mantenga tal y como lo ha sido hasta ahora, un ente no mezclado a ningún otro, sea cual fuere la mejora que se le anuncie con este respecto". El clero de Laburdi desea que se mantenga la. autonomía de la provincia, así como el respeto de su entidad. Esta exigencia de pureza vasca no impide que el clero se preocupe por determinadas realidades administrativas y económicas.

Es así que solicita el mantenimiento del Biltzar, con sus tradicionales atribuciones, y que se suprima, sin embargo, la franquicia otorgada por Real Decreto de mayo de 1784 al puerto de Bayona y a cierta parte de Laburdi, con el fin de reanimar la desfalleciente actividad económica de la provincia. La nobleza de Laburdi pide que se le deje participar en la vida política y administrativa del país: "Es un derecho que solicita de la justicia del rey, en quien confía plenamente". En el terreno económico desea la supresión de la franquicia, de la que afirma, "sólo sirve para alimentar... las vejaciones inauditas de los encargados de la "Ferme"... gentes indeseables, todos ellos vagos y la mayoría corrompidos y tarados". El Tercer Estado es más directo y categórico. Exige que Laburdi conserve su administración particular y privilegiada que le es propia. "Sus habitantes -dice el artículo 54- se dan por satisfechos bajo este régimen, temiendo cualquier cambio", y aludiendo claramente al Biltzar afirma que "ni su composición, ni su funcionamiento, ni por supuesto sus atribuciones deben padecer modificación alguna". Igualmente conservador y más reivindicativo, el Cuaderno de Saint-Pierre-d'Irube precisa:

"Los habitantes de Saint- Pierre-d'Irube se oponen a que los miembros del clero y de la nobleza acudan a las asambleas y deliberaciones de las comunidades (kapitalak), así como a las asambleas y deliberaciones generales de la provincia".

El testimonio de este cuaderno es muy significativo y es probable que no sea el único que expresa este deseo: el régimen anterior debe respetarse, esto es, la exclusión del clero y de la nobleza de la realidad política y administrativa de Laburdi, tanto al nivel local como provincial. En materia de impuestos el Tercer Estado se queja del fisco, pero mucho más por el comportamiento de sus agentes que por la cuota de los impuestos exigidos. En cuanto al terreno económico el Cuaderno del Tercer Estado pide: "que se concedan primas a las expediciones marítimas". Todos estos cuadernos tienen un tono muy ortodoxo y tranquilizador, sobre todo si se tiene en cuenta que los laburdinos se encomiendan, como lo dicen ellos, "a la inteligencia y al sentido común" de sus diputados. Los tres estamentos depositan su confianza en éstos y desean que su actuación logre el reconocimiento de la verdad, de la justicia y del bienestar general de la nación", que, por su lado, aprobará el mantenimiento de los privilegios tradicionales del país".

Desde el punto de vista de la nobleza, ello se resume en su participación en la administración de la provincia, y en cuanto al clero y al Tercer Estado, en la salvaguardia del statu quo. En materia financiera, si los tres estamentos son unánimes a la hora de quejarse de los encargados de la "Ferme", ninguno subraya la elevada tasa de los abonos financieros de Laburdi, dato en el que se hubiera hecho hincapié, si el sistema de contribuciones aplicado en la provincia hubiera sido abusivo y vejatorio. El carácter moderado y conservador de los diversos cuadernos de Laburdi resalta aún más si se comparan con todos los que, por ejemplo, ha examinado y analizado Champion. El clima de expectación creado por la apertura de los estados se manifiesta asimismo en un Cuaderno de Agravios de las Mujeres de San Juan de Luz y de Ziburu en el que se pone de manifiesto la existencia de una naciente conciencia feminista, solicitando estas mujeres que se cambie el sistema educativo sexista, se redacte una equitativa ley del divorcio y se escuche la opinión individual -no estamental- de las mujeres, protestando asimismo por la convocatoria efectuada únicamente a los representantes varones de la nación. Véase Feminlsmo.

El 5 de mayo se abrían los Estados Generales de Francia. A lo largo de junio se desarrolla la rebelión institucional del Tercer Estado que se constituye en asamblea nacional junto con diversos miembros de los otros estamentos, jurando no separarse hasta dar una constitución a Francia. El 14 de julio el pueblo amotinado toma la Bastilla mientras la asamblea prosigue sus enfebrecidas deliberaciones. Los cinco diputados de Laburdi en la asamblea escriben a sus representados al comienzo de la asamblea de Versalles:

"La asamblea en la que participamos ofrece un espectáculo enternecedor... una excelente disposición de todos hacia Laburdi, de la que dicen que es una provincia del reino y también el país de los vascos".

Es en esta atmósfera en que se desencadena la noche del 4 de agosto con su desenfreno de sentimentalismo patriótico y su delirio legislativo, que lleva a la supresión de los privilegios de los que Siéyès se mostró el adversario más virulento. Estos privilegios, decía él, "son por la naturaleza misma de las cosas injustos, odiosos y contradictorios con el fin supremo de toda sociedad política". La célebre noche del 4 de agosto la asamblea acuerda, por unanimidad, derogar y abolir todos los privilegios señoriales y feudales incluidos "los privilegios particulares de las provincias, principados, países, cantones, villas y comunidades de habitantes, sean pecuniarios, sean de todo otro tipo". El País Vasco de Francia perdía así sus viejas leyes y fueros, Bayona su franquía (así como parte de Laburdi). Los hermanos Garat consintieron en el despojo voluntario, al igual que los representantes suletinos. No así los bajonavarros que se han negado a asistir a los estados de un reino que no sea el navarro. E1 proceso de unificación de la nación francesa iniciado en 1451 se cierra con el establecimiento de las aduanas en el límite Sur del reino. El Biltzar de Laburdi, encolerizado, desautoriza a los hermanos Garat y envía esta solemne protesta a la asamblea nacional francesa:

Protesta contra la abolición del régimen privativo de los vascos de Laburdi

Asamblea General del 1.° de septiembre de 1789. Los vascofranceses de Laburdi no han cesado de repetir en todo tiempo, al gobierno, que su Constitución actual es la única dentro de la cual pueden seguir viviendo. A las órdenes de esta ley imperiosa han expuesto en sus Cuadernos o Memoriales a los diputados, la demanda de su confirmación. Por decreto de la Asamblea Nacional, se han enterado de la abolición general de los fueros provinciales, y, por consiguiente, de la destrucción de su régimen. No puede expresar la lengua lo vivamente que sienten el que la primera ley del hombre, base de todas las demás y fundamento de los decretos de la Asamblea Nacional, les prive de la dulce satisfacción de sentir sin quebranto el beneficio de la regeneración del Estado. Si sus diputados han hecho voluntariamente el sacrificio de sus privilegios, o, forzados a hacerlo, no han presentado, al menos adjunto, el lastimoso cuadro de sus necesidades, es que arrastrados demasiado lejos por el impulso patriótico, han olvidado los límites de su mandato, o no han tenido el valor de presentar esta oposición, ni el conocimiento de los motivos que la hacían necesaria. A sus mandantes nos pertenece, pues, el reivindicar los derechos cuya dejación nos entrega a la desesperanza.

Convencidos de la justicia de la Asamblea Nacional, no tendremos reparo en decir que el abandono voluntario que nuestros representantes puedan haber hecho en la defensa de nuestros privilegios, sería radical y esencialmente nulo, como contrario a su mandato. Fundados en este principio indestructible, decididos a protestar ante tamaño abandono, sin mostramos, sin embargo, demasiado celosos de ciertos derechos que no tendrían otro apoyo que un rigorismo escolástico u otro fin que un amor propio estéril, declaramos que a gusto haríamos nosotros mismos un sacrificio que nuestros diputados no han podido hacer, si este sacrificio no entrañase consigo nuestra destrucción infalible y contraria al objeto de la asamblea misma. Somos demasiado francos y leales para exagerar nuestras necesidades, y demasiado prudentes para aventurar a este respecto afirmaciones que arriesguen lo más mínimo su más acrisolada comprobación. Los vascofranceses del país de Laburdi, situados en la frontera de los Pirineos, habitan un suelo montañoso y estéril, cuyo lánguido cultivo apenas suministra, aun en años de abundante cosecha, un tercio de las subsistencias necesarias a sus habitantes; suelo en el cual la industria y el comercio son casi absolutamente nulos. La ley municipal que rige esta comarca, castiga todavía con anatemas a esta avara provincia.

Todos los bienes que descienden en línea recta del adquiridor a su nieto quedan sujetos a una sustitución perpetua, como son los denominados de papoalité cuya enajenación está prohibida. Los bienes divididos en tres partijas en Laburdi y que, por consiguiente, deben ser trabajados y puestos en cultivo cada año, dan un producto muy mediocre, sea por la mala calidad de los terrenos, que exigen una inmensidad de abonos, sea por su posición montuosa que requiere trabajos muy costosos. Obligados por el derecho consuetudinario, no pueden vender la menor porción de ellos para campar ganado vacuno, sin el cual en vano se esforzarían en hacerle producir ningún fruto; con esto, muchas fincas han quedado forzosamente en barbecho. Los vascofranceses habitan un suelo ingrato que no produce el tercio de su subsistencia anual, y aun este tercio resulta contingente por las intemperies que causa la proximidad del mar y de las montañas que rodean al país. Este suelo comprado por el agricultor mismo en dos tercios de su valor, dada la dificultad del abono necesario, dado el trabajo continuo y porfiado, obliga a abandonar sus hogares cada año a una parte de la población, que se dedica a la mar.

Otra parte va anualmente a España a ejercer allí, durante los crueles calores del verano, el penoso oficio de tejero. Así es como se esfuerzan en reunir algún dinerillo para comprar grano para sí y para sus familias, á fin de no morir de hambre los inviernos. Estas consideraciones, su fidelidad, los servicios importantes que han prestado al Estado en repetidas ocasiones la carga perpetua de la manutención de un regimiento de mil hombres destinados a la frontera, el vivero de los mejores marinos, formados en los mares más borrascosos, que suministran continuamente al Estado y que se han distinguido singularmente en su marina y, en fin, su extrema pobreza, habían ganado para la provincia [esa legislación), sin la cual no pueden existir. Lo más importante de todo para ella y cuya abolición haría desertar a sus habitantes del país que les ha visto nacer, es el sistema de contribución de impuestos. El decreto de la Asamblea Nacional que ha abolido esta especie de favor en todo el reino, es sin contradicción un acto de justicia, mirando al Estado únicamente en conjunto; pero hay provincias en que por relación a lo local y a las facultades, la uniformidad de esta ley traería consigo la desolación y aun la desesperación. Laburdi es el ejemplo más demostrativo de ello.

Si aun solos los impuestos ya existentes sin ningún otro aumento, se quieren percibir aquí con rigor, los laburdinos abandonarán sus posesiones, y, por una emigración funesta al Estado, buscarán otra patria. En efecto: ¿cómo podrán pagar rigurosamente las vigésimas y sus accesorios estos hombres que, a pesar de su más porfiado trabajo, no pueden arrancar a la tierra que riegan con sus sudores más que el tercio de su subsistencia anual, en los años más abundantes? ¿Cómo podrán pagar, en rigor, el encabezamiento y otros impuestos, estos hombres que afrontan los peligros del mar y las inclemencias del clima abrasador de España, si apenas se pueden procurar el dinero necesario para comprar los dos tercios, no de trigo, sino de maíz? No, no; da pena el decirlo; pero sus corazones generosos y sensibles lamentan el no poder captar los votos de la Asamblea Nacional; pero se ven forzados a declarar que el abandono de su sistema contributivo sería para ellos un golpe mortal. Y si el impuesto territorial llegase a reemplazar a los demás, no alcanzaría en Laburdi más que a los terrenos de cultivo, siendo aquí necesarios los restantes para el pasto. Lo cual, por otra parte, doblaría el impuesto sobre el mismo objeto, y tierras tan estériles serían también susceptibles de algunos favores particulares, después de haber sido calificadas en el rango de las más mediocres.

Es tanto más viva su pesadumbre, cuanto que cada una de las bonificaciones que los decretos de la asamblea han determinado tan sabiamente para el Estado, no sólo se aparta de su fin con respecto a ellos, sino que empeora evidentemente su situación. Disfrutaban ya del derecho de caza y pesca y apenas conocían los derechos feudales; no estaban cargados con ninguna servidumbre ni prestación personal; el diezmo mismo, ganado o retenido, no basta aquí ni con mucho para el sueldo de curas y vicarios. Estos, desgraciadamente, no tienen otra clase de bienes eclesiásticos que pueda aliviar, de manera aunque sea sensible, el déficit a este propósito. Mientras que no sólo la pérdida de su privilegio de impuestos, sino también las necesidades actuales del Estado, las pensiones y los honorarios de los oficiales de la judicatura y otras finalidades inherentes al sistema aparente de la Asamblea Nacional, añadidas a sus cargas locales, vendrán a hacer más pesado el yugo bajo el cual ya gemían. Con razón, pues, los vascos de Laburdi, cuyos impuestos han sufrido desde mediados del siglo último la progresión increíble de doscientos cincuenta francos que pagaban hasta cerca de setenta mil francos que les abruman hoy, con razón repetimos, y razón evidente, un pueblo así oprimido, sin que el menor aumento de ninguna clase pueda cohonestar esta opresión progresiva, se levanta contra el acto que le aniquilaría.

Su insurrección es, pues, la defensa natural y necesaria de su existencia y el título de sus reclamaciones, tiene derecho a la acogida de un tribunal tan justo como el de la nación. Separados de las otras provincias por su lengua y costumbres, viviendo en todo tiempo bajo una constitución particular y enteramente diferente aun a la de los demás pueblos vascos que, asemejándosele en asambleas provinciales, les procuran todas sus ventajas, reparten entre sí y por sí mismos la masa de los impuestos del país según el posible de cada una de las parroquias que lo componen. Regidos por un síndico tesorero que ellos mismos eligen, tratando fraternalmente todos los asuntos comunes por mayoría de votos, piden con razón y confianza el mantenimiento de una constitución que les es propia, y que se ve ser tan análoga a la organización que se va a dar al Estado. Esta constitución es tanto más favorable cuanto que presentando desde ahora los proyectos de economía y simplificación que ocupan la atención de la Asamblea Nacional, su síndico tesorero que hace la recaudación de la totalidad de los impuestos del país, puede y debe entregarlo todo al tesoro, sin ningún intermediario. Esta forma de repartir, percibir y pagar el impuesto sin pasar por canales en los que sufre mermas en otras partes, puesta en práctica en toda Francia, repartida en distritos menores, ¿no sería el medio más eficaz y el menos complicado de llegar al fin que se propone?

A buen seguro ella baria la felicidad de los vascos de Laburdi, sin presentar inconvenientes para el gobierno, y sin perturbar el sistema general. Es demasiado evidente, por otra parte, que un país de tierras tan estériles, de industrias tan nulas, no podría menos de verse expuesto a injusticias de contribución en cualesquiera impuestos, mezclándose a otros países vecinos de vivir más holgado, y que, siendo más numerosos, llevarían a las asambleas provinciales una mayoría tanto más victoriosa, cuanto que ellos ganarían todo lo que a nosotros nos harían perder. Y es casi imposible que el interés personal no ahogue la voz de la justicia o al menos no la debilite mucho. La noticia de la pérdida de sus privilegios y el temor de verse mezclados a otros pueblos, han traído el dolor y la alarma a los corazones de los vascofranceses de Laburdi. Pero en justicia han contado ciegamente con el apoyo de la Asamblea Nacional. Orgullosos, pero respetuosos, se han impuesto el deber de mantener entre sí la calma más completa cuando las provincias del reino, la mayoría sin causa, sólo ofrecen por todas partes fuego y sangre. ¿Podrán dar a la nación y al rey pruebas más convincentes de sus derechos de todo género para el éxito de su demanda? Si esta indignación, contenida por el amor al deber y al orden y por la esperanza que los más notables difunden en el pueblo, pudiera escapar rompiendo el dique por negativas inesperadas ¡qué horrible espectáculo nos ofrecería un país entregado a la desesperación! Firman: Haramboure, comisario; Dithurbide, comisario; D'Hiriart, comisario; Daguerressar, comisario.

(Ref. Fagoaga, I.: Garat, el defensor del Biltzar, Ekin, 1951, 208-212).

El 18 de noviembre de ese año el Biltzar celebra su última reunión enviando un nuevo escrito de protesta a la Asamblea Nacional. Ambos escritos van a servir de poco: el 12 de enero de 1790 la Asamblea Nacional dispone que "Navarra, el Béarn y el país de los vascos se unan para no formar más que un solo departamento", pese a las reclamaciones apasionadas de los hermanos Garat que; invocan, en vano, las diferencias lingüísticas entre bearneses y vascos. El 10 de abril decreta la confección de roles impositivos nuevos. De poco va a servir tampoco el Memorial defensivo de la franquía redactado por el síndico de Laburdi y la Cámara de Comercio de Bayona el 7 de mayo de ese año. Esta franquía, alrededor de la cual se hallaba dividida la opinión pública ya que no abarcaba a Laburdi oriental, fue suprimida el 31 de diciembre de 1794.

En las villas como Bayona y San Juan de Luz los elementos prorrevolucionarios fueron bastante numerosos. Los ediles (officiers municipaux), la mayoría de los cuales eran procuradores, abogados y médicos, estaban imbuidos de las nuevas ideas. Multiplicaban los discursos, las asambleas, los desfiles y las danzas. Para ponerse a la moda del día exaltaban, siempre que tenían ocasión, a las federaciones de las que recibían los memoriales y las demandas de adhesión. Pero este entusiasmo nunca se generalizó entre la población rural. En Bayona y San Juan de Luz se crearon o reforzaron, según el caso, las milicias nacionales llamadas también Milicias patrióticas. Saint-Esprit que era un suburbio de Bayona en 1789 y que no se convirtió en comuna más que con la organización administrativa revolucionaria, había creado una milicia nacional particular cuyas banderas fueron bendecidas con gran solemnidad el 5 de abril de 1790 (Ver Ref. Edouard Duceré: Dictionnaire historique de Bayonne, 2 vols, Bayonne, 1911-1915).

Dicha creación se justificaba por el hecho de que las milicias provinciales y la milicia burguesa se habían suprimido en 1789 como consecuencia de la extinción de los privilegios sancionada por la Asamblea Nacional el 4 de agosto de 1789, y era preciso reprimir los desórdenes que comenzaban a producirse. Pero a veces había reyertas y enfrentamientos verbales entre los guardias nacionales y el ejército regular que no les veía con buenos ojos. Por ejemplo en Bayona, la noche del 24 de mayo de 1790, tres "ciudadanos" que formaban parte de una patrulla fueron asesinados a puñaladas por un joven oficial del regimiento de Angoumois. El suceso produjo gran tensión entre la población pero también entre la municipalidad y la guarnición. En San Juan de Luz los guardias nacionales fueron denunciados por la población hasta el punto de presentar sus quejas en la sede del distrito de Ustaritz. En el campo, el movimiento federativo encontró menos partidarios aún.

En ciertos núcleos grandes hubo algunos atrevidos empeñados en presentarse como la vanguardia del progreso, y a fin de apresurar el establecimiento de un nuevo orden propugnaban que había que unirse para defender la libertad y asegurar la devoción "al más virtuoso y querido de los reyes". Pero todas estas frases no encontraban ningún eco entre los campesinos. Estos, al tener puntos de vista más prácticos, celosos de sus franquicias, exigían que no se alterasen sus fueros. Si antes de los Estados Generales se quejaban de algunos abusos, era precisamente de los que cometía el poder central al restringirles cada vez más sus fueros. En un primer momento habían creído que los nuevos tiempos traerían el restablecimiento de la antigua autonomía provincial. El 25 de marzo de 1790, los bailes, jurados y notables de Ciboure se reunían para deliberar "sobre las ventajas y los inconvenientes de la franquicia" de 1784. Decidieron elevar la demanda del "mantenimiento de la franquicia solamente en el caso de que con ella se pudiese obtener la prohibición absoluta para el bacalao extranjero cuya incautación y confiscación estará permitida a todos los individuos indistintamente de la misma manera que se ha procurado impedir toda exportación de grano al extranjero, y así mismo, la demanda de que bajo este supuesto la franquicia se extienda a todo Laburdi..." (Archivos municipales de Ciboure: Registro de las deliberaciones).

Ahora bien, con sus reformas y sus perpetuos cambios, la Asamblea Nacional venía a alterar una población muy apegada a su pasado foral; una nueva organización municipal y la futura organización eclesiástica que se veía venir no hacían más que despertar en la mayoría la desconfianza. Y de hecho en Laburdi no se creó ninguna sociedad o liga federativa. Sin embargo, como consecuencia del eco despertado en la mayor parte de las provincias de Francia por el movimiento federativo, el distrito Saint-Eustache lanzó, en París, la idea de una confederación general y el 5 de junio de 1790 una representación de la municipalidad presentó ante la Asamblea Nacional un memorial de los ciudadanos de París pidiendo una federación general de toda la nación para celebrar la toma de la Bastilla, la fraternidad entre los franceses y la nueva era de la libertad. Esta federación tendría lugar en el centro de la capital y estaría compuesta de los diputados de todas las milicias nacionales y de todos los cuerpos del ejército. La Asamblea dictó un decreto, firmado por el rey el 9 de junio de 1790, por el que se establecía el modo de elección de los que debían representar al pueblo en la ceremonia del 14 de julio siguiente en el Campo de Marte.

En las comunas que, a semejanza de la municipalidad de París, habían creado ya en julio de 1789 cuerpos de milicias nacionales voluntarias, éstos tenían que escoger seis hombres por cada 100, los cuales se reunirían en la capital de cada distrito para elegir a su vez a los delegados para la federación nacional. Para los distritos alejados de París más de 100 leguas, como era el caso de Laburdi, el número de delegados, por razones de economía, podía limitarse a uno por cada 400 guardias nacionales. En las comunas -y esto era lo que sucedía en general en el País Vasco que no tuviesen tiempo de aplicar el decreto de la asamblea del 12 de junio de 1790, los diputados en la sede del distrito para elegir a los delegados para dicha federación debían escogerse entre los ciudadanos activos, a razón de 6 por cada 100. En cuanto al ejército, cada cuerpo enviaría directamente a París un número variable de representantes según las diferentes armas. Como era de rigor, una multitud de órdenes y proclamas siguió a los decretos de la Asamblea Nacional que hizo llegar a todos los franceses el memorial de los ciudadanos de París.

Pero el País Vasco permanecía indiferente, cuando no receloso. Laburdi se vió obligado a presentarse también aunque los partidarios de la Constitución tuvieron que seguir luchando contra la inercia general, por lo menos en el campo. Y esto tiene su explicación. Las elecciones municipales habían establecido la existencia de un organismo nuevo: la comuna. Las asambleas primarias tenían que instituir la administración departamental y la de los distritos. El poder central, al cual los vascos recurrían para la obtención y mantenimiento de sus fueros, no tenía que intervenir ya en la vida pública. Este proceso de gestación de un régimen nuevo no fue visto favorablemente por el pueblo y la fiesta de la federación le parecía como la consagración de un orden de cosas que nunca había reclamado y mucho menos deseado.

Las elecciones de los diputados de las comunas de Lapurdi para la asamblea del distrito. El decreto de la Asamblea Nacional del 12 de noviembre de 1789 había creado para Lapurdi un distrito particular que debía tener su sede en Ustaritz. El directorio del distrito de Ustaritz no entró en funciones hasta el 3 de octubre de 1790. La capital del distrito, gracias a una enérgica intervención de Garat el mayor en la sesión de la Asamblea Nacional del 8 de febrero de 1790, se había fijado en Ustaritz contra la opinión de los diputados de Saint-Sever y de varios otros, que estaban a favor de Bayona. A pesar de esta decisión y con el pretexto de que los miembros del directorio del distrito no podrían residir en Ustaritz por falta de alojamientos convenientes, el directorio se estableció desde el primer día en Bayona, donde ocupó una de las salas del obispado y la antigua iglesia de los carmelitas. El decreto del 9 de junio y las instrucciones que lo acompañaban, prescribían que la elección de estos delegados se haría en presencia de la municipalidad de la sede del distrito y bajo su presidencia. La municipalidad de Ustaritz recibió comunicación de los decretos de la Asamblea Nacional del 5, 8 y 9 de junio con la misión de convocar a los diputados de las comunas de Lapurdi.

El consejo general de la comuna de Ustaritz fue reunido el 22 de junio. El alcalde Dibarrart (Martin-Isidore) dio lectura a los documentos recibidos. Después se decidió que se enviaría un ejemplar de los decretos y memoriales a cada municipalidad así como a los comandantes generales de las milicias nacionales, con la invitación para asistir el domingo 27 de junio, a las 8 de la mañana, a la iglesia parroquial de Ustaritz a fin de "proceder a la elección de los diputados de los guardias nacionales que acudirán a París para sumarse a la Federación General de todas las milicias nacionales del reino que tendrá lugar el 14 del mes que viene". Finalmente se trató sobre el número de los delegados que el distrito enviaría a la fiesta: en razón de la "notoria pobreza" de Lapurdi se tomó la decisión de atenerse al mínimo señalado por los decretos para los distritos alejados más de cien leguas de París, o sea un delegado por cada 400 guardias nacionales. A partir de este momento las parroquias del distrito no pudieron hacer otra cosa que elegir sus diputados para responder a la convocatoria de la diputación de Ustaritz.

Y al parecer, cada una hizo su propia interpretación sobre la forma de elección establecida por el decreto del 9 de junio. No hay más que leer la lista de diputados de cada comuna para constatar que el número de diputados no está siempre en relación con el número de sus ciudadanos activos. Por ejemplo, la comuna de Urrugne envió sólo dos, mientras que la de Itxassou envió veinte. Los registros de Ustaritz y de Hasparren permiten constatar, en todo caso, dos modos diferentes de elecciones. En Ustaritz, los ciudadanos activos, renunciando a su derecho a nombrar ellos mismos a sus delegados, confiaron esta tarea a los ediles. Estos eligieron, conforme a lo acordado, veinticuatro diputados ateniéndose estrictamente a los decretos de la Asamblea Nacional. En Hasparren, que no tenía tampoco milicia nacional constituida, el proceder es distinto.

Se reunieron la corporación municipal (el alcalde, Pierre Fagalde y seis concejales) y los notables (doce miembros) acompañados del procurador de la comuna, Pascal Loucougain, y esta asamblea nombró seis diputados, interpretando a su modo los términos del decreto e inspirándose en la antigua organización provincial para fijar el número de sus representantes que no correspondía en absoluto al adoptado por la Asamblea Nacional. La creación de las milicias nacionales en cada comuna supuso en la cabeza de muchos el restablecimiento, bajo otro nombre, de la antigua milicia: de esta manera el viejo fuero subsistía. Por eso los vascos, haciendo uso de sus desaparecidas libertades, no dudaron en interpretar los decretos de la Asamblea Nacional en el sentido de sus antiguos fueros. La lista, aunque está sacada de las actas de las sesiones del distrito de los días 27 y 28 de junio de 1790, parece incompleta, pues no figuran en ella los nombres de Lacroix de Ravignan, comandante general de la milicia nacional de Bayona, quien sin embargo fue elegido delegado para la fiesta de la federación, ni otros.

(Archivos municipales de Ustaritz: Registro de las deliberaciones de junio de 1790). El domingo 27 de junio de 1790 llegaron a Ustaritz los diputados de las comunas de Laburdi y a las ocho la multitud de delegados se dirigió a la iglesia de San Vicente (ya no existe: databa del siglo XIV y fue reemplazada hacia 1860 por el actual edificio). Los ediles (officiers municipaux) de Ustaritz estaban sentados alrededor de la mesa. Eran el alcalde Martín Isidoro Dibarrart (el joven) abogado, Pierre Menta, Jean d'Etchart, Charles Daguerre, Martin Dupin y Jean Dassance. Junto a ellos estaba situado el procurador de la comuna, Jean Baptiste Monduteguy, el mismo que años más tarde adquiriría una triste fama por su ferocidad contra algunos de sus compatriotas. Se pasó lista a los diputados de las comunas y tras la verificación de credenciales cada delegado llamado por su nombre acudió a depositar su voto. Pero bien pronto cayeron en cuenta de la inutilidad del procedimiento, pues al pertenecer estos delegados a todas las comunas de Laburdi, no sólo no se conocían sino que además ignoraban sus respectivos nombres.

En tales condiciones era imposible proceder razonablemente a una elección. Además, como Bayona había sido incluida en el distrito de Ustaritz y la mayor parte de sus diputados no conocían el euskera, además de no conocerse resultó que los miembros de esta asamblea no podían entenderse. Así pues la sesión transcurría problemáticamente y amenazaba con malograrse. Los diputados comenzaban a abandonarla y, al ver esto, algunos de los avanzados quisieron evitar por lo menos el que hubiese que levantarse la sesión por falta de asistentes. Hedembaig, Castineau y Damestoy, en nombre de la milicia nacional de Bayona, y Loucougain, Daguerresar y Dithurbide, en nombre de Laburdi, pidieron al alcalde de Ustaritz que tuviera a bien dividir los miembros de la municipalidad en dos secciones para recoger por separado, una, los votos de los diputados de la milicia de Bayona, y la otra los de los diputados de Laburdi. La municipalidad acogió esta petición y la trasladó al procurador de la comuna. Tras examinarla, Monduteguy elevó la orden siguiente:

"Nos, sobre la petición que nos ha sido hecha de dividir la asamblea en dos partes; considerando que el reglamento es contrario a tal petición y en consecuencia debe ser rechazada; considerando, por otro lado, que la mezcla de los vascos con otros hombres que no entienden su lengua y que a su vez no son entendidos por ellos, que ni siquiera se conocen para poder nombrar y escoger los diputados en las dos divisiones, inconveniente que se agravará aún ocasionando más de un problema cuando se trate de la formación de los departamentos, lo cual puede resultar imposible cuando esta asamblea, mucho menos importante, no ha podido entenderse a causa de la diferencia de lengua y del desconocimiento entre ellos, consentimos, bajo los auspicios de la Asamblea Nacional, a la petición hecha, a condición sin embargo de que se le instruya de las razones que aconsejan tal consentimiento y de los inconvenientes mucho más numerosos que podrían seguirse con ocasión de la formación del departamento por las razones ya indicadas. En consecuencia se solicitará de la Asamblea Nacional, tenga a bien tomar todo esto en consideración para saber si le parece, basándose en todo lo expuesto, conveniente acordar un departamento particular a unos vascos que no comprenden más que su lengua. Monduteguy, procurador de la comuna".

Así que el informe de Monduteguy volvía a plantear una cuestión sobre la que la asamblea ya se había pronunciado negativamente. Al no haber podido entenderse, la sesión fue interrumpida hasta el día siguiente, 28 de junio de 1790. En esta fecha la municipalidad de Ustaritz, tal como habían acordado la víspera, se dirigió a las ocho de la mañana a la iglesia de San Vicente donde se reunieron de nuevo los diputados del distrito. Los diputados que ya habían dado sus votos a comienzo de la sesión del día 27 estaban ausentes. Una vez pasada lista, se recogieron los votos en dos mesas: una recibía los de los diputados de Laburdi y la otra los de los diputados de Bayona. Se había decidido que cada una de las dos secciones elegiría el mismo número de delegados, es decir, cinco cada una. Después se procedió al escrutinio. Los diputados que obtuvieron más votos fueron: Por Laburdi, Dithurbide, Harriet, D'Etchegoyen, Diharce, Sorhaitz. Por Bayona, Lacroix de Ravignan, Mauco, Tauziet, hijo, Duffourg, hijo, Jean Fourcade. Estos delegados recibieron de la asamblea todos los poderes para representar a los ciudadanos del distrito de Ustaritz en la Confederación nacional. Se les hizo jurar allí,

"vivir y morir fieles a la nación, a la ley y al rey, y defender con todas las fuerzas hasta el derramamiento de sangre, si preciso fuere, la Constitución y asegurar a todas las milicias nacionales del reino y a la patria el socorro, ayuda y cooperación necesarios para establecer sólidamente para siempre sus cimientos".

El reducido número de cinco delegados fue decidido por los ediles de Ustaritz en razón de la pobreza de los habitantes de Laburdi: la asamblea aseguró a cada uno una bolsa de 800 libras que les sería entregada por el distrito desde el momento en que comenzasen a ejercer sus funciones. Era una suma bastante pequeña pero, a pesar de todo, importante en la época para los que tenían que adelantarla. O sea que era una pesada carga la que recibían los elegidos que la mayoría de los diputados de las comunas no hubiesen querido ni podido asumir. Sin embargo, la misión era considerada como altamente honorífica por algunos de los que tenían medios para pagarse semejante viaje. Así pues, varias voces se alzaron en la asamblea proponiendo que, a los diez delegados nombrados ya, se añadiesen algunos otros que desempeñarían la misión a sus expensas. Esta propuesta fue muy bien aceptada según el proceso verbal. Se decidió que los delegados suplementarios serían diez y que el nombramiento recaería en los diez representantes que hubiesen obtenido más votos después de los diez ya nombrados.

Estos "generosos ciudadanos" fueron: De Laburdi: Balthazar Dibarrart, Jean-Joseph Dibarrart, Dolheguy, hijo, Saint- Bois, Dithurbide, de Sara. De Bayona: Dubrocq, hijo, Bollin, Cabarrus, Nougues y Minvielle. La asamblea les confirió los mismos poderes que a los delegados titulares. Pero como entre ellos podía haber alguno que no pudiese o no quisiese aceptar la misión "gratuita", la asamblea decidió, tras una tercera deliberación, que los que se encontrasen en este caso serían reemplazados por los tres siguientes diputados con mayor número de votos. Estos fueron: Wanoostron el mayor, Garrou el menor, Destando hijo. Sus poderes les hacían aptos para prestar el juramento ante el altar de la patria.

Una vez nombrados los delegados para la Federación la misión de los diputados del distrito de Ustaritz parecía terminada. Estaba a punto de levantarse la sesión cuando el comandante de la milicia nacional de San Juan de Luz entró en la iglesia acompañado del cuerpo de oficiales. Recabó la autorización de la asamblea para dar lectura a una importante petición "dado que" la milicia de San Juan de Luz "no se había presentado". Pasó entonces a exponer una serie de hechos concernientes a la formación de los guardias nacionales de San Juan de Luz, a su juramento, a su servicio y conducta tras lo cual solicitó de la asamblea una investigación pública que permitiese "la constatación de unos hechos que pusiesen de relieve su impecable actuación, comprometida por ciertas calumnias".

Tras oír dichas quejas, la asamblea nombró ocho comisarios a los que se unió finalmente otro más para examinar inmediatamente el asunto. En apoyo de sus quejas los oficiales de la milicia nacional de San Juan de Luz habían presentado cinco documentos. El primero era la petición que había sido leída a la asamblea por el comandante. El segundo un proceso verbal fechado el 21 de febrero de 1790 y firmado por Dolhabarats, Vitry, Dagieu, Laremboure el hijo mayor, Ducos, médico, y Bernard. El documento atestiguaba que los ciudadanos se habían reunido en asamblea en presencia de los ediles municipales (officiers municipaux). Una vez retirados estos últimos, el presidente prestó juramento cívico, lo mismo que el comité y después los otros ciudadanos decidiéndose, acto seguido, la formación de la milicia nacional cuyos mandos fueron nombrados enseguida.

Este comité, constituido probablemente desde comienzos de 1790 al margen de la municipalidad, estaba compuesto de gentes influyentes partidarios de la Revolución. El tercer documento es un proceso verbal fechado el 22 de febrero de 1790 que constituye una invitación a los ciudadanos a prestar el juramento cívico e indica también el lugar donde los habitantes podrían inscribirse en la milicia nacional. El cuarto documento es una declaración firmada por Hiriart, síndico general de Laburdi, fechada el 27 de junio de 1790, es decir la víspera del día en que fue sometida a la asamblea del distrito. Este documento prueba que la milicia nacional de San Juan de Luz ha prestado juramento ante la antigua municipalidad de esta villa, presidida por Tauzin. El documento n.° 5 es un requerimiento del 26 de marzo de 1790, firmado por Ducos, regidor, y Leremboure el mayor, miembro del comité, por el cual piden a esta milicia nacional una guardia para la vigilancia de los días de mercado. La asamblea del distrito repuso el honor de la milicia nacional de San Juan de Luz tras lo cual se disolvió. Y a partir de esta fecha comenzaron a ocuparse en Laburdi de la organización de las milicias nacionales en cumplimiento de los decretos de la asamblea nacional, creándolas en todas las comunas.

La celebración de la fiesta del 14 de julio de 1790 en Lapurdi. Entre los pueblos grandes, Hasparren es el único que parece haber celebrado la fiesta. El consejo de la comunidad se reunió el 11 de julio y decidió "que para corresponder a la invitación de la asamblea nacional en relación con la confederación de la comuna, la parroquia, con ocasión del juramento cívico ordenado para el 14 del presente mes, distribuirá una barrica y media de vino a los pobres del lugar y una comida, el mismo día, a determinado número de habitantes de todas las clases a la que asistirá el consejo general de la comuna y cuyos gastos correrán por cuenta de la comunidad" [Archivos comunales de Hasparren: Registro de las deliberaciones (Conferencia del Sr. Guilliard)]. Este documento lo firmó el alcalde, Pierre Fagalde, los concejales y el procurador de la comuna, Loucougain. Pero el 14 de julio por la mañana, la corporación municipal se reunió de nuevo y decidió que la comida que iban a celebrar "el consejo general y los doce diputados extraordinarios para festejar la federación" sería costeado por ellos y que la comunidad pagaría sólo el banquete ofrecido a la milicia nacional y los gastos ocasionados por el reparto a los "pobres del lugar".

Los registros municipales de Saint-Pée y de Ustaritz no dicen nada sobre el tema de la fiesta del 14 de julio de 1790. De Sara y de Cambo no se sabe nada pues sus registros desaparecieron. Quedan las dos villas importantes de Lapurdi, San Juan de Luz y Bayona. Por lo que respecta a la primera, como los registros de este período han desaparecido de los archivos municipales, no se sabe si hubo o no fiesta. En Bayona hubo dos fiestas; una en Saint-Esprit y la otra en Bayona mismo. En Saint-Esprit la fiesta comenzó a las 6 de la mañana con una salva de 7 cañonazos. A las 8, la milicia nacional se dirigió a la alameda de Sicre para recibir al destacamento de Angoumois. A las 11, los dos juntos forman un batallón en la plaza Saint-Esprit. Después, la 1ª compañía de la milicia nacional fue a buscar a la municipalidad al ayuntamiento dándole escolta hasta la colegiata de Saint-Esprit donde se les unió el cabildo y todo el cortejo se dirigió a la plaza donde la tropa estaba reunida y donde se ha levantado un altar. A las doce, subrayado por una salva de 7 cañonazos, tiene lugar el juramento cívico. Después, la misa y el Te Deum seguido del salmo Exaudiat. La ceremonia termina con los gritos de ¡Viva la nación! ¡Viva el rey! A continuación del banquete, que tuvo lugar en la alameda de Sicre a las 5 de la tarde, el cuerpo de la milicia nacional acompañado por la corporación municipal sube a la ciudadela para visitar a sus "hermanos de armas de Angoumois" que estaban de servicio, y a las 9 de la noche la fiesta termina.

En Bayona la fiesta fue más solemne. En medio de la explanada de Lachepaillet, bajo una tienda engalanada con banderas con los colores nacionales, se había levantado un altar, sobre el que podían leerse las siguientes inscripciones: Deo et Patriae y Fecit magnos qui potum est. A las 6, una salva de los cañones de la villa y de la artillería de los fuertes. Hacia las 11, la mayor parte del regimiento de Angoumois (el resto asistía a la fiesta de Saint-Esprit), un destacamento de las tropas de la marina, desembarcado de la fragata del rey la "Moselle" que se encontraba en el puerto, y la gendarmería desfilaron por la Puerta de España y fueron a situarse en las explanadas a lo largo del foso que bordea la muralla de la villa. Seguidamente marchaba la milicia nacional de Bayona que se colocó en el mismo terreno, al borde de la alameda de Paulmy. A las 11:30, la corporación municipal, vistiendo sus fajines, precedida de los capitanes y soldados de la ronda se dirigió a su vez por la Puerta de España a la explanada donde estaban ya alineadas las tropas. A las 12 una salva anuncia el momento solemne. El coronel de Angoumois, Sr. de Nicolaï, en presencia de la corporación municipal y de todos los oficiales presta juramento. Acto seguido, la corporación municipal se coloca a la cabeza de cada una de las compañías del regimiento de Angoumois y el comandante oficial lee a los oficiales y soldados el juramento al que todos responden diciendo "lo juro".

Después le toca el turno al destacamento de tropas de la marina y de la gendarmería y finalmente a la milicia nacional. Entonces el párroco de la catedral se dispone a decir la misa tras la cual se entona el Te Deum y el salmo Exaudiat. Una vez terminada la ceremonia religiosa, la corporación municipal, los oficiales y los soldados del regimiento de Angoumois, los de la marina militar y el resto de autoridades se encaminan a las "Allées-Marines" donde la milicia nacional había hecho preparar "una comida campestre" para sus invitados. Al acabar el banquete hubo bailes y danzas en las que todo el mundo tomó parte, desarrollándose la fiesta con la máxima normalidad y sin incidentes [Ref. D'Argain: Le Labourd et la Federation en 1790, GH, 1927, 73-90, 164-174, 235-250, 328-333].

La nacionalización de los bienes eclesiásticos y la constitución civil del clero se votan entre 1789-1790. Durante dos años las autoridades revolucionarias esperan, en 1792 se decreta la constitución obligatoria. El clero ha de integrarse en el funcionariado del Estado o exiliarse. El obispo de Bayona opta por esta última solución nombrándose a Sanadon obispo departamental. Un informe del directorio de Ustaritz dará a conocer que de los 180 sacerdotes con que cuenta el distrito, sólo 26 se acogen a reglamentación escondiéndose o emigrando el resto (sólo en Vizcaya se recibieron más de 1.000). En las poblaciones mayores -Ainhoa, San Juan de Luz- la población acepta con entusiasmo a los sacerdotes juramentados.

No así en la mayoría rural en la que existe una sorda oposición orquestada por los mismos sacerdotes y dirigida desde el exilio y, principalmente, desde Roma. El 21 de setiembre de 1792 se proclama la I República Francesa gobernando una convención girondino-montañesa. Los Borbones españoles, parientes de los franceses, no pueden permitir este destronamiento, aunque sea incruento. En la Zona laburdina comienza a olfatearse la guerra próxima. La convención envía a los ciudadanos Garrau, Lamarque y Carnot para proveer a la defensa de los Pirineos (25 de octubre). El 21 de enero del nuevo año cae la cabeza de Luis XVI en París. La frontera bajonavarra es invadida por el ejército real español el 7 de marzo. Salvo en Baigorry, el voluntariado se sustrajo cuanto pudo de la convocatoria a las armas.

El mayor peso de las operaciones iniciales va a recaer sobre la Baja Navarra. El 23 de abril de 1793 las tropas de Ventura Caro efectúan una incursión hasta la Croix des Bouquets o Tellatueta replegándose al anochecer. La ascensión al poder en París de un gobierno de base montañesa, jacobina y sans-culotte va a desatar además una guerra interior aún más mortífera. En mayo otra incursión llega hasta Sara y cercanías de Bayona retirándose luego. La frontera se convierte en un hervidero de conspiraciones clericales, nobiliarias y proespañolas acarreando un clima de inquisitorial vigilancia. El estallido del polvorín del Castillo Nuevo de Bayona hace que ésta sea declarada en estado de sitio. La guillotina comienza a funcionar y la plebe enfurecida destruye la estatuaria de la catedral. La guerra exterior se mantiene a base de pequeñas escaramuzas pero la interior arrecia llegando hasta el arresto de los hermanos Garat y a la declaración de infamia de las comunas de Sara, Ascain, Itxassou, Souraide y Ainhoa como consecuencia de la deserción colectiva de 47 parroquianos de Itxassou.

Esta deserción comenta Fagoaga, 1951, 158-159-, provocada según las hablillas por un clérigo emisario del jefe de la legión de emigrados, duque de Saint-Simon, sobresaltó de tal modo a los comisarios que les "hizo temer por la suerte del ejército". Como medida al mismo tiempo de represalia y amenaza, decretaron el 13 de Ventoso (3 de marzo de 1794) la deportación en masa de los habitantes de "los pueblos infames de Itsasu, Sara y Azcain, y de los sospechosos de Ezpeleta, Ainhoa y Zuraide, a veinte leguas de la frontera". Desde que se lanzó el ominoso bando, todos los habitantes, hombres, mujeres, ancianos y niños, en una palabra la población entera, fueron hacinados en sus iglesias respectivas. A1 día siguiente se les llevó a San Juan de Luz, donde fueron acogidos con gritos hostiles, y de allí pasaron a la iglesia de Ziburu en la que permanecieron dos noches y un día, amontonados, abatidos por los insomnios y extenuados por el hambre. De aquí, en grupos de quinientos y hasta de un millar, fueron llevados, como recuas, en pleno invierno y por caminos pantanosos, más allá del Adour, para ser repartidos en las poblaciones de Dax, Saubion, Thil, Saint- Lon, Soustons, Ondres, Saint-Vincent de Thyrosse, Orthez, Capbreton, etc.

De noche los alojaban en las iglesias del itinerario, iglesias que, como sabemos, se hallaban, a causa de la abolición del culto católico, afectadas al servicio del Estado. Se dividió a los internados al azar, sin miramientos a los lazos de la sangre. La penuria alimenticia y la falta de higiene hizo que muchos murieran. Los que pudieron volver, al cabo del tiempo, hallaron sus hogares arrasados o vendidos. Esa primavera el ejército convencional se recupera y se dispone a avanzar sobre Guipúzcoa. Los delegados Pinet y Cavaignac ordenan la concentración de todas las monjas en los fuertes de Bayona como una de tantas medidas de saneamiento de la zona. El 1 de agosto se inicia la invasión de Guipúzcoa que apenas se molesta en defenderse, simpatizante en gran parte con las ideas revolucionarias. El golpe de Thermidor no impedirá que Magdalena Larralde sea guillotinada el 17 de setiembre en la plaza de la Libertad de San Juan de Luz. Un año más tarde, la Paz de Basilea ponía fin oficialmente a la guerra.

En 1807 comienzan a entrar las tropas francesas en Guipúzcoa en virtud de los acuerdos refrendados por Carlos IV de España y Napoleón Bonaparte. Napoleón en persona estuvo cerca de tres meses en Bayona, ciudad en la que se consumó el despojo de la corona española y se promulgó la célebre Constitución de este nombre. La sublevación del 2 de mayo fue recogida en versos por un bersolari laburdino anónimo que relata cómo fue enrolado en la guardia de Murat y que los madrileños, al verle a él y a sus compañeros bajonavarros tocados de boina roja, les incitaban a desertar (Leizaola: 1808-1914 en la poesía popular vasca, Buenos Aires, 1965). Ocupada la península, la guerra de independencia española durará hasta 1814. La batalla de Vitoria, el 21 de junio de 1813, marca el final del repliegue imperial. Los fugitivos comienzan a llegar a Laburdi. El 7 de abril de 1814 los angloespañoles atraviesan el Bidasoa sin hallar mayor resistencia, salvo en Bayona que será asediada. El 30 de mayo finalizaba la guerra. Durante la misma, José Garat, senador del imperio, llegó a proyectar la creación de un departamento vasco unificado. El 27 de agosto de 1815 un ejército español aparecía en Laburdi donde permaneció hasta setiembre, al cabo de los Cien Días. La legión "Marie Thérese", al mando del emigrado conde Damás Cruz, rodeó Bayona hasta la disolución de sus defensores.

Nombres revolucionarios de algunas comunas laburdinas
AinhoaMendiarte
ArbonneConstante
BayonaPort de la Montagne   
BriscousHiriberry
CamboLa Montagne
ItxassouUnion
LouhossoaMontagne sur Nive
St. Jean-de-LuzChauvin Dragon
St. Pée-sur-Nivelle   Beaugard
St. Pierre d'IrubeIriberri o Tricolor
SaraLa Colombiere
SouraideMendialde
UrcuitLaurier
UrtLiberté
UstaritzMarat-sur-Nive
VillefranqueTricolore

Restauración o revolución, nada cambió ya ni hizo factibles los deseos expresados tan fervorosamente por los laburdinos en sus Cuadernos de Quejas de 1789. El proceso revolucionario cambió no sólo las instituciones públicas sino también las privadas y el mismísimo derecho civil que pasó a ser el común de los franceses. De nada sirvió que Bayona y el resto de Laburdi pidieran, en 1816 y en 1836, la creación de un nuevo departamento con capitalidad en Bayona. En cuanto a las instituciones religiosas, el concordato napoleónico y la restauración de la diócesis de Bayona no fueron suficientes, como veremos más adelante, para satisfacer un clero en gran parte realista y que aspiraba a volver a ser el elemento más importante del país. La revolución de 1830 instauró una monarquía constitucional que apenas incorporó a algo más que la gran burguesía parisina a la vida pública. En Laburdi, la imposición de las aduanas y la fragmentación de la propiedad rural va a empujar a los laburdinos como al resto de los vascos norpirenaicos a emigrar:

[Memoria presentada al Congrès de l'Association Française pour l'avancement de sciences. Congrès de Pau 1892. por L. Etcheverry].
EmigrantesMedia anual
1832-1835 (4 años)828208
1836-1845 (10 años)10.1621.016
1846-1855 (10 años)16.1111.611
1856-1864 (9 años)12.8331.425
1865-1874 (10 años)17.7501.775
1875-1883 (9 años)5.157573
1884-1891 (6 años)16.4212.052
Total en 60 años79.2621.321

Tras la primera guerra carlista será también Hegoalde la que vacíe sus caseríos en América y los centros vascos, compuestos por emigrados de uno y otro lado de la muga comenzarán a florecer entre los dos siglos. A ello hay que sumar el poderoso impulso emigratorio que significó la instauración del servicio militar obligatorio por sorteo; aquel a quien toque debe, desde 1818, perder primero seis años, luego siete en el ejército activo.

El sufragio universal masculino lo estrenan los laburdinos en 1848. La instauración del voto censitario (33 % de reducción) favorece la consolidación de élites políticas cuya constitución ha estudiado J. C. Druin (Euskal Herria, Bayonne, 1978) de la forma que sigue. Al finalizar la Monarquía de julio, en 1847, los distritos de Bayona y de Mauleón facilitaron un total de 557 personas que figuraban en las listas electorales, y que evidentemente pagaban un censo anual superior a 200 francos. 401 en el distrito de Bayona, es decir 4,45% de la población total, estimada en 89.912 habitantes. 156 en el distrito de Mauleón, es decir 2,05% de la población total estimada en 76.187 habitantes. Los propietarios representaban el 59% del electorado en el caso de Mauleón, y el 29,1% solamente en el caso de Bayona. A1 contrario, los electores que tenían que ver con la industria, la banca o el comercio, representaban más de la mitad del total, 50,60% en el distrito de Bayona, pero 14,75% en el de Mauleón.

Los electores censitarios representaban en todas partes una ínfima proporción de la población. Menos en el caso de Bayona, esta proporción es inferior a la media departamental (0,38% en 1846). Si estudiamos detalladamente la lista de los 48 electores que pagaban más de 1.000 francos de impuestos en el conjunto del departamento, constatamos que Bayona tiene a diecinueve de estos potentados imponibles. En esta obligación de la fortuna podemos señalar igualmente al diputado Daguenet, residente en Saint Jean Pied de Port (7º; 3.146 francos), al marqués d'Arcangues, propietario de Ustaritz (17º; 1.928 francos), a Garat (44°; 1.077 francos), a Larralde-Diustéguy, propietario en Ciboure (23°; 1.626 francos). Si miramos el del Consejo General, evidentemente encontramos entre sus componentes, a partir de 1833, a gran parte de los ricos imponibles. El cantón de Ustaritz está representado por Michel-Louis d'Arcangues, introducido por el prefecto con las siguientes palabras: "Alcalde de Villefranque, antiguo negociante, muy rico, rodeado de una antigua y justa consideración, hombre de mucho sentido está vinculado con la revolución de julio y con el gobierno". Al finalizar la monarquía de julio, cinco escaños de consejeros generales de dos distritos han cambiado de titular. Los dos cantones de Espelette y de Hasparren estaban representados por un doctor médico, Dominique Harriague (nacido en 1790), de tendencia liberal.

La revolución de 1848 va a traer ciertas transformaciones en el interior del Consejo General. Hasparren sigue representado por Harriague, mientras que Espelette elige un notario "montagnard", Jean-Martin Diharrassarry, nacido en 1804. Los cantones de San Juan de Luz y de Ustaritz quedan en manos de las dinastías locales. La llegada de los republicanos, y también de los "montagnards", muestra claramente la politización del Consejo General en 1848. Las dinastías locales juegan, evidentemente, un papel predominante. Los hijos de Larralde-Diustéguy y del marqués de Arcangues, elegidos con 28 ó 27 años, han sucedido, sin ninguna dificultad, a sus padres en el escaño del Consejo General. A menudo, las familias están unidas entre ellas por lazos matrimoniales: Claude Alexandre Casimir d'Angosse (1779-1838) casó con Marie Rose Marthe d'Arcangues. Las opiniones políticas parecen a menudo poco relevantes. Electores censitarios y elegidos forman pues, al final de la Monarquía de julio, una minoría de unos centenares de individuos. Entre ellos, unas decenas acumulan los puestos, desde el de alcalde hasta el de diputado, pasando por el de consejero general. Estos notables combinan el poder económico, la supremacía social y el poder político. El problema importante, ahora, es ver si el sufragio universal cambió sustancialmente los mecanismos de la vida política. La organización de las campañas electorales tuvo como consecuencia la instalación de una sólida "máquina", incluyendo a las antiguas élites y creando un nuevo personal político. La actuación de esta oligarquía en el interior de los comités electorales es muy clara.

De hecho prepararon, orientaron y determinaron la elección de los electores. Los candidatos aislados, sin apoyo, no tuvieron más que éxitos locales. Sólo fue un éxito para los que tuvieron el apoyo de los delegados de Orthez y del periódico "L'International". Por otro lado, el obispo de Bayona vino en ayuda de los suyos escribiendo una carta publicada en la prensa el 3 de mayo: "se trata de defender la sociedad contra los ataques incesantes de la impiedad y de la anarquía, se trata de proteger la familia y de salvar el orden moral y político". ¿Cuáles son en 1848 los candidatos del partido del orden, que representan la cúspide de la pirámide del personal político? De los diez candidatos del departamento, el País Vasco sólo facilita a tres: Etcheverry, Chégaray y Larrabure, que obtuvieron el suficiente número de votos en el escrutinio del 19 de abril. Charles Lahirigoyen, negociante de Bayona, fue eliminado, lo que no le impidió mantener la candidatura. Etcheverry ya es conocido porque ocupó un escaño en la Asamblea Constituyente y fue miembro del Consejo General. Chégaray tampoco es un hombre nuevo. Fue diputado por Bayona de 1837 a 1848. Augustin Raymond Larrabure era menos conocido en el departamento. Hijo de un "cultivador" (según el acta de nacimiento), era negociante en su ciudad natal, Saint Jean Pied de Port, donde poseía, según "Le Mémorial" del 2 de mayo, una de las empresas industriales más importantes de Europa. Estos tres candidatos andan cerca de los cincuenta años (nacidos en 1801, 1802, 1799 respectivamente), su fortuna es considerable, sin ser extraordinaria (sus censos en 1848 fueron respectivamente de 521, 962 y 687 francos).

Su programa de descentralización y de paternalismo cristiano es muy representativo del espíritu de la derecha francesa de esta época. El estudio detallado por distritos y cantones impide generalizar demasiado rápido, y permite mostrar que cada cantón forma una unidad política que tiene su propio comportamiento. La principal observación es que los tres candidatos del orden obtienen resultados medianos en el litoral. Tomemos a Larrabure como ejemplo y veamos el porcentaje de votos que obtuvo en comparación con los votantes. Bayona Noreste, 21,6%; Bayona Noroeste, 34,8%; San Juan de Luz, 42%. Al contrario, el interior de Laburdi, el oeste y el norte de Baja Navarra le son más favorables. Hasparren, 44%; Ustaritz, 72%; Saint-Etienne, 74%. Frente a ellos, se manifiesta una nueva élite para la que la revolución representa más que un cambio de régimen político, una renovación total de la jerarquía social. El hombre fuerte de los comités democráticos es el periodista Chaho, candidato, redactor del periódico "L'Ariel-Le Républicain de Vasconie".

Este periódico nos informa acerca de los dos principales comités del País Vasco: el comité electoral central de la "montagne" bayonesa y el comité electoral central de la "montagne" suletina. Augustin Chaho presenta su programa electoral en ocho puntos: 1. Abolición del impuesto sobre la sal. 2. Disminución del ejército. 3. Servicio militar de tres años. 4.-5. Interés y la deuda pública fijados en un tres por ciento. 6. Seguro de la República contra el granizo, los incendios y la mortalidad de los animales. 7. Abolición de las hipotecas y de las deudas. 8. "Si no quiere ver, antes de 20 años, a todo el mundo esclavo, a todo el mundo peón, excepto uno sobre mil, vote Saint Gaudens, Chaho y Renaud". Esta nueva élite "demócrata-socialista" se manifiesta con un anti-clericalismo violento denunciado por los agentes de la autoridad. En el "Ariel" del 28 de marzo de 1848, Chaho pedía ya la separación del Estado y de la Iglesia. Los resultados de las elecciones del 13 de mayo de 1849 mostraron muy bien las zonas donde predominaban los "demócratas-socialistas". Pero Renaud fue el único elegido por el departamento.

RenaudChaho
Hasparren44,5%45 %
Ustaritz24,3 %33 %

La victoria de la "Montagne" es muy clara en Zuberoa y en el cantón de Saint Jean Pied de Port. Finalmente, Chaho no fue elegido y sólo obtuvo 30.453 votos en el conjunto del departamento, mientras que el décimo elegido, Renaud, obtuvo 30.580. Pero no por ello dejó de ser una amenaza para las posiciones del partido del Orden y de los republicanos moderados. A pesar de la revolución de 1848 y la aparente perturbación del sufragio universal, las antiguas élites se mantienen sólidamente implantadas. La sustitución de las élites no puede hacerse sino progresivamente, aun y cuando haya períodos de aceleración del proceso de promoción social, como lo fueron los años de la revolución. Michel Renaud, modelo de republicano de 1848, diputado en 1849, exiliado después del 2 de diciembre, vuelve con la amnistía de 1859 y no volverá a ser diputado hasta 1871. Finalmente uno puede preguntarse si detrás de esta lucha aparente y a menudo apasionada entre las diferentes élites, no hay un entendimiento profundo. Lo que es evidente es que el poder de los jefes se justifica en gran parte por la incompetencia de las masas: en 1849, de 4.024 reclutas de los Bajos Pirineos, 1.578 (es decir 39,2%) no saben leer ni escribir.

Excepto la ciudad de Bayona y los republicanos como A. Chaho, el resto de Laburdi y del País Vasco se adhiere, por medio de sus notables, principalmente Jean Baptiste Etcheverry y el general Harispe, a los golpistas de Napoleón III. Los tres plebiscitos -el de 1851, 1852 y el de 1870- y las elecciones legislativas ponen de manifiesto el dominio de la élite política derechista tanto sobre los legitimistas como sobre los republicanos que darán sus votos al realista Charles d'Abbadie, afincado recientemente en Laburdi e iniciador de las Fiestas Vascas que llegarán a ser tradicionales e, incluso, imitadas en Hegoalde. Bayona registró durante este período un gran índice de abstención en señal de protesta. El 22 de julio de 1854 llegan a Biarritz Napoleón y su esposa, la emperatriz Eugenia de Montijo, hospedándose en el hotel Grammont. Se inicia la moda de los baños de mar y la afición de la emperatriz por esta villa hará que se convierta en el centro de la vida elegante de los veranos europeos. La inauguración, al año siguiente, del ferrocarril Burdeos-Bayona va a acercar la encantadora zona litoral a sus visitantes.

(1872-1876) Durante la I guerra carlista (1833-1839) el consulado español de Bayona se convirtió en el cuartel general del espionaje liberal español. La operación Muñagorri, la de Aviraneta y las últimas acciones para conseguir que los carlistas entregaran las armas se desarrollaron en territorio laburdino, favorable en su mayoría a los rebeldes. Los lectores de los periódicos bayoneses siempre pudieron seguir la segunda guerra, si no inmediatamente, sí en unos plazos relativamente cortos, y ello a pesar de las dificultades, las contradicciones y las posturas pasionales. Por lo general les era fácil descubrir las exageraciones, las deformaciones e inexactitudes, producto de la propaganda de los dos bandos, o de una información dada precipitadamente, de forma incompleta o desprovista de objetividad. Por otra parte, las informaciones contradictorias que aparecían simultáneamente en varios periódicos no hacían sino acrecentar su sentido de la prudencia, aconsejándoles ello a que esperasen una confirmación o un desmentido.

Los periódicos, sobre todo a partir de 1874, rectificaban a menudo, por lo menos en parte, las noticias erróneas que aparecían en sus columnas. Es así que podemos decir que la prensa bayonesa de hace cien años es una buena fuente de información sobre la segunda guerra carlista. Hay que señalar, sin embargo, que nos informa mucho mejor de lo externo de la revuelta carlista, que de las causas profundas del conflicto. Tampoco nos explica por qué las ciudades más importantes de la costa cantábrica (Bilbao, San Sebastián, Irún) adoptaron una actitud hostil hacia la causa carlista, mientras que el resto del país, por lo general, estaba a favor. Probablemente pensaba que los lectores conocían desde hace tiempo el trasfondo del asunto; también es probable que prefiriera callarse, discretamente, al tratarse de temas tan delicados como los fueros y las consecuencias que su supresión había tenido o que su restablecimiento podía tener sobre las actividades bayonesas. La prensa bayonesa adoptó, sin embargo, durante la guerra de los siete años, una postura claramente fuerista.

La prensa de Bayona de 1872 a 1876 nos muestra cómo Bayona y la región lindante con ella vivieron durante estos cuatro años una actividad intensa, y cómo la población vivió este período con una pasión no exenta de inquietud, a veces grande, provocada por una parte por el temor a una intervención alemana en España y una extensión del conflicto, y por otra parte por las inmediatas o lejanas repercusiones que tenía o podía tener la guerra en las actividades industriales y comerciales de Bayona y de su región. Como consecuencia de la decisión de Espartero de llevar la aduana española del Ebro a los Pirineos, muchos comerciantes e industriales bayoneses se enfrentaron a las dificultades que conllevó esta decisión, estableciendo sucursales o filiales en las provincias vascas del Norte. Estos establecimientos evidentemente padecieron mucho a causa de las maniobras que se desarrollaban a su alrededor, y nuestros periódicos hicieron a menudo alusión a su suerte o a sus dificultades. El recuerdo de este conflicto, fuertemente grabado en la memoria de muchos laburdinos y vascos que vivieron entre las dos guerras, se ha ido difuminando hasta llegar a borrarse. Hoy en día la gran mayoría de nuestros compatriotas lo ignoran todo acerca del carlismo y de las dos guerras carlistas (Ref. Gaudel, 1973).

El período que se inicia en 1870 con la caída de Sedán y la implantación de la III República se va a caracterizar por la hostilidad manifiesta entre republicanos y derecha tradicional católica que constituye en Laburdi la gran mayoría de la población. De todas las elecciones efectuadas, la que más pone de manifiesto esta dicotomía va a ser la de 1889. Monseñor Fleury-Hottot, obispo que tenía una actitud moderada y conciliadora hacia el gobierno, se encontraba, desde hacía meses, enfermo y muy debilitado. Su influencia sobre el clero menguaba y los notables conservadores se aprovechaban de ello. Falleció el 9 de agosto de 1889, y su puesto no fue ocupado hasta marzo de 1890 por monseñor Jauffret. La vacante de la sede episcopal coincidió con la lucha electoral y ello favoreció, quizás, la intervención del clero. En el Béarn, la victoria de los republicanos fue general y relativamente fácil. Los éxitos de L. Say y de Quintàa en Pau, de Barthou en Oloron, de Vignancour en Orthez, eclipsaron el avance conservador de 1885. Lo mismo ocurrió en Bayona, sin embargo en el resto del País Vasco no fue así.

En la segunda circunscripción de Bayona, el diputado saliente, Jules Labat, antiguo bonapartista y católico destacado, se enfrentó al republicano St.Martin-Harriague, llamado "Morrochko". Este era un burgués de Hasparren con una considerable fortuna amasada en Argentina. Duro en los negocios y taciturno, no era practicante, pero hacía gala de su respeto hacia la religión esforzándose en tranquilizar a su electorado. Por su parte, Labat defendía la baza del reformismo y del plebiscito, pero se denominaba ante todo el candidato de la defensa religiosa:

"Católico sincero, elegido por este noble país tan enraizado en su fe religiosa, por estas gentes honradas, tan ahorradoras y trabajadoras, jamás me asociaré con el voto a favor de las leyes opresivas de vuestras conciencias"

(Courrier, 4-set.- 1889).

En el distrito de Mauleón, Harispe no se presentaba, y recomendaba el voto a su pariente Louis Etcheverry. Fundador, en 1886, del periódico conservador "Eskualduna"; discípulo de Le Play, relacionado con los medios católicos-sociales de inspiración tradicionalista, el candidato se autodenominaba portavoz de la restauración del orden social cristiano: "Una ley debe restablecer el carácter claramente católico de la escuela, y encomendar a los padres la elección de los maestros".

El candidato republicano, Henri-Martial Berdoly, nacido en Burdeos en 1843, fue subprefecto de Mauleón durante cuatro años. Rico propietario en Uhart, cerca de Saint Palais, jugaba la baza de la moderación con el fin de tranquilizar el conservadurismo y los sentimientos religiosos del electorado. Denunciaba el carácter aventurero de la coalición antigubernamental y resumía su programa de la siguiente manera:

"Respeto de la religión. Libertades para todos. Defensa de los intereses agrícolas. Fuertes ahorros en materia de finanzas. Terminación de las líneas ferroviarias. Cuidado, arreglo, construcción y reconstrucción de ayuntamientos, escuelas, rectorales, iglesias, etc.".

La lucha de la campaña electoral aparece en la prensa. La conservadora hacía hincapié en las presiones oficiales a favor de Berdoly, "protegido" del prefecto, asistido durante la campaña por un consejero de la prefectura y ayudado por el apoyo de los maestros de escuela. Por su lado, los periódicos republicanos no cesaron de denunciar la actitud militante del clero vasco. Denunciado en el "L'Avenir" por sus declaraciones en el púlpito, el cura de Cambo, Diharassary, defendió en una carta, al periódico republicano, el derecho del clero de llevar la dirección política de los fieles:

"El clero, decía él, tiene siempre, si no el deber, por lo menos el derecho de iluminar la conciencia del elector católico. Porque de hecho, el voto es un acto moral sometido por ello a la dirección y al control de la iglesia... Negar esto, sería negar que toda la verdad haya sido puesta en los libros de la iglesia y que toda la autoridad sobre las cuestiones de conciencia se encuentre en sus manos. Ello supondría la negación de la misión de la Iglesia..."

(Avenir, 19-set.-1889).

En su réplica, "L'Avenir" rechazaba las pretensiones "teocráticas" del cura vasco, y denunciaba el peligro que conllevaban para con la religión misma:

"Nuestras determinaciones, por mínimas que sean, son cuestiones de conciencia. La iglesia debiera de intervenir, en nuestro lugar, en todos los momentos y en todos los asuntos, aun y cuando su fundador dijera: "Mi reino no es de este mundo". Vuestra teoría y práctica conlleva este gran inconveniente para con la iglesia: en cada elección se vota a favor o en contra de ella..."

Durante la campaña "L'Avenir" denunció la intervención del conjunto del clero vasco. "Todo hace pensar que se ha dado una directriz". El periódico bayonés advertía a los curas párrocos que habría sanciones si escogían el ejemplo del cura de Cambo, en vez de los "sabios consejos del tan llorado monseñor Fleury-Hottot". A pesar de los pronósticos de los republicanos, los conservadores ganaron con toda facilidad en las circunscripciones de Bayona y de Mauleón. La victoria de Jules Labat fue clara. Harriague sólo obtuvo la mayoría en el cantón de Bidache, haciéndose distanciar en el cantón de Hasparren, exceptuando a Hasparren mismo y a Bonloc, donde su influencia personal era grande. En Mauleón, Etcheverry ganó ampliamente a su adversario, con 6.909 contra 5.885 votos. Berdoly ganó en los cantones de St. Palais, Maule, Tardets, gracias a los votos en las cabezas de partido, pero el candidato conservador vencía a su adversario en los cantones de Baïgorry, Iholdy, Saint-Jean-Pied-de-Port y por lo general en las localidades rurales.

La cólera de los republicanos fue comparable con su decepción. Se manifestó invalidando a L. Etcheverry y sancionando a los curas párrocos, de los que decían estar convencidos que habían favorecido la victoria de los conservadores. La crisis abierta en la diócesis de Bayona a consecuencia de las elecciones de 1889, constituye un episodio de importancia menor en las relaciones Iglesia-Estado, en el plano nacional. Contemporánea al "brindis de Argel", esta crisis podía haber comprometido la realidad de la alianza, sin embargo no lo hizo de manera grave, con respecto a las relaciones entre el gobierno francés y la Santa Sede. De todas formas, la crisis revela, primeramente, el estado de ánimo de los católicos, y sobre todo del clero en la diócesis de Bayona. Pone al descubierto más que unos sentimientos monárquicos sólidos, un conservadurismo religioso, un "derechismo" de los curas, según la expresión de B. Menou, que por otra parte eran íntegros y piadosos. Este sacerdotalismo se manifiesta como una clara tendencia del clero en inspirar y dirigir todas las actuaciones del cristiano, en tanto que ser social. Se fundamenta en ciertos postulados aceptados por la mayoría de los católicos y en particular por los notables conservadores.

El clero es consciente de que constituye una élite, una "falange sagrada", en quien recae la labor de definir y de preservar, en todo momento, los intereses de la religión, y que sólo debe rendir cuentas a Dios y a la jerarquía. El criterio de justificación es que más vale obedecer a Dios que a los hombres. El magisterio sacerdotal escapa de la órbita del poder temporal, y no se siente aludido por la legislación civil, cuando ésta parece oponerse a la iglesia. Frente a este ambiente clerical- conservador, la crisis revela a monseñor Jauffret como un obispo pro-gubernamental, si no por sus convicciones, sí por sus orígenes, que sólo ve en el asunto de los curas sancionados un problema jurídico, sin percatarse de las consecuencias políticas. Dividido entre la tentación de apoyarse en el gobierno y el miedo a disgustar a Roma, monseñor Jauffret es víctima de su aislamiento y de su carácter indeciso cargado de cierta brusquedad. En definitiva, mientras que el cardenal Lavigerie alienta la "política de la alianza", la diócesis de Bayona, aunque una de las más religiosas, se encuentra dividida. El clero considera, de buena fe, que su intervencionismo es legítimo y conforme a la doctrina de la iglesia. Los conservadores, tanto por convicción como por interés propio, apoyan esta visión. Frente a todo esto, se encuentra un obispo piadoso y deseoso de actuar en favor de la religión pero, marcado por sus simpatías republicanas, aparece ante muchos católicos como un rehén o un instrumento del gobierno anticlerical (Tauzia, 1975).

En un país profundamente marcado por la actitud del clero, en constante estado de animadversión contra un poder civil no bendecido desde Roma, fue decisiva, en 1893, la toma de postura de León XIII a favor de un entendimiento con la República Francesa. Las elecciones de este año también lo son. El Dr. Ernest Lafont y el alcalde de Hasparren, Harriague-Saint Martin, derrotan al sacerdote conservador Mgr. Diharassary en las dos secciones -Bayona I y II- en las que está dividida electoralmente Lapurdi. Habiendo también salido elegido un republicano en la Baja Navarra y en Zuberoa, por primera vez los tres diputados de Iparralde son republicanos. Se inicia la descomposición conservadora y realista impulsada por la actitud de Roma y del obispo de Bayona Jauffret, al que su clero apenas sigue a regañadientes. A partir de esta fecha y hasta el affaire Dreyfus el electorado Lapurdino vota a republicanos de derecha, conciliantes con la iglesia que les ha favorecido

El affaire Dreyfus tuvo, en un principio, pocas repercusiones fuera de París. En 1898 el electorado laburdino sigue en manos de los republicanos moderados, situados en un centro flanqueado, a la derecha, por el legitimismo y los conservadores, y a la izquierda, por un incipiente radicalismo. Los socialistas -que poseen ya un centro en la calle Pontriques de Bayona- son también pocos. La circunscripción de Bayona I cantones de Bayona NE. y NO., Biarritz y Ustaritz- elegirá de 1896 a 1910 a Jules Légrand. La circunscripción de Bayona II -cantones de Bidache, Espelette, Hasparren, Labastide-Clairence y San Juan de Luz- dará sus votos, de 1896 a 1902, a Harriague-Saint Martín y, en 1905, al liberal León Guichenné. Hacia 1900, "L'Avenir" de Bayonne toma partido a favor de Dreyfus mientras que el moderado Courrier lo hace en contra.

A partir de este momento las posturas van perfilándose. La cuestión religiosa vuelve a convertirse en el caballo de batalla al llegar los radicales al poder e instaurar una política abiertamente anticlerical. Contra el radicalismo se irá constituyendo un bloque en el que entran los católicos alineados con la República en 1893, los viejos conservadores y los republicanos moderados. La punta de lanza del radicalismo será Bayona pero sólo desde 1910. La hostilidad del clero hacia todo gobierno republicano redobla pese a la toma de posición del obispo Jauffret que hace dimitir a Louis Etcheverry de la dirección del periódico Eskualduna por seguir la línea refractaria. En 1905 es aprobada la ley de separación de la Iglesia y del Estado que reabre otra vez el foso entre católicos y laicos. La agitación gana hasta las últimas aldeas.

Los incidentes de 1906. La tensión que subsistía entre el Estado y la Iglesia desde la política laica del ministerio Combes y la ruptura de las relaciones diplomáticas con el Vaticano se agudizó rápidamente con la elaboración y la discusión de la ley de separación de la Iglesia y del Estado. Esta situación se deja sentir especialmente en la diócesis de Bayona, donde el descontento de los católicos se manifiesta sobre todo a propósito del cierre de las escuelas religiosas: A. C. 13 de agosto de 1905, cierre de las escuelas de los Hermanos en Pau y en Bayona. Cierre de escuelas dirigidas por las Hijas de la Cruz. También es el momento de la salida para el exilio de la mayor parte de los religiosos que se retiran sobre todo a zonas próximas a la frontera: San Sebastián o Fuenterrabía en particular: A. C. 10 de septiembre de 1905, el pensionado de San Bernardo de Bayona se reconstruye en San Sebastián. Pero en 1905 el tema que despierta más desasosiego es el de la separación. En este clima de inquietud, las aprensiones de los católicos se vieron reforzadas por la decisión del gobierno Rouvier de proceder a un inventario de los bienes de las iglesias y de las fábricas, término con el que denominaban el "conjunto de personas nombradas oficialmente para administrar los bienes de una parroquia" o el "conjunto de los bienes y de las rentas de una iglesia" (Inventario previsto por el artículo 3 de la ley de Separación promulgada el 9-XII-1905).

En Bayona los incidentes se produjeron a principios del período de los inventarios, el 30 de enero de 1906, impresionando de tal modo a la opinión pública que aparecen mencionados en toda la prensa del departamento. Además de los "Anales Católicos", la prensa conservadora, "El Memorial", "EI Correo" y sobre todo "La Semana de Bayona", les dedican páginas enteras, llenas de detalles, de rectificaciones, de puntualizaciones, pero "El Patriota", "El Independiente", "El Porvenir" e incluso "La Frontera", les dedican también su atención a veces irritada. En Le Boucau y Anglet los inventarios no suscitan ningún incidente y son muy rápidos, sobre todo en Anglet. Biarritz (San Martín): Despliegue de fuerzas mencionado por Los Anales, pero ningún incidente. Biarritz (Santa Eugenia): En Santa Eugenia se produjeron disturbios tras una contramanifestación anticlerical. Un cordón de policías impedía el acceso a la iglesia desde por la mañana. Pero la reina Natalia de Serbia obtiene el permiso de pasar para ir a cumplir con sus deberes religiosos. En el resto de Laburdi y País Vasco: A diferencia de lo que pasa en Béarn los incidentes son numerosos y serios.

Un pequeño número de inventarios se desarrollan en una relativa calma pero en la mayoría de los casos dan lugar a manifestaciones que hacen imposible el inventario o necesaria la presencia de la policía y la intervención del ejército, llegando a verse en la necesidad de tener que abrir por la fuerza las puertas de la iglesia en un clima muchas veces dramático. También se produjo algún que otro incidente curioso como la desobediencia de un oficial por su postura realista, etc. Tauzia, en su estudio publicado en el "BSB" (1972) clasifica así los incidentes: 1° Inventarios efectuados sin oposición: Hasparren, San Juan de Luz, Ustaritz, San Juan de Pie de Puerto, Hendaya, Alos-Sibas, Iholdy, Pagolle, Amorots, Beguios, Luxe, Barcus, Ainhice Mongelos, Bidart, Lacarre-Gamarthe, Ostabat, Ahaxe, Uhart-Mixe. 2° Inventarios impedidos o llevados a cabo mediante efracción: Ciboure, Cambo, Bardos, Larressore, Labets y Biscay, Sara, Sauguis, Baigorry, Mendionde, Briscous, Urcuray, Isturits, Ossés, Arrossa, Arraute, Mouguerre, Helette, Souraide, Oregue, Méharin, Musculdy, San Juan el Viejo, Ascain, Lohitzun, Mendive, San Martín de Arberoue, Urt, Ainhoa, Aldudes, Anhaux, Arbouet, Armendariz, Behaune-Lantabat, Halsou, Irouleguy, Saint-Pée- sur-Nivelle, Urrugne, Lecumberry, Villefranque. 3° Incidentes graves. Violencias: Itxassou, Bidarray. Protestas de carácter especial: Arcangues, San Pedro de Irube. La guerra del clero a la república va a tener otra importante repercusión: un gran porcentaje de la historiografía de Iparralde será escrita por los miembros cultos de este clero refractario que ofrecerán sólo su versión de los hechos. Un verdadero esclarecimiento de los mismos tiene que tener muy en cuenta esta distorsión y procurar superarla.

El período comprendido entre estos años y la guerra de 1914-1918 va a contemplar una bipolarización total de Iparralde. Bayona I elige en 1910 al radical Joseph Garat, alcalde de Bayona desde 1908, mientras en el resto de Laburdi vota a la derecha católica acrecentándose el radicalismo religioso en las otras dos provincias.

El 28 de julio de 1914 Austria declaraba la guerra a Servia dando así inicio a la I Guerra Mundial. En Iparralde, "primera región de emigración del Estado francés" según Garat (Muga n° 25, 1983, 62-75) a quien seguimos, "la insumisión y después la deserción iban a ser, desde el principio de la guerra, la preocupación constante de las autoridades..." Lapurdi acusó este fenómeno que llegó a ser importantísimo. El llamamiento se hizo hasta la quinta de 1887 e incluso anteriores teniendo, pues, en cuenta el factor emigratorio previo a 1914. Días antes de la movilización muchos jóvenes pasaron la frontera y, tras ésta, los informes prefectorales estiman que fue un tercio del número total de insumisos el que escogió la huida a Hegoalde. Luego, comenta Garat, con los primeros permisos aparecen las primeras deserciones pese a la pena de muerte impuesta a los fugitivos. El movimiento llegó a ser tal que, en octubre de 1915, se prohibió a los soldados de permiso, heridos o convalecientes residir en los cantones vascos.

La prensa, bien censurada, especula sobre agencias secretas alemanas que ayudan a escapar al vasco, haciéndose eco de la patraña hasta el mismo diario Lapurdino Eskualduna. En noviembre de 1916 el prefecto ordena el cierre de todos los pasos fronterizos privados de Arneguy y el pasaporte se hace obligatorio. Las cartas -siempre, salvo pocas excepciones, en euskara- son vigiladas férreamente pero los contrabandistas las pasan cuando van a Hegoalde. La sorda inquina del clero al gobierno republicano se traduce en manga ancha a las deserciones y en la interpretación de la guerra como un castigo divino "porque el Gobierno no ha entregado a los sacerdotes el dinero... que le fue robado en el momento de la separación de la Iglesia y del Estado" (Eskualduna, 27 de julio de 1917). Las listas de insumisos son colocadas en las puertas de todos los ayuntamientos Lapurdinos y vascos sin que provoquen sonrojo. La guerra produjo de 6.000 a 7.000 víctimas mortales en todo Iparralde. Cabe preguntarse a cuánto hubiera ascendido esta terrible cifra en caso de no haber desertado y huido los jóvenes en edad militar. En el combate se distinguió el 49 regimiento de Bayona.

A partir de 1914, y sobre todo en la postguerra, Garat e Ybarnegaray polarizan la atención y los votos de Lapurdi, este último merced a su fuerte implantación en la Baja Navarra y Zuberoa y a las demarcaciones electorales establecidas entre 1919 y 1924. Garat será el único obstáculo de la ultraderecha representada por el alcalde de Uhart-Cize, hasta la caída del radical en 1934 debido al affaire Stawisky. Su sustituto, el Dr. Simonet, será derrotado por el abogado Delzangles, con lo que todo Lapurdi, incluida la circunscripción tradicionalmente radical de Bayona I, báscula hacia la derecha. De esta forma, al llegar las elecciones de 1936 que acarrean la llegada al poder del Frente Popular en toda Francia, las tres provincias de Iparralde eligen sendos candidatos del signo opuesto. «Es la afirmación -comenta Larronde, 1983- del País Vasco como bastión conservador y baluarte de la derecha católica frente al empuje de la izquierda en el conjunto francés». Es en este contexto cuando debemos de situar la llegada de los refugiados vascos a la guerra de 1936-1939, llegada rodeada de la hostilidad e incomprensión de los católicos salvo contadas excepciones.

La preocupación por el estado de la lengua -fragmentado en dialectos y en regresión constante- prendió en parte de la intelectualidad vasca de ambos lados de la frontera ya desde el siglo XVII (véase el apartado Enseñanza). A mediados del siglo XIX D'Abadie inicia las Fiestas Vascas y euskerólogos de ambos lados del Pirineo se relacionan para comunicarse y comentar sus búsquedas. En el año 1900 asisten al Congreso Internacional de Estudios Vascos de París Julien Vinson, Charency y Lacombe, entre otros. Un año después se creaba Eskualtzaleen Biltzarra donde podía verse al fundador, Landerretche, Guilbeau, Adema, Ahetz-Etcheber, por lado lapurdino, y a Campión, Urquijo, Guerra, López Mendizábal y siglo Mújica, por Egoalde. En todo ello el impulso aranista, es decir del nacionalismo vasco, es importante aunque no único. En 1918 vascos de ambos lados de la raya se encuentran en Oñate para fundar la Sociedad de Estudios Vascos, asistiendo diversas autoridades lapurdinas y el obispo de Bayona con su secretario, el vascólogo Daranatz.

El éxito popular y electoral del PNV en 1931 suscita el entusiasmo de los vasquistas de Iparralde, entre los cuales Pierre Lafitte, M. Inahauspe, Magdeleine Jaureguiberry, Eugène Goihenetche, etc. De entre todas estas personas es el joven canónigo Laffitte el que va a poner en movimiento un grupo y una revista denominada Aintzina, publicación de carácter regionalista que adopta el lema JEL sabiniano y va a granjearse la animadversión implacable del otro nacionalismo, del nacionalismo francés de Ybarnegaray, que llegará a definir a Lafitte como "pez rojo en la aguabenditera". Hombres como el sacerdote Ariztimuño "Aitzol", los vascófilos veraneantes como Julio de Urquijo, los nacionalistas asistentes al anual encuentro del Eskualtzaleen Biltzarra -José de Eizaguirre, I. López Mendizábal, A. Labayen-, el interés del director del Museo Vasco comandante Boisseul, las visitas asiduas de Ph. Veyrin o Tillac, crean una amistad mutua por encima de las fronteras.

Incluso el Estatuto de Autonomía de 1931, traducido al francés, es publicado en la revista "Gure-Herria" (n.° 6, 1931). "Aintzina" pide un departamento vasco descentralizado mientras adopta los emblemas del nacionalismo de Egoalde. Sin embargo, al llegar las decisivas elecciones de 1936 el "pez rojo" y sus colaboradores, temerosos del Frente popular, darán consigna de votar a los derechistas Delzangles y Coral en Lapurdi y a Ybarnegaray en el resto del país. La llegada de los primeros refugiados católicos antifranquistas vascos va a trastocar estas directrices y sumir a los católicos de Iparralde en un mar de contradicciones. Desaparecida Aintzina, Eskualduna ve en ellos a indeseables. La opinión se retrae, en especial la católica, mientras, por el contrario, los sindicatos se vuelcan en la ayuda a los recién llegados. Sólo personalidades aisladas -Legasse, los Jaureguiberry, Labeguerie, Dassance, Dutournier, el marqués de Arcangues, Goyhenetche- mantienen una postura solidaria.

Durante la II Guerra Mundial la costa lapurdina fue frecuentada con asiduidad por militares alemanes de todos los grados que, convalecientes o heridos leves, eran enviados desde Berlín a este sector de la costa a fin de que se repusieran antes de su envío al frente ruso. Estos alemanes simpatizan con los vascos a los que consideran "tan arios" como ellos. En 1942 vuelve a aparecer Aintzina, casi toda ella con colaboradores lapurdinos (Lafitte, Labeguerie, Legasse, Dubocq, Larzabal, Ospital, Dutournier, Goyhenetche) y una dirección doctrinal que supera el mero regionalismo ya que considera a Egoalde "un hermano de raza". El endurecimiento de la guerra y de las operaciones de resistencia hacen desaparecer a la revista. Labeguerie forma el grupo Irrintzi en Burdeos. La pequeña constelación nacionalista se manifiesta tercamente: reaparición breve de Aintzina tras la liberación, dirigido por M. Legasse, presentación de candidatos nacionalistas vascos en las elecciones cantonales, presentación de un anteproyecto de Estatuto de Autonomía por Etcheverry- Ainchart en la Asamblea Constituyente, nacimiento de Herria bajo la dirección de Laffitte, Sallaberry y P. Larzabal, etc.

En 1953 veteranos y jóvenes convergen en una Asociación de Estudiantes Vascos creada en Burdeos por Michel Burucoa que dará origen a Enbata. Un accidente segó la vida, en 1946, del joven Michel D'Arcangues, otro protagonista importante de la vida lapurdina durante estos años. Vasquista convencido, se puso en contacto en 1942 con la resistencia dedicándose al paso de tanquistas aliados por la frontera. Al año siguiente pasó a Inglaterra y su padre y su hermano fueron arrestados por los alemanes. Participó en el desembarco y en la liberación de París y obtuvo la Cruz de Guerra en Estrasburgo. Mantenía, cuando murió, frecuentes contactos con antifranquistas guipuzcoanos.

Las elecciones se llevarán durante este período a cabo por listas departamentales, razón por la que es difícil aislar el electorado vasco y menos aún el laburdino. En líneas generales y siguiendo a Larronde, diremos que las condiciones cambian algo tras la guerra extendiéndose la sigla MRP (Mouvement Républicain Populaire) encabezada por figuras democristianas como Jean Errecart y Jean Etcheverry-Ainchart mientras el partido gaullista no medra debido a la falta de adhesión de los notables locales. Una figura de la derecha clásica será Guy Petit, alcalde de Biarritz. El comunismo tendrá como bastión el Boucau, personificado por su alcalde Albert Mora.

El cambio del sistema electoral en 1958 permite apreciar con alguna mayor nitidez el voto vasco pero reparte el voto del País Vasco Interior entre bajonavarros, suletinos, cantón de Hasparren y de Espelette, estableciendo además una gran desproporción de votantes inscritos:

III Circunscripción (P. Vasco interior)54.047 i.
IV Circunscripción (Costa laburdina)117.985 i.

De todas formas y pese a la dudosa legitimidad de este desequilibrio electoral, desde un primer momento vemos que Iparralde, y por tanto Laburdi, bascula hacia el partido del general De Gaulle que desplaza a los partidos tradicionales y al MRP moderado. Incluso en el último referéndum celebrado en 1969 y cuya pérdida supuso la salida del general del poder, obtuvo De Gaulle mayoría en el País Vasco. En las elecciones legislativas el dominio del gaullismo ha sido casi total salvo contadas excepciones:

AñoLaburdi interiorCosta laburdina
1958  Camino U.N.R. (gaul.)Thomazo U.N.R. (gaul.)
1962Labeguerie M.P.R. Centr.  Grenet Centr. radical  
1967Inchauspé U.N.R. (gaul.)Marie U.N.R. (gaul.)
1968Inchauspé U.N.R. (gaul.)Marie U.N.R. (gaul.)
1973Inchauspé U.N.R. (gaul.)Marie U.N.R. (gaul.)
1978Inchauspé R.P.R. (gaul.)Marie R.P.R. (gaul.)
1981Inchauspé R.P.R. (gaul.)Destrade P. Socialista

Puede notarse sin embargo que la izquierda va, poco a poco, ganando terreno en la costa, tanto en su vertiente estatalista -PS- como en la nacionalista vasca -EHAS y similares-. El comunismo sigue teniendo en Boucau su plaza fuerte, seguido de Hendaya y Bayona. En el interior el dominio de la derecha es mayor. También ha avanzado aquí la izquierda pero, al partir de un nivel más bajo, es menos notorio el avance. La obtención de un escaño por el centrista Labéguerie se debió al apoyo prestado por el movimiento nacionalista vasco Enbata. Véase Labeguerie, Michel. De la misma forma, Destrade, un socialista, obtuvo por primera vez un acta para este partido en 1981 prometiendo luchar por la consecución de un Departamento Vasco, proyecto que fue presentado por el PS en la Asamblea Nacional Francesa meses antes de las elecciones.

Hacia 1960 y sobre el rescoldo nacionalista vasco, un grupo de estudiantes y de profesionales se reúne alrededor de la publicación Embata, luego Enbata. La primera oleada de refugiados de ETA llega a Laburdi. El movimiento nacionalista que se desarrolla a continuación -contemporáneo al que comienza a esbozarse en Hegoalde bajo el franquismo- va a desembocar en la creación de Enbata fundado en Itxassou en 1963 por S. Haran y otros, posibilitando la elección del diputado centrista Labéguerie. Véase Enbata. Presentará, con relativo éxito, sus candidatos a las elecciones legislativas de 1967 y 1968 así como a las cantonales, siendo disuelto por ukase gubernativo en 1974. Ese mismo año, el ala izquierda del desaparecido movimiento se constituye en EHAS (Euskal Herriko Alderdi Socialista) que se presentó, sin conseguir acta, a las elecciones de 1978. El ala derecha constituyó Izan, mientras, a la izquierda de ambos, aparecen Justice Basque, Hordago y la organización armada Iparretarrak. El voto nacionalista vasco puede definirse como étnico y joven, más rural que costero, más a la izquierda en el interior que en las aglomeraciones urbanas de la costa:

Año  Interior    Costa  
1967  4,6 %4,5 %
19681,8 %1,2 %
19784,8 %3 %

Como consecuencia de esta debilidad electoral, el nacionalismo vasco se ha refugiado en la labor creadora de conciencia: creación de un Departamento Vasco o movimientos pro-ikastolas y los Herri Taldeak, comités de acción local de carácter culturalista. Pese a los reveses, el impacto de Enbata es evidente y está en la base de la Asociación para la creación de un Departamento Vasco que, fundada en 1975, consigue el apoyo de los alcaldes de Guéthary, Espelette, Ustaritz, Hendaya, Arcangues, Sara, Lahonce, Bassussarry, Hasparren, Larressore y personalidades importantes de la vida departamental y laburdina, entre los cuales el presidente de la Cámara de Comercio e Industria de Bayona, Jacques Saint-Martin. En 1979 se crea Izan con el objetivo de popularizar la Asociación que, falta del apoyo de los grupos políticos y mal vista desde Pau-París, languidece. Surge así, en 1980, la Asociación de Electos "Para un Departamento Vasco", a la que se adhieren una cuarentena de alcaldes vascos, con sede en Helette. La derecha y la izquierda francesas no tardan en acusar de separatista a la asociación, que, mediante una carta abierta a todos los candidatos a la presidencia de la República en 1981, les pide se pronuncien sobre el Departamento Vasco. La acción surte efecto y a finales de febrero el PS presenta una proposición de ley para la creación de un Departamento Vasco, por medio de C. Laurissergues, delegado de Identidades Regionales del PS, y sin que los responsables locales socialistas hayan hecho el menor gesto de apoyo. Tras haber facilitado la consecución de un acta al socialista Destrade, el nacionalista vasco profundamente decepcionado por el incumplimiento de las promesas socialistas, desiste en apoyarse o apoyar a fuerzas estatales mientras Iparretarrak redobla sus atentados en especial contra el turismo costero. En los últimos años, la acción de los comandos de extrema derecha contra los refugiados de ETA ha contribuido decisivamente a convertir a Laburdi en uno de los puntos más cálidos de Europa.