Concept

Ikastola

Información complementaria



Los anhelos de incorporación del vascuence como lengua instrumental a la enseñanza primaria del país fueron frecuentes en el siglo XVIII, pero apenas cristalizaron en realidades concretas hasta finales del XIX. En la primera mitad de este siglo destaca la figura de Agustín de Iturriaga que, además de ejercer la docencia, escribió libros de texto en vascuence para niños y ofreció interesantísimas reflexiones sobre los problemas de la enseñanza vasca a las autoridades del país. En 1897 Sabino Arana Goiri publicó Umiaren lenengo aizkidia, librito destinado a los niños, cuyo valor es más simbólico, por lo que entraña de proyecto, que propiamente pedagógico. Hacia 1896-1897 Resurrección María de Azkue fundó en Bilbao el Colegio Ikastechea, de enseñanza primaria y exclusivamente masculino, para el aprendizaje y el desarrollo del vascuence entre los niños. Sin embargo parece que no se impartía la enseñanza en vascuence sino la enseñanza del vascuence, tanto con los alumnos vascófonos como castellanófonos. El Colegio Ikastechea duró sólo hasta 1899 y no tuvo continuidad hasta 1903. Azkue, sin embargo, estaba firmemente convencido de la necesidad de vasquizar la enseñanza. En 1905 y 1914, siguiendo el camino emprendido por Azkue, dos escuelas vascas más fueron inauguradas en Bilbao, pero como la mayoría de los alumnos sólo hablaban castellano se decidió que la enseñanza se realizara en esa lengua y que el vascuence recibiese tratamiento de asignatura.

El año 1914 representa una fecha clave en la historia de la ikastola. Ese año Miguel de Muñoa fundó en San Sebastián la escuela denominada Koru'ko Andre Maria'ren Ikastetxea en la cual toda la enseñanza, tanto en parvulario como en primaria, se impartía en vascuence. El éxito acompañó a Muñoa en la realización de su proyecto, y fue tal la aceptación obtenida por su escuela que en 1916 decidió comprar un edificio para poder ampliarla. En 1918, en el Primer Congreso de Estudios Vascos celebrado en Oñate, la labor de Muñoa mereció el elogio de los asistentes. En el mismo Congreso Luis de Elizalde, Eduardo de Landeta, Leoncio Urabayen y Adelina Méndez de Torre fueron los ponentes encargados de la Sección de Enseñanza. Todos ellos pusieron el acento sobre los problemas que afectaban a la enseñanza vasca, subrayando especialmente los derivados de la situación lingüística. Eleizalde, en la conferencia titulada El problema de la enseñanza en el País Vasco, lanzó la idea de que fueran las propias gentes del país quienes crearan escuelas euskéricas (sic) al estilo de las Matitse Skolska de los checos, ideadas para preservar la lengua propia del alemán oficial. Una de las conclusiones de este Congreso se refiere justamente a la necesidad de crear parvularios para la enseñanza en vascuence en las zonas vascófonas.

En 1920 la Excma. Diputación de Vizcaya puso en marcha las Escuelas de Barriada, entre cuyos inspiradores destacan Eleizalde y Landeta. Con la creación de estos centros se quería servir a la educación e instrucción de los pueblos y barrios peor comunicados, con una atención especialísima a las características lingüísticas de la provincia. Sin embargo los objetivos iniciales se frustraron al cabo de algunos años y en 1931 la Sociedad de Estudios Vascos denunciaba que las Escuelas de Barriada se habían convertido en el medio más eficaz de la destrucción definitiva del vascuence.

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Entre 1918 y 1936 se realizó bajo el liderazgo de la SEV una labor importantísima para dotar al país de una infraestructura mínima que permitiese la utilización del vascuence como lengua instrumental en la instrucción infantil. Se impulsó la creación de textos escolares, se organizaron cursos para la preparación del profesorado, y se trató de lograr por todos los medios la ordenación legal que posibilitase la implantación del bilingüismo escolar, y que nunca fue concedida.

Siguiendo el modelo de la ikastola de Muñoa fueron abriéndose otras en todo el País Vasco. La relación de ikastolas inauguradas en esta época es la siguiente: Tolosa (1921), Rentería (1928), Placencia (1932), Bergara (1932), Pamplona (1932), Estella (1932), Gasteiz (1933) y Elizondo (1935). En la misma década de los treinta se inauguraron además las de Oñate, Segura, Irura y Andoain, todas ellas en Guipúzcoa. En 1932 se fundó en Bilbao la Federación de Escuelas Vascas, denominada en vascuence Eusko-Ikastola-Batza, auspiciada por la rama femenina del PNV y Eusko Gaztedi, "para la realización de la gran obra de la Escuela Vasca". Esta Federación realizó su labor en Vizcaya y sus actividades se desarrollaron hasta 1936. Las características fundamentales del modelo de ikastola que propugnaba eran las siguientes: popular, abierta a todas las clases sociales, íntegramente vasca, íntegramente cristiana y abierta a las nuevas corrientes pedagógicas. En este punto hay que resaltar el hecho de que las personalidades más significativas de todo este movimiento estaban bien informadas sobre las corrientes pedagógicas propugnadas por Decroly y Montessori, por ejemplo.

En 1936 la ikastola era una institución que se expandía ya por todo el país, tras haber sorteado toda clase de dificultades. Desgraciadamente la guerra civil y el régimen dictatorial que le siguió significaron un arrasamiento cuyas consecuencias han sido funestas para el desarrollo de la enseñanza vasca. Las personalidades más inquietas y mejor informadas en los campos de la enseñanza vasca y de la pedagogía -Villalonga, Landeta, M. de Alzo, el mismo Miguel de Muñoa- y gran parte del profesorado se vieron en la necesidad de marchar al exilio para no regresar jamás, con lo cual se produjo una pérdida inmensa.

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Finalizada la guerra civil, sin embargo, regresó a San Sebastián desde su exilio de Sara (Laburdi) Elvira Zipitria, antigua andereño de la ikastola de Muñoa. Elvira Zipitria era una mujer de enérgica personalidad, muy identificada con la institución ikastola y con su profesión de andereño. En 1943 ella y un grupo de padres decidieron recomenzar con la enseñanza en vascuence, organizando a tal fin una pequeñísima ikastola en el domicilio de una de las familias comprometidas. Habida cuenta de que se trataba de los primeros años de la postguerra no es necesario insistir sobre el carácter clandestino de esta actividad. Bajo la aparente sencillez del proyecto gestado por Elvira y el grupo de padres se descubren dos cuestiones importantes: en primer lugar, Elvira Zipitria, personalidad significativa del movimiento de ikastolas anterior a 1936, será quien mantenga viva a través de los avatares de la guerra la llama de la ikastola y la hará conocer a la generación de la postguerra. En segundo lugar, en el hecho de recomenzar la labor, aunque la situación era infinitamente precaria en todos los aspectos, se encuentra la semilla de todo el movimiento actual. Elvira Zipitria acabó instalando la ikastola en su propio domicilio de la Parte Vieja de San Sebastián. Una habitación fue acondicionada como aula, pero ésta era tan austera y discreta que nada hacía sospechar que era la sede de una escuela. La labor de andereño de Elvira se desarrollaba bajo la más absoluta discreción. Los grupos de alumnos nunca excedían de diez y la clase se impartía durante dos horas diarias. El resto de la jornada la completaban con las clases de lengua francesa, cuya profesora era Felitxu Eraso, y otras actividades libres. En la década de los cincuenta varias andereños más abrieron sus ikastolas en San Sebastián. En Bilbao la nueva andadura se inició en 1957, en Pamplona en 1963, en Vitoria en 1966 y en Laburdi en 1969.

Desde el punto de vista pedagógico las directrices marcadas por Elvira Zipitria se siguieron fielmente hasta casi el final de los sesenta, en que la expansión de la ikastola adquirió gran envergadura, y por lo tanto se produjeron cambios importantes a nivel organizativo, ideológico y pedagógico. Elvira Zipitria nada dejó escrito sobre la metodología que ella utilizaba, ni sobre los autores ni materiales en que se inspiraba. Tras su muerte ha sido necesario recoger y ordenar todo aquello que permitiera reconstruir esa metodología. Para ello ha habido que recurrir a los recuerdos, vivencias, apuntes, cartas, cuadernos de trabajo, etc., de aquellas primeras andereños que se formaron a su lado, de los alumnos, de los padres de éstos e incluso de personalidades de la cultura vasca con quienes ella mantuvo estrecha relación. El examen de su biblioteca personal ha permitido conocer las fuentes en que se inspiró tanto para el sistema de aprendizaje de lecto-escritura, realizado por medio de "txotxas", como para el sistema que seguía en la enseñanza de las matemáticas y que eran, ambos, totalmente originales y eficaces aquí. Los contenidos escolares se agrupaban en cuatro grandes áreas: euskara, matemática, religión y experiencias: La lengua se cultivaba por medio de canciones, poesías, cuentos, fábulas.... provenientes del folklore del país o seleccionados de la obra de escritores como "Orixe" o "Lizardi". La matemática se trabajaba según la metodología arriba mencionada, y el área de experiencia partiendo de la vida y del entorno natural del niño. La formación religiosa de los alumnos era un capitulo que merecía una especial atención. En el ideario de Elvira Zipitria era inconcebible una ikastola que no la contemplara. No hay duda de que Elvira Zipitria llevaba en su mente y en su corazón la concepción de lo que debería ser la ikastola como escuela del pueblo vasco. Otra cosa es que esa concepción evolucionase al compás de los tiempos. En todo caso su personalidad y su obra marcan un hito en la Historia de la Pedagogía de este pueblo.

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Entre 1960 y 1976 tuvo lugar la expansión de la ikastola en todo el País Vasco. Este fenómeno es inseparable de la evolución socio-política que tiene lugar en la sociedad vasca en ese período, sometida a procesos de industrialización y urbanización muy importantes, y muy concienciada políticamente. La ikastola se va a desarrollar sobre dos pilares básicos: los padres, lanzados a la aventura de obtener una escuela vasca para sus hijos, y el profesorado comprometido en la enseñanza en vascuence, en condiciones de trabajo muy precarias. Hasta época muy reciente la ikastola jamás contó con la ayuda de instituciones, salvo la de la iglesia local en momentos críticos. Guipúzcoa y Vizcaya han sido, por este orden, las dos provincias en las que el movimiento de ikastolas se ha desarrollado con más fuerza y más rápidamente que en el resto de las provincias. Ello se debe a que la población ha vivido, hasta la llegada de la crisis, en una situación económica que le ha permitido afrontar los gastos generados por la financiación de los centros. Estas dos provincias, además, son las que cuentan con núcleos vascófonos muy importantes y es asimismo en ellas donde el nacionalismo está más arraigado. La coincidencia de estos tres elementos, lengua, conciencia nacionalista y medios económicos, ha sido fundamental para que este proceso de expansión haya tenido lugar.

Aquí cabria preguntarse si las ikastolas creadas en los pueblos son la prolongación de las existentes en la ciudad. Habría que responder afirmativamente en cuanto que el concepto de ikastola es el mismo. Habría que responder negativamente en cuanto que las ikastolas de los pueblos surgieron sin ningún acuerdo ni planificación que las ligara a las de la ciudad, se asientan sobre una amplia base social que comprende todos los estamentos del pueblo y con una intensa participación de todos ellos, y se organizan, desafiando la clandestinidad, con todas las características de una escuela legal en cuanto a número de alumnos y horario, pero no en otros aspectos tales como ubicación de los centros, titulación del profesorado, programaciones escolares y financiación.

Evolución del alumnado por años escolares
Año escolar Álava Gipuzkoa Navarra Bizkaia Euskadi Norte Total
Fuente: Siadeco: 1964-65 a 1974-75. Federaciones de Ikastolas: 1975-76 a 1981-82.
1964-6522520-54-596
1969-701715.7703481.95888.255
1970-713348.1817652.5911411.885
1971-7237610.6739503.1574715.203
1972-7348613.2451.3773.75510118.964
1973-7467715.2721.6314.93817522.693
1974-751.02617.9711.8925.82222526.936
1975-761.42921.3252.1588.63430533.851
1976-771.81225.3142.62110.97734141.065
1977-782.65429.6523.09413.42238249.204
1978-793.29331.4233.74414.87539053.809
1979-804.27734.7334.90916.13647460.529
1980-815.08637.1455.36917.15751665.273
1981-825.50939.1285.72719.10756469.935

En las cuatro provincias de Euskadi Sur el crecimiento del número de alumnos en cantidades absolutas fue entre 1969 y 1973 superior a 3.000; en el curso escolar 1974-1975 fue de 4.000 y llegó a ser de 7.000 en 1975-1976.

En cuanto a la distribución por sexos del alumnado se ha comprobado que no existen tendencias que lleven a pensar que los padres introduzcan un factor discriminatorio a la hora de enviar a sus hijos a la ikastola, considerándolo como centro adecuado para los varones pero no para las hijas o viceversa. No hay que olvidar que las ikastolas rompieron una lanza importante en favor de la educación mixta.

En este período de expansión de las ikastolas, pero especialmente al final de la década de los sesenta, hubo algún sector político que, enmascarado bajo la etiqueta de progresismo, tuvo especial interés en calificarlas de burguesas. Los datos relativos a las categorías socio-profesionales de los padres de los alumnos en 1977 daban la siguiente distribución para el conjunto de ikastolas del País Vasco, de mayor a menor: obreros cualificados, empleados, cuadros, medios y pequeños comerciantes, obreros no cualificados y, finalmente, agricultores y pescadores. Las clases populares son, pues, las mejor representadas, sin embargo es preciso señalar que el orden de esta distribución puede sufrir alguna variación de una comarca a otra. La mayoría de los padres es originaria del propio país, siendo los porcentajes correspondientes a los padres nacidos fuera los que se muestran a continuación:

Álava Gipuzkoa Navarra Bizkaia Media del País Vasco
Fuente: SIADECO.
Padres16,5% 7,6% 8,1% 10,2% 10,6%
Madres17,8% 7,2% 8,4% 10,7% 11,2%

El hecho de que la mayoría de los padres sean vascos de nacimiento no significa que todos ellos sean vascófonos, lo cual tiene una incidencia directa sobre los conocimientos lingüísticos de los hijos. Los niveles de conocimientos de euskara por parte de los padres son los siguientes:

Conocimiento de euskera
DESCONOCEN SIN ESPECIFICAR
ABGNABGN
Fuente: SIADECO. A = Álava / B = Bizkaia / G = Gipuzkoa / N = Navarra.
Padres61,4 30,9 15,3 64,6 14,8 3 - 2,3
Madres64,7 32,9 14,0 64,0 13,5 4 - 2,3

La familia vascófona se encuentra fundamentalmente en Guipúzcoa. En el extremo opuesto se sitúa Álava con un porcentaje de padres vascófonos que apenas roza el 20%. En Guipúzcoa la ikastola es un factor fundamental de mantenimiento de la lengua, a diferencia de Álava en que lo es la recuperación. En Navarra los porcentajes de padres vascófonos son algo más elevados que en Álava, pero parece que en esta provincia es mayor la conciencia lingüística de ciertos sectores castellanizados, que muestran deseos de recuperación lingüística, que la de algunas zonas rurales vascófonas que no están interesadas en mantenerla. Vizcaya presenta características que la sitúan entre Guipúzcoa por un lado y Álava y Navarra por otro. En dichas provincias las dos tendencias de mantenimiento y recuperación son claras.

El análisis de los porcentajes presentados muestra que el 51,9% de los padres y el 51% de las madres de los alumnos desconocen el vascuence. Los dominios lingüísticos de la familia tienen, sin embargo, una importancia vital a la hora de establecer las directrices de la política lingüística escolar, aunque en el caso de las ikastolas este aspecto ha estado relegado durante largo tiempo.

En el capítulo referente al profesorado la situación fue muy difícil en los años de mayor expansión de los centros, pues se carecía del número suficiente de maestros, incluso para cubrir las necesidades más perentorias. Esto obligó a crear la figura de la "andereño laguntzaile", mujer joven, con cualidades para trabajar con niños de parvulario, vascófona, sin titulación de magisterio, normalmente originaria del mismo pueblo donde iba a abrirse la ikastola que tras un período de prácticas realizadas bajo la dirección de una andereño titulada, se responsabilizaba de los alumnos de edad preescolar. Naturalmente con esta solución no se facilitaba el camino de la legalización de las ikastolas, pero está fuera de toda duda que, si en esa época no se hubiera tenido la audacia de optar por una decisión como la que se tomó, difícilmente hubiera podido desarrollarse el movimiento de ikastolas.

A partir de 1975 se observa, sin embargo, una evolución muy positiva en la cualificación del profesorado. Un aspecto a señalar es la incorporación progresiva del personal masculino que en 1975 en Guipúzcoa representaba ya un tercio del total. El profesorado de las ikastolas trabajó durante varios años sin ninguna asociación ni sindicato que lo aglutinara. En 1966 se había creado el grupo "Gordailu" por un grupo de profesores, con objetivos pedagógicos y formativos. Es en 1968 cuando, tras la fundación de la Federación de Ikastolas, los profesores organizarán su propia asociación bajo el nombre de Ikastoletako Irakasleen Elkartea, realizando su labor tanto en el campo sindical, como en el de formación de profesorado y pedagógico. Desde 1982, sin embargo, su campo de acción se limita a la formación del profesorado y a impulsar iniciativas de carácter pedagógico, puesto que los aspectos sindicales se han canalizado a través de los distintos sindicatos.

La cuestión económica ha sido una pesada losa que ha acompañado siempre al movimiento de ikastolas. En aquellas primeras ikastolas regentadas por Elvira Zipitria y el grupo de andereños que se formó a su lado, los padres pagaban una mensualidad, ciertamente no muy cuantiosa, por niño y mes de clase. Ello significaba que durante los meses de vacaciones los padres no pagaban y que la andereño carecía de sueldo. No existía ninguna clase de subvención ni de ayuda, de manera que cuando la habitación donde se había instalado la ikastola era alquilada, la propia andereño debía pagarla de su bolsillo. A todo esto había que añadir la falta de seguridad social que, ciertamente, hacía que la situación de estas andereños fuese verdaderamente precaria. El problema de la Seguridad Social no se solventó debidamente hasta mediados de la década de los setenta en casi ninguna ikastola.

Paralelamente a la expansión de los centros aumentaban los problemas financieros. Los recursos procedentes de las mensualidades pagadas por los padres resultaban insuficientes y hubo que buscar ayudas económicas de todo tipo: aportaciones populares, créditos y subvenciones. Las aportaciones populares, todavía en vigor aunque actualmente la situación no es tan dramática como podía serlo hace algunos años, se realizan bajo diversas formas. Son innumerables las personas que han ofrecido desinteresadamente sus conocimientos profesionales en el momento en que su preparación o su experiencia han sido necesarios. Carpinteros, albañiles, abogados, contables, aparejadores, pintores..., todos han contribuido desde su parcela a la creación de una infraestructura de la que se carecía. Los socios con que cuenta cada centro contribuyen con sus cuotas al sostenimiento, sabiendo que el dinero que aportan, cualesquiera sea la fórmula o la cantidad, nunca les reportará beneficios económicos. Además, durante años ha habido que recurrir al capítulo de festivales, rifas, bares, pequeños mercados, exposiciones artísticas, etc., con el fin de obtener recursos suplementarios que sirviesen para equilibrar los presupuestos económicos.

Si bien este tipo de actos no es ya tan habitual, el desfile continuo de miles y miles de personas de todas las edades por un circuito de varios kilómetros, a lo largo de todo un día, pagando además por ello, resulta seguramente un espectáculo insólito a los ojos de un extraño. En Euskadi este acontecimiento se repite cinco veces al año, con éxito creciente. La clave puede residir en la razón de la convocatoria: recaudar fondos para las ikastolas y, sobre todo, reivindicar el euskara de una manera festiva. Los primeros organizadores que, por cierto, no carecieron de imaginación al inventar este tipo de acto aunque reconocían haberse inspirado en una marcha realizada en California, no podían llegar a pensar que su idea tuviera tal acogida. Esta primera marcha, bajo el nombre de Kilometroak, se celebró el 16 de octubre de 1977 en Beasain, localidad industrial guipuzcoana de unos 10.000 habitantes, que acogió a cerca de 15.000 andarines. Fue José Miguel Barandiarán, etnógrafo de prestigio internacional, quien abrió la marcha, recorriendo los seis kilómetros que constituían el circuito, a pesar de su avanzada edad. El circuito contaba a lo largo de su recorrido con bares bien guarnecidos de comida y bebida y con espectáculos deportivos, musicales, etc., que convirtieron el día en una fiesta completa. El dinero recaudado -cada participante en la marcha pagaba un tanto por kilómetro, siendo habitual el patrocinio de figuras del mundo del deporte y la cultura por parte de entidades financieras e industriales- ayudó a mitigar el déficit de las ikastolas de la zona. Desde 1977, diferentes comarcas de Guipúzcoa se han sucedido en la organización de Kilometroak, de manera que cada edición supera la anterior. Por ello, no es extraño que la idea se haya extendido a las restantes regiones de Euskal Herria y así se celebra en Vizcaya Ibilaldia, en Navarra Nafarroa Oinez, en Álava Araba Euskaraz y en el País Vasco Norte, por primera vez en mayo de 1984, Herri urrats. En cada caso es la Federación de Ikastolas de cada región quien se hace cargo de la convocatoria. Todas estas marchas, junto a su carácter reivindicativo y festivo, tienen en común el hecho de que han sabido cuajar en todos los sectores de la población mínimamente receptivos a la problemática del euskara y su enseñanza, siendo muestra de ello el que políticos, intelectuales, artistas, deportistas, etc., de todos los signos participen año tras año en las diferentes ediciones. Como decía una vez uno de los organizadores guipuzcoanos, aunque el problema económico de las ikastolas se solventara, habría que seguir celebrando este acontecimiento como gran fiesta del euskara.

Dentro del capítulo de créditos y subvenciones los primeros han sido indispensables para la financiación de los proyectos previstos. Vizcaya, Guipúzcoa, Álava y Navarra, por este orden, han utilizado los créditos concedidos por las Cajas de Ahorro y Caja Laboral Popular. Entre las subvenciones hay que distinguir las estatales y las no estatales. Las primeras responden a la construcción de nuevos centros y a la gratuidad de la enseñanza, pero nunca han sido suficientes. En 1975, año en que el crecimiento de las ikastolas llegó a sus cotas más elevadas, éste fue el resultado de múltiples gestiones llevadas a cabo en Madrid en orden a conseguir subvenciones: de 27 solicitadas para la construcción de centros escolares fueron concedidas 4; de 52 solicitadas para contribuir a la gratuidad de la enseñanza fueron concedidas 26. Las subvenciones no estatales han provenido en su mayor parte de particulares. En Guipúzcoa hay que subrayar las ayudas concedidas por las empresas, cosa que no ha ocurrido en Vizcaya a pesar de su gran importancia industrial. En Álava y Navarra han sido las respectivas Diputaciones quienes las han ofrecido. Sin embargo para tener una idea de los problemas económicos de las ikastolas es interesante reproducir los datos referentes a Guipúzcoa en el curso 1974-1975: el total de gastos eta de 180.100.000 pesetas y la ayuda estatal de 49.745.000 pesetas. El saldo resultante tuvo que ser cubierto por los métodos descritos más arriba. Los propios trabajadores de las ikastolas han contribuido a enjugar los déficits cobrando durante largos años sueldos menores que los mínimos establecidos por la Ley y renunciando a la Seguridad Social. En la actualidad esta situación está superada.

Subvenciones oficiales a las Ikastolas (EGB) antes de la creación de los gobiernos autónomos de Pamplona y Vitoria, según datos de la Federación de Ikastolas de Vizcaya.

1977 1978
N.º Unid. Tipo de subvención Ptas. (1) N.º Unid. Tipo de subvención Ptas. (2)
(1) Cifras aproximadas. El total es correcto.
(2) Subvenciones previstas año 1978.
Datos facilitados por Bizkaiako Ikastolen Elkartea.
GIPUZKOA289100%193.000.000356100%284.000.000
6768%30.450.0002350%9.200.000
2336,8%5.511.000---
NAVARRA2236,8%5.271.0002250%8.800.000
39100%25.000.00091100%72.900.000
BIZKAIA5268%23.000.0005850%23.200.000
5836,8%13.900.000---
Álava1536,8%3.594.0001550%6.000.000
EUSKAL-HERRIA565-300.844.600565-404.800.000

El proceso de legalización de las ikastolas es una clara muestra de la actitud que históricamente han mostrado los Gobiernos centrales de Madrid en materia de enseñanza en vascuence. Las ikastolas se desarrollaron en plena época franquista, en un clima de represión por una parte y de una cierta tolerancia por otra. En 1965, tras larga espera y mucha insistencia, fue legalizada la ikastola "Resurrección María de Azkue", ubicada en Bilbao. La documentación que se había presentado estaba avalada por Euskaltzaindia, pero su legalización era una excepción que sólo se entendía conociendo los modos de funcionamiento de la burocracia franquista.

En 1966 y 1967 Euskaltzaindia, sin duda animada por la legalización de la ikastola bilbaína, mostró ante el Ministro de Educación y Ciencia su preocupación por el porvenir de la lengua y le instó para que fuese introducida en las escuelas. A las buenas palabras del Ministro le siguió en 1968 una circular del Gobernador Civil de Guipúzcoa fechada el 19 de julio, en la que sin mencionar la palabra ikastola ni el vascuence, advierte sobre la existencia de "numerosos niños inscritos en centros no autorizados" y de "varios miles de niños que asisten a centros que escapan de todo control". Pero el Gobernador Civil va más lejos y para evitar que la situación se agrave toma una serie de disposiciones:

1. Prohibición de apertura de nuevos centros sin autorización y exigencia a los alcaldes del cumppmiento de esta disposición.

2. Los responsables de los centros no autorizados deberán presentar su petición de legapzación en el plazo más breve.

3. A título de información el Gobernador Civil hace saber que la legapzación de los centros está regulada por la O. M. de 15 de noviembre de 1945.

Ante esta angustiosa situación las ikastolas tratan de buscar una salida. Permanecer en la ilegalidad, en el supuesto de que ello fuera posible, suponía para los alumnos carecer del Libro de Escolaridad, único documento válido para poder cursar los estudios medios y esto, naturalmente, inquietaba a los padres. Ante este estado de cosas la Asamblea de Padres se dirigió a la Iglesia Diocesana, puesto que ella poseía capacidad jurídica suficiente para legalizar sus propios centros de enseñanza. La iglesia local prestó entonces su apoyo y la mayoría de las ikastolas de Guipúzcoa fueron legalizadas bajo la responsabilidad de las parroquias y de algunas órdenes religiosas, como escuelas primarias diocesanas. Otras ikastolas fueron legalizadas como centros privados, siguiendo el articulo 27 de la Ley de Instrucción Primaria, y el resto a través de fórmulas tales como sociedad anónima y sociedad cooperativa. En 1969 otra circular del Gobierno Civil ordenaba la clausura de los preescolares. En esta ocasión la vía de legalización fue el reconocimiento de estos centros como Centros de Catequesis de la Iglesia. Este mismo año de 1969 la Asamblea de Padres y la Diócesis tomaron el acuerdo de fundar la Federación Diocesana de Ikastolas. Este acuerdo duró hasta el año 1978 en que, ante las nuevas perspectivas políticas, la Federación de Guipúzcoa decidió abandonar la tutela eclesiástica y transformarse en institución civil.

Hay que subrayar el hecho de que 1968 fue un año que marcó el comienzo de un período importante en el movimiento de ikastolas. Significó el inicio de una crisis que llamaríamos de maduración porque empezó el debate duro, inflexible muchas veces, doloroso, con cotas de ingenuidad en algunas ocasiones, sobre el proyecto ikastola. Aunque en el fondo queda la duda de si lo que se debatía en verdad era el proyecto ikastola, o si la discusión del proyecto ikastola era una especie de catalizador ideológico. Hubo que discutir y tomar decisiones no sólo para asegurar la legalización sino sobre el euskera unificado, la educación religiosa de los alumnos, los principios pedagógicos de los centros, e incluso, sobre las opciones políticas del profesorado. Fue un período rico en inquietudes y nuevas experiencias. Entre éstas algunas fueron extremadamente interesantes, otras, todo hay que decirlo, carecían de seriedad o fueron un tanto anacrónicas. Está claro que las discusiones que hubo, algunas muy serias entre padres y profesores, reflejaban los problemas de orden ideológico de la propia sociedad vasca. Las ikastolas fueron a la vez, bajo el régimen franquista, lugar de encuentro y lugar de conflicto. Esto se explica porque superaron el concepto de organización escolar y se convirtieron en centros vitales de la vida sociocultural vasca.

El extraordinario crecimiento observado en la década de los setenta, tanto en el número de centros como en el de alumnos, produjo un fenómeno nuevo e importante: la incorporación masiva de niños monolingües, de lengua materna castellana y de bilingües con clara predominancia del castellano sobre el vascuence. Este hecho es positivo en cuanto que demuestra el interés de los ciudadanos por la recuperación lingüística y la consideración que les merece la ikastola como centro adecuado para la educación de sus hijos. Pero este cambio tan importante en los dominios lingüísticos del alumnado ha creado una nueva situación, tanto desde el punto de vista de la psicolingüística como de la psicopedagogía, a la que el profesorado trata de responder adecuadamente. Su análisis muestra que:

1.- La ubicación de la ikastola no se limita exclusivamente al País Vasco vascófono, lo cual significa que no es una institución de mero mantenimiento lingüístico sino de recuperación.

2.- Sólo la mitad de los niños que acceden a la ikastola tienen el vascuence como lengua materna.

3.- El contexto sociolingüístico de una gran mayoría de los alumnos es castellano. Ello quiere decir en los casos extremos que el único contacto que tienen con el vascuence se realiza a través del profesor de clase.

4.- Sin embargo, puede y debe hablarse de diversidad de contextos sociolingüísticos de las ikastolas del país. Ello ha hecho necesaria la descripción de las distintas tipologías lingüísticas de los centros y la fijación de unos criterios mínimos de actuación.

5.- La ikastola no es un ghetto reservado a los autóctonos. La participación de los inmigrantes aumenta lenta pero progresivamente. Esta participación significa en la mayoría de los casos un profundo afán de integración en el país que los ha acogido.

Coincidiendo con el auge de la ikastola en Euskadi peninsular se inició en Euskadi continental la labor de implantación. Un pequeño núcleo inicial de unos cuatro o cinco niños organizado en Bayona en 1969 fue el punto de partida. El 30 de abril de ese mismo año nacía la asociación Seaska, que aglutina a todas las ikastolas que se han creado en Euskadi continental. La enseñanza en vascuence es una realidad que, superando todas las trabas del centralismo francés, se asienta lenta pero inexorablemente en las provincias del Norte. En el curso 1983-1984 se contaba ya con 699 alumnos, desde los cursos de maternal hasta el final de los estudios primarios, y 73 asalariados. El 24 de enero de 1982 Seaska, reunida en asamblea extraordinaria, decidió iniciar una serie de acciones respaldadas por más de ocho mil firmas de partidos, sindicatos y alcaldes. En setiembre de 1983 se logró firmar un acuerdo entre el Ministerio de Educación nacional francés y Seaska que, según ésta, "representa un paso adelante en la elaboración de un sistema de enseñanza adecuado a la especificidad del País Vasco Norte".

MGL

El tránsito de la legalidad franquista a la legalidad constitucional del estado español, por medio de la Constitución de 1978, abre un período de profundas consecuencias en la evolución de las ikastolas de Araba, Bizkaia, Gipuzkoa y Nafarroa, y muy especialmente tras la creación de la Comunidad Autónoma del País Vasco y de la Comunidad Foral de Navarra, mediante las leyes orgánicas del Estatuto de Autonomía (aprobado en 1979, en Araba, Bizkaia y Gipuzkoa) y del Amejoramiento foral de Navarra aprobada en 1982. Si hasta la apertura de este nuevo período en el territorio del Estado español las ikastolas debieron gestionar sus relaciones administrativas ante dos interlocutores, los poderes centrales de Paris y de Madrid, en dos contextos claramente diferenciados, los cambios políticos en España y las consiguientes mutaciones administrativas que dieron lugar al Gobierno Vasco de Vitoria-Gasteiz y al Gobierno de Navarra de Pamplona-Iruña, configuran tres ámbitos jurídico-políticos de características singulares en los que las ikastolas se ven obligadas a adecuar sus planteamientos comunes de reconocimiento oficial de la marca "ikastola", tres espacios administrativos que cuentan, a su vez, con una composición de partidos, de sensibilidades y correlación de fuerzas políticas netamente diferenciada en los tres ámbitos.

Las ikastolas de Lapurdi, Behe Nafarroa y Zuberoa, agrupadas en la asociación/federación Seaska, han gestionado su reconocimiento en torno a dos elementos a lo largo de las dos últimas décadas del siglo XX y de la primera del siglo XXI: la financiación de sus costes laborales (puestos de profesores) y de sus costes de mantenimiento y funcionamiento, por una parte, y la aceptación del modelo educativo "ikastola" como modelo de inmersión lingüística, por otra. En torno a estos ejes, financiación pública y modelo de inmersión, se han desarrollado los acuerdos puntuales, parciales y globales que se han producido con la Administración central de Paris, con las académicas y regionales de Burdeos, Pau y Baiona, con las locales de diversos ayuntamientos de los tres territorios de Iparralde y con la de última creación, l'Office Public de la Langue Basque, desde el primer acuerdo de 1982, su consiguiente convenio de 1983, el convenio de 1989 y sus sucesivas actualizaciones hasta el último acuerdo del año 2009. Con el telón de fondo político-lingüístico del no reconocimiento del Euskara como lengua oficial, las ikastolas de Seaska han desarrollado exitosamente la gestión de su financiación pública y de su reconocimiento como modelo singular, al mismo tiempo que cuentan desde inicios del presente siglo XXI con un importante sostén financiero por parte del Gobierno vasco para la creación de nuevas ikastolas y mejora de infraestructuras de las existentes.

Las ikastolas de Nafarroa, asociadas en la federación NIE (Nafarroako Ikastolen Elkartea), se han encontrado dentro del ámbito administrativo de la Comunidad foral de Navarra con un factor que ha condicionado su gestión, de una forma muy especial y claramente distinta al resto de ikastolas de los otros territorios administrativos: La Ley foral del Vascuence de 1986. La división del territorio alto-navarro en tres áreas (vascófona, mixta y no vascófona) que la Ley del Vascuence implanta, ha acarreado que las ikastolas navarras existentes en el momento de la promulgación de la ley y que las ikastolas posteriormente creadas (sobre todo en la zona no-vascófona) hayan estado obligadas vivir unas condiciones muy desiguales en el desenvolvimiento de su actividad educativa. NIE, la federación de ikastolas de Nafarroa, ha gestionado los intereses colectivos en cuatro líneas de acción: normalizar la legalización de las ikastolas y su financiación pública en las zonas vascófona y mixta; minimizar, en la medida de lo posible, la desaparición de ikastolas (Leitza, Aoiz, Hiruherri Ikastola, ikastolas municipales de Iruñea, etc.) objeto de publificación por parte del Gobierno de Navarra; legalizar la ampliación de la oferta educativa en Educación Secundaria y su financiación pública; y acordar el tratamiento normalizado de las ikastolas de la zona no-vascófona. En un contexto jurídico-legal muy adverso y con una correlación de fuerzas políticas desfavorable, las ikastolas navarras han logrado un equilibrio de resistencia y de crecimiento, pero muy desigual de unas ikastolas a otras, según su ubicación en las zonas lingüísticas, que en algunos casos es muy inestable.

Las ikastolas de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa, a través de sus federaciones territoriales (AIF, BIE y GIE) y autonómica (Partaide), son las que ha desarrollado una actividad más vertiginosa en relación a su reconocimiento oficial. Los años (1978 y 1979) del Ente preautonómico (Consejo General Vasco) y los primeros (1980 y 1981) del Gobierno Vasco se caracterizaron por dos hechos: por una parte, la publificación de un elevado número de ikastolas de localidades en las que se impuso la fusión de la escuela estatal (todavía sin transferirse al Gobierno Vasco) con la ikastola, que en la práctica supuso la desaparición de la ikastola y el trasvase del alumnado de ésta a la escuela del Estado. Son los casos de las ikastolas de Araia, Alegria-Dulaintzi y otras en Araba, las ikastolas de Arratia, Aulestia y otras en Bizkaia; y las ikastolas de Antzuola, Elgeta, Zegama, Segura, Idiazabal, Ataun, Ormaiztegi, Itsasondo, Legorreta, Asteasu, Lizartza y otras en Gipuzkoa. Por otra parte, a lo largo del año 1979 se negoció con el gobierno español el reconocimiento de las ikastolas mediante un estatus singular, que se logró mediante la denominada Normativa de Titularidad Oficial de ikastolas, suscrita en 1980 por el gobierno estatal y por el recién constituido gobierno vasco, que reconocía a las ikastolas como "centros públicos de ámbito vasco", abría la puerta a la legalización y financiación de las ikastolas en todos sus niveles de escolarización, y reconocía la existencia de una tercer red educativa, mediante un registro oficial de ikastolas. Este logro marcó la línea de acción que las ikastolas de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa desarrollaron a lo largo de las tres siguientes décadas. En concreto, las ikastolas de dicha Comunidad Autónoma han reivindicado su condición de centro público vasco y su equiparación financiera al resto de centros públicos transferidos por el Estado a la Comunidad Autónoma del País Vasco.

En contraposición al resto de territorios administrativos (Estado francés y Comunidad foral Navarra), las ikastolas de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa han contado con una correlación de fuerzas políticas más favorable (EAJ-PNV ha estado en todos los gobiernos vascos desde 1980 hasta 2009, en solitario o en coalición) y con una estructura institucional (Gobierno vasco y Diputaciones forales) y normativa más próximas a los anhelos de las ikastolas que las vividas por sus hermanas de Iparralde y de Nafarroa. Estas circunstancias han posibilitado diferentes ensayos, impensables en los otros dos territorios administrativos, al objeto de alcanzar el reconocimiento oficial de la marca "ikastola" y de su estatus jurídico propio. Si el primero se concretó en 1980 con la mencionada Normativa de Titularidad oficial de ikastolas, el segundo tuvo rango de ley aprobada por el Parlamento Vasco en 1983: la creación del Instituto Vasco de Ikastolas, en euskara EIKE (Euskal Ikastolen Erakundea). La polémica que rodeó a estos primeros ensayos, tanto en el seno de las propias ikastolas, como entre los partidos con representación parlamentaria y entre el poder público vasco y el central, hacía ver que el reconocimiento oficial de las ikastolas era una cuestión de fondo, que iba más allá de la normalización de unos centros escolares y planteaba el debate político sobre el modelo de sistema educativo propio de la Comunidad Autónoma del País Vasco.

La escisión de EAJ-PNV, el debilitamiento de las posiciones nacionalistas en los gobiernos vascos de 1986 y 1990, y la carencia de un modelo de sistema educativo alternativo al estatal por parte de la fuerzas abertzales dejaron a las ikastolas de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa sin el sostén político imprescindible para llevar a buen término lo iniciado en 1980. El acuerdo de 1987 alcanzado por las ikastolas y por el Gobierno vasco de coalición PNV-PSE permitió albergar una esperanza en la construcción de una nueva red pública de centros vascos, que fuera fruto de la confluencia de los centros estatales transferidos y de las ikastolas, y diera paso a una Escuela Pública Nueva. En este contexto, las ikastolas crean jurídicamente la primera Confederación de ikastolas, y desde esta superestructura dar cuerpo y legitimación interna a una propuesta de Escuela Vasca, entendida como sistema educativo propio, que es aprobada en el I Congreso de ikastolas celebrado en dos sesiones (diciembre de 1989 en Donostia y enero de 1990 en Iruña). Dentro del diseño de Escuela Vasca aprobado se plasma un modelo de nueva escuela pública, avalada por un informe jurídico independiente, que dos años más tarde tendrá una redacción formal y articulada de proyecto de Ley de Escuela Pública Vasca que las ikastolas ponen a disposición del Gobierno Vasco, de los agentes políticos, sindicales y educativos, y de la sociedad en general. Son años de un gran dinamismo por parte de las ikastolas, ayudadas por una financiación pública que cubría sus gastos reales y un impulso colectivo interno de unidad e integración de las diferentes sensibilidades existentes en las ikastolas.

La renovación del acuerdo de coalición de PNV-PSE, con la incorporación de EE, a finales del año 1991, trajo consigo un pacto en materia educativa en las antípodas de los intereses de las ikastolas, que preveía una Ley de Escuela Pública diametralmente opuesta al planteamiento de nueva escuela pública vasca. Todo ello desembocó en dos leyes aprobadas por el Parlamento Vasco en 1993 (Ley de Escuela Pública Vasca y Ley de Cuerpos Docentes) que diseñaban una escuela pública a imagen y semejanza de la escuela pública estatal, y contemplaban la integración de las ikastolas en dicha red pública de centros. Las ikastolas de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa tuvieron que optar por ser centros públicos o centros privados concertados, perdiendo el reconocimiento de tercera red, de ikastolas, que tenían desde 1980. Contabilizando alumnado y aulas, el 65% de ikastolas decidieron mantener su identidad original y el 35% de ikastolas se transformaron en centros de titularidad del poder público. Desde finales de la década de los 60, cuando el régimen franquista amenazó con cerrar las nacientes ikastolas, estos centros educativos vascos no habían sufrido una situación tan grave y traumática.

Perdido su reconocimiento oficial como marca "ikastola", las ikastolas de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa centraron sus históricas líneas de acción en dos campos: en la sostenibilidad de todos y cada uno de los centros desde el punto de vista económico-laboral, y en el I+D+i del modelo educativo "ikastola" en todos sus aspectos (Curriculum vasco, Edición de materiales, Formación y Evaluación). En dicha dirección se realizaron el III, IV y V Congresos de ikastolas, los cuales permitieron recuperar el dinamismo de los inicios de la última década del siglo XX, fortalecer la estructura profesional de las federaciones y de la Confederación de ikastolas, y situar una vez más a este tipo de centros en la vanguardia de la innovación educativa. Al mismo tiempo, y en un contexto de revisión de los conceptos público y privado por parte de la clase política, las ikastolas comenzaron, a finales del pasado siglo XX, a articular un discurso renovado sobre el "servicio público de educación" que diera paso a una nueva consideración del sistema educativo y que ayudara en la consecución de un nuevo acuerdo social.

El VI Congreso de ikastolas, celebrado en tres sesiones (septiembre de 2008, enero de 2009 y junio de 2009), ha aprobado una estrategia a largo plazo, denominada "Ikastola 2020", en la que se integran todos los elementos de proyecto educativo, tanto los curriculares como los organizativos, y que pretende ser una carta de navegación para el movimiento de ikastolas a lo largo de la segunda década del siglo XXI, cuya gestión global en Euskal Herria y parcial en cada uno de los territorios administrativos (Estado francés, Comunidad foral de Nafarroa y Comunidad autónoma del País Vasco) estará sujeta, como hasta la fecha, a las variables políticas que en cada momento caractericen la diversa y compleja realidad institucional y de relaciones de fuerza políticas de Euskal Herria.

IEA

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