Monarchie et Noblesse

Blanca I de Navarra

Reina de Sicilia, condesa de Nemours, duquesa de Atenas y Neopatria, reina, finalmente, de Navarra desde 1425 hasta 1441.

Era hija de Carlos III el Noble y de Leonor de Trastamara, reyes de Navarra. Contrajo enlace matrimonial el 21 de mayo de 1402 con Martín El Joven, rey de Sicilia, duque de Atenas y Neopatria, hijo del rey Martín de Aragón. La ceremonia tuvo lugar en Catania, representando a la novia Mosen Leonel de Navarra y Diego de Baquedano. Ese mismo año fue Dña. Blanca a Sicilia acompañada por Ojerot de Var. Este matrimonio duró sólo siete años, ya que en 1409, Martín el Joven moría sin dejar hijos.

Tras morir también su suegro Martín el humano en 1410, la reina Blanca queda como regente de Sicilia hasta que es relevada por Juan II (futuro rey consorte de Navarra) en 1415.

Por otra parte Juana de Navarra, heredera del reino, muere sin descendencia en 1413, lo que convierte a Blanca, siguiente en la línea de sucesión, en la nueva heredera del Reino de Navarra.

El rey convocó Cortes para la proclamación de Blanca como primogénita y heredera en Olite, señalando el día 28 de octubre. La que había sido reina de Sicilia desde 1410 hasta 1412, fue así proclamada reina de Navarra. Esto despertó el interés de su vecino, el rey de Aragón. El 23 de mayo, de 1419 el infante D. Juan de Aragón, señor de Lara, dio poder a Diego Martínez de Sandoval, adelantado mayor de Castilla, para que en su nombre contrajese matrimonio con Dña. Blanca, reina viuda de Sicilia, hija primogénita de D. Carlos de Navarra. Al año siguiente se verifica la boda, esta vez en persona, en la catedral de Pamplona.

En 1422 vino a Navarra la reina Dña. Blanca, con su hijo Carlos, Príncipe de Viana, nacido en 1421. En 28 de agosto de 1424, hizo la reina un viaje a Castilla llevando al príncipe en su compañía hasta Haro. D. Juan y Dña. Blanca comenzaron a reinar en Navarra a la muerte de D. Carlos III en 1425.

Dña. Blanca hizo su testamento el 17 de febrero de 1439. Disponía que se la enterrase en Santa María de Ujué, con el traje y ropas de su coronación. Dejaba por heredero universal a su hijo el príncipe D. Carlos y a sus descendientes de legítimo matrimonio, prefiriendo los varones a las hembras. Decía en él que aunque el príncipe podía, según derecho, titularse rey de Navarra y duque de Nemours después de la muerte de su madre, le rogaba encarecidamente que no tomase esos títulos sin la benevolencia y bendición de su padre. A falta del príncipe llamaba por heredera a la infanta Dña. Blanca (Blanca II) y sus descendientes, y a falta de ésta a Dña. Leonor y los suyos. Ordenaba que durante la menor edad del príncipe fuese tutor el rey su padre, administrando el reino y el ducado de Nemours.

Murió Dña. Blanca I en 1441 dejando en este timorato testamento abierta la puerta a la ambición de su marido y, sobre todo, a la de la segunda mujer de éste Juana Enríquez, madre de Fernando el Católico. A su muerte, el enfrentamiento entre agramonteses -partidarios de Juan II- y beamonteses -que proclaman al Príncipe de Viana- es inevitable. Por lo demás no puede decirse que, en vida, se despreocupara de su hijo, al que ya a los 18 años había facultado para firmar en su nombre, dotándole cuando se casó, en 1439, con una casa en la ciudad y una buena capilla de músicos que el Príncipe convirtió en excelente. Durante su reinado se hizo el Libro de Fuegos de 1427.

En noviembre de 1994 la prensa anunció, causando revuelo en Navarra, que los restos humanos hallados con motivo de las obras en el presbiterio de la capilla mayor de la iglesia de Nuestra Señora de la Soterraña, Santa María de la Real de Nieva (Segovia) bien pudieran corresponder a los de la reina navarra que pudo morir en este lugar estando de peregrinación.

El Gobierno de Navarra decidió impulsar un estudio riguroso en caso de que así fuera ya que, a todos los historiadores consultados, el aserto les parecía verosímil. El antropólogo José Manuel Reverte efectuó un estudio del que concluía la coincidencia de los datos físicos con los históricos, pese a lo cual la Junta de Castilla y León decidió oficialmente volver a inhumar los restos en enero de 1995. Sin embargo el obispo de Segovia terció y se optó por custodiarlos en una caja fuerte de la entidad de ahorro del pueblo. Finalmente, las pruebas de ADN efectuadas ese año cotejando el material genético de los despojos con el del Príncipe de Viana (su hijo), cuyos restos se hallan en el monasterio de Poblet, dieron resultado negativo (diciembre de 1995).

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Se puede encontrar abundante bibliografía y un análisis historiográfico de la Historia Medieval de Navarra en: GARCÍA ARANCÓN, María Raquel: "La historia medieval de Navarra (1983-2003)". Vasconia. Cuadernos de Historia, nº 34, pp. 139-184. San Sebastián: Eusko Ikaskuntza, 2000.