Monarchie et Noblesse

Felipe IV

Reina desde 1621 hasta su muerte. Había nacido en Valladolid en 1605 y fallece en Madrid en 1665.

Pese a su temperamento artístico y natural instruido, se muestra incapaz de sustraerse a la guerra europea de los Treinta Años (1618-1648) agravada, en el caso español, con la crónica enemistad francesa que prolonga todavía la guerra durante más de un decenio. En este conflicto, de resultados desgraciados, el poder español acusa el golpe de la creciente importancia francesa. Aliado Felipe al emperador de Austria, tiene que luchar contra holandeses, ingleses, berberiscos y franceses y hacer frente al levantamiento de vascos (1631-1634), portugueses y catalanes (1640-1658) provocado por la incesante presión fiscal que intenta ejercer la Corona sobre las nacionalidades forales.

La guerra con los holandeses suspendida con la tregua de Doce Años, se reanuda en 1621 hasta la paz de Westfalia de 1648. Todos los buques holandeses abandonan los puertos vascos en 1621 y comienza la recluta para la Armada del Mar Océano. El 17 de abril de 1624, ante la posibilidad de un ataque de naves holandesas contra la costa vizcaína, la Junta General del Señorío acuerda fortificar las costas y puertos de Bizkaia y designar capitanes y oficiales en todas las villas y anteiglesias del Señorío, lo cual, impugnado por las villas, tuvo que ser revocado en noviembre. La petición de armas y dinero lloverá incesante sobre el país; Flandes, Italia, Cádiz, Brasil, la frontera franco-española es el destino de marinos e infantes vascos "voluntarios" enviados por las autoridades forales a requerimiento del monarca. El desastre de las Noventa Velas de 1632 demuestra que los holandeses quieren y pueden conquistar la independencia.

El 3 de enero de 1631 se firma una pragmática por la que se estanca la sal percibiendo el rey un impuesto sobre la venta de la misma. El conflicto se inicia cuando la Junta General se opone a la aplicación del bando y el Teniente General, haciendo las veces de corregidor, pretende aplicarlo sin el pase foral correspondiente. A partir de este momento se suceden los tumultos, con destrucción de bienes y de vidas, contra las autoridades locales y los funcionarios relacionados con la monarquía. Los amotinados confían en una hipotética ayuda de Francia, Flandes o Inglaterra, todas ellas naciones beligerantes en la guerra. La llegada del duque de Ciudad Real a Bilbao en 1634 marca el fin de los amotinados. El 24 de mayo eran ahorcados o agarrotados los 6 principales responsables del levantamiento. Una Real Cédula del 12 de mayo de 1634 derogó el impuesto sobre la sal en cuanto a su aplicación en Bizkaia.

En 1935, por contrarrestar la victoria española de Nördlingen, los franceses entran también en combate a favor de los protestantes. Como era de esperar, la frontera pasa a ser escenario de la lucha entre estados vecinos. Gipuzkoa moviliza sus tercios y protege Pasaia ya en 1634. Pero es en octubre de 1636 cuando las milicias navarro-guipuzcoanas invaden, en operación conjunta de la Escuadra y tropas de tierra, las tierras de Labort, engrosadas por alaveses y vizcaínos. Tras retirarse en otoño del siguiente año, son ahora las tropas de Conde las que penetran en abundancia en Gipuzkoa en junio de 1638. Es legendario casi el asedio de Hondarribia, defendida por Domingo de Eguía durante 69 días, en el que las tropas invasoras fueron derrotadas el 7 de setiembre. Entre los heroicos resistentes de la villa -hecha luego ciudad en recompensa por la hazaña- consta la existencia de 100 mujeres armadas. A continuación, el hecho mayor de esta guerra son las sublevaciones de Cataluña y Portugal para las que el rey sigue instando el envío de hombres y pecunio.

Se llama así a la serie de negociaciones que tuvieron lugar en la Isla de los Faisanes en noviembre de 1659. Felipe IV casaba a su hija con el joven Luis XIV. Al igual que su padre y antecesor, Felipe hizo un viaje a Gipuzkoa con motivo de las entregas de su hija D.ª María Teresa de Austria en 1660. Fue recibido el importante cortejo en el límite de la provincia por los dos diputados generales, D. Pedro Ignacio de Idiáquez, caballero de Alcántara, y por D. Martín de Zarauz y Gamboa, de Calatrava. Las tropas de honor que esperaron a los reyes ascendían a mil cuatrocientos hombres. Como en el viaje de Felipe III, el recorrido desde Salinas a San Sebastián y el paso por Mondragón, Villarreal, Zumárraga, Villafranca, Tolosa y Hernani fue un alarde de hospitalidad y brillantez por parte de la provincia. En olor de multitud entraron los reyes en San Sebastián, siendo recibidos por el alcalde D. Francisco de Orendain, pasando a alojarse como lo había hecho Felipe III en el palacio que en la calle Mayor poseía el duque de Ciudad Real. El día 12 de mayo se efectuó el acto oficial de rendir homenaje al rey. Se organizaron gran número de festejos y los reyes visitaron el puerto de Pasajes y el convento de San Telmo. Los servicios al rey, tanto antes como durante las ceremonias de las capitulaciones, fueron tan del agrado de rey y la corte, que éste otorgó con motivo del viaje a San Sebastián el título de ciudad. La Paz de los Pirineos consagró la partición de Cataluña y la de Navarra; la primera mediante la cesión de Rosellón y parte de la Cerdaña a Francia, y la segunda, por medio de la renuncia del Borbón a reivindicar la Alta Navarra para la corona navarra de la que él era titular bajo la denominación de Luis III. Hechas estas consideraciones sólo nos queda por poner de relieve el hecho notable de que, durante todas estas guerras, pudieran firmarse, por parte de los vascos de uno y otro lado del Bidasoa, los Tratados de Buena Correspondencia de 1643 y 1653.