Concept

Kixmi

Nombre con el que supuestamente designaban los jentiles a Jesucristo, y que en su lengua significaba mono. Solamente aparece en la leyenda del fin de los gentiles e incluso dentro de ésta, sólo en las versiones de Ataun.

Es el propio Jose Miguel Barandiaran quien nos resume en su Diccionario Ilustrado de Mitología Vasca la versión que con frecuencia escuchó en su niñez:

"Con este nombre que significa mono en el lenguaje de los gentiles vascos, designaban éstos a Cristo. La introducción del cristianismo y la consiguiente desaparición de los mitos gentilicos forman el tema central de una leyenda muy difundida en el pueblo vasco. Según una de sus versiones procedentes de Ataun, donde la oí muchas veces durante mi infancia, los gentiles se divertían un día en el collado de Argaintxabaleta, en la sierra de Aralar, cuando vieron que del lado de Oriente avanzaba hacia ellos una nube luminosa. Asustados por el fenómeno, llamaron a un sabio anciano y le condujeron a aquel lugar para que contemplase la misteriosa nube y les declarara lo que ésta significaba. El anciano les dijo: "ha nacido Kixmi y ha llegado el fin de nuestra raza; echadme por el vecino precipicio". Y los suyos le echaron peñas abajo y, seguidos de la nube luminosa -huyendo de la misma-, corrieron hacia Occidente, y al llegar al vallecito de Arraztaran, se metieron precipitadamente debajo de una gran losa que desde entonces se llama Jentillarri "sepultura de los gentiles" o "piedra de los gentiles": es el dolmen de este nombre, tumba de doble cámara que años más tarde exploré en compañía de los Dres. Aranzadi y Eguren. Así tuvo fin la gentilidad, según la leyenda" (Barandiaran, 1972-73)

De modo semejante a como ocurre con las sorginas, la curiosidad que despierta Kixmi y su supuesta importancia, exceden ampliamente a su valor etnográfico real. Si por ejemplo realizamos una búsqueda en Google con los términos Kixmi y "Jentilen akabera" (fin de los gentiles), los resultados del primero son aproximadamente cien veces superiores a los del segundo. La "culpa" habrá que echársela a Barandiaran, por presentar el mito del fin de los jentiles bajo la entrada KIXMI en su conocido Diccionario de Mitología Vasca, a pesar de que él mismo confiesa que el término sólo aparece en las versiones de Ataun. Siendo el citado Diccionario la obra que aún hoy constituye la fuente principal y destacada para el estudio de la mitología vasca, no es de extrañar que el nombre de Kixmi haya conocido tal difusión.

Sin embargo el caso de Kixmi es peor que el de las sorginas. Las leyendas de éstas son de origen exótico, concretamente derivadas de las predicaciones y sermones medievales, y no tienen por tanto gran valor para el estudio de la mitología vasca, pero al menos no causan en ésta más trastorno que la confusión que induce la generalización de su nombre. Sin embargo, en el caso de Kixmi, aparte de no poseer originalidad etnográfica, es el gran protagonista de la profunda alteración semántica que está sufriendo el mito del fin de los gentiles, auténtica joya de la mitología vasca. El mito del fin de los gentiles no tiene nada que ver en origen ni con el nacimiento de Jesucristo ni con la propagación del cristianismo. Sin embargo, una vez olvidadas las claves contextuales originales y ya en pleno contexto cristiano, la leyenda se va deformando gradualmente, hasta revestir cada vez más la apariencia de una confrontación entre cristianismo y paganismo gentil. Y no cabe duda de que Kixmi juega un papel protagonista en esta evolución. Sirve para expresar el desprecio que los gentiles sentían supuestamente por Jesucristo, ya que se nos dice que el término significaba mono en el lenguaje de aquellos, y que por tanto llamaban mono al máximo representante de la cristiandad. Pero Kixmi no está solo. Otras versiones del fin de los gentiles refieren asimismo términos insultantes que abundan en la misma idea de ofender al cristianismo: algunas citan los términos pilistriak o pilistindarrak, que sin duda corresponden a los filisteos que cita la Biblia, pueblo enemigo secular de Israel y por tanto descrito negativamente en la misma. El supuesto uso que de dicho término harían los gentiles para designar a los cristianos es una nueva muestra de su desprecio hacia estos. También existe una versión en la que se dice que los gentiles llaman jende perrua (gente perruna) a los cristianos, mientras se designan a ellos mismos como jende humanua (gente humana). Estas intromisiones de nuevo cuño van poniendo las bases para alterar el significado de la leyenda. En adelante, el nuevo eje semántico será la llegada del cristianismo, luego se vinculará ésta al nacimiento de Jesucristo por más que ambas se hallen separadas por varios siglos, y finalmente llegaremos a ver que la aparición que atemoriza a los gentiles es la estrella del portal de Belén. En muchas de las versiones además, el fin de los gentiles no va a ser ya una mortandad súbita ligada a una sepultura megalítica como la de Jentilarri, sino que derivará en un final gradual que se extiende a lo largo del tiempo.

La actividad de los predicadores desde la Edad Media ha tenido una influencia innegable en las tradiciones populares, aunque en lo referente al País Vasco el tema siga a falta de ser estudiado en profundidad. Hace algunos años tuve noticia de un apunte etnográfico, con origen en Amezketa (Gipuzkoa), según el cual, cuando una mujer tras peinar sus cabellos recoge los que se han quedado en el peine, ha de formar una bolita con ellos y echarlos al fuego. Nunca al suelo. Porque, si a causa de la lluvia por ejemplo, se llegaran a mojar, nacería de ellos una cabeza de serpiente(s). Dado que nunca he encontrado una referencia semejante en la etnografía vasca, y siendo la fuente de total fiabilidad, siempre he pensado que dicha imagen gorgónica debía corresponder a un localismo de Amezketa, del mismo modo que Kixmi es un localismo de Ataun, y que en ambos casos debían haberse originado en las imágenes evocadas en los sermones por los curas respectivos. Los sermones son desde la Edad Media la parte de la misa escuchada con mayor expectación y estima, entre otras cosas por ser la única que el pueblo entendía, al estar pronunciada en la lengua local. Puede decirse sin temor a exagerar que se trató de un auténtico género literario. Y una de las fuentes de inspiración más usadas para su elaboración fueron los bestiarios medievales, (bestiarium vocabulum), colecciones en las que se describían e ilustraban toda clase de animales tanto reales como mitológicos. Estas descripciones eran físicas pero también morales, y se atribuían a dichos animales ciertas cualidades y defectos en función de las creencias en vigor. Los bestiarios tuvieron una gran influencia, tanto en la decoración de los pórticos y gárgolas de las iglesias, como en la elaboración de los sermones escritos y pronunciados por los predicadores desde la Edad Media hasta bien entrada la Edad Moderna. Pues bien, aunque no tengamos referencias directas de menciones de monos en los sermones vascos, tenemos algunas en sermones de otras latitudes europeas además de numerosos bestiarios, en los que la coincidencia descriptiva es total y sin fisuras. Las dos características que distinguen al mono son su fealdad y su ridiculez. Es la expresión del querer y no poder. Tiene una cola corta e irrisoria. Le pidió al zorro que le cediera parte de la suya, tan hermosa, pero éste se negó. Por eso, al igual que algunos humanos que medran con rapidez, se encarama ágilmente hasta lo más alto pero lo hace enseñando el trasero. Por otra parte, intenta imitar el comportamiento de los humanos y su torpeza resulta ridícula como cuando intenta peinarse ante un espejo. Este tipo de citas escuchadas en los sermones eran lo que sabían de los monos los ataundarras medievales que nunca había visto uno. No es extraña pues su elección del término Kixmi/mono para expresar junto a los de filisteo y raza perruna el desprecio que supuestamente albergaban los gentiles hacia Jesucristo y los cristianos.