Cuevas

CUEVAS DE ISTURITS, OXOZELHAIA y ERBERUA

Grupo de santuarios prehistóricos en Isturits/Saint-Martin-D'Arberoue (Baja Navarra). La propiamente de Isturits se halla superpuesta a la de Oxozelhaia y a la de Erburua o Arberoa. Componen las tres el conjunto denominado genéricamente Isturits.

La densidad y riqueza de su habitat prehistórico, su secuencia de estratos y las formas peculiares de algunos efectivos de instrumentos y arte mueble hacen de la cueva de Isturits un caso excepcional entre los yacimientos de la zona. E incluso una de las estaciones más importantes y representativas del Paleolítico Superior en Europa Occidental. Los varios trabajos de su excavación, la dispersión hasta hace bien poco de sus materiales, su publicación en diversas entregas y el diferente enfoque que quienes excavaron el yacimiento han dado a su seriación estratigráfica dificultan el estudio de conjunto de este importante lugar. La cueva de Isturits es una vasta caverna excavada en una colina de calizas aptienses; se abre a 209 m. de altitud sobre el nivel actual del mar, en zona limítrofe entre las dos comunas de Isturits y de Saint-Martin d'Arbéroue, que se reparten la superficie de la caverna. La colina, llamada Gaztelu y conservando curiosas referencias populares a existencia de antiguos tesoros en sus entrañas, ha ido siendo erosionada por el aparato del río Erberua, afluente del Adour. Así se ha producido en su interior un complejo sistema de cavidades en el que -por el momento y de modo simplificado-- se distinguen tres conjuntos o pisos. En el superior se sitúa la propiamente llamada cueva de Isturits. En el medio, la de Oxozelhaia o Haristoi, de desarrollo complicado, con diversos frisos de arte rupestre paleolítico y con un yacimiento en su embocadura excavado por J.M. de Barandiarán y G. Laplace: prácticamente inédito. Por fin y a un nivel más bajo, está la red espeleológica de Erberua, cuyo acceso actual sólo es posible remontando con equipo de submarinismo los sifones del cauce del río Erberua hacia el interior de la colina de Gaztelu: es en esa red inferior donde se han descubierto hace pocos años importantes conjuntos del arte rupestre en pintura y en grabado. En esta enumeración de yacimientos estratificados del Paleolítico Medio y Superior en Euskal Herria detendremos ahora nuestra consideración en la cueva de Isturits, impropiamente designada en algunas guías turísticas como de Oxozelhaia. La dualidad de las denominaciones de las dos grandes salas de la cueva (Gran Sala, o sala de Isturits, de unos 120 m. de longitud; y Sala de San Martín, de unos 100 m.) alude, precisamente, a que sus bocas -que dan, respectivamente, al NW. y al SE.- se abran hacia uno u otro de esos términos comunales. El paquete de estratos arqueológicos depositados en la Gran Sala fue sellado y protegido por un horizonte estalagmítico de variable espesor (entre los 10 cm. y el metro de potencia): y así se preservaron muy bien esos niveles. No ocurrió lo mismo con el depósito acumulado en la Sala de San Martín, perjudicado sensiblemente por las remociones reiteradas de los paisanos que extraían de la cueva tierras para abonar los campos próximos. (Bibliografía básica: E. Passemard, 1924 y 1944; R. de Saint-Périer, 1930 y 1936; R. y S. de Saint-Périer, 1952; H. Delporte, 1974).
Las investigaciones prehistóricas en la cueva de Isturits. Entre 1895 y 1898 se señaló en Isturits la presencia de materiales prehistóricos de aspecto magdaleniense, que incitaron a E. Piette a su sistemática excavación, sin conseguirlo. En 1913 E. Passemard emprendió las excavaciones de Isturits, atrayendo la atención de los medios prehistóricos tanto por la riqueza de las industrias que iban apareciendo y por la secuencia de su relleno arqueológico como por el hallazgo afortunado de algunas figuras animales en grabado y relieve sobre una formación estalagmítica de la Gran Sala. En 1923 dio Passemard fin a la serie de campañas de excavación en la cueva, tras realizar un sondeo bajo el nivel P, en el que alcanzó los 6,50 metros de profundidad. En 1928 el Conde R. de Saint-Périer, eficazmente ayudado por su esposa, acometió una segunda etapa de excavaciones en Isturits, dedicándose en campañas de 1928 a 1930 a la Sala de San Martín y en los años siguientes, hasta el de 1935, a la Gran Sala; con algunas atenciones parciales complementarias en años posteriores, hasta acabar definitivamente sus trabajos en la cueva en 1948. La muerte interrumpió la empresa de R. de Saint-Périer de redactar el texto de la tercera de sus memorias sobre el yacimiento de Isturits, referida a los niveles del Musteriense del Auriñaciense y del Solutrense. El mismo Conde escribía el 18 de agosto de 1950: «La sombría visitante que ronda desde hace meses en tomo de mi casa se acerca lentamente. No me concederá ya el tiempo preciso para concluir mi trabajo. Pero puedo dejar su cuidado, sin inquietud, a la que no me ha abandonado desde hace treinta años y no ha cesado en ese tiempo de trabajar conmigo y para mí. Ella deberá exponer, sin traicionar mi pensamiento, nuestras investigaciones e ideas comunes y sabrá dar modestamente, como lo deseo, la verdadera dimensión de mi contribución a los conocimientos humanos». Muerto poco después, fue en efecto su viuda -Suzanne de Saint-Périer- quien se hizo cargo de acabar la preparación de aquella edición, que se imprimió en 1952. La bibliografía fundamental sobre el yacimiento de Isturits se centra en las memorias y artículos de E. Passemard y de los Saint-Périer. El primer informe de Passemard se incluyó en 1913 en el Boletín de la Sociedad Prehistórica Francesa; poco después, en 1924, en su revisión del Paleolítico vasco-septentrional, ofrecerá abundantes datos y reflexiones sobre los estratos y materiales de la cueva; por fin, en 1944, publicó la memoria definitiva de los trabajos de excavación, en un tomo de la revista «Prehistoire» de París. R. de Saint-Périer distribuyó las memorias de sus excavaciones en tres partes que se corresponden con otros tantos volúmenes de la serie de Archivos del Instituto de Paleontología Humana de París, aparecidos en los años 1930, 1936 y 1952. El primero se dedica al estudio del Magdaleniense de la Sala de San Martín; el segundo al Magdaleniense de la Gran Sala; y el tercero a los restantes niveles en todo el yacimiento. Diversos artículos menores fueron firmados tanto por Passemard como por Saint-Périer sobre todo exponiendo varias de las más llamativas piezas del arte portátil de Isturits. Son bastantes las aportaciones de diversos especialistas a la concreción cultural en el diagnóstico de los niveles de la cueva: tanto algunos textos firmados por la Condesa-Viuda de Saint-Périer, como en monografías de N.C. David (sobre el Perigordiense Superior y Final), Ph.E.L. Smith y L.G. Straus (ambos sobre el Solutrense), H. Delporte (sobre el Musteriense) o P.G. Bahn (sobre economía y modos de explotación en el yacimiento). Diversas notas de clasificación paleontológica se deben a J.Bouchud, F. Beaufort y R. Jullien: empleadas luego sus referencias para algunas reflexiones de I. Davidson, J. Altuna, P.G. Bahn y F. Lavaud. Un análisis palinológico de Isturits ha sido publicado por Arlette Leroi-Gourhan. El arte parietal de la cueva ha sido adecuadamente descrito y analizado en los conocidos textos generales de H. Breuil, P. Graziosi y A. Leroi Gourhan. Los materiales procedentes de esas campañas de excavación están ya, en su mayoría (buena parte de la colección Passemard y la práctica totalidad de la de los Saint-Périer), reunidos en los fondos del Musée des Antiquités Nationales francés, en Saint-Germain-en-Laye; otros lotes menores se retienen en museos locales (de Pau, Museum y Museo vasco de Bayona, etc.). Las críticas a los trabajos de Passemard y Saint-Périer menudean en nuestro tiempo. A. Leroi-Gourhan ha censurado en aquellos prehistoriadores que no supieran distinguir la totalidad de «los subniveles estratigráficos... en excavaciones que fueron rápidas y desprovistas del aparato científico preciso». Ph.E.L. Smith se lamenta en el mismo sentido creyendo que ya es tarde para intentar reconstntir la secuencia arqueológica exacta de Isturits. J. Bouchud, al analizar las series de fauna recogida por los Saint-Périer, insiste en el carácter selectivo que tienen: pues no se recogían, ante su impresionante abundancia, todos los materiales osteológicos sino algunas piezas más completas o que juzgaron más significativas. Estas y otras críticas, muy justificadas, no llegan a anular el extraordinario valor de los lotes de industrias del yacimiento ni las observaciones básicas formuladas por sus excavadores. Es evidente que en la época en que se realizaron aquellos trabajos (iniciados a comienzos de la segunda década del siglo) no se disponía de las precauciones metodológicas que los prehistoriadores de hoy consideran imprescindibles para asegurar la calidad de los datos recogidos. El mismo desarrollo de esas campañas a lo largo de más de treinta años -por dos equipos diferentes y con las lógicas intermitencias y dificultades inherentes a su parcial coincidencia con el desarrollo de las dos Guerras Mundiales (en las que Francia era país beligerante)- influyó, sin duda, en la reticente aceptación de sus resultados. Las memorias de Isturits no reseñan todo lo hallado sino una selección de lo que se creía más significativo: eso sí, con excelentes dibujos de las industrias lítica y ósea y del arte mobiliar (debidos en el caso de las publicaciones de los Saint-Périer a la expertísima plumilla de Jean Bouyssonie). Escasean los cortes estratigráficos, en cuya abundancia precisamente se hubiera encontrado la posibilidad de organizar numerosas dudas de correlación de niveles y de precisión de subestratos; y no se da reproducción gráfica alguna de las disposiciones horizontales (suelos, hogares, dispersión de las evidencias, etc.). No son, por otra parte, suficientes ni homogéneos los cómputos de elementos industriales o faunísticos que permitan una apreciación de conjunto suficientemente segura. Se han llegado a realizar en estos últimos años útiles intentos de correlación de niveles y de precisión climático-cronológica entre las cuatro secuencias de estratos disponibles: las observadas en las dos salas de Isturits por los dos equipos de excavadores. En este sentido es de justicia subrayar el interés de los cuadros elaborados al respecto por H. Delporte en 1974 y R. Arambourou en 1976 y de la aportación climatológica de Arlette Leroi-Gourhan en 1959. Así como el intento de P.G. Bahn en 1979 por ensamblar las dos fuentes de información original sobre la fauna encontrada en Isturits con lo apreciado por J. Bouchud en 1966, para ofrecer un panorama comprensivo de fauna y su explotación por los habitantes de la cueva en el primer tercio del Paleolítico Superior. Quedan, de todas formas, suficientes zonas de inseguridad en la determinación de las equivalencias o contemporaneidades entre los datos ofrecidos por las cuatro series estratigráficas. Y no es difícil topar con evidentes contradicciones al describirse, por los varios autores, los caracteres de la sedimentología, de la fauna o de las industrias de los supuestos «mismos» niveles. Por poner un ejemplo se puede recordar que cuando se ocupan a la vez las dos salas de Isturits, en el Magdaleniense Medio, la composición de la fauna descrita por Passemard (nivel E) y por Saint-Périer (niveles SI, II) difiere ligeramente. Para Passemard los bovinos y los caballos son muy numerosos, subiendo progresivamente en importancia el reno hasta llegar a predominar al final de la etapa; en tanto que Saint-Périer afirma que siempre predomina el caballo, situándose el reno en segunda posición. Todo ello puede explicarse, por la vía más sencilla, poniendo en duda el valor de las interpretaciones de aquellos prehistoriadores o suponiendo la incorrección de su método de selección y recogida de los restos o de cómputo de las evidencias (¿número de restos o número calculado de individuos?). También se puede sugerir otro tipo de justificación, pensando que en el yacimiento se hubieran de desarrollar actividades distintas en varios lugares de su amplia extensión y que su excavación llegó a retener tales diferencias pero sin poderlas explicar. Es, más o menos, lo que piensa P.G. Bahn (1979, cap. 3:46) al respecto: «Las discrepancias entre ambas series pueden indicar que los niveles de los dos excavadores no son precisamente equivalentes o sincrónicos, pero también pueden deberse al método de selección de los restos, habiendo también un amplio margen de variaciones tanto en huesos como en industrias en el interior de esta cueva enorme como para sugerir una clara localización de actividades. Así: los raspadores son más numerosos en las galerías laterales, en tanto que los buriles abundan al fondo de la sala meridional (según apuntó Saint-Périer en la memoria de 1930); los grabados sobre placas de esquisto son numerosos en una sala y no en otra (también referido por Saint-Périer); la sala septentrional (o sea la Gran Sala) presenta dos acumulaciones llamativas de astas de reno y de ciervo trabajadas y sin trabajar, acaso un almacén de reserva, mientras que las vértebras y costillas de los grandes herbívoros son frecuentes en torno a la entrada de la cueva pero no más adentro (siempre de acuerdo con expresiones de Saint-Périer)»,. La secuencia de Isturits muestra un prolongado hábitat en la caverna hasta tiempos protohistóricos y más recientes, cubriendo la mayor parte de los estadios del Paleolítico Superior, comenzando en el Musteriense. Acaso la visión reelaborada de una estratigrafía teórica de conjunto no obedezca a la real sucesión de niveles en cada lugar o momento, ni sea uniforme en toda la extensión de la cueva. Pero incluye una sucesión de etapas culturales que no se hallan en su conjunto en ni uno solo de los otros yacimientos vascos e incluso lo hacen, en opinión de M.ª L. Pericot, «el mejor yacimiento de la zona pirenaica francesa, con algunas particularidades que sirven de transición a la zona cantábrica». En resumen se debe aceptar en la cueva de Isturits una presencia humana en la Baja Edad Media y, por indicios de lo galorromano y del Eneolítico, se va ofreciendo con intensidad a lo largo del Paleolítico Superior y del Medio. Bajo un Aziliense pobre el Paleolítico está representado por niveles: del Magdaleniense VI y V, de un Magdaleniense IV muy rico, del Solutrense (en dos etapas), del Perigordiense Final y Superior (Epigravetiense y Gravetiense), del Auriñaciense típico (évolué y típico), del Perigordiense Inferior (Chatelperroniense) y del Musteriense (en dos niveles).
La estratigrafía de la Sala de Isturits (o Gran Sala, o Sala norte) El reciente intento de H. Delporte en 1974 de ensamblar los cortes estratigráficos estudiados por E. Passemard y por Saint-Périer sugiere la siguiente correlación que puede aceptarse en sus líneas generales. La trascribiré casi literalmente, de abajo arriba, citando primero la definición por los Saint-Périer y luego la de Passemard:- Limos estériles, de base, con espesor de 2,5 m. (Saint-Périer) ó 5 m. (Pas.).- Nivel V, «Auriñaciense medio» = nivel A, «Auriñaciense».- Estéril en 15 a 20 cm. = cantos y fragmentos calizos.- Nivel IV, de tono negro, Gravetiense = nivel F3, Auriñaciense.- Nivel III, «Auriñaciense final» = nivel C, Auriñaciense.- Sólo Passemard señala la existencia de un nivel estéril de arcilla.- Nivel IIIa, Solutrense = nivel F2, Solutrense.- Arcilla estéril.- Nivel II, Magdaleniense N y trazas del III, en la base «raras piezas solutrenses» (nivel IIIb?) para los Saint-Périer = nivel E, Magdaleniense.- Nivel I, negro, Magdaleniense V = nivel Fl, Magdaleniense.- Nivel Ia, Magdaleniense final y Aziliense = nivel B, «con grandes sílex»,.- Estalagmítico.- Restos antiguos y prehistóricos en superficie: nivel 0 de Passemard
La estratigrafía de la Sala de San Martín (o Sala Sur) De acuerdo con la propuesta de H. Delporte en 1974 se suceden sus estratos así, de abajo arriba (en primer lugar la referencia de Saint-Périer, en segundo la de Passemard): - Estalagmita y bloques de hundimiento (Passemard). - Limos amarillentos y huesos (en un espesor de 5 m.) (Passemard). - Nivel SV, "Musteriense más antiguo que el típico" = nivel P "musteriense". - Nivel de limos con restos de oso de las cavernas y algunos sílex musterienses. - Estéril (de 25 a 30 cm.) (Saint-Périer). - Nivel SIV, "Musteriense típico" = nivel M, "Musteriense". - Estéril = bloques de hundimiento. - Nivel SIIl, "Auriñaciense típico"... a su base, utillaje de aspecto cha telperroniense = nivel A, "Auriñaciense". - Arcilla estéril a veces estalagmitizada = bloques y cantos. - Nivel SII, "Auriñaciense Medio" = nivel xy, Auriñaciense. - Nivel estéril (?) (Saint-Périer). - Base del nivel SI, con piedras planas casi contínuas, estalagmita, "dos: piezas solutrenses" (Saint-Périer). - Nivel SI, Magdaleniense antiguo = nivel E, Magdaleniense. - Estatagmita, con cerámica y huesos humanos de la E. del Bronce (St.Périer) = estalagmita. - Nivel D, arcilla, E. del Bronce = arcilla estéril.
F. Lavaud en 1980 ha recordado la propuesta hecha por S. de Saint-Périer en 1953 de interpretación climática de los niveles de Isturits, de acuerdo con los datos paleontológicos que recogieron su marido y ella en las excavaciones de la cueva: -El nivel SV, de clima al menos templado: sin reno, con bovinos y caballo raros; - el nivel SIV, de clima templado: el ciervo se afirma y los grandes bovinos son frecuentes, el caballo se hace raro y el reno rarísimo; - el nivel SIII, de clima más frío: domina el caballo, hay más renos que ciervos, y los ciervos son raros; - el nivel SII, de clima frío: caballo muy abundante, reno un poco más numeroso que ciervo, presencia del zorro polar.
Cuadro que concreta -y contradice en algún detalle- con la serie de fauna que procedente de las mismas excavaciones de los Saint-Périer pudieron estudiar F. de Beaufort y R. Jullien en 1973 (publicada en el tomo 33 del Boletín del Museo de Historia Natural de Marsella)

  SV SIV SIII SII
Canis lupus
Vulpes vulpes
Alopex lagopus
Ursus spelaeus
Crocuta spelaea
Felix sylvestris
Bos o/y Bison
Rupicapra rupicapra
Cervus elaphus
Rangifer tarandus
Capreolus capreolus
Equus caballus
Coleodonta antiquitatis
Mammuthus primigenius
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La sucesión de las etapas de ocupación en la cueva de Isturits. En la presentación que sigue de su depósito seguiré básicamente las observaciones de las memorias de los Saint-Périer, incluyendo algunos cómputos de industrias líticas y óseas que ellos ofrecen. La referencia a las reflexiones de E. Passemard normalmente sólo se hará de modo complementario. Las grandes unidades de la estratigrafía arqueológica de Isturits son, de abajo arriba.
1 Nivel «Musteriense anterior al típico». (Musteriense «antiguo»). Sólo se ha determinado su existencia, como la del que se le superpone en la Sala de San Martín: es denominado nivel P por Passemard y SV por los Saint-Périer. Se extendía en varias zonas de esa Sala una capa de arcilla amarillenta, de 25 a 30 cm. de espesor, absolutamente estéril: bajo ella aparecían numerosos huesos del oso de las cavernas en un tramo no más grueso que 20 cm. Era debajo de este subnivel donde se ofrecían los testimonios de la más antigua presencia humana en la cueva de Isturits: en una profundidad que, en las excavaciones de Passemard, llega a los 3,50 m. Los instrumentos musterienses aquí recogidos atestiguan una presencia irregular en la Sala: entre zonas de hogares densos y notablemente carbonosos se interponen otras estériles por completo. Los Saint-Périer opinan que ello pueda deberse a la dulzura del clima que posibilitaría una cómoda estancia humana en el exterior. Lo que parece confirmarlo la fauna de mamíferos donde no hay ninguna de las especies consideradas indicadoras de un clima frío. El utillaje lítico del nivel (unas 200 piezas en la colección Saint-Périer) ofrece los caracteres habituales en los conjuntos musterienses: casi las tres cuartas partes están elaboradas sobre lasca, siendo muy abundantes las raederas; hay puntas con el talón facetado o no y con comienzos de ablación del bulbo de percusión; etc. Frente a ese utillaje de tamaño «menor» aparecen tipos procedentes de lascas extraídas de cantos de gran tamaño (de ofita y cuarcita especialmente) en formas similares a algunas típicas del sitio de Olha I. Los Saint-Périer creían que este nivel Musteriense de Isturits, «anterior al típico», pudiera ser posterior al Musteriense más reciente del abrigo de Olha, relacionándolo con el «Musteriense típico inferior» de Le Moustier (B) y de La Fertassie (C), aunque no difiere demasiado del nivel siguiente de esta misma sala de Isturits. Frente a ellos, la opinión de E. Passemard es más ajustada a la realidad: al pensar que el comienzo de la ocupación de la cueva de Isturits sólo sería algo posterior a la del abrigo de Olha I. De modo que el nivel P de Isturits pudiera tener su correspondencia en el Fi3 de Olha, y el M de Isturits en el Fs de allí. Desarrollándose enseguida de modo sincrónico el trascurso del Musteriense en uno y otro lugar: tal como ha mostrado H. Delporte.
2 Nivel «Musteriense típico». Se ha reconocido su presencia sólo en la Sala de San Martín: es el llamado nivel SIV por los Saint-Périer y M por Passemard. Consiste en un depósito de tierra arcillosa marrón o amarillenta no demasiado oscura, algo densa: aparece mezclada con gruesos bloques procedentes de diversos hundimientos del techo. Ocupa un espesor de 50 a 60 cm., habiendo comprobado en 1913 Passemard su existencia incluso en el exterior de la cueva, a más de cinco metros por delante de su entrada actual. Como ya se indicó, está separado este nivel del anterior por un depósito arqueológicamente estéril, sólo con restos del oso de las cavernas: que supondría una etapa de abandono de la cueva por parte humana durante un período de tiempo. El cuadro de macrofauna del nivel es reducido y sus restos poco abundantes. Los Saint-Périer determinaron la presencia de coprolitos de hiena de las cavernas en la base del nivel. El utillaje lítico recogido por los Saint-Périer llega casi al millar de piezas, de calidad técnica muy desigual: casi siempre son de pequeñas dimensiones, en sílex en su mayoría (no llegan al 6% las fabricadas en cuarcita). En los talones de las lascas empleadas para aquella fabricación de instrumentos se aprecia una proporción similar de lisos y facetados. Las dos terceras partes, casi, del efectivo son raederas, a veces convergentes, la mayoría simples; las puntas llegan al centenar. Hay algunas lascas de tipo Levallois. Abundan los percutores y, menos, los compresores-retocadores de piedra; ello, junto a un expresivo lote de esquirlas de hueso con marcas concentradas, testifica el desarrollo en la propia cueva de las diversas faenas del trabajo de lascado y retoque de bastantes utensilios de piedra. El instrumental óseo más específico incluye esquirlas óseas aguzadas, sólamente. Los Saint-Périer (que no reproducen en su memoria de 1952 más allá de un 5% del efectivo lítico recogido) determinaron este nivel como «Musteriense Típico», relacionándolo con niveles de Laussel, La Chapelle-aux-Saints, La Ferrasie y Le Moustier. De acuerdo con la reciente revisión por H. Delporte de la colección Passemard, el Musteriense del nivel M se debe clasificar en el grupo Charentiense, ofreciendo en la opinión de Delporte (1974:34-35) los caracteres más específicos de esa facies: «el muy elevado número de raederas (y, dentro de ellas, la importancia de las convexas: con una presencia muy significativa del llamado retoque Quina), la abundancia de las limazas y también de los huesos impresionados, su bajo índice de lascado Levallois». En tanto que el nivel inferior, el P de Passemard, se asemeja bastante al M, pudiéndoseles suponer una relación de filiación: el P sería un proto-Charentiense (de cierto matizado por la presencia de las grandes lascas tipo Olha, por tanto de la variedad «Vasconiense» de F. Bordes) que seguirá un proceso original de evolución hacia el Charentiense del nivel M.
3 Nivel «inferior al Auriñaciense Típico».(Chatelperroniense). Al abordar la descripción de los niveles inferiores al Solutrense en la Gran Sala y al Magdaleniense Medio en la mayor parte de la Sala de San Martín (esto es, el denso paquete de estratos interpuestos entre aquéllos y el Musteriense) hay que aclarar, en justicia hacia Passemard y los Saint-Périer, el sentido con que aplicaban el término «Auriñaciense». Pues cuando unos y otros estaban excavando el lugar de Isturits las ideas innovadoras de D. Peyrony a favor de una subdivisión del genérico Auriñaciense en dos phyla culturales (el Auriñaciense en sentido estricto, y el Perigordiense) no habían sido expuestas. Es pues un tema que no llegó a plantearse Passemard en sus publicaciones sobre tales niveles en Isturits: a los que, sean los que fueren, aplica siempre el viejo término de las subdivisiones de Breuil del «Auriñaciense» genérico («antiguo» o «inferior», «medio» o «típico», y «superior»). Durante las excavaciones de los Saint-Périer se produjo la publicación de la propuesta de Peyrony, que en menos de diez años estaba ya siendo aceptada por el consenso de quienes eran autoridad (H. Breuil, el primero) en las investigaciones sobre el Paleolítico Superior europeo. Se produjo, precisamente, este cambio de planteamiento léxico-conceptual entre la publicación de las dos primeras memorias de Saint-Périer (de 1930 y 1936) y de la última (1952) y de las posteriores notas sueltas de S. de Saint-Périer sobre temas parciales de los efectivos de Isturits. Conscientes los Saint-Périer de la necesidad lógica de abordar el cambio de denominaciones pero también de la confusión que pudiera generarse entre los nuevos textos y los anteriores en caso de llevarse a cabo, decidieron mantener la antigua nomenclatura por varios motivos, que explicaron claramente (R. y S. de Saint-Périer: 1952:260-261):

- Respetar la regla de prioridad de las denominaciones antes utilizadas;
- poner de relieve «los lazos que subsisten entre todos esos estadios a pesar de sus diversas fisonomías y de sus divergencias aparentes o momentáneas, estimando que tales divergencias de facies locales no son suficientes para destruir las líneas generales del esquema de Breuil»;
- y considerar a la «cultura Auriñaciense» como la base sustancial de todas las variedades o grupos propuestos por D. Peyrony, pues ella «bajo una u otra forma, en diversos grados, se extendió tan ampliamente en el espacio y tan prolongadamente en el tiempo, siguiendo una ascensión continuada, que representa la base fundamental de toda civilización».

Es muy probable que los Saint-Périer hubieran acabado por ceder a la presión de la aceptación generalizada de la nueva clasificación del antiguo «Auriñaciense»: de hecho, la Condesa-Viuda llegó a utilizar en su última referencia escrita a la estratigrafía de la cueva las denominaciones de Gravetiense y Epigravetiense. Pero los motivos que hicieron para explicar su decisión «conservadora» de 1952 se justifican en cierta parte si se tiene presente el estilo un tanto homogéneo de las diversas series de evidencias Isturitsenses, situación bastante común en los yacimientos del Pirineo francés y, sobre todo, de la Cornisa Cantábrica. Donde las etapas de ambos phyla, Auriñaciense y Perigordiense, no suelen tener la teórica nitidez incontaminada y claramente definitoria del modelo del Périgord. El llamado «nivel inferior al Auriñaciense Típico» fue apuntado en la base del nivel SIII de la Sala de San Martín por los Saint-Périer: tiene un espesor de 15 a 20 cm. y es de tonalidad «progresivamente más clara, al tiempo que se empobrecía notablemente» según se descendía. Su utillaje era escaso, pero bien diferenciable del nivel que se le superpone. En sílex no estaban aún las puntas típicas de los estadios superiores del Perigordiense, aunque había algunas láminas o lascas laminares bastantes estrechas con un retoque cuidado como cuchillos o puntas de dorso: entre ellas tres bien definibles como «puntas de Chátelperron». Había también algunos raspadores altos (sobre todo casi nucleiformes) y, en menor cantidad, los trabajados en extremo de lámina, planos. Sólo tres buriles de ángulo, y diversas piezas de tipo musteriense (puntas de talón liso o facetado, algunas raederas). El utillaje óseo era muy pobre. La determinación del momento de formación de este nivel de Isturits se puede hacer con cierta seguridad: la presencia de piezas de la tradición musteriense o de técnica Levallois, la escasez de buriles, la morfología de algunos raspadores y, sobre todo, la presencia de los cuchillospuntas de dorso abogan por su clasificación en el Perigordiense Inferior (= Chatelperroniense). La posición interpretativa de los Saint-Périer al respecto es correcta en el planteamiento, aunque no se decidan por aceptar la propuesta innovadora de Peyrony. Para ellos es éste «un nivel intermediario de unos hombres que poseen una técnica nueva (con respecto al precedente «Musteriense típico»), aún tímida y poco diestra, que tomará poco a poco un gran incremento... Aún ofreciendo los caracteres de un primer estadio del Auriñaciense típico... puede considerársele como una facies pirenaica de este período». En este nivel piensan que se establecería la transición de un «Auriñaciense Inferior» (es decir de un Perigordiense Inferior) al Auriñaciense Típico, «restableciendo una ligazón al menos parcial» : puesto que la propuesta de Peyrony «que puede estar fundamentada para el Périgord se aplica mal más allá de sus fronteras». En fin, aceptan que (a la vista de algunos indicios industriales atribuíbles al posterior momento Auriñaciense estricto) esta serie de utensilios de Isturits es parecida a la de los niveles «de Châtelperron, de Germolles y de Gargas, con una industria que aunque pobre revela un parentesco próximo con la del Auriñaciense Típico».
4 Nivel «Auriñaciense Típico». (Auriñaciense Típico antiguo). Corresponde a la masa del estrato SIII de los Saint-Périer y A de Passemard presente en la Sala de San Martín. No es tan segura su exacta corespondencia con los estratos de la Gran Sala (nivel V para los Saint-Périer y A para Passemard), como pretende H. Delporte: pues acaso estos niveles de la Gran Sala sean ligeramente más recientes que los de la de San Martín. Se trata de una capa arcillosa con diversos manchones amarillentos, en un espesor de 50 a 70 cm.: la cubre en varios sitios un horizonte arcilloso estéril, a veces ligeramente estalagmitizado. El nivel de ocupación humana incluye escasos hogares concretos, pero abunda en fragmentos de carbón dispersos por casi toda su extensión. En la colección de piedras talladas de los Saint-Périer el índice de los raspadores (2.030 ejemplares: el 51% del efectivo total) supera al índice laminar (1.748 piezas: el 44%) y notablemente al de buriles (206 ejemplares: sólo un 5% del total). El conjunto laminar está compuesto por 1.466 láminas con los bordes retocados (entre ellas, unas cuantas presentan muescas y denticulaciones retocadas, que las estrangulan), unas 260 tienen truncadura y 22 prenuncian la forma típica de la punta de La Gravette. Entre los raspadores hay unos 200 en extremo de lámina plana, son 350 los carenados y en hocico, sumando los de pezuña y nucleiformes el medio millar, etc. Los buriles ofrecen un lote significativo de poligonales y busqués. Hay alguna punta de aspecto musteriense. Además de aquel rico efectivo de industrias talladas, los Saint-Périer recogieron lascas y láminas simples y elementos de desecho de talla que superan en cuatro veces aquel efectivo de instrumentos acabados. Hay, además, algunos percutores (en cantos de cuarcita, ofita y esquisto), compresores o retocadores de esquisto y cuarzo, fragmentos de cristal de roca y ocre, dos moletas o pulidores, etc. Todo lo cual evidencia el desarrollo en aquel tiempo en la propia cueva de diversas actividades de taller o artesanales. El equipamiento de aquellas gentes en utensilios de asta y de hueso ofrece, también, una variada serie de elementos. 77 compresores o retocadores en diáfisis óseas ofrecen las características muescas y estrías de uso: pero orientadas en dirección ya no perpendicular a su eje (como fuera típica en el Musteriense). Son varias las espátulas de diversas dimensiones y calidad: a veces muy finas. Hay cinceles en asta, gruesos y cortos; y «puñales» en huesos aguzados que conservan su articulación en un extremo. Hay bastantes punzones con base apuntada y de pequeño tamaño. Las 87 azagayas que hallaron los Saint-Périer en este nivel del tipo característico de Auriñaciense Típico (hay otras 18 que encontró E. Passemard), de base hendida y dimensiones no grandes, suponen el elemento definitivo -en lo que atañe a este lote instrumental- para la certificación de esa etapa: la mayor parte están labradas en hueso, con dimensiones que oscilan entre los 4 y los 16 cm. Son muy numerosos en este nivel los objetos perforados que debieron emplearse en el adorno personal: 25 dientes (son caninos e incisivos de ciervo, reno y Gran Bóvido; y caninos de zorro, lobo y hiena), un metacarpiano de reno con orificio, tres esquirlas con agujero de suspensión,... y más de setenta Littorina perforadas. También son de gran interés la veintena de piezas que recogieron los Saint-Périer con diversas muescas y líneas cortas grabadas a intervalos regulares: las llamadas «marcas de caza»,. En 1921 E. Passemard halló un hueso de ave, al que se habían eliminado ambas epífisis, quedando en forma de tubo con tres orificios a lo largo de su cuerpo: se le calificó de «flauta». La fauna de este Auriñaciense Típico incluía en las series recogidas por Saint-Périer abundantes restos de caballo, bastantes de oro o de bisonte, algunos de reno (más numerosos, de todas formas, que el ciervo) y alguna pieza de rinoceronte lanudo. Entre los carnívoros: escasísimo lobo, bastante zorro (tanto común como el frío Alopex lagopus) y varios restos de oso (tanto de las cavernas como pardo) más una pieza de gato montés. El catálogo de aves formado por ambos equipos de excavadores incluye restos de Bubo maximus, Corvus corax, Pyrrhocorax alpinus, Coracia gracula, Pica pica, Vultur monachus,... según inventario que sería posteriormente perfilado por J. Bouchud. Todo ello muestra que esta sala de la cueva de Isturits estuvo habitada por el hombre con intensidad, siendo el caballo la base de la alimentación cárnica. En una circunstancia de clima frío que certifican algunos indicios de la fauna. En este nivel, en la opinión de los Saint-Périer, aparece un componente propio del Auriñaciense Típico (raspadores carenados y en hocico, láminas estranguladas, azagayas de base hendida, buriles gibosos -«busqués»-) y algunos elementos sueltos que «encuadran mejor en el Perigordiense II y III de la Dordoña». Veían en ello una interconexión de ambos phyla culturales: «no dos culturas paralelas, extrañas entre sí la una con respecto de la otra, el Auriñaciense sensu stricto y el Perigordiense, sino, al contrario, una asociación»,. Situación que, ahora, es admitida como bastante común a la mayor parte de los depósitos típicos del Auriñaciense Antiguo en el Sudoeste europeo.
5 Nivel «Auriñaciense Medio». («Típico évolué», o Auriñaciense Típico medio). Se presenta tanto en la Sala de San Martín (SII para Saint-Périer, xy para Passemard) como -creo yo frente a la opinión de H. Delporte- en la Gran Sala (niveles V y A, respectivamente). Los Saint-Périer apuntan que los niveles depositados en una y otra cueva no son estrictamente contemporáneos, sino como dos estadios sucesivos dentro de esa etapa cultural: más antiguo lo que se depositó en la Gran Sala que lo de la Sala San Martín. Y reprochan, por ello, a E. Passemard el haber denominado con la letra C a dos niveles de muy distinto contenido: uno (el también señalado como xy, por H. Delporte) que encajaría con el SII, en la Sala de San Martín; y el otro ciertamente bastante posterior (sin duda del Gravetiense Final). Los estratos de la Gran Sala forman una masa de tierra arcillosa de 60 a 80 cm. de potencia, en que quedaron restos de «una habitación poco densa y poco duradera, intermitente». En tanto que en la Sala de San Martín el estrato de arcilla grisácea, con un espesor variable entre 20 y 40 a 60 cm., contenía hogares negros que se extienden en mantos muy finos. El catálogo de fauna de este nivel según las identificaciones de Bouchud sobre los hallazgos de los Saint-Périer, incluye abundantísimos restos de caballo, bastantes de reno (tanto en una como en otra salas) y de gran bovino, no demasiados de ciervo. Y además evidencias del rinoceronte lanudo y del mamut, del sarrio, del megacero, del zorro polar, de osos de las cavernas y pardo, de hiena, de león y de leopardo. Entre las aves el mismo Bouchud ha catalogado falcónidas (como el Falco tinnunculus y el F. peregrinus), Buteo ferox, Aquila chrysaetus, algunos córvidos (Corvus corax, Pyrrhocorar alpinus,...), gallináceas (Lyrurus tetrix, Perdix graeca) y palmípedas (Anas boschas). Según los análisis de polen hechos por Arlette Leroi-Gourhan las especies arbóreas del nivel SII sólo suponían el 24% a del efectivo contado y pudieran corresponder, en un ambiente climático no demasiado frío, al Auriñaciense de Arcy. En tanto que la muestra de la Gran Sala (del nivel V), con una proporción de arbóreas en tomo al 0,5%, significa una situación climática bastante más fría y notablemente seca. Conforme a esas sugerencias, se puede subdividir de acuerdo con las reflexiones de los Saint-Périer, ese conjunto de niveles en dos bloques respecto a lo depositado en cada sala:

a. Auriñaciense Típico medio «interior», de la Gran Sala. En utillaje lítico el índice laminar (con 776 piezas) supone el conjunto más numeroso: esas láminas son a veces de grandes dimensiones (pasan de los 10 cm.) siendo pocas las de borde o dorso rebajados; una docena de láminas tiene su base truncada y 6 son de muesca. No son numerosas las piezas con retoque abrupto. Hay una decena de perforadores poco típicos. Los raspadores suponen el 33% del efectivo: la mayor parte están trabajados en extremo de láminas (unos 276 sobre casi medio millar de raspadores): muchas veces tienen retocados ambos lados de la lámina. Algunos tipos de raspadores son típicos del phylum auriñaciense: son formas anchas y altas (25 carenados, 18 de hocico, más un centenar largo entre de cepillo y nucleiformes). Los buriles escasean (134 piezas, el 9% del nivel). Se recogieron 15 percutores (de ofita, cuarzo, cuarcita y esquisto) y dos grandes cantos de cuarcita trabajados en forma de choppers. En utillaje de asta o hueso no hay otro nivel de Isturits tan pobre como éste: nueve azagayas de asta (sólo entera una de ellas), espátulas burdas, alisadores o cinceles, alguna gruesa punta, tres esquirlas perforadas, dos colgantes (un incisivo de gran bovino y una concha de Pectunculus obovatus),... en un total que no alcanza el medio centenar de elementos. En unos diez fragmentos de piedra o de hueso se esbozan líneas de difícil sugerencia realista: pisciformes,... e inseguros mamut, cabra, bovino, lobo o zorro. En este mismo nivel se recogieron escasos restos óseos humanos de un tipo de aspecto arcaico: una falange primera del índice izquierdo y un maxilar inferior.

b. Auriñaciense Típico medio «superior», de la Sala de San Martín. Sobre un total de 1.120 piezas líticas, lo laminar comprende 449. Las láminas retocadas, menos numerosas que las del nivel V de la Gran Sala, son «más cuidadas, más variadas también en cuanto a la forma y al retoque». Algunas están truncadas, otras presentan sus bases apuntadas (tienen sus extremidades distales trabajadas en punta), de tal modo que parecen prenunciar los tipos de la Font Robert del Perigordiense Superior. También las hay con muescas y estranguladas; un par de piezas son del tipo de Font-Yves. La mayoría de los 580 raspadores que hallaron los Saint-Périer (el 50% del utillaje lítico de este nivel en La Sala) presentan completamente retocados los bordes de la lámina; siendo varios los raspadores «periféricos» (más o menos circulares, o casi cuadrados), típicos también del Auriñaciense. Hay 175 ejemplares de raspadores abultados o carenados (de hocico, de pezuña y cepillo, nucleiformes) y una raedera del tipo La Quina. En los buriles (102: el 8,3% del efectivo lítico) aparecen junto a ciertas formas que señalan «una tendencia neta al Auriñaciense évolué», otros arcaizantes. Entre aquéllas, bastantes buriles de ángulo sobre truncadura (recta, oblícua o convexa), buriles gibosos,...; entre éstas, los tipos de facetas múltiples (poliédricos, prismáticos,...). El equipamiento en instrumentos de asta y de hueso es algo más variado que en el nivel de la Gran Sala. Son numerosas las azagayas y de tipos varios: tanto de sección aplanada como cuadrangular o circular, con base en bisel o apuntada. Son de destacar las piezas finas de asta o de hueso biapuntadas que algunos consideran «anzuelos». Hay tres dientes perforados y dos conchas como colgantes (Littorina y Turritella), algunos huesecillos con muescas sobre los bordes («marcas de caza») y esquirlas óseas con grabados indescifrables.

En resumen los depósitos de la Gran Sala y de la Sala de San Martín citados parecen pertenecer a un estadio asociable al Auriñaciense Típico avanzado, que lo aproxima en algún aspecto al Gravetiense: pero manteniéndose ambos dentro del phylum típico del Auriñaciense.
6 Nivel «Auriñaciense Superior». (Perigordiense Superior, o Gravetiense). Aparece sólo en la gran Sala: es el nivel que Saint-Périer denominó IV y Passemard F III. Aparece con una riqueza extraordinaria de materiales. Es, sin duda, el nivel más denso de cuantos componen la secuencia arqueológica de Isturits, con abundantes hogares por todas panes, en tierras muy negras. Daba la impresión, según los Saint-Périer, que en su espesor de no mucho más de medio metro «una masa de seres humanos se hubiera instalado y acabara de marcharse, abandonando innumerables e intensas hogueras, apenas extinguidas». También Passemard se había sentido impresionado por semejante abundancia de huesos y restos industriales. El análisis palinológico de A. Leroi-Gourhan ofrece en este nivel el diagnóstico de clima más frío y más seco de toda la secuencia de la cueva, con sólo 6 esporas de especies arbóreas sobre una muestra de más de 2.200 controladas: lo que concuerda con el aumento muy sensible en las proporciones del reno y del zorro polar y con la presencia en este nivel de restos del harfang de las nieves. En el estudio de los mamíferos de la colección Saint-Périer apreció J. Bouchud el predominio ahora del caballo, sobre renos, ciervos y uros o bisontes; existiendo restos contados de sarrio, corzo, megacero, mamut y rinoceronte lanudo. Entre los carnívoros son frecuentes el zorro común (25 a 28 sujetos) y el lobo (unos 10), ha aumentado sensiblemente la proporción del zorro polar y hay cierta cantidad de oso de las cavernas y pardo y hiena, así como restos individuales del nada frecuente Cuan alpinus, fuína, león y gato montés. Hay, también, restos de liebre (Lepus timidus) y de Arvicola amphibius, entre los roedores. El catálogo de aves por J. Bouchud ha señalado, entre otras, Aquila chrysaetus, Aegypius monachus, Buteo buteo, Buteo lagopus, Falco tinnunculus, Falco peregrinus, Gyps fulvus, Nyctea nivea, Asio accipitrinus, Corvus corax, Pyrrhocorax alpinus, Pyrrhocorax pyrrhocorax, Corvus monedula, gallináceas (Perdix graeca) y palmípedas (Oidemia fusca, Megus serrator, Anser albifrons). De restos humanos se encontraron varios ejemplares dispersos entre los hogares. Según el análisis de H.V. Vallois eran: un par de radios y una clavícula que parecen pertenecer al mismo sujeto, masculino y robusto; dos fragmentos de maxilares, un trozo de peroné y cinco de bóveda craneana que deben ser de varios individuos. El efectivo de piedra tallada recogido por los Saint-Périer es de 11.010 piezas; hay además más de tres millares de láminas no retocadas y un lote de lascas que supone más del cuádruplo de los útiles trabajados. El 47% de las piezas retocadas son buriles (5.151 ejemplares), el 36%0 raspadores (3.967) y «sólo» el 17% el utillaje laminar (1.892 piezas). Más de la mitad de los buriles están labrados sobre un lado de la pieza, algunos son «de fortuna» aprovechando una fractura natural. Los Saint-Périer llegaron a distinguir treinta y ocho clases diferentes de buriles. El lote más llamativo es el integrado por los tipos «de Noailles», tomados en un sentido genérico aquellos laterales sobre truncadura trasversal (más propios si son múltiples y de pequeño tamaño o si ostentan los llamados retoques o muescas de paro): de un solo golpe de buril son 2.068, 987 de dos, y 240 y 28 respectivamente con tres o cuatro cortes de buril sobre la misma pieza. En cuanto a las dimensiones de estos buriles de Noailles puede anotarse un espectro que va de los 1,5 y 1,8 cm. de los más pequeños a los 8 a 11 cm. para los muy grandes. De los casi cuatro millares de raspadores de este nivel, 1.877 están en extremo de lámina no retocada o con retoques parciales. Varios, al contrario, presentan retoques en todo el derredor del soporte: en un extremo de la lámina se concentra el frente semicircular del raspador y en el opuesto un apuntamiento (que bien pudiera denominarse, con la propuesta de los Saint-Périer, «raspador pedunculado»). Son raros los raspadores denticulados, así como los altos o carenados («apenas» son 195 los carenados y 4 los de hocico). Abundan los raspadores-buriles (558 piezas) y los raspadores dobles (201). Hay casi trescientos raspadores nucleiformes. La mayor parte de las láminas retocadas se conforman como tipos delgados y no grandes (de 5 a 7 cm. de longitud media) con retoques casi siempre cortos y algo planos, a veces semiabruptos, en un solo borde; a veces están sus bases apuntadas o truncadas. Algunas de ellas presentan un borde curvado: escriben los Saint-Périer que como en forma de cuchillo o de raedera. Un centenar de láminas son de tamaño mayor (sin pasar de los 12 cm.) y presentan retoques en ambos bordes, apuntándolas: llegando a casi confundirse con raspadores ojivales muy estrechos. Lo característico del nivel en ese apartado del utillaje laminar lo constituyen los 378 ejemplares de «puntas de La Gravette»: con bordes rebajados por retoque abrupto (hasta llegar al dorso, incluso) en uno o en ambos lados, y en ocasiones con un cuidado retoque plano complementario centrado en una o en las dos extremidades (punta y base) sobre la cara ventral de la pieza. El análisis de la industria lítica de este nivel de Isturits, en la Tesis Doctoral de N.C. David, de 1966, ofrece una visión selectiva sobre un efectivo de 2.688 instrumentos tallados: predominan los buriles (que totalizan el 47,3% del lote: los sobre truncadura son el 32,7%) sobre los raspadores (el 36,9%), siendo relativamente abundantes las láminas y puntas de dorso (4,4%) y las láminas de otro tipo retocadas (10,6%). Abundan, entre otros elementos de piedra, los percutores y los compresores-retocadores, los fragmentos de ocre y las moletas de arenisca (que recogió, en bastante número, Passemard). Deben citarse además tres lámparas de arenisca. En el equipamiento en objetos de asta y de hueso hay un variado repertorio Unos 300 huesos que conservan su articulación (como para agarrarlos por ahí) ven su otro extremo cuidadosamente aguzado. Pasan de cien las piezas aplanadas -en asta y en hueso- preparadas como espátulas; y casi son trescientos los alisadores o cinceles en asta. Es muy aparente la serie de azagayas, fabricadas normalmente en asta de Cérvido (reno más que ciervo) y también en hueso y en marfil. Son especialmente características del nivel y del yacimiento algunas grandes y anchas, de sección algo aplanada y con numerosas marcas trazadas en perpendicular al eje longitudinal del instrumento, concentradas en su extremidad inferior. Esas grandes azagayas (de las que los Saint-Périer reunieron casi centenar y medio de ejemplares) tienen sus bases apuntadas: se las ha solido calificar de «puñales», «lanzas» o «puntas», proponiendo hace no mucho D. de Sonneville-Bordes la denominación de Isturitsense para ese tipo genérico. Abundan las pequeñas piezas biapuntadas («anzuelos»); hay tres bastones perforados sencillos (uno de ellos con su extremidad tallada como un falo); y unos siete tubos en hueso de ave, alguno con perforaciones del tipo de las «flautas». Los dientes perforados pasan de cuarenta (uno de oso de las cavernas, que es muy poco frecuente; la mayoría de zorro; siete caninos atrofiados de ciervo y algún incisivo de reno) y hay un canino de hiena con incisión periférica para asegurar su atadura. En cuanto a conchas perforadas la mayoría son de Littorina (65 ejemplares) contándose también algunas pocas Purpura lapillus, Buccinum undatum,... Este nivel de Isturits marca el comienzo efectivo de las manifestaciones artísticas figuradas en el desarrollo del depósito arqueológico de la cueva. Se trata de algunos esbozos de esculturas poco claras, sobre todo en piedra arenisca; de grabados finos e incompletos sobre cantos y esquirlas óseas; y de abundantes trazos poco profundos, perpendiculares u oblícuos al eje sobre huesos largos o costillas, como los llamados «mechones de pelo» (cuyo sentido estético habría de diluirse en varios casos, a favor de una explicación más pragmática de ser rastros del descarnado de aquellas piezas). Son, también, muy numerosas las llamadas «marcas de caza» sobre costillas, tubos de hueso y utensilios. La consideración del utillaje lítico y óseo del nivel encaja de lleno en el Perigordiense Superior, o Gravetiense: pese a la escasez de las puntas del tipo de la Font-Robert, la abundancia de buriles múltiples laterales sobre truncadura («de Noailles») y de «puntas de La Gravette», y la presencia de las «azagayas Isturitsenses» y profuso uso de las «marcas de caza» responden cabalmente a aquel modelo cultural.
7 Nivel "Auriñaciense Final". (Perigordiense Final, Gravetiense Final o "Epigravetiense"). Este nivel, denominado "Auriñaciense Final" en 1952 por R. y S. de Saint-Périer, y "Epigravetiense" (con más razón) en 1965 por S. de Saint-Périer, subyace al Solutrense en la Gran Sala de Isturits (no aparece en la de San Martín). Es el nivel que Passemard llamó C y los Saint-Périer IIIc; el mismo Passemard anotó la existencia de una potente capa de arcilla estéril entre este nivel y el posterior depósito del Solutrense: considerando que hubiera sido un régimen de intensas precipitaciones de lluvia quien lo produjera. La fauna del nivel ofrece un elevado componente de caballos y de renos; hay también bastante ciervo, sarrio y gran bovino, y escaso corzo, más algún resto de saiga (Saiga tatarica). Los Saint-Périer citan, también, muestras del oso pardo y restos de cuatro o cinco osos de las cavernas; entre los carnívoros predominan el lobo y el zorro común, habiendo restos no abundantes de zorro polar, gato montés y singulares de hiena, turón y león. En el catálogo de aves se han citado Aquila chrysaetus, Falco tirsnunculus, Corvus corax, Pyrrhocorax alpinus, Pyrrhocorax pirrhocorax, Corvus monedula, algunas gallináceas y diversas palmípedas (Anas boschas, Anser albifrons,...). La presencia del saiga (ungulado que en el Paleolítico Superior ya es muy raro en el Pirineo y apenas se conoce en latitudes más meridionales) y la de otras especies de ambientes muy fríos, como el zorro polar, señalan que este nivel de Isturits pudo participar de condiciones climáticas muy similares a las del precedente Gravetiense: con clima frío y muy seco, en un parque de estepa. Los Saint-Périer recuperaron en sus excavaciones restos humanos de unos dos o tres sujetos, bastante mal conservados: en un total de unos 18 fragmentos de cráneo, 4 de mandíbulas, dientes sueltos y 1 cúbito. En utillaje de piedra tallada reunieron un lote de 1.834 piezas que se agrupan en tres índices básicos; 784 buriles (el 43% del total), 634 raspadores (35%) y 407 útiles laminares (22%), aparte un lote mínimo complementario. El 60% de los buriles son angulares: de los casi 200 sobre truncadura apenas 10 encajan en el tipo modélico de los de Noailles (aunque, sensu lato, pueden asimilárseles bastantes). El índice de raspadores contiene tipos bastante variados. Casi en sus tres cuartas partes están realizados en extremo de lámina: exactamente, 410 ejemplares, de los que 168 no presentan retoques en los bordes, 77 tienen un lado perfectamente retocado, y 115 los dos. Se deben citar entre los varios tipos de raspadores: 10 denticulados, 17 dobles, 5 discoideos, 29 aquillados, 79 nucleiformes, 43 rabots (de cepillo), 82 buriles-raspadores, 2 cóncavos,... En el utillaje laminar hay algo más de veinte puntas de La Gravette y cuatro que recuerdan el tipo de las puntas o cuchillos de Châtelperron, aparte de un bastante abultado efectivo de láminas relativamente apuntadas por retoque marginal o profundo, o con sólo retoques laterales. En el equipamiento de objetos de asta y hueso destaca el lote de las azagayas de asta: 88 ejemplares, de sección circular y de base biselada (estriada o no), de cuerpo bastante robusto, 9 de ellas ofrecen esas estrías oblícuas ocupando la mayor parte de la zona central de sus cuerpos. Hay unas quince varillas de asta, de sección planoconvexa, sin marcas sobre su superficie, cinco fragmentos de bastones perforados (uno de ellos con la cabeza en forma de "T") y otras tantas "flautas" o tubos de hueso. Dos falanges (una de reno y otra de sarrio), varios dientes (27 incisivos de bovino, y de cérvido, 2 de caballo, 1 incisivo y 1 canino de hiena, 1 canino de zorro, 3 caninos atrofiados de ciervo, y 1 de oso de las cavernas) y moluscos (6 Littorina, 1 Purpura Imemastoma, 1 Vivirida,...) integran el capítulo de los objetos perforados, como colgantes. Aparte de ese utillaje más complejo no debe olvidarse otro heterogéneo, y menos "tratado", que sugiere su empleo en diversas tareas fabriles: como el medio centenar de esquirlas óseas con marcas de uso como compresores-retocadores; como los 180 fragmentos de hueso toscamente apuntados por recorte y pulimento que afecta a un extremo; las diversas categorías de "espátulas" en costillas o en diáfisis óseas, los "cinceles" de hueso o de asta, los 60 supuestos "alisadores" (esquirlas óseas de sección ovalada con un extremo desgastado por el uso reiterado), etc. Todo ese equipamiento lítico y óseo obedece cumplidamente al modelo aquitano-perigordino del final del Perigordiense (Gravetiense Final, o "Epigravetiense"). El análisis de una selección sustanciosa de lo hallado por los Saint-Périer en la secuencia Gravetiense/Gravetiense Final de Isturits, que realizó N.C. David en 1966, certifica el aspecto de continuidad esencial entre sus series (de los niveles IV y III (c)), dentro del mismo complejo cultural del Perigordiense avanzado. El estudio de David se basó en un efectivo de 2.688 piezas líticas del nivel Gravetiense y de 676 del Gravetiense Final y muestra una casi similar presencia de raspadores en ambos estratos y una ligera disminución en la etapa más moderna de los buriles sobre truncadura con aumento proporcional de los diedros. En tanto que mantienen una significación aproximada en los dos índices más "típicos" de la filiación gravetiense, las puntas y láminas de dorso (entre ellas las "puntas de la Gravette") y los buriles sobre truncadura (en los que se incluyen bastantes del tipo de Noailles). Según el resumen de índices presentado por David.

  NIVEL IV NIVEL IIIc
Buriles sobre truncadura
Puntas y láminas de dorso
32,7%
4,4%
25,0%
4,0%


En lo referente a los motivos artísticos hay que destacar las frecuentes "marcas de caza" sobre las aristas de muchos utensilios de asta y de hueso, así como un lote de medio centenar de fragmentos óseos con grabados.

8 Nivel «Solutrense». (Solutrense Superior). Se denominaron «Solutrense antiguo» por Passemard y «Solutrense medio» por los Saint-Périer elementos no numerosos detectados por aquél en el componente del nivel FII de la Gran Sala y por éstos en el IIIb. Se presentan en un estrato delgado que pudieron aislar los Saint-Périer con dificultad, pero que Passemard observó nítidamente diferenciado de los que se le superponen y le subyacen mediante sendas capas de arcilla estéril: acaso formado todo en una situación atemperada y muy lluviosa, del interestadio Würm III/Würm IV. El ajuar lítico recogido por los Saint-Périer es bastante exiguo: destacan láminas, laminitas y puntas de dorso y las peculiares puntas de retoque facial (varias de base convexa; siendo la única de base cóncava sugerida por Saint-Périer rechazada por Smith). En industria ósea hay varias azagayas de asta de sección circular con base en bisel simple y también del tipo biapuntado; también se encontraron diversos fragmentos de asta y de hueso con estrías y surcos de recorte, como preparados para ser transformados en instrumentos. De Passemard proviene alguna azagaya de aplanamiento (bisel) central. No se halló un solo ejemplar de aguja de hueso y escasas muestras de arte mueble. La fauna ofrece en este nivel las proporciones generales que se ofrecen en el momento posterior del mismo período solutrense: hay aún alguna muestra de fauna fría (como el mamut y el rinoceronte lanudo, entre otros). La determinación cultural de este nivel por Philip E.L. Smith se apoya en la presencia de las puntas foliáceas de base convexa pero no cóncava, de laminitas de dorso, de azagayas monobiseladas y de otras biapuntadas. Todo lo cual concuerda bien con la etapa Solutrense Superior del Sudoeste francés.
9 Nivel «Solutrense Superior». (Solutrense Final). Parece que deben incluírse en este nivel de depósito la base del nivel E (Sala de San Martín) de Passemard y en el IIIa (Gran Sala) y acaso la base del SI (San Martín) de los Saint-Périer. No es fácil concordar con total seguridad los depósitos identificados por esos dos equipos de investigadores: y, así, se puede mantener alguna reserva relativa a la propuesta de correlación de H. Delporte en 1974. En cualquier modo, todo el Solutrense de Isturits (niveles IIIb, IIIa y FII de la Gran Sala; y acaso las bases de los SI y E de la Sala de San Martín) aparece como una ocupación breve, con instrumental no demasiado escaso pero distribuído en horizontes delgados y discontinuos. La Condesa-Viuda apuntó que en la época de formación de todo este depósito debieron ser frecuentes los desprendimientos de bloques del techo: lo que ahuyentaría cualquier intento de ocupación prolongada del lugar en esa época. Para Ph.E.L. Smith este depósito superior de Isturits resulta característico del Solutrense Final. El instrumental lítico proporcionó casi cuarenta «puntas solutrenses» a los Saint-Périer: 12 de base convexa, 2 de forma de hoja de sauce con talla unifacial, 1 de base cóncava, varias más o menos simétricas y biapuntadas, fragmentos,... Los raspadores, casi un centenar, son en su mayoría trabajados en extremo de lámina o retocada; hay una presencia llamativa de raspadores carenados y nucleiformes (lo que hace sospechar a Smith una probable recogida en mezcla de materiales de dos niveles). Los buriles superan en poco a los raspadores: en el 80% de los casos se trata de buriles sobre truncadura. Hay, además, algunos perforadores; y cerca de centenar y medio de láminas bastante grandes, muchas de ellas con retoques laterales. No indican los Saint-Périer la presencia de piezas (p.e. puntas) de dorso. Entre los utensilios en asta y en hueso, Passemard había señalado azagayas de bisel simple o doble, agujas, espátulas y hasta una docena de rodetes sobre placa de hueso con perforación central. También debe tratarse de una probable mescolanza de niveles: pues hay una indudable inseguridad en el definición de la estratigrafía de este depósito del Solutrense en los sucesivos cortes que publicó en 1913, 1922 y 1924, y corrigió de modo definitivo en su memoria general de 1944. Por eso mismo, en la revisión de ese lote, Smith piensa que «no se puede decidir si la rica industria del hueso que describe sea solutrense o magdaleniense; sus frases son a menudo ambiguas y es posible que sólamente las azagayas de bisel simple sean solutrenses». Los Saint-Périer señalaron un instrumental óseo abundante en azagayas de aspecto cónico, con sección trasversa circular y cortos (o inexistentes) biseles: no existiendo aquellas de bisel central de la clase que es bastante representativa en el Solutrense avanzado cantábrico. Hay sólo tres agujas de hueso y una cantidad modesta de varillas de asta de sección plano-convexa. En arte mobiliar se cuenta en este nivel con cierto número de representaciones realistas de caballo, bisontes y pisciformes, de varios temas indescifrables y de abundantes rayados: obras normalmente en grabado, pero en algún caso en bajorrelieve o escultura. La caracterización del nivel no ofrece duda en el estadio Final del Solutrense, de acuerdo con la propuesta de Smith. Así lo determinan diversos caracteres tipológicos: la presencia de las puntas foliáceas de base cóncava, alguna pendulada, y otras,... Los análisis de polen por Arlette Leroi-Gourhan indican para esta época un clima relativamente atemperado en ambiente húmedo: clasificable como de paisaje de estepa-parque. La fauna de mamíferos se muestra de acuerdo con la conclusión palinológica: la mayor abundancia parece corresponder a los grandes bovinos, seguidos del reno y del caballo, aumentando la proporción de los ciervos. Se puede apoyar que este nivel se debió formar en la circunstancia climática del interestadio Würm III/Würm IV.
10 Nivel Magdaleniense Medio (= Magdaleniense IV). Corresponde a los niveles II de la Gran Sala y S I de la de San Martín en las excavaciones de los Saint-Périer, y a la parte superior del nivel E de los trabajos de E. Passemard. Es una capa formada por abundantes cantos de piedra, en arcilla rojiza, húmeda y apelmazada: su espesor varía entre los 10 y los 100 cm. En su base se apreció una abundante concentración de piedras planas que lo separan de las formaciones anteriores: apuntaron los Saint-Périer que serían colocadas intencionadamente por los hombres prehistóricos para asegurar un asentamiento a su habitación, aislándola del estrato atrilloso húmedo subyacente. En el cuadro de mamíferos cuyos restos fueron aportados por el ocupante de la cueva predomina el caballo sobre el reno y el ciervo; habiendo también una representación de sarrios, corzos, cabra montés y gran bovino. Entre los restos de carnívoros predominan los lobos y zorros, siendo escasos el oso de las cavernas, la hiena, el león y otros félidos. Son bastante frecuentes los restos de lepóridos y de diversas aves (rapaces diurnas o nocturnas, cuervos). Debe anotarse la presencia del harfang o lechuza de las nieves: indicativo de un extremado clima frío. Tam bién es digna de ser recordada la abundancia de conchas marinas: Littorina, bastantes Pecten (Pecten maximus, Chlamys islandica). La presencia del Pecten (Chlamys) islandicus, molusco hoy confinado a aguas boreales, certifica el clima frío de la época en que se fue depositando este nivel de Isturits. El instrumental lítico es muy abundante, mostrando una masiva habitación en ambas salas de la cueva. La materia prima con la que se elaboró es fundamentalmente el sílex pero se empleó en contadas ocasiones otro conjunto de materiales (calcedonia, cuarzo, cuarcita, ofita). Aparecen muchos fragmentos de colorantes, como el hematites y la limonita. Los raspadores más frecuentes son los trabajados en extremo de lámina, por lo común sin retocar sus bordes: algunos tienen su frente recto, otros son auténticos raspadores cóncavos, otros -sobre láminas espesas- adoptan formas altas o carenoides. Hay pocos raspadores de cepillo y, al contrario, bastante abundantes nucleiformes. Los buriles ofrecen el índice más elevado de toda la serie de utensilios de piedra: los que R. de Saint-Périer halló sólo en la Gran Sala pasan de 1.600. El tipo más frecuente (hasta un 75% de los buriles) es el diedro central (el «buril pico de flauta»). Algunos de los laterales sobre truncadura siguen recordando el tipo de buril de Noailles. Son bastante abundantes los buriles dobles o los combinados con raspadores. Muchos de los buriles de este nivel de Isturits fueron reavivados, el mellarse el corte primitivo del instrumento. El índice del utillaje laminar comprende piezas de tamaño en general pequeño: son bastantes las láminas con algunos retoques marginales o trabajadas como puntas, y raras las piezas dentadas o con muescas. Abunda el utillaje francamente microlítico: laminitas de dorso, con o sin troncadura en la base. Hay perforadores en extremo de lámina o en lascas irregulares (algunos, muy robustos, llegan a ser reales «picos entre muescas»). Se ha anotado, también, la presencia de piezas de aspecto más antiguo (así del Paleolítico Medio e, incluso, Inferior) que se reutilizan ahora, acomodándolas a los tipos característicos del Magdaleniense Medio. En el índice de varios habrá que recordar la existencia de numerosos retocadores o compresores (que hallaron tanto Passemard como Saint-Périer) en esquisto o en cuarcita, y los percutores. Las esquirlas óseas son muy frecuentes. Abundan los fragmentos alargados con su extremidad desgastada por el uso o deliberadamente aguzados en punta. Hay muchas espátulas y alisadores perfectamente pulidos y bastantes cinceles macizos de asta o que aprovechan trozos de azagayas rotas. Un fragmento de cráneo humano presentaba un borde desgastado con regularidad. Son normales en todas las secciones de la excavación de ambas salas de Isturits los compresores-retocadores en fragmentos óseos, testigos de un uso como taller de piedra -tallada del antro en aquella época. Las agujas de hueso que recogieron los Saint-Périer pasan del medio centenar de ejemplares, de dimensiones muy desiguales (entre los 32 y los 108 mm. de longitud extrema); hay, así mismo, bastantes puntas muy finas en esquirlas de hueso (las llamadas «alfileres»). Las azagayas y los punzones están, en su mayoría, fabricados en asta de reno o de ciervo. Los recogidos en la parte inferior del nivel tienen un largo bisel en general no estriado, y una sección transversa circular o ligeramente carenada según un tipo que se difunde desde el Solutrense avanzado y resultará muy peculiar en el Magdaleniense antiguo (Inferior o Medio) del litoral cantábrico. Apenas se conocen azagayas de sección cuadrangular o rectangular (tan frecuentes, sin embargo, en el ámbito cantábrico). Se han recogido algunos «elementos intermediarios» para el ensamblaje de las azagayas a su astil: es decir, con biseles inversos en ambos extremos. Las varillas de asta, de sección planoconvexa, son bastante abundantes, aunque -por desgracia- pocas hayan llegado completas. Llevan bastantes una característica decoración (que comparten con escasas azagayas) en abultamientos o tubérculos en relieve, en hilera sencilla o doble sobre la cara dorsal: se han recogido más de un centenar de esos tipos. En otros treinta fragmentos de varillas aparece una peculiarísima decoración geométrica curvilínea en relieves (que quedan en alto, por la «excisión» de parte de la superficie y masa del asta) que forman ovas, serpentiformes, círculos, espirales, etc.: todo muy complejo, según un tipo que tiene en Isturits su mejor expresión y se considera característico del Magdaleniense Medio pirenaico. Diversos motivos más complejos (triángulos, rombos, escaleriformes, «V» en series,...) aparecen con profusión decorando dorsos de muchas varillas y cuerpos de azagayas. En este nivel se recogieron algunos bastones perforados, algunos con temas en relieve o grabados: de entre ellos hay que destacar un ejemplar dotado de nueve agujeros menores en tomo a la gran perforación central. Como fósil típico de la etapa -de acuerdo con el modelo estratigráfico «clásico» de La Madeleine- se deben citar varios prototipos de arpones en que se puede seguir una evolución interna entre los ejemplares más antiguos (con sus dientes apenas destacados) y los más recientes (con dientes pequeños, angulosos y afilados muy juntos a un solo lado; o con dientes más gruesos curvados y algo separados). El repertorio de elementos de adorno personal en dientes, conchas y fragmentos perforados como colgantes es amplísimo. A título de modelo de referencia puede servir la muestra reunida por R. de Saint-Périer en su excavación del nivel en la Gran Sala: donde hay 88 dientes perforados (25 de reno, 22 de zorro, 20 de caballo, 5 de ciervo,...), 136 conchas preparadas para ser suspendidas (son 132 las Littorina perforadas mediante desgaste de su vuelta dorsal -muchas de ellas teñidas en ocre-, 1 Pecten y 2 Chlamys islandica) y 20 «perlas» en piedras varias que debieron emplearse como objeto de adorno (10 de jade, 4 de ámbar, 3 de esteatita verde, 2 de arcilla desecada, 1 de limonita). De muy especial interés son más de medio centenar de rodetes de hueso: unos cuarenta fueron encontrados por los Saint-Périer y una docena por E. Passemard. Se trata de piezas extraídas de un hueso plano (por lo común de una escápula de reno) de forma circular con una perforación en su centro y diversos motivos -realistas o no decorando sus caras. Es el rodete un elemento probablemente de adorno personal, al aparecer de particular expansión en el Magdaleniense Medio pirenaico (según las excavaciones del último cuarto del XIX en diversas cuevas importantes, por E. Piette). Como lote global de ese tipo el de Isturits es el más numeroso de todos los conocidos en la Prehistoria europea. Las admirables manifestaciones del arte mueble de esta época en Isturits se pueden agrupar en tres conjuntos: los grabados, los contornos recortados y las esculturas de bulto. Sin descender por ahora a mayores detalles conviene apuntar que entre las figuras grabadas hay varias espléndidas representaciones de caballos y de bisontes, de algunos renos, ciervos, cabras monteses, sarrios, carnívoros varios (entre ellos, hasta una probable figura de cabeza de glotón), algún antropomorfo (un hombre y una mujer sobre la cara de una pieza ósea que tiene, por el otro lado, dos figuras de bisontes; varias cabezas de antropomorfos -«hombrecillos»- sobre huesos o piedras), etc. En cuanto a los contornos recortados se trata, por lo común, de cabezas de caballo que han sido extraídas de huesos hioides de ese mismo animal: recortados y grabados con cuidado -incluso dotadas de una perforación para hacer de colgantes- ofrecen figuras muy cuidadosas en detalles, según un modelo de notable personalidad pirenaica (donde Isturits desempeña un papel muy importante en el número y calidad de esas figuras). Las esculturas de bulto o altorrelieves se hallan a menudo decorando algunos instrumentos de asta (propulsores, bastones, p.e.) o bien son temas exentos de tamaño bastante pequeño sobre arenisca blanda u otras piedras menos frecuentes (¡incluso el ámbar!). Las gentes del Magdaleniense Medio habitaron con asiduidad la gran superficie de Isturits, tanto en la Gran Sala como en la de San Martín: con una profusión y extensión de ocupaciones como no se observa en las etapas anteriores o posteriores de la Prehistoria de la cueva. Sus colecciones de instrumentos óseos y del arte de pequeño tamaño constituyen a Isturits como a uno de los yacimientos más importantes del Magdaleniense Medio en el mundo.
11 Nivel «Magdaleniense Superior». (= Magdaleniense V o VI?). Predomina en fauna el reno sobre el ciervo y continúa la presencia de especies de clima frío (como el zorro polar, el rinoceronte lanudo o el saiga) y es muy abundante el caballo. El depósito de este nivel se concentra en la Gran Sala: corresponde a los estratos FI de Passemard y I de Saint-Périer. El equipamiento en piedra tallada ofrece un conjunto abundante tanto de utensilios acabados como de láminas simples y lascas de desecho. Los buriles dominan a los raspadores: son en su mayoría del tipo de «pico de flauta», y muchos de ellos han sido reavivados. Los raspadores más abundantes son los tallados en extremo de lámina; dándose otros de tipo nucleiforme, dobles o combinados con buriles. En utillaje óseo hay varios grupos especialmente representados. Así los cinceles de asta o las azagayas de buen tamaño; o las agujas de proporciones medianas. La decoración de azagayas o punzones de asta es bastante sencilla, normalmente líneas oblícuas a intervalos regulares. Es muy llamativo el efectivo de azagayas de base ahorquillada, de longitudes entre 50 y 200 mm.: R. de Saint-Périer llegó a recuperar, sólo en la Gran Sala, más de dos centenares de piezas. El elemento definidor del nivel son los arpones: los hay desde la base misma del nivel donde presentan filas unilaterales de dientes bastante pequeños y algo numerosos, algo más arriba llegan a presentarse algunos ejemplares de dos hileras de dientes, aplanándose ligeramente el cuerpo de la pieza. Hay, además, bastantes varillas de asta de sección planoconvexa, por lo común sin decorar, de cuerpo estrecho; algún trozo de bastón perforado y diversos dientes y moluscos perforados; con una escasa representación de elementos de arte figurativo (fundamentalmente grabados). El cuadro industrial de este nivel de Isturits puede ser bien comprendido en el modelo del Magdaleniense «avanzado» (¿mejor encajable en el V que en el VI?) del ámbito.
12 Nivel Magdaleniense Final y Aziliense. Comprende la zona superficial del que Passemard designó como nivel FI con no demasiada precisión así como el denominado nivel la por los SaintPérier. Su variable espesor, en la Gran Sala, oscila entre los 5 y los 50 a 60 cm., en tierras de color oscuro con abundantes piedras, muestras de industrias y restos de caza. No es fácil (dada la pobreza en cortes estratigráficos publicados) decidir la separación, en el seno de aquella situación sedimentológica «única», de los depósitos correspondientes al final del Paleolítico (Magdaleniense Final) y al Epipaleolítico (Aziliense): no habiendo cambio en la textura del sedimento o estrato estéril, de abandono, que los separe. Pero hay elementos de la cultura material suficientes como para señalar ambas etapas; significándose, además, su evolución/cambio según se asciende por el depósito del nivel. En fauna se aprecia un dominio del ciervo sobre el caballo, abundando el sarrio y haciéndose raro el reno (que ya desaparece por completo en las zonas altas del nivel); hay, además, huesos de lepóridos, de lobo y de zorro. Entre las aves destacan los restos de córvidos y de rapaces. En el efectivo de moluscos hay una sensible disminución de las especies de mar (así la Littorina, que había sido relativamente abundante en todos los depósitos precedentes), apareciendo en la parte alta del nivel el caracol terrestre (Helix Cepaea nemoralis). Datos que (como la desaparición del reno o la presencia del caracol) certifican el cambio climático producido al liquidarse el Tardiglaciar (parte inferior del nivel) y abocar a la actualidad climática (el Holoceno, en la parte superior). En el utillaje lítico hay unas doscientas láminas y laminitas (de tamaños bastante variables), en lo recogido por los Saint-Périer: varias de ellas trabajadas como puntas de dorso. Siguen siendo los raspadores menos numerosos que los buriles. En el grupo de los raspadores hay una significativa presencia de tipos cortos (es decir tendentes a circulares, a menudo sobre lascas) y altos (cepillos cortos, nucleiformes): lo que constituye una característica del Magdaleniense Final. Entre los buriles son mayoría los diedros de eje («pico de flauta»); destacando algunos tipos minoritarios (como el llamado de «pico de loro»: lateral sobre truncadura convexa). Son muy pocos los instrumentos de asta o de hueso: simples punzones apenas decorados y esquirlas óseas aguzadas, pocas azagayas (hay entre ellas cuatro de base ahorquillada), alguna varilla planoconvexa sin decorar. Los arpones de asta constituyen -como en tantos niveles contemporáneos del Paleolítico cantábrico- el elemento decisivo para la definición de la etapa cultural: en las zonas baja y media del estrato tienen sección circular en su cuerpo y constan de una o dos hileras de dientes (muy angulosos), en tanto que arriba aparecen los tipos aplanados y con perforación en ojal en la base, propios del Aziliense.
13 Formación estalagmítica post-glaciar. Aparece en la Gran Sala, con un espesor que oscila entre los 10 cm. y un metro, «testigo de una larga infiltración de las aguas pluviales a través de la bóveda»: a este potente manto se debió la preservación del riquísimo relleno de esa Sala (frente a lo que aconteció con el de la Sala de San Martín) contra los reiterados expolios a que estuvo sometida la cavidad de Isturits. Passemard recogió inmediatamente bajo esa formación estalagmítica, en una capa de arcilla de espesor variable (parte de su llamado nivel B), escasas piezas de sílex de tamaño muy grande (algunas sobre láminas; raederas amplias, etc.): elementos «macrolíticos» que no suelen escasear en el Epipaleolítico del Sudoeste europeo.
14 Depósitos postpaleoliticos. Sobre el aludido manto estalagmítico reposan varios hogares carbonosos, con fragmentos cerámicos de aspecto Eneolítico o de la Edad del Bronce. Algo al interior de la caverna (tanto en la Sala de San Martín como en la Gran Sala) se han hallado inhumaciones de adultos y de niños de esa misma época, en muy mal estado de conservación; las acompañan abundantes fragmentos cerámicos a mano, un hacha plana de cobre y otra pulimentada de diorita. Todo ello, también, atribuíble al Eneolítico o al desarrollo de la Edad del Bronce. Otros restos más recientes (atribuíbles a las épocas galorromana y romanoimperial, así como a la Baja Edad Media) se depositaron también en la superficie de la cueva.

Ignacio BARANDIARAN MAESTU