Festivals-Événements

Anton Abbadia y Los Juegos Florales

En esta parte del mundo que denominamos Occidente los Concursos Literarios llamados hoy Juegos Florales son como es sabido de luenga tradición y en general consisten en Concursos de Poesía, cuyo origen se halla en Tolosa de Francia, en la Baja Edad Media, exactamente en el año 1323. Aquel primer concurso organizado por el Consistori de la gaya Sciencia, hizo su convocatoria en lengua occitana, y el primer premio -la violeta de l'aur- la violeta de oro se le concedió a un poema escrito por Arnaut Vidal de Castelnau de Ari en honor a la Virgen María. Era el 3 de mayo de 1324 y la forma poética un sirventés. Estos concursos duraron durante siglos con variadas vicisitudes y fortuna.

Según constata el profesor Martín de Riquer (1964) en sus estudios de la literatura occitana y catalana, uno de los defectos de esta literatura producida en los Juegos Florales era la escasa variedad de temas abordados, ya que la mayoría de los temas eran religiosos, lo cual por otra parte es comprensible teniendo en cuenta los ataques de la Inquisición a todo aquello considerado como herejía. Ello conllevó que la literatura de los países mediterráneos y en especial la italiana del Renacimiento no llegara con sus novedades a Cataluña sino tardíamente.

Durante los siglos XIV-XVI no sólo en el sur de Francia, sino también a este lado de los Pirineos, en Cataluña, Valencia y en las Islas Baleares se celebraban numerosoas fiestas con juegos florales, donde destacó al menos un navarro llamado Francisco de Amezkua. Y si en un principio estos juegos eran sólo poéticos, organizados en honor del Corpus Christi, La Virgen María o el Santo patrono de la localidad, a partir de 1487 en la fiesta de la Inmaculada Concepción de la Virgen María se aceptaron textos en prosa, y fue ganador de dicho concurso Ferrando Dieç.

En los siglos llamados de oro no faltaron en las principales ciudades de España dichas lides poéticas con ocasión de alguna fiesta religiosa o en honor del santo del lugar. Así, por ejemplo, en Navarra a comienzos del siglo XVII, en los años 1609 y 1610 exactamente, el obispo Antonio Venegas de Figueroa organizó en honor del Santísimo, dichos concursos con esta convocatoria expresa:

"Y porque celebrandose en este Reyno de Navarra la solemnidad de esta fiesta, no es razon que la lengua matriz del Reyno quede desfavorecida, se pide en este certamen un romance de doze coplas en Bascuence, que lleve un estribillo de tres a tres coplas. Y al que mejor lo hiziere se le darán tres baras de tafetan. Y al segundo, dos de Olanda. Al tercero, tres pares de guantes blancos". (1609)

Los vencedores del primer año del concurso en euskara fueron Pedro de Ezcurra, Miguel de Aldaz y Joan de Eliçalde y en el segundo Martín Portal. Sabemos también que en la ciudad de Barcelona el año de 1656 se organizó en la catedral de Santa María del Mar, en honor de la Inmaculada Concepción de la Virgen un concurso en el que participó el poeta y militar Francisco Bustamante con un romace en euskara. (Urkizu, 1997:12).

Entrados en el siglo XIX y siguiendo con Cataluña, como señala Antònia Tayadellas, en el año 1841 el escritor Joaquim Rubió i Ors, autor del libro de poemas Lo Gayter de Llobregat habla en este tono de los Juegos Florales catalanes:

"Catalunya pot aspirar encara á la independencia, no á la politica [...], pero si á la lliteraria [...] Catalunya fou per espay de dos seggles la mestra en lletras dels demés pobles: ¿ perque puix no pot deixar de fer lo humillant paper de deixeble ó imitadora,creantse una lliteratura propria [...]? ¿ Per que no pot restablir sos jocs florals y sa academia del gay saber y tornar á sorprender al món ab sas tensons, sos cants de amor, sos sirventeses y sas aubadas?" (1992:51).

Y siguiendo este anhelo un grupo de escritores formado entre otros por Joaquim Rubió i Orsa, Joan Cortada, Victor Balaguer, Antoni Bofarull y Manuel Milà i Fontanals, fue quien organizó en Barcelona Els Jocs Florals, tan importantes en el renacimiento cultural decimonónico. Algunos años más tarde, en 1861, en A Coruña José Pascual López Corton, indiano enriquecido en Puerto Rico, organizó y fue el mecenas de los juegos que llamó Xogos Florales de Galizia, pero que por desgracia tuvieron como señala Manuel Rodríguez Alonso corta duración (1992).

Anton Abbadia (Dublín 1811-Paris 1897), rico heredero, gran viajero, astrónomo y amante de las letras vascas organizó en Urruña (País Vasco-Francés), pueblecito del Lapurdi el año de 1851 sus primeros concursos, siendo el primer ganador el bardo Joanes Oxalde con Kantu Berriak Urruñeko pilota partidaren sujeten gainean [Nuevas Canciones sobre el partido de pelota de Urruña].

En esta nueva canción se habla del mencionado juego de la pelota, y Abbadia repartió entre los jugadores nada menos que mil francos de la época. Se considera generalmente el año 1853 como el año en que se inician con toda pompa los juegos florales vascos, pero entre los manuscritos de Abbadia se puede leer expresamente: Lieux où j'ai donné mes prix basques: / 1851 Urrugne : début. / Y en otros papeles que dejó de su mano y se hallan en la Biblioteca Nacional de Francia dice: "Voici le résultat de mes recherches: de 1851 à 1898 il y a 48 années..." (BNF. FCB, nº 164, f.1).

Hay que mencionar que dichos Juegos Florales recibieron diversos nombres. Así en el cartel anunciador de 1853 se denominan Phertxuetaco gudua [La guerra de los Versos], y en la edición de los mismos que llevé a cabo en 1997, con ocasión del centenario de su muerte, los llamé Koplarien Guduak [La guerras de los bardos], pues fue así como se denominaron generalmente a partir de que los nombrara de ese modo el canónigo Intxauspe, uno de los miembros del Jurado. Posteriormente también se denominaron Neurtizlarien gudua [La guerra de los versificadores] (1879), Joko loretuak [Juegos florales] (1880), Bertsularien gudua [La guerra de los bertsolaris] (1887), Eskribitzaileen indar-neurtzea [Concurso de escritores] (1891), Neurtitz gudua [La guerra de los poemas] (1896) ... pero en la convocatoria que se hacía en francés siempre se denominaban Concours de poésie nationale (1853) y Concours de Poésie Basque (1858).

Como es bien conocido el siglo XIX estuvo lleno de guerras y revoluciones y de años convulsos. Así tras el golpe de estado de Charles Louis Napoleon Bonaparte en diciembre de 1851 los representantes de las letras más eximios, como Victor Hugo, y el vasco Agustín Chaho, que dirigía en Bayona el periódico Ariel, tuvieron que exiliarse.

Tampoco faltaban versos que trataran de los acontecimientos históricos del momento: Martin Halsouet "Ttipi" escribió en el año 1852 un poema en honor de Chaho y Joanes Oxalde escribió "nuevas canciones" en honor de Napoleón. Ttipi, que fue soldado y desertor, decía así en uno de sus versos:

Mila zortzi ehun eta berrogoita hamabian
Prima eman daukugu bigarren aldian. (AAKG, 4-VI).

[En 1852 hemos recibido el premio por segunda vez].

Al quedar Abbadia contento con la aceptación que su idea estaba teniendo y las muestras de amor de sus compaisanos, hizo un llamamiento en 1852 dirigido a todos los bardos de las Siete Provincias Vascas (Le Messager de Bayonne, (MB) 1852-IX-30). Y esta convocatotia se extendió el año 1853 a la prensa de Bayona y Pau. El premio consistiría en la Makhila 'El bastón de mando' y una onza de oro, siendo el tema obligado: Montevideora dihoan euskal gaztearen bihotz-minak [Los lamentos del joven emigrante camino de Montevideo].

El máximo de versos estaba limitado a 50, ya que se consideraba que eran los recordables por una memoria ordinaria, y éstos los cantaría un coro preparado para el momento de la fiesta. El cartel anunciador se hallaba firmado por el alcalde de Urruña A. de Larralde-Diustegui, y llevaba la fecha de 29 de agosto de 1853. El cartel se halla actualmente en la sala de plenos de dicha población.

Como se indicaba en el anuncio, los miembros del Jurado nombrados para el evento sólo tendrían en cuenta el valor literario de los versos. De la organización de los partidos de pelota posteriores a la actuación coral se encargó un experto, el señor Bascary, el cual reunió a los mejores pelotaris de la época: Sebastian, Bizente, Gaskoina y Pascot.

Le Messager de Bayonne, el periódico más leido en Lapurdi en aquella época, en la sección de Variétes del 13 de septiembre de 1853 dio los resultados del Concours de poésie nationale, cuya finalidad era doble: una literaria y otra moral. Se presentaron canciones de todos los dialectos del euskera y el ganador fue Bernard Celhabe, por su poema Entzunik espantutan Indien Berria [Habiendo escuchado con espanto las noticias de las Indias] (AAKG, 6), poema que había de cantarse según la melodía conocida de Atharratze jauregian. De los 37 poemas que se presentaron al evento sólo se han conservado siete.

Como es habitual en este tipo de concursos no todos quedaron contentos con el veredicto y el conocido bardo Pierre Topet-Etxahun escribió posteriormente versos satíricos en contra del autor y de los jueces.

El año de 1855 el tema elegido fue el de La Mujer bebedora, y el ganador Leon Elissamburu. Éste nació en 1816 en Ortzaize (Baja-Navarra) y murió en 1861. Fue, en palabras del crítico Jean Haritschelhar, uno de los más destacados versificadores del siglo XIX, y era hermano del que será sin duda uno de los mayores poetas del siglo.

Las Fiestas del Pueblo será el tema de 1856 y, como era habitual, se anunció en la prensa local. El ganador del concurso fue Jean Baptiste Larralde. No se hallaban todos los miembros de jurado acordes con la elección, pero como era habitual salió ganadora la opinión del que fuera el traductor de la Biblia, el capitán Jean Duvoisin.

El 20 de octubre de 1856 el príncipe Luis Luciano Bonaparte, vascólogo, mandaba un saludo desde Londres a su amigo Abbadia con estas palabras en euskara: "Euskaldun maiteak! Lenago maite zituztean, bano orain ezagutu ezkero maiteago zaituztet. Gaur urtebete Euskererrian izan nai dedila! Ondo bizi zaitezte, nere adiskideak". [Queridos Vascos, antes os amaba mucho, pero ahora más. Espero estar dentro de un año entre vosotros. Amigos queridos, ¡que viváis bien! ] [BNF, naf., nº 21746, f. 425].

El año 1858 el tema de la composición fue libre, y se presentaron dieciocho trabajos de entre los cuales se consideró como la mejor obra el poema de Jean Baptiste Elissamburu (Sara 1828-1891), Bero deno burdina jo [Se debe golpear el hiero mientras esté caliente]. En el año de su centenario se estudió la obra completa de este gran poeta y los trabajos se recogieron en la revista Euskera (1992) de la Real Academia de la Lengua Vasca-Euskaltzaindia.

En el anuncio del año de 1859 se indicaba que uno de los premios sería una antorcha de bronce, símbolo de la nación vasca y de la vieja lengua. Se presentaron 32 trabajos y, como era habitual, Duvoisin en el Courrier de Bayonne hacía la crítica de los mismos. El canónigo Intxauspe, que fue traductor de Dante, pedía más miembros laicos en el jurado. El ganador fue otra vez el médico Jean Baptiste Larralde (Hazparne 1804-Donibane Lohitzune 1870), con la obra Ama haurraren sehaskan lohakartzen [La madre adormeciendo al niño en la cuna]. También presentó en este concurso el maestro de Senpere Jean Etcheto (Itsasu 1801-Senpere 1877) ocho poemas, entre ellos uno dedicado a la Guerra de Sebastopol, tema que también trató genialmente Tolstoi.

Etcheto se quejaba a Abbadia en sus cartas de que los jueces no consideraran mejor sus obras, que siempre intentaba unir lo útil con lo agradable, y que esta norma horaciana debiera ser considerada por el jurado donde se imponían generalmente las opiniones de Duvoisin e Intxauspe.

El año 1863 fue el último en celebrarse en esta fase en Urruña, siendo galardonado con el primer premio Bethiuri Olhondo por su poema titulado Marinela [El marinero].

Y es el año 64 cuando empiezan a celebrarse los Juegos Florales en Sara, donde se darán haste el año 78, con la única excepción de 1877, año en que se celebran en Donapaleu-Saint-Palais. Ese año de 1864 el ganador fue Larralde con su poema Muthil-zaharra [El solterón], y recibió el segundo premio la obra de M. A. Salaberri Solferinoko itsua [El ciego de Solferino]. Se ha discutido entre los críticos sobre la personalidad de Salaberri, y hay quien ha visto en dicho nombre el seudónimo de Jean Baptiste Elissamburu, pero Urkizu considera que, comparando las grafías de los manuscritos, no se puede atribuir a Elissamburu dicho poema, que ha sido reiteradamente cantado por el pueblo y los cantautores, y cuya primera estrofa dice así:

Harmen hartzera deitu ninduen gazterik zorte etsaiak,
Urrundu nintzen, herrialderat itzuliz usu begiak,
Itzuliz usu begiak. [AAKG, 165]

[La traidora suerte me llamó joven a tomar las armas, / me alejé tornando los ojos con frecuencia hacia mi aldea, / tornándolos muchas veces.]

El año 66 Intxauspe en carta dirigida a Abbadia, que seguía todos los prolegómenos de sus Juegos desde París, indica que se halla satisfecho poque es un año de buena cosecha y hay dónde elegir. El premiado será por tanto Jean Baptiste Elissamburu.

Joanes Verjes será galardonado el año 67 por su poema Oraiko neskatxa batzu [Algunas chicas de hoy día]. Quedó en segundo lugar Jean Baptiste Elissamburu con su poema Eskalduna, y en tercer lugar el sacerdote Gratien Adema "Zalduby" (Senpere 1828 - Baiona 1907) que era en ese momento vicario de Bidarrai con el poema Xanxundegiko xakhurra [El perro de Xanxundegi].

Y en el año 1868 será otra vez vencedor Joanes Oxalde con su poema dedicado a la emperatriz Emperatrizari por, en palabras de Duvoisin, la corrección y pureza del lenguaje, aunque les hallara un cierto tono recitativo a su versos.

Agustin Etcheverri, que fue más tarde profesor de euskara de Hugo Schuchardt, fue el vencedor en 1869, con su poema Hiltzera dohan haur baten auhenak [Los lamentos del niño en trance de morir]. No fue de la misma opinión del jurado el lingüista y bibliógrafo Julien Vinson que recogió en la Revue de Lingüistique de Paris (1870) tanto los poemas como las críticas.

Señala Vinson que también hubo concurso de improvisadores, o sea, de bertsolaris, en el que participaron un zapatero de Jatsu llamado Ibarra, y una joven de Azkain llamada Maris Luisa Osorio, siendo el tema de la disputa: la petición de mano. Añade también Vinson, que no era nada habitual que contendieran las mujeres en estos concursos, ya que hasta esta fecha sólo una chica hondarribitarra fue la única que se atrevía a cantar en las plazas.

El año 70 no hubo concurso, no se pudieron celebrar los Juegos Florales a causa de la guerra, pero fue un año feliz para la historia de la canción vasca, porque el abogado de Mauleón, Jean Dominique Sallaberry editó en Bayona el libro de canciones vascas más hermoso hasta el momento bajo el título de Chants populaires du Pays Basque. Paroles et musique originales recueillis et publiées avec traduction française.

Goyetche el alcalde de Sara en una de sus cartas dirigidas a Abbadia cuenta cómo pasaron los Juegos del 71, y comenta los partidos de pelota, los temas que cantaron los bertsolaris (el debate entre el casero que queda guardando su ganado y el que anda de feria en feria, y el debate entre el soldado que cumple con su obligación militar y el que deserta). Sin embargo, no hay mención del trabajo de los poetas. Pero hubo muchos poemas escritos por poetas de ambos lados del Pirineo, siendo el ganador Jean Baptiste Elissamburu con su Xori berriketaria [El pájaro parlanchin] (AAKG, 220).

Zalduby presentó un poema titulado Jeus [Nada], poema original del que comentó Duvoisin: "morceau original, jeu de mots d'un bout à l'autre , bon à lire", o sea, que se trataba de un texto original, lleno de juegos de palabras del primer verso al final, basado en el pensamiento de Parménides, ex nihilo nihil fit, y siguiendo el juego poético y filosófico del humanista francés Jean Passerat (Urkizu, 2007).

Otro año más Goyetche le escribe a Abbadia, contándole cómo el 13 de septiembre se lucieron los bertsolaris Choperena y Dufau de Senpere, Irigoien de Azkaine, Etcheto de Sara y Etchart de Ezpeleta. Cómo el debate se centró en la discusión de si la educación es necesaria al hombre o de si hay que dejarlo libre en su natura. Y de cómo los dos últimos versificadores se llevaron a medias el premio de ochenta francos.

El año 1873, Gratien Adema bajo el seudónimo de Hergaray envía una fábula titulada Bildotsa eta otsoa [El cordero y el lobo], que merece el premio. Como es conocido, las Fábulas tienen una larga tradición en las literaturas tanto orientales como occidentales, entre los autores grecolatinos, empezando con Fedro y Esopo, siguiendo con el francés La Fontaine y los españoles Samaniego e Iriarte, los dos de origen vasco, y tampoco faltan sus cultivadores entre los escritores euskéricos entre los que destacan: Vicenta Mogel (1804), Juan Antonio Mogel, (s. XIX), Agustín Iturriaga (1842), Jean Baptiste Archu (1852), Martin Goyetche (1852) y Jean Moulier "Oxobi" (1926)...

Por primera vez en la historia de lo Juegos Florales se dará el premio a un escritor del sur en 1874. Se hallaba el País Vasco en pleno apogeo de las guerras carlistas, y era evidente la simpatía que tenía Abbadia por la buena causa del pretendiente. De modo que fue premiado el poema del padre jesuita Arana bajo el seudónimo de Biscaitarra. El poema, sin embargo, cómo le señalaba Intxauspe a Abbadia, había de tener dificultades para su impresión por ser claramente político, cosa que en principio estaba prohibido en las bases.

El año 75 ganó Goyetche el premio con su poema Ezkila [La Campana]. Al año siguiente, es decir, en el 1876 no se concedió ningún premio a pesar de considerar los miembros del jurado que el mejor poema era el escrito por Gratien Adema con el título de Biba Republica!, canción satírica, prevaleciendo en este caso el criterio de no aceptación de versos políticos.

El año de 1877 se dirigió Abbadia al alcalde de Donapaleu Baratxart para celebrar en esta localidad los Juegos, a cuyo ofrecimiento dio una respuesta positiva y por primera vez se celebraron en lo que fuera capital de la Baja Navarra. El ganador fue Martín Arrupe con su canción titulada Xori kaiolatik ihes goan dena ]El pájaro que ha huído de su jaula].

Siguiendo el espíritu y los deseos de Anton Abbadia, los Juegos Florales atravesarán la cadena de los Pirineos y se celebrarán el año de 1879 en Elizondo, la hermosa población navarra del Baztán. En este intento será el historiador y euskarólogo Arturo Campión quien ayude a Jean Duvoisin. Éste señala en una carta dirigida al navarro que ya tiene una experiencia de treinta años en esa labor y que le parece lo más adecuado que el tema de composición sea libre, ya que los problemas surgidos a raíz del uso de diversos géneros en principio teóricos se solventan con cierta facilidad en la práctica.

Se dieron este año dos premios. La usual Makhila y las 80 pesetas al mejor poema, y por otro lado 125 pesetas de la Asociación Euskara concedidas al mejor texto que tratara sobre Euskaldunen gaucic maiteena [Lo preferido por los vascos] (Revista Euskara, II, Pamplona 1879 21).

Fue el poeta vizcaino Felipe Arrese-Beitia el ganador del primer premio con su poema Ama Euskeriari Azken Agurrak [Último adios a la Madre Euskera], el segundo premio lo recibió Ramón Artola, por su poema Altabizkarko Kantua [La Canción de Altabizkar] y el premio para la prosa lo ganó el maestro de Hondarribia Claudio Otaegi por su leyenda titulada Lamiaren kantua [La canción de la lamia]. Estas composiciones se editaron en la Revista Euskara que veía la luz en Pamplona.

El ejemplo navarro fue seguido en numerosas poblaciones, de modo que en el año 80 la semilla sembrada por Abbadia ya dio sus frutos y se celebraron Juegos Florales en Begoña, Bera, Donostia y Maule, dándose inicio a una nueva fase de la literatura vasca que irá de 1876 a 1936, es decir, desde el fin de la segunda guerra carlista hasta el comienzo del guerra civil.

El año de 1878 Arturo Campión crea en Pamplona la ya nombrada Revista Euskara. El escritor, periodista y poeta Fermín Herrán crea a su vez en Vitoria una revista de vida breve (1878-80), con propósitos político-literarios titulada, Revista de las provincias éuskaras. En Bilbao Vicente de Arana creará la Revista de Vizcaya (1885-89), pero será en San Sebastián donde realmente cuaje el movimiento vasquista, y José Manterola dará lugar al nacimiento y dirigirá la revista de más duración, titulada Euskal Erria, Revista Vascongada, (1880-1914) donde con espíritu amplio y abierto ejercitaban su pluma tanto liberales como carlistas y republicanos, y en cuya lista de colaboradores aparece en primer lugar Anton Abbadia.

En la correspondencia mantenida entre el alcalde de Maule y Abbadia, éste proponía que en 1880 se mantuviera el programa de Donapaleu, a cuyos gastos que siempre pagaba con detalle añadía 100 francos en el caso de que representaran una pastoral para repartirlos entre el errejenta (autor-director) y los actores. [BNF, naf 21746]. Sin embargo esta novedad en los Juegos no pudo darse ya que consideraba el señor Beguieux que era imposible levantar el tablado en la plaza tras el partido de pelota. De todos modos, pudo ver Abbadia sus Juegos Florales en la tierra de los ancestros, Zuberoa.

El año 81 pasarán otra vez la frontera y se celebrarán en Irun [Loidi, 1983]. Abbadia le escribía a Genaro Echeandia en una carta en castellano su permiso, a la que contestaba el alcalde irunés en francés que sería un gran honor para su villa. Y se celebraron con gran pompa y variedad, puesto que además de los habituales concursos de poesía y de bertsolaris, hubo partidos de pelota, regatas de traineras desde Azken Portu hasta la isla de los Faisanes, carreras de mujeres, etc.

Se presentaron diecisiete poemas al concurso poético y ganó la makhila (ofrecida como era habitual por Laborde Noguez) y las 80 pesetas Victoriano Iraola, por su poema titulado Lore Igartua 'La flor marchita'. El premio ofrecido por la Asociación Euskara, una medalla dorada, fue para Antonio Arzac por su poema Iltzen bazaigu Ama Euskera Euskaldunak illak gera 'Si muere el euskera los vascos estamos muertos', y la mención de honor se la llevó el vate vizcaino Felipe Arrese Beitia por su poema Jaungoikua eta Fueroak 'Dios y los fueros'.

También había un premio para el mejor poema que tratara el tema de Euskal Herriaren Batasuna 'La unidad de Euskal Herria', premio adjudicado a Claudio Otaegi, el maestro de Hondarribia, por su poema Elkar gaitezen denak napar Euskaldunak 'Unámonos todos, navarros y vascos'.

En 1882 en los Juegos celebrados de nuevo en Sara, el tema fue libre y el premio para Piarres Ibarrart por su canción Ikhazkin mendian 'Carbonero en el monte'.

Fue el año de 1883 el año que Abbadia extendió sus Premios a Vizcaya, y para que no fueran tildados de políticos se celebraron en Markina ,en vez de en Gernika. Tanto El Noticiero Bilbaino, Euskal Erria como la Revista Euskara dieron noticia, con todo detalle, su celebración, ya que se concedieron nada menos que dieciocho premios distintos a las distintas especialidades de los concursos. En lo literario fue ganador Carmelo Etxegarai (Azpeitia 1865 - Gernika 1925), con el poema Zertako '¿Para qué?. Así mismo se le concedión una rosa de oro a Felipe Arrese Beitia por su poema Jaungoikoaren probidentzia 'La providencia divina'. Y entre los bertsolaris que participaron fueron premiados Pedro Elizegi "Pello Errota" de Asteasu y Peru de Markina-Etxeberri.

Entre las biografías, fue galardonada la escrita por Claudio Otaegi en honor del general Mazarredo. El tolosarra Joaquín Larreta presentó el cuento Mozolua noiz ezkero dan ontza 'Desde cuándo es el mochuelo buho', y algunos cuentos más de su cosecha como Alonsotegiko zubiya 'El puente de Alonsotegi', Miluzeko zubiya 'El puente de Miluze' y Ernion euskaldun eta erromatarren arteko borrokez 'Sobre las batallas habidas en el Ernio entre los vascos y los romanos' que han sido editados por Ana Toledo (1990).

Estaban de moda, tanto en verso como en prosa, a causa de un romanticismo tardío, las tan dudosas y tantas veces falsificadas batallas que tuvieran los vascos y los romanos.

A pesar de que el famoso periodista y arqueólogo alavés José Cola y Goiti le propusiera a Abbadia se celebraran los Juegos en Laudio, el año 84 se celebraron de nuevo en Sara, siendo premiado otra vez Piarres Ibarrart por su canción Uso saretan atzemana 'La paloma en la red'.

Otro año el intento de Abbadia de cambiar de lugar y de celebrar en el pueblo navarro de Etxarri se topó con el cólera que se había extendido en el lugar, por lo que Cipriano Jauregi, el alcalde, declinó el honor. Y, de nuevo, se celebraron los Juegos en Sara, más no hubo premios, ya que informaba Duvoisin, que la cosecha había sido pobre en cantidad y calidad.

Urnieta será la población elegida para la celebración de los Juegos en 1886. El alcalde de la misma Juan Bautista Ichaso-Asu firmaba la convocatoria, y realmente se celebraron con toda pompa, llegando a dicha población Abbadie en compañía de su mujer y de Duvoisin. Arzak, el director de la revista Euskal Erria, los recibió en francés y euskera y uno de los premios fue para Carmelo Etxegarai por su poema Menditar baten kantua 'Canción de un montañes'. Entre los diversos actos estuvo la representación de la obra del dramaturgo Marcelino Soroa, Barrenen arra 'La larva'y Anton Kaiku, dando paso al Nuevo Teatro Vasco (Urkizu 2009). Entre los bertsolaris se hallaban Pello Errota, Udarregi, Juan José Elizegi y Juan José Ugalde.

En 1887 la Fiestas Euskaras se celebraron en Azkaine siendo el primer laureado José Artola por su fábula Erbi inudea eta katua 'La comadreja y el gato'. La mención de honor fue para Gratien Adema por su canción titulada Beharra eta Ahala 'La necesidad y el poder'.

De nuevo intentó Abbadia que sus Juegos se celebraran en Navarra, pero el alcalde de Auritz, Miguel María de Masso, contestó a la invitación con una negativa (BNF, naf, 21748, f.124). No era al parecer el momento adecuado y de nuevo se celebraron en Lapurdi, concretamente en Kanbo, pero al no encontrar Duvoisin poema de calidad el primer premio quedó desierto.

Entre los bertsolaris estuvieron Ibarrat, Lasteyric, Irissarri y Marianne Hargain. Ellos debían cantarle a Marianne un proposición de matrimonio, y al parecer las picantes respuestas de esta bersolarisa debieron encantar al público. Tampoco faltaron esta vez textos en prosa, como el del donostiarra Marcos Latasa que escribió sobre el famoso pirata Pellot, Monsieur Pelloten abotik aditutako historia farragarria 'Historia graciosa oida de boca del señor Pellot', y el de Laurent Diharassari que se tituló Lilluratua (Eskualherriko gazteriari) 'Fascinado . A la juventud de Euskal Herria', texto hermoso, pero, en opinión de Intxauspe, nada original (BNF, naf., 21748, f.44).

El famoso botanista de Narbarte José María de Lakoizketa fue el intermediario con el alcalde de Doneztebe, Wenceslao Zubiburu, y se celebraron en esta población los Juegos de 1889, siendo el primer premio para Claudio Otaegi por su obra Amerikatik 'Desde América'. La mención de honor fue para Ramón Artola por su Eguzkiyaren sarrera 'El ocaso del sol'.

En 1890 se celebraron en Maule de nuevo, tras diez años de los últimos Juegos. Participaron de nuevo poetas de ambos lados del Pirineo, y el ganador resultó el donostiarra Felipe Casal, que junto con su hermano Pablo y su hermana María formaba parte del nuevo y exitoso grupo teatral donostiarra llamado Euskaldun-fedea 'La fe vasca' por su poema Gure euskara maita dezagun 'Amemos nuestro euskara'.

En 1891 se celebraron por segunda vez en Bizkaia los Juegos de Abbadia en el pueblecito de Iurreta, siendo la convocatoria firmada por su alcalde, Julián Unamunzaga. Parece ser que ya las normas iban adquiriendo cierta rigidez, y que los versos debían presentarse por un lado y en plica aparte el nombre del autor. De nuevo en esta ocasión fue premiado otro poeta de la escuela donostiarra, Francisco López Alén, por su poema Duvoisin jaunaren oroimengarriari 'Homenaje al señor Duvoisin'.

Jean Duvoisin (Ainhoa 1819 - Ziburu 1891), el traductor vasco de la Biblia, y autor de muchos opúsculos entre otros el de Laborantzako liburua 'El libro de la agricultura (1858), fue, como hemos dicho, una de las columnas básicas sobre las que se edificaron Los Juegos Florales, ya que además de colaborador directo de Abbadia y el canónigo Intxauspe, fue uno de los jueces más estrictos y crítico literario en la prensa de la época.

Este año de 1891 se presentaron poetas vizcainos, guipuzcoanos, laburdinos y bajonavarros, pero como hemos señalado ganó el primer premio López Alén, de la escuela donostiarra.

Las fiestas de 1892 celebradas en Donibane Lohizune-San Juan de Luz fueron magníficas, y el lema de Zazpiak bat! 'Las siete unidas' fue la reivindicación general. Abbadia, tras hablar de sus viajes por África en el banquete inaugural, acabó con esta evocación. Charles Petit, también acabó su loa a Antoine d'Abbadie con las frases "Zazpiak bat des Pyreénées à l'Adour! Zazpiak bat des Pyrénées à l'Océan'. Y el poeta donostiarra Felipe Casal presentó un soneto acróstico con que decía ZAZPIAK BETI BAT 'Siempre las siete unidas'. En el litigio sobre cuál era el mejor poema se consideró que éste era el de Victoriano Iraola, titulado Gaisuak 'Pobrecitos'. También por primera vez en esta fiesta hubo una representación de una pastoral, siendo su director y autor Heguiaphal de Xohüta, pequeña población cercana a Maule, y cuyo título era Abraham. Entre los espectadores se hallaban Antoine d'Abbadie con su esposa Virginie, la reina Nathalie de Servia y el cardenal Lavigerie, entre otros.

Las Fiestas que se organizaron en honor de Anton Abbadia en Azpeitia en 1893 se celebraron el 2,3, 4 y 5 de septiembre, siendo sus valedores el alcalde Juan de Antón y el párroco Agustín de Jauregi. En principio se había pensado en la población de Zestoa, pero pensando que las corridas de ésta eran demasiado concurridas, se eligió la villa natal de San Ignacio. Los poetas Gratien Adema y Basilio Joanategi se hallaban en esta ocasión entre el jurado. El tema era libre y de nuevo fue galardonado Francisco López Alén por su poema 'Las palabras de una madre junto a la cuna', siendo el segundo premio para Felipe Casal por su poema Ama euskara eta bere umiak 'La madre euskara y sus hijos'. Tampoco faltaron, como en otras ocasiones, los vates improvisadores entre los que destacaron Pello Errota, Joxe Bernardo y Juan José Alkain. El poema de Adema titulado Zazpi Eskual Herriek bat egin dezagun 'Unámonos los Siete Pueblos Vascos, cantado por el coro también obtuvo un éxito notable.

Los años de 1894, 1895 y 1896 tuvieron como tema el mismo, Magdalena Larralde. Esta mártir de la revolución francesa fue una de las obsesiones del anciano Abbadia, y se celebraron sus Juegos Florales en Donibane Garazi-San Juan de Pie de Puerto, Vera de Bidasoa y Mauleón. En las fiestas celebradas en esta última población ganó por fin, ya que en las ocasiones anteriores se declaró desierto el premio, el poeta Laurent Diharasarri, siendo el segundo premio para el vizcaino de Otxandio, Felipe Arrese Beitia y el tercero para el donostiarra Francisco López Alén.

Anton Abbadia murió en París el 19 de marzo de 1897, cuando se hallaba traduciendo del árabe el manuscrito de Futhuh el-Habach, que narraba la historia del conquistador del siglo XVI, Imad Ahmad. En la prensa bayonesa se recibió la noticia de su muerte con gran pena y Le courrier del 23 de marzo comentaba que acababa de morirse uno de los hombres más sabios y famosos del País Vasco; fue enterrado en su palacio de Hendaia, construido por Violet le Duc.

Siguiendo los deseos de su difunto marido, la viuda Virginie Vincent de Saint Bonnet hizo que se celebraran los Juegos Florales iniciados en 1851 en la población vizcaina de Villaro (Areatza) el 8 de septiembre y dieron una crónica exacta de los mismos entre otros medios la revista Euskal Erria de Donostia (1897:149, 266), y la revista vizcaina creada por Resurreción María de Azkue, corresponsal y amigo de Abbadia, Euskalzale (1897-I: 289). En esta ocasión se presentaron diecisiete poemas y el ganador fue el titulado Oroitz bat Antoine Abbadie-ren obian 'Un recuerdo en la tumba de Anton Abbadia' cuyo autor fue Francisco López Alén.

El señor Guilbeau, que otrora fuera premiado y era alcalde de Donibane Lohizune-San Juan de Luz junto con sus amigos ( Julien Vinson, Wethorth Wwebster, D'Abartiague...) creó una entidad denominada Association Labourdin, y organizaron los juegos alternativos que se clebraron en Uztaritze (1893), Hazparne (1894), Ezpeleta (1895), Kanbo (1896) y Sara (1897).

Como ha señalado Jean-Louis Davant (2010), se trataron a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX numerosos temas: la emigración, la agricultura, la mujer bebedora, las fiestas patronales, los vascos, lo más querido de los vascos, la unificación del País Vasco, la historia del País Vasco, Magdalena Larralde... Y fueron muchas las ideas expresadas por los poetas que eran de variado talante, extracción, cultura e ingenio.

Así, por ejemplo, tenemos la escuela de Etchahun y Oxalde por un lado, y por otro, la escuela donostiarra, conformando entre todos un pensamiento político, filosófico y literario que normalmente no aparece en las habituales historias literarias. Jean Haritschelhar, en el análisis ideológico dedicado a las canciones (1998), subraya y comenta las ideas motrices, los leit-motiv, y los temas fundamentales de la segunda mitad del siglo XIX: el mantenimiento del binomio euskaldun-fededun 'vasco-creyente', la alabanza de la aldea, la importancia dada al caserío, la añoranza del pueblo natal, las guerras, la conciencia de la extinción del euskera...

En la colección reunida por Urkizu en 1997 se pueden encontrar sesenta y un poetas diferentes y quinientas canciones, así como cincuenta y siete melodías, y un repertorio de más de cien tipos métricos diferentes. No escasean en este conjunto imágenes brillantes y originales, así como encantadoras metáforas en un euskara correcto, rico, y hermoso que guarda las variedades y detalles dialectales de cada vate. Es, pues, una fuente de inspiración inolvidable tanto para los poetas actuales como para los cantautores.

Este humus surgido con el Romanticismo servirá de levadura y de base para el movimiento literario vasco, que crecerá durante el siglo XX hasta cotas no alcanzadas anteriormente.

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