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La Revolución Industrial en Euskal Herria

Llamamos Revolución Industrial al proceso de cambio que transformó a la sociedad en diferentes aspectos, principalmente económicos, sociales y demográficos, pero también afectó a los valores y a las mentalidades de la población. No fue un proceso homogéneo; no se llevó a cabo en todos los países al mismo tiempo, ni se desarrolló en ellos de la misma manera. Sus efectos impactaron de tal forma en la sociedad y en sus estructuras que al periodo histórico anterior se le conoce como Antiguo Régimen y al nacido con la revolución se denomina Régimen Liberal.

La Revolución Industrial surgió en Inglaterra el último tercio del siglo XVIII y durante el siglo XIX se extendió por otros países de Europa. Concretamente entre los factores desencadenantes que originaron los cambios económicos en Inglaterra tuvieron especial incidencia el desarrollo agrícola que se conoce como la revolución agraria inglesa, la revolución demográfica que se dio en la población y la disponibilidad de bienes para la inversión.

Los primeros países en acoger las innovaciones de la industrialización y en experimentar sus cambios fueron Bélgica, Holanda, Francia, y algo más tarde Alemania, Suiza y Suecia. La industrialización se expandió en sus primeros momentos por la zona Noroccidental de Europa a excepción de Irlanda, quedando rezagados los países mediterráneos y los de Europa del Este. Fuera de Europa, se incorporaron rápidamente a este proceso los países de Estados Unidos y Japón.

Con anterioridad a la Revolución Industrial la mayor parte de la población era rural y vivía de actividades agrícola-ganaderas o artesanales. Se calcula que alrededor de un 80 % o 90 % de la población europea vivía bajo condiciones de vida que se consideran campesinas. Con los cambios sucedidos durante este proceso, la sociedad dejaría de ser una sociedad rural y campesina para convertirse en una sociedad industrial y urbana. El desarrollo de las actividades en las ciudades hizo de éstas unos centros dinámicos y verdaderos motores económicos, convirtiéndose en lugares de atracción para la población de los medios rurales. Muchos habitantes procedentes del campo emigraron a las ciudades buscando mejorar sus expectativas de trabajo y sus condiciones de vida, de forma que se fue incrementando la población de las ciudades. El aumento de la población de las ciudades también se debió al propio crecimiento natural de sus pobladores, pues en esos años la población entró en una dinámica de crecimiento que se conoce como revolución demográfica.

En las transformaciones producidas durante este periodo jugaron un papel fundamental las novedades técnicas y las innovaciones en maquinaria. Se aplicaron estas innovaciones a los transportes y medios de comunicación, de forma que se redujo el tiempo necesario para recorrer las distancias físicas y se produjo una verdadera revolución en los transportes. Las distancias se acortaron para las personas y también para el transporte de mercancías, lo cual supuso un gran progreso para el comercio. Las innovaciones técnicas se aplicaron al trabajo agrícola, que vio crecer la producción de alimentos y de materias primas empleando menos medios humanos. Asimismo se beneficiaron de las mejoras técnicas las actividades de las ciudades, las cuales seguían hasta el momento procesos artesanales. Ahora contaban con una mayor cantidad de materias primas procedentes del campo, y con la mecanización de los procesos creció la productividad. A los pequeños talleres artesanos les sucedieron factorías y fábricas que elaboraban un volumen mayor de productos y con mayor rapidez.

El incremento de la productividad, del comercio y de la economía de las ciudades facilitó el desarrollo y consolidación del sistema económico capitalista. Hasta entonces, los habitantes de las pequeñas poblaciones vivían de la producción local y traían de otros lugares aquellos productos que escaseaban en el lugar, sobre todo si eran productos de consumo alimenticio. En el mercado, las autoridades locales fijaban y tasaban los precios para que los alimentos fuesen asequibles a la población y controlaban los pesos y las medidas de los comerciantes para evitar fraudes. Las ciudades y poblaciones contaban con pósitos para almacenar alimentos, principalmente cereales, con el fin de evitar que en periodos de malas cosechas se diesen situaciones de desabastecimiento. La economía estaba controlada en las poblaciones por las autoridades locales, que intentaban frenar reventas y especulaciones, y supervisaban las mercancías que entraban en su población para que no hiciesen competencia a los productos locales. El comercio a gran escala también era controlado. Las monarquías monopolizaban el comercio de los productos con sus colonias, intentado que otros países no obtuviesen beneficios de ese comercio, y de la misma forma intentaban proteger el mercado interior y los productos generados en él por medio de aranceles que imponían a los productos de países extranjeros.

En este contexto se fueron extendiendo desde finales del siglo XVIII y sobre todo durante el siglo XIX, las ideas del pensamiento liberal económico, que defendían el libre comercio como motor del progreso económico. Para que pudiese desarrollarse este libre comercio había que romper los aranceles, la protección de las autoridades y la intervención de los gobiernos en la economía. Este libre comercio se fue imponiendo a la economía anterior de subsistencia, autárquica y proteccionista. Unido al aumento de producción y a la creación de un cuerpo de consumidores cada vez mayor, el libre comercio favoreció la acumulación de riqueza y capital, principalmente para aquellos que tenían los medios de producción y el capital para invertir que era la burguesía.

Las nuevas condiciones económicas favorecieron la consolidación del poder de la burguesía. En la sociedad estamental de Antiguo Régimen los burgueses habían ganado poder económico durante siglos pero no habían ascendido en la misma medida en la escala social ni en el poder político. Socialmente la burguesía era menos estimada que el estamento nobiliario, incluyendo a la pequeña nobleza empobrecida. En muchos países las clases nobiliarias controlaban el poder político, excluyendo a aquellos que vivían del comercio, de actividades artesanales o de profesiones liberales. Se consideraba que trabajar para sobrevivir, aunque fuese en actividades comerciales o profesionales, era deshonroso, y la burguesía había creado su posición y había generado su riqueza precisamente de estas actividades. El nuevo panorama económico que se iba consolidando favorecía a la burguesía y éste venía precisamente impulsado por ella. Mientras la burguesía dirigía y poseía las fábricas y empresas, obtenía rendimientos y beneficios de ellas, la nobleza tenía que vivir de forma noble. La burguesía empleó en esas fábricas a aquellos habitantes de las ciudades que no tenían más recursos que su fuerza para trabajar y a los llegados recién llegados del campo que buscaban un nuevo modo de vida en las ciudades. Con estos obreros de las fábricas nacía una nueva clase social que era el proletariado, la clase trabajadora. Estos obreros se agruparon para mejorar sus condiciones de vida y laborales, y surgieron diferentes movimientos sociales e ideologías para hacer valer sus distintas reivindicaciones y aspiraciones.

Los cambios tecnológicos y las innovaciones que propiciaron la Primera Revolución Industrial continuaron originando nuevas fases de desarrollo. A finales del siglo XIX los países ya industrializados conocieron una segunda etapa de crecimiento que se es llamada Segunda Revolución Industrial. En esta segunda fase de la industrialización las fuentes de energía hasta entonces predominantes, el carbón y el vapor, fueron sustituidas por el petróleo y la electricidad, y la industria siderúrgica cedió su protagonismo al sector químico. Se construyeron los primeros automóviles y se dieron los primeros pasos en la aviación.

En esta segunda etapa las condiciones de los trabajadores mejoraron, produciéndose en un sector de ellos una especialización profesional. La especialización les permitió tener mayor relevancia dentro del proceso productivo, lo cual suponía un peso mayor en las negociaciones laborales con los empresarios que el peso de una mano de obra poco cualificada. La mejora de sus condiciones económicas les permitía una capacidad mayor de consumo y sus formas de vida se fueron acercando a las de la pequeña burguesía, constituyendo un grupo social que se ha denominado tradicionalmente como clase media. Sus aspiraciones se alejaban cada vez más de las del resto de trabajadores, lo que dificultaba cohesionar al grupo de trabajadores para hacer valer reivindicaciones de forma conjunta.

Mientras sucedían estos cambios en los países industrializados, que aún conocerían una Tercera Revolución Industrial en la segunda mitad del siglo XX, una gran parte de países del mundo apenas habían acogido las innovaciones de la primera revolución. Los países industrializados irán acumulando riqueza, de forma que la brecha que existía entre esos países ricos y los países no industrializados o en vías de desarrollo, cuya población vive en su mayor parte en condiciones de extrema pobreza, se ira agrandando cada vez más.

Los países mediterráneos tardaron en incorporar las innovaciones de la industrialización. En el Estado español, los primeros focos en industrializarse fueron Cataluña, Euskal Herria, Madrid y Asturias. En el interior de Euskal Herria, la industrialización se desarrolló primero en Bizkaia y Gipuzkoa, y más tarde en Álava y Navarra. Asimismo Iparralde tardó más que Bizkaia y Gipuzkoa en industrializarse, y las fábricas que se implantaron se localizaron casi exclusivamente en Lapurdi.

En Bizkaia la industria estaba más concentrada, sobre todo en los márgenes del río Nervión a su paso por Bilbao, y giraba principalmente en torno al metal y a la siderurgia. En Gipuzkoa la industria se implantó de forma dispersa en el territorio, siguiendo las cuencas de los ríos. Se crearon focos industriales en diferentes localidades y por ello la provincia cuenta con pequeños núcleos urbanos por todo el territorio mientras que en Bizkaia la expansión urbanística se produce principalmente en el Gran Bilbao. Por otro lado, la industria guipuzcoana era más diversificada ya que se instalaron fábricas de diferente especialización (metalurgia, papeleras, cementeras, textiles, etc.). Las industrias alavesa y navarra se implantaron más tarde, en fechas del siglo XX, pero incorporaron nuevas tecnologías y una industria más moderna cuando las tecnologías de Bizkaia y Gipuzkoa estaban ya desfasadas.

Igualmente ha sido desigual el impacto industrial entre el País Vasco peninsular e Iparralde y, dentro de las provincias de Iparralde, las industrias se localizaron principalmente en Lapurdi, concretamente en la zona costera de Baiona y localidades cercanas. Aunque a finales del siglo XIX se instalaron algunas empresas, la industria labortana comenzó a implantarse sobre todo a principios del siglo XX. No obstante, su desarrollo no tuvo ni el alcance ni aparejó en el mismo grado los efectos de la industralización vizcaína y guipuzcoana.

En la localización de las industrias y fábricas a nivel local influyeron varios factores. Por ejemplo, se implantaron en los lugares que eran centros productores de materias primas, en lugares que contaban con recursos mineros o con recursos útiles para la industria. Se tenía en consideración la cercanía a los cursos de ríos y afluentes para utilizar el agua como fuerza motriz, y la cercanía a los nudos y vías de comunicación. Cobraron relevancia las áreas con abundantes recursos naturales explotables, los puertos y los lugares ubicados en sus inmediaciones, y las ciudades o lugares bien comunicados. Por ejemplo los puertos eran centros importantes desde la época colonial por el transporte marítimo y las operaciones comerciales que se realizaban en ellos, y por otro lado las fábricas se instalaron en núcleos con tradición comercial como las grandes ciudades, por la concentración y el dinamismo de sus actividades, por sus equipamientos y accesos, etc.

Euskal Herria, y en especial Gipuzkoa y Bizkaia, contaban con la experiencia de las ferrerías desde época medieval. Producían desde aperos de labranza a armas, y se comercializaban en Castilla, Europa y América. Las ferrerías entraron en una etapa de crisis por diferentes causas y esta crisis se agravó en el siglo XIX debido a su falta de competitividad en el mercado frente al hierro inglés.

A mediados del siglo XIX un arancel permitió por primera vez exportar mineral de hierro, y el mineral de hierro que se extraía en Somorrostro era adecuado para producir acero por medio del sistema Bessemer, hierro no fosfórico que era escaso en Inglaterra y abundante en Bizkaia. Comenzaron las exportaciones desde Bizkaia a Inglaterra, y los británicos a su vez proveían a los vizcaínos de carbón mineral. En esta coyuntura se dieron los primeros intentos de implantar una siderurgia moderna. La zona de explotación minera se concentraba prácticamente entre Somorrostro y Basauri, y la siderurgia se concentró en la ría bilbaína. Gipuzkoa no se vio involucrada en este proceso ya que su territorio no era rico en mineral de hierro ni en carbón de piedra. En el año 1841 se levantaron los altos hornos de Santa Ana de Bolueta, que utilizaban carbón, mientras que en Gipuzkoa se instaló la papelera La Esperanza, en el valle del Oria. A la construcción de los altos hornos de Santa Ana de Bolueta le siguió la implantación de otros altos hornos de coque, siendo estas siderurgias las únicas que no utilizaban carbón vegetal, ni las técnicas que habían quedado desfasadas en Europa.

Desde el año 1855 hasta 1880 se crearon diferentes siderurgias modernas aunque con capital extranjero. Eran todavía poco desarrolladas y de escasa tecnología en comparación con las siderurgias de otros países, pero las más competentes de España. El desarrollo fue espectacular a partir de los años 80, ya que a partir de ese año se fundaron empresas siderúrgicas autóctonas y la siderurgia del Estado quedaría en manos de estas empresas vizcaínas. El impulso de la siderurgia favoreció también al desarrollo de la construcción naval y la industria ferroviaria. Mientras en Gipuzkoa, las viejas ferrerías se habían ido transformando en metalurgias modernas y el número de papeleras instaladas en el valle del Oria había ido creciendo. Pronto se crearían industrias en sectores como la metalurgia ligera, máquina-herramienta, motores de barcos, ferrocarriles, etc.

Las primeras industrias de Lapurdi, en su mayor parte dedicadas a la producción siderúrgica y metalúrgica, nacieron al socaire del desarrollo del ferrocarril. Por un lado estas industrias contaban con buenos accesos portuarios y la proximidad con la frontera de España permitió a estas empresas abastecerse de las minas de mineral de hierro de Bizkaia. Una de las primeras industrias en establecerse en Lapurdi fue la siderometalúrgica Forges de l'Adour. Esta empresa, que se instaló en Bocau en 1881, se dedicó a la producción de raíles y perfiles para las vías férreas, cerrando su actividad en el año 1965.

Se conoce como Revolución demográfica a los cambios sucedidos en las tasas de mortalidad y de natalidad que dieron lugar a una explosión del crecimiento de la población. En el caso de Euskal Herria, las provincias partían de situaciones demográficas diferentes y la evolución de sus poblaciones también fue distinta. En el siglo XVIII las provincias costeras de Bizkaia y Gipuzkoa contaban con una densidad mayor de población que Álava, Navarra e Iparralde. En Bizkaia y Gipuzkoa las actividades agrícolas eran deficitarias para abastecer a toda la población, sin embargo, ésta lograba mantenerse gracias a que las actividades económicas manufactureras y comerciales suplían las carencias de su agricultura. Mientras, la economía de Álava, Navarra e Iparralde era principalmente agrícola.

En general, el crecimiento de la población fue lento hasta fechas de la segunda mitad del siglo XIX. Pero al igual que en los demás países europeos, aunque más tarde, se produjo una revolución demográfica por la que la población vasca experimentó un considerable aumento. Se dio un progresivo descenso de la mortalidad salvo periodos puntuales en los que creció el número de fallecidos (Segunda Guerra Carlista, epidemia de gripe del año 1917, etc.). La tasa de mortalidad infantil disminuyó y, aunque no inmediatamente, subió la natalidad. Con el transcurso de los años, al igual que sucedió en los demás países europeos industrializados, subió la esperanza de vida. Pero en este proceso demográfico se dieron diferencias regionales. Mientras en Bizkaia y Gipuzkoa las tasas de crecimiento comienzan a ser altas, en Navarra, Álava y en Iparralde mantenían un pequeño crecimiento con dificultad, e incluso ciertos años disminuían en efectivos. En estas provincias no se había producido el despegue de la industria y además su población emigraba del territorio. En los casos de Álava y Navarra, parte de su población se dirigió a zonas industriales de Bizkaia y Gipuzkoa, y en el caso de Iparralde existía una emigración tradicional que se dirigía principalmente hacia América.

Al aumento demográfico de la población de Bizkaia y Gipuzkoa se unió el crecimiento que produjo la llegada de población de otros lugares. La demanda de mano de obra en las zonas industriales provocó la llegada de más pobladores, y Bizkaia y Gipuzkoa junto con Barcelona y Madrid, constituyeron los cuatro puntos del Estado que atrajeron a más población. Estos recién llegados procedían de los ámbitos rurales cercanos a esas ciudades y de regiones menos industrializadas. En el caso de Bizkaia, los inmigrantes se concentraron en las zonas industrializadas, principalmente en el entorno de Bilbao. Esta ciudad llegó a duplicar su población y en el siglo XX siguió creciendo como consecuencia de nuevas oleadas de inmigrantes.

Durante la Revolución Industrial, con el rápido incremento de los habitantes las ciudades tuvieron que crecer en dimensiones y en infraestructuras. En los primeros momentos de la industrialización las ciudades no estaban preparadas para acoger a tanta población. Se edificaron barrios de forma acelerada y con materiales de mala calidad, con casas pequeñas contiguas, y en ocasiones sin buenas condiciones higiénicas; sin agua potable, sin luz y sin sistemas de desagües y alcantarillado. Estos barrios fueron habitados por las familias que se encontraban en peores condiciones económicas, que eran las familias de la clase obrera. Las viviendas se ubicaron cerca de los lugares en donde trabajaban los obreros, cerca de los edificios industriales que contaminaban el espacio, y esos barrios se convirtieron en zonas degradadas. En estas zonas seguían instalándose las personas procedentes del campo y de otras provincias. La necesidad de las ciudades de extenderse físicamente por el territorio hizo desaparecer zonas de monte y bosque que las rodeaban para ser sustituidas por más fábricas y edificios, y la calidad de vida de esas personas empeoró gravemente, apareciendo en ciertos casos problemas de inadaptación social y marginalidad.

En Gipuzkoa el aumento de población no fue tan importante como en Bizkaia, y además, los recién llegados se fueron estableciendo por diferentes puntos de la provincia. La industria se había desarrollado en diversas localidades y, al ubicarse de forma dispersa por su territorio, en un primer momento no se percibió la llegada de inmigración de forma tan acusada como en Bizkaia. Sólo la ciudad de Donostia y los pueblos de sus alrededores sentirían la presencia de inmigración. Con la dispersión de la industria y de la inmigración, los recién llegados tampoco sufrieron las consecuencias de una fuerte industrialización, y su calidad de vida no desmejoró por efecto de un acelerado crecimiento urbanístico.

Las provincias de Álava y Navarra no llevaron a cabo la industrialización en estas fechas y no acudió tanta inmigración a ellas. Sin embargo, si crecieron Pamplona y Vitoria-Gasteiz, que atraían pobladores procedentes de las zonas rurales de sus respectivas provincias. Es en fechas entradas del siglo XX cuando ambos territorios comienzan su industrialización y con ella se produce un incremento notable de población. La población se concentró en sus capitales de forma que, gran parte de la población navarra y alavesa residía respectivamente en Pamplona y en Vitoria-Gasteiz. La industria que acogió estas provincias era más moderna que la vizcaína y la guipuzcoana, incorporó además nuevas tecnologías, y el crecimiento urbano que se dio en ellas estuvo más planificado. Se invertirán los flujos migratorios y las tendencias demográficas pues, a partir de este despegue, Navarra y Álava crecerían por crecimiento natural e inmigración mientras la población en Bizkaia y en Gipuzkoa se iba estancando.

En el caso de Iparralde, durante el siglo XIX Lapurdi mantenía su población mientras descendía el número de habitantes de la Baja Navarra y Zuberoa. Los habitantes de estas dos provincias, de economía agrícola, emigraban a América y también a Lapurdi, donde sobre todo a principios del siglo XX se crearon las primeras industrias y comenzó a ser un lugar atractivo para el turismo. Por otra parte, los habitantes de Iparralde sufrieron los efectos de las dos Guerras Mundiales. El crecimiento que se dio posteriormente en Lapurdi, principalmente en servicios y hostelería, está vinculado al desarrollo del turismo.

Además de estas transformaciones que se dieron en la población, en las sociedades posteriores a los primeros años de la industrialización se produjeron cambios en la educación que paulatinamente hicieron descender las tasas de analfabetismo. La alfabetización de la población tampoco se realizó de forma homogénea en las provincias de Euskal Herria. En el caso del País Vasco peninsular, Gipuzkoa quedó rezagada en este proceso, e igualmente la población femenina de Álava y Bizkaia, que no alcanzaron cuotas del 70% de la población alfabetizada hasta las fechas de 1930. Asimismo se dieron diferencias entre las zonas urbanas y las zonas rurales, siendo las primeras las que se alfabetizaron con mayor rapidez.

La Revolución Industrial rompió con la economía proteccionista del Antiguo Régimen y supuso el ascenso del modelo económico capitalista. La expansión del pensamiento liberal y del capitalismo en Euskal Herria se produjo durante el siglo XIX. La adopción de ideas y valores liberales se aprecia en ciertos sectores de la sociedad sobre todo tras la Primera Guerra Carlista, pero todavía tardaría en implantarse de forma mayoritaria por amplios sectores de la población. En la primera mitad del siglo XIX la economía no pasaba por buenos momentos. Se había perdido el monopolio del comercio de las colonias españolas a finales del siglo XVIII, la industria de las ferrerías había perdido competitividad en el mercado, y el tráfico marítimo comercial se vio afectado por la disminución de la exportación de lana castellana, que en Europa estaba siendo sustituida por lanas de otros países. Además, el tráfico comercial que se dirigía desde Bilbao se fue desplazando a Santander. En esta situación, en el interior del País Vasco existía una burguesía interesada en eliminar las aduanas existentes entre las provincias vascas y Castilla y Aragón, para introducir sus productos sin pagar las tasas que los encarecían y los hacían menos competentes en el mercado. A falta de mercados exteriores querían introducirse en el mercado español.

Contribuyó a la crisis económica los gastos generados por las guerras. En la primera mitad del siglo XIX la sociedad vasca sufrió la Guerra de Independencia contra los franceses y la Primera Guerra Carlista. En esta Guerra Carlista se verían enfrentados los partidarios de introducir el liberalismo y los defensores del sistema político, económico y social del Antiguo Régimen. La contienda finalizó en 1839 con la victoria de los liberales y, a causa del endeudamiento de las haciendas locales para abastecer a las tropas en los periodos bélicos, los pueblos se vieron en la necesidad de vender parte de sus comunales. Desde principios del siglo XIX se produjo una roturación y privatización de tierras y montes comunales, y las ventas de parcelas procedentes del común continuaron tras el fin de la Primera Guerra Carlista. Un sector social acomodado pudo adquirir tierras y parcelas de monte en este proceso, y fueron estos particulares los principales interesados en legalizar la situación de sus adquisiciones. Con el cambio de propiedad de estas tierras a manos de particulares y con la difusión de las ideas sobre el libre uso y disposición propias de la propiedad privada entre sus dueños, éstas se fueron implantando, no de forma gradual ni homogénea, en el resto de la población. El uso de estas tierras ahora en manos de particulares se veía libre de las obligaciones comunitarias, y pasaban a ser un bien libre como otros tantos en el mercado.

La introducción de la industria supuso la adquisición del control económico por parte de la burguesía. La minería y la siderurgia que se desarrolló en un primer momento gracias al capital exterior, favoreció la formación de una burguesía industrial que se consolidaría posteriormente al crear empresas con capital propio. La liberalización de tierras posibilitó a los industriales a levantar fábricas en terrenos libres de sujeciones comunitarias y éstos contaron además, como mano de obra, con una parte de la población rural que había sido desprovista de los aprovechamientos comunales necesarios para su subsistencia. El capitalismo económico se difundirá modificando la economía, y las ideas liberales se extenderán por la población. La difusión del liberalismo económico tampoco fue gradual ni homogéneo, ni tampoco fue un proceso exento de contradicciones ni de conflicto. No obstante, su implantación acabaría por transformar las mentalidades de unas sociedades de Antiguo Régimen hacia unas sociedades liberales.

Por otra parte, a medida que la industria y las empresas fueron creciendo también aumentaron sus necesidades financieras. En unos primeros momentos de la Revolución Industrial, los particulares se valieron de sus ingresos y beneficios para llevar sus actividades y negocios. Pero se requerían recursos económicos para introducir innovaciones en el sector agrícola, para construir las infraestructuras de los medios de transporte, y las fábricas y empresas crecieron de forma que en poco tiempo necesitaron de mayor capital para seguir desarrollándose. Los bancos y las cajas de ahorro concedieron préstamos que permitieron a los empresarios industriales financiar las inversiones en innovaciones técnicas, maquinaria, instalaciones, etc. Así surgirían en las ciudades, bancos nacionales, bancos provinciales, etc. Estas entidades financieras llegarían a invertir en las empresas de forma directa, a comprar sus acciones y a participar de ellas, desarrollándose así el capitalismo financiero.

En Euskal Herria se crearon diferentes bancos y cajas de ahorros. Una Real Orden del gobierno español en 1839 dispuso que se crearan Cajas de ahorros en las provincias y comenzaron a fundarse en diferentes capitales de provincia. Estas Cajas de Ahorros nacieron vinculadas a entidades públicas. En su origen tenían como finalidad promover el ahorro entre la población y, con el capital ahorrado, financiar obras sociales. En Euskal Herria la primera en crearse fue la Caja de Ahorros de la Ciudad de Vitoria, en 1850. Habría que esperar a las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del siglo XX para que se fundasen cajas de ahorros en Pamplona (1872), en Donostia (1879), la Caja de Ahorros Provincial de Gipuzkoa (1896), la municipal de Bilbao (1907), las Cajas de Ahorros Provinciales de Álava (1918), de Bizkaia (1921) y de Navarra (1921). En 1924 estas cajas municipales y provinciales formaron la Federación de Cajas de Ahorro Vasco-Navarras.

El año 1857 se creó el primer banco privado en Euskal Herria, el Banco de Bilbao, fundado por empresarios y hombres de negocios de Bizkaia. Su origen se debe al desarrollo industrial que se estaba produciendo en esos años. Posteriormente nacieron otros bancos fundados por particulares con objeto de concentrar capital para realizar inversiones en empresas y proyectos, operaciones de banca y bolsa, etc. A finales del siglo XIX se crearon el Banco del Comercio (Bilbao) que será absorbido por el Banco de Bilbao, el Crédito Navarro, el Banco Guipuzcoano, y a comienzos del siglo XX, el Banco de Vizcaya (fusionado a los dos años con el Banco Bascongado), el Banco de la Vasconia (Pamplona), el Crédito de la Unión Minera, etc.

En Iparralde se instalaron dos de los bancos más importantes de Francia; el Banque de la France en Baoina el año de 1858, y el Credit Lyonnais en Biarritz en 1894. Entre los bancos de menor entidad, que ofrecían créditos a los pequeños comerciantes y agricultores, el más importante fue el Crédit Basque, fundado en 1919.

Durante la Primera Revolución Industrial, los habitantes de las ciudades que trabajaban en las fábricas y las personas que llegaron a ellas para encontrar trabajo sufrieron las peores condiciones de un rápido crecimiento urbano y desequilibrado. Las ciudades no tenían planificado cómo acoger a esa creciente población y los trabajadores se vieron viviendo hacinados con sus familias en barrios que se encontraban muchas veces en condiciones insalubres. Tampoco estaban planificadas sus condiciones de trabajo, y la falta de regulación laboral provocó que se diesen situaciones abusivas y de explotación. Durante los primeros años de la industrialización, trabajaron en minas y en fábricas hombres, mujeres e incluso niños de corta edad, con jornadas superiores a las 10 horas diarias y sin días festivos. Los obreros se vieron en la necesidad de agruparse para mejorar sus condiciones y lo hicieron formando sindicatos, asociaciones, etc. y, en este proceso, algunos grupos fueron adoptando las ideas de los movimientos políticos nacidos en Europa como consecuencia de la deplorable situación de la clase trabajadora (véase el nacimiento del movimiento obrero).

En Euskal Herria aparecieron círculos anarquistas hacia 1870. Llegaron a editar publicaciones, participaron en movimientos sociales y realizaron acciones de propaganda, si bien, no formaron una organización sólida. Tuvo mayor implantación entre los trabajadores el socialismo, ideología que se divulgó desde la década de 1890 y que lideró el movimiento obrero en Euskadi en sus primeros años. Fue el socialismo vizcaíno el que marcó la trayectoria del socialismo vasco. A diferencia del socialismo español, que desde su fundación fue un socialismo moderado, el socialismo vasco fue en sus principios de corte radical. En esta etapa el socialismo vasco, liderado por Facundo Perezagua, priorizó la movilización obrera sobre la lucha política. Por ello defendió la reivindicación, la movilización, la acción directa, las manifestaciones violentas y las huelgas generales. Por otro lado, no quería tener ningún tipo de colaboración con los demás partidos, a los que consideraban burgueses. Los pocos avances que se obtuvieron en las condiciones de trabajo y en las condiciones de vida con estas tácticas llevaron a los socialistas a replantearse las estrategias; en las 5 huelgas que se desarrollaron entre 1890 y 1910 en Bizkaia, las reivindicaciones se reiteraban sin éxito.

A partir de 1911 se produce un cambio ideológico y de estrategia política. En esta etapa el socialismo vasco es liderado por Indalecio Prieto , y con él se modera. Fue descartada la transformación revolucionaria de la sociedad y ahora el socialismo se decantaría por la vía democrática y parlamentaria. Tendrán como principal objetivo político la instauración de la República, con la que pretendían corregir desequilibrios socio-económicos y garantizar una verdadera igualdad de oportunidades. Este cambio de dirección hacia la vía parlamentaria suponía romper con el aislacionismo anterior y formar coaliciones con los partidos republicanos.

En 1911 se creó el primer sindicato nacionalista vasco, Solidaridad de Obreros Vascos (SOV), que posteriormente será ELA. En sus primeros momentos fue un sindicato de inspiración social cristiana, y buscó un entendimiento con la patronal, motivo por el que no llegarían a un entendimiento con socialistas y anarquistas, aunque sus aspiraciones de mejora laboral eran similares. Pero por esta razón, por compartir con los socialistas el objetivo de mejorar las condiciones de los trabajadores, los militantes de SOV también participaron en las huelgas junto a ellos. Este sindicato tuvo influencia en Bizkaia y en Gipuzkoa, y se extendería a Álava y Navarra en el año 1930.

Por otra parte, la industrialización también dio lugar a la creación de las primeras cooperativas. Éstas nacerían de las uniones y de los grupos de personas que se asociaban para cubrir sus necesidades sociales, económicas, etc. Se crearon diferentes tipos de cooperativas como cooperativas de consumo, de socorros mutuos, cooperativas para la construcción de viviendas, cooperativas de cofradías de pescadores, industriales, de comunidades educativas, etc. El cooperativismo en Euskal Herria presentó en sus primeros momentos dos formas diferenciadas. Un movimiento cooperativista fue de carácter industrial y desarrollado entre obreros, y el otro de era carácter agrario y de corte católico, formado por pequeños agricultores. El primero se desarrolló sobre todo en Gipuzkoa y en Bizkaia, que eran las zonas más industrializadas, mientras que el segundo tipo de cooperativismo arraigó principalmente en zonas de Navarra.

Las primeras cooperativas se fundaron en Bizkaia a finales del XIX y en sus inicios se formaron para cubrir las necesidades de consumo y seguridad de aquellos que se asociaban, que eran principalmente trabajadores. Formaron cooperativas de consumo, de socorros mutuos y de asistencia sanitaria, ya que en esa época los trabajadores no contaban con una asistencia sanitaria pública y los patrones no se hacían cargo de los gastos de sus enfermedades ni cubrían los daños ocasionados por los accidentes laborales. Estas cooperativas también llegaron a Gipuzkoa, en donde se dio el paso a la formación de cooperativas con el objetivo de crear y administrar empresas.

En cuanto al movimiento cooperativista navarro, fue fundamental la creación de las Cajas Rurales Católicas a principios del siglo XX. Estas cajas eran dirigidas por los párrocos de los lugares y ofrecían créditos a los labradores. Junto a estas cajas nacieron los sindicatos agrícolas, que se encargaban de dirigir la transformación y el comercio de los productos agrícolas. Este tipo de cooperativismo agrario se extendió posteriormente por Álava, Bizkaia y Gipuzkoa.

Tras la Guerra Civil en Euskal Herria se dio una rápida recuperación económica. En los años 50 se fortaleció y en los 60 se produjo un boom económico, y dentro de esta fase de expansión se desarrolló el movimiento cooperativo moderno, en el que destaca la figura de José María Arizmendiarrieta. Este sacerdote fundó una escuela profesional en Mondragón en el año 1843, e impulsó a un grupo de estudiantes a crear las primeras cooperativas del valle de Leniz. En 1956 se constituyó la cooperativa Ulgor y desde esas fechas se crearon otras tantas cooperativas industriales que desarrollarán una cooperación interempresarial y formarán el "Grupo Mondragón". Este grupo está formado por empresas industriales, pero también por empresas de consumo (Eroski), de crédito y finanzas (Caja Laboral Popular) y de provisión social o de seguros (Lagun Aro). No obstante, este grupo no es la única experiencia cooperativa de Euskadi.

En Euskadi actualmente hay seis Federaciones de cooperativas (Federación de cooperativas agrarias, de consumo, de enseñanza, de crédito, de trabajo asociado y de transporte), y estas federaciones constituyeron en 1996 la Confederación de Cooperativas de Euskadi.

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