Monarchie et Noblesse

Sancho Garcés IV el de Peñalén

Rey de Pamplona (1054-1076).

Sucedió en el trono a su padre García Sánchez III, tras la muerte de éste en la batalla de Atapuerca (1054).

En esta batalla el monarca pamplonés se enfrentó a su hermano Fernando I de Castilla y de León por unas tierras en origen castellanas, que habían sido incorporadas por el monarca navarro a sus dominios. Sancho Garcés tenía la edad de 14 años cuando fue proclamado rey de los pamploneses, acto que tuvo lugar en el mismo escenario de batalla, y su tío Fernando de Castilla reconoció su nombramiento desde el primer momento. Durante los primeros años de su reinado contó con la asistencia de su madre, la reina Estefanía de Foix.

El rey Sancho Garcés IV es conocido con el sobrenombre de "el de Peñalén", por los acontecimientos que dieron lugar a su muerte, y posteriormente fue llamado "el Noble".

Tras la batalla de Atapuerca se recuperó el orden anterior al comienzo de la guerra entre el monarca pamplonés y el castellano, de forma que las tierras castellanas incorporadas por García Sánchez III a su reino continuaban bajo el dominio del reino de Pamplona. El rey García había favorecido al monasterio de San Millán extendiendo sus dominios por la zona de Obarenes y Montes de Oca, casi hasta alcanzar el lugar de Atapuerca. A raíz de esa expansión había adquirido posesiones en las tierras del valle de Mena, de la Bureba, del valle de Arlanzón y otras algo más lejanas. Su sucesor Sancho IV contaba con varios inconvenientes para mantener las fronteras heredadas y evitar la disgregación de los territorios que habían adquirido sus antecesores. En primer lugar, no era muy segura la fidelidad de algunos señores y particulares de las comarcas anexionadas, sobre todo de algunos señores de Castilla la Vieja. Por otro lado, la medida que había adoptado su padre García III de asignar los mandos de ciertas tenencias a caballeros pamploneses o de arraigo en el país, tampoco era muy eficaz. Las primeras tierras fronterizas que se disgregaron y pasaron a manos de Fernando I fueron las de Ubierna, Urbel y La Piedra. El resto permanecerían algunos años más bajo su dominio.

El año 1057 continuaban los conflictos entre ambos reinos vecinos. Las incursiones se realizaban en forma de penetración pacífica y eran acompañadas de una importante labor de soborno hacia los condes y señores más cercanos. Los primeros frutos de esta política a favor del monarca castellano-leonés se obtuvieron en las zonas de la Trasmiera, el valle de Mena, la Bureba y otros señoríos castellanos limítrofes al reino de León-Castilla, pero enseguida encontraron mayor resistencia. El rey Fernando ocupó Oña y afianzó su poder realizando importantes donaciones a las instituciones religiosas de la región. Entre sus acompañantes se encontraban Lope y Galindo Velázquez, que tenían señorío en Ayala, Mena y Somorrostro.

Permanecieron fieles al rey de Pamplonael señor de Vizcaya, Eneko López, el cual estaba casado con una hija de Fortún Sánchez, llamado "Aitano" o "Eitano" de Nájera, y el caballero Sancho Fortuñón, que tenía señorío en Pancorbo. Este lugar era un punto estratégico de paso y de acceso a los montes Obarenes. Igualmente siguieron al rey de Pamplona los hijos del conde de Álava Munio González; Nuño Moñuz el Álava, Laín Muñoz en Cellorigo y Tello Muñoz en la fortaleza de Término, y en las extremas avanzadas hacia Burgos, Fortún Jiménez en Monasterio y García Jiménez en Montes de Oca (1060).

Alrededor del año 1062 ambos reyes firmaron la paz y llegaron a un acuerdo en relación a las fronteras entre ambos reinos. Según algunos autores, ambos monarcas acordaron mantener la frontera tal como estaba en el año 1037, antes de la cesión de Fernando de ciertos términos a Pamplona. Según otros, la demarcación convenida sería la trazada entre los representantes de Sancho el Mayor y el conde castellano Sancho García en el año 1016, incluyendo bajo los términos de Pamplona la avanzada realizada por Sancho el Mayor en el año 1024, ya que la zona de Pancorbo quedó bajo el reino de Sancho Garcés. El rey Fernando se tituló desde entonces "rey de toda Castilla", mientras que el rey Sancho Garcés aparece como rey en Nájera y en Pamplona. Las tierras de la Rioja seguían formando parte del reino de Pamplona.

La expansión territorial del rey Fernando I alarmó a Sancho Garcés y también a Ramiro de Aragón, tío de Sancho y hermano de Fernando I. La entrevista entre el monarca de Pamplona y el aragonés tuvo lugar en en el año 1057, en la celebración de la consagración de la iglesia de Leire. En esta ocasión el rey Sancho reunió en Leire a sus caballeros y a todos los obispos del reino, y el rey Ramiro por su parte fue acompañado por el obispo de Aragón, don Garsea, el abad de San Juan, Belascón, y los señores más destacados de su tierra. Fruto de este encuentro, Ramiro recibió el castillo de Sangüesa y las villas de Lerda y Undués a cambio de prestar ayuda a su sobrino y de guardarle fidelidad. Asimismo el monarca pamplonés hizo donación a Leire del monasterio de Arrosa en el valle de Sarasaz.

Al Sur del reino de Pamplona se extendía el dominio de la taifa musulmana de Zaragoza. Era una taifa rica y próspera que taponaba al reino de Pamplona por sus fronteras meridionales, fronteras situadas en la Rioja, la Ribera de Navarra y orillas del Aragón. Los puntos fortificados de estas fronteras son, al Oeste, las plazas riojanas de Autol, Quel y Arnedo, y las de Sartaguda, San Esteban y Azagra en la orilla izquierda del Ebro. En el centro de Navarra, defendiendo la entrada de Funes hacia Pamplona, se encuentran las villas de Peralta, Falces, Arlas y Alesués, y al Este, la plaza de Ujué.

Por otro lado, la taifa de Zaragoza tenía también fronteras con los reinos de Aragón y Castilla, lo que le situaba en una posición delicada. Para mantener el equilibrio con los tres reinos cristianos debía pactar con ellos y realizar pagos de parias, es decir, pagar una especie de tributo o impuestos para evitar ser atacado por estos reinos o pagos por servicios concretos de protección.

Alrededor del año 1060 el rey Sancho, que entonces contaba con buenas relaciones con Aragón, pactó con el rey que dominaba Zaragoza, al-Muqtadir, el pago regular de parias a Pamplona a cambió de su protección. Los acontecimientos que se desarrollaron en el año 1063 dejaron sin validez este pacto y rompieron la dependencia del rey musulmán. Este año los aragoneses cercaron la plaza de Graus, importante plaza musulmana situada en la comarca de Ribagorza, en la confluencia de los ríos Isabena y Esera. Estuvieron a punto de hacerse con ella, si bien, en ese momento crucial, Fernando I envió a su hijo Sancho con sus mejores tropas a Zaragoza. Los castellanos se aliaron con los musulmanes y llegaron delante de la fortaleza. Ganaron la batalla a los aragoneses, levantaron el cerco y mataron delante de los muros de Graus al propio Ramiro I. A partir de esta batalla, que tuvo lugar el 8 de mayo de 1063, Muqtadir dejó de pagar tributo a Pamplona, y sucedió a Ramiro en el reino de Aragón su hijo, Sancho Ramírez (1063-1094).

Entre los meses de noviembre y diciembre del año 1065 el rey Fernando I volvía enfermo de su campaña por tierras de Zaragoza y Valencia. Falleció a finales de ese año en la ciudad de León. El territorio que deja tras su muerte sobrepasa considerablemente el condado de Castilla heredado de su padre; prácticamente al comienzo de su reinado se hizo con el reino de León y sus territorios (Asturias, Galicia, etc.), y fue acrecentando sus términos conquistando territorios principalmente a los musulmanes y al reino de Pamplona.

Siguiendo los usos pirenaicos, en su testamento legó el reino de Castilla, que eran las tierras patrimoniales de su territorio, a su hijo primogénito Sancho (1065-1072). El reino de León quedó para su hijo Alfonso VI (1065-1109), a excepción de Galicia, que fue segregada para su hijo García (1065-1071). Asimismo distribuyó entre sus hijos las parias que recibía de los reinos musulmanes. Con la llegada al trono de Castilla de su hijo como Sancho II, coinciden en el tiempo tres reyes llamados Sancho: el de Castilla, el de Pamplona y el de Aragón.

El año 1067 se produce un enfrentamiento entre los monarcas de los reinos de Pamplona, Navarra y Castilla que se conoce como la Batalla de los tres Sanchos. Los tres reyes eran primos hermanos entre sí. El 18 de enero de 1067 el rey castellano y sus hermanos se encontraban en San Millán, acompañados de varios señores destacados en su territorio. A su vez, en el interior del reino de Pamplona también se estaban organizando las fuerzas del rey y las de sus aliados. El avance del rey de Castilla llegó al paso de Pancorbo y cruzó el río Ebro por Logroño. Según las crónicas aragonesas del siglo XIV, Sancho Garcés de Pamplona solicitó ayuda a Sancho Ramírez de Aragón y ambos reyes aunaron sus fuerzas para rechazar el ataque castellano. Los dos ejércitos se enfrentaron cerca de la villa de Mendabia, no lejos de Viana. Esta vez vencieron pamploneses y aragoneses, provocando la huida del monarca castellano. Sancho Ramírez le persiguió en su retirada, recuperando las tierras de Pamplona que habían sido ocupadas por los castellanos. Según estas fuentes las tierras de la Rioja y de la Bureba hasta los Montes de Oca quedaban de nuevo bajo el reino de Pamplona, si bien, otros autores mantienen que el rey castellano consiguió recuperar estos territorios para Castilla.

Al igual que su predecesor en el trono, García Sánchez III desarrolló una política de donaciones de tierras, villas y otros bienes a monasterios. Unos de los monasterios agraciados fue el de Leire; a éste le donó, entre otros bienes, el monasterio de San Miguel de Villatuerta con sus pertenencias (1062), el monasterio de San Andrés en Punicastro, la tercera parte de la villa de Prezolaz y una hacienda en Torrecilla (1063), una tierra cerca de Navascués y otra en Equé (1066). Esta última donación fue confirmada, entre otros, por el señor de Guipúzcoa Orbita Acenáriz. Asimismo el rey de Pamplona donó el monasterio de Yurreta (Vizcaya) al monasterio de San Millán (1072).

Igualmente realizaron donaciones otros particulares pertenecientes a linajes destacados del reino. En el año 1056 el rey de Pamplona vendió a Sancho Fortuniones la villa riojana de Villanoba de Sagonciello (Agoncillo), villa que Sancho Fortuniones y su esposa Belasquita, hija de doña Gaila, donaron posteriormente a San Juan de la Peña. Este mismo monasterio recibió ciertos bienes localizados en Mundaca por parte de Munio Nuñez (1070).

Durante los años de reinado de Sancho Garcés IV se fueron formando intrigas entre las facciones nobiliarias del interior del reino. Dos hermanos del rey, los infantes Ramón y Ermesinda, fueron partícipes de estas intrigas y llegaron a tramar la muerte del rey. Las primeras suspicacias por parte del entorno leal al monarca se produjeron en el año 1074. En este año empezaron a introducirse hacia el interior del reino, desde la tierra de Lara, gentes castellanas que decían ir en peregrinación a San Millán. Su número iba creciendo de tal forma que los capitanes que defendían los castillos fronterizos comenzaron a sospechar que se trataba de un movimiento organizado desde el exterior, y emprendieron la detención y encarcelación de aquellos sospechosos de espionaje.

El año 1076 se produjo el asesinato del rey. Según Moret, los hermanos de Sancho Garcés fingieron organizar una cacería en un bosque situado entre la villa de Funes y la de Villafranca, cacería a la que acudieron junto a un grupo de nobles conocedores de la trama. En un momento de ésta, el rey se aproximó a una peña que se levanta sobre el curso de los ríos Arga y Aragón llamada Peñalén, y aprovecharon la ocasión para empujarle por la espalda y despeñarle.

Enterados algunos nobles de la intriga, no aceptaron el gobierno de ninguno de los conspiradores. Su respuesta fue repudiar a los hermanos y obligarles a abandonar el país por la fuerza; la infanta Ermesinda tuvo que refugiarse en la corte de Castilla, y Ramón fue bien acogido en la del rey musulmán de Zaragoza, el cual deseaba liberarse del tributo que pagaba a Pamplona.

En la búsqueda de un sucesor para el trono de Pamplona, se pensó en Ramiro, hermano del rey y señor de Calahorra, ya que los dos hijos del rey fallecido eran de corta edad. No obstante, el ejército del rey Alfonso VI de Castilla, que se hizo con el reino tras el asesinato de su hermano Sancho II, había entrado en la Bureba y en la Rioja, y Ramiro se incorporó a la corte castellana.

La entrada de Alfonso VI en tierras del reino de Pamplona se produjo sin dificultades, ya que los cómplices del monarca castellano habían extendido el parecer de que Alfonso VI tenía intención de vengar el asesinato de Sancho Garcés. Entre estos cómplices se encontraba el gobernador de Montes de Oca, Diego Álvarez, señor castellano que tenía una hija, doña Tecla, casada con el hijo del conde de Vizcaya. El señor de Vizcaya por su parte, guardaba el castillo de Bilibio, en las Conchas de Haro, enclave estratégico para el paso de los montes Obarenes. El día 10 de julio, unas semanas después del suceso, el rey castellano se encontraba en Calahorra y la familia real lo recibió en Nájera como a un pariente y amigo. Ante estos acontecimientos Sancho de Aragón intervino entrando rápidamente en Pamplona. Los castellanos habían ocupado el reino hasta Puente la Reina y Sangüesa, y los pamploneses junto con los aragoneses les obligaron a replegarse hacia la Rioja.

El rey castellano quiso asimilar las tierras conquistadas a su territorio, mientras que el aragonés se hizo proclamar rey de Pamplona. Ambos monarcas incorporaron a sus reinos la parte ocupada y establecieron una especie de entendimiento por el que delimitaban las zonas de dominio; la zona oriental, desde San Sebastián hasta Jaca y desde el Ebro al Pirineo, quedaba bajo Sancho Ramírez. Los señoríos occidentales sufrieron algunos cambios; el señorío de Nájera, territorio que fue del recién fallecido señor de Vizcaya, fue asignado a García Ordóñez. El nuevo señor de Vizcaya, Lope Iñíguez, fue compensado por la pérdida de Nájera con los señoríos de Álava y parte de Guipúzcoa. La mayor parte de la Bureba fue entregada al señor de Lara, Gonzalo Salvadores, entrega que se reafirmaba el bloque castellano, y Orbita Aznárez perdió su señorío de Guipúzcoa, siendo compensado con otro en otras tierras.

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