Sailkatu gabe

VALLE DE RONCAL - ERRONKARI (HISTORIA)

Independencia del Valle. El Valle como entidad mancomunada es, antes de nada, un conjunto de múltiples intereses, a veces contrapuestos, que es preciso conjugar en beneficio común. Ya se cita a esta mancomunidad durante el Reino de Pamplona, en 1098, y expresamente como tal en 1305: «comunitate terre de Roncal». Primeramente la integraron ocho villas: Navarzato, Burgui, Roncal, Bidangoz, Garde, Urzainqui, Isaba y Uztárroz. Desaparecida la primera, sus terrenos quedaron integrando el Valle. Aparece un juez alcalde del Valle y ya en el s. XIV se la ve como una mancomunidad o universidad que trataba todos aquellos asuntos de interés público, para lo cual cada villa delegaba un jurado para constituirse en Junta con atribuciones decisivas, tal cual la que se reunió en 1401 en· Urzainqui. Los temas a tratar eran generalmente los de aprovechamiento de hierbas y pastos e incluso los agropecuarios. La índole del aprovechamiento y disfrute de hierbas y otros en relación con la propiedad comunal motivó a lo largo de la historia algunos casos de pleito de las villas entre sí, como cuando en 1568 y 1581 se enfrenta el Valle contra Urzainqui. Más tarde, en 1665, Isaba compra al rey su secesión del Valle ya que por su condición fronteriza con el Reino de Francia se planteaban necesidades peculiares a las cuales era poco sensible el resto del Valle. Esta situación de separación administrativa no duró apenas debido a la reacción de las demás villas que consiguen la anulación de la citada venta. Pero el asunto del aprovechamiento de pastos suscitó pleitos enojosos en 1856 y 1862. Es de señalar el antecedente de un real decreto de 8 de junio de 1813. A él se debía el que Isaba y Vidangoz intentaran ser dueñas absolutas de sus términos municipales eliminando el disfrute de pastos a favor del resto del Valle. Dicha eliminación suponía minar la base de la Mancomunidad roncalesa y se complicó con la abolición de los fueros vascos y en concreto de Navarra por las leyes de 1837 y 1841 . La subsistencia del régimen tradicional roncalés de servidumbre de pastos a favor de la unión asentó su integridad y congoce de bienes gracias a las sentencias de 1857, 1860 y 1862. Y la integridad y congoce, en evitación de daños, le lleva también a las relaciones intervalles, sobre todo vecinos, manteniendo reuniones de revisión de límites y mojones y resolviendo cualquier roce por la vía más amistosa. Y ese tipo de relación se convierte en lazos de integridad de intereses generales, como carreteras, puentes y caminos.
Libertades roncalesas. A nivel de Valle juega la Comunidad roncalesa con una tradicional independencia que varía según la época histórica de almiradío, capitanía o el título que fuere en cada momento histórico. Los roncaleses gozaban, según ellos, de siempre, de franquicias, privilegios y libertades. En las Capitulaciones con el Duque de Alba el 3 de septiembre de 1512 aseguran ser los roncaleses «fijosdalgo, y habidos por tales, y libres y francos, de toda servitud, y pecha Real, e Imperial, y de toda saca (exportación) y peage, pontage, barcage, cocharro, leza, ni codo en ninguna feria, ni mercado». La exención tributaria de pechas, censos y tributos se establece, salvo el que se dice de Erlaz y Arra. Sobre exención militar fuera del Reino he aquí lo que certifica don Nemesio Meneses, Secretario habilitado de S. M., del Ittmo. Ayuntamiento de la ciudad de Zaragoza: «Certifico: Que para el sorteo de la quinta que ha de ejecutarse en esta capital, a consecuencia de las Reales Ordenes se hallan alistados entre otros mozos los trece siguientes: don Pedro Argonz, Barrio de Contamina, Calle del Arco de Toledo número 38; don Manuel Dronda, don Torcuato Pérez, don Genaro Martín, Barrio de Torrenueva, Calle Nueva del Mercado, números cuarenta y tres y cuarenta y cuatro; don Ciprián Sánchez, don José Labairu en la misma calle; don Ildefonso Mayo en la de Sombrerería número setenta y nueve; don Joaquín Pérez, en la del Pilar número ochenta y tres; don Angel Pérez en la de Pabostría número cuatro; don Ciprián Garde en la Plaza de Santa Marta número diez; don Pedro Mendigacha en la de San Gil número diez; don Juan Esteban Anaut en la del Temple número diez; don Pedro Pascual Anaut en el colegio del Carmen. Pero habiendo hecho sus respectivos recursos al Sr. Corregidor para que les eximiese, en atención a gozar del privilegio de Hidalguía como oriundos del Noble Valle de Roncal como lo acreditaron con los correspondientes documentos, en vista de lo informado por el Cavr.° Síndico Procurador General y expuesto por el Asesor ordinario, el señor Alcalde Mayor primero don Angel Mont de Solanilla, ha declarado dicho señor Corregidor a todos ellos exentos y libres del sorteo. Como así resulta del citado alistamiento y expedientes que obran en mi poder y secretaría de mi cargo a que me refiero. Y para que conste donde convenga en virtud de resolución del Ittmo. Ayuntamiento a instancia de don Jenaro Labairu oficial de la contaduría de este Ejército y Reino, doy la presente en Zaragoza a veintidós de marzo de mil ochocientos siete. Narciso Meneses». Así mismo, los roncaleses han sido muy celosos de guardar en toda su plenitud el congoce de pastos para sus ganados y aprovechamientos de hierba, leña, aguas, caza, etc. y el derecho a pasturar sus rebaños durante el invierno en las Bardenas Reales de Navarra. En contrapartida se autoriza a cualquier particular, que pueda ir fuera de su tierra por su propia voluntad a servir a S. M. Pero si el Reino de Navarra hubiere necesidad, los roncaleses son muy aparejados de seguir, y venir a su Alteza como Súbditos leales, pagándoles su sueldo. También se oponen a que se saquen del Valle provisiones cuando se hallen escasos de las mismas. Su posición fronteriza, de valles y reinos, le colocó en una situación de libre comercio con los mismos y es sabido que hasta la abolición foral se vendía libremente la lana, una de las principales entradas dinerarias, precisamente a los franceses. Eso se acabó con el establecimiento de la frontera franco-española.
Batalla de Olast o de Ollate. Como se ha relatado con anterioridad, se trata de la muerte de Abd-alRahman-el-Gafequi a manos de una roncalesa después de la batalla de Poitiers el año 732. v. OLLATE.
Batalla de Roncesvalles. No consta la participación de los roncaleses en ese año 778 contra el Emperador Carlomagno pero con toda probabilidad que tomaron parte muy principal como milicias vasconas que eran.
Breve intervalo de paz: fundación del Reino de Pamplona. Gracias a las fuentes árabes, se ha aclarado que el primer rey pamplonés fue Eneko Arista, llamado «El Vascón», por tratarse de un caudillo de la Vasconia ultrapirenaica. Sin que se sepa de dónde, don García de Góngora y Torreblanca, apuntó el dato, que el rey Eneko o Iñigo, ennobleció la villa de Isaba y que murió en la misma. Su gobierno abarcó desde 824, a raíz de la tercera batalla de Roncesvalles donde cayeron prisioneros los condes Eblo y Aznar, hasta el año 852, en que murió.
El viaje de San Eulogio de Córdoba. El año 850, reinando en Pamplona «el Príncipe que honra a Jesucristo», envía una carta dirigida a Willesindo, obispo de Pamplona, impregnada de angustia y de caridad. San Eulogio viajó a Pamplona para pasar el Pirineo y ver de descubrir el paradero de un hermano suyo huido a la Galia. En su estancia en el reino vasco visitó los monasterios pirenaicos donde encontró preciosas bibliotecas, llevándose copias de los más célebres autores. La carta del 850 de la Encarnación, de la era 888, introduce una ráfaga de luz sobre la vida religiosa en el interior del reino, visitando entre otros monasterios, el de Urdaspal, en Burgui, siendo su abad el hermano Dadilano, dirigiéndole un saludo a él y a su colegio. El viaje lo hizo 10 años antes, en el año 840.
Nuevos reyes y fusión política. Es sabido que Moret, en sus Anales de Navarra, duplicó sus primeros reyes a los que aluden los privilegios roncaleses pero refiriéndose a los reyes García Iñiguez (852-882) y Fortún I Garcés (882-905) y que, llegado este momento, sucede en el trono Sancho I Garcés (905-925), casado con doña Toda, de la familia Eneka o Iñiguez. Las andanzas de estos reyes con los musulmanes se hallan intrincadamente relacionadas con la participación de los roncaleses. Piénsese, además, que los valles pirenaicos aragoneses son en esos siglos de habla vasca, ya que en Huesca perdura el vascuence por lo menos hasta el s. XIV. Así se puede pensar de su participación para contener las embestidas de Abd-al-Rahmán II en 924 cuando arremete por Peralta, Falces, Carcastillo, hasta llegar a Sangüesa, ya cercana a tierras roncalesas. Y pasa el reinado de Sancho el Mayor (1004-1035) en el que culmina el poderío de Pamplona y otros reyes como Sancho Ramírez (1076-1094) que dona al monasterio de Leire la iglesia de Burgui y términos de Urdaspal, el monasterio de San Martín e iglesia de Roncal, la de Vidangoz y las de Garde y Navarzato. En 1090 el abad Raimundo da a Gardello y a su hijo -como refiere Idoate-, la iglesia de Santa María de la Cabeza, en Urdaspal, con sus casas. A los que fuesen a poblar el lugar les da ciertos derechos pero con la obligación de trabajar 15 días para el monasterio a cambio de pan y vino. Se trataría más bien de la pecha llamada «opilarinzada». En este tiempo y reinado aparece un primer tenente, Lope Garzeiz «in Rosta et in Roncal». Con el fratricidio de Peñalén y el reparto del Reino de Pamplona queda el Valle de Roncal desde 1087 con el resto del Reino unido a Aragón. Durante el reinado de don Alfonso I el Batallador, se restaura, con la paz de Támara (1127), el Reino de Pamplona. Este rey en su concesión de fueros a la ciudad de Tudela y otras localidades dice reinar «in Aragonia, in Irunia, in Navarra, in Superarbe, in Ribagorza et in Roncal». Más adelante, al enumerar a los señores confirmantes del documento se cita, entre otros, a Fortún de Tena in Roncal el año 1104, primero de su reinado. Se sabe que Ximeno de Aibar, gobernador de los castillos de Burgui y de Isaba, asistió en 1212 a la gran batalla de las Navas de Tolosa contra la morisma. Ello delata la presencia de los roncaleses en la memorable jamada.
Intereses del Reino y guerra con el Príncipe de Viana. Las diferencias con los valles vecinos no impedían que se pusiera la vista en los intereses generales del Reino, pues vemos concurrir a los roncaleses a la asamblea que se celebraba en Puente la Reina el día 20 de marzo de 1328 para declarar el derecho de doña Juana, mujer de Felipe III, a la corona de Navarra. Con la minoría de edad de don Carlos, Príncipe de Viana, gobernaba el país Juan II, rey de Aragón y de Navarra. El Príncipe había nacido en 1421. Poco más tarde, en 1429, se ponen a las órdenes de don Luis de Beaumont 180 roncaleses, recibiendo 400 libras de provisiones de pan, vino, carne y cebada. En 1436, 13 ballesteros roncaleses, con su alcalde, sirven al Príncipe de Viana. Pero llega el fatídico año 1451 en que don Juan rompe sus relaciones con el Príncipe su hijo, llevándole a la declaración de guerra. A consecuencia de la prisión del Príncipe de Viana a su regreso del viaje a Nápoles, ocurrió aquel alzamiento y aquella protesta de los catalanes, que repercutió en Navarra, combatiendo encarnizadamente los bandos beaumontés y agramontés. Con dolor ha de confesarse que los roncaleses, protegidos por don Carlos con la confirmación de los privilegios y otorgarles otros durante su reinado, se hubieran colocado del lado de don Juan en esa desgraciada guerra. Aquellos roncaleses que en tiempos de paz enviaban halcones y otros presentes a don Carlos ¿por qué se fueron con don Juan? Difícil es responder; y hallamos de tal manera su comportamiento extraño, que no podemos admitir otra cosa, sino que los roncaleses, tan agradecidos siempre con el Príncipe de Viana, habrían tenido a última hora motivos gravísimos que hoy ignoramos. Es muy raro que estando rodeados de partidarios del Príncipe, todo el valle de Salazar, toda la merindad de Sangüesa y toda la Montaña, siguieran el partido de don Juan. Parece que no fue muy decidido su apoyo, pues el rey de Aragón, limítrofe con el Valle, desconfiaba de ellos. Parece ser que en 1462 el castillo de Burgui se había rebelado enviando a Eneco Sanz, alias Mendigacha, para liberarlo. Además, fortificó la villa de Roncal que confió a su escudero Petri Sanz de Ornatua, para tener bien guardado el único paso que tenía con la tierra de Sola o Zuberoa ya que los demás del Reino de Navarra se hallaban en manos de los beaumonteses.
Roncal antes de la conquista de Navarra. A mediados de agosto de 1512, durante la conquista de Navarra por los ejércitos de Fernando el Católico y habiéndose sometido ya casi toda Navarra, el valle del Roncal junto con otras pocas plazas navarras todavía resistía. Hasta que en el mismo agosto tuvo también que someterse ante la superioridad del ejército del Duque de Alba. El 21 de septiembre de 1512 los roncaleses envían delegados a Logroño para reconocer a Fernando el Católico como rey y prometerle fidelidad. Por su parte Fernando siguiendo la costumbre confirmó los fueros de este valle. Un ejército al mando de Juan de Albret y La Palice compuesto por 2.000 lansquenetes, 4.000 gascones, 7.000 navarros y 1.000 mesnaderos penetraron en el valle del Roncal el 18 de octubre de 1512 con la intención de reconquistar Navarra. En Ochagavía encontraron 500 beaumonteses al mando de Miguel de Donamaría y Ramón de Espaiza, que se retiraron pidiendo ayuda a las guarniciones castellanas de Lumbier y del fuerte de Burgui. Mientras Juan de Albret ocupaba los valles de Salazar y Aezcoa, La Palice asaltó el fuerte de Burgui, que con quince veces menos fuerzas resistió dos días causando numerosas bajas al ejército franco-navarro. El 18 de marzo de 1516 el mariscal de Navarra Don Pedro, al mando de 1.200 hombres entra en el Roncal, intentando reconquistar la Alta Navarra. Pero desertaron la mitad de sus hombres. Sin embargo, se repuso en parte pues los roncaleses le ofrecieron 200 hombres, de los que 120 iban comandados por su capitán Pedro Sánchez. Los valles vecinos de Salazar y Aezcoa, que le habían prometido 300 hombres, no enviaron ninguna fuerza; al contrario, al saber que Villalba estaba en Roncesvalles, enviaron sus contingentes al caudillo castellano. El mariscal se enteró de que numerosas fuerzas navarras se dirigían por la Baja Navarra hacia Roncesvalles y se aprestó a reunirse con ellas. Pero llegado a Roncesvalles encontró la comarca vacía y desolada. Comprendió que las fuerzas castellanas del coronel Villalba se le echaban encima e inició una rápida huida hacia el Roncal para recoger allí algunas fuerzas que había dejado encargadas de bloquear el castillo de Burgui. Pero las tropas castellanas le pasan y le tienden una emboscada. El encontronazo tiene lugar sobre el 20 de marzo y 800 hombres navarros se vieron obligados a entregarse, pero fueron puestos en libertad, quedando solamente los caudillos en poder de los castellanos. El resto de las fuerzas navarras huyen presas del pánico y el mariscal junto con sus lugartenientes Peralta, Jaso, Sánchez y otros jefes agramonteses se entregan con la única condición de que dejasen en libertad a sus soldados. El 16 de mayo de 1521 entra en la Alta Navarra por Roncesvalles un ejército francés al mando de André de Foix, señor de Asparros, con el fin de reconquistar Navarra para Don Enrique de Albret. Los montañeses del Roncal fueron los primeros que enviaron sus delegados al señor de Asparros para prestar juramento al rey Enrique. Pero la operación se saldó con un fracaso. Con razón podemos decir que el suceso de Isaba reinando don Juan fue la perdición de los navarros. En Isaba, según algunos autores, nació la monarquía navarra, y desgraciadamente, si eso es verdad, en el mismo lugar tuvo el nacimiento y la muerte. Este valle tuvo que obedecer a Castilla, sobre las bases de las mismas capitulaciones firmadas en Burguete y Logroño y confirmadas más tarde por el emperador Carlos V, el 12 de diciembre de 1593. Justamente acabada la guerra de Navarra y Castilla, cuando llegan rumores de otra nueva guerra entre el emperador Carlos V y el rey Francisco I de Francia; en efecto, pocos meses después de estos rumores entraban las tropas francesas y navarras por el Pirineo navarro y tomaban el castillo de Roncesvalles: pasada esta primera embestida, en vez de dirigirse a Pamplona, caen sobre Fuenterrabía, poniéndole un sitio horroroso, cayendo al fin en poder de los franceses. Este es el primer sitio que sufrió la ciudad; después vino el segundo, por el Condestable de Castilla y el Príncipe de Orange, teniendo que levantar el sitio por llegar socorros del marqués de la Palice. En estos sitios es sabido que pelearon algunos roncaleses, entre ellos el incansable Petri Sanz. El resultado de todas las guerras de Navarra y Castilla fue el perderse la monarquía navarra y el incorporarse a la corona castellano-aragonesa. El Magnánimo Emperador Carlos V condenó a pena de muerte a diecisiete roncaleses, por haber salido en defensa de su rey; fueron los siguientes: «Petri sanz veritierra vezino de Valde Roncal e mas del Valle Roncal las personas siguientes juan perez vezino de Vidangoz en el dicho valle vasco ximenez de ysaba, pascual roncal vezino de urcainqui, sancho echendieu, vezino de roncal, miguel martiniz vezino de roncal, miguel de ansos, vecino de roncal, remon perez vezino de vidangoz, sebastian herrero, sancho de ralla fijo del abad domingo bermudo, vezino de Garde, joanes de galayz, petre a ralla, joanes curio, petritoco, petri pelexero vezino de Garde todos vezinos de val de roncal». Terminadas estas guerras, los roncaleses permanecieron fieles al Emperador, a pesar del peligro por su posición en la frontera y continuas guerras con Francia. Don Carlos les confirmó el privilegio de infanzonía e hidalguía y disfrute de las Bardenas Reales, así como la exención del pago de cuarteles y alcabalas en guerras con Francia y el Señorío de Bearne. En la guerra de separación de Portugal de España contribuyó el Valle voluntariamente con algunos soldados.
Guerra de los Treinta Años. Conflicto general europeo que tuvo lugar entre los años 1618 y 1648. Afectó el posicionamiento de España frente a Francia, por motivos religiosos, ya que los llamados «herejes» pensaron pasar los Pirineos sembrando la incertidumbre entre los roncaleses que fueron avisados por cartas de sus Virreyes (1628), por lo cual acudieron a vigilar los puertos de la frontera con quinientos hombres para impedirles su entrada, sobre todo en 1635. Al año siguiente celebra Junta el Valle el 12 de octubre en la que se da cuenta de la orden de enviar 160 hombres a Santesteban de Lerín con sus armas al mando de su cabo respectivo. Era el tiempo en que el ganado debía bajar a la Ribera a partir del 10 de octubre y, no obstante, el Valle hizo un esfuerzo y movilizó sus hombres disponibles de esta forma: Uztarroz Goyena, 24 hombres; Isaba, 27; Urzainqui, 20; Roncal, 22; Garde, 20; Burgui, 24 y Bidangoz, 18. Días más tarde, el 18 de octubre, Sancho Garde, alcalde y capitán del Valle recibió la orden de no enviar los hombres designados para Santesteban de Lerín y dedicarlos a la defensa de los puertos y sus picachos.
Guerra de Sucesión (1701-1715). Dieciocho años más tarde circulaban rumores del mal estado de salud del rey de España Carlos II y IV de Navarra, muriendo y dejando por heredero del trono al duque de Anjou, nieto de Luis XIV y pariente de don Juan de Albrit, último rey de Navarra; pero el Archiduque de Austria, que aspiraba al trono de España, no se conformó con el testamento. Empezó la guerra civil, formándose dos ejércitos, uno al mando del francés Felipe V y el contrario al del propio Archiduque de Austria, apoyado este último por Cataluña y Aragón. Navarra tomó el partido del francés y con ella el valle del Roncal, por lo que el Valle tenía los enemigos en la puerta y estaba obligado a pelear. Cincuenta roncaleses resistieron encerrados en el castillo de Berdún (del reino de Aragón), no pudiendo rendirlos los partidarios del Archiduque de Austria. Retirados más tarde los roncaleses de Berdún, «envió el Valle quinientos hombres con sus oficiales al mando del Marqués de Saluzo, Mariscal de Campo, Comandante de las fronteras del Reino, y a sus esfuerzos se debió la rendición de Berdún y su Castillo. Poco después, invadiendo los rebeldes las fronteras de los valles de Arabués, Hecho y Ansó, corrieron armados, todos los roncaleses contra esta nueva hostilidad, y no sólo la reprimieron y rechazaron, sino que luego, juntándose con algunas tropas del Rey, penetraron victoriosos por dichos valles, expelieron de ellos a los rebeldes y se logró así la resolución de muchos lugares hasta Bailo; procediendo en todo esto con espíritu tan valiente como generoso, pues sobre desempeñar estas expediciones a expensas propias, no quisieron aprovecharse del pillaje que se hizo en ellas, cediendo su parte a las tropas arregladas». «Asistieron en la campaña siguiente a la defensa del valle de Ansó, y poco después, sabiendo que el enemigo había bloqueado a Jaca y su castillo, acudieron trescientos roncaleses voluntariamente a su socorro, dejándose arrebatar sólo del impulso que daba a sus corazones el amor y celo por el real servicio; y en un encuentro que en el campo de Santa Cecilia tuvieron con los rebeldes se portaron con increíble valor, siendo de los primeros que avanzaron. También en el sitio y toma de Ejea de los Caballeros se portaron con igual valor y siempre manteniéndose a su costa». Así mismo contribuyó el Valle con una compañía de cincuenta hombres con sus oficiales a la defensa y guarnición de Sangüesa, a la conquista de Uncastillo y de Luesia, a la defensa de Berdún, de Salvatierra y Sádaba y siempre a su propia costa. «Fueron, finalmente, durante aquella guerra, que tantas veces pretendió fatigar la impertubable lealtad de Navarra, tan importantes los servicios de los roncaleses para la conservación y honor de la Real Corona y merecieron tan alta estimación del señor Virrey Don Fernando de Moncada, que les juzgó por muy dignos de la regia memoria de la Majestad de Don Felipe V, y así les participó un informe honorífico de todos ellos, para que se sirviese tener presente el celo y el amor de tan leales vasallos merecedores de la soberana atención y benignidad de la Majestad. Esta carta de Don Fernando de la Moncada existe archivada en el valle de Roncal, y fue motivada por la entrada de los miqueletes en el Valle, y de la manera que los desbarataron.
Guerra de la Convención (1793-1795). Guerra que conjugó a varias naciones de Europa contra Francia, entre ellas a España. Comenzó dirigiendo las operaciones en el país vasco-navarro el general don Ventura de Caro. En 1793 la Junta del Valle acordó que las villas nombraran cuatro sujetos para determinar cuanto fuera necesario. Los convencionales aparecieron en la frontera roncalesa a partir del 25 de junio. Los roncaleses, mandados por Gambra, movilizaron el Valle y comunicaron la alarma a los pueblos más o menos vecinos, entretanto ocupaban posiciones en los puertos fronterizos. Un regimiento provincial al mando de un coronel reforzó aquellas avanzadillas roncalesas. Gambra con ocho paisanos observaba desde la Lapiza el movimiento enemigo. Gambra decidió atacar, pidiendo un refuerzo de dos compañías que no podrían seguirles en la marcha. Viéndose los franceses atacados por todas partes, sobre todo por Belay, abandonaron el picacho de Guimbaleta, tomándolo y persiguiéndolos hasta Santa Engracia, de Zuberoa, conteniéndoles Gambra para que no arrasaran el pueblo y les devolviesen cuatro vacas y cuatrocientas cabezas de ganado lanar que les había tomado. Teniendo noticias de que se rehacían e intentaban entrar por todos los puertos, los roncaleses y tropas auxiliares se movilizaron subiendo a la frontera las mujeres armadas con cuchillos y bayonetas. El 7 de octubre el enemigo invadió el puerto de Arrako bajando hasta la ermita, que incendiaron, y también las barracas de la tropa y varias bordas en Belagua, habiendo sacado antes los ornamentos y alhajas. El intento de ocupar los puertos de Belay y Burgui fracasó. Pedro Vicente Gambra, capitán de guerra del Valle, intentó envolver al enemigo pero éste lo evitó retirándose de Arrako hasta el lugar suletino de Eskantola. Gambra, no contento con ello, junto con el regimiento de Sigüenza, voluntarios de Navarra y los roncaleses, atacó Eskantola, obligando al enemigo a abandonar sus posiciones y ponerle en fuga hasta Santa Engracia. Enardecido, continuó el ataque y tomó el pueblo de Santa Engracia, quemando los barracones de la tropa y siete casas, apoderándose de siete mil cabezas de ganado lanar. Al atardecer se retiró hasta las trincheras de donde había arrojado al enemigo. Al día siguiente, los convencionales ocuparon las alturas desde Santa Engracia a Eskantola, pero Gambra repitió el ataque y les obligó a retirarse más allá de Santa Engracia. Esta guerra franco-española se hacía también intravasca, ya que ahora de nuevo les queman treinta y dos casas y diversas bordas. Los convencionales se rehicieron y Gambra abandonó prudentemente lo ocupado hasta establecerse en los picos altos de Belay. Allí apostados aguantaron todas las embestidas del enemigo y, con sorpresa, vieron que enarbolaban bandera blanca, pidiendo la suspensión del fuego y que Gambra saliera a entrevistarse con sus comandantes, y se trató lo más inesperado: que vistos los daños sufridos por los vecinos de Santa Engracia hubiese paz entre ellos y los del valle de Roncal, guardando cada uno sus límites. La hermandad vasca de ambos lados del Pirineo salía a flote en medio de la tragedia. No obstante, los convencionales se concentraron en Santa Engracia trayendo enormes refuerzos del Bearne y otras partes de la Baja Navarra «francesa». Era el 17 de octubre. Se rechazó un ataque de tropa convencional de 500 a 600 hombres. Las villas de Garde y Uztárroz, lo mismo que el general Caro acordaron dotar al puerto de 200 hombres admitiendo voluntarios con el sueldo de un real fuerte, veintiocho maravedíes y dos libras de pan, pero prevaleció finalmente la idea de cuidar la muga la mitad de la gente armada del valle por tres días y la otra mitad otros tres, bajo pena de diez ducados al que faltare. Entretanto, la guerra, al morir el general Ricardo, dio un vuelco a favor de los convencionales tomando Tolosa, San Sebastián y Fuenterrabía, amenazando a Pamplona. El 18 de mayo llega noticia de que los franceses intentarían reforzar la frontera del Valle para invadir la fábrica real de armas de Orbaizeta en el valle de Aezkoa. Era mediados de octubre cuando el enemigo rompía por el valle de Salazar, aunque el día 17 hicieron una intentona en el límite de Isaba. Así las cosas, empezaba 1795 con malos presagios. La vigilancia del Valle era extrema, movilizando a los hombres desde los diez y siete años a los sesenta. El Valle, además de contribuir con dinero al sostenimiento de la fábrica de armas, logró bajar cañones por el río Irati hasta Aoiz, suponemos que en almadías. Viendo poco peligrosa su frontera acudieron con sus hombres los roncaleses a la fábrica de Orbaizeta logrando el desalojo enemigo de la misma. En esta situación terminó la guerra con la Paz de Basilea del 22 de julio de 1795.
Guerra (1808-1814). La guerra se inicia con la entrada de los franceses en 1808 y en concreto con el levantamiento del 2 de mayo en Madrid. Por lo que toca al Valle, la Junta celebrada el día 14 de julio, nombró cuatro comisionados para que hiciesen cuanto consideraren oportuno. Se pusieron en relación con Palafox, que mandaba en Aragón, y con la Diputación de Navarra. Se nombró una Junta de Guerra que solicitó armamento al general O'Neille, sacando armas de Pamplona y hasta de los pueblos vascos de Francia. El primer hecho fue obrar contra la carretera de Tafalla y montes de Zubiri, interceptando varios convoyes y correos. Trataron los roncaleses de sorprender a la guarnición de Sangüesa acantonada en Aoiz. Entraron en la villa, dieron fuego a la casa que servía de cuartel, pero se les escaparon al huir en medio de la noche hacia Pamplona. En venganza, llegaron 300 hombres a las órdenes del comandante Pouxolet al Valle el día 23 de mayo de 1809 por tres diferentes puntos. Francisco Gambra, capitán del Valle, dio las órdenes oportunas. Pouxolet y su tropa se hallaba en la villa de Roncal esperando refuerzos del edecán Barbier pero éstos habían perecido en manos de los ansotanos. Pouxolet, que nada sabía, envió ciento cincuenta hombres a Garde para unirse a los expedicionarios, pero atacados por los paisanos los destruyeron totalmente y de ahí la copla cantada en vascuence:Ein ta berrogeitamar auchErronkaritra xin zren,Eta Yinyariko puntanGuziak degollato zren.Ciento cincuenta francesesAl valle Roncal vinieron,Y en la punta de Yinyari,todos fueron degollados.Con estas noticias, Pouxolet con su tropa huyó precipitadamente hacia Francia atrincherándose en la cumbre de Santa Bárbara, a la vista de Isaba y de Urzainqui. Pronto se trabó terrible batalla y peligrosos asaltos. Eran las cuatro de la tarde. Querían huir de noche. Y llegaron las siete -dice un testigo- y se inició el asalto final. El pánico se apoderó de los sitiados y acabaron rindiéndose. Pouxolet, herido mortalmente, entregó su espada a Gregorio Cruchaga. Hubo trescientos entre muertos y heridos. La respuesta de los mandos franceses no se hizo esperar. Los roncaleses eligieron como comandante a Esteban Villach y vocales de guerra para tratar de defenderse. Salió Plique de Zaragoza con 5.000 hombres de todas las armas, 500 que venían de Jaca, 800 del valle de Salazar y 500 de la guarnición de Lumbier. Llegó Plique el 24 de agosto del mismo año a las inmediaciones de Burgui para atravesar la foz de Salvatierra pero fueron rechazados por tres veces. Entonces cambió de táctica subiendo a las alturas de la Virgen de la Peña, obligando a los roncaleses a retirarse hacia la villa de Roncal. Plique entró en Burgui que sometió al saqueo, al degüello y al incendio. Ante la resistencia en Roncal y sus montañas el jefe enemigo envió proposiciones de capitular favorablemente al honor e intereses de los roncaleses. Fue ajustada la paz con el compromiso de evacuar el Valle y respetar propiedades y vidas. En diciembre de 1810 llegó al Valle el intrépido Javier Mina tratando de hacer una incursión en Francia, por Oloron, pero la gran nevada que cubría los puertos hacía imposible la empresa. Mina volvió a Tafalla para participar en la lucha. En marzo de 1812 se confirmaron los presentimientos de los roncaleses. El general Abbé con una división llegó para talar y destruir el Valle. Los roncaleses se refugiaron en los montes, mientras el enemigo saqueaba sus hogares, robaba los ganados, incendiaba las casas y quemaba parte de Urzainqui. El mismo general repitió su empresa en mayo de 1813. Degollaba a cuantos caían en su poder, llegó a Isaba y la incendió por sus cuatro costados, desapareciendo los palacios tradicionales y las humildes casas en su totalidad. Había durante la guerra un hospital en Isaba y otro en Garde que ocasionaron hasta enero de 1811 un total de 131.736 reales de gasto. En esta guerra, los Cruchagas, los Roses, los Esandis, los Amigot, los Barricatas y otros muchos protagonizaron escenas de sumo heroísmo.
Carlistas y liberales. Cuando en 1814 el rey regresa a España los realistas le ofrecen su apoyo pidiéndole que derogue la obra de las Cortes de Cádiz. En 1820 se subleva el coronel Riego entablándose la guerra entre realistas y liberales (1821-1823). En lo que respecta al Valle es de señalar que alguien rompió en Burgui la lápida de la famosa Constitución. El alcalde Glaria no creía que nadie del lugar fuera el autor del hecho. En favor del realismo habíase destacado don Andrés Martín, párroco de Uztárroz. Este sacerdote fue, además, un autor destacado como cronista de esta lucha por su libro Historia de la guerra de la División Real de Navarra (Pamplona, 1825). Da a conocer cómo nació la División Real en Uztárroz y su primera acción en Bidangoz. Zumalacárregui defiende los accesos a Roncal y protege el hospital militar de Garde. La primera carta del Valle, de 28 de abril, firmada por el citado Martín e Hilarión Marco, informa sobre «los infames revolucionarios españoles refugiados en Francia». La guerra terminó en 1823, pero el peligro de los refugiados en Francia continuaba. Se temía una irrupción y se piden armas y dinero. El concejo de Isaba declara solemnemente el 1 de mayo su posición en defensa del trono y del altar. Firman casi todos los vecinos. El día 3 escribe otra carta, ahora a la Diputación, ratificando su lealtad al rey. Firman: el alcalde Francisco Barace, el regidor Valentín Gorrindo, el párroco Josef Sánchez y Francisco Hualde. Para proteger el Valle su frontera organizó en 1826 ocho compañías de voluntarios. El batallón lo formaban 572 hombres: dos compañías eran de Isaba, dos de Uztárroz, una de Urzainqui, una de Bidangoz, otra de Burgui y otra de Roncal y Garde.
Guerras carlistas. En la primera (1833-1839) ocurrió algo anecdótico y es que el valle de Roncal envió en 1834 a Cambó (Lab.) una comisión al famoso Espoz y Mina, entonces enfermo, diciéndole que pasara a su tierra para dirigir las operaciones de los liberales y «que en hombros de sus naturales y sin la menor incomodidad ni cuidado pasaría las montañas que lo separaban de España». Fuera de ello lo que fuere, ese mismo año se le nombraba comandante en jefe hasta 1835, pero, enfermo, fue relevado por Gerónimo Valdés. La lucha fue muy desigual por las provincias y el reino de Navarra hasta el punto de abandonarlo todo menos las plazas fuertes de Bilbao, San Sebastián y Pamplona. Cuando los carlistas, con Zumalacárregui a la cabeza, sitiaron Bilbao, en 1835, fue éste gravemente herido, muriendo a los pocos días. Le sucedió Gómez Moreno, militar mediocre, que levantó el sitio de Bilbao, llegando después de batallas por toda la geografía vasca y española, al Convenio de Bergara el 27 de agosto de 1839 en el que se confirmaban los fueros. En la última guerra carlista (1872-1876) la complicada red de levantamientos peninsulares y en el país vasco-navarro, apenas tocó el Valle aunque se sabe de una entrada por el vallecito de Belabarze de los carlistas procedentes de Aragón, y sé por tradición familiar que hicieron gritar a mi abuela un ¡viva Karlos Zazpi! sin más consecuencias. Isaba fue liberal, incluido el párroco Labayru, hijo del pueblo, que huyó por el camino de San Julián, bajando a Sunukaltea, y alcanzando el camino de Ardibidegainea con destino a Francia. Con Alfonso XII declinó el carlismo, ahí donde lo había, hasta que el pretendiente Carlos VII pasó la frontera el 28 de febrero de 1876, año de la ley de 1839.
República. Al advenimiento de la República Española en 1931 se celebraron elecciones a Cortes el día 28 de junio de dicho año. El Partido Nacionalista Vasco, ante el cariz que tomaba la política republicana, llegó en Navarra a un entendimiento con las fuerzas católico-fueristas incluyendo como candidato al nacionalista José Antonio de Aguirre y Lecube. El resultado fue el siguiente:José Antonio Aguirre LecubeCatólico-fueristaJoaquín Beunza RedínCatólico-fueristaTomás Domínguez ArévaloCatólico-fueristaMiguel Gortari ErreaCatólico-fueristaRafael Aizpún SantaféCatólico-fueristaMariano Ansó ZunzarrenRepublicano-socialistaEmilio Azarola GresillónRepublicano-socialistaAquiles Cuadra de MiguelRepublicano-socialistaMariano Sáez MorillaRepublicano-socialistaTiburcio Osácar EchalecuRepublicano-socialista
  Uztarroz Isaba Bidangoz Garde Roncal Urzainki Burgi
C.-F. 91
92
91
93
91
37
37
37
37
37
74
74
74
74
74
65
63
63
63
63
52
55
53
57
52
63
62
62
63
63
58
58
58
57
58
458 185 370 317 269 313 289
R.-S. 49
48
48
49
47
151
151
151
151
151
3
3
3
3
3
33
33
33
33
33
61
61
61
62
57
14
14
13
14
13
116
115
115
115
116
241 754 15 165 302 68 577
  699 939 385 482 571 381 866

Con la implantación de la República las izquierdas se movieron y aprovecharon el tiempo. En julio de 1931 se establece el Partido Republicano autónomo en el n.° 11 de la calle Bormapea, en Isaba. Casi acto seguido se constituye también en Isaba, una Asociación de Trabajadores, adicta a la U. G. T. En 1932 constaba de 63 afiliados que tuvo bastantes bajas a raíz de la revolución de 1934. En mayo de 1933 se forman las Juventudes Socialistas. Son la gente joven que también se mueve en Urzainqui, Uztárroz, Burgui, Garde, Roncal y Bidangoz, pueblos donde estuvo muy activa promocionando obras de interés. También José Estornés Lasa dio clases de euskara a los niños en el local acomodado para ello en los bajos de la propia casa de los hermanos Estornés Lasa.